Lleva
tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Compartiendo piso con mi hermana, parte 8.
Al día siguiente
volvió a suceder lo
mismo. Después de cenar y ver un rato la tele juntos, Paula se metió en su habitación y escuché cómo se masturbaba frente a sus apuntes, a la vez que yo también me pajeaba con el ordenador. Y a la noche siguiente, igual. Estaba claro que la rutina de hacerse un dedillo diario se había apoderado de Paula, y le ponía muy cachonda saber que su hermano pequeño se hiciera una paja en
la habitación de al lado, mirando sus fotos. Y es que sus gemidos cada vez eran más audibles, y ya ninguno de los dos nos preocupábamos en ocultar lo que sucedía. Eso era de puertas para adentro en nuestras habitaciones. Luego, cuando estábamos juntos en el salón o en la cocina, ninguno de los dos hacía mención a lo que sucedía. Y así llegó el viernes. Aquel día, Sofía había quedado con unas amigas y yo preferí quedarme en casa antes
que salir de fiesta con mis colegas. Además, Sabía que Paula tampoco iba a salir y reconozco que lo de las pajas nocturnas simultáneas me estaba empezando a dar un morbazo fuera de lo normal. Hoy no sales. Me preguntó Paula sobre las ocho de la tarde, cuando me vio en la cocina en uno de sus descansos. No,
Sophie está de cumpleaños con unas amigas y hoy no me apetecía mucho. Ah, vale. Por
No habrás quedado con Fernando esta noche?
No, no, me iba a quedar a estudiar, tampoco tengo ningún plan.¿ Y por qué no vemos una peli juntos?¿ Una peli? Sí,
tampoco hace falta que estés todo el día estudiando,¿ podíamos cenar pizza y luego ver una película, te parece bien? Eh,
sí, claro.¿ Por qué no? Por una noche no pasa nada. Pues genial. Ya tenemos plan,¿ ves qué fácil? Bueno, voy a estudiar un rato más, hermanito.¿ Una hora? Perfecto, haces la pizza y, cuando esté todo listo, me avisas y te dejo elegir la película. Vale. y Paula volvió a meterse en su habitación.
Encendí la tele y me puse a buscar en Netflix algo interesante, y entonces caí en la cuenta de que podía poner una peli erótica. La idea de ver una erótica con mi hermana me encantó y miré en Google las mejores películas de ese género en la plataforma. Tampoco es que hubiera mucho, pero recordé una que tuvo cierta repercusión unos años atrás, en 2020, Se titulaba 365 días, y era de un guaperas mafioso que secuestraba a una chica de la que se encapricha, y su idea era retenerla hasta
que ella terminara cediendo voluntariamente ante él. Con el olor a pizza humeante, llamé a la puerta de mi hermana y apareció unos segundos después con el pijama ya puesto. No voy a decir que no me lo esperara. pero tampoco me sorprendió cuando se presentó en el salón sin el sujetador y sus tetazas bien definidas bajo la tela.
Quería seguir sorreando conmigo, seguro que así se ponía cachonda y luego terminaba masturbándose en la habitación con el recuerdo de la pollita dura de su hermano bajo el pantalón de pijama. Ya lo tenía todo listo.
Coca-Cola, unas patatas, pizza y helado de postre.¡ Qué maravilla! Y en eso comenzó la película erótica.
Mi hermana no tenía ni idea de qué trataba y cuando me preguntó, le dije que no lo sabía, que me había salido en las sugerencias de Netflix y no tenía mala pinta. A los 15 minutos ya apareció la primera escena. La chica se masturbaba en su cama y, a la vez, el morenazo mafioso iba en un avión privado y una de las azafatas le hizo una mamada. Aunque,
claro, no se veía nada. Paula me miró extrañada. Y esto,¿ pero qué peli has puesto? Joder, no sé, no sabía que Netflix, pensé que...
Haré que en un año te enamores de mí, si no, te liberaré, le decía el protagonista a la chica unos minutos más tarde cuando ya la había secuestrado. La película ya llevaba media hora cuando terminamos de cenar, no es que fuera la gran cosa, pero tampoco era aburrida. Se veía claramente que tenía tintes eróticos, aunque de momento no habían salido más escenas fuertes y la protagonista se resistía a los encantos del mafioso.¿ Qué hacemos?¿ Te está gustando?
Le pregunté a Paula al ver que se levantaba a recoger la mesa y lavarse los dientes.
Uf,
Bueno, ya que hemos empezado a verla, respondió sin mucho entusiasmo y yo me quedé esperándola emocionado en el sofá. Paula quería seguir viendo la peliculita.¿ Se estaría poniendo igual de cachonda que yo? Ya no podía disimular mi incipiente erección, así que me tapé con la manta y me quedé frente a la tele, esperando por mi hermana, que apareció cinco minutos más tarde. Y al ver que se dirigía a tumbarse a su sofá, abrí la mantita, ofreciéndola un hueco para sentarse a mi lado
No vienes conmigo? Ella se quedó de pie, dubitativa. Apretó los labios y negó con la cabeza. Ya sabes lo que pasó la última vez, y no quiero que... Venga, Paula, lo siento. Me encantaría que vinieras aquí conmigo. Sin tonterías, eh. Sin tonterías, prometido. Está bien, anda, hazme un hueco
y apostó su culo a mi lado, tapándose con la mantita. Esta vez no se apoyó en mi hombro ni me rozó con las tetas, pero me encantaba que estuviera casi pegada a mí, sin que ella supiera que tenía la polla muy dura. En la siguiente escena el malote se la llevó de compras y después a cenar. Durmieron juntos, pero no pasó nada entre ellos y por la mañana, la chica se levantó completamente desnuda para ducharse y él
la siguió. La escena era muy sensual, se veía como ella le miraba la polla bajo el agua, pero todavía logró resistirse cuando él se acercó y le provocó a la cara. Mi hermana se revolvió incómoda con la escenita y a mí todavía se me puso más dura. Pegó un resoplido, Después la miró y ella me correspondió. Se estaba cubriendo con la manta hasta el ombligo y me fijé en sus tetas bajo el pijama. Parecía que sus pezones están erectos y mi hermanita se había sonrojado.
Te gusta ese tío? La
pregunté por el protagonista. Pues no mucho, no es mi tipo, el tío parece un galán de telenovela turca, alto, musculoso, muy moreno, lleno de tatuajes, pinta de chuloputas. Ningún admitiría que le gusta ese tipo de hombres, pero esos malotes hacen que todas las mujeres terminen mojando sus braguitas. Y la peli siguió subiendo la temperatura. Por la noche ella va en albornoz a la habitación del morenazo y empieza
a provocarle. Él se queda desnudo delante de ella y, cuando la chica intenta irse, él ha cerrado la puerta. La obliga a tumbarse en la cama y ata sus manos y sus
pies con unos artilugios raros. Está a su merced. Paula miraba absorta
la escena y en la tele, la protagonista continuaba resistiéndose, con el forcejeo se le ha escapado un pezón. Te voy a enseñar lo que te pierdes, Le suelta el muy chulo y entra una prostituta con el pelo muy largo. Se pone enfrente a la chica y la fulana le hace una mamada hasta que el chulo se corre en su boca mirando fijamente a la protagonista que se retuerce de placer en la cama.
La puta se va y se quedan los dos solos en la habitación.
Paula tosió y miró el móvil disimuladamente. No le tenía que estar haciendo mucha gracia ver esa peli con su hermano pequeño. Después de otros 20 minutos, ella cede y los dos terminan echando un tremendo polvazo en un yate, soltando toda la tensión acumulada durante la película. Yo me agarré la polla por encima del pijama y no pude evitar pegarme un par de sacudidas mientras los dos follaban en la pantalla.—¡ Joder!— exclamé, viendo a mi hermana negando con la cabeza y soltando otro
resoplido. Creo que me voy a ir a la cama ya, me dijo cuando terminaron de follar.¿ No te está gustando? Me has puesto una peli casi pornográfica, eres un capullo.
No lo sabía, Paula, de verdad, he visto que era para mayores de 18 años, pero no pensé que iba a ser tan fuerte y es más bien erótica, no pornográfica, no exageres.
pero sabías que era erótica, no. Bueno, eso sí, un poquito, je, je, je.¿ Y te parece normal poner una película erótica para verla con tu hermana? Eh, no, eh, dudé sin saber qué decir.¿ Y en qué momento te pareció buena idea?
Siempre me haces lo mismo, David. Perdona, Paula, No te enfades otra vez, por favor, no creo que haya sido para tanto, la peli no está tan mal, tú misma lo dijiste antes. Ya, pero es que luego vaya cenitas, yo me voy ya a acostar, me dijo levantándose
del sofá.¿ A qué hora salimos mañana para el pueblo?
Tampoco tenemos prisa, con salir de aquí a las once nos da tiempo de sobra para prepararnos e ir luego a la comida. Vale.
Buenas noches, Paula.¿ Te vas a quedar? Sí, ya
quiero ver cómo termina. Mañana te lo cuento, ja, ja, ja. Muy gracioso. Buenas noches. Y
se fue del salón dejándome solo. Me pregunté si mi hermana se masturbaría en la habitación, aunque esa noche tenía serias dudas, después del pequeño cabreo que se había pillado por la peli que elegí. Aún así, dejé un tiempo prudencial, bajé el volumen de la tele y me metí en mi habitación. Pegué la oreja a la pared y no se escuchaba nada. Parecía que Paula se había acostado, por lo que regresé al salón y ya, sin moros en la costa, me saqué la polla tranquilamente y me dispuse
a hacerme una paja viendo el final. Estaba cachondísimo. Tengo que reconocer que me había puesto muy cerdo compartir peli erótica teniendo a Paula a mi lado y tensé la cadera, sacudiéndomela con fuerza. Tan absorto estaba en lo mío, que ni me enteré cuando de repente me giré hacia la puerta y allí estaba mi hermana.
Mirándome detenidamente.—¡ Joder, Paula!— exclamé guardándomela a toda velocidad.— Pero,¿ qué haces? ya estás otra vez. Yo pensé que, que, ya estabas dormida, no sabía qué.
Solo iba a decirte que mañana no había ninguna prisa, que incluso saliendo a las doce nos da tiempo, pero, ala, ya me voy.
Espera, Paula. ¿Qué? Dijo girándose
otra vez. Enseguida caí en la cuenta de lo que había
pasado. Mi hermana me había estado mirando mientras me masturbaba.¿ Cuánto tiempo llevaría bajo el marco de la puerta? Lo mismo acababa de llegar, pero cabía la posibilidad de que me hubiera estado espiando varios segundos o incluso minutos. Eso hizo que todavía
me pusiera más cerdo. Era mi mayor fantasía. Hacerme una
paja delante de Paula y, más o menos, se acababa de cumplir, aunque yo no me
había enterado.¿ Me has visto? Pues claro que te he visto, joder, estás todo el día
igual.¿ Y llevabas mucho tiempo ahí? No. Claro que no. Acababa de llegar. Como no has dicho nada.¿ Y qué te voy a decir?
No sé, estabas ahí callada, mirándome en silencio. No digas tonterías, anda. Oye,
Paula, comencé a hablar sin molestarme en ocultar mi erección bajo el pijama. Ya sabes que, bueno, es mi mayor fantasía, que me veas haciéndome una, y ahora casi se cumple, a mí no me importaría qué. Pues enhorabuena, ahora que la has cumplido, ya me puedes dejar tranquila, ¿no? Tampoco la he cumplido del todo. Me hubiera gustado saber que me estabas mirando, eso me habría puesto mucho, mucho. Además, no he
terminado, ya me entiendes, no me he corrido. Y. Me preguntó encogiéndose de hombros.¿ Me dejarías ahora? No tienes que hacer nada,
solo quedarte ahí de pie y mirarme, de verdad, Paula. Ni deseoña. Lo has entendido. Eso no va a pasar jamás, a ver si te enteras ya de una vez y me dejas tranquila, se enfadó, dejándome allí plantado. Por unos segundos, tuve la esperanza de que Paula fuera a aceptar mi propuesta, pero su negativa tan tajante me bajó la libido en un segundo, y hasta se me quitaron las ganas de terminarme la paja. Me quedé viendo el final de la película ya por mero interés y acto seguido, me fui a la cama.
Y a punto de dormirme, lo volví a escuchar. Esa música que sonaba como los ángeles.
Los gemiditos de mi hermana en su habitación. Esta vez no fue demasiado escandalosa, más bien al contrario, se notaba que quería ahogar sus gemidos contra la almohada, pero no pudo evitar que yo escuchara el preciso momento en el que se corría y aquello me volvió a excitar de una manera muy salvaje. Apenas me hicieron falta unas pocas
sacudidas y terminé eyaculando bajo las sábanas, empapándome entero. Me gustaba el comportamiento de mi hermana, aunque todavía opusiera resistencia a lo que estaba sintiendo, y luego terminara satisfaciendo sus necesidades en la soledad de su cuarto. Paula no era de piedra y, entre la película y ver a su hermano pequeño pajeándose a toda velocidad, tenía que haberse puesto muy cachonda. Sabía que ya me faltaba muy poco para lograr lo que tanto ansiaba. Solo tenía que encontrar la
manera de convencer a Paula. Al día siguiente viajamos en el coche de Paula hasta el pueblo. Apenas nos dirigimos la palabra en el trayecto hasta la casa de mis padres, no porque estuviéramos enfadados, sino porque la relación estaba enrarecida entre nosotros. Seguro que Paula se avergonzaba de masturbarse por la noche, pensando en mí, y por la mañana se arrepentía de su comportamiento, y yo tampoco es que supiera
qué decir. Solo quería que lo que estuviera pasando entre Paula y yo siguiera fluyendo de manera natural y prefería estar con la boquita cerrada para no soltar cualquier chorrada que pudiera fastidiarlo todo. Era el cumpleaños de mi madre aquel día y nuestros padres nos invitaron a un asador que había por la zona. Asistimos casi toda la familia, incluyendo abuelos, primos y tíos, y cuando terminó la comida, quedé con mis colegas del pueblo para tomar algo con
ellos por la tarde. Entra una copa y otra, nos fuimos liando, y al final nos dieron las tantas y terminamos en el disco bar más famosillo del pueblo. Allí me encontré con Paula y sus amigas, que también habían salido. No hace falta decir que Paula era la que estaba más buena de todo el bar, llevaba unos vaqueros desgastados muy ceñidos, zapatos con bastante tacón y arriba una camisa de cuadros rojos y azules que le daban un aire bastante pijo, con su larga melena suelta sin apenas maquillaje
Todo muy natural y elegante. No
tardaron tres chicos en acercarse a hablar al grupo de mi hermana y sus amigas, y enseguida, un chico se le insinuó a Paula. Yo lo observaba todo a unos metros de distancia cuando se me aproximó una chica pelirroja con un piercing en la nariz, ni tan siquiera la vi venir y justo a mi lado, comprobé que tendría la edad de mi hermana, unos 22 o 23 años. Hola,
te llamas David, ¿verdad? Sí. Yo soy Nerea. Encantada, dijo dándome dos besos.¿ Me invitas a una copa? Preguntó de manera bastante directa. No tengo problema en
invitarte, pero por lo demás, lo siento, tengo novia.¿ No me extraña con lo guapo que eres, es esa morena que miras tanto? Está bastante buena
la cabrona. No,
no, esa
es
mi hermana, ja, ja, ja. Joder, pues parece que te la estás comiendo con la mirada, y donde está tu novia, yo no dejaría solo a un chico
como tú. No es de aquí, es de otra ciudad. Yo tampoco, pero unas amigas me han dicho quién eras cuando he preguntado por ese chico tan mono. Pues lo siento. qué pena, nene,
yo creo que lo hubiéramos pasado muy bien, para un rato no me importa que tengas novia, eh, dijo mordiéndose los labios. Si cambias de opinión, búscame
estaré por aquí. De acuerdo.
Mientras estuve hablando con la chica que se me acababa de insinuar, me fijaba en mi hermana y ella hacía lo propio mirando hacia donde yo estaba, intentando quitarse de encima al pesado que quería ligar con ella. Y viendo la insistencia del muchacho y la cara de circunstancias de Paula, al final tuve que ir a echarle una mano y
me acerqué hasta ella. Me gustó la cara de alivio que puso Paula cuando por fin el chico se fue, dejándonos solos, y es que, aunque es bastante directa y cortante con los tíos cuando quiere, me dijo que éste era muy persuasivo y pesado, aunque le había dicho varias veces que tenía novio. y mi hermana y yo terminamos en aquel bar hablando de cómo iba su relación con Fernando, parece ser que la cosa seguía avanzando con mucha calma.
Se habían organizado unas vacaciones para el mes de julio, los dos solos, y según me insinuó Paula, hasta ese momento no pensaba tener relaciones con él.¡ Qué mala eres, Paula! Lo tienes que tener muy caliente, tantos meses.¿ En serio le vas a hacer esperar hasta julio? Lo que me hizo no me gustó, me ha costado darle esta oportunidad,
así que va a tener que ganarse otra vez mi confianza. Vamos, te invito a una copa, hermanita, quiero que me vean contigo para dar envidia al resto de tíos de este bar, eres la que está más buena con mucha diferencia. Pues ya ves para lo que me sirve, solo se me acercan feos y pesados. Llegamos a la barra y seguimos charlando, Yo llevaba unas cuantas copas encima después del tardeo con los colegas y Paula también parecía que había bebido algo,
por lo que no me costó regalarle los oídos. Hoy estás incluso más guapa de lo normal, te sientan increíble esos vaqueros y la camisa, y ya cuando te pones esos taconazos,
uff
Tú también estás
muy guapo, ya he visto cómo se te acercaba esa pelirroja. Quería follar
conmigo. Ah, sí,¿ te lo ha dicho? Sí, más o menos. Joder, qué directa.
Pero le he dicho que tengo novia, además, prefiero estar contigo. Por cierto,¿ puedo hacerte una foto? Es que estás muy sexy. Ni tan siquiera le di tiempo a
contestar. Me separé un poco de ella y lancé varias fotos con flash a mi hermana apoyada en la barra, Ella sonrió dejando fotografiarse y, para terminar, le hice otra mientras chupaba la pajita que tenía puesta en la copa, mirando de reojo hacia mí. Me pareció
una foto tremendamente morbosa. A ver qué tal he salido, dijo ella, arrebatándome el móvil de las manos. Pues muy guapa como siempre. Sí, la verdad es que sí, ja, ja, ja. Pues muchas gracias, Paula, ya tengo nuevo material. David.¿ Por qué te enfadas si ya sabes lo que voy a hacer luego con estas fotos? Ay, qué pesado. Dijo Paula, aunque esta vez no parecía tan enfadada. Me hubiera gustado que ayer. Calla. calla, ni me lo recuerdes, anda, que
ya te vale, llego al salón y te encuentro ahí. Bueno, tampoco vayas tú ahora de monjita y de estupenda, que yo también te escuché a ti en la habitación.
Qué me escuc, qué? Tartamudeó Paula, mirándome extrañada.
Sí, no pasa nada, es normal, hermanita. Habíamos visto una peli fuerte y me imagino que estarías como yo.
Uf, qué vergüenza. Anda,¿ por qué? Porque no pensé que... Entonces te masturbaste.
Bueno, si ya lo escuchaste,¿ qué quieres que te diga? Y no solo fue ayer, todas las noches te escucho desde mi habitación. y yo a ti, no te fastidia.
A mí no me molesta, es más, me encanta saber que te estás tocando al otro lado de la pared, joder, me hago unas pajas increíbles mirando tus fotos en el ordenador mientras escucho tus gemidos.
Ay, ay, ay, qué corte. Me
encanta que lo hagamos los dos a la vez, no sé, es como si estuviéramos juntos. No estarás pensando en mí, no, eso estaría muy mal.
Tú eres tonto, pues claro que no, pienso en Fernando. Sí, ya, y anoche,¿ también pensaste en Fernando? Sí, claro. No me lo creo, por lo menos reconoce que anoche te corriste pensando en lo que habías visto en el salón. No. Yo no tengo problema en reconocer que me corro pensando en ti.
Pues yo no, porque no lo hago pensando en ti, y agachó la mirada. Mira, David, tenemos que terminar con esto, y te lo digo en serio. Está bien, quieres terminar con esto, pues mírame, mira cómo me hago una paja y te prometo que este asunto se termina para siempre, solo te
pido eso. Ya te he dicho mil veces que no.¿ Por qué sabes que me hago pajas pensando en ti y te gusta? A mí no me gust. Vas sin sujetador por casa
gimes cada noche en tu habitación, me miras el paquete, aunque te crees que no me doy cuenta.
Eh, yo no, eh. Solo tienes que mirarme. Nada más. Ya te vi en Sevilla
y lo que hiciste fue... Asqueroso, hasta me tocaste sin mi consentimiento, me metiste mano. Solo una paja, Paula, deja que me haga una paja delante de ti, y luego pasará lo que tenga que pasar. No va a pasar nada, se te está yendo la cabeza
David. Al menos deja que
me haga la paja, no tienes que hacer nada, solo mirarme. La conversación se estaba poniendo muy interesante, Paula no rehuía hablar de estos temas e incluso parecía que estaba a punto de ceder y de repente llegaron mis colegas y lo jodieron todo. No me dio tiempo a echarlos porque mi hermana cogió la copa y volvió con sus amigas. Ni pude despedirme de ella y cuando me quise dar cuenta Paula y su grupo ya no estaban en el bar.
Supuse que mi hermana se habría marchado a casa así que me tomé la copa y como se suele decir, hice una bomba de humo, simulando ir al baño y desapareciendo sin que se enteraran mis amigos. Me fui apresurado hasta la casa y, en cuanto entré, me di cuenta de que Paula todavía no había llegado, por lo que me puse el pijama y me senté pacientemente en la cocina a esperar que regresara. La ínfima posibilidad de pajearme delante de ella me tenía en un estado de excitación
y nerviosismo que era superior a mí. La polla me palpitaba como pocas veces lo había hecho y tenía un nudo en el estómago debido al morbo que me invadía. Y Paula no tardó en aparecer por casa. Se sorprendió al ver luz en la cocina y, al entrar me encontró allí, tomándome un vaso de leche con galletas. Hola,
David, me voy a la cama que estoy cansada, ha sido un día muy largo.
Espera, Pau.¿ Qué pasa? Antes en el bar, eh, no pudimos terminar la conversación.¿ Qué conversación? Ya sabes, lo que estábamos hablando.
De qué? Ahora no disimules, de mi fantasía, lo de, estabas a punto de decirme que sí. ¿Qué, ja, ja, ja, de dónde te ha sacado eso? Podía verlo en tu cara. Madre mía, estás
peor de lo que pensaba, buenas noches, hermanito, y se fue de la cocina, dejándome con un palmo de narices, pero yo no podía permitir que la noche terminara así, por lo que seguía Paula hasta su habitación.¿ Qué haces aquí?
Me preguntó resignada al ver que me colaba en su cuarto. Ya lo sabes. Estoy cansada, David, no me apetece nada hablar ahora contigo. Me agotas. Entonces me planté frente a ella con los brazos en jarra. Decidido. No voy a parar hasta que me
digas que sí. Ya me has visto varias veces,¿ que lo mismo te da? Es sólo una paja. Solo te pido que me dejes hacerme una paja delante de ti, si quieres, lo podemos hacer ahora y nos olvidamos de una vez por todas de este asunto. Amenacé haciendo el amago de bajarme los pantalones del pijama
Paula se acercó enfadada a mí. Ni se te ocurra hacer
nada ahora,¿ me has oído, no? Y al mirar involuntariamente hacia abajo... se encontró con mi erección, lo que hizo que tartamudeara, y menos, eh, y menos aquí, porque entonces sí que despierto a los padres y les cuento todo, te lo juro. Les cuento lo mal que está así. Vale, vale, tranquila, dije subiendo las manos. Está bien, aquí no, pero lo hacemos en nuestro piso cuando estemos solos,¿ te parece bien?¿ Me estás escuchando? Te estoy
diciendo que se lo voy a contar a los papás. Solo tienes que decir que sí y me iré.
Qué sí?¿ A qué?¿ A qué me vas
a mirar mientras me hago una paja? Solo te pido eso. Paula resopló y se quedó pensativa unos segundos. Si quieres ahora, insistí. No, joder, ahora no, estate quieto, y tápate eso, por Dios. Exclamó señalando mi erección.¿ Entonces cuándo? Ay, no sé, David, y que yo recuerde, todavía no te he dicho que
sí. Vale, pues entonces la semana que viene, en nuestro piso. Hay que fijar un día, que si no luego me das largas. El sábado, sí, lo haremos el sábado que viene cuando vuelvas de fiesta, yo te esperaré en la cocina como hoy,¿ te parece bien?
Él.¿ El sábado? Sí,
vale, pues en eso quedamos. El
sábado lo haré delante de ti. Creo que te va a gustar. Luego, si quieres, tú también te puedes tocar en tu habitación, me encantará escucharte.
No. pero yo no he dicho que haya acepta.
Hemos quedado para el sábado, ya no vale echarse atrás, hermanita, buenas noches, y me incliné sobre ella, dándole un beso en la mejilla. Paula se quedó petrificada, procesando lo que acababa de pasar. Ni tan siquiera me había dicho que sí y yo la había convencido para hacerme un pajote delante de ella.
Llegué temblando a la habitación tremendamente excitado. Por fin lo había conseguido. Me había encantado
la cara que puso Paula, no me quiso dar el gusto de aceptar mi propuesta, pero yo me había fijado en sus pezones y otra vez se le habían vuelto a poner duros. Era un gran indicador de la calentura de mi hermana y empezaba a ser una constante que sus pechos se hincharan y sus pezones se pusieran erectos como mi polla. Aquel día, con la emoción no me quise masturbar y pensé que sería muy buena idea reservarme
hasta el sábado que viene. Una semana. Uf, la cantidad de leche que iba a soltar sería un espectáculo y me correría a lo bestia delante de Paula, que miraría atónita la escena, deseando salir pitando a su habitación para hacerse un dedazo. Al día siguiente, regresamos a casa por la tarde en el coche de Paula, no hicimos mención a nuestro acuerdo tácito, Pero yo noté a mi hermana nerviosa, distraída, tensa y creo que un poco excitada. Y no era para menos. En menos de una semana iba a ver a su
hermanito pequeño meneándosela delante de ella. La semana fue una tortura para mí. Me tocó
escuchar todas las noches los gemidos ahogados de mi hermana y yo no podía hacer nada, pues me tenía que reservar.
intentaba disimularlos al máximo pero en el silencio de la casa yo percibía los típicos ruiditos de su respiración acelerada no me cabía duda de que Paula cada vez estaba más cachonda pensando en lo que iba a suceder el sábado el jueves por la tarde vino Sofía a estudiar a casa y estaba tan pendiente del encuentro con mi hermana que ni había caído en la cuenta de que llevaba casi dos semanas sin hacer nada con ella Estuvimos repasando apuntes por un par de horas en mi habitación.
Paula se encontraba en el cuarto de al lado cuando, en un descanso, Sofía se puso mimosa y comenzó a darme besitos por el cuello.
Para, para.¿ Qué haces? Paula puede escucharnos.¿ Y desde cuándo te importa eso? Murmuró Sofía
sobándome el paquete por encima del pantalón de chándal. No podemos hacer nada, se lo prometí a Paula. Que cuando ella estuviera estudiando no íbamos a hacer nada.
Uf,
me tienes muy abandonada. Ronroneo Sofía dándome besitos por el cuello y la oreja, sin dejar de tocarme la polla. No, para, para, cabrona, el fin de
que damos y te prometo que nos ponemos al día. Venga, tengo muchas ganas de que me folles. No podemos, Sophie, de verdad que no.¿ No
te
daba morbo que te escuchara tu hermana?¿ Y eso? No sé, el otro día parecía que te gustaba hablar de esas cosas.¿ Sabes una cosa? El martes volví a pillar a mi hermano haciéndose una paja. Joder.¿ En serio?¿ Y qué pasó?
Nada. Se la guardó como pudo el muy marrano, estaba en el salón con la playa encendida y disimuló como que cogía el mando para seguir jugando.¿ Y le viste bien
Quiero decir,¿ le viste la polla? No, claro que no, pero vi cómo se la guardaba.
Uf, qué morbo me da eso, los dos solos en casa y tu hermanito adolescente meneándosela como un mono en el salón mientras tú estás estudiando en tu cuarto.¿ Qué cerdito eres? Dijo Sofía haciendo el amago de sacármela
Joder,
no, uf, te prometo que el domingo, pero
hoy no, por favor, no me hagas esto.¿ Te ha puesto cachondo lo que te he contado?
Mucho mucho, pero,¿ sabes lo que me gustaría más? Que le provocaras un poco, seguro que tu hermanito te mira a escondidas.
Tú crees? Sí,¿ lo harías por mí?¿ Quieres que caliente a mi hermano? Lo mismo luego se hace una paja pensando en mí. Sí, eso me encantaría, uf. Ja, ja, ja, qué mente más calenturienta tienes,
David. Lo mismo que tú. Pues ya tienes tarea hasta el domingo, eh, tienes que provocar a tu hermano y conseguir que se corra
pensando en ti.¿ Y cómo voy a conseguir eso? Seguro que te apañas y se te ocurre algo,
eres muy lista. Si no hubiera quedado con Paula el sábado, ya me la estaría follando, pero después de haber aguantado tanto tiempo sin correrme, no quería estropearlo en un momento de calentón. Aunque aquella conversación con Sofía me puso cachondísimo. Espera,
Sofía,¿ te gustaría depilarme, no? ¿Ahora? Sí, me gustaría
que lo hicieras. Preferiría hacer
otras cosas, pero si es lo que te apetece, está bien, lo haré. Salí de la habitación y cogí una cuchilla, espuma de afeitar, una toalla y un recipiente de plástico con agua. Quería lucir un pubis bien rasuradito cuando me viera Paula, y es que uno no le enseña la polla a su hermana todos los días, y así incluso parecería más grande. Quería que a Paula le gustara, pues eso me iba a dar oportunidades de tener más encuentros con ella. El caso es que regresé a la habitación
y me tumbé en la cama. Sofía me sacó la polla con mucho cuidado y comenzó a echarme espuma por el pubis y los genitales. Hubiera preferido que se pusiera la camiseta, pero se quedó haciéndome el trabajo en sujetador. Me encantaba la sensación de la cuchilla depilándome, Sofía me agarraba la polla con delicadeza y la apartaba a los lados mientras me rasuraba, el solo contacto de su mano en mi miembro me tenía en una tensión total.
Incluso mi novia se dio cuenta. Nunca
te había visto así, Parece que te va a explotar de un momento a otro, ronroneó pasando un dedo por una de las marcadas venas del tronco. En serio no quieres correrte, creo que no me durarías ni un minuto. Y se agachó para soltarme un beso en el capullo. Luego me depiló los huevos y, no contenta con eso, se divirtió unos segundos jugueteando con uno de sus dedos
en mi ano. La polla ya me palpitaba sola. Ha quedado muy bien, ya estás depiladito para mí, y ahora no puedo dejarte así, me dijo Sofía agarrándome la polla. Hay que poner remedio a esto, no voy a permitir que estés tan tenso. No, Sofía,
para, no quiero que nos escuche mi hermana.¿ No quieres correrte? Preguntó sacudiéndomela un par de veces. Venga, vístete, vamos a
seguir estudiando o...¿ O qué? O termino dándote por el culo.
Me levanté de la cama y me senté en la mesa de estudio de nuevo, dejando a mi novia en la cama, sin entender muy bien lo que pasaba. Un poquito molesta se puso la camiseta y me dijo que se iba a casa, pero antes de que saliera de la habitación, me puse delante de ella y nos abrazamos. Lo siento, Sofía, no te enfades. De verdad que el domingo quedamos y nos ponemos al día, ni te imaginas
las ganas que tengo de follarte. Yo solo quería pasar un rato contigo, no sé qué ha pasado, nunca me habías dicho que no y vi correr una lágrima por la mejilla de mi princesita. Joder, Sophie, no llores, eso va a hacer que me sienta peor. El domingo te vienes a casa, me da igual si Paula nos deja solos o no, si no se va... Nos va a tener que escuchar follando como animales,¿ te parece bien? Vale, y no
te preocupes, estoy bien. Lo siento. Te quiero mucho. Y yo
también. No me gustó que Sofía se fuera así, pero yo no podía correrme.
Estando a jueves, ya no. Solo faltaban dos días para el gran momento y quería eyacular a lo bestia. Me miré al espejo y me encantó cómo me había rasurado mi chica. Lo que Sofía no podía imaginarse es que el trabajo que me había hecho era para que mi hermana me viera la polla.¡ Qué morbazo! Y una hora después le preparé la cena a Paula, vimos un rato la tele y volvimos a jugar al pijama y al ratón. Terminé el día escuchando sus gemiditos y me
dormí con la polla bien dura. ¡Uf, menuda empalmada! Ya no podía soportarlo ni un minuto más. Y por fin llegó el sábado.
Me levanté nervioso, muy excitado y con una erección de campeonato. Ya esa mañana me di cuenta del error que había cometido por aguantar tantos días sin correrme, incluso estuve tentado de hacerme una buena paja antes de salir de la cama, pero pensé que, una vez llegado a ese punto, no podía desperdiciar lo que había estado guardando para Paula. Durante la mañana apenas nos vimos por el piso, pues se
quedó estudiando en su habitación. Luego comimos juntos, pero no hablamos del tema, pensé que mi hermana se había echado para atrás, pero mientras estaba fregando los platos de la comida, entré en la cocina y me senté en un taburete.
Por fin ha llegado el día
le solté. El día. Sí, Paula, el día, no te hagas la tonta, sabes
perfectamente de lo que hablo. Esos son cosas tuyas, yo no te dije nada, ni que sí, ni que no. No podemos hacer esto, David. Me lo dijiste en tu habitación del pueblo, que allí no lo hiciera, y quedamos para esta noche. Ahora no puedes echarte atrás, Paula, y una mierda, llevo mucho tiempo esperando este momento. Vale, no te pongas así, pesado. Está bien. Esta noche resolveremos este asunto de una vez por todas, porque ya me tienes muy cansada
siempre con lo mismo.¿ Vas a salir de fiesta? Sí, había quedado con Stassi luego con Fernando para tomar algo
Perfecto. Pues luego quedamos,¿ a qué hora? No sé, cuando me digas tú. A las tres.¿ A las cuatro de la mañana?
Ya vamos viendo. No, dime una hora, así me organizo yo también. Pues a las tres de la mañana.
Perfecto. Pues aquí nos vemos, en la cocina. Aquí. Preguntó Paula extrañada. Sí,
por qué no, o prefieres en mi habitación?
Vale, como quieras, aquí en la cocina está bien, ah, y una cosa, después de esto se acabó.¿ Me has escuchado? Se acabó, dijo deletreando las dos últimas palabras. No vuelvas a insistir, o entonces sí que tendré que tomar cartas en el asunto y hablar con papá y mamá, y créeme que lo haré. Lo sé, Paula, tranquila, después de esto no te molestaré más.
Te lo prometo. Eso espero
y ahora
termina de secar y recoger los platos, me voy a estudiar. Oye, hermanita, una cosa antes de irte. Sí. Puedo pedirte que vayas vestida igual que el otro día en el pueblo, con ese vaquero
ajustado y la misma camisa. Ah
También me tengo que vestir como quiera el señorito? Ya veremos. Muchas gracias, Paula.
Salí temprano de casa, a media tarde, ni tan siquiera me despedí de mi hermana, que estaba estudiando en su habitación, y fui al cine con Sofía, que otra vez volvió a sorprenderse de que en el cine no hiciéramos nada y luego quedé con los colegas para salir un rato de fiesta. Me tomé un par de copas, no más, y es que tampoco quería llegar borracho al gran momento con Paula. La noche se me hizo larga, larguísima. Interminable.
No dejaba de mirar el reloj, las manecillas no avanzaban y, a las dos y media, me despedí de mi grupo de amigos y me fui caminando hasta casa. Cinco minutos antes de las tres, abrí la puerta, Paula todavía no había llegado y decidí ponerme cómodo, con una camiseta y pantalón de pijama. Hice un pis, me calenté un vaso de leche y me senté, degustando un par de galletas hasta que ella llegara. Otra vez miré la hora. Las tres y cinco. Mi hermana se estaba retrasando y yo
cada vez me encontraba más atacado de los nervios. Y entonces escuché la llave en la cerradura.
Pum,
pum, pum, pulsaciones a mil, ruido de tacones retumbando a la entrada y Paula apareció en la cocina. Casi me caigo de culo. En cuanto vi la ropa que llevaba puesta, ya se me puso dura. Había hecho caso a mi petición y llevaba los vaqueros ajustados, la camisa de cuadros y los zapatos de tacón. Me encantaba que se hubiera recogido el pelo en una coleta, lo que le daba un aire más juvenil. Se apoyó en la encimera y se me quedó mirando, ninguno de los dos decíamos nada.
Pero ella tenía un brillo especial en los ojos. Sin duda, también se había tomado alguna copita, pero no parecía que fuera borracha.
Hola, me saludó con timidez. Hola, Paula,
estás guapísima. Gracias por
ponerte esa ropa. Pues ya estoy aquí. Joder, Paula, estás increíble
No puedo aguantarme más, le solté comenzando a bajarme el pantalón. Espera,
espera un momento, me interrumpió mi hermana.¿ Qué pasa? Antes quiero decirte algo y, bueno
también me gustaría poner unos límites, ya sabes, unas normas o algo así. Unas normas, no entiendo lo que quieres decir.¿ Para qué? Sí.« Eh», dudó Paula,« lo que vamos a hacer, bueno, lo que tú vas a hacer, no sé cómo hemos llegado hasta aquí y he permitido esto, pero el caso es que lo hemos hecho. Yo tengo casi más culpa que tú, no sé si te he dado pie o qué, yo creo que no, pero parte de culpa sí que tengo por no haberlo cortado de raíz desde el principio.
Te he dejado que te masturbes con mis fotos y no te he dicho nada». Incluso me he dejado hacer alguna de esas fotos para ti, sabiendo que luego las ibas a utilizar. He permitido que te masturbaras en mi cuarto, dos veces. Ahí tendría que haber puesto el límite, pero como no lo he hecho, nos ha llevado hasta aquí, y ahora voy a dejar que te toques delante de mí, que me mires mientras lo haces. Eso sí, quiero ponerte unas restricciones o unas normas, como lo quieras llamar, sobre todo,
porque no. Quiero que me toques.¿ Me has entendido? Por nada del mundo puedes tocarme, eso sí que ya no lo voy a permitir. Claro, no te voy a tocar, Paula, no lo tenía pensado, solo voy a hacerme una pa. En Sevilla estabas muy cachondo y se te fue
la mano, por eso te lo digo. Cuidadito. Vale,¿ entonces esas son
las normas? Nada de tocar. Exacto
Lo has entendido, solo puedes mirarme.
Que sí, nada de tocar, es muy fácil. Y una duda que me ha surgido ahora, podría correrme encima de ti, has dicho que no puedo tocarte, pero de eso no has dicho nada. No, claro que no, ah. Serás guarro. Dijo poniendo cara de asco, y recuérdalo bien, si se te ocurre tocarme, se acabó. Me piro de aquí y te dejo a medias.
Está bien, vale, podemos empezar ya. Cuando quieras, dijo estirando la mano como cediéndome la iniciativa.
Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
