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HIPNOSIS ERÓTICA - PARTE 13

Apr 06, 20261 hr 5 min
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Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos... Hipnosis erótica,

Speaker 3

parte 13. Cap 16 y 17. Otra vez el primo Honey. Esa noche, mamá

Speaker 2

estaba muy nerviosa. la visita del primo Honey la había descolocado completamente. Papá estaba cenando con nosotros, como si todo fuera normal, ajeno a lo que estaba ocurriendo a su alrededor. Pero yo no podía evitar notar cómo el primo la miraba, con una intensidad que rayaba en lo onceno. Era una mirada hambrienta, cargada de intenciones maliciosas y pornográficas. Ella, Por su parte, se encogía en su asiento, evitando cruzar la mirada con él, jugando con los cubiertos como si fueran

lo único que importara en el mundo. No la culpaba, era la primera vez que se volvían a encontrar después de que él se la había cogido. Había pasado una semana desde que salimos de compras y la charla que tuvimos al regresar fue más honesta de lo que jamás hubiera imaginado. Mamá finalmente había aceptado algo que, aunque no lo dijera en palabras claras, estaba latiendo en su interior. Se convenció de que lo que había experimentado no había

sido un sueño lúcido. Nico, esto está mal, está muy mal, me había dicho, con un tono que mezclaba culpa y deseo en igual medida. Yo la escuché con paciencia y con deseo. Sabía que no podía esperar un cambio radical de un día para otro. Primero se había entregado, luego había buscado refugio en la idea de que todo había sido un sueño, solo para proteger su cordura. Ahora, estaba empezando a aceptar lo que sentía, aunque la lucha interna todavía la consumía. Eso era lo importante, que sabía lo

que sentía. Sabía que no podía controlar esos impulsos que la dominaban, que su cuerpo reaccionaba antes que su mente. Y todo estaba ahí, plasmado en su diario íntimo, ese que escribía religiosamente todos los días. Claro que ella no tenía ni idea de que yo lo revisaba cada noche. Ni mucho menos que lo escribía porque yo mismo había plantado esa necesidad en su subconsciente. Cada palabra que anotaba era un testimonio de mi control sobre ella, y eso

me fascinaba. Por supuesto, las pequeñas resistencias que todavía mostraba eran para mí desafíos irresistibles. Me empujaban a seguir adelante, a superar cada barrera que ella intentaba levantar. Pero no era solo mamá. Había trabajado bastante con el primo Honey, quien ya había tenido varios encuentros conmigo. En cada uno de ellos, me aseguraba de sembrar en él una idea cada vez más fuerte, que volviera a estar con mamá.

Papá tampoco estaba fuera de mi alcance. Había estado trabajando con él también, sobre todo en el tema del sueño quería que por las noches se durmiera profundamente eso me ayudaría en mis planes con mamá cada vez que estábamos a solas lo llevaba a un trance hipnótico usando la técnica ericksoniana él se relajaba entregándose por completo a las sugestiones que le daba ajeno a la magnitud de lo que estaba sucediendo en nuestra familia incluso sofía que había

estado en contacto conmigo varias veces en la última semana, parecía cada vez más cómoda conmigo. Hablábamos por teléfono con frecuencia y ella no mostraba señales de recordar lo que había ocurrido antes. Cada vez que pensaba en todo esto, me sentía como un semidios. Todo estaba a mi alcance, todo estaba bajo mi control. Y cualquier resistencia o limitación sólo servía para que me divirtiera más. Fragmento de diario. La visita de Honey me dejó una sensación extraña, casi opresiva.

Fue como si, durante toda la cena, él estuviera esperando algo. Cada vez que sentía su mirada sobre mí, un escalofrío me recorría la espalda. No era sólo incomodidad, había algo más. Quizás era la certeza que tenía ese mocoso de que me producía cosas que un sobrino no debía generarle a su tía. Claro, No lo podía culpar, después de la manera en que me entregué a él.¿ Qué me está pasando? Ya no sé ni quién soy. La mujer que reconocía cada vez que me miraba en el espejo ya no

parecía estar ahí. Era la misma, obviamente. Al menos en lo físico lo era. Pero esa mujer que fui jamás se hubiera entregado a su sobrino y mucho menos a su hijo.¿ Se puede quedar Johnny a dormir? pregunté La respuesta de papá fue inmediata y me dio gracia que mamá no haya tenido tiempo de intervenir. Sí, claro, dijo sin pensarlo, totalmente ajeno a lo que realmente pasaba en sus narices. Esa falta de atención suya no era algo nuevo y, en cierto modo, era también culpa mía.

Las sugestiones que había implantado en su mente lo hacían verme a mí y al primo Honey como niños inocentes, incapaces de hacer algo malo. Mucho menos, claro, de cogernos a mamá. Él no veía más allá de lo que quería ver, y eso jugaba perfectamente a mi favor. Mamá, por otro lado, estaba tensa. Se suponía que mi presencia debería bastar para tranquilizarla, pero la lucha interna que estaba librando en su cabeza era más fuerte que cualquier sugestión

que le hubiera dado. Aún así, sabía que mis esfuerzos no habían sido en vano. Sin mi trabajo, probablemente habría explotado. Ahora, al menos, estaba lidiando con esos impulsos en un nivel manejable. Después de cenar, nos sentamos en el sofá como si todo estuviera bien. Papá bostezaba, mostrando señales de que pronto se retiraría a dormir, mientras que Honey, sentado frente a nosotros, no podía quitarle los ojos de encima a mamá. Sus miradas eran descaradas, cargadas de un deseo que no se

molestaba en disimular. Pero papá, fiel a su naturaleza desconectada, que estaba intensificada por mis sugestiones, ni siquiera lo notaba. Mamá estaba ahí, al lado mío, con un pantalón de llana ajustado y una remera común, prendas que en cualquier otra persona pasarían desapercibidas, pero que en ella parecían transformarse. Todo en su postura, en la manera en que su

cuerpo llenaba la ropa, era puro magnetismo. Me acomodé más cerca de ella, deslizando mi mano por debajo de su cintura con total naturalidad, sintiendo su precioso culo en mis dedos. El roce era ligero al principio, pero luego mis dedos comenzaron a explorar sus profundidades en un gesto totalmente obsceno, como si fuera lo más natural del mundo. Ella no dijo nada. En el último tiempo se acostumbró a esos gestos, a que yo la tocara inesperadamente, a que mi cercanía

fuera algo tan inevitable como respirar. Mientras mis dedos recorrían la redondez de su orto, mi cuerpo reaccionó de la única manera en que podía hacerlo, con una potente erección. La sensación era electrizante y, por un momento, el mundo se redujo a ese espacio entre mi mano y su cuerpo. El hecho de hacerlo en las narices de papá hacía que todo fuera más morboso. No tenía nada en contra de él. Nos llevábamos bien. Pero mamá era mía y hasta él tenía que aceptar, aunque sea inconscientemente,

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esa idea. Fragmento de diario Para

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colmo Honey se quedó a dormir, haciendo todo más difícil, y aunque traté de comportarme con normalidad, no pude evitar sentirme incómoda durante toda la noche. Su presencia me pesa de una manera que no puedo describir, y eso combinado con la relación secreta que tengo con Nico, hacía todo irreal. Pero,¿ qué relación tengo con mi hijo?¿ De verdad me estaba convirtiendo en su mujer? No, ni siquiera era eso. Me estaba convirtiendo en su puta, su juguete sexual. Y anoche

terminé de convencerme de eso. Mientras cenábamos, podía notar como Honey me miraba, como sus ojos recorrían mi cuerpo, dejando en claro las ganas que tenía de volver a cogerme. Me sentí expuesta, vulnerable. Pero lo que más me desconcierta es cómo me siento cuando Nico está cerca. Su presencia siempre me tranquiliza y me perturba al mismo tiempo. Es como si supiera, en el fondo, que hay algo muy mal en él, pero a la vez, mi cuerpo se

relaja y me siento extrañamente confortable con él. Esa noche, en mi cuarto, que esta vez me tocaba compartir con Honey, comencé a trabajar sobre él. Habíamos estado hablando bastante últimamente y no tardó en sacar el tema de mamá. Me lo dijo con esa sonrisa que siempre lleva pegada, como si fuera imposible tomarlo en serio. No me crees todavía que estuve con tu mamá, ¿no? Soltó, como si fuera la confesión más casual del mundo. Por supuesto, fingí no creerle.

Dejá de decir boludeces, Honey, le respondí, sin quitarle los ojos de encima. Pero en realidad, sus palabras no me sorprendían. Era algo que ya habíamos discutido en varias ocasiones. Yo mismo le había contado sobre Sofía para que se sintiera animado a hablar de incesto y él seguía insistiendo con mamá como si tuviera una obsesión. Lo miré, dejando que mi tono se volviera más conspirativo. Si es verdad que estuvieron,

hacé una cosa, le propuse. Mandale un mensaje. Decile que la vas a esperar en el living y que, si no baja a verte, vos vas a entrar a su cuarto. Decile que no te importa que mi viejo esté ahí. Si de verdad te la cogiste, ella va a asustarse y va a bajar. Johnny levantó una ceja, sorprendido

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por la idea. Qué buena

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idea me estás dando, Nico. Pero,¿ estás seguro de que no te vas a arrepentir? Mira que si llega a bajar, me la voy a culear ahí mismo. Por supuesto que no iba a arrepentirme. Ya había leído en el diario de mamá que ella no le había respondido los mensajes anteriores. Había ignorado todos sus intentos de comunicarse, aunque él parecía demasiado entusiasmado como para rendirse. Escribió el mensaje delante mío, y luego salió de la habitación, bajando las escaleras hacia

el living, aunque aún mamá no le había respondido. Me quedé solo por unos segundos, pero no me iba a quedar con las dudas de si mamá bajaba o no. Por supuesto, las sugestiones jugarían a mi favor una vez más, pero uno nunca podía estar 100% seguro de estas cosas. Me acerqué a la puerta, colocando el ojo en la abertura de la cerradura. El tiempo pasó lento hasta que finalmente escuché el sonido de una puerta abriéndose. Y entonces la vi, mamá, saliendo de su cuarto, sola, vistiendo un

camisón con una cinta atada a la cintura. Sus piernas desnudas brillaban bajo la luz tenue del pasillo y el tejido del camisón marcaba perfectamente las curvas de su cuerpo. Me quedé quieto, observando cómo caminaba hacia las escaleras. La primera parte del plan había funcionado. Esperé unos segundos más, dejando que se alejara lo suficiente, y luego la seguí, asegurándome de no hacer ruido. Fragmento de diario No sé si fue la tensión acumulada o algo más, pero apenas

pude dormir. Honey, él seguía insistiendo. Cuando recibí su mensaje, mi corazón se aceleró. Decía que quería verme, que necesitaba hablar conmigo, que me esperaba en el living. Mi primer pensamiento fue ignorarlo, pero cuando recibí el segundo mensaje el miedo me ganó. No creía que fuera capaz de meterse en mi dormitorio.¿ Por qué lo haría? Pero no podía arriesgarme. Me levanté, con la esperanza de que todo terminara rápido, de que pudiera aclararle que esto no podía seguir así.

Pero mientras bajaba las escaleras, una sensación extraña me invadió. Me sentí excitada. Y recordé la vez que estuvimos juntos, como uno de los mejores polvos de mi vida. Salí de mi dormitorio, tratando de hacer el menor ruido posible. Caminé despacio, descalzo, sintiendo el frío del suelo en la planta de los pies. Bajé las escaleras con cuidado, evitando que crujieran, y fue entonces cuando comencé a escucharlos. Mamá susurraba algo que no lograba entender del todo. su voz

baja y temblorosa. Apenas capté unas palabras, tu tío está en la pieza, dormido. Honey, descarado como siempre, no podía contenerse. Hablaba un poco más fuerte que ella, burlándose de su nerviosismo.¿ La última vez la pasamos bien, o no? Le decía, con una seguridad que rozaba lo insolente. Luego agregó, provocador, negámelo si podés. Mamá no lo hizo. No podía hacerlo. Incluso desde mi posición, podía sentir la culpa en el

temblor de su voz. Una parte de mí sintió lástima por ella, pero la otra, la otra disfrutaba del espectáculo. Ella no tenía escapatoria, estaba atrapada en las sugestiones que yo mismo le había implantado, igual que Honey, aunque él no tenía ni idea de ello. Y papá, ajeno a todo, dormía profundamente en el cuarto, sumido en su propio trance, mientras en el living se iba a producir una de las peores traiciones. Entonces empezó. Escuché los tironeos, los forcejeos,

el ruido de la ropa al ser desplazada. Sabía exactamente lo que estaba ocurriendo, aunque ella intentara resistirse. Mamá murmuró un basta, pero su voz carecía de firmeza. Sabía que, tarde o temprano, dejaría de resistirse. Y así fue. El primer gemido que soltó fue suave pero profundo, un sonido que intentó controlar, sin éxito. A mis oídos llegó claro, cristalino, como una confirmación de que todo estaba yendo según lo planeado. Mi cuerpo reaccionó de inmediato, invadido por una excitación que

no podía ni quería reprimir. Me acerqué más, asegurándome de no hacer ruido. Y ahí estaban. Mamá, encima de Johnny, en el sofá. Él estaba sentado, con una expresión de total relajación mientras sus manos desaparecían bajo el camisón de ella, acariciando el perfecto orto de mamá. Sus dedos recorrían la redondez de sus nalgas, amasándola con movimientos lentos pero firmes. Mamá, a su vez, ajustaba su posición, dejando caer todo su peso sobre él, dejándose penetrar por su sobrino. Aunque no

podía verlo directamente, sabía perfectamente lo que estaba sucediendo. Entonces ella lo confirmó. Soltó un gemido más fuerte, cargado de placer, y en ese momento no quedó ninguna duda. Estaba siendo penetrada. La escena era hipnótica, y yo, escondido en las sombras, no podía apartar los ojos de ellos. Fragmento de diario Era como si mi cuerpo actuara por cuenta propia, como si no fuera yo quien decidía, sino mis instintos. Si faltaba algo para confirmar que ya no era yo misma,

era eso. Estaba ahí, pero no estaba. Su mirada, sus manos, todo me resultaba tan invasivo, pero al mismo tiempo había algo dentro de mí que no podía controlar.¿ Qué está mal conmigo? Siempre fui fuerte. Siempre supe lo que quería, pero ahora, ahora todo parece una niebla espesa que no me deja ver con claridad. Me monté a mi sobrino, sin pensar un segundo siquiera que Esteban podría despertarse y verme metiéndole los cuernos con nuestro sobrino.¿ Podría haber una

traición más humillante que esa? De hecho, sí, y unos minutos después la descubriría. Debería haberme sentido como un novio traicionado, viendo a mamá moviéndose encima del primo, gimiendo como puta mientras él le ensartaba la pija. Pero, después de todo, todo esto formaba parte de mis planes, de mis fantasías, y sabía que podía terminarlo cuando quisiera. Así que simplemente lo disfrutaba. Disfrutaba cada movimiento del cuerpo de mamá, moviéndose

ágilmente como si estuviera bailando. Su espalda se arqueaba con una elegancia casi natural, mientras su cabello castaño se agitaba al ritmo de las embestidas de su sobrino. Desde mi posición, la veía de perfil, con sus labios gruesos abriéndose y cerrándose, dejando escapar suspiros y gemidos. Estaba completamente entregada a ese acto prohibido, transformada por completo por mis sugestiones. La mujer que alguna vez había sido seria y fiel ya no existía.

En su lugar, había una mujer madura que parecía disfrutar de lo prohibido, de lo inefable, de los tabúes. Estaba montada sobre Honey, gozando sin reservas, y en ese momento, los ruidos que hacía ya no parecían preocuparle en lo más mínimo. Honey la abrazaba con fuerza, sus manos desapareciendo bajo el camisón, recorriendo con descaro el trasero y las

tetas de mamá. Vi cómo él inclinaba su cabeza hacia el cuello de ella, lamiéndolo con una lentitud que casi parecía estudiada, mientras hacía movimientos pélvicos suaves y rítmicos, hundiéndole la verga una y otra vez. Mamá, perdida en el placer, soltaba gemidos que llenaban la habitación, como si se hubiera olvidado de todo el riesgo que implicaba estar ahí. Ella ya no era consciente de nada, totalmente sumida en su placer prohibido. Todo esto gracias a mi trabajo, a la

hipnosis ericksoniana que había implantado en su mente. Me sentí lo suficientemente firme para abandonar mi papel de voyeur. Decidí que era hora de ocupar un rol más activo. Avancé unos pasos, comenzando a ver todo más de cerca. Sorprendentemente, incluso cuando ya estaba bastante cerca, ninguno de los dos me notó. Fue Honey. Después de unos segundos, quien finalmente levantó la vista y me vio. Pero no pareció molestarle mi presencia, sus manos seguían firmemente sobre el cuerpo de mamá. ¿Qué?¿

Vos también querés, no? Degenerado, me dijo, con una sonrisa burlona. Fue en ese momento cuando mamá giró y me vio. Su boca se abrió, completamente sorprendida, mientras sus ojos reflejaban el impacto de haber sido descubierta en Fraganti. El aire pareció detenerse por un momento y en su rostro vi una mezcla de vergüenza y resignación.

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Fragmento de diario Fue el momento más humillante de mi vida. Nico. No

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sé cómo permití que todo llegara a ese punto. No puedo ni siquiera escribirlo, pero lo que pasó me dejó completamente expuesta, como si una parte de mí hubiera quedado desnuda frente a él. No puedo mirar a mi hijo a los ojos después de esto. No sé si fue el miedo, la vergüenza o el dolor lo que sentí en ese momento, pero algo en mí se rompió. Él estaba ahí, viéndome, viéndonos, y yo no supe cómo reaccionar.¿

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Y

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lo que pasó después?

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Supongo que fue inevitable. Nico, yo, dijo mamá, pero no terminó la frase. No la culpaba.

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Qué podría decir en una situación como esa? La imagen hablaba por sí misma. Se estaba acogiendo a su sobrino, otra vez. Seguí avanzando, acercándome al sofá donde estaban. Me paré junto a ellos, y sin dudarlo, ayudé a deslizar el camisón por su cuerpo, dejándola solo con la ropa interior. Ella levantó los brazos, permitiendo que lo hiciera, sin siquiera poner resistencia. Sus senos estaban expuestos, y su bombacha, apenas corrida, dejaba claro lo que estaba pasando entre ella y Johnny.

Vi la verga de mi primo hundida por completa en el sexo de mamá, y eso hizo que mi propia verga se pusiera aún más dura. Me subí al sofá, al lado de donde estaba sentado el primo, para que mi pelvis quedara a la altura del rostro de mamá. Nico,¿ qué está pasando? Esto es un sueño, ¿no? Preguntó, su voz temblorosa, mientras trataba de entender la situación. Johnny soltó una carcajada burlona, esa que siempre lo hacía parecer más descarado de lo que ya era. Sí, es un sueño, mami, respondí,

pero un sueño hecho realidad. No te preocupes por nada. Con esa respuesta, deslicé el cierre de mi pantalón y liberé mi verga. Mamá me miró fijamente, con una mezcla de sorpresa y confusión, mientras Honey seguía dentro de ella. Sin que nadie le dijera nada, acercó sus labios, casi como si fuera algo instintivo, y comenzó a chupármela. El placer fue inmediato e intenso, y mi mano se posó en su cabeza, acariciándola suavemente mientras ella engullía la verga

de su querido hijo. Disfruté un buen rato de su mamada. Le lengua hacía que todo mi cuerpo temblara de placer. Sentí como me le llenaba de saliva mientras me la lamía y succionaba, cambiando el ritmo de manera experta, mientras el primo seguí cogiéndola. Me di cuenta de que la posición era incómoda para ella. Estaba inclinada hacia un lado mientras estaba sobre Johnny, lo que hacía que cada movimiento

fuera forzado. Honey, notando lo mismo, se acomodó en el sofá, alargando sus piernas, dejando caer su espalda en un apoyabrazos, y mamá ajustó su posición. Me senté en el apoyabrazos opuesto, permitiéndole un mejor acceso, mientras ella continuaba con lo suyo. Parecía completamente entregada. Se negaba a soltar mi verga mientras el otro la penetraba por detrás. Cada gesto, cada movimiento, mostraba que ya no quedaba rastro de culpa ni duda

en ella. Lo hacía con tal dedicación que la escena era hipnótica, como si el resto del mundo hubiera desaparecido. Sus labios se movían con una precisión y energía que dejaban claro cuánto placer estaba experimentando. El ambiente estaba cargado de algo que no podía describir con palabras, pero que lo hacía todo aún más intenso. Ahí estábamos los tres, sumidos en esa dinámica que parecía haber alcanzado un nuevo nivel. Para mí, esto no era sólo un momento de control absoluto,

sino una prueba de hasta dónde podía llegar. Mamá, compartida con Honey, completamente entregada, se movía como si no quedara rastro de resistencia en ella. Cada gesto y cada sonido que hacía parecían confirmar que estaba perdida en el momento, como si las barreras que alguna vez tuvo hubieran desaparecido por completo. Usaba tanta saliva que en un momento un hilo de baba se deslizó de la comisura de sus labios, sin que se diera cuenta. Ella seguía mamando con esmero,

dispuesta a producirme el mayor placer posible. Limpié la baba de su rostro y acaricié su mejilla con ternura mientras ella seguía chupando, como la madre sumisa y puta en la que la había convertido. Honey parecía disfrutar tanto como yo, su actitud descarada encajando perfectamente en el juego. La penetraba cada vez con más fuerza, sin importarle lo más mínimo

la posibilidad de ser descubierto por su tío. Y mamá, ella estaba ahí, recibiendo nuestras vergas en sus dos hendiduras, completamente sumisa, como si no existiera nada más en el mundo en ese instante.¿ Era este el mayor grado de entrega que podía alcanzar? Me lo pregunté, sabiendo que el límite estaba donde yo decidiera ponerlo. La posibilidad de poder llevarla más lejos, de moldearla a mi antojo, era lo

que más me excitaba en ese momento. Ese dominio absoluto, esa sensación de control, era lo que realmente me hacía sentir poderoso.

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Fragmento de diario Todo

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pasó tan rápido, tan fuera de control, que no puedo comprender cómo llegué hasta este punto. Había momentos en los que creía que estaba soñando, que nada de esto era real, pero entonces abría los ojos y ahí estaba todo. Nico. Johnny, yo. Los dos adolescentes, sobrino e hijo, usándome como una puta, como un juguete sexual, como una esclava

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del placer. Y yo lo disfrutaba. No había culpa,

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al menos no en ese instante. Ahora que lo pienso, todo parecía tan inevitable, como si mi cuerpo estuviera actuando por su cuenta, como si mi mente se hubiera desconectado por completo. Pero no puedo ignorar lo que sentí. Esa mezcla de sensaciones, esa intensidad, todavía está en mi cuerpo, como si no pudiera dejarla ir. Me da miedo. Miedo de mí misma, de lo que puedo hacer, de lo que fui capaz de permitir. Acabé en su boca, era

casi una obligación hacerlo. Mamá se tragó todo. N hacía falta que le ordenara hacerlo, ella sabía muy bien lo que le gustaba a los hombres. Honey siguió un rato más, lo que me dio envidia, ya que él había comenzado antes. Después de un rato, Ella se apartó de Johnny y se acomodó, tumbándose paralelamente a él, quedando en la famosa posición 69. El primo no desaprovechó la oportunidad de comerle el culo, mientras ella se llevó su verga a la boca y

empezó a succionarla con avidez. Al final, él también se dio el gusto de soltarle todas las semillas en su boca, y mi hermosa madre, con esos labios gruesos aún envolviendo la verga del primo, succionó hasta tragarse todo. Podríamos jugar un rato más con ella, sugirió el primo, con su tono habitual de descaro. Pero lo detuve. Le expliqué que era peligroso, que no podíamos arriesgarnos más esa noche. Por esta vez está bien así, le dije, y él, aunque

a regañadientes, aceptó. Ambos volvimos al cuarto, y ahí, entre risas y comentarios, hablamos sobre lo que había pasado. Honey no paraba de hacer bromas, llamándola de maneras denigrantes. Yo, por mi parte, me aseguré de que sus comentarios no salieran de esas cuatro paredes. Con las sugestiones que había trabajado en él, sabía que podía mantenerlo callado. Al otro día, mamá no me miró a la cara en todo el día. Como me preocupé por ella, la abracé con la ternura

de un pequeño niño que abraza a su madre. No te preocupes por nada. Sos la mejor madre del mundo, le dije. Sentí como su cuerpo se relajaba en mis brazos y eso me hizo sentir aliviado. Lujuria en la fiesta familiar.¿ De verdad vas a ir así vestida? Preguntó papá, mirando a mamá con una mezcla de sorpresa y reproche. Ella llevaba un vestido blanco, extremadamente corto, que apenas cubría

lo justo. El borde del vestido parecía deliberadamente diseñado para detenerse unos milímetros por debajo de su trasero, dejando sus piernas completamente al descubierto. Cada paso que daba hacía que el tejido ligero se moviera, insinuando la redondez de sus nalgas. Los zapatos de tacón alto realzaban sus piernas largas y bien torneadas, mientras su cabello castaño y lacio caía como

una cascada sobre sus hombros. Su rostro, ligeramente maquillado brillaba con naturalidad pero lo que más destacaba era su presencia mamá no estaba simplemente hermosa estaba increíblemente sensual al punto de que entendía la incomodidad de papá después de todo íbamos a una fiesta familiar pero su atuendo no era una casualidad sino una decisión era así porque yo se lo había pedido Sí, respondió mamá con un tono despreocupado,

ignorando la mirada de incredulidad de papá. Él no dijo nada más, pero la incomodidad era evidente en sus ojos.

Speaker 3

Suspiró resignado y murmuró. Bueno, como quieras. Estábamos en la sala de estar, a punto de irnos, cuando mamá de repente dijo. Ah, me olvidé algo, ya vuelvo. Dio media

Speaker 2

vuelta y regresó a su dormitorio. La tela del vestido se movió con cada paso, dejando poco a la imaginación. Papá, aún molesto, soltó un comentario

Speaker 3

Estás mujeres, siempre lo mismo. Yo, en cambio, vi una oportunidad. Esperé un momento y luego me levanté. Voy a ver si está bien, dije.

Speaker 2

Estaba ligeramente inclinada sobre la cómoda, buscando algo dentro de su cartera. Esa posición hacía que el vestido subiera aún más, revelando el contorno de sus nalgas.—¿ Todo bien, ma?

Speaker 3

pregunté desde la puerta, fingiendo inocencia.

Speaker 2

Ella giró levemente la cabeza hacia mí.— Sí, Nico, solo estoy buscando unas pastillas por si a tu papá le cae mal la comida. ya sabes cómo es. Se enderezó y se miró al espejo, acomodándose el cabello con calma. Aproveché ese momento para acercarme. Me situé detrás de ella, colocando mis manos en su cintura. Ella se quedó inmóvil, observándome a través del espejo, con una mezcla de advertencia

y resignación. Me encanta cómo te queda el vestido, dije, dejando que mis manos descendieran hacia sus caderas.

Speaker 3

Basta

Speaker 2

Nico, ahora no. Su tono era firme, pero no se movió. Mis manos encontraron su trasero, acariciándolo sobre la tela. Lo apreté ligeramente, sintiendo como mis dedos se hundían en su carne y arrugaban el vestido. Ella suspiró, pero no hizo nada por detenerme. Tranquila, ma, solo quiero jugar un poco

Speaker 3

con vos antes de que nos vayamos. jugar conmigo?¿ Acaso soy tu juguete? Preguntó, pero no se apartó de mí

Speaker 2

No le respondí, porque si lo hacía, tendría que decirle que sí. Claro, era mucho más que mi juguete, era mi mamá. Pero aún así, no dejaba de ser alguien que estaba para divertirme y complacerme. Deslicé una mano bajo el vestido, encontrando la piel desnuda de sus nalgas. El contraste entre la suavidad de su piel y la delgada tela de su tanga era muy agradable al tacto. Acaricié la diminuta prenda, estirándola ligeramente hacia un lado, provocando que

se metiera aún más entre sus labios vaginales. Me encanta cómo estás hoy, susurré.

Speaker 3

Parezco una puta, Nico.

Speaker 2

No debería ir así a una reunión familiar. Tu papá tiene razón. Su voz tenía un dejo de reproche, pero sus ojos en el espejo reflejaban algo más. No digas boludeces. Estás perfecta.

Speaker 3

Qué se joda, papá?

Speaker 2

Estiré más la tela contra su peil y ella soltó un gemido apenas audible. La vas a terminar rompiendo, murmuró, con un tono que intentaba sonar molesto, pero sonaba más resignado que otra cosa. Solté la tanga, dejando que volviera a su posición, pero no quité mi mano. Me encanta que estés así de puta, dije, bajando la voz para darle más peso a las palabras. Seguro que todos los parientes te van a mirar. Todos van a querer cogerte. Ella sonrió, con ese gesto entre irónico y cansado que

sólo ella podía hacer. Eso ya lo sé. Pero sólo soy tuya. Dio un paso hacia adelante, como si quisiera alejarse, pero se detuvo. Extendió una mano hacia atrás y palpó mi erección, presionando ligeramente. Su toque fue fugaz, pero suficiente para que me estremeciera.

Speaker 3

Ándate, Nico. Dale, que ya

Speaker 2

veo que te estás calentando. Su tono era más cariñoso que autoritario. Me quedé un segundo más, disfrutando de la vista antes de obedecer. Nos dirigimos al auto. Papá estaba al volante, mientras mamá se detuvo un segundo junto a la puerta del copiloto. Yo pensé que iba a sentarse ahí, como solía hacerlo siempre, pero para mi sorpresa, dio la vuelta al auto y abrió la puerta trasera.¿ Ni siquiera me vas a dejar acariciarte las piernas mientras manejo? Preguntó

papá con una sonrisa. Mamá lo miró por encima del hombro mientras acomodaba el borde de su vestido al sentarse. No, así no te distraes y nos evitamos un accidente. Además, con Nico acá, sería medio inapropiado. Totalmente, interrumpí, fingiendo un tono de asco exagerado. Eso no tendría que hacerlo delante de mí, ¿eh? Sería muy desagradable. Gracias. Mamá soltó una leve risa mientras cerraba la puerta trasera. Desde esa posición podía verla de cerca y la visión era aún más embriagadora.

El vestido, tan corto como era, parecía haberse encogido aún más al sentarse. Sus piernas largas y perfectamente bronceadas quedaban completamente expuestas y el borde de la tela apenas cubría lo indispensable. Si separaba apenas las piernas, cegaramente se le vería todo. Me obligué a apartar la mirada, pero era una batalla perdida. Mientras papá manejaba, mamá se acomodó en el asiento, cruzando las piernas con elegancia. Cada vez que se movía, su piel rozaba la mía y la sensación

era hipnótica. Su piel era suave, tersa, con una calidez que parecía burlarse de mi autocontrol. No ayudaba que el vestido blanco acentuara cada curva, cada línea de su figura. Desde la última vez que estuvimos juntos, aquella noche en que compartía mamá con el primo Honey, ella parecía haber derribado sus últimas barreras. Habíamos hecho el amor muchas veces desde entonces, y aunque seguía repitiendo que se sentía mal y angustiada por lo que estaba pasando, siempre lograba calmarla

con mis palabras y mi presencia. No podía resistirme. Saqué mi celular del bolsillo y, con mamá a mi lado, le mandé un mensaje. Era un impulso descarado, pero sabía que entendería el juego. El mensaje decía, arrancaría ese vestido con los dientes y te la metería por el culo toda la noche. Mamá sintió la vibración de su teléfono en su cartera. Lo sacó y lo leyó sin mirarme. Su reacción fue sutil. casi imperceptible, me dio un pequeño golpe con la rodilla, como si quisiera advertirme que estaba

arriesgándome mucho frente a papá. Sin embargo, sus labios gruesos dibujaron una sonrisa que delataba algo completamente distinto. Llevó su mano al cabello y lo colocó detrás de la oreja. La tensión en el aire era casi insoportable. Me acomodé en el asiento y fingiendo desinterés, pero cada rosa accidental de su pierna contra la mía hacía que la sensación de calor se intensificara. Sabía que esta noche sería una batalla constante entre mi deseo y la necesidad de mantener

las apariencias. Papá, completamente ajeno a lo que pasaba en el asiento trasero, encendió el equipo de audio y comenzó a tararear una canción que yo no reconocí. Mientras tanto, mamá y yo intercambiamos miradas fugaces, como dos cómplices que compartían un secreto demasiado grande para ser dicho en voz alta. La noche apenas comenzaba y ya sabía que iba a ser memorable. Ella, después de un rato, me respondió con un mensaje más frío. Cálmate, se te nota la erección.

Si tu papá te mira por el espejo retrovisor, se va a dar cuenta. Tenía razón. Pero era prácticamente imposible estar junto a una mujer como ella, con las piernas medio desnudas, dejando que le dijera lo que quisiera, sin que eso tuviera un efecto en mí. Su mera presencia era suficiente para ponerme al palo. Aún así, hice un esfuerzo por calmarme. No podía arruinar todo ahora. Me había costado bastante convencer a mamá de que fuéramos a la fiesta y, mucho más, de que lo hiciera vestida así.

pero al final, mis palabras y mis sugerencias habían dado resultado. Sin embargo, sabía que esto también sería un reto para ella. Entre los invitados estaría el primo Honey, el hijo de Jorge, el hermano mayor de papá. Según lo que había escrito en su diario, mamá no había vuelto a ver a Honey desde aquella noche en que compartimos ese momento tan íntimo. Su verdadero miedo era que él se hubiera ido de boca.

Sin embargo, yo estaba tranquilo. Gracias a las sugestiones que le implanté mientras estaba en trance, sabía que Honey era incapaz de romper el secreto. Ese mismo control me permitió tranquilizar a mamá, haciéndola sentir relajada y segura. La hipnosis ericksoniana había llegado a un nivel que, incluso para mí, era difícil de superar. Mamá había demostrado ser increíblemente susceptible

a la hipnosis. No todos lo eran, y aunque había logrado avances significativos con Honey, con papá e incluso con tía Sofía, era con mamá con quien había alcanzado el mayor dominio. Su disposición natural a ser hipnotizada hacía todo más fácil, y cada sesión parecía reforzar el vínculo entre nosotros. Llegamos a la fiesta. El lugar estaba decorado de manera sencilla pero agradable, con globos, serpentinas y una larga mesa

de aperitivos y bebidas. Ahí estaba el tío Jorge, siempre con su porte autoritario, junto a su esposa, que charlaba animadamente con otras mujeres de la familia. Honey estaba cerca, sosteniendo un vaso de vino y hablando con un primo lejano que apenas recordaba. La tía Sofía también estaba presente, luciendo tan impecable como siempre. Llevaba un vestido rojo largo y acampanado, que en la cintura estaba muy ceñido, lo

que marcaba deliciosamente su figura. Su cabello negro caía liso y brillante, y una leve sonrisa decoraba su rostro mientras respondía preguntas incómodas sobre su vida amorosa.—¿ Y ya estás de novia de nuevo?— preguntó una prima entrometida, sin ningún filtro.—¿ Algún gerente del canal intentó seducirte? Añadió otra, con una sonrisa cómplice. O peor,¿ te hicieron alguna propuesta indecente? Bromeó Jorge, tratando de arrancar risas. Sofía se mantuvo tranquila, respondiendo con

su típica mezcla de dulzura y firmeza. Por suerte, mi vida amorosa no es un reality show. Y no, ningún gerente me hizo propuestas, todavía. Me reí para mis adentros, recordando las confesiones que me había hecho mientras estaba en trance. Esas historias sobre el gerente con los que se había acostado. Pero claro, esta vez no dijo nada. Por otro lado, el primo Honey disimulaba bastante bien el hambre que le tenía a mamá. Mantenía una conversación animada con otros familiares,

pero cada tanto, sus ojos se desviaban hacia ella. Era un vistazo fugaz, apenas un instante, pero suficiente para que yo lo notara. Su mirada era lasciva, descarada. Por un momento me preocupé de que papá pudiera notarlo. Si lo pescaba justo en uno de esos instantes, no iba a necesitar más para darse cuenta de lo que realmente estaba pasando entre su sobrino y su esposa. Mamá, por su parte, intentaba actuar con normalidad, pero la incomodidad se reflejaba en

algunos de sus gestos. Jugaba con su cabello o se alisaba el vestido cada vez que Honey estaba cerca, como si quisiera asegurarse de que todo estuviera en su lugar. Yo, mientras tanto, observaba todo con atención, disfrutando de la tensión en el aire. El abuelo, Jorge Padre, estaba en el centro de la atención. Con su porte imponente, aunque algo encorvado por la edad, Recibía abrazos y felicitaciones de todos por sus 65 años. Había algo en el ambiente que me

hacía sentir que esta fiesta iba a ser memorable. Y no precisamente por el cumpleaños. Entre parientes y amigos del abuelo se habían reunido casi 30 personas. La casa estaba llena de murmullos, risas y conversaciones cruzadas que se mezclaban en un ruido constante. Era difícil distinguir lo que se decía, a menos que estuvieras muy cerca. En ese momento, papá se distrajo conversando con una de las tías, mientras la mayoría de los invitados se levantaban de la mesa, preparándose

para el baile. Mamá había quedado sentada en una esquina, muy cerca de la cabecera, con su vestido blanco aún más ajustado por la posición en la que estaba. El primo Honey aprovechó la oportunidad para acercarse a ella. Desde mi lugar, no podía ver sus manos, pero algo en su postura y en la forma en que mamá miraba hacia otro lado me hizo sospechar. Bajé la mirada hacia el suelo y, disimuladamente, me agaché para buscar algo debajo

de la mesa. La escena era clara, las piernas de mamá estaban levemente separadas, la tela del vestido subido hasta medio muslo, y la diminuta tanga blanca que llevaba apenas cubría lo esencial. Las manos de Honey, grandes y decididas, acariciaban sus muslos con movimientos lentos pero seguros. Ella no hacía nada para detenerlo. Estaba completamente quieta, con la mirada perdida,

pero el rubor en sus mejillas la delataba. En ese momento, papá hizo un gesto para acercarse a ella y reaccioné rápido.—¡ Pá, mira esto!— le dije—. levantándome de inmediato y señalando hacia la mesa de postres al otro lado del salón. Fue suficiente para distraerlo unos segundos, el tiempo justo para que esos dos tontos se acomodaran. Después de un rato, mientras veía cómo los demás invitados interactuaban entre ellos, Honey se acercó a mí. Sostenía un vaso de vino en la

mano y una sonrisa despreocupada. No puedo creer que haya venido vestidas así, Comentó, señalando hacia mamá con un gesto apenas perceptible. Sí,

Speaker 3

ya sé, le respondí, sin mirar directamente a su rostro. ¿Y?¿ Ya te la cogiste de nuevo?

Speaker 2

Normalmente Mo compartía esas cosas con nadie, pero quizás era justamente por eso que necesitaba hablar de eso de vez en cuando. Esto del poder de la hipnosis era muy bueno. pero me ponía en un lugar muy solitario. Sí, obvio. Con papá en casa es difícil, pero ya lo hicimos varias veces

Speaker 3

Honey soltó una risa entre incrédula y admirada.¡ Qué locura!

Speaker 2

Entonces miró hacia Sofía, que estaba del otro lado del salón, charlando con un grupo de familiares. Su vestido largo rojo destacaba entre la multitud, un color que parecía diseñado para atraer miradas. Los hombros desnudos y la espalda ligeramente descubierta le daban un aire elegante, mientras que el cabello negro recogido en un rodete alto acentuaba su cuello delgado y femenino.

Su figura esbelta y proporcionada era impecable, y las piernas largas que se intuían bajo la tela fluida del vestido eran simplemente perfectas.¿ Y la tía Sofía? Preguntó Honey con un

Speaker 3

tono casi burlón.¿ La tenés en la lista también?¿ Qué te importa? Respondí,

Speaker 2

cortante, ya algo exasperado con su entrometimiento. Parecía no entender que él no era más que otra marioneta en mi juego. Un personaje secundario, jamás un protagonista.

Speaker 3

Él se encogió de hombros y dio un trago a su vino. Yo sí la cogería.

Speaker 2

La fiesta continuó durante un rato más, con el bullicio de la música y las risas de los invitados llenando el salón. Aproveché un momento para acercarme a Sofía, que estaba de pie junto a una de las mesas, con una copa de vino en la mano. Durante el último tiempo, habíamos congeniado más de lo que habría imaginado. En las últimas semanas, charlábamos casi a diario, y ella, sin darse cuenta,

me había convertido en su confidente. A pesar de que tenía varios años más que yo, no me trataba como un niño, y eso era muy conveniente para lo que quería lograr con ella. Están intensas las tías hoy, ¿no? Le dije, sonriendo y refiriéndome a las preguntas incómodas que le habían hecho antes. No pasa nada, igual las quiero mucho, respondió ella con una sonrisa tranquila. La observé con detenimiento, y por un momento no pude evitar pensar en lo

hermosa que estaba esa noche. El vestido rojo, largo y ajustado, resaltaba sus curvas de una manera que no había notado antes. La tela caía perfectamente, dejando al descubierto sus hombros y una parte de su espalda, mientras que su cabello negro recogido le daba un aire elegante y sofisticado.— Sofía, qué linda que estás. Soltera, pero radiante, le dije, medio en broma, medio en serio. Gracias, Nico, sos muy dulce, respondió, con una mirada cálida que me hizo pensar en lo fácil

que sería llevarla a donde quisiera. Mientras seguíamos conversando, vi de reojo cómo mamá se levantaba de la mesa y se perdía por el pasillo que llevaba al baño. Poco después, Honey, con su mirada inquieta, También se dirigió en la misma dirección. Por un momento, dudé, pero luego conté a los invitados en el salón. Todos los demás seguían ahí, charlando, bailando o bebiendo. Eso solo podía significar una cosa, mamá y Honey estaban completamente a solas al fondo de la casa.

Mi mente se llenó de preguntas.¿ Estarían a punto de hacer lo que imaginaba? Si era así, significaba que las sugestiones que había implantado en ambos habían llegado a su punto máximo. Ya no necesitaban indicaciones ni estímulos de mi parte para actuar. Mamá, con todas sus barreras rotas, parecía haber aceptado plenamente ser infiel con su propio sobrino, y Honey, que nunca tuvo esas limitaciones, ahora sabía que podía tenerla. Disculpa, tengo que ir al baño, le dije a tía Sofía,

lamentando tener que alejarme de ella. Decidí seguirlos con precaución. Sería demasiado arriesgado que hicieran algo en ese momento, con papá aún en el salón y con el riesgo de que cualquiera de los invitados los descubran. Vi a papá mirando a su alrededor, como buscando algo, cegaramente a mamá. Me adelanté rápido y me dirigí al pasillo. Al llegar a la puerta del baño, escuché los sonidos, murmullos, forcejeos y la voz de mamá que decía algo así como. No, no podemos. Es muy arriesgado

Speaker 3

Pero inmediatamente

Speaker 2

después escuché un suave gemido y mamá ya no se negó. Decidí entrar. Mamá estaba apoyada contra la mesita que había frente al inodoro. El primo Honey estaba detrás de ella, con las manos firmemente colocadas en sus caderas. Su vestido blanco estaba ligeramente levantado, dejando al descubierto una buena parte de sus glúteos carnosos y perfectos. La tanga blanca, tan diminuta, apenas cubría algo, y el contraste entre su piel bronceada

y la tela clara era hipnótico. Honey parecía perdido en el momento, presionando su cuerpo contra el de ella mientras la empujaba suavemente hacia adelante.—¡ Qué bueno que viniste, primo!— dijo Honey en un susurro burlón al verme.— Hacenos de campana un rato, ¿sí?— No seas boludo.— Acá no— le respondí, tratando de mantener el control en mi voz, aunque la escena me tenía completamente fascinado. Dale, boludo, insistió, sin siquiera dejar de mover sus manos por las caderas de mamá.

Quédate afuera y golpea la puerta si viene alguien. Dale. Mamá giró la cabeza hacia mí, con los ojos grandes y brillantes, llenos de una mezcla de vergüenza y deseo. Parecía incapaz de detener lo que estaba pasando, como si algo dentro de ella ya hubiera cedido por completo. Nico susurró con un tono que casi parecía una súplica.—¡ Ándate!

Por un momento me quedé paralizado, contemplando cómo las manos de Honey recorrían la curva de sus glúteos, apretando la carne con descaro mientras sus labios se acercaban a su cuello. Ella cerró los ojos, respirando agitadamente, mientras sus manos se aferraban a la mesa en un intento de mantener el equilibrio. Sabía que tenía que intervenir. No porque quisiera detenerlos, sino porque el riesgo de que alguien los descubriera era demasiado alto.

Pero en ese instante, lo único que podía hacer era quedarme ahí, como espectador, debatiéndome entre el deseo y la lógica. El primo Honey era como un animal, guiado por el instinto, sin un ápice de razonamiento. Sus movimientos eran rápidos, impulsivos, como si no pudiera detenerse. Aún no había salido del baño cuando lo vi levantarle el vestido a mamá con una decisión brutal. La tela blanca se subió con facilidad, quedando completamente amontonada alrededor de su cintura, dejando al descubierto

su trasero. La diminuta tanga blanca, ya desacomodada, fue empujada a un costado. En ese instante, vi cómo el sexo de mamá se liberaba, expuesto bajo la luz tenue del baño. No había nada que pudiera hacer. Mis propios planes, las sugestiones que había implantado, habían llevado a este momento de desenfreno un acto que ya no dependía de mí. La culpa y la fascinación se mezclaron mientras veía cómo todo se desenvolvía frente a mí. No me quedaba otra que

apartarme y hacer lo que me había pedido. Abrí la puerta y salí, pero no sin escuchar el primer gemido de mamá, suave y tembloroso. Me quedé fuera del baño, fingiendo que revisaba mi celular mientras mis oídos captaban cada sonido. Había música en el salón, lo suficientemente alta como para enmascarar cualquier ruido del baño, pero yo, que sabía exactamente qué estaba ocurriendo, podía escuchar con claridad. Los gemidos de

mamá se tornaron más ahogados, más controlados. Imaginé al primo Honey cubriéndole la boca con una mano, o quizá metiéndole algo en la boca para silenciarla. La escena se formó con nitidez en mi mente, cada detalle alimentando mi imaginación. El primo Honey debía estar detrás de mamá, sus manos aferrándose a sus caderas con fuerza mientras embestía una y otra vez. La imagen de mamá inclinada hacia adelante, mirando a su sobrino montándola desde el espejo, se grabó en

mi mente. Su expresión debía ser una mezcla de placer y resignación, sus gemidos apenas contenidos por las manos de Honey o por sus propios labios apretados. Finalmente, después de lo que parecieron eternos minutos, Honey salió del baño. Se acomodaba el pantalón con una sonrisa de triunfo en su rostro.« Tuya, rápido», dijo, sin ningún atisbo de vergüenza. Entré al baño y cerré la puerta detrás de mí. Toda precaución había desaparecido. Mamá

estaba ahí, exactamente como la había dejado. Su cuerpo estaba ligeramente inclinado hacia adelante, apoyado contra la mesita frente al espejo. Sus brazos estaban abiertos, sosteniéndose apenas sobre el borde, mientras una pierna permanecía levemente flexionada. La postura hacía que su trasero estuviera perfectamente en pompa, la curva de sus glúteos

acentuada por la posición. El vestido seguía subido, y la tanga, completamente fuera de lugar, dejaba al descubierto su sexo húmedo y brillante bajo la tenue luz.« No puedo creer que esté haciendo esto», susurró, con la voz entrecortada, casi inaudible. Me acerqué lentamente, mi mirada recorriendo cada centímetro de su cuerpo. Tomé el borde del vestido con ambas manos y lo levanté aún más, dejándolo completamente amontonado en su cintura. El contraste entre la piel desnuda de sus glúteos y la

tela blanca era hipnótico. La perfección de su trasero, redondo y firme, me dejó sin aliento por un momento.— Es increíble lo hermosa que estás, murmuré, sin poder contenerme. Ella no respondió. Su respiración era pesada, sus hombros se alzaban y caían con cada inhalación. Llevé una mano a su orto, acariciando su piel con lentitud, mientras con la otra empujaba la tanga aún más a un costado. Mis dedos rozaron su humedad y mamá soltó un leve gemido. Esto es

una locura, susurró, pero no se movió. Mis manos recorrieron su cuerpo con una mezcla de ternura y avidez. Acaricié sus glúteos, apretándolos suavemente, disfrutando de la textura de su piel. A través del espejo, podía ver su rostro, sus ojos cerrados mientras hacía un esfuerzo visible para silenciarse. Su cabello caía ligeramente desordenado, añadiendo un toque de desprolijidad a su postura.

Me coloqué detrás de ella, sosteniendo sus caderas con firmeza, y comencé a penetrarla, guiado por el ritmo de su respiración. Cada movimiento era acompañado por un leve suspiro o gemido que ella trataba de contener, pero el espejo lo reflejaba todo, la entrega en su mirada, la tensión en su cuerpo, el placer que luchaba por disimular. Pasaron largos minutos en los que el mundo parecía haberse reducido a ese baño,

a la música lejana y a los nuestros gemidos. Ella no dijo nada más, pero sus gestos lo decían todo. Sus dedos se aferraron al borde de la mesita con más fuerza, sus piernas temblaron ligeramente y el gemido final, cuando ella acabó, fue imposible de atenuar. Yo me corrí unos segundos después. Sin que se lo pidiera, se separó de mí, giró y se puso en cuclillas. Se metió la verga en la boca con una avidez que me dejó pasmado. Instantes después, estaba alargando todo el semen contra

su garganta. Me quedé un momento ahí, mirando cómo su cuerpo aún se sostenía sobre la mesa. Acaricié su espalda suavemente, dejando que ambos recuperáramos el aliento. Sos perfecta, le dije finalmente, en un susurro. Ella no respondió, pero me miró a través del espejo, sus ojos brillando con una mezcla de emociones que no podía descifrar del todo. Entonces alguien golpeó la puerta. Mamá se alarmó de inmediato, sus ojos se abrieron con el miedo de ser descubiertos. Recordé que probablemente

era el primo Honey, advirtiéndonos que alguien se acercaba. Me acomodé rápidamente el pantalón, agradeciendo que al menos había logrado acabar. Caro,¿ estás ahí? Escuché la voz de papá del otro lado de la puerta, llamando a mamá. Mamá se apresuró a acomodar su vestido. dejando caer la tela hacia abajo y alisándola con manos temblorosas. Su respiración aún era pesada, pero trataba de disimular. Finalmente, habló en voz alta.

Speaker 3

Sí, me sentí un poco mal. Nico vino a ver cómo estaba.

Speaker 2

Puedo pasar? Preguntó papá con una mezcla de preocupación y curiosidad, antes de abrir la puerta sin esperar respuesta. Ahí estaba, mirándonos

Speaker 3

a los dos dentro del pequeño baño.¿ Está todo bien? Preguntó, con los

Speaker 2

ojos fijos en mamá. Sí, no es nada, respondió mamá rápidamente, acomodándose el cabello frente al espejo como si no pasara nada. Creo que me bajó la presión, pero ya estoy mejor. No te preocupes. Mi corazón latía con fuerza. preguntándome si el olor a sexo en el pequeño espacio aún era evidente. A pesar de todo, me hice el tonto y salí del baño tras papá, tratando de actuar con naturalidad. La fiesta continuó. Me costaba creer lo que había hecho en

esas circunstancias, pero intenté apartar el pensamiento. Después de todo, había algo que requería mi atención más inmediata, Sofía. A mamá podía verla todos los días en casa, pero no tenía tantas oportunidades de interactuar con mi tía.

Speaker 3

Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.

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