¶ Intro / Opening
lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos... Hipnosis erótica, parte 12.
Jugando en una tienda con mamá.
¶ La Inesperada Visita de Sofía
Estaba solo en casa cuando escuché el timbre. La tarde estaba tranquila y no esperaba visitas así que el sonido me tomó por sorpresa. Me levanté del sofá, todavía con algo de fiaca, y fui a abrir la puerta. Ahí estaba Sofía, de pie, con una expresión que oscilaba entre la timidez y la decisión. Inmediatamente me puse tenso, pero traté de disimularlo. Llevaba unos jeans ajustados que delineaban sus
piernas largas y estilizadas, acentuando sus caderas. La blusa clara que vestía, de tela ligera, dejaba entrever el contorno de su torso, destacando su figura sin esfuerzo. Su cabello negro y lacio caía en ondas suaves sobre sus hombros, brillando bajo la tenue luz de la tarde, y un leve aroma floral la acompañaba, llenando el aire entre nosotros. Sus labios, perfectamente delineados, estaban ligeramente apretados, como si contuvieran las palabras
que quería decir. Estaba preciosa, como siempre, y no pude evitar recordar la vez que la sometí mediante la hipnosis ericksoniana, lo que nuevamente me puso tenso. Sus ojos, grandes y oscuros, evitaban los míos al principio, pero su nerviosismo no restaba
nada a la seguridad natural que siempre irradiaba. Incluso en su aparente incomodidad, había algo en ella que dominaba la escena, algo que me hacía imposible apartar la mirada.« Hola, Nico», dijo finalmente, su voz baja pero firme mientras levantaba la vista para encontrarse con la mía.« Sofía».« Qué sorpresa», dije, manteniendo un tono de curiosidad, aunque mi mente ya estaba alerta. Ella sostuvo un bolso pequeño entre sus manos, apretándolo como
si fuera un escudo. Dio un paso adelante, haciendo que sus jeans crujieran levemente con el movimiento, quedándose en el marco de la puerta. Necesitaba hablar con vos.¿ Puedo pasar? Su tono mostraba determinación, pero también llevaba una nota de inseguridad. Y yo mismo empecé a sentirme inseguro. Obvio, pasá, respondí, haciéndome a un lado mientras observaba cómo cruzaba el umbral. Caminó hacia la sala, sus pasos elegantes, siempre con un
pequeño toque de sensualidad. Mientras avanzaba, la forma de su culo y el movimiento natural de su cuerpo captaron mi atención. Había algo casi hipnótico en su forma de moverse, en como el aire parecía cambiar a su alrededor. Se sentó en el borde del sofá, acomodándose con una precisión casi mecánica, aunque sus manos seguían aferradas al bolso. Empecé a sentirme nervioso. No me olvidaba de cómo se había ido en su
última visita. Había sido muy imprudente al haber ido tan lejos con la hipnosis cuando era apenas la primera vez que lo había hecho. Su silencio durante un tiempo me hizo pensar que había salido impune, pero ahora ya no estaba seguro.¿ Querés algo para tomar? Ofrecí, tratando de relajar
el ambiente. No, gracias. respondió rápidamente moviendo la cabeza con un gesto casi imperceptible me senté frente a ella apoyando los codos en mis rodillas tratando de ocultar cómo me sentía por dentro lo que siempre terminaba delatando a un delincuente era su actitud el contraste entre su usual confianza y la vulnerabilidad que mostraba ahora era fascinante su respiración era más lenta de lo habitual pero sus ojos se movían inquietos, como si estuviera buscando el coraje para decir
lo que había venido a decir. Su mano se posó en el pañuelo verde que siempre llevaba atado en su cartera y lo apretó con fuerza. Esto es un poco
¶ Sofía Cuestiona la Última Sesión
incómodo de decir, pero necesito saberlo. Su voz, aunque baja, tenía un matiz claro y contundente que reflejaba su profesión como periodista y conductora, acostumbrada a articular correctamente sea lo que sea de lo que esté hablando.¿ Pasó algo, mientras yo dormía, la última vez que estuve acá? Su pregunta, si bien predecible, cayó como una chispa en el aire, encendiendo la tensión que ya estaba presente. La observé en silencio, dejando que el momento se extendiera lo suficiente para que
sintiera el peso de sus palabras. Podía ver cómo apretaba el bolso contra su regazo, sus dedos jugueteando nerviosamente con el pañuelo.¿ Por qué me preguntas eso? Dije, mostrándome sorprendido y algo ofendido. Inmediatamente me arrepentí de reaccionar tan rápido. Mi primera respuesta tendría que haber sido de perplejidad. Debía fingir que no tenía idea de que estaba hablando. Pero ahora, Poniéndome a la defensiva, dejé en evidencia que comprendí inmediatamente
a dónde iba con esa pregunta. Ella desvió la mirada hacia el suelo, respirando hondo antes de responder. No sé, me sentí rara cuando me fui ese día. No sé si soñé algo o si fue real, pero tengo esa sensación de que algo pasó. Su tono era una mezcla de vergüenza y necesidad de respuestas. Me recosté ligeramente en mi asiento, evaluando cada palabra que diría a continuación. Este
era un momento crucial y sabía que debía manejarlo con cuidado. Sofía, por tu manera de decirlo, parece que sospechas algo de mí. Pero no te preocupes, no estoy enojado con vos. Lo que sea que sientas, podemos hablarlo. Mi tono era suave, tranquilizador, buscando abrir una puerta hacia la confianza. A veces, nuestras mentes nos juegan trucos, especialmente cuando estamos cansados o estresados. Ella levantó la vista hacia mí, sus ojos reflejando una
mezcla de alivio y duda. Decidí usar mi mejor arma.
¶ Re-Inducción al Trance Hipnótico
Era la única manera de quitarle todas las dudas. Y este era el momento perfecto para actuar. Estás muy tensa. Debe ser por tu trabajo. pero a veces hay soltarse. Como esos momentos en los que no pensás en nada. Sólo tu cuerpo relajado, en calma, pensando en cosas lindas. Es como cuando sos bebé y tu mamá de arrulla.
Nada puede lastimarte, sólo estás relajada, en unos brazos cálidos que te mecen, mis palabras fluyeron con naturalidad, cada una diseñada para llevarla al estado de trance que ya conocía bien. Sofía dudó por un segundo antes de asentir, soltando el bolso y dejándolo a un lado. Sí, ya me siento mejor, qué raro. Se ve que estaba tan acostumbrado a usar la hipnosis ericksoniana que la modulación de mi voz y las palabras que decía eran las justas y necesarias para
llevar a mi interlocutor al trance lo antes posible. Me incliné hacia adelante, adoptando un tono más bajo y calmado. Solo cerrá los ojos por un momento y deja que mi voz te guíe. No tienes que hacer nada, solo escuchar. Todo lo demás vendrá por sí solo. Cada palabra era medida, diseñada para conducirla hacia el estado de receptividad que necesitaba. Ella cerró los ojos lentamente, su respiración comenzó a volverse más profunda, y vi como sus hombros, tensos al principio,
empezaban a relajarse visiblemente. El primer paso estaba dado. La respiración de Sofía se estabilizó, lenta y profunda. Su cuerpo, antes tenso, parecía hundirse en el sofá, cada músculo cediendo a la calma que mi voz le había inducido. Observé cómo sus párpados temblaban ligeramente antes de volverse completamente inmóviles. Era fascinante verla en este estado, completamente receptiva, completamente mía para moldear. Había cometido un error al apurarme tanto, y
ahora tenía la oportunidad de enmendarlo. Haría igual que con mamá, iría lento, sesión a sesión, y en cada una de ellas avanzaría un poco más. Muy bien, Sofía, comencé, manteniendo mi tono bajo y suave, como el murmullo de una brisa. Ahora sólo presta atención a mi voz. Nada más importa. Cada palabra que escuchaste relaja más, y cada respiración te lleva a un lugar más tranquilo. Su cabeza inclinó levemente hacia un lado, y una ligera sonrisa relajada apareció en
sus labios. Era la señal que esperaba. Estaba completamente bajo
¶ Implantando Nuevas Sugestiones
mi influencia. Quiero que recuerdes lo que te trajo aquí hoy, continué. Ese pequeño miedo, esa duda que sentías. Quiero que lo pongas frente a vos, como si fuera un objeto que podés observar.¿ Podés verlo, Sofía? Sí respondió, su voz apenas un murmullo. Perfecto. Ahora míralo bien y quiero que pienses en cómo podés soltarlo, cómo podés dejar que esa duda desaparezca. No la necesitas, porque estás conmigo y yo siempre voy a cuidar de vos. Su rostro se relajó aún más, como si las palabras que
decía estuvieran físicamente arrancando el peso de sus pensamientos. Decidí profundizar el trance. Ahora, mientras estás tan relajada, quiero que imagines que todo lo que te preocupaba empieza a desvanecerse. Lo que viste, lo que pensaste, nada de eso importa, porque todo está claro ahora. Yo soy tu querido sobrino, y nunca te haría nada malo. Sabes que no hay nada que temer conmigo. Solo hay confianza. Quizás en algún
momento tu estrés te hizo pasar un mal momento. Sos una mujer fuerte, y al sentirte vulnerable cuando te quedaste dormida, imaginaste cosas. Pero en el fondo, sabes que podés confiar en mí. Pero no hay nada de que avergonzarse. No estoy enojado con vos. Ella sintió lentamente, sus labios separándose como si quisiera responder, pero no salieron palabras. Era momento de plantar las ideas que necesitaba. Sofía, quiero que recuerdes
algo muy importante. Recordá que hoy hablamos y te diste cuenta de que no hay razones para dudar de mí. Sentiste que yo te dije algo muy convincente, algo que te ayudó a entender que todo estaba bien. Eso es lo único que vas a recordar cuando despiertes. Lo que hablamos te hizo sentir tranquila, segura. ¿Entendés? No respondió durante unos segundos, lo que me puso los nervios de punta.
La hipnosis ericksoniana era muy efectiva, pero tenía un límite claro, no podía inducir a alguien a hacer algo que no haría estando consciente. Sin embargo, confiaba en que mi hermosa tía, en el fondo, Prefería pensar que se había equivocado en lugar de pensar que su sobrino se aprovechó de ella mientras dormía. Sí, lo entiendo, dijo al fin. Su voz era suave, como si mi sugestión ya formara parte de sus pensamientos. Me incliné un poco más, reforzando la conexión.
Y ahora, quiero que sientas algo más, Sofía. Quiero que sientas que conmigo puedes hablar de todo. que siempre vas a confiar en mí, sin importar qué. Cada vez que necesites claridad o ayuda, podés buscarme. Y si alguna vez querés relajarte como ahora, podés volver a este estado fácilmente. Sólo tenés que recordar mi voz. Su respiración se hizo más profunda, su cuerpo completamente relajado, como si aceptara cada palabra sin resistencia. Muy bien, Sofía. Ahora, cuando cuente hasta tres,
vas a despertar. Te vas a sentir tranquila, relajada y vas a recordar que todo está en orden. Todo lo que hablamos quedó claro para vos y ya no vas a tener ninguna duda sobre mí. Es más, te vas a sentir un poco avergonzada por sospechar algo tan horrible de tu sobrino.
Estás lista? Sí. Uno, dos, tres. Sus
¶ El Despertar Sin Dudas de Sofía
ojos se abrieron lentamente, parpadeando mientras volvía a la realidad. Por un momento, pareció desorientada, pero rápidamente se sentó derecha, ajustando su postura en el sofá. Me miró con una mezcla de alivio y vergüenza. Gracias, Nico. No sé qué estaba pensando, murmuró, sacudiendo la cabeza como si quisiera alejar las ideas que la habían traído hasta aquí. Me siento tan tonta por haber creído algo así. Pero al menos
también siento que me saqué un peso de encima. Sonreí levemente, apoyándome en el respaldo de mi asiento, sin terminar de creer que lo que amenazaba con ser un terrible momento para mí se convirtió en una victoria. Me felicité a mí mismo por no haberme tentado acariciarla, besarla o incluso penetrarla. pero ya tenía en claro que la dominación por hipnosis era un plato que se cocinaba a fuego lento. No te preocupes, Sofía. A veces, nuestra mente nos juega malas pasadas.
Lo importante es que ahora estás tranquila, ¿no? Sí, tranquila. Sonrió levemente, aunque todavía había un rastro de rubor en sus mejillas. Sofía se acomodó en el sofá Todavía jugando con su pañuelo verde, como aferrándose a ese lado feminista que tenía. De verdad, Nico, me siento muy culpable por haber pensado esas cosas de vos. No sé en qué estaba pensando. Sus ojos se desviaron hacia el suelo, evitando mi mirada. Se sonrojó, lo que la hizo verse aún
más hermosa. Era difícil controlar las ganas de aprovecharme de su vulnerabilidad, pero por ahora tenía que aguantármela. Sofía, no tenés que sentirte así. Mi voz era calmada, como si quisiera envolverla en una capa de seguridad. A veces, las dudas aparecen de la nada. Lo importante es que ahora entendés que siempre podés confiar en mí. Ella levantó la vista, encontrándose con mis ojos. Sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa, aunque todavía había un leve rubor en sus mejillas. Sí,
tenés razón. Siempre fui un poco paranoica, supongo. Pero vos, sos distinto. Siempre me haces sentir cómoda. Hizo una pausa, como si eligiera cuidadosamente sus palabras. Es raro, pero siento que con vos puedo bajar la guardia de una manera que no hago con nadie más. Creo que fue por eso que cuando empecé a sospechar, me sentí tan mal. Pero eso ya fue. Sus palabras eran una confirmación de que mi trabajo había dado resultados. Decidí reforzar ese sentimiento.
Eso sí, voy a aprovechar este momento para echarte en cara algo, dije.
¿Qué?
Preguntó ella. Me divirtió ver su gesto de consternación. Me gustaría que vengas a visitarme más seguido. Sé que estás muy ocupada con tus trabajos, pero... Ella soltó una risita que me pareció
música para mis oídos. Está bien, te lo prometo. Ahora
me tengo que ir. Me dio un beso en la mejilla y se fue, con una alegría evidente. Después de todo, hice algo bueno. Le quité esos pensamientos tan horribles que
¶ Un Paseo de Compras con Mamá
la estaban perturbando. Era temprano para nosotros, pero mamá insistió en salir. Había mencionado que necesitaba comprar algunas cosas, aunque no fue específica. No me molestaba acompañarla, pero algo en su actitud me resultaba extraño. En los últimos días había actuado como si lo que había pasado entre nosotros no hubiera ocurrido. Pensé que eso de creer que había sido un sueño lúcido se le iba a pasar enseguida, pues aquella vez no era tan tarde y no tenía la
excusa de haberse quedado dormida. Pensé que con ese polvo por fin había roto la última barrera, pero no fue así. Tomamos un colectivo hacia el centro. Mamá había optado por un vestido casual de algodón que le quedaba suelto en el torso, pero ceñido en las caderas. Cada vez que se movía para acomodar su bolso, podía ver cómo el contorno de su cuerpo capturaba la atención de los demás pasajeros. La mayoría se deleitaba con el gordo culo de mamá,
como era de costumbre. Era inevitable notar cómo las miradas, discretas o no tanto, se posaban en ella. Yo, por supuesto, no la miraba como lo hacía en casa, aunque debo reconocer que no fue nada fácil. Su cabello castaño aleteaba por la brisa suave que se metía por las ventanillas abiertas. De repente me miraba con esa sonrisa que dejaba al descubierto sus dientes un poco grandes que a ella le iban muy bien porque acentuaba la sinceridad de la sonrisa.
Me gustaba verla así, tan tranquila. Sabía que era gracias a todas las sugestiones que le implanté. Ella se sentía sumamente cómoda conmigo. lo que atenuaba el caos que debía hacer su mente por sentirse atraída sexualmente por su hijo. Eso sí, mientras no asimilara que ya habíamos tenido sexo, siempre iba a haber algo en ella que fuera como una bomba a punto de explotar. En un momento, el
¶ Contactos Íntimos en el Colectivo
colectivo se llenó tanto que quedamos todos apretados. Aproveché ese momento para ponerme detrás de ella. Así evito que algún degenerado se aproveche de vos, le dije, susurrándole al oído para que nadie más escuchara. Ella solo sonrió. Pero el único degenerado que se estaba aprovechando de ella era yo. Mis caderas se apretaban en sus nalgas. Se sentía muy bien. Mamá tenía las pompas más carnosas y erguidas que conocía. No por nada cada hombre que la veía se la
quería coger. Los movimientos de la gente en el colectivo hacía que yo también me moviera, pero siempre detrás de ella. Me aferré a su cintura. Ella estaba agarrada del asiento que tenía adelante. El tipo que iba sentado ahí la miraba cada tanto de reojo. Como estaba levemente inclinada, su culo estaba en una posición muy sensual. En uno de esos movimientos, el contacto ya no fue con mi cadera,
sino con mi entrepierna. Y, para colmo, el estímulo del roce constante me había producido una erección, así mi verga dura se apretó en el culo de mamá. Me estiré levemente y la miré de perfil. No parecía incómoda por lo que estaba pasando. Así que me aferré con más fuerza de la cintura y empujé la pelvis, como si esta vez quisiera penetrarla a través de la ropa. Nico, dijo ella, girando levemente el rostro.¿ Está todo bien? Sí, mami. Pensé un momento si debía hacerme el tonto, pero opté
por encarar la situación. Es que, a veces me pasa
Perdón. Alejalo de mí. Trata de que se baje, me susurró ella. No había enojo en sus palabras.
Ok, pero no puedo moverme de acá. Además, No quiero que nadie vea que tengo la pija dura. Me da vergüenza. Ella no dijo nada. Me quedé unos minutos ahí, esta vez frotando mi verga en sus nalgas con menos intensidad. Mamá no cambió de posición, probablemente para protegerme del bochorno.
No logré que se me ablandara, pero, con unos sutiles movimientos, hice que mi miembro quedara recto y apretado en mi pelvis, lo que, con ayuda de la remera, disimulaba la erección aunque fuera un poco bajamos en una esquina cerca de una galería comercial era un lugar con locales de ropa
¶ Buscando Lencería y Ropa
electrónica y algunas cafeterías no era de los más modernos pero tenía ese aire acogedor que parecía gustarle a mamá no me dijo nada sobre la erección y yo me pregunté si era por las sugestiones implantadas o porque no quería hablar del tema Fuera como fuese, salí impune de ese lujurioso roce. Ella caminaba unos pasos adelante, deteniéndose frente
a cada vidriera, como era su costumbre. Por eso no solía gustarme salir a pasear con ella, aunque ahora había muchas cosas que habían cambiado, y por eso no me quejaba. Yo la seguía, observándola y disfrutando del juego de luces que resaltaba su silueta mientras pasábamos de un escaparate a otro. Por momentos el vestido se ceñía a su cuerpo, por alguna brisa que se filtraba en la galería y la tanga se le marcaba. Era difícil no mirarle el culo.
No me quedaba otra que esperar que no me encontrara a ningún conocido que me descubriera viendo a mi propia madre de esa manera.¿ Qué andás buscando, ma? Pregunté finalmente, rompiendo el silencio que había caído entre nosotros. Ella se
giró hacia mí. como si mi voz la hubiera sacado de un trance su expresión era una mezcla de desconcierto y algo más que no podía identificar del todo siendo que no la había hipnotizado era raro verla en ese estado supuse que se debía a todas las sugestiones que tenía en la cabeza me sentí culpable por un rato pero la calentura que me despertaba mamá siempre me hacía olvidar de esas cosas nada en particular quizás un vestido nuevo o algo de ropa interior. Esa respuesta fue música para mis oídos.
Ropa interior, eh?
Repetí, sintiendo cómo se me hacía agua la boca. Mamá giró la cabeza rápidamente hacia la vitrina más cercana, evitando mi mirada. No respondió. En cambio, se acercó al cristal, inspeccionando un maniquí que llevaba puesto un conjunto de encaje rojo. Era delicado y sensual. No pude evitar recordar la vez que se probó la ensería frente a mí. Ahora no podría verla desnuda, pero el hecho de estar en un lugar público tenía un morbo especial.—¿ Qué opinás?— preguntó de repente,
señalando el conjunto con un movimiento de cabeza. Para ella era lo más normal del mundo comprar lencería erótica con su hijo, todo gracias a las sugestiones. Me acerqué, fingiendo estudiar el conjunto con atención, como si ya no lo hubiera hecho. Es interesante. Hice una pausa, dejando que mis palabras flotaran antes de continuar. Creo que te quedaría bien, ma. Mamá me lanzó una mirada rápida. tratando de descifrar si
estaba hablando en serio o simplemente bromeaba. Pero antes de que pudiera responder, ya había abierto la puerta de la tienda y entrado. Pero también quiero ver otras cosas, dijo ella. Eso me decepcionó. Pero después me di cuenta de que igual no podía probarse la ropa interior, así que en realidad era mejor así. Frente al local de lencería había otro que llamó su atención. El interior era acogedor, con estanterías repletas de prendas delicadas y personal sonriente que parecía
demasiado entusiasta. Me pregunté si creían que éramos madre e hijo, o si de alguna manera podían intuir la tensión sexual entre nosotros. Mamá caminó hacia una sección cercana, dejando que sus dedos recorrieran la tela de algunas prendas mientras yo la seguía a una distancia prudente.— Podés sentarte ahí, si querés. señaló un pequeño
banco cerca de los probadores. No hace falta.
No me molesta ver cómo compras. Ella suspiró, como si se resignara a mi compañía, y continuó explorando la tienda, pero yo sabía que no la incomodaba. Cada movimiento suyo parecía más lento, más deliberado, como si el erotismo de las prendas que inspeccionaba se trasladaran a todo lo que hacía. Sus dedos rozaban las telas con una delicadeza exagerada, como si el acto de elegir ropa fuera algo íntimo y cargado de significado. Me pregunté si en ese momento estaba
pensando en mí. Ya lo averiguaría luego, leyendo su diario.
¶ Sutil Coqueteo en la Tienda
Me acerqué un poco más, lo suficiente para que
pudiera escucharme.¿ Ya sabes qué vas a llevar? Pregunté. Ella no respondió de
inmediato. En cambio, levantó una falda floreada que pareció interesarle mucho. Quizás esta, pero no estoy segura. Finalmente giró hacia mí, sosteniendo la prenda frente a su cuerpo. Su mirada buscaba la mía, como si esperara mi aprobación.¿ No es muy de trola?
Nada que ver.
Te va a quedar muy bien. Y con un top, vas a quedar perfecta. Mis palabras salieron con más intensidad de la que planeaba y vi como el rubor subía por sus mejillas. Por un momento, el ambiente en la tienda pareció cambiar. Los sonidos a nuestro alrededor se desvanecieron, dejando solo el peso de nuestras miradas. Me pregunté si aún se negaba a reconocer lo que había pasado entre nosotros o si seguía con esa tontería de que había sido un sueño lúcido. Mamá se giró hacia la empleada
que estaba cerca, ordenando prendas en un estante. Con la pollera que había elegido en la mano, caminó hacia ella y, para mi deleite, le pidió también que le mostrara unos tops. El local era muy pequeño así que cuando me acerqué al amostrador, mientras ella revisaba unas prendas, aproveché para rozar su trasero suavemente. Esperé a ver su reacción, pero seguía inspeccionando. Quizás estaba demasiado ensimismada, o tal vez, sólo fingía que
no sentía mis dedos. Sabía que estaba jugando con fuego, pero también sabía de la atracción que sentía por mí debido a las sugestiones, de sus impulsos incestuosos, y de lo sensible que era su cuerpo a cualquier roce mío. Así que, aprovechando que los otros empelados parecían no prestarnos atención, pellizqué su nalga a través del vestido. Sentí como su cuerpo se estremecía. Luego me miró de reojo, para finalmente dirigirse a la empleada para decirle que se iba a
probar la pollera y algunos de los tops. Me dije que quizás solo estaba fingiendo demencia. En su diario se mostraba muy contrariada por los impulsos incestuosos, hasta pensaba que se estaba volviendo loca. Así que ahora no le quedaba otra que hacer de cuenta que no pasaba nada. pero yo iba a ayudar a mi mami a que aceptara las cosas como eran. Se dirigió a los probadores mientras yo la seguía de cerca. Entró en uno de los cubículos y corrió la cortina, dejándome en el pasillo cercano.
No me senté. Quería mantenerme cerca de ella. El silencio que siguió fue interrumpido por el susurro de la tela al deslizarse. Mi imaginación trabajaba rápido. pintando imágenes de lo que estaba sucediendo al otro lado de esa delgada barrera de tela.
Todo bien ahí? Pregunté. Sí, Nico, todo bien. Me
acerqué un poco más, apoyándome casualmente en la pared junto al probador. La cortina no llegaba hasta el suelo, y pude ver cómo sus pies desnudos se movían en el pequeño espacio mientras se desvestía. Su vestido cayó al suelo, y luego la vi dar un paso hacia un lado para recogerlo.¿ Cómo te queda? Insistí, disfrutando de la tensión que crecía con cada palabra. Todavía no me lo puse, respondió, y pude notar un tono de irritación en su voz.
Pero no me alejé. Unos segundos después, la cortina se corrió un poco, lo suficiente para que pudiera asomarse su mano con la prenda que acababa de probarse.— Alcánzame otro top, Nico. Este no me convenció. Tomé un top negro con unas letras doradas. En lugar de entregarlo de inmediato, mantuve la mano justo fuera de su alcance, obligándola a asomar más la cabeza y el brazo para tomarlo. Cuando finalmente lo agarró, nuestras miradas se encontraron por un breve momento.¿ Algo más? Pregunté,
disfrutando de la situación. Ella no respondió, simplemente corrió la cortina nuevamente, esta vez con más fuerza, como si quisiera poner un límite que yo ya había cruzado. Su resistencia se parecía a la de una mujer que se resistía a ser seducida, así que, Lejos de preocuparme por eso, me envalentoné más. Pero esta vez no cerró la cortina bien y dejó una pequeña abertura. Pequeña, pero suficiente para que, al moverme un poquito hacia adelante, pude verla. Mamá tenía
la pollera puesta. Era muy ajustada y demasiado corta. Dejaba bien marcado ese gordo culo que tenía. Arriba, el corpiño de encaje blanco. Se estaba mirando en el espejo, con el top en la mano. Luego se lo puso. Parecía algo turbada, y yo ya imaginaba por qué. Entonces, descubrió mi imagen a través del espejo. Antes de que pudiera cerrar la cortina
¶ Confrontación en el Probador
me metí adentro, con ella. Nico.¿ Qué estás haciendo? Tenías razón, mami.
Con eso pareces toda una puta, pero no le veo lo malo. Al contrario, me encanta cómo te ves. Nico, dijo ella, con la voz temblorosa. En casa vamos a hablar seriamente sobre tu comportamiento de hoy. Dejé pasar lo del colectivo, pero lo de recién.¿ En serio? El otro día no parecías molestarte mi comportamiento, dije. Ella abrió los ojos como platos. Temía verme extralimitado, pero la calentura a veces me jugaba en contra. Seguía con la erección desde el colectivo y ahora ya no aguantaba más.
Qué estás diciendo? Preguntó. No me digas que ya te olvidaste.
Saqué el celular del bolsillo y volví a mostrarle las fotos que le había sacado cuando se cogió al primo Honey. Ella quedó con la boca abierta, petrificada, cegaramente cayendo en la realidad de una vez por todas.
Nico, yo, dijo.
Mis manos se metieron dentro de la falda ceñida que se acababa de poner. Empecé a acariciar su trasero con desesperación. La sensación de la piel de sus nalgas era lo más excitante que podía experimentar. Miré su reflejo en el espejo y y ella miraba cómo le metía mano. Tranquila, mami. Sabes que conmigo siempre te vas a sentir bien.
Pero, yo
estaba segura de que había sido todo un sueño.¿ Y
¶ Aceptación y Futuros Planes
te coges a tu hijo en tus sueños? Ella se quedó en silencio, aún asimilando todo lo que había pasado. De repente nos interrumpió la vendedora, aunque no me molesté en dejar de frotar el terzo orto de mamá.—¿ Todo bien?— preguntó, del otro
lado de la cortina.— Sí, todo bien
respondí. La estaba ayudando a ponerse la ropa. Me pregunté qué estaría pensando la empleada. Una mujer voluptuosa como mamá encerrada con un adolescente en el probador. Quizás creía que de verdad era una prostituta. Ok, cualquier cosa me avisan, dijo, para mi alivio. No podía despegar la mano del culo de mamá. El morbo de hacerlo en esas circunstancias era demasiado. Entonces llevé la otra mano a su muslo, sabiendo que eso le producía un placer extremo. Volvamos a casa, mami.
Ya quiero cogerte de nuevo. Y quiero que lleves esto puesto. La ayudé a quitarse la ropa y volver a ponerse el vestido. Fue difícil no cogérmela en ese mismo instante. Cuando fuimos a pagar, la empleada le preguntó si estaba todo bien, pues mamá no lucía muy bien mientras estaba asimilando toda la verdad. Sí, solo me bajó un poco la presión, respondió al fin. Volvimos a casa, en colectivo. Esta vez no estaba tan lleno de gente. Nos sentamos juntos.
Mamá en completo silencio. Por momentos parecía querer decirme algo, excusarse, explicar por qué había dejado que la cogiera, pero no llegaba a pronunciar palabra. No te preocupes, mami. Esto es algo nuestro, de nadie más, le dije, apoyando la mano en su pierna. Pensé en tía Sofía. Cuando lograra el control que había logrado con mamá, no seríamos solo nosotros dos, como se lo acababa de decir. Seríamos tres. No podía esperar
por tener esa reunión familiar. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
