CONTIGO EN EL FIN DEL MUNDO - PARTE 8 - podcast episode cover

CONTIGO EN EL FIN DEL MUNDO - PARTE 8

Apr 18, 202631 min
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Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel.

Speaker 3

Relatos calientes. Hoy presentamos

Speaker 2

Contigo en el fin

Speaker 3

del mundo, parte 8. La cena fue tensa, por decirlo menos.

Speaker 2

Observé a Javier y Carla intercambiar miradas nerviosas, sus manos temblaban ligeramente al sostener los cubiertos. Era evidente que la ansiedad por las pruebas que les esperaban esa noche los consumía por dentro. Javier masticaba mecánicamente, su mente estaba claramente en otro lugar, mientras Carla apenas tocaba su comida, empujándola de un lado a otro del plato. Alejandra, por su parte, intentaba mantener una fachada de calma, pero yo podía ver

a través de ella. Su risa sonaba forzada. y de vez en cuando, su mirada se perdía en la distancia, sin duda contemplando el castigo que le aguardaba. Sus dedos tamborileaban nerviosamente sobre la mesa, traicionando su aparente tranquilidad. En contraste, Alma y yo éramos como islas de serenidad en medio de un mar turbulento. Yo comía con calma, saboreando cada bocado, mientras observaba la dinámica a mi alrededor. Alma, con su habitual reserva, se mantenía en silencio. El aire estaba cargado

de tensión sexual y anticipación. Casi podía sentir la electricidad en el ambiente, una mezcla de miedo y excitación que emanaba de Javier y Carla. Sus cuerpos, aunque inmóviles, parecían vibrar con una energía contenida, listos para estallar en cualquier momento. Todo prometía ser una experiencia intensa y reveladora. Y yo en mi papel de observador silencioso, estaba ansioso por ver cómo se desenredaría todo este nudo de tensiones y deseos reprimidos. Una vez terminada la cena, me puse de pie y

observé a todos con una mirada penetrante. El silencio era tan denso que casi podía cortarse con un cuchillo. Con

voz firme pero calmada, di mis órdenes. Carla, Javier, encárguense de limpiar la cocina y el comedor alejandra prepara la habitación para las pruebas alma sígueme a mi habitación nadie se atrevió a cuestionar mis instrucciones vi como carla y javier se levantaban con movimientos mecánicos sus cuerpos tensos por la anticipación de lo que vendría después alejandra por su parte se dirigió hacia la habitación de pruebas con pasos decididos,

aunque pude notar un ligero temblor en sus manos. Mientras caminaba hacia mi habitación con Alma siguiéndome de cerca, podía escuchar el tintineo de los platos y el murmullo apagado de Carla y Javier en la cocina. El collar de Alma tintineaba suavemente con cada paso, un recordatorio constante de su sumisión. Me senté en el borde de la cama y observé a Alma, quien permanecía de pie, con la mirada baja y las manos entrelazadas frente a ella.« Desnúdate»,

ordené con voz suave pero firme. Sin vacilar, Alma comenzó a desvestirse lentamente. Cada prenda que caía al suelo revelaba más de su cuerpo voluptuoso. Sus curvas generosas se acentuaban en la tenue luz de las velas, creando un juego de luces y sombras que resaltaba cada detalle de su piel. Mientras tanto, podía imaginar a Alejandra en la habitación de pruebas, preparando meticulosamente cada instrumento y juguete que utilizaríamos más tarde.

Casi podía sentir su energía nerviosa y excitada impregnando el aire. En la cocina, el sonido de platos y cubiertos continuaba, pero ahora podía distinguir susurros entrecortados entre Carla y Javier. Sin duda, estaban compartiendo sus miedos y expectativas sobre lo que les esperaba.

Speaker 3

Sabes hacer una mamada? No, respondió con un rubor tierno en los labios. Bien, te enseñaré. Incate, perrita. Ella obedeció

Speaker 2

se veía preciosa. Podía ver el ligero temblor en sus labios, una mezcla de nerviosismo y anticipación. Con delicadeza, tomé su barbilla y levanté su rostro para que me mirara. Abre la boca, ordené, pero con suavidad. Ella lo hizo sin dudar, me gustó que mantuviera sus ojos dillos en los míos. Lentamente deslicé mi pulgar en su boca, acariciando su lengua y emapando mi dedo. Así, usa tu lengua, como si

estuviera saboreando algo. Alma comenzó a lamer y succionar mi dedo con timidez al principio, pero pronto encontró un ritmo. Sus ojos se cerraron mientras se concentraba en la tarea, sus mejillas se sonrojaron por el esfuerzo. A pesar de lo delicioso de la experiencia, sabía que en esta ocasión simplemente necesitaba liberar la tensión acumulada para las pruebas que vendrían. Me saqué la

Speaker 3

verga en un movimiento. Bien, ahora vas a practicar de verdad.

Speaker 2

Con timidez al principio, Alma comenzó a lamer la punta de mi pene. Sus movimientos eran torpes pero entusiastas. Poco a poco, fue ganando confianza, sus lamidas se volvieron más firmes y seguras. Era simplemente invaluable el ver el esfuerzo que ponía, sin embargo, el tiempo apremiaba así que necesitábamos

Speaker 3

dejarnos de galanterías. Ahora succiona. Alma asintió y, con cuidado

Speaker 2

envolvió sus labios alrededor de mi glande. La calidez y humedad de su boca me hicieron soltar un gemido de placer. Ella me miró, buscando aprobación, y asentí con la cabeza. Lentamente comenzó a mover su cabeza, tomando más de mi longitud en su boca. Sus mejillas se hundían con cada succión y su lengua se movía expertamente alrededor de mi erección. Mientras tanto, escuché pasos en el pasillo. Alejandra debía haber terminado de preparar la habitación de pruebas. Los sonidos en

la cocina también habían cesado. Pronto sería el momento de poner a prueba a Javier y Carla. Pero por ahora... Mi atención estaba completamente en alma y en la sensación exquisita de su boca alrededor de mi niembro. Su inexperiencia era evidente, pero su entusiasmo y deseo de complacer compensaban con creces cualquier torpeza. Enredé mis dedos en su cabello, guiando suavemente sus movimientos.— Eso es, perrita, murmuré. Lo estás haciendo muy bien. Pero ahora tenemos que darnos prisa, Ya

habrá otra oportunidad de mejorar tus habilidades. Y sin dar más explicaciones empecé a follarle la boca. Sin previo aviso, comencé a empujar mis caderas hacia adelante, introduciendo mi pene más profundamente en la boca de Alma. Ella dejó escapar un gemido ahogado de sorpresa, pero no se resistió. Sus ojos se abrieron de par en par, mirándome con una mezcla de deseo y sumisión mientras yo marcaba el ritmo.

Mis embestidas se volvieron más rápidas y profundas. Podía sentir como la punta de mi pene tocaba la parte posterior de su garganta con cada empujón. Alma luchaba por respirar, pero no se apartaba. Sus manos se aferraron a mis muslos, sus uñas clavándose en mi piel. El sonido obsceno de mis testículos golpeando su barbilla llenaba la habitación, mezclándose con mis gruñidos de placer y los gemidos ahogados de Alma. Podía sentir la tensión acumulándose en mi bajo vientre, sabía

que no duraría mucho más. Con un último empujón brutal enterré mi pene hasta la base en su garganta y me corrí. Alma se atragantó, pero logró tragar la mayor parte de mi semen. Algunas gotas se escaparon por las comisuras de sus labios, deslizándose por su barbilla. Salí de su boca con un pop húmedo. Alma jadeaba, tratando de

recuperar el aliento. Sus ojos estaban vidriosos, llenos de lágrimas por el esfuerzo, pero también brillaban con una satisfacción innegable.« Buen trabajo, perrita», dije, acariciando su mejilla.« Ahora, límpiate y vístete». Una vez que Alma se hubo desentado, salimos al pasillo, donde mis otros tres peones nos aguardaban. Puedes irte a descansar, te lo has ganado, dije en voz alta, mientras nalgueaba con fuerza a Alma, quien recibió tanto la orden como

el golpe con sorpresa. Espero lo mismo de ustedes. El aire estaba cargado de una tensión eléctrica que podría cargar nuestros generadores por meses. Muy bien, pasen. Ordené y entramos todos a la habitación. Yo tomé el sofá de antes y desde donde pensaba presenciar este primer espectáculo. Ya consideraba que Carla y Javier eran de fiar pues habían resistido todo, así que estas pruebas eran un mero show para mi disfrute personal y de Alejandra.¿ Cómo vamos a proceder, señor?

Preguntó Alejandra y aunque su voz intentaba sonar segura, adiviné un aire de inquietud. Desnúdense. Mis palabras cortaron el aire como las de Moisés el mar. El silencio que siguió a mi orden fue tan denso que casi podía palparse. Carla y Javier intercambiaron una mirada fugaz, sus ojos reflejando una mezcla de nerviosismo y anticipación. Lentamente, como si estuvieran bajo el agua, comenzaron a desvestirse. Carla fue la primera en mover sus manos temblorosas hacia los botones de su blusa.

Uno a uno, los fue desabrochando, revelando centímetro a centímetro su piel bronceada. Su respiración se aceleró ligeramente, su pecho subiendo y bajando con cada inhalación. Cuando la prenda cayó al suelo, se quedó inmóvil por un momento, como si dudara en continuar. Javier, por su parte, se quitó la camiseta de un tirón, exponiendo su torso delgado pero musculoso. Sus dedos vacilaron en el cinturón, y pude ver cómo tragaba saliva, su nuez de Adán danzaba visiblemente. En contraste,

Alejandra se desnudó con una eficiencia casi militar. Se quitó la ropa en movimientos rápidos y precisos, sin titubear ni un instante. En cuestión de segundos, estaba completamente desnuda, su cuerpo atlético brillando bajo la tenue luz de la habitación. Se hirguió frente a los otros dos, con la cabeza en alto y los hombros echados hacia atrás, proyectando una confianza que contrastaba marcadamente con la incomodidad de Carla y Javier. Observé con atención cada detalle de los cuerpos que se

revelaban ante mí. Carla, ahora completamente desnuda, era una visión de curvas suaves y piel cremosa. Sus pechos generosos se balanceaban ligeramente con cada movimiento, coronados por pezones rosados y erguidos. Su vientre plano llevaba a un monte de Venus cubierto por un vello púbico bien recortado, y sus piernas largas y torneadas parecían interminables. Javier, por su parte, era todo músculos magros y ángulos definidos. Su pecho se elevaba con

cada respiración nerviosa, los abdominales marcándose con cada inhalación. Una línea de vello oscuro descendía desde su ombligo hasta su entrepierna, donde su miembro semierecto colgaba, evidenciando su mezcla de excitación y nerviosismo. Y luego estaba Alejandra, mi Ale, un espectáculo familiar pero siempre impresionante. Su cuerpo atlético era una obra

maestra de músculos tonificados y curvas seductoras. Sus pechos, más pequeños que los de Carla pero perfectamente proporcionados, se erguían desafiantes. Su trasero, firme y redondo, era su mejor atributo, capaz de hipnotizar con cada movimiento. Entre sus piernas, un triángulo de vello cuidadosamente recortado enmarcaba su sexo, una visión que

nunca dejaba de excitarme. Bien, buen comienzo, queridos amigos. Ahora, como sabrán quizá, Alejandra es mi mano derecha dentro de nuestra microorganización, por lo cual, ella decidirá los primeros pasos de esta ceremonia. Vi que Alejandra me miraba con desconcierto, pero rápidamente tomó el mando de la situación. Estas pruebas son para conocer su nivel de confianza, ¿cierto? Entonces vamos

a explorar eso. Al decir esto, Alejandra desnuda fue a uno de los cajones de la habitación de donde extrajo un par de cintas de tela, entregó una a Carla y otra a Javier, quienes lo miraron con sorpresa. y después les ordenó que se vendaran los ojos con ellas. Con manos temblorosas, Carla y Javier obedecieron, cubriendo sus ojos con las suaves tiras de tela. La habitación quedó en silencio, sólo interrumpido por el sonido de sus respiraciones agitadas. Observé

cómo sus cuerpos desnudos se tensaban, anticipando lo desconocido. Alejandra se movió con gracia felina alrededor de ellos, sus pasos apenas audibles sobre el suelo. Su piel brillaba con una fina capa de sudor, resaltando cada curva y músculo de su cuerpo atlético. Se detuvo frente a Carla, tan cerca que sus pezones casi se rozaban. Con un movimiento fluido, Alejandra deslizó sus manos por los brazos de Carla, desde

los hombros hasta las muñecas. Sentí como mi propia excitación crecía al ver a Carla estremecerse bajo el toque de Ale. Los pezones de Carla se endurecieron visiblemente y un suave gemido escapó de sus labios. Luego, Alejandra se movió hacia Javier. Su mano derecha trazó un camino desde su pecho hasta su abdomen, deteniéndose justo encima de su entrepierna. Javier contuvo la respiración, su cuerpo tenso como la cuerda de un arco. Su miembro comenzó a endurecerse bajo la tensión de Alejandra,

creciendo lentamente hasta alcanzar su longitud completa. Ale regresó a Carla, esta vez colocándose detrás de ella. Sus manos se deslizaron por la espalda de Carla, bajando hasta acariciar sus nalgas firmes. Carla dejó escapar un jadeo sorprendido, su cuerpo arqueándose involuntariamente hacia atrás. Después, Alejandra se acercó a Javier y Carla por detrás, sus labios casi rozaban sus oídos. con una voz felina y sugestiva murmuró. Ahora van a tumbarse sobre

la cama. Está a la izquierda de donde ambos están. Vi como Javier y Carla, aún con los ojos vendados, extendían sus manos temblorosas, buscando orientarse en el espacio. Sus dedos rozaron el aire, palpando la nada en busca de algo sólido. Javier fue el primero en encontrar el borde de la cama, sus dedos aferrándose al colchón como si fuera un salvavidas en medio de un mar de oscuridad. Carla, por su parte, dio un paso vacilante hacia adelante, sus

pies deslizándose con cautela sobre el suelo. Su cuerpo desnudo se estremecía ligeramente, ya fuera por el frío o por la anticipación. Cuando sus rodillas finalmente tocaron el borde de la cama, dejó escapar un suspiro de alivio. Con movimientos torpes pero determinados, ambos treparon en ella. Con movimientos cautelosos, Carla se deslizó sobre las sábanas, su piel desnuda rozando

contra la tela sedosa. Sus pechos se balanceaban suavemente con cada movimiento, los pezones aún erectos por la excitación y la anticipación. Finalmente, se recostó, su cabello desplegándose como un abanico sobre la almohada. Javier la siguió, sus manos explorando el espacio a su alrededor antes de recostarse. Su cuerpo musculoso se extendió sobre la cama, la tensión visible en cada línea de su figura. Su erección se alzaba orgullosa contra su vientre, una gota de líquido preseminal brillando en

la punta. Allí yacían, dos cuerpos desnudos y vulnerables, sus pechos subiendo y bajando con respiraciones agitadas, sus labios entreabiertos en anticipación. La visión era entoticante, sus cuerpos contrastando bellamente, la suavidad curvilínea de Carla junto a la dureza muscular de Javier. Alejandra se paró al pie de la cama, su mirada saboreaba los cuerpos expuestos ante ella. Con un movimiento fluido, Alejandra se subió a la cama, colocándose entre

las piernas abiertas de Carla. Sus manos acariciaron suavemente los muslos de la joven, provocando un escalofrío visible. Lentamente, Ale se inclinó hacia adelante, su aliento cálido rozando el sexo de Carla. Sin previo aviso, la lengua de Alejandra se deslizó entre los pliegues húmedos de Carla. Carla gritó. Ale trabajó con maestría, su lengua empezó a adentrarse en cada rincón, alternando entre lamidas largas y suaves succiones en su clítoris.

Observé la escena con una mezcla de fascinación y excitación creciente. Javier se removió en su lugar, pues no tenía idea de que pasaba a escasos centímetros de él, y por los sonidos no podía hacerse una idea clara. Carla comenzó a retorcerse bajo las atenciones de Alejandra. Sus gemidos se volvieron más frecuentes y agudos, su respiración cada vez más errática. Justo cuando parecía que alcanzaría el orgasmo, se detuvo abruptamente y se apartó, dejándola temblorosa y jadeante. Vi que me

miraba con un destello de malicia y deseo. Luego se inclinó sobre Carla y murmuró a su oído, tienes que ganártelo. Carla sollozaba, una mezcla de placer y miedo, que no es sino otra forma de placer, debía estar atravesando su cuerpo. La tensión sexual en la habitación era palpable, El aire ya estaba cargado con el aroma almizclado del deseo y la excitación. Mi propia respiración se había vuelto pesada.— Javier, voltéate— dijo, con una voz embriagada de poder. Javier obedeció,

girando lentamente sobre su estómago. Su cuerpo musculoso se tensó, sus nalgas firmes ahora expuestas. Alejandra se movió hacia él con la gracia de una depredadora, sus ojos recorriendo cada centímetro de su piel. Alejandra se inclinó hacia Carla, sus labios rozando el oído de la joven. Javier está muy estresado por el castigo que sufrió antes, susurró con voz sedosa. Necesita relajarse. Vas a hacerlo sentir mejor besando su espalda. Carla,

aún con los ojos vendados, asintió temblorosamente. Sus manos se extendieron, buscando a tientas en la oscuridad. Sus dedos rozaron la piel cálida de Javier y ella contuvo el aliento. Lentamente se acercó más hasta que pudo sentir el calor que emanaba del cuerpo masculino. Con una delicadeza exquisita, Carla presionó sus labios contra la base del cuello de Javier. Él se estremeció bajo su toque, un suave gemido escapando de su garganta. Alentada por su respuesta, Carla comenzó a trazar

un camino de besos por su columna vertebral. Sus labios eran como plumas, rozando la piel de Javier con una ternura que contrastaba con la tensión sexual que impregnaba el aire. Cada beso era una caricia, cada toque una promesa silenciosa. Podía sentir los músculos de Javier relajándose gradualmente bajo sus atenciones. Carla se tomó su tiempo, saboreando cada centímetro de la

piel de Javier. Sus besos se volvieron más atrevidos, su lengua ocasionalmente saliendo para probar el sabor salado de su piel. Javier respondía con pequeños gemidos y suspiros. Mientras tanto, Alejandra observaba la escena con una mirada hambrienta. Sus manos acariciaban distraídamente sus propios pechos, sus pezones endureciéndose bajo su toque. La visión de Carla besando la espalda de Javier, ambos

ciegos y vulnerables, era increíblemente erótica. No estaba seguro de cuando debería empezar a participar, porque hasta ahora, Alejandra estaba haciendo un trabajo espectacular como jueza y verduga. Así que decidí simplemente dejarme llevar. Carla llegó a la parte baja de la espalda de Javier, justo por encima de sus nalgas. Justo esa es la parte donde Javier ha sufrido más, dijo Alejandra, fingiendo un puchero. Carla entonces intuyó que debía

mostrar más afecto y así lo hizo. Mientras Carla besaba suavemente las nalgas de Javier, Alejandra se acercó sigilosamente. Con un movimiento fluido, separó las firmes nalgas de Javier, exponiendo su culo. Carla, aún con los ojos vendados, no podía ver lo que sucedía. pero sintió el cambio en la posición de Javier. De repente, Alejandra enredó sus dedos en el cabello de Carla, agarrándolo con firmeza pero sin lastimarla.

Con un tirón suave pero decidido, dio la cabeza de Carla hacia abajo, acercando su rostro al ano de Javier. Sigue besando, ordenó mi querida Ale, con una voz ya quebrada por el deseo, y la me también, hazlo sentir en el cielo. Carla, sorprendida pero obediente, extendió su lengua tentativamente. El primer contacto con la piel sensible de Javier provocó un escalofrío que recorrió todo su cuerpo. Javier dejó escapar

un gemido profundo, mezcla de sorpresa y placer. Alentada por la reacción de Javier, Carla comenzó a explorar con más confianza. Su lengua trazaba círculos lentos alrededor de la entrada de Javier, alternando entre besos suaves y lamidas largas. Javier se retorcía bajo las atenciones de Carla, sus gemidos cada vez más frecuentes y profundos. Sus manos se aferraban a las sábanas, sus nudillos no tardaron en volverse blancos por la intensidad

de su agarre. Alejandra observaba la escena con ojos hambrientos, su propia excitación creciendo con cada segundo. Su mano libre se deslizó entre sus piernas, sus dedos jugando con su clítoris hinchado mientras seguía guiando la cabeza de Carla. Más profundo, ordenó Alejandra, empujando suavemente la cabeza de Carla. Quiero que lo sientas temblar. Carla obedeció, su lengua aventurándose más allá del anillo de músculos. Javier arqueó la espalda, un gemido

gutural escapando de su garganta. Carla continuó su exploración con fervor, su lengua danzando alrededor y dentro del ano de Javier. Los gemidos de él se volvieron más intensos, su cuerpo temblando con cada lamida y caricia. De repente, Carla sintió como los músculos de Javier se tensaban bajo sus manos. Javier, recuerda que no puedes venirte sin permiso, susurró Ale. Javier gimió en respuesta, su voz quebrada por el placer. Yo,

yo estoy cerca. Muy cerca. Alejandra, con una sonrisa maliciosa, ordenó, Volteate, Javier. Ahora. Con un gruñido de frustración y anticipación, Javier obedeció. Se giró sobre su espalda, revelando su verga erecta, palpitante y húmeda, lista para explotar en cualquier momento. La punta brillaba con líquido preseminal, y las venas sobresalían a lo largo de su pene, evidenciando su excitación extrema. Carla, aún con los

ojos vendados, se inclinó hacia adelante. Sus labios rozaron la punta del pene de Javier, provocando un escalofrío que recorrió todo su cuerpo. Lentamente, abrió su boca y envolvió el glande con sus labios. Apenas la calidez y humedad de la boca de Carla rodeó su miembro, Javier perdió todo control. Con un grito ahogado, su cuerpo se tensó como un arco. Su pene pulsó violentamente dentro de la boca de Carla y,

de repente, explotó en un orgasmo intenso y prolongado. Chorros calientes de semen llenaron la boca de Carla, quien, sorprendida, trató de tragar lo que pudo. Parte del líquido espeso se escapó por las comisuras de sus labios, deslizándose por su barbilla y goteando sobre sus pechos. Javier se retorcía en la cama, su cuerpo sacudiéndose con cada nueva oleada de placer. Sus gemidos llenaban la habitación, mezclándose con los sonidos húmedos de Carla tratando de manejar la explosión en

su boca. Alejandra observó la escena con una mezcla de fascinación y lujuria desenfrenada. Sin perder un segundo, se acercó a Carla y enredó sus dedos en su cabello húmedo de sudor. Con un tirón firme pero controlado, hizo que Carla inclinara su cabeza hacia atrás, exponiendo su rostro y cuello. El semen de Javier brillaba como perlas líquidas sobre la piel sonrojada de Carla. Alejandra sonrió, con sus ojos devorando

la visión ante ella. Con deliberada lentitud, Deslizó su dedo índice por la mejilla de Carla, recogiendo una gota del fluido espeso. Abre. Carla obedeció al instante, sus labios separándose para revelar su lengua rosada. Alejandra introdujo su dedo en la boca de Carla, dejando que ella saboreara los restos del orgasmo de Javier. Carla gimió suavemente mientras su lengua se arremolinaba alrededor del dedo de Alejandra, limpiándolo por completo.

Ale repitió el proceso, esta vez usando su dedo medio para recoger más semen de la barbilla de Carla. Una vez más, lo llevó a la boca ansiosa de la joven, quien lo recibió con entusiasmo, sus labios cerrándose alrededor del dígito intrusivo. Uno por uno, Alejandra usó cada uno de sus dedos para recolectar el semen derramado. A veces lo tomaba del cuello de Carla, otras veces de sus pechos. Cada vez, Carla la mía y chupaba obedientemente, su excitación

creciendo con cada nueva prueba del sabor de Javier. Cuando el último rastro visible de semen desapareció, Alejandra se inclinó cerca del oído de Carla. Manténla abierta. Sin dudarlo, Carla abrió su boca, su lengua ligeramente extendida en anticipación. Por un momento, nada sucedió. Luego, sin previo aviso, Alejandra escupió directamente en la boca abierta de Carla. El sonido húmedo de la saliva golpeando la lengua de Carla resonó en

la habitación. Antes de que Carla pudiera reaccionar, Alejandra levantó su mano y la abofeteó con fuerza. El golpe resonó como un látigo. Ahora traga, ordenó, y recuerda que cada gota que no puedas tragar se te cobrará con una bofetada.« De acuerdo». Carla sintió temblorosamente su mejilla enrojecida por la bofetada. Con un esfuerzo visible, tragó la mezcla de saliva y restos de semen. Su garganta se movió, luchando por no dejar escapar ni una gota. Cuando terminó, abrió la boca nuevamente,

mostrando que había obedecido la orden. Alejandra inspeccionó minuciosamente la Sus ojos recorrían cada rincón de la boca de Carla. Satisfecha, asintió con aprobación.

Speaker 3

Ahora es tu turno. Y decidí que también sería mi turno de unirme a la acción. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.

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