Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos. Gemelas, parte 14. Ya hacía tiempo que no hablaba con Soledad. Lo cierto era que la venta de camisas a medida había decrecido bastante. La llegada al mercado del tergal y otros tejidos resistentes a las arrugas hizo mella, y los clientes preferían comprarlas
por tallas, ya que la confección había evolucionado mucho. Además, se habían puesto de moda los pasadores en los cuellos o las ballenas que obligaban a mantener el cuello bien erguido, haciendo que la corbata luciera mejor. Por unas causas u otras, apenas había trabajo para Soledad. Fernando, su marido, hacía tiempo que no se pasaba por mi tienda para tomar medidas. Por eso, cuando recibí la llamada de Soledad, me alegré mucho. Lo que no me esperaba era que me llamara llorando.
Entre hipo e hipo, pudo decirme que su marido había muerto y estaba en el tanatorio. Fui lo antes posible y allí la vi con los ojos enrojecidos. A aquella hora no había nadie, era la hora de comer. La pobre estaba deshecha. Apenas tenían familia, y el futuro sin marido y sin su fuente de trabajo se le presentaba negro. La invité a un café y dejamos a Fernando solo en su caja. Allí me contó los detalles. Su marido había ido a un bar a tomarse un vermouth con
unas aceitunas, como solía hacer todos los días. Estaba sentado en la acera, en una mesita a la sombra de una sombrilla. La pareja que estaba a su lado se dio cuenta de que de la camisa de Fernando salía humo y se lo dijeron al camarero que salía en ese momento. El chico vio que la colilla del cigarro se le había caído de los labios encendida y se le había quedado en un pliegue de la camisa, haciéndole
un agujero como una galleta maría. Le tocó el hombro, porque lo creía dormido, pero Fernando se inclinó sobre sí mismo y cayó sobre la mesa. Estaba muerto. El médico de la ambulancia que intentó reanimarlo certificó su muerte y dijo que habría sido un infarto o algo así. Todo eso me lo contaba entrecortadamente, ahogada por el llanto. Yo intentaba consolarla, pero reconocía que el drama era más grande que la pérdida del marido, que, al fin y al cabo,
no la trataba demasiado bien. Al entierro fuimos pocas personas, sobre todo éramos gente del comercio. Allí pude conocer a algunos dueños de otras tiendas. A la única que conocía era a Cintia y a su madre, Marta. Marta me dijo que tenía que hablar conmigo sobre Susa y que era importante. No lo dejé pasar y al día siguiente, al salir del banco, fui a su casa. Cuando me abrió, me saludó con dos besos. Apenas llevaba una bata. Lo siento, acabo de ducharme, no creí que vinieras tan pronto.¿ Cómo
me dijiste que era importante? Sí, pero no te alarmes, pasa a mi habitación. Me sentó en la cama mientras elegía en su armario la ropa que se iba a poner. Abrió los cajones donde tenía la lencería y buscó en el cajón de arriba. Allí se podían ver, pulcramente ordenados, toda clase de sujetadores coloridos y en todos los modelos. Marta tenía muy buen gusto. Eligió uno que apenas le mantenía elevadas los pechos y me lo enseñó para que lo aceptara. Luego buscó en el cajón de abajo del todo.
Al agacharse, lo hizo con las piernas un poco separadas y pude ver cómo estaba su sexo recién duchado. No pude evitarlo, pero me levanté y me pegué a su trasero. Ya iba con la bragueta abierta y el pene fuera, y sin más le hundí el miembro hasta el fondo. Ella se apoyó en el cajón, le sujeté los pechos, que se balanceaban a cada empujón, y la fui llevando a la cama. Antes de llegar, todavía le di unos cuantos empujones y la saqué para poder quitarme los pantalones.
No tardé nada, pues cuando subí, ella todavía estaba acomodándose con las piernas abiertas. No hablamos nada. Mi pene entraba en ella como una ametralladora. Ella levantaba el trasero para que entrara recto. Por el chapoteo, indicaba que estaba muy mojada y no de la ducha precisamente. Cuando me cansé, le dije que subiera a ella sobre mí. Lo hizo y se sentó, dejando los pechos a mi alcance. Salía y entraba hasta el mismo límite para dejarse caer hasta
clavarse el pen entero de un golpe. De repente, se abrió la puerta y asomó su hija Cintia con cara de sorpresa. Oh, perdona,
mamá. Creí que estaba sola. No pasa nada, hija.
Mira quién está aquí. Marta levantó el trasero para que Cintia me viera la cara por debajo de su cuerpo, y así, entre los pechos de su madre, pude saludar a Cintia. Ah
hola, Tony. Ya te había conocido.¿ Cómo puede ser?
Vaya que sí. Nada más ver el pene que le entraba a mi madre, me dije, esta verga es de Tony. Era cierto. Al levantarse Marta de mi pene, se me había salido, quedado vertical como un poste de telégrafos. Marta, con toda naturalidad, se volvió y le preguntó a su hija.¿ Querías decirme algo, hija? No, solo decirte
que ya me marcho a la tienda.¿ Quieres algo? No, nada. Creí que ya te
habías ido hace rato. No, me entretuve maquillándome un poco. Ya te recomendaré una maquilladora
de categoría, ¿verdad, Tony? Ah, claro.¿ Te refieres a Susa? Por supuesto. Bueno, Tony, me alegro mucho de verte. A ver si quedamos un día, pero tú y yo a solas. Ja, ja, ja. Cuando gustes.
Ya ves que estoy siempre a vuestra disposición, jajaja. Marta se dejó caer otra vez, metiéndose el pene certeramente de un golpe, mientras su hija nos deseaba buenos días. Marta me comentó que quería hablarme sobre varias cosas. Una era sobre Susa. Su amiga del salón de belleza se deshacía en elogios con ella, pero lo único que le preocupaba era si quería seguir la carrera en serio, pues seguramente debería salir al extranjero y pasar largas temporadas. Y no
sabía si Susa estaría decidida a hacerlo. Yo le contesté que confiaba en ella, aunque, de todas formas, intentaría convencerla. Todo esto lo decía gesticulando mientras se movía sentada sobre mí, como lo hacía Susa en mi casa. Luego me contó que también le preocupaba Elsa.
Qué pasa con Elsa?¿ No funciona bien? Creo que es muy eficiente. Sí, claro. Mi hija está muy contenta.
Con ella ha superado las expectativas que tenía. Ahora hasta tiene una lista de espera para hacerse los vestidos que ella corta y diseña. Es una maravilla. ¿Entonces? El problema es su vida personal, aunque a mí no me importa mucho la vida de nadie, ya ves. Para confirmarlo, me dio unos movimientos de cadera que me hundieron el pene hasta los testículos y siguió. El caso es que la vemos apática, triste y es una pena porque, de normal, es muy simpática. Pero parece que Joaquín no la trata
muy bien y eso afecta a su carácter. Ya he oído algo. Me parece que no acertó en elegirlo como pareja. Eso pensamos mi hija y yo. Hemos recibido quejas de las demás chicas. Parece que siempre está buscando motivos para sobarlas y proponerles que se la chupen. Joder, vaya tío gilipollas. Es un subnormal integral, con lo buena que está mi prima. Parece que lo sabes bien. Bueno, sí,¿ para qué te
voy a engañar? Mejor que mejor. Así nos
comprenderás mejor. Si pudieras hacer algo al respecto. No lo sé, mientras esté con ese tipo. Eso mismo dice Cintia, pero no te preocupes, estaremos vigilantes. Ahora sigue moviéndote, cariño. Reanudamos la actividad y no nos dejamos ninguna postura por probar, hasta que al final me corrí en sus pechos. Ella se embadurnó todo con mi semen y lamió su mano después. Cuando Susa se tuvo que ir con la maquilladora a la Semana de la Moda de Madrid, me quedé solo
en casa. Era extraño no encontrar a nadie cuando volvía del trabajo, pero me vino bien para reponerme. Procuré no acudir a comer a casa de Fina para poder recuperar fuerzas, además de que aquellos días fueron muy pesados por el trabajo que había. Una mañana me levanté pronto. Estaba contento porque el día anterior habíamos vendido muchísimo. Durante todo el día, la gente entraba a la tienda y todos se marchaban con muchas bolsas. Fina me miraba y me confirmaba que
en la caja ya casi no cabía tanto dinero. Tuve que hacer dos viajes a mi caja fuerte para guardar los billetes. Estaba impaciente por llevarlos al banco. Nada más llegar a la tienda, preparé el ingreso y fui a depositarlos en la cuenta corriente. Estaba eufórico y quise sorprender a Teresa, dándole la buena noticia. Hacía una semana que no la había visto, desde que volvimos de los Pirineos.
Las gemelas ya estaban a punto de volver a Irlanda, se les habían acabado las vacaciones, aunque pronto volverían definitivamente. Abrí con mis llaves, no quería llamar la atención de Clara. Me di cuenta de que la casa estaba muy tranquila. Recorrí el pasillo que llevaba a las estancias de Teresa. Pasé por su habitación, pero como había mucha luz, pensé que estaría en el salón y allí fui. En las
demás habitaciones no se oía a nadie. Por un momento, pensé que se habrían marchado a ultimar alguna compra para el viaje. Cuando volví al recibidor, oí que me llamaban desde la habitación de Teresa.« Chit, Tony, estoy aquí». Abrí la puerta de la habitación y vi a Teresa todavía acostada. Las cortinas de la ventana estaban descorridas y entraba el sol.« Buenos días, Teresa.
Vengo a darte una sorpresa. Yo también quiero darte otra.
Mira». Teresa se destapó de la ropa de cama y me mostró que no llevaba nada debajo. Me gustó verla enteramente desnuda y con aquel semblante tan ilusionado. Quítate la ropa y métete conmigo. Pero Teresa, no seas loca. Nos van a oír tus hijas. No te preocupes, ellas se han trasladado a dormir a la habitación de Pepe. La cama es de matrimonio y así estarán más cómodas. La habitación de don José estaba más alejada que la de las hijas, pues estaba pegada a la de Teresa. Así
que me convenció enseguida. En un momento, ya estaba tan desnudo como ella a su lado. Teresa ni se preocupó en volverse a tapar. Allí, sobre la sábana, en el centro de la cama, me esperó con las piernas flexionadas y separadas.« Espera que te coma el coño primero». No hace falta. Ya estaba acariciándome pensando en ti cuando te oí llegar. Méteme la polla hasta el fondo, cariño. El coño abierto le brillaba y mi polla entró en ella
sin apenas rozarle los labios. Sin dejarme caer, me pegué a ella, que me recibió con los brazos abiertos, atrayéndome para cerrar sus piernas tras de mí. Teresa olía muy bien, acostumbrada a usar colonias caras. La piel se le había impregnado de perfume. No había que decirle nada, ella misma elegía la postura que le apetecía, y yo solamente tenía que empujar, ya que ella, con mucha agilidad, encaraba su coño a mi polla. Teresa levantó las piernas hasta su
pecho y me dejó el coño totalmente abierto. Yo, apoyado en mis rodillas, le iba metiendo la verga con golpes fuertes. Ella me lo pedía, estaba deseosa de una follada salvaje y la complací. Cuando quiso montar encima, lo hizo con una rapidez que apenas me vi con ella sobre mí, haciendo ocho sobre mi polla, hasta que atinó el agujero. Saltaba sobre mí hasta sacarse el capullo, luego volvía a bajar sin miedo a clavárselo en el otro agujero. En una de aquellas subidas y bajadas, me di cuenta de
que la puerta estaba entornada. En realidad, no me sorprendió, estaba claro que Clara nos estaba espiando. Con las ganas que tenía de que yo la follara, cegaramente estaría haciéndose una paja en el pasillo, que le iba a provocar un orgasmo de premio. Me propuse darle envidia, y a partir de ahí procuré darle las mejores vistas para que viera cómo gozaba Teresa. Yo mismo iba al encuentro del coño de Teresa cuando ella bajaba, se la hundía sin compasión,
haciéndole gemir como una gacela herida. Ella disfrutaba de mi energía y, al momento, quería que se lo hiciera de otra postura distinta. Así que, cuando le pedí que se pusiera a cuatro patas con la cabeza pegada en la sábana, me puse detrás y le volví a meter la polla sin miramientos. Ya me imaginaba a Clara viendo cómo mi capullo se deformaba al forzar los labios del coño de Teresa hasta encontrar el agujero y desaparecer en él. Pero
todavía quise provocarla más. En una de aquellas que sacaba la verga del todo, apunté un poco arriba y se la clavé en el culo. Teresa gimió con dolor, no la había lubricado suficiente y la impresión la sorprendió. aunque al segundo ya se estaba separando las nalgas para que le entrara más adentro. Era una delicia oír a Teresa gemir sofocada mientras se corría. Era una mujer muy expresiva y se conocía. Si no hubiera nadie en la casa, seguro que hasta habría gritado. Yo, de reojo, miraba a
la puerta. Efectivamente, vi cómo la sombra metía la mano entre sus piernas y agitaba los dedos. Así estuvo unos minutos. Quise apurar más y, al sacar la verga del culo de Teresa, le di la vuelta y se la di a mamar. Ella la cogió con avidez y se la metió hasta tocar mi pubis depilado con la nariz. Cuando me volví, ya no estaba la sombra. Pensé que Clara se había corrido ya y había ido a lloriquear a la cocina. Pero, al segundo, volví a ver la sombra.
Esta vez, la puerta estaba un poco más abierta y entonces pude ver claramente a la persona que estaba espiando, era pelirroja y no llevaba la misma ropa que la que vi anteriormente. En ese momento, me estaba corriendo en la cara de Teresa. Ella estaba atenta a recoger con los labios la leche que me salía a borbotones y no se fijó en la cara de susto que hice yo.
Estaba equivocado. Clara no nos espiaba. Eran las dos hijas de Teresa que nos estaban viendo como follábamos haciendo toda clase de diabluras.¿ Qué te pasa, Tony?
Te ha dado un bajón la polla, que casi no puedo chuparla. Perdona, Teresa. Por un momento me
he distraído. Sigue chupando. Quiero volverte a follar de nuevo hasta hacerte volar. Aún la cogí más fuerte. Estaba asustado y, a la vez, esperanzado. A lo mejor, las gemelas, al vernos follar, se animaban. Pero no estaba seguro. Pensando en eso, y como Teresa me apretaba la polla con el coño, le pregunté. Teresa, me voy a
correr.¿ A dónde te la ha hecho?¿ Dónde va a ser? Dentro, como a mí me gusta.¿ Es qué? No te preocupes, no creo que pase nada.
Me hundí en ella y descargué todo lo que tenía. Sentí como trasegaba leche al coño de Teresa a golpes de huevos hasta quedar seco. Ella recibía mi semen con una alegría que me emocionaba. Cuando terminé, miré, por curiosidad, el agujero abierto y de allí no salió nada. Sobre la cama, los dos desnudos y sofocados por el esfuerzo, descansamos. Mientras,
le conté el motivo de mi visita. Se emocionó al saber el interés que tenía por subir la venta, recordó a su marido, que luchó tanto por mantenerla, y ahora todo iba según él hubiera querido. Salí de la casa de puntillas, no quería que Clara me oyera. Por suerte, la oí cacharreando en la cocina y no quise molestarle. A los pocos días, me llamó Soledad. Ya estaba más calmada.
Me rogó que fuera a verla. Comprendía que estuviera apenada, aunque, conociendo a Fernando, suponía que pronto se le pasaría el luto. Al entrar, la vi muy demacrada. Me preocupé, pues no esperaba verla tan mal. Me llevó al taller y lo que vi me asustó más. Las estanterías estaban completamente vacías, no había ni siquiera una caja de camisa, ni llena ni vacía. Solamente estaban las máquinas paradas y el suelo limpio de todo, excepto de las sillas y la mesa.¿
Qué ha pasado, Soledad?¿ Qué va a pasar? Lo que me temía. Las tiendas, al saber que Fernando había muerto, se llevaron todas sus prendas para que alguien las terminara. De nada me sirvió intentar convencerles de que yo buscaría otro medidor y seguiría cosiendo y planchando como hasta ahora. Y mira, no me queda nada.
Qué barbaridad!¡ Qué falta de humanidad!
Te puedo prometer que puedes contar con nosotros. Si encuentras a alguien que tome medidas, yo seguiré viniendo, aunque sea para hacerte compañía un rato. Eres mi único consuelo
Solo te tengo a ti. Dame un abrazo, te lo ruego.
La abracé muy fuerte. Noté que ella se relajaba y se sentía apoyada. Le quise animar y le di varios besos en las mejillas, llenas de lágrimas. Nuestros labios se fueron acercando hasta unirse con rabia. Soledad estaba desmoralizada y desesperada. La cogí en brazos y la llevé a la habitación de los retales. Allí tampoco había rastro de nada, solamente la cama, y eso es lo que necesitábamos. La dejé
suavemente y la llené de besos. Ella se dejó besar y, poco a poco, le fui abriendo la ropa hasta dejarla desnuda. Metí la cara entre sus piernas y no paré hasta oírla gemir. Soledad me cogió del pelo y tiró hacia ella, queriendo que le comiera entera. pero me conformé con el coño y sus tetas, el resto se lo dejé a mi polla, que la llenó de carne dura. Entre sollozos y risas, Soledad se corrió varias veces. Parecía que no estaba en este mundo. Necesitaba de mi cariño y apoyo, y,
de momento, le di lo que era más urgente. Mientras le tenía acogida por las caderas, metiéndole la polla hasta los huevos en el coño por detrás, tuve una idea. Según me movía, la iba madurando y, al final, me decidí a probar. A lo mejor encontraba una solución para Soledad y me acabé de convencer cuando saqué la verga y le rocié la espalda de leche caliente. Cuando me fui, ya estaba más calmada y animada. Le prometí que pensaría en algo y eso la reconfortó. Cuando Cintia me cogió
el teléfono, no se lo creía. Le tuve que insistir en que era yo de verdad y entonces ya me reconoció. Cintia, necesito
que nos veamos. Es bastante urgente. Por fin. Estaba impaciente. Cuando
te vi con mi madre en mi casa, me dio una envidia que me moría. Si no hubiera tenido que venir al trabajo, me habría apuntado también, jajaja. Jajaja, eso hubiera sido demasiado para mí. Dos leonas para un cervatillo como yo, jajaja. Ya, un cervatillo, jajaja.¿ Tú un cervatillo? Si acaso, un caballo semental, jajaja.
Bueno, se me ocurre invitarte a comer.¿ Te apetece? Claro,¿ cómo no? Pásate por la tienda y me recoges.
No, prefiero que nos veamos en algún sitio. No quiero ver a ciertas personas. Te comprendo. A mí tampoco me cae muy bien después de conocerlo más. Veo que me has entendido.¿ Sabes algún sitio tranquilo que se coma bien? Si quieres, muy cerca de mi casa hay un restaurante que conozco. Apenas tiene seis mesas, pero se come de maravilla.
Hecho. Nos vemos allí a las dos. La vi venir de lejos.
Yo llegué pronto al restaurante y la esperé en la calle. La chica llamaba la atención ya desde lejos. Además de una figura perfecta, tenía una manera de andar muy elegante. Con la ropa que vestía, estaba irresistible. Se ganó un par de piropos, un poco obscenos, de unos albañiles que estaban en un balcón, aunque ella les hizo una mueca que todavía los exaltó más. Si de lejos estaba buena, de cerca era un bellezón. Nos sentamos en una mesa que eligió ella. Conocía a la camarera y, con un
cruce de miradas, se entendieron. Yo iba dispuesto a obsequiarla por todo lo que hizo con Elsa. Se merecía todo lo que pidiera y la camarera también me captó la idea. Fue una comida especial. Comimos mucho y bien. Los dos tuvimos la tensión de no hablar de trabajo y nos reímos de cualquier cosa que contábamos. Por supuesto, salió a la conversación la pillada con su madre. Marta no era mucho de salir por ahí y menos con hombres, pero, según ella, conmigo era especial. Se sentía rejuvenecer y ella
misma se lo decía a Cintia. Después de los postres, quise pedir café, pero Cintia me cortó y me dijo que me invitaba a su casa. No tuve opción. Por el guiño que le hizo a la camarera, ésta ya tenía la cuenta a mano. Pagué, añadiendo una buena propina. Cintia sabía lo que pasaba ahí, nada más entrar, miró en la habitación de su madre, por si acaso estaba en casa. Tuvimos suerte, estábamos a solas. Luego se paró en medio del salón y me preguntó.¿ Lo del café
lo quieres antes o después? Después, si te parece bien. Es lo que esperaba oír. Me llevó a su habitación y cerró con llave. Me sonrió e imaginé el motivo. Si llega a venir su madre, seguro que se apunta también. El cuerpo de Cintia no tenía nada que ver con Marta. Esta era una chica joven, alta y delgada, con las carnes en su sitio muy bien colocadas. Mi polla lo detectó enseguida. No es que Marta no estuviera bien, pero Cintia. Casi no hablamos nada. Con una insinuación, nos bastó. Tanto
yo como ella hacíamos lo que nos parecía. La chica demostró ser muy experta en la cama, no tanto como su madre, pero no me podía quejar. La mamada que me dio nada más subir a la cama fue sensacional y de la que yo le devolví, tampoco tuvo queja. Luego ya nos disparamos los dos y rodamos por la cama, incluso por la alfombra. Me pidió que me corriera dentro porque tomaba pastillas y se lo agradecí. Tenía un coño tan suave y tierno que se deshacía al entrar mi
polla en él. No quise metérsela por detrás para no estropear la armonía de la follada. Ya descansando, le conté mi idea. simplemente era la de que, como había oído que tenían hasta cola de espera para coser los vestidos, podían ponerse al día, incluso vender más, ya que no tendrían que esperar para tener la prenda en casa. Soledad podía coser en su casa los vestidos que Elsa probara o midiera en la tienda. La idea le encantó. Además,
le ayudaría a seguir trabajando y vivir como antes. De paso, le hice ver que a Elsa también le vendría bien. Así podría salir de vez en cuando de la tienda para recoger los vestidos y no ver a Joaquín merodeando por allí. Cintia se rió, me confirmó lo que me dijo su madre y lo que me contó Elsa misma. Me dijo que él la tenía en un puño y que la pobre estaba amargada. Quedamos en hablar con Elsa, pero, de momento, para celebrar la buena idea, volvimos a follar
hasta que oscureció. Ya estábamos a punto de corrernos cuando llamó su madre a la puerta de la habitación. Cintia le dijo que estaba acompañada y Marta, desde fuera, me saludó con una carcajada, aconsejándome que dejara a su hija tan satisfecha como a ella. Al día siguiente, me llamó Elsa. Había hablado con Cintia y estaba entusiasmada. Ya tenía un montón de planes, pues, al llevarse tan bien con Soledad,
le parecía una idea magnífica. Me dijo que quería venir a mi casa, puesto que no estaba su hija, para agradecerme la propuesta en su nombre y en el de Soledad. Supuse a lo que quería venir y le dije que ya habría más ocasiones para celebrarlo y que Soledad ya me lo agradecería personalmente, si le apetecía. Entre dientes, le oí murmurar,¿ cómo no le va a apetecer a Soledad?
Las chicas se marcharon a Irlanda. No pude acompañarlas al aeropuerto, estaba ocupado en la tienda, atendiendo a un representante de una firma muy importante. Nos consideraba uno de sus mejores clientes y tuve que agasajarlo para que me concediera las mejores condiciones. Cuando vino Susa de Madrid, parecía otra, mucho más profesional y adulta. Se movía con una elegancia y
soltura especial, cegaramente copiada de las modelos que desfilaban. Pero pronto me demostró que, en el fondo, seguía siendo la misma y me contó toda su aventura mientras se movía sobre mí con la polla dentro, como siempre. Afina le tenía al tanto de las novedades. Le conté lo de Soledad y se emocionó. Lo hizo cuando un día quedamos para comer en su casa. Tuve que pasarle un pañuelo de papel mientras la tenía debajo, no paraba de lagrimear
a cada empujón. Parecía que las tetas, al rebotar hacia arriba, le empujaban las lágrimas. Al día siguiente de marchar las gemelas, me llamó su madre. Yo tenía mucha curiosidad. Imaginaba que podían haber tenido un disgusto al echarle en cara que follara de esa manera conmigo. Podía haber pasado cualquier cosa y, por eso, acudí enseguida. Llamé al timbre. No quería equivocarme y haber confundido a Clara con sus hijas. Prefería que me abriera Clara y preguntárselo a
ella directamente. Hola, Clara.¿ Cómo estás? Tú ya lo sabes. Esperándote para lo que imaginas. Bueno, no te preocupes. A ver si tengo un hueco. El
hueco lo tengo yo, y muy empapado de tanto acariciarme pensando en tu polla. Tranquila, mujer. Por cierto,¿ el otro día estuviste mirando cómo follábamos en la habitación de Teresa? Es
por curiosidad. Yo. Ni pensarlo.
Eso me falta, ver cómo se la metes a otra, estando yo tan caliente y habiendo adelgazado tanto para ti.
Para mí?¿ No fue para tú, novio? No, tonto. Fue para ti, para gustarte
más. Tienes a todas con unos cuerpos divinos, y a ese chalado lo busqué para darte celos. Que no te enteras. Te lo agradezco, pero no te preocupes. Ya llegará el momento. De todas formas, yo quiero que hagas tu vida. Búscate a un tío que te merezca y a follar como una loca. Pero tú
seguirás haciéndomelo, ¿verdad? Verdad. No te preocupes. Tendrás lo que pides. Ay, gracias. Ya me quedo tranquila. Pues yo no tanto,
al saber que no fuiste tú. De momento, Teresa me recibió con una sonrisa de oreja a oreja. Se había arreglado y pintado hasta los labios para estar guapa. Enseguida me llevó al salón y me sentó a su lado en el sofá. Ven, que tengo muchas cosas que contarte. Y yo de escucharte. Resulta que estuve hablando con mis hijas. Ellas me contaron todo lo que pasó en la casa rural.
Te han contado todo, todo? Sí, todo, hasta el más mínimo detalle. Joder con las gemelas. Ja,
ja, ja, no te apures, estoy curada de espanto.
Uf,
me alegro de
oírlo. Fue una conversación de mujer a mujer.¿ Y qué mujeres?
Pues eso, yo ya sabía algo. Lo sospechaba desde hace tiempo, pero el otro día me lo contaron todo. Por eso, desde entonces, duermen juntas en la misma cama. O sea que ya sabes qué.
Sí, y que te lo dijeron a ti también. No me lo recuerdes. Ya me imagino.
Aún así, tengo esperanzas, por lo menos en Azucena. Ella todavía tiene ilusión de tener hijos, no sé cómo, pero por lo menos no se cierra. En cambio, Rosa. Ya, ella es más cerrada, y es una pena, porque se merece tener una buena familia, aunque no se case. En la conversación, nos abrimos todas.
Nos contamos todo.
A. Ellas nos vieron follar como desesperados el otro día. Me confesaron que se estuvieron acariciando al vernos y, luego, en su habitación, terminaron la fiesta.¿ Y no se enfadaron?¿ Qué va? Al revés, les gustó ver cómo me metías la polla hasta los huevos. Lo vieron todo y más cuando yo me sentaba sobre ti. Eso les asombró. No creían que yo fuera tan puta, jajaja.
No digas eso. Bueno, ya me entiendes, aunque no sabes lo mejor. Pues no, dime. Que les dije que había tenido un retraso en la regla, jajaja. Jajaja, qué atrevida.¿ Y qué dijeron? Les encantó a las dos.
Yo creí que se lo tomarían a mal, pero fue al revés. Les gustaría tener un hermano. Además, a Azucena parece que le entraron las ganas de tener otro también, así que...¿ Quieres decir que las engañaste y le sacaste de una mentira una verdad? Bueno, casi. En realidad, eso de que no me ha bajado la regla este mes, es cierto. Joder, y me lo dices así, como si
no fuera nada. Tranquilo, no será nada. Ya verás. Ostras, eso sí que no me
lo esperaba. Pues a mí me gustaría que me dieras un hijo. Vaya lío. Así que yo sufriendo, pretendiendo preñar a una de tus hijas, y va a resultar que te preño a ti. Ojalá,
sea como sea, jajaja.¿ No te alegras? Bueno, sí, claro. Ven, trae la mano.
Mira cómo me has puesto nada más verde. Me cogió la mano y la llevó a su entrepierna. Verdaderamente, estaba empapada. El jugo del coño le resbalaba por el muslo, estaba chorreando. En cambio, yo no tenía saliva que tragar. Teresa me conocía bien y metió mis dedos en su coño y me los dio a oler. Sabía que me encantaba el olor a coño caliente y se los chupé. El resto fue lo esperado. Allí mismo, sobre el sofá, arrodillada en el asiento con la cara en el respaldo, tuve que penetrarla.
Ya no le pregunté por dónde quería la leche. Si era verdad aquello, ya no la necesitaba. Cuando terminamos, estaba más feliz que una perdiz. Hacía planes, ya se veía con el rorro en brazos. Yo me miraba y no me veía ni mucho menos, tan joven y ya dando biberones. Pero todavía faltaba más y me lo dijo cuando terminó de chuparme la polla por segunda vez. Y lo mejor es que Azucena ha consentido en casarse contigo. Lo de tener hijos es un poco más complicado, pero todo se andará.
Está motivada al saber lo mío, así que por ese tema creo que ya no hay pega. Vaya, sí que organizáis rápido las cosas.¿ No te parece buena idea? Creí que te alegrarías. No me desagrada, pero considero que una preguntita al machote no estaría de más. Tranquilo, ya está todo arreglado.
Ah
también hay otra cosa. No me digas más, que me desmayo. Ja, ja, ja, no te preocupes. Solamente es que ellas quieren seguir viviendo juntas. O sea, que en la casa que os compraré, podéis vivir los tres juntos, como os lleváis también.¿ Y yo qué pintaré allí?¿ Verlas cómo se comen los coños sin poder follar a ninguna? Pues vaya plan. Eso también está arreglado. Joder, Teresa, está claro que no contáis conmigo para nada. No penséis
que me vais a tener como un florero. No me gusta estar solo disponible, pensando en el día que marca el calendario. Al revés, Tony, hemos pensado en todo. Tú serás el hombre de la casa, el cabeza de familia. Por supuesto, tú me tendrás a mí siempre. Yo estaré dispuesta cuando quieras, para lo que quieras, como ahora. Siempre podrás follarme a tu gusto. También me gustaría follar a Azucena, aunque sea de vez en cuando. Al fin y al cabo, será mi mujer. Ja ja ja, pues claro, también lo
hemos hablado. En los días que esté ovulando, podéis probar. No creo que sea un sacrificio demasiado grande para ella. Eso faltaba. Yo follando con la madre y las hijas sin dejarme ni tocarles las tetas. no es para tanto.
Confío en ti. Seguro que las haces entrar en razón.
A Y enseguida iremos al notario y arreglaremos lo de la tienda. Teresa, quiero que te quede claro que, en ese plan, la tienda no me interesa. Prefiero más tener una vida feliz, normal, como cualquier hijo de vecino. Me gusta que estés conmigo como otras, pero sin condicionantes, como ahora. Ah. Eso también lo comentamos. Ellas no se opondrán si tienes algún coño aparte que llenar. Son muy comprensivas.
Encima, eso. Me van a tener de semental. Eso sí que no. Que también soy persona. Y tanto, y te queremos todas y
mucho. Ya verás cómo todo va sobre ruedas. La polla se me bajó dentro de la boca de Teresa. La noticia de quedar de follador oficial no me gustaba nada. Aunque, bien mirado, tampoco estaba tan mal. Todas me llevaban en andas y me querían. Yo solo tenía que chasquear los dedos y, sas, solucionado. Además, tenía esperanza de que Azucena llegara a admitir tener un hijo mío con gusto. Era más abierta a todo que Rosa, la pelirroja. Me fui a casa con un lío en la cabeza que no
me dejaba pensar. Ya me veía viviendo con un harén como un rajá, rodeado de niños sin saber diferenciarlos.
En fin, una locura total. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
