Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos... El grupo secreto, parte 2. El email no solo incluía información personal y de contacto del director de la empresa de construcciones... sino también un informe detallado de los más recientes proyectos que planeaban en la ciudad, así que tenía en bandeja de plata todo lo necesario para ofrecerle los servicios de nuestra compañía y afianzar un nuevo y leal cliente a
nuestra cartera. Regresé a casa corriendo, con mi computadora en mano y todos los papeles. Hola ma, dijo Gael al verme entrar como un torbellino por la puerta. Hola mi amor, Respondí a las carreras, casi ignorándolo, pero después pensé rápidamente que habíamos establecido algo cercano a una relación normal y valía la pena no dinamitarlo.« Mami va a necesitar tiempo
y silencio para terminar un proyecto urgente», expliqué. Él me miró como a un bicho raro, probablemente porque le estaba hablando como si tuviera tres años y no casi veinte, como de hecho tenía.«¿ Puedes encargarte de la cena?» Mónica contestó con desgano. Me encabronaba mucho que me llamara por mi nombre y no mamá, pero en ese momento no
tenía tiempo que perder en niñedades. El sudor se me pegaba en la espalda como una segunda piel mientras corría hacia mi habitación, dejando un reguero de carpetas y post-its que caían como pétalos de una flor podrida. El tacón izquierdo me clavaba una astilla de dolor con cada paso,
pero ni puta gracia me importaba. Las luces LED del pasillo parpadeaban como cámaras de vigilancia cómplices mientras cerraba la puerta con el culo, dejando fuera el eco de la voz de Gael que murmuraba algo sobre ensalada de bolsa otra vez. Las siguientes 72 horas las pasé en un torbellino de productividad que me dejó con los labios salpicados de sangre por morderme las comisuras sin parar. El departamento olía
a café quemado y papel impreso caliente. Mis uñas habían quedado astilladas de tanto teclear sobre la mesa del comedor convertida en centro de operaciones, gráficos de ganancias esparcidos entre tazas mugrientas, memorias USB clavadas en el mantel como cuchillos y migajas de galletas energéticas pegadas al presupuesto de tres millones que preparaba. Cada vez que parpadeaba veía números bailando en rojo sobre el blanco de las paredes. Gael se movía por los bordes de mi campo visual como un
espectro hostil. El domingo a las 9 y 17 de la noche envié el paquete final al cliente con un clic que resonó como un disparo en el apartamento silencioso. Mi cuerpo colapsó hacia atrás en la silla mientras una risa ronca me sacudía las costillas. El lunes temprano en la oficina llamé al despacho del nuevo cliente, hablé con la oficina del dueño y le pedí una cita con su jefe. Ella dudó pero le comenté que su jefe tenía ya mi propuesta y sólo quería agendar una cita para explicarla.
Me dijo que me llamaría de vuelta y lo hizo apenas 30 minutos después. El lunes temprano en la oficina llamé al despacho del nuevo cliente, hablé con la oficina del dueño y le pedí una cita con su jefe. Ella dudó pero le comenté que su jefe tenía ya mi propuesta y solo quería agendar una cita para explicarla. Me dijo que me llamaría de vuelta y lo hizo apenas 30 minutos después. La euforia se deslizó por mis venas como
un veneno dulce. Mientras escuchaba su voz al otro lado de la línea, un hormigueo excitante invadió mi estómago, era el tipo de adrenalina que solo siento cuando estoy al borde del abismo, justo antes de saltar. Mis dedos todavía temblaban sobre el teclado, pero esta vez no era por el cansancio, sino por la posibilidad palpable de triunfo. Tuve la reunión con el cliente esa misma tarde. quien estaba más que sorprendido por mi desempeño y los beneficios reales
que podía ofrecerle. Claramente que jamás di indicios de tener información confidencial, y eso era lo que más lo sorprendía, porque ciertamente yo tenía una solución para cada mínimo problema que se nos cruzaba en la negociación. Y bueno, el resto de la semana fue un torbellino de productividad también, pues había ahora que concretar todos y cada uno de
los acuerdos que habíamos pactado. Basta decir que en la reunión matutina del viernes todos aplaudieron casi de pie mi desempeño, no sólo había manejado el difícil proyecto asiático, sino que ahora había además traído un cliente que nos aseguraba una facturación de cinco o seis ceros por mes. Esto no es menos que impresionante, había dicho Simón, el jefe, para felicitarme. Yo acepté halagada. Hasta encontré satisfactoria la mirada aprobatoria del
imbécil de Roberto. De vuelta en mi oficina, esperaba con ansias el ahora rutinario email de los chantajistas. El mail llegó pero esta vez había una liga con ciertas instrucciones para acceder.
Con dedos temblorosos, abrí el correo. Asunto, nuestra próxima reunión. Estimada Mónica, Felicitaciones por tu reciente éxito. Tu
obediencia ha rendido frutos,¿ No es así? Para nuestra próxima interacción, seguirás estas instrucciones al pie de la letra. 1. Utiliza un navegador en modo
incógnito. 2. Activa tu
VPN y conéctate a un servidor en Islandia. 3. Accede al siguiente enlace, Enlace Cifrado. 4. Utiliza la siguiente contraseña para entrar al chat, m0n1c4-sum1s4. Estaré esperándote en exactamente 60 minutos. Recuerda, cada paso que das te acerca más al éxito que tanto anhelas.
Acaso no es excitante? Atentamente. SDMF PD quítate el sostén y las bragas con manos
temblorosas me serví un whisky doble el líquido ámbar quemó mi garganta pero necesitaba algo para calmar mis nervios mientras el alcohol calentaba mi interior me pregunté en qué coño me estaba metiendo pero la pregunta fue rápidamente ahogada por el recuerdo del aplauso en la sala de juntas de la mirada envidiosa de roberto del sabor dulce del éxito A la mierda, pensé, tragando el resto del whisky de
un golpe. Si quieren jugar, jugaremos. Mis dedos temblaban sobre el teclado mientras seguía las instrucciones al pie de la letra. El zumbido del ordenador parecía amplificarse en el silencio de mi oficina, como si fuera consciente de la tensión que me embargaba. Cuando por fin accedí al chat, una sensación de vértigo me invadió. Era como estar al borde de un precipicio. mirando hacia un abismo de posibilidades oscuras y tentadoras.
La pantalla parpadeó y apareció un mensaje. Bienvenida, Mónica, las palabras brillaban con una intensidad casi hipnótica. Me di cuenta entonces que mi imagen estaba en un recuadro en una esquina de la pantalla, pero sólo la mía. Estoy aquí.
Qué sigue ahora? Tecleé sintiendo como mi garganta se secaban.
Felicidades por tu éxito. Has demostrado no sólo tu obediencia sino tu inteligencia y valor. Por alguna estúpida y enferma razón, me sentí orgullosa.
Gracias, respondí contundentemente. Tenemos nuevas órdenes para ti. Mi respiración
se cortó. Sabía que eso pasaría, lo que me importaba ahora era saber qué podía obtener de ellos. Tardé unos segundos en responder pues estaba calculando una a una mis palabras, tenía que negociar pero con cuidado, pues había la clase de enfermos con la que estaba tratando, o de verdad lo sabía. Y saben que
las acataré. Pero necesito que la recompensa sea mayor esta vez.¿ Qué quieres? Contestó la otra persona, al
otro lado del internet. Acceso a los clientes de la competencia, especialmente a las dos constructoras más grandes de la ciudad. Mónica.
Escribieron y yo esperé, pensando que faltaba una respuesta. Sí. Solo las
perras más obedientes pueden aspirar a los mejores premios. Tragué saliva, Sabía que estaban a punto de pedirme algo retorcido, enfermo. Pero también confiaba en que no me pedirían nada fuera de la ley, pues si yo caía perderían su control sobre mí y eso, extrañamente, me tranquilizaba. Puedo ser la más perra.
Dije, así no tenía que dar mi brazo a torcer. Veremos.
De momento te daremos dos órdenes. La primera digamos que va con ayuda. Hemos escrito desde tu correo a Roberto para que te felicite en persona. Apaga el monitor pero no cierres la pantalla, así podremos ver en tiempo real cómo te coge. Hijos de la grandísima puta, me dije a mí misma. Por eso mi cámara estaba activa. Iba a responder pero en eso alguien llamó a mi puerta. Rápidamente bajé todo el brillo de la pantalla sin cerrar
la laptop. Pasa. dije con voz ligeramente temblorosa. Moni, Moni, dijo Roberto al entrar con una cara estúpida, dime,¿ qué es eso que querías pedirme con tanta urgencia?¿ Es que no has tenido suficientes triunfos el día de hoy? Tragué saliva, de todos los imbéciles de la oficina tenían que escoger al más repulsivo. Pero bueno, lo que les pedía a cambio podía hacerme socia de la compañía. Roberto, necesito que me folles aquí mismo, solté de golpe, mirándolo directamente a
los ojos. Ahora mismo. Roberto se quedó momentáneamente sorprendido ante tal petición, pero pronto reaccionó con un brillo depredador en sus ojos. Rodeó lentamente el escritorio hasta situarse detrás de mí. Vaya, vaya, susurró en su oído, con que esas tenemos hoy. Tú dirás, jefa. Roberto empezó a besar mi cuello de forma sensual y yo intenté concentrarme en no vomitar. Esto era asqueroso pero necesario, sólo soportar un poco más. Pensé que tenía que ir
al grano y acabar con todo de una. Tomé mi bolso y saqué un preservativo, se lo arrojé a Roberto, quien lo tomó en sus manos un poco sorprendido. Cegaramente el estúpido pensaba que esto era el comienzo de un romance y no concebía que mis órdenes no venían del deseo ni del enamoramiento. Dale, quiero sentirte dentro ya, y mi voz sonó a todo, menos sensual. Pero Roberto no pareció notarlo, pues nerviosamente abrió el condón y comenzó a abrirse los pantalones. Yo hinqué sobre mi silla, poniendo mi
culo en pompa y arremangando mi falta. Si quieren mirar, que miren, dije, recordando que estaba siendo grabada. Roberto comenzó a acariciar torpemente mis nalgas, apretujándolas con sus manos sudorosas. Luego de unos segundos eternos forcejeando con el preservativo, logró colocárselo. Sin más preámbulos, me penetró bruscamente, haciendo que mi silla rechinara sobre el suelo. Sus embestidas eran rápidas y descontroladas,
mucho menos placenteras de lo que había imaginado. Me mordí el labio para no gritar de fastidio mientras escuchaba sus gruñidos y sentía su aliento húmedo en mi nuca. Eso es, decía entre dientes, tómala toda. Así me gusta. Si no fuera porque sabía que estaba siendo grabada desde alguna parte, cegaramente habría terminado todo ahí mismo. Pero pensé en mi hijo Gael y en todas las oportunidades que esto podría abrirme en la oficina. Así que aguanté como pude aquella
grotesca situación. Luego de unos minutos interminables, Roberto emitió un sonido ahogado y se derrumbó sobre mi espalda sin salir de mí. Ambos permanecimos así unos segundos, exhaustos y humillados. Cuando finalmente se retiró, Tuve una intensa sensación de asco recorriendo todo mi cuerpo. Casi podía escuchar las risas burlonas del chantajista disfrutando su pequeña victoria. Esto queda entre nosotros, dije mientras me recomponía la ropa, o te arruinaré entera.
Roberto parecía demasiado atontado por el orgasmo como para responder. Ni siquiera intentó parecer digno al subirse los pantalones. Buen trabajo, perra. Sabía que no me decepcionarías, apareció el mensaje
en la pantalla. Mis dedos temblaban sobre el teclado mientras respondía. Ya cumplí. Ahora dame lo que prometiste. Paciencia, querida Mónica. Aún falta la segunda
parte de tu tarea. Un escalofrío recorrió mi espalda. Sabía que vendría algo peor. pero no estaba preparada para lo que leía a continuación. Tu próxima misión es simple, dejarás que tu hijo Gael te vea desnuda. Tres veces. Mi estómago se revolvió. Una cosa era follarme al imbécil de Roberto, pero involucrar a mi propio hijo. Esto cruzaba una línea que no estaba segura de poder atravesar. No puedo hacer eso.
Es mi hijo, por el amor de Dios, tecleé frenéticamente. Oh,
pero sí puedes. Y lo harás. A menos que quieras que toda la junta directiva se entere de tus métodos poco ortodoxos para conseguir clientes.
Tragué saliva. Estaba atrapada y lo sabía. ¿Cómo? Fue todo lo que pude escribir. 1.
Esta noche, cuando Gael esté en su habitación, sal del baño accidentalmente envuelta solo en una toalla. Asegúrate de que te vea. 2. Mañana por la mañana, deja la puerta de tu habitación entreabierta mientras te vistes. Cuando lo escuches pasar, finge sorpresa. 3. El domingo, tomarás un baño y olvidarás tu toalla y tu ropa, así que vas a pedirle que te traiga las cosas y te encuentre totalmente desnuda. Recuerda,
añadió el mensaje, queremos ver su reacción. Asegúrate de que la cámara de tu teléfono esté grabando en cada ocasión. Sentí que me ahogaba en un mar de vergüenza y culpa.¿ Cómo había llegado a este punto?¿ En qué momento había decidido que mi ambición valía más que mi dignidad, que mi relación con mi propio hijo? Esa noche, mientras esperaba el momento adecuado para salir del baño, mi mente no
dejaba de dar vueltas. Cada gota de agua que caía del grifo mal cerrado era como un martillazo en mi conciencia. El espejo me devolvía una imagen desastrosa de mí. El vapor del baño se pegaba a mi piel como una segunda capa de vergüenza mientras esperaba el momento adecuado. El corazón me latía tan fuerte que temía que Gael pudiera escucharlo desde su habitación. Mis manos temblaban mientras ajustaba la
cámara del celular en el estante del baño. El vapor empañaba el lente, como si hasta el jodido aparato quisiera evitar ser testigo de esta locura. Me envolví en la toalla más pequeña que encontré, maldiciendo entre dientes. Respiré hondo, conté hasta tres y abrí la puerta. El pasillo estaba oscuro, iluminado sólo por la luz tenue que se filtraba desde la habitación de Gael. Caminé con pasos deliberadamente ruidosos, dejando que las gotas de agua marcaran mi camino en el suelo.
Justo cuando pasaba frente a su puerta, fingí tropezar. La toalla se deslizó rápidamente, dejándome como Dios me trajo al mundo. Sin embargo, la vergüenza evitó que mirara si mi hijo había captado la acción. Simplemente me cambié rápido y volví a los pocos segundos por mi celular. Cargué el video en el mail y escribí 1. La mañana siguiente me desperté con un nudo en el estómago. El sol se colaba por las cortinas y dibujando sombras en mi piel desnuda
que parecían acusarme. Me levanté despacio, como si cada movimiento pudiera quebrar el frágil equilibrio de mi cordura. Dejé la puerta entreabierta mientras me vestía, el corazón martillándome en el pecho. Coloqué el celular estratégicamente en la cómoda, la cámara apuntando hacia mí. Sin querer, estaba grabándome también completamente desnuda, por primera vez en mi vida. Escuché los pasos de Gael
acercándose por el pasillo. El tiempo pareció ralentizarse. Tomé una camisa del armario y fingí estar buscando algo mientras estaba de espaldas a la puerta, mi torso completamente desnudo. Los pasos se detuvieron justo frente a mi habitación. Contuve la respiración, sintiendo su mirada clavada en mi espalda desnuda. Lentamente, me giré, fingiendo sorpresa al verlo. Gael. Exclamé, cubriéndome torpemente con la camisa.
Nuestras miradas se cruzaron por un instante eterno. Lo, lo siento, mamá, balbuceó. Sus mejillas estaban rojas como tomates. No sabía qué, debí tocar. No pasa nada, cariño, respondí, forzando una sonrisa mientras me ponía apresuradamente la camisa. Fue mi culpa por dejar la puerta abierta. Gael asintió nerviosamente y se alejó a toda prisa. Escuché cómo cerraba de un portazo la puerta de su habitación. Me quedé allí, temblando. Cuando por fin pude moverme, agarré
el celular y revisé la grabación. Ahí estaba todo. Sentí náuseas al pensar en quién vería este video. Con dedos temblorosos, Envié el archivo por correo con un simple dos como asunto. Luego me senté en la cama, sin saber qué sentir. El domingo llegó demasiado pronto. Me sentía como una condenada caminando hacia el patíbulo mientras me dirigía al baño. Cada paso era una tortura, cada segundo una eternidad. Me sumergí en la bañera, dejando que el agua caliente envolviera mi cuerpo.
Por un momento, Casi pude olvidar lo que estaba a punto de hacer. Casi. Coloqué el celular en el estante, asegurándome de que tuviera un buen ángulo de la puerta. Mis manos temblaban tanto que casi lo dejo caer en el agua. Respiré hondo, tratando de calmar los latidos frenéticos de mi corazón. Gael. Grité, odiándome a mí misma por lo que estaba a punto de hacer.¿ Puedes traerme una toalla? Me olvidé de coger una. Escuché sus pasos acercándose. El
tiempo pareció detenerse. Me levanté lentamente, el agua escurriendo por mi cuerpo desnudo. Me quedé de pie en la bañera, expuesta, vulnerable, sintiendo como cada gota de agua trazaba un camino de vergüenza sobre mi piel. La puerta se abrió. Gael entró, con una toalla en la mano y los ojos fijos en el suelo.
Aquí tienes
Ma. Su voz se cortó en seco cuando levantó la mirada. Nuestros ojos se encontraron. Vi cómo su mirada recorría mi cuerpo desnudo, deteniéndose en mis pechos, en mis caderas, en el triángulo entre mis piernas. Un rubor intenso cubrió sus mejillas, pero esta vez no apartó la vista. Y entonces lo noté. El bulto en sus pantalones, creciendo visiblemente. Mi hijo tenía una erección. Por mí. Una mezcla de emociones me golpeó como un tsunami. Vergüenza, asco, pero también, excitación. No, no
podía ser. Me negaba a aceptarlo. Gracias, cariño, dije, con una voz que no parecía la mía. Extendí la mano para tomar la toalla, pero Gael no se movió. Sus ojos seguían recorriendo mi cuerpo, su respiración agitada. Pude ver cómo tragaba saliva, cómo sus manos temblaban ligeramente. Gael susurré, sin saber qué más decir. Finalmente, como saliendo de un trance, parpadeó antes de darse la vuelta y regresar por donde había venido
Dios mío. Tomé varios minutos más antes de salir. Por primera vez
hice algo distinto, miré el video antes de mandarlo y borrarlo. Mi cuerpo, mi culo, mis tetas, mi espalda se veían esculturales. Y también vi la mirada de mi hijo, sí, definitivamente había algo ahí, detrás de la sorpresa, había
cierto deleite. Tres, listo. Escribí en el mail. De vuelta, como si me estuvieran observando. Recibí un
email. Perspectiva de Gael. La pantalla brillaba frente a mí, justo terminaba de escribir la última línea del correo que Mónica recibiría el domingo en la mañana, el cual decía así. Estimada Mónica. Esperamos que este mensaje te encuentre en el estado mental adecuado. Queremos expresarte nuestra más sincera felicitación por tu impecable desempeño en las tareas que le han sido asignadas.
Tu eficiencia y disposición han sido notadas y apreciadas. Como muestra de nuestra benevolencia por tu obediencia, hemos decidido proporcionarte la información que solicitaste. La documentación completa sobre la constructora más importante de la ciudad será enviada en entregas sucesivas. Sin embargo, En este correo encontrarás adjuntos los datos de contacto de las personas responsables de presupuestos, lo que te
permitirá iniciar el proceso de acercamiento sin dilación. Para garantizar que tu desempeño continúe alineado con nuestras expectativas y que tu utilidad siga siendo relevante para nosotros, te compartimos el siguiente decálogo que deberás seguir de manera estricta. Estas normas no están sujetas a interpretación ni cuestionamiento. Obedecer sin vacilar no te corresponde entender, cuestionar ni evaluar las órdenes. Sólo ejecutarlas. No pedir, recibir, la información se te entregará cuando y
como nosotros lo decidamos. Tus deseos o necesidades carecen de importancia. El castigo es una certeza, la recompensa es un privilegio, cada acción incorrecta tendrá una consecuencia inmediata e inapelable. Cada recompensa es una concesión, no un derecho. Tu libertad es una ilusión, cualquier sensación de autonomía que experimente es resultado de nuestra permisividad. No te equivoques respecto a su posición. Eres ahora propiedad de la SDMF, física y psicológicamente nos perteneces.
Esto implica que cualquier modificación, desde cortes de pelo hasta alteraciones permanentes requieren nuestra aprobación. Recuerda, Mónica, que tu obediencia absoluta es la llave para obtener lo que deseas. Sé una buena perra, cumple con estas reglas sin cuestionarlas, y quizás esta relación te será benéfica. Tu destino está en nuestras manos, y sólo mediante tu sumisión total podrás acceder a los privilegios que anhelas. No lo olvides, eres nuestra propiedad,
y tu único propósito es complacernos. Recuerde que su cooperación no sólo es esperada, sino exigida. Recibirá nuevas indicaciones en breve. Atentamente, SDMF. Programé el email después de leerlo en voz alta. Todos los presentes aprobaron el contenido. Yo fui el último en unirme a la SDMF y por ello era la primera vez que yo estaba en la casa de Adrián. No voy a mentir, fue muy difícil aceptar que lo que estaba pasando era real, porque cuando conocí a Adrián, simplemente
todo parecía demasiado perfecto. Y bueno, los primeros días, las primeras semanas, todo marchó de manera más que impecable. Y estaba agradecido, digo, al final todo pudo haber salido muy muy mal.¿ Voy a usar mi nombre real? Pregunté a Adrián, una noche antes de la reunión. Pues claro, hombre, me contestó riéndose,¿ cómo esperas que confiemos en ti si no? Pero bueno, he ayudado al grupo, dije, mirando al suelo,
sintiendo unos nervios tremendos. Hermano, respondió, poniéndome una mano en el hombro, no estás aquí para servir, sino para conquistar. Y si te invité es porque creo que puedes hacerlo. No somos un grupo terrorista, somos una organización con un fin común, y ese fin solo se puede alcanzar a través de la confianza y el trabajo en equipo. ¿Oka? Lo miré a los ojos. Aunque sus palabras eran reconfortantes,
Adrián tenía una mirada realmente dura. Y ahora recomponte, no puedes vacilar mañana, ni nunca, que lo que esperamos hacer va a requerir carácter.
Dale. y finalmente, ahí estábamos todos reunidos. El chico a mi derecha era Leo. Leo era una montaña
de músculo y nervios. Sus manos enormes no paraban de moverse, jugando con un lapicero que parecía diminuto entre sus dedos. Él y Adrián se habían conocido en la uni, y aunque podrían parecer dos polos opuestos, había algo que los unía ineludiblemente, Los dos parecían tener una voluntad de acero y parecían, también, rehusarse a abandonar sus metas. Él era nuestro campeón, cuando de fuerza física e intimidación se trataba. Frente a nosotros dos, estaba Luca. El hijo de puta
más encantador que jamás había conocido. Con su pelo rubio perfectamente desordenado y esa sonrisa de comercial de pasta dental, Luca era el tipo de cabrón que podía convencer a una monja de que el pecado era una virtud. Él era nuestra cara y verbo. Si fuéramos una empresa, él sería nuestras relaciones públicas. Luca me transmitía confianza, aunque sabía que era un placebo, pues si alguien ahí podía jugarnosla, ese era él. Y por último los hermanos. Santiago fue
el primero en llamar mi atención. Estaba sentado con las piernas cruzadas, con un postureo que delataba una confianza que rozaba el descaro. Su sonrisa, aunque no era tan perfecta como la de Luca, tenía algo peculiar. Era una sonrisa que te hacía sentir que estaba al tanto de un secreto que tú no conocías. Mateo, por otro lado, era la versión más contenida, más fría. Estaba sentado con la espalda recta, los brazos cruzados, y una mirada que te
helaba la sangre. Santi y Mati, el primero era pólvora y el segundo hielo. Santiago me sonrió cuando nuestros ojos se cruzaron, y pude sentir como mi corazón se aceleraba. No era miedo, no exactamente. Era más bien la sensación de saber que estaba cerca de algo peligroso, algo que podía consumirte si no tenías cuidado. pero era una sensación atractiva, emocionante,
como recorrer el filo de una navaja con los dedos. Hoy, comenzó Adrián, tomando el mando de la conversación e inaugurando la reunión, quiero presentarles al nuevo miembro, quien ya ha probado que vale la pena ser considerado de nosotros. Bienvenido, dijo, claramente, Santiago. Leo no dijo nada. Simplemente estrujó mi hombro con más fuerza de la necesaria y esbozó una sonrisa. Intenté corresponderla.
Luca y Mati simplemente me hicieron un gesto con la cabeza.¿ Estás listo para volverte un miembro oficial de la Sociedad de Madres Follables, Gael?
Sí.
Contesté con la mejor de mis sonrisas, haciendo acopio de todas mis fuerzas. Sí, éramos un grupo medio puñetero, pero sinceramente todos aportábamos bastante. Y no sé si era cierto, o simplemente Adrián me había convencido, pero en ese momento sentía que podíamos hacer lo que nos propusiéramos. Adrián se levantó y se acercó a mí. Ahora eres uno de nosotros. Y como uno de nosotros, debes entender que esto va más allá de un simple juego. Esto es una familia, Gael.
Y en esta familia, todos tenemos algo en común. Sus ojos se clavaron en los míos, y por un momento, sentí que estaba mirando más allá de mi alma, como si pudiera ver cada rincón oscuro de mi mente. Lo cual, de cierta forma era cierto, pues al final de cuentas, todos en ese cuarto conocían mi secreto más sucio. Eso es cierto, rompió de la nada Santiago, de nuevo. Al final, Mónica ha sido una de las prospectos más prometedoras. La única que ha seguido las órdenes sin dudar.
La madre de Santiago y Mateo se llamaba Victoria. Victoria
Vásquez. El nombre sonaba a poder, y no era de extrañar. Era abogada, una de las mejores en su campo, y había construido su imperio con uñas y dientes. Santiago y Mateo habían heredado su determinación, su ambición y también, quizás, su oscuridad. Eran hermanos, pero funcionaban como una máquina bien engrasada,
cada uno complementando al otro. En fin. que la SDMF le había hecho creer que era víctima de una conspiración y estábamos intentando ganarnos su confianza para tenerla entre nuestras manos. Después de Mónica, era quien más cerca estaba de caer. Por otro lado, la madre de Luca, Isabella García. Solo de pensarlo, una sonrisa se dibujaba en mis labios. Era como una obra de arte, una creación frágil y delicada, moldeada durante años por las manos expertas de su propio hijo.
Luca la había transformado, la había doblegado con una maestría que hasta a mí me dejaba sin aliento. Isabella era el ejemplo perfecto de lo que la SDMF buscaba, una madre sumisa, complaciente, ciega a la realidad que se tejía a su alrededor. Estábamos lejos de poseerla de la manera que buscábamos, pero los avances que el hijo de puta de Luca, probablemente, pronto de forma literal nos mostraba eran
más que impactantes. Era cierto que ella tenía la figura menos despampanante del grupo, pues su silueta era más que nada delgada y definida, pero eso no la había menos apetecible. Diana era la madre de Leo, y ella era la única que no había mostrado ni un solo resquicio de debilidad, la única que parecía inmune a nuestros juegos. Pero eso no importaba, porque Adrián siempre decía que las más duras son las que más placer dan cuando finalmente se derrumban.
Diana Mendoza era el tipo de mujer que te hacía sentir que, aunque no hubiera dicho una sola palabra, ya te había ganado. Y eso, más que asustarme, me excitaba de manera enloquecida. Estaba buenísima, como sacada de revista porno. Y claramente, la cereza del pastel, Carmen, la madre del propio Adrián. La primera vez que la vi, no pude evitar sentir una mezcla de admiración y desconcierto. Había sido a la distancia, la única que había visto en persona.
Pero Dios mío que hasta pelirroja era. No era la belleza estruendosa de Diana, ni la juventud de Mónica, sino una clase de atractivo más sutil, más maduro, que te hacía preguntarte cómo alguien así podía ser la madre de Adrián, el hijo de puta más manipulador que había conocido en mi vida. Adrián siempre hablaba de ella con una sonrisa en los labios, como si se sintiera orgulloso de lo que estaba a punto de hacer. Carmen es especial, solía decir. Tarda en darse cuenta, pero una vez que lo hace,
no hay vuelta atrás. En fin, que éramos una bola de enfermos incestuosos que no teníamos reparo en compartir información delicada, personal e íntima con tal de conseguir la meta, cogernos a nuestras preciosas mamis. Pasamos media hora más poniéndonos al tanto de los nuevos avances con cada una de nuestras víctimas. Pero bueno, dijo, Santiago después de una larga discusión entre Adrián y su hermano Mateo sobre las posibilidades de realizar
un plan. Nos estamos desviando de lo importante.¿ Crees que tu mami esté lista para el siguiente paso? Todos los ojos se volvieron hacia mí. Tragué saliva, sintiendo como la garganta se me cerraba. Las palabras se amontonaban en mi mente, pero al intentar soltarlas, solo salió un balbuceo incoherente.« Eh, yo, eso es», murmuré, bajando la mirada hacia mis manos, que no dejaban de temblar.« Es demasiado pronto», intervino Mateo, salvándome
de mi propio silencio. Su voz era firme, pero había una sombra de preocupación en sus ojos.« Si nos apresuramos, podríamos perder todo el progreso que hemos logrado». No hay nada que temer, dijo Luca, reclinándose en su silla con una sonrisa confiada. Siempre y cuando sepamos preparar la trampa, todo saldrá bien. Exacto, coincidió Leo, asintiendo con la cabeza. Adrián, que había permanecido en silencio durante la mayor parte de la discusión, cruzó los brazos y miró a Luca y
Leo con una expresión severa. Ustedes solo están pensando a corto plazo, dijo, su voz calmada pero cargada de autoridad. Si fallamos ahora, no habrá una segunda oportunidad. No podemos darnos el lujo de cometer errores. El silencio volvió a apoderarse de la habitación. Sentí como la presión aumentaba, como si las paredes se cerraran a mi alrededor. Pero entonces,
algo dentro de mí cambió. No sé si fue el tono de Adrián, la mirada de desesperación en los ojos de Mateo o simplemente el hecho de que ya no podía quedarme callado. Respiré hondo y, por primera vez, tomé la iniciativa. Moni no está lista para correr, dije, y mi voz, aunque temblorosa, resonó con una claridad que sorprendió incluso a mí mismo. Pero cegaramente sí para gatear. Todos los ojos se volvieron hacia mí de nuevo. pero esta vez no me sentí abrumado. Había dicho lo que necesitaba decir.
Adrián me miró fijamente, como si me estuviera viendo por primera vez. Luego, asintió lentamente. Gatear antes de correr, murmuró, más para sí mismo que para los demás. Tal vez tengas razón, Gael. Mateo frunció el ceño, pero no dijo nada. Luca y Leo intercambiaron una mirada, y por primera vez, vi una sombra de duda en sus expresiones. Santiago sonrió, rompiendo la tensión. Bueno, parece que finalmente tenemos un plan, dijo, y su voz sonó casi alegre. Gatear antes de correr. Simple,
pero efectivo. Perspectiva de Mónica. Desde que tenía en la mira volverme socia de la empresa, revisaba mi correo religiosamente todos los días. Y eso, claro, involucraba los domingos. Con taza de café en mano y la perspectiva de un día tranquilo abrí mi computadora. En el último email que el chantajista me había mandado simplemente había escritor queda a la espera de nuestra respuesta. Lo cual, era casi peor
que una respuesta real. pues me hacía saber que había recibido mi mensaje, pero no tenía una fecha real para cuando obtendría respuesta. Y sin embargo, esa mañana de domingo a las 7 de la mañana había llegado a mi bandeja un mensaje contundente. Estimada Mónica, esperamos que este mensaje te encuentre en el estado mental óptimo. Queremos expresarte nuestra más sincera felicitación por tu impecable desempeño en las tareas que le han sido asignadas. Tu eficiencia y disposición han sido
notadas y apreciadas. Como muestra de nuestra benevolencia por tu obediencia, hemos decidido proporcionarte la información que solicitaste. La documentación completa sobre la constructora más importante de la ciudad será enviada en entregas sucesivas. Sin embargo, En este correo encontrarás adjuntos los datos de contacto de las personas responsables de presupuestos, lo que te permitirá iniciar el proceso de acercamiento sin dilación.
Para garantizar que tu desempeño continúe alineado con nuestras expectativas y que tu utilidad siga siendo relevante para nosotros, te compartimos el siguiente decálogo que deberás seguir de manera estricta. Estas normas no están sujetas a interpretación ni cuestionamiento. Obedecer sin vacilar no te corresponde entender, cuestionar ni evaluar las órdenes. Sólo ejecutarlas. No pedir, recibir, la información se te entregará cuando y como nosotros lo decidamos. Tus deseos o necesidades
carecen de importancia. El castigo es una certeza, la recompensa es un privilegio, cada acción incorrecta tendrá una consecuencia inmediata e inapelable. Cada recompensa es una concesión, no un derecho. Tu libertad es una ilusión, cualquier sensación de autonomía que experimente es resultado de nuestra permisividad. No te equivoques respecto a su posición. Eres ahora propiedad de la SDMF, física y psicológicamente nos perteneces. Esto implica que cualquier modificación, desde
cortes de pelo hasta alteraciones permanentes requieren nuestra aprobación. Recuerda, Mónica, que tu obediencia absoluta es la llave para obtener lo que deseas. Sé una buena perra, cumple con estas reglas sin cuestionarlas, y quizás esta relación te será benéfica. Tu destino está en nuestras manos, y sólo mediante tu sumisión total podrás acceder a los privilegios que anhelas. No lo olvides, eres nuestra propiedad, y tu único propósito es complacernos. Recuerde
que su cooperación no sólo es esperada, sino exigida. Recibirá nuevas indicaciones en breve. Atentamente, SDMF Leí el correo una y otra vez, sintiendo como mi estómago se revolvía con cada palabra. El asco y la indignación me subían por la garganta como bilis, amenazando con hacerme vomitar.¿ Quiénes mierdas se creían estos hijos de puta para hablarme así?¿ Para tratarme como si fuera un puta mascota, su propiedad? Mis
manos temblaban de rabia mientras releía esas reglas demenciales. Obedecer sin cuestionar, no pedir nada, aceptar castigos.¿ En qué puto universo creían que yo iba a someterme a semejante locura? La sangre me hervía en las venas y sentía ganas de gritar, de romper algo, de mandarlos a todos a la mierda. Pero entonces, mis ojos se desviaron hacia el archivo adjunto. Ahí estaba, brillando en mi pantalla como un faro en la oscuridad, los datos de contacto que me
habían prometido. Con el corazón latiéndome a mil por hora, hice clic para abrirlo. Y de repente, toda mi indignación se evaporó como si nunca hubiera existido. Ahí estaban, nombres, Números de teléfono, correos electrónicos, toda la información que necesitaba para acercarme a la constructora más importante de la ciudad. La llave para convertirme en socia de la firma. Una oleada de emoción me recorrió el cuerpo, tan intensa que casi me mareé.¿ Cómo era posible sentir tanto asco y
tanta euforia al mismo tiempo? Descargué la información, guardé los datos en un documento y apagué el portátil. Me quedé mirando la pantalla negra del portátil, mi reflejo distorsionado devolviéndome una mirada confusa.¿ Y si todo esto fuera una puta broma pesada? Las amenazas, las reglas demenciales, la información, todo podría ser una elaborada farsa. Quizás algún imbécil pervertido o un hacker de mierda buscando su momento de gloria.
La voz de mi hijo me sacó de mi trance.¿ Qué onda, ma, si vamos al
cine al rato? Una sonrisa involuntaria se dibujó en mis labios. Últimamente, las cosas con Gael parecían estar mejorando. Era como si una delgada capa de hielo se estuviera derritiendo entre nosotros, permitiendo que nos acercáramos de nuevo después de años de distancia glacial. Claro, mi vida, nunca me había acostumbrado a llamarlo así. Pero otra parte, esa voz insidiosa en el fondo de mi mente, susurraba,¿ y si es real?¿ Y si realmente tienes en tus manos la llave para conseguir
todo lo que siempre has querido? Miré de nuevo la pantalla apagada de mi portátil, como si pudiera ver a través de ella los datos que acababa de guardar. Ya había hecho el trabajo sucio, como ellos lo llamaban. Me había rebajado, había obedecido sus órdenes demenciales, me había sometido a sus juegos perversos.¿ No merecía al menos comprobar si
todo esto valía la pena? El lunes a primera hora, con el corazón latiéndome como un tambor enloquecido, marqué el número de Javier Soto, el encargado de presupuestos de la constructora. Mis dedos temblaban ligeramente mientras sostenía el teléfono, consciente de que este momento podría cambiar mi vida para siempre. Buenos días, habla Javier Soto, contestó una voz impaciente y autoritaria al otro lado de la línea. Ya sabía con qué tipo
de persona estaba tratando. Buenos días, señor Soto, respondí con una confianza ensayada por años, soy Mónica Herrera, de la Compañía de Logística de Abogados Martínez y Asociados. Me gustaría hablar con usted sobre una propuesta que podría ser muy beneficiosa para ambas partes. Lo siento, no estamos interesados en cambiar a nuestros proveedores, contestó secamente. Sabía que sería duro, peor no esperaba un rotundo no. Sea como fuere, ya había hecho demasiado para no empujar más. Yo sé que
no está interesado. Y eso es porque no conoce lo que podríamos, lo que yo podría hacer
por usted. Mire, señora. Mónica. El hijo de puta no había recordado mi nombre ni siquiera.
Mire, Mónica, no me interesa y ni siquiera sé cómo ha usted conseguido mi número. Entiendo que justo ahora le parezca que lo tiene todo. pero le aseguro que si me da media hora de su horario esta semana, su perspectiva será diferente. Entiendo, dijo como si meditara. Podría hacer ese espacio en mi agenda, para un almuerzo claramente, todo off the record. Perfecto. Me comunicaré con su secretaria para cerrar los detalles. De al otro lado de la línea
escuché una risa ronca. Es usted una verdadera perra para los negocios, y esa palabra me halagó, no sabía si por qué significaba que había ganado su respeto o por... Tenía que quitarme las estupideces de la cabeza. La más grande que conocerá en su vida. Que quede claro que esto no significa nada, sino una cortesía. Por supuesto, respondí, saboreando ya la victoria. Dos horas después de esa llamada,
mi teléfono vibró con un mensaje de Simón. El corazón me dio un vuelco cuando lo leí, quería que almorzáramos juntos. En los cinco años que llevaba en la firma, jamás me había invitado a comer. Ni a mí ni a nadie más que no fuera ya socio. Nos encontramos en un restaurante
elegante del centro. Simón ya estaba sentado cuando llegué. Mónica
me saludó con un gesto de cabeza. La verdad es que desde mi primera orden de la SDMF había tenido problemas hablando con él, pero sinceramente Simón se había comportado como un caballero, jamás haciendo referencia a lo que pasó. No como el idiota de Roberto que no dejaba de verme en la oficina. Me deslicé en la silla frente a él, tratando de mantener mi rostro tan sereno como el suyo. pero por dentro, mi estómago era un nudo
de nervios y anticipación. He oído que has hecho un movimiento bastante audaz esta mañana, así era Simón, siempre al grano. Contactar directamente a Javier Soto.
Audaz. Peligroso. Potencialmente brillante. Así es, señor. Ni siquiera sé de dónde sacaste su teléfono. Exclamó riendo. Tragué saliva. A veces hay que patear la puerta. Lo sé,
y por eso estás aquí. Hizo una pausa, dejando que el silencio se estirara como una cuerda a punto de romperse. Si cierras este trato, Mónica, serás socia.
Intenté no sonreír demasiado. Muchas gracias, señor. No me
agradezcas todavía, dijo mientras estudiaba la carta, ah, pero un detalle. Si se te cae el trato, me temo que tendrás que buscarte otra empresa. Pues nos habrás destruido el camino con la constructora más importante de la ciudad. Asentí, mostrando una seguridad que no sentía. El almuerzo continuó, pero yo apenas probé bocado. Mi mente era un torbellino de emociones contradictorias. Por un lado, la euforia me embriagaba como el mejor champán. Socia.
La palabra resonaba en mi cabeza como una promesa de gloria. Podía verme ya en mi nueva oficina, con mi nombre grabado en la puerta. Mónica Herrera, Socia. El sueño de toda mi puta vida al alcance de la mano. Pero por otro lado, el miedo me carcomía las entrañas como un ácido corrosivo. Necesitaba más información, mucha más, para cerrar ese trato. Y la única forma de conseguirla era. No. No quería ni pensarlo. Pero sabía que tendría que hacerlo.
Simón había cambiado el tema y ahora monologaba sobre sus hijos, pero sus palabras me llegaban como a través de una niebla. Yo asentía mecánicamente, sonreía en los momentos adecuados, pero mi mente estaba en otro lugar. En la información que necesitaba desesperadamente para cerrar este trato. Cuando por fin terminamos y volví a la oficina, mis tacones resonaban en el pasillo como un latido acelerado. Cerré la puerta de mi despacho
y me desplomé en la silla, temblando. Necesitaba más. Más información, más ventaja, más, lo que fuera que la SDMF pudiera darme. Con dedos temblorosos, abrí mi correo electrónico. Respiré hondo, tratando de calmar los latidos frenéticos de mi corazón. Tenía que sonar sumisa, pero no demasiado. Tenía que mostrarles que estaba dispuesta a jugar según sus reglas, pero sin perder completamente mi dignidad. Era un acto de equilibrismo emocional que me
dejaba exhausta. Estimados señores de la SDMF, agradezco profundamente la información proporcionada. Ha resultado extremadamente útil y me ha permitido dar un paso crucial en mi carrera. Sin embargo, para poder cerrar el trato, necesito más. Entiendo que debo seguir sus reglas y que no me corresponde cuestionar sus métodos. Acepto mi posición y estoy dispuesta a cumplir con lo que se me ordene. Por favor, indíquenme cuál es el siguiente paso para obtener la información adicional que requiero.
Quedo a la espera de sus instrucciones, lista para obedecer. Atentamente. Mónica.
Releí el mensaje varias veces, asegurándome de que sonara lo suficientemente sumisa sin llegar a ser patética. Cada palabra me dolía en el alma, pero me repetía una y otra vez que era necesario. Que el fin justificaba los medios. Con un último suspiro de resignación, pulsé enviar. El mensaje desapareció de mi pantalla, llevándose consigo el último vestigio de mi orgullo. Poco más de una hora esperé. Mientras tanto, acordé la cita con Javier Soto para el miércoles e
hice algunos documentos estándar pues poco más podía hacer. Quizá debí esperar un poco antes de llamarlo pues realmente estaba caminando a ciegas en la oscuridad sin saber nada. Pasada una hora de ansiedad y crisis, finalmente recibí una respuesta. Llegó con una contradictoria sensación de salvación y pérdida. Las palabras en la pantalla me golpearon como una bofetada.
Estimada Mónica,
nos complace ver que has aceptado tu lugar en la jerarquía. Como la buena perra que eres, has aprendido a menear la cola para obtener lo que deseas. Muy bien. Si sigues así, quizás hasta te demos una galleta. Pero no te confundas, esto no es una metáfora. Literalmente vas a usar ese culo para conseguir la información. Aquí tus instrucciones, perrita. Preséntate en el Hotel Mirador, habitación 508, esta noche a las 20 horas. Allí encontrarás a alguien con la información que tanto anhelas.
Pero no creas que será gratis. Durante tres horas harás exactamente lo que esa persona te ordene. sin quejas, sin límites, sin dignidad.¿ Quieres ladrar por tu hueso? Pues prepárate para revolcarte en el lodo. Cada gemido, cada humillación, cada acto depravado que realices te acercará un poco más a tu preciada información. Recuerda, perra Mónica, somos tus dueños. Y estamos felices de que vengas arrastrándote por un poco de comida. No nos decepciones
Sabemos que puedes ser una buena chica cuando te lo propones. Atentamente. SDMF Cerré el correo de golpe, sintiendo náuseas. Con un suspiro tembloroso, me
recliné en mi silla. Tres horas. Solo tres horas de, lo que sea. Y tendría todo lo que siempre había deseado. Al salir de la oficina, conduje como un autómata hasta mi casa, con las manos aferradas al volante y la mente en blanco. No quería pensar en lo que estaba a punto de hacer. Entré apresuradamente, rezando por no encontrarme con Gael. Pero ahí estaba él, tirado en el sofá con su teléfono. Levantó la vista cuando me vio pasar como un huracán hacia mi habitación.
Todo bien, ma? Preguntó curioso. Sí, mi amor, tengo una cena con un cliente. Ah, vale, que te vaya bien.
Su indiferencia me dolió y me alivió al mismo tiempo. Por un lado, odiaba que mi propio hijo apenas notara mi presencia. Por otro, agradecía que no hiciera más preguntas. Me puse un vestido negro, ajustado pero sobrio. Quería verme ligeramente profesional, esperando que eso me jugara a favor. Salí de casa sin mirar atrás, ignorando la voz en mi cabeza que me gritaba que me detuviera. El hotel mirador se alzaba imponente en el centro de la ciudad. Entré
con paso firme, fingiendo una seguridad que no sentía. En el ascensor, mis manos temblaban tanto que tuve que apretar los puños para controlarlas. Habitación 508. Respiré hondo antes de tocar. La puerta se abrió casi al instante. Un hombre con una máscara negra que cubría la mitad superior de su rostro me recibió en silencio. Era alto, fornido, vestido completamente de negro. Sus ojos, lo único visible de su cara, me recorrieron de arriba abajo con una intensidad que me
hizo estremecer. El tipo me señaló una silla junto a una mesa. Sin decir palabra, me senté, sintiendo como el corazón me latía en la garganta. Frente a mí había una laptop abierta con un procesador de texto en la pantalla. Mis ojos recorrieron las palabras que brillaban en letras negras sobre el fondo blanco. Bienvenida
perra Mónica. Las reglas son simples. 1. Desnúdate.
Ahora. Y para futuras referencias, salvo explícita orden nuestra, siempre estarás desnuda en nuestra presencia. 2. El hombre presente evaluará tus capacidades. Queremos probar de primera mano la calidad de nuestra mascota. 3. Él no hablará. Su identidad está protegida. Tú, en cambio, puedes y debes hablar. Gime, suplica, ladra si es necesario. 4. Tu recompensa llegará a las 23 horas. Ni un minuto antes. Hasta entonces, eres nuestra para usar como
nos plazca. 5. Recuerda, sin límites, sin quejas, sin
dignidad. Demuestra
que eres la perra obediente que juraste ser. El nudo en mi estómago se apretó aún más, y por un momento pensé que iba a vomitar allí mismo. Miré al hombre enmascarado, buscando algún indicio de humanidad en sus ojos. Pero sólo encontré una mirada fría y calculadora, evaluándome como si fuera un pedazo de carne en el mercado. Con manos temblorosas, comencé a desabrochar mi vestido. Cada botón que soltaba era como si estuviera desprendiéndome de una capa de
mi dignidad. El vestido cayó al suelo con un susurro, dejándome en ropa interior. Vamos, Mónica, me dije a mí misma. Solo son tres horas. Tres horas y tendrás todo lo que siempre has querido. Me quité el sujetador, sintiendo el aire frío de la habitación en mis pezones erectos. Luego, Con un último suspiro de resignación, me deslicé las bragas por las piernas. Miré al hombre. A pesar de la máscara, podía notar que estaba impactado. Y no debía ser para nada.
El tipo se quitó la ropa con movimientos rápidos y eficientes. Cuando quedó desnudo, no pude evitar notar su cuerpo juvenil y atlético sin un solo vello visible. Comencé a preguntarme cuál sería la necesidad de mantenerse anónimo si en todo caso la que estaba expuesta era yo. También reparé que había una cámara de video apuntando a la cama que estaba en el centro de la habitación. Claro, murmuré para
mis adentros y sentí un ligero mareo. Mis pensamientos fueron interrumpidos cuando él volvió a la laptop y escribió algo. Mis ojos se posaron
en la pantalla. Chúpamela. Ahora. El tipo se acostó en la cama, con su
miembro ya erecto. Tragué saliva, tratando de ignorar el nudo en mi garganta. Vamos, Mónica,
me repetí. Solo hazlo. Lo seguí hasta la cama y gateé hacia él.
Su olor masculino me inundó las fosas nasales mientras acercaba mi boca a su verga. Era grande. más de lo que esperaba, y palpitaba ligeramente. Con un último suspiro de resignación, abrí la boca y comencé a chupar. El sabor salado inundó mi lengua mientras comenzaba a mover la cabeza arriba y abajo. El tipo gimió suavemente, y por alguna razón, ese sonido me excitó más de lo que quería admitir. Aumenté el ritmo, sintiendo cómo se endurecía aún más en
mi boca. Los minutos pasaban, y yo seguía chupando, lamiendo, succionando. Mis mandíbulas dolían, mi cuello estaba tenso, pero no me detuve. No podía detenerme
Sin embargo, él sí podía. De repente,
sentí un tirón fuerte en mi cabello. El tipo me agarró con firmeza, obligándome a levantar la cabeza. Su verga salió de mi boca con un sonido húmedo y obsceno. Sin soltarme, se movió rápidamente detrás de mí. Sabía lo que venía. Cerré los ojos e intenté relajarme, pero mi cuerpo estaba tenso como una cuerda de violín. Sentí la punta de su polla presionando contra mi vagina. Estaba mojada, más de lo que quería admitir, pero aún así el tamaño me intimidaba. Con un empujón brusco, me penetró hasta
el fondo. Solté un grito ahogado, mezcla de dolor y placer. Sus manos se aferraron a mis caderas con fuerza, clavándome los dedos en la carne. Comenzó a moverse, embistiéndome con un ritmo implacable. Cada estocada me empujaba hacia adelante, haciendo que mis tetas rebotaran obscenamente. El sonido de piel contra piel llenaba la habitación, junto con mis gemidos entrecortados y sus gruñidos animales. Ah, ah, jadeaba yo con cada embestida,
incapaz de contenerme. El tipo aumentó el ritmo, follándome como si quisiera partirme en dos. Una de sus manos subió por mi espalda y se enredó en mi pelo, tirando con fuerza. El dolor en mi cuero cabelludo se mezcló con el placer que me recorría el cuerpo, creando una sensación abrumadora. Sentía su verga entrando y saliendo de mí, abriéndome, llenándome por completo. Mis jugos escurrían por mis muslos, haciendo
que cada embestida produjera un sonido húmedo y obsceno. La sensación no era completamente dolorosa, ni completamente placentera, sino una mezcla inefable de ambas. De repente, sentí un fuerte ardor en mis nalgas. El tipo me había dado una nalgada que resonó en toda la habitación. El dolor agudo se mezcló con una ola de placer que me recorrió la espalda. Antes de que pudiera recuperarme, vino otra nalgada, y otra más. Mi cuno ardía, pero en lugar de quejarme, gemí con
más fuerza. Sin previo aviso, el tipo sacó su verga de mi coño empapado. Sentí un vacío repentino, y aunque odiara decirlo, mi cuerpo parecía anhelar ser llenado de nuevo. Con gestos bruscos, me indicó que me volteara. Obedecí sin pensar, girándome sobre mi espalda y abriendo las piernas instintivamente. Ahí estaba yo, completamente expuesta, con las piernas abiertas como una
puta barata. El tipo se posicionó entre mis muslos, su verga rozando mi entrada hinchada y sensible esta vez entró en mí con más suavidad centímetro a centímetro permitiéndome sentir cada vena cada pulsación de su miembro dentro de mí cerré los ojos mordiéndome el labio para no gritar de placer una vez que estuvo completamente dentro se quedó quieto por un momento abrí los ojos y me encontré con su mirada intensa detrás de la máscara con un gruñido animal,
comenzó a moverse de nuevo. Sus embestidas eran profundas y poderosas, sacándome el aire de los pulmones con cada empujón. Mis tetas rebotaban salvajemente con cada estocada, y no pude evitar gemir como una perra en celo.
Ah Sí. Así. Las
palabras salían de mi boca sin control. mi cerebro incapaz de formar pensamientos coherentes más allá del placer que me inundaba. El tipo aumentó el ritmo, follándome con un ímpetu salvaje. Sus manos recorrían mi cuerpo, apretando mis tetas, pellizcando mis pezones. El placer se acumulaba en mi vientre. Oh Dios, oh Dios, jadeaba yo, sintiendo como mi cuerpo se tensaba, creo que,
creo que voy ya. Y entonces sucedió. El orgasmo me golpeó como una ola gigante, arrastrándome en un torbellino de sensaciones. Mi espalda se arqueó, mis dedos se clavaron en las sábanas, y un grito ronco escapó de mi garganta. Mis paredes vaginales se contrajeron alrededor de su verga, palpitando con fuerza. El tipo pareció complacido al ver lo que había logrado. Sin darme tiempo a recuperarme, salió de mí y trepó por mi cuerpo hasta que su polla quedó frente a
mi cara. Entendí lo que quería sin necesidad de palabras. Abrí la boca obedientemente, sintiendo el sabor de mis propios jugos mezclados con su presemen. Él empujó su verga entre mis labios, follando mi boca con embestidas rápidas y profundas. Yo luchaba por respirar, tratando de relajar mi garganta para acomodarlo mejor. De repente, soltó un gruñido gutural y se corrió. Chorros calientes de semen inundaron mi boca, deslizándose por mi garganta.
Intenté no tragar, pero era difícil. El tipo siguió empujando, obligándome a seguir chupando mientras su esperma se derramaba por las comisuras de mis labios y goteaba sobre mi cara. Durante lo que pareció una eternidad, continuó usándome como su juguete personal. Su verga, aún dura, se deslizaba dentro y fuera de mi boca, esparciendo semen y saliva por todo mi rostro. Yo apenas podía respirar, ahogándome con su tamaño y la cantidad de fluidos. Finalmente, después de un par
de minutos interminables, se retiró. Me quedé allí, jadeando, con el rostro cubierto de semen y los labios hinchados y adoloridos. El sabor salado de su corrida llenaba mi boca, y por más que intenté no tragar, una buena parte ya había bajado por mi garganta. Intenté levantarme para ir al baño a limpiarme, pero el tipo me detuvo con un gesto brusco. Me indicó que volviera a sentarme en la
silla frente a la laptop. Obedecí, sintiéndome pegajosa y sucia, con el semen aún escurriendo por mi barbilla y pecho. Miré la pantalla y vi que había otro documento abierto. El tipo tomó la cámara de video y la colocó frente a nosotros, como si fuera a grabar una maldita entrevista. Con horror, leí las instrucciones en la pantalla. Lee en voz alta las siguientes preguntas y contéstalas con total honestidad. Miré el reloj y vi que aún quedaba media hora.
Tragué saliva, sintiendo el sabor amargo del semen en mi garganta. Con voz temblorosa, Comencé a leer, tienes pareja actualmente, leí en voz alta, mi voz sonaba más ronca de lo usual. No. No tengo pareja desde hace varios años. El
hombre
enmascarado asintió, indicándome que continuara.¿ Con qué frecuencia tienes relaciones sexuales? La pregunta me hizo sonrojar, a pesar de todo lo que acababa de suceder. M, muy poco. Tal vez una o dos veces al año, cuando salgo con algún conocido. Mis ojos se deslizaron a la siguiente pregunta y sentí que mi rostro ardía aún más.¿ Con qué frecuencia te masturbas? Tragué saliva antes de responder. Unas, unas dos o tres veces por semana, supongo.¿ Cuál es tu posición sexual favorita?
Yo encima, respondí rápidamente, sintiendo que mi rostro se ponía aún más rojo.
Disfrutas del sexo oral? Tragué saliva. Sí, lo disfruto, tanto darlo como recibirlo.¿ Has practicado sexo anal? No, respondí con voz temblorosa. Nunca lo he intentado. No me genera interés.¿ Has tenido experiencias lésbicas? No, nunca he tenido interés, aunque tampoco me causa repulsión la idea.¿ Has participado en tríos o orgías? No, nunca he intentado nada de eso.¿ Qué tan frecuentemente usas juguetes? Casi nunca, solo tengo un pequeño vibrador.
El interrogatorio continuó por varios minutos más, cada pregunta más íntima y vergonzosa que la anterior. Cuando finalmente terminó, sentí como si me hubieran desnudado por segunda vez, esta vez exponiendo no sólo mi cuerpo sino mi mente. El hombre enmascarado comenzó a vestirse con movimientos precisos y mecánicos. Yo permanecí sentada, desnuda y cubierta de fluidos, sintiéndome más vulnerable que nunca. Cuando terminó de vestirse, me hizo un gesto
hacia el baño. Agradecida por la oportunidad de limpiarme, me levanté con piernas temblorosas y me dirigí al pequeño cuarto de baño. El agua caliente fue un alivio momentáneo. Froté mi piel con fuerza. Salí del baño envuelta en una toalla, esperando encontrar al hombre enmascarado y recibir finalmente la información prometida. Pero la habitación estaba vacía. El La laptop y la
cámara habían desaparecido como si nunca hubieran existido. En su lugar, sobre la cama pulcramente hecha, había una memoria USB y un collar de perro de cuero negro. Me acerqué con cautela, como si los objetos pudieran morderme. Junto al collar había una nota que decía simplemente recompensa. Un escalofrío recorrió mi espalda. Tomé ambos objetos con dedos temblorosos, sintiendo el peso del collar en mi mano. Era real. Todo había sido real. Me vestí apresuradamente, guardando el USB y el collar en
mi bolso. Salí de la habitación sin mirar atrás. Cuando finalmente llegué a casa, me detuve frente a la puerta. Respiré hondo, tratando de componerme. No podía dejar que Gael notara nada extraño. Con un último suspiro, entré. La casa estaba en silencio. Gael probablemente ya estaba dormido. Me dirigí directamente a mi habitación, cerrando la puerta con llave detrás de mí. Saqué el USB y el collar de mi bolso, mirándolos fijamente. En las manos
tenía la clave de mi futuro y también mi condena. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
