GEMELAS - PARTE 19 (Relato Erótico) - podcast episode cover

GEMELAS - PARTE 19 (Relato Erótico)

Aug 01, 202548 min
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Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes Hoy presentamos Gemelas, parte 19 Las gemelas no pudieron disimular lo contentas que estaban con mi regalo, hasta su madre lo notó, por el escándalo que hacían mientras jugaban con él. Me lo contaba Teresa mientras botaba sus pechos al estar sentada sobre mí. La boda ya estaba muy cerca y los últimos detalles había que perfilarlos cuanto antes. Yo también había notado que

las hermanas me querían aún más. Las muestras de cariño ya no eran sólo de amigas, ahora casi alcanzaban a Teresa en mimos y caricias, sobre todo su cena. Una noche me invitaron a cenar, ya era conveniente ir puntualizando los detalles, como los regalos para el convite y alguna cosita más. Clara ya formaba parte de los preparativos, estaba al tanto de todo y, si se les olvidaba algo, ella se lo recordaba. Aquella noche hablamos de la ceremonia,

del plan de llegadas a la iglesia. Se había empeñado en casarse por la iglesia para poder lucir el precioso vestido blanco, y no solo ella, sino también su madre y su hermana Rosa. Cuando salió el tema del viaje de luna de miel, me preguntaron si había hecho alguna gestión. Ellas no habían hablado con el dueño de la agencia y no sabían nada de mi idea. Escuchad, os quiero

informar de mi gestión con el viaje de boda. No sé si os gustará, porque había mucha oferta, pero como tenemos poco tiempo, creo que es preferible ir a un sitio no demasiado lejos, para aprovechar más la estancia. Eso está bien. A mi hermana le gusta mucho Japón, pero bien pensado, se pierde mucho tiempo en el avión, apuntó Rosa. Por eso mismo he elegido París. Creo que es una ciudad preciosa, especialmente para un viaje de recién casados.¿ Qué te parece, Azucena

Speaker 3

Me parece ideal. Siempre tendremos

Speaker 2

tiempo de ir a Japón. Mi hija tiene razón. En París se pueden ver maravillas igual que en cualquier sitio y no está demasiado lejos. Yo fui una vez con Pepe.¿ Qué tiempos?¿ Y cómo será vuestro hotel? A mi hermana Azucena le gustan los que están cerca del centro. No hay problema. He reservado una suite en un hotel céntrico y me han asegurado que tiene muy buenas vistas.¿ Qué suerte tienes, Azucena?

Speaker 3

Por qué dices eso, Rosa?¿ Por qué va a hacer? Un viaje así no lo tendré

Speaker 2

nunca. Yo no me voy a casar y, por lo tanto, no podré ir nunca de viaje de novios. Eso no lo asegures, porque te tengo guardada una sorpresa. Ah, sí.¿ Qué me vas a traer de recuerdo? Una torre Eiffel de cristal. Si te gusta, sí, pero prefiero que te la compres tú misma a tu gusto, porque he reservado la suite con una cama más para que vendas con nosotros. Bueno,

Speaker 3

eso si te apetece.¿ De verdad, Tony? Mamá.¿ Has oído? Tony quiere que vaya con ellos.

Speaker 2

Teresa me miró con alegría, pero también con tristeza. Pensaba en sus hijas, pero también en mí. El ir acompañada de la cuñada no era lo ideal en un viaje de recién casados, pero me lo agradeció con los ojos llorosos. Eso sí que es una sorpresa. Así irás de viaje con los novios. No es igual, pero te lo pasarás bien. Eso te lo aseguro desde ahora. No seré un estorbo para vosotros, al contrario, os voy a sorprender. Seré la mejor dama de la novia que existe, exclamó exaltada Rosa. Gracias, Tony.

Cada día te quiero más. Lo que hiciste el otro día por Rosa y por mí no tiene nombre, pero esto es extraordinario. Te quiero mucho, amor. Azucena se levantó, vino hacia mí y me estampó un beso en la boca que dejó sorprendidas a la madre, a la hermana y a Clara.

Speaker 3

Gracias. Tony. Uf. Te iba a decir, hijo,

Speaker 2

pero creo que a estas alturas no procede. Ven, que te dé otro beso de mi parte. Teresa estaba emocionada, pero el beso que me dio no tenía nada de sentimental, me mordió el labio inferior y lo absorbió lamiéndomelo dentro de su boca. Tony, si antes tenía alguna duda sobre ti, ya se han disipado. Eres el mejor hombre que he conocido. Si no fuera porque mi hermana se va a casar contigo, ahora lo hacía yo, jajaja. Bueno,

Speaker 3

es un detalle. Lo único es... Eso es otra cuestión, jajaja. No pienso lo mismo, pero...

Speaker 2

Da gusto ver a una familia tan unida, dijo Clara. Me encanta estar en esta casa con vosotros. Esto sí que es un halago. A lo mejor te vienes con nosotros a la nueva casa. Teresa posiblemente no se querrá quedar sola en este caserón mucho tiempo. Es cierto, ya lo había pensado, pero prefiero que viváis una temporada solos. Aunque el piso tiene habitaciones de sobra, así que Clara se puede venir con nosotros al piso nuevo.¿ Te vendrías, Clara?

Por supuesto que sí. Me encantaría estar con todos vosotros, me hacéis muy feliz. Yo también me alegro. Clara me cuida muy bien, dije yo. Clara me miró con mucha ilusión. Las gemelas lo consideraron normal, aunque Teresa se quedó dudando, pero no dijo nada. Rosa fue la más efusiva de todas al saber que la invitaba al viaje con nosotros.

No sólo era por la alegría de viajar a una ciudad famosa, sino por el hecho de que yo mantenía unidas a las hermanas, sin pensar que un viaje de novios es normalmente para dos, la pareja de recién casados exclusivamente. Aunque en aquella familia no había muchas cosas normales, por lo que las hermanas me sentaron en el sofá grande y entre las dos me llenaron de caricias y besos. Clara nos miraba con bastante envidia, sobre todo viendo el bulto que se me formaba en la bragueta después de

tanto manoseo. Llegó un momento en que hasta ella no pudo disimular y se acercó a mí.« Tony, estoy muy orgullosa de ti. Lo que has hecho no lo haría nadie». Demuestras que quieres a todas las mujeres de esta casa como nadie. Por supuesto, Clara, y eso te incluye a ti también. Deja que te dé un beso. Me levanté y, delante de todas, le di un beso especial. Ella se abrazó a mí y pegó su cuerpo contra el mío, hasta notar entre sus piernas mi erección intentando salir de

su encierro. Luego se excusó y se fue triste hacia su cuarto, me imagino que con lágrimas en los ojos. Otra de las funciones que me encomendaron fue contratar el coche nupcial. Fui a una casa de alquiler y lo que tenían era bastante normal, pero Teresa recordó que un amigo de Marta tenía un Rolls Royce que apenas usaba. Tenía un chofer para sus otros coches, pero pensó en pedírselo para el día de la ceremonia. Llamé a mi madre para saber cómo estaban y cómo iban a venir

del pueblo. Me ofrecía ir a por ellos, pero mi padre ya lo tenía previsto. Alquilaría un taxi grande para traer a mi abuela y su silla de ruedas, ya que en el mío, tuve que reconocer, no cabríamos todos. Y de paso me dejaban a mí libre del compromiso. Hicimos la lista de invitados. En realidad éramos poca gente,

sobre todo de hombres. Por mi parte, solo vendrían los compañeros de la tienda con sus mujeres, incluyendo a Ángel y Pili, que ahora se veían mucho más enamorados que nunca, por supuesto, mi prima Elsa y Susa, Marta y su hija Cintia. Y sobre todo Soledad, además de mis padres y abuela. Por parte de mi novia estaban las de casa, incluyendo a Clara y posiblemente alguna amiga de Teresa o de las gemelas. Así que el convite sería de poca gente, aunque el menú que elegimos era de lo más exótico

y caro. Pero parece que algo tiene que torcerse siempre. Tres días antes de la boda, Susa vino llorando. Entre sollozos nos contó que en su trabajo, la encargada de organizar a las maquilladoras se había puesto enferma y lo peor era que le habían elegido a ella para dirigir y maquillar a las mejores top model de la pasarela. que era en el extranjero. Nos quedamos helados, mi prima del alma no iba a poder estar en mi boda.

Eso era lo peor que me podía pasar, y no sólo eso, como era la dama de honor que propuse yo, también era una baja importante. Pensé en qué mujer podría sustituir a Susa y no encontré a nadie tan joven, guapa y elegante. Pensé en Fina, pero como estaba vetada, la descarté. Soledad también me habría gustado mucho, pero al estar Elsa de la familia, la prefería a ella. Noté que Cintia se quedó un poco decepcionada, pero comprendió que Elsa era la mejor elección. El día anterior a la ceremonia,

Elsa se vino a mi casa. A Soledad le pareció muy lógico, quería estar con los suyos. Las dos habían estado cosiendo dos días con sus noches el vestido de dama de Elsa, el que le hizo a su hija no le venía a ella por ningún sitio. Mi abuela y mi madre estaban muy nerviosas, pero por suerte no habían puesto pegas a la limpieza de la casa. Después de tanto tiempo fuera de ella, me alegré de haber contratado a Pili, por varios motivos, y de paso haber

ayudado a Ángel. En mi casa se notaban los nervios, y nos acostamos pronto. Mi padre, al no tener sitio a donde ir, se aburría y fue el primero en desaparecer. Mi abuela después, y mi madre, tras desearme suerte en mi nueva etapa, me abrazó y se fue llorando. Cuando me quedé solo, me puse a pensar en el enorme trance que iba a emprender. Ahora estaba un poco más convencido con el cambio de actitud de las hermanas, sobre todo Azucena. Habían mejorado muchísimo y me sentí más aliviado.

Estaba con estos pensamientos cuando la puerta de mi habitación se abrió y entró Elsa. Sin decir nada, se metió en mi cama y al momento noté que se había quitado su camisón y lo había dejado sobre una silla. Tony, quiero darte mi felicitación personal. Quisiera que pudiéramos seguir como hasta ahora. Ya sabes que soy toda tuya y que puedes pedirme lo que quieras y cuando quieras. No sé cómo cambiará tu vida desde mañana, pero puedes contar conmigo. Si te sientes con ganas de pasar un rato, me

tienes a tu disposición. Yo te quiero mucho y me encanta que me folles como solo tú sabes. Además, también quiero pedirte perdón si alguna vez te fallé. Gracias, Elsa. Olvida el pasado, aunque no todo. Lo de follar, te aseguro que seguiremos haciéndolo. Además de mi prima, eres una mujer encantadora, que se merece que la traten de la mejor forma. Te agradezco que hayas venido a mi cama, necesito sentir el calor de una persona amiga. Casi no terminé de decirlo cuando noté la humedad de la boca

de Elsa en mi polla. Se había hundido debajo de la sábana y, después de arremangar el prepucio, me estaba chupando la polla con una delicadeza que me hizo rendirme a sus caricias. Busqué sus tetas y su coño para corresponder debidamente. Los ronquidos de mi padre fueron la serenata de la follada. Seguimos el ritmo acompasado de él y cuando Elsa se corrió, le tapé la boca para que mi madre no la oyera. Seguimos hasta su segundo orgasmo, aunque ella quiso compartir el mío y me esperó. Logramos

aunar temblores, y fue una experiencia única. Los huevos los tenía encharcados de los jugos de Elsa, y la polla se deslizaba a ella sola hasta meterse en el coño de mi prima. Esta había adquirido una maestría especial, cegaramente conmigo, porque de Joaquín no me fiaba mucho. Dormimos un rato, y un poco antes del amanecer, mi prima recogió su camisón y se fue a su cama. El olor a pan tostado me levantó el ánimo. Hacía años que no

lo olía, pues mi madre era única para eso. Me duché y, al salir, me crucé con Elsa, que iba hacia la ducha con una bata. Vi que, con disimulo, llevaba una mano tapándose el coño. Me enseñó la mano y vi que estaba encharcada de mi leche, pues todavía resumaba semen de la noche anterior. A mi padre le di la alegría de su vida, le encargué que me llevara hasta la iglesia en mi coche nuevo. Él tuvo uno hace muchos años, hasta que lo llevó al desguace por viejo. Ahora el mío era un sueño para él,

así que le expliqué cómo funcionaba. La ceremonia en la iglesia fue muy emocionante. Las mujeres, todas bellísimas, lucían entre la cantidad de flores que había encargado Teresa. Allí pude ver a todas mis chicas, que estaban todas juntas en un grupo, menos Elsa, que estaba con mi familia. Era curioso verlas, mirándome con ojos de lujuria. Todas me habrían follado allí mismo, y me lo demostraban a cada mirada. Soledad era una de ellas, aunque para mí era la

más sensata. Le salían unas lágrimas sinceras, y aún así se mordió el labio cuando crucé una mirada con ella. Fina estaba en su línea, era un ramillete de color, con un escote de vértigo y una falda estrecha que le marcaba todas las curvas y hasta el pubis. Marta tampoco se quedaba atrás, quería y lo conseguía, parecer más joven. Ya que era una tentación para cualquiera, su hija era un encanto que provocaba todos los instintos para dejar la boda e ir a por ella. Pero la mejor, además

de Azucena, era Teresa. Vestía con una elegancia serena y un gusto que, sólo por eso, debía darle el primer premio. Despedía sensualidad por sus poros sin proponérselo y en otra de nuestras miradas me lo demostró. La novia apareció un poco con retraso, como era de recibo. Cuando asomó la calandra del Rolls Royce, el murmullo se acrecentó. Primero bajó Rosa y la ayudó a salir, y en lo alto de la escalera, a la entrada del templo, respiré tranquilo.

Temía que a última hora se hubiera arrepentido. Elsa estaba muy guapa, tenía la belleza de la mediana edad, aunque nada parecido con la juventud de la pelirroja Rosa. De no haber sabido sus justos, me hubiera vuelto loco por ella. Todo salió bien. Los anillos los llevaban Teresa, la madrina de Azucena, y mi madrina, mi madre, llevaba las arras. Todo muy bonito y clásico. Cuando nos dijo que podíamos besarnos,

se hizo un silencio en la iglesia. Vi que Rosa miraba por el rabillo del ojo a su hermana, pero Azucena no lo dudó y me dio un beso de lo más amoroso. El convite fue extraordinario. El restaurante era muy selecto y la comida exquisita. Mi padre fue el que peor lo llevó, porque no estaba acostumbrado a aquellas delicias y casi no comió. En cambio, al vino especial no le hizo ascos. Cuando terminó todo, después de la tarta,

vino el baile del vals. Yo tuve que abrir el baile, y aunque tengo que reconocer que no sé bailar, di la sorpresa, porque Susa me había enseñado una noche, eso sí, desnudos, y ya estaba un poco entrenado. Un momento tenso fue cuando mi padre, bien adobado, se dirigió hacia Teresa para sacarla a bailar. Ella lo vio y temió que se cayera, porque andaba a traspiés. Aún así, bailó un poco con él hasta que mi madre se acercó a la pareja y rescató a Teresa, liberándola de mi padre. Después del

primer baile, ya se fueron animando todos. Lo malo era que la inmensa mayoría eran mujeres, por lo que tuve que prodigarme. Una a una fueron pasando todas por mis brazos. Fina me atrapó entre sus tetas, embriagándome con su potente perfume. Soledad también me estrechó con sus brazos, lo mismo que Elsa y Cynthia. Marta me retuvo contra ella, hundiéndome sus tetas en mi pecho. Lo peor fue Pili, la novia

de Ángel. Esta se pegó literalmente contra mí. Llevaba un vestido muy ligero y bastante corto, con un escote muy bajo por detrás, aunque el pico de delante se le marcaba profundo el canalillo. pero cuando la cogí para bailar, se me pegó como una lapa. Le notaba el monte de Venus pegado a mi polla y sus tetas en mi pecho. En lo poco que duró la canción, se me manchó la camisa de sudor de la caloro que llevamos.

Rosa fue la excepción. La suerte fue que la pieza que nos tocó era de bailar sueltos, y no tuve que abrazarla. Yo no sabía bailar suelto tampoco, pero la imité y salí del paso. De todas maneras, su pelo rojo rizado me llevó a sitios lejanos. Para mí, la más importante fue Teresa, que fue la última. Bailamos una canción muy lenta y se acercó tanto que me rodeó el cuello con sus brazos. Le notaba el calor de su cuerpo sobre mi piel, sintiendo su aliento en mi cuello.

La manera de moverse me enardecía, aunque lo que más me impactó fue que, en un momento especialmente lento, acercó su boca a mi oído y me dijo, Tony, hace ya una semana que debió bajarme la regla.

Speaker 3

Quieres decir qué? Solo te digo eso. El resto

Speaker 2

el tiempo lo dirá. La abracé como si fuera mi suegra, pero en realidad era como si mi mujer me anunciara mi paternidad. La fiesta acabó tarde, aunque la gente se iba marchando poco a poco. Mis compañeros de la tienda fueron los primeros, no estaban para trotes, y sus mujeres no les acompañaban tampoco, excepto Pili, que no paraba de

bailar con Ángel. A mí me sacó varias veces, una de ellas informándome que había cumplido con su promesa y que ahora esperaba que yo le atendiera debidamente su culo. Nos fuimos a nuestro piso. Mi padre se había llevado a mi familia, y yo me quedé con Teresa, Rosa y mi ya mujer, Azucena. Teresa notaba la tensión que había entre las hermanas, pero al fin convenció a Rosa para que volviera con ella a su casa. Era nuestra noche de bodas y debíamos pasarla a solas. No fue fácil.

Yo sabía que Azucena pensaba en su hermana, y al revés. Cegaramente Rosa estaría sin dormir toda la noche, pensando que yo me iba a follar a su hermana. Aunque yo tampoco estaba demasiado seguro de eso. Cuando me acosté en mi nueva cama, me perdía en ella. Azucena se metió en el baño y tardó en salir, demasiado pensé yo, hasta que por fin lo hizo y respiré. Cuando se acostó a mi lado, la abracé y la tranquilicé. La notaba temblar, pero después de unos besos se quedó más relajada.

Tuve que actuar como lo haría su hermana, llenarla de besos, lamerla, chuparle primero las tetas y el resto hasta llegar al coño deseado. Aún así, notaba que miraba a los lados, buscando a Rosa, hasta que le puse la polla en la misma entrada del coño. Esperaba que fuera ella la que me pidiera que pasara adentro. Y lo hizo con un suspiro.

Speaker 3

Hazme tuya, Tony. Te quiero como a nadie en el mundo. Yo también, Azucena. Te prometo que

Speaker 2

te quiero mucho. Recordé las recomendaciones de su madre. No le podía prometer fidelidad, pero eso ella ya lo sabía. Así que fui apretando la polla hasta que ella me animó con la cabeza a que siguiera. La fui metiendo a etapas, metía un poco y la sacaba, y así hasta hacérselo desear. Cuando notó el fuego de mi capullo, ya no pudo soportarlo y me cogió del culo, atrayéndome hacia ella. Fóllame, Tony, y no pares hasta llenarme de leche. Estoy en mis días fértiles, estoy ovulando. Esa era la

palabra mágica. Me hundí en ella y no paramos de amarnos. Ella tuvo que rendirse a la evidencia, mi polla no se parecía al consolador doble ni al moderno que les había regalado. Mi verga vivía, quemaba, latía y, de paso, se corría para llenarla de leche hasta hacerla rebosar. Poco a poco, le sacudieron los orgasmos. Aquello no lo conocía y le gustó. Poco a poco también llegaron los míos, hasta que coincidimos los dos juntos, y eso fue lo máximo para ella. Su hermana se corría de otra manera,

también era buena, pero diferente. Cuando saqué la polla, miramos el coño, estaba rojo y abierto como un túnel, pero de él no salió ni una gota de semen, se lo había quedado todo dentro. Pensé que las dudas habían desaparecido, al menos en gran parte. Esa noche, Azucena parecía distinta y me dio esperanzas. No tenía experiencia en noches de bodas, imagino que habrá de todas, pero la mía fue mejor de lo que temí. Aún así, estaba dispuesto a darle un margen de confianza. Si no. Por la mañana, la

primera que llamó fue Rosa. En su voz se notó que había pasado la noche en vela, pero Azucena la tranquilizó, todo iba bien, aunque las dos se dijeron que estaban impacientes por verse. El avión nos dejó en París. Fue un vuelo muy tranquilo y al llegar ya nos esperaba un coche del hotel. Rosa miraba a todos lados con asombro. Azucena la acompañaba y yo admiraba a las dos, que iban cógidas de la mano, como niñas en una feria.

El hotel merecía el calificativo de superlujo. La suite era extraordinaria, espaciosa y con unas vistas que alcanzaban todo París. Salimos a la terraza y, como era curva, llegábamos a ver desde los barrios de Montmartre, con la Basílica del Sagrado Corazón sobre la colina, el Sena, el Louvre y, por supuesto, la Torre Eiffel, que dominaba todo el horizonte de la ciudad. Apenas sacamos la ropa de las maletas, salimos a la ciudad. El ambiente era extraordinario, los olores, los sabores, todo era

nuevo y especial para nosotros. Entramos en cualquier bistró o restaurante para almorzar, compraron detalles para amigas y familia. Todo era extraordinario hasta que llegó la noche. Aquello era lo que más tenía yo. Ahora era la hora de la verdad. En la cama grande nos perdíamos, ella podía estar en un lado y yo en otro sin tocarnos. Me arrimé a ella y le cogí la mano, la tenía fría. Su hermana estaba en la otra cama, no la podíamos ver,

pero la sentíamos respirar agitada. Quise hacer el mismo repertorio que la primera noche, pero notaba a mi mujer tensa. Cuando ya estaba sobre ella, sin llegar a metérsela, vi cómo miraba en dirección a su hermana. Recordé la promesa que les hice y le pregunté al oído.¿ Te gustaría que tu hermana estuviera aquí, a tu lado? Ella movió la cabeza afirmativamente y yo solo tuve que susurrar.« Rosa, ¿duermes?». En una décima de segundo, Rosa ya estaba entre nosotros.

Llevaba un camisón cortito, pero al vernos desnudos se lo quitó y lo lanzó lejos. Lo primero que hizo fue darle un beso a su hermana en la boca. Me gustó porque fue un simple piquito, pero enseguida se escurrió entre nuestras piernas y noté como mi cuñada me cogía la polla y la dirigía hacia el coño de su hermana. Ella misma retiró el prepucio, mojó el glande con su saliva y separó los labios del coño de Azucena. Solo

tuve que empujar y entré victorioso. Por eso no pude negarme a que luego Rosa subiera a nuestro lado y me besara en la boca después de besar a su hermana en un pezón. Le mantuvo la mano cógida mientras yo la follaba. Ese simple contacto fue suficiente para que se sintieran seguras y desde entonces las dos se animaron. Azucena se abrió de piernas completamente y mi polla se hundió en ella hasta los huevos. Rosa le acariciaba desde las tetas hasta que llegaba a mi polla y volvía

a subir. Intenté acercar mi mano al culo de Rosa, pero enseguida noté que se tensaba su piel. Comprendí que era su línea roja y me centré en exclusiva en Azucena. Rosa cumplió con su palabra, me acariciaba, me pasaba la mano por los huevos, incluso cuando cambiábamos de postura, me mordía las tetillas, pero sin dejar que yo hiciera lo mismo en ella. Cuando Azucena se corrió, Rosa la apoyó. Le daba ánimos acariciándole el pelo, como si estuviera sufriendo.

A mí me animaba a seguir, me cogía el tronco de la polla cuando salía y me ayudaba a hundirlo otra vez. Cuando me corrí, me estuvo exprimiendo, como queriendo que saliera hasta la última gota de leche. Azucena se mostraba más relajada y tranquila. Se ponía en la postura que yo quería sin rechistar. Aquella noche vi su culo rosado, pero no quise deslizarme en él, ya llegaría el momento. En Rosa tenía una aliada, ella misma sugería las poses que sabía que le gustaban a su hermana y la

iba colocando para mí. Cuando levantó las piernas sobre su pecho, dejando a la vista su coño abierto, me lancé a comérmelo. Pero al ver la cara de Rosa a mi lado, le dejé que empezara ella. Nunca vi tanta avidez. La lengua de Rosa se movía con una maestría insospechada, y Azucena la reconoció enseguida, porque se corrió en su cara, mientras yo le chupaba las tetas, que se deshacían en

mi boca de tan tiernas. Hubiera dado cualquier cosa por haber aprovechado la postura de la pelirroja, de rodillas con la cara entre las ingles de su hermana, para meterle la polla hasta los huevos, pero me contuve. Después de correrse, Azucena me dejó el sitio, y cuando seguí lamiendo aquel clítoris recién corrido, Rosa me obsequió con una mamada de experta. Azucena se desmadejaba entre orgasmo y orgasmo, alternaba los de

su hermana con los míos. Se sorprendía al notar mi polla hurgándole el útero o los dedos de Rosa titilando su punto G. Fue una noche muy especial. Rosa cumplió su promesa y no nos molestó para nada, al contrario, incorporó su experiencia para llevar a su hermana al cielo de París. La luz del día nos encontró a los tres entrelazados sobre la sábana deshecha. La imagen era deliciosa, si no fuera mi luna de miel, claro. Pero tenía confianza en redirigirla como a mí me gustaba. De momento,

preferí ir despacio y saborear el momento. Las dos hermanas estaban abrazadas en medio de la cama. Desnudas, eran como dos diosas, y preferí no despertarlas. Salí a la terraza y miré al horizonte. El sol quería hacerse sitio entre las nubes, pero todavía no tenía fuerza. Yo necesitaba algo en mi cuerpo y pensé en bajar a la cafetería a tomarme un buen café au lait y un croissant. Me acerqué al oído de Azucena y le dije. Buenos días, princesa. Voy a tomar algo para entrar en calor.¿ Os mando

el desayuno a la cama? MMM, MMM. Fue toda su contestación, pero como se abrazó a su hermana, apoyando su cabeza sobre las tetas de rosa, me di por enterado, lo que quisiera. A esas horas no había mucha gente en la cafetería del hotel, así que salí a la calle. El fresco de la mañana me dio una bofetada de realidad. Miré hacia arriba, vi la terraza de mi suite y me entró la tristeza. A lo lejos, los campos helicios se perdían en la distancia y entré en el primer

bar que vi. Yo de idiomas estoy más bien corto y el murmullo de la gente me pasaba por encima sin afectarme. Esperé en una mesita vacía hasta que una voz me dijo,¿ Qué va a tomar, señor? Miré al suelo, vi unos zapatos caros, elegantes y unas piernas bonitas. Fui subiendo hacia arriba y, al momento, sentí como el corazón se me ponía a mí por hora.

Speaker 3

Susa,¿ qué haces aquí? Eso iba a preguntar yo. Aquí estoy trabajando. Siento mucho no haber podido acompañarte en tu boda. Y yo, no sabes cuánto. Estoy en aquel hotel, bueno, estamos. ¿Cuál, aquel de la esquina? Ja, ja, ja, yo también.¿ Cuándo llegasteis? Llegamos allá. Esta es la primera noche, bueno, según.¿ Cómo que según?¿ Será la primera o la segunda, no? Quería decir la primera noche

Speaker 2

en compañía. Mi cuñada Rosa vino con nosotros.¿ Que tu cuñada Rosa está con vosotros en vuestra luna de miel? Pues sí. La primera noche la celebramos en casa, solos, pero aquí estamos acompañados. No me lo puedo creer. Bueno, tengo algo de prisa. Si quieres, tómate algo tranquilamente, yo vuelvo al hotel a recoger unas cosas. Espera, te acompaño. Solo he salido para tomar el fresco. En la habitación

de Susan no hicieron falta las palabras. Nada más llegar, se abrazó a mí y me llenó de besos mientras la iba empujando hacia su cama. Las ropas se fueron esfumando mientras que, con las manos, nos acariciábamos para caer sobre la sábana y follar como posesos. Susan notó enseguida que estaba necesitado de cariño y me dio el suyo por toneladas. Estuvimos más de una hora follando sin parar. No hubo centímetro de piel sin besar ni agujero que tapar.

La sábana quedó manchada de fluidos, algo que la camarera extrañaría al ir a hacer la habitación. Cuando quedamos estenuados, mi prima se subió sobre mí, como era su costumbre, y me fue contando lo que estaba haciendo. Se está celebrando la Paris Fashion Week en el Carrousel Dulubre. Allí estoy con mis chicas, maquillando a las mejores modelos de hoy en día.¿ Te gustaría conocerlas? Si quieres, te daré tres pases VIP para que vayáis a verlo. Es todo

un espectáculo de lujo. Y si puedes escapar, me buscas y te enseñaré cómo funciona por dentro. Susa se movía sobre mi polla, frotando su clítoris hasta ponerla dura y volvérsela a meter. No tardó nada en correrse, pues tenía una sensibilidad en su botón que le provocaba orgasmos brutales. Yo seguí llenándola de leche, la poca que quedaba en mis huevos, pero salí de su habitación con la moral renovada. Cuando subí a mi habitación, en el recibidor de la

suite estaba el carrito con los tres desayunos. Me asomé a la cama y vi a las dos desnudas, como antes, pero con una variación, entre ellas estaba el aparato que les había regalado yo, el famoso consolador que acababan de usar. No me preocupó demasiado, estaba saturado de susa. Cogí el carrito del desayuno, salí a la terraza y me comí todo lo que habían subido, que no era poco. Cuando se levantaron y arreglaron, ya era media mañana. Les propuse

dar un paseo por la ciudad. Hacía buen sol y paseamos por la Plaza de la Estrella, que se llama así porque confluyen varias avenidas y en el centro está el famoso Arco del Triunfo. En aquellas calles había infinidad de tiendas de moda y en ellas se entretuvieron mirando modelos. De pronto, recordé. Ah.¿ Sabéis a quién he visto esta mañana? A mi prima Susa. Me ha contado que está en la semana de la moda y me ha dado tres

pases VIP para que vayamos a verlo. Allí se congrega lo más chic de la sociedad, además de modistos y modelos que sólo podemos ver en las revistas de moda.¡ Qué bien! A mí me hace mucha ilusión.¿ Y cuándo podemos ir a verlo? Cuando queráis. Nos informaremos en el hotel sobre cuando pasa el modisto más de moda. Conoceremos a todos y veremos a alguna modelo de las más guapas. Eso ya te gusta más,

Speaker 3

¿verdad? Ja ja ja.¿ Qué va, teniendo a dos diosas en mi cama?

Speaker 2

Bueno, mejor será una y media. Eso, una entera y otra solo de cintura hacia arriba, jajaja. Jajaja. Pasamos dos días de turismo. En el hotel nos facilitaron todo tipo de información, aunque por las noches seguimos con la misma tónica. Rosa se portaba como el primer día, había que aprovechar la ovulación de su hermana si era posible. Azucena quería quedarse preñada lo antes posible, así que Rosa y yo

hacíamos lo posible por complacerla. Cuando entramos en el salón de la entrada del lugre, donde se celebraba el pase de modelos, el lujo nos deslumbró. La gente más guapa del mundo se daba cita allí. Íbamos elegantes, pero nadie se fijó en nosotros, éramos del montón al lado de ellos. Vimos a modistos, actores y actrices, todas enjolladas. Mis chicas

alucinaban hasta que descubrieron el sitio que nos asignaron. Era en primera fila, casi tocando la pasarela, y al lado de una famosísima actriz americana que habíamos visto en muchas películas. Un poco más allá estaba una cantante de última moda, con su novia. Eso les gustó a mis chicas, que me dieron un codazo. Yo, en cambio, miré a la acompañante de un señor mayor que llevaba un Rolex que brillaba en la oscuridad. Me habría gustado que lo viera fina,

porque se quedaba pequeña a su lado. Estaba claro que estaba súper operada de todo, las tetas y las caderas le surgían de todos lados. El ambiente era de fábula, pero yo me aburría. Allí nadie hablaba en español y en un momento de descanso les dije a las chicas que me iba a dar una vuelta. Les ofrecí acompañarme, pero como vieron detrás a un actor de cine, se quedaron prendadas. Yo busqué el letrero de backstage. Según Susa, estaría por allí. Pregunté a dos gorilas que custodiaban la puerta,

pero no me dejaron entrar. Con señas e insistencia me hice entender y nombré la marca de Susa. Inmediatamente se hicieron a un lado y me indicaron muy amablemente por donde debía ir. No era nada como yo esperaba. Era un local lleno de gente, con una serie de cubículos donde las maquilladoras, peluqueras, modistas y demás ultimaban los detalles antes de que las modelos aparecieran entre las cortinas a la pasarela. Había un movimiento frenético. La gente iba desesperada,

nerviosa y preocupada de que todo saliera bien. Se jugaban mucho prestigio y todos cobraban mucho dinero. El modisto que presentaba su colección iba de aquí para allá para que no fallara nada. Fui husmeando por allí, nadie me preguntó nada. Yo llevaba mi acreditación colgada del cuello y paseé entre aquel hormiguero. hasta que oí hablar en un inglés muy malo y supuse que sería Susa. Efectivamente, en un mínimo espacio, frente a un espejo iluminado gigante, mi prima estaba maquillando

a una chica. No pude reconocerla porque llevaba una mascarilla y solo se le veían los ojos. Por lo que pude distinguir en el espejo, era mulata, pero nada más. Estaba envuelta en un batín de terciopelo azul claro con unas zapatillas del mismo color. Nada de glamour. Aquella chica no entendía nada de español y Susa me pudo contar lo que estaba haciendo. Había nervios por todos lados hasta que la chica mulata empezó a llorar. A mí me extrañó mucho porque solo estar allí era todo un lujo.

Por eso Susa me contó su historia. Esta modelo es la de esta revista. Es muy famosa, pero su vida es un desastre. En las fotos sale genial, pero ahora tiene un problema grande, ha cogido pánico escénico y no se atreve a salir a la pasarela.¿ Por qué a estas alturas? Porque ya se ha caído tres veces al andar con esos tacones que le obligan a llevar. Susa me señaló unos zapatos mínimos con unos tacones de aguja

imposibles de sostener en pie. Tenía razón, era muy peligroso, pero su profesionalidad le obligaba a llevarlos, pues su prestigio estaba en juego. Susa le entendía un poco y le decía que debía salir. Ella negaba, no quería salir así, creía que se iba a caer y hacer el ridículo. Su carrera estaba en el aire. Los modistos daban palmas para que se dieran prisa todos. Los profesionales masculinos pululaban dando gritos histéricos, pero la mulata no dejaba de llorar

y el rímel de las pestañas no le cogía bien. Tony, necesito que me ayudes. Yo.¿

Speaker 3

Cómo

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te voy a ayudar

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si ni siquiera entiendo a nadie? No te preocupes, yo sé cómo

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tratar a esta chica. Sé lo que necesita. Ven con nosotras. Mi prima me llevó detrás de unas cortinas que colgaban desde el techo. El espacio era pequeño pero reservado. Allí había una silla y una mesita llena de pinturas. Susa llevó a la modelo de la mano y al ponerse a mi lado, vi que me sacaba más de la cabeza y eso que llevaba solo las babuchas de terciopelo. Me vi pequeño a su lado, pero mi prima la puso delante de mí y le quitó la bata. Nunca

vi nada parecido. La mulata era bellísima, con la piel color bronce, el pelo ensortijado y los labios carnosos, los ojos negros como el carbón. Pero lo que más me impactó fue que tenía el pecho completamente liso, no tenía tetas, más que dos pezones como dos lunares que sobresalían del pecho. La cintura apenas se le marcaba de las caderas y las piernas altísimas me llegaban por el pecho. Me fijé en el coño, apenas era una línea vertical, tan fina

que parecía dibujada en su piel. Pero mi prima sabía lo que hacía. Puso la silla en medio del cuadrado y me dijo,« Bájate los pantalones y siéntate en la silla. Lo que digas, Susa. Tú sabrás lo que haces». Mi prima, delante de ella, se agachó frente a mí y me chupó la polla hasta ponerla vertical. Luego cogió a la mulata y le ordenó que se sentara sobre mí. No hizo falta hablar en inglés. La chica me miró, miró mi polla y separó las piernas a mis costados, sentándose

con cuidado. Nunca había follado con una negra. Por supuesto, estaba tan buena como cualquier otra chica. Era tan estrecha que el capullo tuvo que abrirse paso. Ella se quejaba, pero Susa tiraba de sus hombros para que se sentara del todo. Cuando mi polla desapareció por la fina línea de sus labios, la chica sonrió y ya no hizo falta darle más instrucciones. Empezó a mover la cintura en una danza tan cálida que, al momento, la polla estaba al máximo de potencia. La chica se corrió después de

saltar sobre mí desesperadamente. A veces, la polla se le salía del coño y se equivocaba de agujero, pero mi prima se encogía de hombros, diciéndole que daba igual. Se quejó un poco al principio, pero alternó los dos agujeros sin problema. Cuando se corrió, se abrazó a mi prima, que estaba delante. Estaba contenta y liberada de sus miedos. Luego se dio la vuelta, cara a mí, y me dio un beso con aquellos labios tan carnosos, hasta que cerró los ojos al sentir mi capullo palpitar en su coño.

Como era tan alta, le besé los pezones sin esfuerzo. Estaban a la altura de mi boca, y le encantó. Me dio la impresión de que nadie se los besaba, al no tener nada de tetas. Cuando le dije que me iba a correr, encogió los hombros, como vio hacer a Susa, y me descargué en ella con toda mi fuerza. Ella siguió moviéndose hasta alcanzar otro orgasmo, pero quiso que yo gozara también. Se arrodilló frente a mí y me chupó la polla como no creía que se podía hacer.

Debía ser costumbre de su pueblo, pero me volvió loco de gusto y le llené la boca de leche blanca que contrastaba con sus labios negros. Las palmas del modisto nos interrumpieron y ella tuvo que salir corriendo. No le importó salir desnuda, allí, ahora, todas iban igual, probándose los vestidos del desfile delante de todos. Vi más tetas en un momento que en mi vida. Yo salí tambaleándome, pero mi prima me animó. No te preocupes, esta noche tendrás

más de lo mismo, pero ya estarás recuperado, jajaja. Ojalá, pero gracias. Me has hecho un buen regalo. No, el regalo me lo has hecho tú a mí y a ella sobre todo. Va a ser la mejor de todas, te lo prometo. Salí entre aquel jaleo sin que nadie se fijara en mí. Al fondo, vi, sobrepasando a todas las demás, la cabellera rizada de la modelo que ya se había subido a sus zapatos de vértigo. Me dio el tiempo justo de llegar junto a mis mujeres para

ver empezar el desfile. Todos aplaudían, pero yo mucho más cuando salió la mulata. Ella me miró y me dedicó una sonrisa espectacular. Todos se volvieron admirados hacia mí. Me sentí importante delante de mis chicas, que no se lo creían. La mulata, al llegar al final de la pasarela, dio un gracioso giro y, al volver, se paró delante de mí y me lanzó un beso al aire. El revuelo fue total, los aplausos, de locura. Resultó ser la modelo que cerraba el desfile, que luego salió de la mano

del modisto. Todos se preguntaban, en todos los idiomas, quién era yo, y mis chicas presumían, colgándose de mi brazo, para que los fotógrafos nos sacaran en todas las revistas de moda del mundo. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy.

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Hasta la próxima.

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