GEMELAS - PARTE 13 (Relato Erótico) - podcast episode cover

GEMELAS - PARTE 13 (Relato Erótico)

Jul 24, 202545 min
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Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes Hoy presentamos Gemelas,

Speaker 3

parte 13 Teresa estaba más alegre cada día.

Speaker 2

Desde que la desperté en su cama, parecía una adolescente. Incluso se vestía con ropa más joven y aparentaba menos edad de la que tenía. Las primeras en decírselo fueron sus hijas, quienes habían venido de vacaciones desde su colegio irlandés y llegaron casi sin avisar. Su madre, con el tiempo justo, se las ingenió para ofrecerles un regalo, una estancia de un fin de semana largo en una casa rural en un valle del Pirineo. Pero no fue todo,

ya que las plazas no eran dos, sino tres. Sin decirme nada, me había incluido para que les hiciera compañía. En realidad, era para que conviviéramos y nos conociéramos mejor. Ella misma apareció una tarde en la tienda y, delante de todos, me dijo que me necesitaba para una misión delicada. Nos explicó que sus hijas estaban deprimidas por el clima de Irlanda y necesitaban cambiar de aires, tomar el sol

y comer jamón. así que me encargaba a mí que las acompañara, ya que tenía suma confianza en mi sensatez. Los rumores generados fueron de envidia y sorna. Fina fue una de las últimas en enterarse, y de sobra sabía que las niñas no necesitaban cuidador. Las chicas me acogieron como lo que éramos, un amigo de la infancia. Pese a que siempre que venían a la tienda me hacían rabiar, era su forma de relacionarse y simpatizar conmigo. Yo ya había olvidado la escena de la mamada que me ofrecieron

como un juego y ya no les guardaba rencor. Fuimos en tren hasta la estación de Canfrán, considerada la estación de tren más bonita de España y merecidamente. Aunque estaba infrautilizada desde hacía muchos años debido a un derrumbe en un túnel que la une con Francia y que por motivos políticos no han reabierto, sigue siendo preciosa y la están rehabilitando. Desde allí, un todoterreno nos llevó a la casa rural, situada en un valle cubierto de hierba verde.

Aunque las cumbres estaban nevadas, en el fondo del valle hacía bastante calor, especialmente en la cara sur, donde estábamos. Las gemelas me trataban como a un íntimo amigo de verdad. No se notaba ninguna diferencia ni rechazo conmigo, y sólo pensábamos en divertirnos. Yo, al conocer la intención de Teresa, había reunido prospectos de turismo para saber a dónde ir

y qué ver en aquel lugar idílico. En la casa rural estábamos solos, pero había de todo, comida, bebidas, leña para la chimenea e incluso varias bicicletas para movernos por el valle. La señora que nos entregó la llave se marchó nada más enseñarnos todas las dependencias. La pieza más grande era un salón comedor con una gran chimenea y una pequeña cocina en un rincón. Parecía que el mayor atractivo era pasar tiempo reunidos en aquel salón con grandes

sillones y alfombras frente a la chimenea. También había varias habitaciones, pero las gemelas, desde el primer momento, eligieron la más grande con tres camas que tenía la mejor vista hacia el valle. La casa era preciosa con tejados de pizarra en cuña ideal para la época de nieve y flores por todas partes. Además había una terracita con césped en un costado para tomar el sol. Lo que más nos gustó fue descubrir al lado mismo de la terracita una

pequeña piscina de aguas termales con un aspecto tentador. No dije nada cuando entramos el equipaje en la habitación elegida. Ellas notaron mi extrañeza, ya que me sorprendía que las hermanas decidieran que durmiéramos juntos, habiendo otras habitaciones desocupadas. Me lo aclararon enseguida para que no tuviera dudas. Tony, imagino que te habrá sorprendido que hayamos elegido esta habitación, pero como verás, es la más grande y con las mejores vistas.

Queremos aclararte que tenemos la intención de compartir este viaje que nos ha proporcionado mamá como tres verdaderos amigos. Te consideramos uno más, no sabemos si te harás una idea, pero para nosotras eres como un hermano o más. Si tienes cualquier idea que no sea esta, te rogamos que la deseches. Creo que lo he entendido perfectamente. O sea, que para vosotras solo soy uno más, casi, casi sin nombre ni sexo. No, hombre, no tanto. Con nombre sí, pero sin sexo,

Speaker 3

también, jajaja. Jajaja, está claro. Está

Speaker 2

bien, como queráis. No tardaron en demostrarme lo que decían. Una vez vaciadas las maletas, decidimos salir a la terracita. El sol caía con fuerza y la hierba estaba húmeda y recién cortada. Las chicas se quitaron la ropa delante de mí y se pusieron unos bikinis como si se cambiaran de camisa. Yo me quedé rezagado para ponerme el bañador, pues me daba un poco de corte. Cuando salí, ellas

ya estaban sobre unas toallas al lado de la piscina. Yo, para disimular, preparé unas bebidas que dejé en una mesita que sostenía una sombrilla. Estuve un momento haciéndome el remolón antes de acercarme a ellas, intentando disimular mientras revisaba los alrededores. Venga, Tony, ven con nosotras. Te estás perdiendo un sol de maravilla. No me extraña que estés tan blanco. Las que estáis blancas sois vosotras, que todavía lleváis las nubes de Irlanda pegadas, jajaja.

Por eso mi madre nos ha preparado esta maravilla. Ven y túmbate con nosotras. Me acerqué y, tumbado entre ellas, pude fijarme en cómo estaban en bikini. Era la primera vez que las veía sin ropa y después de venir del colegio habían cambiado muchísimo. Ahora ya eran unas señoritas muy desarrolladas, sobre todo en su manera de ser. Azucena era la morena, se notaba que su piel no era

tan lechosa como la de Rosa, la pelirroja. Esta era el colmo de Pecosa, ahora podía verle el escote lleno de pecas, y no sólo el pecho, sino toda ella. Pude fijarme también en sus figuras. Azucena era más delgada, tenía poco pecho, aunque se le asomaban un poco en el mínimo bikini. En cambio, Rosa estaba más rellena y se marcaban unas tetas redondas un poco mayores que las de su hermana. En cuanto a culos, las dos estaban bien, aunque Azucena estaba menos cargada. Yo procuraba estar boca abajo.

En realidad, ellas no hacían nada por alborotarme, pero yo, por si acaso, me mantenía discreto. Estuvimos un buen rato bajo el sol, hasta que Azucena se levantó y nos animó a los dos. Vale, chicos, vamos a estrenar la piscina. El agua está cristalina. A ver quién llega

Speaker 3

primero. Ya has oído a mi hermana. Vamos a darnos un chapuzón. Vale,

Speaker 2

ahora voy. Mi retraso era para darles ventaja, porque si me levantaba en ese momento, podían ver el bulto que empezaba a marcar mi bañador. Pero mi sorpresa fue ver a Azucena ir quitándose el bikini mientras corría hacia la piscina, seguida de Rosa, que hacía lo propio. Las dos piezas de ambas cayeron al suelo como hojas secas. Las dos se lanzaron al agua a la vez. Al ver salir las dos cabezas, me animé a imitarlas, pero al llegar a la orilla de la piscina, me señalaron el bañador

y no tuve más remedio que quitármelo también. Parecía que era un novato, me daba vergüenza que me vieran la polla ya un poco erecta, pero ellas me animaron desde dentro. No seas vergonzoso, Tony. mira cómo estamos nosotras. Las dos saltaron para enseñarme que no llevaban nada. En aquel momento vi, como un flash, los pechos desnudos de ambas. En una

fracción de segundo, pude memorizar cómo eran. Los pechos de Azucena eran pequeños pero puntiagudos, y sobre todo tenían unos pezones que parecían iba a lastimar a quien se acercara. Con una areola morena pero pequeña, parecía que los pechos eran embudos. En cambio, Rosa los tenía un poco más gruesos, redondos y con unos pezones que, aunque salidos, no se podían comparar a los de su hermana gemela. Me lancé de cabeza y enseguida comprendí por qué tenían los pezones

tan erectos. El agua estaba helada. Cegaramente, aunque era de manantial, debía nacer en la montaña y llegaba casi congelada. No tuve tiempo para más. Pude notar como mi polla desaparecía entre mis piernas, se había arrugado como un gusano. Pero enseguida me vi rodeado por las dos hermanas que tenían ganas de jugar. Yo ansiaba entrar en calor y empezaron a querer meterme la cabeza en el agua. Luché contra eso,

incluso pensé en salir, pero ellas no lo permitieron. Me di cuenta, cuando recuperé un poco de calor por la lucha, de que ellas se estrechaban contra mí sin ninguna reserva. Se frotaban contra mi cuerpo, rozándome con sus pechos y sus muslos. Al percatarme, también me fijé en que yo, en el ardor de la pelea, las cogía por donde fuera.

Ellas no protestaban, estaba claro que estábamos jugando. Aún así, probé a coger algún pecho de una forma más clara, y enseguida ellas, con cuidado pero con firmeza, me quitaban la mano de donde se había posado y seguían jugando. Me demostraban que una cosa era el juego, pero nada más. Cumplían lo que habían dicho, me trataban como si fuera una más. Lo que no entendía yo era lo de

no fijarse en el sexo, porque se distinguía claramente. Las dos hermanas tenían una fuerza terrible, cegaramente hacían mucho deporte en su colegio irlandés. Lo cierto era que yo apenas podía hacer más que defenderme, ellas luchaban por bloquearme y hundirme en el agua. Yo intentaba zafarme de sus abrazos, pero ellas, entre las dos, me rodeaban de una forma que me imposibilitaba hacer nada. Eso conllevaba que mi polla las rozara o les apretara en cualquier parte. Ellas, con indiferencia,

me la cogían y la apartaban de donde molestaba. El leve y rápido tacto de sus manos lo llevaba muy mal, cada vez que eso ocurría, y eran muchas veces, la polla se me ponía como una barra de hierro, aunque ninguna de las dos le hacía el menor caso. Hubo un momento en que me atraparon de una forma imposible de liberarme. Los tres estábamos apretados en un abrazo férreo, las dos me tenían cogido por los brazos y las

piernas de una forma que no podía ni moverme. Entre nosotros sólo había un pequeño triángulo de agua limitado por mi pecho y sus cuatro pechos. Fue un momento de forcejeo desesperado. Ellas me tenían liado como en un capullo de seda, aunque todo cambió cuando yo me quedé rígido. Ellas se miraron la una a la otra, pensando que me había rendido. Luego miraron al triángulo de agua libre, poco a poco, subían unas hebras blancas y pegajosas desde abajo. Rosa cogió una que se le había pegado a un

pecho y, al momento, comprendieron el origen. Me soltaron, sacudiéndose los pechos como si les escosiera, gritando como si no pudieran desprenderse de mi leche ni a manotazos. Salieron de la piscina evitando pasar por donde yo estaba. A mi alrededor, los jirones de semen iban subiendo a la superficie y ellas no quisieron que se les pegara ninguno más. Cuando salí yo, las gemelas se estaban limpiando la una a la otra con una toalla. Yo salí con la polla

casi vertical, dando saltos de arriba a abajo. Míralo, parece que lleva una percha. Toma, esconde eso. Rosa me lanzó la toalla, que se me quedó colgando de la verga. Así la llevé hasta llegar a ellas. Después de un momento de silencio, todos nos echamos a reír por la escena. Aquella tarde, después de comer, decidimos pasear hasta la aldea cercana, que estaba a poco más de un kilómetro. Al llegar,

nos dimos cuenta de que estaban celebrando una fiesta. Las pocas calles que la componían estaban engalanadas con banderitas y farolillos. Nos gustó el ambiente, aunque se notaba que había poca gente. Entramos a un bar y estuvimos bebiendo unas copas. Allí nos enteramos de que por la noche hacían un baile en un local que habían habilitado. En realidad, era un almacén, pero con lonas y un estrado de madera habían organizado un baile. También habían puesto una barra de bar y

unas cuantas sillas y cajas de fruta como mesitas. Del bar salimos bastante animados. Las gemelas se habían vestido con los vestidos más bonitos que tenían, y yo con lo que encontré, sin pensar que eran las fiestas. De aquel bar entramos en el otro que había, la aldea no daba para más. Allí comimos algo, poco porque no había variedad, y bebimos mucho más. Cuando llegamos al baile, ya estábamos más que alegres. Inmediatamente, se nos acercaron unos cuantos mozos

del lugar. Al ver a las dos bellezas, quisieron apoderarse de ellas, y yo tuve que emplearme a fondo para hacerles comprender que venían conmigo. Ellos no se amilanaron. Como poco, sobraba una chica, y yo, que no soy muy corpulento, no representaba nada para aquellos muchachotes curtidos. La cosa se ponía fea, nos rodearon y, enseguida, se animaron a sacarlas a bailar. Al principio, con delicadeza, pero ante mi negativa, tiraban de ellas por los brazos. Me vi impotente contra ellos,

pero las gemelas encontraron un método mejor para disuadirlos. Las dos empezaron a darme besos en la boca, demostrando que las dos eran mías. Lo hicieron tan bien que, al cabo de un rato, uno a uno, fueron desistiendo hasta dejarnos solos. Yo no me lo creía. Llevaba la cara y la boca llena de carmín de los labios de Rosa y Azucena. Me habían comido literalmente la boca, aparte de restregarse como clara señal de que yo era el amo de las dos. Cuando terminó el baile, ninguno se

nos había acercado. Yo las sacaba a la pista y bailaba con ellas de una forma muy explícita, sobre todo los lentos. Las atraía a mí, no dejando lugar ni para un alfiler. Cuando nos separábamos, teníamos sudados desde el cuello hasta casi las rodillas. La temperatura en el valle cambiaba mucho del día a la noche. Nos dimos cuenta en el momento en que salimos a la calle, venía un viento desde las montañas que cortaba la cara, y

con las ropas que llevábamos, nos helábamos. Por supuesto, no podíamos pedir que alguien nos llevara a la casa rural, eso sería un suicidio. Por lo tanto, decidimos ir andando a paso ligero. Nos abrazamos los tres, turnándonos para ponernos en el medio y recibir menos viento, dándonos calor con nuestros cuerpos. Se nos hizo una eternidad llegar a la casa, los dientes nos castañaban y todo el alcohol que llevábamos no fue suficiente para darnos calor. Al entrar en casa,

los dientes nos castañaban. A ninguno se nos ocurrió más que irnos a la cama. Vi que las hermanas juntaban dos camas pequeñas y se metían directamente. Yo me desnudé y me eché la ropa sobre la manta para abrigarme más, pero al momento me llamaron para que me uniera a ellas. No entrábamos en calor de ninguna manera. Me dejaron en el medio, los tres desnudos, pegados como ventosas, tiritábamos sin parar. Ellas se abrazaban a mí, buscando un poco de calor

que ni yo tenía para mí. Se disputaban mis piernas para liar las suyas, buscando un poco de contacto tibio. Las dos pegaban sus pechos contra mi pecho, y yo las abrazaba para juntarlas sobre mí y abrigarme más. Sus manos buscaban los sitios más cálidos de mi cuerpo y los encontraron entre mis muslos. Allí, sus manos pegadas a mis huevos y a mi polla arrugada encontraron un poco más de tibieza. No me di cuenta de cuando nos dormimos.

El alcohol, el frío y el cansancio del baile nos pudieron y los tres quedamos ateridos debajo de la manta. Cuando me desperté a la mañana siguiente, estaba solo. Las oí en la ducha, las dos cantaban y se reían. Daba gusto verlas tan unidas y contentas, ya habían olvidado la mala noche que pasamos. Después de almorzar, salimos a dar un paseo. En el salón, vimos un prospecto que anunciaba un paseo hasta un pequeño lago que formaba el

riachuelo que pasaba por delante de nuestra puerta. Seguimos su curso río arriba hasta llegar a un claro al lado del lago, que reflejaba las cumbres nevadas de las montañas. Allí había una zona rodeada de abetos con una alfombra de hierba que invitaba a revolcarse. Azucena fue la primera que se echó sobre la hierba, haciendo el ángel. No dudamos en seguirla y, a su lado, la imitamos. La hierba estaba fresca, pero el sol nos daba de cara,

calentándonos la piel. Parecía que quería resarcirnos del frío que pasamos por la noche. Allí, tumbados en el mullido suelo, miramos cómo pasaban las escasas nubes blancas. Yo estaba en el medio de las dos y nos cogimos de las manos. Estábamos felices y queríamos disfrutar del paisaje. Azucena comentó al aire. Tony,¿ en qué piensas?

Speaker 3

En nada, en lo felices que somos ahora. Es verdad.¿ Y cómo va la tienda?

Speaker 2

Muy bien. La verdad es que llevamos una temporada estupenda, hay mucha venta, se gana dinero y, sobre todo, hay buen ambiente en el trabajo. Se nota que te gusta,

Speaker 3

¿verdad? Claro, me encanta. Me alegro

Speaker 2

mucho de que mi padre te la haya dejado a ti. Pues no sé qué decirte. Nunca soñé en tenerla, aunque ya os digo que me siento honrado y feliz. Pero creo que las condiciones que puso vuestro padre. Es cierto, debió consultarnos antes. Habrás visto que no somos partidarias de tener hijos. Ya me imagino. A veces pienso que debería renunciar a todo. Eso nunca. Tú te mereces la tienda y más. Lo que ocurre es que, eso de casarse y tener hijos,¿ a mí? Ya me imagino, no entra

en vuestros planes. En todo caso, si yo fuera una chica. No, no nos has entendido. Nosotras no te cambiaríamos por una chica. Para nosotras, tú eres ideal. Lo único que no nos convence es esto. Rosa me cogió la polla por encima del pantalón y la agitó de manera que comprendiera que mi polla era el obstáculo.¿ Entonces queréis decir que el problema es mi polla? Tú lo has dicho. Tú, como persona, nos pareces ideal, pero eso que te cuelga. ¿Entonces, a

vosotras no os gustan otras chicas? Claro que no. Nosotras solamente nos gustamos a nosotras, no queremos a nadie más. Estamos acostumbradas a estar juntas desde pequeñas y nos compenetramos muy bien para todo. Aquel todo resonó en el bosque como un trueno. Me vi hundido, sin ninguna esperanza de conseguir que accedieran a casarse conmigo. A mí me gustaban

las dos, cada una era de una forma. Azucena era más abierta, más decidida, más atrevida, pero Rosa se cerraba en sus ideas y era muy difícil hacerla cambiar de opinión. Es una pena. Vosotras sois unas chicas estupendas y os merecéis tener una vida normal como todos, con hijos y familia. Yo de hijos no quiero saber nada, ya lo sabes, dijo Rosa inmediatamente. Pues yo no me aparto de tener alguno, algún día. pero no con esto, apuntó Azucena. Me volvió

a recalcar Azucena, agarrándome la polla. Estaba claro que, por lo menos, Azucena no se cerraba a la idea de ser madre, aunque imagino que por inseminación artificial o por algún donante anónimo. Así que yo, lo tenía muy difícil con las dos. Todavía estuvimos un rato sobre la hierba. A Rosa se le ocurrió jugar y retosamos sobre la verde capa como niños. Al volver a casa, ya era hora de comer. Azucena demostró ser una buena cocinera. Guisaba

al estilo de Irlanda y me encantó. Rosa también sabía, pero prefirió que fuera su hermana la que hiciera la comida. Se notaba mucho la diferencia de mentalidad entre las dos. Después de comer, estuvimos viendo la televisión sentados en el amplio sofá, pero como allí la señal no llegaba bien, tuvimos que apagarla. Azucena buscó por los armarios y encontró algunos juegos de mesa. Sacó unos cuantos y fuimos leyendo las instrucciones. Todos eran para varios jugadores y nos aburríamos.

Rosa rebuscó en la alacena y encontró una botella de ron y otra de ginebra. También encontró en el frigorífico unas latas de cola y las sacó. Entre los juegos que leyó Azucena, encontró uno que le llamó la atención. Se jugaba con naipes y era muy sencillo, no necesitaba muchos jugadores, incluso con dos era suficiente. Según nos lo iba explicando, nos gustó. Básicamente, era un juego de prendas, la carta más alta pedía un deseo, y la carta más baja tenía que pagar el deseo o la prenda.

Yo había oído hablar de juegos así con una botella o lo que fuera, el sistema era el mismo. Pero accedí para ver qué pasaba. Al principio, las prendas eran tan inocentes que nos aburríamos más que antes hasta que Azucena quiso subir la apuesta. Desde las primeras pruebas, consistían en beberse chupitos de ron o ginebra. Eso no era complicado. Luego, ya se trataba de quitarse alguna prenda de vestir, porque la bebida daba calor. Eso ya provocaba risas y bromas.

Al quitarnos las prendas, siempre criticábamos a quien perdía. No tardaron en reírse de mí cuando me tuve que quitar la camisa, iba completamente depilado, y eso les había chocado cuando me metí en la piscina. Y mucho más al verme la polla pelada como un mono. Ellas no llegaban a estar completamente depiladas, Azucena tenía un pelillo bastante recortado, y Rosa apenas se le veían los rizos, al ser rojos como su melena. Eso fue motivo de chanzas de

todos contra todos. También salió a colación la escena de mi polla percha. Les hizo mucha gracia verme andar con la toalla colgando de la polla como si estuviera secándose en el tendedero. Las copas iban vaciando las botellas, y al poco, no nos quedaban prendas que quitarnos. Las risas no dejaban de aumentar, y las bromas también. Salió a la conversación la escena del baile y los besos que

me dieron. Me preguntaron si me habían gustado, y les contesté que eran los primeros que me daban unas chicas a las que no les gustaban los chicos. Ellas se rieron y me demostraron que los besos que se daban ellas eran mejores. Así que, delante de mis narices, me demostraron los morreos que se daban. Yo, viendo como las gemelas, tan desnudas como yo, se morrean con lengua tan apasionadamente,

la polla se me levantó hasta tocarme la barriga. Ellas se burlaban de lo rápido que se me empinaba la verga, aunque les señalé que ellas también se emocionaban porque se les veía brillar los labios de sus coños. Azucena, para demostrármelo, se abrió los labios y me dio la razón. Rosa prefirió no hacerlo, sino que tiró de sus pezones, haciéndolos el doble de largos. Yo estaba esperanzado en que el ambiente, las bebidas y las bromas motivaran a las chicas para

seguir adelante, pero todo fue inútil. Después de darse unos cuantos besos y alguna caricia, decidieron que era hora de dormir. Así que yo me tuve que ir a mi cama con la verga como el asta de la bandera. Me acosté en la cama pequeña, ellas, en la que juntamos la noche anterior. No me podía dormir, la polla levantaba la manta como una pirámide. Ellas estuvieron cuchicheando, y al momento, empezaron a reírse y a gemir apagadamente. Por la ventana entraba un poco de luz de la luna, y yo

veía el bulto de su cama. Se notaba que estaban haciendo algo, y me imaginaba que... No dejaban de suspirar y jadear, apenas se oía el murmullo, pero yo estaba tan caliente que me agarré a mi verga. Tardaron bastante, mientras yo me pajeaba despacio. Me gustaba oírlas y quería adivinar qué hacían en cada momento. Pude apreciar, por el bulto de la manta, que se estaban comiendo los coños a la vez, las dos gemían al unísono. Luego, los besos, y por fin, las vi como se cruzaban las piernas,

frotándose los coños hasta correrse. Era la paja más triste de las que me había hecho, y eso que eran muchas. El tener a dos chicas preciosas a un metro de distancia y no ser bien recibido en sus coños. Ya no tenía ni ganas de seguir, la polla misma se negaba a correrse. Cuando ya estaba a punto de dejarla en paz, Azucena me dijo. ¿Tony, duermes? Eso quisiera yo, dormir

Speaker 3

Me tenéis malo de oídos. Ja, ja, ja, no será para tanto.

Speaker 2

Seguro que te habrás hecho una paja. Ni eso he podido. Al oíros ahí solas, se me han ido las ganas de todo. Espera, eso se puede arreglar. El oír eso me sorprendió mucho, porque al momento, las dos estaban en mi cama. Ambas desprendían un aroma a coño corrido que llenaba los pulmones, pero cuando se pegaron a mí, me gustó todo. Creo que tenemos una cuenta pendiente

Speaker 3

¿no, Tony? Ya no me acuerdo. Eso no te lo crees ni tú, jajaja. De verdad, lo había olvidado. Y ahora, después de oíros

Speaker 2

más. no somos tan malas. Una cosa es follar con un chico, aunque sea tan guapo como tú, y otra es abandonarlo a su suerte. Sin más, una mano me agarró la polla caída, y la otra, los huevos. Inmediatamente, un pezón entró en mi boca, era de rosa, lo noté por lo largo y duro que estaba en mi paladar. Enseguida, mis manos buscaron los culos y los coños de ellas, pero muy hábilmente me esquivaron. Estaba claro que seguían marcando las distancias. Me relajé y me resigné a lo que

quisieran hacerme, y no fue poco. Una boca atrapó el capullo, mientras que otra mano agarraba los huevos. Rosa alternaba sus pezones en mis labios, pero no dejaba que se los tocara. Estaba dispuesta a pagarme su deuda, pero nada más. Azucena se empleaba a fondo con mi polla. Tampoco aceptaba que agarrara sus tetas redondas. Tenía un arte en esquivarme que preferí no insistir. El roce de su piel pegada a

mí me bastaba. Había apoyado sus tetas sobre mis muslos y yo sentía la suavidad de sus curvas y la dureza de sus pezones entre mis rodillas. Rosa me dio unos cuantos besos, iguales a los que me dio en el baile, para compensarme. Los alternaba con sus pezones, y yo no tardé en embararme. Al sentir que me iba a correr pronto, Rosa me dejó y se cambió por su hermana. Ahora, la que me chupaba la verga era Rosa,

mientras que Azucena me invitaba a sus tetas. Hubiera dado cualquier cosa por correrme en la boca de Rosa o de Azucena, pero las chicas adivinaron mi intención. Cuando empecé a respirar hondo, las dos bajaron a mi verga y empezaron a sacudirla a cuatro manos, alejando las caras con precaución. La leche salió hacia arriba, vertical. Cayó sobre las manos de las chicas, pero las limpiaron sobre mi ombligo, mientras

las ráfagas subían. Ellas se reían del éxito que habían tenido, y una vez que dejó de manar semen, me dejaron en paz. Ya hemos pagado

Speaker 3

la deuda. Estamos en paz. Esperamos que te haya gustado. Sí, me ha encantado.

Speaker 2

Aunque os mentiría si no os dijera que me ha faltado. Ja ja ja, eso ni lo sueñes. Eso es para nosotras dos, ja ja ja. Aún tardé en dormirme, pues las dos hermanas todavía estuvieron disfrutando debajo de su manta. Las oía comentar sobre mi polla, decían que no estaba mal del todo. Ellas tenían un consolador doble que usaban en casa, que, según ellas, no tenía comparación. Aunque reconocían que mi polla, con lo caliente que estaba y lo dura,

también debía dar mucho gusto. A la mañana siguiente vino el Land Rover a por nosotros. Lo conducía uno de los chicos del baile, que nos miraba con recelo. Las gemelas, para despejar dudas, volvieron a besarme, cogiéndome la polla por encima del pantalón. En el tren, nos reímos a gusto, pensando en la cara que se le puso al chico, no daba crédito a mi suerte. Y es que no sabía de mi verdadera desgracia. Teresa estaba muy contenta cuando sus hijas le contaban lo bonito que era el Valle Pirenaico.

Le contaron todo, menos su visita a mi cama la última noche. Sí que le dijeron que nos habíamos acostado juntos, desnudos y ateridos de frío. Teresa me miró orgullosa, pero un poco decepcionada al saber que no pasó nada más que tiritar. Al salir, Clara me estaba esperando en la puerta. Había oído la conversación y se imaginaba lo que había pasado.« Tony, necesito hablar contigo urgente».

Speaker 3

Speaker 2

dirás?» como ya tienes novio, parece que no te acuerdas de nadie. No digas eso, precisamente es de eso, ni novio, ni nada, ha sido un desastre. No lo creo, porque el otro día vi cómo te follaba por detrás, con una polla como un caballo. De eso nada, la tiene delgada como una espada, larga, eso sí, pero tú me llenas de una manera. Sueño con tu polla, Tony, no me la puedo quitar de la cabeza. Me follas de una manera que me deja saciada, en cambio, este chico.

Pues dile que te follé dos veces seguidas, a lo mejor así. No le diré nada, hemos terminado. No me gustaba su forma de ser, ni su manera de follar. Te prefiero a ti mil veces. Mujer, pero yo no voy a estar pendiente de tus ligues. Ya lo sé, perdóname por haberte dejado de lado, pero es que me hacía ilusión. Entiendo, y debes encontrar a alguien que te guste en todo. Bueno, pero prométeme que volverás a metérmela. Quiero sentirte dentro, por favor. Ya veremos, a lo mejor

si me pillas con ganas un día. La dejé con la palabra en la boca. Ella, para más énfasis, se había bajado el escote del vestido y había sacado las tetas para que las viera. Tuve que reconocer que las tenía mucho mejores, más macizas y duras que antes, pero no le hice caso y me marché. Fina me coció a preguntas. Quería saber si me las había follado a las dos. Suponía que habría intentado algo con ellas y

eso que no sabía el pacto de su padre. Tuve que desengañarla, pero sí que le conté que habíamos dormido juntos, desnudos, con el frío en los huesos. Susa prosperaba con rapidez. Estaba recorriendo todas las secciones del salón de belleza. Ahora estaba en maquillaje y todos los días venía con un rostro diferente y, sobre todo, bello a más no poder. Me encantaba ver cómo se transformaba de una manera a otra según el maquillaje y me dijo que le gustaría

que fuera a verla trabajar. Una tarde que no había mucho trabajo, me decidí a ir. Me dijeron que, en ese momento, estaba con una señora de mucho dinero y que debía esperar a que terminara. Me senté en una salita a esperar y al momento pasó Ana, la depiladora que me atendió con Susa.

Speaker 3

Hola, Tony.¿ Qué haces aquí solo? Hola, Ana.

Speaker 2

Estoy esperando a Susa. Ahora está maquillando a una señora y luego me enseñará una cosa. Pues va para rato. Esta señora es muy exigente y acaba de entrar. Si quieres, vente a mi sala y hablamos.

Speaker 3

Gracias, por lo menos no me aburriré. Seguro que no. Y tenía razón.

Speaker 2

Al momento de cerrar la puerta tras de sí, se quitó la bata y se quedó con un tanga negro.¿ Cómo llevas tu depilación?¿ Ya te ha salido el vello? Pues sí, no sabía que cuando sale pica

Speaker 3

tanto. Estoy desesperado.

Speaker 2

Déjame que te repase un poco. No me dejó hablar. Me sentó en la camilla y ella misma me desnudó, y no sólo eso, sino que, sin mediar palabra, me cogió la polla y se la metió en la boca. Cuando la tuvo a su gusto, se quitó el tanga y subió también a la camilla. Se sentó sobre mí y se metió la polla de un solo golpe. Luego empezó a cabalgarme, dejándome las tetas al alcance de mi boca.

Iba cambiando de postura a cada momento. Se sentó al revés, dándome la espalda, dejándome ver cómo entraba mi polla en su coño por detrás. Luego levantó un poco más su culo y volvió a sentarse, esta vez por el otro agujero. Suspiró largo y hondo y se sentó hasta hacer desaparecer mi verga en su trasero. No paró ni un momento. Apenas estaba un momento en una postura cuando ya cambiaba. Me chupaba la polla o me daba a chupar su coño. Me hacía bajar al suelo y se tumbaba cruzada sobre

la camilla para que la empalara por detrás. Se corrió un par de veces, y cuando se acostó sobre la camilla, levantando las piernas sobre su cabeza, me invitó a correrme dentro de ella. Apoyado por los pies y las manos, estuve haciendo flexiones sobre ella hasta hundirme, dejándome caer sobre ella con la polla en el fondo de su coño. Allí descargué toda mi semilla, y ella lo agradeció. Guau,

esto lo estaba esperando de ti desde que viniste. No sabes lo que sufrí de no haberte follado delante de Susa. No estaba segura de que te la estabas follando, pero ahora ya lo sé.¿ Te lo dijo ella? A una mujer no hace falta que nos digan ciertas cosas. Se le notó cuando te hizo la paja conmigo. Te cogía la polla de una manera que no lo podía negar. Eres muy observadora. En este oficio se aprende mucho.¿ Te apetece que te depile ahora? Solamente si me chupas la

polla otra vez al terminar. Eso está hecho. Cuando salí, me temblaban las piernas. Ana me había terminado de sacar hasta la última gota de leche. Después de depilarme con rapidez y sin dolor, me puso crema y volvió a meterme el dedo en el culo mientras chupaba la polla y la agitaba. Yo me ocupaba de meterle dos dedos en el coño y uno en su culo y los dos volvimos a corrernos a la vez. Fue un maratón

de pajas. Aún tuve que esperar a Susa y cuando terminó ya era demasiado tarde para enseñarme nada, así que lo dejamos para otro día. Ya en casa, me anunció que la dueña le había propuesto mandarla a un pase de modelos en Madrid. Era la semana de la moda, allí maquillaría a varias modelos. A lo mejor le tocaba alguna celebridad, y lo mejor de todo era que, si salía airosa de la prueba, la siguiente pasarela se celebraba en París, y allí sí que había buenas marcas y

supermodelos famosas. Era su gran ocasión. Por supuesto, todo eso me lo fue contando balanceándose sobre mí con la polla en su coño tierno. No paró ni cuando me corrí. Ella esperó un poco y, cuando notó que flojeaba mi polla, aceleró y todavía se corrió, llenándome de jugos. La sorpresa grande la tuve un día, a mediodía. Fina me invitó a comer, como tantos días, pero me advirtió que le había bajado la regla. No quise comprometerla y me fui a casa. Allí me encontré sentada en una silla a Elsa.

Todavía tenía las llaves de mi casa y entró a esperarme. Vaya sorpresa, nada menos que Elsa, mi prima del alma.¿ Qué te trae por aquí? Perdona que haya entrado en tu casa. No te preocupes, ya sabes que sigue siendo como la tuya. Gracias, Tony. No sé cómo me he atrevido a venir, pero estoy desesperada

Speaker 3

Por qué?

Speaker 2

Si tienes un trabajo estupendo, todo el mundo te quiere y te respeta. Lo del trabajo es cierto, pero lo otro. No me digas

Speaker 3

que tu amorcito ya no te quiere. No es eso, pero lo hace a su manera.¿ Qué quieres decir? Que yo no cuento para nada. Con lo guapo y apuesto que es. Él es todo fachada. Para él, solo

Speaker 2

existo en la cama ahí

Speaker 3

ni eso.

Speaker 2

No dirás que no te folla. No, eso tampoco, pero solo se arregla él y yo. Con decirte que no me he corrido desde que me follaste tú. Qué pena, no lo hubiera imaginado, con lo que te costó empezar. Estoy desesperada, necesito estar contigo, aunque sea un rato. Lo siento, Elsa, pero ahora

Speaker 3

estoy muy bien acompañado.¿ Te refieres a mi hija? Puede ser.¿ Quieres decir que

Speaker 2

te la follas? Se podría decir que todas las noches, y a veces dos veces, y lo hace de maravilla. ¡Ah, qué suerte tienen algunas! Seguro que tendrás más de una. Y tú, porque me dejaste, si no, también. Y si, alguna más hay por ahí, y si te digo la verdad, no tienen queja, que yo sepa, claro. No creas que no

Speaker 3

lo siento. Me dejé deslumbrar por este chico. Lo entiendo, tan guapo, tan galán. Pero en realidad es un déspota

Speaker 2

que solo piensa

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en él. Me trata mal.

Speaker 2

Debiste averiguar primero. Hoy vine a verte pensando que querrías tener algo conmigo. Pues no, la verdad es que estoy contento como estoy.¿ Ni uno rapidito? Con solo sentirla dentro me conformo. No, lo siento, ya sabes que por solo eso no me pongo. Pues lo que quieras, te la mamo, si quieres me pongo en cuatro y me haces lo que te plazca. No niego que tienes un culo especial, pero no quiero entrar a donde entra tu querido Joaquín. Él no entra ahí, eso lo reservo para ti solo.

Pues tendrás que esperar. Elsa no se rendía, no admitía un no por mi parte. En realidad, la hubiera follado a gusto, mi prima ahora estaba bastante mejor desde que se fue a trabajar, pero la presencia de Joaquín me frenaba. Así que no le hice caso y me deshice del abrazo que intentaba darme. Me frotaba sus tetas queriendo motivarme, pero mi polla no respondió, y yo sigo fiel a mi polla, que es la que más entiende. Así que se fue peor de lo que vino, y

Speaker 3

yo me sentí muy bien viéndola partir llorando.

Speaker 2

Hasta aquí llegó el capítulo de hoy.

Speaker 3

Hasta la próxima.

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