CONTIGO EN EL FIN DEL MUNDO - PARTE 9 - podcast episode cover

CONTIGO EN EL FIN DEL MUNDO - PARTE 9

Apr 20, 202637 min
--:--
--:--
Download Metacast podcast app
Listen to this episode in Metacast mobile app
Don't just listen to podcasts. Learn from them with transcripts, summaries, and chapters for every episode. Skim, search, and bookmark insights. Learn more

Episode description

The podcaster did not provide a description for this episode.

Transcript

Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos...

Speaker 3

Contigo en el fin del mundo, parte 9. Ok, recapitulemos. Alejandra ha manejado la sesión de prueba con Javier y Carla. Ha obligado a Carla a practicarle un beso negro a Javier. luego a hacerle una felación al mismo y para finalmente hacerla tragarse su semen. ¿Recuerdan? Bien. Ahora es tu turno, dijo Alejandra, refiriéndose a Carla, quien la miraba con ojos suplicantes y una mejilla enrojecida, culpa de la propia Alejandra. Javier, acuéstate boca arriba y tú, Carla, híncate sobre su cara.

Javier y Carla obedecieron sin dudar las órdenes de Alejandra. Una vez en posición, observé cómo sus cuerpos desnudos se entrelazaban en una danza erótica. Javier se recostó sobre su espalda, su pecho bombeaba con anticipación. Carla, con movimientos gráciles pero nerviosos, se posicionó sobre él, sus muslos enmarcaban su rostro. Alejandra se paró frente a Carla, su figura imponente proyectaba una

sombra sobre los otros dos. Con un movimiento brusco, Enredó sus dedos en el cabello de Carla, tirando su cabeza hacia atrás. Los ojos de Carla se abrieron de par en par. Ahora, escúchame bien, y más que vos, Alejandra expulsó un gruñido, vas a chuparme la vagina mientras Javier te la chupa a ti. Si logras que me venga antes que tú, felicitaciones, putita, habrás ganado. Pero si no, dejó la frase en el aire. Sin más preámbulos, Alejandra

presionó su sexo contra la boca de Carla. Al mismo tiempo, Javier comenzó a lamer el clítoris de Carla con entusiasmo. Los gemidos ahogados de Carla resonaron en la habitación, mezclándose con los jadeos de placer de Alejandra. Observé fascinado cómo Carla luchaba por concentrarse en su tarea. su lengua trabajando frenéticamente en el sexo de Alejandra mientras su propio cuerpo se estremecía bajo las atenciones de Javier. Sus manos se aferraban a los muslos de Alejandra, las uñas dejaban marcas

rojas en la piel bronceada. El aire se llenó de sonidos húmedos y gemidos entrecortados. Alejandra echó la cabeza hacia atrás, sus ojos cerrados mostraban su éxtasis mientras movía sus caderas contra la boca de Carla. Javier, Por su parte, parecía decidido a hacer que Carla perdiera el desafío, pues sus labios y lengua trabajaban con un vigor inquebrantable. Carla se esforzaba con desesperación, su lengua trabajaba frenéticamente contra el sexo

de Alejandra. Podía ver cómo sus músculos se tensaban, luchando contra el placer que Javier le estaba proporcionando. Sus gemidos ahogados vibraban contra la piel de Alejandra, quien mantenía su agarre firme en el cabello de Carla. A pesar de su determinación, el cuerpo de Carla comenzó a traicionarla. Sus caderas empezaron a moverse involuntariamente, frotándose contra la boca de Javier. Sus muslos temblaban, y pude ver cómo sus dedos se

clavaban con más fuerza en la piel de Alejandra. De repente, Carla arqueó su espalda, un grito amortiguado escapando de su garganta mientras su cuerpo era sacudido por las olas de un intenso orgasmo. Sus piernas se cerraron alrededor de la cabeza de Javier, quien continuó su asalto implacable a su clítoris. Aún en medio de su éxtasis, Carla intentó desesperadamente seguir complaciendo a Alejandra. Su lengua se movía erráticamente, sin ritmo

ni técnica, pero con una determinación patética que me conmovió. Alejandra, por su parte, gruñó de frustración, claramente insatisfecha con los esfuerzos descoordinados de Carla. Sin embargo, ya fuera por la visión de Carla perdida en el placer o por la acumulación de sensaciones, Alejandra finalmente alcanzó su clímax. Su cuerpo se tensó, sus muslos apretando la cabeza de Carla mientras

un gemido gutural escapaba de sus labios. Los tres cuerpos se desplomaron en un montón jadeante, cubiertos de sudor y fluidos. Carla temblaba, aún recuperándose de su intenso orgasmo, mientras Alejandra respiraba pesadamente, una sonrisa satisfecha en su rostro. Cuando finalmente recuperó el aliento, Alejandra se incorporó, mirando a Carla con una mezcla de diversión y decepción.— Bueno, pequeña zorra— dijo, su voz ronca por el placer reciente—, parece que has perdido.

Ya que eres incapaz de hacer lo que se te ordena, no vas a ser capaz de hacer nada más durante lo que dure esta prueba. Y al terminar de decir esto, tomó el listón con el que había vendado los ojos de Carla. Con un movimiento fluido, Alejandra tomó el listón y se acercó a Carla, quien aún jadeaba, recuperándose de su intenso orgasmo. Sin decir una palabra, Alejandra le dio la vuelta bruscamente, exponiendo su espalda. Con destreza, comenzó a

atar las muñecas de Carla detrás de su espalda. Carla gimió suavemente mientras Alejandra apretaba el nudo, asegurándose de que estuviera lo suficientemente ajustado como para inmovilizarla, pero sin cortar la circulación. El contraste entre la suavidad del listón y la firmeza del agarre era embriagador y pude ver cómo los músculos de Carla se tensaban bajo su piel, probando

sus nuevas restricciones. Con las manos atadas a la espalda, Carla parecía aún más vulnerable, su cuerpo desnudo completamente expuesto y a merced de los demás. Sus pechos se elevaban con cada respiración entrecortada y un leve temblor recorría su cuerpo, una mezcla de anticipación y nerviosismo. Alejandra se giró hacia mí, con sus ojos brillando con una mezcla de lujuria y diversión. Pude sentir como mi excitación crecía bajo su mirada intensa.

Sin palabras, entendió mi deseo de unirme al juego. Una sonrisa maliciosa se dibujó en sus labios mientras se volvía hacia Javier. Javier, ahora vas a preparar a nuestra pequeña zorra para ser entrenada, y sin dar más explicaciones tomó a Javier del pelo y lo obligó a encarar el culo de Carla. Las órdenes no podían ser más claras. El gemido que escapó de los labios de Carla fue una mezcla de sorpresa y placer. Con cautela, Javier acercó su rostro y dio una primera lamida tentativa. Carla soltó

un gemido ahogado. Su lengua comenzó a trazar círculos alrededor del apretado anillo, alternando entre lamidas largas y lentas y rápidos movimientos circulares. Mientras tanto, Alejandra se arrodilló frente a mí, sus ojos brillando con lujuria. Sin romper el contacto visual, tomó mi miembro entre sus manos y lo acarició lentamente. Su lengua salió para lamer la punta, enviando escalofríos de placer por mi columna. Luego, sin previo aviso, engulló mi

pene completo en su boca cálida y húmeda. El contraste entre la visión de Javier trabajando diligentemente en el trasero de Carla y la sensación de la boca de Alejandra en mi miembro era abrumador. Carla gemía cada vez más fuerte. su cuerpo retorciéndose bajo las atenciones de Javier. Sus manos atadas a la espalda se crispaban, buscando algo a lo que aferrarse. Alejandra, por su parte, estaba decidida a llevarme

al límite. Su boca subía y bajaba por mi eje con un ritmo implacable, su lengua trazando patrones intrincados en cada movimiento. Sus manos masajeaban mis testículos. Javier había ganado confianza y ahora alternaba entre lamer el ano de Carla y penetrarla con su lengua. Carla jadeaba y se retorcía. Alejandra sintió en su boca que mi verga estaba lo suficientemente erecta, así que decidió pasar a lo siguiente. Sujetó con fuerza a Javier del pelo para que detuviera su tarea.

Yo me posicioné detrás de Carla, ansiando lo que venía. Observé cómo el culo de Carla se contraía, su entrada brillante con la saliva de Javier. Mi pene palpitaba de deseo, anhelando hundirse en su calor apretado. Guié mi glande a la entrada de Carla y empujé lentamente, sintiendo cómo sus músculos se resistían inicialmente antes de ceder y permitirme entrar. Carla gimió, su espalda arqueándose mientras me hundía más profundo en ella. La sensación era increíble. su interior apretado envolviendo

mi miembro como un guante de terciopelo. Comencé a moverme, estableciendo un ritmo lento y constante. Cada embestida provocaba un nuevo gemido de Carla, su cuerpo temblando con el placer. Agarré sus caderas para tener más control. Mientras me movía dentro de Carla, Alejandra se recostó junto a nosotros. Sus ojos ardían con lujuria mientras observaba nuestros cuerpos entrelazados. Javier, tengo un juego extra para ti. Javier, quien había estado

observando fascinado, se acercó con anticipación. Alejandra sonrió, mostrando sus dientes blancos en una sonrisa depredadora. Vas a cogerme, y si logras que tenga un orgasmo antes que tú, ganarás el premio mayor. Los ojos de Javier se agrandaron, una mezcla de emoción y nerviosismo cruzando su rostro. Sin perder tiempo, se posicionó entre las piernas de Alejandra, su miembro ya duro y listo. Alejandra separó sus piernas, revelando su sexo húmedo y rosado. Javier se alineó y, con un gemido,

se hundió en ella. El rostro de Alejandra se contorsionó de placer mientras Javier comenzaba a moverse. Ahora, los cuatro estábamos unidos en un frenesí de lujuria. Sentí la resistencia del ano de Carla mientras intentaba penetrarla con más fuerza. Su estrechez era sorprendente, envolviendo mi miembro con una suavidad sedosa y apretada como un guante a medida. Cada movimiento hacía que mi piel se erizara de placer mientras sentía

su interior caliente y húmedo envolverme por completo. Era como si el terciopelo más suave me acariciara en cada embestida. Quería hundirme completamente en ella, pero su cuerpo no cedía tan fácilmente. Frustrado, gruñí y agarré sus caderas con más firmeza, por lo que mis dedos dejaron marcas en su piel suave. Carla gimió, un sonido oscilante entre dolor y placer. Su cuerpo temblaba bajo mis manos, podía ver sus músculos tensándose

y relajándose con cada embestida. Podía ver, también, cómo su espalda se arqueaba mientras sus manos seguían atadas retorciéndose inútilmente. El sudor brillaba en su piel, resbalando por la curva de su columna. Me obligué a mantener un ritmo constante, luchando contra el impulso de arremeter con toda mi fuerza. Cada movimiento era una tortura dulce, el calor y la presión de su interior amenazando con llevarme al límite demasiado pronto.

Observé fascinado como mi miembro desaparecía en su cuerpo, centímetro a centímetro, para luego reaparecer, brillante con sus fluidos. Mientras tanto, Javier se había transformado en una bestia primitiva. Sus caderas se movían a un ritmo frenético, golpeando contra Alejandra con una fuerza que hacía que todo su cuerpo se sacudiera. Sus manos recorrían el cuerpo de Ale con desesperación, agarrando sus pechos, su cintura, sus muslos, como si quisiera fundirse

con ella. Alejandra jadeaba y gemía, sus ojos permanecían cerrados y su cabeza echada hacia atrás en éxtasis. Su cuerpo se movía al ritmo de las embestidas de Javier, sus pechos botaban con cada impacto. Sus uñas se clavaban en la espalda de Javier, dejando rastros rojos en su piel. El sonido de piel contra piel llenaba la habitación, mezclado con los gemidos y gruñidos de los cuatro. El aire estaba cargado de feromonas y el olor a sexo, creando

una atmósfera embriagadora que nublaba nuestros sentidos. Volví mi atención a Carla, determinado a hundirme más profundo en ella. Con cada embestida, sentía como su cuerpo cedía un poco más, adaptándose a mi tamaño. Sus gemidos se volvieron más agudos, más desesperados.

Speaker 2

Te gusta, pequeña zorra? Sí, señor, sí me gusta todo lo que me haces.¿ Vas

Speaker 3

a dejarme culearte cada que yo quiera? Claro que sí, y aunque sus respuestas eran claras, su voz amenazaba con quebrarse a cada sílaba.¿ Estás segura? Una de mis manos descendió con violencia sobre su nalga. El sonido del azote cortó el aire a nuestro alrededor. Sí, soy tuya para

Speaker 2

lo

Speaker 3

que decidas hacer. Escucharla tan entregada elevó mi excitación a un nivel exorbitante. Animado por la sumisión de Carla, intensifiqué mis embestidas. Su ano, ahora más relajado, cedía ante mi asalto implacable. Cada empuje me llevaba más profundo, arrancando gemidos guturales de su garganta. El sonido de piel contra piel resonaba en la habitación, mezclándose con los jadeos y gruñidos

de placer. Mis manos se aferraron a sus caderas con fuerza brutal, dejando marcas rojas que cegaramente se volverían moretones. El cuerpo de Carla se sacudía violentamente con cada embestida. Su espalda se arqueaba de forma imposible, tensándose y relajándose en un ritmo frenético. Sentí como el calor se acumulaba en mi bajo vientre. El interior de Carla me apretaba deliciosamente, su carne caliente y sedosa envolviéndome como un guante de terciopelo.

Estaba a punto de perderme en el éxtasis cuando un grito desgarrador llenó la habitación. Alejandra. Su cuerpo se convulsionaba debajo de Javier, arqueándose de forma imposible. Sus ojos estaban en blanco, su boca abierta en un grito silencioso. Sus uñas se clavaron en la espalda de Javier, dejando surcos sangrientos. Javier, por su parte, seguía embistiendo frenéticamente, su rostro contorsionado en una mueca de concentración y placer. Había logrado lo imposible,

llevar a Alejandra al clímax sin sucumbir él mismo. La visión de Alejandra perdida en el éxtasis y la realización de que Javier había ganado el desafío me devolvieron bruscamente a la realidad. Observando la escena frente a mí, decidí suavizar mis embestidas en el trasero de Carla. Aunque no detuve mis movimientos por completo, reduje la intensidad y la velocidad,

permitiendo que su cuerpo se relajara un poco. Mis manos, antes aferradas con fuerza brutal a sus caderas, Ahora acariciaban suavemente su piel, trazando círculos reconfortantes en la curva de su espalda. Carla emitió un suave suspiro de alivio, su cuerpo aún temblando ligeramente con cada penetración. Podía sentir cómo su interior palpitaba alrededor de mi miembro, adaptándose al ritmo

más lento. El sudor brillaba en su piel, creando un contraste fascinante con las marcas rojas que mis dedos habían dejado momentos antes. Javier, con una disciplina sorprendente, sacó su miembro palpitante del sexo de Alejandra. Se arrodilló junto a la cama, su pene erecto apuntando hacia arriba, brillante con los fluidos de Alejandra. Su rostro estaba tenso, con una mezcla de deseo frustrado y determinación.¿ Qué haces? Pregunté, intrigado

por su autocontrol. Javier, con la respiración entrecortada, respondió. Nadie me ha dado permiso para venirme, señor. Sentí una oleada de satisfacción ante su sumisión. Miré a Alejandra, que yacía jadeante sobre la cama, recuperándose lentamente de su intenso orgasmo. Una sonrisa de complicidad se dibujó en sus labios, reflejando mi propia aprobación. Mientras tanto, seguía moviéndome dentro de Carla. Cada embestida suave provocaba un gemido ahogado de su parte.

Su cuerpo se mecía suavemente con mis movimientos, su piel brillante de sudor bajo la tenue luz de la habitación. Podía ver cómo sus dedos se crispaban detrás de su espalda, aún atados por el listón. Alejandra se incorporó lentamente, su cuerpo aún temblando ligeramente por las réplicas de su orgasmo. Se acercó a Javier, pasando una mano por su pelo empapado de sudor. Buen chico, murmuró, su voz ronca por

los gritos de placer. Has demostrado un control admirable. Javier se estremeció bajo su toque, sus ojos fijos en el suelo en una muestra de sumisión. Su miembro palpitaba visiblemente, necesitado de atención, pero él se mantenía inmóvil, esperando instrucciones. Alejandra se volvió hacia mí, sus ojos brillando con una mezcla de lujuria y diversión.¿ Qué opinas, Pedro?¿ Deberíamos recompensar a nuestro obediente Javier? Miré a Alejandra, considerando su propuesta.

Su cuerpo desnudo brillaba con una fina capa de sudor, su pecho subía y bajaba con respiraciones aún agitadas. Se acercó a mí, hasta que sus labios rozaron mi oreja mientras susurraba. Confía

Speaker 2

en

Speaker 3

mí, Pedro. Tengo una idea. Su aliento cálido envió escalofríos por mi columna. Asentí levemente, intrigado por lo que planeaba. Alejandra se giró hacia Javier, una sonrisa depredadora en sus labios. Tu premio, mi obediente Javier, será sodomizar a nuestra querida Carla. Los ojos de Javier se abrieron de par en par, una mezcla de sorpresa y deseo cruzando su rostro. Carla, aún atada y jadeante, emitió un gemido suave, mitad miedo, mitad anticipación. Alejandra me miró, sus ojos brillando con una

intensidad que me dejó sin aliento. Pedro, intercambia lugares con Javier. Confundido pero confiando en el criterio de Alejandra, comencé a retirarme lentamente del interior de Carla. Ella gimió ante la pérdida. Javier se acercó, su miembro aún duro y palpitante. Se posicionó detrás de Carla, sus manos temblando ligeramente mientras las colocaba en sus caderas. Miró a Alejandra, buscando aprobación. Adelante, ordenó Alejandra. Pero recuerda, no puedes correrte sin permiso. Javier asintió,

tragando saliva. Con un movimiento fluido, se hundió en el ano de Carla. Ambos gimieron al unísono, Carla arqueando su espalda ante la nueva intrusión. Observé fascinado cómo el cuerpo de Javier se tensaba, sus músculos flexionándose con cada embestida. Su rostro era una máscara de concentración y placer, sus dientes apretados en un esfuerzo por mantener el control. Carla, por su parte, se retorcía y gemía, su cuerpo sacudiéndose con cada empuje. Sus manos atadas se crispaban, buscando algo

a lo que aferrarse. Alejandra se acercó a mí, sus ojos brillando con una malicia que me hizo estremecer. Una sonrisa lenta y depredadora se extendió por su rostro mientras se inclinaba hacia mí. Pedro, querido, susurró, su voz ronca y seductora, creo que es hora de una última prueba para nuestro obediente Javier. La miré confundido. sin comprender completamente lo que insinuaba. Alejandra rió suavemente, el sonido enviando escalofríos por mi columna. Sin decir una palabra más, tomó mi

mano y me guió detrás de Javier. Javier, completamente absorto en su tarea de penetrar a Carla, parecía ajeno a nuestra presencia. Su cuerpo se movía rítmicamente, los músculos de su espalda tensándose y relajándose con cada embestida. El sudor brillaba en su piel resbalando por la curva de su columna y perdiéndose entre sus nalgas. Alejandra me posicionó directamente detrás de Javier sus manos firmes en mis caderas. De repente la realización de lo que estaba sugiriendo me golpeó

como un rayo. Mis ojos se abrieron de par en par una mezcla de sorpresa y excitación recorriendo mi cuerpo. Alejandra se pegó a mi espalda sus pechos presionando contra mí mientras su mano se deslizaba por mi abdomen, acariciando mi miembro aún erecto. Ahora, mi amor, susurró en mi oído, su aliento cálido enviando escalofríos por mi columna, es momento de que le muestres a Javier que eres su verdadero y único amo y señor. De repente, entendí lo que

Alejandra estaba sugiriendo. Mi corazón se aceleró, una mezcla de nerviosismo y excitación recorriendo mi cuerpo. Nunca había considerado estar con un hombre de esta manera, pero la idea, propuesta por Alejandra, despertó una curiosidad que no sabía que tenía. Con gentileza pero firmeza, Alejandra me empujó más cerca de Javier. Podía sentir el calor emanando de su cuerpo, oler el aroma almizclado de su sudor. Mi miembro rozó contra la curva de su trasero y Javier se tensó por un momento,

pero no se detuvo. Alejandra se arrodilló junto a nosotros, sus ojos brillando con anticipación. Tomó mi miembro en su mano y lo guió hacia la entrada de Javier. Con su otra mano, separó suavemente las nalgas de Javier, exponiendo su ano apretado y virginal. Despacio, mi amor, murmuró Alejandra. Deja que se acostumbre. Con cuidado, presioné la punta de mi miembro contra la entrada de Javier. Presioné suavemente contra

la entrada de Javier, pero encontré una resistencia inesperada. Su cuerpo se tensó, los músculos de su espalda se contrajeron visiblemente bajo su piel bronceada. Intenté empujar un poco más, pero era como tratar de penetrar una pared. El ano de Javier se mantuvo firmemente cerrado, negándose a ceder ante mi intrusión. Alejandra, observando mi dificultad, intervino sin dudarlo. Se

inclinó hacia adelante. Con deliberada lentitud, sacó su lengua y comenzó a lamer el ano de Javier, dejando un rastro brillante de saliva. Sus movimientos eran metódicos y precisos, cubriendo cada pliegue y arruga con su saliva caliente. Javier dejó escapar un gemido profundo, una mezcla de sorpresa y placer. Su cuerpo se estremeció, sus caderas moviéndose involuntariamente, empujando más profundo dentro de Carla. Carla, a su vez, soltó un

grito ahogado. Alejandra continuó su asalto húmedo, alternando entre lamidas largas y lentas y rápidos movimientos circulares con la punta de su lengua. Cada pocos segundos, Se detenía para escupir directamente en el ano de Javier, asegurándose de que estuviera completamente lubricado. Fascinado, observé cómo la saliva de Alejandra brillaba en la piel de Javier, reflejando la tenue luz de la habitación. Gotas de líquido resbalaban lentamente por sus muslos,

creando patrones intrincados en su piel. Inténtalo de nuevo, murmuró Alejandra, su voz ronca por el deseo. Obedecí, presionando una vez más la punta de mi miembro contra la entrada de Javier. Esta vez, sentí una diferencia inmediata. La resistencia inicial se dio gradualmente, permitiendo que la cabeza de mi pene se deslizara dentro. Javier dejó escapar un gemido gutural, su cuerpo

tensándose visiblemente. Sus embestidas encarlas se detuvieron abruptamente y pude ver cómo sus nudillos se volvían blancos mientras agarraba las caderas de ella con fuerza. Centímetro a centímetro, me hundí en el calor apretado de Javier. La sensación era abrumadora. Alejandra observaba la escena con ojos hambrientos, su pecho subiendo y bajando rápidamente con su respiración agitada. Se movió alrededor de nosotros, bebiendo cada detalle con una fascinación casi científica.

Sus ojos brillaban con una mezcla de lujuria y curiosidad, como si estuviera presenciando el nacimiento de una estrella. Comencé un suave vaivén en el culo de Javier, mis caderas moviéndose con un ritmo lento y constante. Pronto me di cuenta de que mis embestidas marcaban también el ritmo al cual Javier penetraba a Carla. Era como si los tres cuerpos se hubieran fundido en uno solo, moviéndose al unísono

en una danza primitiva y erótica. Cada vez que yo empujaba hacia adelante, Javier se hundía más profundamente en Carla. Cuando me retiraba, Javier también lo hacía. Javier gemía y sollozaba suavemente, su voz una mezcla de placer y dolor. Podía ver cómo los músculos de su espalda se tensaban y relajaban con cada movimiento, el sudor brillando en su piel bronceada. A pesar de la incomodidad evidente, no se quejaba ni intentaba retirarse. Su sumisión era total y completa.

Pasaron minutos que parecieron horas, perdidos en ese trance erótico. El sudor perlaba nuestros cuerpos, creando una película brillante que reflejaba la tenue luz de la habitación. Podía ver cómo las gotas resbalaban por la espalda de Javier, siguiendo el contorno de sus músculos tensos. El olor a sexo y sudor llenaba la habitación, mezclándose con los sonidos húmedos de nuestros cuerpos chocando. Era una experiencia sensorial abrumadora, cada sentido

sobrecargado de estímulos. Finalmente, después de tantas emociones, sentí que mi clímax se acercaba inexorablemente. La presión en mi bajo vientre se intensificó, enviando oleadas de calor por todo mi cuerpo. Con un movimiento instintivo, mi mano se disparó hacia adelante, endedándose en el cabello húmedo de Javier. Mis dedos se cerraron con fuerza, tirando de sus mechones oscuros mientras mis caderas se movían con frenesí. El tirón en su cabello

pareció ser el catalizador final. Mi orgasmo explotó como una supernova, enviando oleadas de éxtasis por todo mi cuerpo. Mis pelvis se convulsionó frenéticamente, enterrándome lo más profundo posible en el calor apretado de Javier. Un gemido largo y profundo escapó de mi garganta, llenando la habitación. Era un sonido primitivo, casi animal, que surgía desde lo más profundo de mi ser.

Mis ojos se cerraron con fuerza y viendo estrellas detrás de mis párpados mientras me corría con una intensidad que nunca antes había experimentado. Chorro tras chorro de semen caliente se derramó dentro de Javier, llenándolo completamente. Podía sentir cómo su cuerpo temblaba alrededor de mi miembro palpitante, sus músculos internos apretándose y relajándose en espasmos involuntarios. Cuando la última ola de placer finalmente se disipó, solté el cabello de

Javier y me retiré lentamente. Mi miembro salió de su cuerpo con un sonido húmedo, dejando un rastro brillante de fluidos. Jadeando, me eché hacia atrás, apoyándome en mis talones. Mis ojos se fijaron en el culo de Javier, fascinado por lo que veía. Su ano, antes tan apretado y resistente, ahora estaba ligeramente abierto y enrojecido. y de esa abertura comenzó a fluir mi semen. Era un espectáculo hipnótico. Gruesas gotas blancas y viscosas se formaban lentamente en su entrada, creciendo

hasta que el peso las hacía caer. Formaban riachuelos que serpenteaban por sus muslos, creando patrones intrincados en su piel bronceada. Javier temblaba visiblemente, su cuerpo aún conectado con el de Carla. Podía ver cómo sus músculos se contraían involuntariamente, expulsando más

de mi semen en pequeñas oleadas. Comprometido con mi papel en la situación, me recompuse lo mejor que pude, sujeté ahora a Alejandra del Cabello con más fuerza de la necesaria y empujé su cabeza contra el trasero de Javier. Que quede bien limpio, fue lo único que pude y necesité decir. Termina cuando quieras, Javier, te lo has ganado. Javier, liberado de mi agarre, retomó su ritmo dentro de Carla con renovado vigor. Sus caderas se movían con un frenesí

casi desesperado, como si buscara compensar el tiempo perdido. Carla, aún atada y sometida, gemía con cada embestida. Alejandra, por su parte, parecía perdida en su propia misión. Su lengua trabajaba incansablemente, lamiendo y succionando el ano de Javier con un fervor casi religioso. Sus manos se aferraban a sus nalgas, separándolas para tener mejor acceso. Carla, por su parte, había perdido toda coherencia. Sus gemidos se habían convertido en gritos ahogados,

su cuerpo temblando incontrolablemente. De repente, Javier echó la cabeza hacia atrás, un grito gutural escapando de su garganta. Su cuerpo se tensó como un arco, cada músculo definido claramente bajo su piel bronceada. Con una última y poderosa embestida, se hundió completamente en Carla. Pude ver cómo los músculos de su abdomen se contraían rítmicamente mientras se corría, vaciándose

dentro de Carla. Javier se desplomó sobre la cama, su cuerpo empapado en sudor y temblando por el intenso orgasmo. Su pecho subía y bajaba rápidamente mientras luchaba por recuperar el aliento. Mechones de cabello húmedo se pegaban a su frente y sus ojos permanecían cerrados, perdido aún en las últimas oleadas de placer. Observé fascinado cómo el semen de

Javier comenzaba a fluir lentamente del interior de Carla. Gruesas gotas perladas se formaban en su entrada y creciendo hasta que el peso las hacía caer, creando riachuelos brillantes que serpenteaban por sus muslos temblorosos. Alejandra, ordené, mi voz ronca por la excitación, limpia a Carla. Quiero que la amas y tragues cada gota. Sin dudarlo, Alejandra se posicionó detrás de Carla. Su lengua, rosada y ágil, comenzó a trazar patrones por los muslos de Carla, recogiendo los rastros de

semen con delicadeza. Poco a poco, fue ascendiendo hasta llegar al origen del flujo. Con meticulosa precisión, Alejandra separó suavemente las nalgas de Carla, exponiendo completamente su ano enrojecido y palpitante. Su lengua se deslizó por el perineo, recogiendo las gotas que habían escapado, antes de centrarse en la tarea principal. Carla gimió suavemente cuando la lengua de Alejandra hizo contacto con su entrada sensible. Su cuerpo se estremeció, aún hipersensible

por el intenso orgasmo. Alejandra trabajaba con dedicación, su lengua entrando y saliendo del ano de Carla, recogiendo cada gota de semen que encontraba. Pasaron los minutos, y observé cómo Alejandra cumplía su tarea con un fervor casi religioso. Su rostro estaba cubierto de una mezcla de saliva y semen, pero no parecía importarle. Sus ojos estaban cerrados, completamente absorta

en su misión. Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, Alejandra se incorporó, limpiándose la boca con el dorso de la mano. Sus ojos brillaban con una mezcla de lujuria y satisfacción.« Ambos culos están listos, señor», anunció con voz ronca.« Limpios y preparados para lo que desee». Asentí, complacido por su dedicación.« Bien, suelta a Carla». Alejandra se movió con gracia felina hacia Carla, sus dedos trabajando hábilmente en los

nudos que mantenían sus manos atadas. A medida que el listón se aflojaba, pude ver marcas rojas en las muñecas de Carla, testamento de su forcejeo durante nuestras actividades. Una vez liberada, Carla dejó escapar un suspiro de alivio, estirando sus brazos adoloridos. Su cuerpo aún temblaba ligeramente, agotado por la intensa sesión. El ambiente en la habitación cambió sutilmente. La energía frenética y lujuriosa de antes dio paso a una calma soñolienta. Los cuatro yacíamos en la cama, nuestros

cuerpos entrelazados en un nudo de extremidades sudorosas. Javier había caído en un sueño ligero, su

Speaker 2

rostro relajado y pacífico. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.

Transcript source: Provided by creator in RSS feed: download file
For the best experience, listen in Metacast app for iOS or Android