GEMELAS - PARTE 10 (Relato Erótico) - podcast episode cover

GEMELAS - PARTE 10 (Relato Erótico)

Jul 17, 202550 min
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Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes Hoy presentamos Gemelas, parte 10 El rostro de Elsa denotaba temor y alegría al mismo tiempo cuando venía hacia mí, enseñándome en una mano el pepino y en la otra el aceite lubricante. Yo también tenía sentimientos encontrados, por una parte, todavía estaba enfadado por el trato inmerecido que me había dado, y por otra,

estaba contento de verla venir a mí. Arrepentida de su actitud y deseosa de empezar una nueva etapa con una mentalidad más abierta, me propuse convencer a mi prima de una vez por todas. No quería ir con paños calientes para seguir más o menos igual, por eso quise, desde el primer momento, demostrarle mi confianza para que ella hiciera lo mismo conmigo. Le di la mano para ayudarla a subir a mi cama. Ella agradeció el gesto, ya que llevaba las manos ocupadas. Hice mención de apagar la luz,

aunque preferí dejarla encendida desde un principio. Elsa se quedó un poco asustada pero accedió, pues le hice entender que debía aceptar mis condiciones. Pude observar que Elsa tenía un cuerpo verdaderamente joven y bien conservado. Podía pasar fácilmente como la hermana mayor de Susa. Tenía una cintura y unas tetas muy bien colocadas y unas caderas y un culo que le formaban una figura de lo más excitante. Sabía

que una de sus carencias era el cariño. Su exnovio solamente le dio muestras de querer follarla y, cuando lo hizo, lo anotó como un trofeo más en su haber. Por eso, cuando ella le anunció que estaba embarazada de él, se esfumó sin saber nada de ella ni del bebé. Ahora, en mi cama, tendida a mi lado, piel con piel, preferí llenarla de caricias y besos. Elsa se mostraba embriagada de sensaciones nuevas para ella, y más cuando fui ampliando mis caricias a la piel de su cuerpo. Cualquier zona

que rozaban mis dedos estremecía. Era, como ella misma dijo, virgen en casi todo, y yo le había prometido que sería una mujer completa conmigo. El acariciarle las tetas fue una de las cosas que ella más agradeció. Tenía la experiencia de los pellizcos que recibió hace mucho, pero que no había logrado olvidar. Al sentir mis suaves roces con las manos y después las lamidas con la lengua en las areolas, pareció transportarse a otro mundo. El coño lo

dejé para el final. Pasé de largo cuando besé sus muslos y sus piernas e incluso lamí sus dedos de los pies. Ella no sabía cómo ponerse para ofrecerme todos sus rincones. Elsa no se atrevía a cogerme la polla. Yo le rozaba con ella las tetas y los pezones se le endurecían tanto que doblaban su tamaño. Al pasar la verga entre sus muslos, suspiraba desde lo más hondo, esperando con ansiedad que la penetrara de una vez. Me arrodillé,

sentado en mis talones, frente a ella. Mi prima estaba con las piernas separadas, su coño abierto destilaba un aroma a hembra caliente que me llenaba los pulmones. Aún así, quise que fuera ella la que borrara sus temores. Elsa, tienes un cuerpo envidiable. Tu hija no te hace justicia. No seas adulador. El otro día ya la viste, fue muy descarada, o eso pensé entonces. Ahora reconozco que me gustó verla y que la vieras tú también. Ya quisiera yo tener el cuerpo que tiene ella. Pues no tienes

nada que envidiarle. Tienes unas tetas que están deliciosas.¿ Lo dices en serio? Yo creí que ya las tenía caídas. No, al revés, están duras, suaves y sensibles como ninguna. Te lo aseguro. Tus pezones son tan deliciosos que no dejaría de comérmelos. Reconozco que me gusta oírte decir eso. Siempre me he creído el patito feo desde que, ya sabes. Olvida el pasado. Quiero saber cómo eres hoy. Me gustaría ver cómo eres ahora. A veces te oigo gritar y

me imagino que disfrutas mucho. Me encanta oír cuando te corres. Uf, la verdad es que es la única manera de calmarme. A veces el coño me arde y tengo que meterme algo. Me gustaría ver cómo lo haces. Por eso te

Speaker 3

pedí que trajeras tu juguete. Me da mucha vergüenza que me veas. Yo creí que no me oiría nadie. No te preocupes.

Speaker 2

Enséñame cómo disfrutas con eso. Elsa estaba cohibida, pero ante mi postura, frente a ella, esperaba ver cómo se manejaba. Con la polla apuntándola, accedió y levantó las piernas hasta el pecho. Con una mano cogió el pepino y con la otra el aceite, lo untó y repartió otro poco por el coño. No tardó en pasearlo entre sus labios hasta que llegó al agujero de la vagina y, con

cierta habilidad, lo fue enterrando hasta casi la mitad. La verdura entraba suave, ya que, estando bien lubricada, no ofrecía ninguna resistencia. Elsa solo acusaba el diámetro que tenía, pero lo aceptaba metiéndolo en varias intentonas.¿ Te gusta?

Speaker 3

Es mi único consuelo, aunque está tan frío. Muévelo. Quiero ver

Speaker 2

cómo te corres con él. Cogí el frasco de aceite y rocí el coño y los alrededores. Ella fue metiendo y sacando el pepino cada vez más hondo, al mismo tiempo que jadeaba. Según iba cogiendo velocidad, sus jadeos se convertían en gritos hasta que se corrió delante de mí con las piernas separadas. Uf, me ha gustado mucho y me alegro de que hayas encontrado un modo de gozar. Ahora intentaré hacerlo yo.

Speaker 3

Estaba esperándolo. Eso que tienes debe quemar por dentro. Ya lo verás, pero espera un poco.

Speaker 2

No te saques el pepino. No querrás meterme tu verga sin antes sacar el pepino. No, solo quiero cumplir mi palabra. Quiero quitarte la virginidad para luego follarte sin impedimentos. Elsa no acababa de comprender, porque no se veía, ya que, al tener las piernas en alto, yo podía admirar su coño repleto de la verdura verde. y más abajo un agujero que todavía era virgen y para mí era el objetivo número uno. De rodillas, fui avanzando hacia ella hasta

ponerle el capullo en la entrada. Elsa abrió los ojos,

Speaker 3

aterrada. No, Tony, por ahí no. Nunca me atreví a hacerlo, aunque me lo recomendaron.

Speaker 2

No te preocupes, confía en mí. Te dije que ibas a dejar de ser virgen y lo vas a conseguir. pero me da miedo, me va a doler mucho. Tranquila, sigue mis instrucciones. Con el capullo rozando, fui pasando el dedo meñique alrededor del agujero rugoso que ella cerraba con todas sus fuerzas, impidiendo que pasara ni un pelo. Pero con paciencia, fui ganando su confianza a la vez que yo iba moviendo el pepino. Elsa se relajó. Era otra

sensación nueva. Con los brazos abiertos detrás de la nuca, el pepino iba entrando y saliendo de su coño sin su ayuda, además sentía una sensación nueva en el culo, que apenas era un roce. Al notar que distendía el esfínter, fui probando con cuidado hasta que la uña se coló. Al no dolerle, ya se relajó más y yo sustituí el dedo por el del medio, que además de entrar entero, rodeó el interior. Ella levantó las caderas para que mi

dedo llegara más profundo. Le estaba gustando mucho. El pepino casi desaparecía en su coño brillante y mi dedo se acompañó de otro. Ahora, con dos dedos, el esfínter dejaba pasar sin miedo. Poco a poco se dilataba mientras ella tiraba de sus pezones, gimiendo de placer. Mis dedos entraban tan suavemente que se perdían en su interior sin esfuerzo.

Al sacarlos, el agujero se quedaba unos instantes con la forma abierta y, en una de esas salidas, apliqué mi capullo y lo mantuve quieto a la vez que aceleraba el pepino. Elsa se desesperaba. Se iba a correr otra vez y necesitaba sentirse llena, así que bajó las piernas, me rodeó el culo con los talones y me atrajó hacia ella. Elsa abrió los ojos, asustada. No soltó las tetas que tiraba en ese momento, formando dos embudos. Acababa

de ser sodomizada por ella misma. Al atraerme de golpe hacia ella, se había clavado mi polla en el culo hasta los huevos y no sólo eso, sino que al caer sobre ella, empujé lo que quedaba de pepino fuera de su coño hasta hundirlo hasta el rabo. Estaba empalada y no sabía qué hacer. Ni siquiera soltó sus pezones, sólo me susurró sin apenas voz. Tony, por tu madre, muévete ya. Al incorporarme, pude ver que el pepino casi

no se veía dentro de su coño, exageradamente abierto. Tiré de él y pude sacar la mitad, y volví a empujar, así mi polla y el pepino entraban sincronizadamente. Elsa gritaba sin miedo, y no de dolor. Se estaba corriendo de una forma casi inhumana. Estaba empalada y se abandonó tanto que me mojó hasta el pecho con un chorro vertical. Córrete, Tony, lléname de leche. Por un segundo, decidí que debía correrme en su culo, así ella no temería un nuevo embarazo,

y me vacié en ella. Coincidí con su orgasmo, que con sus contracciones expulsó al pepino empapado de jugos vaginales. Tony, fóllame el coño,

Speaker 3

lo necesito.¿ No tienes miedo a que te preñe? Acabo de correrme. Espera un momento. Elsa giró y

Speaker 2

se arrodilló frente a mí. Yo tenía la polla recién sacada de su culo, todavía brillante de leche, y ella, a su vez, derramaba mi semen por su culo. Pero no se arredró. Cogió los huevos y los sostuvo mientras abría la boca y se tragaba toda la polla hasta tocar la nariz en mi pubis. Chupó, lamió y absorbió mi polla, limpiando cualquier resto. Incluso al sacarla, retiró el prepucio y relamió entre el frenillo para que no quedara

ningún bichito en ella. Sin más, se puso a cuatro patas y esperó a que yo le clavara la polla hasta los huevos. Elsa fue retrocediendo y avanzando, ahorrándome el esfuerzo. Gritaba que quería más y más, y los temblores que la sacudieron la derribaron, saliéndose la polla. Sigue, Tony, sigue, no me dejes ahora. Boca arriba, quiso que continuara. Tumbado sobre ella, seguí hasta que las palpitaciones en mi capullo

amenazaron con desbordarse. Salté justo a tiempo para adelantarme hacia su cara y, entre sus tetas, descargué todo lo que me quedaba en la reserva. Ella recogió los goterones de sus pezones y se los llevó a la boca. Yo me derrumbé a su lado. Gracias, Tony, ha sido glorioso. Ha valido la pena esperar. Ahora me arrepiento de todo lo que te hice pasar. Soy una tonta. Estuvimos toda la noche follando, apenas descansamos. Elsa estaba eufórica, quería ponerse

al día y casi lo consigue. Había estado demasiados años encerrada en su mundo oscuro y ahora había visto el sol. En la tienda estábamos tristes. La muerte de don José nos había hundido a todos, a todos menos a uno, a Joaquín. Este no dejaba de protestar por la nueva situación. Se había hecho la idea de ascender a encargado y que yo siguiera en estos menesteres le sentaba fatal. Fina le recriminaba cualquier comentario que hiciera. Los demás dependientes no

le hacían caso. Para ellos, la situación actual era la ideal, aunque a Joaquín no le convencía nada. Fue pasando el tiempo y la situación no mejoraba. La pena por don José seguía, pero iba disipándose. Teresa hacía tiempo que no me llamaba. Yo comprendía que ella no tendría ganas de nada. Sus hijas seguían estudiando en Irlanda y Clara apenas me invitaba a un rapidito. Estábamos tristes. En cambio, en mi casa, todo funcionaba a la perfección, sobre todo al principio. Elsa

acudía cada noche a mi cama. Estaba desatada, quería que folláramos mucho y en todas las posiciones. El culo me lo ofrecía sin temor. Había aprendido a relajarse, y a veces ella misma me cabalgaba y, al sentarse en mi polla, la encaraba a su culo. Soledad me llamó. Cuando llegué a su casa, supuse que me iba a contar los comentarios que le habría hecho Elsa. Pero antes, como era costumbre, me llevó al dormitorio de retales. Gracias, Soledad, pero te

tengo que pedir un favor. Hoy, si quieres, solo te comeré el coño. La verdad es que no puedo follar.

Speaker 3

No me digas. Creí que a ti nunca te iba a pasar lo del gatillazo. Pues creo que sí. Estoy agotado. No tienes idea de las noches que paso. Ja ja ja,

Speaker 2

ya lo sé. Ahora follas todas las noches. Elsa parece que se recupera del tiempo perdido. No sabes lo que me pide. Apenas duermo. Todo le parece poco. El primer día le metí la polla en el culo y aguantó sin rechistar, y ahora ya lo pide de aperitivo. Ja, ja, ja, sí, me lo ha contado todo. Para ella, todo es poco. Ha descubierto que es multiorgásmica, así que, que no te pase nada, Tony. Nunca pensé que me pasaría esto a mí. No te oculto que no eres la única chica en

mi vida, y hasta ahora lo he llevado bien, pero Elsa. Ja, ja, ja, no te preocupes por mí. Esperaré. No soy tan fogosa como tu primita, ja, ja, ja. De todas formas, le comí el coño y le hice correrse debidamente. Ella intentó levantarme la polla inútilmente porque parecía que le habían dado un tiro. El ambiente en la tienda era cada vez más enrarecido. Joaquín no dejaba de malmeter. Cualquier cosa me la achacaba a mí, y los demás se estaban cansando

de tanta necedad. Ahora reconocían lo mal que actuaron en su día con don José. Al principio, Fina intentaba justificarlo. Decía que era muy ambicioso y quería prosperar para nosotros, pero ella se daba cuenta de que no iba con buenas intenciones. Un día, Joaquín se fue a comer con unos amigos. celebraban que uno de ellos se había divorciado. Todavía Fina estaba más enfadada con él. Yo le pregunté si quería que habláramos y me dijo que sí. Comimos en la cafetería de al lado, volvimos a la tienda,

cerramos y fuimos al despacho. Tony, no comprendo a Joaquín. Está cambiando de una forma. Ahora todo lo encuentra mal, no deja de criticarte. A mí me sabe muy mal y se lo he dicho mil veces. Hasta me ha dicho que parece que nosotros follamos a sus espaldas.

Speaker 3

No sé qué hacer. Ya no lo reconozco. No te preocupes. A mí también me ha sorprendido.

Speaker 2

Al principio parecía otra cosa. Le ha sentado muy mal que Teresa no lo eligiera a él. En fin, tendremos que aguantarlo.

Speaker 3

No lo sé. Está demasiado cambiado. Lo que siento es que te recomendé que lo contrataras. No, mujer. Yo lo hice convencido. A

Speaker 2

mí también me engañó. Lo que siento es que a ti te haya salido rana. Pensabas que iba a ser tu príncipe azul y... Sí, ha resultado un sapo. Fina empezó a llorar. Estaba arrepentida de haberse juntado con aquel hombre guapo. Yo la consolé, le enjugué sus lágrimas y le besé en los ojos. Ella levantó la cara y mis besos fueron a parar a sus labios. Al sentirlos, abrió la boca y me respondió con los besos que antes me daba. Eran fuego. Nuestras lenguas se enredaron hasta

que nuestras manos buscaron la piel del otro. Allí, sobre la silla de director, se sentó sobre mis piernas y se dejó caer. Mi polla entró en su coño, sorteando sus bragas, y no paró de saltar hasta sentirse mojada de mi leche. Ahora sí que va a tener razón tu novio de que follamos a sus espaldas, jajaja.¿ Qué se joda? Un polvo tuyo vale más que una noche entera con él, jajaja. Una mañana, al salir de casa de Teresa, volví andando a la tienda. Mi jefa estaba triste.

No dejaba de darle vueltas a la soledad de la viudedad. Antes, aunque su marido estaba en la clínica, por lo menos sabía que estaba allí. Pero ahora... Además, sus hijas no parecían tener ningún cambio. Ella sabía de sus noches en la misma cama. Al principio, lo achacaba a la complicidad entre ambas, pero luego se dio cuenta de que era algo más. Casualmente, había encontrado el consolador doble que escondían y que usaban las dos. Teresa veía el futuro negro.

Quería tener nietos tanto o más que su marido. Si por ella hubiera sido, se habría casado conmigo, pero esto no podía ser por muchos motivos. Hola,

Speaker 3

Marta.¡ Qué casualidad!¿ A dónde vas con tantos paquetes?

Speaker 2

Vuelvo a casa. No he podido encontrar un taxi y como vengo de las rebajas. Si quieres, te acompaño y te ayudo.

Speaker 3

Vengo de casa de Teresa.¡ Qué mala suerte la de Pepe! Nos apreciábamos mucho. Sí, yo también le

Speaker 2

apreciaba mucho. Ahora parece que soy huérfano. Hablé con Teresa y está fatal. Necesita hablar con alguien. Si puedes, dale un poco de conversación. Te lo agradecerá. Acompañé a Marta a su casa, que estaba en el barrio Chic de la ciudad, no muy lejos de Teresa, y nos repartimos los paquetes. Parecía que regalaban las cosas, pues compró de todo lo que no vendía su hija Cintia. Sube y tomaremos algo. Por favor, me has ayudado mucho. No sé

si hubiera llegado sola. Bueno, pero solo un momento. Marta tenía una casa preciosa, decorada con mucho gusto, y se notaba la clase de persona que era. Su hija vivía con ella, aunque hacía vida separada.¿ Qué prefieres,

Speaker 3

té o café? Preferiría un refresco. Los paquetes pesaban mucho. Ja ja ja, es verdad. No tengo filtro para comprar.

Speaker 2

Los que llevabas tú pesan mucho. Me compré unas botas altas y un bolso y... Deja, deja, que seguro que te habrán puesto la alfombra roja al salir, ja ja ja. Sí, es cierto. Se portan muy bien conmigo.

Speaker 3

Saben tratar bien a los buenos clientes. Ya

Speaker 2

lo creo, como en la tienda de tu hija

Speaker 3

Eso se intenta, aunque con las nuevas dependientas.¿ Quieres decir que no saben atender? Sí, pero no mucho. Les

Speaker 2

falta experiencia para el nivel de clientes que entran. No sé. A lo mejor les hace falta alguien que les oriente. A lo mejor, aunque... Tony, ya me conoces, no puedo callarme, pero no debo decirte nada. Marta, creo que ya nos conocemos, aunque el comienzo no fue el ideal. Ja ja ja. Ja ja ja, no te preocupes, ya está olvidado, aunque a veces, cuando me siento, aún.¿ Qué es lo que me quieres o no me puedes contar? No sé

Speaker 3

si debo. Mi

Speaker 2

hija me contó que te ofreció el puesto de encargado. Sí, y se lo

Speaker 3

agradecí mucho.

Speaker 2

Es un honor, pero me debo a don José y a mi empresa. Y te honra, eres muy cabal. Pues resulta que ahora hay alguien que se ha ofrecido. Ah, estupendo. Me alegro por ella, así tendrá alguien en quien apoyarse y mejorará la venta. No, aunque, no sé, pero si te cuento quién se ha ofrecido. Ni idea, pero seguro que será muy bueno. Bueno, no sé, pero guapo sí. Tragué saliva. Sospechaba que Joaquín se estaba ofreciendo a Cintia para encargado. Nos iba a abandonar sin decir nada.

Speaker 3

Lo conozco? Si es guapo, ya me figuro quién es. No te equivocas. Es Joaquín. Ha venido a hablar con mi

Speaker 2

hija. Ella se cree deudora por haber tenido que prescindir de él y también le hace falta una persona que... Lo entiendo, pero tu hija podía haberme dicho algo. No sé, creo que hay confianza. Lo sé y se lo dije, pero ella te aprecia y le sabe mal. De todas formas, aún no lo

Speaker 3

ha decidido. No te preocupes. Seguro que lo coge. Es buen elemento y, sobre todo, guapo. Dará buena imagen a la tienda. Te lo recomiendo.¿ De verdad no te sabe mal? No,

Speaker 2

nada de eso. Aunque le había cogido a precio y va a ser un duro golpe para nosotros, pero ya nos arreglaremos.¿ De

Speaker 3

verdad te parece bueno? Bueno, no. Buenísimo.

Speaker 2

Marta me alegró la mañana y me despedí con dos besos en las mejillas. En realidad, fue uno, porque me giró la cara y se lo di en los labios. Marta era una pantera. Inmediatamente, los besos se transformaron en lamidas y al momento estábamos en su cama. Estaba agradecido por la noticia de Joaquín. En el fondo, me alegraba de perderlo de vista y le animé para que se fuera con ellas, aunque a nosotros nos planteaba un problema grave.

La madre de Cintia recibió con agrado mis muestras de afecto y se corrió al poco de meterle la polla en su coño cuidadosamente depilado. Me prometió que se lo diría a su hija y que conmigo había encontrado un buen amigo. Yo le recomendé que no le comentara nada a nadie con la intención de que no llegara a Teresa, aunque no estaba nada seguro de ello. El cambio se notó en pocos días. Ahora, Joaquín se mostraba más chulesco, presumiendo de guapo y de deseado, aunque yo sabía que

deseado por fin allá no era. A ella también se le notó. Cuando estaba con él, no se arreglaba tanto, no tenía ilusión por parecer guapa. Aún así, al comentarle el que quería marcharse de nuestra tienda, volvió a engalanarse como antes. Todos nos alegramos del cambio, pero yo todavía más. Mi madre se estaba acostumbrando a la vida del pueblo. Mi padre le dejaba tranquila todo el día. Con sus amigos y su juego del dominó tenía bastante y ella se arreglaba bien con su madre. Susa le echaba una

mano de vez en cuando y lo llevaba bien. Mi madre también había notado que mi prima y yo nos apañábamos mejor. Lo atribuyó a que ella iba tomando confianza en su trabajo y ganaba más dinero. Susa quiso visitarnos y ver el cambio de su madre, y un fin de semana largo vino a casa. Cada vez que la veíamos, parecía otra. Ahora todavía parecía más hermana de Elsa. Estaba hecha una mujer, en todo, en su forma de vestir, de expresarse, de actuar. Ya no era la hija tímida,

apocada y triste de antes. Ahora pisaba fuerte por allá donde pasaba. El sexto sentido femenino actuó enseguida. Cuando vio a su madre, notó que algo importante había sucedido, aunque no sabía el qué. Su manera de manejarse por la casa o de hablar me daba a entender que se encontraba más cómoda conmigo. Aunque no se daba cuenta, Susa también había cambiado en su forma de comportarse. Por eso, la segunda noche de estar en mi casa, la situación estalló.

El primer día estuvo con nosotros como si nada. Acudió a la tienda de su madre y la vio manejarse. Le gustó ver a su madre tan resuelta, hablando con las señoras más encopetadas como una profesional de la costura. También fue a mi tienda y vio que todos, o casi todos, me trataban bien, incluso con cierto respeto. Pese a mi edad, me consideraban su jefe. También reconoció que Fina me guardaba más la distancia. Eso le creció. Por la noche, sin avisar, se metió en mi cama. No

llamó ni la oí entrar. Simplemente se coló con disimulo y se apretó a mí. Había dejado su pijama en la silla, al lado de mi cama, y con su olor ya supe que era Susa. Ella no se fue por las ramas. Apenas se acomodó, buscó entre mis muslos y cogió lo que ya estaba duro para ella. Sin más, se hundió en la sábana y desapareció. Allí abajo no oyó nada, pero el toque de nudillos que oí en mi puerta no daba lugar a equívocos. Tampoco se oyó palabra alguna, y en la otra parte de la cama

cayó el camisón que llevaba Elsa al entrar. Más o menos hizo lo mismo, me besó con lengua, como siempre era el saludo habitual cuando quería follar. Inmediatamente, fue a buscar lo que quería y alargó la mano hacia abajo, aprovechando para acariciarme los pezones y hacerme un círculo en mi ombligo. Al llegar un poco más abajo, se llevó la gran sorpresa. Tocó pelo. Desde que me depilé, seguí

manteniendo la polla y los huevos como un bebé. Mi sacrificio me costaba, pues había días que me picaban con desespero. Elsa se extrañó de que me hubiera crecido tal melena en tan poco tiempo y rebuscó más abajo hasta que encontró mis huevos y, de allí, pasó a llegar al tronco. Apenas fue subiendo cuando tocó algo que jamás esperaba, los labios de Susa. Esta, al notar que su madre entraba en la cama, quedó inmóvil, esperando que se iría enseguida,

que habría venido a preguntar algo. Pero ahora estaba cierta de que lo que buscaba era lo que ella tenía en la boca. Se había adelantado. Elsa tiró la sábana hacia atrás. Nos quedamos los tres sin ropa y encendí la luz. No había duda, Susa seguía plegada entre mis piernas con la boca llena y Elsa, pegada a mi lado, con las tetas sobre mi pecho y la mano agarrada a la polla. Ninguno nos atrevimos a decir nada. Cuando pude reaccionar, recogí la sábana y dije al aire con naturalidad.

Speaker 3

Uy,

Speaker 2

qué fresco hace. Haced el favor de no destaparme así. Seguid. No sé qué pensarían la madre y la hija. Lo cierto es que la lengua de Susa volvió a funcionar y la mano de Elsa no soltó lo que sujetaba. Mis manos acudieron a los culos de ambas y mis dedos fueron buscando los sitios que sabía que les gustaba. Ninguna tenía nada que reprochar. Susa estaba contenta con que su madre, por fin, se hubiera lanzado, y Elsa se alegró de que su hija hubiera crecido lo suficiente y

hubiera sido conmigo. Al principio, fueron momentos de duda, hasta que al final se pusieron de acuerdo. Susa siguió chupando el capullo de la polla, y Elsa se quedó con los huevos y el tronco. Las dos cabezas chocaban y, en ocasiones, las lenguas también. Ellas también fueron situándose de forma que pude acariciar sus coños. Curiosamente, olían muy parecido, y pude saborear mis dedos, incluso no dudé en compartirlos con ellas para que los probaran. Las dos aceptaron y

lamieron los jugos de su compañera de juego. Era curioso cómo se parecían y, a la vez, lo distintas que eran. Elsa, cuando se corrió, fue muy escandalosa, gritaba como si la mataran. mientras que Susa era más discreta y, tras unos gemidos y jadeos, tembló y quedó relajada. Para mí, era una fuente de sabiduría el tener a dos mujeres así al

mismo tiempo, tan sincronizadas y tan aplicadas. El ser madre e hija todavía le daba más valor, y más cuando se disputaron los chorros de leche que expulsé al aire con la polla vertical. Yo temía que, al terminar, vendrían los reproches, aunque en el momento de máximo ardor hubieran unido esfuerzos. Pero lo que me sorprendió fue que, después de correrme, las dos emergieran a la almohada y me besaran en cada mejilla. Sobre mi pecho se montaron la teta derecha de una y la izquierda de la otra

y mis dos manos en los dos coños pelados. Me dejaron recuperar mientras ellas hablaban por encima de mi pecho del pueblo de las cosas que habían pasado y de la salud de mi abuela. Lo hacían como si estuvieran en el lavadero con un montón de ropa delante. Al notar que yo volvía a revivir, Susa prefirió mi cara y Elsa se fue hacia abajo y se sentó sobre mi polla. Arriba, solo tuve que sacar la lengua y me encontré los labios abiertos de Susa, ofreciéndome sus pliegues

tiernos para que lo saboreara. A la vez, Elsa resbalaba sobre mi polla, abrazándola con sus labios hasta que pudo metérsela directamente de un solo golpe. La madre y la hija se abrazaron cuando se corrieron, mientras yo las acariciaba desde abajo, las cuatro tetas brillantes y duras. Ante mí tenía un problema,¿ dónde correrme? Me desentendí de elegir entre ellas. Iba a hacerlo, pero Elsa se percató y, justo a tiempo, cambió de agujero. Levantó un poco el culo y volvió

a sentarse. Esta vez noté el cambio en mi glande, de los pliegues del coño a la suavidad del intestino. Me dejé llevar y, con los brazos y las piernas en cruz, me corrí hasta la última gota. Esto fue una sorpresa para su hija, que no dudó en hacer lo mismo en mi boca. El fin de semana se me hizo corto. Las dos mujeres no me dejaron dormir

solo ninguna noche. Ambas empezaban en el sofá después de cenar, se apretaban contra mí y, al momento, una se iba a cambiar de ropa para volver con el camisón y la otra desaparecía para venir con el pijama. Los tres nos íbamos a mi cama, que no era muy grande, pero nos apretábamos bien. La despedida de Joaquín fue fría, muy fría. Me avisó oficialmente dos días antes, mejor dicho, un sábado por la tarde. Me dijo que me daría los 15 días preceptivos de aviso, pero le contesté que no

era necesario. Ya le tenía preparada la cuenta cuando cerramos y le desee suerte en su nuevo trabajo. Él no nos había dicho nada de adónde iba, pero se enteró de que yo estaba al corriente. Ese día, Fina vino espectacular. Todos nos miramos extrañados. Últimamente no se arreglaba tanto, y no era por celos de su novio, simplemente era porque a ella no le apetecía que su novio la disfrutara guapa.

Todos esperábamos que, al despedirse, Joaquín hiciera algún comentario disculpándose que fuera por prosperar o para cumplir un sueño o algo medianamente creíble. Pero lo único que hizo fue darle un adiós con la mano, ni siquiera le besó. No entendimos, pero estaba claro, con el dependiente guapo se marchaba su novio. Habían roto la relación y Joaquín quedaba libre, igual que Fina. Al lunes siguiente, me llamó Cintia. Estaba apenada, se creía

responsable de la espantada de Joaquín. Yo le quité importancia y le desee suerte en el futuro. Imaginé que no tardaría en provocar disgustos entre las compañeras. Pero estaba totalmente equivocado. A partir de ese día, Elsa empezó a nombrarlo. En principio, pensé que lo hacía para que yo me alegrara de haberle perdido de vista, pero cada vez que lo hacía era con mayor agrado. Su hija había vuelto al pueblo, y yo podía reponerme un poco, ya que el fin

de semana que estuvo, me agotaron entre las dos. Soledad era la única con quien podía contar. Las demás, cada una tenía sus problemas, y a mí no me gustaba molestar. Cuando me reuní con ella, me preguntó cómo estaba de ánimo. Casualmente, estaba descansado porque Elsa estaba en sus días delicados y le contesté que en plena forma. Le noté en su cara la alegría que le di. La cama de la habitación de los retales estaba abierta, con la sábana desplegada

y el ambientador en marcha. Ese día no me preguntó, prefirió empezar follando y dejar la charla para el final. Soledad era una mujer especial, siempre sabía qué hacer y cómo hacerlo. Me llevaba en volandas, haciendo que me sintiera como el rey de la casa. Apenas hablábamos de Fernando, su marido, parecía que no existiera. Él se marchaba por la mañana y sólo acudía al anochecer. Iba de tienda en tienda tomando medidas, o quien sabe qué más cosas.

Le demostré a Soledad que estaba en plena forma. Me dijo que le gustaba el look que lucía en la polla, lo dijo con cierta sorna. Me miré y no entendí por qué lo decía. Lo cierto era que mi polla, sin ser enorme, tenía buena presencia, y con los huevos pegados y todo depilado, parecía un espectáculo. Luego de gozar, me confesó que lo había dicho porque se había enterado

de que la había compartido con alguien. Me extrañé de que hubiera hecho ese comentario, y más siendo su hija la compañera, pero le dejé hablar y me enteré de que Elsa, al principio, al encontrarse a su hija en mi cama, se sintió cohibida. Pero al ver cómo me chupaba la verga, ella misma se enalteció y se dedicó a hacer lo mismo que Susa. Verdaderamente, no distinguía ninguna de las dos, ambas fueron muy eficientes. Al final, tuve que confirmarle que la otra mujer no era otra que

su hija Susa. Soledad, que la conoció siendo una chiquilla, se sorprendió mucho de su precocidad, pero le enseñé una foto suya y comprendió que las dos apreciaran mis atributos. También hablamos de otras cosas, hasta salió el tema de Joaquín. Soledad reconoció que era todo un galán y que a ella también le gustó cuando se lo presentaron. Su marido le habló mucho de él, pero no sabía nada más. Al contarle yo lo que nos había hecho, quedó pensativa

y fue atando cabos, hasta sacar una conclusión. Tony,¿ tú con Elsa cómo te llevas? De maravilla, ya lo sabes.

Speaker 3

Ahora más todavía. Follamos todas las noches y...

Speaker 2

No, no me refiero a eso. Digo con las relaciones personales. No querrás decir si nos queremos ni nada de eso. Bueno,

Speaker 3

algo así. No, ni pensarlo.

Speaker 2

Elsa y yo solo follamos y mucho, pero de ahí a nada de nada. Es que me ha contado

Speaker 3

cosas. He notado detalles que...¿ Qué insinúas? Me da la impresión de que a ella le está gustando Joaquín. No me jodas.

Speaker 2

Eso sí que me sabría mal. Encima que yo la he destetado, solo falta que venga él y se la follé a mi costa. Tampoco es eso.

Speaker 3

A lo mejor es una intuición, pero... Soledad, que yo te conozco. Si tú has notado algo, malo. No sé. Seguramente no será eso. Y tanto que

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sí. Elsa, cada vez que hablaba de la tienda, sacaba a relucir a Joaquín, que si Joaquín para aquí, que si Joaquín para allá. Fui indagando y alabando al chico hasta que me confesó que le gustaba. Tengo que reconocer que era todo un tipazo, pero ahora que lo iba conociendo, no me gustaba para Elsa. Según pasaban los días, notaba que Elsa me buscaba menos en la cama. No es que me supiera mal, solamente me extrañaba. Un día, Fina

me invitó a comer en su casa. Me extrañó mucho, porque no creí que hubiera roto de verdad con Joaquín. Pero al entrar, noté que en la percha no había ninguna prenda suya, ni en ningún rincón. Fina no hizo mención de él al verme husmear. Yo no estaba tranquilo de que apareciera de sopetón por algún rincón. No te preocupes por él. Le he dado pasaporte. Ya estaba harta de que me

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tratara así. A

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lo mejor es que estaba mal acostumbrada. Tú me cuidabas demasiado bien. No digas eso. Lo que ocurre es que tú te mereces todo, y tú ex. Se notaba que a Fina le hacía falta un acto de expiación de sus pecados, y para ella lo mejor era follarme como ella sola sabía. Cuando terminamos de comer, me llevó a su cama. Había cambiado toda la ropa y ambientado todo con su colonia para que no recordara nada del ex. A continuación, me dio un recital que me hizo olvidar

a Elsa y a su hija de un plumazo. Me vi en la necesidad de comentarle que, a lo peor, mi prima había caído en las redes del susodicho, y lo lamentó, esperando que él no la maltratara tanto como a ella. Pasó un tiempo en que Elsa cada vez se notaba más colada por Joaquín. se arreglaba más y se pintaba. Apenas venía a mi cama, y yo procuraba no hacerle apenas caso. Una noche que no lograba correrse, me dijo que follaba sin interés. Yo le dije que,

si quería interés, se lo pidiera a Joaquín. Ella se vio descubierta y, en represalia, me confesó que sí, que habían follado en su taller, aunque reconocía que yo la trataba mejor. Esperaba que él fuera tomando interés. Nos dijimos unas cuantas lindezas. Muchas cosas de las que le dije no la sentía de verdad, igual que creí que a ella le pasaba lo mismo. De todas maneras, estuvimos enfadados como la primera vez. Ya no venía por la noche

a dormir conmigo, lo cual agradecí. No tardó mucho en decirme que Joaquín le había propuesto que se mudara a su casa con él. Al principio, se lo pensó. No quería dejar mi casa, estaba mejor que en la suya del pueblo, y yo tampoco le daba demasiados problemas. Aún así, y ante la ilusión de estar con el hombre que la encandilaba, accedió, recogió sus cosas y se marchó con él. Teresa parece que intuyó algo, porque me dijo que parecía triste o preocupado. Al decirle que era por la marcha

de Joaquín, no me creyó. Me animó a buscar a otra persona que lo supiera y me confesó que a ella también la soledad no le sentaba bien. Nos consolamos los dos. Me llevó a su habitación y se ofreció a darme un poco de ánimo. Desde el tiempo que acudía a su casa, no la vi tan voluntariosa conmigo. Me dedicó todas sus caricias y artes amatorias. Tengo que reconocer que me folló ella a mí y que yo me dejé gustosamente. Aquel día, Clara estuvo mirando tranquilamente. Le

gustó lo que vio. Teresa se portó conmigo como una amante cariñosa y voraz al mismo tiempo, y cuando salí de su habitación, la misma Clara me preparó un reconstituyente, porque había visto el motivo de mi agotamiento. Cuando llamé a mi madre, me contó que mi padre le había dado un susto. Los amigos del bar lo habían traído a casa, pues se puso malo mientras jugaba. Al parecer, discutió con uno de los que miraban a su espalda

y se puso rojo, casi desmayándose. Le dije que iría para allá para ver cómo estaba, aunque mi madre me tranquilizó. Parece ser que fue una subida de presión sanguínea. Cuando fui, mi padre ya estaba mejor. Mi madre, en los primeros días, no le dejaba volver a jugar, pero después de tenerlo encerrado en casa, tuvo que enviarlo para que la dejara

en paz. Mi abuela estaba bastante bien. Con su hija estaba muy bien atendida, y su nieta le traía revistas para que leyera, con lo cual no le faltaba nada, más que movilidad. A mi madre no le conté la verdad. Le dije que todo iba bien, también que Elsa se estaba buscando un piso para irse a vivir y no molestar. Mi madre, en un principio, se enojó, pero comprendió que era natural que buscara su independencia. A la que no

pude engañar fue a Susa. Conocía más a su madre y después de lo que pasó en mi casa la última vez que vino, dudaba mucho que prefiriera dormir sola que conmigo. Esa noche se lo confirmé. Mis padres dormían abajo, en una habitación al lado de mi abuela, pero mi prima dormía arriba y yo me instalé en la otra habitación al lado de la suya. No tardó en venir a mi cama. En cuanto se apagaron las luces de la planta baja, ya estaba a mi lado, tan desnuda

como yo. En un principio, no nos dedicamos a hablar de nada. Los dos teníamos ganas de follar, yo porque estaba solo y como represalia por haber sido abandonado. Ahora prefería a Susa, que no estaba peor que su madre. Follamos en silencio, como si cada cual supiera lo que tenía que hacer, y llegamos juntos al final. Debajo de la sábana revuelta, nos quedamos extasiados, sudados y agotados. Susa

ya era una maestra en la cama. Yo estaba contento, pues me consideraba su mentor y aprovechamos para hablar de todo un poco.¿ Así que mi madre se ha ido a vivir a otra casa? Bueno, se lo está pensando. Ya, a mí no me engañas. Mi madre es más cobarde que nada. Ella no da un paso sin pedirle permiso al otro pie.

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A lo mejor está enamorada.¿ Mi madre enamorada? Ja, ja, ja. Lo que está es encoñada de tu polla.¿ O crees

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que no tengo ojos en la cara? La otra noche tuve que emplearme a fondo para no quedarme a dos velas. Quería acapararte y no dejarme nada para mí. Pero hay más pollas por ahí, y si encima es un hombre atractivo y muy guapo. Eso me huele mal.¿ Tú hablas con un tono qué?

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No habrás sido capaz de quitarle el novio a Fina? No, nada de eso. Se ha quitado el solo. Por Dios,

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con mi madre, joder. Toda la vida haciéndose pajas, y ahora que prueba una polla de verdad no la conserva. No la entiendo.

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No te enfades y vamos a joder otra vez. Cómeme la polla.

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Susan no discutió. Tenía ganas de seguir y se acopló de manera que yo pude hacer lo mismo a su coño. De vez en cuando, se volvía un poco y, con la boca llena, me preguntaba.¿ Y te ha

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dejado así, sin más?¡ Qué putada!¿ Y fina que ha dicho?¿ Y a dónde viven?¿ Lo sabes? Al final,

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tuve que amarrarle la cabeza y mantenerla sobre mi

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polla para no desconcentrarme.

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Hasta aquí llegó el capítulo

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de hoy. Hasta la próxima.

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