GEMELAS - PARTE 9 (Relato Erótico) - podcast episode cover

GEMELAS - PARTE 9 (Relato Erótico)

Jul 15, 202550 min
--:--
--:--
Download Metacast podcast app
Listen to this episode in Metacast mobile app
Don't just listen to podcasts. Learn from them with transcripts, summaries, and chapters for every episode. Skim, search, and bookmark insights. Learn more

Episode description

The podcaster did not provide a description for this episode.

Transcript

Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos. Gemelas, parte 9. Llegó una temporada de bonanza. Las cosas iban bien, o casi. La tienda funcionaba muy bien. Don José se mantenía bastante bien y Teresa lo llevaba con paciencia. Soledad me llamaba cuando tenía alguna consulta que hacerme, y Clara me esperaba muchas mañanas en la puerta de salida para invitarme a un café rapidito en su cocina. Por otra parte, en

mi casa, Elsa se comportaba bastante cordial. Después de aquella incursión de su mano debajo de la manta, se mostraba más animada, más comunicativa, pero sin avanzar más. Susa, según nos contó mi madre, estaba desconocida. por lo que nos dijo, había cambiado radicalmente, ahora ayudaba a mi madre con la abuela, igual que lo hizo en su momento Elsa, vestía moderna y se distinguía entre sus amigas, pareciendo mucho más mujer.

Elsa estaba muy orgullosa de Susa. Se notaba que iba reconociendo que era ella la que estaba ofuscada respecto a su trauma, porque la forma de actuar ahora en casa era más relajada. Incluso en su forma de vestir y maquillarse ya no era tan monjil y se mostraba más natural. Una mañana, cuando me iba a levantar, sonó el teléfono. Elsa me rogó que lo cogiera yo, porque estaba ocupada. Acudía por él

Speaker 3

extrañado de que alguien llamara tan temprano.—¿ Dígame?—¿ Quién es? Ya estaba

Speaker 2

a punto de colgar, ya que pensé que sería alguna equivocación cuando oí algo parecido a un sollozo. Ya me interesé más y volví a

Speaker 3

insistir. Sí, dígame. Soy yo, Teresa. Dime, Teresa.¿ Qué te pasa? Parece que estás llorando.

Speaker 2

Bueno, sí, es que mi marido está en el hospital, otra vez en cuidados intensivos. No me digas,¿ qué le ha pasado? Me parece que ha tenido una hemorragia cerebral. Por Dios, pero no te preocupes, ya verás como no le pasa nada. Ahora mismo voy contigo. Por mí no vengas, yo estoy bien y a él no podemos hacerle nada. Le están atendiendo muy bien. Todavía no saben si podrán operarle o qué. Es igual, voy volando. Como quieras, pero antes, díselo a los chicos de la tienda. Claro, por supuesto.

Llamé a Fina y, en dos palabras, le comenté lo que estaba pasando y que me iba al hospital con Teresa. Nada más colgar, salí disparado al cuarto de baño. No me di cuenta de que Elsa también estaba allí, maquillándose para salir hacia su trabajo. Lo siento, Elsa, pero tengo mucha prisa. Mi jefe está grave en el hospital y yo voy a acompañar a Teresa, pero antes me tengo que afeitar. No te preocupes, pasa, te dejo un lado en el espejo. Estaba muy nervioso y preocupado, pensando en

lo que podía pasarle a don José. Ya estaba a mitad del afeitado, con la cara toda enjabonada, cuando me fijé por el espejo que Elsa se maquillaba solamente vestida con dos piezas, el sujetador y las bragas. Tragué saliva, pues me di cuenta de que eran dos modelos muy parecidos a los que se compró Susa, aunque en color granate. La miré de reojo, y como ella no me miraba, disimulé. Solo pude apreciar que tenía unas tetas muy bien formadas, la piel le brillaba por la tensión de la prenda,

resaltando los pezones de una manera evidente. También vi que tenía un vientre plano y que el bikini se le acoplaba muy bien. Mi polla no tardó en reaccionar y empezó a crecer. Procuré estar atento a mi maquinilla de afeitar, me podía cortar fácilmente, pero aún me dio tiempo a ver cómo ella también miraba de reojo, no a mí, sino al bulto que marcaba mi calzoncillo. No tuve tiempo para más. Salí todavía con la espuma en la cara, la verga se apreciaba casi recta hacia adelante, mientras los

pezones de Elsa parecían asomar por la puntilla. Me vestí en un santiamén y salí hacia el hospital. Encontré a Teresa bañada en lágrimas, estaba deshecha. Ahora que ya parecía que don José había superado su enfermedad, le golpeaba con algo verdaderamente grave. Le besé en las mejillas húmedas y me puso al corriente. Estoy aquí desde anoche. Me llamaron

para advertirme de la recaída de Pepe. Me han contado lo que puede pasar si recae otra vez o le repite, y están evaluando si le operan o le localizan el trombo que le produce la hemorragia. También me han advertido de la posibilidad de que quede impedido en alguna de sus funciones de movilidad. No sé qué hacer, Tony, no sé qué hacer. Tranquila, Teresa, confía en la ciencia. Esperemos

que no empeore. A lo mejor le localizan el trombo que le complica y lo disuelven con medicación, o si le operan, de paso podrían revisarle las arterias, por si las tiene obstruidas. Ojalá tengas razón. De momento, estoy desesperada y aquí sola. No te preocupes por eso. Mientras estés aquí, te acompañaré. Gracias, Tony, pero no hace falta. Ya hablé con mis hijas y van a venir enseguida, en cuanto

encuentren pasaje desde Irlanda. Eso está bien, nada mejor que ellas, pero no lo olvides, para cualquier cosa, me tienes a tu disposición. Claro, eres un cielo, Tony. No sabes lo que te aprecio. Gracias, Teresa. Tú y don José sois muy importantes para mí. Estuve toda la mañana con Teresa. Esperábamos que algún médico nos dijera algo, pero solamente acudió uno que nos dijo que era cuestión de esperar, las 24 horas primeras eran decisivas. Casi anocheciendo, Teresa recibió la llamada

de sus hijas. Acababan de desembarcar del avión que las trajo. Me preguntó si podría ir a recibirlas al aeropuerto y recogerlas. Por supuesto, acepté y salí en el primer taxi que encontré. En la sala de llegadas ya las encontré esperando. Realmente, ellas me reconocieron a mí, de otra forma, no las hubiera encontrado. Estaban cambiadísimas, más mayores, más mujeres y vestidas al estilo europeo. Parecían dos irlandesas reales, sobre todo rosa,

que era pelirroja auténtica. Las pecas le llenaban la cara y los brazos, imaginé que toda ella sería igual de pecosa. En cambio, Azucena era morena, pelo negro y largo, aunque su hermana, con la melena rojiza sobre los hombros, también estaba bellísima. ¡Guau! Si no me llamáis, no os reconozco. Ya me diréis que coméis en Irlanda porque habréis dado un cambio.¿ Qué quieres decir, que cuando nos fuimos éramos feas? No, al contrario, pero ahora sois un par de monumentos que, jajaja. Ja

Speaker 3

ja ja, bueno,¿ qué sabes de mi padre?¿ Lo has visto? No,

Speaker 2

de momento no lo puede ver nadie. Tu madre lo ha intentado y le han recomendado que no lo haga, podría emocionarse y empeorar. Vaya desgracia, ahora que estaba mejor. Ya lo creo. Yo lo visitaba regularmente y le encontraba perfectamente. Si no fuera por los médicos que le aconsejaban más reposo. Vale, llévanos al hospital. Vamos, tomemos un taxi. Fuimos directamente al hospital. Su madre las abrazó y las tres lloraron hasta que

les dio el hipo. Yo procuraba apartarme para que ellas tuvieran más intimidad, pero Teresa insistió para que me reuniera con ellas. Ya era tarde cuando salió un médico y nos informó de que todo seguía igual, que don José estaba estable y que allí no hacíamos nada. Teresa se empeñó en seguir en la sala de espera, aunque yo quise quedarme en su puesto. Las hijas también intentaron sustituir a su madre, pero ella se empeñó y no dejó

que nadie la mandara a casa. Al revés, insistió para que sus hijas se fueran a dormir a casa, debían estar cansadas del viaje y ellas al fin cedieron. Las acompañé a su casa, ya era muy tarde, casi de madrugada, y le subí los maletines que trajeron. Me despedí de ellas y se fueron hacia su habitación. Cuando ya estaba en el recibidor, apareció Clara desde su habitación. Iba aliada con una bata y me preguntó por don José. También estaba muy preocupada. Le conté todo lo que sabía, pero

allí en el recibidor hacía frío. Le dije que me iba para casa, pues era muy tarde, pero ella me preguntó si me esperaba alguien. Lo dijo como si Elsa me estuviera pendiente de mí, y como le dije que no con rotundidad, me insinuó que me quedara allí, así al día siguiente podía salir pronto y ver a don José. Lo reconsideré y acepté, más cuando Clara me señaló su cama abierta. Era la primera vez que estaba en la

cama con Clara. Siempre estuvimos en las peores condiciones y posturas, así que sobre el mullido colchón pudimos retosar con libertad. A Clara, la postura que más le gustaba era la del perrito, por el contrario, el misionero no le acababa de convencer, ya que las carnes de su cintura no me dejaban hundirme en ella todo lo que quería. Por detrás, llegaba hasta el fondo de su alma sin dificultad, y

por ello prefirió que le atacara así. Luego, cuando subió y le aconsejé que me cabalgara, descubrió que era lo mejor, así ella podía elegir todo, movimientos, profundidad y cualquier capricho que se le ocurriera. Estuvimos hasta muy tarde follando. Las tetas de Clara se desparramaban sobre mí, se balanceaban pasando sobre mi cara, y yo las cazaba al aire con los dientes. No pude contar los orgasmos que disfrutó Clara, estaba encantada por la suerte que tuvimos. Ciertamente, ninguno de

los dos esperaba esta ocasión, y la disfrutamos. Cuando estaba amaneciendo, noté que Clara seguía durmiendo. Sin decirle nada, le levanté un muslo y le metí la polla de lado. Todavía tardó en despertarse, y cuando lo hizo, sonrió al sentirse llena de carne dura. Me duché rápido y salí antes de que las dos gemelas se levantaran. Estuve yendo y viniendo de la tienda al hospital, apenas pasaba por mi casa. Llevaba a las gemelas con su madre hasta que, por fin,

trasladaron a don José a una habitación. Iba lleno de tubos y monitores, estaba medio amodorrado pero consciente. Se alegró de verse rodeado por su familia y también de mí. Volví a ofrecerme para quedarme con mi jefe, pero Teresa no quería. Las dos hijas se enfadaron con ella, llevaba varios días sin descansar en casa, y se le notaba en la cara, estaba agotada y estresada. Al final, Azucena, la hija morena, se puso seria y se impuso para

quedarse con su padre. Rosa también quiso, pero al fin acordaron irse a casa las dos y dormir un poco mejor. Las acompañé con un taxi, y cuando iba a despedirme, Teresa me pidió que subiera a casa. Estuvimos un rato hablando de lo que había pasado, hasta que Rosa dijo que estaba agotada de todo el día en el hospital. Yo también dispuse irme, pero Teresa me rogó que me quedara un rato más, estaba muy nerviosa para poder dormir.

Acepté y ella me llevó a su habitación. Era cierto, Teresa estaba agotada, tenía la cara muy desmejorada, pero mentalmente aún estaba peor. Me dijo que no podría dormirse y le aconsejé que tomara una ducha. A ella no le pareció desatinada la idea y accedió con la condición de que me quedara para darle un pequeño masaje. Era lógico, estaba entumecida del silloncito de la habitación y esperé. Cuando

salió de la ducha, todavía iba secándose el pelo. No llevaba ninguna ropa y se acercó a la cama, extendió la toalla, se tumbó sobre ella y ladeó la cabeza con el pelo extendido por la almohada. Yo no sabía mucho de masajes, pero según le iba amasando los músculos, ella parecía relajarse, y continué. Fui por el cuello, la espalda y las pantorrillas. Creí haber incidido en los puntos más adecuados para relajarla, pero Teresa se volvió boca arriba,

esperando más. A la tenue luz de la lamparita de la mesita, estuve masajeando los hombros, los brazos y el pecho. Ella me cogió de las manos y las llevó sobre sus tetas. Me las remolineó sobre ellas para explicarme lo que le apetecía. Como ya sabía, Teresa presumía de tetas, pues, según ella, era, de todas sus amigas, la que las tenía mejor. No era mentira, aunque comparadas con las de Soledad o, menos todavía, con las de Susa, de Elsa

yo no podía hablar todavía, pero de Marta sí. Así que me centré en acariciarle aquellos pezones tan sensibles y agradecidos. Pronto noté cómo iba separando las piernas. Comprendí que no sólo quería un masaje de tetas, sino que quería el lote completo. Recién duchada y con las cremas que se ponía en la piel, era una gozada asomarse a su pubis. Se cuidaba muy bien, y la esteticista que la depilaba era toda una experta, en mi lengua no notaba ni

un pelillo, aunque quisiera. Teresa, después de estar varios días preocupada y en tensión, se relajó completamente, separando las piernas para que yo le comiera el coño a placer. Ella extendió los brazos para que acudiera también a darle alguna caricia a los pezones erectos. Cuando empezó a gemir, noté que empezaba a sentirse bien del todo. Era una mujer agradecida, le gustaba sentirse deseada, y yo se lo demostraba. Por el rabillo del ojo, vi como la puerta de la

habitación se entreabría. Sonreí, pensando que Clara volvía a sus andadas, espiándonos. Cegaramente estaría metiéndose los dedos en su coño carnoso, así que le dejé mirar, poniéndome en posturas que no le impidieran ver todo con detalle. Cuando ya había masajeado profusamente todo el cuerpo de Teresa, pensé que ya estaba satisfecha, pero ella me sujetó de la cabeza por las orejas y tiró de mí. Cuando me tuvo sobre ella, me rodeó con sus piernas por mi cintura y con los talones,

empujándome del culo hasta que sintió mi polla dentro de ella. Fóllame, Tony, fóllame como tú sabes hacerlo. Teresa levantó sus piernas hasta casi su cabeza y dejó a la vista su coño abierto y mojado. Subí sobre ella y me fui dejando caer, al mismo tiempo que le iba metiendo la verga despacio, así Clara, desde la puerta, tendría garantizado un buen espectáculo.

El primer orgasmo de Teresa fue silencioso, apenas murmuró unos suspiros, pero al siguiente tuve que taparle la boca para que sus gemidos no despertaran a su hija en la habitación de al lado. Todavía se dio la vuelta en la cama, esperando que lo hiciera por detrás, y no le decepcioné. Ella, con los brazos en cruz y las tetas asomando por los costados, aguantó apenas con unos quejidos. Procuré que no lo notara, pero a veces me entusiasmaba y se la

hundía demasiado honda. Le llené el culo de leche, que quedó desparramada sobre la sábana. Ya estaba amaneciendo y me animé a irme. Quería ir a casa para darme una ducha también y luego a la tienda. En la cocina ya se oía a Clara cacharrear con el desayuno y quise tomar algo para reponer fuerzas. Buenos días, Clara,

Speaker 3

cómo has dormido? Buenos, pues muy bien, como siempre.¿ Y tú? Bien, también como siempre, aunque poco. Yo he dormido de un tirón.

Speaker 2

Desde que dormiste conmigo, estoy agotada, jajaja. Pero hoy te habrás animado viéndonos. ¿Viéndonos?¿ Para qué? Ya sé cómo funcionas en directo. Venga, Clara, que te vi. Estuviste espiándonos un buen rato mientras le daba un masaje a la señora y luego también. Yo. Pues sí,

Speaker 3

señor, jajaja. Yo acabo de levantarme hace muy poco.¿ Lo dices de verdad? Claro,¿ por qué

Speaker 2

tenía que mentirte? Joder, Clara, entonces,¿ quién ha estado husmeando mientras follaba a la señora Teresa? Ja, ja, ja, imagina si no fui yo.¿ Quién más había en la casa?

Speaker 3

Uf,

Speaker 2

no me digas que podría ser. Rosa. Pues sí, debió ser ella, porque yo no fui, y si tú estabas tan ocupado, en la casa no hay nadie más. No supe qué pensar mientras bajaba a la calle. Imaginé muchas cosas, si lo que me dijo Clara de las gemelas era cierto, resultaba que Rosa vio como su madre follaba conmigo y muy a gusto. No sabía lo que pensaría respecto a su madre y su padre, pero a mí me pondría a parir. A la siguiente noche, Teresa quiso quedarse otra vez.

No hubo manera de convencerla, ya volvía a estar recuperada y dispuesta a todo. Me rogó que llevara a las gemelas a casa y por el patio hice un comentario. Hay que ver, hace tan poco que os fuisteis y lo que han cambiado las cosas. Ya lo creo, ahora vemos las cosas de otro modo.

Speaker 3

Eso pienso. Yo he pensado mucho en vosotras. Ah, sí.¿ Cómo es

Speaker 2

eso? No me puedo olvidar de lo que empezamos en el almacén de la tienda aquel día. No me digas que no te gustó. Claro, aunque me quedé a medias. A

Speaker 3

lo mejor podríamos terminarlo

Speaker 2

algún día. Ja ja ja, no, Tony, no. Siento desilusionarte, pero aquello fue un juego inocente, nada más.¿ Un juego inocente y me chupasteis la polla entre las dos? Vaya, veo que te acuerdas bien. Claro, aquello fue para no olvidarlo. pues te sugiero que te olvides ya de eso. No fue nada,

Speaker 3

un simple jueguecito. Nos reímos mucho.¿ Os reísteis de mí? No, hombre, no. Nos reímos contigo,

Speaker 2

estuvo bien, un rato de fiesta. Pues si no llega a bajar vuestro padre por la escalera, no sé cómo hubiera acabado la cosa, jajaja. No lo creas,

Speaker 3

a nosotras no. No, ¿qué? Mira, Tony, no sé cómo decirlo. Nosotras somos

Speaker 2

hermanas. Sí, ya lo sé, y no me importa. Ya vi que estabais muy compenetradas, jajaja. Te queremos decir que somos hermanas y que estamos muy unidas. Mejor, eso me encanta. No me entiendes, Tony. Solo queremos que comprendas que, además de hermanas, somos mujeres, mujeres muy unidas,¿ me entiendes ahora?¿ Queréis decir que yo, que los chicos, no? Eso es, a nosotras los chicos no, no nos llaman la atención.

Vaya plancha.¿ Yo qué estaba esperando qué? Te aconsejamos que dejes ya de esperar, aunque parece que mientras esperas, no te aburres. Mujer, tampoco es eso. Eso

Speaker 3

se lo dirás a todas, porque anoche.¿ Qué pasó anoche, hermanita? No, nada, ya te contaré. Quedé hundido.

Speaker 2

La esperanza de follarla se había esfumado. Resultó ser verdad lo que me confesó Clara, no les gustaban los chicos, y conmigo solo se divirtieron un rato. Mi polla solo le sirvió de juguete, como el consolador que tenían a medias. Llegué malhumorado a casa. Elsa ya estaba acostada. Yo fui directo a la ducha y me acosté. Al momento, se abrió mi puerta después de unos toques. Era mi prima,

que me había oído y quería saber noticias. Se sentó a mi lado, en mi cama, y le conté lo que sabía de don José, que estaba mal, pero estable. Ella estaba muy preocupada también por mí, llevaba unos días sin orden, de aquí para allá. No habíamos hablado desde que me colé en el baño, interrumpiendo su maquillaje. Ah, Elsa. Todavía no te he pedido perdón. El otro día irrumpí en el baño cuando estabas, arreglándote, sin pensar que estabas desnuda.

No estaba desnuda, llevaba sujetador y bragas. Bueno, eso quiero decir. Y si hubiera estado desnuda del todo, tampoco pasa nada. No hay por qué escandalizarse. Eso pienso yo, pero como parece que tú le das tanta importancia... Bueno, la verdad es que, aunque sabes una cosa, yo también quiero pedirte disculpas a ti.¿ A mí?¿ Por qué? Por la escena de aquel día. Me pasé mucho contigo, te dije muchas cosas feas que no. Elsa llevaba un camisón largo, casi

hasta los pies. Al oírme llegar, no lo pensó y acudió a mi habitación. Era un camisón de lo más discreto, nada de transparencias, al revés, era opaco del todo, pero se le marcaban los pezones como si fueran dátiles debajo de la tela ligera, lo que me provocó cierto desasosiego. Mientras hablábamos, ella puso, sin mala intención, la mano sobre mi muslo. Siempre gesticulaba mucho con las manos, y esta

vez no fue menos. Aquella mano no estaba cerca de mi polla, pero mi verga, al ir creciendo, se fue aproximando a su mano hasta el punto de que, en una de aquellas manotadas que daba, la mano se posó sobre mi rabo duro y caliente. En un segundo agarró la polla apretando y al otro segundo la soltó al darse cuenta de lo que había cogido. Enseguida se levantó sofocada y salió corriendo a su habitación sin volver la cara. Oh, lo siento, Tony, ha sido sin querer, te lo juro.

No me dio tiempo a quitarle importancia, porque cerró su habitación de un portazo. Tardé un poco en dormirme, sonriendo por el susto que se había llevado mi prima. Aunque, al momento de salir, empezaron a oírse, desde su habitación, unos gemidos que fueron increciendo, hasta llegar a unos gritos contenidos. Tuvo un orgasmo tremendo, a juzgar por los jadeos y quejidos que tuvo hasta que se durmió. Don José estaba mal.

Yo procuraba estar el mayor tiempo con ellos. En la tienda, todo iba bien, todo el mundo se preocupaba y yo les tenía informados. Mi jefe no tenía buen aspecto, tenía los ojos vidriosos y hablaba muy bajito. Teresa y yo nos acercábamos a él para poder oírle y que no se fatigara. Tony, quiero que sepas que te queremos mucho. Para nosotros, eres como un hijo. No diga eso, don José. Ya tienen dos hijas preciosas que les quieren más que a nada en el mundo. Ya, pero no es igual.

Yo quisiera tener un hijo como tú para que se ocupara del negocio. Las chicas no están interesadas, cada una tendrá una profesión, posiblemente ganarán más dinero que en la tienda, pero esa tienda es mi vida, Tony, toda mi vida. No se fatigue, Don José. Ya lo sabemos, y todos hacemos lo posible para que vaya adelante. No se preocupe, en cuanto se reponga, ya verá cómo funciona todavía mejor. No, Tony, no te equivoques. Yo no voy a durar mucho. Por favor, Pepe,

no diga eso ni de broma. El médico me ha dicho que va mucho mejor,¿ a que sí, Tony? Es verdad, Doña Teresa. Se lo prometo, jefe. Ja, ja, ja, me hace gracia cuando me llamas jefe, aunque me encantaría más que me llamarás papá. Se me hizo un nudo en la garganta. Aquel hombre y su mujer me apreciaban muchísimo, y yo a ellos, pero lo que me dijo luego. Escucha, Tony, mi mujer y yo hemos pensado una cosa.

Speaker 3

Si yo falto. No diga eso, jefe, por favor. Sí, Tony, sí. Si falto, quiero que tú

Speaker 2

te quedes con la tienda. Tú sabrás llevarla mejor que yo, lo has demostrado. Por favor, que usted va a durar más que el culo de un mortero. Ja, ja, ja, no me hagas reír, que me muero. Eso ni en broma, ja, ja, ja. Escucha, sí, quisiera que te quedaras la tienda. Será para ti, pero reconozco que también tengo a mis hijas y no puedo hacerles esto. Claro que no. Yo no lo aceptaría. Reconozco que me encanta la tienda,

Speaker 3

pero así, como estoy, nada más. No, Tony, no. Así

Speaker 2

no. Serás el dueño, solo te pongo una condición, que te cases con una de mis hijas, la que quieras, vosotros veréis. Si me hubieran quitado la silla de debajo del culo, no me habría caído. Don José me estaba regalando la tienda a mí, a mí. Eso era extraordinario, pero más extraordinario era que me ponía como condición que me casara con una de sus hijas y todavía más fuerte era que las dos eran lesbianas. Aquello era una locura, no lo acababa de asimilar, pero la mano con que

Teresa me acarició la cabeza me acabó de aplanar. Sí, Tony, mi marido tiene razón. Él, aunque se recupere, no estará para trabajar. Tú eres joven y sabes cómo llevar el negocio. Lo ideal sería que continuaras en la tienda y que alguna de nuestras hijas se casara contigo para seguir la tradición. Nos gustaría tener nietos y que el apellido no se pierda, ¿entiendes? Por favor,

Speaker 3

señora Teresa. No me llames señora, ya te lo dije. Pero es que usted... Tony, no te

Speaker 2

esfuerces. Llámame Teresa, no vayas a cambiar ahora. Ya sé que la respetas como si fuera yo, pero lo sé todo. Desde el primer día, me contó lo que haces por ella, lo que le apoyas. Yo, lamentablemente, desde hace mucho no puedo darle lo que ella necesita, ya me entiendes, y tú, con todo el respeto hacia mí, se lo has dado. Por favor, don José, no me diga eso. Sí, y es más, sabemos cómo son nuestras hijas y sabemos el sacrificio que te pedimos. Solo esperamos que tengas paciencia y

sepas tratarlas. No son malas chicas, lo único es que, bueno, ya lo sabes o lo sabrás. Si no lo sabes, te lo digo yo. A mis gemelas no les gustan los hombres. Todo lo que me gustan a mí, a ellas no. Siempre han estado juntas y entre ellas, ya sabes, se han acomodado, pero yo sé bien cómo tratas a las mujeres y te creo capaz de hacerlas felices. Pero Teresa,¿ sabes lo que me pides?¿ Qué voy a hacer con

la gemela que me case? Primero, que me acepte ella, y si no le gustan los hombres, ya me dirás.¿ Qué voy a hacer yo, toda mi vida haciéndome pajas? por favor, no me pidas eso. Estoy segura de que encontrarás la manera de solucionar esto. Te conozco y sé que tienes argumentos y sabes usarlos. Estaba ofuscado, no sabía cómo lidiar aquel toro. Me estaban ofreciendo un futuro de bienestar, a lo mejor de riqueza, pero por otra parte me

encerraban en una cárcel de oro. Era como un caramelo envenenado, casado con una mujer que, como mucho, me aceptaría para algún beso y nada más, y me condenaban a, si quería follar, que me buscara la vida por ahí. También esperaban de mí que tuviera hijos. Como no fuera por inseminación artificial, lo veía imposible. Aún con dos chicas guapas para elegir, si ellas aceptaban, y no poder follar con ninguna, ya me lo habían dejado más que claro ellas mismas.

Era una locura. Para mí, fue una frustración total. Encima, no podía decir a nadie lo que me pasaba. Elsa, en casa, ahora parecía que estaba arrepentida de haberme tocado la polla a pena luz, aunque salió corriendo a hacerse una paja.¡ Qué lío! Decidí hablar con Soledad, ella sabría algo.

Speaker 3

Hola, Soledad,¿ cómo estás? Muy bien. Bueno, ya sé que tú estás estupendamente. Sí, eso falta que me digas. No es eso

Speaker 2

lo que me han contado.¿ Qué te han contado esta vez? Pues que te han vuelto a tocar la polla, y siempre la tienes tan dura como ahora. Era cierto. Soledad, desde que entré en su casa, me había abierto la bragueta y, con el cojín debajo de sus rodillas, me la estaba poniendo a punto para chupármela como sabía. Está bien, Sole,¿ qué opina ahora? Porque no la viste correr el otro día. Me lo ha contado todo. Ella no quería tocar nada, pero ya la conoces, manotea mucho al hablar y esta

vez no fue menos. Te puso la mano en la pierna sin darse cuenta, pero no sospechó que tenías la polla esperándola. No, no fue así, Soledad. Lo que pasó fue que ella vino a preguntarme por el jefe, pero luego yo le pedí perdón porque entré en el baño y la vi casi desnuda. Ja, ja, ja, sí, y la verga se te puso como la de un burro. También me lo contó. Pero eso es natural, Soledad. Cuando yo te veo las tetas a ti, también

Speaker 3

me pongo así.¿ Qué quieres que le haga?¿ Me la corto? No, ni se te ocurra. Con lo buena que está

Speaker 2

jajaja. Es que luego ella también me pidió perdón por la bronca que me echó. Ya todo estaba aclarado cuando su mano y mi polla, pues, chocaron.¿ Eso se llama así ahora? En realidad, ella no movió la mano, pero mi polla creció hasta llegar a ella, que al notarla la agarró con fuerza y ¡zas! La soltó como si le quemara. Es

Speaker 3

que quema de verdad, ya lo creo, jajaja. Pues eso pasó.¿ Y no te contó lo que hizo después?

Speaker 2

Lo que se masturbó a tu salud? Claro, tiene algo que le sirve y se lo metió hasta adentro, untado en crema, hasta que se corrió como una perra. Son palabras suyas, te lo juro. Joder, Soledad, me estás poniendo loco. Ya lo noto en la boca. Casi no me cabe de gorda que la tienes. Se abrazó a mi culo y me dio una mamada que me sacó hasta la última gota de leche. Luego me dijo que me dedicaba el día a mí, que me sentara en la mesa, como yo le hice el otro día a ella, y

me sacó los pantalones por los tobillos. Atrajó una silla y se sentó entre mis piernas, me empujó hacia atrás y, con las dos manos, me revivió la polla hasta hacerme correr por segunda vez. Yo no pude hacerle nada porque llamaron por teléfono y alguien de otra tienda anunció que venían a recoger sus camisas. Espero que te hayas calmado un poco y que, si Elsa vuelve a acercarse, no se te ponga tan dura. Déjala que sea ella la que te vaya empinando. A nosotras nos gusta verlas crecer

en nuestra boca, por si no lo sabes. Esa lección no la sabía yo, pero me la anoté. Los dos días siguientes estuve haciendo lo mismo, iba a la tienda, resolvía el tema de los ingresos y alguna cosa más, y me pasaba por el hospital. A veces estaba Teresa, o Rosa, o también Azucena. Las chicas me trataban bien, ya me habían aclarado su tema, así que... Una noche me llamaron, don José había empeorado. Cuando llegué, me esperaban las tres en el pasillo. Entramos y fui directo a

su cama. El pobre hombre me miraba con ojos inexpresivos, estaba fatal. Los médicos habían dicho que le había repetido la hemorragia y que era un milagro que la superara. Nos reunimos a su lado, él respiraba con dificultad y nos acercamos. Allí los cuatro, sobre la cama, con las manos cógidas, lo mirábamos apenados. Él, en un momento de lucidez, aconsejó a sus hijas que me trataran como si fuera su hermano, pero sin serlo, eso lo dijo con doble intención.

A Teresa le recomendó que hiciera todo lo posible para que aceptara su ofrecimiento. Ella dijo que pondría todo lo que fuera a mi disposición para que me encontrara como en casa. Todos llorábamos mucho, mientras don José seguía dándonos consejos y deseándonos una vida larga y feliz. Se fue apagando. Sus últimas palabras fueron para mí. Tony, quiero que me des un nieto como tú. Prométemelo. Asentí con la cabeza, era sincero en aquel momento. Sus manos flojearon y su

mirada se perdió en la lejanía. Las hijas lloraron y su mujer le besó en los labios. Sus hijas, en las manos, y yo me incorporé y le besé en la frente. Fue un impulso, pero todas lo agradecieron. Luego le cerré los ojos y nos abrazamos emocionados entre lloros. El entierro fue multitudinario. El tanatorio se llenó de coronas de varias asociaciones de comercio y de amigos de otros comercios.

En el entierro quisieron que estuviera con ellas. Me gustó el detalle, pues yo me reuní con mis compañeros de la tienda, pero en un momento dado me reclamaron y me presentaron a mucha gente. Incluso quisieron que estuviera con ellas despidiendo el duelo. Luego acompañé a las mujeres a su casa. Allí estuvimos recordando a don José. El hombre me demostró mucho cariño desde un principio y luego su mujer me trató también como a un ser muy importante.

Sus hijas también reconocieron que se había portado conmigo como un hijo y reconocieron que, en algún momento, de chiquillas, me tuvieron alguna envidia. Ahora me apreciaban tanto, casi como un hermanastro. Clara nos sirvió unas pastas y chocolate caliente. Teresa le dijo que se sentara con nosotros, y todos juntos lloramos a don José. En la tienda pasó algo parecido. Todos, los dependientes que en su día protestaban por todo, reconocieron

que en vida fue un buen hombre para todos. El único que no lo conoció fue Joaquín, que hizo una pregunta, un poco fuera de lugar, pero que captó la atención de todos. Sí que es una pena, pero ahora que va a pasar, la tienda la seguirán llevando. Si las hijas están estudiando y la viuda no sabe cómo va esto. Lo mejor sería que pusieran un encargado que rindiera cuentas a Doña Teresa, dije yo. Claro, y que venga una persona extraña que no sepa cómo van las cosas por aquí,

ahora que todo marcha bien. Debía ser una persona mayor, que estuviera ducha en el comercio, alguien parecido a... No digas que ya piensas en ti, Joaquín. Pues, sí, la verdad es que yo sería un buen candidato, porque vosotros solo sabéis vender. Fina, bueno, Fina sabe de todo, pero Tony es demasiado joven. Él, para recadero y eso, bien, pero para dirigir esto, no lo veo. mejor una persona como yo

Speaker 3

Qué te parece, Tony?¿ Tú qué dices? Yo no digo nada. En parte,

Speaker 2

Joaquín tiene razón. Yo no soy ni siquiera vendedor, y si no cambia la cosa, cuando sea mayor, ya no podré subir, si no se marcha algún vendedor de los que hay.¿ No querrás que cierren? No, nada de eso. Digo que si están las plazas cogidas, me tendré que ir yo. Sí que lo

Speaker 3

sentiríamos. ¿Verdad, chicos? Ja, ja, ja. No habléis así de Tony. Dijo Fina. Y tú menos, Joaquín.

Speaker 2

Cuando llegó una carta certificada de un notario, todos nos quedamos sorprendidos, y más cuando el cartero me hizo firmar a mí, porque iba a mi nombre. En la notaría me encontré a las hijas gemelas y a Teresa. Iban a abrir el testamento de don José y sus últimas voluntades. Yo no me atrevía a hablar, pues pensaba que lo que dijo era fruto de un delirio, de las ganas de tener un nieto o algo así. Pero el notario

habló fuerte y claro, era verdad. Me dejaba la tienda a mí solo, con la única condición de que, para mantener el apellido y la unión, debería casarme con una de sus hijas y darle descendencia. Las dos me miraron extrañadas. Por una parte, creían que era justo lo de la tienda, no ambicionaban nada de ella, pero de eso a casarse conmigo. Su madre les cogió de las manos, como convenciéndolas de que era lo mejor, pero ellas no concebían tener que casarse con un hombre y tener un hijo con él,

aunque me apreciaran como hermanastro. El notario nos aclaró que no pondría la tienda a mi nombre hasta la boda. En la tienda, la noticia cayó como una bomba, sobre todo a Joaquín, que ya se relamía de verse de encargado con poderes. Cuando vino Teresa y nos reunió a todos, anunció que yo seguiría de encargado hasta nuevo aviso. A Fina le encantó, porque no le hizo gracia la ambición

de su novio, no creía que era así. Los demás bromearon, me dijeron de todo, me dijeron que aquello iba a ser como el bounty, que habría sublevaciones y todo, pidiendo aumentos. En realidad, era de broma, todos me apreciaban y reconocían que las cosas iban mejor conmigo. Aquella noche fui a casa muy contento. En parte, me abrumaba la responsabilidad, pero por otra me sentía muy halagado. Lo peor era el

detalle de tener que casarme con Rosa o Azucena. En condiciones normales, me gustaban las dos, pero sabía que no iba a follar con ninguna de ellas. Lo del nieto iba a ser francamente imposible. En casa no dije nada. No quería que Elsa se enterara antes que mis padres. Además, no quería que esta noticia enturbiara más el ambiente que reinaba allí. Al rato de estar acostado, lamentando la muerte de Don José y el lío que estaba, llamaron a mi puerta suavemente.

Speaker 3

Tony,¿ cómo estás?»«¿ Puedo entrar?»« Claro, Elsa, espera que encienda la luz». No,

Speaker 2

por favor, no la enciendas. Mejor a oscuras, si no, no me atrevo. Como quieras, pasa. Ten cuidado de no tropezar. Oí los pasos suaves de Elsa y, al momento, el peso de su cuerpo en mi cama. Pensé que quería disculparse otra vez por la espantada del día de la mano, pero no. Al momento, sentí que la ropa de la cama se levantaba y el peso de Elsa se repartía a lo largo de toda la cama, se había metido conmigo. Te vi tan triste que no he podido resistir la

tentación de hacerte compañía un rato. Gracias, prima. Ha sido muy duro, pero creo que lo podré sobrellevar. No solo eso, sino que, aunque la cama no era estrecha, noté el tacto de su piel. El brazo lo tenía tibio, imaginé el camisón de la vez anterior, con los pezones salidos, y la polla empezó a despertar. Pero no fue eso solo, ya que, según se iba acomodando en mi cama, iba notando que su calor me invadía de la cabeza a los pies. Pasé la mano suavemente y no encontré el camisón,

Elsa estaba completamente desnuda. ¿Tony, me dejas acompañarte un rato? Como quieras.

Speaker 3

Espero que no te caigas cuando salgas corriendo. No, Tony, yo tampoco. Hoy no. Cuando la

Speaker 2

mano de mi prima se posó sobre la polla, todavía estaba blanda. Ella misma, con sus caricias, fue tocando aquí y allá y la verga iba tomando forma. Me acordé de lo que me dijo Soledad. A las mujeres les gustaba levantar una polla dormida. Era como un trofeo personal y Elsa se lo estaba ganando a pulso. Cuando lo tuvo a su gusto, casi me dolía. Su cabeza desapareció debajo de la sábana en busca de su mano agarrada a mi polla. Se encontraron y la mano dejó espacio

para su lengua. Poco a poco fue sustituyéndola hasta dejarla libre. Ahora, toda ella estaba en la boca de Elsa. Su lengua lamía en el interior, apretándola contra el paladar. Al tenerla completamente mojada, su cabeza fue moviéndose de arriba a abajo. Mis manos no se movieron, quedaron quietas, esperando que fuera Elsa la que tomara la iniciativa. Yo quería que ella misma perdiera sus miedos y tomara las cosas a su tiempo.

Así que fue descubriendo mi cuerpo como lo hizo el primer día, hasta que, sacando la cabeza de la cama, me dijo, Tony, ya puedes encender la luz. Me sonreía, confiada consigo misma. Me dio un beso, más flojo que su hija pero con más ganas de agradar. Se lo devolví como me los daba Fina. Ella quedó extasiada, la lengua no entraba en sus planes, pero le gustó recibirla. Sentí como le corría un escalofrío por la nuca y los pezones se le erizaban pegados a mí. Sus pechos

colgaban sobre mí. Miré hacia ellos y me gustó verlos por primera vez enteros. Tenía unos pezones en punta con unas areolas grandes y ásperas. Tony, hazme el

Speaker 3

amor. Quiero ser tuya.¿ Estás segura de que quieres eso? Sí, Tony, estoy deseándolo. No sé

Speaker 2

qué decir. No creo que estés preparada todavía. Siempre que has avanzado algo, fue un desastre. No, Tony, esta vez

Speaker 3

no. Quiero dejar de ser virgen. Elsa,

Speaker 2

te recuerdo que ya no eres virgen. Primero, porque, en fin, no es momento de recordarlo ahora, pero sí que tienes una hija muy hermosa. Susa ya es una preciosidad de mujer. pero para mí sigo siendo virgen y quiero que tú seas mi primer hombre. Me alegro de oír esto, aunque te advierto que, si quieres que sea yo el que te quite la virginidad, lo haré a mi manera. No me importa. Eso lo tengo asumido. No sé si me entiendes. Ya sé que físicamente no tendrás molestias por donde tú crees,

pero para mí tienes aún algo verdaderamente virgen. Y si quieres ser completamente mujer. Lo quiero, Tony.

Speaker 3

Hazme lo que quieras para ser una mujer entera. En fin.¿ Tienes alguna crema o aceite lubricante?¿ Para qué? Bueno, no preguntaré. Voy a por él. Y de paso, trae ese juguete que usas. Oh.¿ Cómo lo sabes? Tu

Speaker 2

forma

Speaker 3

de

Speaker 2

gritar no es solo por meter dos dedos o,¿ me equivoco? Elsa salió de mi habitación saltando de puntillas. De vez en cuando se volvía para ver si seguía sobre la cama con la polla vertical. Era la primera vez que la veía completamente desnuda, aunque fuera de espaldas. No tardó nada en volver y al entrar por la puerta iba con una mano atrás, evidentemente escondiendo algo que yo imaginaba de antemano. No lo quería enseñar, pero cuando lo vi, me reí para mis adentros. Era un pepino, no más largo,

pero sí más grueso que mi polla. Estaba claro que Elsa estaba desesperada por follar y había escogido el atajo más corto. En la otra mano llevaba un frasco de aceite de baño. Me los enseñó para ver si yo daba la aprobación y

Speaker 3

desde luego que se la di. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.

Transcript source: Provided by creator in RSS feed: download file
For the best experience, listen in Metacast app for iOS or Android