HIPNOSIS ERÓTICA - PARTE 1 - podcast episode cover

HIPNOSIS ERÓTICA - PARTE 1

Mar 20, 202629 min
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Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos...

Speaker 3

Hipnosis erótica,

Speaker 2

parte 1. Desvistiendo a mamá. Estaba muy ansioso.

Speaker 3

Hacía poco que había terminado un curso intensivo de hipnosis a distancia. Al principio no estaba tan convencido de que fuera a funcionar. Quizás lo subestimé por ser algo que se dictaba por Google Meet. Me conecté a las clases más por curiosidad que por optimismo. Pero, a medida que pasaban los encuentros, me di cuenta de que el profesor Packney era todo un profesional y además muy didáctico. Las clases eran de dos horas, una vez por semana, y

el curso duraba seis meses. Ya tenía el diploma, aunque en sí no servía de mucho. No era psicólogo, así que no podía hacer hipnosis terapéutica. Tampoco me interesaban los trucos de magia. Mi interés era mucho más básico y también más divertido. Había hecho algunos experimentos y me habían salido bien, aunque, claro, no había sido muy ambicioso era

justamente ahora cuando pensaba hacer algo más osado. Mi madre estaba sentada frente a mí en la sala de estar, distraída con su teléfono, completamente ajena a lo que estaba por suceder. No era la típica madre rolliza que tenían la mayoría de los chicos de mi edad. Me había tenido de muy joven, así que ahora apenas tenía 36 años. Era morocha, alta y tenía un cuerpo espectacular. Un cuerpo que ni siquiera yo podía ignorar. Los labios eran gruesos,

y tenía un lunar en uno de sus pómulos. El pelo castaño lacio, la sonrisa fácil, con los dientes un tanto grandes. Las tetas eran de un tamaño normal, pero bien paraditas. Lo mejor, por lejos, era su cintura de avispa y su culo, enorme y firme. A pesar de que era casada, estaba tan buena que varios de los hombres del barrio trataban de seducirla. Lo veía con claridad cada vez que ella salía a hacer las compras o cuando,

más producida, salía a pasear al centro. Todas las miradas se volcaban a ella, quien, si bien siempre era simpática, nunca demostraba aprobar la lujuria masculina. Simplemente la aceptaba y fingía hacer de cuenta que no pasaba nada. Aunque eso pasaba cuando yo estaba presente, claro. Siempre me dio curiosidad saber cómo se comportaba cuando ni yo ni papá estábamos cerca. Era la típica ama de casa que pasaba el 90%

de su vida dentro de la casa. Sólo que físicamente se parecía más bien al sueño pornográfico de cualquier chico de mi edad. Y yo, desde que tenía memoria, la veía como una mujer deseable, a pesar de la relación filial que teníamos. Así que, impulsado por estos pensamientos, me propuse a llevar a la práctica lo que había aprendido. Era temprano en la mañana y el sol iluminaba suavemente

la habitación a través de las cortinas. Mi madre y yo siempre habíamos tenido una relación cercana, aunque no de mucha confianza, sobre todo cuando crecí y empecé a verla de otra manera. Es decir, nos llevábamos muy bien, pero no era de esas madres que pretendían ser amigas de sus hijos. Yo agradecía que no se metiera en mi vida. Tampoco era la típica madre estricta, sino más bien relajada. A veces me preguntaba si se daba cuenta de la

manera en que la miraba. Si bien hacía lo posible por disimularlo, siempre se me iban los ojos, y varias veces me pescó en ese instante. Había estado practicando la hipnosis ericksoniana, una técnica que me permitía inducir el trance sin que la persona lo notara, llevándola a un estado profundo y receptivo, sólo a través de palabras cuidadosamente elegidas. Era, quizás, un tanto más complicado que otros métodos, pero tenía la ventaja de que podías hipnotizar a alguien sin que se

diera cuenta. Me acomodé en el borde del sofá, observándola, esperando el momento adecuado para comenzar. Ella no parecía tener ninguna sospecha de lo que planeaba. Se veía relajada, y eso era perfecto para lo que estaba por hacer.— Mamá,¿ podemos hablar un ratito? Pregunté con mi tono más casual, como si fuera una simple charla matutina. Tenía que mantener la naturalidad. Ella levantó la vista de su teléfono y me miró con una cálida

Speaker 2

sonrisa.— Claro,¿ qué pasa?— respondió. Este

Speaker 3

era el momento de empezar. La hipnosis ericksoniana no se trataba de comandos directos ni de inducir el trance de manera obvia, era como llevar a alguien de la mano, guiándolo por un camino que parecía perfectamente natural, sin que notara que estaba entrando en un estado diferente. Nada importante, dije, sonriendo, solo pensaba en la ocupada que siempre estás. A veces no te tomas un segundo para relajarte de verdad, ¿no?

Siempre haces tantas cosas. Mi madre soltó una leve risa, bajando el teléfono y cruzando los brazos sobre la mesa. Las tetas se levantaron al hacerlo. Traté de no mirarlas, aunque era difícil. Es verdad. Siempre ando haciendo cosas para la casa. A veces ni me doy cuenta de lo agotada que estoy. Esa era la puerta que necesitaba. Con una voz suave y envolvente, empecé a dirigir la conversación hacia el tipo de sugestiones que sabía que funcionaban bien

con ella. Y es increíble cómo, cuando te detenés por un momento, podés sentirlo, ¿no? Como todo tu cuerpo empieza a soltar el cansancio. A veces ni siquiera es algo consciente, simplemente, empezás a relajarte sin darte cuenta. Ella me miró por un segundo, como si estuviera considerando mis palabras, y luego asintió levemente, reclinándose un poco más en la silla. Noté que su postura empezaba a cambiar, a volverse menos rígida, como si ya empezara a dejar ir parte de esa

tensión que mencionaba. Es como cuando te das cuenta de que tus hombros estaban tensos, ¿no? Seguí diciendo. Ni siquiera lo pensás, pero cuando alguien lo menciona, de repente te das cuenta de lo bien que se siente relajarlos. Y no tienes que hacer nada especial, simplemente dejar que ocurra, dejar que tu cuerpo se suelte por sí solo. Mi tono se mantuvo suave y rítmico, no demasiado insistente, solo lo suficiente para que sus pensamientos empezaran a seguir el

curso que yo estaba trazando. La hipnosis ericksoniana consistía en eso, hacer que la persona creyera que todo estaba bajo su control, que todo lo que sentía era una elección propia. Ella se movió en su asiento, ajustando su postura, y noté como sus hombros caían un poco, su respiración volviéndose más lenta y profunda. Esto era clave. No se trataba de forzar el trance, sino de permitir que ella lo aceptara de manera natural, que su mente se abriera a las

sugerencias sin resistencias. Es curioso como, a veces, solo con pensar en relajarte, ya podés sentirlo en todo el cuerpo, continué, bajando un poco más la voz, lo suficiente como para que mi tono se volviera un murmullo envolvente. Como si tu mente supiera exactamente qué hacer para dejarse llevar. como si, simplemente, al respirar un poco más profundo, cada parte de tu cuerpo se volviera más ligera, más relajada, como si flotaras un poco más con cada respiración. Cerró los ojos por

un segundo, y supe que estaba funcionando. Estaba cayendo en el trance, suave y naturalmente, sin darse cuenta de que yo la estaba guiando hacia él. Todo parecía tan normal para ella. pero sus movimientos eran cada vez más lentos, su respiración más profunda. Estaba entrando en ese espacio entre la vigilia y el sueño, donde las sugerencias podían sembrarse sin que su mente consciente las rechazara. De todas formas, no tenía que cantar victoria tan rápido. El simple sonido

del timbre podría sacarla de ese estado. Para que la cosa funcionara no bastaba con que hiciera todo bien. sino que debía crear un contexto propicio y esperar a que no sucediera nada inesperado que rompa con el clima creado. Eso es, susurré, sin romper el ritmo. Y podés notar como tu cuerpo simplemente sigue relajándose, más y más, sin que tengas que hacer nada. Todo se siente tranquilo, ligero, como si el tiempo se detuviera por un momento. Y

está bien, podés dejarte llevar por esa sensación. Sus ojos parpadearon lentamente antes de cerrarse del todo y supe que había cruzado el umbral. Estaba en el trance, pero no era un trance profundo de esos que se ven en los espectáculos donde la persona queda completamente inmóvil. Este era diferente, más sutil, más controlado. Ella estaba en un estado en el que podía seguir actuando de manera automática, pero sin ser del todo consciente de lo que hacía. era el

momento perfecto para empezar a introducir las sugerencias. Y ahora, mientras seguís respirando profundamente, te das cuenta de lo bien que te sentís, como todo está en calma, como si cada parte de vos estuviera completamente a gusto. Y sin que tengas que pensarlo demasiado, podés empezar a hacer cosas de manera automática, tranquila, como si supieras exactamente qué hacer, sin esfuerzo, solo dejándote llevar por esa sensación de bienestar.

No había prisa. La hipnosis ericksoniana me permitía construir la experiencia lentamente, sin necesidad de órdenes directas. Mi madre no sabía que estaba hipnotizada, pero estaba receptiva, abierta a cualquier cosa que le sugiriera, siempre que pareciera algo que ella misma decidiría hacer. Ese era el punto flojo de la hipnosis en general. Nadie podía obligar a nadie a hacer algo que estuviera en contra de sus ideologías, convicciones y normas éticas, lo que a priori hacía imposible que pudiera

cumplir con mis sueños incestuosos. Sin embargo, estaba seguro de que se podían crear situaciones en las que podía salir beneficiado. Eso sí, por tratarse del primer experimento, en donde ponía a prueba que tan efectiva era la hipnosis en ella, no pensaba arriesgarme mucho. y te das cuenta de que, en algún momento, podrías tener ganas de levantarte, seguir diciendo, caminar hacia la cocina y empezar a preparar un desayuno.

No es algo que pensás conscientemente, simplemente lo haces, de manera natural, como si fuera parte de tu rutina, algo que te hace sentir bien, relajada. Mi madre permanecía con los ojos cerrados, su respiración lenta y profunda, completamente inmersa en el trance. Sabía que pronto empezaría a moverse, a actuar siguiendo las sugerencias que le había dado. Solo faltaba un poco más de tiempo, un poco más de paciencia, y el siguiente paso se daría por sí solo. La

primera parte del proceso estaba completa. Mi madre estaba hipnotizada, completamente receptiva, y yo estaba listo para continuar. El ambiente seguía siendo sereno. El leve sonido del viento afuera y la luz suave del sol que entraba por las ventanas contribuían a una atmósfera tranquila. Mi madre, sentada frente a mí, permanecía con los ojos cerrados, su respiración constante y profunda,

en un estado de relajación absoluta. Estaba completamente inmersa en el trance, pero no en un trance inmóvil o dormido. No mi madre estaba en un estado en el que sus pensamientos eran ligeros y flotantes, lo suficientemente lejos como para no darse cuenta de lo que hacía, pero lo suficientemente cerca como para seguir mis sugerencias sin resistencia. Era el momento de llevarla al siguiente paso. Mamá, susurré, con un tono que apenas rompía el silencio de la habitación,

en este momento, todo se siente fácil, sin esfuerzo. Cada cosa que haces, las es de manera natural, sin pensarlo demasiado. Como si ya supieras lo que viene a continuación. Como si tu cuerpo actuara por sí mismo, de manera relajada, confiada. Hice una pausa, asegurándome de que mis palabras se asentaran suavemente en su mente. La hipnosis ericksoniana se trataba de sugerencias que parecían fluir como pensamientos propios, implantados en lo

más profundo de su subconsciente. Quería que sintiera que todo lo que iba a hacer era completamente natural. Y en algún momento, sin que lo pienses demasiado, vas a sentir ganas de levantarte, caminar hacia la cocina y empezar a preparar el desayuno. No hay ninguna prisa, lo haces cuando sientas que es el momento, de manera tranquila, como si fuera lo que querías hacer todo este tiempo. Observé cómo sus párpados temblaban ligeramente y una señal de que su

mente estaba procesando lo que le había dicho. Aún mantenía los ojos cerrados, pero su cuerpo ya no estaba tan inmóvil como antes. Vi como sus manos, que descansaban en su regazo, se movieron ligeramente, como si su subconsciente se estuviera preparando para tomar el control. Luego, con una suave exhalación, abrió los ojos, pero su mirada seguía vacía, desenfocada, como

si todavía estuviera sumergida en esa calma hipnótica. Sabía que, en este estado, sus acciones serían automáticas, mecánicas, pero no sería consciente de ellas en su totalidad. No había confusión ni resistencia, simplemente estaba actuando de acuerdo a las sugerencias que su mente había aceptado sin darse cuenta. Sin decir una palabra, mi madre se levantó lentamente de la silla.

Su movimiento era fluido, casi como si estuviera flotando. Observé atentamente cómo se dirigía hacia la cocina, su rostro completamente sereno, los ojos abiertos pero ausentes, como si no fuera plenamente consciente de lo que hacía. Sabía que su mente estaba en un espacio diferente, un lugar donde mis palabras eran las que guiaban sus acciones. A pesar del estado especial en el que se encontraba, no dejaba de ser muy sensual. Sus piernas eran elásticas y torneadas. Su culo era perfecto

y se veía muy bien con ese pantalón. Traté de controlarme. Durante el trance no podía hacerle cualquier cosa. No era tan fácil. La seguí en silencio, como si fuera su sombra. Este era el poder de la hipnosis ericksoniana, todo parecía natural, como si no hubiera nada fuera de lo común, como si su cuerpo simplemente siguiera una rutina diaria que hacía sin esfuerzo. Mi madre llegó a la cocina y abrió

la nevera con movimientos tranquilos. Tomó algunos huevos, un poco de queso y otros ingredientes que usaba normalmente para preparar el desayuno. Lo hacía todo de manera automática, sin apresurarse, sin dudar. Con la misma naturalidad con la que lo hacía siempre. Eso es, Dije en voz baja, más para mí mismo que para ella. Todo se siente tan fácil, tan tranquilo. Mi corazón latía con fuerza mientras la veía

comenzar a batir los huevos en un bol. Estaba completamente absorta en su tarea, moviéndose con una calma casi irreal. En su mente, lo que estaba haciendo era tan natural que ni siquiera se cuestionaba el por qué. Había aceptado la sugerencia de preparar el desayuno como si fuera una decisión propia, pero la realidad era que todo estaba sucediendo bajo el poder del trance. Claro, era algo que hacía normalmente,

por eso no había puesto resistencia alguna. Encendió la hornalla sin siquiera pestañear y vertió los huevos batidos en la sartén caliente. El sonido del aceite chisporroteando llenó la habitación, un contraste con el silencio en el que había estado envuelto todo hasta ese momento. Yo, desde mi lugar, no interfería. Todo lo que había dicho hasta ahora estaba funcionando exactamente

como lo había planeado. Sabía que ella no recordaría nada de esto cuando despertara, que todo parecería como si hubiera sido un momento perdido en su memoria. Era importante que no se sintiera incómoda ni que cuestionara lo que estaba haciendo. Mi madre se movía con la misma naturalidad mientras terminaba de cocinar. Abrió un armario, sacó un plato y sirvió

el omelette con precisión. Sus movimientos seguían siendo lentos, casi como si estuviera en un estado de calma profunda, pero todo parecía tan normal que cualquier otra persona habría pensado que simplemente estaba disfrutando de una mañana tranquila. La observé mientras colocaba el plato en la mesa. No había duda en sus acciones, Ni una pizca de conciencia de que todo lo que estaba haciendo era bajo las sugerencias que yo le había dado. Era increíblemente hermosa y sexy. A

veces lamentaba tener una madre así. Otras veces, como ahora, lo agradecía. Me dije que ya era momento de implantar la amnesia post-hipnótica. Era crucial hacer que se olvidara de todo lo sucedido durante el trance. Quizás en este caso no fuera esencial. pero más valía que me acostumbrara a hacer las cosas prolijas. Y ahora, mientras te sentís tan tranquila, tan cómoda, le dije. Te das cuenta de lo bien que fue dejarte llevar, tan naturalmente, sin preocuparte por nada.

Todo lo que sucedió en este momento fue parte de esa relajación profunda. Pero cuando abras los ojos, todo parecerá un sueño lejano, algo sin importancia, como una simple nube que desaparece en el cielo. Hice una pausa breve para que lo asimile. Y cuando despiertes, no vas a recordar nada de lo que hiciste durante este momento. Todo se sentirá como si solo hubieras descansado, sin que nada fuera

de lo común ocurriera. Será como si este momento nunca hubiera pasado, todo se desvanecerá, y te sentirás bien, en calma, completamente relajada y en paz. Me estaba mirando, pero seguí en trance. Así que continué. Así que, en un momento, cuando te diga que despiertes, te vas a sentir completamente renovada, tranquila, pero no recordarás nada de lo que hiciste aquí. Todo será como un espacio en blanco en tu mente, una

sensación agradable y relajada. Y simplemente vas a continuar con tu día como siempre, con una sonrisa, en paz y sin recordar nada de lo que sucedió. Claro, siempre quedaban cabos sueltos. En este caso mamá podría darse cuenta de que habían pasado algunos minutos de los que apenas recordaba. Siempre y cuando no fueran tantos, podría creer que se había despistado, pensando en cualquier cosa, como le suele pasar a cualquiera. Pero si hipnosis durara horas, sería muy difícil

de encontrar una explicación. No obstante, en este caso era necesario borrarle la memoria, porque tenía pensado hacer algo arriesgado. Aunque no mucho, claro, pues era la primera vez que la hipnotizaba. Mamá, dije en un tono suave, hace bastante calor hoy, ¿no? Quizá te sentirías más cómoda sin los pantalones, es mucho más fresco. y estar en ropa interior sería

mucho más cómodo,¿ no crees? Mi voz era constante, sin insinuaciones, simplemente una idea que su mente relajada recibiría sin resistencia. Mi madre seguía con la mirada perdida, pero su respiración continuaba siendo profunda y tranquila. Sin mostrar ninguna señal de duda o incomodidad, lentamente llevó sus manos al botón de

sus pantalones y lo desabrochó. Luego, se levantó de la silla y, de manera automática, bajó los pantalones hasta el suelo, dejándolos a un lado mientras se sentaba nuevamente, ahora en ropa interior. Todo en su comportamiento seguía siendo tan natural, tan relajado, como si realmente estuviera tomando esa decisión por el calor que le había mencionado. Sabía que no había resistencia, porque en su mente todo tenía sentido. El trance hacía

que cada sugerencia pareciera una idea propia. Comí tranquilo, mientras veía sus piernas desnudas. Le pedí un vaso de agua, y cuando se levantó, pude ver su hermoso culo, cubierto sólo por la braga. Era una común y corriente. No debía sorprenderme, pues sólo estaba entre casa. Igual, en ella hasta una prenda vieja y deshilachada se vería perfecta. Su culo era contundente, grande e increíblemente firme. Siguió moviéndose de manera automática, completamente inmersa en el trance, con la mente

abierta y receptiva a cualquier sugerencia que le diera. Yo estaba demasiado tentado, con mi verga totalmente tiesa. Pero por ahora tenía que conformarme con mirar. Cuando estuviera más avanzado, cuando haya experimentado más con ella, podría hacer más cosas. Debía ir despacio, asegurándome de que todo saliera bien. Para mantener todo bajo control, debía asegurarme de que volviera a su estado normal sin que quedara ninguna evidencia de lo

que había pasado mientras estaba hipnotizada. No podía permitirme que notara algo extraño cuando saliera del trance. Me acerqué un poco más, todavía manteniendo la voz suave y calmada, asegurándome de no romper el estado en el que se encontraba. Mamá, dije en un tono relajado, ahora que bajó un poco la temperatura, sería una buena idea ponerte los pantalones nuevamente. Te vas a sentir mejor cuando lo hagas. No hay prisa, simplemente te los pones de manera natural, como si fuera

lo que tu cuerpo quiere hacer. Ella sintió lentamente, aún con la mirada perdida, sin mostrar resistencia. Sus manos se movieron con lentitud hacia los pantalones que estaban tirados a un lado de la silla. Con la misma calma y fluidez que había mostrado todo el tiempo, los levantó y comenzó a ponérselos. Observé atentamente mientras deslizaba una pierna y luego la otra, notando cómo sus piernas largas y torneadas

se tensaban y relajaban con cada movimiento. La piel suave y bronceada de sus muslos brillaba bajo la luz suave que entraba por las ventanas y y el contorno de sus músculos se marcaba deliciosamente al flexionar las piernas. A medida que subía los pantalones, el tejido abrazaba lentamente sus caderas y su trasero. Su culo, grande y firme, se destacaba de manera impresionante, incluso en los pantalones casuales que

llevaba puestos. La tela se estiraba sobre sus curvas perfectas delineando cada detalle de sus glúteos, que parecían tensarse con cada movimiento, recordándome lo espectacular que se veía desde atrás. Era imposible no notar la forma en que sus caderas se movían con tanta naturalidad, cada paso quedaba revelando la firmeza de su cuerpo. Una vez que terminó de ajustarse los pantalones, pasó las manos por los costados para asegurarse de que todo quedara en su lugar, alisando la tela

sobre sus muslos y glúteos. Sus piernas, perfectamente proporcionadas, volvieron a quedar cubiertas, aunque todavía podía imaginar el contorno de cada músculo bajo la ropa. Cada vez que se movía, la prenda parecía moldearse a sus curvas, resaltando lo mejor de su figura. Una vez lista, se sentó de nuevo en la silla, su respiración profunda y regular, aún en trance. Sabía que ahora era el momento de sacarla de ese estado. pero debía hacerlo con cuidado, asegurándome de que no recordara

nada de lo sucedido durante el trance. La transición debía ser suave y sin sobresaltos. Muy bien, mamá, te sentís completamente cómoda y tranquila, continué. Ahora, lentamente, vas a empezar a despertar. Con cada respiración que tomes, te vas a sentir más despierta, más presente, volviendo al aquí y ahora. y cuando abras los ojos, todo lo que pasó va a ser sólo un vago recuerdo, algo sin importancia. No vas a recordar nada específico, sólo te vas a sentir

descansada y en paz. Hice una pausa, observando cómo su respiración comenzaba a cambiar, volviéndose un poco más rápida y consciente. Voy a contar hasta tres, y cuando llegue al tres, vas a estar completamente despierta, Uno, dos, tres. Sus ojos parpadearon lentamente antes de abrirse por completo. Al principio, su mirada estaba un poco desenfocada, como si todavía estuviera ajustándose a la realidad, pero luego se centró en mí. Una leve sonrisa cruzó su rostro y todo parecía en orden.¿

Todo bien? Le pregunté casualmente, observando su reacción. Sí, creo que me distraje un poco, respondió, estirándose en su silla. Qué raro, no me acuerdo de haberme sentado tanto tiempo. Es normal, a veces uno se queda colgado sin darse cuenta, comenté, tratando de sonar lo más relajado posible. Ella sonrió y se levantó de la silla, completamente ajena a lo que había pasado. La vi alejarse, meneando las caderas suavemente. Siempre había sido mi deseo prohibido. Siempre había soñado con poseerla,

con penetrarla, con someterla de las formas más placenteras. Y ahora, quizás, era posible. La hipnosis tenía muchas limitaciones, pero también tenía grandes ventajas, como permitirme inducirla a quitarse la ropa, siempre y cuando lo hiciera de manera sutil. Tenía muchos planes para el futuro. Para empezar, Me interesaba mucho la idea de implantarle ideas que luego las concretara ya fuera del trance. También quería crear un código para ponerla en estado de

trance con solo decir algunas palabras. Las posibilidades eran muchas.

Speaker 2

Por fin iba a empezar a gozar con mamá. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.

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