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CONTIGO EN EL FIN DEL MUNDO - PARTE 5

Apr 15, 202628 min
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Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos

Speaker 3

Contigo en el fin del mundo, parte 5. Ale, Ale, despierta, dije mientras la movía suavemente, su cuerpo desnudo. Ale se removió lentamente, abriendo esos ojos verdes que tanto me encantan. Una sonrisa pícara cruzó su rostro al ver mi erección matutina. Buenos días, guapo, ronroneó, acercándose para besarme apasionadamente. Sus manos recorrieron mi pecho, arañando suavemente mientras intensificaba el beso. Yo gemí en su boca, acariciando esos pechos perfectos que tanto disfrutaba.

Ale se sentó ahorcajada sobre mí, restregando su coño empapado contra mi polla dura. Tenemos que ir a ver a los sobrevivientes, musité, pero al instante me di cuenta de la estupidez que acababa de decir.¿ Por qué le daba tanta importancia a esos desconocidos? A decir verdad, la idea de Alejandra de empezar el día cogiendo sonaba increíble. Sin embargo, mis palabras ahora se habían vuelto ley para Alejandra, quien sin dudar un momento descendió de mi regazo y se

agachó buscando su ropa. Pensándolo bien, Tenemos tiempo, dije mientras la tomaba de las caderas y con fuerza la arrojaba sobre la cama. Alejandra soltó una carcajada traviesa cuando la arrojé sobre la cama. Sus muslos tonificados se separaron instintivamente, invitándome a disfrutar su femineidad rosada y empapada. Su mirada ardiente me decía que estaba lista para ser poseída sin reservas. Me puse de rodillas detrás de ella y acaricié su

hermoso trasero, disfrutando de su suavidad y forma perfecta. Luego, sin previo aviso, enterré mi rostro entre sus nalgas y comencé a devorar su coño con avidez. Ale gimió ruidosamente, retorciéndose de placer mientras mi lengua exploraba sus pliegues más íntimos. Cuando su excitación amenazó con desbordarla, me detuve y la penetré de una sola embestida profunda. Ambos gritamos de éxtasis,

nuestros cuerpos fundiéndose como una sola criatura lujuriosa. Comencé a follarla sin piedad, agarrando sus caderas con fuerza para clavarme hasta el fondo en cada empujón. Alejandra era una visión gloriosa, su cuerpo perfecto contorsionándose bajo mis embestidas. Sus gemidos eran música para mis oídos, alentándome a seguir con más fuerza y pasión. Podía sentir que mi técnica mejoraba con cada envión, aprovechando mejor los ángulos y ritmos que la hacían estremecerse

de placer. Ale era una amante sumisa y complaciente, aceptando mi lujuria desatada con obediencia y entrega total. Su coño lubricado facilitaba mi avance, tragando cada centímetro de mi verga caliente. Mis bolas golpeaban rítmicamente contra su carne, aumentando el frenesí de nuestro acoplamiento. Mis caderas se movían con un ritmo frenético, hundiéndome una y otra vez en la cálida y apretada cavidad de Alejandra. Pero necesitaba más, ansiaba dominarla por completo.

Con un gruñido animal, levanté mi mano y descargué una sonora nalgada en su exquisito trasero.—¡ Ah!— gritó Ale al sentir el ardiente impacto. Su gemido se convirtió en un ronco alarido de puro éxtasis cuando la palmeé nuevamente sin contemplaciones. Comencé a nalguearla con vigor, disfrutando los espasmos que cada azote provocaba en su interior. Su coño se contraía violentamente alrededor de mi verga, aprisionándola en un caliente vórtice de placer.

Alejandra se retorcía bajo mí en vestidas, su cuerpo cubierto de una fina capa de sudor. Métemela

Speaker 2

toda

Speaker 3

Pedro. Más fuerte. Imploraba entre gemidos descontrolados. Aceleré el ritmo, golpeando su trasero enrojecido con palmadas resonantes que aumentaban mi propio frenesí. Mis bolas rebotaban contra su carne empapada, salpicando chorros de sus jugos femeninos. Alejandra se aferraba a las sábanas, entregada por completo a mi lujuria desatada. De pronto, un alarido inmenso brotó de su garganta. Su cuerpo entero se

sacudió con la fuerza de un volcán en erupción. Sus paredes internas se contrajeron en espasmos incontrolables, exprimiendo mi verga con la intensidad de un tornado. Alejandra había alcanzado un clímax tan poderoso que su mente quedó en blanco, sólo sintiendo olas interminables de éxtasis recorrer cada fibra de su ser. Al ver a mi amante sumida en ese nirvana, Decidí tomar el control absoluto. Agarré con firmeza su melena despeinada y comencé a sacudirme con frenesí, disfrutando de la vista

de su rostro angelical distorsionado por el deseo. Ale sacó la lengua en señal de rendición total, lista para ser bañada por mi esperma caliente. Agarré con firmeza su melena despeinada y comencé a sacudirme con frenesí, disfrutando de la vista de su rostro angelical distorsionado por el deseo. Ale sacó la lengua en señal de rendición total, lista para ser bañada por mi esperma caliente. Aumenté el ritmo hasta que mi cuerpo entero tembló con la proximidad del clímax.

Sentí ese cosquilleo inconfundible en la base de mi verga y entonces me dejé ir, rugiendo como una bestia desatada. Gruesas cuerdas de semen caliente brotaron de mi polla, salpicando el rostro y pecho de Alejandra. Ella gimió con deleite, abriendo su boca para saborear mi esencia salada. Mis chorros parecían interminables, manchando su hermoso rostro y cabellera. Cuando por fin me vacié por completo, Ale me miró con ojos brillantes, deslizando su lengua sobre sus labios para recoger las últimas

gotas de mi semen. Vistámonos, dije. Y al acto, Alejandra obedeció. Salimos del edificio central de nuestro refugio y caminamos los 100 metros que separaban nuestra casa del pequeño almacén el cual ahora fungía como refugio de nuestros huéspedes. Avanzamos con cautela, temiendo que quizá nos hubieran tendido una emboscada o hubieran huido pero los encontramos sentados en el piso del almacén en completo silencio. Todos, salvo Luis, quien yacía en el piso.

Se veían mucho mejor que el día anterior. Salvo, de nuevo, Luis. No era evidente a primera vista, pero después de algunos segundos, me di cuenta de que estaba muerto.¿ Cómo están? Dije, sin saber qué más expresar. Nosotros, mucho mejor, se adelantó Javier, hablando sin un gramo de culpa ni resentimiento. Alejandra se veía incluso menos impactada que yo. Al parecer, Perder a nuestros padres y salir de un apocalipsis nos había fortalecido mucho más de lo que yo mismo imaginaba. ¿Sufrió? Pregunté,

sin siquiera señalar a Luis, no hacía falta. Sí, mucho, pero ayer fue el primer día en meses que se sintió mejor, todo gracias a ustedes, contestó, esta vez, Alma. No pude, por primera vez, evitar sentir lástima por nuestros huéspedes. No quiero ser una molestia, pero empezamos a tener hambre, dijo Carla, visiblemente apenada. Podemos darles comida, expresó Alejandra, pero rápidamente remató con un, pero tendrán que ganársela esta vez. ¿Entendido?

Los tres se sintieron a la vez. Y luego pasó algo que me cambió para siempre a pesar de ser un gesto mínimo, casi mundano. Los cuatro, Alejandra incluida, se volvieron a mirarme, no inquisitivamente, sino con una curiosidad y respeto auténticos, esperando por mis órdenes. Me sentí abrumado. Javier y yo enterraremos a Luis, Alejandra les enseñará las tareas básicas de las que deben ocuparse, anuncié, y a diferencia

de Alejandra, Yo no necesitaba la confirmación de nadie. Mientras cavábamos la tumba para Luis, un silencio solemne reinaba entre Javier y yo. Mis brazadas hendían la tierra seca y compacta, formando un hoyo cada vez más profundo. El sudor perlaba mi frente por el esfuerzo bajo el sol abrasador. De pronto, Javier rompió el silencio con un tono meditabundo. Éramos un grupo mucho más grande al principio, dijo, su voz ligeramente rasposa.

Unos quince o veinte personas de distintos lugares, todos buscando sobrevivir juntos. Detuve mi trabajo por un momento y lo miré con genuina curiosidad. Javier continuó cavando pausadamente mientras hablaba. En esos primeros días del caos, parecía una buena idea unirnos. Entre todos podíamos protegernos, conseguir suministros, tomar decisiones. Pero las cosas se fueron complicando. La comida escaseaba, los grupos rivales nos atacaban, la gente comenzó a enfermar. Javier hizo una

mueca amarga, como si reviviera recuerdos dolorosos. Uno a uno fueron cayendo, ya sea por las enfermedades, los saqueos o incluso por peleas internas. Los más débiles eran los primeros en irse. Al final, solo quedamos nosotros cuatro.

Speaker 2

Una mirada de remordimiento cruzó su semblante.

Speaker 3

Luis era como un hermano para mí. El más joven e indefenso de todos, pero con un corazón enorme. Siempre intentaba levantar el ánimo a los demás a pesar de su propia fragilidad. Cuando comenzó a empeorar, hicimos lo imposible por ayudarlo a resistir, pero... Intenté cambiar de tema, no era precisamente bueno consolando, quizá nunca aprendí. Entonces hubo más gente que, que sobrevivió, al virus del Caribe, como lo llamaban. Sí, poquísimos.

Nosotros vivíamos en la capital. Y de millones sobrevivieron cientos. Casi siempre eran familias. No entiendo por qué, pero algo tendrá que ver con genes, dijo Javier, mientras se recomponía, al parecer hablar de una epidemia mundial no le incomodaba tanto como si hablar de sus seres queridos. Terminamos al poco tiempo y volvimos al refugio, llenos de tierra y polvo. Las chicas seguían de cerca a Alejandra, poniendo especial atención

a cada una de sus indicaciones. Justo terminamos de dar agua y comida a los animales y las plantas no necesitan cuidados mayores, aunque tendremos que hablar de unos cambios si es que, Alejandra dudaba de sus palabras, por lo que entendí que esperaba mi decisión sobre los forasteros antes de tomar acción en la organización del refugio. Vale, entiendo,

no te preocupes, Ale. Empieza a preparar el desayuno. Escoge a quien quieras para que te ayude, pero la otra persona me ayudará a mover algunos víveres en el almacén grande. Yo mentía, no necesitaba mover nada, pero no quería que los extraños conocieran el interior de nuestra casa hasta saber si podía confiar en ellos, en última instancia, podríamos atrincherarnos ahí si las cosas salían mal. Así que prefería que Alejandra estuviera solo con una persona a su cargo y

así pudiera vigilarla en todo momento. Escojo a Carla, es más perspicaz que la otra y siento que para las tareas interiores es mejor prospecto y al terminar la frase, tomó de la mano a Carla para guiarla al interior. No pude evitar notar que antes de entrar a la casa, Alejandra nalgueaba a la muchacha. Me pregunté si realmente la había escogido por sus habilidades o porque le daba más morbo.

Llevé a los otros dos al almacén fuera de la casa y que era un cuarto doble donde guardábamos algunas verduras secas, pan y otras conservas que no necesitaban refrigeración. Cuando llegamos al almacén, les indiqué a Alma y Javier que tomaran algunas conservas y suministros básicos del estante principal. Sin decir palabra, obedecieron mis órdenes con diligencia. Alma se movía con gracia felina, sus caderas contoneándose sutilmente mientras recogía

las latas y bolsas que le señalaba. Javier era más metódico, apilando los víveres con eficiencia en una caja de madera desgastada.« Lleven eso de vuelta al cuarto donde durmieron anoche», les instruí con voz firme.« Y asegúrense de limpiar bien el lugar, sacar cualquier cosa inservible o dañada». Ambos asintieron con solemnidad, tomando la caja con cuidado. Alma me miró por un instante con esos ojos oscuros y misteriosos, como si evaluara mi carácter. Luego se volvió y siguió a Javier rumbo

al pequeño almacén que usaban como dormitorio provisional. Mientras ellos trabajaban, yo revisé meticulosamente el inventario restante, contando y reorganizando las provisiones. La luz del sol se filtraba por las rendijas de las paredes de chapa, creando franjas de luz y sombras que bailaban sobre las latas amontonadas. Después de un rato, escuché pasos que se acercaban. Era Alma, con su andar ondulante y sensual, incluso al realizar las tareas más mundanas.

En sus manos llevaba una pequeña caja de cartón, la cual depositó frente a mí con delicadeza. Encontramos estas cosas viejas en un rincón, explicó con voz suave. Pensamos que ya no servían de nada. Miré dentro de la caja y vi un revoltijo de objetos desechados, un reloj de muñeca roto, un espejo de mano agrietado, un pequeño libro

empapado y deshilachado. Reliquias inútiles de una vida anterior. Bien pensado, asentí, observando de reojo como alma se inclinaba ligeramente hacia adelante tal vez fue un gesto inconsciente pero desde mi perspectiva la posición ofrecía una vista privilegiada del escote generoso que se formaba en el cuello de su blusa raída bueno hora de desayunar nos dirigimos hacia la casa principal donde un aroma apetitoso flotaba en el aire javier caminaba a

mi lado mientras que Alma se mantenía un paso atrás con su andar ondulante y femenino. Al entrar, nos recibió la visión de Alejandra y Carla en la cocina, afanadas en los preparativos finales del desayuno. La mesa de la sala contigua estaba puesta con platos y cubiertos, dispuestos ante los asientos como si un banquete solemne fuera a tener lugar. Carla se movía con gracilidad, colocando los huevos revueltos en un tazón de barro y agregando una salsa espesa y

rojiza que parecía hecha de tomates y chiles picantes. Alejandra rebanaba pan recién horneado, llenando el ambiente con una fragancia pan tostada. Las dos muchachas se detuvieron al vernos entrar y nos dirigieron miradas expectantes. Ale me dedicó una sonrisa cómplice, sin duda disfrutando de la pequeña escenita de poder que estaba a punto de presenciar. Me acomodé en la cabecera de la mesa, asumiendo mi rol como anfitrión y líder de nuestro pequeño refugio. Con un gesto, indiqué a los

demás que tomaran asiento. Javier y Alma ocuparon lugares a mi izquierda, mientras Carla se sentó a la derecha, dejando el lugar junto a ella para Alejandra. Un silencio expectante se apoderó de la habitación. Todos me miraban, esperando alguna señal para comenzar a comer. Era increíble la autoridad que parecía haber adquirido de la noche a la mañana, simplemente por haberle salvado la vida. Recorrí con la mirada los

rostros hambrientos que me rodeaban. Alma mantenía una expresión impasible, aunque sus ojos oscuros reflejaban un brillo de agradecimiento velado. Javier parecía casi reverente, con la cabeza ligeramente inclinada como si esperara una orden de su superior. Y Carla, bueno, ella era un caso aparte. Sus mejillas se habían sonrosado y sus labios entreabiertos dejaban entrever una lengua rosada que

lamía sus labios con anticipación. Al ver aquella pequeña lengua asomarse entre sus labios carnosos, una punzada de excitación recorrió mi cuerpo. La expresión de Carla era una invitación descarada, una ofrenda completa de su feminidad dispuesta a ser devorada. Sin duda, Tomé un respiro profundo, dejando que el silencio se extendiera un momento más. Disfrutaba de la anticipación, del sentimiento de tener el control absoluto sobre el destino de

estas personas. Finalmente, asentí levemente, dando la señal que todos esperaban. En un instante, los cubiertos comenzaron a moverse, el crujido del pan al partirse y los suaves sonidos de masticación llenaron el aire. Era una escena sencilla, pero cargada de un simbolismo primitivo. Yo era el alfa, el protector y

proveedor de esta pequeña manada. Al terminar de comer, no hubo necesidad de indicar los roles que la limpieza ocuparía, Javier, Alma y Carla trabajaban en perfecta sincronía, limpiando el espacio con la meticulosidad que requería nuestra situación. Sus gestos eran fluidos, como si hubieran estado practicando este momento durante mucho tiempo. Alma, con sus curvas voluptuosas delineadas por la luz tenue de la mañana, movía su cuerpo con gracia al pasar junto

a mí. El movimiento de su trasero, firme y bien formado, capturó mi atención. Sus ojos desviados hacia el suelo mostraban una mezcla de respeto y algo más profundo que brotaba entre nosotros. Mientras tanto, Carla se afanaba por organizar los platos, revelando cada vez más su figura delgada pero perfectamente esculpida. Finalmente, después de que los platos quedaran impecables y el ambiente se despejara del aroma a café y pan tostado, me

volví hacia ellos. Los observé durante un momento, sintiendo el poder de la autoridad que instalaba lentamente entre nosotros. Vayan a su habitación, dije, sin ni siquiera tener que levantar la voz, nosotros los iremos a buscar a la tarde. La respuesta fue inmediata, asintieron sin dudarlo y salieron con pasos acompasados. Alejandra, junto a mí, me miró con una sonrisa expectante. Su cabello caía en ondas desordenadas alrededor de su rostro mientras buscaba acercarse a mí.¿ Qué vamos a

hacer con ellos? preguntó, mientras amasaba mi verga por encima del pantalón. Parecen confiables, pienso ofrecerles que se queden, voy a darles dos opciones, irse o marcharse, mi voz empezaba a entrecortarse por la maestría manual que Alejandra comenzaba a desarrollar, desnúdate, dije de pronto, cortando el tren de su acción. Sin emitir queja, se levantó y empezó a desnudarse. Ale obedeció

sin chistar, sus ágiles dedos desprendiendo cada prenda con gracia felina. Pronto, su cuerpo exquisito quedó expuesto ante mí, perfecto y tentador como una ofrenda pagana. Sus pechos redondos coronados por pezones rosados, su vientre plano y tonificado, y esas caderas amplias que se estrechaban en una cintura de avispa. Pero lo que más me cautivaba era su coño depilado, un botón rosado

y húmedo que me invitaba a devorarlo. Comencé a caminar hacia mi cuarto, Ale me siguió sin dudar, en el camino yo mismo empecé a desnudarme, así que llegamos en pelotas ambos. Alejandra se subió a la cama, gateando con felina sensualidad hasta quedar de rodillas, ofreciéndome su precioso trasero. Su mirada verde relampagueaba con lujuria contenida, esperando ansiosa mis siguientes movimientos. Me tomé mi tiempo para contemplarla. grabando cada

curva y cada sombra en mi memoria. Ale permanecía quieta, obediente, irradiando una aura de sumisión que me excitaba aún más. Finalmente, me acerqué y acaricié su piel sedosa, deleitándome con la suavidad de sus muslos. Escucha con atención, mi amor, comencé, mi voz era firme y serena. He decidido que los forasteros pueden quedarse con nosotros. Alejandra se tensó ligeramente, pero no dijo nada, aguardando mis siguientes palabras. Sin embargo, tendrán

que ganarse el derecho a permanecer aquí. Les daré dos opciones, irse por su cuenta o quedarse y convertirse en nuestros sirvientes obedientes. Alejandra soltó un gemido ahogado, su cuerpo se estremecía ligeramente. Y tú, mi amor, vas a ayudarme, una nalgada sonora llenó la habitación, porque tú eres la segunda a cargo, ¿verdad? Sí, sí soy, su voz desbordaba excitación.

Pero también tengo que enseñarte a ti, que no podrás divertirte si no te lo permito, la cabeza de mi verga se hundía y jugaba en su vagina, empapándose de fluidos, y te vi, manoseando a Carla, sin que me preguntaras. Alejandra volteó, ligeramente exaltada por mis palabras, pero era demasiado tarde. Con una pausa casi religiosa, empecé a empujar mi verga erecta, pero en el agujero de su culo. Alejandra gimió con una mezcla de placer y dolor cuando mi polla empezó

a abrirse paso en su estrecho ano. Sabía que le dolería, pero también que le encantaría. Ella vivía por esta clase de juegos sexuales, por ser dominada y humillada. pe Pedro, balbuceo entre jadeos. Ignoré sus suplicas y seguí empujando, centímetro a centímetro, hasta que mi verga estuvo enterrada por completo en su culito apretado. Ale temblaba bajo mi cuerpo, mordiéndose los labios para contener los gritos. Así me gusta, mi amor, susurré en su oído. Empecé a moverme, embistiéndola con fuerza

pero sin prisas, disfrutando de cada estocada. El sonido húmedo de mi polla penetrando su culo llenaba la habitación junto a los gemidos ahogados de Alejandra.— Eres una niña mala, Ale— la reprendí con voz grave—, tocando a esa chica sin mi permiso. Ahora tendrás que aceptar tu castigo. Dicho esto, Descargué una sonora nalgada en su nalga izquierda, haciéndola gritar. Ale se estremecía bajo mis embestidas, entregada por completo a

mis caprichos lujuriosos. Continué propinándole azotes en ambas nalgas, alternando entre ellas y disfrutando de cómo su piel se enrojecía bajo mis golpes. Los gemidos de Alejandra llenaban la habitación, una sinfonía erótica que sólo avivaba más mi deseo. De pronto, Sentí que sus paredes anales se contraían con violencia, apresando mi verga en un vórtice de placer. Ale había alcanzado el clímax, retorciéndose en espasmos de éxtasis. Aproveché su momento

de vulnerabilidad para tomar el control absoluto. Aferré con fuerza sus caderas y embestí con furia, golpeando su interior sin piedad. Mi orgasmo comenzó a construirse en la base de mi columna, amenazando con desbordarse. Con un gruñido gutural, me dejé ir, vaciando chorro tras chorro de semen caliente en las profundidades de su colón. Ale gritaba sin control, delirando de placer

al ser llenada por mi esencia. Cuando por fin terminé, me retiré lentamente, observando cómo mi esperma comenzaba a escurrirse. Nos desplomamos juntos, jadeantes, sudorosos. No sabía que podías tener un orgasmo a través del sexo anal, dije, con sorpresa real. Yo tampoco, fue muy intenso, concedió Ale. Entonces, volviendo a los nuevos, serán puestos a prueba, pruebas que tú pensarás, ya que eres más sádica que yo, dije y pude ver un destello de orgullo en su rostro, pero sólo

si aceptan quedarse. Y de nuevo, todo bajo mi

Speaker 2

supervisión. Entendido. Bien, tomaremos una siesta e iremos a verlos. Vale, pero una cosa más. ¿Qué? Me volvió loca que me llamarás mi amor y diciendo esto me beso apasionadamente en los labios. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.

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