CONTIGO EN EL FIN DEL MUNDO - PARTE 7 - podcast episode cover

CONTIGO EN EL FIN DEL MUNDO - PARTE 7

Apr 17, 202634 min
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Speaker 2

Lleva tu

Speaker 3

imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos

Speaker 2

Contigo en el fin del mundo, parte 7. No quiero espoilear a nadie, pero este relato tal vez contenga, o no, amor filial, un poco de BDSM, un poco de dominación, un poco de sexo lésbico.¿ qué más se puede pedir? En fin, que a partir de este punto, como ya se imaginaban cegaramente, la historia estará explorando terrenos más interesantes. Javier estaba desnudo y temblando, su verga ya se encontraba semierecta y tanto su culo como su rostro estaban totalmente enrojecidos.

Podía ver a Alejandra Salivar. Como Alma y Carla estaban a mis lados, no podía comprobar su estado. pero no debía ser distinto al de Alejandra y Javier. Bien, pues como les dijimos, estamos totalmente dispuestos a aceptarlos dentro del refugio, tendrán comida, techo y sustento. Sin embargo, antes tenemos que asegurarnos de que son dignos. Alma, dije, mirándola directamente a los ojos. Tú serás la primera. Noté cómo su cuerpo

se tensaba. pero su mirada seguía firme. Alejandra se acercó a ella, sus ojos brillando con una mezcla de deseo y autoridad. Sin embargo, una pequeña idea me molestaba, no podíamos herir a nadie, por lo cual aclaré.« Carla, tú llévate a Javier y cúrale el culo. No vaya a sufrir una infección o algo. Ya los iremos a buscar a la hora de la cena. Hasta entonces», Alma será la primera en probarnos que vale la pena quedarse bajo

nuestro cuidado. A pesar de que las palabras salieron de mi boca con fluidez, no estaba completamente seguro de la situación, no obstante, como había estado ocurriendo hasta el momento, todos y cada uno de los involucrados. Carla y Javier se retiraron a su ahora hogar, por el rabillo del ojo pude observar que Javier cojeaba un poco. La verdad es que Alejandra se había empleado a fondo con él y sin embargo él había aguantado sin una sola queja. Ustedes dos,

vengan a la casa. Alma y Alejandra, visiblemente excitadas me siguieron. La verdad es que estaba improvisando sobre la marcha, por eso decidí empezar con Alma, pues era definitivamente más impresionable que los otros dos, así que no había tanta presión al menos al inicio. Afortunadamente soy bueno en pensar sobre la marcha, así que encontré una solución satisfactoria, entré a la que era la habitación de Alejandra. Una vez dentro,

pude apreciar la habitación que antes pertenecía a Alejandra. Era un cuarto sencillo pero acogedor, con paredes de un suave tono crema que contrastaban con el piso de madera oscura. A pesar de su tamaño modesto, La habitación se sentía espaciosa gracias a las amplias ventanas que ocupaban casi toda una pared, ofreciendo una vista perfecta del exuberante jardín exterior. La cama, cubierta con sábanas blancas y un edredón azul cielo,

dominaba el centro de la habitación. A su lado, una mesita de noche sostenía una lámpara de cerámica y un libro a medio leer. Un armario de roble ocupaba la pared opuesta, sus puertas ligeramente entreabiertas revelando ropa cuidadosamente doblada. Lo que más llamaba la atención era la ausencia de decoración personal. No había fotos, ni pósters, ni adornos superfluos. Era como si Alejandra hubiera mantenido este espacio deliberadamente neutral,

listo para ser transformado según las necesidades del momento. Me volví hacia Alma y Alejandra, que me seguían de cerca, sus ojos recorriendo la habitación con una mezcla de curiosidad y anticipación. Este es el cuarto de la servidumbre, cuando necesitamos que alguno de ustedes se quede dentro de la casa, dormirá aquí. Me tomé esta libertad dado que Alejandra se había pasado a dormir todos los días conmigo y planeaba

que así continuara. Y también aquí nos divertiremos hoy. Me estaba dando cuenta que la teatralidad era clave para generar la atención deseada, así que pasé a sentarme en una silla que estaba junto a la pared y ordené. Desnúdense. Alma ya estaba vestida solo con su ropa interior, pero no por ello el espectáculo fue menos extraordinario. Alma, con movimientos lentos y deliberados, llevó sus manos a la espalda

para desabrochar su brasier. El encaje negro contrastaba con su piel pálida mientras lo deslizaba por sus brazos, revelando sus pechos generosos. Liberados de su confinamiento, se balancearon suavemente sus pezones oscuros endureciéndose al contacto con el aire fresco de la habitación. Sus manos descendieron hacia sus caderas, enganchando los

pulgares en el elástico de sus bragas. Con un movimiento fluido, las deslizó por sus muslos torneados, dejando al descubierto su monte de Venus cubierto por un vello público abundante y oscuro. Al quitárselas por completo, separó ligeramente las piernas, permitiendo vislumbrar los pliegues rosados de su sexo, ya brillante por la excitación. Alejandra, por su parte, se despojó de su ropa con movimientos

más bruscos, casi impacientes. Su cuerpo atlético se reveló poco a poco, primero los hombros fuertes, luego los pechos pequeños pero firmes, su vientre plano marcado por músculos sutiles. Al quitarse los pantalones, su trasero redondo y firme quedó expuesto, contrastando con la esbeltez de sus piernas. A diferencia de Alma, Alejandra tenía el pubis completamente depilado, lo que hacía que sus labios vaginales, de un tono más oscuro que el de Alma, resaltaran aún más. Su clítoris ya se asomaba,

hinchado y expectante, entre los pliegues de su sexo. Ambas mujeres, ahora completamente desnudas, permanecieron de pie frente a mí, sus cuerpos tan diferentes pero igualmente apetecibles. Alma, con sus curvas generosas y su aire de vulnerabilidad contenida, Alejandra, toda músculo y energía apenas contenida. El contraste entre ellas era fascinante, luz y sombra, suavidad y dureza, sumisión y dominación. La tensión sexual en la habitación era palpable, espesa como la miel.

Podía ver cómo sus pechos subían y bajaban con respiraciones cada vez más agitadas, como pequeñas gotas de sudor comenzaban a formarse en sus sienes y entre sus senos. Sus pezones estaban erectos, sus sexos visiblemente húmedos. Me tomé un momento para apreciar el espectáculo frente a mí.« Espera», dijo de pronto Alejandra, quien parecía haber sido golpeada por una idea millonaria de repente. Alejandra se giró abruptamente y se dirigió hacia el closet con pasos decididos. Abrió las puertas

de par en par, revelando un interior meticulosamente organizado. Sus manos se movieron con propósito entre los cajones hasta que encontró lo que buscaba. Con un gesto triunfal, extrajo un collar de cuero negro, grueso y resistente. El collar era una pieza elaborada, con detalles en metal plateado que brillaban bajo la luz tenue de la habitación. Una argolla prominente colgaba en el centro, balanceándose suavemente mientras Alejandra lo sostenía.

El cuero parecía suave al tacto, pero su rigidez era evidente, estaba diseñado para marcar una presencia innegable alrededor del cuello de quien lo portara. Sin perder un segundo, Alejandra se acercó a Alma con pasos felinos. Alma, por su parte, permaneció inmóvil, sus ojos grandes y expectantes fijos en el collar. Un ligero temblor recorrió su cuerpo desnudo cuando Alejandra llegó a su lado. Con movimientos precisos, Alejandra rodeó el cuello de Alma con el collar. El contraste entre el cuero

negro y la piel pálida de Alma era hipnótico. Alejandra ajustó el collar con cuidado, asegurándose de que estuviera lo suficientemente apretado para ser notorio, pero sin llegar a asfixiar. El sonido metálico de la hebilla al cerrarse resonó en la habitación silenciosa, sellando el acto simbólico. Alma se estremeció visiblemente, su respiración se volvió más pesada, sus pechos subiendo y bajando con cada inhalación profunda. El collar parecía acentuar su vulnerabilidad,

haciendo que sus curvas generosas parecieran aún más expuestas. Sus ojos, antes firmes, ahora mostraban una mezcla de confusión, vergüenza y, sorprendentemente, un destello de excitación. Alejandra dio un paso atrás para admirar su obra, una sonrisa de satisfacción curvando sus labios. Sus ojos recorrieron el cuerpo de Alma, deteniéndose en el collar, en sus pechos, en su sexo visiblemente húmedo. La tensión sexual en la habitación se intensificó, casi palpable. Listo, declaró

Speaker 3

satisfecha. Era, de hecho, una gran idea. Me

Speaker 2

levanté y caminé hacia ambas. Buena idea, dije mientras acercaba mi mano al rostro de Alejandra quien me miraba con un evidente orgullo en la mirada, sin embargo y sin aviso, crucé su cara con una bofetada. No fue un golpe realmente fuerte, sin embargo sí fue sonoro. El sonido de la piel azotada retumbó en el cuarto y Alma abrió los ojos desmesuradamente. Pero te dije que me preguntaras a

mí siempre, antes de actuar, sentencié. Alejandra volteó el rostro, y en su mirada no había miedo, sino una lujuria pura, ardiente.« Sí, perdón, amo, no volverá a pasar», contestó de pronto, bajando la mirada y sin atreverse siquiera a sobarse la mejilla dolorida. No podía haber podido pedir una mejor compañera para esto. La escena, sin embargo, había causado un fuerte impacto en Alma, quien

temblaba suavemente sin quitar la vista de nosotros. Bien, ahora empieza la dinámica, dije, relamiéndome la boca y volviendo a mi lugar, había decidido ser un espectador al inicio, besense, comiencen con ternura y después aumenten la pasión. Alma y Alejandra se miraron por un momento, la tensión palpable entre ellas. Lentamente, como si estuvieran moviéndose a través de agua espesa, acercaron sus rostros. Sus labios se encontraron con timidez, apenas rozándose

al principio. El beso era mecánico, forzado, sus cuerpos rígidos por la incomodidad y los nervios. Pero poco a poco, algo comenzó a cambiar. Quizás fue el calor de sus cuerpos desnudos, o la suavidad de sus labios, o simplemente la tensión sexual que había estado construyéndose desde el principio. Fuera lo que fuese, el beso comenzó a transformarse. Alejandra, siempre la más atrevida, fue la primera en profundizar el beso. Su lengua se aventuró, trazando el contorno de los labios

de Alma. Esta, sorprendida al principio, pronto se rindió ante la sensación. Sus labios se abrieron, permitiendo que la lengua de Alejandra explorara su boca. El beso se volvió más intenso, más apasionado. Las manos de Alejandra, antes inmóviles a sus costados, cobraron vida. Se deslizaron por la espalda de Alma, trazando la curva de su columna hasta llegar a su trasero generoso. Lo apretó con fuerza, atrayendo a Alma más cerca. Alma, por su parte, enredó sus dedos en el cabello de Alejandra,

tirando suavemente. Su otra mano se posó en la cintura de Alejandra, sus dedos dibujando círculos sobre la piel caliente. El beso se volvió más profundo, más desesperado. Sus respiraciones se aceleraron, entrecortadas por pequeños gemidos y suspiros. Sus pechos se rozaban con cada movimiento, los pezones endurecidos creando deliciosas fricciones. Siguieron de esa manera por algunos minutos. Podría haberlas mirado durante horas.

Speaker 3

Era un espectáculo digno de admirar. Muy bien, lo han hecho bastante bien. Ahora túmbense en la

Speaker 2

cama. Ambas se separaron al oír mis palabras, tenían las respiraciones entrecortadas y sus rostros habían adoptado un tono carmesí encantador. Alejandra tomó la mano de Alma y tiró de ella, guiándola a la cama donde los juegos continuarían. Cómele las tetas, dije a Alejandra, sentándome yo también en la cama, dispuesto a no perder ni un segundo ni milímetro de la acción.

Alejandra se acercó a Alma con una sonrisa depredadora. Comenzó besando suavemente su cuello, sus labios apenas rozando la piel sensible. El collar de cuero crujía con cada movimiento, recordándoles a ambas su presencia. Alejandra trazó un camino de besos húmedos por la clavícula de Alma, deteniéndose para succionar ligeramente en los puntos más sensibles. Sus manos acariciaban los costados de Alma, rozando la curva de sus caderas antes de subir lentamente

hacia sus pechos. Cuando finalmente llegó a ellos, Alejandra se tomó su tiempo para admirarlos. Los senos de Alma eran generosos y suaves, coronados por pezones rosados que ya estaban endurecidos de anticipación. Alejandra empezó a trazar círculos alrededor de los pezones con la punta de su lengua, evitando tocarlos directamente. Alma se retorcía bajo su toque, arqueando la espalda en un intento de conseguir más contacto. Sus dedos se enredaron

en el cabello de Alejandra, tirando suavemente. Finalmente, Alejandra tomó un pezón en su boca, succionando suavemente al principio y luego con más fuerza. Su lengua jugaba con la punta sensible mientras sus dientes rozaban gentilmente la carne tierna. Alma dejó escapar un gemido largo y bajo, su cuerpo temblando de placer. Alejandra alternaba entre ambos pechos, dando a cada

uno la misma atención meticulosa. A veces usaba sus dientes para dar pequeños mordiscos juguetones, otras veces soplaba suavemente sobre los pezones húmedos, haciendo que Alma se estremeciera. Sus manos no estaban quietas, amasando y apretando la carne suave, pellizcando los pezones cuando su boca estaba ocupada en el otro seno. Los gemidos de Alma se volvieron más fuertes y frecuentes,

su respiración cada vez más entrecortada. El cuerpo de Alma ondulaba bajo las atenciones de Alejandra, sus caderas moviéndose rítmicamente buscando fricción. Sus manos recorrían la espalda de Alejandra, clavando las uñas cuando el placer se volvía demasiado intenso. Alejandra continuó su asalto sensual, alternando entre succiones fuertes y caricias suaves con su lengua. Cada vez que sus dientes rozaban un pezón, Alma dejaba escapar un grito ahogado. Yo estaba igualmente

Speaker 3

en el paraíso. Ahora cómele la vagina.

Speaker 2

Alejandra me miró sorprendida, pero no molesta. Volteó a mirar a Alma quien estaba simplemente recostada con una respiración a punto de reventar. Solo una regla. Alma, tienes prohibido venirte sin mi permiso, así que cuando estés cerca, me vas a avisar

Speaker 3

De acuerdo. S. Sí. Está bien, contestó con la voz más

Speaker 2

tímida que he oído en mi vida. Alejandra sintió. una sonrisa traviesa curvando sus labios. Se movió lentamente, posicionándose entre las piernas de Alma. Comenzó su descenso con besos suaves en el valle entre sus pechos, su lengua trazando patrones intrincados sobre la piel hipersensible. Sus labios se demoraron en el vientre de Alma, mordisqueando suavemente la carne suave, dejando pequeñas marcas rojizas a su paso. Alma se estremecía con

cada toque, Su respiración entrecortada llenaba la habitación. Alejandra llegó al pubis de Alma, cubierto por un vello oscuro y rizado. En lugar de sumergirse directamente, desvió su atención hacia los muslos internos. Besó y lamió la piel sensible, alternando entre caricias suaves y mordiscos juguetones. Sus manos acariciaban las piernas de Alma, desde los tobillos hasta las caderas, en un

ritmo lento y tortuoso. Se tomó su tiempo explorando las ingles de Alma, su nariz rozando la unión entre el muslo y el pubis. El aroma almizclado de la excitación de Alma llenaba sus sentidos, haciéndola salivar en anticipación. Sin embargo, continuó su juego de provocación, besando alrededor del sexo de Alma sin tocarlo directamente. Alma gemía suavemente, sus caderas moviéndose en busca de más contacto. Sus manos se aferraban a

las sábanas, los nudillos blancos por la tensión. Finalmente, después de lo que pareció una eternidad de dulce tortura, Alejandra se acercó al sexo de Alma. Comenzó con un beso suave sobre los labios externos, sintiendo el calor y la humedad que emanaban. Luego, con delicadeza, separó los pliegues con sus dedos, revelando la carne rosada y brillante. Su primer lametón fue tentativo, inexperto. Recorrió toda la longitud del sexo de Alma, desde la entrada hasta el clítoris, saboreando su esencia.

Alma dejó escapar un gemido largo y profundo, su cuerpo arqueándose ante la sensación. Animada por la respuesta, Alejandra intensificó sus atenciones. Su lengua exploraba cada pliegue y recoveco, alternando entre lamidas largas y cortas. Aunque sus movimientos carecían de la fluidez que da la experiencia, lo compensaba con entusiasmo y dedicación. Se concentró en el clítoris de Alma, rodeándolo

con su lengua y succionándolo suavemente. Alma jadeaba y gemía, sus caderas moviéndose al ritmo de las caricias de Alejandra. Sus manos se enredaron en el cabello de Alejandra, guiándola sutilmente. Sentí mi propia excitación crecer mientras observaba la escena frente a mí. La visión de Alejandra entre las piernas de Alma, su lengua trabajando diligentemente, era increíblemente erótica. El collar en el cuello de Alma se movía con cada uno de sus jadeos, recordándome su sumisión.

Speaker 3

De repente, Alma gritó.— Estoy cerca. Por favor, voy ya.

Speaker 2

Inmediatamente, ordené a Alejandra que se detuviera. Ella obedeció al instante, alejándose del sexo palpitante de Alma. Esta última gimió en frustración, su cuerpo temblando por el orgasmo negado. Buen trabajo, Alma, dije con una voz severa, pero mi boca estaba totalmente seca. Ahora, Alejandra, sigue pero más despacio. Quiero que la mantengas al borde. Alejandra asintió y volvió a su tarea. Esta vez sus movimientos eran más lentos, más controlados. Lamía el sexo de

Alma con largas pasadas perezosas, evitando su clítoris. Sus dedos se movían a un ritmo tortuosamente lento. Alma se retorcía bajo sus atenciones, pequeños gemidos y súplicas escapando de sus labios. El placer la consumía, pero nunca era suficiente para llevarla al límite. Continué observando, fascinado por el espectáculo frente a mí. La tensión sexual en la habitación era palpable, espesa. Mi propia excitación crecía con cada gemido, cada estremecimiento. Después de

varios minutos de dulce tortura, decidí que era suficiente. Tomé el rostro de Alma y lo estrujé, obligándola a mirarme.—¿ Eres mi putita, ahora y siempre, te queda

Speaker 3

claro? Sí, está, está claro, dijo entre gemidos y con casi lágrimas en los ojos. Dilo.

Speaker 2

Soy tu putita, ahora y siempre, y tomando un fuerte golpe de aire agregó, y haré todo lo que ordenes sin cuestionar. Muy bien, entonces tienes permiso para venirte, y tu Alejandra sigue chupando hasta que te indique lo contrario. Alejandra retomó su labor con renovado entusiasmo, su lengua moviéndose con más urgencia sobre el sexo de Alma. Sus dedos se unieron a la acción, acariciando y penetrando suavemente mientras su boca se concentraba en el clítoris hinchado. Alma no

tardó en responder. Su cuerpo se arqueó, sus caderas se elevaron de la cama buscando más contacto. Sus gemidos se volvieron más fuertes, más desesperados. Sus manos se aferraron al cabello de Alejandra, manteniéndola en su lugar.—¡ Oh Dios, oh Dios! jadeaba Alma, su voz entrecortada por el placer. Sentí una oleada de excitación al ver a Alma acercarse al clímax. Su rostro estaba contorsionado en una expresión de éxtasis puro, sus ojos fuertemente cerrados y su boca abierta en un

grito silencioso. finalmente con un grito agudo alma alcanzó el orgasmo su cuerpo se tensó como un arco temblando violentamente mientras las olas de placer la atravesaban alejandra no se detuvo continuando con sus atenciones y prolongando el orgasmo de alma pero alejandra no se detuvo tal como le había ordenado siguió lamiendo y chupando Alma gimoteaba, su cuerpo hipersensible

temblando bajo las incesantes caricias de Alejandra. Sus gemidos se volvieron casi sollozos, el placer mezclándose con una dulce agonía.« Por favor, por favor», suplicaba Alma, aunque no estaba claro si pedía que pararan o que continuaran. Alejandra seguía implacable, su lengua y dedos trabajando sin descanso. Pronto, Alma estaba arqueándose de nuevo. un segundo orgasmo construyéndose rápidamente.«¡ Me vengo otra vez!», gritó Alma, su voz quebrada por el placer.

Esta vez, su orgasmo fue aún más intenso. Su cuerpo se sacudió violentamente, un grito desgarrador escapando de su garganta. Vi cómo sus ojos se ponían en blanco, el placer sobrepasando sus sentidos. Finalmente,

Speaker 3

decidí que era suficiente. Para, Alejandra, ordené. Alejandra

Speaker 2

se apartó, dejando a Alma jadeando y temblando en la cama. Su rostro estaba cubierto por los fluidos de Alma, sus ojos brillantes de excitación. Ahora es tu turno, Alma, dije, mi voz ronca por la excitación. Devuélvele el favor a Alejandra. Alma asintió, todavía jadeando por sus intensos orgasmos. Se incorporó lentamente sus piernas temblorosas. Alejandra se recostó en la cama, separando sus muslos en una invitación silenciosa. Alma se acercó

con nerviosismo evidente. Sus movimientos eran torpes, inseguros. Se posicionó entre las piernas de Alejandra, mirando su sexo con una mezcla de curiosidad y aprensión. Recuerda, Alejandra, advertí. No tienes permiso para correrte. Alejandra sintió su rostro una máscara de indiferencia. Pero pude ver el brillo de anticipación en sus ojos. Alma comenzó con besos tímidos en los muslos internos de Alejandra. Sus labios apenas rozaban la piel como si temiera hacer

algo mal. Lentamente se acercó al sexo de Alejandra. Dio una lamida experimental, arrancando un suspiro suave de Alejandra. Animada por la respuesta, Alma se aventuró más. Sus lamidas eran largas pero poco coordinadas, cubriendo toda la extensión del sexo de Alejandra sin un patrón claro. Era evidente su falta de experiencia, pero lo compensaba con entusiasmo. Alejandra permanecía quieta,

su rostro aún mostrando desinterés. pero pude notar cómo sus manos se aferraban a las sábanas, sus nudillos blancos por la tensión. Poco a poco, Alma ganó confianza. Sus movimientos, aunque aún torpes, se volvieron más seguros. Encontró el clítoris de Alejandra y comenzó a concentrarse en él, alternando entre lametones y succiones suaves. Vi cómo Alejandra empezaba a perder su fachada de indiferencia. Sus caderas comenzaron a moverse sutilmente.

Su respiración se volvió más pesada, pequeños jadeos escapando de sus labios. Alma, alentada por las reacciones de Alejandra, intensificó sus esfuerzos. Su lengua se movía con más vigor, explorando cada pliegue y recoveco del sexo de Alejandra. Sus manos, antes inmóviles a los lados, ahora acariciaban los muslos y el vientre de Alejandra. Alejandra ya no podía ocultar su placer.

Sus gemidos, al principio callados, ahora eran totalmente descarados. Alma continuó su exploración oral, ganando confianza con cada gemido ahogado de Alejandra. Sus labios y lengua trabajaban con creciente habilidad, alternando entre succiones suaves y lamidas firmes. Inspirada por lo que Alejandra le había hecho, Alma deslizó tentativamente un dedo dentro del sexo húmedo y caliente. Alejandra dejó escapar un

jadeo sorprendido, sus caderas elevándose instintivamente hacia la intrusión. Alma, alentada por esta reacción, comenzó a mover su dedo dentro y fuera, sincronizando el ritmo con los movimientos de su lengua sobre el clítoris hinchado. El aroma almizclado de la excitación de Alejandra llenaba el aire y mezclándose con los sonidos húmedos de la boca y los dedos de Alma

trabajando diligentemente. Los minutos pasaban, y la respiración de Alejandra se volvía cada vez más errática, su cuerpo temblando con tensión acumulada. De repente, Alejandra gritó entre dientes,« Estoy cerca. Voy a venirme». Alma, recordando su propia experiencia, se detuvo abruptamente. Sus labios se separaron del sexo palpitante de Alejandra, su

dedo quedó inmóvil dentro de ella. Sin embargo, antes de que Alejandra pudiera sentir alivio o frustración, mi voz cortó el aire como un látigo.¿ Quién te dijo que pararas? Los ojos de Alejandra se abrieron de golpe, una mezcla de pánico y deseo reflejándose en ellos. Alma, obediente, reanudó sus atenciones con renovado vigor. Recuerda que tienes prohibido venirte. Alejandra sintió frenéticamente su rostro contorsionado en una mueca de

concentración y agonía placentera. Su cuerpo entero estaba tenso, cada músculo luchando contra el inminente orgasmo. Alma, ajena a la lucha interna de Alejandra, continuó su asalto sensual. Su lengua trabajaba incansablemente en su clítoris, trazando círculos y patrones que llevaban a Alejandra cada vez más cerca del borde. Alejandra estaba en agonía. Su cuerpo entero temblaba con el esfuerzo de contener su orgasmo. Gotas de sudor perlaban su frente,

sus nudillos blancos de apretar las sábanas. Cada músculo de su cuerpo estaba tenso, luchando contra la avalancha de placer que amenazaba con consumirla. por favor, no puedo más, voy ya, ignoré sus súplicas como se ignora la lluvia. Alma, sintiéndose más audaz, deslizó un segundo dedo dentro de Alejandra. El efecto fue instantáneo y explosivo. Alejandra arqueó su espalda, un

grito ahogado escapando de sus labios. Su cuerpo entero se tensó como la cuerda de un arco, temblando violentamente mientras el orgasmo que había estado conteniéndola atravesaba sin piedad. Los ojos de Alma se abrieron de par en par, sorprendida por la intensidad de la reacción de Alejandra. Por un momento, dudó,

pero recordó que no se le había ordenado detenerse. Obediente, continuó su asalto sensual, sus dedos moviéndose dentro y fuera del sexo palpitante de Alejandra mientras su lengua seguía trabajando en su clítoris hinchado. Alejandra se retorcía en la cama, sus caderas moviéndose frenéticamente contra la boca de Alma. Gemidos y gritos incoherentes llenaban la habitación, mezclándose con los sonidos

húmedos de la actividad sexual. Su primer orgasmo parecía no tener fin, olas y olas de placer recorriendo su cuerpo sin cesar. Apenas había comenzado a recuperarse cuando sintió que una nueva oleada de placer comenzaba a construirse en su vientre. Los dedos hábiles de Alma encontraron ese punto especial dentro de ella. presionando y acariciando con una precisión que parecía sobrenatural para alguien tan inexperto. El segundo orgasmo llegó con

una fuerza aún mayor que el primero. Alejandra gritó, su voz ronca y desesperada. Su cuerpo se arqueó tan violentamente que por un momento sólo sus talones y su cabeza tocaban la cama. Sus manos se enredaron en el cabello de Alma, manteniéndola firmemente en su lugar mientras su cuerpo convulsionaba de placer. Alma, aunque sorprendida por la intensidad de la reacción de Alejandra, no cesó en sus atenciones. Su lengua seguía moviéndose incansablemente, sus dedos continuaban su danza dentro

del sexo palpitante de Alejandra. Podía sentir las contracciones del orgasmo alrededor de sus dedos, el sabor del placer de Alejandra inundando su boca. Justo cuando parecía que

Speaker 3

Alejandra no podría soportar más, decidí intervenir. Detente, Alma. Alma se apartó inmediatamente, dejando a Alejandra jadeando y temblando. Ambas estaban exhaustas. Se veían preciosas.

Speaker 2

Vístanse y preparen la cena. Dije, mientras me levantaba y me acomodaba la verga dentro del pantalón. Alma, no te quites el collar. Te lo has ganado y tú, Alejandra... ya luego veremos tu castigo. Alejandra me miraba desde la cama con una mezcla de desprecio y agradecimiento. Había cumplido su deber de manera magistral.

Speaker 3

Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.

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