GEMELAS - PARTE 11 (Relato Erótico) - podcast episode cover

GEMELAS - PARTE 11 (Relato Erótico)

Jul 19, 202543 min
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Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos. Gemelas, parte 11. Susa tragó todo lo que pudo, aunque algo se derramó por mis pechos. Yo también acabé con la cara empapada, pero con un beso lo solucionamos todo.¿ Y ahora cómo te manejas solo en casa? Como antes, ya aprendí a vivir solo y no se está tan mal. Ya, pero de vez en cuando no viene mal una noche loca. Si te soy sincero, para mí no hay noches locas, jajaja. No me lo creo. Claro, porque me es indiferente si

es por la mañana o al mediodía, jajaja. pues yo ya estoy harta del pueblo, ya estoy acabando los estudios y por aquí no hay trabajo. He ido tanteando en algunos sitios y nada, tendré que ir pensando en ponerme a cuidar viejos. Ja ja ja, pobre del viejo que te toque cuidar. Me imagino cambiándole el pañal, seguro que se le pone la polla como si tuviera 20 años, ja ja ja. Ja ja ja, qué cabrón eres, primo. Antes de que amaneciera volvimos a follar y regresé a mi habitación.

Hice bien, porque mi madre madrugó y me trajo el desayuno a la cama. Se sentó a mi lado y me contó lo harta que estaba con mi padre. Se estaba volviendo un viejo cascarrabias y no ayudaba para nada. Ella tenía que hacerlo todo, menos mal que Susa le ayudaba en lo más pesado. Lo que me extraña es que Susa no quiera buscarse la vida por ahí. Aquí ya se sabe, si no se casa lo tiene crudo. A lo sumo, aspirará a trabajar en el campo o en alguna fábrica de poca monta. Eso pienso yo también.¿

Y tú no podrías ayudarla? Tú conoces gente en la capital, allí todo es más fácil, hay más posibilidades. En fin, ya ves, Elsa enseguida se adaptó, y Susa, cuando vino, parecía otra. Es muy lista y tiene buena presencia, ya te habrás dado cuenta de que está muy bien. Sí, mamá, ya me di cuenta. La chica se lo merece. Hazlo por mí, ya ves, a mí me viene muy bien, pero lo importante es su futuro. Es una cría y está empezando a vivir. Vale, mamá, ya miraré qué puedo hacer.

La siguiente noche no fue peor que la primera. Mi prima vino a mi cama y repetimos la fiesta. Cuando me despedí, mi padre me aconsejó que tuviera cuidado con las mujeres, que eran muy malas. Le acepté el consejo pacientemente, él no sabía mi historia. Fina me invitó a cenar. Esta vez lo hicimos al revés, nada más entrar, fuimos a la ducha. Era estrecha, pero todavía nos sobró sitio. Ella me enjabonó a mí y luego yo, no pude terminar.

Solo le enjaboné los pechos y, enseguida, le di la vuelta y le empotré la polla por detrás contra el cristal de la mampara. Salimos desnudos, nos secamos uno al otro y nos sentamos a cenar. Fina estaba hermosa, con los pechos apoyados en el canto de la mesa, era otra exquisitez más. Mi polla se levantaba por debajo del mantel, moviendo las copas. Le conté la visita al pueblo y lo que hablamos mi madre y yo. Fina me insinuó que posiblemente en la tienda de Cintia podría encajar, allí

era todo ropa de mujer. Pero la sola idea de que estuviera al lado de Joaquín me molestaba. Le pedí su opinión sobre contratarla en la nuestra, y ella misma me dijo que lo había pensado, ya que en los grandes almacenes las chicas atendían en todas las secciones, aunque fueran de caballero. Eso me animó y prometí considerarlo. Fina no quería que pasara lo mismo que con su novio y no quería ilusionarme. A mí tampoco me seducía mucho contratar a nadie de la familia, luego todo se podía estropear.

No obstante, corrí la voz. Se lo conté a Teresa, ella conocía a mucha gente, también a Soledad e incluso a Clara. Todas me prometieron preguntar por ahí, pero la que me sorprendió fue Marta. A ella no se lo dije para no alertar a Cintia, pero un día me encontré con Marta en casa de Teresa y también prometió averiguar algo. Parece ser que conocía a alguien con muchas posibilidades. Además,

me preguntó por mi prima Elsa. Le dije que no sabía nada de ella desde que se fue de mi casa, casi era verdad, ya que Soledad me tenía al corriente. La relación con Joaquín no iba mal, pero no era lo que ella se había imaginado. Él era un picaflor, una de las chicas que trabajaba en la tienda le contó que no dejaba de agobiarla. Y eso a Elsa. Tampoco parecía que en la cama fuera tan guapo, era de un polvo rápido y a dormir, ni preliminares ni nada.

Cuando ella le ofreció su puerta trasera, él hizo una cara de aversión que la enfrió del todo. El comentario de Soledad lo decía todo, ya se estaba arrepintiendo de su decisión. Le conté que Susa también quería venir para buscar oportunidades en la ciudad. A ella le pareció bien, pero esperaba que no fuera como su madre, ya que no le estaba gustando su forma de proceder. Mi madre

me llamaba preguntando por Elsa. Siempre me excusaba y le decía que no estaba en ese momento, pero al final tuve que decirle que había encontrado un piso y se había trasladado. Mi madre se enfadó mucho por no contárselo y por haberme abandonado, pero Susa, que estaba a su lado, le convenció de que, en realidad, había encontrado a un chico que se había enamorado por primera vez y que estaba loca por él. Al final, mi madre recordó que su vida no había sido un camino de rosas y

que debía aprovechar su juventud, lo otro podría perdonarse. Por la noche me llamó Susa y me contó que le había costado un poco contarle la película, pero al final mi madre se lo había creído. Se lo agradecí, ya que de otra manera habríamos quedado mal del todo. Susa lo entendió, no le gustaba la actitud de su madre y me propuso venir y estar conmigo, a la vez

que se buscaba algún trabajo. Me pareció perfecto. Susa era una chica admirable, moderna, comprensiva y, aparte, según me contó también, a mi madre se le ocurrió que se podía ir con Elsa, a lo que Susa saltó, con mucha agilidad mental. Que la casa de Joaquín era minúscula y que estaría mejor conmigo. A Fina también le gustó que Susa viniera. Cuando se la presenté, le gustó, aunque en aquel momento le pareció que yo se la estaba restregando por la

cara al haberse ido con Joaquín. Me confesó que no tenía nada que ver con su madre y que tenía mucho por venir en la ciudad. La llamada de Soledad me escamó, no por la brevedad, sino por la urgencia. Parecía que tenía algo que contarme y no podía esperar. A la primera ocasión que tuve, acudí a su casa. Me extrañó no ver la cama preparada y sospeché que algo malo pasaba. Pensé en todo, que Fernando se había enterado de mis visitas o que Elsa había contado algo

de ella o qué sé yo. ¿Tony, tú usas condón? Me quedé de piedra. Esa pregunta, a bocajarro, era lo último que me esperaba. Desde siempre me cuidaba mucho de poner en riesgo a la chica con quien estaba. De hecho, muchas veces, el metérsela por el culo era el mejor anticonceptivo que usaba, aunque también me gustaba bastante, de paso. Pues, no, la verdad es que no me acuerdo de cuando usé alguno. Lo que sí te digo es que voy contiento. Sí, ya sé. Conmigo me has demostrado que procuras no ponerme

en peligro. Pues eso,¿ por qué me lo preguntas? No sé bien. Es que he oído un comentario que me ha alarmado y mucho. No tengo idea, tengo la conciencia tranquila.¿ Qué comentario es ese? Cuenta ya. Es que a alguien no le ha bajado la regla cuando debía y eso. Ah, menos mal. Creí que era algo malo. Malo, malo no es, aunque si eso le pasa a una mujer que ya tiene una mala experiencia en el pasado de algo así.¿ Te refieres a Elsa? No fastidies, eso sí que sería

malo para ella. Joder con Joaquín, otro que tal, y será capaz de portarse mal con ella. No, de momento no. Solamente que él dice que está tranquilo, que por él no es, y ella ha pensado que a lo mejor ya venía así de tu casa.¿ Qué quieres decir?¿ Qué cree que el crío es mío? No faltaría más. Encima de que le hice mujer, ahora que me cuelgue el muerto, digo, el vivo. Me da la impresión de que, al negarse Joaquín tan tajante, está buscando culpables, y creo que sólo

quedas tú. Madre mía, solo me faltaba que esa loca me buscara la ruina. Yo estoy seguro de que por mí no puede ser. Incluso cuando me corría en su culo y quería que la follara por delante, le hacía relamerme antes la polla para limpiarme bien. A lo peor, en alguna ocasión no lo hizo tan bien como creyó. Por favor, Soledad, no creerás que yo. Yo no creo nada. Conmigo me has tratado como debes, y me preguntabas por dónde,

y yo lo controlaba, pero... Ya no hablamos más. Me fui de casa de soledad como si fuera un zombi. Era lo último que esperaba que pasara, y encima estando ella follando con Joaquín. Aunque por el tiempo, podía ser posible. No sabía qué hacer y me fui sin pensar en nada más. Posiblemente, Soledad se quedó esperando que folláramos, pero no tuve humor para nada. Fina me lo notó enseguida. La polla no se me levantaba apenas, y eso que ella se empleó a fondo.¿ Qué te pasa, campeón?

Speaker 3

Parece que ha llegado el invierno. No, Fina, es que me han dado una noticia que... ¿Qué?¿ Ya no viene Susa? No, nada de eso. Muchísimo peor. Es de mi prima

Speaker 2

Elsa. Ah, vamos, que Joaquín se ha hartado de ella o al revés, que Elsa ha abierto los ojos. Eso es más fácil, te lo digo yo.¿ Qué va? Posiblemente, Susa va a tener un hermanito o hermanita.¿ Qué dices? Eso no es posible. No creo que ella lo haya hecho adrede, y conociendo a Joaquín, él no es de los que quieren ir con un cochecito por ahí. Sería humillante para él. Si lo conozco yo. No, él dice que de él no puede ser, y Elsa

Speaker 3

ha pensado que... ¿Qué?¿ Qué puede ser tú el padre? No jodas, eso sí que es malo. Ya te digo. No me lo creo. Elsa ya es una mujer

Speaker 2

con experiencia en

Speaker 3

eso. Pienso que

Speaker 2

no se habrá puesto en riesgo.

Speaker 3

No lo sé, pero es tonta también. A lo mejor. Tranquilo, aún es pronto para eso.

Speaker 2

No te agobies. De todas formas, no te achiques, porque tu prima te puede liar y cargarte con el niño sin ser tuyo. Fina me tranquilizó un poco. Era una alarma, pero de momento podía ser falsa. Yo, por si acaso, no le dije nada a Susa cuando vino a mi casa. Traía la maleta llena de ropa que se había ido comprando. Casi ocupó un armario, pero me gustó ver que se había adaptado a la moda actual. Como me prometió, se ocupó de todo, me hacía la comida y se encargaba

de la casa. Era toda una mujer, como su madre. Incluso me trataba a cuerpo de rey, con todos los detalles. Estaba encantado, ya que por la noche no había que preguntar, todas las noches venía a mi cama y follábamos con toda la naturalidad del mundo. Marta me llamó por teléfono. Pensé que se habría descubierto el pastel de Elsa, que si lo había comentado con alguien y acusaba a Joaquín,

posiblemente la reacción de éste habría sido muy mala. poniendo en riesgo el trabajo o las relaciones en la tienda de Cintia. Me citó en su casa a la hora en que su hija estaba en el trabajo. Eso no era raro, pues siempre lo hacía así para no coincidir y así poder. Estaba eufórica. Me dio la noticia de que una amiga suya le había comentado que necesitaba una chica en su salón de belleza. Era esteticista y allí cubrían todos los campos. Era un salón de mucha categoría

y había sitio para cualquier especialidad. Le dije que Susan no sabía todavía de nada, pero que era muy aplicada y en poco tiempo se pondría al corriente. Allí había peluquería, depilación, masajes, manicura, maquillaje. En fin, era un salón que estaba relacionado con grandes marcas y en tiempos de pases de moda se dedicaban a embellecer a las modelos. Estaba tan entusiasmada que no dejaba de abrazarme, más que si Susa fuera familia suya.

Mientras hablaba, me manoseaba y me besuqueaba. No hablamos de nada referente a mi prima y me tranquilicé. Y ya que estaba allí y tan contentos, la seguí a su habitación. En pocos minutos, estaba agarrado a sus caderas, metiéndole la polla en el coño depilado y húmedo. Antes de decírselo a Susa, se lo comenté a Fina. Le encantó, pues era algo más adecuado para una chica joven. El venir de dependienta a mi tienda era una solución un poco

apagada para una joven como ella. Estaba seguro de que lo hubiera hecho bien, pues tenía facilidad para tratar con el público, pero aquella propuesta era mejor. Al llegar a casa, no pude esperar para contarle lo que me dijo Marta. Le entusiasmó tanto que no dejó de hacer planes. Ya se veía rodeada de gente guapa en cualquier actividad de belleza. Ella tampoco era nada fea y podía lucir mucho más

con la experiencia de su trabajo. Todo era perfecto, solo faltaba que Marta nos avisara para entrevistarse con su amiga. Susa quería dar la campanada y presentarse a la entrevista de una manera que la captaran sin pensar. Y para eso, quería vestir y maquillarse bien. Yo le dije que con la ropa que tenía era suficiente, pero ella creyó que no era la adecuada. Me preguntó si Fina sabría alguna tienda que fuera moderna y elegante, pues le gustaba su

forma de vestir. Y cuando se lo pregunté, le encantó la confianza que depositaba en ella. Fina nos invitó a cenar para conocerse mejor. Las dos conectaron enseguida. Susa estaba entusiasmada y se lo contagió a Fina. Después de cenar, se pusieron a hacer planes hasta que a Fina se le ocurrió una idea genial. Espera, Susa, se me ocurre algo ideal. Yo tengo mucha ropa, como ves, me encanta comprar ropa y zapatos, y según parece, tenemos una talla

más o menos parecida. Si quieres, en vez de comprarte nada, te dejo lo que quieras. Ven y te enseño lo que tengo, a ver si te convence. Qué bien. Eso sería maravilloso, más de lo que podía soñar. Enséñame tu ropa. Las dos desaparecieron en la habitación de Fina. Yo no fui, me la sabía de memoria y me quedé en el salón tomándome un gin tonic. Desde la habitación se oían los gritos de Susa. Estaba alucinada de la ropa que tenía Fina, mucha de ella todavía con la etiqueta puesta.

Fina se reía, disfrutando al ver a la joven deslumbrada por tanta ropa y tan bonita. Enseguida empezaron a probarse cosas. Yo las oía comentar y todo le parecía bien. Esta me gusta mucho. Vamos a ver si le gusta a Tony. A mí me encantaban todas. Algunas cosas ya se las había visto puestas a Fina y, más o menos, me gustaban, pero lucidas por Susa me removían la bragueta. Fina se sentía halagada por Susa, siempre le gustaba que la piropearan por aparecer tan bonita, pero ahora era Susa la que

lucía su ropa a su gusto. Los paseos se sucedían, entrando y saliendo de la habitación. Me la imaginaba llena de prendas sobre la cama, pues se probaba todo. Según se iba emocionando, iba trayendo más ropa, incluso no esperaba en volver al armario y se cambiaba allí mismo. Fina me miraba de reojo, viendo que yo disfrutaba también viendo a Susa como se iba cambiando de ropa, esperando mi visto bueno. La excitación de Susa era contagiosa. Fina también

la animaba para que se fuera probando todo. Allí mismo, en el salón, se fue cambiando, andando como una modelo de pasarela. Mira, Fina, este vestido todavía lleva la etiqueta. Sí, me lo compré esperando una ocasión especial para estrenarlo. Pues esta noche es especial.

Speaker 3

Pruébatelo tú también. No sé, otro día a lo mejor. Nada de eso.

Speaker 2

Hazlo, y me pruebo esto, y tú también, así veo cómo te sienta. Vale, pero solo uno. No fue solo uno. Susa tenía un gran poder de convicción, y Fina se fue probando prendas junto a ella. Espera, para esa blusa tengo algo que te irá bien. Fina desapareció y trajo un sujetador precioso. Susa, al verlo, no se lo creía. Era lencería de lujo, que ella no había ni soñado ponerse. No tardó en cambiarse delante nuestro. Fina me miró para confirmarme que tenía un bonito cuerpo. Yo ya lo sabía,

casi igual que el de ella. Susa se quedó maravillada del efecto que le hizo la prenda y quiso ver más. A Fina le faltó tiempo para traer su repertorio de lencería. El salón se inundó de prendas finas. Susa parecía embriagada de emoción e hizo que Fina también se cambiara para combinar las prendas. Para mí, aquello era demasiado, ver a las dos emocionadas, quitándose y poniéndose prendas de lo más lindas, y encima tener que opinar sobre ellas, me iba alterando

la libido. Susa mostraba los pechos cada vez que se cambiaba, ya no se preocupaba en volverse. Parecía que Fina no se extrañaba de que me enseñara su cuerpo y estaba como si estuvieran a solas. La emoción iba subiendo a las dos. Susa se quitaba y ponía cosas que solo se podían ver en catálogos de lujo o en pasarelas

del extranjero. Tanto se emocionó que, cuando Fina se puso un modelo que no llevaba copas, que solamente le mantenía los pechos elevados y provocativos, Susa se excitó tanto que, sin pensar, se acercó a Fina y le dio un beso en un pezón. Hubo un segundo de sorpresa por parte de Fina y mío, pero fue una reacción tan espontánea que Fina quiso demostrarle que también ella era así de entusiasta y le devolvió otro beso, pero esta vez aspirando el pezón de Susa. hasta hacerlo salir como un embudo.

Se entabló una batalla entre risas y bromas, pero el resultado fue que las dos quedaron sin prendas y siguieron besándose las tetas y más, pues las manos fueron a las entrepiernas. Yo tuve que levantarme para recolocarme la polla que pedía a gritos cambiar de postura. Ellas creyeron que yo quería unirme a ellas, me rodearon y, en un momento, me dejaron tan desnudo como ellas. Ahora hicieron un frente común contra mí, las dos me empujaron sobre el sofá

y me llenaron de besos y lametones. No tuve más remedio que defenderme como pude, les hacía cosquillas, les mordía las tetas o les pellizcaba los culos. Aún así, ellas me ganaban, tenían una fuerza superior y un nervio que yo no podía vencer. Así que quise hacer trampa así, cuando una de ellas, no sé cuál, se puso de espaldas a mí, me apreté contra ella hasta sentir que mi polla se perdía en una humedad tan suave que se hundía en la profundidad. Aquello fue la declaración oficial

de guerra. Las dos atacaron sin piedad, me chupaban la polla sin miramientos, se sentaban sobre mí, alternándose. Llegó un momento en que no sabía qué coño era de cada una o cuál estaba lamiendo. Las dos estaban depiladas y sus labios eran casi parecidos, los sabores se habían mezclado tanto que no podía distinguir quién era quién. De vez

en cuando, podía verlas besarse mutuamente. Me gustaba comprobar su complicidad, una a la otra le dirigía mi verga a su coño o la invitaba a chuparme el capullo como si fuera un dulce. Las risas se entremezclaban con gemidos o jadeos, y pronto empezaron a jugar en serio. Fina, con más experiencia, encaminó mi polla al culo de Susa. Esperaba que ésta se asustara, pero quedó sorprendida cuando ella misma movió las caderas para que mi capullo se colara sin apenas esfuerzo.

Hubo un pique entre ellas que yo disfruté, una a la otra quería provocarle el primer orgasmo. Pronto, las lenguas de una se perdían entre los labios del coño de la otra, mientras yo seguía metiendo la polla en el coño libre. Hasta que hicieron un 69 y tuve que mudarme a un culo libre, este fue el de Fina, que, al no esperárselo, gimió con la boca abierta en el

coño de Susa. Susa se corrió en ella, le llenó la boca de jugos, y Fina toció, casi se atragantó, pero quiso vengarse y se derramó en la boca de mi prima. Para mí, era todo un reto, metía y sacaba sin pensar. Hubo un momento en que estaba clavado en el coño de Fina y empecé a sentir que la leche hervía en mis huevos. Ella también lo notó y,

Speaker 3

de repente, frenó. Un momento. Dijo Fina. Me he acordado de una cosa.¿ Qué dices, Fina? No me dejéis así. Respondí. Aguanta un poco, es por tu bien. Insistió.

Speaker 2

Fina se levantó de la alfombra y fue a su habitación. Susa me miró extrañada, me enseñó su coño y los muslos chorreando jugos. Al momento, volvió Fina con una cajita de cartón. Toma, Susa

Speaker 3

dijo Fina. No quiero que por mi culpa te pase algo.¿ Qué es eso, Fina? Preguntó Susa.

Speaker 2

Son mis pastillas anticonceptivas. Lo que no quiero para mí, no lo quiero para las demás. No te preocupes, fina, ya me las tomo. Desde que mi primo empezó a follarme, me las tomo por si acaso. Chica lista, ¿verdad,

Speaker 3

Tony? Muy lista, respondí. Sigamos. Fue como

Speaker 2

dar el disparo de salida. Las dos se afanaron en ponerme como estaba y no tardaron mucho. Ahora ya podría correrme en cualquiera de las dos sin miedo, pero preferí hacerlo cuando ellas se estaban besando y les eché la leche sobre sus lenguas. La sobremesa fue especial. Las dos no dejaron de animarme a seguir, estaban desatadas. Cuando ya todos estábamos agotados, acordaron recoger toda la ropa y volver otro día más tranquilamente a ver qué podía pasar. La

sorpresa vino de parte de Marta. Cuando me llamó, me alegré, me imaginaba que me iba a concertar una cita para mi primita. Ya había elegido la ropa, pero prefirieron quedarse las dos solas para que yo no las entretuviera. No niego que me habría gustado estar allí, pero después de lo del día de la cena, preferí que ellas lo eligieran todo. Marta me recibió en su casa con una sonrisa de oreja a oreja. Yo no cabía en mí de alegría, estaba contento por la posibilidad del empleo para Susa.

Mi prima se merecía esto y más, era una chica de su tiempo y confiaba en ella. Hola, Marta. Gracias por llamarme, dije. Te confieso que estaba impaciente. Ja ja ja, y yo, respondió Marta. En cuanto me enteré, te llamé, pero vamos a la cama primero, ya tendremos tiempo de hablar. Quedé un poco decepcionado, para mí, lo más importante era saber del empleo, pero Marta quería follar primero, y no era cosa de poner trabas. Lo hice lo mejor que supe, y ella notó la diferencia. No me extraña que tengas

a tantas mujeres embelezadas con tu polla, dijo Marta. Follas de maravilla. Gracias,

Speaker 3

Marta, pero,¿ qué querías decirme? Pregunté. Tranquilo, ya te lo diré, respondió. Fóllame otra vez.

Speaker 2

Esta vez, como más te guste. Me comía la impaciencia, pero tuve que acceder. La puse de rodillas, con la cabeza en el colchón, y apunté directamente a su coño. Ya estaba resbalando entre sus labios cuando ella se movió un poco y se deslizó para que me colara por el agujero arrugado. Fue una sorpresa que me guardaba, ahora se resarcía y me demostraba que la enculada que le di el primer día estaba olvidada y me ofrecía su

culo para que me perdiera en él. Las tetas de Marta rozaban la sábana cuando le clavaba la polla en el culo, pero ella la sujetaba por los pezones que, al rozar la sábana, le hacían surco. Dale fuerte, Tony, no tengas miedo. Gritó Marta. Para que veas que me gusta como me rompes el culo. Fóllamelo bien, soy toda tuya. Como digas, Marta, respondí. Tú mandas. Apuré hasta el último momento y, cuando la derribé hacia un lado, no comprendió, pero me adelanté y le puse el capullo en su cara.

Abrió la boca y fue tragando lo que iba saliendo a ráfagas. Marta estaba impaciente por contarme lo que quería decirme, pero más por follar. Así que, una vez terminado, me cogió de las manos y empezó a hablar. ¡Ay, cuántas ganas tenía de contarte esto! Dijo Marta. No lo sabe nadie aún. Gracias por tomarte tanto interés, Marta, respondí. No sabes lo pendiente que estoy de tener noticias de esto.

Ya lo creo, dijo Marta. Te comprendo bien. Eres un buen chico porque te preocupas por todos y por todas, jajaja. Ya me conoces, Marta, respondí. Pues bien, continuó Marta, ya

Speaker 3

está claro. Estate tranquilo. Me alegro, dije. Siempre me quedaba la duda. No,

Speaker 2

hombre, no, respondió Marta. Yo confiaba en que se iba a solucionar. Es que a veces las cosas se complican a última hora, dije, y el tema no era para menos. Imagina. Sí, eso pensé yo, dijo Marta. Que debías

Speaker 3

estar muy nervioso. Entonces,¿ ya no debo preocuparme? Pregunté. No, nada, respondió Marta. Ya

Speaker 2

está claro. Ahora, a relajarte y, te apetece que te coma la polla otra vez. Es que estás tan deliciosa. Por favor, Marta, dije, te lo agradezco, pero ya estoy seco. Entonces, cuando has quedado para. Perdona, dijo Marta, no te comprendo. Que sí, insistí, que cuando le digo a Susa que puede ir a hablar con tu amiga. Ah. Eso, respondió Marta. No,

Speaker 3

de eso no sé nada todavía. Entonces,¿ de qué me estabas hablando? Pregunté.¿ De qué va a hacer? Dijo Marta. De tu prima, Elsa.¿ De Elsa?¿ Qué tengo que ver con Elsa ahora? Pregunté.¿ Tú dirás?

Speaker 2

Respondió Marta. Me enteré de que estaba nerviosa porque no le bajaba la regla. Le oí discutir con Joaquín sobre esto y que él la acusaba de que podía ser tú el causante. No me digas que tú sabías eso. Yo y todos en la tienda, hasta el cartero que estaba dejando la correspondencia. No me jodas, Marta, entonces,¿ qué querías decirme? Pues que esta mañana he visto a Elsa salir del baño toda contenta, se me ha abrazado y me ha dicho que se acababa de poner un tampón.

Fíjate que bien. Así que ya,¿ está claro todo? Ya te lo dije, ya puedes estar tranquilo. Ahora a follar sin miedo otra vez, aunque, si quieres que te sea sincera, yo no me fiaría de ella ni de su novio. Este no ha demostrado el menor interés. Eso ya lo decidirá ella. Espero que le sirva de experiencia. Esa noche invité a Fina y a Susa a cenar en un buen restaurante. Las dos iban elegantísimas, una a la otra se había vestido y maquillado. Yo iba muy contento, parecía

que mis pies no tocaban el suelo. Aunque ellas pensaban que era por ellas, en realidad era por la noticia que me había dado Marta. En el restaurante presumí de mujeres. Más de uno se acercó intentando quitarme a una de ellas, pero la cara que les puse les dejó claro que las dos eran propiedad privada. Además, la actitud de ellas, abrazándose a mí, no dejaba lugar a dudas. Terminamos tarde de cenar, fuimos casi los últimos en abandonar el salón.

Después de dejar una buena propina, nos fuimos a casa de Fina en un taxi. Ella ya había dejado la casa arreglada, aunque todavía quedaban restos de maquillaje en el baño. Pero no nos hizo falta nada, Fina nos llevó a su habitación directamente. Su cama era uno de los caprichos que se había dado con su marido, y la elección se lo agradecí, era de dos por dos, y en ella los tres cupimos holgadamente. Ahora ya no había nada que probar ni que opinar, íbamos a follar los tres,

a darnos lo mejor de cada uno. Y lo hicimos. Las chicas demostraron que no tenían ningún problema. Me sorprendió Fina, todavía más que Susa. Si su madre nos hubiera visto. Aunque aquel día demostró que, en un momento dado, también podía ponerse en situación. Susa y Fina esperaban que les contara el motivo de aquella cena especial. Empecé diciendo que era en compensación por las cenas que Fina me había ofrecido siempre, pero a Fina no la engañaba. Cuando les

conté la verdad, mi prima se quedó en shock. No comprendía cómo su madre había podido caer en la misma trampa que antaño, pero se alegró mucho de no tener otro hermanito. Al día siguiente, en la tienda, nadie sospechó que habíamos tenido una reunión de trabajo. Sin esperar mucho, llamé a Soledad. Ahora era yo el que tenía una primicia para ella. Cuando abrió, se sorprendió de que le llevara una rosa. La compré para agradecerle todos sus consejos

y comentarios. Si no hubiera sido por Fernando, le habría regalado un ramo entero de rosas rojas, pero la rosa amarilla que le llevé le encantó. Al entrar, la cogí en brazos y la llevé a la habitación de matrimonio. No quise ir de tapadillo, quería follarla a lo grande, y ella lo agradeció. Fue como una pequeña venganza para Fernando, que la seguía menospreciando. Pero nosotros celebramos la noticia que

me dio Marta con todas las de la ley. Soledad me dijo que le había llamado Elsa, pero que no le quiso decir nada, simplemente le adelantó que tenía algo importante que contarle. Me prometió que, cuando se lo fuera a decir, ella se le adelantaría para demostrarle que estaba bien enterada de todo. También me prometió que le aconsejaría bien respecto al método anticonceptivo que debía adoptar. Estaba claro que con Joaquín no podía contar ante un posible fallo,

así que... Teresa se portaba muy bien, estaba pendiente de mí en todo. Pensó que yo necesitaría un coche y preguntó en una autoescuela para que me sacara el carnet. Les advirtió que los recibos de las clases se las debían pasar a su cuenta y la secretaria se lo anotó con atención. Ya que también le anunció que, en breve, sus hijas también iban a necesitar el carnet. Efectivamente, sus

hijas ya estaban a punto de volver de Irlanda. Los estudios ya estaban terminando y ahora debían cursar las especialidades aquí. Me anunció que, en cuanto vinieran, les iba a buscar un piso a cada una para cuando nos casáramos, que vivieran aparte. Aunque me hizo prometer que, hasta entonces, seguiría visitándola a ella. Cosa que no hizo falta jurárselo, ya que para mí era un auténtico placer estar al lado de Teresa y dentro mejor todavía. Un día que fui

a visitar a Teresa, tardó en abrir. Lo hizo ella en persona, ya que Clara no estaba. Estaba a punto de meterse en la ducha y para que no volviera a pasar, me dio una copia de las llaves de su casa. A mí me gustó el detalle, aunque prefería no tenerlas. Prefería que me abriera Clara, siempre me recibía con alguna sorpresa y cuando me despedía, era raro que no me hiciera pasar a la cocina para invitarme a algo. Desde hacía un tiempo, había notado que Clara estaba adelgazando bastante.

Los michelines que tenía habían desaparecido y toda ella parecía otra. Ahora era esbelta e incluso parecía más alta. Se lo hice notar, y me confesó que estaba empezando a salir con un chico, era el repartidor del súper. Él no había dicho nada, pero Clara quería que su línea no fuera un obstáculo para encontrar pareja. Yo le quité importancia a sus kilos y le comenté que a mí me gustaba de todas formas. Aquel día lo hicimos todavía más

a gusto. Al terminar, le dije que comprendía que entonces yo sería un obstáculo y debía dejarlo nuestro al tener ya pareja. Ella me contestó que, por ella, no había problema, que mi polla no la iba a dejar por nadie. Me gustó la idea y le di un beso en un pezón que le hizo suspirar. El día que Marta me anunció que quería hablar conmigo, me dijo que le gustaría ver también a Susa. Era lógico, ya que iba a recomendar a una persona, quería estar segura de no equivocarse.

Fuimos a su casa. Susa se había vestido moderna pero discreta. Aquella vez que se probó la ropa con fina, se desmelenó completamente y me puso como un burro, pero ahora era momento de ser responsable. Le di unos consejos sobre el comportamiento frente a Marta. La señora era muy distinguida, y aunque en la cama se portaba como una fiera, frente a la gente era un dechado de distinción. A Susa le deslumbró en cuanto la conoció, era una señora

muy jovial, pero que marcaba respeto. A Marta también le gustó Susa, e incluso notó que mi prima no se parecía en nada a su madre. Por eso, quizá me felicitó, mirándome con cierta sonrisa, porque adivinaba que nuestra relación era más que de primos. Estuvieron hablando las dos como buenas amigas y ella misma le fue comentando cómo era el salón de belleza de su amiga y cómo debía comportarse

en la entrevista. Según ella, ya le había allanado el camino y quiso acompañarnos para dar mayor peso a la entrevista. Las dos entraron en el despacho de la dueña, que era más mayor que Marta pero también muy elegante. Mientras, yo fui husmeando por las dependencias del salón. En el gimnasio, había unas cuantas mujeres haciendo pilates, y en un rincón, frente a un gran espejo que cubría toda la pared, se movían unas cuantas jóvenes ensayando pasos de ballet en

la barra. Tras una puerta, oí cómo se quejaba una clienta. Al poner atención, me di cuenta de que era la sala de depilación. Finamente se estaba lamentando de que los pelitos del culo le molestaban cuando se la metían. En la sala de masajes, se oía el gruñido de un cliente al que le estaban aplicando un buen castigo. Lo que no pude adivinar fue por qué jadeaba una voz femenina. El ruido de la puerta de la directora me avisó

de que la presentación de Susa estaba terminando. De allí salieron las tres y pasaron al despacho de recursos humanos. A la jefa pude verla sentada tras una mesa llena de papeles y monitores. Me pareció demasiado seria y estirada. Esperaba que no encontrara ninguna dificultad con Susa, que parecía un conejillo de indias al lado de Marta y la dueña.

Cuando salieron las tres, sonreían y me relajé. Ya fuera, en la calle, me contaron que la entrevista había sido amable, aunque hasta que les llevó a la de recursos humanos no lo vieron claro. La empresa era muy seria y debían ser muy escrupulosos. Uno de los consejos que le dio a Susa fue que no se pareciera a su madre. Desde que vino a mi casa, solamente había hablado con ella una vez y no pareció muy contenta de que

estuviera conmigo. Yo me alegré de que no fuera a trabajar con su madre y menos de que fuera a vivir con ella. Conmigo tenía más oportunidades y ahora que se había hecho amiga de Fina. En la tienda de Cintia, las ventas iban bien. Joaquín la regía muy bien, había que reconocerlo. Mi prima cumplía y las dependientas habían mejorado mucho. En cambio, en la mía íbamos cortos de personal. Al marcharse Joaquín nos dejó cojos. Yo me tuve que poner

a vender también cuando se llenaba la tienda. El aprendiz también colaboraba mucho y Fina bajaba de su caja para ayudar a plegar las prendas. Los dependientes no se quejaban, pues estaban ganando más en comisiones, pero así no podíamos aguantar mucho

Speaker 3

Había que tomar una decisión. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.

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