HIPNOSIS ERÓTICA - PARTE 2 - podcast episode cover

HIPNOSIS ERÓTICA - PARTE 2

Mar 21, 202634 min
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Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos... Hipnosis erótica, parte 2.

Speaker 3

Las confesiones de mamá.

Speaker 2

El comedor estaba iluminado por la luz suave del sol de la tarde que se filtraba a través de las cortinas. Mi madre, sentada a la mesa, ojeaba distraída una revista de espectáculos. Era una de las pocas personas que conocía que aún compraban revistas. Su atuendo era sencillo, pero, como siempre, se veía increíblemente sensual debido al voluptuoso cuerpo que tenía. Vestía un llan ajustado que marcaba perfectamente sus caderas y una remera blanca que dejaba al descubierto parte de su abdomen.

A pesar de ser ropa casual, su figura era tan provocativa que incluso la prenda más simple la hacía lucir como una fantasía. Sus piernas largas y torneadas estaban cruzadas bajo la mesa y desde donde estaba podía ver cómo el llan ceñido abrazaba cada curva de su cuerpo. Su cabello castaño caía en una cascada lisa sobre sus hombros y cada tanto lo apartaba con la mano en un

gesto tan casual como sensual. Me acerqué despacio, sin hacer ruido, observándola mientras pasaba las páginas de la revista sin demasiado interés. Era el momento perfecto para empezar. Repasé en mi mente cada detalle de lo que había aprendido sobre la hipnosis ericksoniana, la técnica que me permitiría llevarla a un trance sin que se diera cuenta de que estaba bajo mi control. El primer experimento había sido todo un éxito y ya quería saber hasta dónde podía llegar.¿ Qué cosas podía instarla

a hacer? Mamá, dije con voz suave, colocándome frente a ella,¿ podemos hablar un ratito? La última vez también había comenzado haciéndole esa simple pregunta, así que, para no correr riesgos, la repetí. Ella levantó la vista y me miró con esa sonrisa cálida que siempre me daba cuando estaba relajada. Era peluquera, pero en esa época no estaba trabajando. porque no había llegado a un acuerdo con el dueño del

local con relación al precio del alquiler. Así que debía aprovechar ahora que la tenía en casa durante casi todo el día para jugar con ella. Además, eran vacaciones de verano y yo tampoco tenía mucho que hacer. Claro, Nico respondió,¿ qué pasa? Tenía que mantener todo en un tono casual, como si fuera una simple charla entre madre e hijo. No debía sospechar nada. Me senté frente a ella, apoyando los codos en la mesa y tomando un tono de

conversación despreocupado. Nada importante, dije, fingiendo desinterés. Solo pensaba que hoy te levantaste muy temprano, ¿no? Además, anoche te quedaste hasta tarde con papá, viendo la tele. Debes estar muy cansada. Ella suspiró y dejó la revista a un lado. cruzando los brazos sobre la mesa. Noté como al hacerlo, sus pechos, firmes y bien formados, se levantaban ligeramente, presionados por la remera.

Traté de no desviar la mirada, pero era imposible ignorar el cuerpo de mi madre, que parecía diseñado para provocar.« Es verdad», admitió con una pequeña sonrisa. Este era el momento clave. Mi voz debía ser suave, envolvente, conduciéndola poco a poco hacia el estado de trance. La hipnosis ericksoniana no funcionaba con comandos directos, sino con sugerencias que hacían que la persona creyera que todo lo que estaba sintiendo era natural, una decisión propia. Y es increíble cómo, cuando

te detenés un momento, podés sentirlo, ¿no? Comencé bajando un poco la voz, suavizándola. Como tu cuerpo empieza a soltar todo el cansancio. A veces ni siquiera es algo consciente, simplemente te relajas sin darte cuenta. Ella sintió como si estuviera considerando mis palabras. Sus ojos comenzaron a perder un poco de enfoque y su cuerpo, hasta ahora tenso, empezó a relajarse lentamente en la silla. Sabía que era el

inicio del trance. Solo necesitaba guiarla más profundo. Seguí con mi plan de utilizar las mismas palabras de la otra vez, pues habían funcionado muy bien. Es como cuando te das cuenta de que tus hombros están tensos, ¿no? Seguí. Y ni siquiera lo pensás, pero cuando alguien lo menciona, de repente te das cuenta de lo bien que se siente soltarlos, dejar que todo el cuerpo se relaje por sí solo. Ella exhaló lentamente, su pecho subiendo y bajando en un

ritmo más pausado. Noté como su postura seguía aflojándose, su respiración más profunda. Estaba funcionando. Mi madre estaba empezando a ceder al trance sin siquiera notarlo. Continué con mi guión, procurando mantener el tono de voz adecuado. Sus ojos parpadearon lentamente antes de cerrarse del todo. Comprendí que había cruzado

el umbral. Mi madre estaba en el trance, completamente receptiva a cualquier sugerencia que le diera su respiración era lenta y constante su pecho subía y bajaba rítmicamente y el ambiente estaba lleno de una calma que me envolvía en este caso pensaba ir más allá pensaba hacerle algunas preguntas íntimas pero claro en hipnosis ella no haría algo que estando consciente tampoco haría debía convencerla de hacerlo Lo bueno era que al estar en trance ya estaba con las

defensas bajas, susceptible a mis sugestiones. Me acerqué un poco más a ella, observando su figura con detenimiento. La remera blanca se ajustaba perfectamente a su torso, resaltando el contorno de sus tetas, mientras el Jan moldeaba sus caderas y piernas con una perfección que me hacía contener el aliento. Era como si cada parte de su cuerpo hubiera sido diseñada para ser deseada. Me incliné un poco hacia adelante,

sin dejar de observarla. El trance en el que se encontraba la hacía ver aún más serena, como si no hubiera ninguna preocupación en el mundo. Sabía que este era el momento perfecto para profundizar más. Mamá, dije en un susurro, manteniendo mi tono suave y envolvente, hay algo que siempre quise saber, algo que quizás nunca me hubiera atrevido a preguntar antes. No hubo respuesta, pero su respiración continuó igual de calmada. Sabía que estaba escuchando, que su subconsciente estaba

procesando cada palabra. Sé que no es algo que solemos hablar, pero quiero saber más sobre vos, sobre tu vida íntima, seguí, dejando que las palabras flotaran en el aire. Quiero que me cuentes sobre, el sexo. Nunca hablamos de eso, pero creo que todas las madres deberían hablar de eso con sus hijos.¿ Te gusta el sexo, mamá? Quizás me estaba arriesgando demasiado. En hipnosis nadie hacía nada que fuera en

contra de su ética, de sus convicciones. Sin embargo, que no hubiera hablado jamás sobre sexo conmigo, no significaba que estuviera en contra de hacerlo. Quizás sólo necesitaba encontrarse en el momento oportuno para soltarse. Un momento en el que estuviera sumamente relajada y confiada. Un momento como este. Un leve movimiento en su respiración fue la única señal de

que había escuchado, pero no respondió de inmediato. La hipnosis ericksoniana permitía que las respuestas llegaran cuando la mente estaba lista para entregarlas, sin presión, sin prisas.¿ Te gusta el sexo? Repetí con voz más baja, llevándola suavemente hacia donde quería llegar.¿ Con qué frecuencia lo haces? Ella se movió ligeramente en su asiento, sus labios se entreabrieron apenas antes de murmurar

una respuesta casi inaudible. Sí, me gusta. Su voz era suave, casi soñadora, como si la confesión viniera de lo más profundo de su ser. La seguí observando, notando como sus labios temblaban ligeramente, pero su rostro seguía sereno, sin señales de incomodidad. La respuesta era predecible. Yo mismo solía acercarme a la habitación que ella compartía con papá para oír sus gemidos. Pero esto recién empezaba. Ahora venía lo más divertido. ¿Y, te gusta el sexo anal? Pregunté, y mi corazón latía

con fuerza mientras esperaba su respuesta. Hubo una pausa, como si su mente estuviera buscando en los rincones más ocultos de sus recuerdos. Luego, casi sin abrir los labios, su respuesta salió en un susurro.

Speaker 3

Speaker 2

Mi respiración se aceleró levemente, pero mantuve el control. Sabía que este era sólo el comienzo. Tenía que llevar la conversación aún más lejos, profundizar en sus deseos más íntimos, en los secretos que jamás habría compartido conscientemente. Eso sí, Imaginar que ese hermoso culo gordo que tenía disfrutaba de ser penetrado, era más que suficiente para que la pija se me endureciera.¿ Con qué frecuencia lo haces? Seguí, asegurándome de que mi tono fuera tan suave como antes, casi hipnótico.

No muy seguido, sólo en ocasiones especiales, su voz flotó en el aire como una brisa suave, carente de culpa o vergüenza. Me quedé en silencio por un momento, dejando que sus palabras se asentaran en el aire. Mi madre, con la mirada perdida y el cuerpo relajado, acababa de confesar algo que nunca hubiera imaginado escuchar de sus labios. El poder del trance era fascinante y me estaba permitiendo acceder a lugares en su mente que jamás habría conocido

de otra manera. Sabía que debía seguir. Había mucho más por descubrir. Muchas más preguntas por hacer, y ella estaba en el estado perfecto para responderlas todas. Me hubiera gustado ahondar más en el tema anal, pero no era buena idea dejarla mucho tiempo en trance, porque, cuando despertara, podría llamarle la atención no recordar un lapso de tiempo tan grande. Así que por el momento dejé ese tema de lado y continué con las preguntas en las que ya había pensado.

Era el momento de llevar la conversación a un nivel más íntimo, más comprometido. Mi voz volvió a llenar el espacio, suave y susurrante.« Mamá, hay algo más que quiero saber», dije, observando cómo su rostro permanecía sereno, completamente ajeno a lo que estaba por preguntar.«¿ Alguna vez le fuiste infiel a papá?» un movimiento sutil que me indicó que mi pregunta había llegado a un rincón profundo de su subconsciente. No respondió de inmediato, pero la pausa era suficiente para saber que

estaba procesando la pregunta. Sí, murmuró finalmente, su voz apenas un suspiro. El latido en mis oídos se aceleró al escuchar su confesión. Sabía que la hipnosis ericksoniana no podía obligar a nadie a hacer algo en contra de su voluntad, Pero en este estado, su mente estaba lo suficientemente relajada como para dejar aflorar cosas que probablemente su conciencia nunca habría permitido. Tomé nota de ello. Los beneficios de poner a mamá en trance podrían ser mucho mayores a los

que había imaginado. Mi verga se movió, como si quisiera salirse del pantalón, pero me contuve. Tenía que ir paso a paso. Tenía que estar seguro de que no corría riesgos

Speaker 3

Cuántas veces?

Speaker 2

Pregunté. Hubo otra pausa, como si su mente estuviera buscando entre los recuerdos, revolviendo entre momentos enterrados. Entonces, su voz rompió el silencio, más clara esta vez. Tres, lo hice tres veces. Cada palabra que decía me hacía sentir más adentro de su mundo secreto, un mundo que jamás habría imaginado. Tres veces. No sabía si considerar ese número muy grande o muy pequeño. Estaba con papá hacía casi 20 años. En

ese sentido, parecía poco. Pero, a decir verdad, si bien siempre la vi como una mujer muy sexual, no había pensado que era infiel. Este conocimiento no me indignó, sino que me produjo un efecto extraño, me excitó aún más. El cuerpo de mi madre, sentado frente a mí, parecía la imagen perfecta de la tranquilidad, pero en su interior, los recuerdos oscuros comenzaban a aflorar, revelados por el trance

en el que estaba sumergida. Contame sobre la primera vez, susurré, asegurándome de no romper la cadencia de mis palabras.¿ Con quién fue? Los labios gruesos y sensuales de mi madre se movieron lentamente, como si estuviera recordando el momento con una nitidez perfecta. Fue con un vecino, dijo finalmente, su voz teñida de una especie de lejana aceptación. Se llamaba Matías. Las imágenes comenzaron a formarse en mi mente mientras escuchaba

su relato. Mi madre, tan perfecta, tan deseada, había tenido un encuentro con alguien más, y para colmo un vecino. No recordaba quién era ese tal Matías, pues no era de relacionarme mucho con la gente del barrio, pero no parecía ser una buena elección para engañar a papá, ya que corría el riesgo de que todo el mundo se enterase. Estaba ansioso, tenía que saber más.¿ Qué pasó? La guíe con voz firme, pero sin prisa. Contame cómo fue,¿ qué hicieron?

Sus labios temblaron por un segundo. pero el trance no dejaba espacio para la vergüenza. Estaba entregada al poder de mis sugestiones, y su mente, sin filtros, respondía como si fuera un simple recuerdo. Fue en su casa, empezó a decir, sus palabras lentas y medidas, como si cada imagen estuviera volviendo a la superficie. Yo estaba sola, tu papá estaba de viaje por trabajo. Matías me había estado mirando durante mucho tiempo, Siempre buscaba excusas para hablarme, y esa tarde

fui a su casa a llevarle unas cosas. Hizo una pausa, pero su respiración continuaba constante, como si estuviera reviviendo todo mientras hablaba. Cuando llegué, me invitó a pasar, y no sé cómo, no sé en qué momento, pero de repente estaba en sus brazos. Mi corazón latía con fuerza, pero no la interrumpí. Cada palabra me llevaba más y más

lejos en esa historia prohibida. Empezamos a besarnos, él me llevó a la habitación, me desnudó, y no me detuve, lo dejé hacer, me acostó en la cama y, me cogió, me cogió fuerte, como si lo hubiera estado esperando todo este tiempo. Su respiración se aceleró ligeramente, pero su rostro seguía sereno, entregado al trance. Cada palabra que salía de su boca me transportaba a ese momento como si estuviera viendo todo a través de sus ojos.¿ Cómo lo hizo? Pregunté,

Speaker 3

haciendo un esfuerzo enorme por controlar mi ansiedad.¿ Cómo te cogió? En cuatro. Él

Speaker 2

no dejaba de decirme lo puta que era. Le excitaba que fuera una mujer casada, con hijo. Me quedé boquiabierto, imaginando a mamá en cuatro, recibiendo las embestidas de ese vecino que la montaba por detrás, mientras le decía frases denigrantes y humillaba a papá. No podía odiarlo.

Speaker 3

Más bien empatizaba con él.¿ Te gustó? Pregunté, con mi voz apenas un murmullo.

Speaker 2

Sí, me gustó mucho, confesó sin titubear. su voz cargada de esa aceptación que sólo el trance podía permitir. Me quedé en silencio por un momento, dejando que las imágenes flotaran en el aire. La imagen de mi madre, en la cama de ese hombre, entregada a él, era casi irreal. Pero sabía que no había terminado. Había más por descubrir,

más secretos que todavía no había revelado. Su confesión sobre la primera infidelidad había sido tan clara y detallada que aún me resonaba en la cabeza, pero sabía que había más. Había dicho que lo había hecho tres veces y cada una de esas veces debía ser revelada. Me alegré de haber dejado de lado el tema del sexo anal porque

esto era mucho mejor. Me incliné un poco más, sintiendo el poder del control que tenía sobre ella, su mente completamente abierta, dispuesta a desvelar cada uno de sus secretos más profundos. Mamá, dije, contame ahora sobre la segunda vez.¿ Con quién fue? Sus labios temblaron levemente, pero el trance en el que se encontraba seguía siendo profundo, lo suficiente como para que su respuesta surgiera sin vacilaciones. Fue, con un amigo de tu papá, dijo finalmente, su voz flotando

en el aire como un susurro oscuro. Mi mente se aceleró. Un amigo de mi padre, esto era algo que nunca habría imaginado. Pero ella continuó hablando, guiada por la fuerza de mis palabras. Su nombre era Roberto, siempre venía a la casa. Carlos hacía asado siempre que venía, para agasajarlo. Y Roberto, Me hablaba. A veces iba a casa, con la excusa de ver a Carlos, pero se quedaba hablando conmigo.

Hablábamos mucho. Me hacía reír. Hubo una pausa mientras mi madre parecía hundirse aún más en sus recuerdos, cada palabra trayendo de vuelta las imágenes de esos momentos prohibidos. Recordaba a ese tal Roberto. Recordaba sus visitas. Era un tipo agradable. Siempre traía vino. Papá se emborrachaba, pero él no. Pero hacía ya más de cinco años que no aparecía por casa. Aparentemente la amistad se fue diluyendo con el tiempo. Pero dudaba de que papá supiera la verdad. Un día, estábamos solos.

Carlos estaba trabajando hasta tarde, haciendo horas extras, y Roberto justo vino a verlo. Le dije que pasara, a pesar de que sabía que tu papá tardaría horas en llegar. Nos sentamos en el sillón a hablar, pero de alguna manera, las cosas empezaron a cambiar. Me tocó la pierna, al principio solo pensé que era una caricia casual, pero no fue así. Su respiración se aceleró levemente, pero no hubo

ningún cambio en su expresión. Seguía sumida en el trance, completamente atrapada en el relato de lo que había sucedido. Y yo estaba absorto en sus palabras, con la verga durísima. Me besó y no lo detuve. No podía, me gustaba cómo me hacía sentir. Me llevó al dormitorio y me cogió en la cama que compartía con tu papá. Mi corazón latía con fuerza mientras las palabras de mi madre llenaban el espacio, cada detalle más impactante que el anterior.

Contame más, le pedí, manteniendo mi voz firme pero suave.

Speaker 3

Cómo fue?¿ Qué pasó después?

Speaker 2

Ella respiró hondo, como si cada palabra la transportara de nuevo a ese momento. Me desnudó, me besó todo el cuerpo, mejor dicho, me chupó toda, no hubo prisa, lo hizo despacio, disfrutando de cada parte de mí. Me lamió el culo de una manera que tu papá jamás lo hace, y luego me penetró. Fue lento al principio, pero después se volvió más intenso, más fuerte. Me cogió como si no pudiera contenerse más. Ahí me di cuenta de que no le interesaba Carlos, siempre me había querido coger, y yo

lo dejé.¿ Te gustó más que la primera vez? Le pregunté, sin perder el control de mi voz. Sí, fue diferente, fue más íntimo, más, hizo una pausa, buscando la palabra adecuada, apasionado. Cada palabra que decía me llenaba de una mezcla de emociones intensas. Sabía que aún quedaba una última confesión por hacer, pero esta segunda vez ya era una revelación por sí misma. Mi madre había sido infiel a mi padre con su amigo, y lo había disfrutado sin culpa, sin remordimiento. y saber

eso no me escandalizaba en absoluto. En realidad, me gustaba. Me gustaba que mamá fuera una puta. Me acerqué un poco más, observando cómo su cuerpo permanecía relajado, completamente ajeno a las implicaciones de lo que estaba diciendo. Ahora contame sobre la tercera vez, mamá, dije, con mi tono siempre suave y controlado.¿ Con quién fue? Su respiración se mantuvo estable,

aunque su rostro se tensó apenas un segundo antes de responder. Fue, con un hombre que conocí en el gimnasio, dijo finalmente. El hecho de que esta vez no fuera alguien cercano, sino un desconocido, encendió mi curiosidad. Mi madre, siempre tan reservada y correcta, había cedido al deseo con un hombre al que apenas conocía. aunque no estaba seguro de que era más reprobable, para la gente, no para mí haberse entregado a personas cercanas o hacerlo con alguien que apenas conocía.¿

Cómo pasó? La guíe, dejando que los recuerdos afloraran sin resistencia. Iba al gimnasio todas las mañanas, él siempre estaba ahí, me miraba mucho, pero nunca me había atrevido a hablarle. Hizo una pausa, como si su mente estuviera reviviendo esos encuentros silenciosos, esos intercambios de miradas que habían precedido a lo inevitable. Un día, nos cruzamos en los vestuarios, me estaba cambiando y él entró sin querer o eso fue

lo que dijo. Su voz se volvió más suave, pero seguía fluyendo, como si cada palabra surgiera desde un lugar profundo. Nos miramos y entonces, sin decir nada, se acercó. me agarró por la cintura y me besó. Y yo lo dejé. La imagen de mi madre en los vestuarios del gimnasio, entregada a un desconocido, era tan impactante como perturbadora. Mi respiración se aceleró levemente mientras la escuchaba, pero mantuve mi tono firme y controlado.¿ Qué pasó después? Pregunté, necesitando más detalles.

Me empujó contra la pared, me levantó la falda y me cogió ahí mismo, de parado. Tenía mucha energía. Su respiración se hizo un poco más pesada, pero no mostró ninguna señal de incomodidad, como si ese recuerdo no le provocara vergüenza alguna. Lo hizo rápido, no me desnudó del todo, solo me bajó la ropa interior, fue brusco, intenso, pero me gustó, me gustó mucho. Casi nunca me cogen de parado,

así que eso me gustó. Cada palabra que salía de sus labios me llevaba más adentro de esa escena, cada detalle pintando una imagen que jamás habría imaginado de mi madre.¿ Y no

Speaker 3

te sentiste culpable después? Le pregunté. No. No me sentí culpable.

Speaker 2

Su respuesta fue clara, directa. sin la más mínima vacilación. Mi madre había disfrutado de cada una de sus infidelidades y no había sentido ningún tipo de remordimiento. Sabía que era el momento de dar el siguiente paso, de asegurarme de que esta conversación y todo lo que había revelado no quedara en su memoria consciente. Era un detalle sumamente importante que jamás debía olvidar. Me acerqué un poco más bajando aún más mi voz, en un tono casi susurrante.

Y ahora, mamá, quiero que cuando despiertes, no recuerdes nada de lo que hablamos. Todo esto se desvanecerá de tu mente. No quedará nada en tu memoria consciente. Será como si esta conversación nunca hubiera pasado. Hice una pausa, observando cómo su respiración se mantenía profunda y estable, mientras las sugestiones se asentaban en su mente. Y ahí aproveché para avanzar

un poco más en mi experimento. Además, a partir de ahora, cada vez que te diga las palabras profundo descanso, vas a caer en este mismo trance, sin resistencia, sin preguntas. Va a ser natural para vos, solo vas a sentirte tranquila, relajada, y vas a hacer lo que te pida. Dejé que las palabras flotaran en el aire, permitiendo que se hundieran profundamente en su subconsciente, plantando la orden que la llevaría de nuevo a este estado cuando lo necesitara. Si de

verdad funcionara, eso facilitaría mucho las cosas. Y cuando te despierte, mamá, vas a sentir muchas ganas de tomar un café con leche. Y cuando lo tomes, va a ser el más rico que hayas probado. Esa era otra cosa que quería probar. Una orden que realizara cuando ya no estuviera en trance. Obviamente, no podía pedirle que me hiciera una mamada, por ejemplo, pero sí podía ordenarle hacer algo que formaba parte de

su personalidad, de sus costumbres. Ya era el momento de cerrar el ciclo, de completar el proceso y asegurarme de que, cuando despertara, no quedara rastro de lo que había sucedido. El silencio del comedor se mantenía intacto mientras mi madre seguía sumida en el trance, su respiración profunda y rítmica. Todo estaba preparado. Ya había implantado la amnesia post-hipnótica y ella no recordaría nada de lo que habíamos hablado. Pero quedaba un último paso, el más importante de todos. Mi

cuerpo estaba tenso, sabiendo lo que venía a continuación. Era algo muy especial que había pensado para esa segunda hipnosis, pero que recién ahora me decidía a realizar. Me levanté despacio, observando cómo su cuerpo permanecía relajado, completamente ajena a lo que iba a hacer. La dejé sentada en la silla, sus manos descansando sobre la mesa, mientras me dirigía hacia la cocina en silencio. Cada paso que daba me acercaba más a lo que había estado anticipando todo este tiempo.

Llegué a la cocina, agarré uno de los pocillos de la alacena, un pocillo común y corriente, uno de los que usábamos para el café cada mañana. Los sostuve entre mis manos por un momento, sintiendo el frío de la cerámica, mientras recordaba las escenas de las infidelidades de mamá. Con el pocillo en la mano, me desabroché los pantalones y me bajé la ropa interior. Mi verga estaba dura desde hacía rato, Cada confesión de mi madre había incrementado mi

excitación y ahora la necesidad de liberarme era urgente. Me recosté contra la mesada de la cocina y comencé a masturbarme lentamente, mi mano moviéndose arriba y abajo con un ritmo constante, mientras las imágenes de mi madre, entregada y vulnerable, llenaban mi mente. Los recuerdos de todo lo que me había confesado bajo trance alimentaban mi deseo. la manera en que había sido cogida por otros hombres, su falta de culpa, su cuerpo, tan perfecto y deseado, tan cerca y tan accesible.

Cerré los ojos por un momento, dejándome llevar por las fantasías que siempre había tenido con ella, y la sensación se volvió aún más intensa. Me movía con más rapidez, la respiración cada vez más agitada, mi mano apretando mi verga con fuerza mientras el placer crecía. En mi mente, Veía a mi madre frente a mí, en esa misma silla del comedor, su cuerpo listo para mí, sumiso y obediente, bajo mi control total. Ese pensamiento me llevó al límite.

Con un gemido bajo, eyaculé dentro del pocillo, sintiendo como el semen llenaba el fondo de la taza. Me quedé quieto por un segundo, respirando profundamente, mientras observaba el resultado de lo que había hecho. El líquido blanco se acumulaba en el fondo, mezclado con las fantasías que había construido durante tanto tiempo. Me acomodé la ropa, respirando aún con dificultad, y tomé el pocillo entre mis manos. Era el momento.

Volví al comedor, donde mi madre seguía sentada, tranquila, sin moverse. Sabía que la sugerencia que le había dado la haría despertar con un deseo intenso de tomar café con leche y que no se daría cuenta de lo que iba a consumir. Me acerqué a la cafetera, preparé el café como de costumbre, pero esta vez vertí el líquido caliente en el pocillo que había usado. El café se mezcló con mi semen y luego agregué la leche, lo que

hizo que se diluyera hasta que se volvió imperceptible. Lo que hacía era tan morboso, que ya sentía que enseguida volvería a tener otra erección. Volví al comedor con el pocillo en la mano, observando a mi madre por un segundo más antes de hablar. Mamá, dije con voz suave, es hora de que despiertes. Vas a abrir los ojos sintiéndote bien, relajada, y con muchas ganas de tomar un café con leche. Ella parpadeó lentamente, como si despertara de

un sueño profundo. Su mirada se aclaró y me miró con una sonrisa suave.« Qué raro, me siento tan bien, pero, me dieron unas ganas tremendas de tomar un café con leche», dijo, como si fuera la cosa más natural del mundo. Sonreí por dentro, satisfecho de que todo estaba saliendo tal como lo había planeado.« Ya te lo preparé», dije, acercándole el pocillo. Ella lo tomó, sin sospechar nada, y le dio un sorbo.

La observé mientras bebía lentamente, con una expresión de placer en su rostro.« Está riquísimo», murmuró, sin saber que lo que estaba tomando contenía mi semen.« Creo que es el mejor café con leche que tomé en mi vida». Me quedé mirándola, deleitándome en su ignorancia, mientras ella seguía bebiendo, completamente ajena a lo que había pasado. mientras mi verga volvía a endurecerse.

Speaker 3

Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.

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