HIPNOSIS ERÓTICA - PARTE 14 - podcast episode cover

HIPNOSIS ERÓTICA - PARTE 14

Apr 07, 202659 min
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Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos...

Speaker 3

Hipnosis erótica, parte 14. Mi tía feminista otra vez.

Speaker 2

Estábamos charlando tranquilamente cerca de la escalera cuando, de repente, Sofía me interrumpió con una frase inesperada. ¡Ay, tengo ganas de hacer pis! No pude evitar reírme por lo directa que fue. La formal presentadora de noticias usando esas

Speaker 3

palabras. Te acompaño, le dije, sonriendo.

Speaker 2

Nos dirigimos hacia el baño de abajo, ahí mismo donde el primo Honey y yo nos cogimos a mamá, pero había una pequeña fila de mujeres esperando. Sofía suspiró con frustración y me miró. No me esperaba esto, dijo, y luego, arrimando sus labios a mi oído, agregó, no creo que aguante. Lo dijo susurrando, con una voz sensual de locutora, y

yo me moría de ganas de cogérmela ahí mismo. Las sugestiones que le había implantado habían servido para que se sintiera como y en confianza conmigo, pero todavía no estaba seguro de si era tan susceptible a la hipnosis como mamá. En todo caso, esa misma noche me enteraría. Vení, le susurré, vayamos al baño de arriba. Pero vayamos disimulando, que si se enteran, van a querer ir todos. Ella sintió y, con discreción, nos escabullimos hacia el piso superior. Cuando subíamos

por la escalera, ella iba un escalón adelante. Su vestido rojo le quedaba perfecto, se ajustaba a su cintura y le marcaba el lindo culo que tenía. En un momento giró para verme, supongo que para asegurarse de que la seguía de cerca, y me sonrió de una manera que podría enamorarme. Una vez que llegamos, Sofía entró al baño y cerró la puerta detrás de ella. Yo me quedé afuera,

apoyado contra la pared, sintiendo como la tentación crecía. Sofía no tenía idea del control que mis sugestiones habían ejercido sobre ella en las últimas semanas. Por momentos me hablaba como si fuera su amigo íntimo, ese a quien podía contarle cualquier cosa. Incluso me había hablado de algunas de sus últimas experiencias sexuales y, cuando lo hizo, no estaba en trance, sino que estaba influenciada por todas las sugestiones

que le dejé implantada cuando sí estaba en trance. Y en las últimas sesiones de hipnosis traté de implantarle la idea de que el incesto no era algo antinatural. Algo parecido a lo que había hecho con mamá, solo que con ella aún no sabía que tanto había funcionado. De repente, su voz

Speaker 3

interrumpió mis pensamientos. Nico, porfa,¿ me pasas papel? Acá no tengo.

Speaker 2

Mi corazón se aceleró. Su tono era de lo más casual, pero la situación me hizo sonreír para mis adentros. No te preocupes, tengo pañuelos descartables. Saqué un pequeño paquete del bolsillo y decidí hacer algo arriesgado. Esa noche podía quedar en la historia como la que me cogía mi mamá y a mi tía, o podía terminar todo mal, con Sofía dándose cuenta de que soy un degenerado. Así que empujé la puerta y entré al baño, invadiendo su intimidad.

Sofía me miró sorprendida. Segramente esperaba que se los alcanzara desde afuera, lo que hubiera sido lo más natural. Pero no dijo nada. Ahí estaba, sentada sobre el inodoro, su vestido rojo recogido hasta la cintura, dejando al descubierto sus muslos largos y perfectamente proporcionados. Su tanga negra descansaba alrededor de sus tobillos y el contraste con su piel blanca era casi hipnótico. Sus ojos marrones se encontraron con los míos,

llenos de una mezcla de vergüenza y desconcierto. Su hermoso rostro se sonrojó. Se veía tan vulnerable, tan indefensa, que hizo que mi verga se endureciera al instante. Nico susurró, sin saber qué más decir. Sin embargo, El hecho de

que no se escandalizara inmediatamente me decía mucho. Mi mirada recorrió su cuerpo de arriba a abajo, deteniéndose en cada detalle, las formas de sus piernas, el brillo sutil de su piel bajo la luz del baño y la delicadeza de su postura, completamente vulnerable, que contrastaba con la crudeza de su sexo expuesto, apenas cubierto un poco por el vestido. No atinó a cubrirse, ni a cerrar las piernas, cosa que hizo que la boca se me hiciera agua. Había

un atisbo de miedo en su mirada. Un sentimiento que alimentó mi excitación. Lentamente, me acerqué, ofreciéndole el paquete de pañuelos mientras mantenía mis ojos fijos en los suyos. Tranquila, tía. No pasa nada, le dije, con un tono calmado pero cargado de intención. Ella se quedó en silencio, con los labios ligeramente entreabiertos. Sus manos se movieron lentamente para acomodar el vestido, pero no parecía saber qué hacer. Era como si estuviera atrapada entre el instinto de cubrirse y una

curiosidad que no podía negar. El pequeño espacio del baño se llenó de una tensión que parecía vibrar en el aire. La cercanía entre nosotros se El calor de su piel y la mirada intensa que compartíamos crearon un momento que parecía eterno. Gracias. Ya me arreglo yo sola, dijo, casi en un susurro ahogado, mientras por fin cubría su entrepierna con el vestido. Me hubiese gustado ver cómo se limpiaba, pero eso era demasiado pedir. Ya era demasiado que no

me echara a gritos de ahí. Comprendí que era demasiado pronto para dar el siguiente paso mientras ella estuviera completamente consciente. No podía arriesgarme a que reaccionara de manera inesperada. En ese momento decidí que la mejor opción era inducirla al trance. Me alejé un poco y hablé con un tono calmado, casi un susurro. Tranquila, Sofía. No pasa nada. Esto es solo un momento más. uno de esos momentos en los

que te sentís completamente a gusto, tranquila, relajada. Ella parpadeó lentamente, como si mis palabras ya comenzaran a tener un efecto. Su cuerpo, antes algo tenso, empezó a relajarse. Su postura se volvió más fluida, sus hombros cayeron levemente y su respiración se hizo más lenta. Continué con la misma suavidad. Podés cerrar los ojos si querés, o simplemente dejarlos abiertos

mientras pensás en cosas lindas. Es como cuando estás en casa, descansando después de un día largo, dejando que tu mente divague, hice una pausa breve, observando cómo su expresión cambiaba, cómo su cuerpo comenzaba a ceder al trance. Y cuanto más escuchás mi voz, más fácil es dejarte llevar. Como si cada palabra te guiara suavemente hacia ese lugar tranquilo dentro de tu mente. Sofía sintió levemente, sus labios apenas entreabiertos

y su mirada perdió algo de foco. Estaba funcionando. Eso es, Sofía, todo está bien. Podés sentir como tu cuerpo se relaja, desde los pies, subiendo por las piernas, hasta los hombros. No tenés que hacer nada, sólo dejar que ocurra. Cada respiración te lleva más profundo, más tranquila. Ella dejó escapar un suspiro largo, casi como si se rindiera por completo. Sus ojos se cerraron lentamente y su cabeza cayó levemente hacia un lado. Estaba en trance, en ese delicado equilibrio

entre la conciencia y la entrega total. Aproveché el momento, bajando mi voz aún más para asegurarme de que cada palabra penetrara directamente en su subconsciente. Y ahora, Sofía, vamos a aprovechar este momento de tranquilidad y de intimidad para hacer algo que, en el fondo, sabes que querés. Algo que probablemente pensaste más de una vez en los últimos días, aunque no te lo dijiste en voz alta. Ella murmuró algo ininteligible, una mezcla entre mi nombre y un suspiro,

pero su postura permaneció relajada. Eso es, muy bien, tía.

Speaker 3

Solo déjate llevar. Todo está bien, todo se siente

Speaker 2

natural. Con cuidado, me acerqué más. Mi mano se apoyó en su mejilla, acariciándola suavemente mientras sus labios se separaban un poco, como si adivinaran lo que vendría. Bajé el cierre de mi pantalón, liberando mi verga, completamente erecta, y guíe lentamente su cabeza hacia mí. Tranquila, Es algo que querés hacer, algo que te hace sentir bien, relajada. Te gusta el sexo, te gusta complacer a los hombres. Por más que te declares feminista, en el fondo sos una sumisa.

Ahora solo sentí como todo tu cuerpo se relaja y como tu excitación crece, como pidiéndote a gritos que te metas mi verga en la boca. Sus labios envolvieron mi dureza con una calidez que me estremeció. La sensación de su lengua, húmeda y suave, deslizándose lentamente, era casi insoportable. Mi mano se hundió en su cabello negro, acariciándolo con ternura mientras ella seguía moviéndose con una mezcla de lentitud

y precisión, dejando mi miembro bañado en su saliva. Cada movimiento de su cabeza era acompañado por un suspiro mío, un eco de placer que resonaba en el pequeño baño. Luego empecé a menearme suavemente, lo que hizo que cada vez se metiera unos centímetros más de pija adentro. Tengo que reconocer que dominar a tía Sofía me generaba un morbo delicioso y retorcido. Era diferente a lo que sentía

con mamá. Ni peor ni mejor, solo diferente. Y es que mientras que con mamá era la materialización más pura del incesto, con ella el placer incestuoso se intensificaba debido a su personalidad. La tía era una feminista de manual, con un discurso progresista, proaborto, libre e independiente. Una mujer hermosa y segura de sí misma, que no necesitaba de ningún hombre. Y ahí estaba ahora, chupándome la pija en el baño de la casa del abuelo, en plena fiesta familiar.

A ese punto la había llevado, y me sentía muy orgulloso de eso. El trance en el que estaba hacía que cada gesto suyo fuera automático, fluido, pero sin la conciencia de lo que realmente estaba sucediendo. Era como si simplemente supiera qué hacer, como si cada movimiento fuera una extensión de las sugestiones que le había implantado. Me incliné hacia adelante, sosteniéndola con ambas manos mientras su boca se deslizaba con más profundidad hasta que el glande casi toca

su garganta. La calidez, la humedad, El leve sonido de su lengua contra mi verga eran abrumadores. Cerré los ojos por un momento, dejándome llevar por la intensidad del momento, por la sensación de control absoluto y el placer que emanaba de ella. Pasaron largos minutos en los que el mundo exterior dejó de existir. Cada movimiento suyo era una confirmación de que todo estaba funcionando exactamente como lo había planeado. Su canesa no dejaba de subir y bajar, en un

movimiento tan simple como fascinante. Finalmente, cuando no pude contenerme más, me dejé ir, permitiendo que el momento llegara a su clímax. Largué todo el semen dentro de su boca, y ella, sin que yo se lo pidiera, se tomó hasta la última gota. Se notaba que era algo que le gustaba hacer a la muy putita. Me retiré lentamente, aún respirando con fuerza. Observé cómo Sofía seguía en trance, su expresión tranquila,

sus ojos cerrados. Tomé una toalla pequeña del baño y limpié cualquier evidencia, asegurándome de que todo estuviera en orden antes de despertarla. Y ahora, Sofía, vamos a dejar este momento atrás. Todo lo que pasó se desvanecerá, como un sueño que no podés recordar. Cuando abras los ojos, te vas a sentir tranquila, como si nada hubiera ocurrido, como si todo estuviera bien, voy a contar hasta tres. Cuando termine de hacerlo, vos misma vas a seguir contando hasta diez.

Lo hice. Cuando conté hasta tres, salí del baño. Esperé afuera. Estaba seguro de que había salido todo bien. El hecho de que estuviéramos en un fiesta, Hacía fácil que no se diera cuenta de que tenía un vacío en su memoria. En todo caso, pensaría que el tiempo había pasado un poco más rápido de lo que había creído. El único problema era que ella se recordaría cuando irrumpí en el baño.¿ Todo bien? Pregunté cuando salió del baño, tratando de mantener un

Speaker 3

tono casual. Sí, respondió.

Speaker 2

Nico agregó después de un rato. Caminábamos por el pasillo del primer piso. Aunque abajo el ruido de la fiesta era constante y la música retumbaba, ahí arriba reinaba un silencio casi absoluto. Esa sensación de aislamiento me hacía estremecer, mezclando el placer del momento con una creciente esperanza de lo que podría pasar. ¿Qué? respondí, mirándola de reojo mientras mi mano se deslizaba. casi de manera inocente, hacia su cintura. Sentir la calidez de su cuerpo bajo la tela de

su vestido me aceleró el pulso. Ella me miró con una mezcla de dulzura y culpa, como si buscara excusarse de algo.—¿ Eso qué hiciste recién? Entiendo que fue culpa mía porque te di demasiada confianza, ¿no?— dijo, susurrando, con una voz cargada de

Speaker 3

un nerviosismo encantador. ¿Confianza? murmuré. No sé

Speaker 2

Quizás, por culpa mía, te estuviste haciendo ideas equivocadas, continuó, desviando la mirada, con las mejillas ligeramente sonrojadas. Me detuve, dejando que nuestras sombras se mezclaran en el reflejo de la pared. Su figura, delineada por el vestido que abrazaba cada curva, me parecía irreal. Me mordí el labio antes

Speaker 3

de responder. No sé. Puede ser. Pero no

Speaker 2

pensé que te fuera a molestar. Es como que tenemos tanta confianza, nos sentimos tan cómodos el uno con el otro, le dije, tratando de que mi voz sonara casual, aunque el deseo comenzaba a teñir mis palabras. Ella sintió, bajando la mirada por un instante. Sus labios, apenas separados, Parecían contener una respuesta que no sabía cómo formular. Sí, es verdad. Pero, no sé, eso es raro. Incluso con mis novios siempre

tardé bastante en tener esa clase de intimidad. Eso de poder orinar mientras él se bañaba, y esas cosas, murmuró, mordiéndose ligeramente el labio inferior. Claro, dije, tomando un respiro para mantener la calma. Nos habíamos detenido por completo, parados en el centro del pasillo. La cercanía de nuestros cuerpos y el tono íntimo de la conversación creaban una atmósfera cargada de tensión. Su perfume, ese aroma sutil que parecía

mezclarse con su piel, me tenía hipnotizado. Ella volvió a hablar, con una vulnerabilidad que la hacía más hermosa todavía.—¿ Yo te di alguna señal equivocada? Es decir, a lo mejor. No sé. Últimamente me siento tan bien con vos, y no sé si es por la culpa de haberte acusado la otra vez o simplemente por cómo nos acercamos en estos últimos meses. Pero quizás, quizás hice algo mal. Negué con la cabeza, acercándome apenas un poco más Vos nunca haces nada mal. Sos perfecta, dije, mirándola directo

a los ojos. Ella exhaló un suspiro que se llevó parte de su tensión, pero su expresión cambió. Sus ojos, grandes y oscuros, me buscaron con algo de incertidumbre.

Speaker 3

¿Ves? Respondió

Speaker 2

Cuando haces eso, cuando me hablas como un hombre que le habla a una

Speaker 3

mujer. Me confunde y me siento culpable. ¿Culpable? Susurré, casi sin creer lo que decía. Y sí, porque por culpa mía

Speaker 2

quizás te confundís. La luz tenue jugaba en su cabello lacio, resaltando el contraste entre su piel pálida y el rojo del vestido. No podía apartar la mirada de sus labios.

Speaker 3

No creo. No me siento confundido. Creo que simplemente...

Speaker 2

Creo que simplemente nos gustamos, le dije, en un tono bajo, pero firme. Ella se quedó inmóvil, como si mis palabras hubieran detenido el tiempo. Su rostro se ruborizó con una mezcla de sorpresa y timidez. Así, avergonzada, Sofía estaba más hermosa que nunca. Me di cuenta de que, aunque estaba lejos de poder someterla sexualmente mientras estaba consciente, si había llegado el momento de dar los primeros pasos. Ella estaba sensible, abierta, y el efecto del alcohol que había tomado durante la

noche parecía hacerla más receptiva. El momento era perfecto.¿ Qué nos gustamos? Repitió Sofía, con sorpresa en su voz. Sus ojos se entrecerraron ligeramente y su expresión oscilaba entre la incredulidad y la curiosidad. Su respiración, algo más rápida de lo normal, era apenas perceptible en el silencio del pasillo.« No, eso no puede ser, Nico. Primero, está el motivo obvio,

sos mi sobrino. Segundo, para mí sos un nene», dijo, negando con la cabeza mientras intentaba mantener una postura firme.« Aproveché la cercanía entre nosotros y deslicé lentamente mi mano», que descansaba en su cintura, hacia abajo. La curvatura perfecta de su nalga se reveló bajo el vestido, y mi palma la acarició con una suavidad intencionada, dejando que mis dedos rozaran la tela con deliberación.—¿ Qué haces?— exclamó ella, sobresaltada. Su tono era una mezcla de sorpresa y reproche, pero

no se apartó.— Un nene no haría esto, ¿no? Dije, retirando la mano lentamente, pero dejando que la insinuación permaneciera en el aire. Eso está mal, Nico, dijo, con una seriedad que parecía forzada. Pero no pareces disgustada, repliqué, estudiando su rostro. Sí, estoy muy disgustada, respondió ella, intentando sonar convincente. Estoy muy enojada, de verdad. Era evidente que estaba haciendo un esfuerzo tremendo por parecer furiosa. Pero en lugar de intimidarme,

su esfuerzo me dio gracia y ternura. Decidido, la tomé firmemente de la cintura y la empujé suavemente contra la pared del pasillo. El contacto de mi cuerpo contra el suyo hizo que contuviera el aliento por un instante. Nico, esto no. En serio, estoy enojada, insistió, su voz temblando ligeramente. Sí. A ver, muéstrame esa cara de enojada, respondí con una sonrisa provocadora. Ella no pudo sostener la expresión seria por más tiempo y terminó soltando una risa. Esa risa, cálida

y genuina, la hizo verse más esplendorosa que nunca. Su rostro iluminado y sus ojos brillantes parecían decirme que, por más que lo intentara, no podía ocultar lo cómoda que se sentía conmigo. En serio, nene,¿ qué te pensás? Dijo, pero su tono ya no tenía esa firmeza inicial. Aproveché el momento y acerqué mis labios a los suyos, pero ella giró la cara, esquivándome. Mis manos, que descansaban en sus caderas, bajaron lentamente, acariciando la curva de su cintura

hasta posarse en la base de su espalda. Entonces la rodeé con mis brazos, atrayéndola hacia mí. Mi pelvis presionó suavemente contra la suya y nuestras respiraciones se sincronizaron. Nico, basta, murmuró, su voz más baja, casi un susurro. Lo intenté de nuevo, pero volvió a esquivar mis labios. Si lo haces, me voy a enojar de verdad, advirtió, tratando de recuperar su seriedad.¿ El castigo por un beso tuyo es que te enojes?

Le pregunté, manteniendo la cercanía entre nosotros. Sí. No te voy a volver a hablar nunca más, respondió, con un intento de firmeza que se diluía en su mirada. Parece un castigo terrible, dije, en tono juguetón. Pero teniéndote acá, en mis brazos, no puedo aguantarlo. Así que voy a arriesgarme. Estoy seguro de que después me vas a tener lástima. Nico, no. Susurró, pero no había convicción en sus palabras. Finalmente, cerré la

distancia entre nosotros y la besé. Al principio, su cuerpo se tensó, pero poco a poco se relajó en mis brazos. Sus labios, cálidos y suaves, se abrieron ligeramente, permitiendo que nuestras lenguas se encontraran en un baile lento y apasionado. Fue un beso delicioso, lleno de esa mezcla de nerviosismo y deseo que hacía que todo se sintiera nuevo y prohibido. Mis manos bajaron hasta sus nalgas, sintiendo la calidez de su piel a través del vestido. Quería memorizar cada curva,

cada sensación. Pero entonces, se apartó de mí con un movimiento suave pero decidido. Bueno, basta. Ya tuviste lo que querías, dijo, acomodando su vestido y evitando mirarme directamente. Vamos, y más vale que no le cuentes a nadie, agregó, con una seriedad que contrastaba con el rubor que todavía tenía sus mejillas. Obvio que no le voy a contar a nadie, respondí, sintiéndome más que satisfecho por haber conseguido, al fin, ese

primer beso. La fiesta transcurrió sin mayores incidentes. Yo, satisfecho y con una sonrisa que no podía borrar, disfrutaba del ambiente, sabiendo que había conseguido dos polvos en una sola noche. Era probable que no volviera a tener una noche tan victoriosa como esa. A pesar de lo sucedido, Sofía se comportaba de manera relajada y amable conmigo, como si nada

hubiera pasado. Incluso bailamos un rap mezclada con el movimiento sensual de su cuerpo al ritmo de la música, me hizo pensar que estaba logrando un control más profundo del que había imaginado. Cuando volvimos a casa, hice que papá se fuera a dormir enseguida, aunque igual ya era tarde. Utilicé las sugestiones habituales para que cayera en un sueño profundo, asegurándome de que no despertaría hasta el día siguiente. Una media hora después, cuando estaba relajado en mi dormitorio, Mamá

entró sin golpear la puerta. Llevaba puesto un camisón semitransparente que apenas dejaba algo a la imaginación. Su figura, marcada por la tela ligera, se movía con una mezcla de nerviosismo y decisión. Sus tetas, perfectamente delineados bajo la tela.¿ Pasa algo con tu tía Sofía? Me preguntó de golpe, con una seriedad que no había visto hace tiempo. Me incorporé en la cama, mirándola directamente a los ojos.

Speaker 3

Por qué lo decís?

Speaker 2

Respondí, fingiendo desconcierto. Ella cruzó los brazos, en un gesto automático que acentuaba el contorno de sus senos bajo el camisón.

Speaker 3

Te la estás cogiendo? Dijo.¿ Estás celosa?

Speaker 2

Pregunté, dejando que una sonrisa provocadora se dibujara en mi rostro. Pendejo de mierda. Espetó, con una mezcla de rabia y frustración, aunque sus ojos reflejaban algo más profundo.¿ Qué nos estás haciendo? Por un momento pensé que se iba a revelar que el frágil equilibrio que había mantenido durante estos meses finalmente se había roto. Pero entonces me levanté de la cama, acercándome a ella con calma.« Cerrá la boca», le dije, con una voz baja pero autoritaria.« Y quítate ese camisón».

Mamá vaciló, pero solo por un instante. Luego, con movimientos lentos y temblorosos, llevó las manos a los tirantes del camisón y lo deslizó por sus hombros. La prenda cayó al suelo con un suave susurro. dejando al descubierto la única prenda que le quedaba, una tanga de encaje blanca. Las tetas desnudas eran perfectas y la tanga, delicadas y ajustadas, apenas cubrían lo esencial, revelando más de lo que ocultaban.

Su piel brillaba bajo la tenue luz de la habitación y su respiración, agitada, delataba la mezcla de nerviosismo y deseo que sentía. Me quedé un momento observándola. dejando que la visión de su cuerpo se grabara en mi mente. Así está mejor, murmuré, sin apartar los ojos de los suyos. Mamá permaneció inmóvil, sus labios apenas entreabiertos, en completo silencio, totalmente sumisa, sin que siquiera la haya puesto en trance.

Speaker 3

Tu papá. Está durmiendo, dije. Así que tranquila, podemos coger tranquilos. Entonces se subió a mi cama y cogimos de nuevo. Una madre sumisa. Fragmento de diario.¿ Qué está haciendo

Speaker 2

conmigo? Esa pregunta a veces me atraviesa como un relámpago.¿ Nico está haciendo algo conmigo? Desde hace meses siento que ya no soy la misma. Como si mi verdadero yo estuviera atrapado en algún rincón oscuro y lo que queda en la superficie no fuera más que una sombra, una versión pálida, manipulable y absorbida por una lujuria incestuosa. Me gustaría pensar que es imposible, que sólo son ideas mías, pero,¿ y si no lo son? La verdad es que me he convertido en su juguete, en su esclava. No soy

sólo su amante. Soy algo más. Mucho más. Él también es algo más para mí. Nuestro vínculo real, el que debería unirnos de una manera natural, se ha transformado en algo completamente distinto. Ahora él es, no sé, mi amo. A veces lo siento así, sobre todo cuando estoy cerca de él. Es extraño. En momentos como este, cuando estoy sola y escribiendo, siento como si volviera a mí misma, como si pudiera analizar de manera crítica todo lo que

ha pasado en los últimos meses. Estos instantes de lucidez me permiten cuestionarme, preguntarme qué estamos haciendo, cómo llegamos hasta acá.¿ Qué demonios me está pasando? Y cuando creo que tengo el valor para enfrentarlo, para decirle todo, algo cambia. Su presencia lo cambia todo. Vuelvo a ser esa mujer sumisa que me desconozco, que simplemente se rinde ante su cercanía. No es sólo algo mental. Es físico. Su presencia me desarma. Me siento protegida con él, aunque sé que debería sentir

exactamente lo contrario. Sus yoces, sus caricias. No sé cómo explicarlo. Incluso cuando me acaricia el brazo, un estremecimiento delicioso me recorre de pies a cabeza. Es como si el placer que había conocido hasta ahora fuera una simple gota en el océano en comparación con lo que me genera mi hijo. Es un placer que me atormenta, que me arrastra de

vuelta a la sumisión una y otra vez. Pero ahora, mientras escribo estas líneas, estoy teniendo uno de esos momentos de lucidez.¿ Me estoy volviendo loca?¿ O peor, es el quien me está volviendo loca? No lo sé. Lo único que sé es que todo sigue igual. Ayer fue uno de esos días en los que Nico me doblegó por completo. Hizo lo que quiso conmigo, literalmente. Una fiesta en su habitación,

mientras mi marido dormía en la nuestra. A veces recuerdo lo del sueño lúcido, esa fantasía que tuve con mi viejo amante y con el propio Nico, y me pregunto si realmente no estoy sumida en un larguísimo sueño lúcido.¿ Y si estoy en coma y todo esto no está pasando? Pero luego pienso, si así fuera,¿ cómo es que puedo soñar estas cosas?¿ Cómo es que mis fantasías se materializaron de esta manera? Más bien debería soñar con tener una vida feliz con mi familia, en lugar de fantasear con

escenas incestuosas. Estoy segura de que antes no era así. Así como tengo la certeza de lo que ahora soy, también sé que antes no lo era. Era diferente. No era esta mujer atrapada en un laberinto de emociones y sumisión. Y, entre todo este lío, aparece Honey. Otro fruto prohibido. Otro con quien hago cosas que no debería. Pero con él es diferente. Con Honey siento como si algo más lo empujara, como si también estuviera bajo el control de un poder externo. Nico.

No hay otra explicación. Mi hijo está detrás de todo esto, de alguna manera. Pero lo que me desconcierta es cómo. Honey es más grande que él, más curtido, más maduro, con más calle.¿ Cómo puede Nico controlarlo con tanta facilidad? Y sin embargo, no hay duda. Nico siempre está en el

Speaker 3

centro de todo. Fragmento de diario Sigo confundida.¿ Qué es lo que me empuja a

Speaker 2

seguir sometiéndome a mi hijo?¿ Es miedo?¿ Son las pruebas que tiene de lo que hice con Honey?¿ O es ese placer indescriptible que me produce cada vez que estoy con él?¿ O es todo junto? Esa noche en la fiesta, todo fue tan brusco, tan rápido. Honey apareció en el baño, y antes de que pudiera decir algo, simplemente me besó. Me levantó el vestido, corrió mi tanga y me penetró. Fue así de simple. Y luego Nico irrumpió. Por un momento pensé que venía a salvarme. pero no. Qué ingenua fui.

Nico no salva. Nico somete. Me usó como ya lo había hecho en otras ocasiones, con esa desesperación que me hace temblar. Ya de por sí me había arriesgado demasiado. Siempre lo hago. Pero esta vez, hacerlo ahí, en la fiesta familiar, donde cualquiera podía descubrirnos, fue una locura. De hecho, Carlos casi me descubre, Y eso me hizo poner tan nerviosa que parecía una adolescente inmadura jugando con fuego.¿ Qué estoy haciendo con mi vida? Me comporté como una chica imprudente,

priorizando mi placer por sobre todo lo demás. Por encima de la estabilidad de mi matrimonio. Por encima de mi cordura. Por encima de mí misma. Y luego están esos celos. Mis sentimientos, mi personalidad, todo se retorció tanto que ya no me reconozco. Nunca fui celosa, ni siquiera con mi hijo, ni siquiera cuando empecé a tener sexo con él, pero esa noche todo cambió. Cuando los vi junto a su tía, con toda su atención enfocada en Sofía, sentí que algo

dentro de mí se rompía. Los vi bailando. Vi la risa de ella, tan sensual y perfecta, y me invadió un dolor desconocido.¿ Le gusta a Nico? Esa idea me partió el corazón. La única que debía sonreír así mientras estaba con él era yo. Solo yo. Hasta ese punto había llegado mi locura. La idea de que pudiera intimar con Sofía me generó algo extraño, celos, obviamente, pero también un morbo incontrolable. La imaginé sometiéndose a Nico, igual a como me sometía a mí, y un goce desconocido humedeció

mi entrepierna. Sofía es hermosa. Nunca me gustaron las mujeres, pero ella siempre llamó mi atención. Siempre la veo en televisión, impecable frente a las cámaras, con esa cara tan preciosa, con esa mezcla tan perfecta entre lo juvenil y lo adulto. Es un híbrido. Tiene rasgos que insinúan adolescencia, pero al mismo tiempo irradia una seguridad propia de alguien que ya tiene experiencia. Esa misma noche, decidí encarar a Nico. No

aguantaba más. Carlos estaba dormido, últimamente duerme profundamente, mucho más que antes. Pasada la medianoche, salí de mi cuarto y, al caminar por el pasillo, fui consciente de lo que llevaba puesto. Un camisón blanco semitransparente con una tanga de encaje debajo. No llevaba corpiño, obviamente. cuando duermo no lo hago. Pero ahora mis senos desnudos estaban expuestos. Me había sugerido Nico ponerme eso. No, no lo había sugerido, me lo

había ordenado, como tantas otras veces. Se suponía que él debía obedecerme a mí, no al revés. Pero ahí estaba yo, caminando hacia su dormitorio, vestida de esa manera tan provocadora, tan sensual. Iba en busca de respuestas, aunque en el fondo sabía que él ya las tenía todas. Entré sin golpear, como si temiera que si lo hacía no me permitiera pasar. Había algo en ese acto, en cruzar su puerta sin permiso, que me hizo sentir vulnerable, pero también decidida. No puedo

evitar sentir que estoy en sus manos. Anoche, sin embargo, por unos minutos, me liberé de su opresión. Nico estaba en la cama, pero no dormía. Ahora me pregunto si en realidad me estaba esperando.¿ Pasa algo con Sofía? Le pregunté de inmediato, intentando ir al grano, porque sabía que si me quedaba demasiado tiempo allí, que si dejaba que sus palabras me envolvieran, iba a terminar como siempre. Él se incorporó lentamente, con esa calma que siempre me alteraba.

Me miró con un leve gesto de burla.¿ Por qué decís? Respondió fingiendo no entender Crucé los brazos intentando mostrarme más firme, aunque por dentro me sentía temblar.¿ Te la estás cogiendo? Solté, sin rodeos. La frase salió tan rápido que me sorprendió a mí misma. Un temor oscuro creció en mi interior al decirlo. No quería que respondiera que sí, pero al mismo tiempo necesitaba

la verdad. Necesitaba saber.¿ Estás celosa? Preguntó, con esa sonrisa maliciosa que tanto odio y que, al mismo tiempo, tanto me atrae.

Speaker 3

Sentí como la rabia me invadía. Pendejo de mierda, le solté, sin pensar.

Speaker 2

Era la primera vez en mucho tiempo que me dirigía a él así, con esas palabras, como si estuviera intentando recuperar algo de control. Mis ojos se llenaron de lágrimas mientras seguía hablando, la voz quebrada.¿ Qué nos estás haciendo? Pregunté, casi rompiendo a llorar. No sabía si le hablaba a él o a mí misma.¿ Qué nos está haciendo? No necesitaba respuesta. En el fondo, Ya sabía que a Sofía le estaba haciendo lo mismo. Pero entonces,¿ qué era lo

que realmente hacía?¿ Qué me hacía a mí? Quizás solo estaba buscando una excusa, alguien a quien culpar, para encontrar una respuesta simple a todo lo que estaba pasando. Cerrá la boca, dijo Nico, con voz baja pero autoritaria. Lo miré, sorprendida, como si sus palabras tuvieran un poder mágico, algo sobrenatural. Cerré los labios de inmediato, casi sin darme cuenta. Probé abrirlos de nuevo, como para desafiarlo, pero no pude. Algo dentro de mí se negaba a hablar.¿ Qué me estaba pasando?

Me sentí como si estuviera soñando otra vez. Me vi a mí misma en ese dormitorio, con el camisón semitransparente que había elegido para ir a verlo. A través de la tela se veían mis senos desnudos y la tanga de encaje blanco. Mi cuerpo, acariciado por esas delicadas telas, era una imagen que parecía diseñada para él.

Speaker 3

Quítate ese camisón», dijo Nico. Por

Speaker 2

un momento, titubeé. Fue un segundo de rebeldía, uno que desapareció tan rápido como llegó. No pude más. Llevé las manos a los tirantes del camisón y lo dejé caer. Mis senos quedaron al descubierto y sentí el aire frío del acondicionador golpeando directamente contra mis pezones, que se endurecieron al instante.« Así está mejor», dijo él, con un regocijo evidente en su mirada.« Tu papá», susurré, recordando que mi marido dormía al otro lado del pasillo. Está durmiendo, respondió Nico,

sin dejar de mirarme. Así que tranquila, podemos coger tranquilos. Y eso fue todo lo que necesitó decir para que yo me sometiera completamente. Si seguía así, en unas semanas, con un simple chasquido de dedos, podría hacer que me doblegara ante sus deseos. Lo sabía. Y, aún así, no podía resistirme. Hizo las sábanas a un lado, dejando a la vista su cuerpo semidesnudo. Solo llevaba ropa interior, y a través de la tela pude notar que tenía el

miembro hinchado. No estaba completamente erecto, pero ya parecía imponente. Mi respiración se aceleró al instante. Lo observé mientras se bajaba el calzoncillo, dejando su verga al descubierto. Se me hizo agua la boca. No pude evitarlo. Lo desee con una intensidad que me consumía. Quería tocarlo, besarlo, sentirlo. Quería hacer lo mío y, al mismo tiempo, sabía que era yo quien le pertenecía. Sentí como el calor se acumulaba en mi vientre, en mi pecho, en todo mi cuerpo.

Mi respiración se volvió más pesada mientras mis manos buscaban instintivamente mis senos. Los acaricié suavemente al principio, como tanteando el terreno, y luego pellizqué mis pezones, enviando descargas de placer por todo mi cuerpo. Estaba preparada.

Speaker 3

Vení, dijo Nico, con esa voz grave.

Speaker 2

Obedecí sin pensarlo. Me subí a la cama, mi cuerpo temblando de ansiedad, y me recosté a su lado. Sentí su mano cálida posarse sobre uno de mis senos, primero con suavidad, luego con más firmeza. Se inclinó sobre mí y cuando sus labios se cerraron alrededor de mi pezón, el placer fue indescriptible. Era como si él supiera exactamente qué hacer, como si mi cuerpo estuviera diseñado para responder

a su toque. Sus labios se movían lentamente, jugando con mi pezón, mientras su lengua trazaba círculos y pequeñas caricias que me hacían arquear la espalda. Su otra mano no se quedaba atrás, alternaba entre acariciar mi otro seno y apretar mi cintura, enviando ondas de calor por todo mi ser. Cuando sus dientes rozaron ligeramente mi pezón, sentí que el aire me abandonaba.¿ Por qué con él siempre era así de intenso? El placer que me producía Nico era algo

que no podía comparar con nada más. No tenía sentido. Era como si estuviera diseñado para superar cualquier límite, para hacerme experimentar algo que mi propio cuerpo nunca podría alcanzar por sí solo. Incluso ahora, al recordar esa noche, no puedo recrear esa sensación en mi cabeza. Es como si estuviera fuera del alcance de mi mente, algo hermoso, ardiente

y doloroso al mismo tiempo. Sus labios seguían trabajando en mi teta, como si hubiese vuelto a ser un bebé que me la succionaba con hambre, mientras su mano se aferraba con desesperación al otro seno. Sus dedos presionaban, acariciaban, exploraban, mientras yo hundía mis manos en su cabello, guiándolo, rogando por más. Pasaron sólo unos minutos, pero para mí fue eterno. Cada segundo estaba cargado de una intensidad que me hacía

sentir atrapada entre el infierno y el paraíso. Cada toque, cada caricia, Cada beso era una explosión que recorría todo mi ser. Alcancé un placer absoluto, uno que me dejó jadeando, con el cuerpo temblando y el alma dividida entre la satisfacción y la culpa. Carlos dormía a unos metros de nosotros y yo estaba ahí, completamente entregada a nuestro hijo. Me quedé acostada ahí, jadeante, con los senos desnudos y

húmedos por su saliva. La única prenda que llevaba era la pequeña tanga de encaje, que se ajustaba perfectamente a mis caderas. Nico me acarició la cabeza con una mano, sus dedos deslizándose lentamente por mi cabello. Había algo en ese gesto que me hacía sentir increíblemente relajada, como si estuviera en un lugar del que no quería salir jamás. Mis pensamientos eran un caos, pero mi cuerpo sabía exactamente lo que quería. Llevé mi mano hacia su miembro erecto,

envolviéndolo con mis dedos. La calidez y la dureza bajo mi tacto me devolvieron una oleada de lujuria, como si se renovara con cada segundo que lo tocaba. Me erguí levemente, sosteniéndole la mirada. Sus ojos me observaban con una mezcla de dominación y deseo. Quería entenderlo, quería saber qué pasaba por su mente. Tal vez, si lo descubría, podría entender qué estaba pasando por la mía.¿ Qué pasa?

Speaker 3

Preguntó

Speaker 2

con su voz baja y cargada de calma. Nada, respondí, aunque mi voz tembló un poco. Luego añadí, mientras empezaba a masajear su verga con más ímpetu, es solo que no entiendo por qué estoy acá. No entiendo, por qué esto me parece tan agradable, tan excitante. Su mirada no se desvió ni por un segundo mientras respondía.

Speaker 3

Lo importante es que lo estás disfrutando.

Speaker 2

Y lo estaba. A pesar de toda la confusión en mi mente, mi cuerpo se entregaba completamente al momento. Y ahora estaba disfrutando de tener su verga caliente en mi mano. Sentía que estaba tocando algo increíblemente hermoso, algo de otro mundo, algo sagrado. Sí, pero también sufro. Creo que me voy a volver loca, confesé, casi susurrando, pero sin dejar de

pajearlo en ningún momento. Él extendió la mano y apartó un mechón de cabello de mi rostro, llevándolo detrás de mi oreja con una ternura que contrastaba con la intensidad del momento. Tranquila, dijo, su voz baja y firme. Si hasta ahora estás bien, vas a seguir estándolo. Mis labios temblaron mientras lo miraba, intentando encontrar respuestas en su expresión. Nico, de verdad,¿ qué me estás

Speaker 3

haciendo? Él sonrió ligeramente,

Speaker 2

casi como si se divirtiera con mi desesperación.

Speaker 3

Nada.

Speaker 2

Simplemente estamos haciendo lo que queremos hacer. Negué con la cabeza, sintiendo una mezcla de frustración y rendición. A mí me da la sensación de que estoy haciendo todo lo que vos querés que haga, repliqué, mi voz apenas un susurro.

Speaker 3

Él levantó una ceja y me respondió con calma.¿ Y de verdad hay alguna diferencia? Su

Speaker 2

mirada se volvió más intensa,

Speaker 3

más demandante.

Speaker 2

Ahora cállate y chupámela, ordenó, sin más preámbulos. Me quedé inmóvil por unos segundos, sosteniéndole la mirada. Había algo en su tono, en su presencia, que no me dejaba opción. Sabía que era el quien tenía el control, y aunque quería resistirme, mi cuerpo no lo permitía. Primero escupí sobre el glande. Un hilo grueso de baba cayó sobre él y enseguida empezó a recorrer su tronco lentamente. Luego me incliné hacia él, acercándome a su miembro, y lo llevé

a mi boca. El calor y el sabor particular de esa zona prohibida de su cuerpo inundaron mis sentidos. Era más exquisito que nunca. Moví mis labios con cuidado al principio, trazando el contorno con la lengua, probándolo, mientras escuchaba sus gemidos de placer, que a la vez me excitaban aún más. Mi mano rodeó la base del tronco mientras mi boca se deslizaba lentamente hacia abajo, hasta que casi me lo

metí entero. Su mano se posó en mi cabeza, guiándome con suavidad al principio, marcando un ritmo que seguí con devoción. Mi lengua jugaba con cada parte de su verga, mientras sentía su perfecta dureza dentro de mi boca. Mis movimientos se volvieron más seguros, más fluidos, mientras escuchaba su respiración acelerarse. Sabía que lo estaba llevando al límite, y eso me daba una sensación de poder que contrastaba con mi sumisión. De repente sentí su mano recorrer mi espalda, deteniéndose en

mis nalgas. Adelanté más las rodillas, para achicar la distancia y que pudiera gozar de mi culo mientras yo seguía chupándosela. Eso, mami, lo estás haciendo perfecto. Sos un excelente chupa pijas. Esa frase debió hacerme sentirme humillada. Pero lejos de ofenderme, aumentó mi actitud de amante sometida. Me desprendí de su verga un instante, levanté un poco la cabeza e hice contacto visual con él. Sentí un fino hilo de baba deslizarse por mi mentón.

Speaker 3

Te gusta cómo mami te la chupa? Sí, dijo, jadeante.¿ Y a vos te gusta chupármela? Sí, confesé. Soy adicta a tu pija.

Speaker 2

Me la llevé a la boca de nuevo. Él gimió con intensidad, mientras ahora me ensañaba con el glande, dándole pequeñas lengüetadas que lo hacían retorcerse de placer. Hundió los dedos en mi cabello con más fuerza, y sus gemidos se volvieron escandalosos. Mi mano aumentó la presión mientras mi boca seguía explorándolo, y sentí como todo su cuerpo respondía a cada movimiento mío. Era mío, al menos en ese instante,

aunque yo también era completamente suya. No había palabras en ese momento, sólo el sonido de nuestras respiraciones, de mi boca trabajando sobre él y de su placer manifestándose en cada pequeño gesto, cada sonido que escapaba de sus labios. Me perdí en el momento, en la intensidad de la conexión, en la sensación de estar exactamente donde quería estar, aunque no pudiera explicarlo. Entonces, lo sentí. La calidez, la textura,

la intensidad de lo que venía de él. Su esencia invadió mi boca, llenándola de un sabor que, inexplicablemente, ahora me parecía adictivo. Lo recibí todo, como si mi cuerpo lo necesitara con desesperación, como si fuera algo esencial que no podía dejar de buscar. Tragué lentamente, dejando que el momento me consumiera, y luego levanté la cabeza para mirarlo, mientras aún tragaba las últimas gotas de semen. Su mirada de satisfacción se cruzó con la mía, y una leve

sonrisa se dibujó en sus labios. Su mano se deslizó hasta mi mejilla, acariciándola con una ternura que contrastaba con lo intenso de lo que acababa de ocurrir. Era una aprobación silenciosa, una confirmación de que había hecho exactamente lo que él deseaba. De repente, sentí su mano descender hacia mi tanga. Tiró de ella con firmeza, haciendo que la tela se ajustara contra mi piel, presionando justo en mi

sexo y en la raya de mi culo. Un leve gemido escapó de mis labios mientras su fuerza me sorprendía.— La vas

Speaker 3

a romper. Musité, con la voz entrecortada. No respondió

Speaker 2

No necesitaba hacerlo. Su silencio era su respuesta, un recordatorio de quien tenía el control. Entendí lo que quería y me tumbé boca abajo, dejando que él guiara cada movimiento. Sentí cómo bajaba lentamente la tanga, y un escalofrío recorrió mi espalda cuando sus labios comenzaron a explorar mi piel. Cada beso, cada roce, era como si me estuviera devorando,

como si reclamara todo lo que soy. Y claro, no tardó en encontrarse con mis nalgas, y no sólo con ellas, sino con la parte más profunda, más prohibida.« Me encanta comerte el culo», dijo. Luego enterró su lengua empezó a recorrer toda la línea que dividía mis nalgas, para finalmente centrarse en mi ano. Sentía como esa extremidad babosa se restregaba una y otra vez en mi pequeño agujero, llenándolo

de saliva. Incluso eso me producía placer. Cada tanto giraba para verlo, observando cómo me devoraba, mientras soltaba gemidos suaves. Unos minutos después, por fin se detuvo. El tiempo pareció detenerse cuando él se inclinó sobre mí y el peso de su cuerpo me envolvió por completo. Sus manos encontraron mis senos, acariciándolos con cuidado. Cuando finalmente me penetró, lo hizo con una facilidad que me dejó sin aliento. Mi cuerpo lo recibió como si hubiera estado esperando este momento

desde siempre. Cada movimiento era una mezcla de culpa y placer, una contradicción perfecta que me hacía arquear la espalda y hundir el rostro en la almohada para ahogar mis gemidos. El ritmo aumentó y mi respiración se volvió más errática. Mordí la almohada, intentando no hacer ruido. pero el placer era tan inmenso que apenas podía contenerme. Era abrumador, exquisito, una sensación que no podía comparar con nada más. Sentí su cuerpo tensarse y una oleada de calor recorrió todo

mi ser. Era un momento tan íntimo, tan visceral, que por un instante sentí que el mundo desaparecía. Casi largó un grito cuando eyaculó. Luego su cuerpo se relajó y todo el peso quedó sobre mí. Sentí como, mientras recuperábamos energía, su verga se ablandaba en mi interior. Luego se apartó, me dio una nalgada, como si con eso diera por terminado nuestro encuentro sexual

Speaker 3

Me enacantó, susurró. Te estoy malcriando. No debería darte los gustos siempre que quieras. Es que sos una excelente madre. Soy la peor madre. Eso soy. Todas las madres deberían

Speaker 2

ser así de malas, entonces. Me vestí lentamente con la poca ropa que había llevado, sintiendo el peso de cada prenda al cubrir mi cuerpo. Cada movimiento era un recordatorio de lo que acababa de suceder, de lo que yo misma había permitido otra vez.¿ Y Sofía? Pregunté de repente, sin planearlo, dejando que la duda y el miedo se escaparan de mis labios. Todavía no pasó nada, respondió con una calma irritante. Bueno, casi nada. Pero pienso divertirme con ella,

igual que con vos. Sentí como un nudo se formaba en mi garganta, pero antes de que pudiera decir algo, añadió. Pero no te preocupes, vos siempre vas a ser mi preferida. Sus palabras eran un golpe seco, una mezcla cruel de consuelo y posesión. Una promesa vacía que no hacía más que recalcar mi lugar en su mundo, un objeto, un juego, algo para su entretenimiento. Una mezcla de desprecio, celos y

resignación me invadió, quemándome desde dentro. Salí del dormitorio sintiéndome vacía, como si él se hubiera llevado algo más que mi tiempo y mi cuerpo. Me sentía usada, reducida a una sombra de lo que una vez fui.

Speaker 3

Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.

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