EL GRUPO SECRETO - PARTE 4 - podcast episode cover

EL GRUPO SECRETO - PARTE 4

Apr 29, 202637 min
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Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos...

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El Grupo Secreto, parte 4.

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Perspectiva de Gael. De nuevo, la

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sala amplia y bien iluminada da a Adrián. No era el típico recinto con aires de película de espías de bajo presupuesto, sino más bien lo opuesto. Todos habíamos visto ya las imágenes de cómo Isabella se había desnudado, montado a Santiago y hasta le había comido el coño a mamá. Dios, ni en mis fantasías más retorcidas, y eso que sí eran bastante retorcidas, me pude haber imaginado algo así. Vaya par de putas, dijo Mateo, que como siempre, no se cortaba un pelo a la hora de hablar de mujeres.

Pero esta vez no podía contradecirlo, pues era más que obvio que ambas estaban viciadas. Aún falta un poco de entrenamiento, pero Isabella es una promesa ahora, dijo Luca. Al final, todas son iguales. Adriana sintió. Su expresión tranquila transmitía una seguridad que contagiaba al grupo. Un poco de presión y listo, dijo Mateo, chasqueando los dedos. Al principio Isabella no quiso ni tocar al pobre Santiago, recordó Adrián. No quería ni

quitarse la camisa. Para eso estamos, contestó Santiago, tan sobrio y metódico como siempre. Adrián lo miró de reojo con complicidad. Nada hubiera pasado sin Mónica. Manejó la situación como una experta. Empiezo a pensar que Gael no exageraba con lo bien que juega para nosotros. La mención de mi madre me tensó. Sabía que estaban decididos a incluirla más, pero no imaginaba

que lo hicieran tan rápido. Te dije que sería útil, dije, intentando sonar casual mientras me deleitaba secretamente en el reconocimiento del grupo. Adriana sintió despacio antes de soltar una carcajada. Quizás deberíamos traerla al equipo formalmente. Las palabras flotaron en el aire por un momento. Solté una risa ahogada, pero mis pensamientos volaban en otra dirección.¿ Qué tan lejos podría llegar esa estúpida idea? Luca interrumpió mis reflexiones con su

típico entusiasmo inconveniente. Entonces es hora de avanzar conmigo también. Mamá ni siquiera sospechó de Santiago y... Todos negamos al mismo tiempo. Todavía puede salir corriendo, dije yo sin mucho tacto. Y es que las pruebas me respaldaban. Santiago fue menos hiriente pero igual de claro.« Tenemos otras opciones más seguras por ahora», dijo.« No te angusties, pronto será tu momento». Lo consideramos unos segundos y concordamos en avanzar sobre Diana primero,

allí había mucho terreno ganado ya. Cerramos la junta satisfechos cuando aún quedaba tarde por delante. En el camino a casa, Las palabras de Adrián resonaban constantes, te dije que sabría cómo manejarla. Me llevé esa idea conmigo, embrujado por las posibilidades que comenzaban a perfilarse con nitidez en mi mente. Cuando llegué, mamá estaba sola comiendo en la cocina. Le

di un beso ligero mientras susurré casi inaudible, hola. La noté sorprendentemente serena después de todo lo ocurrido entre ella y la SDMF. Si bien los primeros contactos la habían puesto en un estado de ansiedad y estrés notorios, ahora la veía bien. Te guardé cena, me dijo con una sonrisa genuina y precavida cual equilibrista cruzando un cable flojo. Me recibió con un cumplido. Llegaste más temprano que de costumbre,¿ no estabas con tus amigos? Terminamos antes.¿ Cómo va el

trabajo ahora que por fin eres socia? Pregunté, siguiendo la corriente. Sonrió con satisfacción, pero noté una sombra extraña en su reacción. Irónicamente tengo más tiempo ahora que antes, dijo, buscando algo en la cocina. Dos asistentes me quitan casi la mitad de la carga de trabajo. Intercambiamos algunas palabras más antes de irme a dormir. Me desperté temprano la mañana siguiente y fui directo al baño. Escuché sus pasos aproximándose como un huracán y sonreí para mis adentros. No le di

importancia cuando entró sin saber que estaba ahí. El caos se reflejó en su rostro antes de intentar darse la vuelta y salir corriendo. Mamá, la detuve a propósito. No es para tanto, ya te vi yo el otro día igual. Tomé la toalla con calma mientras notaba cómo empezaba a pararse mi verga. Se disculpó torpemente, su mirada vagaba hacia cualquier lugar menos en mí.— Perdón,¿ nunca te bañas tan temprano?—

balbuceó nerviosa. Seguí secándome lentamente, observando su reacción. Parecía querer desvanecerse del cuarto lo más rápido posible, como si el aire estuviese cargado de algún gas incomodo invisible. Me mordí el labio para no reírme mientras ella se apresuraba a lavarse las manos. La vi huir y escuché el portazo

que anunciaba su salida al trabajo. Por un momento me quedé inmóvil en el baño húmedo, sintiendo la adrenalina recorrer mi cuerpo al igual que unas tremendas ganas de masturbarme, pero me resistí y pensé en sus nervios, eran reveladores y prometedores. El día se fue arrastrando entre clases y charlas, y regresé apenas anochecía. Me encontré solo en casa, me puse a cocinar algo rápido mientras el recuerdo del portazo

matutino seguía revoloteando alrededor mío como un mosquito. Tiré la pasta en el agua hirviendo justo cuando escuché las llaves y la puerta cerrarse de golpe. Mamá entró a la cocina con energía renovada.« Eso huele bien», comentó animada. Sus movimientos eran ágiles, como si le sobrara tiempo y ganas para todo. Sonreí antes de morderme el labio. Creí que llegarías más tarde. Mónica se detuvo a mi lado, metódica pero relajada. Y pensé que cenarías medias lunas otra vez.

Casi te quito a ese hornalla. No sé qué me tuvo tan embriagado. Quizás la confianza suicida o el día largo. El caso es que cuando se dio vuelta hacia la mesa, mi mano fue directa a su trasero, plaf. Se paralizó como si hubiera recibido una descarga eléctrica. Volteó hacia mí con los ojos muy abiertos. Mamá, lo siento. Empecé, aturdido por mi propio impulso. Ella tragó saliva y forzó una sonrisa que no llegó ni cerca de sus mejillas. Es, no,

no pasa nada. Eres mi hijo, tienes derecho a nalguearme si quieres, dijo, intentando reír pero sonando extraña incluso para sí misma. Aunque te advierto que yo también, eh. Me reía medias, casi ahogándome en el silencio incómodo que siguió al eco de sus palabras. Cenamos pretendiendo calma pero cada movimiento en la mesa parecía resonar mil veces más fuerte de lo habitual. Fui cuidadoso incluso al masticar para no romper ese fin equilibrio que nos separaba del desastre total.

Apenas terminamos, supe aprovechar el momento para lavarme las manos de aquella tensión aplastante. Deja, yo limpio hoy, dije abruptamente. Estábamos recogiendo cuando sonó mi teléfono. Vi el nombre de Adrián parpadear en la pantalla y contesté enseguida. Tenemos un problema con Isabella, dijo al grano. Necesito verte ya mismo en casa, es urgente. Lo pensé una fracción de segundo antes de responder. Quizás después de todo esta noche podría

declarar victoria. Dame unos minutos, contesté, saboreando aún la descarga eléctrica que rondó nuestro intento fallido de normalidad minutos antes. Colgué y miré a Mónica como quien está por soltar una granada. Lo siento pero tengo que salir otra vez. Ella sintió sin preguntar demasiado, lo cual me dejó un buen sabor amargo al saber que sólo facilitaba mis intentos por estar lejos mientras ella digería lo ocurrido durante la cena.

Fingí mucha prisa al tomar mis cosas y salir al encuentro con Adrián, seguro con la esperanza perversa de tener algo jugoso esperándome a mi llegada. Llegué a casa de Adrián, ni siquiera entré. Me esperaba en su carro, ya en marcha.

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Subí al toque.¿ Qué pasa? Pregunté, apenas cerrando

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la puerta. La hija de puta se embraveció, respondió rápido. Me contó que como solo le habíamos dado la mitad del dinero a Isabella y Luca le había metido en la cabeza que era urgente conseguir todo, Estaba como loca tratando de obtenerlo por otras partes. Si lograba un crédito en el banco, perdíamos el control sobre ella. Tenía una idea, pero solo yo podía ejecutarla porque nunca me había cruzado con ella en persona y esta vez no podríamos usar disfraces.

Sentí una descarga de adrenalina mientras Adrián manejaba a toda velocidad hacia la casa de Luca e Isabella. Sabía exactamente lo que tenía que hacer para enderezar las cosas, después de todo, esto confirmaba cuánta ventaja podía darnos mi participación activa. Escucha bien, dijo Adrián sin quitar la vista del camino. Solo tienes una oportunidad con la vieja, haz que cuente o estamos jodidos. Asentí, aún procesando lo que implicaba esta

nueva responsabilidad. Mi respiración se aceleró al ritmo del motor mientras miles de posibles escenarios se cruzaban por mi mente. La presencia casi palpable de los nervios me hizo sentir más vivo que nunca. Me puse el traje que estaba en el asiento trasero mientras Adrián parecía un maniático al volante. Adrián frenó bruscamente frente al departamento de Luca. Bajé antes

de que tuviera tiempo para arrepentirme o pensar demasiado. El plan era sencillo, pero como mucho de lo que hacíamos, la magia estaba realmente en la ejecución, yo llegaría anunciándome como un embajador de la SDMF, con un contrato y video de lo que la habíamos obligado a hacer el otro día, básicamente pornografía que ella protagonizaba. La idea era decirle que nosotros nos haríamos cargo de su deuda y pagaríamos directamente a su deudor, pero a cambio, quedaba en

deuda con nosotros. Ahora, Lo interesante es que no tendría que pagarnos con dinero, lo cual básicamente le salvaba la vida porque no tenía un céntimo, sino con obediencia. Y una vez se relajara, le mostraba el video, al cual llamaríamos garantía. Los cabrones de la sociedad hasta se había montado un sitio web falso para simular la transacción y todo. Sublime. Ahora, una cosa era decirlo y otra hacerlo. Tienes dos horas

para lograrlo, dijo Adrián, mirándome a los ojos. Si no lo logras, la hemos perdido, y con ella a Luca, pues el bastardo solo tiene ojitos para su mamita, y eso pone a todos en riesgo. A todos, Gael, incluyendo a tu mami, pues Luca es el que nos ha conseguido la info de los clientes para Mónica, que mantienen tu culo a salvo. Lo tengo, hermano. Sabía que Adrián era inusualmente directo conmigo, y eso es porque yo era el único que jamás había estado en campo. Es decir,

en contacto con nuestras víctimas. Eso quería oír, dijo palmeándome la espalda con fuerza. Ah, y no se te olvide divertirte en el proceso. Bajé del carro, caminé sobre la banqueta con el maletín en mi mano. La noche me amparaba. Respire hondo y repasé mi plan por última vez antes de entrar al lobby mal iluminado y tocar el timbre casi sin pensarlo. Isabella abrió un poco, sus ojos miraban furiosos más allá puerta como esperando enfrentarse con alguna amenaza

menos desconocida.¿ Quién eres? Disparó desconfiada, evaluándome rápido.

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Aquí iba todo o

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nada. Empujé la puerta de inmediato, plantándome en medio de su sala. Sabemos que estás pasando por un momento desesperado, empecé con más seguridad de la que realmente sentía. Y aunque nos ofende que no seamos tu primera opción, estamos aquí para solucionar tu problema. Isabella me miró perpleja, sus ojos bailando entre alarma e incredulidad, pero cerró la puerta detrás de mí sin protestar demasiado.¿ De qué mierda hablas? Preguntó,

dando un paso hacia mí sin dejar de analizarme. Soy representante de la SDMF, dije, evitando contacto visual deliberadamente mientras colocaba el maletín sobre la mesa. Pareces un muchacho de la edad de mi hijo, replicó, desconfiada. Sin dignarme a contestar todavía, abrí el maletín y saqué el iPad mostrando el sitio web falso. La cifra que ella necesitaba parpadeaba como una respuesta divina. Lo tomó entre las manos, su

expresión pasó del escepticismo al asombro total. La vulnerabilidad brillaba en sus ojos mientras le explicaba nuestra oferta. Nos encargamos de pagarle directamente a tu acreedor. A cambio, adquieres una nueva obligación con nosotros, comuniqué, procurando sonar lo más profesional posible. No será monetaria, sino de obediencia. Me observó detenidamente. El temblor leve en sus manos indicaba que iba cediendo terreno emocional. Continué antes de perder ese impulso crucial. Solo tendrás que

cumplir ciertos compromisos, añadí con una frialdad ensayada. En cuanto recibas el dinero te enviaremos un contrato legalmente vinculante donde aceptarás las condiciones o las consecuencias si no lo haces. La mención de consecuencias hizo que tragara saliva. Era tiempo de meter presión. Extendí el iPad y reproduje el video. La imagen apareció clara, Isabella en cuatro comiéndole el coño en Full HD a mi madre. Su rostro se quedó lívido cuando vio hasta donde habíamos llegado ya sin siquiera

haberla terminado de apretar del todo. Sabía que había logrado romper algo dentro de ella cuando sus hombros finalmente se derrumbaron hacia adelante y dejó escapar un sollozo suave mezclado con risa nerviosa. Casi me dio lástima poner esa cara tierna contra la pared tan rápido. Aproveché ese último instante decisivo para girar el puñal un poco más hondo. Esta es tu única solución real, Isabella.¿ Piensas que sacarle dinero

al banco va a arreglar tu solución? Simplemente te va a complicar más y mientras decía esto, cortaba la distancia entre nosotros. ¿Qué?¿ Qué tengo que hacer? De mi maletín extraje un folder que contenía dos copias idénticas del mismo documento. Acuerdo de sometimiento y servicio. A partir de la firma de este documento, Isabella García renuncia de manera voluntaria e irrevocable a cualquier noción de autonomía o control sobre su destino.

Su existencia, decisiones y acciones quedan sujetas a la autoridad absoluta de la SDMF, sin excepciones ni concesiones. Su valor estará determinado únicamente por su capacidad de cumplir con las expectativas establecidas. Para garantizar su utilidad y evitar cualquier desviación de su propósito, se le impondrán las siguientes reglas, las cuales deberán ser obedecidas sin cuestionamientos. Su voluntad no es relevante, no se le concederá el derecho de decidir, elegir o dudar.

Recibirá órdenes y las ejecutará sin objeciones ni demoras. Cualquier intento de resistencia será corregido de inmediato. No pregunte, acate, no tiene derecho a información adicional. Se le dirá lo que deba saber, en el momento que consideremos adecuado. Sus inquietudes o necesidades no serán consideradas. Su cuerpo y mente nos pertenecen, nos reservamos el derecho de someterla a pruebas

periódicas para evaluar su estado físico y psicológico. Su bienestar sólo es relevante en la medida en que garantice su utilidad. Cualquier desacato será corregido, todo incumplimiento, intencional o no, conllevará una consecuencia inmediata y proporcional a la falta cometida. No existen advertencias, sólo correcciones. No es libre, sólo está contenida, si en algún momento cree tener control sobre su vida,

recuerde que es una ilusión. Su margen de acción es el que nosotros permitimos y puede ser revocado en cualquier momento. Renuncia a toda negociación, no tiene derecho a modificar, cuestionar o replantear ninguna de estas condiciones. No habrá revisiones ni excepciones. Aceptación absoluta, con su firma, Isabella reconoce su nueva posición, aceptando cada una de estas cláusulas con pleno conocimiento de que no existe vía de escape ni posibilidad de retractarse.

La firma de este documento no sólo confirma su compromiso, sino su completa rendición ante la SDMF. Estaba seguro de haberla quebrado. La desesperación en el rostro de Isabella lo convenció de que nada podría detener su avance.¿ Qué es esto? Preguntó con voz temblorosa, mirando las hojas. Se tomó su tiempo para leer cada palabra. Casi podía escuchar las ruedas girando frenéticamente en su cabeza al intentar buscar una salida. Sin embargo, sus lágrimas fueron la confirmación de que ya

no había vuelta atrás. Firmó ambas copias a mano temblorosa y me las entregó. Entonces, ya está hecho. Le tomé una foto al documento y se la envié a Adrián. La respuesta del cabrón fue inmediata, bien hecho, campeón. Disfruta del premio, tienes 30 minutos. Desnúdate, le ordené. Al menos dejarme ir a un cuarto, suplicó, pero sin la fuerza para oponer resistencia real. Asentí condescendiente, complacido de verla ceder tan rápido. Una vez dentro de la habitación, la vi quitarse la

ropa lentamente. No llevaba sostén y el cachetero que usaba le separaba las nalgas de forma provocativa. Me desnudé en dos segundos. En cuatro, ordené, con una autoridad que hasta yo desconocía. Accedió, poniéndose con el culo en pompa. Se veía majestuoso, pero no tenía tiempo para admirar el arte. Estaba

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ebrio de placer. la penetré de un golpe y

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comencé a cogérmela mientras la sujetaba del cabello. Sus jadeos fueron convirtiéndose en gemidos suaves, incluso si no quería aceptarlo, estaba disfrutándolo. Tuve que detenerme para no venirme demasiado rápido.

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Móntame», dije al recostarme.

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Lo hizo sin titubear. Definitivamente esa era su fortaleza, Cabalgar una verga la hacía parecer mucho más empoderada de lo que era normalmente. Sus frágiles caderas danzaban sobre mi pene, trasladándome a paraísos que hasta ese momento sólo había soñado. Cuando sentí que estaba cerca de venirme, empujé su cabeza suavemente hacia abajo. Chúpamela. Lo hizo sin rechistar pero con algo de torpeza, terminé viniéndome en su boca. Trató de tragar pero escupió entre arcadas en un bote de basura cercano.

Verla tan derrotada y rota me llenó un extraño sentido retorcido de poder sobre ella. Me vestí rápidamente, todavía excitado por lo fácil que había sido todo eso. Supe entonces que Adrián tenía razón, este era sólo el principio. Prepárate para seguir instrucciones más detalladas, le dije mientras me dirigía hacia la puerta. En cuanto salí, vi a Adrián esperando

en el carro. Parecía relajado, como si supiera exactamente cómo habían salido las cosas.—¿ Todo bien?— preguntó, y aunque ya sabía la respuesta, asentí con una sonrisa que no pude contener. Apenas hablamos en el camino. Dejé el traje que me había prestado en el asiento de atrás y me puse mi ropa habitual, sintiéndome liberado. Llegué a casa cuando todas las luces estaban apagadas. El silencio era casi reconfortante, pero

un impulso me llevó directo al cuarto de mamá. La encontré despierta, su voz tenía una calidez que nunca le había oído antes. ¿Gael, todo bien?

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Sí, respondí sin pensar demasiado.

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Puedo dormir aquí? Me miró como si fuera un alienígena por un segundo eterno, luego asintió lentamente.—¡ Claro! Me quité los pantalones y la playera, sintiendo una extraña mezcla de emociones mientras me acurrucaba a su lado. Su respiración era suave, marcando un ritmo que se volvió hipnótico. Nunca pensé que pudiera sentirme tan cerca de ella. El calor de su cuerpo y el aroma familiar de su perfume llenaban el aire,

estaba seguro de que esta vez no escaparía. Mi mente bullía con ideas para llevar las cosas aún más lejos sin levantar sospechas ni alarmas. Mamá, murmuré, probando el nuevo terreno entre nosotros. Esperé a que respondiera o al menos hiciera algún movimiento. Nada. El cansancio pronto se combinó con la excitación residual del encuentro con Isabella, arrastrándome hasta un

sueño intranquilo. Soñé con escenarios donde Mónica respondía a cada paso como yo quería, al despertar sobresaltado en la madrugada, noté que ella se había girado hacia mí durante la noche. Su brazo descansaba sobre mi hombro, alimentando mi creciente certeza de que todo marchaba según lo planeado. Perspectiva de Mónica

Siete de la mañana, jueves. Todo sería un cúmulo de clichés en mi vida esta mañana, el café requemado, el vestirme de manera idéntica al día anterior aunque comprendas que más que cumplir una función sirven para dejar en claro mi estatus. Una mañana aburrida y una tarde soporífera, de no ser porque a mi lado estaba Gael. Me sorprendió al punto que me sobresalté y casi grito, pero no debería. Sí, él no había pasado la noche con su mami desde que era un niño pequeño, sin embargo,¿ no es normal

de vez en cuando volver a las viejas costumbres? Me levanté con sumo cuidado para no despertarlo, pero Gael se removió ligeramente. Había algo perturbadoramente íntimo en cómo su respiración acompasada llenaba el cuarto, rompiendo el silencio que tanto anhelaba. Me dije que no era nada, que estaba exagerando, pero entonces lo vi. la erección marcándole los pantalones de pijama.

Me quedé inmóvil, sin saber si reírme o asquearme. Intenté ignorarlo, como suelo hacer con todo lo incómodo, y me escabullí hacia el baño. Dejé que el agua caliente me cubriera mientras repasaba una y otra vez las mismas frases. No es nada. Exageras. Cuando salí, Gael seguía durmiendo. Un alivio. No desayuné. Salí antes de que él siquiera abriera los ojos,

sintiendo un peso extraño en el pecho. En la oficina, la mañana transcurrió como lo esperaba, llamadas insustanciales, correos interminables sobre temas irrelevantes y esa sensación constante de que todo es una repetición del día anterior. Dicen que sólo hay dos tipos de desgracias, la primera es no conseguir lo que quieres y la segunda es conseguirlo. Y había pasado bastante tiempo por la primera como para no fingir que

me gustaba. Porque la verdad era que me gustaba lo que había conseguido, ser socia, ser finalmente socia, ser una pequeña jefa en este inmenso corporativo. Y me gustaba tanto que no me importaba que lo hubiera conseguido con trampa, con la sucia ayuda de la SDMF.¿ Quién es por cierto?¿ Cuándo había sido la última vez que me habían contactado? Quizá ya dos semanas, más de quince días, en todo caso. Un verdadero caso para esos hijos de puta. A menos

que me estén preparando algo grande. Los muy cabrones me dejaron con la tarea más sucia y luego se olvidaron de mí. No pude evitar sonreír al recordar el rostro de Isabella. Ese momento en que su mirada pasó del odio a la sumisión, un instante tan perfecto que parecía sacado de una película pornográfica. Me habían dicho que su putita era una mujer difícil, pero no tanto como para mí. Había llorado, había implorado, había hecho todo lo posible por resistirse.

Y al final, al final estaba con la cara enterrada entre mis piernas. Me sorprendía cuánto me había excitado esa noche. Su sumisión había sido tan absoluta que por un momento olvidé el asco que me daba verla llorar. Pero lo más sorprendente fue darme cuenta del gusto que le fui tomando a estas órdenes absurdas, al ejercicio de poder por el simple hecho de poder. Sí. Pero basta, era hora

de concentrarme en lo verdaderamente importante. No sé cómo ni cuándo, pero en algún momento de la tarde me volví a olvidar de la SDMF. Había algo inquietante en el silencio, en la falta de contacto, en cómo de pronto mi vida parecía menos interesante sin su dictado. Y aunque traté de no pensarlo, la imagen de Gael durmiendo a mi lado me asaltó varias veces durante el día. Algo había cambiado en él. Lo sentí la noche anterior y lo pude ver esta mañana, ya no era el chico inseguro

y torpe que yo creía conocer. Su mirada, su forma de hablarme, incluso esa nalgada que me dio. Sí, era algo inocente, pero Dios, uno no debería nalguear a su madre, por más buena que esté. Porque sí, es verdad que estoy buenísima. En fin. Me sumergí en mi trabajo como quien se sumerge para dejar de respirar, una llamada tras otra, un mar interminable de correos, reuniones urgentes que no eran ni lo uno ni lo otro. Así fue hasta las seis, exactamente las seis. Como si todo en mí fuera un

perfecto mecanismo de relojería, abandoné la oficina. Estaba oscureciendo cuando llegué a casa. Las luces del edificio parecían guiñarme mientras entraba y me quitaba los tacones con un suspiro de alivio. Gael estaba tirado en el sillón viendo televisión, como si nada hubiera pasado ayer por la noche o esta mañana. Como si yo fuera una completa paranoica por siquiera pensar que algo andaba mal. Llegaste temprano, dijo sin quitar los ojos de la pantalla. Era extraño verlo así, relajado, con

total desfachatez. Sí, contesté, dejándome caer en el sillón frente a él.¿ Algo interesante? No mucho, respondió, finalmente mirándome a los ojos con una sonrisa apenas perceptible. ¿Cenamos? Preguntó

Speaker 2

como si fuera lo más natural del mundo. Asentí. Comimos en silencio

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Gael no dejaba de mirarme. como si tratara de adivinar exactamente en qué estaba pensando, pero yo misma no lo sabía. Te ves tensa, dijo finalmente.

Speaker 2

Me reí, tratando de que sonara despreocupado. Es el precio del éxito. Gael sonrió. Una sonrisa auténtica, sin rastros de ironía.

Speaker 3

¿Seguro?¿ No será más bien el precio de ser una control freak? Rodé los ojos, pero me sorprendí al sentirme menos ofendida de lo que esperaba. Era casi como si estuviéramos teniendo una conversación normal. Si quieres, continúo con esa misma sonrisa, puedo darte un masaje. Esta vez me reí de verdad, soltando la tensión que no sabía que estaba acumulando hasta ese momento. Por supuesto, respondí con un tono burlón.

Speaker 2

Pero Gael se levantó y dijo. Vale

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entonces,¿ vamos a tu cuarto? Lo seguí, sintiendo una punzada de nerviosismo en el estómago. Me dije que era ridículo, que no había nada de qué preocuparse. Me tumbé boca abajo sobre la cama sin quitarme ni la blusa ni el brasier, esperando que eso marcara algún tipo de límite claro entre nosotros. Gael se sentó ahorcajada sobre mis piernas y empecé a preguntarme si había sido tan buena idea aceptar su oferta. Relájate, murmuró al oído mientras sus manos

empezaban a trabajar en mi espalda. La presión era firme y experta, Nada que ver con las torpes caricias de un hijo intentando complacer a su madre después de tantos años desconectados emocionalmente. Esto era otra cosa. Me dije que debía disfrutarlo, dejarme llevar por una vez sin cuestionarlo todo. Cerré los ojos e intenté concentrarme solo en la sensación física del movimiento rítmico sobre mis músculos tensos.¿ Así está

Speaker 2

bien

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Preguntó con voz suave. M-H-M, balbucee, pues empezaba a literalmente dejarme llevar por el trance. Sentí la yema de sus dedos recorrerme toda la espalda, como si fuera un artista y mi cuerpo su lienzo. La sensación me desarmó por completo. Era delicada, relajante, como si estuviera trazando líneas invisibles sobre cada vértebra. De pronto, Gael presionó mis homóplatos con fuerza. Me sorprendió lo experta que era esa maniobra, como si

supiera exactamente dónde atacar para descomprimirme en un instante. Su entrepierna quedó inevitablemente sobre mi culo cuando bajó su peso. Sentí el calor por un segundo demasiado largo, pero no dije nada porque el masaje era una delicia absoluta. No sabía que fueras tan bueno en esto, dije, intentando sonar casual. Gael soltó una risa suave. Hay muchas cosas que no sabes de mí. Las yemas de sus dedos regresaron a mi cuello, bajando lentamente por la columna vertebral antes de

trazar un camino deliberado por la cintura. Me estremecí pero no dije nada. No quería admitir lo bien que me hacía sentir. Estás

Speaker 2

demasiado callada, dijo. Es raro, respondí sin pensarlo mucho.¿ El masaje?¿ O tener tan cerca a alguien más que tú? Suspiré,

Speaker 3

como si fuera una molestia responderle. Las dos cosas. Sentí como sus manos se deslizaban directamente a mis nalgas, amasándolas sin pudor. La audacia me dejó sin palabras por un momento. Gael, dije al fin, mi voz más temblorosa de lo que esperaba. Tal vez deberíamos terminar. Lo sentí reírse mientras bajaba aún más el peso sobre mí. Los glúteos también acumulan mucho estrés, replicó, deteniéndome con una mano firme en la espalda baja. Me quedé paralizada, intentando convencer.

Speaker 2

Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.

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