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HERENCIA - PARTE 2 (Relato Erótico)

Nov 21, 202534 min
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Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes Hoy presentamos Herencia, parte 2 Los ojos del párroco se quedaron clavados en esas tetas mientras ella se acercaba hacia él y empezó a desabrochar los botones de su sotana. Para Celia, por favor, la voz del cura tartamudeaba, pero sus ojos no se

despegaban de aquellas enormes ubres frente a su cara. Sin terminar de hablar la mano de la mujer de mi tío se había posado en la entrepierna del cura que empezó a mover la cabeza de un lado a otro en señal negativa, terminando por sacar su verga a media erección.

Desde la distancia en la que me encontraba se apreciaba gruesa, y después de unos ligeros meneos Celia se agachó empezando a lamer el vástago que terminó de coger una dureza y erección total.—¡ Dios!— exclamó el hombre, mientras la boca de Celia succionaba con todas las ganas aquel miembro totalmente tieso. Nunca había visto una acción igual de un servidor de la iglesia, y menos en aquel lugar sagrado, aquello terminó

por calentarme más incluso de lo que estaba. El morbo de la situación llegaba a un punto de alta excitación y mi mano derecha se posó en mi muslo subiendo hasta llegar a mi coño que empecé a restregar. Celia había colocado la polla del cura entre sus pechos y apretándolos empezó a realizar un masaje que terminó por abandonar por completo al cura que empezó a mover las caderas en un movimiento frenético mientras sujetaba la cabeza de Celia

y empujaba su pelvis con ímpetu. Si esa escena formase parte de una peli porno, sería de las más descargadas, porque aquello era tremendamente morboso y excitante. con mi mano en mi entrepierna jugando con mis labios vaginales, disfrutaba de ese momento guayer sin pensar en nada más, cuando de pronto… Una mano en esos momentos se posó en mi cintura y el brinco que me hizo dar hizo mis pulsaciones se aceleraran a límites insospechados.« Silvia,¿ qué haces?». La

voz de Fran sonó a mi espalda.« Joder, silencio». exclamé haciéndole callar, sacando mi mano de mis braguitas y notando mis dedos empapados. Cuando giré la vista, mi cuñado sonreía al ver mis dedos y luego asomado a esa misma ranura en la que Celia y el cura se recomponían las ropas a toda prisa. Sin duda ellos se habían dado cuenta de que alguien estaba al otro lado de la puerta y yo cogí la mano de Fran y

tiré de ella para desaparecer de ese lugar. Una vez que giré las escaleras que subían al coro, escondidos tras un muro, nos situamos pegados esperando que Celia y el párroco pasaran de largo algo azorados. Dios, casi nos pillan mirando. Dije jadeante en un susurro con mi cara prácticamente pegada a la de Fran. Hasta ese momento no me di cuenta de lo pegada que había quedado al cuerpo de mi cuñado, hasta el punto de que mi teta izquierda estaba contra su pecho y que incluso su cadera rozaba

mi entrepierna. Podía notar su calor, su olor, su propia respiración contra mi pecho, en un contacto placentero de ese cuerpo increíble.« Creo que ya se han ido», dije, con la boca de Fran muy cerca de la mía. En ese momento, secreto y prohibido, me hubiese encantado besar esos labios, sentirlos contra los míos, pero no podía, era mi cuñado. El marido de mi hermana. Yo por mí, nos podemos

quedar aquí todo el tiempo que quieras. Dijo Fran. Yo sonreí con esa forma burlesca que tiene siempre de tratar todo y de llevarlo a lo más picante, como quien no quiere la cosa, pero lo que Fran no sabía era lo caliente que me había quedado yo tanto por la escena en la sacristía y más aún de tenerle tan pegado a mí. En ese momento no me parecía una broma de las suyas, ya que parecía decirlo muy en serio seguía notando como sus labios estaban demasiado cerca

de los míos. Sentía mi corazón latiendo y como el contacto de mi teta en ese pecho duro parecía hacerme temblar y para colmo saber que mi entrepierna rozaba su cadera, me hubiese gustado sentir esa dureza de lo que mi hermana había confesado que era enorme. Nos limitábamos a mirarnos callados, sin decir nada y diciéndolo todo con los ojos, al menos eso quería ver yo en su mirada, que debía ser como la mía de auténtico deseo.¿ Has visto qué

fuerte lo del cura Iselia? Dije queriendo romper ese silencio que me torturaba por dentro y evitar que él se diera cuenta de que me derretía de gusto pegada a él.« Bueno, supongo que no hay muchas distracciones en el pueblo. Pero es el sacerdote y la viuda del tío». Respondí al ver que Fran se lo tomaba como si nada.« Bueno, en ese momento eran un hombre y una mujer, bastante calientes».

Fran parecía quitar hierro al asunto o me quería llevar a entender que esa travesura era menos fuerte de lo que me parecía, como el hecho de estar tan pegada a él. En un momento dado, él me miró fijamente y juraría que acercaba su boca a la mía, cuando de pronto escuché la voz de Pablo.« Silvia,¿ estás por aquí?». Debería haber salido en ese momento, mi novio me estaba buscando, pero no sé si habría sido capaz de explicarle que demonios hacía escondida en un rincón de la escalera del coro,

con mi cuerpo totalmente pegado al de Fran. Mi chico pasó de largo y tirando de la mano de Fran, salimos al jardín por la otra puerta. Notaba que mis carrillos ardían y al sentir el aire de la calle es cuando me di cuenta de que todo mi cuerpo sudaba. Mi vista se bajó a la entrepierna de Fran y me di cuenta de que esa forma de medialuna estaba más grande que cuando la había visto antes y me

pregunté si se habría empalmado por mi culpa. Cuando vi que la vista de Fran no me quitaba ojo, especialmente a mis pechos, yo misma bajé la vista para comprobar que mis pezones estaban muy marcados. Instintivamente crucé mis brazos, avergonzada y muy cachonda todavía. Caminamos en silencio a través del jardín, en dirección a donde se encontraba toda la gente, mientras en nuestras mentes, al menos en la mía, se estaban rememorando los momentos vividos junto a la puerta de

la sacristía. La visión de la mujer de mi tío haciendo una cubana al cura, la cercanía y roce de mi cuñado, el calor intenso que había invadido mi cuerpo ante lo vivido y no menos el oír a mi pareja, tan cercano, buscándome lo que hizo que las pulsaciones de mi corazón se elevaran a Límites insospechados. Fran y yo nos mirábamos de reojo y yo todavía parecía estar soñando, como si aquello no hubiera pasado y al mismo tiempo

saber que sí. Ver el cuerpo de mi cuñado ahí sabiendo que había estado pegada a él, con mi boca y mi barbilla rozando esa media barbita arreglada y ahora le veía mirándome bajo esas gafas que le daban todavía un plus de atractivo y al tiempo protegían unos ojos marrones tan expresivos y más abajo esos labios finos pero muy definidos. No cruzamos palabra durante el trayecto, pero noté que se estaba viviendo una tensión sexual entre ambos y había que eliminarla como fuera por respeto a mi hermana

y Pablo.«¿ Pero dónde os habíais metido?». La voz de Pablo nos sorprendió a ambos en nuestros pensamientos sonando detrás de unos cipreses que adornaban el jardín. Mi cuñado y yo nos miramos un segundo. Muy lejos no andábamos, estuvimos viendo la sacristía, intervino Fran sacándome del apuro, mientras yo intentaba que no me subieran más los colores.« Joder, pues he entrado en la iglesia y no se he visto»,

protestaba Pablo. Me puse serena para comenzar a hablar de forma solemne, queriendo parecer más interesada en el arte sacro que en lo que había sucedido. Hacía mucho tiempo que no entraba aquí, en esta iglesia y además de esas imágenes tan imponentes, tiene un retablo precioso, pasó mucho tiempo y desde luego te puedo asegurar que no ha perdido ese encanto de recogimiento que se vive en su interior.

Intenté que mis palabras sonaran firmes y llenas de convencimiento y seguridad, pero notaba mis carrillos arder.¿ Qué manera de escaquearte tienes siempre, Silvia? Me riñó mi chico, aunque por suerte no sospechó nada y creo que me salió bien la excusa. Observé cómo France llevaba su mano derecha a la boca y un rictus de sonrisa apareció en su

semblante mientras su vista se perdía en el suelo. Quizás todo había sido fruto de mi imaginación y realmente no había pasado nada entre nosotros más allá de estar casi pegados y lo que me pareció estar a punto de besarnos. Mientras Pablo acudía a buscar canapés a otra mesa, France fue a buscar dos copas de vino y yo intenté comer algo para no acabar borracha o haciendo alguna tontería.

Un minuto después llegó Frank con dos copas de vino blanco fresquito mirándome fijamente de una forma más lasciva de lo normal y yo disimulando le comenté.¿ Has probado estas aceitunas? No, dame una. Contestó al tener las dos manos ocupadas con las copas. Le acerqué la mano a su boca y él no se limitó a chupar la aceituna, sino que incluso jugó un momento con su lengua entre mis dedos, los mismos que habían estado en contacto con mi sexo

en la escena de la sacristía.« Mmm, está deliciosa». Dijo de forma exagerada cerrando los ojos y lamiéndose pues sin duda había llegado a notar el sabor de mi coño. Me entregó la copa con su mirada clavada en mis ojos y justo en ese momento llegó mi hermana, que no paraba de saludar conocidos y no sé si notó mi turbación, pero volvía a disimular bebiendo un buen trago de vino.« Ay, estoy muerta de tanto saludo». Se quejó

Laura a ella al llegar a nuestro lado. Algún vecino más se acercó a saludarla y es que creo que a mí ni me conocían, aunque la verdad ella hacía de hermana mayor y hablaba por las dos, como casi siempre. La temperatura bajó mucho porque el pueblo está en la ladera de la montaña. Por suerte, la gente se fue diluyendo como el mismo día. Creo que deberíamos irnos al hotel mañana, va a ser un día duro con el sepelio del tío por la mañana y por la tarde

estamos citados ante el notario. Sugirió mi hermana mientras se masajeaba el gemelo. Todos estuvimos de acuerdo, y yo, la verdad, también estaba cansada, todo el día de pie con aquellos

tacones y tantas sensaciones. Nos despedimos de nuestros primos, nos dirigimos al hotel y después de quedar temprano al día siguiente para desayunar, nos dirigimos a nuestras respectivas habitaciones.« Silvia, espero que mañana no te duermas, que te conozco», me indicó Laura con el dedo índice a la vez que Fran abría su habitación y me dirigía una mirada de complicidad de las suyas. Tranquila, mañana a las ocho estamos como un clavo allá abajo, le respondí, pero sin poder

quitar la vista de mi cuñado. Entramos en la habitación y una mezcla de cansancio y excitación me envolvían tras

ese intenso día en todos los sentidos. Me fui quitando la chaqueta y sentándome en la cama para deshacerme de los zapatos de tacón que me había comprado para ese día y que me estaban martirizando los pies, mientras mi chico se tumbaba boca arriba en la cama y con la mano derecha me acariciaba la cintura.« Estás preciosa, Silvia, hasta cuando te pones de luto jeje», me susurró Pablo mientras intentaba abarcarme con su brazo hacia él.« Voy a

darme una ducha cielo, estoy agotada», le dije levantándome a la vez que me desabrochaba la camisa y me despojaba de la falda quedando ante él con la ropa interior, igualmente oscura.« Joder, nena, hoy te estuve buscando porque tenía un calentón de verte con esa ropa tan elegante y esos taconazos». Pues estaba como siempre.¿ Qué dices? Estabas rompedora, si hasta Fran me lo comentó. Noté un calor que

me invadía de pies a cabeza. ¿Fran? Pregunté. Sí, mientras saludaba Isa no sé quién, lo comentamos, que estabas muy sexys así vestidas las dos hermanas. Aquello era un incremento a ese placer interno que me invadía y me puse de espaldas a mi novio para que no viera cómo mis pezones parecían querer rasgar el sostén. Me metí en

el baño y desnudándome. Me colé en la ducha y dejé caer el agua caliente sobre mi cuerpo con los ojos cerrados mientras mis manos acariciaban mi cara y mi pelo para posteriormente enjabonar suavemente mi cuerpo a la vez que en mi mente no desaparecía la imagen de mi cuñado lo cual hizo deslizar mis manos a mis pechos que amasé, pensando que eran las suyas las que me acariciaban.

La calentura de la noche anterior, el momento tan especial en el funeral y las palabras de mi chico, haciendo referencia a ese comentario de mi cuñado hacia mí, me estaban poniendo a tope. Un ruido cercano me sobresaltó y cuando giré mi cabeza vi que era Pablo abriendo la mampara del baño totalmente desnudo y con su polla totalmente tiesa.«¿ Pero qué haces, cariño?», exclamé y no me dio tiempo

decir más. Silencio, que lo mismo las paredes oyen me susurró mientras se metía dentro del plato de la ducha conmigo y pegaba su cuerpo al mío para mojarnos juntos. Yo estaba muy cachonda, pero me sentía mal porque Pablo pudiese notar que era pensando en otro. Pero el simplemente me abarcó con sus brazos y sus labios empezaron a explorar cada poro de la piel de mi cuello mientras sus manos masajeaban mis pechos y pinzaba con sus dedos mis pezones que si ya de por sí estaban endurecidos

por los pensamientos que me atormentaban. El sentir el contacto de la piel de mi pareja terminó por hacerme explotar y abandonar a las convulsiones lujuriosas que me invadieron. Estoy cansada, decía yo, como si pudiera adivinar con mis ojos cerrados que seguían siendo otras manos las que sobaban mis tetas.« Vamos, nena,

si estás que te derrites». Los labios de Pablo aprisionaron mis pezones con fuerza y yo sujetando su cabeza sintiendo ese placer intenso de su lengua e incluso sus dientes, intentando no soltar el nombre de Fran cada vez que

notaba ese contacto. Yo apretaba su cabeza contra mi pecho, Deseando que no acabara nunca esa vorágine sensorial que me invadía mientras Pablo seguía jugando con su lengua y sacándome de la garganta un gemido que me hizo echar la cabeza hacia atrás mientras el agua recorría nuestros cuerpos.—¡ Ah, joder!— exclamé aferrándome a su pelo.—¿ Cómo estás, nena?— Sí, joder, me tienes loca. Dije de forma instintiva, pero con Fran en mi cabeza. Es que conozco muy bien tus puntos débiles.

Añadió acariciando mi culo y logrando que expulsara un fuerte suspiro. Pablo siguió despacio, pero sin pausa en su recorrido hacia abajo con su lengua como si intentara secarme de la humedad que recorría mi cuerpo llegando a mi ombligo y deteniéndose mientras bebía de él a la vez que su mano derecha abría mis piernas y sus dedos empezaron a hurgar en mi interior. Dios. exclamé viendo mi cuerpo tan cerca del de Fran en aquella escalera que subía al

coro de la iglesia. La yema de su dedo corazón empezó a separar mis labios vaginales para introducirlo en forma de gancho y moverlo de arriba abajo estimulando mi clítoris, mis caderas empezaron a moverse al compás del movimiento de sus dedos. Hasta que empecé a notar su lengua vibrando en mi coño mientras sus dedos aumentaban el ritmo, una erupción intensa de fluidos se emanaron mezclados con el agua que nos embadurnaba. Notaba en mi gemido el eco aumentado

en el pequeño espacio de la ducha. Mi novio se levantó y nos fundimos en un beso intenso lujurioso mientras mis dedos masajearon su polla en plena erección buscando sus huevos duros llenos de leche que deseaban explotar.«¡ Qué grande!» Dije en un largo suspiro, haciendo que mi imaginación creyese que aquel miembro era realmente grande, como el que noté aquella tarde y que no era presosamente el de Pablo.

Mi chico me dio la vuelta poniéndome de cara a la pared y arqueando mis caderas hacia afuera noté como guiaba la punta de su polla en la entraba de mi coño para después de un frotamiento de arriba abajo a lo largo de mi hendidura penetrarme con un fuerte golpe de cadera hasta que sus huevos chocaron con mis glúteos. Sí, joder. Exclamé.

Me sentía aprisionada entre el cuerpo de Pablo y los azulejos de la ducha apoyando mis manos en la pared notando cómo él aumentaba el ritmo, animado por la estrechez de mi coño atrapándole y por mis gemidos más intensos que nunca. El ritmo era enérgico y mientras me mordisqueaba los hombros y masajeaba con sus manos mis pechos, una mezcla de gemidos se entremezclaron llenos de excitación y lujuria.

Hasta que noté como la polla de Pablo salía de mi interior notando las palpitaciones de su cuerpo y una lluvia de leche caliente caía en mis posaderas mezclándose con el agua que la ducha desparramaba sobre nuestros cuerpos. Uf, qué gusto. Me retorcía yo, notando un estremecimiento fuera de lo normal. Joder, cariño, me has ordeñado bien. Dijo él,¿ te ponen los funerales? me preguntó besándome en el cuello

ajeno totalmente a mis pensamientos. No pude contestar, sino mantener mi cuerpo contra los azulejos, sintiendo ese orgasmo que me invadía de arriba abajo y soltando aquella tensión en fuertes

y sentidos gemidos. Había follado muchas veces con mi novio, pero aquel polvo lo había disfrutado con una intensidad nunca recordada y aunque mi cuñado había estado presente en mi pensamiento follando con mi novio, Aquella vez fue realmente especial y es que no me lo podía quitar de mi cabeza durante todo el acto, si bien otras veces me servía de inspiración, ese que me había follado en la ducha no parecía Pablo, al menos yo imaginaba que había

sido otro. Cuando empecé a recobrar la conciencia, un sentimiento de culpabilidad me corroía, pero era algo que se me había quedado incrustado en mi mente y por más que quería no había forma de echarlo fuera. Pablo se secó y yo permanecí allí desnuda bajo el agua, queriendo expulsar esos ríos que recorrían mi cuerpo, creyendo que también se

irían los malos pensamientos por el desagüe. Media hora después nos quedamos dormidos exhaustos y volví a soñar con Fran, casi no lo recuerdo, pero sí que me veía atrapada entre sus brazos y luego mecía su polla entre mis tetas, como hiciera Celia con aquel cura. A las siete sonó el despertador y todo lo que recordaba del sueño era confuso, vago, pero noté como mi coño estaba húmedo y palpitante. Me levanté de la cama sin querer pensar en nada más

a la vez que desperté a Pablo. Un rato después, tras volvernos a poner aquella ropa de funeral, estábamos en la mesa del restaurante desayunando con Laura y Fran.¿ Qué tal habéis dormido? Una sonrisa mientras me mantenía la mirada salió de la voz de mi cuñado. Bien, muy bien. Como nunca. Comentó Pablo sonriente y visiblemente satisfecho.¿ Y tú, Silvia? Insistió Fran mirándome fijamente. Bien. Me limité a decir, bajando mi cabeza como si pudiera adivinar que ese polvo frenético

había sido por su maldita culpa. pues tu hermana se quedó como un tronco al momento, pero a mí me costó conciliar el sueño, agregó y mirándome con una sonrisa extraña. Entonces me di cuenta de que tal vez había podido oírnos en todo momento, pues al igual que yo había podido escuchar la noche anterior, en este caso mi cuñado, pudo oírlo todo. Tanto los gemidos que salían de mi garganta como los propios choques de nuestros cuerpos bajo la

ducha en aquel polvo robado y tan mágico. Sentí una enorme vergüenza y disimulé hablando con mi hermana de tontería sobre el pueblo, esquivando los ojos de Fran. El funeral fue muy emotivo, al menos con las palabras que Carlos le dedicó a nuestro tío abuelo y ver emocionada a Celia escuchándolo o a mi propia hermana con los ojos llenos de lágrimas. Todo parecía haberse esfumado del día anterior, incluso aquella mamada de la viuda con el cura, aunque

difícilmente podía borrarse de mi mente algo tan fuerte. a la puerta de la iglesia nos despedimos de toda la gente del pueblo que había acudido a presentar sus condolencias. Se nos acercó Carlos para decirnos que a las cinco de la tarde se abría el testamento y después de indicarnos el lugar donde debíamos acudir, nos despedimos de él entre abrazos y lágrimas.« Creo que nos hemos merecido una comida», dijo Fran, agarrando por la cintura a mi hermana.« Ya

lo creo». Añadió Pablo que me agarraba a mí al mismo tiempo y fuimos a un famoso asador que había en el pueblo. Nada más entrar, nos saludó el dueño, que también era de la pandilla de Laura y que, tirando de su mano, le fue enseñando el local. Mientras tanto mi chico se fue al baño y Fran y yo nos ubicábamos en la mesa que nos habían asignado.« Estarás agotada», me dijo.« Pues sí, la verdad esto se hace muy largo y además estos taconazos», respondí sacando ligeramente

el pie de uno de mis zapatos. Y después de anoche, añadió sonriente.«¿ Cómo, uf, se nos oyó?» Noté cómo los colores subían por mis mejillas. Fran hizo un silencio con cara de pillo para añadir.« Sí, especialmente a ti, parecías

pasarlo muy bien, cuñadita». sí, estaba un poco borracha. Aquello no había quien se lo creyese y en el fondo yo tenía claro que Fran sabía el motivo de mi excitación, de hecho, los dos habíamos notado eso, con tan solo mirarnos.—¿ Tú no tuviste fiesta?— pregunté envalentonada.— Pues no, tu hermana se quedó frita al momento, por eso que tuve que aliviarme solo, pero eso sí, bastante motivado con lo que se oía en la habitación contigua. Ah, Fran, qué vergüenza.

No tengas ninguna, es algo normal, y esas paredes oyen, pero de verdad, me alegro mucho de que lo pasaras así de bien, al fin y al cabo, estamos de funeral. Sí, lo de las paredes es cierto, yo pude escucharos la noche anterior.¿ De verdad? Dijo sorprendido. Sí, parece que también lo pasasteis bien, al menos mi hermana parecía disfrutarlo. Joder, nos hemos pillado mutuamente. Ja, ja, ja, ja. Su risa me contagió a mí y ambos soltamos unas cuantas carcajadas.

En ese momento llegó Pablo del baño y nos preguntó inocentemente.¿ Qué tal?¿ De qué hablabais? Parecía divertido. Fran y yo nos miramos un segundo, pero no hacía falta decir nada, aunque yo me quedé algo bloqueada, Fran logró disimular bastante bien. Hablábamos de lo cansado e intenso que es todo esto y yo le decía a Silvia que es más duro que una partida de pádel y ya sabes, tu chica

se ha partido de risa. Tuve que sonreír por esa ocurrencia y aunque era inverosímil, Pablo se quedó conforme, aunque con cara de no haberle visto la gracia al chiste.

Fran me devolvió la mirada y yo lo hacía de reojo, estaba avergonzada, pero seguía calentándome con esa sonrisa traviesa de mi cuñado.« A ver qué os ha dejado vuestro tío en herencia, me pica la curiosidad», añadió Pablo dando un sorbo a la cerveza que nos habían servido.« No entiendo que nos haya dejado mi tío, después de tanto tiempo sin venir al pueblo y teniendo en cuenta la relación se había enfriado bastante», dijo mi hermana que se había

sentado junto a Fran. mientras no sean deudas, apuntó mi cuñado. Nos dimos cuenta de un lechazo que nos prepararon regado con un vino exquisito de la tierra y luego nos dirigimos a la notaría. Nos encontramos a mis primas y un poco más al fondo estaba nuestro primo Carlos con Celia en una conversación que me pareció demasiado afable y estaba casi convencida que entre ellos había algo más de

cercanía que la de su parentesco lejano. Tomamos asiento y posteriormente el notario procedió a la lectura de la herencia, a mis primos Carlos, Remedios y María les dejó las propiedades que tenía en el pueblo, así como varias fincas, después de un breve silencio y un carraspeo continuó. A su sobrina Silvia y Laura el finado deja el 51% de las acciones de la empresa, tu fantasía, y el 49% restante a su mujer Celia Castellanos. Laura y yo

nos miramos con los ojos como platos. La casa familiar y el dinero en metálico que asciende a 250.200 euros pasa a De Celia Castellanos. La lectura se da por finalizada. Tienen una semana justo para presentar alegaciones y posibles reclamaciones a las voluntades de De Ernesto Sabater Fernández. Esta tarde les entregará el secretario los papeles para que me firmen y poder agilizar los trámites, terminó el notario, un hombre que rondaría los 60 años, se levantó y desapareció por otra puerta.

Un murmullo recorrió la estancia, mientras mi hermana y yo nos quedamos mirándonos estupefactas sin saber muy bien qué decir e incrédula sobre el trato de dicha empresa.«¿ Ha dicho fantasía?» Pregunté a Laura.« Sí, creo que ha dicho tu fantasía».«¿ Qué coño es eso?¿ Un puticlub?» Añadió ella.«¿ Tú tampoco sabías que el tío tenía una empresa?» Para nada. Suena raro, desde luego. Tanto Pablo como Fran se quedaron en silencio sin saber qué decir, pero parecían estar disfrutando de nuestras

caras de asombro. A lo lejos nuestro primo Carlos sonreía a la vez que miraba a la viuda. Desde luego el nombre de la empresa se las trae, dijo Pablo inclinándose hacia nosotras mientras intentaba disimular una risa tapándose la boca. Calla tonto, que a ver si nos sacan encima a gorrazos.

Le recriminé.« Joder, es un poco fuerte,¿ no?» Nos levantamos y nos acercamos a nuestros primos a la vez que Celia se adelantó a nuestro encuentro.« Parece vamos a ser socios de la empresa» salió de pronto de la boca de la exuberante mujer que nos miraba con reticencia pues no debía esperar que nosotras fuéramos las máximas accionistas de ese negocio, cuanto menos, raro.« Parece que sí», añadí todavía con la sorpresa que me invadía.« Lo mejor es que

vendáis vuestra parte cuanto antes», nos comentó ella. Laura y yo nos miramos, sin saber qué decir, pero seguíamos intrigadísimas. No sabía que nuestro tío tuviera una empresa en el pueblo, de hecho, no hay muchas naves industriales.« Es una empresa pequeña y está a unos cuantos kilómetros de aquí», respondió algo seca. Volvió a aparecer en mi mente uno de los puticlubs que había en la Nacional antes de la bifurcación al pueblo.¿ Sería mi tío Ernesto dueño de uno

de ellos?¿ En serio? Antes de vender, habría que saber de qué va esa empresa, ¿no? Comentó mi hermana a la viuda. Ah,¿ no lo sabéis? Añadió extrañada Celia mientras nuestro primo Carlos, como queriendo pedirle ayuda, se ponía a su lado. pues no la verdad, dijo Laura que me miraba igual de extrañada que yo. Da poco rendimiento, aclaró la viuda. Bueno, eso no es cierto del todo, Celia. Apuntó Carlos queriendo ser sincero con nosotras.¿ Por qué no

te callas? Soltó ella, como si hubiera metido la pata. Carlos nos miró y viendo que esperábamos una explicación más detallada, miró a Celia que parecía estar disgustada y cabreada al mismo tiempo, pero él sintió la necesidad de aclararlo.« Mira, es una empresa dedicada a la fabricación de lencería y juguetes eróticos».«¿ Qué?», preguntamos las dos hermanas al unísono.« Sí, vuestro tío, nada más enviudárselo compró a un amigo de la Millie, creo, y era una empresa pequeña y ahora…».

Ahora sigues siendo pequeña. Apuntó Celia cortándole. Mi hermana y yo nos miramos y ella tomó la palabra, pues yo estaba todavía en SOC. A ver, a ver.¿ Me estás diciendo que mi tío Ernesto, ese hombre que se dedicaba al campo y a las ovejas, tenía un negocio de lencería? Sí, y juguetes eróticos, ya sabéis, dedicada a satisfacer el bienestar íntimo,

con venta tanto online como física. Añadió Carlos juntándose más de la cuenta a Celia que le agarraba de un brazo como si estuviera hablando de más y me pareció que hasta le aplicaba un pellizco. Reconozco aquello nos dejó totalmente paradas tanto a mi hermana como a mí y por la cara de mi cuñado y de Pablo, ellos

debían estar flipando tanto como nosotras. A pesar de las trabas que quería poner la viuda en decirnos toda la verdad, Carlos nos explicó con detalle cómo había adquirido la empresa por poco dinero, que después conoció a Celia y que ambos llevaban el negocio que era bastante próspero. Pero,¿ tanto se vende en este pueblo esas cosas? Alguna cae, jeje, pero no, viene mucha gente de fuera y sobre todo lo que más se vende es online. Apuntó Carlos.¿ En serio? Sí,

ahora mismo tiene quince trabajadores. ¿Quince? Volvimos a preguntar Laura y yo a la vez. Bueno, no es tan bonito como lo pinta Carlos, ya os digo que es un negocio que os pilla lejos de casa y que no renta para todos y que da más problemas que otra cosa. Lo mejor es vender vuestras acciones en cuanto el notario os las asigne. Apuntó Celia que por un momento parecía

haber olvidado al tío Ernesto. Laura y yo nos habíamos convertido en máximas accionistas de una empresa dedicada a la fabricación de material erótico, que parecía dar muy buenos dividendos, pero no éramos capaces de asimilar algo tan fuerte. Si me hubiesen preguntado tiempo atrás sobre a lo que se dedicaba mi tío abuelo, desde luego no esperaba que fuera eso, es más, lo del puticlub me sonaba más creíble que eso. Pablo y Fran se miraban con los ojos totalmente abiertos

y comentaban algo entre ellos entre risas.¿ Qué pasa? preguntó Laura a ambos.¿ Nos saldrá gratis entonces la obtención de todo tipo de material sexual? señaló Fran desviando la mirada hacia mí que me sentía como si me hubiera pegado el sol en la cara durante dos días completos, pues entre lo vivido y ahora esta notición. A petición de Carlos, que hacía las veces de intermediario entre la viuda y nosotras, convenció a ésta para que nos llevara a conocer la

empresa y a poner todos los papeles en regla. No creo que, quiso decir ella.« Lo lógico es que lo veamos», le interrumpí.« Bueno, mañana os puedo enseñar todo y en las oficinas y de paso para que veáis las cuentas». Dijo Celia a regañadientes, pero no le quedaba otra que enseñarnos in situ de que iba todo eso.« Silvia, no podemos quedarnos un día más», comentó Laura.«¿ No?¿ Por qué?», pregunté yo. Tengo a los niños con los padres de Fran y se van a un viaje del incerso pasado mañana.

Dijo ella. Yo miré a Fran que se encogía de hombros confirmando lo que decía mi hermana y luego a Pablo, pero él me aclaró. Nosotros tampoco podemos, ¿recuerdas? Mañana tengo una reunión en el trabajo a la que no puedo faltar.

La viuda pareció alegrarse de que ninguno estuviera en disponibilidad de visitar la empresa, pero le dije a mi hermana al oído que no podíamos dejarlo en sus manos, porque quizás al día siguiente había vendido su parte a un fondo buitre o algo parecido y yo estaba bastante mosqueada con ese negocio turbio.« Es verdad, no me fío mucho de esta», dijo mi hermana a mi oído. me puedo quedar yo. No tengo trabajo hasta dentro de quince días. Afirmé.

Laura me miró, pero no parecía convencida de dejarme sola ante ese embrollo, teniendo en cuenta de que en el pueblo no nos miraban demasiado bien y, para colmo, la viuda no estaba feliz con ser la socia minoritaria. Fran, tú que eres abogado podías quedarte en mi representación, le imploró mi hermana a su marido de pronto. Cielo, tengo mucho trabajo en el despacho además estamos pendientes de varios

juicios en unos días, negaba con la cabeza Fran. Por favor, habla con tu jefe, seguro él lo puede arreglar para que puedas estar unos días aquí. Además, Silvia que sabe de números te puede echar una mano. Ella está libre, mi hermana agarró de las manos a su marido, intentando convencerle y este me miró un instante. Vale, déjame hacer una llamada a ver qué puedo hacer. añadió Fran y

me pareció ver una sonrisa en su rostro. Mi cuñado se alejó a hacer la llamada, mil calores invadían mi cuerpo, si mi hermana se iba, Pablo también, me iba a quedar unos días con Fran arreglando todo el papeleo de una empresa, dedicada al placer.¿ En serio iba a quedarme sola con Fran?¿ Qué clase de tortura era esa? Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.

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