Lleva
tu imaginación
a otro nivel.
Relatos calientes. Hoy presentamos
Contigo en el fin del mundo, parte 10. Ah, pocas veces se duerme tan bien como después de haber compartido un momento íntimo con la gente de tu comunidad. Dar para recibir es lo que dicen, ¿no? Bueno. pues así me sentía yo esa primera noche, acostado con el calor de Carla, Alejandra y Javier calentando el cuarto después de haber penetrado a todo el grupo, porque había decidido que esa sería la forma en que daría la bienvenida a todo aquel
que quisiera seguirme. Mi muy personal forma de bautismo vaya. En fin, que en cuanto el sol clareó, desperté a mis amados seguidores y les ordené que me dejaran solo y fueran a alistarse para un nuevo día. Ale insinuó quedarse conmigo pero yo en realidad quería estar solo. Me retiré a mi habitación, donde tomé una ducha reconfortante. Mientras el agua caliente caía sobre mi cuerpo, reflexioné sobre los
eventos de la noche anterior. La sumisión de Javier, el ardor en los ojos de Alejandra, los gemidos ahogados de Carla, todo formaba parte de un delicado equilibrio de poder que yo debía mantener. salí de la ducha y me vestí con calma. Al cabo de media hora después, alrededor de las nueve de la mañana, bajé a la sala de estar, donde todos me esperaban. Al igual que yo, se habían bañado y cambiado, con lo que el ambiente tenía un
aire limpio y pulcro. Querida comunidad, me complace anunciar que he tomado la decisión de dejar que todos ustedes formen parte de este refugio, A pesar de que el anuncio era redundante, pues era obvio que todos podría quedarse, noté cierto alivio en Alma y Carla, pues han demostrado una lealtad y compromiso inquebrantable ante esta pequeña pero unida comunidad. Ahora bien, la organización empezará de esta manera, Alejandra estará
encargada de, digamos, recursos humanos. Carla se encargará de las tareas domésticas y los primeros días estará bajo el mando directo de Alejandra. Mi pequeña hermana se relamió los labios sólo de escuchar que le había dejado un juguete a su disposición. Javier y Alma se repartirán las tareas exteriores, el cuidado de los animales, de los huertos y del mantenimiento que el refugio pueda necesitar. Tomé aire. Mis queridos
y expectantes seguidores me miraban impávidos. Hoy y mañana, yo los acompañaré para enseñarles cualquier tarea que aún no comprendan bien. Tendremos dos comidas generales, almuerzo a las doce y cena a las seis. Como ya dije Alma, supervisada por Ale, se encargará de esas tareas específicas y cada quien tendrá tareas específicas, lo que hagan en su tiempo libre es su problema, solo hay una regla de oro, nadie aquí
puede correrse sin mi consentimiento. ¿Entendido? A sentimientos silenciosos recorrieron la sala. La tensión era palpable mientras todos procesaban mis palabras. Podía ver el deseo ardiendo en los ojos de Alejandra, ansiosa por ejercer su nuevo poder sobre Alma. La pobre chica temblaba ligeramente, consciente de lo que le esperaba bajo el mando de mi hermana. Excelente, dije, satisfecho con su obediencia. Ahora, vamos a empezar el día. Me dirigí primero hacia Javier
y Carla. Los llevé afuera, hacia los corrales y huertos Ambos, muéstrenme cómo alimentan a los animales, ordené. Se movían torpemente, pero habían memorizado mis instrucciones con bastante precisión. Una avalancha de pensamientos empezó a inundar mi mente. Me imaginé a Javier de rodillas comiéndome la verga mientras Carla le hacía lo mismo. No me gustaban los hombres, pero el saber que era capaz de exigirle eso y que él no
dudaría un segundo en hacerlo, eso era poder. Sin embargo, debía controlarme, era fácil que se me subieran los humos a la cabeza. Mientras observaba a Carla y Javier trabajar en el huerto, decidí que era hora de expandirlo. Les expliqué que con más bocas que alimentar, necesitaríamos aumentar nuestra producción. Vamos a duplicar el tamaño del huerto, les dije, señalando un área cercana. Tenemos espacio de sobra, así que no será problema. Javiera sintió con entusiasmo, sus ojos brillaban ante
el desafío. Carla, siempre la callada, simplemente inclinó la cabeza en señal de comprensión. Les di instrucciones detalladas sobre cómo preparar la tierra. Observé cómo Javier empuñaba la pala con determinación. Carla, por su parte, se movía con gracia, arrancando las malas hierbas con precisión. El sol ascendía en el cielo, bañándonos en su calor. Después de varias horas de trabajo arduo, la nueva sección del huerto estaba lista para ser plantada.
La tierra oscura y fértil se extendía ante nosotros.« Buen trabajo», Les dije, permitiéndome una sonrisa de aprobación. Vi cómo sus rostros se iluminaban ante mi elogio. Era fascinante ver cómo ansiaban mi aprobación. Mañana traeremos las semillas y empezaremos a plantar, les informé. Por ahora, es hora de volver al refugio para el almuerzo. Mientras caminábamos de regreso, noté cómo Carla y Javier intercambiaban miradas. Había una complicidad entre ellos, nacida
de años de amistad. Me pregunté si alguna vez habían sido algo más que amigos. Quizás debería explorar esa dinámica en el futuro. El aroma a comida recién hecha nos recibió al entrar en el refugio. Alma debía estar terminando de preparar el almuerzo bajo la supervisión de Alejandra. Y vaya estampa que nos esperaba, Ale había obligado. el collar de perro que le había yo regalado.
Sonreí para mis adentros. El almuerzo fue, por
otra parte, bastante tranquilo y natural. Alma se veía claramente intimidada por la posición de vulnerabilidad, así que me conmovió y decidí emparejar las cosas. Carla, desnúdate, ordené en seco. Alma no dudó ni un segundo. Con movimientos fluidos y practicados, se quitó la ropa pieza por pieza, dejándola caer al suelo. Pronto estuvo tan desnuda como Alma.
Cuando terminamos de comer, me puse de pie. Javier, limpia la mesa, ordené.
Carla, ayuda a Alma con los platos. Observé con satisfacción cómo las dos mujeres desnudas se movían por la cocina, sus cuerpos rozándose ocasionalmente mientras trabajaban. Alejandra se acercó a mí, sus ojos brillando con malicia.—¿ Puedo jugar con ellas, hermano? Susurró, su voz cargada de lujuria. Consideré su petición por un momento. Era tentador, sí, pero por otro lado no olvidaba que Allen no había sido castigada por su falta el otro día.
Así que, al diablo, el postre estaba frente a nosotros.¿ Recuerdas el otro día que te corriste sin mi permiso? La cara de Alejandra pasó por tres etapas, asombro, miedo y resignación en menos de dos segundos.
Lo recuerdo.¿ Vas a castigarme ahora? Mejor, dije
acariciando su rostro. Hey, todos, vengan al cuarto de juegos, así había decidido llamar al ex cuarto de Alejandra, en donde de hecho ya habíamos tenido acción todos. Tomé de la mano a mi querida hermana y empecé el recorrido subiendo las escaleras. Ella me siguió dócilmente y detrás el resto. Llegamos, Javier, Carla y Alma se mostraban ligeramente nerviosos, pues ellos no sabían a qué venía todo esto, pero el hecho de
que no dudaran a pesar del miedo me complacía. Como les dije esta mañana, sólo hay una regla de oro y alguien la ha quebrado.¿ Alguna idea de quién ha sido? Alma, por primera vez desde que llegó a nuestras vidas, tomó la iniciativa, Alejandra. Correcto, concedí, el asombro se dibujó en los ojos de Javier y Carla, quienes miraron perplejos alternativamente a Alma y Ale.¿ Puedes contarnos cómo fue? Sí, sí, yo estaba, bueno, chupándosela a Ale, y ella se ha
venido sin que tú se lo permitieras. Dijo, al tiempo que su respiración se agitaba más y más. Pero te he avisado que estaba a punto. y no me has dejado parar, se defendió Alejandra, aunque no se atrevió a alzar la voz. Así es, querida Ale,¿ pero eso te excusa de saltarte las reglas? Pregunté con una sonrisa en el rostro. Pues yo pensaría que, empezó a dilucidar, pero no pudo terminar la oración porque, con dulzura y cariño, le crucé la cara de un golpe.¿
Alguna otra duda? Le pregunté, tomando su cara con mi mano. No, hermano. Lo siento, susurró Alejandra. Bien. Ahora, tu castigo, dije,
mi voz firme pero calmada. El día de hoy, tu castigo será que todos te usen como deseen. Si quieres correrte, hazlo.
Me da igual. Javier, tu primero, ordené.
Javier, con una intensidad que nunca antes había mostrado, se abalanzó sobre Alejandra. Sus labios se encontraron con una fuerza brutal, casi animal. Ale, sorprendida por la repentina agresividad de Javier, se quedó inmóvil por un momento antes de rendirse a la pasión del beso. Sus manos recorrían el cuerpo de Ale con una urgencia desesperada. Y con esa misma urgencia, la empujó contra la cama. Con movimientos bruscos y ansiosos,
Javier comenzó a despojar a Alejandra de su ropa. Primero fue su blusa, arrancada con tal violencia que algunos botones salieron volando. La sucesión y elección de acciones me parecía, por lo menos, peculiar. Ale gimió, mitad de dolor, mitad de placer, cuando Javier mordió su cuello con fuerza. Sus uñas se clavaron en la espalda de él, dejando surcos rojizos en su piel bronceada. Javier no se detuvo. Con una mano, desabrochó el sujetador de Ale, liberando sus pechos.
Su boca descendió, capturando un pezón entre sus dientes mientras su mano masajeaba el otro seno con rudeza. Los pantalones de Ale fueron los siguientes en desaparecer. Javier los bajó de un tirón, llevándose las bragas con ellos. Ahora Alejandra yacía completamente desnuda sobre la cama. Javier se apartó por un momento, sus ojos recorriendo el cuerpo expuesto de Ale con una mezcla de lujuria y algo más, venganza, tal vez. Sea lo que fuere, la intensidad de su mirada hizo
que Ale se estremeciera de anticipación. Así, sin mucho preámbulo, Javier empezó a masturbar a Alejandra. Primero, Su mano se posó sobre su vagina y empezó a frotarla con intensidad. Sobra mencionar lo mojada que ella estaba. Después, le metió dos dedos, el medio y el anular, sin piedad, penetrándole la concha con violencia. Alejandra empezó a gemir de forma más o menos controlada, cegaramente intentando mantener su orgullo y dignidad.
Puedes unirte, Carla, solté, de pronto. Alma no demoró en abalanzarse sobre Ale como un puma sobre un ciervo herido. Sin pedir premiso, se montó ahorcada sobre la cara de Alejandra, restregándole la vagina en el rostro. Después de menearse un poco, la cogió del cabello y llevó su boca a su vagina, empapando a Ale con sus jugos y haciéndola callar. Silencio, zorra, soltó entre dientes Alma, sospecho que le salió del alma.
Almohadilla Barras, quien observaba atentamente a mi lado. La escena era sumamente erótica, mientras Javier seguía estimulándola energéticamente, Carla estaba sentada sobre sus tetas y le restregaba la vagina en la boca, forzándola a chupar. Alejandra comenzó a retorcerse bajo el peso de alma y la fuerza de Javier. Su cuerpo se tensaba y arqueaba, señales inequívocas de un orgasmo inminente. Sus gemidos, ahogados por la vagina de Carla, se volvieron
más urgentes y desesperados. Intentó apartar su rostro, buscando aire, pero Carla apretó sus muslos contra sus mejillas, manteniéndola firmemente en su lugar. Los dedos de Javier no cesaban su implacable asalto, penetrándola más profundo y más rápido. Desesperadamente, Ale trató de cerrar sus piernas, buscando frenar el placer que la desbordaba, pero Javier usó su mano libre para mantenerlas separadas.
El cuerpo de Alejandra se sacudió violentamente. Intentó gritar, pero sólo logró producir sonidos ahogados contra la entrepierna de Carla. Sus manos se aferraron a las sábanas. Javier y Carla intercambiaron una mirada de complicidad. Ambos aumentaron el ritmo de sus movimientos, llevando a Ale al borde del abismo. Ale luchó con todas sus fuerzas, retorciéndose y empujando, pero era inútil.
Javier y Alma la tenían completamente a su merced. Lágrimas de placer mezclado con frustración rodaron por las mejillas de Alejandra. El orgasmo continuaba, o la trazó la de sensaciones abrumadoras. Intentó gritar, suplicar que se detuvieran, pero sus palabras se perdieron contra la carne húmeda de Carla. Carla, sintiendo las vibraciones de los gritos ahogados de Alejandra contra su sexo, llegó a su propio clímax. Se estremeció sobre el rostro
de Alejandra, inundándola con sus fluidos mientras gemía de placer. Finalmente, con un último y desesperado intento de liberarse, Alejandra sucumbió al placer. su cuerpo se tensó. Javier y Carla no se detuvieron. Continuaron estimulándola, prolongando su orgasmo hasta que Ale comenzó a sollozar de sobreestimulación. Sólo entonces, con un gesto mío, se apartaron. Alejandra quedó tendida en la cama, jadeando y temblando.
Su rostro estaba empapado con los fluidos de Carla y sus propias lágrimas, y entre sus piernas, Un charco de sus propios jugos manchaba las sábanas. La observé por un momento, admirando su vulnerabilidad. Ella se dio la vuelta a la mitad y con el antebrazo se limpió patéticamente el rostro, sin realmente retirar los fluidos de su cara. Tenía una erección potente en mi pantalón, pero no atinaba a decidirme
cuando entrar en acción. En eso noté a Alma, que pacientemente miraba la escena y aunque no mostraba real interés en su rostro, su entrepierna ya chorreaba. Sujeté a Alma del cabello con fuerza y ella dio un respingo, me miró con miedo, pero no se atrevió a mover, ni siquiera habló. Con la misma firmeza, la comencé a besar. Ella correspondió a mí actuar con verdadera pasión, como si me amara. Luego la separé de mí y la miré a los ojos, en los que encontré, de hecho, un
verdadero amor y devoción. Podría haberle pedido que muriera por mí en ese momento, pero claramente eso no estaba ni cerca de mis planes. Vale, tu turno, pequeña, reflexioné un segundo, y me di cuenta de que en realidad Alma era quien más maltrato había sufrido por parte de Alejandra, aunque por otro lado, era la más inocente del grupo. Así que quizás su participación era más tímida.¿ Quién sabe?
La dejé ir, expectante por lo que decidiría hacer.
Ella se acercó a la cama dando saltitos. Creo que Ale pensaba como yo porque ni se inmutó al sentirla cerca. Intentó acomodarse un poco el cabello y esbozar una sonrisa para su nueva y fugaz ama. Contra todo pronóstico, Alma no se contuvo ni por un segundo, pues en cuando llegó a la cama, se puso de pie y con una mano tomó a Alejandra del rostro, estrujando sus mejillas
con fuerza. De rodillas, ordenó sin titubear. Alejandra, sorprendida, sólo atinó a ponerse de rodillas intentando sujetarse del cuerpo de Alma para mantener el equilibrio. Alma miró a Alejandra con una intensidad que nunca antes había mostrado. Sus ojos, normalmente tímidos, ahora brillaban con una determinación feroz. Abre la boca, ordenó Alma, su voz sonaba firme y autoritaria. Alejandra, aún aturdida por el trato anterior, obedeció sin pensar. Sus labios se separaron lentamente,
revelando su lengua rosada y húmeda. Sin vacilar, Alma escupió directamente en la boca abierta de Alejandra. La saliva aterrizó con precisión, un hilo viscoso que se extendió desde los labios de Alma hasta la lengua de Ale. Antes de que Alejandra pudiera reaccionar, Alma le propinó una cachetada sonora. El golpe resonó en la habitación, dejando una marca roja en la mejilla de Ale. Alejandra parpadeó, aturdida por la repentina violencia. Aprovechando su confusión Alma agarró a Alejandra por
el pelo con fuerza. Sus dedos se enredaron en las hebras oscuras tirando con una crueldad que hizo que Ale soltara un gemido de dolor. Con la otra mano Alma separó sus propios labios vaginales. Sin previo aviso un chorro de orina comenzó a fluir salpicando el rostro de Alejandra. El líquido cálido y amarillento empapó el cabello de Ale corrió por su frente y mejillas, goteando desde su barbilla. Ale intentó cerrar los ojos y la boca, pero Alma tiró de su pelo con más fuerza.« Soy una perra
y me gusta marcar mi propiedad», siseó Alma. El olor acrellenó las fosas nasales de Alejandra mientras la orina continuaba
cayendo sobre ella. Se mezclaba con los fluidos anteriores, creando una mezcla pegajosa y humillante que cubría su rostro y pecho alma movió las caderas asegurándose de que ni una sola parte del rostro de alejandra quedara seca la orina salpicó los labios de ale filtrándose en su boca entreabierta cuando el flujo finalmente se detuvo alma soltó el cabello de alejandra ale se tambaleó desorientada y empapada Carla y Javier observaban la escena parados junto a la cama y
ninguno podía creer lo que veía. Carla los había superado en maldad y violencia sin que nadie lo sospechara.
Tengo permiso para correrme? Preguntó Alma, aunque sin mirarme. No
Pero no te preocupes, tu castigo lo compartirás con Carla, quien acaba de correrse también sin permiso
Entiendo. Carla
levantó su pierna y la puso sobre la boca mojada de Alejandra, y luego empujó con fuerza, haciendo que la pobre y humillada Ale cayera sobre sus espaldas. Después, aprovechando el momento de debilidad, se posicionó entre sus piernas, como si fuera a acogérsela de misionero, pero inmediatamente subió una de sus piernas sobre el cuerpo caído de Ale. Entonces, sus vaginas quedaron en contacto directo. Y para culminar, Alma trepó hasta Alejandra y la sujetó con una de sus
manos del cuello húmedo y pegajoso. Alma comenzó a mover sus caderas, frotando su sexo contra el de Alejandra con un ritmo lento pero firme. Sus clítoris se rozaban con cada embestida. La mano de Alma seguía firmemente aferrada al cuello de Ale, aplicando una presión constante que hacía que la respiración de esta última se volviera cada vez más trabajosa. Los ojos de Alejandra se abrieron de par en par, con una mezcla de miedo y excitación reflejándose en ellos.
Su boca se abrió, jadeando en busca de aire mientras Alma aumentaba gradualmente la presión en su garganta. Los dedos de Alma se hundían en la piel húmeda y pegajosa del cuello de Ale, dejando marcas rojizas que cegaramente se volverían moretones más tarde. El ritmo de Alma se volvió más frenético, sus caderas se arrelinaban en círculos, embistiendo con fuerza contra Alejandra. Los fluidos de ambas se mezclaban, creando
un sonido obsceno y húmedo con cada movimiento. El olor a sexo y orina llenaba el aire y nos embriagaba a los presentes. Alejandra intentó levantar sus manos, tal vez para apartar a Alma o para aferrarse a ella, pero su cuerpo no respondía como quería. La falta de oxígeno, cegaramente, comenzaba a nublar su mente, intensificando cada sensación. Alma, por su parte, parecía poseída. Su rostro estaba contorsionado en una
mueca de placer y concentración. Gotas de sudor perlaban su frente y resbalaban por su cuerpo, mezclándose con los fluidos que ya cubrían a ambas. Sus dedos se tensaban y relajaban rítmicamente alrededor del cuello de Alejandra, permitiéndole pequeñas bocanadas de aire antes de volver a apretar. Los gemidos de ambas llenaban la habitación, mezclándose con los jadeos entrecortados de Alejandra. El cuerpo de Ale comenzó a temblar incontrolablemente, sus caderas
moviéndose erráticamente contra Carla. El orgasmo las golpeó casi simultáneamente. Alma arqueó la espalda, gritando escandalosamente. Alejandra se sacudió violentamente debajo de ella, aunque no fue capaz de gritar de la misma manera. Sus cuerpos temblaron, convulsionando con la intensidad del clímax. Carla finalmente soltó el cuello de Alejandra, cayendo sobre ella, exhaustas y jadeantes. Luego pasó lo quizá más extraño.
Alma miró a Alejandra a los ojos y procedió a darle un tierno beso en los labios, a pesar de estar lleno de fluidos de distinta índole. Al final, a pesar de internas rencillas, todos en el grupo comenzábamos a crear conexiones. Decidí que había sido suficiente castigo, así que rompo el momento.« Espero esto te enseñe una lección», dije y todos voltearon a mirarme,« ahora retírate». Toma una ducha
y espérame en el dormitorio. Haciendo copio de la poca fuerza y energía que le quedaba, Alejandra se levantó y caminó lentamente hasta la puerta. Ni siquiera se molestó en vestirse. Una vez que Ale salió, me volví hacia Alma y Alma, que me miraban expectantes. A pesar de saber que su castigo sigue, no parecían asustadas. Ahora, dije, con mi voz baja y controlada, es el turno de ustedes dos. Me acerqué a ellas, mis pasos lentos y deliberados. Podía ver
cómo sus cuerpos se tensaron ligeramente, anticipando lo que viene. Primero, quiero que me desnuden, ordené. Lentamente. Y luego harán lo mismo con Javier. Sin decir palabra, Carla y Alma se acercaron a mí. Botón por botón, desabrocharon mi camisa. Alma se arrodilló frente a mí y sus manos trabajaron en mi cinturón mientras Carla deslizó la camisa por mis hombros. Siento el aliento cálido de Alma contra mi abdomen mientras desabrochaba mis pantalones para bajarlos junto con mi ropa interior.
Mi erección saltó libre, rozando la mejilla de Alma. Vi cómo se le dilataron las pupilas, pero se contuvo de hacer nada más. Ahora desnudo, me aparté y les hice un gesto hacia Javier. Él las miró con una mezcla de nerviosismo y anticipación. Carla y Alma se acercaron a él, repitiendo el proceso. Sus manos se movían con gracia sobre su cuerpo, despojándolo de cada prenda con una lentitud casi tortuosa. Podía ver cómo la respiración de Javier se aceleraba con
cada toque. Al terminar, los cuatro quedamos desnudos en la habitación.« Vaya, Javi, tendrás que ayudarme a mantener la disciplina aquí», dije con una sonrisa que más bien parecía una advertencia. Me acerqué a Alma, cuya postura reflejaba tanto sumisión como un temblor de anticipación. Le acaricí el rostro suavemente antes de girarla hacia la cama, donde se inclinó obedientemente. Yo me ocuparé de ella. Levanté la mano y le di una palmada
firme en su trasero expuesto, haciendo que se sobresaltara. Javier, por su parte, se había movido hacia Carla, quien compartía esa misma mezcla de miedo y anticipación. La acostó junto a mí y comenzó a trazar líneas ardientes en su piel con sus dedos, descubriendo cada centímetro de ella hasta que sus suspiros llenaron el aire. Mientras tanto, me tomé un momento para admirar la figura de Alma inclinada ante mí. Su espalda arqueada presentaba una invitación que no podía ignorar.
Me coloqué detrás de ella, sintiendo como la energía sexual aumentaba en la habitación. Con una mano en la cadera de Alma para guiarla, posicioné mi rígida erección contra su entrada trasera. Ella emitió un pequeño gemido, un sonido cargado de nerviosismo y deseo, mientras yo presionaba lentamente. La resistencia inicial de su cuerpo se dio bajo la firmeza de mi avance, y poco a poco fui introduciendo mi verga
dentro de ella hasta alcanzar una profundidad provocativa. Alma se aferró a las sábanas de la cama, sus manos crispadas revelando la intensidad de sus sensaciones.« Eso es, aguanta», Susurré con voz ronca cerca de su oído, asegurándome de que mi dominio era absoluto. Junto a nosotros, Javier seguía un ritmo similar con Carla. Sin embargo, él prefirió poner la
boca arriba, subiendo sus pies a sus hombros. Observé por un momento cómo Carla acogía a Javier dentro de su culo, mientras sus ojos cerrados y su boca entreabierta mostraban una entrega total. La sinergia entre nuestras acciones creó una atmósfera cargada de erotismo puro. Mis embates hacia Alma se volvieron más audaces y coordinados con los movimientos que Javier ejecutaba
sobre Carla. Los sonidos amalgamados de placer que emanaban de ambas mujeres resonaban como una melodía lasciva en mis oídos. Incrementé el ritmo, sintiendo como cada penetración profundizaba más en el calor de Alma. Ella respondió arqueando aún más su cuerpo hacia mí, buscando maximizar el contacto brutal y satisfactorio entre nosotros. Las nalgadas ocasionales en su trasero añadían un tono crudo a nuestra conexión, marcando el compás del control
que yo ejercía sobre ella. Miré hacia Javier, encontrando su mirada. Un entendimiento tácito nos conectaba en ese momento. Estábamos ambos
decididos a reafirmar nuestra dominancia. utilizando el placer como nuestro mayor aliado afiancé el ritmo de mis penetraciones sintiendo como el cuerpo de alma se tensaba y relajaba con cada embestida mi mano se deslizó por su espalda sudorosa hasta alcanzar el collar que aún llevaba puesto mis dedos se enredaron en la correa de cuero tirando suavemente al principio y luego con más fuerza obligándola a arquear aún más su espalda Alma dejó escapar un gemido gutural, mezcla de
placer y dolor. Su respiración se volvió más errática, entrecortada por pequeños jadeos cada vez que tiraba del collar. Podía sentir cómo su cuerpo se estremecía y cómo su culo se apretaba alrededor de mi miembro con cada tirón. A mi lado, Javier había cambiado su posición. Ahora sujetaba a Carla firmemente de los pechos. Los pezones de Carla se erguían duros y sensibles bajo su toque áspero. Javier los pellizcaba y retorcía, arrancando gemidos agudos de la garganta de Alma.
El sonido de nuestros cuerpos chocando, mezclado con los gemidos y jadeos de las mujeres, llenaba la habitación. El aire estaba cargado de feromonas y el olor acre del sexo. De repente, Javier alzó la voz, casi desesperadamente.—¿ Puedo venirme? Preguntó, mientras sus caderas seguían moviéndose frenéticamente contra Carla. Lo miré, viendo el esfuerzo en su rostro por contenerse. Una fina capa de sudor cubría su cuerpo, brillando bajo la tenue
luz de la habitación. Sus músculos estaban tensos, temblando por el esfuerzo. Adelante, concedí con un movimiento de cabeza. Apenas las palabras salieron de mi boca, Javier dejó escapar un gruñido animal. Su cuerpo se tensó por completo, sus dedos estrujaban con fuerza aún más en los pechos de Carla. Con un grito ronco, comenzó a correrse. Los sonidos que emitía Javier eran casi primers. Gruñidos y gemidos escapaban de
su garganta mientras su orgasmo lo atravesaba. Su rostro estaba contorsionadoce en una mueca de placer intenso, sus ojos fuertemente cerrados y su boca abierta en un grito silencioso. Carla se retorcía debajo de él. Sentí que mi propio orgasmo se acercaba rápidamente. El culo de alma me apretaba deliciosamente mientras la penetraba cada vez más fuerte y profundo. Tiré con más fuerza del collar, haciendo que arqueara aún más la espalda. Voy a llenarte ese culito de leche, perrita,
gruñí entre dientes. Alma sólo pudo gemir en respuesta. Mis embestidas se volvieron frenéticas, salvajes, mientras sentía la presión acumularse en mis bolas. Con un rugido animal, me hundí hasta el fondo en su culo apretado y me corrí con fuerza. Chorros y chorros de semen caliente inundaron sus entrañas mientras yo seguía embistiendo, prolongando mi orgasmo. Sentía como si me vaciara por completo dentro de ella, llenándola hasta el borde.
Las contracciones de su ano ordeñaban mi verga, exprimiendo hasta la última gota de mi leche. Podía sentir como mi semen se desbordaba, escapando por los bordes de su ano estirado y goteando por sus muslos temblorosos. Finalmente, exhausto y saciado, me derrumbé sobre la espalda de Alma. Nuestros cuerpos sudorosos se pegaban, Nuestras respiraciones agitadas se mezclaban en el aire cargado de la habitación. Lentamente, retiré mi polla de su
culo con un obsceno sonido de succión. Un río de semen espeso comenzó a fluir de su ano dilatado, manchando aún más las sábanas debajo de nosotros. Satisfecho, me incorporé lentamente, observando la escena ante mí. Los cuerpos exhaustos de Carla y Alma yacían sobre la cama, sus pieles brillantes de sudor y otros fluidos. Javier permanecía de pie, su pecho subiendo y bajando con respiraciones profundas mientras recuperaba el aliento. Bien hecho, todos, dije con voz ronca. Ahora, vayan a
sus habitaciones y descansen. Mañana será otro día. Vi cómo Carla y Alma se levantaban con dificultad, sus piernas temblorosas apenas sosteniéndolas. Javier las ayudó a ponerse de pie, sus manos gentiles en contraste con la rudeza de momentos antes. Los tres salieron de la habitación en silencio, dejando tras de sí un aroma a sexo y sudor que impregnaba el aire. Caminé hacia el baño, disfrutando de la sensación
de mis músculos relajados después del intenso esfuerzo. El agua fresca de la ducha cayó sobre mi cuerpo y lavando los restos de nuestra sesión. Mientras me enjabonaba, reflexioné sobre los eventos del día, una sonrisa de satisfacción curvando mis labios. Después de secarme y ponerme unos boxers limpios, me dirigí a mi habitación. Al abrir la puerta, la tenue luz de la luna que se filtraba por la ventana iluminaba
la figura durmiente de Alejandra. Yacía de lado, su cabello oscuro esparcido sobre la almohada como un halo de sombras. Me acerqué silenciosamente a la cama, admirando las curvas de su cuerpo apenas cubiertas por una fina sábana. Su respiración era profunda y regular, señal de un sueño tranquilo. A pesar del castigo que había recibido, su rostro mostraba una expresión serena, casi angelical. Me deslicé bajo las sábanas junto
a ella. sintiendo el calor que emanaba de su piel alejandra se movió ligeramente en sueños acurrucándose instintivamente contra mí pasé un brazo alrededor de su cintura atrayendo la más cerca el aroma de su cabello recién lavado llenó mis fosas nasales mezclándose con el olor familiar de su piel cerré los ojos dejando que la paz del momento me envolviera El suave sonido de su respiración y el latido constante de su corazón contra mi pecho comenzaron a arrullarme.
Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
