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HIPNOSIS ERÓTICA - PARTE 15

Apr 08, 20261 hr 2 min
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Summary

En esta parte del relato, Nico profundiza su control sobre su madre mediante hipnosis, llevándola a una sesión erótica explícita que incluye sexo oral y anal. Tras su clímax, la madre expresa sus celos por la inminente visita de su hermana, la tía Sofía, revelando la causa de su reciente iniciativa sexual. Nico le confiesa su manipulación, y poco después, comienza a ejecutar su plan para hipnotizar a Sofía, justo antes de ser sorprendidos por la madre.

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Transcript

Hipnosis y Sumisión de Mamá

Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes Hoy presentamos Hipnosis erótica

Speaker 3

parte 15 Los celos de una madre Mamá estaba en mi cama,

Speaker 2

vestida únicamente con una tanga blanca. Estaba boca abajo, su cabeza a la altura de mi ombligo. Su cabello castaño, lacio y brillante, se extendía sobre su espalda desnuda y algunos mechones caían sobre la cama. Su cabeza subía y bajaba rítmicamente mientras sus labios gruesos envolvían mi verga, que desaparecía y reaparecía con cada movimiento que hacía. Había trabajado mucho para llegar a este punto. Ella no estaba en trance.

Había cruzado esa línea hacía tiempo. Ahora estaba completamente dominada por las sugestiones que le había implantado. Un deseo desenfrenado por mí, una sumisión casi absoluta, y los prejuicios que alguna vez tuvo sobre una relación incestuosa se habían desmoronado lentamente con cada día que pasaba. Y, para rematar, las últimas sesiones de hipnosis, me aseguré de implantarle la idea de que ella tomara la iniciativa, y esa tarde lo

había hecho. Todo comenzó mientras ella cocinaba. Me acerqué por detrás, mis manos buscándola como tantas otras veces. Le acaricí el culo con descaro, sintiendo como sus nalgas grandes y firmes se ajustaban bajo la tela fina de sus pantalones. En ese sentido, ya éramos casi como una pareja. Podía buscarla, besarla o manosearla tanto como quisiera, y su resistencia, si es que quedaba algo de ella, había desaparecido casi por completo.

La Iniciativa Audaz de Mamá

Bastaron esos leves contactos para que su excitación alcanzara un punto evidente. Más tarde, fui a mi cuarto esperando que algo ocurriera, aunque sin estar seguro de que así fuera. Me acomodé en la cama y encendí la consola. Estaba jugando videojuegos cuando escuché un leve golpe en la puerta.

Speaker 3

Querés que prepare la merienda?— preguntó ella desde el umbral. Sí, dale, respondí.

Speaker 2

Ella regresó al cabo de unos minutos, pero esta vez algo había cambiado. Estaba prácticamente desnuda, cubierta únicamente por esa tanguita blanca que ahora veía claramente. En sus manos llevaba una bandeja con leche chocolatada y unas galletitas. Era la primera vez que tomaba una iniciativa tan audaz, y yo

no podía apartar mis ojos de ella. Las tetas estaban completamente desnudas y los pezones se habían endurecido.« Yo también quiero tomar la leche», dijo, mirándome fijamente con una sonrisa traviesa que acentuaba sus dientes ligeramente grandes, haciéndola lucir aún más sensual. Me quedé inmóvil por un segundo, procesando lo que acababa de decir, antes de dejar el joystick a

un lado. Me recosté en la cama y sin apartar la mirada de su cuerpo voluptuoso totalmente expuesto sus caderas anchas se balancearon sensualmente mientras se acercaba su piel bronceada brillaba bajo la luz tenue de la habitación y sus senos perfectamente proporcionados se movían suavemente con cada paso colocó la bandeja con las galletitas sobre la mesita de luz que estaba junto a mi cama Luego, con una tranquilidad provocadora,

se subió a la cama, acercándose a mi gateando. Sus manos bajaron el cierre de mi pantalón sin que yo tuviera que decir nada. Cuando el aire frío de la

Sesión de Placer Oral Profundo

habitación tocó mi piel expuesta, mi respiración se aceleró. Mientras yo tomaba el primer sorbo de la leche chocolatada, ella se inclinó hacia mí. Sus labios gruesos se abrieron lentamente y se llevó mi verga a la boca. La calidez y suavidad de su lengua comenzaron a recorrerme, arrancándome un gemido gutural. Su mirada se cruzó con la mía por un instante antes de empezar a succionarla, concentrándose completamente en el ritmo hipnótico de su boca. Mis gemidos llenaban el dormitorio,

reverberando en las paredes. Papá estaba en su trabajo, como siempre, pero ya varias veces había estado con ella mientras él dormía. Aquella situación tenía un morbo especial que me excitaba profundamente, pero ahora me conformaba con lo que estaba haciendo ella, comerme la pija mientras yo merendaba, con el único objetivo de darme placer y tomarse toda mi leche. La observaba, mi mirada fija en su cabellera castaña, que subía y bajaba con un ritmo constante, llevándose mi verga completamente a

la boca. Sus labios gruesos, húmedos y brillantes, se deslizaban por el tronco, dejando un rastro de saliva que comenzaba a gotear desde la base. La escena era digna de una película pornográfica. La forma en que su mandíbula trabajaba, como sus mejillas se hundían con cada succión, me enloquecían. Llevé mi mano a su mentón, levantándolo suavemente para que me mirara. Sus ojos, enormes y oscuros, se encontraron con los míos y el contacto visual me atravesó como un rayo.

Ella mantenía mi verga entre sus labios, que todavía la envolvían con firmeza mientras un hilo de baba escapaba de su boca, descendiendo lentamente por el tronco y acumulándose en la base. No podía haber una imagen más hermosa que esa. Sonrió brevemente, sus dientes grandes y blancos asomando apenas detrás de sus labios. Su rostro se veía increíblemente sensual, como si estuviera disfrutando tanto como yo de lo que hacía.«

Sos preciosa», le dije, mi voz cargada de deseo. Ella soltó mi verga por un momento, dejando que un sonido húmedo hablara por ella, y luego volvió a acercar su rostro para flotar su lengua contra el glande. El placer fue inmediato, tan intenso que me arqué ligeramente en la cama. Los movimientos de su lengua eran lentos, como si quisiera

prolongar mi goce. Su lengua, cálida y húmeda, dibujaba círculos perfectos alrededor de la punta, mientras su mirada permanecía fija en mí, una mezcla de inocencia y picardía que me volvía loco. La cara de puta que tenía mientras lamía cada centímetro de mi verga me desarmaba por completo. Tanta paciencia y tanto trabajo habían tenido su recompensa. Ahí estaba mamá,

El Goce Continuo y el Dominio

casi regalada, completamente mía.—¡ Claro! Alguien podría pensar que haber alcanzado este nivel podría desincentivarme, porque ya no parecía tener más desafíos. Pero no. Cada día la lujuria se renovaba. Cada día volvía a necesitar estar con ella, tocarla, poseerla. Además, aunque cada vez era más sumisa, aún tenía ciertos reparos, ciertos vestigios de resistencia, y eso me gustaba. Me encantaba verla debatirse entre la culpa y el deseo, entre la

moralidad y la entrega. Aunque ahora no estaba sucediendo eso precisamente. Volvió a engullir mi verga con esa voracidad que me hacía perder la cabeza. Acaricié su cabello con ternura, dejando que mis dedos se hundieran entre sus mechones castaños. Ella aceleró el ritmo, succionando con más intensidad. Era como si estuviera desesperada por degustar mi miembro, como si mi sabor

fuera lo único que necesitara en ese momento. Sus manos, pequeñas y delicadas, rodearon la base de mi verga, complementando el trabajo de su boca mientras su lengua jugaba con cada centímetro. Tomé el vaso de leche que aún estaba en la mesita de luz y di un largo trago, dejando que el líquido frío bajara por mi garganta. Ella, mientras tanto... no se detuvo ni un segundo. Su boca trabajaba con una precisión y una entrega que me resultaban

casi surrealistas. Todo su enfoque estaba en mí, en complacerme, en hacerme disfrutar. Era una devoción absoluta, y yo me deleitaba en ello.—¡ Qué bien la chupás!— le dije, una sonrisa aladeada cruzando mi rostro. Ella levantó la mirada hacia mí sin detenerse, sus ojos brillando con una mezcla de sumisión y satisfacción. No había un momento más excitante que ese, cuando su mirada se encontraba con la mía mientras engullía

mi verga con esa gula insaciable. Sus labios se deslizaron hasta la base una vez más antes de retroceder lentamente, dejando que un hilo de saliva colgara entre nosotros. Su lengua volvió a juguetear con el glande, esta vez más rápido, mientras un suave gemido escapaba de su garganta, como si el placer fuera suyo también. Su cuerpo, apenas cubierto por esa tanguita blanca, era un espectáculo. Sus caderas anchas y su culo firme se movían ligeramente con cada movimiento de

su cabeza. Su respiración, acompasada con la mía, era un recordatorio constante de lo completamente mía que era. Volví a tomar otro trago de leche y, disfrutando de la combinación perfecta entre el sabor dulce del chocolate y el placer indescriptible que ella me estaba dando. Me sentí en el pináculo de mi poder, viendo cómo cada uno de mis esfuerzos había valido la pena. Ella volvió a acelerar el ritmo,

como si pudiera sentir que estaba cerca del clímax. Mis gemidos se hicieron más intensos, resonando en el cuarto mientras mi mano seguía acariciando su cabello. Podía sentir cómo su saliva envolvía todo mi miembro, deslizándose hasta la base y empapando su mano, que se movía sincronizada con sus labios.—¡ Sos perfecta, mami!— le susurré, entre gemidos. Sus manos, firmes pero suaves, se movían de forma experta, mientras su boca se concentraba en el glande, succionándolo como si fuera lo

más exquisito que había probado. Su lengua se movía rápida y juguetona, alternando entre lamidas largas y pequeños golpecitos, arrancándome gemidos cada vez más fuertes. Así. No pares, murmuré, perdiendo

Clímax y Preparación Posterior

el control por completo. Y entonces, cuando creí que no podía ser mejor, ella se lo metió hasta el fondo y soltó un gemido suave que vibró contra mi verga, arrancándome un grito de placer. Me incliné hacia adelante, estirando la mano hasta alcanzar su trasero. Mi palma impactó con fuerza contra una de sus nalgas, produciendo un sonido seco que llenó el cuarto. La carne generosa de su culo

se movió ligeramente y ella soltó un quejido suave. Sentí el calor que irradiaba su piel bajo mi mano, una sensación que me hizo apretarla con más fuerza, disfrutando de la suavidad perfecta de ese culazo. El aroma de su perfume, mezclado con el leve rastro de sudor que se acumulaba por el esfuerzo, invadía mis sentidos. Era una mezcla embriagadora, intensa, que hacía que mi excitación creciera aún más. Al inclinarme tanto, mi torso terminó apoyándose sobre su cabeza, en una posición

incómoda para ambos. Pero entonces, como si entendiera exactamente lo que necesitaba, ella cambió de postura. con movimientos fluidos y deliberados, acomodó su cuerpo, quedando completamente horizontal respecto al mío. Sus rodillas se adelantaron un poco, empujando sus caderas hacia atrás, como una ofrenda perfecta. Ahora su trasero, grande y firme, estaba al alcance de mis manos, y por ende podía

manosearla a mi gusto mientras ella la seguía mamando. La tanguita blanca que llevaba se hundía en la profunda raya de su culo, resaltando la perfecta forma de sus glúteos. Era un espectáculo que me dejó sin aliento por un instante. Ella no se detuvo. Su boca seguía trabajando con una dedicación absoluta, moviéndose con un ritmo que parecía diseñado para llevarme al límite. Sus labios gruesos se cerraban alrededor de mi verga con firmeza, mientras su lengua, cálida y húmeda,

la recorría con movimientos precisos. Su saliva cubría cada centímetro, goteando desde la base y acumulándose en pequeñas gotas que ahora caían sobre la cama. Mis manos volvieron a sus nalgas, recorriéndolas con lentitud, sintiendo la tersura de su piel y el calor que irradiaba. Acaricié esa redondez perfecta, apretando ligeramente, deleitándome con la suavidad y la firmeza que parecían diseñadas para mis manos.

Placer Oral y Sabor de Semen

Speaker 3

Me encanta, dije. Soltó mi verga por un instante y me miró.¿ Te

Speaker 2

gusta mi culo o cómo te la estoy chupando? Preguntó, con una sonrisa traviesa que dejaba entrever sus dientes ligeramente grandes. Me gusta todo de vos. Mi mano chocó nuevamente contra su nalga en un azote más fuerte, haciendo que su piel se enrojeciera. Ella soltó un pequeño grito, una mezcla de sorpresa y placer, mientras su cuerpo se tensaba bajo mi toque. Bruto, se quejó, aunque siguió en la misma pose.

Su boca envolvió mi verga nuevamente y el ritmo frenético regresó. Ahora, cada vez que succionaba, Emitía un suave gemido, una vibración que se transmitía directamente a mi cuerpo. Mis dedos encontraron la fina tela de su tanguita y la tomaron, tirando de ella hacia arriba. La tela se hundió profundamente entre sus labios vaginales, delineándolos con precisión. Podía ver cómo el tejido húmedo se pegaba a su piel, marcando cada pliegue. Ella no se quejó, solo dejó escapar un leve jadeo,

pero no detuvo su ritmo. El olor de su excitación comenzó a mezclarse con el ambiente. Era cálido, dulce y despertaba en mí un instinto primitivo. Mis manos exploraron cada rincón de sus nalgas, separándolas ligeramente para tener una mejor vista, mientras mi pulgar trazaba líneas suaves sobre la tanguita empapada.

Ella siguió succionando con intensidad, cada vez más profundamente y hasta que sentí como mi glande golpeaba suavemente el fondo de su garganta y mis testículos hacían contacto con su mentón.— Sos una experta— dije entre gemidos, mi voz apenas audible por el placer que me invadía. Los dedos de mi mano libre se enredaron en su cabello, guiándola suavemente, aunque no necesitaba indicaciones. Entonces, el clímax llegó con una fuerza incontrolable.

Mi cuerpo se tensó y sentí como el semen explotaba, llenando su boca. Ella no se apartó ni por un segundo. Tragó todo, con una devoción que me dejó sin palabras, asegurándose de no desperdiciar ninguna gota. Cuando terminó, alzó la mirada hacia mí nuevamente, sus labios aún brillantes por la mezcla de saliva y semen, y sonrió con una satisfacción que sólo intensificó mi deseo. No sé por qué me

Dudas y Consuelo Íntimo

gusta tanto el sabor de tu leche. Es como si fuera lo más rico que probé en mi vida, me dijo.¿ Vas a seguir tomando la leche? Preguntó después, señalando la bandeja que todavía tenía el vaso a medio terminar y unas cuantas galletitas intactas mientras se salía de la cama. No, respondí. Pero antes de que diera un paso más, añadí, tampoco hace falta que te vayas ahora. Estiré la mano, agarrando su brazo, y tiré de ella suavemente para tumbarla de nuevo en la cama, a mi lado. La abracé, dejando

que mi cuerpo se acomodara contra el suyo. Sus curvas encajaban perfectamente con mi cuerpo, y su piel seguía irradiando un calor reconfortante. Claro que yo mismo me había encargado, desde hacía mucho tiempo, de que el sabor de mi semen fuera lo más delicioso del mundo para ella. Por eso siempre me la pedía hambrienta. Cada vez que teníamos relaciones, quería que terminara dentro de su boca para tragárselo todo. Era su deseo más básico y yo disfrutaba concedérselo.¿ Y

solo te gusta mi semen? Le susurré al oído, acariciando su brazo.¿ Con papá no te pasa

Speaker 3

lo mismo?

Speaker 2

Ella se quedó en silencio un instante antes de

Speaker 3

responder.

Speaker 2

No, no me pasa lo mismo. El de él tiene un sabor normal. El tuyo es, no sé, sabe diferente. Aunque no sé exactamente cuál es esa diferencia. Es como si tuviera un ingrediente secreto, dijo con una risita nerviosa. No puedo creer que esté diciendo esto, que te lo esté contando, continuó. No puedo creer que esté acá, con vos, haciendo esto. Todavía no entiendo nada, Nico. La escuché atentamente

mientras sentía cómo su cuerpo se estremecía levemente. Era algo que le pasaba cada tanto, como si cayera en la cuenta de la locura que estaba viviendo. Su confusión era tangible y yo sabía que debía consolarla, calmarla, devolverla al lugar seguro que había creado para nosotros. Ya te dije que no tenés que pensar mucho, le dije, llevando una mano a su rostro para acariciar su mejilla. Es un momento que es solo nuestro. No hay reglas. Papá no cuenta.

Ya lo sé, respondió ella, cerrando los ojos por un instante, como si quisiera convencerse. Pero luego pienso en esto y me siento mal. No deberías sentirte mal, susurré. Solo recorda lo bien que la pasamos, y cómo sabe mi leche. Nuestros ojos se encontraron y yo me acerqué lentamente para besarla. Fue un beso tierno, romántico, salvo por el hecho de que su lengua aún sabía a semen. Ella seguía semidesnuda, con la tanguita como única prenda que cubría su cuerpo.

Confesión de Hipnosis y Aceptación

Su piel, suave y cálida, se sentía perfecta bajo mis dedos mientras la acariciaba. Nico murmuró

Speaker 3

con la voz temblorosa.¿ Qué hiciste conmigo? No era la primera vez

Speaker 2

que lo preguntaba. No sé si fue por impunidad, por la sensación de poder absoluto que tenía sobre ella, pero lo cierto es que no tenía las consecuencias. Así que, cuando me hizo esa pregunta, simplemente decidí responderle la verdad. Porque te hipnoticé, le dije, con un tono tan natural como si hablara del clima. Sus ojos se agrandaron ligeramente, intentando procesar lo que acababa de escuchar. La miré con tranquilidad, sin apartarme, mientras deslizaba mis dedos por su mentón en

una caricia suave. Estuve hipnotizándote desde hace tiempo. Todo lo que hice fue por vos, para poder estar con vos. Estudié un tipo de hipnosis muy efectiva, pero además creo que vos sos de esas personas que son extremadamente susceptibles a la hipnosis. Ella permaneció inmóvil, mirándome fijamente, con su cuerpo todavía pegado al mío. Su silencio hablaba de la lucha interna que debía estar enfrentando, tratando de entender cómo había llegado hasta ese punto. Yo no la dejé alejarse.

Arrimé mis labios a los suyos y le di otro beso, lento y profundo, mientras mi mano seguía acariciando su rostro con ternura. Ella soltó un leve suspiro y apartó su mirada un

Speaker 3

instante antes de hablar.¿ Lo hiciste por mí?

Speaker 2

Para convertirme en tu juguete sexual? Dijo con un tono que mezclaba reproche y resignación. De hecho era mi juguete sexual, pero decidí usar otra palabra que también iba bien con la relación que teníamos ahora.

Speaker 3

Para convertirte en mi mujer, respondí.¿ Y ahora, estoy hipnotizada?

Speaker 2

Preguntó, con una mezcla de confusión y curiosidad. No exactamente, respondí, dejando que mis dedos recorrieran lentamente su espalda. Ahora estás más bien influenciada por todas las sugestiones que te dejé cuando estabas en trance. Ella permaneció en silencio, todavía con su cuerpo pegado al mío. Mis brazos la rodeaban y aprovechaba para besar su cuello y sentir el calor de su piel bajo mis labios. Sabía que, a pesar de

sus preguntas, no tenía intenciones de alejarse. Estaba demasiado atrapada en la red que había tejido a su alrededor y yo, embriagado de poder, estaba seguro de que no importaría que tan directa fuera mi confesión. Nada de eso cambiaría lo que estaba ocurriendo. Entonces, Levantó la mirada y me soltó una frase que, en otro contexto, habría sido devastadora. Entonces, estás abusando de mí. Me encogí de hombros nuevamente, como si la respuesta no tuviera ninguna importancia.¿ Te gusta acostarte

conmigo o no? Le pregunté, mirándola directamente a los ojos. Ella sintió con la cabeza que, Su rostro enrojecido mientras admitía, sin palabras, que lo disfrutaba. Entonces,¿ qué importa cuáles son los motivos que te hacen disfrutarlo? Le dije, con una sonrisa tranquila. La cuestión es que lo disfrutás. Ella no respondió, pero no necesitaba hacerlo. Su respiración entrecortada y la manera en que su cuerpo permanecía pegado al mío eran suficientes

para confirmarlo. Su silencio era una aceptación tácita, y yo sabía que, en su mente, ya había comenzado a aceptar

Transición al Sexo Anal Explícito

lo que estaba sucediendo. La hice girar, para que quedara boca arriba. Mis labios encontraron uno de sus senos, y comencé a succionar lentamente, deleitándome con la calidez y suavidad de su piel. Mi lengua jugaba con su pezón, que se endureció de inmediato bajo mis caricias. Al mismo tiempo, mi mano bajó por su espalda, deteniéndose en su trasero, que apreté con fuerza. Llevé mi otra mano hasta el borde de su tanguita y con movimientos lentos comencé a

deslizarla hacia abajo. Ella no dijo nada, no protestó. Sus caderas se movieron ligeramente para facilitarme la tarea, mientras su respiración se volvía más profunda. El ambiente estaba impregnado de su perfume y de leve aroma de su excitación, una mezcla embriagadora que me hacía perder la cabeza. Ella cerró los ojos, dejando que su cabeza cayera hacia atrás mientras seguía acariciándola. Yo, completamente embriagado por el momento, sabía que

no había vuelta atrás. Cuando se me puso dura de nuevo, la miré fijamente y le pregunté, con un tono

Speaker 3

cargado de lascivia.¿ En dónde querés que te la meta? Su respuesta

Speaker 2

no tardó en llegar. Con la voz temblorosa, como si cada palabra fuera una súplica, susurró.

Speaker 3

En el culo.

Speaker 2

Sin esperar un segundo más, giró sobre sí misma, acomodándose boca abajo. Su rostro quedó enterrado en la almohada, mientras su cuerpo se arqueaba de manera perfecta, elevando su culo para mí. Su trasero, redondo y generoso, era un espectáculo irresistible. Me acomodé detrás de ella, dejando que mi verga rozara suavemente la entrada de su ano, ese lugar donde el placer llegaba a su máximo nivel. Mis manos acariciaron sus nalgas, disfrutando de su suavidad y firmeza, mientras posicionaba la punta

en su entrada. Sentía el calor de su piel bajo mis dedos, el leve temblor de su cuerpo en espera de ser invadido. Ella estaba perfectamente depilada, y estaba seguro de que estaba impecable, quizás hasta se había hecho un enema.

La Experiencia Anal Intensa

Por favor, despacio, murmuró, con la voz apenas audible. Comencé a presionar, dejando que mi glande se hundiera lentamente. El primer centímetro se deslizó con dificultad, arrancándole un gemido entrecortado. Su cuerpo se tensó y sentí como su estrechez me rodeaba de manera abrumadora. Me detuve un momento, acariciando su espalda para tranquilizarla. Respira, relájate, le susurré al oído, dejando que mi aliento cálido recorriera su piel. Ella sintió, tratando

de relajarse, y seguí avanzando. Lentamente, con movimientos deliberados, fui hundiéndome más en su interior. Sabía que en cuestión de unos minutos su recelo desaparecería. Bien que sabía lo mucho que le gustaba que se la meta por el orto. Cada centímetro que entraba parecía arrancarle una mezcla de placer y dolor. Sus manos se aferraban a las sábanas con fuerza y su respiración se hacía cada vez más pesada.

Cuando llegué al punto en que mi pelvis chocó contra sus nalgas, un gemido profundo escapó de sus labios y amortiguado por la almohada. Me quedé quieto un instante, disfrutando de la sensación de estar completamente dentro de ella. Su calor, su estrechez, todo era tan intenso que me hacía perder la cabeza.« Por favor, no pares, no me la saques», suplicó, girando ligeramente la cabeza para mirarme con ojos vidriosos. Comencé a moverme, sacándola casi por completo antes de volver a entrar,

esta vez con más fluidez. Cada embestida arrancaba un gemido de su garganta, mientras su ano se ajustaba a mi tamaño,

moldeándose para recibirme. Su trasero se movía con cada empuje, chocando contra mí en un ritmo que parecía perfectamente sincronizado.« Por favor, seguí, no pares, rompeme el orto», decía entre gemidos con la voz quebrada por el placer mis manos se aferraron a sus caderas guiando sus movimientos mientras aumentaba el ritmo el sonido de nuestros cuerpos chocando llenaba la habitación mezclándose con sus gemidos y mi respiración agitada cada

vez que salía su estrechez parecía intentar retenerme como si su cuerpo no quisiera dejarme ir y cuando volvía a volvía por completo, llevándome a un estado de éxtasis puro.¿ Esto te gusta, no? Le susurré, inclinándome sobre su cuerpo para hablarle al oído. Sí, sí. Me encanta que me la metas en el culo. Por favor, no pares, no me la saques, seguí, respondió, su voz casi quebrada mientras sus manos se apretaban con más fuerza contra las sábanas. Cada vez que empujaba, su espalda se arqueaba y sus

gemidos se intensificaban. Su cuerpo se movía con desesperación, como si necesitara que siguiera penetrándola para mantenerse cuerda. Mordió la almohada, tratando de contener los sonidos que escapaban de su garganta, pero no podía ocultar el placer que la invadía. Mis

movimientos se hicieron más profundos, más intensos. Mis testículos chocaban contra su culo con cada embestida, y el sonido húmedo de mi verga entrando y saliendo se mezclaba con el leve aroma de su sudor y su excitación, que impregnaba el aire. Sentía como cada fibra de su cuerpo respondía a mí, como su estrechez parecía querer absorberme por completo. Su trasero, firme y perfecto, se movía con cada embestida, y mis manos no podían dejar de acariciarlo y apretarlo.

Aceleré el ritmo, sintiendo como mi cuerpo alcanzaba su límite, mientras ella seguía moviéndose bajo mí, perdida en el placer.

Clímax, Celos y la Tía Sofía

Cuando finalmente llegó al clímax, un temblor recorrió todo su cuerpo. Su espalda se arqueó y dejó escapar un gemido profundo que resonó en la habitación. Pero yo no me detuve. Todavía la tenía dura y quería más. Mis embestidas continuaron, llevando su cuerpo al límite una y otra vez. Ella giró levemente la cabeza, sus ojos llenos de lágrimas de placer, y me miró con una mezcla de rendición y necesidad, cosa que hizo que mi verga se me pusiera más dura,

si es que eso era posible. Cuando finalmente acabé, ambos estábamos completamente agotados, nuestros cuerpos pegados por el sudor y la intensidad de lo que acababa de suceder. Dejé un beso en su hombro mientras trataba de recuperar el aliento, todavía disfrutando del calor de su cuerpo bajo el mío. Se apartó de mí con cuidado, dirigiéndose al baño, regalándome otra imagen memorable cuando el semen empezó a escaparse de su ano. Al volver, agarró su tanga del suelo, pero

no se la puso. Luego tomó la bandeja con el vaso y las galletitas y se dirigió hacia la puerta del dormitorio. Sin embargo, antes de salir, se detuvo un momento, girándose para mirarme. Acordate que hoy viene Sofía. Tu papá me dijo que se va a quedar a dormir, dijo, con un tono que intentaba ser casual, pero no podía ocultar lo que realmente sentía. En ese instante lo comprendí todo. Por eso se había aparecido en tanga justo ese día.

Había estado muy complaciente últimamente. pero lo de hoy había sido demasiado. Ahora lo sabía con certeza, estaba celosa y quería marcar territorio. Bueno, respondí,

Speaker 3

sin agregar más. Nico,¿ vas a hacer lo mismo con ella que conmigo? Preguntó mamá. No me molesté en mentirle. No tenía sentido en este punto. Sí,

Speaker 2

le dije con tranquilidad. Luego añadí, ya te lo dije, vos sos la única que me importa. Ella solamente es un divertimento, un plato secundario. Es como si todos los días comiera caviar y ella fuera una rica hamburguesa con papas fritas que de vez en cuando me quiero comer. Mis palabras la hicieron fruncir el ceño por un instante. Sabía que estaba diciendo algo que no era del todo cierto.

La verdad era que tía Sofía me gustaba casi tanto como ella, y el hecho de que aún no hubiese estado con ella, estando consciente, me daba mucho más morbo. Pero no necesitaba saber eso. No todavía. Ella me miró fijamente, sus ojos llenos de una mezcla de reproche y resignación. Las mujeres no somos eso, Nico. No somos un divertimento, no somos comida que te puedas devorar, dijo, con un tono que pretendía ser firme. Pero sus palabras carecían de peso.

Era difícil tomarlas en serio cuando estaba ahí, completamente desnuda, después de haberme complacido de las maneras más perversas y sumisas. Tal vez ella también lo supo, porque no dijo nada más. Simplemente se giró y salió del cuarto, cerrando la puerta

Llegada de Tía Sofía y Tensión

tras de sí. humillando a mi tía feminista. La mesa estaba puesta como si se tratara de una ocasión especial, y de hecho, lo era. Mamá había elegido el mantel blanco bordado y había sacado los platos buenos. Había algo en su manera de moverse, demasiado meticulosa, que me resultaba curioso. Incluso su tono, cuando me pidió que ayudara con los cubiertos, tenía un toque diferente, como si intentara disimular algo. y

yo sabía perfectamente qué era. Cuando tía Sofía llegó, con su sonrisa amplia y su presencia impecable, supe que la noche iba a ser interesante. Vestía un vestido negro, ajustado pero sin ser vulgar, que acentuaba su figura esbelta. Su cabello lacio y negro caía como una cascada sobre sus hombros y apenas llevaba maquillaje, lo justo para resaltar esos ojos grandes y oscuros. Sus labios, pintados de un rojo sutil, se curvaban en una sonrisa perfecta mientras saludaba a cada

uno de nosotros. La imagen de una profesional exitosa, segura de sí misma, pero con un aire de cercanía que hacía imposible no prestarle atención.« Hola, familia», dijo con su voz clara y firme, esa que usaba en televisión. Su tono era amable, pero tenía ese dejo de autoridad que la hacía tan particular.« Sophie, qué alegría verte», respondió mi madre, acercándose para darle un beso en la mejilla. Sonreía, claro, pero yo podía ver la tensión en sus ojos. No

necesitaba mucho para darme cuenta de lo que pasaba. Estaba celosa, aunque intentaba esconderlo detrás de esa fachada impecable que siempre mostraba. Apenas había pasado una semana de la fiesta familiar en la que la vimos. pero hace rato que no tenía una cena con nosotros, la familia de su hermano mayor. Nos sentamos a la mesa y Sofía empezó a hablar de su día, llenando el aire con anécdotas sobre su trabajo en el canal. Su manera de relatarlo era casi hipnótica.

Movía las manos con elegancia y su risa ligera llenaba el espacio, haciendo que incluso mi padre, siempre tan callado, se uniera a la conversación. Yo, en cambio, la observaba en silencio. Me di cuenta de que si no fuera por la manera en la que me involucré con la hipnosis y por lo retorcido que me había vuelto, sería una chica de la que podría enamorarme. Me parecía dulce, inteligente y muy sexy. Pero ahora solo pensaba en someterla

sexualmente otra vez. Mamá, aunque intentaba mantener el mismo entusiasmo, no podía evitar traicionarse en los detalles. La forma en que cortaba el pan, con demasiada fuerza, o como su risa parecía llegar un segundo tarde, eran señales evidentes. Me daba gracia que mis sugestiones hayan llegado tan lejos como para que se pusiera celosa ante la posibilidad de que me coja a Sofía.¿ Y cómo están las cosas en el canal? Preguntó papá, mientras se servía más vino. Un caos,

como siempre. Respondió Sofía. riendo. Hoy, por ejemplo, al camarógrafo se le cayó la cámara en medio del noticiero. Imagínate el desastre. Tuve que improvisar una entrevista con el meteorólogo para cubrir el tiempo.« Sos una genia, Sophie. No sé cómo haces para no perder la calma en esas situaciones», comentó mamá, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Sofía le devolvió la sonrisa, inclinándose un poco hacia adelante. Ay, ni te imaginas. Por dentro estaba a punto de gritar,

pero bueno, es parte del show, ¿no? Yo observaba todo en silencio. No era solo mamá la que estaba algo alterada. Después del beso que nos habíamos dado, tía Sofía también debía estar a la expectativa de que haría yo. aunque, para ser justos, actuaba con normalidad. La cena estaba llegando

Invitación a Quedarse y Manipulación

a su fin. Los platos apenas tenían restos de comida, y el vino había dejado a papá más relajado de lo habitual. Sofía seguía conversando animadamente, llenando los últimos momentos de la velada con su voz firme y melodiosa.—¿ Por qué no te quedas a dormir, Sofí? Dijo papá, mientras servía lo que quedaba en la botella de vino en su copa. Es tarde, y además sabes que siempre hay

lugar para vos acá. Sofía dudó un segundo, como si evaluara la propuesta, probablemente pensando en lo peligroso que sería dormir cerca de mí. Pero al final sonrió. Bueno,¿ por qué no? Hace tiempo que no pasamos tanto rato juntos.

Mamá se levantó casi de inmediato, recogiendo los platos. Su movimiento fue rápido, pero yo capté el momento en que su mirada se desvió hacia Sofía, ese destello de incomodidad que trató de disimular al agachar la cabeza.« Voy a ir levantando todo», anunció con una sonrisa que intentaba sonar despreocupada. Tomé los vasos y me levanté también, siguiéndola hacia la cocina. Ella se movía con esa elegancia natural que siempre la había caracterizado. Alta y morocha, mi madre era una mujer que,

a los 36 años, aún atraía todas las miradas. Esa noche, llevaba un vestido sencillo pero ajustado, de un tono azul oscuro que resaltaba su piel bronceada y dejaba al descubierto sus hombros. Su cabello castaño, lacio y brillante, caía suelto sobre su espalda y sus labios gruesos, apenas pintados con brillo,

eran el punto final perfecto para su rostro atractivo. La seguí hasta la cocina, donde empezó a apilar los platos junto a la pileta para lavar.— Pareces algo tensa— dije en un tono casual, dejando que mis palabras flotaran en el aire.

Speaker 3

Ella no levantó la vista de los platos.—¿ Tensa? No, para nada. Estoy bien, Nico.

Speaker 2

Su respuesta fue rápida, casi demasiado. Me acerqué un poco más, apoyando una mano en la mesada mientras la miraba trabajar. Desde mi posición, podía apreciar cada detalle de su figura, como su vestido se ajustaba perfectamente a su culo, como sus hombros parecían tensarse con cada movimiento. Había algo fascinante en observarla, en la manera en que intentaba actuar con normalidad. Seguro que sí, dije con una sonrisa, colocando mi mano suavemente sobre su cintura. Sentí como su cuerpo se tensaba

bajo mi toque, aunque no se apartó. Pero igual, deberías tratar de estar tranquila. No tenés por qué preocuparte por nada. Mi mano bajó, y la superficie debajo de ella se hizo cada vez más sinuosa. Palpé su hermoso orto por encima del vestido, y ella no dijo nada. Se quedó quieta por un momento, y noté como su respiración se volvía más lenta. Sus labios se separaron, como si estuviera a punto de decir algo, pero al final sólo asintió levemente.

Speaker 3

Estoy tranquila, Nico. De verdad». pero yo sabía

Speaker 2

que no era así. Su lenguaje corporal la traicionaba, el leve temblor en sus manos, la rigidez en su postura. Eso espero, mami. Porque esta noche tenemos visita y sería lindo que todo esté bien. Sonreí antes de dar media vuelta y volver al comedor, dejando que mis palabras se

El Encuentro con Sofía

quedaran con ella. El reloj marcaba la medianoche cuando decidí levantarme. Había pasado más de una hora desde que me retiré a mi cuarto pero no había logrado conciliar el sueño. Los adultos seguían conversando en el comedor aunque sus voces se habían vuelto más bajas, menos animadas. Me estiré en la cama dejando que mis pensamientos se asentaran y entonces escuché el sonido de una puerta cerrándose suavemente. Sofía debía

haber subido ya al cuarto de invitados. Me levanté con calma sin encender la luz, y me dirigí al pasillo. La casa estaba en completo silencio, salvo por el crujido ocasional de las maderas bajo mis pies. Me detuve frente a la puerta del cuarto de invitados y golpeé suavemente. ¿Sofía? Llamé, manteniendo mi tono bajo. El silencio que siguió se alargó más de lo que esperaba. Finalmente, escuché su voz al otro lado,

Speaker 3

algo insegura.¿ Qué pasa, Nico? Quiero hablar con vos. ¿Ahora? Preguntó, con un deje de incomodidad. Es rápido,

Speaker 2

prometo no molestar mucho, respondí, suavizando mi tono. Hubo un momento de duda antes de que la puerta se entreabriera. Sofía me miró desde el umbral, con el cabello desordenado y el rostro ligeramente cansado. pero igual de hermosa que siempre. Llevaba puesta un camisón para dormir. Una prenda sobria, bastante holgada, que ocultaba su hermosa figura.

Speaker 3

Bueno, pero no acá. Entra

Speaker 2

no quiero que nos vean. Sin decir nada, crucé el umbral y cerré la puerta tras de mí. La habitación estaba en penumbra, iluminada sólo por la luz tenue que entraba desde el pasillo. Mis ojos tardaron un segundo en acostumbrarse, pero cuando lo hicieron, la vi claramente. Sofía estaba frente a la cama, con las manos cruzadas sobre su pecho, en un gesto defensivo. Su camisón dejaba al descubierto sus muslos

Speaker 3

largos y pálidos.¿ De qué querés hablar? Preguntó.

Speaker 2

Me pareció raro que una chica tan inteligente como ella me hiciera esa pregunta. Era obvio que quería hablar de nosotros.¿ Por qué daba vueltas? De la fiesta, empecé, dejando que el silencio hiciera su trabajo antes de continuar. Quiero que hablemos de lo que pasó esa noche.

Speaker 3

Ella suspiró, cruzándose de brazos otra vez. Nico, no hay nada que hablar.

Speaker 2

Fue un error. Estábamos borrachos, me dejé llevar. No puede pasar más que eso entre nosotros. Un simple beso. En serio, Nico. Lo último que necesito es un romance con mi sobrino. No te preocupes, tía. No quiero que pase nada más de lo que pasó. Mi tono era ligero, casi divertido. Entonces me acerqué a ella e intenté besarla. Sofía esquivó mis labios y me miró con incredulidad, soltando una risa breve y nerviosa.

Speaker 3

Sos imposible.¿ De verdad estás haciendo esto?»

Speaker 2

Y, sí. Me dijiste que no podíamos hacer nada más aparte de besarnos, ¿no? Bueno, yo solo te estoy besando».« Estás tergiversando mis palabras», dijo ella. aunque su tono de voz develaba que su resistencia estaba disminuyendo.« Sos mi sobrino, Nico. No tiene sentido. Además,¿ qué pensarían los demás?» Agregó después, lo que me dio más esperanzas.« No tiene que saber nadie»,

Speaker 3

respondí, dando otro paso.« Es solo entre nosotros».« No. Esto está

Speaker 2

mal», insistió. aunque su voz carecía de la firmeza inicial. Aproveché el momento y acerqué mi rostro al suyo, pero ella giró la cara, esquivándome. Nico, basta, murmuró, aunque sus palabras no tenían la fuerza suficiente para detenerme. Intenté besarla otra vez, y esta vez su resistencia fue menor. Cuando nuestros labios finalmente se encontraron, ella se quedó inmóvil al principio,

pero poco a poco comenzó a corresponder. Su boca se abrió ligeramente, permitiendo que nuestras lenguas se encontraran en un beso lento y cargado de tensión. Mis manos subieron hasta su cintura, rodeándola con suavidad mientras su respiración se aceleraba. Cuando el beso terminó, Sofía se apartó, con las mejillas encendidas y los labios húmedos. Se llevó una mano al rostro, como si intentara procesar lo que acababa de suceder. Nico, esto

Speaker 3

por favor, basta. Dijo, con un susurro entrecortado. Está bien. No quiero perturbarte. Sonreí, satisfecho.

Speaker 2

Ella no dijo nada más. Se limitó a mirarme un segundo más antes de darme la espalda, acomodándose para dormir. Comprendí que todavía faltaba para que se entregara a mí sin estar en trance. Lo bueno era que estaba en el momento ideal para hipnotizarla. Ella recordaría que en ese momento se había puesto a dormir, por lo que no

Inducción a la Hipnosis de Sofía

tenía que temer las lagunas en su memoria. Tomé un respiro, ajustando el tono de mi voz para sonar relajante, casi monótono. El mismo tono que usé la primera vez con mamá. Sophie, tranquila, no quiero que pienses demasiado en lo que pasó. Quiero que te relajes un poco.¿ Me dejas ayudarte con eso? Ella giró y levantó la vista, un poco insegura, pero asintió con un leve movimiento de cabeza. Me acerqué un paso más, ubicándome a su lado. Sus manos aún descansaban

cruzadas frente a su pecho, como si intentara protegerse de algo. Escúchame, solo necesito que cierres los ojos por un momento, le dije, manteniendo mi tono calmado y pausado. Mi voz se volvió más suave, como si estuviera envolviendo el espacio con cada palabra. Solo cerralos, Sophie. Es como cuando te vas a dormir después de un día largo, sentís como todo tu cuerpo empieza a relajarse, desde los pies hasta la cabeza. Ella parpadeó un par de veces antes de cerrar los ojos,

obedeciendo de manera casi automática. Su postura, antes algo rígida, comenzó a suavizarse. Aproveché el momento para seguir guiándola. Eso es, muy bien, ahora quiero que respires profundo, tranquila. Cada vez que exhalas, sentís como te liberas de toda la tensión, de cualquier pensamiento que tengas en tu cabeza, de cualquier prejuicio. Solo escuchas mi voz, y mi voz te lleva a un lugar tranquilo. Noté como sus hombros bajaban ligeramente y

su respiración se hacía más lenta. Continúe con un ritmo constante, reforzando cada palabra con una pausa calculada. Muy bien, Sophie, cada palabra que digo te ayuda a ir más profundo. Es como bajar una escalera, paso a paso. Con cada número que cuente, vas a sentirte más relajada, más tranquila. Vamos a empezar ahora. 10, 9, 8. Cada número la llevaba más cerca del estado que buscaba. Su cuerpo se inclinó un poco hacia adelante, como si estuviera soltándose por completo. Tres, dos, uno,

hice una pausa, observándola detenidamente. Ahora estás completamente relajada, Sophie. No hay nada que te moleste, nada que te distraiga. Solo estás acá, escuchándome. Todo lo que digo tiene sentido, todo lo que digo es fácil de seguir. Ella murmuró algo ininteligible, un sonido leve que confirmó que estaba completamente bajo mi control. Me acerqué un poco más, bajando la voz hasta convertirla en un susurro. Sophie, quiero que hagas algo por mí. Quiero que te quites el camisón. No

hay nada malo en eso. Es natural, es cómodo. Simplemente deja que el pijama caiga al suelo. Sin abrir los ojos, Sofía llevó las manos al borde de su camisón, levantándolo lentamente. La tela se deslizó por su piel pálida, revelando un conjunto de ropa interior negro, sencillo pero elegante. Quedó sentada en la cama, con los brazos relajados a los costados, mientras yo observaba cada detalle, la curva de sus caderas, la delicadeza de sus muslos, y cómo la ropa interior

resaltaba la perfección de su figura. Muy bien, Sophie, ahora quiero que te acuestes en la cama, boca abajo. Es un lugar seguro, cómodo, donde podés relajarte aún más. Sin dudar, ella obedeció. Su cuerpo se movió con fluidez, acomodándose en la cama con los brazos a los costados y el rostro apoyado de lado. Su cabello negro se desparramó sobre la almohada, y su espalda, larga y perfectamente definida, era

un espectáculo en sí misma. Desde mi posición, podía admirar cómo su piel blanca contrastaba con la tela negra de su ropa interior. Me acerqué despacio, sentándome al borde de la cama. Mi voz era apenas un susurro, pero lo suficientemente firme como para mantenerla en trance. Sophie, ahora quiero que hagas silencio. No tenés que decir nada. Sólo escuchás mi voz y seguís cada una de mis instrucciones. No pensás, no dudás, simplemente haces lo que te pido. ¿Entendido? Ella

sintió lentamente su respiración acompasada y tranquila. Su cuerpo, completamente relajado, parecía flotar sobre el colchón. Sus labios dejaban escapar un suspiro ligero, como si el trance la hubiera llevado a un estado de paz absoluta. Su cabello, oscuro y liso, caía en mechones suaves sobre la almohada. Mi voz bajó aún más, convirtiéndose en un susurro íntimo que llenaba el silencio. Eso es, Sophie, todo está bien. No tienes que preocuparte por nada, solo escuchas mi voz. Cada palabra que digo

te ayuda a sentirte más cómoda, más tranquila. No tienes que pensar, no tienes que decidir nada. Solo seguís mis instrucciones, sin dudas, sin preguntas. Ella no dijo nada pero su cuerpo se acomodó un poco más en la cama hundiéndose en el colchón como si quisiera perderse en él. La observé un momento más asegurándome de que estaba completamente bajo mi control antes de dar el siguiente paso. El colchón se hundió bajo mi peso mientras me acomodaba sobre la

cama posicionándome a su lado. Observé su cuerpo completamente relajado entregado a mi control y y la forma en que la luz tenue de la habitación delineaba cada curva con precisión. Su respiración era pausada, rítmica, y parecía más profundamente dormida

Humillación y Sexo con Sofía

que consciente. Sabía que este era el momento para saborear cada segundo. Me puse encima de ella, haciéndole sentir mi verga en su pomposo culo. Corrí el pelo a un lado y dejé que mis labios se posaran suavemente sobre su cuello. La textura de su piel era cálida, tersa, y el perfume ligero que llevaba se mezclaba con su aroma natural, creando un efecto embriagador. Pasé la punta de mi lengua por la base de su nuca, ascendiendo lentamente

hacia su oreja, donde exhalé un leve susurro. Quería mucho a tía Sofía, pero siempre me había irritado un poco su feminismo exagerado. La humillación combinaba muy bien con el sexo, así que decidí hablarle.¿ Sabes qué, Sophie? Me encanta que te llenes la boca hablando de igualdad, de independencia, pero acá estás, quietita, siguiendo cada palabra que digo como una sumisa. No hubo respuesta, obviamente, solo el leve estremecimiento de su cuerpo bajo mi toque. Me reí para mis adentros, disfrutando

de la ironía de la situación. Mis labios continuaron su camino, dejando un rastro de besos húmedos que descendían por su espalda. Mi lengua trazó una línea lenta y deliberada desde la base de su cuello hasta el inicio de sus homóplatos, explorando cada rincón como si quisiera memorizarlo.¿ Qué pensaría toda esa gente que te admira? Murmuré con un tono cargado de burla. Si te vieran ahora, tan dócil, tan obediente. Me detuve al llegar a su cintura, dejando que mi

aliento caliente acariciara su piel. Mis manos se posaron suavemente sobre sus caderas y comencé a deslizar los pulgares a lo largo de los bordes de su ropa interior, trazando pequeños círculos que apenas rozaban la tela.¿ No decís siempre que las mujeres no necesitan a los hombres? Continué, inclinándome más para que mi voz llegara directamente a su oído. Y mírate ahora, dejándote manejar como si fueras una marioneta. Parece que, en el fondo, sabes cuál es tu lugar.

Su cuerpo permanecía inmóvil, pero podía sentir el calor que emanaba de su piel, como sus músculos parecían reaccionar sutilmente a cada palabra y cada caricia. Mis labios volvieron a descender, esta vez enfocándose en la base de su espalda. La textura suave y cálida de su piel se tensaba apenas bajo mi lengua, mientras trazaba caminos hacia los costados, acariciando con mis labios cada rincón visible. Eso es, así me gusta. Calladita, haciendo exactamente lo que te digo. Mi tono era bajo,

casi un susurro, pero cargado de intención. Bajé lentamente hacia su trasero, deteniéndome justo donde comenzaba la curva perfecta que formaban sus caderas. La tela negra de su ropa interior resaltaba contra la palidez de su piel, y no pude evitar deslizar un dedo por el borde, sintiendo la suavidad del encaje. Luego empecé a chuparla, y por un momento pareció que en el mundo no había nada más que

el orto de mi tía siendo devorado por mí. Mis manos se posaron firmemente sobre sus caderas, manteniéndola en su lugar mientras mi lengua continuaba explorando la suavidad de su culo. Su sabor y su textura eran adictivas. Mientras la lamía, con una mano acariciaba el glúteo que mi mano dejaba libre. Luego saqué la telita que estaba enterrada entre sus nalgas y le di un intenso beso negro. Por lo visto era una de las cosas que más me gustaba hacer, lamer el ano de las mujeres de mi familia. Me

encanta verte así, Sophie. Callada, entregada, como si en el fondo siempre supieras que esto es lo que te mereces. Sonreí contra su piel, dejando que mi aliento cálido creara un contraste con las caricias húmedas de mi lengua. Me tomé mi tiempo, explorando cada rincón de su orto, saboreando la combinación de control y sumisión que hacía de este

El Final Inesperado

momento algo único. Sabía que ella no podía oponer resistencia, que cada palabra mía era una orden grabada en su mente. Y eso hacía todo aún más delicioso. Le corrí la tanga a un lado y ahí apareció su sexo expuesto. Sentí cómo se me hizo agua en la boca. Me acomodé detrás suyo, le enterré mi verga de una sola vez. Sofía largó un suave gemido. Su cuerpo era esbelto, bastante pequeño comparado con el de mamá. de sinusidades mucho más delicadas,

menos obscenas, y sin embargo me encantaba. Me hundí más en ella. Luego la agarré del mentón y la hice girar. En sus ojos, muy en el fondo, había algo de ira, como si una parte de ella estuviese consciente de lo que estaba pasando. Eso hizo que la verga se me pusiera aún más gorda. Hundí más mi falo en ella. Y mi tía abrió la boca con un gemido. Acerqué

mis labios y la besé apasionadamente. Luego llevé las manos a sus pequeños senos y los estrujé mientras me meneaba una y otra vez, sacándole suspiros y gemidos de placer. Era bastante apretadita y eso me gustaba porque me hacía sentir enorme. Por momentos, sus gemidos se volvían muy intensos, pero eso no me importaba porque sabía que papá estaba durmiendo plácidamente gracias a tantas sugestiones que había implantado en él. Y mamá, bueno, mamá no era un peligro, así que seguí.

Sentía su perfume, la suavidad de su piel en la mía propia. Sabía que estaba profanando algo sagrado, pero no me importaba. De hecho, quería destruir todo lo que fuera sagrado, todo lo que fuera tabú. Entonces la puerta de mi dormitorio se abrió. Giré para ver, con la pija todavía

Speaker 3

dentro de mi tía. Era mamá, que observaba todo desde el umbral de la puerta. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.

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