Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos
Hipnosis erótica,
parte 3. Desnudando a mamá. El
momento había llegado. Había estado pensando en esto durante días, desde la última vez que la hipnoticé. No podía dejar de imaginar cómo sería llevarla un poco más allá, cruzar ese límite sutil que aún no había explorado. El control que sentía sobre ella era embriagador y sabía que estaba listo para intentar algo más atrevido. Era de tarde, el horario en el que ella solía estar ociosa. Mamá estaba sentada en el sofá, completamente ajena a lo que yo
estaba a punto de hacer. Veía un programa de chimentos, mientras yo la observaba. Llevaba una blusa ligera que se pegaba a su piel de una forma que delineaba perfectamente las curvas de su cuerpo. El pantalón ceñido, como todos los pantalones que usaba. Tragué saliva, tratando de mantenerme enfocado en el plan. No podía permitirme perder el control en un momento tan importante. Sabía que la clave era la calma, llevar las cosas despacio. Hasta ahora todo había salido bien.
Demasiado bien de hecho. Así que debía seguir por ese camino. Cada paso debía ser medido, calculado, para no arruinar el delicado equilibrio que había logrado con las sesiones anteriores. Entre otras cosas, en este caso quería probar inducirla al trance con una orden directa que ya había implantado en ella. En realidad, Lo más seguro era hacerlo siempre de la manera que lo hice las veces anteriores, pero si de verdad podía asumir la entranza en cuestión de segundos, sería
algo muy útil en determinadas situaciones. Me acerqué un poco más, y con la voz suave, casi un susurro.« Mamá,¿ te acordás de lo bien que te sentiste la última vez que tomaste un profundo descanso?», dije, remarcando las últimas dos palabras. la respuesta fue inmediata. Vi cómo su cuerpo se relajaba visiblemente, sus hombros bajando, su respiración volviéndose más lenta y rítmica. Sus ojos parpadearon un par de veces antes de volverse vidriosos,
como si estuviera comenzando a desconectarse del mundo real. Las palabras profundo descanso funcionaron a la perfección, tal como lo había planeado. Eso es, profundo descanso, dije de nuevo, saboreando el control que tenía sobre ella. Me quedé en silencio unos momentos, observando cada pequeño cambio en su postura. Sus brazos estaban relajados sobre su regazo, su cabeza ligeramente inclinada hacia un lado. Estaba bajo mi control de nuevo, lo
que hizo que mi boca se hiciera agua. La miré detenidamente, recorriendo su figura con la mirada. El sol que entraba por la ventana hacía que su piel brillara bajo la tenue luz de la tarde. Su blusa se ajustaba a sus tetas, que subían y bajaban suavemente con cada respiración. Traté de mantenerme tranquilo, pero era difícil no sentir cómo mi cuerpo reaccionaba ante la imagen de mi madre así,
tan vulnerable, tan accesible. Mi verga comenzó a endurecerse en mis pantalones, pulsando con cada segundo que pasaba, pero sabía que debía mantener la compostura. Esto recién empezaba. Mamá, dije finalmente, mi voz apenas un susurro, estás tan relajada, quizás te sentirías mejor si te sacas la blusa. Hace calor, ¿no? Ella sintió lentamente, su rostro permanecía sereno, y sus manos comenzaron a moverse, obedeciendo mi sugestión. Sus dedos se deslizaron hacia los botones de la blusa, y uno a uno
los fue desabrochando. Yo observaba, casi sin respirar, viendo cómo la tela se abría lentamente, revelando su piel bronceada. Sus tetas, cubiertas sólo por el brasier, se veían hermosas, imponentes, soberbias. Mi corazón latía con fuerza en mi pecho. Sentía como la excitación me invadía, cada parte de mí deseando avanzar más. Cuando se quitó la blusa por completo, la dejó caer a un lado del sofá. Quedó frente a mí en corpiño, completamente ajena a mi mirada, sin ninguna conciencia de lo
que estaba pasando. Mis ojos se fijaron en sus senos, que se levantaban y caían con su respiración profunda. La tela del brasier ajustado los comprimía a lo justo, dejando poco a la imaginación. Cada curva, cada contorno estaba perfectamente delineado. Mi verga palpitaba con fuerza contra el pantalón, exigiendo ser liberada, pero me contuve. Sabía que aún no era el momento. Respiré hondo y traté de calmar el torbellino de pensamientos
que invadía mi mente. Eso es, mamá, mucho mejor así. Dije, mi voz más calmada de lo que realmente me sentía. Quizás también te sentirías más cómoda si te sacas los pantalones. Es mucho más fresco estar en ropa interior. Hubo una pequeña pausa antes de que sus manos se movieran de nuevo. Ella sintió levemente, como si procesara la orden, y luego comenzó a desabrocharse los pantalones. Cada gesto era lento, fluido, casi como si estuviera en cámara lenta. Mi boca estaba
hecha un río mientras la observaba. Bajó los pantalones hasta sus rodillas, luego los deslizó por completo hasta que cayeron al suelo. Ahí estaba. Mi madre, sentada en el sofá frente a mí, en sostén y bragas, completamente ajena a lo que yo estaba sintiendo. Sus piernas largas y torneadas, tan perfectamente esculpidas, estaban expuestas ahora, y el ligero contraste de su piel marrón cobrisa con la tela blanca de
la ropa interior era casi demasiado para mí. Sentí un calor abrasador recorrerme, mi verga pulsaba con tanta fuerza que me dolía. Quería más. Quería tocarla. Quería hacer cosas que no debía, pero sabía que debía esperar. Sabía que aún no podía ir tan lejos. No todavía. no hasta que estuviera seguro de que podía hacerlo. Mamá, dije de nuevo, mi voz apenas un susurro, estás completamente relajada, no hay nada de qué preocuparse. Ella no respondió, pero no hacía falta.
Sabía que estaba bajo mi control. Esas palabras solo las pronunciaba para reducir riesgos, pues en definitiva ya estaba en trance. Me acerqué un poco más a ella. La sala estaba en completo silencio, pues yo había apagado el televisor. Solo se escuchaba el sonido de nuestras respiraciones. El ambiente era casi irreal, como si todo estuviera en cámara lenta, como si el tiempo se hubiera detenido. Ahora era el momento de ir más allá. Después de todo, ya había logrado
que se pusiera en ropa interior. Ahora quería ver hasta dónde podía llegar sin romper el hechizo. Mamá, dije en un susurro, te sentís completamente relajada, todo está bien, quizás te sentirías aún mejor si te sacas el corpiño. Estarás mucho más cómoda. Tragué saliva. La sugerencia flotó en el aire, y por un segundo, me quedé esperando su reacción. Mi madre se movió lentamente, sus manos subiendo hacia los tirantes del brasier. Mi respiración se aceleró y mi verga, ya
completamente erecta, pareció pulsar con aún más fuerza. Eso era lo que quería, verla completamente desnuda, vulnerable, sin la más mínima conciencia de lo que estaba haciendo. Sentí una gota de sudor recorrer mi frente en cámara lenta. Sin embargo, algo cambió. Justo cuando sus dedos estaban a punto de desabrochar el corpiño, se detuvo. Vi como sus manos se quedaban congeladas por un segundo, como si algo dentro de
ellas se resistiera a seguir adelante. Mi madre permanecía en trance, pero su cuerpo no respondía de la misma manera que antes. Su respiración se hizo un poco más pesada y por un momento me quedé paralizado. Mamá, insistí, tratando de mantener la calma en mi voz, te sentís muy cómoda, no hay nada de qué preocuparse. solo deja que tu cuerpo se relaje. Esperaba que mis palabras rompieran esa resistencia, pero
no fue así. Sus manos bajaron lentamente, quedando inerte sobre sus muslos, y aunque su respiración se mantenía tranquila, algo en ella se había resistido. N0 pude evitar sentirme frustrado. Aunque igual siempre había sabido que había determinadas órdenes que no cumpliría, pues eran cosas que no haría tampoco estando consciente. Hasta ahora, todo había ido tan bien. La observé detenidamente. Su rostro seguía relajado, y sus ojos, aunque cerrados, no
mostraban señales de despertar. Ella estaba en trance, pero esa pequeña resistencia me estaba poniendo a prueba. Sentí el calor subir por mi cuerpo, una mezcla de deseo y frustración. La verga me dolía dentro del pantalón, deseando un alivio que no podía permitirme en ese momento. Recordé lo que había aprendido sobre la hipnosis ericksoniana, no podía forzarla a hacer algo que su mente subconsciente rechazaba completamente.¿ Pero qué pasaba si lograba engañar a esa parte de su mente,
haciendo que la decisión pareciera suya? Era un riesgo. pero valía la pena intentarlo. Mamá, no tenés que hacer nada que no quieras, le dije con suavidad. Sólo pensá en lo bien que te sentís, en lo tranquila que estás. A veces, cuando uno está tan relajado, se da cuenta de que el cuerpo quiere soltarse aún más, liberarse, y está bien si querés hacerlo, si querés estar aún más cómoda. No hay nada malo en la desnudez, mucho menos cuando estás en tu casa. Esperé unos segundos, observando su rostro.
Vi como sus labios se movieron ligeramente, como si estuviera procesando mis palabras, pero sus manos permanecían inmóviles. Había algo dentro de ella que la detenía, una pequeña barrera que ni siquiera la hipnosis había logrado derribar. Sentí un nudo en el estómago, una mezcla de frustración y curiosidad.¿ Qué era esa resistencia?¿ Era una cuestión moral?¿ O simplemente algo
más profundo que yo no entendía? La idea de que su mente aún pudiera resistir, incluso en un estado de trance tan profundo, me hacía desear superar ese obstáculo, pero también me recordaba lo delicado que era este juego. Decidí dar un paso atrás. No podía arriesgarme a que todo se desmoronara. Si presionaba demasiado, podría despertarla y entonces todo estaría perdido. Debía ser sutil, inteligente. No era el momento de insistir. Pero tampoco podía ignorar el hecho de que
había llegado más lejos que nunca antes. No pasa nada, mamá, estás completamente bien, murmuré, tratando de devolver la calma al ambiente. Te sentís tranquila, podés quedarte así, todo está perfecto. Ella se relajó un poco más, como si mis palabras la hubieran aliviado, y aunque no se quitó el brasier, su respiración volvió a estabilizarse. Observé cómo su pecho subía y bajaba lentamente, y mis ojos volvieron a fijarse en sus curvas.
Las tetas turgentes, levantadas por la prenda, y la bombacha ajustándose a su sexo, que parecía tener algo de bello. Mi cuerpo seguía reaccionando, mis pensamientos inundados por el deseo de más. Pero sabía que no podía avanzar por ese camino. No todavía. La resistencia que ella había mostrado me intrigaba, me enfurecía y me excitaba al mismo tiempo. Era una barrera que, de algún modo, tendría que superar. Pero por ahora,
debía esperar. Siempre supe los límites de la hipnosis. Tendría que entender que el hecho de tenerla ahí semidesnuda, ya de por sí era todo un logro. Tenía que pensar en una nueva estrategia. No podía quedarme en este punto para siempre. Mis manos temblaban, tanto por la frustración como por el deseo acumulado, pero me obligué a mantener la compostura. Esto no había terminado, ni mucho menos. Sólo había encontrado un obstáculo más en el camino. Mamá, ahora podés vestirte.
Creo que volvió a bajar la temperatura. Cuando despiertes te vas a sentir muy bien, muy tranquila, le dije, preparando el momento de sacarla del trance. No vas a recordar nada de lo que pasó, solo vas a sentirte relajada, como si hubieras descansado por completo. Me quedé en silencio por unos segundos, permitiendo que mis palabras se asentaran en su mente. Entonces ella se vistió lentamente, a lo que
aproveché para admirar su escultural figura mientras lo hacía. Luego, conté hasta tres, y vi como sus párpados comenzaron a abrirse lentamente, como si despertara de un sueño profundo. Al abrir los ojos, me miró con una sonrisa suave, como si nada hubiera pasado.—¿ Todo bien, mamá?— pregunté, forzando una sonrisa casual. Ella se estiró en el sofá, sin darse cuenta de lo que había sucedido. Sí, hijo. Me siento muy bien, dijo, con una voz tranquila. Creo que me
quedé dormida. La frustración se quedó conmigo, pero también una nueva curiosidad. Había llegado más lejos, sí, pero no lo suficiente. Había algo más, algo que aún debía descubrir, y estaba decidido a encontrar la manera de romper esa resistencia. Comprendí que no podía dejarlo así. No ahora que había llegado tan lejos. Sabía que tenía que seguir, pero esta vez debía ser más cuidadoso, más estratégico. No podía forzarla. Forzar
no funcionaba en la hipnosis. Debía hacerle sentir que todo lo que hacía era su propia elección, algo natural que su cuerpo deseaba. Me acerqué a ella de nuevo, cuidando cada paso, observando su postura. Ella se movía con normalidad ahora, como si nada hubiera pasado. Por lo visto esta vez ni siquiera reparó en que había muchos minutos en su mente en blanco. Su cuerpo seguía siendo el centro de mi atención, cada curva, cada movimiento, y sentí el deseo
regresar con una fuerza que apenas podía contener. Mi verga seguía dura, y sentía en el calzoncillo la humedad de mis flujos. Mamá, dije suavemente, sentándome de nuevo a su lado, te veo más relajada que antes. Me alegra que te sientas bien. Ella sonrió, su expresión completamente tranquila. Tenía la suficiente confianza de que podía intentarlo de nuevo, pero necesitaba un enfoque diferente esta vez. No podía avanzar tan rápido
como quería. Necesitaba retroceder un poco para crear la ilusión de seguridad de que todo estaba bajo su control.¿ Sabes qué? Creo que podrías tomarte un pequeño descanso más. Un profundo descanso. La magia de esas palabras funcionó de nuevo. Vi cómo su expresión cambió de inmediato, sus párpados volviéndose pesados, su cuerpo relajándose poco a poco. Se acomodó en el sofá,
dejándose llevar por la hipnosis una vez más. Necesitaba crear un ambiente donde ella no sintiera esa misma resistencia, donde sus propias acciones parecieran naturales y no forzadas. Recordé lo que había aprendido, la clave estaba en las sugerencias, no en las órdenes. El control tenía que parecer suyo. Eso es, mamá, sentís como tu cuerpo se relaja cada vez más, todo está bien, Todo está en calma, mi voz era casi un murmullo ahora, intentando guiarla a un estado de total
sumisión sin que lo notara. Me acerqué más a ella, mi mirada fija en su figura sinuosa. Mi verga seguía palpitando, endurecida al máximo, pero me concentré en no perder el foco. A veces, cuando uno está tan cómodo, continué, el cuerpo sólo quiere moverse, sin que tengas que pensarlo mucho. Quizás querés acomodarte mejor, quizás sentís calor y te das cuenta de que podés hacer todo lo que te haga sentir más cómoda. Sus manos, que descansaban sobre sus muslos, se
movieron ligeramente. Era sutil, pero su cuerpo comenzaba a responder. Mamá, sentís que podés estar aún más cómoda, susurré, observando cómo su respiración se volvía más lenta. Quizás querés aflojar un poco la ropa, dejar que tu cuerpo se sienta más libre, todo está bien, podés hacerlo si querés. Vi cómo su cuerpo respondía, de manera casi automática, como si sus pensamientos estuvieran alineándose con mis palabras. Sus dedos comenzaron a desabrochar
los botones de su blusa de nuevo. Sentí un escalofrío de excitación recorrerme mientras la veía deslizar la blusa por sus hombros y dejarla caer al suelo. Mi respiración se aceleró. Observé cómo sus tetas se alzaban y caían bajo el brasier, perfectamente moldeados por la tela ajustada. La tela blanca parecía aún más tensa bajo la luz suave del atardecer, marcando de manera precisa sus formas. Me mordí el labio, en
un gesto instintivo que reflejaba mi enorme lascivia incestuosa. Mi verga estaba tan dura que casi me dolía, pero no podía dejar que eso me distrajera. Este era un momento crucial. Eso es, mamá, te sentís mucho mejor así, murmuré, mis ojos recorriendo su cuerpo. Y quizás también querés aflojar un poco los pantalones. Solo para sentirte aún más fresca. Sin dudarlo, ella bajó sus manos a la cintura de los pantalones
y comenzó a desabrochárselos. El sonido de la tela deslizándose por sus piernas era casi ensordecedor en el silencio de la sala. Estaba completamente quiero mientras la observaba, casi como si estuviera en trance yo también. Quedó en ropa interior, nuevamente. Estábamos en el mismo punto a donde había llegado antes. Ahora quedaba ver si de verdad podía llegar más lejos. Había retrocedido, pero sólo para avanzar de nuevo. Este era el momento. Era hora de ver si esta vez podía
llegar más lejos. Sentía mis manos transpiradas, mi corazón acelerado, una gotita de sudor recorriendo mi frente. Mamá, murmuré, con un tono bajo y controlado, ahora sentís que podés estar mucho más cómoda, tan relajada, tan en paz. Quizás querés sentirte aún más libre, sin ropa que te moleste. Las palabras flotaron en el aire, y su cuerpo reaccionó de inmediato. Lentamente, como si no hubiera prisa, vi como sus manos empezaban a moverse hacia su espalda, buscando los broches de su corpiño.
Me quedé boquiabierto, mirando cómo se desvestía. No esperaba que lo hiciera tan pronto. Ni siquiera había sido un discurso significativamente diferente con el anterior. Pensaba sugestionarla durante mucho más tiempo. Me dije que había muchas variables que yo no percibía y que reaccionaban ante una mínima variación en mis palabras. Con un movimiento lento y fluido, mi madre desabrochó el corpiño y lo dejó caer al suelo, exponiendo finalmente sus
tetas desnudas frente a mí. Era una imagen que había soñado durante tanto tiempo y ahora estaba justo frente a mis ojos. Su piel morena, bronceada y perfecta, brillaba en la sala semipenumbrosa. Eran firmes y redondas, se alzaban y caían con cada respiración tranquila y profunda. Eran simplemente perfectas, los pezones oscuros y ligeramente erectos destacaban en el centro de sus pechos como un recordatorio de todo lo que
siempre había deseado. Sentí como mi verga parecía ya querer escaparse de mis pantalones, la excitación creciendo más allá de lo que podía soportar. Pero todavía no había terminado. Respiré hondo, dejando que la sensación de poder sobre ella me inundara por completo. Esto no era suficiente. Quería más. Eso es, mamá, mucho mejor, le susurré, deleitándome con la visión de su cuerpo desnudo. Pero tal vez podrías estar aún más cómoda.
Quizás te moleste la ropa interior también. Digo, hace mucho calor, y esa prenda está muy metida en tu cuerpo, debe ser increíblemente incómodo. Mi madre, sin decir una palabra, movió las manos hacia su cintura, deslizándolas con suavidad sobre la tela de sus bragas. La excitación que sentía en este punto era ya indescriptible. Mis ojos seguían cada movimiento, cada centímetro de piel que quedaba expuesto mientras bajaba lentamente la
prenda por sus piernas. Finalmente, sus bragas cayeron al suelo, dejándola completamente desnuda frente a mí. Era una visión de perfección absoluta. Su cuerpo era todo lo que siempre había deseado, su cintura fina se ensanchaba hacia sus caderas y terminaba en un culo grande, redondo y firme, que aún no estaba al alcance de mi vista, pero que lo sabía exquisito. Sus muslos largos y torneados seguían hacia abajo, completando un
cuadro de sensualidad pura. Mis ojos se detuvieron en su sexo, cubierto por un ligero vello oscuro que contrastaba con la suavidad de su piel. Respiré hondo, tratando de mantenerme concentrado, cosa que a esas alturas era imposible. Sabía que este era un momento crítico. No podía permitir que mi deseo me controlara, al menos no aún. Muy bien, mamá, te sentís tan bien ahora, dije en un susurro. Quizás tengas sed, quizás podrías ir a la cocina a buscar un vaso
de agua para refrescarte. Te va a hacer sentir aún mejor. La idea de verla caminar desnuda por la casa era demasiado tentadora, y cuando vi que sus pies comenzaban a moverse, mi respiración se tornó más agitada. Vi como mi madre se levantaba del sofá con una suavidad casi hipnótica, sus movimientos lentos y naturales, como si fuera lo más normal del mundo estar completamente desnuda. Una escultura humana hirgiéndose frente
a mí. El sonido de sus pies descalzos al tocar el suelo era lo único que rompía el silencio en la sala. Me quedé sentado, observándola mientras caminaba hacia la cocina, sus caderas moviéndose de manera sutil con cada paso que daba. El cuerpo de mi madre, desnudo y a mi merced, era una visión que nunca habría imaginado posible, y sin embargo,
ahí estaba. El suave contoneo de sus caderas, la perfecta forma de su culo, con esos glúteos gordos y firmes, y la forma en que su piel bronceada brillaba me dejaban sin aliento. Mi verga estaba tan dura que dolía, cada latido de mi corazón parecía hacerla palpitar con más fuerza dentro de mis pantalones. La seguí, y me quedé a cierta distancia, observándola con una lujuria de un nivel imposible de describir. La vi abrir la puerta de la
cocina y dirigirse directamente hacia la heladera. Cada uno de sus movimientos era como un espectáculo diseñado para mí, cada paso lento y deliberado, como si el propio acto de caminar desnuda fuera una extensión del trance en el que estaba sumida. Ella sacó la jarra de la heladera, Tomó un vaso del estante y lo llenó con agua, llevando el vaso a sus labios con esa misma calma hipnótica.
Mientras bebía, podía ver cómo su garganta se movía con cada trago que tomaba, completamente ajena a mi mirada fija sobre ella. Cuando terminó de beber, dejó el vaso sobre el mostrador, su cuerpo aún relajado y tranquilo. Volvió a girarse y caminó de regreso hacia la sala, completamente desnuda, con las tetas agitándose suavemente. Para mí, cada segundo de esa desnudez era una reafirmación del control absoluto que ahora
ejercía sobre ella. Cada paso la traía de vuelta hacia mí, y con cada paso sentía que me acercaba más a lo que siempre había deseado. La miré un rato desde atrás. El movimiento de sus glúteos, mientras daba cada paso, uno de ellos relajándose y el otro tensándose, era algo que podría quedarme a ver durante horas enteras. Y la raya del medio, tan profunda, hacía difícil creer que sólo practicaba el sexo anal de vez en cuando. Si fuera su
amante le exigiría que me lo entregara con regularidad. Finalmente, volvió a sentarse en el sofá con la misma serenidad que antes. Sus piernas cruzadas, escondiendo su sexo de labios carnosos, su postura relajada, pero aún expuesta a mí. Era una imagen que me costaba asimilar, una realidad que parecía demasiado perfecta.
Mi cuerpo estaba ardiendo de deseo, y la visión de mi madre, desnuda y completamente bajo mi control, lo hacía casi insoportable.« Mamá, te sentís muy bien ahora», le dije en un susurro, mi voz casi temblando por la emoción contenida. Todo esto te hizo sentir más tranquila, más relajada que nunca. Ella sintió lentamente, sus ojos aún cerrados, su respiración calmada. Y ahora, mamá, vas a vestirte de nuevo, como si nada hubiera pasado. Y cuando despiertes, no vas a recordar
nada de esto. Solo te vas a sentir bien, relajada, en paz. Vi cómo sus manos comenzaban a moverse nuevamente, tomando las prendas que había dejado caer al suelo. Primero se puso las bragas, luego el brasier, todo con esa lentitud propia del trance. Mientras se vestía, no pude evitar sentir una mezcla de orgullo y satisfacción por lo que había logrado. El control que tenía sobre ella era casi total.
Cada gesto, cada acción, todo sucedía bajo mi comando y y ella no era más que una marioneta, una extensión de mi voluntad. El hecho de haber logrado que se desnudara, que era algo que en principio no había podido hacer, me alentaba mucho, porque entonces, quizás, en un futuro no muy lejano podría lograr eso que tenía tantas ganas de hacer, cogérmela. Cuando terminó de vestirse, se quedó sentada en el sofá, tranquila,
como si esperara mis siguientes órdenes. Ahora, mamá, cuando te despierte, vas a sentirte muy bien, como si hubieras descansado profundamente. No vas a recordar nada de lo que pasó. Todo va a parecer un sueño lejano, algo que simplemente desaparece de tu mente. Siempre repetía lo de la amnesia post-hipnótica para reducir cualquier riesgo. Me acerqué un poco más, tomando aire profundamente antes de contar en voz baja. Uno, dos, tres. Sus ojos parpadearon lentamente y luego me miró con una
sonrisa tranquila, como si todo fuera completamente normal. El trance se había roto y ella estaba de vuelta, sin recordar nada de lo que había sucedido en los últimos minutos.¿ Todo
bien, mamá? Pregunté, con una sonrisa.
Sí, Nico, todo perfecto. Al final me quedé dormida de nuevo.« No sé qué me pasa», respondió ella, estirándose un poco en el sofá. Y así, todo volvió a la normalidad. Pero yo sabía que nada era normal. Sabía que había cruzado una nueva frontera. Había llevado el control a un nuevo nivel y ahora solo me quedaba seguir explorando hasta donde podía llegar.
Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
