EL GRUPO SECRETO - PARTE 6 - podcast episode cover

EL GRUPO SECRETO - PARTE 6

May 01, 20262 hr 20 min
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Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos... Reencuentro en la boda. Acababa de llegar y ya deseaba irse. Vio toda la aglomeración de gente delante y su único deseo era salir de allí por patas. Había muchas personas a las que no conocía de nada. Otras, en cambio, sí le resultaban reconocibles, pues eran su familia y con quienes menos deseaba hablar. Sin embargo, Ricardo no tenía otra alternativa. Ya estaba aquí, así que sacó todo el valor que

pudo y se dirigió hacia ellos. Nada más presentarse, Varios se volvieron y lo saludaron con efusividad, tíos, tías, primos y primas a los que no había visto en mucho tiempo. Todos se acercaban, pronunciando su nombre con mucha alegría y abrazándolo con demasiada fuerza. Ricardo tuvo que hacer uso de toda su voluntad para aguantar el martirio. Allí había mucha familia y fue un proceso largo y extenuante. Para cuando acabó,

quiso que la tierra se lo tragara. Eso sí, a ella todavía no la había visto, cosa que le resultó tanto reconfortante como triste. Era la boda de su prima Paula. Con 23 abriles se iba a cazar por todo lo alto en la iglesia de un pueblecito perdido en la sierra. Llegar hasta allí fue un suplicio, pues tuvo que subir la montaña entera, recorriendo con el coche por serpenteantes carreteras

en mal estado. Ahora, Se encontraba afuera, aguantando el bullicio y un molesto calor que lo iban a dejar agotado. Apoyado contra la pared de una casa cercana, vio como todo el gentío se agolpaba en la entrada de la iglesia para recibir al novio y a la novia, que acababan de llegar en coche. Ricardo prefirió quedarse allí. Encontrarse atrapado entre tanta gente le ponía de los nervios.— Primo,¿ no te acercas para ver a los novios? Preguntó alguien

a su lado. Se trataba de su primo Oscar, uno de esos familiares a los que había visto de vez en cuando. La última vez, recordaba que era un muchacho adolescente. Ahora, pasaba de la veintena, indicando cómo de rápido pasaba el tiempo.¿ Qué va? Prefiero quedarme fuera del ajetreo, se excusó. Para estar ahí apretujado bajo el sol, mejor me quedo aquí. Llevas toda la razón, tío, dijo el chaval mientras se apoyaba también contra la pared. La verdad es que esto

es un coñazo. Se limitó a asentir como respuesta. Tampoco tenía muchas ganas de quejarse. No era su intención sonar mal frente a la familia, pues luego se comentaban las cosas y comenzaban las críticas. No era algo por lo

que deseaba pasar. vieron como toda la gente perdía la cabeza cuando la pareja de futuros casados salieron del coche y comenzaban a gritar alegres aunque estuviera un poco lejos pudo ver a su prima y a su novio paula estaba muy guapa vestida de blanco y el velo transparente ocultaba su rostro dándole un toque casi mágico era toda una preciosidad su pareja llevaba un traje negro que lo

mostraba muy elegante Vamos, estaban perfectos para casarse. Mientras veía cómo se dirigían hacia la iglesia, una inesperada ansiedad lo azotó. No quería pensar en ella, pero dadas las circunstancias, era

inevitable que lo hiciera. Todavía no la había visto y pensar en el probable encuentro lo ponía muy nervioso.— Oye,¿ has visto a Sofía?— preguntó a su primo.— Este, que se encontraba trasteando con el móvil, se volvió hacia él nada más escucharlo.« Creo que andaba con las primas dentro de la iglesia», dijo señalando con la cabeza hacia el edificio.« Sé que estaba allí metida desde hace rato». La explicación pareció dejarlo satisfecho, pero no aplacó el miedo que sentía.

Tarde o temprano, se encontrarían. Eso hacía que el pánico emergiera con mayor urgencia. Oscar lo miró lleno de curiosidad.

Speaker 3

Es que no la ha saludado todavía?

Speaker 2

Su pregunta lo pilló desprevenido. No tenía muchas ganas de hablar sobre ella, menos con miembros de su familia. No nos hemos encontrado. Coño, pues es tu hermana, una sonrisilla tontorrona se le dibujó mientras hablaba, cosa que no agradó a Ricardo, hace mucho que no la ves, primo. que le recordara que era su hermana lo puso más tenso de lo que ya estaba. Desde luego, no iba a hacer una boda con la que fuera a disfrutar. Con los novios ya dentro, el tumulto se agolpó frente a

la puerta. Ricardo se acercó, pero no pudo ir mucho más allá. La iglesia era tan pequeña que no cabía nadie más, tan sólo los padres de la pareja y algunos cuantos lo bastante atentos para llegar primeros y pillar sitio. Lo más probable era que los más mayores y casi todos los niños también estuvieran allí sentados. El resto tendría que enterarse de la ceremonia desde fuera. A él no le importaba demasiado, en verdad. Indiferente, siguió apoyado de espaldas

contra la pared en la que se hallaba antes. Al menos, hacía sombra, por lo que estaba bien a gusto. Oscar tampoco se fue de su lado e intercambiaron algunas palabras en el rato que se celebraba el casamiento, enterándose de cómo les iba todo a cada uno. A Ricardo no le iba muy bien, claro. El fallecimiento de sus padres tres años atrás lo había dejado bastante afectado, junto con otra cosa que prefería no recordar. Esperaba que la boda lo ayudara a animarse un poco, pero tenía la sensación

de que no sería así. Pasado un rato, todos los que habían apretados en la entrada salieron y se colocaron a cada lado de la iglesia, formando un improvisado pasillo. Los recién casados no tardaron en aparecer y pusieron rumbo hacia el coche que ya los esperaba. Por el camino, no tardaron en sorprenderles con una lluvia de arroz. La gente les lanzaba granos entre víctores, mostrando lo emocionados que

se hallaban. La pareja les saludó muy felices. Antes de entrar en el vehículo se dieron un tierno beso y agitaron las manos para despedirse de los allí presentes. Luego, se metieron dentro y se marcharon hacia el hotel, donde tendría lugar el banquete. Enseguida, el gentío comenzó a dispersarse. Ricardo también vio que era hora de largarse de allí, así que se fue directo a su coche. Bueno, primo, nos vemos en el hotel, le comentó Asgard. Por cierto,

alguien se va contigo para allá. Se encogió de hombros ante su

Speaker 3

cuestión. No,

Speaker 2

que yo sepa, respondió de manera escueta. He venido hasta aquí solo. Oscar se lo quedó mirando con cierta sorpresa. No esperaba una contestación

Speaker 3

así.¿ Te importa si

Speaker 2

te acompaño? Quedó algo asombrado ante la propuesta. pero no le importó. Su primo no era alguien molesto y le agradaba tener con quien charlar de camino al hotel.— Claro, vente— le dijo en tono jovial mientras empezaban a caminar.— Genio— habló muy entusiasmado el chaval.— Es que no me apetece ir con mis padres y mi hermana. Me aburren mucho.

Speaker 3

Sí, lo más seguro.

Speaker 2

Ambos se rieron un poco

Speaker 3

ante ese comentario.

Speaker 2

Pusieron rumbo hacia el hotel y, en media hora, llegaron allí. Para estar perdido entre de las montañas, el complejo hotelero era bastante grande. Se trataba de un enorme edificio de cinco plantas. Tenía una piscina interior, varias terrazas, canchas de tenis, pádel y fútbol, además de un spa y una zona de masajes. un lugar completo donde pasar un buen fin de semana. De hecho, ellos pasarían la noche allí. Ya tenían reservadas las habitaciones con antelación. Así, podrían descansar tras

la celebración, pues el viaje de vuelta sería largo. Nada más llegar, aparcó el coche y Oscar se reunió con su familia. Se despidió de su primo y puso rumbo hacia la recepción para que le dieran las llaves de su habitación. Le dijo el nombre a una chica que había allí y ésta, tras revisar el listado, le entregó la tarjeta que tenía que usar para entrar. Le sorprendió que usara eso. Desde luego, le daba un toque más moderno al hotel. Se fue hacia el ascensor y subió

hasta la quinta planta. Nada más entrar, dejó una pequeña maleta con algo de ropa en el armario y se dirigió al baño para refrescarse un poco. Mirándose frente al espejo, se fijó en lo bien arreglado que iba. No sólo por el traje con corbata, la cual llevaba bien apretada y deseaba quitarse desde que se la puso esa mañana, sino por el buen afeitado que se había pegado y

por el pelo recortado. Se había preparado a conciencia para que todos viesen lo bien que iba, aunque en su mente se preguntaba qué pensaría Sofía.¿ Le gustarían sus pintas? Un leve cosquilleo de emoción recorrió su cuerpo sólo de imaginárselo, pero no tardó en desvanecerse al notar el malestar surgiendo en él. Terminó de lavarse la cara y, tras secarse, salió de allí, rumbo al banquete. Llegó al convite, montado en una amplia sala donde había varias mesas enormes desplegadas.

Sobre ellas, había fuentes y platos repletos de diferentes aperitivos, jamón, croquetas, queso, canapés, gambas rebozadas, brochetas e, incluso, sushi. Mucha gente ya se encontraba pululando alrededor, cogiendo todo cuanto pudieran. Algunos se llevaban hasta platos, como si pensaran que se los fuesen a robar. Entre ellos, los camareros iban y venían repartiendo vasos de vino y cerveza. Alguno que otro tenía que esquivar con la mejor pericia posible a los comensales que ni se

molestaban en apartarse para dejarlos pasar. Ricardo miró a un lado y a otro, sin tardar demasiado en reconocer a miembros de su familia. Eran muchos, aunque no resultaba extraño. Su padre tenía tres hermanos y dos hermanas y se habían prodigado en tener bastantes hijos. Un promedio de cuatro, en comparación con sus progenitores. Solo les tuvieron a él y a Sofía. Siguió observando el lugar un poco ansioso hasta que

Speaker 3

alguien lo llamó. Ricardo. Reconoció la voz.

Speaker 2

Recorrió con su mirada el lugar y no tardó en detectar a Oscar, quien se encontraba con otros primos, incluyendo sus dos hermanos mayores. Lo llamó con la mano y fue hacia ellos. Coño, no te había visto, le saludó emocionado Marcos, el segundo hermano de Oscar. Lo mismo digo, comentó el hombre mientras estrechaba su mano. Macho, que bien vestido, le señaló José, el otro hermano, al cual también le dio un buen apretón.¿ Cómo se nota que vienes dispuesto a arrasar? Va, me puse lo primero que vi en

la tienda, dijo tratando de quitarle importancia al asunto. Una camarera pasó por el lado del grupo y les ofreció las bebidas que llevaba en la bandeja. Ricardo cogió una jarra con espumosa cerveza, dándole las gracias. La chica lo miró de arriba a abajo y le sonrió de forma picarona. Enseguida, recibió codazos por parte de sus primos.— Ricardito, ya estás ligando. El tonito de cachondeo de Oscar le resultó un tanto

Speaker 3

molesto.— Quita,

Speaker 2

hombre. Yo no he venido a eso, intentó excusarse. Lo que tú digas, pero esa tía está tremenda, dijo Marcos con la mirada puesta en la fémina. Tiene un buen culazo. No sé para qué andáis perdiendo el tiempo con la camarera cuando por aquí hay una colección de pibonazos increíbles, comentó emocionado José. Tenéis para elegir cuánto queráis. Ya te digo, tío, coincidió su hermano pequeño. Yo espero ver si hoy ligo

con alguna. Óscar sonaba optimista. De hecho, se le notaba ansioso por pillar cacho, pero esa frase hizo romper en carcajadas a sus dos hermanos. Tú ni de coña te pillas a una chavala. Habló Marcos entre risa. Lo siento mucho, hermano, pero me temo que vas a seguir siendo virgen, se burló con mofa José. A Ricardo le apenaba el trato que le daban esos dos. Se merecía tener a alguien que le diera un mayor apoyo y que no se riera de él. Sin embargo, Oscar no parecía darle demasiada importancia.

Pues José, te recuerdo que tienes novia, así que ni se te ocurra poner la vista encima de otra tía, contraatacó el muchacho.

Speaker 3

Mientras no se entere, no pasa nada. Bueno, siempre se

Speaker 2

lo puede chivar un pajarito. Nada más oír esto, José se acercó a él y le lanzó una amenazante mirada.¿ Cómo se te ocurra decirle algo a Mónica, te mato, le dijo con seriedad? Además, que yo no voy a engañarla.

Speaker 3

No me tomes por un puto cabrón. Ya, ya, lo que tú digas.

Speaker 2

Conociéndote, te acabas liando con alguna, mamón, espetó con voz risible Marcos. que yo no voy a engañar a mi novia, capullos. José se notaba cada vez más y más enfadado a que me lío a hostias con vosotros dos. Ricardo era ajeno a aquella conversación. Su atención estaba puesta en otro lugar y no tardó en ser captada. La vio. Al inicio, sólo de forma fugaz, pues la gente la ocultaba, pero

no pasó mucho tiempo hasta que volvió a avistarla. Allí estaba su querida hermana Sofía.— Chicos,¿ me disculpáis un segundo?— dijo a sus primos, quienes seguían con su infantil riña sin prestarles demasiada atención. Caminó hacia ella y, a medida que se acercaba, se dio cuenta de lo espléndida que estaba. Llevaba un precioso vestido de color blanco surcado por varias líneas negras verticales. La falda era larga y amplia. portaba

un escote triangular invertido hacia abajo. Su melena castaña con clara, casi rubia, la llevaba suelta y estaba alisada. Cuando ya se encontraba casi a su altura, pudo hasta captar el agradable olor de su perfume. Sofía hablaba con dos de sus primas con tranquilidad sin apenas prestar atención a otra cosa. De hecho, cuando Ricardo llegó hasta ellas, ni siquiera repararon en su presencia. Notando que no se enteraban, decidió hablar.

Speaker 4

Boo,

Speaker 2

buenas, saludó con cierta parquedad. Las tres se volvieron nada más escucharle, pero sólo sus dos primas le sonrieron. Ricardo, habló alegre Carmela mientras se acercaba para darle dos besos. Vaya, me alegro de verte, comentó muy simpática Elena mientras también se acercaba para saludarlo. La única que no se movió del sitio fue Sofía, quien se limitaba a mirarlo con cierta indiferencia. De hecho, cuando el hombre la miró a

sus oscuros ojos marrones, notó enojo en ellos. Desde luego, no se notaba muy complacida con su presencia.— Pues sí, yo también me alegro— habló resuelto a las dos chicas. De repente, Carmela se acercó un poquito más de la cuenta y le tocó uno de los botones de la camisa.« Vienes muy guapo», señaló traviesa la muchacha.« Se ve que quieres impresionar a todas».«¿ Sí, es que vienes con intención de rompernos el corazón?», preguntó divertida Elena. Lo que le faltaba,

que ahora sus primas se pusieran juguetonas. No negaba que ambas eran atractivas, pero no tenía intención de ligar con ellas. Quizás sólo iban de broma, pero no podía negar que lo estaban poniendo bastante incómodo. No, solo

Speaker 3

quería venir correcto para la boda. Seguro, seguro, señaló con picardía Elena.

Speaker 2

Carmela le dio un suave besito en el cuello, lo cual le produjo un instantáneo escalofrío. Claro, tú que vas a querer liarte con nosotras, le susurró al oído. Se despegó de su lado y lo miró con bastante morbo. Aunque todavía queda día y noche por delante. Sus ojazos verdes irradiaban un brillo muy tentador. Nadie sabe lo que puede pasar. Miró a su hermana. Esta se hallaba con los brazos cruzados y la mirada en otra parte en una clara pose de disconformidad. Ni le agradaba lo que

pasaba allí delante ni tampoco él. Me alegro de verte, Sofía, le dijo. Ella le lanzó una fugaz mirada y se lamentó con desagrado. Acto seguido, se fue de allí en busca de la recién casada y las otras primas. Elena y Carmela se quedaron mudas ante la actitud que acababa de mostrar.¿ Y a esta qué mosca le habrá picado? Preguntó Elena extrañada. Pues sí, qué forma tan fría de recibir a su propio hermano, comentó sorprendida Carmela. Ricardo se

quedó callado. Pese a lo que dijeran aquellas dos, sabía muy bien a qué venía esa actitud. Ya suponía que no lo iba a recibir de buen grado y así fue.¿ Qué os ha pasado a vosotros dos? Fue la cuestión que le hizo Elena. Nada, hace mucho que no nos vemos, respondió desanimado. Eso es todo. Pues ya, pero esa no es manera de recibirte. Carmela estaba muy confusa ante la actitud de su prima. Ni que os hubieseis peleado. Eso último que acababa de decir resonó con cierta pesadez en

su ser. Si ellas supieran, aunque prefería que no tuvieran ni idea. Bueno, me alegro de veros,

Speaker 3

dijo a las dos y le sonrieron muy agradadas. Lo mismo, primo. Cualquier cosa que necesites, ya

Speaker 2

sabes que cuentas con ambas. Agradeció la atención, aunque notó que Carmela le estaba echando demasiado el ojo encima. Se marchó de allí y volvió con sus primos.¿ A dónde habías ido? Preguntó Oscar. Sí, tío, que no te había saludado todavía, manifestó con cierto resquemor su primo Sergio, al que todavía no había visto. Se estrecharon la mano y se fijó que en la otra llevaba un plato de jamón. Coge, hombre, que la he pillado de la mesa para todos. Algo reticente,

le hizo caso y cogió una tira. Lloro,—¡ Qué bueno está el jamón!— dijo su primo mientras cogía un puñado y se lo metía en la boca.— Oye, no te lo zampes todo.— le

Speaker 3

gritó aireado Marcos.— Pues venid y coged, idiotas— habló divertido Sergio.— Mejor,¿ por qué no me lo das, eh?

Speaker 2

sugirió José. Consiguió quitarle el plato y luego le dio unas palmaritas en su amplia barriga. como sigas comiendo, te vas a poner más hermoso. Todos prorumpieron en risas, incluido Ricardo, quien se carcajeó un poco, aunque no le gustaba que se burlaran del sobrepeso de su primo. El muchacho, sin embargo, no le dio demasiada importancia. De hecho, parecía divertirse con ello.« Va, yo lo que tengo es mucha fuerza», se excusó con algarabía.

Seguro que tienes bastante, comentó irónico Marcos. Pues oye, no es broma, pero este cabrón es capaz de ganaros echando pulsos. Los allí presentes se sorprendieron ante lo que Oscar

Speaker 3

acababa de decir. Ni de coña. Estás tomándonos el pelo, ¿verdad? Sus hermanos no se lo

Speaker 2

creían. Miraban al horondo muchacho y no salían de su asombro. Ya veréis luego. Después de comer, echamos unos pulsos, a ver quién es más fuerte, dijo desafiante Sergio. Los primos se sintieron incrédulos, pero aceptaron el reto. A Ricardo no le interesaban demasiado aquellas reyertas familiares, pero viendo que no dejaba de pensar en su hermana, Prefirió entretenerse con las bravatas de aquellos lelos antes que seguir evocándola. Como continuara de esa manera, se iba a volver loco.— Venga, y

Speaker 3

echamos unas apuestas. Añadió con sorna. Los otros lo miraron con sorpresa.—¿ Tú participas? Preguntó Marcos.— Yo hago apuestas, pero ni loco echo un pulso con vosotros.¿ Qué pasa, primo? Dijo burlón Sergio.¿ Tanto miedo me tienes?¿ Eso es que temes a este? Le presionó Oscar.

Speaker 4

Negó con la cabeza.

Speaker 3

Para nada, pero no me apetece.

Speaker 2

Claro, claro, será eso, aseveró con cachondeo su primo. Es que no tienes ganas, no que te he intimidado. Sacó un poco de músculo y todos se partieron de risa con él. Tal vez sería ridículo, pero estaba pasando un buen rato con ellos. Gracias a eso, pudo olvidarla. Al menos, lo suficiente para estar mejor. Pasado un rato, dejaron pasar

a la gente a un amplio salón comedor. La luz entraba por toda la estancia, dejando una increíble claridad, gracias a la enorme cristalera que había en la pared derecha. En el centro, había una larga mesa rectangular donde se sentaron los novios con sus padres. Alrededor, había mesas circulares donde se sentaría cada invitado. Ricardo buscó su nombre en el listado que había en la entrada y, tras encontrarlo, fue a la mesa que le asignaron. Una vez allí,

vio que lo habían puesto con todos sus primos. A un lado, Tenía a Oscar y al otro a Borja, a quien no había visto aún. Coño, Ricardo, qué alegría verte, dijo con sorpresa Lo mismo, Borja, comentó mientras le estrechaba la mano. Estuvieron hablando por un pequeño momento hasta que comenzaron a servirles la bebida. Casi todos pidieron cervezas. Luego, llegó el entrante.

Se trataba de un surtido de embutidos ibéricos y una ensalada. Después, de primer plato, sirvieron merluza al horno con salsa caramelizada y, de segundo, secreto ibérico bañado en salsa de almendras y frambuesa con patatas fritas. Como postre, había flan de huevo bañado en nata y sirope de chocolate o sorbete de limón. Ricardo comió todo lo que pudo, pero con los aperitivos que se había tomado antes de entrar, no llegó ni a terminar la merluza. Cuando vio el secreto ibérico, tan

delicioso y oliendo tan bien, se vino abajo. En ese instante, maldijo a los canapés y a las croquetas. A su lado, Ascro devoraba todo con una avidez casi inhumana, lo mismo que Sergio. Los dos parecían como dos muertos de hambre recién salidos del desierto. El resto de la mesa tampoco era indiferente a su glotonería. Oscar, chiquillo, para un momento para respirar, que te asfixias. Le avisó su hermano Marcos. Tú tranquilo, que yo ya tengo mi método, le calmó

el muchacho y siguió comiendo como si nada. Mientras veía a sus primos comer a toda prisa como si estuvieran en el corredor de la muerte, a punto de ir a la silla eléctrica, Ricardo apuró lo que pudo del secreto ibérico. Con un poquito de cerveza para suavizar la entrada, algo más le cabría. Cuando acabó, tenía la barriga a punto de reventar. Le sirvieron los postres y el flan de huevo, aunque algo empalagoso, le sentó mejor. ¡Ay, coño,

cuánta comida! se quejó Borja. Si no puedes terminar, déjaselo a esos dos, señaló a Oscar y a Sergio mientras hablaba. Seguro que se zampan

Speaker 3

hasta el plato. Eso seguro. Los dos se echaron a reír tras el comentario.

Speaker 2

Para ser una boda tan larga y pesada, lo estaba pasando bien. Sus primos, en el fondo, eran buena gente y mientras tuviera un contacto fugaz con sus tíos, que siempre lo fusilaban a incomodas preguntas, la cosa iría bien. Sin embargo, no podía dejar de pensar en Sofía. Incluso en el tiempo que estuvo comiendo, de vez en cuando, volvía a su mente. Se giró en el asiento y la buscó con su mirada. La encontró sentada con las primas, hablando animada. En ese instante, notó un fuerte quejido en

su corazón. Allí estaba, tan tranquila y alegre. No obstante, parecía tan lejana, como si fuera ya una desconocida para él. De repente, los ojos marrones de sofía se clavaron en el hombre ricardo asustado se dio la vuelta y se quedó petrificado lo había pillado con las manos en la masa y por la expresión que tenía no parecía muy contenta afligido se lamentó no podía creer que las cosas estuvieran así entre los dos una vez se habían repartido los postres y todos habían tomado el café Se apartaron

varias mesas para dejar una zona de baile. Un DJ, contratado por el hotel, vino y comenzó a pinchar música al tiempo que se apagaban las luces y se encendían unos focos de resplandor rojo para crear un ambiente especial. Una melodía emotiva y elegante comenzó a sonar. Se trataba de un bolero elegido por el marido de Paula. Así, la pareja de recién casado salió para bailar. Todo el mundo vio cómo danzaron al son de la música. Lo hacían de forma lenta y sosegada, bien agarrados, como si

no desearan separarse el uno del otro. Se miraban fijamente con mucha ternura y amor. Iban dando vueltas, moviéndose al ritmo de la canción y al final, una vez terminó, se besaron de manera apasionada. Los allí presentes estallaron en vítores de alegría. A Ricardo le pareció un momento precioso. aunque le dejó una mezcolanza de tristeza en su interior. Tras esto, comenzó a sonar música más marchosa y bastantes personas acompañaron a la pareja en la zona de baile.

Varios amigos y familiares, incluyendo niños y alguna persona mayor, se movían animados mientras sonaban canciones clásicas de una celebración nupcial como Paquito el Chocolatero, Los Pajaritos, Mi Gran Noche o Viva la Vida. Ricardo se la pasaba viendo como todos disfrutaban sin hacer mucho más. Tan solo se limitó a ir a la barra de bar que habían improvisado para pillarse un cubata. Después de que se lo diesen, se fue a su lugar y comenzó a beber mientras

observaba a todo el mundo divirtiéndose. No tardó en avistar a Sofía. Se encontraba con Carmela y Elena, con las cuales parecía haberse vuelto inseparables. Tampoco le extrañaba. Carmela y ella siempre se llevaron muy bien y Elena, pese a no haber tenido tanto contacto, era tan agradable que caía bien a todo el mundo. Notó que su hermana estaba muy contenta y pasándolo bien. Hablaba animada y bebía con ganas.

Esperaba que no se emborrachase, aunque,¿ quién era el para meterse en lo que hiciera?« Sofía está que rompe esta noche», dijo una voz de forma inesperada. A su derecha, su primo Marcos apareció con una copa de ron con limón en la mano. Le dio un sorbo y posó su

mirada sobre su hermana. En sus ojos, notaba una mezcla entre lujuria y regocijo impresionante.« Modérate un poquito, que es tu prima», le comentó algo molesto antes de beber del cubata.«¿ Y qué?», repuso Marcos,« eso no va a impedir que siga diciendo que tu hermana es un pibón de cuidado». El cuidado lo deberías de tener tú como sigas hablando así de ella, habló amenazante. Su primo se volvió sorprendido ante su actitud. Desde luego, Ricardo no esperaba ponerse tan agresivo,

pero que hablara de Sofía de esa manera lo enfurecía. Tranquilo, hombre, Marcos lo miraba muy impactado. Cualquiera diría que es tu novia, tío. Que dijera eso le hizo mucha gracia. si el pobre

Speaker 3

supiera.

Speaker 2

Peor, es mi hermana, así que cuidadito, la advertencia sonaba muy intimidante. Lo que tú digas, Marcos bebió con despreocupación. Eso sí, no creo que yo sea el único que se ha fijado bien en ella. Esta noche, muchos tíos van a intentar ligársela, así que ya te puedes preparar. Mientras no sean de la familia, no me importa. Eso último le hizo igual gracia, aunque reírse de sus propias palabras resultaba absurdo. Como veas, pero no se diga que no te avisé, dijo su primo como despedida. Le dio

una palmadita en la espalda y se fue. Ricardo siguió allí, observando a Sofía. En un momento dado, ella también lo vio. Sus ojos se encontraron y en esas simples miradas se dijeron más de lo que podrían decirse en una conversación. El gesto apático de la chica mostraba claramente lo harta que estaba. Él se encontraba igual. Enseguida, su hermana dejó de mirarlo y él decidió salir de allí. Un poco

de aire fresco no le vendría mal para despejarse. En la calle, Fue a una amplia zona de césped donde se habían montado un castillo hinchable y varios juegos para que los niños pudieran divertirse. De hecho, allí podía ver a los jóvenes correteando de un lado para otro y saltando como si la vida les fuera en ello. Detrás de ellos, un par de monitoras los perseguían para evitar que se hicieran daño. No pudo evitar simpatizar con las

pobres mujeres, todo el rato detrás de esos críos. Él no lo soportaba y, Por eso, estaba más que decidido a no tener hijos. Las pocas ganas que le quedaban se desvanecieron con la muerte de sus padres. Ya no tenía sentido darles unos nietos.

Speaker 3

Así que aquí andas. Cuando la escuchó

Speaker 2

se quedó sin respiración. Su voz era tan suave y agradable. A veces, se percibía un leve retintineo, como si se fuera a poner más ronca, aunque nunca lo hacía. Eso no le disgustaba para nada, más bien, le encantaba. Sin embargo, oírla ahora no era lo que más deseaba en esos momentos. La verdad es que se está muy bien aquí fuera, comentó Sofía mientras pasaba por detrás. No se volvió. No

hallaba el valor suficiente para mirarla. Ya lo intentó antes y fue un completo desastre, pero si estaba allí ahora mismo, era porque quería hablar con él. No lo entendía, viendo su actitud esquiva antes. Desconocía cuáles eran sus intenciones. Cabilaba en todo eso cuando ella se colocó a su lado derecho, mirando hacia donde los niños jugaban. Tembló un poco por los nervios y respiró algo agitado al sentirla tan cerca. No podía creerse que estuviera tan asustado de su hermana,

aunque tampoco podía extrañarse. No la había vuelto a ver desde hacía dos años, cuando aquel fatídico día le confesó algo que cambió su relación con ella para siempre. Se pelearon y, desde entonces, no habían vuelto a verse. Un poquito mayor para subir al castillo hinchable,¿ no crees? Comentó chistosa. Percibía su suave respiración y el agradable olor de su perfume.

Seguía sin atreverse a mirarla, pero se la imaginaba tan hermosa y espléndida con ese vestido que llevaba, con una bonita sonrisa dibujada en el rostro mientras miraba a los niños. Porque ella siempre había sido así, al menos, para él. No me importa, respondió sin más.

Speaker 3

Seguro que quepo dentro. Al primer salto, te lo cargarías,

Speaker 2

declaró Fatídica. Al fin, se atrevió. giró su cabeza y allí la tenía sofía lo miraba de soslayo con esos ojos marrones oscuros tan brillantes como atrayentes notaba la expresión serena de su rostro y lo brillante que tenía su piel blanca su pelo castaño claro lo realzaba mucho más ella también lo miró y lo hizo estremecer de una manera inimaginable me alegro de verte dijo el hombre con cierta incomodidad Sofía pareció quedar indiferente ante sus palabras.

Speaker 3

No le extrañaba. Que bien, se limitó a decir de forma seca.¿ Eso es todo? El

Speaker 2

hombre parecía expectante de que hablase de algo más. Bueno, también te digo que eres un pedazo de imbécil y que, la verdad, no tengo ningunas ganas de verte el careto.

Tragó saliva. Desde luego, estaba muy enfadada de hecho notó como su sereno rostro se endureció y sus ojos se volvían más intensos era evidente que sofía no estaba nada contenta con su presencia se quedaron callados ante tan cortante respuesta de la chica ricardo miró hacia otro lado mientras buscaba serenarse y por su profunda respiración sofía intentaba hacer lo mismo Volvieron la vista de nuevo hacia cada uno

y seguían sin saber qué decirse. Ya veo que no te alegras mucho de mi presencia, remarcó al final el hombre. Su hermana sonrió un poco. Por lo visto, le hacía gracia lo que acababa de comentar, aunque él no pillaba el chiste. Se miraron de nuevo y pudo darse cuenta de que ella no estaba precisamente muy alegre. Más bien, al contrario, estaba furiosa. No me jodas, Ricardo. El tono

de su voz así lo evidenciaba. Si crees que me alegré cuando me enteré de que te invitaban a la boda, te aseguro que no. De hecho, deseaba con todas mis fuerzas no encontrarme hoy contigo. Era evidente el enorme resentimiento que había en ella, pero hasta un punto que no podía imaginar.¿ Y qué haces aquí? Esa pregunta pareció pillarla un poco desprevenida, pues se quedó mirando ausente hacia otro lado, aunque no tardó en responderle. Supongo que no podemos huir

de lo que odiamos ni tememos. Esas palabras la sintió como un masazo en su ser. La miró de nuevo, fijándose en lo espléndida que estaba. Sin embargo, notaba una enorme tristeza en ella, un sentimiento que llevaba enquistado desde hacía tiempo como en él. Compartían ese dolor, pero ello no significaba que siguieran unidos. De hecho, eso era lo que más le dolía.— Sofía, no hay razón para que sigamos así— habló Conciliador, como si quisiera solucionarlo todo de

una vez por todas.— Te echo mucho de menos. Creo que podemos arreglar las cosas y volver a lo que siempre fuimos. La chica sonrió al escucharlo. aunque sabía que esa alegre mueca era una falsa señal. Conocía demasiado bien a su hermana pequeña como para no percatarse de ello. Él quería solucionarlo todo, pero las cosas no eran tan fáciles como aparentaban y, ahora, estaba llegando a un asunto muy delicado y peligroso.¿ En serio, crees que las cosas

pueden volver a ser como antes? Su pregunta no podría sonar más devastadora. pese a no parecerlo, sabía que estaba al borde del precipicio. Bueno,

Speaker 3

yo

Speaker 2

creo que es posible. Vete a la mierda. Le grito en toda la cara, después de lo que me dijiste ese día, aún tienes la desfachatez de atreverte a afirmar que todo se puede solucionar, como si fuera tan fácil. Una de las monitoras se paró en seco al oírla y los niños se los quedaron mirando impactados. Ricardo, que ya estaba en shock tras ver la reacción de su hermana, se puso más nervioso al notarse tan observado. Oye, lo mejor sería que habláramos de esto en otro sitio, ¿vale?

Intentó sonar lo más calmado que podía, pero le costaba. No, esto se acaba aquí, le dejó bien claro Sofía. Temía por lo que fuera a decir. Si había algo que conocía muy bien de su hermana era lo decidida que podía llegar a ser para ciertas cosas. Ya estoy harta de ti y de que finjas que nunca ha pasado nada entre nosotros, comenzó a hablar con decisión. Sabes muy bien lo que pasó ese día y cómo me dejaste tras contármelo todo.¿ Crees que te lo dije con mala intención?

Ricardo decidió también encarar las cosas de una vez por todas, Sofía, Era algo que llevaba tiempo ocultando y necesitaba confesártelo. No podía seguir así y créeme, nunca te lo dije con intención de hacerte daño. Eso es lo último que haría. La tensión se podía cortar con un cuchillo. Las monitoras se llevaron a los niños de allí, viendo que la discusión se recrudecía. Fue algo que Ricardo agradeció. Ah, sí.¿ Piensas que contarle a tu hermana que estás enamorado de

ella era lo mejor que podías hacer? Aquellas palabras fueron golpes instantáneos para el hombre. Recordaba cada segundo de aquel momento, como le contó aquello que llevaba tiempo guardando en su interior. La amaba de una manera diferente a como podría amar a una hermana. Vio cómo su rostro se descomponía ante semejante confesión y cómo sus vidas se rompían en pedazos. No dejó de pensar en ese momento tan duro para los dos. Sé que no fue lo correcto, pero,¿ qué

querías que hiciera? Se sentía desolado ante lo que hablaban, te quiero mucho y no, no podía seguir ocultando lo que siento. La frustración se denotaba en su hermana con todo lo que le decía. Se dio la vuelta y caminó un poco mientras cavilaba ante lo que hablaban. Todo se complicaba más de lo imaginable. No tienes solución. Nunca la vas a tener, decía ya harta de todo. Lo siento mucho, Sofía, se intentó disculpar. Lo último que quiero es que la cosa sigan mal entre nosotros y no

tienen por qué seguir. Se volvió para mirarlo. Quería ver algo de compresión o simpatía en sus ojos, pero lo único que halló fue el malestar reflejado en ellos. Sabía que la batalla estaba más que pérdida.« Mira, lo siento, pero esto no tiene remedio», habló empezando a sentirse afligida.« Se acabó, no quiero volver a verte». Quiso hablar, pero antes de que pudiera llegar a articular palabra alguna, Sofía

se marchó de vuelta adentro. Ricardo se quedó allí, pensando en todo lo que habían hablado y en cómo no se había solucionado nada. Se encontraba desolado, sopesando el hecho de que ya sí que había perdido a su hermana para siempre. Se maldijo por dentro al permitirlo. Viendo que ya no había nada que hacer y, con pocas ganas de regresar a la fiesta, el hombre decidió irse a la habitación para descansar o, por lo menos, ocultarse de todo.

Así que puso rumbo para allá, tan sólo deseando olvidar aquel fatídico día que estaba viviendo y que aún no había terminado. Una vez dentro, se quitó los zapatos y se desabrochó la camisa, pues tenía un poco de calor. Se acostó sobre la cama y puso la tele, aunque a esas horas no había nada interesante. Teletienda, dialetis, reposición de algún documental y aburridas películas eran todo lo que

podía encontrar. Al final, la dejó en una peli del oeste antigua que, cegaramente, le habría encantado a su padre. Recordarlo le hizo sonreír un poco. pero también una pequeña sensación de tristeza. Miraba al televisor, dejando que el tiempo pasara, pero su mente estaba en otro sitio. Pensaba en Sofía y en el día en que comenzó a verla de otra manera. Nunca supo de qué forma ocurrió. Quizás, desde siempre se había sentido atraído por su hermana, aunque no

fue consciente de ello hasta que ella cumplió 19 años. Por esa época, Fue en una ocasión al baño para hacer sus cosas y, al entrar sin llamar, la pilló envolviéndose en una toalla, recién salida de la ducha. Pudo discernir su perfecta figura a punto de ser oculta por la larga tela. Su cuerpo era muy bonito, en forma y portentoso. Se quedó boquiabierto. Cerró la puerta de golpe y esperó a que ella saliese para pedirle disculpas. La chica le quitó hierro al asunto, diciendo que sólo había sido un

pequeño percance. Sin embargo, para Ricardo todo había cambiado. Suspiró un poco y continuó rememorando sus recuerdos con ella. Se llevaban cuatro años y la relación entre los dos fue muy estrecha. Siempre estaban el uno para el otro, ayudándose y protegiéndose cuando más se necesitaban. Se tenían mucho cariño, así que nunca le pareció extraño que terminara enamorándose de Sofía. Era maravillosa y la cosa se acentuó cuando se echó

un novio, cosa que hizo aflorar sus celos. A partir de ahí, la relación entre los dos se enfrió un poco, al menos, hasta que sus padres fallecieron en un accidente de tráfico. Para ese entonces, ya vivía solo y no veía tanto a su hermana, pero el dolor por la pérdida los reunió de nuevo. No mucho después, ella rompería con su pareja, haciendo que se volvieran más cercanos y Ricardo creyó que era el momento ideal para confesarle todo. Se equivocó. Con un enorme malestar, se maldijo por haber

arruinado la relación que tenía con Sofía. Prefería mantener ocultos sus sentimientos que perder a su hermana. Permaneció inmerso en esos funestos pensamientos hasta que alguien llamó a la puerta. Se quedó extrañado al ver que alguien había tocado.¿ Quién podría ser? Esperaba que no fueran sus primos. Lo único que deseaba en esos momentos era estar tranquilo y esos irredentos lo que querrían era seguir de juerga. Estaba pensando

en no ir a abrir. A lo mejor desistiría, pero quien fuera que se hallase al otro lado, volvió a llamar con insistencia. Al final, no tuvo más remedio que levantarse. Cuando abrió la puerta, se quedó atónito

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al ver quién estaba allí. ¿Sofía? Dijo petrificado. Su hermana se encontraba

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de pie, tan radiante como siempre. Incluso, tenía una hermosa sonrisa dibujada en su rostro. En una de las manos, llevaba lo que parecía una botella de tequila a la que le faltaba la mitad de su contenido. Oye,¿ Me vas a dejar pasar o te vas a quedar mirándome como un pánfilo? Le preguntó con un inusual desparpajo por su parte. Notando lo agitada que se estaba poniendo, Ricardo volvió en sí.— Claro, pasa— dijo mientras se hacía a un lado. La chica se metió en la habitación sin más.

Su hermano mayor cerró la puerta y fue tras ella. Vio cómo se movía meciendo un poco las caderas mientras miraba curiosa a un lado y a otro. A él comenzaba a crecerle una enorme ansiedad en su interior. No era como esperaba verse en esos momentos.¿ Cómo me has encontrado? Habló en un fino hilillo de voz que revelaba su nerviosismo. Sofía se volvió ante la pregunta y respondió. Tras nuestra conversación, Suponía que habrías venido a la habitación. No eres muy

de fiestas, y más si te calientan la cabeza. Su sonrisa se amplió más, aunque al hombre nada de esto le parecía divertido. Ya, pero¿ cómo supiste que estaba

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en esta? Porque es la misma que me han dado a mí.

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La contestación lo desbarató por completo. Iba a compartir habitación con su hermana. Lo peor era que sólo había una cama de matrimonio, así que no quería ni imaginarse dónde pasaría la noche. Sólo de hacerlo, le entraban escalofríos. Nos han puesto juntos. Su hermana sovolvió al escucharlo y asintió como clara afirmación a lo que decía. De nuevo, se quedó sin palabras. Algo que se mantuvo cuando vio cómo la chica se recostaba sobre la cama. Mierda, mierda, resonaba

en lo más profundo de su cabeza. Contempló cómo Sofía se quitaba los tacones y se estiraba, contoneando su bonito cuerpo en el acto. No podía quitarle el ojo de encima y suspiró encandilado. De repente, le miró.¿ Qué haces ahí? Preguntó extrañada, ven y acuéstate a mi lado. La invitación no podría ser más indecorosa. Lo que más le sorprendía era que ella fuese consciente de lo que decía, sabiendo lo que sentía por la chica. Tenía que ser una broma,

pero le estaba ofreciendo un sitio a su lado. Al final, no tuvo más remedio que aceptar.

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Qué demonios!— dijo para sus adentros.

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Se acostó boca arriba. Incorporó la almohada contra la pared para poder apoyar mejor la cabeza y se quedó mirando hacia la tele. Era el mejor sitio en el que podía fijar su atención, porque si lo hacía al

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lado derecho.¿ De qué va la peli? Lo pilló un poco desprevenido con esa pregunta, pero no dudó en contestar.

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Del oeste, aunque no le he prestado demasiada atención. El género que le gustaba a papá, comentó Sofía con regusto nostálgico. No pudieron evitar sonreír los dos al recordarlo, aunque muy pronto, esa espontánea felicidad se fue desvaneciendo. Miraron hacia la televisión, buscando entretenerse con la película, pero sus mentes estaban inmersas en una tormenta de emociones y dudas gigantescas. Al menos, eso era lo que Ricardo pensaba.

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Quieres un poco de tequila? Le ofreció Sofía sin más.

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Se giró y vio cómo la chica le pasaba la botella. Aunque algo dudoso, aceptó la oferta y se tomó un trago. El sabor dulce de líquido alcoholizado baño su gaznate. Le resultó refrescante y liberador. Gracias, habló satisfecho. Observó la botella y cómo su gozo contenido se movía de un lado a otro al inclinarla. Le pareció divertido.

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Dónde la has pillado?

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La prima Elena, que es una borrachusa nata, comentó carcajeándose un poco Sofía. Nos la trajo a Carmela y a mí para pillarnos una buena coborza, o eso pretendía ella. Luego, empezaron a tontear con unos tíos y, cuando vi que sobraba, decidí venir a verte y me la llevé conmigo. Le lanzó una mirada que lo estremeció de pies a cabeza. Se sintió muy cohibido cuando mencionó que había decidido ir a verlo. Le hizo sentir algo especial.¿ Y por qué

no te quedaste con ellas? Preguntó curioso, aunque no deseaba formular una cuestión así, seguro que ahora mismo lo estarías pasando en grande con uno de esos tíos. No se inmutó al oírlo decir eso, pero sabía que su hermana estaba algo afectada por ello. No era algo obvio a primera vista, mas la conocía demasiado bien para no percibirlo. Va, me parecían unos idiotas y nada interesante que contar, hablo tajante. Anda, pásame la botella.

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Se la dio y le metió un buen trago. Cuidadito, que puedes acabar bien borracha. El grupo secreto, parte 6. Cap 10 y 11. Resumen de la historia.

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Mónica, una ejecutiva ambiciosa atrapada en un puesto sin futuro, ve su vida trastocada cuando recibe un misterioso correo. Ha sido elegida, o tal vez condenada, por una sociedad anónima y secreta que la somete a pruebas cada vez más humillantes. Sin saberlo, entra a formar parte de un experimento perverso.

Lo que Mónica ignora al principio es que su propio hijo, Gael, con quien apenas mantiene una relación cordial, es parte de esa misma sociedad, la SDMF, un grupo de jóvenes brillantes, carismáticos y peligrosos que han ideado un proyecto retorcido para seducir, manipular y controlar a un grupo selecto de mujeres. Liderados por el calculador Adrián, completan el grupo Luca, encantador pero sádico, Mateo, impulsivo y explosivo, Santiago, el estratega, y Leo, el más callado,

pero también el más inquietante. Cuando Gael le revela la verdad, Mónica no huye, se rinde. Acepta su lugar como sumisa, pero también como agente. Ya ha participado en el asalto a Isabella, la madre de Luca, y ha iniciado el acercamiento a Victoria, madre de Santiago y Mateo. Este capítulo nos cuenta, sin embargo, otro lado íntimo de la historia.

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Perspectiva de Mónica

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Que todo lo que me quedara de dignidad fuera un breve recuerdo o un espejismo de lo que alguna vez fui. El espejo me devolvía una imagen que no era la mía. Porque yo misma ya no era mía, sino suya. Lo peor es darme cuenta de que empiezo a acostumbrarme. Incluso a disfrutarlo. Y que todo lo que me quedara de dignidad fuera un breve recuerdo o un espejismo de lo que alguna vez fui. Gael y yo hasta ahora lo manejamos con más cordura de lo que cualquiera podría suponer.

La relación es, nuestra convivencia está en suspenso. Todos los días. Todos los días evité el contacto lo más posible, dejaba la casa lo más rápido posible. El único problema era a la noche. Cuando ambos intentábamos llenar la menor cantidad de espacio, robar la menor cantidad de aire. Dejar un vacío suficiente para que el otro pudiera explotar sin rastro alguno. Y lo peor es que, como dije, comenzaba a disfrutarlo.

Someter a Isabella esa segunda vez me pareció mucho más agradable que la primera, aunque me causara la misma repulsión. Y era ese mismo sentimiento agridulce lo que me llenaba de adrenalina. La hastia mad me estaba dando una bombardeada de emoción, mi vida profesional iba en ascenso meteórico mientras tenía una doble vida como agente secreto de mentiras y

puta de lujo de unos enfermos. El hormigueo de esa deliciosa contradicción me mantenía al borde de lo que la gente cuerda llamaría cordura, pero no estaba segura de querer regresar a ella. Me obligué a no pensar más en eso por ahora. En el auto, mientras me dirigía a la oficina, comencé a planear mi día. A planear mi semana. Buenos días, jefa, saludó Mireya con un esbozo de sonrisa que se no llegó a formarse por el miedo que me tenía.

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Buenos días.¿ Alguna noticia para mí? Ninguna, contestó, eficiente pero temerosamente

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Bien, estaré en mi oficina, maneja mi agenda y que todos los documentos que pedí para hoy queden organizados antes del almuerzo. Entendido.

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Qué mierda iba a hacer con Gael?

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Opciones. Continuar con el juego de dominación, dejar que se sintiera emperador del planeta y yo la sumisa marioneta de su corona. Eso pondría en riesgo la estabilidad psicológica de ambos, pero al menos lo tendría tranquilo y, a su manera, satisfecho. Otra opción, fingir que todo es normal. La idea me hizo reír. Normal, después de haberme corrido como condenada en su boca, como para dejar de sentirlo. Después de acostarme, así fuera con él, con media ciudad. La última opción

era intentar negociar. Era la más difícil porque necesitaría verdadera honestidad de ambos. Pero si lo lograba, quizá pudiera recuperar no digamos mi dignidad, sino las riendas y el control de mi vida. El eco de un mensaje de texto me sacó de mis cavilaciones y me obligó a revisar el celular, Vectoria. Invitaba a tomar una copa después del trabajo. Una sonrisa que no sé si fue de alivio o de cinismo se dibujó en mi cara. La idea de un trago y una conversación más ligera me pareció un

buen escape de casa. Y de mí. Le respondí que sí, que con gusto, dejando que la expectativa de un par de horas lejos de Gael me diera un respiro. Perspectiva de Gael Me senté en el sillón, el mismo donde Mónica se había arrodillado apenas unos días antes, y me recorrió un escalofrío. Había algo distinto en el ambiente, la tensión era más espesa que nunca. Adrián miró a los demás antes de hablar, su voz cortando el aire como

una navaja. Los avances en todos los sentidos han sido más que extraordinarios, dijo, y como siempre, sus palabras estaban desnudas de emoción. Los otros asintieron lentamente, como si la aceptación viniera con esfuerzo. Murmullos de acuerdo se esparcieron por la sala, pero la incomodidad se mantuvo flotando. No entendía qué pasaba. Todo iba perfecto. Victoria estaba prácticamente en nuestras manos,

Mónica más comprometida que nunca. Tal vez era mi imaginación, pero sentía la expectativa como un cuchillo en el cuello.¿ Por qué las caras largas? Pregunté, tratando de sonar más confiado de lo que me sentía. Santiago se encogió de hombros con desdén. Nada personal, Gael,

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dijo. Solo nos sorprendió tu jugada anterior. Y no nos gustan las sorpresas, completó Mateo. Tragué saliva. Mónica

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está cumpliendo con todas nuestras órdenes, insistí. Y Victoria va a caer muy pronto también. Eso esperamos, dijo Luca, su tono ambiguo raspaba la piel.

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Adrián intervino

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antes de que la tensión pudiera crecer más. No te preocupes, Gael, dijo. Aunque te parezca lo contrario, confiamos en ti. Solo recuerda que con grandes movimientos vienen grandes expectativas.

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Asentí, tratando de ocultar el temblor en mis manos. Lo sé, respondí. No los voy a defraudar.

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Adrián sonrió, esa sonrisa que nunca revelaba si era sincera o calculadora. Entonces, a celebrar, dijo. Y a preparar el siguiente paso. La tensión se disolvió lentamente, como una nube de humo que se eleva y desaparece. Las miradas se suavizaron, y sentí que el peso de la presión disminuía, aunque no lo suficiente para dejarme cómodo.— Bueno, bueno,¿ y ahora qué, capitán?— soltó Santiago, con un golpe de ironía. En el fondo, sabía que si Adrián no fuera el líder, todos lo

seguiríamos a él. Tenía esa materia que es imposible encontrar en los tipos comunes como yo. Como quería que no quedara ninguna duda de mi compromiso y la importancia que mi rol desempeñaba en el grupo, tomé la palabra. Victoria parece ya considerar una amiga a mamá y al momento en que esas palabras salieron de mi boca, me arrepentí. Llamar a mamá, mamá, había sido un error. Vaya. Esa

putita sí que es eficiente, soltó Mateo, con una risa contenida. Santiago, cuya pregunta no había sido respondida, carraspeó, ya hablaremos de lo buena perra que es Mónica después. Adrián, ahora qué coño hacemos. Adrián se acomodó en su asiento, la mirada fija en un punto vacío frente a él. Ya que Gael nos dio una actualización tan precisa, dijo con un tono que bordeaba la burla, es momento de pasar al siguiente paso. El silencio llenó la habitación. Todos estaban pendientes

de lo que diría. Santiago, Mateo, ustedes van a conseguir algunos de los casos viejos de Victoria. Queremos que parezca que ha cometido errores graves en el pasado. Luego le empezaremos a enviar correos para que se preocupe. El tono meticuloso de Adrián resonó con la seguridad de quien ya ha ganado una partida antes de mover la primera pieza. Y yo,¿ tengo alguna tarea? Dijo Leo, su voz tranquila contrastaba con la tensión que aún sentía en el aire.

Por ahora no, Leo, respondió Adrián. Pero pronto estarás listo para pasar a la acción. Leo sonrió apenas, y aunque parecía satisfecho con la respuesta, nunca estaba seguro de lo que realmente pasaba por su mente. Su aparente calma siempre me dejaba nervioso.« Parece que las nuevas perras van a tener una bienvenida calurosa», dijo Luca, su tono desbordaba excitación y locura. El trayecto a casa fue rápido. El mismísimo Leo me acercó bastante. Él y Adrián eran los únicos

que tenían carro del grupo. Apenas cruzamos palabras. Llegué a casa bastante cansado. Equilibrar mi vida en la universidad, como un joven normal, y las reuniones con la SDMF era un trabajo difícil. Me sorprendió ver a mamá, sentada en el sillón de la sala con una copa de vino en la mano, más absorta en sus pensamientos que de costumbre.

Claro que me había parado a pensar cómo la habría afectado toda esta situación, mi pequeño error de mencionar que yo era parte de la SDMF y todo lo que eso había desencadenado, pero quería darle demasiadas vueltas al asunto, pues poco o nada podía hacer al respecto. Buenas noches, mamá. Mis palabras parecieron romper un encanto, pues ella me miró de pronto, con los ojos muy abiertos.

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Ah, Ya llegaste. Sí, llegué, dije mientras caminaba hacia la habitación. Gael me detuvo su voz. Me giré, sorprendido por la urgencia en su tono. Sí. Tenemos que hablar.

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La miré por un instante, sin saber qué esperar. Asentí despacio, tratando de calcular la mejor manera de manejar la situación.¿ Está todo bien? Mónica suspiró, como si las palabras fueran una carga que no podía seguir sosteniendo sola. No, no está todo bien. Y necesitamos hablarlo, todo esto. De nosotros. De lo que está pasando. Me quedé en silencio. sin saber si mi respuesta la haría más fuerte o más débil. Si de verdad quería escuchar lo que tenía que decirme.

Te escucho, mamá, respondí finalmente. Me acerqué y me senté a su lado. Vi cómo su cuerpo se tensaba, pero también una sombra de alivio cruzando su expresión.¿ Cómo estamos manejando todo esto? Preguntó, dudando un segundo antes de continuar. No sé cómo lo sientes tú, pero yo. Se detuvo, buscando las palabras. Era extraño verla así, tan vulnerable y expuesta. Me recordaba a la primera vez que la vi arrodillada frente a mí, con la misma mezcla de desafío y sumisión.

Pero yo estoy empezando a perder la cabeza, completó. Necesito saber que no soy la única. Y necesito que arreglemos esto.¿ Es por la sociedad? Pregunté, tratando de ganar tiempo mientras pensaba en la mejor manera de manejar la situación. Ella me miró como si no esperara esa respuesta. Es por todo, Gael.

La sociedad, nuestra, relación. No sé cómo seguir. El tono de su voz era tan desesperado que por un momento no supe si quería abrazarla o dejarla ahí sentada, sola, hasta que se diera cuenta de que ya no podía hacer nada. Podemos dejar de lado la SDMF por un momento, dije. Lo importante es lo que está pasando entre nosotros. Me impresionó lo seguro que sonó mi tono, ni yo sabía

que tenía esa capacidad de mentirme tan bien. Mamá me miró, primero con sorpresa y luego con algo parecido a la ironía.¿ Y qué es lo que está pasando entre nosotros, eh?

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Soltó, con un toque de sarcasmo. Me quedé callado.

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Mamá me miró con intensidad, como si sus ojos pudieran arrancarme una respuesta que yo no sabía dar. El silencio se hizo tan denso que sentí como me ahogaba. Luego sonreí, un gesto que buscó ser despreocupado, y la miré fijamente. Vi como la seguridad de ella se quebraba. Mónica abrió la boca para decir algo, pero no le di tiempo. Me lancé sobre ella, besándola con una fuerza que ni yo sabía que tenía. Sentí sus manos empujándome, tratando de apartarme,

pero sus labios no se alejaron de los míos. Al contrario, respondieron con una intensidad que me hizo saber que, aunque luchara, ella también estaba atrapada en esto tanto como yo. Las palabras quedaron ahogadas en gemidos y respiraciones entrecortadas. Mi cuerpo sobre el suyo en el sillón, sintiendo cómo se entregaba a pesar de la resistencia inicial. Hijo, esper, susurró, pero

el sonido se perdió en mi boca. Mis manos recorrieron su espalda, bajando con la urgencia de quien teme que el momento se desvanezca si no lo captura por completo. Sentí su piel erizarse bajo mis dedos y supe que la tenía. La tenía completamente. Aún con la ropa puesta, la sentí más desnuda que nunca. Mónica dejó de luchar y me devolvió el beso con un hambre que nunca antes habíamos compartido, llevándonos a un borde tan peligroso como adictivo.

La levanté en un solo movimiento y ella envolvió sus piernas alrededor de mi cintura. La urgencia era insoportable y el deseo un océano en el que ambos estábamos a punto de ahogarnos. Mis manos torpes encontraron la blusa de Mónica, tironeando de ella con una desesperación que ni siquiera intenté ocultar. Sentí como su cuerpo dejaba de ofrecer resistencia, como se entregaba al acto de ser desnudada con una sumisión que

me hizo arder por dentro. La tela se deslizó hasta quedar en el suelo, un trofeo silencioso de nuestra falta de control. Ella no dijo nada, su silencio era una aceptación más ruidosa que cualquier palabra. En segundos la falda y mi camisa se unieron al desorden creciente. La ropa interior fue un obstáculo tan breve que casi no existió. La piel de mamá brillaba bajo la luz tenue de la sala. Mi cuerpo. El suyo. el sillón acostado para recibirnos,

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sus piernas

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abiertas como el mar para dejar

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pasar a los suicidas. Mi verga erecta le golpeó el vientre.

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Mamá jadeó un poco y la vi cerrar los ojos, como si eso la salvara de ser partícipe de lo que estaba a punto de suceder. Puse mi verga en la entrada de su vagina y y por un segundo eterno no supe si sería capaz de seguir sin explotar antes de tiempo. La penetré lentamente, sintiendo como cada centímetro de mi pene desaparecía dentro. Finalmente, como la muerte misma, nuestras pelvis se tocaron en una comunión casi sagrada. No

pude resistir más y la besé. Ella me recibió sin abrir los ojos pero devorando mi boca con hambre y urgencia. Me moví con un ritmo que buscó ser constante, pero que se rompía con cada gemido que ella soltaba. Su cuerpo era el mar y el suicida, y yo no sabía si era capaz de seguir mucho tiempo sin venirme. Sentí cómo se ablandaba con cada embestida, cómo se aferraba a mi espalda con uñas que parecían querer arrancarme la piel. Pasaron algunos minutos y empecé a temer que el placer

nos reventara antes de tiempo. Frené. El vaivén se detuvo casi por completo. Mamá, dije. Abre los ojos. Ella me miró y aunque le costó salir del trance, vi un destello de desafío en su mirada. Un destello que no podía permitir. La solté y mi verga salió de su cuerpo con un movimiento que sonó más hueco que húmedo. Me senté en el sillón y golpeando mis piernas, le indiqué que se subiera en mí. Ella dudó por un segundo,

pero luego obedeció. Se dejó caer sobre mi verga, y el empalme fue tan violento que ambos soltamos un gemido al unísono.

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Así, jadeé. Muévete.

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Ella comenzó a cabalgarme, primero con torpeza, luego con la destreza de quien no quiere quedarse atrás. De quien no quiere perder. Como una buena perra, dije, y en vez de ofenderse, aceleró el ritmo. Sin embargo, sus labios buscaron los míos, en lo que creí, un acto de amor. Sus dientes cacharon al vuelo mi boca y lo que comenzó como un gesto sensual, se convirtió rápidamente en una mordida calculada y desgarradora. El sabor metálico de mi propia

sangre coronó la escena. La sujeté del cabello con fuerza, separando su boca de la mía. La miré a los ojos, el dolor mezclándose con un placer que no sabía que se podía sentir. Recuerda que las perras, dijo, jadeando, sin dejar de moverse pero arrojándome una mirada de ironía. Cuidado, hijo. Sonreí, complacido y más excitado que nunca. Eso me gusta, respondí. No dejó de moverse sobre mi verga, y el ritmo

se hizo tan intenso que pensé que nos romperíamos. El dolor palpitante del mordisco se mezcló con el placer que me recorrió como una descarga eléctrica. Sentí como el calor se acumulaba en mi vientre, como la explosión era inevitable. Inminente. Mamá también estaba

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a punto de venirse, supe que lo haría al mismo tiempo que yo. Hijo de puta. Gritó. Me

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vine y ella me siguió un instante después. El orgasmo fue tan violento que parecíamos dos cuerpos distintos que se partían al mismo tiempo. La sentí temblar sobre mí, su pecho subía y bajaba con espasmos descontrolados. Mi semen llenó su concha y el gemido final de ambos resonó en la sala como una sentencia. Se desplomó sobre mi cuerpo y y por un momento no supe si estaba despierta o inconsciente. La abracé, sintiendo su respiración entrecortada y húmeda

en mi cuello.¿ Y ahora qué? Preguntó, pero en su tono no había un

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ápice de inquietud. Vamos a tu cuarto, vamos a dormir. Han sido días difíciles, sentencié. Resumen de la historia

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Mónica, una ejecutiva ambiciosa atrapada en un puesto sin futuro, ve su vida trastocada cuando recibe un misterioso correo, ha sido elegida, o tal vez condenada, por una sociedad anónima y secreta que la somete a pruebas cada vez más humillantes. Sin saberlo, entra a formar parte de un experimento perverso.

Lo que Mónica ignora al principio es que su propio hijo, Gael, con quien apenas mantiene una relación cordial, es parte de esa misma sociedad, la SDMF, un grupo de jóvenes brillantes, carismáticos y peligrosos que han ideado un proyecto retorcido para seducir, manipular y controlar a un grupo selecto de mujeres. Liderados por el calculador Adrián, completan el grupo Luca, encantador pero sádico, Mateo, impulsivo y explosivo, Santiago, el estratega, y Leo, el más callado,

pero también el más inquietante. Cuando Gael le revela la verdad, Mónica no huye, se rinde. Acepta su lugar como sumisa, pero también como agente. Ya ha participado en el asalto a Isabella, la madre de Luca, y se ha ganado la confianza de Victoria, madre de Santiago y Mateo. Ahora pasamos a la acción para ver caer a otra víctima. Perspectiva de Gael. Bueno. Pues jugar al hacker no era suficiente, ahora teníamos que pretender ser Ethan Hunt versión cero presupuesto.

Entrar a las oficinas del despacho donde Victoria trabajaba no fue lo más difícil. Encontrar lo que buscábamos sí. Pretendimos ser pasantes de la imponente firma de abogados, Luca, Adrián y yo. Y era como caminar con una puta bomba de tiempo. Era raro ver al líder actuar. Adrián no titubeaba ni un segundo, jamás, en nada. Como si estuviera actuando en una obra para la que había ensayado toda la vida. Y el putísimo de Luca era todo lo contrario,

pero para bien. Tenía la capacidad más increíble para improvisar que jamás haya visto. Y yo, bueno, ya saben, el chico tímido que está jugando a ser parte de un club secreto. Lo primero fue colarnos en recepción, lo segundo fue no llamar la atención. Pensé que sería más difícil, pero la verdad es que la mayoría de la gente en una firma de abogados está tan ocupada pretendiendo que su trabajo es el centro del universo, que no miran dos veces a ningún humanoide vestido con camisa barata y

mochila negra. Adrián nos había dado instrucciones precisas, ni una palabra de más, ni una mirada inquisitiva. Solo caminar, sonreír y asentir. Luca hacía lo suyo, saludando a cada secretaria, haciendo chistes discretos, acercándose a los escritorios a preguntar por la ruta al baño, a la sala de juntas, a la cafetería. El objetivo era el archivo muerto, ese sótano húmedo con olor a tinta y microbios, donde los expedientes

vivían y morían en el olvido. Adrián se adelantó, y hasta su manera de bajar las escaleras era de jefe. A los dos minutos ya tenía la chapa forzada y la puerta abierta. Luca entró primero, haciendo ruidos de asombro muy poco creíbles. No mames, nos

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vamos a pasar toda la noche aquí. Soltó. Y quizá tenía razón. La

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búsqueda fue lenta. No había sistema digitalizado, solo carpetas, cajas y una lógica de archivero alcohólico. Me tocó escarbar entre demandas archivadas desde el 98. Luca revolvía los folders sin orden, Adrián, por su parte, simplemente les dedicaba una mirada rápida y los devolvía. Me sudaban las manos. Mi corazón iba a mil por hora, a pesar de que realmente trabajo de agente secreto a este punto ya estaba hecho. Es esta, dijo Adrián, señalando una caja gris con el nombre de

Victoria en marcador negro. La sacamos. Pesaba como cadáver. La pusimos en la mesa y abrimos la tapa. Había, sin exagerar, mil hojas ahí.

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Luca arrancó la primera carpeta.¿ Qué buscamos, exactamente? Santiago dijo que son dos casos.

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Los que le dieron a Victoria la fama, respondí. Nos tomó casi dos horas encontrar los expedientes correctos. Había copias de sentencias, recibos, contratos, hasta notas personales de Victoria pegadas con post-its rosados. Adrián me pasó un sobre.

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No se te puede perder esto. Tenía

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razón. Cuando salimos del archivo, sentí que los pulmones me funcionaban por primera vez en la mañana. Nadie nos había detectado, ni siquiera el guardia dormido de la entrada. Luca soltó una risa aguda. Esto fue más fácil de lo que pensé. No sé qué mierda podía pensar Luca, porque yo ni siquiera sabía qué tan fácil o difícil podía ser. El camino de vuelta al depa de Adrián fue simplemente silencioso

y contenido. como si toda la emoción del día se resumiera en ver pasar las farolas desaparecer a nuestro paso. Regresamos al departamento de Adrián, que era un santuario de minimalismo y desconfianza. Santiago ya nos esperaba, sentado en el comedor con una laptop y una taza de café como único mobiliario.¿ Lo lograron?

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Preguntó sin levantar la vista.

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Por supuesto, dijo Adrián, lanzando el sobre sobre la mesa. Santiago abrió el sobre, revisó los papeles con la dedicación de un médico forense. Escogió dos hojas, las puso a un lado y empezó a teclear. No preguntó nada más. Lucas se sentó en el piso y sacó una cerveza

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de la mochila. Me ofreció una. No acepté.¿ Qué sigue? Pregunté.

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Vamos a encontrar la manera de hacer que estos casos parezcan una farsa, un dato por aquí, una omisión por acá.

Speaker 3

Así de fácil? Preguntó Luca. Así de fácil, replicó Santiago. Adrián me miró de frente y pronunció sus deseos.

Speaker 2

Ponte a redactar el correo, Gael. Me senté en la esquina de la mesa. Abrí la laptop y me puse a escribir. Santiago ni siquiera volteó, estaba demasiado absorto en su propio teclado, manos volando como pianista. Mientras tipeaba, el ambiente se sentía distinto. Mejor. Como si la ausencia de Mateo nos hubiera dejado una ventana de oxígeno. Teníamos más que suficiente con un psicópata por reunión. La dinámica era otra. Santiago me pidió, sin mirarme, que le pasara cierta hoja

del expediente. Adrián,¿ puedes escanear esto? Dijo, extendiendo el folder sin mirar. Adrián lo tomó, revisó la hoja al vuelo y sacó su teléfono.

Speaker 3

El correo que redactaba era una obra maestra. Está listo, anuncié. Adrián se acercó. leyó la pantalla de reojo y asintió. Bien. Déjalo en borrador. Yo lo envío después. Este era el texto. Estimada

Speaker 2

licenciada Vázquez, nos dirigimos a usted con motivo de una revisión exhaustiva realizada sobre varios procesos judiciales en los que usted actuó como representante principal. Durante dicho análisis, Se han detectado omisiones graves y errores procesales significativos en, al menos, dos expedientes que llevaron su firma directa. Adjunto a este mensaje encontrará un resumen detallado de dichas irregularidades, así como

los documentos pertinentes que sustentan nuestra observación. La naturaleza de estos fallos no sólo pone en duda su competencia técnica, sino que podría comprometer seriamente su credibilidad profesional y la de su despacho. Hasta aquí, la verdad permanece entre nosotros. Lo que decida hacer a partir de ahora determinará si continúa siendo así. Somos conscientes del valor de su nombre, de su reputación, de la imagen que ha construido con

meticulosa dedicación. Es precisamente por ese motivo que hemos decidido ofrecerle algo que rara vez se concede, la oportunidad de permanecer intacta. Pero, como toda indulgencia, la nuestra tiene un precio. Ese precio es su obediencia absoluta, a partir de este instante, su colaboración con nosotros no es opcional. Usted responderá cuando se le indique. Usted actuará cuando se le ordene. Y si lo hace con diligencia, sus pecados quedarán sepultados en

el silencio. De lo contrario, los errores que usted cometió, y que tan cuidadosamente hemos documentado, hablarán por usted en cada sala, en cada juzgado, En cada rincón donde alguna vez se pronunció su apellido con respeto. Esta comunicación no requiere respuesta. Pero su silencio no la salvará. En breve recibirá nuevas directrices.

Speaker 3

Observe con atención. Aprenda rápido. Obedezca siempre. Atentamente, SDMF. Esta era una carta de intimidación. Luca bostezó largamente.¿ Listo para el debut? Me preguntó con una sonrisa torcida. Nunca

Speaker 2

lo estoy. Nos reímos los tres, no porque fuera gracioso, sino porque el cansancio ya nos tenía al borde del colapso. Santiago se levantó, estirándose como un gato. Puedes irte si quieres, Gael. Ya hiciste tu parte. Me despedí sin mirar atrás. Crucé la sala minimalista una última vez, recogí mi mochila y bajé las escaleras hasta la calle. Había pedido un Uber, que me condujo diligentemente a casa. Crucé la puerta y me encontré con el olor a palomitas y el sonido

amortiguado de la televisión. Mónica estaba en la sala, recostada sobre el sillón con las luces apagadas y una manta cubriéndole las piernas. Por un instante, dudé si entrar o escabullirme directo a mi cuarto.¿ No deberías estar durmiendo? Pregunté, solo por romper el hielo, aunque el tono me salió más acre que cálido. Ella ni siquiera giró la cabeza. No puedo dormir, dijo, con ese dejo de cansancio crónico que parece colarse en cada respiración. Me quité la mochila

y la dejé caer junto al perchero. Me acerqué en la penumbra. El resplandor azul de la pantalla le dibujaba sombras profundas en la cara, como si el alma se le hubiera ido de viaje y sólo quedara el caparazón cansado. No me invitó a sentarme, pero tampoco lo evitó cuando me acurruqué junto a ella en el sillón, metiendo las piernas bajo la manta. Por un momento sólo se oía el zumbido eléctrico de la tele y su respiración irregular, como si cada exhala arrastrara consigo todo el peso del

puto mundo. Apoyé la cabeza en su hombro. Sentí la rigidez en sus músculos, la tensión de quien pelea consigo misma para no estallar ni desmoronarse. ¿Maldía? Pregunté, la voz casi inaudible. El mismo de siempre. Su respuesta vino mecánica, desprovista de emoción, como si llevara días o años contestando lo mismo. Silencio. El noticiero hablaba de una masacre en alguna ciudad lejana, como si el horror fuera el único alimento posible a esa hora de la noche.¿ Y tú?

Dijo de repente, ladeando apenas la cabeza. Vi el brillo de sus ojos, ese fulgor de derrota digna, indomada.¿ Cómo te fue? Tuve que pensarla. Dudé si soltarle la verdad o una mentira piadosa, al final opté por la versión resumida. Vamos bien. Victoria está por caer. Mónica giró apenas, mirándome con una sorpresa que se disipó al instante, tragada por la resignación.¿ Tan

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rápido? Preguntó. Bueno, aún tenemos que hacerla

Speaker 2

caer, expliqué. No dije nada. El silencio se volvió pegajoso, incómodo. Sentí la necesidad de romperlo, de hacer algo, cualquier cosa que me devolviera el control de la situación. Metí la mano bajo la manta, buscando el muslo desnudo de Mónica. Ella no se movió ni un milímetro, ni para apartarme ni para ayudarme. Su indiferencia era un muro helado. Di con la textura de la piel, suave y tibia, subí

despacio hasta encontrarla entre pierna. Llevaba puesta una de esas pijamas de algodón baratas que se hacen más suaves con el paso de los días. Palpé el monte Venus, y todavía ni la había tocado bien cuando sentí la humedad filtrarse a través de la tela. Era como si su cuerpo estuviera siempre listo, siempre expuesto, incluso cuando la mente no quería saber nada de nada. No puso resistencia, pero tampoco correspondió al gesto. Dejó que la manoseara como quien

deja que llueva. Me irritó un poco ese desapego que tenía para todo lo que no fuera su trabajo.¿ Siempre va a ser así? Preguntó, la voz tan

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baja que sentí que era para ella más que para mí.

Speaker 4

Me detuve.

Speaker 3

Así como? Así,

Speaker 2

repitió, y por primera vez me miró de frente, con los ojos bien abiertos. que cuando quieras, simplemente me toques. Que cuando se te antoje, me uses como a un objeto. No supe qué contestar a eso. Bajé la mano, pero no la quité del todo. En vez de pelear, le besé la mejilla. Ella lo soportó estoicamente, la mandíbula apretada. No tienes que hacer nada si no quieres, dije. Una mentira. Sabía que lo haría igual, con o sin ganas.¿ Y si quiero? Dijo, mirándome con ese brillo extraño que sólo

aparece en las despedidas o las catástrofes inevitables. Me encogí de hombros. A estas alturas, no sé

Speaker 3

si

Speaker 2

importa lo que queramos, admití. Sólo acepta tu lugar. Es lo único que nos queda.

Speaker 3

Ella soltó una risa seca, casi histérica.¿ Y cuál es mi lugar, Gael? Dímelo tú.

Speaker 2

No contesté. Preferí besarla de nuevo, esta vez en la boca, sin pedir permiso ni esperar ternura. Era una boca amarga, de vino tinto barato y noche sin dormir, pero era lo único que tenía. Ella me devolvió el beso con una rabia contenida, como si quisiera borrar el universo a lengüetazos. Su mano subió hasta mi nuca, clavando las uñas, haciendo

sangrar el límite difuso entre agresión y caricia. En algún momento la manta se perdió, y estábamos los dos en carne viva, retorciéndonos en el sillón como animales que no saben si cogerse o matarse mutuamente. Le arranqué la pijama, ella hizo lo propio con mi ropa, sin delicadeza, como quien se quita la piel para dejar al descubierto la herida.

la penetré ahí mismo, sin preámbulo. La sala era un antro de sudor y saliva y gemidos ahogados, la televisión seguía sonando de fondo como si el mundo no supiera que estábamos destruyéndonos en cámara lenta. El ritmo era frenético, brutal, inconsciente. El crujido de la tela y el rechinar de los resortes acompañaban el vaivén animal de nuestras caderas, y aún así, algo en la escena era tan doméstico que alcanzaba lo

obsceno por pura contradicción. La penetré con una mezcla de rabia y resignación, como si estuviera intentando vaciarme de todo lo que no sabía sentir. Mónica se aferró a mi espalda, sus uñas marcando una ruta de fuego que dolía delicioso. Su cuerpo se arqueaba bajo el mío, cada embestida un latido de desesperación compartida. Estuve a punto de venirme demasiado rápido, así que me detuve, respirando hondo, la verga palpitando dentro

de ella. Me separé sin aviso, la dejé a hija de ante y me senté en el sillón, con las piernas abiertas y la verga apuntando al techo. Súbete, ordené. Mónica lo hizo sin mirar atrás, se sentó dándome la espalda y se dejó caer en mi verga con todo el peso de su cuerpo. El golpe fue seco, profundo, y de inmediato empezó a moverse con una furia que no le conocía. Su culo monumental rebotaba contra mi pelvis,

cada impacto era como un redoble de tambor. Aproveché para agarrarla de las caderas y darle un par de nalgadas, el sonido hueco rebotó en el cuarto como un disparo. Vi como la piel de su trasero cambiaba de tono, rojo intenso, casi púrpura donde caían mis palmadas. Ella gemía, pero no de dolor, más bien era un canto de guerra entre el placer y el agotamiento. El sudor nos corría por la espalda, mezclándose con el semen que ya

chorreaba de su vagina abierta. El olor era insoportable, metálico, dulce, el resumen perfecto de lo que éramos. Cuando sentí el punto de no retorno, la abracé por la cintura y la empalé hasta el fondo. El orgasmo me sacudió como un latigazo, largo y devastador. Corrí dentro de ella sin piedad, los espasmos de mi cuerpo encontrando eco en los suyos. Por un momento, ninguno de los dos se movió. Solo se oía la tele y el ruido blanco de nuestras

respiraciones multiplicándose en la sala. Mónica se desplomó hacia adelante, con el torso sobre las rodillas, la cabeza gacha y el cabello pegoteado de sudor. Me quedé mirando su espalda desnuda, la columna marcada en sombra y luz, y sentí una ternura rara. La abracé, la jalé hasta mi pecho, y estuvimos así un rato, dos supervivientes del mismo naufragio. Cuando finalmente nos separamos, ambos estábamos exhaustos, la ropa interior regada

por el suelo, la verga aún dura y pegajosa. Me puse de pie y la tomé de la mano, como si fuéramos una pareja normal que va de la sala al dormitorio a dormir juntos después de una película larga y aburrida. La llevé a la recámara, con el cuerpo aún temblando por el esfuerzo y la adrenalina. Nos metimos en la cama sin decir palabra. Apagué la luz. El

silencio ahora no era incómodo, sino denso, casi sagrado. Perspectiva de Mónica Habitación en ases dorados, y por primera vez en semanas sentí el cuerpo ligero, despojado de culpa o de aspiraciones de redención. Me moví bajo las sábanas, la piel pegada por el sudor seco y el semen que aún me goteaba entre las piernas. No me atreví a moverme mucho, Gael dormía detrás de mí, su respiración cálida

en la nuca. Había dormido. De verdad dormido. No el sueño superficial de la culpa, sino ese reposo de los condenados que no esperan nada. Me fui al baño y me miré en el espejo. El cabello desordenado, las ojeras menos pronunciadas que de costumbre, la boca hinchada y roja. Tenía el trasero magullado, las marcas de la noche anterior seguían ahí, y en vez de odiarlas, sentí una satisfacción

imposible de explicar. Me duché rápido. el agua tibia corriendo sobre la piel sensible y me vestí con la misma premura de siempre. El reloj jugaba en mi contra.

Speaker 3

En la cocina, preparé café. Café para mí, para Gael, para el

Speaker 2

monstruo que éramos juntos. Había algo anestésico en la rutina del poder. Entrar al edificio, cruzar el lobby con la seguridad de quien sabe que nadie la va a detener y Recibir las miradas de respeto de los juniors y las miradas de odio de las secretarias resentidas. Subir en el elevador sola, como si el destino la hubiera puesto ahí solo para mí. Las luces de la oficina encendidas, el escritorio despejado, la computadora encendida antes de que pueda

siquiera sentarme. El día transcurrió sin incidentes. A las 4.17

Speaker 3

entró la llamada. El número era conocido, pero la urgencia vibraba en la pantalla. ¿Mónica? La voz de

Speaker 2

Victoria era otra. Quebrada, sin la arrogancia habitual, con un eco de miedo que no había escuchado nunca.¿ Pasa algo, Victoria? Pregunté, bajando la voz de inmediato, como si la conversación pudiera contagiarse a través del aire. Necesito verte, dijo ella, y luego hubo una pausa larga, empapada en duda. Hoy.¿ Puedes venir a mi casa después

Speaker 3

de la oficina? No dudé ni un segundo. Claro que sí, respondí. Gracias, susurró, y colgó,

Speaker 2

sin darme espacio para más. Guardé el teléfono, pero lo primero que pensé fue, la sociedad. Debían haber comenzado el ataque contra Victoria.

Speaker 4

Esos hijos de puta. Reí. Ese chiste nunca pasaba de moda.

Speaker 2

Supongo que la SDMF hacía todo minucioso, personal. Querían a Victoria en un estado de humillación total antes de convertirla. Sentí un escalofrío de asco y un suspiro de alivio. mejor ella que yo. A las siete estaba frente a la casa de Victoria. Una de esas residencias blindadas, con portón eléctrico y cámaras en cada ángulo. Toqué el timbre, y casi de inmediato, la puerta se abrió. Victoria estaba ahí, de pie, enfundada en un vestido casual, pero su rostro

ya no era el de la abogada intocable. Ojeras pronunciadas, el pelo recogido de prisa. Pasa, dijo, sin más ceremonia. El interior era todavía más imponente que el exterior, obras de arte millonarias, muebles italianos, todo diseñado para impresionar y asfixiar a la vez. Caminamos hacia la sala y tomamos asiento. Ella me ofreció café, acepté, por cortesía más que por ganas. Gracias por venir, dijo Victoria, sé que no somos precisamente grandes amigas pero... Mi mano en su brazo cortó de

golpe el soliloquio. Para eso estoy, Victoria.¿ Qué sucede? Se quedó inmóvil un instante, luego alzó la vista y me miró con una mezcla de súplica y vergüenza. Me llegaron unos correos, dijo. No

Speaker 3

sé de quién, pero son serios. Muy serios.¿ Qué dicen? Que cometí errores en un par

Speaker 2

de casos viejos. Que si no hago exactamente lo que me piden, van a reventar mi carrera. Tragó saliva.

Speaker 3

Los revisé. Los adjuntaron como evidencia.¿ Y son errores reales? No lo sé

Speaker 2

Pasé toda la puta tarde intentando encontrar esos expedientes pero parece que hay un problema en el archivo y... Y no. La observé, era la primera vez que veía a

Speaker 3

Victoria dudar de sí misma. Me dio lástima.¿ Qué te piden? Pregunté suavemente. Se encogió de hombros, temblorosa. Solo que obedezca. Que esté pendiente de sus instrucciones. Me dio un no

Speaker 2

sé qué. Era raro ver mi propia experiencia a través de este cristal absurdo. Victoria, dije, poniendo una mano sobre la suya, lo vamos a resolver. Confía en mí. Ella sintió, y en ese gesto de rendición absoluta, supe que la SDMF había ganado. Gracias, Mónica, dijo, y el silencio se hizo más denso, más real. Me quedé ahí hasta que anocheció por completo. Hablamos poco. solo lo justo para fingir que aún quedaba algo de normalidad. Cuando regresé

Speaker 3

al carro, el celular vibró, mensaje de Gael.¿ Dónde estás? Mi chico se estaba tomando demasiado en serio esto del control. Acá la pregunta era,¿ me molestaba? Regresé a casa. Y poco de lo mismo,

Speaker 2

otra vez a coger con Gaelcito. Había cierta furia, rencor o rabia enmascarada que dejaba libre cuando cogíamos. Y eso era una droga para mí. Los días se sucedieron sin pena

Speaker 3

ni

Speaker 2

gloria. Lo único que me arrancó de la monotonía fue, de nuevo, la voz crispada de Victoria al otro lado de la línea. Mónica

Speaker 3

hola. Oye,¿ puedes venir mañana? Y así fue. De nuevo,

Speaker 2

esa misma tarde me encontré con ella en su casa. Victoria me recibió en la sala con una copa de vino ya en la mano. Se veía distinta, todavía algo afectada pero había bastante fuego en su mirada. Me senté frente a ella, las piernas cruzadas, el bolso firme en mi regazo, lista para recibir el siguiente disparo de paranoia que le había tocado en suerte. Esta vez no hubo rodeos ni medias tintas. Apenas me acomodé en el sillón, Victoria se inclinó hacia adelante con la urgencia de quien

ha decidido que la dignidad es un obstáculo menor. Mónica, no quiero que pienses mal, pero necesito que escuches lo que voy a decir sin interrumpirme, empezó.

Speaker 3

Asentí. Después del

Speaker 2

primer correo del que, del que te dije la otra vez, recibí otro, otros, continuó, amenazándome, mi carrera, mi lugar, mi trayectoria entera. Así que decidí actuar

Speaker 3

Tengo un plan, Mónica.¿ Qué vas a hacer? Pregunté con curiosidad auténtica.

Speaker 2

Me citaron en un hotel. Pero les pedí, no, más bien, les rogué que vinieran aquí. Y aceptaron. Pero eso,¿ qué cambia, Victoria? Ah, que justo ahí entras tú, Mónica, y luego de decir esto, tomó aire. Necesito tu ayuda. No puedo pedírselo a nadie más, estoy casi sola en esto y necesito una aliada.

Speaker 3

Por

Speaker 2

supuesto, dije, demasiado rápido. No, no entiendes. Victoria negó con la cabeza. Necesito que te escondas en algún lugar. Y que grabes todo lo que pase en la sala. O en la habitación. Ni siquiera sé dónde o qué quieran hacer, me. Por eso necesito a alguien de confianza. Así podré documentarlo todo y, podré contraatacarlos.¿ Puedo confiar en ti? Me recosté en el sofá, como quien da un salto al vacío sin mirar. Por supuesto que sí, repetí, esta vez con

menos entusiasmo y más resignación. Victoria me tomó la mano con fuerza. Te lo agradezco de verdad, Mónica. Si sale bien, podré devolver el golpe. Su risa fue un eco de la mujer que había sido antes. Apreté su mano, cálida y sudorosa. No va a salir mal, le aseguré. Salí de su casa con la sensación de haber entrado a un teatro de marionetas. Esa noche, en casa, la rutina fue tan perfecta que me dio miedo. Gael estaba en la cocina, cortando verduras con una concentración casi monástica.¿ Quién

eres y qué hiciste con el monstruo? Le dije,

Speaker 3

apoyada en el marco de la puerta. Sonrió, pero no contestó. Mientras cenábamos, no pude contenerme.¿ Tienes un minuto después de esto?

Speaker 2

Claro, dijo, como si no estuviera obligado a contestar que sí a todo lo que yo pidiera. Lavé los platos, me sequé las manos y lo encontré en el cuarto, tirado en la cama, revisando el teléfono. Me senté a su lado. Gael tiró su teléfono a un lado y me atrajó hacia él. Sin un ápice de dulzura, sus labios alcanzaron los míos.

Speaker 3

No me resistí. Y no sé si porque no

Speaker 2

podía o porque no quería. Más pronto de lo que esperaba, nos encontrábamos desnudos, en mi cama, en los preámbulos del combate carnal que cada tarde se suscitaba ahí mismo.« Dectoria quiere que la ayude mañana». La hastia mafla citó en su casa. y me pidió que escondiera y grabara todo lo que pase. Quiere usarlo para atacarlos de vuelta. Gael me miró atónito,

Speaker 3

sorprendido, pero solo por un par de segundos. Vaya. Pero de cierta manera, ustedes ya lo sabían,

Speaker 2

¿verdad? Era obvio que nos quería poner una trampa, No lo hizo de la manera más sutil posible, dijo mi hijo, acariciando mi rostro con ternura. Pero saber que eres tú su arma secreta nos da una ventaja increíble.

Speaker 3

Eso pensé. Qué obediente te has vuelto. Sus

Speaker 2

palabras, esas palabras, me llegaron al centro de mi ser. Fue como una navaja que rozara el fondo. y

Speaker 3

por ser tan obediente te mereces un premio. Gael,

Speaker 2

en un movimiento súbito se coló entre mis piernas. Me abrió las piernas con una decisión que rozaba la violencia, y antes de que pudiera siquiera soltar una protesta, me arrancó la ropa interior y hundió la boca entre mis muslos. La lengua de Gael era un filo ardiente, la mía de abajo hacia arriba, lento pero con la presión exacta,

como si estuviera esculpiendo cada gemido con un cincel. Sentí el impulso de cerrarle las piernas en la cara, pero sus manos me prensaron las caderas con una fuerza inhumana, dejándome inmóvil y abierta al escarnio. Hijo de puta, solté, sin aire, y entonces él me miró desde abajo, los ojos brillando en la oscuridad del cuarto, la boca empapada

y triunfante. Te gusta que te lo haga así, dijo, y volvió a hundir la lengua en mi concha, esta vez adentrándola como si quisiera llegar hasta el centro mismo de mi desgracia. No duré mucho en esa guerra. El cuerpo me traicionó, el pulso se aceleró y sentí el orgasmo llegar como un trueno, espasmos que empezaron en el vientre y explotaron hacia afuera, inclementes e imborrables. Gael no detuvo el asedio ni cuando grité ni cuando me sacudí, al contrario, succionó con más fuerza hasta que le abatí

la cabeza con las manos para que aflojara. Me quedé tendida, jadeando, incapaz de mover un músculo. Él se incorporó, lamiéndose los labios como si acabara de comer miel, y me miró con esa sonrisa de niño satisfecho que sólo él podía usar después de hacer una atrocidad. Al día siguiente, por primera vez recibí la llamada de Victoria en mi propio domicilio.

Speaker 3

Mónica, buenos días.¿ Sigues dispuesta a ayudarme? Sí, claro. Estoy lista. Ven a eso de las cinco. Ellos llegan a eso de las siete, dijo Victoria. Ahí estaré, respondí y colgué.

Speaker 2

Gael ya estaba sentado, bebiendo café frío. Me miró desde la taza, ojos negros, sonrisa apenas asomada.¿ Lista para tu misión

Speaker 3

secreta? Bromeó. Cállate, le

Speaker 2

respondí. En la oficina pasé el día como cualquier otro y a las cuatro y media le avisé a Mireia que terminaba por la semana. Entré por la puerta lateral, la que daba a la cocina. Vectoria me esperaba ahí, con el rostro renovado de miedo y expectativa. Y hacía bien en estar aterrada por lo que estaba a punto de pasar. Vectoria olía a perfume importado. Me llevó al comedor y me ofreció un café que no acepté. Se movía nerviosa, dándose vueltas con la taza en la mano,

hasta que finalmente me dijo. Estuve pensando dónde podrías esconderte. Y creo que el mejor lugar es el ropero del cuarto de visitas. Es grande, puedes sentarte adentro, incluso tiene ranuras por donde puedes ver sin problema. Movámoslo a la

Speaker 3

sala. Asentí, sin comentar nada.

Speaker 2

Victoria pareció leerme el pensamiento y enseguida añadió. Ya sé que no es lo ideal, pero es lo único que tengo. Además, si me muevo a otra habitación, no podrá seguirme.¿ Está bien así? Está bien, le respondí, y por un instante ambas supimos que nos estábamos mintiendo. Antes de guiarme hacia la habitación,

Speaker 3

le pregunté.¿ Tienes otros micrófonos? ¿Cámaras?

Speaker 2

No. Solo tu teléfono, dijo, y le creí porque en su voz había más nervio que razón. Luego, juntas, arrastramos el viejo ropero hasta la sala y lo pusimos de forma que no desentonara con el mobiliario. Al final, parecía mezclarse bien con el exquisito gusto con el que había sido decorada esa lujosa sala. Cuando oímos un auto estacionarse,

todo se volvió urgente. Victoria se hirguió con una elegancia casi teatral, alisando con dedos temblorosamente precisos la blusa blanca que llevaba, seda delgada, brillante, abierta justo lo necesario para dejar entrever la curva generosa del brasier y el nacimiento de un escote peligroso. Caminó hacia el espejo del vestíbulo y con un gesto firme, como si activara un talismán oculto,

se ajustó el peinado recogido. Su pantalón gris de pinzas, entallado con precisión quirúrgica, abrazaba unas caderas tan amplias y rotundas que el tejido parecía protestar en silencio. Vectoria era un retrato vivo de lo que significa el poder cuando se viste de carne. Me miró una última

Speaker 3

vez. ¿Lista? Asentí. Me dirigí al ropero. Me metí dentro,

Speaker 2

apenas cerré las puertas y la oscuridad me tragó. Ahí, de cuclillas y con el corazón acelerado, me permití temblar. No por miedo, exactamente, sino por algo más raro, más denso. Excitación, quizás. Las pisadas masculinas llenaron de gravedad el pasillo. Los reconocí de inmediato. Eran Adrián, quien me parecía ser el líder, Luca, ese mocoso insoportable, y mi querido Gael. El corazón se me encogió brevemente.

Speaker 3

Gracias por recibirnos, Victoria. No será mucho tiempo, ¿verdad? Replicó Victoria, implacable. Después, la voz de Adrián, lo necesario. Depende de usted.

Speaker 2

Se sentaron. Victoria los llevó directo a la sala, tal como planeado. La oí servir café. el tintinear de las tazas y el golpe seco de la charola contra la mesa de cristal. Por la rendija, vi cómo los tres chicos se acomodaban en el sofá, mientras Vectoria tomaba el sillón individual como si fuera un trono. Vectoria cruzó las piernas, la tela del pantalón marcando la tensión en el muslo. Los miró como quien evalúa si vale la pena pelear o rendirse.

Speaker 3

Estoy aquí— dijo.—¿ Qué quieren?

Speaker 2

Nadie contestó de inmediato. Lucas sonrió como un demonio adolescente, los brazos abiertos y la mirada fija en el escote de la blusa. Adrián sacó un folder amarillo de su mochila. Lo puso sobre la mesa. Abrió las hojas con parsimonia. Tenemos pruebas, dijo. Documentos que muestran errores, algunos muy graves. Su reputación está en juego, Victoria. Ella no pestañeó. Tomó el folder, lo abrió, y lo leyó con la velocidad

de quien ha pasado media vida evaluando amenazas. Al pasar la tercera hoja, por un segundo, el color se le fue de la cara.¿ Qué quieren? Repitió, la voz ahora un poco más baja, menos acero y más carne. Y ahí fue Gael quien habló. La voz de mi hijo se coló por las paredes del ropero, implacable. Sabemos que tienes muchos, casi ilimitados recursos a tu disposición, Victoria, pero incluso aunque pudieras probar que son falsos, que no lo son, basta con sembrar la duda. Y la duda, Victoria, puede

pudrir todo. Y en este caso, hablamos de los casos más importantes que hayas tenido en tu carrera. El silencio que siguió fue largo.

Speaker 3

Insoportable. y luego, la voz de Victoria, temblorosa, rota.—¿ Qué coño quieren de mí? Lucas se relamió

Speaker 2

los labios. En ese momento entendí el por qué, de entre todo el grupito, él era el que más me repugnaba, porque para él, el placer más suave y delicioso era el de regodearse en el quebrando de sus víctimas. Era como un tigre que hiere a un venado y lo deja vivir sólo para entretenerse en sus fatos impulsos por huir. Quítate la camisa, salió, imprevisiblemente, de la boca de mi vástago. Victoria lo miró con rabia, casi con lágrimas en los ojos. Pero hizo lo que pedía. Se puso de pie. Estiró

la espalda. Llevó las manos a los botones. Uno a uno lo soltó. La tela se relajó luego de la titánica tarea de contener la figura de Victoria. Finalmente las manos llegaron al borde del pantalón. Victoria jaló suavemente de la camisa, desfajándose. Luego prosiguió, desabotonando uno a uno los botones. La blusa se abrió. Un vientre plano. Un cuello poéticamente delicado. Dos senos inmensos contenidos por la heroica labor del sostén de encaje negro. La blusa fue al suelo. Victoria volvió

Speaker 3

a sentarse. Ese fue un espectáculo.

Speaker 2

Incluso yo, recluida en mi minúsculo escondite, tuve que tragar saliva. Podía sentir mi pulso palpitar en mi sien.—¿ Ahora qué?— preguntó Victoria, que no había perdido el aura de matrona. Adrián se levantó del sillón con la calma de un verdugo satisfecho y se acercó a Victoria. Caminó lento. Cuando llegó frente a ella, Victoria lo miró directo, altiva, como si el hecho de estar semidesnuda en su propia sala ante tres jóvenes fuera apenas una molestia menor. La bofetada

fue seca, sonora. Una descarga eléctrica que le giró la cara y le arrebató el aire por un segundo. Victoria tragó saliva y se recompuso, ojos inyectados de furia, pero ni un sollozo, ni un quejido. Lucas se rió por lo bajo. Gael la observaba con algo que sólo podía describirse como respeto. A partir de ahora, tú no preguntas, Victoria. Recibes órdenes. Y te aseguras de cumplirlas. No tienes derecho a exigir nada. Victoria chasqueó la lengua como si la

dignidad le ardiera bajo la piel a cada palabra. No respondió. El silencio la cubría como un escudo y, sin embargo, estaba desnuda de poder. La SDMF puede ser indulgente, dijo Gael, como si probara la palabra en su lengua. Pero sólo si se comporta a la altura. No se equivoque, Victoria, esta es su única oportunidad de redención.¿ Alguna duda? Preguntó Luca, la burla

Speaker 3

en la boca.

Speaker 2

Victoria respiró hondo, los pechos subiendo y bajando como oleaje de tormenta.¿ Vinieron solo a humillarme? Escupió

Speaker 3

O hay algo más? Lucas se acercó al borde del sofá, la sonrisa clavada en la cara. No, Victoria.

Speaker 2

Vinimos a ver si vales la pena como perra. Un silencio espeso. Yo, desde el armario, Sentí la vergüenza ajena y el asco, pero también algo parecido a la admiración. Era literalmente como ver una película de Tarantino en primera fila. Quítate el pantalón, ordenó Adrián. Se inclinó apenas hacia un lado, como para tomar impulso. Sus dedos buscaron el broche del pantalón, lo soltaron con una precisión lenta, deliberada. El cierre descendió

con un susurro metálico, como si la prenda se rindiera. Luego, con ambas manos en la pretina, Victoria se puso de pie. Tiró suavemente hacia abajo, primero con gracia, luego con firmeza. La tela se deslizó por sus caderas anchas, se aferró un instante a los muslos, y luego cayó vencida hasta los tobillos. Unas piernas torneadas, de piel terza y músculos sutiles, emergieron como de una crisálida. El encaje de la ropa interior se dibujaba sobre sus caderas como una marca ceremonial.

Victoria se agachó, recogió el pantalón y lo dejó doblado sobre el respaldo del sillón. Adrián fue el primero en romper el nuevo silencio, con una voz tan tranquila que casi parecía compasiva.¿ Te gusta estar así

Speaker 3

Victoria?¿ Ser nuestra? Victoria sostuvo su mirada.

Speaker 2

No había agresividad, pero tampoco sumisión.« Me da igual», respondió con frialdad.« No son una verdadera amenaza». Lucas soltó una carcajada baja, sincera, como si disfrutara cada segundo.« Me gusta tu actitud», dijo, recostándose en el sofá, los brazos extendidos sobre el respaldo.« Tiene onda». Victoria giró el rostro hacia él, sin miedo, sin suavidad. Da igual. Al final, siguen siendo unos niños jugando a ser mafiosos. Gael levantó una ceja.

No parecía molesto, pero había algo medido, controlado, en su voz. Tal vez, admitió. Pero dime,¿ qué se siente que un grupo de niños jugando a ser mafiosos te haya derrotado? Eso sí le dolió. No lo dijo, pero se vio. Un músculo se contrajó en su mandíbula. Apretó los dientes antes de responder.

Speaker 3

No me han derrotado.

Speaker 2

Entonces Adrián se inclinó ligeramente hacia ella. No hizo falta que hablara. Su mano se alzó con lentitud y recorrió la mejilla de Victoria con la yema de los dedos. El gesto fue tan suave como inesperado

Speaker 3

Casi tierno. Casi. Nadie dijo nada más.

Speaker 2

Adrián llevó la mano a la entrepierna de Victoria, abarcando toda esa protuberancia de carne y encaje como si apretara el corazón de la mujer en la palma. Victoria se tensó, los músculos de los muslos hechos a cero bajo la presión, pero no lo apartó. Le sostuvo la mirada. Un reto sordo. una declaración de que no se iba a romper tan fácil. En el encierro del armario, la escena me taladró entre

las piernas. Sentí la humedad difuminarse en la ropa interior, y la mueca de mi boca se volvió pura contradicción, asco, morbo, solidaridad y deseo en partes iguales. Adrián sonrió, apenas un gesto de comisura. Quítate el sostén. Victoria lo hizo sin pestañear, desabrochando la prenda por la espalda y dejando caer los

tirantes de a uno, lenta, una tortura de dignidad. Las tetas eran descomunales, caían pesadas y perfectas, con las aureolas color ladrillo y pezones que miraban al frente como cañones listos para el sitio. Cuando terminó, ni siquiera se cubrió. Se sentó recta, los brazos a los lados, esperando. Adrián se volvió hacia el resto.

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Luca, Gael, desnúdense». La orden cayó como una

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piedra en el agua. Luca, encantado, se puso de pie y se quitó la camiseta, luego el pantalón, la ropa interior.« Gael, mi querido hijo, lo hizo con más lentitud, pero con igual decisión».« Vectoria los miró de arriba abajo». los ojos recorriéndolos impunemente. Y ahí, en vez de quebrarse, soltó una risa breve, amarga, pero genuina.¡ Qué putitas tan obedientes! Nadie

se ofendió. Lucas se carcajeó, incluso aplaudió una vez. Lo verdaderamente divertido, Victoria, es ver cómo una cabrona tan orgullosa termina de rodillas, soltó Gael. Adrián asintió. Caminó alrededor de Victoria, como un domador en la pista, luego le tomó el cabello, ese peinado perfecto, ese moño de ejecutiva, y la inclinó

hacia el piso. Su gesto era firme, pero no violento, la pura inercia de la obediencia la llevó a arrodillarse.« Hoy estamos aquí para ver si mereces la indulgencia, Victoria», dijo Adrián, la voz tan calmada que calaba más que un grito. para ver si eres una buena perra. Y entonces la empujó al centro de la sala, de rodillas entre Luca y yo. Los ojos de Victoria brillaban de rabia, pero la boca apretada ya tenía otra forma, la de

la resignación. Adrián se arrodilló detrás de ella, sujetándole la cabeza con una mano, abriéndole la boca con la otra.

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Chúpanosla, ordenó. Victoria

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fue directo a la verga de Luca, ni siquiera dudó. La agarró como si la fuera a romper, y se la metió hasta el fondo de la garganta con una violencia que no esperaba. Luca gruñó, sorprendido, y se dejó ir hacia atrás, disfrutando el embate. Victoria lo mamaba con una técnica de guerra, fuerte, sin sutilezas, como si quisiera arrancarse la humillación a base de fuerza bruta. Después de unos segundos, Gael pareció no aguantar más. La tomó del cabello,

girando su rostro hasta alinearlo con su verga. Victoria la miró, los ojos cargados de odio, pero la metió en la boca igual, sin ceremonia. Con la otra mano, ella no dejó de masturbar a Luca, que jadeaba con las piernas abiertas. Por un momento, la cosa fue puro ruido de carne y saliva, gemidos sordos y la respiración de todos en la sala. La imagen era obscena, pornográfica hasta la médula. Desde mi escondite, sentí el temblor en las manos. Apreté

el teléfono, asegurándome de enfocar bien. Y entonces vi, a través de la rendija, como Gael cerraba los ojos, la respiración agitada y el rostro tenso. No hacía falta ser vidente para saber lo que estaba a punto de suceder. Adrián, con la voz

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apenas por encima del susurro, preguntó.—¿ Ahora entiendes tu lugar, Victoria?

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Pero ni siquiera la miró. Todo el mundo miraba el espectáculo de la boca de Victoria, que devoraba la verga de Gael mientras éste se corría. Vi la mandíbula de mi hijo tensarse, los dedos clavarse en el sillón y la verga palidecer un poco antes de estallar. Victoria la tuvo en la boca hasta el último segundo, y luego, con una elegancia imposible, sacó la lengua hacia afuera y escupió el semen espeso directo sobre el abdomen de Gael.

El líquido resbaló por el vello púbico, caliente y denso. Luca, ofendido por el desplante, le tomó la cabeza con ambas manos y la forzó de nuevo sobre la suya. Un par de bombeos más bastaron. Luca por primera vez dejó de sonreír de manera estúpida y se vino en la cara de Victoria, salpicando los pómulos, la frente, el párpado. El semen fue tanto que algunos chorros le gotearon por

la barbilla. Intenté ajustar la cámara, temiendo perder detalle, pero el temblor en los dedos traicionaba la compostura que tanto me había costado reunir. Vectoria se pasó la lengua por el labio superior con un descaro casi digno, luego los miró a todos desde el suelo. Su voz ronca, grave, resonó en la sala como un eco. Quiero que quede claro que esto es una violación. Nadie contestó. Adrián la tomó del cabello y la levantó de un tirón, sin violencia,

sin ternura. La posó de pie, la giró, la empujó

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hasta el sillón. Su orden fue simple. Ahora me va a mí.

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Con un movimiento preciso, Adrián se despojó del pantalón y la camisa, quedando solo en ropa interior. Gael y Lucas se apartaron, todavía con la respiración agitada, como soldados relevados del frente. Victoria fue empujada de perrito sobre el sillón, las rodillas hundiéndose en la cara tela, las manos aferradas al respaldo como a la última tabla de salvación. Adrián no perdió tiempo. Bajó la ropa interior de Victoria, dejando el culo al aire, la piel blanca y tensa como

una fruta madura. La penetró de un solo empuje, con tanta fuerza que el cuerpo de Victoria se sacudió hacia adelante. Por un segundo, ni ella ni yo pudimos respirar. El silencio fue cortado solo por el sonido hueco de la pelvis golpeando contra las nalgas el ritmo brutal de las embestidas. El culo de Victoria rebotaba como gelatina, la carne temblando con cada arremetida y las tetas bamboleándose bajo el peso de la gravedad. A los pocos minutos, Victoria empezó a jadear.

Primero fue apenas un suspiro, pero pronto se convirtió en un gruñido bajo, animal, un grasnido que ni siquiera ella pudo controlar. Adrián la sujetaba de la cintura, enterrando los dedos hasta dejarle marcas rojas en la piel.¿ Te gusta? Escupió él, con la voz entrecortada,¿ te gusta que te cojan así de fuerte? Victoria gimió, pero no contestó. El sonido era tan crudo que sentí el calor correrme por la entrepierna, aún encerrada en mi escondite. El sudor bajaba

por mi nuca. Me mordí el labio para no hacer ruido. Adrián incrementó la velocidad. Le dio una nalgada tan dura que incluso yo la sentí en los huesos. Gael y Luca miraban desde el fondo, como jueces de un concurso de resistencia. La piel del culo de Victoria se puso roja y después de cada azote rebotaba con más violencia. Al tercer azote, ella gritó. No un grito de dolor, sino el gemido cascado de una mujer que ya no

tiene nada que perder. De pronto, Como si lo supiera de antemano, Vectore se arqueó, el cuerpo tenso como un arco de guerra, y el grito que soltó fue de ultratumba. Se vino, lo supe porque Adrián la sostuvo con ambas manos, y el culo de Victoria tembló con espasmos genuinos, incontrolables. Adrián la dejó caer sobre el sillón, la espalda doblada y la cara hundida entre los cojines, con los cuales

aprovechó para limpiársela todavía húmeda corrida de Luca. Sin embargo, y eso lo vi casi con horror, Adrián seguía sin venirse, pues su pene seguía erguido imbatible. Adrián la tomó del pelo. El tirón fue seco, sin rabia, sólo la fuerza de quien está acostumbrado a que el mundo responda a su voluntad. Victoria se dejó arrastrar. Esta vez ni siquiera hizo falta una orden. Victoria lo miró con los ojos vidriosos, se humedeció los labios y, despacio, llevó la boca al sexo

erecto de Adrián. Ella lo mamó con una cadencia metódica, los labios deslizándose por el tronco, la lengua recorriendo con precisión de abogada cada milímetro. Las manos de Adrián se posaron en la nuca y marcaron el ritmo, lento al principio, luego cada vez más firme, cada vez más hondo. Vectoria se atragantó un par de veces pero jamás perdió la compostura, la mandíbula tensa, el cuello estirado al máximo. Gael y Luca observaron la escena de pie, en silencio, un poco

a la distancia. Nadie hacía chistes. No era el momento. El gemido gutural de Adrián fue la señal. Un temblor en los muslos, los dedos apretando más fuerte el peinado impecable de Victoria. Ella apretó los párpados y tragó, con esfuerzo visible, la corrida que le descargó directo a la garganta. Por un momento quiso apartarse, pero Adrián la sostuvo ahí hasta que estuvo seguro de que no quedaba una gota fuera de su boca.— Nada de escupir, perra— dijo, voz ronca.

Victoria respiró hondo, la cara mojada de lágrimas y saliva, el cabello enredado y la dignidad hecha jirones en la alfombra. Se limpió el rostro con el dorso de la mano y, arrodillada, esperó la siguiente orden. No hubo. Adrián se puso de pie y, sin nada de teatralidad, se subió los pantalones. Bienvenida, Victoria, dijo Gael, con una suavidad que casi parecía humana. Desde hoy sirves a la SDMF. Luca carcajeó despacio. Adrián la miró desde arriba, como un dios menor desde el Olimpo

de los sociópatas. Ahora vístanse y vámonos, ordenó. El tono era de jefe de obra, trabajo terminado y a casa. Luca fue el primero en vestirse, la piel aún perlada de sudor. Gael lo siguió. Victoria se quedó ahí, en el suelo, unos segundos extra. Cuando se incorporó, lo hizo como si estuviera cansadísima. La camisa blanca y el pantalón gris se veían absurdos, casi infantiles, sobre un cuerpo que acababa de ser devastado.

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Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.

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