HIPNOSIS ERÓTICA - PARTE 6 - podcast episode cover

HIPNOSIS ERÓTICA - PARTE 6

Mar 27, 20261 hr 4 min
--:--
--:--
Download Metacast podcast app
Listen to this episode in Metacast mobile app
Don't just listen to podcasts. Learn from them with transcripts, summaries, and chapters for every episode. Skim, search, and bookmark insights. Learn more

Episode description

The podcaster did not provide a description for this episode.

Transcript

Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos... Hipnosis erótica,

Speaker 3

parte 6. Mamá me ayuda a bañarme.

Speaker 2

El vapor comenzaba a llenar el baño lentamente, envolviéndome en una cálida bruma. Me había desvestido con calma, tomándome mi tiempo, mientras escuchaba el sonido relajante del agua caer sobre la bañera. El agua estaba perfecta, ni demasiado caliente ni demasiado fría, y después de sumergirme, dejé que mi cuerpo se relajara por completo. Pero claro, no estaba ahí solo para disfrutar de un baño. Ya había planificado este momento, ensayando en mi cabeza cómo lo haría para que ella cayera en

mi trampa. Las sugestiones que le había implantado en sesiones anteriores estaban trabajando a mi favor. Sólo tenía que activarlas en el momento adecuado. Por momentos temía estar embriagado de poder. Mi mamá estaba cada vez más sometida a mi control. Y a medida que aumentaban mis sugestiones, ciertas cosas que antes podrían parecer imposibles, en ese pequeño microespacio que era

nuestra casa, se volvía real. Lo único que me mantenía cauteloso, quizás, era el hecho de que aún no había encontrado una forma de cogérmela sin correr ningún tipo de riesgo. Aunque, eso sí, en esos últimos días estaba creciendo una idea que, de a poco, me parecía más verosímil. No obstante, ahora tenía un plan un tanto menos ambicioso, aunque no por eso estaba cargado de riesgo y de ese erotismo incestuoso que tanto me gustaba.

Speaker 3

Solté un grito. Mamá. Llamé con un tono que dejaba entrever algo de desesperación

Speaker 2

Necesito tu ayuda. Escuché el sonido rápido de sus pasos acercándose al baño, y justo antes de que ella entrara, me recosté en la bañera, fingiendo estar inmovilizado, como si realmente me hubiera lastimado.¿ Qué pasó? Preguntó, asomándose con expresión preocupada. Estaba a punto de entrar al baño, pero se detuvo al ver el vapor y mi desnudo recostado en la bañera vacía mientras el agua seguía cayendo. Me resbalé con el jabón, mentí, fingiendo una mueca de dolor.

Speaker 3

No puedo moverme. Creo que me golpeé. No puedo levantarme. Su

Speaker 2

rostro cambió de inmediato a uno de alarma. Dio un paso hacia adelante, como si estuviera dispuesta a ayudarme de inmediato, como lo haría cualquier otra buena madre. Tenemos que llevarte al médico, entonces, dijo con preocupación. Te ayudo a levantarte y te visto, vamos al hospital. No, espera, la interrumpí rápidamente. Antes de eso, ni siquiera pude empezar a bañarme. Ayúdame a terminar de bañarme primero, por favor. No quiero ir

al hospital sucio. No me puedo mover bien, pero si me ayudas, creo que voy a poder relajarme un poco antes de ir. Ella dudó por un momento, mirándome fijamente, su preocupación evidente. Pero, como esperaba, las sugestiones hicieron su trabajo. Pude ver en sus ojos como la idea de ayudarme a bañarme no le parecía del todo fuera de lugar.« Está bien», respondió finalmente, aunque su tono aún reflejaba preocupación.« Pero no tardemos demasiado». La observé mientras se acercaba a

la bañera. Pero antes de que pudiera inclinarse, le solté la siguiente parte del plan. Mamá, espera. No quiero que te mojes la ropa.¿ Por qué no entras a la bañera solo en ropa interior? Así no te incomodas.

Speaker 3

No te preocupes, no me importa. Mi

Speaker 2

comentario la hizo detenerse. Pude ver la duda en sus ojos, pero una vez más, las sugestiones surtieron efecto. Últimamente había trabajado mucho en ella, sumiéndola en el trance hipnótico casi todos los días durante al menos 15 minutos. Ya había tenido excelentes resultados, y todo indicaba que ahora también los tendría. Después de unos segundos de indecisión, suspiró. Bueno, está bien, dijo, quitándose lentamente la ropa exterior hasta quedar en ropa interior.

El simple hecho de verla así, con el cuerpo mojado por el vapor, con la ropa interior pegada a su piel por la humedad del baño, me llenaba de excitación. Sus movimientos eran cuidadosos y el brillo en su piel aumentaba la tensión en el ambiente. Sus sensuales labios gruesos esta vez estaban un tanto densos. El pelo estaba recogido. Las tetas apretadas con el brasier, la tanga cubriendo lo

justo y necesario. Estaba ante una visión perfecta, y aunque aún no había tocado mi cuerpo, sabía que esto era sólo el comienzo. El sonido del agua llenaba el baño mientras mi madre, ya dentro de la bañera en ropa interior, manipulaba la manguera de la ducha. El vapor hacía que su cuerpo brillara, y la tela mojada de su ropa interior se pegaba a su piel, resaltando cada curva, cada detalle que no podía dejar de observar. Se inclinó hacia mí,

sus movimientos lentos pero decididos. Comenzó a lavar mi cabeza, haciendo que el agua cayera suavemente sobre mi cabello. El contacto de sus dedos con mi cuero cabelludo era suave, relajante, pero no era lo único placentero de esa situación. Sus pechos, apenas cubiertos por la tela húmeda, estaban peligrosamente cerca de mi rostro. Y con ciertos movimientos que hacía para inclinarse, sus senos se rozaban contra mí y podía sentir su suavidad, su calidez. Me puso champú y empezó a frotarme el

cabello con más intensidad. Parecía concentrada en lo que hacía, sin darse cuenta de lo que sus movimientos provocaban en mí. El vapor hacía que su piel se viera más brillante, más tentadora. Cada vez que sus tetas se frotaban accidentalmente contra mi rostro, era como si un escalofrío exquisito recorriera mi cuerpo. El agua seguía cayendo sobre mí y sus

manos se movían con delicadeza, enjuagando mi cabello. Cada vez que bajaba la cabeza para enjuagarme, su ropa interior, completamente empapada, se adhería más a su cuerpo, marcando claramente cada detalle de sus curvas, produciendo leves transparencias, haciendo que sus pezones erectos se marcaran en la tela empapada del corpiño. El ambiente del baño, entre el vapor y el calor, parecía

intensificar cada sensación. Podía sentir su respiración tranquila mientras el agua resbalaba por mi piel, pero mi mente no podía despegarse de los roces que se producían cada vez que ella se inclinaba sobre mí. Todo estaba marchando demasiado bien y yo no podía evitar pensar en lo otra que tenía preparado. Si salía tan bien como hasta ahora, probablemente sería uno de los mejores momentos que compartiría con mi mamá.

Sus senos se apoyaron una vez más en mi rostro mientras movía la manguera de la ducha, y no pude evitar el impulso de cerrar los ojos, dejando que la sensación me invadiera por completo. El contacto era suave, pero cargado de una tensión que hacía que el aire del baño pareciera más denso, más pesado. Mi madre continuaba concentrada en la tarea de bañarme, y el sonido del agua al caer sobre mi cuerpo creaba una atmósfera de calma tensa.

Sus manos tomaron una esponja, la empapó con agua y luego frotó el jabón en ella, hasta que se llenó de espuma. Entonces comenzó a frotarla suavemente por mi cuerpo, empezando por los brazos. El movimiento de la esponja era lento y cuidadoso, como si estuviera realmente preocupada por no lastimarme más. Su rostro mostraba esa mezcla de preocupación y dedicación que había visto tantas veces antes, pero ahora todo estaba cargado de una tensión que ambos ignorábamos de manera tácita.

Mientras frotaba mis brazos y pasaba al torso, pude sentir como la esponja hacía un recorrido minucioso sobre mi piel, llevándose el jabón consigo. Con cada movimiento de la esponja, mis músculos se relajaban, pero mi mente seguía enfocada en la cercanía de su cuerpo. La esponja se deslizaba por mi torso, y sus senos, aún húmedos y cubiertos por

la ropa, cada vez más. Sabía que ella debía estar notando lo evidente, mi erección era innegable, pero las sugestiones que le había implantado la convencían de que no era nada fuera de lo común. Que se te endureciera la verga mientras te bañabas era lo más normal del mundo para ella. Bajó la esponja hacia mis piernas, sus movimientos lentos y cuidadosos. Comenzó a pasarla por mis muslos, y

su cercanía con mi erección era palpable. Su ropa interior había quedado completamente mojada y el material se adhería a sus caderas y muslos, resaltando cada curva de una manera que hacía imposible no observarla y, a la vez, hacía imposible que mi verga se ablandara. La esponja jabonosa seguía deslizándose por mi piel y sus movimientos eran meticulosos. Sabía que estaba evitando llegar directamente a la zona de mi erección,

pero cada vez se acercaba más. Pude ver cómo sus ojos evitaban esa área, concentrándose en el resto de mi cuerpo, mientras yo hacía un esfuerzo por mantenerme inmovilizado, fingiendo que no podía ayudarme a mí mismo. El jabón seguía acumulándose en mis muslos, y cuando la esponja rozó esa área más cercana a mi entrepierna, sentí cómo la tensión entre nosotros se incrementaba. Mi erección estaba más cerca de su rostro de lo que ella podía admitir, pero seguía concentrada

en la tarea, como la excelente madre que era. El agua resbalaba por mi piel y la suya, y el aire caliente del baño se sentía aún más cargado con cada movimiento que hacía. Ella no parecía notar que, en ciertos lugares, perfectamente podría haberme lavado yo mismo. Mis brazos estaban libres para alcanzar las áreas que ella ahora se preparaba para limpiar, pero como si no lo pensara, Decidió seguir con la esponja, cubriendo toda mi piel con jabón.

En ese momento, sentí que la cercanía entre nosotros era casi palpable y supe que una vez más íbamos a cruzar una línea. Podía sentir como su respiración se mantenía constante, aunque la tensión era evidente. Sabía que ella estaba actuando según las sugestiones que le había implantado, haciendo todo de manera automática, sin cuestionar nada de lo que estaba sucediendo. Me había costado mucho, pero me las había ingeniado para que le pareciera lo más normal del mundo bañarme mientras

tenía la pija dura. Entonces, con una naturalidad que casi me sorprendía, su mano, aún sosteniendo la esponja empapada en jabón, se deslizó lentamente hacia mí entre pierna. El contacto inicial fue suave, casi delicado, pero era suficiente para hacerme sentir al borde de perder el control. Ella estaba en completo silencio y yo no dije una sola palabra, por temor a que si lo hacía la sacara de ese estado post-hipnótico.

No era momento de conversar. Todas mis neuronas, cada célula de mi cuerpo, estaban concentrados en las sensaciones que me producían las suaves caricias de mi madre. La esponja pasó primero por mis testículos y el roce, aunque breve, fue suficiente para que mi respiración se hiciera más pesada. Ella parecía no darse cuenta de la proximidad de mi erección o más bien fingía que no la notaba. Sus dedos se movieron con precisión, como si esta parte del baño

fuera sólo una rutina más. No podía creer que lo estuviera haciendo. Mis testículos estaban hinchados, repletos de semen que en algún momento expulsaría en su honor y ella los

frotaba sin ningún problema. Su mano, cubriendo todo el contacto con mis testículos fue prolongado pero no mostró ninguna reacción visible lo que me dio el valor para no detener lo que estaba ocurriendo el siguiente movimiento fue aún más esperado la esponja rozó finalmente mi miembro completamente duro la tensión en el aire era insoportable y aunque su respiración seguía tranquila podía sentir como la situación nos envolvía a ambos Sus movimientos, por más naturales que parecieran, no dejaban

de ser una demostración de su falta de conciencia ante lo que estaba ocurriendo. La esponja resbalaba sobre mi erección y aunque el contacto no era directo, el roce de sus manos a través de la tela mojada era suficiente para hacer que mi corazón latiera con más fuerza. Sabía que debía mantener el control, seguir con la farsa de la inmovilidad. Pero el contacto era intenso, y cada vez que la esponja se deslizaba sobre mi erección, la sensación

se hacía más profunda. Ella, ajena a lo que sus movimientos provocaban en mí, continuaba lavándome como si fuera algo completamente natural, mientras la tensión en mi interior seguía creciendo. El agua seguía cayendo sobre nosotros, y el vapor se mezclaba con el calor de la situación. Lo que más llamaba mi atención en ese momento era el hecho de que ella, sin pensarlo dos veces, estaba frotando mi erección

con una calma que me resultaba casi irreal. La sensación era tan intensa que era casi como si me estuviera masturbando con las manos desnudas. Cada roce me hacía sentir más cerca del límite, pero debía seguir manteniendo la compostura. No sabía cuánto tiempo iba a aguantar con semejante estímulo, pero no podía decirle que se detuviera. No sólo porque, al hacerlo, Quizás se diera cuenta de lo inusual de la situación, sino porque no quería que lo hiciera, no

quería dejar de sentir ese estímulo tan relajante. Verla con la cabeza gacha, con esos labios gruesos tan cerca de mi miembro, era algo digno de ser plasmado en un cuadro. De manera instintiva, acaricié su cabello, un gesto muy similar al que hace un hombre cuando su amante le está haciendo una mamada. Pero ella debió percibirlo simplemente como un gesto de cariño de su hijo, porque no se mostró

incómoda con esa caricia cargada de lascivia y perversión. Mis músculos estaban tensos, no por la inmovilidad que seguía fingiendo, sino por el esfuerzo que hacía para no perder el control. Cada vez que la esponja rozaba mi entrepierna, una electricidad deliciosa recorría mi columna. Veía sus senos, suspendidos en el aire, contenidos apenas por el brasier, mientras seguía inclinada, lavándome la

verga con esmero. Veía también su precioso culo, la espalda curvada, en una pose que tranquilamente podría ser para un encuentro sexual. Todo en mamá exudaba sensualidad. Por eso me calentaba tanto. Sus manos, aún con la esponja, seguían recorriendo mi cuerpo, pero ahora se centraban más en la zona de mi verga. El roce era suave, pero constante. Podía sentir como la esponja resbalaba entre mis muslos y mi miembro, creando una

sensación que me hacía difícil contenerme. Entonces ella dejó la esponja a un lado y apuntó el chorro de agua hacia mi verga, comenzando a enjuagarme. Me pareció que era el momento perfecto de llevar eso un escalón más arriba. Mamá, dije. Creo que quedó jabón en. En mi miembro. Ahí, en el prepucio, y en toda esa zona que divide el tronco del glande. Podrías asegurarte de que no haya quedado nada. No quiero que me irrite. Mis palabras la hicieron detenerse

por un segundo, como si estuviera procesando la información. Sus ojos se movieron hacia mi entrepierna, donde mi erección era imposible de ignorar. Pero, fiel a las sugestiones que le había implantado, no mostró ninguna reacción de incomodidad. Simplemente sintió, como si lo que estaba haciendo fuera lo más natural del mundo. Está bien, no te preocupes, respondió con calma, su voz tranquila. Me quedé inmóvil, observando como su mano se acercaba a mi verga, esta vez sin la esponja

de por medio. Entonces simplemente comenzó a usar sus dedos, frotando suavemente mi niembro, mientras seguía lanzando agua sobre él para asegurarse de que no quedara jabón el contacto directo con su mano era una sensación completamente diferente a lo que había sentido hasta ahora sus dedos resbalando por mi piel con la ayuda del jabón creaban una fricción que resultaba ser terriblemente placentera literalmente mi madre me estaba haciendo una paja sin siquiera darse cuenta Empecé a gemir, sin

poder evitarlo, pero ella seguía con su tarea, sin inmutarse. Mi respiración se volvió más pesada y ella siguió sin notarlo. Estaba concentrada en esa paja involuntaria que la pobre me estaba haciendo. Sus dedos deslizándose por mi verga, recorriendo cada centímetro de manera minuciosa. El movimiento de su mano era suave pero firme y cada vez que sus dedos pasaban por el glande, una descarga de placer recorría mi cuerpo.« Creo que todavía hay jabón en la parte del prepucio», murmuré,

mi voz entrecortada por la sensación. Ella sintió nuevamente, sin dudar. Sus dedos se movieron con más precisión, frotando esa zona con más detenimiento. Podía sentir cómo su mano manipulaba mi erección, y aunque estaba claro que lo hacía con la intención de ayudarme, la situación había alcanzado un nivel de tensión insostenible. Cada roce, cada movimiento de sus dedos, hacía que la presión en mi interior aumentara. El aire del baño se sentía más pesado, más sofocante, y mi cuerpo ya no

podía soportar más. Sabía que estaba a punto de llegar al límite, y aunque intenté mantener la compostura, su toque, la sensación de sus dedos deslizándose por mi erección, me hacía imposible contenerme. Finalmente, cuando sus dedos pasaron una vez más por el tronco, ya no pude resistir. Mi cuerpo se tensó, y antes de que pudiera advertirlo, la liberación llegó. Eyaculé con fuerza, sintiendo como mi cuerpo temblaba bajo el

control de esa sensación. El semen salió de mi miembro en un impulso incontrolable, manchando su mano y la parte inferior de mi abdomen. Eso sí que no estaba en mis planes. y, sin embargo, verla bañada con mi leche fue la imagen más hermosa que podría haber imaginado. El momento fue tan intenso que por un segundo no hubo más sonido que el agua cayendo sobre nosotros. Mi madre, que había estado completamente concentrada en lo que hacía, se

detuvo de golpe al sentir la eyaculación. Sus ojos se abrieron con sorpresa, y la vergüenza se apoderó de su rostro casi de inmediato. Su mano, aún manchada con mi semen, tembló ligeramente mientras retiraba los dedos de mi erección. Me alarmé, pensando que el impacto de mi semen en su cuerpo la hicieron caer en la cuenta de lo que estábamos haciendo realmente. Por un instante mi corazón celó, y me pregunté, aterrado, si ese no sería el final de mis aventuras incestuosas.

Speaker 3

Por suerte, me equivoqué. Perdón, Nico, murmuró, su voz temblorosa

Speaker 2

No quería que esto pasara. No me di cuenta. Sabía que tenías una erección, pero no pensé que, esto. Estaba completamente avergonzada, y su rostro mostraba una mezcla de culpa y confusión. Por lo visto creía que todo había sido culpa suya, y pensaba que había provocado mi eyaculación al manipularme de esa manera. La culpa la envolvía, y antes de que pudiera seguir disculpándose, decidí intervenir.« Está bien, ma», respondí, mi voz calmada.« No fue tu culpa. No te preocupes,

solo fue algo que pasó. No lo hiciste a propósito. No te hagas problema. No estoy enojado. Los dos sabemos que no lo hiciste a propósito, así que no pasa nada». Ella me miró, aún con la vergüenza marcada en su rostro, pero mis palabras parecieron tranquilizarla un poco. Su respiración era algo entrecortada, pero finalmente sintió como si aceptara mi explicación. Aún así, el ambiente seguía cargado y el hecho de que mi semen estuviera sobre mi cuerpo y su mano

sólo aumentaba la tensión erótica del momento. Ella, aún tratando de recuperar la compostura, miró el semen en su cuerpo, y luego a mí.« Voy a enjuagarme», dijo suavemente, su voz todavía temblorosa.« Y a vos también te

Speaker 3

voy a enjuagar de nuevo. No quiero que quede nada de esto». Asentí

Speaker 2

dejándola continuar. Sabía que la situación era incómoda para ella, pero también sabía que las sugestiones seguían funcionando. Su instinto era ayudarme, y aunque lo que acababa de suceder la había tomado por sorpresa, su mente estaba condicionada a seguir asistiendo. Primero se lavó ella, regalándome una sensual escena mientras el agua caía en su cuerpo escultural y el semen se

desprendía de él, para terminar perdiéndose en el desagüe. Luego se pasó jabón en las zonas donde el semen había hecho contacto con su piel, para que no quedaran rastros, y finalmente se enjuagó de nuevo. Luego siguió conmigo, pues también tenía restos de semen en mi cuerpo. Aún en ropa interior, completamente empapada, tomó la manguera de la ducha y la dirigió hacia mi cuerpo, con la intención de enjuagar todo rastro de lo sucedido. El agua tibia comenzó

a caer sobre mí nuevamente, arrastrando el semen con suavidad. Entonces, para mi sorpresa, volvió a manipular mi verga, que si bien había perdido la erección, ya estaba hinchándose de nuevo. Sus manos, algo temblorosas, se movían con precisión mientras me enjuagaba,

queriendo asegurarse de que no quedara ningún rastro. El contacto del agua sobre mi piel relajaba la tensión que aún quedaba en el aire, pero sabía que mi madre seguía luchando con la vergüenza que sentía por lo que había pasado.« Voy a asegurarme de que no quede nada», dijo, su voz baja, casi un susurro, mientras pasaba la manguera por mi entrepierna. La sensación del agua y el roce de sus manos me hicieron endurecerme nuevamente, como era de esperar. Ella lo notó, y pude ver cómo su rostro se

tensaba de nuevo, pero no dijo nada. Siguió lavándome, quizás sintiendo culpa por considerarse la responsable de que se me parara de nuevo la pija a causa de sus involuntarios estímulos. Sus manos frotaban suavemente mi verga, para asegurarse de que no quedara semen. El contacto hizo que mi respiración se acelerara nuevamente y aunque intentaba contenerme, el simple hecho de que me estuviera tocando de esa manera hacía que mi

cuerpo reaccionara sin control. Ya está, quedó limpio, dijo finalmente, retirando sus manos con rapidez cuando notó que mi erección persistía. Parecía ansiosa por terminar y aunque sabía que estaba completamente avergonzada, también estaba decidida a seguir ayudándome. Con un último enjuague rápido, dejó la manguera a un lado y comenzó a secarme con una toalla que había tomado del perchero cercano. Comenzó a pasar la toalla por mi cuerpo, tratando de secar

el agua mientras yo seguía fingiendo inmovilidad. Su toque era rápido, casi ansioso, como si quisiera terminar cuanto antes. Me secó los brazos, el torso, las piernas, evitando deliberadamente mi erección. Cuando terminó, su respiración era más rápida y se notaba que estaba incómoda, pero no dijo nada.¿ Podés levantarte ahora? Me preguntó con un tono que intentaba sonar tranquilo, aunque

su voz todavía temblaba levemente. Fingí intentarlo, moviéndome un poco, pero luego solté una mueca de dolor y negué con la cabeza. Todavía me duele, mentí. pero puedo moverme un poco más que antes. Solo ayúdame a levantarme despacio. Ella sintió, acercándose para ayudarme. Sus manos rodearon mi cuerpo con cuidado, y con su ayuda logré ponerme de pie, aunque seguía

fingiendo dificultad para moverme. Su ropa interior, completamente empapada y pegada a su piel, hacía que cada uno de sus movimientos fuera aún más sensual, pero ella parecía concentrada en ayudarme. Una vez de pie, me secó rápidamente las partes que

aún quedaban húmedas. Luego, mientras yo seguía fingiendo estar adolorido, me ayudó a ponerme algo de ropa, siempre tratando de evitar mirarme directamente a los ojos, como si lo que acababa de ocurrir fuera demasiado embarazoso para ella.« Deberíamos ir al médico», sugirió nuevamente, su voz más calmada ahora que el momento había pasado. No quiero que te quede alguna lesión sin tratar. Negué lentamente, fingiendo dolor pero también algo

de alivio. Creo que solo fue un entumecimiento, respondí, fingiendo como si el dolor ya se hubiera reducido. Ya me siento mejor, mamá. Si mañana sigue doliendo, voy al médico yo solo, no te preocupes. Me miró con duda, pero luego asintió, aliviada de no tener que enfrentar más la situación. Está bien. Pero si seguís mal, prométeme que vas a ir al médico. Lo prometo, respondí, con una sonrisa tranquila.

Gracias por ayudarme. Suspiró, aún algo afectada por lo ocurrido, pero asintió y salió del baño en silencio, llevándose consigo la tensión y el calor que habían dominado la atmósfera hasta ese momento. Cuando se fue, dejé que mi cuerpo se relajara por completo. Sabía que el plan había funcionado a la perfección y que todo lo que había ocurrido entre nosotros solo era el principio de algo mucho más grande. Ahora solo quedaba pensar en cómo aprovecharía la hipnosis en el futuro para seguir gozando

Speaker 3

con mamá. El diario íntimo de mamá Fragmento de diario No sé qué

Speaker 2

me pasa últimamente, pero algo está cambiando dentro de mí. Lo siento en esos pequeños momentos del día, cuando la casa está en silencio y me quedo sola con mis pensamientos. A veces, mientras hago cosas simples, como lavar los platos o doblar la ropa, de repente me invade una sensación extraña. Es difícil de explicar. No es miedo, no es angustia, pero hay algo ahí, como una incomodidad que no puedo

quitarme de encima. Hoy, por ejemplo, estaba en la cocina, haciéndolo de siempre, preparando la cena para cuando llegue Nico, y mientras cortaba las verduras, de repente me encontré mirando el cuchillo sin realmente verlo. Mis manos seguían trabajando, pero mi mente estaba en otro lado. ¿Dónde? No lo sé. segundo, sentí que había olvidado algo importante, algo que debía recordar. Pero en cuanto intenté enfocarme en ello, se desvaneció, como un sueño que no lográs atrapar al despertar. Quizás por

eso estoy escribiendo este diario. Jamás lo hice. Ni siquiera cuando era adolescente, una edad en donde el romanticismo te lleva a plasmar en letras tus sentimientos. Pero a mí me impulsa otra cosa. Una necesidad de dejar constancia de las extrañas sensaciones que me envuelven en los últimos tiempos. Me pasa seguido, estos días. Es como si una parte de mí estuviera intentando decirme algo, pero no consigo escucharla. No me gusta sentirme así, como si no tuviera control

sobre lo que pienso. Porque siempre he sido una persona firme, decidida. Si hay algo que tengo claro, es que sé quién soy, sé lo que quiero. O al menos, solía saberlo. Mientras seguía con la cena, esa sensación volvió a aparecer y esta vez fue más fuerte. Me quedé quieta, sosteniendo la cuchara de madera en la mano, mirando la olla como si fuera a encontrar la respuesta en el guiso que burbujeaba delante de mí. Intenté recordar algo, pero otra vez no pude. Algo de hace unos días.¿ O era de

Speaker 3

hace más tiempo? No lo sé. Es tan frustrante.

Speaker 2

A veces pienso que es solo cansancio. Puede que esté agotada, con tantas cosas en la cabeza. Por más que en este momento solo sea una ama de casa, siempre parece haber miles de cosas de las que ocuparme. Todo me pasa por la mente como una tormenta y no puedo darle orden a nada. Pero esta sensación, esta confusión, es diferente. Es como si hubiera un hueco en mi memoria, y cada vez que intento llenarlo, se va agrandando más. Me siento

Speaker 3

tan distraída. Fragmento de diario Por

Speaker 2

la tarde, fui a la habitación a cambiarme. Hacía calor y el día estaba pesado. Abrí el placard y me quedé mirando la ropa por un rato. Había algo en ese vestido negro que estaba colgado ahí, algo que me hizo detenerme. Lo había usado hace poco, y mientras lo sacaba de la percha, un destello de recuerdo me cruzó. Me lo había probado frente a Nico, eso lo sé. Pero,¿ por qué lo hice?¿ Por qué estaba con él mientras me lo probaba? Me miré en el espejo, sosteniendo el

vestido delante de mí, pero no me lo puse. Había algo raro en ese recuerdo, algo que no cuadraba. Yo no suelo hacer eso, al menos no de esa manera. Me pareció tan natural en ese momento, pero ahora, al pensarlo, me siento incómoda. Me siento como si hubiera hecho algo que no debí. No era sólo el vestido. La lencería erótica. Me la había probado frente a él. En si no era algo malo, pero me costaba recordar por qué lo

había hecho.¿ Cómo había llegado a ese punto? Además, ahí aparecía otro hueco.¿ Qué había pasado después de que me probé esos conjuntos tan sugerentes? Me quedé parada ahí, frente al espejo, mirándome a los ojos.¿ Quién soy yo? No es una pregunta que me haya hecho antes. Pero hoy, mirando mi reflejo, fue lo primero que se me ocurrió. Mi cabello estaba suelto, un poco desordenado, y mi rostro mostraba más cansancio del que me gustaría admitir. Y en

ese momento, algo en mi expresión me resultó extraño. Mi mirada estaba apagada, distante, como si no fuera realmente yo quien estaba ahí. Dejé el vestido sobre la cama y me alejé del espejo. Sacudí la cabeza, intentando despejarme. Quizás todo esto no es más que una acumulación de cansancio y preocupaciones. A veces, una mujer se siente así, ¿no? Como si la vida pasara por encima de una y

ya no sabes cómo volver a agarrar las riendas. Mientras doblaba unas toallas, mi mente se llenó otra vez de esa sensación, esa bruma que parece flotar alrededor de mis pensamientos. Me acordé de esa vez que Nico me ayudó con el protector solar en el jardín. Fue un momento tan casual, tan normal, o al menos, parecía haberlo sido. Pero ahora, cuando lo pienso, hay algo en ese recuerdo que me hace sentir, no sé, rara. Y no es solo la situación, es la manera en que me sentí en ese momento.

No fue algo incómodo, y creo que es eso precisamente lo que me perturba. Mi hijo me pasó el bronceador por todo el cuerpo. Yo misma se lo pedí. No se detuvo cuando llegó a mi trasero.¿ Tendría que haberlo hecho? Yo no lo detuve. Solo me estaba poniendo el protector, después de todo. Y luego esa conversación. Jamás había hablado de sexo con él. Últimamente me sentía culpable por ello. Siempre había dado por sentado que era Carlos el que

se tenía que encargar de eso. Pero en las últimas semanas me estaba carcomiendo por dentro la idea de haber sido una madre mojigata, temiendo que quizás Nico necesitara de una visión femenina sobre el sexo. Por eso, cuando me preguntó sobre el sexo anal, le respondí con total naturalidad. Pero, no sé, cuando lo recuerdo no deja de parecerme raro. Hasta me da un poco de vergüenza. Quizás por eso no le conté nada a Carlos. Ni sobre esa charla, ni sobre esa vez que me probé la ropa con

nuestro hijo en el dormitorio. Esa confusión que me embargaba en el último tiempo estaba afectando de alguna manera mi relación con mi hijo. Por suerte él no parecía notar nada raro en mí. Me vuelvo a sentir perdida, como si algo estuviera fuera de lugar. Como si mi mente no pudiera conectarse con lo que mi cuerpo hace. Ojalá pudiera hablar de esto con alguien, pero,¿ cómo explicar una

sensación tan extraña? Es como si estuviera flotando entre dos mundos, el real y algo más, algo que no entiendo del todo. Fragmento de diario Mientras el día seguía, esa sensación de desconexión volvió a aparecer. Estaba en el living, tratando de leer una revista, algo que siempre me relajaba. pero hoy no podía concentrarme. Leía una frase, dos, y de pronto mi mente vagaba hacia otra parte. Cerraba la revista, miraba a mi alrededor y sentía que algo faltaba, como si

hubiera olvidado algo importante. Traté de volver a la nota que estaba leyendo, pero las palabras me resultaban lejanas, como si no tuvieran sentido. Me quedé mirando la página sin realmente leer. y ahí apareció otra vez esa sensación, un cosquilleo en la nuca, un ligero temblor en las manos. Algo dentro de mí estaba mal, algo que no podía identificar. Dejé la revista a un lado y me acerqué a la ventana. Afuera, el sol estaba bajando lentamente, bañando el

jardín con una luz cálida. Me quedé mirando hacia el horizonte, pensando en nada y en todo al mismo tiempo. Por un Vi mi reflejo en el vidrio y otra vez sentí esa desconexión.¿ Quién es esa mujer que me mira desde la ventana? El pensamiento me sobresaltó. No era yo, o al menos, no era como me sentía. Algo había cambiado,

y aunque no podía ponerle nombre, lo sabía. Me sentía dividida, como si una parte de mí estuviera viviendo la vida que siempre había conocido, pero otra parte, oculta y silenciosa, estuviera al margen, observando desde las sombras. Respiré hondo, tratando de calmarme. Quizás era sólo el estrés, el cansancio de la rutina diaria. Sí, debía ser eso. Pero cuando me aparté de la ventana, la sensación persistía. Más tarde, mientras preparaba la cena, me encontré perdida en mis pensamientos de nuevo.

Había momentos en que mis manos se movían por inercia, pero mi mente no estaba allí. Cortaba las verduras, escuchaba el agua hervir, pero todo era automático.¿ Cuándo dejé de sentir que soy yo la que decide lo que hago? Me pregunté. Fue un pensamiento fugaz, que rápidamente deseché, pero algo dentro de mí no se sentía bien. Esa incomodidad seguía creciendo, aunque no podía identificarla con claridad

Speaker 3

Fragmento de diario. Roberto. Su nombre apareció en mi

Speaker 2

mente de la nada. Sentí un nudo en el estómago, una mezcla de nostalgia y algo más que no podía describir. Desde aquella conversación con Nico, no podía sacarme a Roberto de la cabeza. Había pasado tanto tiempo, pero la memoria de él se había vuelto constante en mi vida.¿ Por qué ahora? Intentaba no pensar en él, pero era como si mis pensamientos volvieran a él sin que yo lo quisiera. Me volví a sentir inquieta, como si mi mente no

fuera del todo mía. Trato de recordar cuando empecé a sentirme así, pero no encuentro un momento exacto.¿ Fue después de esa conversación con Nico?¿ O antes? No lo sé. Todo es tan difuso, como si los días se

Speaker 3

mezclaran y perdiera la noción del tiempo. Fragmento de diario

Speaker 2

Había algo en la manera en que Nico me hablaba esos días, algo en su tono de voz que me tranquilizaba, aunque no siempre pudiera entender por qué. A veces, sentía que quería hacerle preguntas, contarle lo que me pasaba, pero en cuanto lo pensaba, la sensación se desvanecía, como si no fuera importante. Me quedaba mirándolo, sintiendo una paz extraña que no debería estar ahí. Todo estaba bien cuando él estaba cerca, ¿no? Sacudí la cabeza y traté de volver

a la realidad. Tengo que enfocarme, me dije a mí misma, pero mi mente parecía querer llevarme a otro lado, a esos recuerdos de Roberto, a esa incomodidad que no podía nombrar. Mientras cenábamos esa noche, Nico me habló de ciertas cosas, mientras mi marido miraba un partido de fútbol, pero mi mente estaba en otra parte. Lo miraba, escuchaba lo que decía, pero todo sonaba lejano, como si estuviéramos hablando desde dos

mundos diferentes. Cuando él se levantó para dejar los platos, sentí un impulso de detenerlo, de decirle algo, cualquier cosa que me ayudara a conectar con lo que estaba sintiendo. Pero no lo hice.¿ Por qué no lo hice? Me quedé callada, mirándolo caminar hacia la cocina, y me sentí aliviada cuando se fue. Esa calma extraña volvió a instalarse en mí y por un momento todo estuvo bien de nuevo. Mi hijo era mi cable a tierra, lo

Speaker 3

único que me hacía sentir bien. Fragmento de diario Hoy tuve una

Speaker 2

situación tan vergonzosa con Nico que hasta dudo de plasmarla acá. Tuvo un accidente en la ducha. Se lastimó la espalda y me pidió que lo ayude a terminar de bañarse. Tenía una erección. Una potente erección que se me antojaba perturbadoramente atrayente. Fingí que no la veía. Era normal que un adolescente tuviera una erección mientras se bañaba. Seguramente había estado fantaseando con una chica o quizás incluso pensaba masturbarse. Pero el falo de mi hijo no se ablandaba. No

parecía intimidada por mi presencia. Así que seguí limpiándolo. Cuando llegué a la zona de la erección... Dudé un rato. Pero el chico necesitaba mi ayuda. No iba a humillarlo en una situación como esa señalando su persistente excitación. Así que le lavé la verga, como lo había hecho tantas veces cuando era un niño, sólo que ahora estaba durísima. Cuando terminé de enjabonarla, la enjuagué, usando mis propias manos, y entonces se le eyaculó sobre mí. Fue un accidente,

lo sé. pero no puedo evitar pensar que debería estar más soqueada por la situación. Lo tomé todo con mucha naturalidad. Siempre me sentía cómoda con él, pero esto era diferente. El semen de mi hijo en mi cuerpo. Y lo peor era que por un instante, solo por un instante, sentí una extraña sensación. Una sensación que no era para nada desagradable.

Speaker 3

Fragmento de diario

Speaker 2

Ayer, mientras lavaba los platos en la cocina, escuché a Nico entrar. Al principio, no me di vuelta, estaba concentrada en la espuma del detergente, en cómo el agua tibia caía sobre mis manos, tratando de dejar de lado los pensamientos confusos que me acompañaron todo el día. Pero luego sentí su presencia detrás de mí y una extraña sensación recorrió todo mi cuerpo. No puedo decir que fuera una sensación desagradable, pero sí era muy intensa, casi electrizante.¿ Te

ayudo con eso, ma? Dijo con su voz tranquila, esa que siempre me hacía sentir segura. Me volví hacia él, sonriendo débilmente. Siempre lo hacía, siempre le sonreía. Era un gesto que aparecía por reflejo. Nico era lo más importante en mi vida, y solo escuchar su voz llenaba mi corazón de una calidez reconfortante. Aunque, en realidad, esto me pasaba más a menudo desde hace relativamente poco, al mismo tiempo que empecé a notar la confusión en mi cabeza.

No te preocupes, ya estoy terminando, le respondí, y volví la vista al fregadero. Podía sentirlo aún ahí, detrás de mí, observándome. Sabía que sólo era Nico, mi hijo, pero su cercanía me hizo sentir algo más, algo que no podía definir. De repente sentí sus manos sobre mis hombros, un toque suave, casi casual, como si fuera parte de la rutina. Pero ese simple gesto me sacudió. Un pequeño escalofrío recorrió mi columna y, por un segundo, quise apartarme, pero no lo hice.¿

Por qué no lo hice? Parecés cansada, comentó mientras sus dedos se apretaban suavemente sobre mis hombros, como si intentara relajarme. Asentí lentamente, pero no dije nada. Estaba cansada, sí, pero también estaba confundida y no quería que lo notara.¿ Qué pensarías, Nico, si supieras lo que pasa por mi cabeza? Me pregunté mientras seguía con los platos. Su toque era suave, pero me hacía sentir pesada, como si algo dentro de mí

quisiera despertar pero no pudiera. Todo está bien, ma. No te preocupes, dijo, y su tono tenía una calma que me resultaba extraña, como si intentara asegurarse de que lo creyera. Cuando terminó de hablar, sus manos se retiraron de mis hombros y sentí un profundo alivio, como si toda la incertidumbre que me había embargado hasta hacia unos segundos se hubiera esfumado. No sabía por qué, pero su contacto me había dejado más calmada de lo que debería, lo que

contrastaba con la sensación inicial. Me volví para mirarlo, pero cuando lo hice, su sonrisa era la misma de siempre, cálida, protectora. De alguna manera, esa sonrisa me hizo sentir que todo estaba bien.¿ Cómo no va a estar bien? Era mi hijo. Le devolví la sonrisa, ahora más pronunciada, reflejando lo que sentía por dentro. Sin embargo, detrás de esa calma, de ese alivio, había algo no tan bueno que no podía definir. Algo dentro de mí estaba resistiendo, pero no podía decir

qué era. Pero me dije que eran ideas mías. No había motivos para no sentirme bien cuando estaba con él. Era Nico, mi Nico. El mismo chico que siempre había sido,¿ por qué entonces me sentía así? La incomodidad seguía latente, pero no podía verbalizarla. En lugar de eso, Me dejé llevar por la calma que su presencia parecía traerme, esa tranquilidad que siempre me ofrecía, aunque hoy se sentía diferente.

Voy a subir a descansar un rato, dije, apartándome de los platos, como si la sola idea de estar sola por un momento pudiera despejar la niebla en mi mente. Nico asintió, sin quitar la vista de mí. Siempre me mira con esa intensidad, pensé, y aunque me había acostumbrado a su cercanía, esta vez me sentí observada de una manera distinta, como si él supiera algo que yo no. Subí las escaleras despacio, sintiendo su mirada en mi espalda

mientras me alejaba. Me dije a mí misma que era sólo cansancio, que mañana me sentiría mejor, más clara, más conectada. Pero mientras entraba a mi cuarto, una parte de mí sabía que algo no estaba bien, aunque no lograba definir qué era. Mañana será otro día, me repetí, casi como un mantre, mientras me desvestía y me metía en la cama. La calma que Nico me ofrecía me envolvía, y, por

unos minutos, pensé que todo estaba realmente bien. Pero, en el fondo, algo seguía percibiendo una tensión extraña, como si una parte de mí se estuviera resistiendo a aceptar esa calma. Mientras me acostaba en la cama... La sensación de desconexión seguía presente, como una sombra que no podía sacudirme de encima. Cerré los ojos, intentando relajarme, pero en cuanto lo hice, Roberto apareció en mi mente, otra vez. Llevaba días pensando

en él, aunque no entendía por qué. Desde que Nico mencionó su nombre, es como si algo dentro de mí hubiera despertado, un recuerdo que intentaba olvidar o, al menos, no recordar tan vívidamente. No quería pensar en Roberto, pero mi mente volvía a él una y otra vez, como si estuviera atrapada en una espiral de pensamientos que no podía controlar. Intenté ignorarlo. Giré en la cama, buscando una posición cómoda, pero su imagen seguía ahí, tan presente como

si estuviera en la habitación conmigo. Lo vi claramente, su sonrisa, esa manera despreocupada en la que me miraba cuando estábamos juntos. No debería estar pensando en esto, me dije. Hacía años había tenido un desliz que me resultó irresistible y lo había disfrutado mucho. Jamás me sentí culpable por hacerlo, pero sí estaba consciente de lo cerca que estuve de destruir a mi familia. Eso fue lo que finalmente me instó

a exigirle a Roberto que desapareciera de nuestras vidas. Pero mis pensamientos no me obedecían, él seguía en mi cabeza. El recuerdo de lo que pasó entre nosotros me quemaba. Fue hace tanto tiempo, y yo creía que lo había dejado atrás. Pero ahora, esas imágenes volvían a mi mente con una claridad que no debería tener. Era como si estuviera reviviendo esos momentos, su voz, sus manos sobre mí, el calor de su cuerpo junto al mío. Todo era

tan tangible. A veces, me descubro preguntándome cómo estaríamos si las cosas hubieran sido diferentes.¿ Qué habría pasado si no lo hubiera dejado? Si no hubiera terminado con él y me hubiera quedado a su lado. Pero es ridículo pensar en eso ahora, de hecho, jamás había pensado en él en esos términos. Solo era un buen polvo que me eché, al igual que el vecino y el tipo del gimnasio.

Un desahogo de la vida rutinaria que aceptaba con tranquilidad, pero que sabía que de vez en cuando tenía que transgredir para luego vivirla sin la sensación de que me estaba perdiendo algo importante. Entonces no entendía por qué ahora parecía anhelarlo, por qué de pronto soñaba con haber tenido algo más con él. Me di vuelta en la cama, la almohada fría contra mi rostro, pero no encontraba descanso.¿ Por qué ahora?¿ Por qué, después de tantos años, su

imagen vuelve a mí con tanta fuerza? Es como si esa conversación con Nico hubiera abierto una puerta que pensé que estaba cerrada con llave. Pero una vez abierta, todo lo que había guardado detrás de ella comenzó a desbordarse y ahora no sé cómo detenerlo.

Speaker 3

Nico, siempre aparecía Nico.

Speaker 2

Sentí que estaba perdiendo el control de mis propios pensamientos. Roberto me invade en momentos inesperados. incluso cuando estoy con Nico, incluso cuando estoy sola. No lo puedo evitar. Y cuanto más intento no pensar en él, más fuerte se vuelve su presencia en mi mente. Recordé sus manos, cómo me acariciaba, cómo me hacía sentir. Ese calor, ese deseo. Nunca pensé que volvería a sentir algo así por él, pero ahí estaba, en mi cama, con la imagen de Roberto quemando en

mi mente y no sabía cómo detenerlo. Carlos no vendría esa noche. Un corto viaje de trabajo. Intenté calmarme, respirar hondo, pero los recuerdos seguían insistentes, como si no quisiera dejarlos ir. La culpa comenzó a crecer dentro de mí, pero es una culpa que no logro entender.¿ Por qué me siento culpable? Roberto está en mi pasado, no tiene cabida en mi vida ahora, pero cada vez que cierro los ojos, está ahí.

Lo siento tan cerca, tan real, que a veces me pregunto si esto es realmente un simple recuerdo o si hay algo más, algo que me estoy negando a ver. Seguía inquieta, como si mi cuerpo estuviera en una lucha interna entre el deseo y el arrepentimiento. No debería estar pensando en esto, me repetí una y otra vez. pero no puedo detenerlo. Me sentí ahogarme en mis propios pensamientos, como si estuviera atrapada en una red de emociones que

no lograba ni logro ahorra desenredar. Las palabras de Nico volvieron a mi mente.

Speaker 3

No te preocupes, ma. Todo está bien.

Speaker 2

Pero no lo está. No puedo decirle esto a Nico. No puedo hablarle de lo que está pasando por mi cabeza, de Roberto, de cómo su presencia sigue apareciendo, casi como un fantasma que no me deja en paz. Me pregunto si él sospecha algo, si sabe que algo dentro de mí no está bien. Pero cada vez que me mira, su sonrisa me tranquiliza y me hace sentir que, por más confusa que esté, todo va a estar bien.¿ Pero

lo está realmente? No lo sé. Y mientras el recuerdo de Roberto me seguía quemando por dentro, Una parte de mí se preguntaba si alguna vez podré sacarlo de mi mente. Es de madrugada y estoy tecleando sin parar. A veces pienso que este diario es mi salvación, algo parecido a hacer terapia. Otras veces pienso que es parte del problema. Es de esas cosas que no sé exactamente por qué las hago. Y ahora me está pasando eso mismo. No sé por qué tuve que abrir la noteboca a la

madrugada y ponerme a escribir todo esto. Fue un impulso, algo en mi interior me insta a hacerlo. Los dedos se mueven prácticamente por voluntad propia sobre las teclas. Siento aún el orgasmo que acababa de tener entre sueños. Incluso mi sexo parece algo hinchado, como si de verdad me hubieran estado penetrando. Ahora tengo que escribir esa parte. Lo que sucedió mientras dormía, porque estoy segura de que es algo tan significativo como ciertas cosas que ocurrían mientras estaba despierta.

El cansancio comenzó a pesar sobre mis párpados. Me arropé bajo las sábanas, tratando de apagar la tormenta de pensamientos que había girado en mi mente todo el día. Me dije a mí misma que sólo necesitaba dormir, que mañana todo sería más claro, más fácil de manejar. El reloj marcaba las diez de la noche, pero me parecía que las horas se deslizaban lentamente como si el tiempo se hubiera ralentizado. Cerré los ojos, dejé que la oscuridad me envolviera y poco a poco caí en el sueño. Pero

este no fue un sueño como los demás. Primero, la imagen de Roberto apareció en mi mente de nuevo como había sucedido tantas veces antes. Pero esta vez era diferente. Esta vez no era un recuerdo distante, borroso. Todo era claro, tan claro que sentía que podía tocarlo. Estábamos juntos, en su casa, cosa rara, porque jamás la había pisado. La sensación era tan real, tan palpable, que por un momento

me pregunté si estaba despierta o si seguía soñando. Lo miré, y él me sonrió, esa sonrisa que siempre hacía que me derritiera por dentro. Me tomó de la mano, su piel cálida contra la mía, y me atrajó hacia él. Sentí su respiración cerca de mi cuello, el calor de su cuerpo tan próximo al mío. Esto no es sólo un sueño. No podía hacerlo, porque mi cuerpo estaba reaccionando como si estuviera ahí, como si todo esto realmente estuviera ocurriendo.

Sus manos recorrieron mi espalda, lentamente, con esa suavidad que conocía tan bien. Me quedé quieta, mi mente gritaba que algo no estaba bien, pero mi cuerpo no respondía a esos pensamientos. Me dejé llevar, sintiendo cada roce, cada caricia, como si lo hubiera estado esperando todo este tiempo. Tenía muchas ganas de volver a estar con vos. Nunca me

olvidé de cómo cogimos. Fue algo hermoso, susurró Roberto, sus labios rozando mi oído, y un escalofrío recorrió mi columna cuando sentí sus manos en mis trasero y en el muslo. Era tan real. Podía sentir el latido de su corazón bajo mis dedos, el peso de su cuerpo sobre el mío mientras me manoseaba por todas partes. Intenté hablar, decir algo,

pero no salieron palabras de mis labios. Sólo estaba yo, inmersa en esa experiencia, en ese recuerdo que no parecía un recuerdo, sino algo que estaba ocurriendo aquí y ahora. Me besó el cuello, su aliento caliente sobre mi piel, y mi cuerpo respondió. Me aferré a él, mis dedos se hundieron en su espalda, y una parte de mí, la más profunda, quería esto. Quería sentirlo de nuevo, como antes,

como si nada hubiera cambiado. Mis labios buscaron los suyos, y cuando los encontré, todo se volvió borroso, salvo la intensidad del momento. Sentía el calor de su cuerpo, cada centímetro de su piel contra la mía, como si realmente estuviera conmigo, como si lo estuviera viviendo en este mismo instante. La cama bajo nosotros, su peso moviéndose suavemente sobre mí, el aire pesado de deseo. Todo era tan vívido, tan real, que me resultaba imposible pensar que sólo era un sueño.

No pude detenerme. No quise detenerme. Me dejé llevar, completamente atrapada en el momento, en esa realidad que mi mente había creado, pero que mi cuerpo sentía como verdadera. Y, en medio de todo, sentí algo extraño, algo que no pertenecía a ese lugar. Como un eco lejano, una parte de mi mente gritaba que esto no estaba bien, que algo estaba fuera de lugar. Pero era tan placentero, tan intenso, que esa voz se desvaneció rápidamente. El resto de mí

sólo quería seguir, sólo quería sentir más. Roberto estaba sobre mí, penetrándome con esa misma ternura que siempre había tenido, pero al mismo tiempo, con una urgencia que no recordaba. Lo miré a los ojos, esos ojos oscuros que tanto conocía, y vi algo en ellos que me hizo temblar. Había una intensidad que nunca antes había visto, algo que me

asustaba y me atraía al mismo tiempo. Sentía sus manos ahora en mis senos, sus labios, su aliento, y mi cuerpo respondía como si fuera real, como si estuviéramos realmente juntos otra vez. Pero algo dentro de mí sabía que no lo era. Sabía que no podía ser real. Era un sueño lúcido, comprendí. Un hermoso sueño lúcido en donde me reencontraba con mi amante secreto. Pero no podía evitar sentir que algo no andaba bien. Intenté despertar, abrir los ojos,

pero no podía. Estaba atrapada en este sueño, en esta experiencia tan tangible que mi cuerpo estaba respondiendo a ella como si fuera la verdad. Sentía el sudor en mi piel, el calor en mi rostro, el ritmo acelerado de mi respiración. Y entonces, acabé. Un orgasmo tan real que traspasó la barrera del sueño e invadió la realidad. Pero la cosa no había terminado ahí. Roberto me hizo girar, poniéndome boca abajo.

Me chupó con desesperación el culo y mi sexo y luego me penetró de nuevo hasta que alcancé el segundo orgasmo.

Pero él seguía erecto, así que siguió penetrándome produciéndome otro orgasmo y otro nunca había tenido múltiples orgasmos es como tener un orgasmo que se extendía en el tiempo era una sensación indescriptible abrí los ojos de golpe jadeando el pecho subiendo y bajando con rapidez el cuarto estaba oscuro la cama caliente bajo mí pero mi cuerpo seguía respondiendo al sueño como si aún estuviera allí en esa casa con roberto Tenía espasmos que me hacían temblar de pies

a cabeza. Los músculos tensos. Había tenido todos esos orgasmos en la realidad. Miré alrededor, tratando de recuperar el aliento. No sabía si lo que había vivido era solo un sueño, o algo más. Todo había sido tan real, tan físico, que no podía creer que mi mente lo hubiera inventado por completo. Sentía mis músculos tensos, mi piel caliente, mi

respiración agitada. Me quedé ahí, en la oscuridad de mi cuarto, sin saber si había despertado completamente o si seguía atrapada en esa fantasía, en esa realidad que mi mente había creado para mí.

Speaker 3

Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.

Transcript source: Provided by creator in RSS feed: download file
For the best experience, listen in Metacast app for iOS or Android