CONTIGO EN EL FIN DEL MUNDO - PARTE 11 - podcast episode cover

CONTIGO EN EL FIN DEL MUNDO - PARTE 11

Apr 22, 202624 min
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Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos Calientes Hoy presentamos

Speaker 3

Contigo en el fin del mundo, parte 11 Tenía razón Alejandra cuando decía que un par de personas más harían mucho más eficiente nuestro trabajo en el refugio, pues con Alma, Carla y Javier nos habíamos desocupado casi por completo de las monótonas tareas. Javier y Carla trabajaban los huertos y cuidaban los animales mientras Alma, de forma diligente, se encargaba de mantener la casa en orden. Y lejos de lo que pudiera pensar alguien externó, el orden no podía ser

más claro. Me adapté a mi rol de líder de manera extrañamente natural, y ni que decir de Alejandra, quien disfrutaba a mares de ser la segunda al mando. Pero como decía Jack el Destripador, vamos por partes. La mañana que siguió a la noche disciplinaria que recibió Ale nos recibió con candor. Sin embargo, mi pequeña hermanita estaba hecha polvo, haber sido casi esclava sexual del resto de los residentes,

aunque por un par de horas, había resultado una experiencia agotadora. Pedro, preferiría, si es posible y está bien contigo, tomarme este día con calma, dijo desde las sábanas, y la verdad es que a pesar de estar desnuda daba una pinta lamentable. Su mejilla se había hinchado un poco y sus pechos y espalda tenían pequeños moretones, testigos invaluables de la aventura de una noche antes. Mandaré a Alma a que te cure más tarde, descansa, dije saliendo de la habitación. Encontré, justamente,

a Alma en la cocina preparando el desayuno. Usaba la misma playera roída que cuando la conocí y el par de pantalones cortos que sin ser excesivamente skinny resaltaban la forma de durazno jugoso de su trasero. Y, claro, también estaba usando ese collar de perro que le regalé. Buenos días, dije asaltándola por detrás, restregando mi entrepierna por su trasero. Ella soltó un gemido suave al sentir mi erección presionando

contra ella. Sus manos temblaron ligeramente mientras seguía preparando el desayuno.« Buenos días, señor», susurró, inclinando su cabeza sumisamente. Deslicé mis manos por su cintura, acariciando su piel suave bajo la playera desgastada. Alma se estremeció ante mi toque. pero mantuvo su concentración en la tarea frente a ella.

Speaker 2

Dormiste bien? Muy bien, gracias señor. Me separé de ella dándole una

Speaker 3

sonora nalgada. Vale, terminas el desayuno le llevas un plato a Ale, que ha amanecido hecha polvo, como imaginarás. Pude vislumbrar una sonrisa traviesa que se dibujaba en su rostro, cegaramente estaba reviviendo lo que había hecho ella misma la noche anterior. ¿Entendido, señor, algo más?

Speaker 2

Medité por un momento.

Speaker 3

Tenía razón, tenía que darle instrucciones claras. A ver, hagamos esto, terminas el desayuno, desayunas, llevas el desayuno a Ale y después me esperas en el cuarto de juegos. Alma intentó no mostrarse turbada, pero en cuanto mencioné nuestro cuarto de juegos, el que usábamos para situaciones sexuales, por si algún despistado

se imagina algo distinto, su mirada pegó un respingo. Sin decir más a Lee, e inmediatamente encontré a Carla y Javier, lo que me ahorró el trabajo de buscarlos.« Buenos días, señor», recitaron al unísono. Me pregunté si acaso lo habían practicado. pero preferí la dulce incertidumbre. Buenos días, como saben, las tareas de ambos son claras, alimentar a los animales y

cuidar las plantas. Después del desayuno, tú Carla, te encargarás de limpiar todo y tú, Javier, vendrás conmigo, te daré una parte de nuestra reserva de semillas para que comiences a plantar en la zona oeste. Aumentaremos nuestra producción agrícola para no agotar nuestras reservas. ¿Entendido? Y todo fue como lo ordené. Después del desayuno y de dar las semillas a Javier, fui a caminar, reemplacé las trampas alrededor del refugio. Incluso instalé más, pues si algo había quedado claro con

la llegada de estos treces que no estábamos solos. En fin, que volviendo a los detalles importantes. Cuando entré al cuarto de juegos encontré a Alma sentada en la cama con las piernas juntas y las manos sobre las rodillas. La pose mostraba un innegable nerviosismo, pero más que eso también podía ver cómo sus tetas se juntaban bajo la gastada tela.

Te preguntarás qué hacemos aquí, ¿no? Sí, dijo, no sabía qué le estaba pasando por la cabeza, pero debía ser terrible porque la tensión se reflejaba claramente en su voz. Decidí cortar su miedo de golpe, tampoco soy un monstruo y de todos los miembros del refugio era quien mejor se había comportado sinceramente. Estoy aquí para ayudarte, dije, con simpatía, tomando su barbilla y haciendo que me mirara. Vamos a

trabajar en un pequeño proyecto. Un proyecto. Así es, dije, un aire de esperanza y hasta orgullo, Se reflejaba ahora en su mirada. Vamos a trabajar en tus habilidades orales, ¿entendido? Una sombra de sorpresa cruzó su mirada, pero se desvaneció casi al instante. Oh

Speaker 2

ya veo.

Speaker 3

Y sin dejar mucho más al aire me saqué la verga del pantalón. Vamos a ir por secciones, conforme mejores iremos añadiendo más capas. Primero vamos por lo básico, como usar la boca. Dale, comienza a mamar. Alma se sobresaltó, pero sin duda se prendió de mi verga.¿ Sólo tienes permitido usar los labios y la lengua entendido? Alma sintió tímidamente con mi miembro en la boca. Su lengua comenzó a explorar tentativamente, deslizándose por la parte inferior. Muy bien, así,

la alenté, colocando una mano sobre su cabeza. Poco a poco, Alma fue ganando confianza. Su lengua se volvió más atrevida, trazando círculos alrededor del glande mientras sus labios subían y bajaban por el tronco. Gemí de placer, disfrutando de sus atenciones. Ahora usa más la lengua en la punta, le indiqué. Obedientemente, Alma concentró sus esfuerzos en el glande, lamiendo y succionando con entusiasmo. Su técnica era inexperta pero entusiasta, y sentí

como mi excitación aumentaba. Enredé mis dedos en su cabello, guiando suavemente sus movimientos. La dejé hacer por algunos minutos, trataba de darle refuerzos positivos a través de mis gemidos. Lo cual parecía ser una técnica efectiva. Alma aumentó gradualmente la intensidad de sus movimientos. Sus labios se apretaron con más fuerza, creando una deliciosa succión que me hizo gemir de placer. Podía sentir cómo se esforzaba por complacerme, su

entusiasmo era patente en cada lamida y caricia. Mi excitación creció rápidamente bajo sus atenciones. El calor de su boca, la humedad de su saliva, la suavidad de sus labios… Todo se combinaba para llevarme al borde. Observé fascinado cómo su cabeza subía y bajaba, sus mejillas ahuecadas por la succión y cómo la saliva comenzaba a escurrir por su mentón. Lo haces muy bien, Alma, jadee, acariciando su cabello. Ahora vamos a intentar algo más. Ella sintió levemente sin dejar de succionar.

Speaker 2

Quiero que te

Speaker 3

la tragues toda, ordené con voz ronca. Hasta la base. Los ojos de Alma se abrieron con sorpresa, pero no protestó. Lentamente, comenzó a engullir más de mi pene en su boca. Sentí como la punta tocaba el fondo de su garganta y ella luchó contra el reflejo nauseoso. Eso es, relájate, la animé, guiando suavemente su cabeza. Respira por la nariz. Poco a poco, centímetro a centímetro, Alma fue engullendo mi

miembro hasta que sus labios tocaron la base. La calidez y estrechez de su garganta me envolvían por completo, enviando escalofríos de placer por mi columna. Estaba en el cielo, pero Alma no compartía el sentimiento. Pues podía sentir en la punta de mi verga como algunos espasmos involuntarios tomaban lugar. lo que era síntoma evidente de que las arcadas continuaban

y escalaban a una velocidad peligrosa. Le saqué el miembro de la boca de un golpe, lo que Alma sin duda agradeció, aunque el ataque de tos que estaba teniendo no le permitió expresármelo en el momento. Después de toser un poco, Alma recuperó el aliento y me miró con ojos llorosos pero determinados. Sin necesidad de palabras, volvió a tomar mi miembro en su boca, esta vez con renovado vigor. La mezcla de saliva y fluidos preseminales que cubría mi

verga facilitó sus movimientos, permitiéndole deslizarse con mayor fluidez. Su rostro estaba completamente empapado, hilos de saliva colgaban de su barbilla y mejillas, dándole un aspecto deliciosamente obsceno. La visión de Alma en este estado, tan entregada a la tarea de complacerme, hizo que mi excitación alcanzara nuevas alturas. Sentí como la presión en mis testículos aumentaba, anunciando la inminente

llegada del clímax. Mi respiración se volvió más pesada y errática mientras Alma redoblaba sus esfuerzos, alternando entre succiones profundas y rápidos movimientos con su lengua. Alma, gruñí, sintiendo que estaba al borde. Voy a correrme. No pares de chupar y trágalo todo, ¿entendido? Ella asintió levemente sin dejar de succionar. Mantuve una mano firmemente enredada en su cabello, asegurándome de que no se apartara en el último momento. Con un

gemido gutural, alcancé el orgasmo. Chorros de semen caliente inundaron la boca de Alma, quien luchó valientemente por tragar cada gota sin dejar de succionar. Pude ver cómo su garganta se movía mientras tragaba. Obediente, tragó todo y siguió mamando mientras mi pene perdía un poco de su dureza. La visión era absolutamente erótica, alma, con los ojos cerrados en concentración, sus labios aún envolviendo mi miembro palpitante y su rostro cubierto de una mezcla de fluidos. Poco a poco, las

oleadas de placer comenzaron a disminuir. Aflojé mi agarre en su cabello, permitiéndole retroceder lentamente. Alma liberó mi pene de su boca con un sonido húmedo, jadeando suavemente. Un hilo de saliva y semen aún conectaba sus labios hinchados con la punta de mi miembro. Lo has hecho bien, expresé, acariciando

Speaker 2

su mejilla. Gracias. Cada día,

Speaker 3

después del desayuno vendremos a practicar, ¿ok? Muy bien, estoy ansiosa de seguir mejorando. y la dejé ahí, para que se recuperara y adecentara un poco. Salí a ver el progreso que Carla y Javier habían hecho. La visión de todo marchando en orden me complacía. Faltaban aún varias horas para el anochecer y ambos llevaban un buen ritmo arando la tierra para las nuevas cosechas, así que los dejé hacer. Regresé a la casa y fui a la habitación a encontrarme con Ale, quien había tomado una ducha y se

encontraba completamente desnuda leyendo en la cama. No recordaba especialmente haberla visto leer muchas veces en nuestra vida. Supongo que a todos nos ha transformado esta situación.

Speaker 2

Cómo sigues? Rompí el silencio.

Speaker 3

Un poco adolorida, pero para mañana estaré como nueva, respondió, con una sonrisa en la boca. Empecé las expansiones en el refugio, el área oeste no estaba utilizada pero fue una buena idea que la mantuviéramos disponible en caso de sequía, no les está costando mucho ararla para las nuevas cosechas, y quizá pausaremos un poco el consumo de animales para garantizar un mayor número. Ale me miraba con orgullo y emoción. Ale, hay algo más que he estado considerando, dije, sentándome en

el borde de la cama. Creo que necesitamos hacer un viaje a la ciudad. Los ojos de Ale se iluminaron con una mezcla de emoción y curiosidad.¿ A la ciudad?¿ Por qué? Bueno, has visto cómo andan vestidos los demás. Apenas tienen un par de mudas de ropa cada uno y la que tienen está bastante desgastada. Además, podríamos aprovechar para buscar otras provisiones útiles. Quizás tengamos suerte y encontremos algunas herramientas, medicinas o incluso más semillas para diversificar nuestros cultivos.

Ale se incorporó, apoyándose en sus codos. Su desnudez quedó más expuesta, pero ninguno de los dos le prestó atención. Suena arriesgado, pero emocionante, dijo ella, mordiéndose el labio inferior. Hace mucho que no salimos del refugio.¿ Crees que sea seguro? Asentí lentamente. Tendremos que ser cautelosos, por supuesto. Pero creo que los beneficios superan los riesgos. No podemos quedarnos aquí para siempre sin renovar nuestros suministros. Ale pareció meditar por

un momento, su mirada perdida en algún punto de la habitación. Luego, como si recordara algo importante, me miró fijamente. Pedro,¿ te das cuenta de lo que implica este viaje? La ciudad está a tres días a pie desde aquí. Serían seis días en total, contando la ida y la vuelta. Maldije internamente. En mi entusiasmo por la idea, había olvidado ese detalle crucial. Además, continuó mi hermanita, alguien tendría que quedarse en el refugio y será una carga de trabajo pesada para esa persona.

Ya veremos, cerré la conversación, meditabundo. No habíamos salido a la ciudad desde hace años, cuando el viejo carro de papá aún funcionaba. En fin, justo mis meditaciones me llevaron a reparar en lo que tenía junto a mí. Me recosté en la cama, sintiendo el calor del cuerpo desnudo de Ale a mi lado. Vale, ya había sido un día muy productivo. La cena está lista. Escuchamos que gritaba Alma, lo cual cortó de golpe cualquier intento de otra actividad,

pues al final ya me había entrado hambre. Bajé a la cocina, donde Alma estaba terminando de servir los platos. El aroma a estofado de conejo llenaba el aire, haciendo que mi estómago rugiera de anticipación. Alma estaba de pie junto a la estufa, su figura esbelta enmarcada por el vapor que se elevaba de las ollas. Su cabello oscuro estaba recogido en una coleta desordenada. Alma, dije, súbenos la cena a Ale y a mí. Comeremos en la habitación

esta noche. Sus ojos se abrieron con sorpresa, pero asintió obedientemente. Sí, señor. Enseguida lo preparo todo. Regresé a la habitación. donde Ale seguía recostada, su piel dorada brillando tenuemente bajo la luz del atardecer que se filtraba por la ventana. Me senté junto a ella, acariciando distraídamente su muslo mientras esperábamos. Cinco minutos después, escuchamos los pasos suaves de Alma subiendo las escaleras. Entró con una bandeja cargada de platos humeantes.— Adelante, Alma— dije—.

haciendo un gesto para que se uniera a nosotros. Cena con nosotros esta noche. Alma vaciló por un momento. Finalmente, asintió y se sentó tímidamente en el borde de la cama. Comimos en un silencio cómodo al principio, saboreando la comida casera. Sinceramente no esperaba mucho de ella cuando la designé como encargada de las tareas del hogar. pero mostraba ser una cocinera más que apta. Está exquisito, Alma, comentó Ale, rompiendo el silencio. Alma se sonrojó ante el cumplido, una pequeña

sonrisa curvando sus labios. Gracias, Alejandra. Me alegra que les guste. Mientras comíamos, observé a las dos mujeres. Ale, desnuda y despreocupada, comía con entusiasmo, su cuerpo aún mostrando las marcas de la noche anterior. Alma, por su parte, comía con más recato, sus ojos ocasionalmente desviándose hacia el cuerpo expuesto de Ale. Terminada la cena, dejé el plato a un lado y me recosté en la cama, estirándome con satisfacción. Sin decir palabra,

llevé mis manos al cinturón y lo desabroché lentamente. El sonido de la cremallera bajando llenó la habitación. Extraje mi miembro ya endurecido, acariciándolo distraídamente mientras miraba a Alma.— Móntame. Los ojos de Alma se abrieron de par en par, pero no dudó. Se puso de pie y, con manos temblorosas, se desabrochó el pantalón. Lo deslizó por sus piernas torneadas junto con sus bragas, revelando su sexo húmedo y ansioso. Sin quitarse la blusa, Alma se subió ahorcajada sobre mí.

Sentí el calor emanando de su entrepierna mientras se posicionaba sobre mi verga erecta. Con un gemido suave, se dejó caer, engullendo mi miembro en su interior cálido y apretado. Costó un poco, me gustaba que Alma fuera tan estrecha, su vagina siempre me acogía con timidez pero la sensación era casi celestial. Comenzó a moverse, subiendo y bajando con un ritmo lento al principio. Sus pechos se balanceaban hipnóticamente bajo la tela de su blusa. Agarré sus caderas, guiando sus

movimientos para que fueran más rápidos y profundos. Ale observaba todo con ojos hambrientos.« Mueve más las caderas, muévete en círculos, aumenta el bamboleo, no es solo un metesaca», sugirió. temerosamente sin atreverse a dar órdenes, al parecer la lección del día anterior había funcionado de maravillas. Estimulada por las palabras de Ale, Alma aceleró el ritmo. El sonido obsceno de piel contra piel llenaba la habitación, mezclándose con nuestros gemidos

y jadeos. Sentía como su coño me apretaba deliciosamente con cada embestida. Alma comenzó a gemir tímidamente y a sudar por el esfuerzo. Su piel brillaba con una fina capa de transpiración, haciendo que su blusa se le pegara al cuerpo. Sus pezones se marcaban claramente a través de la tela húmeda, erectos y tentadores. Sus movimientos se volvieron más erráticos, su respiración más agitada. Podía sentir como su coño se contraía

alrededor de mi verga, palpitando con cada embestida. Sus ojos se cerraron con fuerza y su boca se abrió en un gemido silencioso. P, Pedro, señor, susurró entre jadeos, puedo, puedo venirme, estoy, cerca. Su voz temblaba, mezcla de placer y sumisión. Decidí que se había ganado su recompensa.

Speaker 2

Adelante, perrita. Córrete.

Speaker 3

Apenas las palabras salieron de mi boca, alma estalló en un orgasmo intenso. Su coño se apretó deliciosamente alrededor de mi verga, ordeñándome. Sus muslos temblaban incontrolablemente mientras cabalgaba las olas de placer. Gra, gracias, y sus palabras eran alaridos, por favor, por favor, lléneme, alcanzó a suplicar a mitad de su orgasmo. Sus palabras obscenas y la visión de su rostro contorsionado de placer me llevaron al límite. Con un gruñido animal, hundí los dedos en sus caderas y

la empalé completamente sobre mi verga palpitante. Sentí como mi polla se hinchaba dentro de ella justo antes de explotar, inundando su coño con chorros calientes de semen. Mierda, dije para mí mismo, sorprendido de lo rápido que ese orgasmo me había alcanzado. Gracias por darme su leche, señor. La siento tan caliente dentro de mí. dijo Alma, mientras se desplomaba sobre mí. Podía sentir como su coño aún palpitaba débilmente,

ordeñando hasta la última gota. De manera extraordinaria, esta noche podrás dormir con nosotros, dije, complacido y satisfecho de su docilidad. Alejandra me miró sorprendida. Desnúdate. Pocas cosas tan placenteras en la vida como dormir entre dos hembras desnudas y totalmente dispuestas a complacerte.

Speaker 2

Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.

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