EL GRUPO SECRETO - PARTE 3 - podcast episode cover

EL GRUPO SECRETO - PARTE 3

Apr 28, 20261 hr 13 min
--:--
--:--
Download Metacast podcast app
Listen to this episode in Metacast mobile app
Don't just listen to podcasts. Learn from them with transcripts, summaries, and chapters for every episode. Skim, search, and bookmark insights. Learn more

Episode description

The podcaster did not provide a description for this episode.

Transcript

Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos...

Speaker 3

El grupo secreto, parte 3. Perspectiva de Gael. La reunión

Speaker 2

empezó y aunque todos éramos amigos, o se supone que lo éramos, había un silencio solemne alrededor. Todavía no habíamos visto el material final, pero Luca nos contó que la misión había tenido un éxito apabullante por mensaje, y eso, de cierta manera, nos había impactado casi tanto a nosotros como al propio Luca, o a mamá. La escuché llegar esa noche, fingí estar dormido en mi habitación pero la verdad es que bajo las sábanas me encontraba más alerta

que nunca en mi vida. Oí la puerta de su habitación cerrarse sin mucho sigilo y a la mañana siguiente no parecía haber dormido mucho, aunque debo decir que se mostró mucho más amable conmigo que en varios meses.— Bien, camaradas.¿ Cómo quieren proceder?— preguntó abiertamente Adrián, como siempre. Me encantaba la forma en que jugaba su papel de líder. pues su dominio lo extendía justo otorgándonos libertad casi completa y

sólo dirigiendo la conversación cuando lo creía conveniente. Podemos ver los videos directo, saltó Leo y fue secundado al toque por Mateo con gritos y aplausos. Podríamos, sí, pero¿ qué les parece si primero leemos las notas del compañero Luca, que seguro con contexto las imágenes nos dirán más? propuso Santiago, que era mucho más calmado y preciso que su hermano Mateo. Todos,

esta vez, estuvimos a favor. Lucas sacó de su mochila un folder de cuero negro, de esos caros que compran los ejecutivos que quieren aparentar más de lo que son. Con un ademán casi ceremonial, lo puso sobre la mesa de centro mientras todos nos inclinábamos para ver mejor. Noté que sus dedos temblaban ligeramente al abrirlo, no de miedo,

sino de excitación apenas contenida. Caballeros, les presento el informe completo sobre el sujeto Mónica Herrera, anunció con una voz que intentaba ser clínica pero que no podía ocultar su satisfacción. He documentado cada aspecto de nuestra intervención con el rigor científico que merece. El hijo de puta lo decía todo con un tono solemne que le daba un aire de gracia de lo más cabrón. Extrajo varias hojas mecanografiadas, organizadas

con subtítulos y hasta gráficas. Joder, Lucas se había tomado esto como si fuera una puta tesis doctoral sobre mi madre. Me removí incómodo en el asiento, dividido entre la repulsión y una curiosidad enfermiza que me carcomía por dentro. Empecemos con sus fortalezas, continuó, ajustándose las gafas con un gesto teatral. La determinación del sujeto es notable. Incluso en las tareas

más humillantes, Mónica mantiene una resolución inquebrantable. Cuando se le ordenó arrastrarse desnuda por el suelo para recoger objetos con la boca, lo hizo sin dudar después de la amenaza inicial. Esta capacidad para adaptarse y cumplir órdenes degradantes sugiere un potencial excepcional para futuros experimentos. Santiago silbó por lo bajo mientras yo sentía mi estómago contraerse. Era mi madre de quien hablaba, por Dios. Pero no dije nada. No podía.

En cuanto a sus debilidades, Luca pasó la página con un gesto estudiado, El sujeto demuestra una notable falta de experiencia tanto en felación como en coito vaginal. Su técnica es rudimentaria, lo que sugiere que su vida sexual previa ha sido limitada o extremadamente convencional. Luca sonrió y me miró rápidamente. Su gran área de oportunidad, continuó Luca pasando a la siguiente página con un movimiento casi reverencial, es que, a pesar de su inexperiencia, Mónica parece dispuesta a aprender

y mejorar a un ritmo sorprendente. Está programada para hacerla mejor en todo lo que hace. No podía ser el único en esa reunión de enfermos al que se le estaba poniendo dura. Leo se inclinó hacia adelante, fascinado.

Speaker 3

Crees que podemos llevarla más lejos entonces?

Speaker 2

Luca sintió, pero su expresión se tornó más seria. Aquí es donde debo señalar el principal riesgo, dijo, bajando ligeramente la voz como si compartiera un secreto de estado. Mónica Herrera no es una sumisa natural. Es una depredadora domesticada temporalmente.

Speaker 3

Santiago frunció el ceño, confundido.¿ Qué coño significa eso exactamente?

Speaker 2

Lucas cerró el folder y se reclinó en su asiento, mirándome directamente ahora. Me inventé el término, dijo riéndose, pero significa, queridos colegas, que si en algún momento Mónica percibe una grieta en nuestra operación, una ventana de oportunidad real o imaginaría, hay grandes chances de que intente tomarla. Hizo una pausa dramática. Durante nuestro encuentro, hubo momentos en que, a pesar de estar completamente sometida, pude ver en sus ojos un fuego

que no se había extinguido. Como bien sabe Gael, tu madre está acostumbrada a tomar riesgos calculados en su vida profesional. Esta mentalidad podría trasladarse a nuestra situación. Un MMM colectivo atravesó la sala de Adrián. Vale, bueno,¿ podemos ver las imágenes?

Soltó Mateo, que no parecía tener filtro. Claro, con gusto, lamento de antemano la calidad de la imagen, Pues aún no soy el mejor con la cámara, respondió Luca mientras conectaba su ordenador a la pantalla del centro de la habitación. Frente a nosotros, desfilaron las imágenes de Mónica chupándole la verga y dejándose coger. Se veía preciosa con la cara bañada en semen. Y al final, el interrogatorio era la cereza del pastel. Las imágenes se me grabaron a fuego

en la retina. Mi propia madre, la gran Mónica Herrera, sometida de formas que jamás había imaginado. El video terminó con ella respondiendo las preguntas de Luca, su voz entrecortada, vulnerable como nunca la había visto. Cuando la pantalla se oscureció, un silencio espeso invadió la habitación, como si todos necesitáramos procesar lo que acabábamos de presenciar. Luca fue el primero en romperlo, levantándose de un salto con los ojos brillantes

y las mejillas enrojecidas. Joder, tíos.¿ Vieron eso? Su voz temblaba de excitación. Nunca pensé que llegaríamos tan lejos. Y esto es sólo el principio. Comenzó a pasearse por la sala, gesticulando como un director de orquesta poseído. Podemos seguir con ella. Hay tanto potencial ahí, continuó, deteniéndose para mirarme directamente. Sin ofender, Gael, pero tu madre es un puto diamante en bruto. La manera en que se resistía al principio y luego, hostia.¿

Cómo se entregó? Es como domesticar a una pantera. Leo asintió vigorosamente, incapaz de contener su entusiasmo. Estoy completamente de acuerdo. Podríamos establecer un calendario, turnarnos incluso. Sus ojos brillaban con una lujuria apenas contenida. Imagínense, señores, tener a una mujer como Mónica Herrera disponible para nuestro uso educativo. Mateo soltó una

Speaker 3

carcajada vulgar y chocó los cinco con Leo. Coño, sí. Yo también quiero mi turno con la señora. Me mantuve en silencio, observando. Adrián, que había

Speaker 2

permanecido inusualmente callado, se aclaró la garganta. Entiendo el entusiasmo, caballeros, pero recuerden que hemos llegado aquí usando la cabeza, y seguimos usándola, podremos llegar todavía más. Un murmullo de descontento recorrió la habitación, nadie quería escuchar eso. Sin embargo... Santi tomó la iniciativa de intervenir, dirigiendo su mirada aguda hacia mí. Gael, tú fuiste quien ideó el plan anterior.¿ Qué piensas? Me

preguntó con esa mezcla habitual de confianza y desafío. Todos los ojos se volvieron hacia mí y en ese instante el peso de sus expectativas cayó sobre mis hombros como una pesada manta. Respiré hondo y dejé escapar el aire lentamente, permitiéndome pensar la manera en que podría expresar con precisión. Podríamos usar a mamá de manera más productiva, comencé cautelosamente. No sé si por la elección de palabras o porque era el que menos participaba en las conversaciones. Gael,¿ a

qué te refieres exactamente con productiva? Preguntó Mateo, inclinándose hacia adelante con los ojos brillantes de curiosidad malsana. Su interés era palpable, como un perro que acaba de olfatear algo putrefacto pero irresistible. Tenemos más víctimas en la mira, ¿no? Dije finalmente, midiendo cada sílaba. Es más, las madres de todos los presentes están en la mira. Pero después de lo de mamá, debemos ser más cuidadosos. Luca casi la caga hablando un par de veces. Lucas se tensó visiblemente,

pero no dijo nada. Todos sabíamos que había sido un riesgo innecesario. Así matamos dos pájaros de un tiro, al darle control va a mitigar las ganas de rebelarse y nos va a ayudar a realizar todo lo que requiera una persona en tierra. Entonces, tu propuesta es que en lugar de simplemente follarnosla por turnos, la convirtamos en nuestra herramienta, me gusta, dijo Santiago, que si bien era mucho más sereno que su hermano, compartía la misma sangre sárica.

Speaker 3

Todos a favor? Sondeó Adrián. A favor, coreó el resto de integrantes, lo cual

Speaker 2

me complació de manera inesperada. Ahora que lo dices, me parece que podemos usarla de inmediato con Diana e Isabela,¿ qué opinan? Dijo Adrián. con una sonrisa contenida que sólo podía mostrar que acababa de tener una idea brillante. Para resumirles la historia. Isabella García siempre fue de esas mujeres que no saben decir que no. Dulce hasta la ingenuidad, con una voluntad maleable que su hijo, el cabrón de Luca,

aprendió a moldear desde pequeño. No sé si siempre fue así o si la vida la fue llevando a convertirse en lo que es ahora. Alguien que se aferra a la idea de que hacer felices a los demás es más importante que cualquier otra cosa, incluso ella misma. Y ahí estaba, en la peor crisis financiera de su vida. Se había pasado años prestando dinero a amigos y familia que, obvio, nunca se lo devolvieron, confiando en promesas que se desvanecieron

en el aire. Cuando finalmente se dio cuenta de que no tenía cómo pagar su hipoteca, Ya era demasiado tarde para soluciones fáciles. Pero claro, Luca lo convirtió en un problema aún más grande. El cabrón logró convencerla de que dejaría la universidad para ponerse a trabajar. Isabella, por supuesto, entró en pánico. La idea de que su torpeza financiera destruyera el futuro de su hijo la destrozó por completo. Y ahí es donde entró la SDMF. no necesitábamos hacer mucho.

Nos presentamos como una agencia de escorts de lujo, nada vulgar, nada peligroso, sólo un trabajo exclusivo y bien pagado para mujeres con clase a cambio de tiempo de calidad. Al principio, ella ni siquiera quiso escucharlos, convencida de que encontraría otra salida. Pero las deudas seguían ahí, y la desesperación crecía. Creo que mamá será fácil, soltó Luca, aparentando tranquilidad, pero vamos.

Que es imposible estar tranquilo en una sala de reuniones donde hay un puñado de salidos que solo quieren cogerse a tu mamita. Tiren ideas y empiezo a redactar el correo, dije, con una amplia sonrisa en el rostro, pues sabía que el resultado de esta reunión sería todavía más productivo de lo que pensaba.

Speaker 3

Perspectiva de Mónica Dos semanas.

Speaker 2

Catorce días desde que logré lo que todos creían imposible. Cerré el trato con la constructora más grande de la ciudad y con ello, aseguré mi lugar en la cima. Ahora, cuando entro en una sala, las conversaciones bajan de volumen, las miradas se giran en mi dirección. El respeto no se pide, se gana. Y yo lo gané. El señor Simón no entendió bien. Me llamó a su oficina con esa expresión medida de quien rara vez se permite elogios. Pero su oferta habló por él, volverme socia. Acepté sin dudar.

No porque lo necesitara, sino porque lo merecía. Desde entonces, la rutina ha sido un desfile de firmas, reuniones y llamadas internacionales. Mi agenda está más llena que nunca, pero cada tarea tiene un matiz distinto, más satisfactorio. No trabajo para demostrar nada a nadie. Trabajo porque ahora, finalmente, lo hago desde una posición de poder. Incluso tengo un asistente. Un chico eficiente, algo torpe aún, pero con la disposición de aprender. Le irá bien si no comete errores.

Speaker 3

Sí, la vida es buena. Mejor de lo que ha sido en años.

Speaker 2

Jueves por la mañana. Café en mano, reviso los correos sin demasiado interés. Lo de siempre, contratos, solicitudes, recordatorios.

Speaker 3

Nada fuera de lo común. Hasta que lo veo. Un mensaje sin asunto. Enviado desde mi propia cuenta.

Speaker 2

Un escalofrío me recorre la espalda. No porque sea inesperado, sino por lo contrario. Porque lo he visto antes. Porque sé perfectamente quién está detrás.

Speaker 3

Mi dedo se detiene sobre el mouse. Podría ignorarlo. Fingir que nunca llegó. Pero no soy estúpida. Ni ingenua. Sé cómo funciona esto. Respiro hondo y abro el correo. Ahí están. Palabras claras y concisas. Como siempre. Me requino en la silla.

Speaker 2

Un sorbo de café para obligarme a tragar la incomodidad. Entonces, sin dudar, empiezo a leer. El email es simple, casi corporativo en su diseño. Sin firma, sin logo, sin rastros. Solo palabras negras sobre fondo blanco. Pero las palabras... las palabras son otra

Speaker 3

cosa. Estimada Mónica,

Speaker 2

extendemos nuestras felicitaciones por su reciente ascenso. Las perras obedientes merecen sus huesos,¿ no es así? Y usted ha sido ejemplar en su obediencia. En vista de su demostrada competencia, se le asigna una nueva responsabilidad, el entrenamiento de otra perra. Su experiencia la convierte en candidata ideal para esta tarea. La susodicha requiere disciplina y orientación similares a las que

usted recibió en su momento. Se requiere su presencia este viernes a las 22 horas en la habitación 1217 del Hotel Mirador. Allí encontrará a su nueva aprendiz. Una perra sin entrenar que necesita disciplina. Su tarea, doblegarla, moldearla, instruirla en el arte de la obediencia. Como hace no mucho lo hicimos con usted. Adjuntamos las especificaciones. Léalas con atención. No seremos

tolerantes con errores de ejecución. Recuerde, su posición, su oficina, su asistente, su nombre en la puerta, todo tiene un precio. Y este es

Speaker 3

apenas el primer pago de muchos. SDMF Adjunto hay un archivo PDF. Lo

Speaker 2

abro y siento como mi estómago se contrae. Fotos de una mujer. Datos personales, rutinas, debilidades. Una lista detallada de instrucciones sobre cómo someterla, que pedirle, hasta algunos diálogos, como si fuera una obra de teatro. Cierro el archivo y me quedo mirando la pantalla. El café en mi mano ya está frío. Me levanto y voy hacia la ventana. Desde el piso 23, la ciudad parece un juguete, diminuta e insignificante. Como yo cuando recibí mi primer correo de la SDMF.

Perra obediente. Las palabras resuenan en mi cabeza. Debería sentir rabia, indignación. Pero lo que siento es una mezcla retorcida

Speaker 3

de resignación. Mierda. Me odio por eso. Vuelvo a mi escritorio. Abro de nuevo el archivo. Leo cada instrucción

Speaker 2

con cuidado clínico. La mujer en las fotos tiene ojos amables, confiados. Ingenuos. Pero no, nadie llega aquí sin algo sucio detrás. No contesté el correo. Supuse que no habría necesidad, pues esta vez no me invitaron a un chat con ellos. Mientras tomaba la taza de café de mi escritorio pensé, brevemente, en qué pasaría si me dignaba a desobedecer, porque sí, el verbo correcto era obedecer, no cooperar ni participar. Me tenían por el cuello esos hijos de puta. Una sonrisa

amarga me cruzó el rostro. Dos días que se pasaron sin prisa pero sin pausa. Al llegar al fin del viernes me sorprendió lo poco preocupada que me encontraba por mi reunión. Nada que ver con el estrés y las ansias del inicio. Cuando salí de la oficina, Gael me esperaba en la cocina, vestido con una sudadera desgastada, su típico uniforme de ermitaño tecnológico. Saldré con unos amigos, me dijo, sin levantar la mirada de

Speaker 3

su teléfono. Amigos, pregunté sin poder ocultar mi sorpresa. Se encogió de hombros. Y no insistí. Era

Speaker 2

bueno que tuviera amigos, supuse. Con cuidado, fue lo único que atiné a decir antes de dirigirme a mi habitación. Una vez ahí. Abrí el clóset y revisé mi ropa. Las instrucciones eran claras, traje ejecutivo, pero que me hiciera ver como una mujer. Elegí un conjunto sastre negro, una falda ajustada hasta la rodilla, una blusa de seda que se apretaba a mis tetas y tacones que me hacían

ver más alta, más intimidante. Conduje mi Audi hasta el Hotel Mirador, un establecimiento discreto pero lujoso, justo en el centro de la ciudad. La recepcionista ni siquiera levantó la mirada cuando pasé. Perfecto. El ascensor subió silencioso. Mis tacones resonaban contra el piso pulido cada vez que daba un paso. Habitación 1217. Respiré hondo. La puerta se abrió antes de que mis nudillos tocaran la puerta. Del otro lado, un hombre apenas

más alto que yo, con flexión delgada y atlética. Claramente, también portaba una máscara de tela que no dejaba ver ni su boca ni sus labios. temblé internamente. Algunos recuerdos me regresaron a la mente. Incluso, llegué a pensar que esto era una trampa para hacerme caer de nuevo, para abusar de mí.

Speaker 3

Pasa», dijo la voz dentro de la máscara.« Por poco me cago». Es como si una estatua de pronto hablara.

Speaker 2

Esa fue la primera vez que oía a alguien de la SDMF. Por cierto, que en mi mente se pronunciaba SDMF,

Speaker 3

hablar. Sin embargo, avancé. El enmascarado

Speaker 2

señaló una tablet con un movimiento preciso, casi robótico.« 30 minutos», dijo, su voz un susurro metálico.« Prepárate». Me acerqué a la mesa. La tabla estaba abierta y abierto había un documento, eran instrucciones. Cada línea detallaba cómo es que yo tenía que actuar, qué tenía que decir y las posibles respuestas que incluían más detalles. Pasé los siguientes minutos leyendo y releyendo las instrucciones.

Había partes donde yo tenía que actuar y no estaba seguro de que me gustaba mi papel todo el tiempo, pero el panorama completo no era del todo desagradable. En algún momento, Antes de que me diera cuenta, el tipo me tomó del brazo y me levantó de la silla y me llevó a la puerta. Miré la hora en mi reloj de pulsera y vi que eran las 22.28. Nuestra invitada estaba a punto de llegar. Noté que había ya

un tripié con una cámara en él. Rápidamente recordé que algo faltaba, algo en lo que habían hecho especial hincapié. Metí la mano en el bolsillo interior de mi saco y extraje el pequeño collar que me habían dado en mi última reunión con la SDMF. Me lo puse.

Speaker 3

No necesito una máscara? Pregunté, de pronto, alarmada.

Speaker 2

No digas estupideces, cortó simplemente el hombre. A pesar de que intentaba lo contrario, su voz era sumamente juvenil. En eso el golpe en la puerta nos sacó de mis cavilaciones. Iba a abrir inmediatamente

Speaker 3

pero el joven me detuvo. Abre cuando esté a punto de golpear de nuevo.

Speaker 2

Miré por la mirilla. Ahí estaba esa mujer, ligeramente más joven que yo o incluso de mi edad. Vestida con un gris suéter holgado y jeans. Tenía ojos cafés grandes y un cabello castaño que le caía sobre la espalda. Se le veía profundamente nerviosa. Finalmente hizo el ademán de volver a golpear la puerta y yo giré la manija, adelantándome sólo por algunos

Speaker 3

segundos.« Pasa», ordené. Ella me miró, sorprendida y se quedó parada.« Pasa»,

Speaker 2

he dicho, reafirmé, exagerando el tono exasperado de mi voz. Ella pareció despertar y con pasos ligeros entró a la habitación. Comenzó a explorarla con detenimiento. Me tomé mi tiempo para cerrar la puerta, observando cómo ella caminaba insegura por la habitación, como un animal atrapado en un espacio desconocido. El enmascarado se había retirado a un rincón, silencioso como una sombra. Yo me dirigí con pasos medidos hacia la única silla

que dominaba el centro de la habitación. Me senté con deliberada lentitud, cruzando las piernas de forma que mi falda se tensara sobre mis muslos. La tabua descansaba en mi regazo como un objeto ceremonial. Isabella García, pronuncié su nombre con una frialdad que me sorprendió a mí misma. Ella se sobresaltó al escuchar su nombre. Sus ojos, grandes y asustados, se movieron del enmascarado hacia mí. Ponte frente a mí, ordené, señalando un punto exacto en el suelo con la punta

de mi tacón. Isabella dudó, mirando de reojo al hombre enmascarado que permanecía inmóvil en su esquina. A pesar de no poder ver su rostro, había algo amenazador en su postura, en la forma en que sus manos descansaban a los costados, listas para actuar.¿ Quién es él? Preguntó ella con voz temblorosa, apuntando con un dedo inseguro hacia la figura silenciosa. Me dijeron que sólo hablaría con una

Speaker 3

mujer. Nadie mencionó. Ponte. Frente. A mí, repetí, cortando

Speaker 2

cada palabra como si fuera un trozo de hielo. No estás aquí para hacer

Speaker 3

preguntas. La vi morderse el labio inferior.

Speaker 2

Disculpa, Es que estoy nerviosa, comenzó a decir, frotándose las manos. No estaba segura de venir, pero necesito el dinero y me dijeron que, bueno no me dieron muchos detalles de qué pasaría, solo que me ayudarían exactamente qué es lo que vamos. Fingí no escucharla.

Speaker 3

Bajé la mirada hacia la tablet y deslicé mi dedo sobre el documento. Edad. Pregunté. 45. Contestó ella,

Speaker 2

dubitativamente. Estaba de pie y se agarraba las manos nerviosamente. Pero no me miraba todavía. Cuarenta y cinco años, pero la desgraciada se veía mejor que yo.¿ Estado civil? Dije, simulando que llenaba algún formulario, pero la verdad es que todos sus datos personales ya estaban en su archivo. Soltera, soy madre soltera, añadió como si lo considerara relevante y me esbozó una sonrisa.

Speaker 3

No pude evitar contestarle. ¿Ocupación? Tengo. Ofrezco cursos de yoga. Ya veo.

Speaker 2

Quítate el suéter y siéntate en la cama, ordené, esta vez sin suavizar mis palabras con ningún gesto. Isabella me miró con ojos como platos, su respiración se agitó visiblemente. Por un momento pensé que saldría corriendo, pero algo, quizás la desesperación económica que mencionaba el informe, la mantuvo clavada allí. ¿Perdón? Murmuró, como si no

Speaker 3

hubiera escuchado bien. No me hagas repetirlo, dije, manteniendo mi voz fría y controlada. Quítate. Él. Con manos temblorosas,

Speaker 2

Isabella agarró el borde de su suéter gris. Finalmente, con un suspiro de resignación, comenzó a levantarlo. El tejido grueso se deslizó sobre su cabeza, despeinando ligeramente su cabello castaño que cayó en ondas desordenadas sobre sus hombros. Debajo, llevaba una camiseta de tirantes blanca, simple pero reveladora en su sencillez. Para mi sorpresa, y algo de fastidio, Isabella tenía un cuerpo impresionante para su edad. Su vientre plano evidenciaba años

de disciplina en el yoga que mencionó. Y sus tetas, joder, eran perfectas, llenas, firmes, no demasiado grandes pero apetitosas. Me pregunté si las mías eran más grandes. La tela blanca dejaba entrever el contorno de sus pezones y que se endurecieron ante la exposición al aire fresco de la habitación. Se quedó de pie, sosteniendo el suéter contra su pecho

Speaker 3

como un escudo. La cama, le

Speaker 2

recordé, señalando con un movimiento de cabeza. Isabella caminó hacia el borde de la cama Ken Sass y se sentó con cautela. El suéter quedó olvidado a su lado. Ahora, continué, consultando la táblita aunque no lo necesitaba, necesito hacerte algunas preguntas para evaluar tu idoneidad. Ella sintió, sus dedos arrugando nerviosamente el borde de la camiseta.¿ Tienes pareja sexual activa actualmente? Pregunté sin preámbulos. Su boca se abrió ligeramente, la sorpresa

evidente en cada línea de su rostro. Yo, vaciló, pero después, haciendo acopio de no sé dónde respondió de manera contundente, no. No tengo ningún vínculo actualmente.¿ Cuándo fue la última vez que tuviste sexo? Continué, sintiendo un extraño calor expandirse por mi vientre al formular la pregunta. Isabella desvió la mirada hacia la ventana. Hace, hace casi dos años, contestó en voz baja, como si confesara un pecado. Con el padre de mi hijo, pero fue solo una recaída. Llevábamos separados

mucho tiempo. Asentí, anotando algo inexistente en la tablet. Mi siguiente pregunta ya estaba preparada, pero me tomé mi tiempo. Había algo embriagador en el poder que sentía en ese momento. Posición sexual favorita, solté, esta vez sin formular una pregunta, simplemente demandando la información. Sus mejillas se encendieron

Speaker 3

con un rubor intenso. Bajó la cabeza. No sé si esto es necesario para... Contesta, interrumpí, elevando ligeramente mi voz.

Speaker 2

Isabella tragó saliva. Sus ojos encontraron los míos por un instante fugaz antes de volver a bajar la mirada. Me gusta, su

Speaker 3

voz se quebró. Me gusta estar arriba. Controlar el ritmo. Ver a la otra persona.¿ Y qué opinas del sexo oral?

Speaker 2

Continué, inclinándome ligeramente hacia adelante. Me gusta, recibirlo, respondió, y luego... como si necesitara justificarse, añadió, pero también me gusta darlo. Es íntimo.

Speaker 3

Levanté una ceja, sin ocultar mi escepticismo.¿ Y te gusta tragar?

Speaker 2

Esta vez su rubor se extendió hasta su cuello. La pregunta había sido demasiado directa, demasiado cruda. Exactamente como indicaban las instrucciones. Yo, Depende de la persona, respondió en un susurro apenas audible. Ya veo, simulé, de nuevo tomar notas, pero no era necesario, la cámara estaba registrando todo, ahora bien,¿ tienes alguna preferencia a la hora de coger? Soy muy abierta siempre que hay cariño y respeto de por medio, respondió,

comenzaba a ganar confianza, lo cual era bueno. El informe indicaba que Isabella enfrentaba un problema, su debilidad residía en la falta de coraje. No había que temer que se revelara con un impulso valiente, sino todo lo contrario, que se atemorizara al punto de negarse a seguir adelante. Me encontré a mí misma reflexionando sobre todo esto como si fuera una transacción comercial, donde el cliente debe ser persuadido a comprar, pero sin ejercer demasiada presión. Y eso me gustaba.

Así que quizá era hora de hacer las cosas más interesantes. Isabella, dime,¿ la SDMF puede ayudarte, pero que estás dispuesta a dar a cambio de la ayuda que te ofrece la SDMF? Ella apartó la mirada, como si las palabras pudieran volverse menos reales si no las enfrentaba directamente. Sus manos, hasta ahora reposadas en su regazo, se entrelazaron con fuerza. No lo sé, su voz era apenas un susurro. No lo sabes, repetí, saboreando la ironía. Isabella, si realmente no lo supieras, no

estarías aquí. Ella frunció los labios, como si quisiera responder, pero no encontraba las palabras. Suspiré y me recargué en el respaldo de la silla. Había cerrado tratos con clientes más complicados que esto. Escucha, dije, con la paciencia de quien sabe que tarde o temprano la otra parte cederá. No conozco tus razones, pero sé que estás en un gran apuro. Y si algo he aprendido, es que las soluciones simples no existen. Cada ayuda tiene su precio, y

tú debes decidir si estás dispuesta a pagarlo. El silencio se alargó. Ella respiró hondo, sus hombros se alzaron y se desplomaron lentamente, como si estuviera soportando un peso invisible.

Speaker 3

No puedo. No puedo perder mi casa. Ahí estaba. La grieta en la pared. Asentí con lentitud, dándole espacio para terminar de romperse.

Speaker 2

Entonces ya tienes tu respuesta. Isabella cerró los ojos un instante y exhalando con la resignación de quien se da cuenta de que nunca hubo una verdadera elección. Cuando volvió a abrirlos, algo en su mirada había cambiado.« Está bien», murmuró. Luego, como si necesitara convencerse a sí misma, aclaró la garganta y lo dijo con más firmeza,« Lo acepto».

Speaker 3

No pude evitar sonreír.« Trato hecho». Excelente, dije

Speaker 2

permitiéndome mostrar una sonrisa satisfecha. Dejé la tableta a un lado y me levanté, sintiendo el poder que me recorría. El mismo que usaba en las negociaciones corporativas, pero aquí, en esta habitación de hotel, era más crudo, más primitivo. Quítate la ropa, ordené, mirándola directamente a los ojos. Toda. La expresión de Isabella cambió instantáneamente. El color abandonó su rostro y sus ojos se abrieron como platos. ¿Qué? Balbuceó, incorporándose de la cama de un salto. No, yo, pensé

que esto era una entrevista. Una evaluación. Nadie me dijo. Su mirada recorrió nerviosamente la habitación, deteniéndose en la cámara, luego en el enmascarado inmóvil en la esquina y finalmente volviendo a mí. El pánico se dibujaba en cada línea de su rostro.

Speaker 3

Qué clase de ayuda es esta? Su voz tembló. Esto no es lo que...¿ No es lo que esperabas?

Speaker 2

La interrumpí, manteniéndome perfectamente serena.¿ Y qué esperabas exactamente, Isabella? Di un paso hacia ella. Lentamente metí la mano en el bolsillo interior de mi saco. Saqué un sobre y lo abrí con deliberada lentitud. De él extraje un cheque que sostuve entre mis dedos, mostrándoselo como quien enseña un premio. Aquí está tu salvación, Isabella, dije, mi voz se había vuelto un susurro afilado. Sus ojos se fijaron en el cheque.

Pude ver el conflicto en su mirada, la desesperación luchando contra la dignidad.« Por favor», suplicó Isabella, señalando hacia la cámara.«¿ Eso al menos, podemos apagarla?» Una risa seca escapó de mi garganta. Me acerqué a ella, hasta que pude sentir el calor de su cuerpo, el temblor sutil que la recorría. No, Isabella, susurré, mi boca cerca de su oído. La cámara se queda. Es parte del acuerdo. Con dedos temblorosos, agarró el borde

de su camiseta blanca. La levantó lentamente, revelando primero su vientre plano, marcado por suaves líneas de definición muscular. La tela subió más, mostrando la curva inferior de sus pechos, y finalmente, en un movimiento rápido, como quien arranca una bandita, se la quitó por completo. Sus tetas quedaron expuestas, perfectamente redondas y firmes a pesar de su edad. Los pezones, de un rosa oscuro, estaban duros. Se detuvo un momento,

Speaker 3

cubriéndose instintivamente con los brazos. Todo, Le recordé, sin emoción en mi voz.

Speaker 2

Isabella cerró los ojos. Una lágrima solitaria rodó por su mejilla mientras desabrochaba sus jeans. Los deslizó por sus muslos torneados, revelando unas bragas de algodón blanco, simples, prácticas. Nada de la lencería provocativa que habría esperado en alguien con un cuerpo así. Se quitó los zapatos con movimientos torpes, casi tropezando. luego los calcetines. Finalmente, se quedó solo con las bragas, su última barrera. Con dedos temblorosos, Isabella enganchó los pulgares

en el elástico de sus bragas. Respiró hondo y, en un movimiento fluido, las deslizó hacia abajo, quedando completamente desnuda frente a mí. Su pubis estaba depilado, dejando solo una línea delgada de bello castaño. Su piel, ligeramente bronceada, contrastaba con las marcas blancas de bikini en sus pechos y caderas. Se quedó ahí, temblando, una mano intentando cubrir su sexo, la otra cruzada sobre sus pechos. Vulnerable. Expuesta. Justo como yo lo estuve

Speaker 3

alguna vez. Date

Speaker 2

la vuelta, ordené, mi voz más ronca de lo que esperaba. Lentamente. Isabella obedeció, girando con la dignidad de una condenada. Su espalda era tan hermosa como el resto de ella, hombros delicados, una columna vertebral que se curvaba elegantemente hasta una cintura estrecha, y un culo perfecto, redondo y firme. Años de yoga habían esculpido su cuerpo como el de una diosa. Suficiente, dije después de un momento. Mírame. Ella se dio la

vuelta de nuevo. la humillación ardiendo en sus ojos. Pero había algo más ahí, algo que no esperaba ver, resignación. La mirada de quien ha decidido que el precio, por terrible que sea, vale la pena pagarlo. Fue entonces cuando el enmascarado se movió. Después de estar inmóvil como una estatua durante tanto tiempo, su repentino movimiento resultó casi violento. Se acercó a la cama con pasos deliberados. Isabella se removió en la cama, poniéndose de rodillas. Sus ojos se

abrieron enormes, aterrorizados, mientras observaba al hombre acercarse. No.

Speaker 3

Susurró, su voz apenas audible. Por favor, no. No, murmuró, su voz apenas audible. Por favor, no. Esto no.

Speaker 2

El enmascarado llegó al pie de la cama y, sin decir palabra, comenzó a desabrocharse el cinturón. El sonido metálico de la hebilla resonó como una sentencia. Isabella se encogió, sus brazos rodeando su cuerpo desnudo en un intento desesperado de protegerse.« No, no, no», repitió, su voz

Speaker 3

quebrándose.« No puedo hacer esto. Por favor, no con

Speaker 2

él, no así». El hombre continuó imperturbable. Se quitó la chaqueta y comenzó a desabotonarse la camisa, revelando un torso joven y tonificado. Isabella se levantó de un salto, atravesando la habitación como un animal acorralado, buscando su ropa esparcida por el suelo. No.

Speaker 3

Esto no es lo que acordé. Gritó, su voz quebrada por el pánico. No puedo hacerlo

Speaker 2

El enmascarado se detuvo, mirándome fijamente a través de los agujeros de la tela negra. Esperaba que yo interactuara. Joder, esto no estaba saliendo según el plan. Recordé las instrucciones. Si la sujeto se muestra excesivamente reacia, implementar protocolo de contención emocional. Contención emocional,¿ qué manera tan elegante de decir manipulala hasta que ceda? La tenía desnuda, sí, pero al borde del colapso. Un paso más y la perdería. Y con ella, mi oportunidad de cumplir con lo que la

SDMF esperaba de mí. Si ella echaba todo a la mierda nos jodíamos los dos. Espera, le dije, y luego me volví hacia Isabella, que temblaba contra la pared intentando cubrir su desnudez con los brazos. Isabella, tranquilízate.

Speaker 3

Quiero irme. Sollozó, lágrimas rodando por sus mejillas. No puedo hacer esto. No puedo.

Speaker 2

Me acerqué a ella lentamente, como quien se aproxima a un animal herido. Isabella, mírame, dije, suavizando mi voz hasta convertirla en un murmullo íntimo. Solo a mí. Ella lo hizo. Estaba reaccionando pero iba a ser más difícil de lo que parecía Recuerda por qué haces esto, le dije, acariciando su rostro. Sí, yo, comenzó a balbucear, normalizando su respiración. Tienes, tienes razón,¿ cuál

es tu nombre? Mierda, mierda, mierda, mierda. Había dos cosas que quería evitar a toda costa, pero al parecer tendría que romper ambas. Soy Mónica, mucho gusto. Dije ofreciéndole la mano de manera teatral. Ella rió, suavemente y correspondió a mi saludo, dejando al descubierto sus tetas. Bien, íbamos de vuelta al camino correcto, pero no podía arriesgarme a otro arranque de miedo, donde esta cobarde nos ahogara a ambas.

Contemplé la situación con la frialdad de un estratega, Isabella estaba al borde y necesitaba algo que la enclara, que le hiciera sentir que no estaba sola en esta humillación. Joder, no me gustaba la idea. No me gustaba ni un puto pelo, pero tampoco veía otra salida. Mira, Isabella, le dije, manteniendo mi voz firme pero menos cortante. Entiendo que esto es difícil. pero no estás sola en esto. Ella me

miró confundida, las lágrimas aún brillando en sus pestañas. Sin darme tiempo a arrepentirme, llevé mis manos al botón de mi saco y lo abrí con decisión. Lo deslicé por mis hombros y lo dejé caer al suelo con una elegancia estudiada, como si estuviera en un desfile privado. Sus ojos se abrieron de par en par, siguiendo cada uno de mis movimientos. Desabroché lentamente los botones de mi blusa de seda, uno por uno, revelando el encaje negro de mi sujetador. La tela se deslizó por mis brazos como

una caricia. ¿Qué, qué estás haciendo? Preguntó, su voz ahora más curiosa que aterrorizada. No respondí. Mis dedos encontraron la cremallera lateral de mi falda. Con un movimiento fluido, la deslicé hacia abajo y dejando que la prenda cayera a mis pies. Me quedé de pie frente a ella, en ropa interior negra de encaje, mis tacones aún puestos, creando esa ilusión de poder que siempre me había servido tan bien.

Isabella me miraba hipnotizada, su respiración normalizándose gradualmente. El enmascarado, mientras tanto, se había retirado a su esquina, observando la escena con esa inquietante quietud suya. Alcé una mano hacia el broche de mi sujetador en mi espalda. Un clic y la prenda se aflojó, liberando mis pechos. Los dejé al descubierto, consciente de cómo se veían, llenos, firmes, con pezones rosados que se endurecían al contacto con el aire

frío de la habitación. Finalmente, me quité las bragas, quedando completamente desnuda frente a ella. El rostro de Isabella era un lienzo de emociones contradictorias, sorpresa, confusión y algo que parecía alivio.« Ven», dije extendiéndole la mano y guiándola de vuelta a la cama, donde el chico enmascarado esperaba de pie,

vistiendo sólo unos boxers. Su miembro se adivinaba detrás de la tela.« Gue a Isabella hasta la cama», Nuestros cuerpos desnudos reflejados en el espejo del armario como una extraña danza de sombras y piel. Su mano temblaba ligeramente entre la mía, pero ya no intentaba huir. La desesperación hace cosas extraordinarias con la voluntad de las personas. Lo sabía bien, joder si lo sabía. El enmascarado permanecía inmóvil al pie de la cama, su respiración apenas perceptible bajo la máscara negra.

Los músculos de sus hombros y brazos se tensaban y relajaban rítmicamente, única señal de que estaba vivo y no una estatua tallada en carne. Cuando llegamos junto a él, solté la mano de Isabella y me senté en el borde de la cama, cruzando las piernas con deliberada lentitud. La mirada de Isabella recorría mi cuerpo desnudo con una mezcla de curiosidad y algo más que no supe identificar. Quizás admiración, quizás envidia. A las mujeres nos enseñan desde

pequeñas a compararnos, a medirnos contra otras. Incluso en esta situación de mierda, ese instinto no desaparecía. Quítale los boxers, ordené, mi voz suave pero firme. Isabella me miró como si acabara de pedirle que saltara desde un precipicio. ¿Qué? Susurró, su mirada alternando entre el bulto en los boxers del enmascarado y mi rostro. Ya me has oído, respondí, permitiéndome una pequeña sonrisa. Quítale los boxers y haz que se

ponga duro. Isabella cerró los ojos un momento, respirando profundamente. Cuando los abrió de nuevo, había determinación en ellos. Se arrodilló frente al enmascarado con una gracia que delataba sus años de yoga, su espalda recta, sus pechos proyectados hacia adelante. Con dedos temblorosos, Enganchó los pulgares en el elástico de los boxers negros. Se detuvo un instante, mirándome de nuevo como buscando una última confirmación. Asentí levemente y ella comenzó

a bajar la prenda. El miembro del enmascarado quedó expuesto, semi-erecto, balanceándose ligeramente ante el súbito movimiento. Isabella dejó escapar un pequeño jadeo involuntario. No era especialmente grande. pero tenía una forma agradable, con venas que se marcaban sutilmente bajo la piel. Isabella se quedó inmóvil. Ahora, continué, recorriendo lentamente el espacio entre nosotros, mis tacones resonando contra el suelo, quiero que

lo hagas crecer. Completamente. Isabella, sin mirarme esta vez comenzó a masajearlo tímidamente. Sus manos alternaban entre una paja suave y un masaje a sus huevos. Al parecer ese cabrón había tenido el tiempo de su vida mirándonos desnudas porque al cabo de pocos segundos, su verga se erguía orgullosa en todo su esplendor. Isabella, orgullosa, me miró, buscando aprobación con su mirada. Y la encontró. Era hermosa incluso en

su miedo, quizás especialmente en su miedo. Sus pupilas dilatadas, el rubor que se extendía desde sus mejillas hasta su cuello, el temblor sutil de sus labios, todo componía una sinfonía de vulnerabilidad que despertaba algo primitivo dentro de mí.« Es hora de usar esa bonita boca tuya», dije con una sonrisa lenta, deliberada, señalando hacia la erección del enmascarado que

se alzaba frente a nosotras.« Muéstrame cómo lo chupas». Isabella tragó saliva, el movimiento de su garganta visible en la delicada piel

Speaker 3

de su cuello.« Yo no sé si puedo».« Claro que puedes», interrumpí,

Speaker 2

mi voz un susurro aterciopelado.« No es tu primera vez, ¿verdad? Solo piensa que es tu marido, o tu novio, o cualquier otro hombre que hayas tenido antes». El comentario la hizo estremecer y vi algo cruzar por sus ojos. Recordé lo que había leído en su expediente, divorciada hace tres años, sin relaciones serias desde entonces. La entema de Ad era un recuerdo lejano para ella. Hazlo, insistí, esta vez con más firmeza. Isabella se inclinó hacia adelante, su cabello caía

como una cortina sobre su rostro. Con una mano temblorosa, tomó el miembro erecto. Sus labios se entreabrieron, húmedos, rosados. Se detuvo un instante, cerrando los ojos como si estuviera reuniendo valor, y luego, con un movimiento suave, lo introdujo en su boca. El enmascarado dejó escapar un gemido ahogado, el primer sonido que emitía desde que habíamos entrado a la habitación. Sus caderas se movieron instintivamente hacia adelante y empujando más de su longitud en la boca de Isabella.

Ella se apartó, sobresaltada, una expresión de pánico cruzando su rostro. Tranquila, le dije, acariciando su nuca, sintiendo la suavidad de su cabello entre mis dedos. Respira. Tómate tu tiempo. Isabella asintió levemente y volvió a intentarlo. Esta vez tomó el miembro con una mano y estabilizándolo mientras sus labios se deslizaban por la cabeza. Era súper morboso verla tragar ese pene. Su rostro angelical hacía que todo se viera morboso en ella.

Después de unos minutos, la habitación se llenó de sonidos húmedos y respiraciones entrecortadas. Isabella había encontrado un ritmo, su boca subiendo y bajando por la verga del enmascarado con creciente confianza. Sus mejillas se hundían con cada succión y pequeños hilos de saliva brillaban en la comisura de sus labios. Sus ojos, antes llenos de terror, ahora estaban entrecerrados, como si estuviera perdiéndose en la mecánica del acto para olvidar su significado. El enmascarado gemía suavemente

Speaker 3

tras la tela negra. Suficiente, dije después de unos minutos.

Speaker 2

Isabella se detuvo inmediatamente, separándose del miembro del enmascarado con un sonido húmedo. Un hilo de saliva conectaba aún sus labios con la punta enrojecida. Se limpió la boca con el dorso de la mano, jadeando ligeramente, sus ojos buscando los míos. No respondí. En cambio, me dirigí al enmascarado con un gesto imperioso. Acuéstate, le indiqué, señalando

Speaker 3

el centro de la cama. Boca arriba. El hombre obedeció sin vacilar. Ahora, dije, girándome hacia ella, quiero que lo montes. El color abandonó su rostro. No puedo, murmuró, retrocediendo

Speaker 2

un paso. Por favor, Mónica, no me pidas eso. Chupársela es una cosa, pero esto. Tomé su rostro entre mis manos, mis dedos acariciando suavemente sus mejillas. Podía sentir el calor de su piel, el temblor sutil de su mandíbula.« Si puedes», susurré. Isabella miró la erección del enmascarado como si fuera una serpiente venenosa. Sus manos temblaban, pero había una resignación en sus ojos que me resultaba familiar. Era la mirada de alguien que ha calculado todas las opciones y ha llegado

a la conclusión de que no hay salida. Isabella cerró los ojos y, con una mano temblorosa, dio el miembro hacia su entrada. Se mordió el labio inferior mientras bajaba lentamente, centímetro a centímetro. Un gemido ahogado escapó de su garganta cuando la punta comenzó a abrirse paso. Estaba seca, Lo noté por la mueca de dolor que cruzó su rostro, pero siguió descendiendo, determinada a acabar con esto lo antes posible. El enmascarado emitió un gruñido gutural cuando su verga finalmente

se hundió en ella. Sus manos se aferraron a las caderas de Isabella, los dedos clavándose en su carne como garras. Ella jadeó, sorprendida por el repentino agarre, pero no se detuvo.

Comenzó a moverse arriba y abajo, con movimientos mecánicos desprovistos de pasión su rostro era una máscara de concentración y resignación como si estuviera realizando una tarea desagradable pero necesaria poco a poco iba dando saltitos enterrándose más y más en esa verga sus pechos rebotaban con cada movimiento hipnóticos en su danza el sudor comenzaba a perlar su frente y a resbalar entre sus homóplatos dibujando líneas brillantes en

su piel bronceada. A pesar de la situación, no pude evitar admirar la belleza de su cuerpo, la elegancia con la que se movía incluso en estas circunstancias. Sin previo aviso, sentí un contacto en mi muslo. El enmascarado había extendido un brazo y sus dedos ahora se deslizaban por mi piel, subiendo lentamente hacia mi entrepierna. Me tensé instintivamente y la sorpresa paralizándome por un segundo. Poco a poco, su mano

subió hasta alcanzar mi vagina, la cual acarició suavemente por fuera. Mierda, estaba mojada. No exageradamente, pero sí lo suficiente para dar la impresión de que estaba lista para jugar. Isabella descendió completamente, tragándose hasta la base esa verga que se hundía en sus entrañas. Su cuerpo se estremeció cuando finalmente lo tuvo todo dentro, sus muslos temblando contra las caderas del enmascarado.

Dejó escapar un gemido ahogado, una mezcla de dolor y algo más primitivo que parecía sorprenderla incluso a ella.« Eso es», murmuré, observando cómo su cuerpo se adaptaba a la intrusión.« Ahora muévete». Isabella comenzó a balancearse suavemente y, sus caderas dibujando pequeños círculos. Al principio sus movimientos eran mecánicos, como si estuviera siguiendo instrucciones de un manual, pero poco a poco algo cambió.

Quería seguir absorto observando lo que acontecía frente a mí, cuando sentí como dos dedos del chico se colaban en mi interior sin mucha delicadeza. Casi inmediatamente, haciendo una especie de gancho con ellos me jaló hacia él. El movimiento me dolió, por lo que accedí, acercándome. A pesar de mi sorpresa inicial, me adapté rápidamente. No iba a mostrar debilidad. Los dedos del enmascarado se movían dentro de mí con algo de torpeza, pero al final todo esto me estaba calentando.

Isabella continuaba montándolo, sus caderas encontrando un ritmo más natural. Su respiración se había vuelto entrecortada, pequeños jadeos escapaban de sus labios. Sus ojos, que hasta hace poco reflejaban miedo y resignación, ahora mostraban un brillo diferente. Quizás era simplemente la adrenalina del momento, o tal vez su cuerpo estaba traicionando a su mente, respondiendo a la estimulación a pesar

de las circunstancias. El enmascarado aumentó el ritmo de sus dedos dentro de mí, y maldita sea, me estaba gustando. Sentí como mi interior se contraía alrededor de sus dedos, como mi cuerpo respondía con vida propia. Un calor familiar comenzó a extenderse desde mi bajo vientre, ondas de placer que amenazaban con quebrar mi fachada de control. De repente, sin previo aviso, el enmascarado retiró sus dedos de mi interior. Con un movimiento brusco, se incorporó, arrojando a Isabella hacia

un lado. Ella cayó sobre la cama con un grito ahogado, su cabello revuelto enmarcando su rostro sorprendido. Antes de que pudiera reaccionar, el enmascarado la agarró por el pelo, tirando con fuerza suficiente para hacer que arqueara el cuello, pero no para lastimarla realmente. Isabella jadeó, sus ojos abiertos de par en par, una mezcla de miedo y excitación en su mirada. El enmascarado se arrodilló junto a su rostro, su verga brillante por los fluidos de ella, palpitando visiblemente.

Con la mano libre comenzó a masturbarse frenéticamente, los sonidos húmedos llenando la habitación. Isabella intentó apartarse instintivamente, pero el agarre en su cabello era firme. El enmascarado acercó la punta hinchada de su miembro a los labios de ella, presionando ligeramente. Para mi sorpresa, Isabella abrió la boca sin resistencia, como si su cuerpo hubiera decidido rendirse completamente. Sus labios, rojos e hinchados, formaron un círculo perfecto alrededor de la

cabeza del miembro. El enmascarado gruñó, y con un sonido animal, comenzó a correrse en la boca de la zorrita. Isabella tosió violentamente cuando el enmascarado retiró su miembro. El semen se desbordaba por la comisura de sus labios mientras ella hacía un gesto instintivo de escupir. Me moví con la velocidad de un depredador, cubriendo su boca con mi mano, presionando con firmeza contra sus labios. Ni se te ocurra, susurré contra su oído, sintiendo su cuerpo estremecerse

Speaker 3

bajo el mío. Trágatelo. Todo.

Speaker 2

Sus ojos se abrieron enormes, suplicantes, mientras pequeñas lágrimas se formaban en las esquinas. Podía sentir el calor de su aliento contra mi palma, la humedad del semen mezclado con su saliva filtrándose entre mis dedos. Negó levemente con la cabeza, un movimiento apenas perceptible. Trágalo, repetí, esta vez con un tono que no admitía réplica. O todo esto habrá sido en vano. Un sollozo ahogado vibró contra mi mano. Isabella cerró los ojos. Sentí el movimiento de su garganta bajo

mi antebrazo cuando tragó. Una, dos veces. El esfuerzo la hizo temblar, como si estuviera bebiendo algo amargo y repugnante. Cuando finalmente terminó, retiré lentamente mi mano, dejando un rastro húmedo sobre su barbilla. Isabella jadeaba, su pecho subiendo y

bajando erráticamente. El color había abandonado su rostro, dejándola pálida como un cadáver, excepto por el rubor que manchaba sus mejillas y el brillo febril de sus ojos.—¿ Es, es todo?— preguntó con voz ronca, apenas un susurro quebrado.— Por favor, dime que es todo. La observé en silencio, contemplando la figura desaliñada y vulnerable que yacía ante mí. Su cabello, antes perfectamente peinado, ahora era un desastre salvaje alrededor de

su rostro. Sus labios estaban hinchados y rojizos, brillantes por la saliva y los restos del semen. Su cuerpo desnudo, cubierto por una fina capa de sudor, temblaba ligeramente. Era la viva imagen de alguien que ha sido usado, consumido. Y aún así, no podía ignorar la belleza en esa destrucción. El enmascarado no se había retirado. Seguía de pie observando en silencio, su respiración aún agitada tras el orgasmo. La cámara seguía grabando, su luz roja parpadeaba de vez en cuando.

Consulté la tablet que había dejado sobre la mesita de noche. Ahí estaba, el último punto del informe, la sujeto debe demostrar su misión completa mediante estimulación oral a la facilitadora. Mierda. No, Isabella. Dije finalmente, mi voz más ronca de lo que esperaba. Aún no hemos terminado. Me moví hacia el centro de la cama, sintiendo el colchón hundirse bajo mi peso. Con deliberada lentitud, separé mis piernas, exponiendo mi sexo húmedo ante

su mirada. Isabella siguió el movimiento con ojos desorbitados, comprendiendo inmediatamente lo que venía. Por favor, murmuró, su voz apenas audible.« Ya he hecho todo lo que me pidieron. Solo hay una forma de que salgas de esta habitación hoy», le dije, reclinándome contra las almohadas, abriendo aún más mis muslos.« Y es haciéndome acabar con esa boquita tuya». Isabella palideció, como si toda la sangre hubiera abandonado su rostro de golpe.

Su mirada alternaba entre mis piernas abiertas y la puerta, calculando desesperadamente si podría escapar. No puedo, susurró, negando con la cabeza. Nunca he,

Speaker 3

no sé cómo. Aprenderás

Speaker 2

respondí, extendiendo una mano hacia ella.

Speaker 3

Ven aquí

Speaker 2

Curiosamente, Isabella mostraba menos reparo con esto que con todo lo anterior. Isabella cerró los ojos y, Tras un momento de vacilación, sacó tímidamente la punta de su lengua. El primer contacto fue apenas perceptible, un roce tan ligero como el aleteo de una mariposa contra mi clítoris. Contuve el aliento, anticipando lo que vendría. Su segundo lametón fue más decidido, una franja húmeda y caliente que recorrió mis labios de abajo hacia arriba. Así, suspiré, guiando su cabeza con mis manos.

Sigue así. Para mi sorpresa, Isabella no necesitó mucha más instrucción. Como si algo se hubiera desatado dentro de ella, comenzó a explorar mi sexo con una curiosidad casi infantil. Sus lamidas, al principio torpes e inseguras, pronto encontraron un ritmo que me hizo arquear la espalda. Su lengua dibujaba círculos alrededor de mi clítoris, presionando y retrocediendo, jugando con mi placer

como si siempre hubiera sabido cómo hacerlo. Joder, gemí, apretando mi agarre en su cabello.¿ Segura que nunca has hecho esto antes? Isabella no respondió, demasiado concentrada en su tarea. Sus manos, antes temblorosas, ahora se aferraban con firmeza a mis muslos, manteniéndolos separados mientras su boca trabajaba con un

entusiasmo que me dejó atónita. Podía sentir su respiración agitada contra mi piel, el calor de sus labios succionando mi clítoris, la humedad de su saliva mezclándose con mis propios fluidos. Tiré de su cabello con más fuerza, obligándola a mirarme mientras continuaba su labor. Sus ojos, antes apagados por la resignación, ahora brillaban.— Así es como te gusta, ¿verdad, zorra? Gruñí.

Isabella no respondió verbalmente, pero un gemido ahogado vibró contra mi sexo, enviando ondas de placer que me hicieron temblar. Eso es, puta, jadee, mis caderas comenzando a moverse contra su boca. Chúpame como si tu vida dependiera de ello. Y vaya que lo hizo. Isabella hundió su rostro entre mis piernas con un fervor que me dejó sin aliento. Su lengua exploraba cada pliegue, cada recoveco húmedo de mi sexo, alternando entre lamidas largas y lentas y succiones intensas que

me hacían ver estrellas. El sonido obsceno de sus labios contra mi carne resonaba en la habitación, mezclándose con mis gemidos cada vez más descontrolados. Joder, sí, gemí, arqueando la espalda cuando su lengua encontró un punto particularmente sensible. Así, justo así. zorra inmunda. Los insultos parecían encenderla aún más. Isabella gimió contra mi sexo, el sonido vibrando a través

de mi clítoris como una descarga eléctrica. Sus manos se deslizaron bajo mis muslos, levantándolos ligeramente para tener mejor acceso. Ahora su lengua se hundía dentro de mí, follándome con una precisión que me hizo maldecir en voz alta. ¿Mierda?¿ Dónde aprendiste a hacer esto? Jadé, mis dedos endedándose con más fuerza en su cabello.¿ Te gusta el sabor de mi coño, verdad, perra? Dímelo. Isabella se separó apenas lo

suficiente para hablar, sus labios brillantes con mis fluidos. Sí, susurró, su voz ronca y cargada de una lujuria que no había mostrado antes. Me gusta. Antes de que pudiera responder, volvió a hundir su rostro entre mis piernas, esta vez con un hambre renovada. Su lengua trazó círculos alrededor de mi entrada antes de deslizarse dentro, mientras su nariz presionaba contra mi clítoris. El doble estímulo me hizo gritar, mis

caderas moviéndose involuntariamente contra su boca. Puta hambrienta, gruñí, tirando de su cabello con rudeza mientras un orgasmo que no había atinado a presentirme atravesó el cuerpo. Todo lo que pasó después fue borroso. Me desplomé entre gemidos y la fuerza pareció abandonar mi cuerpo, aunque intenté obligar a Isabella a aferrarse a mi coño, ella simplemente se retiró después de un par de minutos. Supongo tomó el sobre, su ropa y se marchó. El enmascarado se acercó a mí

y me hizo darle una mamada. Su verga sabía levemente a la vagina de Isabella. Y se la comí, sabía que no iban a dejarme ir sin abusar de mí. Al menos esta vez, puedo decir que,

Speaker 3

de cierta enferma manera, lo disfruté. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.

Transcript source: Provided by creator in RSS feed: download file
For the best experience, listen in Metacast app for iOS or Android