Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos. Herencia, parte 9. Matías cambió de nuevo a la sala en la que se encontraba mi novio. Observé a Pablo envuelto en ese albornoz blanco y muy cerca... Justo detrás de él, una ducha en donde una lluvia de agua cálida provocaba un suave vapor, caía de forma uniforme. Se escuchaba una música relajante, cuando de pronto hizo su aparición una masajista rubia que sobrepasaría poco más de los 20 años con un físico espectacular
y como su madre la trajo al mundo. Matías me observó detenidamente, al tiempo que yo estaba completamente hipnotizada por lo que estaba viendo.« Tranquilla, ella es Irina», una de nuestras mejores masajistas. Tu chico está en buenas manos. No estaba muy segura de si aquello me tranquilizaba, pero volví a pensar en lo que yo misma había hecho desde que había llegado a ese pueblo y a esa empresa.¿ Debía sentirme celosa o quizá aliviada? Pobre Pablo, si tenía
unos cuernos enormes, bien me merecía yo los míos. Este tipo de masaje está diseñado para aquellas personas que buscan una experiencia íntima y sensual con la ayuda de dos masajistas expertas en técnicas de masaje corporal. Dijo ese tipo. 2. Le miré extrañada, yo solo veo una, le indiqué. La sesión comienza con una ducha en compañía de la primera masajista completamente desnuda lo que aumenta la excitación y la
intimidad entre los participantes. El masaje es cuerpo a cuerpo, lo que significa que las masajistas utilizar sus cuerpos para aplicar presión y estimular las zonas erógenas para el receptor, empezó explicándome. Yo me quedaba absorta en las imágenes observando cómo esa preciosa rubia despojaba del albornoz a mi novio hasta dejarle desnudo frente a ella. Él parecía disfrutarlo y yo no sé muy bien lo que sentí, pero no sé por qué, de algún modo aquello resultaba natural y
excitante al mismo tiempo. Durante la sesión, Se masajean partes genitales y testiculares, lo que ayuda a liberar la tensión y aumentar el placer sexual. La experiencia culmina en un final feliz, procurando al cliente un orgasmo intenso y satisfactorio, en este caso a Pablo. Esta sesión se realiza con aceites esenciales lo cual provoca una mayor sensación de relajación
y placer. Continuó Matías observando de perfil cómo mis pezones marcaban y mi respiración se alteraba ante la explicación y viendo cómo la mujer rubia acariciaba dulcemente el torso de mi novio y él admiraba la belleza de esa joven que mostraba su desnudez y su bonita sonrisa. En otras circunstancias habría puesto el grito en el cielo, los celos me habrían comido por dentro, pero no. Disfrutaba de ver
a Pablo en esa situación. Después de la primera sesión comienza una segunda con una masajista diferente para que vuelva a disfrutar del proceso. Termino explicándome sin perder de vista la excitación que me estaba invadiendo. No tenía palabras para
rebatir ni comentar lo que Matías me explicaba. Observaba a mi novio totalmente desnudo con la polla en erección apuntando al frente mientras por detrás la bella masajista embadurnaba su espalda de forma suave y rítmica pegando sus pezones contra la espalda de mi chico, para posteriormente bajar a sus glúteos que amasó con firmeza. La chica sabía lo que hacía y Pablo disfrutaba de lo lindo con la cabeza
ligeramente inclinada hacia atrás y los ojos cerrados. La masajista se separó de mi novio y cogiéndole de la mano lo llevó debajo de la ducha que no dejaba de emanar agua, ambos se metieron en la misma envolviéndose en un aura que envolvía los dos cuerpos. La chica se puso frente a Pablo e hizo el mismo proceso en la parte delantera jugando con sus dedos desde los labios, bajando por el cuello los pezones y lentamente llegando al estómago.
Los pechos de la masajista se pegaron al pecho de mi chico moviéndolos en forma de círculos mientras la punta de sus dedos rozaba el glande de la polla de Pablo jugando de forma muy suave, muy sutil y deslizándolos
hasta llegar a sus testículos. A estas alturas estaba excitadísima, por mucho que quisiera controlarme, Mis piernas involuntariamente se abrieron arremangando la falda de mi vestido y sin saber cómo noté las manos de Matías sobre mis muslos, intenté cerrarlas, pero una fuerza oculta me lo impedía.¿ Qué me estaba pasando? Le miré medio paralizada, sus manos sujetaban mis muslos con firmeza, desvié la vista hacia abajo y observé su entrepierna con
su verga ladeada a un lado presionando su pantalón. Desvié de nuevo de la vista a la pantalla y observaba a la mujer rubia masajeando la polla de mi novio con movimientos rotatorios que hacían oír las exclamaciones de Pablo desde la distancia. En ningún momento vi resistencia por su parte y en el fondo pensaba,¿ quién se podría resistir? Separándose levemente, la masajista se agachó y empezó a mamar con lengüetazos leves el glande mientras mantenía con su mano
totalmente echado hacia atrás su prepucio. Noté que un suspiro salía de mi boca. Sujetando las caderas de mi novio y agachada la masajista empezó a introducirse todo lo que podía la verga de Pablo que movía las caderas sobre aquella boca de labios finos, mientras él jadeaba fuertemente. Me sentía extasiada y ardiente observando aquello a la vez que las manos de Matías acariciaban mis muslos subiendo hacia mi entrepierna. Aquello estaba siendo una locura, debía pararlo, sujeté la mano
cálida del administrador pensando alguien podía entrar en la sala. Tranquila, la sala no se puede abrir desde fuera. Siempre preservamos la intimidad aquí dentro. Dijo ese hombre leyéndome el pensamiento. La mano de Matías se acercó más a mi sexo, hasta acariciar mi rajita a través de la tela de mi tanga y el mismo suspiro que soltaba Pablo en la pantalla, lo emitía yo gracias a esos dedos lujuriosos.
Volví a mirar a ese gran monitor observando que otra mujer con un antifaz y totalmente desnuda como ellos dos, se unía al festín y entre ambas le estaban haciendo una felación a Duomi Chico, digna de una peli porno, bajo aquella cálida ducha. Fijándome más en la segunda mujer me percaté de que era bastante más mayor que la otra, pero con un cuerpo muy firme y bien proporcionado. Se
veía que se cuidaba bastante. Mis ojos no se apartaban del monitor y no era ni casi consciente de que Matías me estuviera tocando el coño con sus dedos y cuando me quise dar cuenta, no sé de qué modo, por los gestos o por ese cuerpo de la segunda mujer, quise identificarla como Celia. No puede ser. Dije en alto. Tranquila, nadie puede entrar. Disfruta de lo que ves. Añadió Matías
como si mi frase fuera con él. Intenté buscar algún rasgo, alguna peca, pero ese antifaz cubría el rostro de la mujer al completo y era difícil atestiguar eso, pero en el fondo, estaba casi convencida de que se trataba de ella.« Será puta», es lo que susurré, pero Matías no hizo caso.
Arrodillado entre mis muslos abiertos, ese hombre coló sus dos manos por debajo de mi vestido, para despojarme del tanga sin que yo opusiera la mínima resistencia, sin dejar de observar la pantalla y maldecir lo que veía.«¡ Qué locura es ésta!», Decía mientras veía cómo Celia se metía un huevo de mi chico, luego el otro y lamía su tronco con total entrega, mientras la otra le besaba la
boca lascivamente. Matías no dijo nada, solo se limitó a separar mis labios vaginales con sus dedos y a meter su lengua entre ellos, para empezar a lamer mi coño de forma enérgica, pero deliciosa, pues estaba demasiado cachonda. Ese tío sabía cómo usar su lengua. Joder. Exclamé y no sabía muy bien por qué, si por el hecho de ver a mi novio con dos tías comiéndoselo vivo o
por la propia comida de coño de Matías. La lengua de ese cabrón hacía maravillas en mi entrepierna, mientras en la pantalla esas dos pérfidas y esculturales mujeres devoraban a mi chico quien disfrutaba como un enano.¿ Debía reprochárselo?¿ Por todo lo acontecido?¿ Mi propio comportamiento?¿ Que yo misma estuviera siendo la que recibía esa boca en mi coño por parte de un desconocido?¿ En qué tipo de carrusel sin
fin me había metido? La boca de Matías se unía a sus propios dedos, jugando con mi clítoris y no sé si por lo que veía o por lo que sentía. Me corrí entre jadeos intensos sujetando la cabeza de ese tío y viendo como mi chico se estaba corriendo sobre las tetas de esas dos mujeres desnudas. Cerré los ojos y no sé por qué la primera imagen que llegó a mi mente fue la cara de Fran, imaginé que era el quien me estaba comiendo ahí abajo. Ah, sí, Dios.
Dije entre espasmos, apretando mis piernas y atrapando con ellas la cara de Matías, que seguía lamiendo y arrancándome más placer. Cuando abrí los ojos, la pantalla se había apagado y Matías se limpiaba con un pañuelo de papel, sus propias babas y los fluidos que yo había extendido por toda
su cara.«¿ Todo bien?», me preguntó sonriente. Le miré, entre confundida y cachonda, sin creerme lo que acababa de hacer, en todo lo que estaba haciendo desde que había llegado y ni tan siquiera podía sentirme molesta con Pablo, si yo misma con Fran. Fran. Dije entonces al darme cuenta de que estaba al otro lado de esa puerta y
que no sé qué podría estar pensando. Salí como un cohete de esas a la que, como decía Matías, Solo se abría por dentro y Fran estaba frente al ordenador, viendo números o balances y quise explicarme con él, disimulando, ponerle cualquier excusa. Pero cuando me acerqué al monitor comprobé que era la imagen de la sala en lo que yo estaba. ¿Fran? Hice la pregunta mirándole a los ojos
intentando asimilar que lo había visto todo. Silvia. No dejé que continuase su propia explicación y no estoy muy segura de si sentí vergüenza o miedo o si incluso eso me hubiese gustado, pues lo medité unos segundos y es que me corrí pensando en él, aunque dudaba de lo que él podría estar pensando o adivinando. Me avergoncé de mí misma, de lo que mi cuñado podría pensar de mí viéndome en aquella sala, siendo devorada por Matías mientras
veía cómo mi novio recibía un masaje tan especial. No sé por qué lo hice, pero salí de esa oficina a la carrera adentrándome por un pasillo que no conocía, pero estaba desorientada, perdida, muy avergonzada y llena de dudas, empujando puertas por un largo pasillo. Deambulando por esa gran nave que era la empresa de, tu fantasía, un negocio lleno de sorpresas y así anduve durante un buen rato hasta que la última puerta me llevó hasta el parking
del edificio. Allí vi que estaba el coche de Fran y yo misma tenía otro juego de las llaves en mi bolso, cuando me las dejó mi cuñado. Pensé que lo mejor era huir de allí e intentar serenarme lo más lejos posible y volver a ser la Silvia de antes, pero a medida que me acercaba al coche vi que éste se movía acompasadamente de forma extraña y que los cristales estaban ligeramente empañados.¿ Quién demonios estaba dentro? Inevitablemente me acerqué con sigilo, porque no pensé en ningún momento que
se trataba de ladrones. Sin duda, alguien había aprovechado el lugar para follar y al asomarme por una de las ventanillas traseras, casi me desmayo al ver dos cuerpos desnudos en un polvo salvaje. Laura. Dije en un suspiro tapando mi boca, sin dejar de ver cómo Carlos, nuestro primo, estaba sobre ella, la penetraba con rudeza y le amasaba las tetas al tiempo que se las mordisqueaba. Mi hermana jadeaba con los ojos cerrados acariciando la nuca de él.
Los asientos de piloto y copiloto habían sido desplazados hacia adelante dando lugar a un mayor espacio en la parte trasera, Laura estaba recostada sobre el asiento con las piernas muy abiertas sujetas por las manos de Carlos que no dejaba de penetrar bruscamente el coño de mi hermana que de forma poseída arqueaba el cuerpo y movía la cabeza de un lado a otra víctima del éxtasisal, que estaba siendo sometida por nuestro primo. Me sentí hipnotizada por la imagen
lujuriosa que se estaba desarrollando ante mis ojos. Laura se inclinó separando la cabeza de Carlos que poniéndose de rodillas puso al descubierto el grueso falo erecto apuntando al cuerpo de mi hermana. Laura cogió con ambas manos la polla de nuestro primo empezando a masajearla a la vez que
se fundían en un tórrido beso pasional. Observándolos noté como mi cuerpo era envuelto por un aura de fuego y noté que mis manos no reaccionaban al raciocinio y levantando la falda de mi vestido entreabrí ligeramente mis piernas y no solamente con una mano sino incluso con los dedos de las dos manos. Metiéndolas a través de mi tanga, empecé a frotarme con intensidad y furor. Aún tenía en mi mente lo sucedido con Carlos y ahora estaba ahí
recibiendo un tórrido beso de mi hermana. Laura se inclinó y empezó a chupar con su lengua cada poro cavernoso de la polla de su primo que la cogió con sus dos manos de la cabeza y mirándola empezó a
follar su boca con un movimiento lento de caderas. El torso de Carlos palpitaba del inmenso placer que le daba mi hermana, la separó y volvió a tumbar la boca abajo, para acercar la punta de su vástago a la entrada del coño empezando a frotar toda su hendidura para posteriormente y con un empujón seco, penetrarla de nuevo, esta vez por detrás. Un grito resonó en el parking, el de mi hermana al ser ensartada por nuestro primo comenzando un
movimiento cada vez más intenso. Ella parecía estar disfrutando tanto como él, pues sus manos se aferraban al asiento del copiloto mientras el otro le hacía chocar su cuerpo contra sus nalgas, de forma intensa, aullando en cada embestida. Me quedé inmóvil, a la vez que un fuerte orgasmo me invadía, sin creerme lo que veía, sin entender lo que mis propios ojos me estaban ofreciendo, sin poder asimilar que Laura se liase con nuestro primo y más todavía teniendo a
un marido como Fran. En ese momento pensé en él y en que quizás hubiera salido corriendo detrás mío y por eso volví tras mis pasos para que no viera lo que ocurría dentro de su coche. Empujé la puerta de ese parking que daba acceso al edificio y justo me encontré con él en el pasillo de acceso. Fran. Dije abrazándome a él. Silvia.¿ Estás bien? Me dijo acariciando con dulzura mi espalda. Fran venía acompañado de Marisa, la directora ejecutiva, al darme cuenta de su presencia me separé
de él, mi cuñado me miró con cara de sorpresa. Sí, sí, todo bien, le comenté, aunque mi cabeza no dejaba de ser un torbellino de preguntas. Te estábamos buscando.¿ De verdad estás bien? Comentó viendo mi sofocación. Había pasado un buen rato desde que dejé a Fran en aquella oficina con sus ojos llenos de dudas, como lo seguramente lo estaban los míos para él. Estaba apurada por si me habría estado buscando y lo peor, por si le diera por traspasar la puerta que estaba a mis espaldas y quedaba
al parking.¿ Estás aquí? Me dijo mi cuñado mirando mi cara enrojecida porque yo parecía estar en otro lugar. Silvia,¿ está todo bien? Sí, sí, es que me había perdido. Contesté con apuro. Ya, esto es enorme. Marisa me está enseñando nuevas cosas, a cada cual más alucinante. no salgo de mi asombro. Las palabras de Fran eran ciertas, desde que habíamos puesto el primer pie en ese pueblo y en esa empresa, las sorpresas iban una tras otra, pero no quería ni imaginar que él pudiera traspasar la puerta
que daba acceso al aparcamiento.¿ Y qué habéis visto? Pregunté, queriendo que el tiempo pasara y desistieran de seguir avanzando por ese pasillo. Acabamos de ver la sala de prototipos y es increíble lo rápido que van sacando nuevos modelos. Dijo él mirando de reojo a Marisa que sonreía mordiendo
ligeramente su labio. No le veía demasiado atractivo a eso de los prototipos, teniendo en cuenta de que yo había vivido una comida de coño en toda regla viendo a mi novio en una sala de masajes para acabar descubriendo a mi hermana follando con nuestro primo. Muy interesante, dije
sin demasiado afán. Mucho. Respondió Fran, presosamente ahora Marisa, me estaba indicando el camino para ir al archivo general, donde guardan la documentación de los últimos cinco años que es el tiempo que lleva funcionando la fábrica y quiero ojear esos expedientes. Si quieres lo hacemos juntos, me dijo señalando a la directora que como siempre iba tan impecable con un conjunto de falda y chaqueta de color gris claro
y una camisa blanca escotada que remarcaba sus pechos. La idea de alejar a Fran de allí era más que buena y si podía estar junto a mí, mejor. Genial, vamos juntos. Comenté. No, Silvia, yo tengo pensado que me eches una mano con una visita de unos comerciales. Intervino Marisa.
Pero… Ella no me dejó acabar la frase. Tenemos que ir a la sala donde nos esperan los comerciales americanos que vienen a enseñarnos un producto nuevo en lo que se refiere a las máquinas sexuales, continuó con su radiante sonrisa. En cuanto les he dicho que la compañía tiene dos nuevas dueñas, están empeñados en conoceros, por lo menos una de las dos hermanas. Esto, yo, veía que Fran podría
descubrir el pastel, pero Marisa tiraba de mí. Son unos proveedores muy importantes, Silvia, venga, que, de fijo, les encantas y, además, dicen que cuatro ojos ven mejor que dos y tu opinión también será importante para valorar ese nuevo producto que nos quieren presentar. Creo que es importante que me ayudes a tomar decisiones, al fin y al cabo, eres una de las mayores accionistas. Miré a esa mujer, luego a mi cuñado, que me dijo acariciando de nuevo con dulzura
mi cintura. No te preocupes, nos vemos luego. Vete con ella. Yo busco los archivos. Sí, Fran, no tienes pérdida. Al final del pasillo, atravesando el garaje, una puerta a mano derecha y estas son las llaves, le explicó ella entregándole una llave. Me quedé bloqueada, porque no sabía qué excusa poner y Marisa me apremió tirando de mi mano y diciéndome. ¿Vamos? Pero yo no entiendo de estas cosas, dije balbuceando mirando a Frank que lo que quería era que no fuera
en dirección al coche. Venga, mujer, ve con Marisa y luego me explicas mientras yo reviso esa documentación. Por cierto, no encuentro a Laura,¿ la has visto por ahí? Le dejé las llaves del coche y necesitaba coger unas cosas, pero no la localizo. Creo que me salió la voz entrecortada y respondí. No, no la he visto. Yo tenía otro de los juegos de llaves, pero no podía dárselas teniendo en cuenta allí estaba mi hermana con Carlos y
no de charla presosamente. Marisa tiró de mi mano y Fran siguió el camino hacia donde le había indicado ella. Miré hacia atrás, sin dejar observar la trayectoria de mi cuñado hasta que atravesó el garaje y se adentró en otro pasillo, sin pasar por la zona de aparcamientos. Respiré tranquila cuando le vi desaparecer. No sé qué hubiera pasado si se hubiera dado cuenta de que allí estaba su
mujer con su primo entregados a la pasión. Con cierto titubeo terminé acompañando a Marisa a la sala donde esperaban los comerciales para la demostración de un nuevo producto. Aquella fábrica se había convertido en un sinfín de productos y sensaciones de los que siempre había oído, pero nunca apreciado de primera mano. Tu cuñado es un encantó. Me dijo Marisa que caminaba a mi lado, marcando el sonido de sus tacones en el largo pasillo de vuelta a las
instalaciones de aquellas inmensas naves. Sí, es muy majo. Comenté.¿ Y está buenísimo, eh? No respondí, pero los ojos de Marisa parecían estar buscando los míos. Por no hablar de esa polla, es perfecta. Añadió dejándome más que sorprendida. ¿Qué? Sí, perdona, pero mientras tú estabas por ahí medio perdida, aproveché para ir a la sala de prototipos y le dije que queríamos probar un nuevo modelo de consolador y que si
no le importaba servir de modelo.¿ De modelo? Sí, bueno, me había comentado Rebeca el tamaño de tu cuñado, como ya sabrás, yo la verdad ni me lo creía.¡ Qué polla tan preciosa! No sabía qué contestar. Bueno, pues se ha ofrecido y se hizo la prueba de un molde de su miembro para uno de los consoladores más grandes. Es precioso, ya están trabajando con ese nuevo artilugio, va a ser tremendo y perfecto. Yo, la verdad, no había
visto nada parecido. Era cierto, yo tampoco había visto nada igual, pero seguía en shock, sin ser capaz de asimilar lo que oía y pregunté para cerciorarme.¿ Le habéis hecho un molde a la polla a Fran? Sí, es que es una pasada. Pero… Se prestó amablemente y yo misma noté cómo se endurecía entre mis dedos, no sé si te puedes hacer la idea de esa sensación, pero es que es tremenda, verla crecer en mi mano es alucinante. Sí, sabía perfectamente lo que era esa sensación, lo había vivido
y no hacía mucho tiempo. Ahora, ya sé más de una que comprará ese nuevo consolador gigante, bueno, yo la primera». porque menudo calentón me he cogido con tu cuñado». Al final de otro nuevo pasillo, entramos en una sala donde dos hombres de mediana edad, uno blanco y otro de color esperaban sentados en uno de los sillones que decoraban la estancia. Iban elegantemente vestidos con traje y corbata, que
se veían hechos a medida. Al entrar se levantaron de inmediato y se presentaron educadamente.« Hola, soy Mark», se presentó ese hombre de color fuerte y alto, con la cabeza totalmente rapada, chapurreando en español con el típico acento norteamericano. El tío estaba muy bueno, se veía su elegancia y que portaba bajo ese traje un cuerpo muy cuidado. Su
apariencia se asemejaba a un jugador de fútbol americano. Él es mi compañero James, añadió señalando a un hombre rubio delgado, pero de facciones pronunciadas y que igualmente parecía tener buenos músculos bajo su ropa y que también hablaba nuestro idioma. Un placer,« Yo soy Marisa, la directora ejecutiva de la empresa y les presento a Silvia, futura accionista, mayoritaria de la misma», explicó con una sonrisa a la vez que me señalaba.« Teníamos muchas ganas de conocerla», dijo Mark, besando
el dorso de mi mano, muy galantemente. El otro se limitó a estrechar mi mano a continuación y me sentí pequeña entre esos dos hombres gigantes tan buenorros. Somos de la empresa Asito y si supongo recibiría a través del correo los diversos productos que estamos lanzando, pero hemos querido traer nuestro producto estrella para que lo vieran de primera mano. Naturalmente,
dijo Marisa sonriente. Una caja reposaba sobre una de las esquinas de la sala con una fotografía estampada en uno de los laterales que al verla me recordó más a un aparato de tortura que de placer, lo cual me hizo sonreír. circunstancia de la que se apercibieron ambos hombres que igualmente sonrieron.¿ Qué es eso? Pregunté. Una máquina que proporciona grandes placeres, principalmente a las mujeres. Comentó ese hombre de piel de ébano sonriente. He oído hablar de máquinas
del placer, pero nunca había visto algo tan singular. Cuando lo vea en acción se dará cuenta de que es más que singular. Añadió. Bueno, creo que donde esté un cuerpo para sentir que se quite esto, les comenté dentro de mi relativa ignorancia. Eso es cierto, nada como el contacto humano, pero bueno, le aseguro que esto está muy cerca de la realidad. Añadió Mark. El hombre rubio me sonrió y procedió a explicar la función de dicha máquina, mientras su compañero desembalaba lo que había dentro de la
caja procediendo a su montaje. Las máquinas sexuales de por sí son dispositivos mecánicos destinados a la estimulación y simulación de relaciones sexuales cuyo mecanismo de accionamiento es un juguete sexual adjunto al extremo y a menudo existe la posibilidad de montar diversos accesorios. Normalmente el juguete eléctrico sexual realiza el movimiento hacia arriba, hacia abajo, adelante, atrás pero también lo puede hacer de forma giratoria no se explicaba mientras
observaba cómo su compañero iba montando el dispositivo. Marisa y yo nos miramos sin entender muy bien cómo funcionaba semejante aparato que iba montando minuciosamente Mark, pero ambas estábamos muy atentas a su explicación y a ese cuerpo que se ajustaba bajo su traje. Funciona con electricidad, ante lo cual el usuario ya no tiene que hacer mucho. Esto permite cerrar los ojos por un momento y entregarse a todos
los estímulos eróticos que entran. Las manos quedan libres para estimular otras zonas erógenas, continuó mientras Marisa y yo nos
mirábamos llenas de curiosidad. Mark terminó de instalar la estructura metálica con dos soportes y un brazo que se podía ajustar de forma que cada usuario obtiene la posición adecuada, sobresalían hasta tres varillas a cada lado, es decir, podía estimular a dos personas a la vez situadas una a cada extremo del aparato donde según nos explicaron se ajustaban diversos dildos que fueron sacando de sus embalajes un dildo.
Vaginal de unos 18 cm y otro anal de unos 15 cm tenían una apariencia tremendamente realista el glande y el firme eje venoso todo ello acompañado de un lubricante. Acérquense y toquen lo que quieran, se basan en modelos muy realistas.
Comentó el rubio. Marisa y yo palpamos la suavidad de esos dos penes de plástico, cuya textura era increíblemente realista, dando la sensación de que estábamos tocando una polla de verdad, aquello empezaba a turbarme y no podíamos evitar mordernos, ambas, nuestros respectivos labios ante las sensaciones que se podían recibir con aquellos artilugios, con tan solo tocarlos. Me estoy mojando con solo imaginarlo, me dijo Marisa entre dientes, aunque creo
que Mark la oyó. Por el rabillo del ojo vi que los dos hombres se miraban y con un pequeño gesto facial se sonreían al vernos tan entusiasmadas, orgullosos de ese producto tan exclusivo.¿ Y cuántos empujes puede llegar a producir esto? Preguntó a Marisa a la que se notaba, le gustaba mucho el aparato. Hasta 300 empujes por minuto, respondió Mark, con este mando a distancia puedes regularlo como desees. ¿300?
Dijimos asombradas, ambas a la vez. El calor subía a pasos agigantados, si ya de por sí hacía calor el ver aquel aparato con dos dildos sobresaliendo de las varillas a escasos centímetros uno del otro provocaba un sofoco increíble.¿ Y se puede adaptar cualquier tipo de consolador? Preguntó Marisa. Por supuesto, están adaptados a cualquier tipo de dildo o
consolador que se puede acoplar fácilmente a la varilla. Hemos traído un tamaño adecuado, supongo, me quiso explicar James, Viendo que yo estaba acariciando esa polla de 18 centímetros, con total entrega, como si la pajease y es que estaba hecha de
una especie de silicona, pero muy natural. Al sentirme tan concentrada en ello y viendo que ambos hombres me miraban sonrientes, la solté, algo avergonzada.« Pueden probar su funcionamiento si así lo desean», espetó James de la forma más natural.«¿ Perdón?» Fue lo primero que solté al oír aquel comentario.« No pensarán probarlo ahora», les dije aireada mirando a Marisa.« Tranquila, Silvia, a mí no me importa probarlo», soltó ella observando fijamente
a ambos hombres que en principio quedaron sorprendidos por la audacia e impulsos de la mujer.« No se puede comprar algo sin antes haberlo probado, ¿no?».«¿ Pero, aquí?», pregunté mirando a los ojos a esos dos hombretones. Desde luego, ella iba por delante y más allá de lo que eran mis propios pensamientos, pues sí que me llamaba la atención probarla, aunque no era tan intrépida como ella y menos a hacerlo allí mismo. Mark, sonriente, procedió a colocar una tumbona
de forma anatómica que acercó al dispositivo mecánico. Mientras Marisa se bajaba la cremallera de su falda de tubo para quedarse únicamente con un tanga blanco y unas medias de color carne ajustadas a sus muslos por un liguero. Yo la miraba y no daba crédito, pero estaba claro que, en aquella empresa, todos sus empleados, se entregaban al máximo.
Los dos hombres observaban a esa mujer, que pasaba de los cuarenta años, pero mantenía un cuerpo espectacular, terminó por despojarse del tanga y del sujetador, quedándose únicamente con la camisa blanca. A medio de esa brocharia a través de la cual se apreciaban unos pechos firmes y turgentes cubiertos enmarcados por unas amplias aureolas y pezones gruesos, que empezaban
a querer resaltar la excitación. La naturalidad de Marisa me pasmaba y la cara de los hombres observándola era digna de enmarcar, no era para menos, pues ella, vestida únicamente con una blusa abierta, un coqueto moño en su cabeza y largos tacones en sus pies, era una imagen muy erótica. Yo no quitaba la vista de esos tipos, pues Mark y James no eran de piedra y parecían entusiasmados con
la soltura y belleza de la mujer rubia. a la que amablemente ayudaron a tumbarse sobre la camilla y mientras James colocaba las vergas de goma sobre las varillas Mark ajustó las patas de la tumbona, de tal forma que el coño de Marisa quedara a la altura de uno de los falos de goma. Yo estaba sentada en el sofá como espectadora, nerviosa pero también expectante de lo que se estaba preparando allí. Desde luego, si días atrás me hubieran dicho que iba a vivir eso, nunca me lo
hubiera creído. Ambos hombres se separaron de Marisa, que levemente incorporada podía observar el dildo vaginal de unos 18 cm apuntando a su coño.«¿ Preparada, Marisa?», preguntó Mark. Ella sintió, pero casi no hacía falta corroborarlo, porque incluso yo, desde la distancia podía ver el coño brillante de esa mujer, visiblemente excitada.
James tomó el mando a distancia y empezó a girar el nivel de vibración del falo, en principio al mínimo nivel, La varilla empezó un ligero movimiento giratorio, la tumbona se deslizó, suavemente, al punto de encuentro del coño de Marisa con el glande del dispositivo. Fue el primer sonido que salió de la garganta de la directora, que suave es. Continuó para
seguidamente morderse los labios. Ver a aquel consolador entrando en el sexo de Marisa era todo un espectáculo y la tensión sexual iba incrementándose, algo que se respiraba en todos los presentes, James fue aumentando el nivel de vibración y cambio el movimiento giratorio por uno lineal. Adelante, atrás, procediendo a que parte del dildo empezara a penetrar la entrepierna. Marisa arqueó las caderas al sentir el contacto, echando la cabeza hacia atrás y automáticamente los dedos de su mano
izquierda buscaron su clítoris para aumentar la estimulación. Uf. Es muy real. Los labios de Marisa se abrían dejando escapar gemidos que envolvían la sala. Los hombres se sonreían satisfechos por su demostración y yo no salía de mi asombro. Instintivamente me sorprendí yo misma de que mis manos recorrieran mis muslos observando la escena y más cuando James procedió a aumentar el ritmo de la varilla, una vez el dildo se había ido ajustando al coño de Marisa. Los 18
centímetros progresivamente iban desapareciendo dentro de la mujer. La respiración se le intensificó subiendo su abdomen ante la excitación que estaba sufriendo, los ligeros gemidos se fueron convirtiendo en gritos de placer descontrolado. Se estaba corriendo. Mark se acercó y colocó el dildo anal, tras lubricarlo, en la varilla inferior, y a través del mando a distancia empezó a girar con suavidad frotando el agujero posterior de Marisa, los espasmos
de la directora empezaron a ser descontrolados. Sus movimientos de cabeza a un lado y otro hacían que su pelo, para entonces, enmarañado, cubriese su cara y resoplase presa de un intenso placer. Ella parecía estar en éxtasis y yo estaba con un calentón mayúsculo tocando mi sexo por encima de mi vestido y notando que me iba humedeciendo por momentos.
Ver aquellos dos aparatos entrando a cada vez más velocidad era un torbellino de sensaciones y para Marisa más todavía a tenor de sus gemidos y gritos.—¡ Guau, joder, sí! exclamaba retorciéndose y acariciando sus pechos. Mark y James se acercaron cada uno, por un lado, el bulto de ambos hombres era bastante evidente como así la humedad que me embriagaba a mí. Marisa quedó mirando y observó como las
vergas palpitaban a través del pantalón. James miró a su compañero y este asintiendo, aumentó el ritmo del dispositivo consolador que empezó a moverse más frenéticamente, tanto anal como vaginalmente. La velocidad era tremenda, como estar siendo follada a cámara rápida y ella no dejaba de gemir en un incontrolado orgasmo atada a ese potro, que más que de tortura,
era de placer. Pocos segundos después, no sé en qué momento, pero las pollas de ambos hombres estaban fuera de sus pantalones y rozaban los labios de Marisa, mientras los dildos provocaban chapoteos continuos del coño de la mujer.« Deberías probarlo, Silvia», las palabras salían entrecortadas de la garganta de Marisa. Me limité a sonreír, pero no era capaz de afirmar aquello como lo que dictaba mi mente, que sin duda estaba deseosa de probarlo. No, mejor no. Dije notando un ligero
temblor en mi voz. Marisa quedó tumbada y siguió agarrando esos dos falos que rozaban sus labios, mientras la máquina infernal follaba su coño a una velocidad inaudita y acabó en un monumental orgasmo, soltando un chorro que llegaba a gotear el suelo. al tiempo que James iba disminuyendo la velocidad y detener el mecanismo de esa máquina del placer.
Los hombres guardaron sus respectivas pollas en sus pantalones y yo seguía tocando mi coño, de forma instintiva sobre mi vestido, presa de demasiadas sensaciones, sin atreverme a dar ese paso, no sé muy bien por qué. Uf, Silvia, no puedes dejar de probarlo. Decía Maricé incorporándose ayudada con amabilidad por esos dos hombres gigantes. Quizá quieran tenerla a prueba un tiempo, pero creo que encaja muy bien en su negocio, añadió James.
Esa mujer, ataviada únicamente con sus tacones y su blusa abierta, se acercó a mí. Se veía su cuerpo sudado, sus pezones y aureolas aumentados considerablemente y aún se escurrían ríos de flujo entre sus muslos. Sus mechones de pelo caían por su cara, como si hubiera estado inmersa en un vendaval. te aseguro que es una auténtica pasada intentaba ella convencerme. Mi mente lo estaba, pero yo no acababa de soltar mis miedos, pudores o prejuicios, y mucho menos delante de
esos desconocidos. Espera, creo que tengo la solución. Dijo de pronto Marisa y de pronto desapareció por una puerta de esa sala, dejándome llena de dudas y muy cachonda. Los dos hombres me miraban, mientras limpiaban la máquina y yo no podía evitar observar sus bultos bajo sus pantalones y
lo que acababa de suceder en tan poco tiempo. Marisa había desaparecido y no sabía muy bien a dónde había ido y cuál era la solución de la que hablaba, cuando de pronto la puerta se abrió y volvió a aparecer ella de la misma guisa, totalmente desinhibida y todavía notablemente excitada.« Con esto no te puedes negar», dijo entregándome
un consolador gigante que aferré en mi mano. Lo palpé entre mis dedos, comprobando que era de la misma tersura que el de 18 centímetros, pero algo más largo y notablemente más grueso.¿ Qué es esto? Dije sujetando esa polla gigante y mirando a Marisa. El molde de tu cuñado, respondió sonriente. ¿Cómo?
Añadí palpando por entero ese miembro que enseguida reconocí. Efectivamente era una copia exacta de lo que yo misma había palpado en vivo a Fran, y era realmente preciosa, con sus venas marcadas, como las suyas, con ese mismo grosor, esa dureza, era una réplica exacta.« Ahora no puedes negarte a probar la máquina», dijo Marisa, mirándome con cara de traviesa.«¿ Pero se puede acoplar a la máquina?», preguntó ella a
los dos hombres que confirmaron a la vez. Marisa tendió su mano y yo me levanté acercándome a ese asiento en el que ella acababa de vivir esa experiencia unos minutos antes. Los hombres colocaron la polla gigante en la varilla principal y me invitaron a que me desnudase de cintura para abajo. No me dio tiempo a decir nada, porque la propia Marisa metió la mano bajo mi vestido
sacando mi empapado tanga hasta sacarlo por mis pies. Mejor remangar el vestido o quitarlo, para evitar cualquier enganchón, advirtió Mark. De nuevo Marisa se adelantó y sacó el vestido por mi cabeza, sin que apenas pudiera decir. No llevo sujetador, fueron mis palabras queriendo avisar, pero sin tiempo a más quedé completamente desnuda en medio de aquella sala. Los dos tipos se me quedaron mirando sin pudor y yo noté
un estremecimiento por todo mi cuerpo. Ambos, muy amablemente, cada uno de una mano, me condujeron a la máquina del placer para quedar allí tumbada, desnuda boca arriba expuesta a sus miradas. ¿Preparada, Silvia? Preguntó James, que parecía relamerse viendo mis tetas. Lo vas a gozar, añadió Mark, primero mirando a mis ojos y luego a mi coño expuesto. Asentí cuando vi que manipulaba ese miembro enorme, que me excitaba de tan solo verlo, sabiendo que era la copia de
la polla de Fran. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
