Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos
Hipnosis erótica, parte 5.
Hablando de sexo con mamá. El sol
de la tarde calentaba el patio y el calor se hacía más intenso mientras mi madre tomaba sol en la reposera usando un pequeño bikini. Su cuerpo, bronceado y sensual, estaba expuesto en su totalidad. Se encontraba boca arriba, ojeando una revista, mientras yo veía algunos reels de Instagram a su lado, pero mis ojos no podían evitar desviarse hacia ella. La parte superior del bikini apenas cubría sus tetas y su abdomen se tensaba ligeramente cada vez que movía las piernas.
La pieza inferior era tipo tanga y sus tiritas marcaban la perfecta forma de sus caderas, realzando la figura que tanto me tentaba. Con lentitud, comenzó a aplicar protector solar en sus brazos y abdomen. El sol brillaba sobre su piel, que relucía bajo la fina capa de loción. Sus labios gruesos esbozaban una tenue sonrisa que parecía haber aparecido sin que ella siquiera se diera cuenta. Observaba cada movimiento de sus manos mientras frotaba la crema, fingiendo que estaba muy
entretenido con el celular. Papá estaba trabajando, como siempre, a pesar de que era sábado. Y yo estaba seguro de que era el momento perfecto para tener otra de mis experiencias eróticas con mamá.
Me ayudás con la espalda? Preguntó de repente.
Mi corazón se aceleró. Dejé el celular a un lado y asentí, tratando de parecer tranquilo, a pesar de que por dentro me daba cuenta de que mis nuevas sugestiones estaban siendo increíblemente eficaces.
Sí, obvio, respondí. Ella se
giró lentamente, quedando boca abajo sobre la reposera. Desabrochó el pequeño corpiño de su bikini, dejándolo caer a los lados. La vista era hipnótica, su espalda desnuda y el diminuto bikini que apenas cubría su enorme trasero. La tela de la tanga se hundía entre sus nalgas, resaltando la perfecta forma de su culo. La visión me dejó sin aliento por unos segundos. Tomé el protector solar con manos temblorosas y vertí un poco en mis palmas antes de empezar
a flotarlo por su espalda. Mi tacto era suave, pero el contacto directo con su piel me provocaba una excitación
creciente que intentaba disimular. Ella seguía leyendo la revista, aparentemente ajena a lo que pasaba por mi mente la tanga dejaba al descubierto casi todo y la tela fina se ajustaba de una manera provocativa que hacía imposible no detenerse a admirar mis manos rozaron suavemente el borde de la tanga deslizando la crema por el contorno de su trasero esperé a ver si mamá me decía que no hacía falta que lo hiciera en esa zona pero no dijo nada simplemente se acomodó un poco más en la reposera,
como si el acto fuera algo completamente natural. Me dije que más adelante volvería a esa zona, a ver si la sugestión que le había implantado realmente funcionaba. Mis manos siguieron recorriendo un rato más su espalda, para luego descender lentamente hacia sus piernas. La piel de mi madre era suave y firme, y el sol la mantenía cálida. Aplicar la loción sobre su cuerpo era una experiencia que me
resultaba demasiado placentera. Mientras ella ojeaba su revista, yo intentaba concentrarme en lo que hacía, pero mi mente ya estaba en otra parte, en las fantasías incestuosas que siempre me embargaban cuando estaba con ella. Como es natural, mi verga ya se había endurecido. Comencé a masajear sus piernas, comenzando por los muslos. El tacto de esa zona se sentía especialmente firme bajo mis manos, lo que hizo que un
escalofrío recorriera mi columna. Froté la loción con suavidad, tratando de mantener la calma, aunque la cercanía con su cuerpo me hacía difícil contener la excitación. Su sexo estaba ahí, muy cerca de mis dedos, y ese imponente orto que llevaba mi mamita estaba ahí, totalmente expuesto ante mí. Mis manos descendieron hacia sus pantorrillas, pero cada vez que regresaban hacia los muslos, sentía la tensión creciendo en mi pecho. Mis dedos dudaron por un momento al llegar al límite
entre sus muslos y el pequeño bikini que llevaba. Podía sentir el calor emanando de su cuerpo y el roce de la tanga contra sus nalgas hacía que mi respiración se acelerara. No sabía si debía continuar, pero el deseo superaba cualquier duda. Finalmente, Dejé que mis manos recorrieran con suavidad el borde de su bikini, acariciando su trasero. La tela apenas cubría la piel y la sensación de mis dedos sobre la parte expuesta de sus nalgas me hizo
temblar de pura excitación. Ella, por su parte, no parecía reaccionar. Seguía concentrada en la revista, ojeando las páginas, como si nada estuviera sucediendo. Aquella indiferencia me alentaba a seguir. me daba confianza para atreverme más. Bot ahora la sugestión estaba resultando sumamente efectiva. Continué aplicando el protector solar, recorriendo cada centímetro de sus nalgas con un cuidado casi reverencial. El tacto de esa parte de su cuerpo era enloquecedor. Una
mezcla perfecta entre suavidad y firmeza. Los dedos se hundían apenas, pero lo suficiente para sentir la solidez ganada a base de sentadillas. Mi verga palpitaba, como siempre, como si me estuviera instando a que, de una buena vez por todas, fuera a por más y me la cogiera de una buena vez. Pero debía tener cuidado. Hasta ahora había salido todo bien. Pero era gracias a que la había sugestionado para que se convenciera de que ciertas cosas no estaban mal.
Ya sea cambiarse frente a mí, como ahora dejar que le aplicara el protector solar. Todo tenía un motivo que, en su cabeza, justificaba lo que estaba pasando. En este caso, por ejemplo, lo que le había implantado en la mente era que no tenía nada de malo que su hijo tocara su cuerpo en determinadas circunstancias. No tenía nada de malo que la ayudara a broncearse. Lo de acariciar su culo sólo era algo accesorio para ella. Sin embargo, Aún no se me ocurría una buena narrativa para que se
diera una situación en la que pudiera cogérmela. Pero sabía que algún día, no tan lejano, lo encontraría. El contacto con sus nalgas era electrizante, cada roce hacía que mi lujuria creciera más, pero mantenía el control. Pasé mis manos por encima de la tela del bikini, disfrutando del contraste entre la suavidad de su piel y la fina tela que apenas cubría su trasero. El hecho de que ahora hiciera contacto con la parte más honda de su orto hizo que mi verga palpitara. Mi boca estaba hecha un
río de baba. Ya le había puesto la crema en cada rincón de su cuerpo, pero no podía detenerme, mis manos seguían enviciadas con el maravilloso culo de mi mami. Cada vez que mis dedos rozaban la parte más oculta de su orto, un escalofrío recorría mi cuerpo. Mi mente estaba completamente enfocada en lo que estaba haciendo y la excitación crecía con cada toque, con cada movimiento de mis manos sobre su piel. La delgada tela del bikini parecía casi desaparecer bajo mis dedos y la cercanía con su
cuerpo me hacía sentir al borde de perder el control. Ella, por su parte, seguía ojeando la revista, ajena a todo lo que estaba ocurriendo en mi mente, cosa que me aliviaba. Mientras mis manos seguían explorando su trasero, no pude evitar que una idea me invadiera, había aprendido tanto sobre ella, sobre su vida sexual, mientras estaba en trance. Sabía cosas que ella no tenía idea de haberme contado. Esa información me quemaba en la mente, y el deseo de saber más,
de explorar esos secretos, me consumía. Mi mente dio vueltas un rato hasta que finalmente me atrevía a hablar. Mamá, mi voz salió algo temblorosa al principio, pero logré aclararla.¿ Puedo preguntarte algo, algo un poco personal? Ella no levantó la vista de la revista, pero su respuesta fue calmada, casi despreocupada.
Claro, Nico.¿ Qué pasa? Respondió, su tono tranquilo.
Tomé aire profundamente antes de continuar. La había sugestionado para que también se sintiera cómoda conversando conmigo sobre cuestiones sexuales y ahora era el momento perfecto para hacerlo. Es que, escuché que a muchas mujeres no les gusta el sexo anal, empecé fingiendo una inocencia que no sentía.¿ Por qué pensás que es así? Hubo un breve silencio. Ella dejó la revista a un lado y pude notar cómo su cuerpo se relajaba aún más. No parecía sorprendida por la pregunta,
lo que me animó a continuar. Se tomó unos segundos antes de responder y cuando lo hizo, su tono fue completamente neutral. Bueno, la verdad es que la mayoría de las mujeres no lo disfrutan por pudor o porque muchos hombres no lo hacen bien. No saben cómo tratar esa parte del cuerpo, son muy bruscos. Sus palabras fluyeron de manera natural y y la franqueza de su respuesta me sorprendió.
Me mordí el labio, tratando de mantener el control mientras mi mente trabajaba rápidamente para formular la siguiente pregunta.¿ Y cómo debería hacerse? Pregunté, fingiendo timidez, aunque el deseo por saber más era demasiado fuerte. Digo,¿ cómo se hace el sexo anal? Ella suspiró suavemente, como si la conversación fuera algo común y corriente, y su respuesta no tardó en llegar. Bueno, lo primero es que tiene que haber mucha confianza y paciencia. No es algo que se pueda hacer a las apuradas.
Se necesita mucha comunicación entre la pareja y, lo más importante, el hombre debe asegurarse de que ella esté cómoda en todo momento. Y siempre, siempre se debe usar preservativo y lubricante, obvio. Su tono era calmado y natural, como si estuviera hablando de algo tan trivial como preparar una receta. Cada palabra que decía me llenaba de una curiosidad insaciable, y aunque sabía que estaba cruzando límites, no pude detenerme. ¿Y,
a vos te gusta, mamá? Pregunté, lleno de ansiedad.
Ella no mostró ninguna reacción visible. No hubo vergüenza ni incomodidad en su respuesta. Parecía completamente en paz con la conversación.« Sí, me gusta», respondió con sencillez,« pero sólo cuando se hace bien. Si se hace con cuidado, puede ser muy placentero». La
franqueza de su respuesta me dejó sin aliento por un segundo. Sabía, por lo que ella me había contado en trance, que disfrutaba de esa práctica, pero escucharla decirlo de manera tan directa era algo diferente, algo mucho más poderoso.¿ Y qué más tendría que tener en cuenta para hacerlo bien? Insistí, sabiendo que me estaba adentrando en un terreno peligroso, pero sin poder detenerme. Ya había terminado de broncearla, así que
me senté de nuevo a su lado. Mi madre se acomodó un poco en la reposera, aún boca abajo, y su trasero quedó a sólo unos centímetros de mis manos, tentándome más de lo que podía soportar. Bueno, primero, siempre hay que tomarse el tiempo para preparar la zona. No se puede ir directo a la penetración, eso sería muy doloroso. Las caricias suaves son importantes, y usar los dedos primero para que ella se acostumbre, para que ya esté dilatada
antes de meterle la verga. También podés dar un beso negro, es decir, chuparle el culo. Siempre con mucha saliva. Es un proceso lento, pero es la única manera de que funcione. Y si por esas casualidades, cuando sacas el miembro, está sucio, no seas tan imbécil como para espantarte. Que no la estás metiendo en un agujero de flores. Claro, Las mujeres tomamos las medidas necesarias para evitar que esas cosas desagradables pasen. Yo, cuando sé que voy a hacerlo por atrás, me hago
un enema. Jamás tuve ningún inconveniente. Cada palabra que decía era un nuevo golpe de excitación para mí. Mi mente estaba completamente enfocada en los detalles que ella me daba, imaginando cada paso. Instintivamente, palpé mi verga erecta, como para darme un mínimo alivio que me contuviera. La situación era
tan erotizante que resultaba casi tortuosa. No sólo estaba hablando de sexo anal con mamá, sino que yo acababa de disfrutar del tacto de esas poderosas nalgas, y ahora ella había quedado en esa posición tan sensual mientras me respondía con total naturalidad.¿ Y qué sientes cuando, cuando te penetran por el culo? pregunté
intentando que mi voz no temblara. Ella respondió sin dudar.
Es una sensación muy intensa, al principio puede ser un poco incómodo. Hasta te diría que no es muy diferente a cuando haces caca. Es como cagar para adentro, explicó, soltando una risita histérica. Pero después, cuando te relajas, se vuelve placentero. Es diferente al sexo vaginal, más, apretado, más profundo. Pero es una sensación que, si te gusta, puede ser muy satisfactoria. Cada palabra que salía de su boca me
hacía sentir más atrapado en esa conversación. La proximidad de su cuerpo, el tono relajado de su voz, la naturalidad con la que hablaba sobre algo tan íntimo, todo parecía surrealista, pero al mismo tiempo increíblemente excitante. Mi respiración era pesada, y mi corazón latía con fuerza en mi pecho. El sol seguía bañando su piel, haciéndola brillar bajo la luz, y la tentación de seguir tocándola era casi insoportable. Me pregunté si podía fingir que faltaba cubrir una parte de
su piel. Pero me dije que lo mejor era que no. Era demasiado riesgo. Si a esa conversación lujuriosa le agregaba mis caricias en su culo, todo se podía desmadrar. Terminaría eyaculando dentro del pantalón, como cuando le saqué las fotos, o, peor aún, le bajaría la tanga y haría una locura. Es importante que no haya prisa, siguió explicando, de repente, como si su mente estuviera aún procesando la respuesta a mi última pregunta. Si el hombre se apura, puede causar dolor.
y eso es lo que la mayoría de las mujeres teme. Pero si se hace despacio, con cuidado, puede ser muy, muy placentero. La conversación había llegado a un punto en el que todo parecía estar bajo un velo de erotismo explícito. Yo, tentado por la cercanía de su cuerpo, por sus palabras tan detalladas y honestas, sentía que el control se me escapaba. La tensión entre nosotros crecía. y cada respuesta que me daba hacía que mi mente fuera más lejos de lo
que había planeado. De repente, ella se incorporó lentamente, con la misma calma que había mostrado hasta ahora, y comenzó a girar sobre sí misma para quedar boca arriba. Observé como el corpiño de su bikini, que aún estaba desabrochado, se mantenía en su lugar de manera inestable. Mientras se acomodaba, se detuvo por un segundo, y luego se dispuso a abrocharse el corpiño de nuevo. Pero antes de que pudiera hacerlo, me atreví a hablar, impulsado por la confianza que me
había dado la conversación anterior.¿ Por qué no haces topless, mamá? Sugerí, tratando de sonar casual. Así te aseguras de que todo tu cuerpo quede bronceado de manera uniforme. Si no, te va a quedar las marcas del bikini, ¿no? Ella me miró con un gesto de duda, su mano sosteniendo el corpiño,
pero no moviéndose para abrocharlo. La idea parecía hacerla vacilar, cosa que ya de por sí era una buena noticia, pero después de unos segundos de silencio, suspiró.— Está bien, pero no me mires— respondió finalmente, con un tono de advertencia, aunque no parecía molesta. Asentí, tratando de parecer lo más natural posible. aunque la emoción y la excitación me recorrían por dentro. Ella retiró lentamente el corpiño de su bikini, y sus tetas quedaron al descubierto bajo el sol, sus
pezones tensándose ligeramente con el aire fresco. La vista me dejó sin aliento, porque, claro, a pesar de su advertencia, la estaba viendo, y ella no reparaba en ello. Sus senos eran perfectos, redondos y firmes, con una piel suave que brillaba bajo la luz. Los pezones erectos estaban levemente puntiagudos. Cada detalle de su cuerpo se estaba grabando en mi mente, desde la curva de sus pechos hasta la manera en
que su abdomen se tensaba con cada respiración. Era una visión de perfección y la tentación de seguir mirando era casi insoportable. Ya está, dijo, acomodándose de nuevo en la reposera, cerrando los ojos mientras dejaba que el sol cubriera todo su cuerpo. Ahora puedo tomar sol sin preocuparme por las marcas. Mi mente seguía atrapada en la imagen de sus pechos desnudos y no pude evitar que una nueva pregunta me
cruzara la mente. Traté de controlar mi respiración antes de hablar. Mamá, comencé con voz suave.¿ Por qué a algunas mujeres les gusta tragar el semen y a otras no? Escuché que algunas prefieren escupirlo. Abrí un nuevo camino en la conversación, aún consciente de lo surrealista que era todo esto. Mamá a mi lado, en tetas, y yo preguntándole sobre eso. Ella mantuvo los ojos cerrados, pero su respuesta fue rápida y directa, como si no hubiera nada extraño en la pregunta. Bueno,
depende mucho de cada mujer, respondió. Algunas no disfrutan del sabor, otras simplemente lo encuentran sucio. pero hay mujeres que lo disfrutan, que lo ven como parte de la intimidad con su pareja. Es algo muy personal. Aunque, por otra parte, el sabor del semen también varía, sobre todo en base a la dieta que hace el hombre en cuestión. Así que, ahí tenés otra variable. Independientemente de la mujer que lo reciba, puede ser rico o no, dependiendo del hombre que se
lo da. Sus palabras eran tan concisas y directas como hermosas. No podía dejar de preguntarme si acaso de verdad no se daba cuenta de cómo me calentaba. No pude resistir a hacer la siguiente pregunta, sintiendo que la conversación me estaba llevando cada vez más lejos.¿ Y
vos? Pregunté, casi en un susurro.¿ Vos qué haces? Ella
suspiró nuevamente, pero no abrió los ojos. Su voz, cuando respondió, fue igual de tranquila que antes. Yo suelo tragarlo. No es que me encante el sabor, pero tampoco me desagrada. Además, es parte del momento de la conexión con tu pareja. Si lo haces bien, no es algo malo. Y a los hombres suele fascinarles. Creo que la mayoría de las mujeres que nos tragamos el semen o que dejamos que nos eyaculen en la cara, Lo hacemos porque sabemos que
a los hombres les encanta. Cuando uno se conecta con el otro, el placer de tu pareja es tan fascinante que le produce placer a una también. La franqueza con la que respondía a todas mis preguntas me dejaba atónito. Sabía que estaba hablando desde un lugar de confianza que yo mismo había ayudado a construir a través de las sugestiones, pero aún así, la naturalidad con la que se desenvolvía
era sorprendente. Cada palabra que decía se sentía como un golpe directo a mi autocontrol y cada vez me costaba más mantener la compostura. El sol seguía bañando su cuerpo desnudo y yo me encontraba atrapado entre la tentación y la realidad de lo que estaba ocurriendo. Mis ojos se mantenían fijos en sus tetas sin que ella se diera cuenta. En la manera en que subían y bajaban con cada
respiración y la tensión en mi interior seguía creciendo. La línea entre lo permitido y lo prohibido parecía difuminarse con cada segundo que pasaba y la sensación de que estábamos cruzando un límite inquebrantable me envolvía por completo. Una suave brisa recorría el patio, trayendo consigo un alivio del calor que había estado acompañándonos durante toda la tarde. El tiempo parecía haberse detenido entre nosotros. Sin embargo, había algo que
seguía rondando en mi mente. Un hombre que había aparecido más de una vez en las conversaciones que mi madre había tenido mientras estaba en trance. Un hombre que, según ella misma había revelado bajo hipnosis, había sido más que un simple amigo de la familia. Tomé aire profundamente, sabiendo que lo que iba a preguntar cambiaría el tono de la conversación. Una cosa era hacerla hablar de eso mientras
estaba hipnotizada, y otra muy distinta hacerlo mientras estaba perfectamente consciente. Mamá, dije, de repente. Hace mucho que no veo a Roberto.¿ Te acuerdas de él? Solía venir a casa bastante seguido cuando yo era más chico. La mención de su nombre provocó una leve reacción en mi madre. Sus ojos se abrieron ligeramente y su expresión, aunque aún relajada, cambió. Se notaba
una ligera incomodidad en su rostro. Se incorporó un poco en la reposera y acomodándose en su lugar mientras me miraba, haciendo que sus tetas se agitaran levemente, como si de repente se hubiera dado cuenta de algo. Sí, me acuerdo de él, respondió, su tono algo evasivo. Hace mucho que no lo vemos. La incomodidad era palpable en el ambiente y su reacción sólo confirmó lo que ya sabía. Decidí presionar un poco más, fingiendo que no entendía por qué
se mostraba tan tensa. Siempre pensé que era un buen amigo de papá, dije, mirándola de reojo.¿ Por qué dejó de visitarnos? Parecía que se llevaban muy bien. Ella desvió la mirada, y pude ver cómo sus dedos jugaban nerviosamente con la tela de la toalla que estaba sobre la reposera. No quería responder, pero las sugestiones que había implantado en ella la empujaban a hacerlo. La confianza que había construido entre nosotros hacía imposible que me ocultara la verdad, o
al menos eso esperaba. Sí, se llevaban muy bien, respondió finalmente, su voz más baja. Roberto y tu papá solían ser amigos muy cercanos, pero pasó algo, algo que no puedo contarte tan fácilmente. Su confesión me dio el impulso que necesitaba. Fingí sorpresa, como si no tuviera idea de lo que estaba a punto de revelar.¿ Acaso pasó algo entre él y papá? Pregunté, manteniendo mi tono inocente.¿ Papá se peleó
con él por alguna razón? Ella negó lentamente con la cabeza, y pude ver cómo su rostro se tensaba aún más. Estaba en un punto en el que no podía detenerse, y sabía que la verdad saldría a la luz en cualquier momento. La situación no podía ser más extraña y erótica al mismo tiempo. Mamá, con el torso desnudo, tomando sol en tetas a mi lado, a punto de confesarme una infidelidad. No. No fue eso, dijo con un suspiro,
finalmente cediendo. Fue por algo que yo hice. Algo que tu papá nunca supo, y que, espero que nunca sepa. mi corazón comenzó a latir con fuerza. Sabía lo que iba a decir, pero escucharla confesarlo sería algo completamente diferente. Decidí empujarla un poco más, fingiendo que no comprendía del todo lo que me estaba insinuando.¿ Qué fue lo que pasó, mamá? Pregunté, tratando de sonar preocupado. Ella cerró los ojos por un momento,
como si estuviera reuniendo el valor necesario para hablar. Cuando los abrió de nuevo, su expresión era de resignación, como si hubiera aceptado que no había forma de evitar la confesión. Sí, dijo finalmente, su voz apenas un susurro. Le fui infiel a tu papá con Roberto. Las palabras flotaron en el aire, pesadas y cargadas de tensión. El silencio que siguió a su confesión fue abrumador. Podía sentir como el ambiente a nuestro alrededor se cargaba aún más de esa energía que
había estado creciendo desde el inicio de nuestra conversación. Mi madre me miraba, esperando una reacción, quizás temiendo lo que pensaría de ella. Decidí no mostrar sorpresa ni enojo. En su lugar, opté por algo que sabía que la haría sentirse más segura, más tranquila. No te preocupes, ma, dije suavemente. No voy a decirle nada a papá. Lo que pasó, pasó, y no hay razón para que él lo sepa. Siempre
voy a estar de tu lado. Mis palabras parecieron aliviar su tensión, y pude ver cómo su cuerpo se relajaba nuevamente. Asintió lentamente, agradecida por mi respuesta, aunque aún podía notar una leve incomodidad en su rostro. Gracias, Nico, susurró, su voz cargada de emoción. Es algo de lo que me arrepentí mucho, pero no quería que tu papá se enterara nunca. Sabía que eso último era mentira. En trance no había
mostrado la menor culpa. Me pregunté qué le había dicho a Roberto para sacárselo de encima, para que dejara de aparecer en la casa. Me pregunté si de verdad papá no se había enterado de nada, o sólo fingía que no lo sabía. Pero ya le había sacado mucha información. No estaba seguro de por qué indagaba en esa infidelidad. Pero algo me decía que, el hecho de que ella supiera que le guardaba un secreto como ese, nos uniría más. Ya voy a entrar, dijo, intentando recuperar algo de su compostura.
Ya es tarde. Ni siquiera me di cuenta de que el sol se escondió en esas nubes, y yo acá, todavía en tetas. Se puso el corpiño rápidamente. Su gesto parecía apresurado, como si quisiera escapar del momento incómodo. Yo la observaba en silencio, satisfecho de haber conseguido la confesión que tanto había esperado. Sabía que las sugestiones estaban funcionando perfectamente y que esto era sólo el comienzo de algo mucho más grande. Ella recogió sus cosas y, sin decir más,
se dirigió hacia la puerta de la casa. Antes de entrar, Se giró hacia mí por última vez.« Por favor, hijo», murmuró.« No se lo cuentes a nadie. Tu papá nunca
podría perdonarme». Asentí con una sonrisa tranquila en el rostro.
No te preocupes, ma. Ya te lo dije, estoy de tu lado», repetí, asegurándome de que sintiera que podía confiar en mí. Ella entró a la casa, dejándome solo en el patio, con el sol desvaneciéndose lentamente en el horizonte. El silencio se apoderó del lugar y una ligera brisa sopló, trayendo consigo el fin de un día que había sido increíblemente placentero. Me quedé ahí, meditando profundamente sobre distintas formas
de hacer que mamá compartiera un momento erótico conmigo. Tenía muchas cosas en mente y solo debía analizarlas detenidamente y ejecutarlas.
Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
