Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos Compartiendo piso con mi hermana, parte 5. Volvimos a casa bastante pronto y la convivencia siguió con esa normalidad tensa que nos abordaba. Quería encarar el asunto, decirle todo lo que pensaba, aunque en realidad ya lo había hecho. tanto en la boda como durante esa noche vieja, había descubierto mi sentimiento
sobre ella. Ahora,¿ qué debía hacer? Tenía una cosa muy clara, si ella no me decía nada, yo no empezaría la conversación. Eso sí, no os penséis que en mi cuarto algo cambió, para nada. La foto de noche vieja se sumó a todas las demás y, antes de dormir, era de imperiosa necesidad sentarme delante del portátil y visitar mi preciada colección. Aunque tengo que admitir que si mi hermana pululaba por ahí,
solía cerrar la puerta, pues no quería molestarla. El tiempo fue pasando y no tocamos el tema en ningún momento, ella parecía querer olvidarlo, meterlo de nuevo bajo la alfombra para que se consumiera en el tiempo. Lo acepté con cierta resignación y me apoyé en la otra persona que tanto quería y que, si me proporcionaba amor, Sofía. Por supuesto, quedábamos casi siempre cuando no estaba en la cafetería con
los colegas. Hacíamos planes de novios, paseos, ir al cine, a cenar, todo lo que os podáis imaginar, y por supuesto, también ir a mi casa a apagar el fuego de la pasión. Cierto que, por el momento, respetamos a Paula y, cuando ella estaba en casa, ni siquiera la decía para subir. Siempre aprovechábamos los ratos en los que se encontraba en
el gimnasio o salía con las amigas. Todos los polvos con mi novia eran increíbles, sin embargo, algo en mi cabeza seguía igual que un clavo que no me podía sacar. El placer de mis orgasmos junto a Sofía eran increíbles, pero... no se acercaban al éxtasis que alcancé con la paja junto a mi hermana. Aquello había sido de otro planeta, una emoción extrasensorial que cada vez que la rememoraba, me
ponía el vello de punta. Le daba vueltas cada dos por tres, imaginándome que a ella también le había gustado, porque esos pezones tan duros no se me salían de la cabeza. Un pensamiento recurrente solía asolarme en esos momentos, porque igual estaba en lo cierto o quizá no. Sabiendo con certeza que una emoción le recorrió el cuerpo mientras me pajeaba delante de ella, únicamente podía reflexionar sobre si
Paula también se masturbaría conmigo en mente. No obstante, el miedo a hablar con ella de eso me podía, no por mí, ni tan siquiera porque Sofía se enterase, sino porque vi en el resplandor de sus ojos azules que, si no la hacía caso, se lo contaría a nuestros padres. Aquello me erizaba la piel, la sola imagen de mi madre angustiada por descubrir lo cerdo que era su hijo
me aterrorizaba. Con Emilio, pues creo que, simplemente, negaría con la cabeza certificando el fracaso que tenía por hijo, poco más. Lo mejor era dejarlo pasar y que sucediera lo que tuviera que suceder. Allí estaba yo ahora, con mi novia y mis amigos saliendo a tomar algo por los bares de la zona. Nada más entrar, Nos apoyamos en un extremo de la barra, obteniendo una buena panorámica de todas
esas chicas que iban con sus cortísimos vestidos. Yo estaba servido con mi novia, pero uno no es de piedra y le gusta mirar. No está mal, ¿verdad?¿ Has visto? Fue Jaime el que me tocó en el hombro y señaló un grupito de cinco chicas al otro lado de la barra y un grupito de chicos a su alrededor,¿ no es tu hermana? Alcé la cabeza, colocándome de puntillas
para observar mejor. Sí, no había duda, era ella, aunque eso no me sorprendió, pese a que estudiaba mucho, también le gustaba salir a relajarse, pero lo que de verdad me hizo quedarme unos segundos sin habla fue ver a un chico en concreto. Fernando, suspiré para mí mismo, puesto que allí estaba el ex de Paula, a su lado y con una mano que se apoyaba en su zona lumbar.
Debo ser sincero y lo primero que me vino a la cabeza fue una envidia muy profunda, unos celos del todo incoherentes, ya que esa chica no era más que mi hermana. Sin embargo, el segundo sentimiento que me brotó fue el de la pasión, puesto que recordé la manera en la que se la folló en su cama y se me erizó la piel. Sí que es, musité para mi amigo que empezaba a
pedir a la camarera.¿ Has visto cómo va?
comentó Jaime pidiéndole a la chica dos cubatas. Volví a mirarla, porque eso había pasado desapercibido. Portaba un bonito vaquero que se le ceñía a las piernas, junto a unos zapatos que tenían un ligero tacón. Pensé que le elevarían su precioso trasero y aquello me hizo recordar todas mis fotos, quería más. Arriba tampoco llevaba nada del otro mundo, un jersey de pico negro con un pequeño escote, pero suficiente
para que se pudieran apreciar sus enormes pechos. Regresé la vista a mi amigo, que mecía la cabeza como si estuviera observando a una diosa. Sí, la estaba contemplando, pero, recordando el vestido de nochevieja, eso sólo eran las migajas de un banquete. Está guapa, ¿verdad? Le di un golpe en el hombro para vacilarle
un poco. Guapa.
Esa palabra se queda corta, me pasó mi cubata y dimos el primer trago.¿ Has vuelto a hablar con ella por el Instagram? Negó con la cabeza, todavía con el líquido en la boca,¿ qué pasa, ya no te da cova? Me reí para mis adentros, aunque le mostré una maliciosa sonrisa. Nah. Hablamos un tiempo y tal, pero nada. Solo nos vemos en mi cabeza, sus cejas se movieron raudas arriba y abajo.¡ Qué guarro, macho! Nos reímos, porque yo,
hacía lo mismo. Mira, su
dedo señaló al grupo de mi hermana, te está saludando. Desde la lejanía, Paula alzaba el brazo para poder decirme hola y a su lado, Fernando me sonreía como si fuéramos dos viejos amigos. Le devolví el gesto, sabiendo que ninguno nos queríamos acercar al otro, ella porque se lo pasaría bien con su grupito y yo, por no saber qué decirle.
No me habías dicho que ahora estaba soltera? Quiso saber Jaime. Eso creía yo. Aunque, por lo que se ve, igual ha vuelto con el novio.
Menudo suertudo. Negó con la cabeza y se mordió el labio, es que, tío, no es que esté enamorado de ella, pero si te digo la verdad, es como si fuera una obsesión. Creo que es la mejor tía que he visto en mi vida. Esas. Dudó en decirlo en voz alta, pero le salió solo, esas tetas son la hostia. Respect, macho, le repliqué igual que si me hubiera ofendido, para nada, era cierto, esas tetas eran lo mejor, venga. acércate a la barra y coge una servilleta que ya estás babeando.
Pues casi, van a tener que pasar la fregona por aquí, continuó con la broma y yo le seguí, con Jaime siempre estaba de maravilla. Tío, en serio, tienes que echarte una novia. Desde que empezó la universidad, te he visto ligar a las noches solo con tres. Además, solo fueron unos besitos, no. Asintió mirando al gentío que se agolpaba en la pista empezando a bailar, entonces, macho.¿ Qué tramas? Tienes que encontrar a una buena tía, quizá eres muy exigente, eh.
Eso para nada, le gustaban todas. No sé. Mala suerte supongo, estoy en mala racha. Seguramente que remonte y acabe follándome a
una.¿ Quizá esta noche? Quizá, quién sabe. Esta noche igual acabo siendo tu cuñado.
Estaría bien, ¿no? Me reí y le di un golpe en el brazo, se lo merecía. Aunque,¿ quién no lo quisiera? Después de un trago, continuó hablando, tú has tenido mucha suerte, Sofía es una belleza. Le observé
con una ceja en alto.¿ También te pone?¿ Qué va? Eso era una mentira como una catedral y si no
decía la verdad era porque me respetaba como amigo. No obstante, en el caso de mi hermana era diferente, con Paula soltaba bastantes barbaridades, era raro. Sácame de una duda, porque a mí me cuesta opinar. No tengo, digamos, un punto de vista objetivo. Me escudriñó con curiosidad, no esperaba por dónde iba a tirar si tuvieras que decir quién es más guapa de las dos.¿ Cuál elegirías?
Quieres que elija entre tu hermana y tu novia? Dicho así, sonaba horrible. Solo es por curiosidad.¿ No será que aquí
nuestro David es un morboso, no? Era una broma inocente, ante la cual los dos nos reímos, pero... tenía su gran parte de realidad. Luego de otro trago, continuó, pues no sé, yo diría que Paula. Sofía es muy guapa, menudita, con cara de niña buena. No sé, tiene un estilo que te pega bastante con su pijerío.
Yo no me veía nada pijo, pero bueno.¿ Y Paula? Tu hermana es casi lo contrario, como si
toda ella rebosara sensualidad. Sus curvas, sus ojos, no sé ni cómo decirlo. Es típica mujer de revista que no te crees que exista. Buena definición, ambos nos carcajeamos presa de las copas. Me quedé observando las ondas de mi vaso por culpa de mis movimientos. Empecé a meditar acerca de Jaime, porque nos conocíamos desde hace ya más de un año y veía en su salidez continua un aliado
de mis fantasías. Quizá fue por el alcohol que nadaba por mis venas, la música alta que enturbiaba mi cerebro o esa efervescencia propia de la fiesta que no se controla. No sabía bien cuál era el caso, pero lo que sentí fueron unas enormes ganas de contarle lo que me pasaba con Paula. Tenía la total certeza de que me entendería, que en su gusto por mi hermana, diría que eran
evidentes mis emociones pese a compartir sangre. Tragué saliva, buscando una voz clara que no me hiciera tropezar en mi conversación. La lujuria que procesaba por mi hermana era una loza y si la compartía, quizás se rebajaría el peso de mi espalda. Sabes. Mi amigo me miró con esos ojos negros que se confundían entre las luces y
dudé por un instante. Dime. Era una aberración lo que
iba a contarle, porque por muy excitante que fuera para mí, la sociedad dictaminaba que debía irme derechito al infierno. Me gustaba mi hermana, la amaba, me volvía loco cada poro de su piel, eso, no estaba bien y quizá los demás, lo vieran deleznable.
¿David? Preguntó al verme con la cara congelada.¿ Pues qué?¿ Me pasa algo?¿ Qué tal, chicos?
Una linda voz me interrumpió desde mi derecha, donde rápido giré la vista para admirar a mi preciosa novia. Su sonrisa brillaba con la escasa luz y esos ojos resplandecían a cada fogonazo de los focos. Me callé de inmediato, porque una cosa era confesarle mi perverso secreto a mi amigo, pero...¿ A mi novia? Cuando me imaginé narrándole las pajas que me hacía pensando en mi hermana a Sofía, un escalofrío
muy pronunciado nació en mi espalda. Sin embargo, no supe a qué se debía, si al horror de imaginar su aidada reacción o, por imaginarme que eso
le encantaba. Nada. Cosas de la carrera,
comentó Jaime tratando de ayudarme, aunque esa no era una buena opción, apenas me gustaba hablar de estudios fuera de clase. Asignaturas pendientes, trabajos, profesores. Un coñazo, Sofía. Vaya dos. Hablando de la universidad en plena fiesta, estáis fatal, sentenció ella, aunque acercándose un poco más a mí, me comentó. He visto a Paula,¿ ya la ha saludado? Sí, allí está. Levanté el dedo para señalarla y, al mirar, la observé hablando con Fernando. Muy bien, pues si me dejáis paso,
voy a tomarme algo con mi amiga Vega. Puse un rostro extraño, no recordaba ese nombre de la uni, cariño. Con un gesto de cabeza, le hice que mirase a Jaime. Sofía se rió y rápido contestó, nada. Está felizmente noviada con un chico, pero si veo a alguna otra amiga, ya se la presento. Me dio un beso en la mejilla y la dejé paso hasta la barra, donde esperó junto a otra amiga que tenía un culo bastante bonito.
Pensé que lo mejor no era mirarla, aunque cuando me giré para ver el rostro de mi colega, éste tenía puesta sobre esas nalgas su mirada casi sin parpadear.¿ Qué culo? Me murmuró al oído y yo, sólo pude asentir para reírnos después a carcajada limpia. La fiesta pasó igual que todas, entre copas de alcohol, algún baile yoteando furtivamente a las chicas que pasaban a nuestro alrededor. Jaime no logró ligar, aunque tampoco lo intentó, era bastante tímido y eso me
causa curiosidad. Luego bien que le gustan todas. Antes de que cerraran, acompañé a Sofía a la parada de taxis y al volver a la discoteca donde comenzaba a salir todo el mundo, me encontré que el grupo de mi hermana hablando en la puerta. Me acerqué a ellos, devolviéndole el saludo a Fernando con la cabeza nada más me puse a su altura. Todas me vieron y yo, solo me fijé en la reina que era mi hermana. Paula, voy a ir tirando a casa.¿ te vienes conmigo o
te quedas un rato más? Estaba cansado y mis amigos ya estarían con ganas de irse, por lo que mejor ahorrarse los minutos de espera. Pues, echó un vistazo a la hora en su móvil y alzó los hombros, creo que sí, ya es bastante tarde y mañana quiero estudiar un poco
Vale. Pues. Dejé la palabra en el aire. con
el pulgar alzado a mi espalda marcando el camino a casa. Ella se despidió de todas con la mano y cuando llegó a Fernando, se detuvo con sus dedos en el vientre plano de éste. Hablamos mañana, ¿vale? Escuché perfectamente como le comentaba y el chico le sentía. Hablamos, fue la única respuesta de Fernando, que se le vio con ganas de un beso que no recibió. Ya me gustaría ir así de bien acompañada a casa, comentó una de las
amigas más borracha de Paula y ésta se rió. No lo entendí muy bien, pero me gustó que lo dijera. Pegaba una suave brisa que venía fría desde el norte, aunque no para quejarme, porque me quitaba la pequeña borrachera que portaba encima. La ciudad parecía en calma y yo, paseaba con Paula igual que si las aceras fueran nuestras. El silencio me estaba incomodando y para los diez minutos que tendríamos que andar, no me apetecía ir callados.
Qué tal fue la noche? Pregunta tópica donde las haya. Bien,
como otra más. Cada vez me divierte menos emborracharme y tener resaca al día siguiente.¿ Te estarás haciendo vieja? Me fulminó con la mirada y un puño voló hasta mi brazo.¿ Serás bobo? Al final, una media sonrisa afloró en sus dientes y el colmillo brilló al igual que lo haría en la boca de un vampiro. Te he visto con Fernando. Fui directo, una vez roto el hielo, me interesaba ese
tema. Sí, solemos vernos. Al final, compartimos bastantes amigos.¿ Habéis
vuelto? Mantuvo la boca cerrada junto a una sonrisa, como si eso me fuera a molestar y, lo consiguió. Se aproximó más a mí y anudó su brazo con el mío para ir totalmente unidos. No sé, dejó caer con un ligero vaho que brotaba por sus carnosos labios, de momento, sólo hablamos. Al final, al regresar aquí, casi le veo a la fuerza y es imposible evitarle. O sea que, Lo pregunté con esa extraña curiosidad que me provocaba,¿ le vas a dar otra oportunidad? Puede, todo puede darse en
esta vida. Dimos unos cuantos pasos más a la luz de las farolas y continuó hablando, pero de momento me lo voy a tomar con mucha calma. No pienso perdonar una infidelidad así por las buenas. Creo que se va a tener que ganar el estar otra vez conmigo.¿ Igual no fue tan grave? Me miró con una ceja en alto y sus ojos brillaron en la noche. Que no lo fue. Una única carcajada resonó contra los edificios igual
que el grasnido de un cuervo, te parecerá poco. Se va a un festival y se enrolla con otra tía que no conoce de nada. Me falló por completo, me mintió. Pero te lo dijo nada más sucedió, incluso fue al pueblo para contártelo, me salía solo defenderle. todo lo que quieras, pero eso no lo hubiera hecho si no me engaña, tenía toda la razón. El alcohol y la edad en la que estamos juega mucho en nuestra propia contra. Ella quería más información, lo digo porque los chicos estamos muy
cachondos las 24 horas del día. Podemos fallar un día, no digo que no te quiera o que piense que la otra es mejor, solo que fue un
error. Se arrepintió al momento. Oye, Se paró en seco, mirándome
con los ojos entrecerrados y muy cerca del portal de casa. Alzó su dedo, con una uña de color celeste que me recordó a las que se solía pintar mamá. Esta se clavó contra mi pecho con una mínima
fuerza y de seguido, me preguntó.¿ Tú de qué lado estás? Yo. De ninguno,
mala respuesta, digo del tuyo. Lo único que quiero es que veas la situación con unos ojos que no sean de resentimiento, nada más. Mira, mándale un mensaje mañana y que venga a comer. Yo me voy a dar una vuelta con Sofía y ya, arregláis vuestros malentendidos. Ya, arreglar malentendidos, el dedo no se retiró de mi pecho y pese a que llevaba una chamarra, lo clavó hasta que lo sentí sobre la piel siempre pensando en lo mismo. Puede,
dejé caer con media sonrisa. Ella no me la devolvió, sino que se dio la vuelta y caminó con ese perfecto cuerpo hasta el portal. Sus botas retumbaban contra el suelo y la piel se me erizó al pensar en que, si volvían a estar juntos, podría tener otra oportunidad de pillarles follando. ¿Qué? Me dijo desde la lejanía del portal,¿ vas a dejar que tu hermana suba sola a casa o qué? Voy. Abrí con las llaves y ascendimos las
escaleras en silencio. Por supuesto, me puse a su espalda, pero con las medias, el vestido y la chaqueta, no pude vislumbrar su trasero. Voy a terminar la cena, le dije nada más entrar. Creo que queda la mitad de una pizza. Déjame una parte, tengo mucha hambre. El eco de sus pisadas en la madera se detuvo en su puerta, entrando al interior y cerrándola para que no pudiera ver nada. Por supuesto, no lo intenté y me quité las zapatillas
para estar cómodo y que mis pies se aireasen. El sonido del microondas me anunció que por fin saciaría el hambre y junto a un vaso de agua congelada me senté a la mesa. Mientras le llenaba el suyo a Paula, Escuché el sonido colchado de sus calcetines por la casa y miré a la puerta. Allí hizo acto de presencia mi hermana, anudándose todo el pelo en una larga coleta morena a la par que llegaba hasta la silla y se sentaba. Portaba un pijama de dos piezas blanco, cegaramente,
un regalo de nuestra madre. Le sentaba de maravilla, casi como si estuviera fabricado de seda y resbalase por su piel. Me quedé observándola con un cacho a punto de entrar en la boca y no se debía a que alguno de sus botones estuviera abierto, para nada. Estaba bien abotonada sin que pudiera atisbar ni un poco de sus mamas y abajo, ni siquiera se le apreciaba la braga. Sin embrago,
había algo más. Al sentarse, su cuerpo se meció ligeramente, salvo una parte que se encontraba en medio de su pecho. Sus dos mamas se movieron al unísono en un baile compasado que se notó claramente tras la tela. Estaba claro y me lo corroboraron, los dos pezones puntiagudos. Paula no llevaba sujetador y sus pesadas tetas eran libres. Al final, lo hice, comentó dando una dentellada a un
cacho.¿ El qué? En
mi cabeza solamente estaban sus senos, nada más. Lo de mandarle un mensaje a Fernando, Puede que fuera un poco dura con él. Aún así, no pienso decirle que todo está bien y volver a ser pareja. Yo me voy y os dejo comer a
solas, así lo habláis mejor. No hace falta que te vayas. Masticó
con ganas, dándole un sorbo a su gélida agua mientras que yo le mandaba vistazos a sus jugosos pechos. Mi mente me dijo que lo siguiente que me diría Era que me quedara en casa y mirase a través de una ranura como le chupaba la polla. Que no me vaya. Quise saber más ante su silencio. No, sus silencios eran extraños. Como si estuviera jugando conmigo, no voy a quedar con él en
casa. Ah. ¿Entonces? Dio otro sorbo
a la par que yo aprovechaba para terminar mi último trozo recalentado de pizza. El sonido muerto de los electrodomésticos era lo único que nos envolvía y empezaba a sentirme dentro de una nube, tanto por el sueño, como por lo cachondo que me ponía verle los pezones. Iremos a dar un paseo, nada más. La mano libre se apoyó contra la mesa y, con total descaro, dejó caer su cuerpo contra ésta. Los pechos se apretaron el uno contra el otro y adquirieron un volumen que se apreciaba a
la perfección. Lo ha hecho a propósito, gritó mi mente con un pene que siempre tenía la respuesta más caliente. Eso está bien, a ver si sacáis algo en claro. Mientras seas feliz, me contento con lo que sea. Qué bueno es mi hermanito. Lo dijo en un tono extraño y no dejó de mirarme a los ojos mientras me levantaba. Voy a la cama. Sus ojos azules siguieron a los míos, creo que para comprobar que no le mirase las tetas.
No lo hice, me imponía demasiado desde que me vio hacerme esa paja con un rostro serio, era como si Paula llevase el mando. Oye.¿ Qué haces? Me quedé parado sin saber lo que contestarla, no me has dado un beso de buenas noches. Ven aquí. Me acerqué debido a su petición e, inclinándome, puse mis labios en la mejilla que marcaba con la uña celeste. El sabor de su piel me llenó de gozo, recordando todos esos momentos tan
eróticos vividos gracias a ella. Paula sonrió y, desde su posición inferior, hizo un leve movimiento acomodándose en la silla y, provocando que sus pechos se movieran de nuevo. Estaba seguro de que lo había hecho a propósito y yo, tuve
que mirarlos. Venga, vete al cuarto. Sí. Di dos
pasos erráticos para alcanzar la salida de la cocina, pero me detuve antes de cruzar el umbral y adentrarme en la oscuridad del pasillo. Dándome la vuelta, vi a mi hermana que continuaba sentada a la mesa, con ese pijama tan bonito y, siendo consciente de que esa situación era.¿ Para calentarme? Creía que sí. No podía quedar así, lo de jugar era cosa de dos o, al menos, que no pareciera un pardillo asustado. Por lo que me lamí los labios que me habían secado los cubatas y le
eché un vistazo de arriba a abajo. Paula, ella giró la cabeza, haciendo bailar la coleta en el aire, te queda muy bien ese pijama. Es bonito.¿ Tú crees? Se dio la vuelta, mostrándome su torso y sus piernas todavía sentadas en la silla, me lo regaló mamá en navidades. Me sienta de maravilla y es calentito. Se lo alisó como si tuviera alguna arruga y cuando llegó a la parte inferior de los botones, estiró la prenda con toda
la intención. Sus tetas se marcaron como si no llevaba nada y los duros pezones trataron de rasgar la tela para hacer un par de agujeros por donde los pudiera
ver. Muy sexy, sí. Paula sacó una media
sonrisa y se sentó de nuevo de manera correcta contra la mesa. Dejó de mirarme y con un gesto de mano me despidió igual que fuera un desconocido. Gracias, David. Me apreté con gusto la polla, pero no lo vio, mañana hablamos. Me metí en el cuarto con la temperatura de mi cuerpo por las nubes y con solo mi calzoncillo puesto, la erección era evidente. Un terrorífico bulto se alzaba contra la tela y lo saqué para que no
me rompiera la ropa interior. Cerrando los ojos, me imaginé a Paula encima mi polla, cabalgándola con ganas mientras esos pezones seguían tras la tela mirándome con lujuria. No es que esté orgulloso, pero como os he contado en más de una ocasión, mi masturbación con mi hermana en mente no duró mucho. Aunque el placer, Fue enorme. Tengo que follármela, desee antes de dormirme, por si algún Dios quería cumplir
mi deseo. Me levanté con un ligero dolor de cabeza y decidí continuar durmiendo para ver si se me pasaba. No es que lo recomiende, pero cuando me hice la paja mañanera con la foto de Paula en la boda, se me pasó. Tal vez me dolía la cabeza por lo cachondo que estaba. A saber. Llegué a la cocina, donde se podía oler un ligero toque a cebolla junto al inconfundible sonido del cuchillo contra la madera. Entré en el interior todavía con las legañas pegadas, pero rápido abrí
los ojos para contemplar a mi hermana. Allí estaba ella, con un pantalón vaquero de lo más normal y una camiseta blanca de tirantes que daba la impresión de ser algo vieja. Volví a estar sin sujetador, Igual que a la noche cuando me mostró esos duros pezones que trataban de traspasar la tela. Buenos días. Me acerqué a ella y miré lo que cocinaba,¿ qué estás preparando? Voy a
preparar unas costillas con patatas y níscalos. No sabía si lo había probado en alguna ocasión, es el plato preferido de Fernando.
Al final sí que viene a comer? Sí,
lo dejó caer con dudas, casi como si estuviera a punto de arrepentirse, hace frío en la calle y no me apetece estar paseando. Luego quiero estudiar un poco, o sea que mejor así. Yo me iré con, al sol a mano, y menos mal que no fue la del cuchillo, porque si no me habría rajado el rostro. No hace falta que te vayas, te lo dije ayer. Aunque esté Fernando, quédate. Me sorprendió el tono, porque me sonó más a mandato
que a sugerencia. Es que, he quedado con Jaime para comer y a la tarde voy a ir al cine con Sofía. Ah, soltó parando de picar y mirándome al rostro, entonces, vale.¿ Puedes dejarme un poco para la cena? Señalé lo que se cocinaba y asintió, creo que las palomitas me van a llenar, pero con lo bien que huele tengo que probarlo. Está bien, pero solo si
cuelgas la ropa de la lavadora. No me gusta nada hacerlo. Sin problema.
Lo hice en un abrir y cerrar de ojos, duchándome después y apareciendo en la cocina con la toalla atada a la cintura. Sí, lo hice para comprobar si provocaba algo en el rostro de Paula, pero ella se mantuvo con el mismo rictus mientras el humo de la cocina la rodeaba. Ya está. todo colgado. Ella sintió, voy a marchar,
nos vemos a la noche. No irás desnudo. Era una broma aunque su rostro no mutaba. Creo que lo mejor sería ir vestido. Contigo, quién sabe. No
pillé muy bien su humor, aunque ante la duda, pues eché un vistazo a esos pechos que continuaban sueltos debajo de la camiseta y siempre estaba bien mirar esas bonitas tetas. Me quedé mordiéndome la lengua, con ganas de decirle que ella sí que se había vestido bien, pero, no lo logré soltar, creo que por esa seriedad que mostraba de vez en cuando y que no lograba descifrar. Aunque, una
cosa sí que se me ocurrió. Estás de foto. Frunció el ceño sin saber lo que quería decir, te sienta bien el vaquero y la camiseta, Te da un estilo rural de los Estados Unidos. Solo te falta el sombrero de cowboy. Con esto. Se dio la vuelta mostrándome su atuendo mientras sus manos subían de sus vaqueros hasta la camiseta. Es lo primero que he pillado. Luego me cambiaré. Pues te queda bien. Parece que vas a ir ahora a
montar a caballo. Eso. No estaría mal. Se río negando con la cabeza y me quedé observando la manera en la que se mecían sus pechos al hacerlo, pero bueno, de momento mejor que no haya fotos.
Pues, sabía muy bien de lo que hablaba. Ya lo sabes.
Volvió a la tarea de la cocina y con una mano me despidió, venga, lárgate. Llegué al centro comercial algo más tarde de la hora acordada. pero Jaime todavía no había llegado. Esperé en el McDonald's, apoyado contra la pared y eligiendo el menú que me iba a pedir ese día. Estaba claro que debía ser algo grasoso, porque la resaca así me lo sugería. Rápido tomé una elección y, los minutos restantes, los usé para meditar acerca de mi hermana.
No sabía en qué punto estaba nuestra relación, pero cada vez que recordaba la paja, todo mi ser convulsionaba en busca de más. Ella no se había convertido en otra, continuaba siendo la misma Paula de siempre, eso era cierto, una hermana atenta y que se preocupaba porque todo me fuera bien. Sin embargo, había algo más en su interior que no llegaba a vislumbrar. De momento, mejor que no, suspiré para mí mismo al tiempo que todos pasaban a
mi alrededor, de momento.¿ Qué quiere decir eso? que luego sí. ¿Cuándo? Me callé, porque las preguntas se amontonaban en mi cerebro diciéndome que Paula deseaba que se las hiciera. Era extraño, como si la poseyera una dualidad y no me dejara claro si le gustaba que me pusiera tan cachondo o lo aborreciera. Entonces, me vino a la mente la noche anterior, con ese pijama blanco tan bonito. Ella estaba sentada en la silla, alargándose la prenda para que se pegase a
sus tetas y se marcasen por completo. David.
Una mano me tocó el hombro y salté asustado,¿ qué coño haces? Hostia, tío.
Qué susto. Al ver la cara de Jaime más sorprendido que yo, me relajé, llegas tarde como siempre, cabrón. ¿Comemos? Tengo demasiada hambre. La hamburguesa me sentó de maravilla y nos quedamos mirando por la ventana del establecimiento cuando terminamos. El silencio nos devoraba, pero no el incómodo, sino el que viene después de una buena comilona en la que
no te queda otra más que descansar. Jaime estaba mirando a un grupo de chavalas que se movían con sus faldas cortas pese al frío y con un aire caliente que pobló el cristal, supe lo que iba a decir antes de que saliera de entre sus labios. Madre mía, qué buenas están.
Negué con la cabeza y las miré con más atención. Tío, yo creo que son unas crías. Quizá tengan 16
o 17 años. Ni que yo tuviera 30. Tenía toda la razón, aún así, me parecían jóvenes para mi gusto, tú has visto qué tetas tienen. Las nuevas
generaciones vienen fuertes. Puede ser. Pero,¿ sabes lo que creo yo?
Hice un alto y Jaime me miró a mí en vez de a las cinco chicas con sus minifaldas que tienes que echarte una novia cuanto antes. Porque se te está quemando el cerebro por tanta paja. Necesitas una novia urgentemente. Dios te oiga. Apoyó la cabeza en las manos y continuó, ya no sé ni los meses que llevo sin liarme con una tía, pero eso fue antes del verano, o sea que, miró al techo para iniciar las cuentas, pero se detuvo, mejor no pensar lo que me deprimo.¿ Y follar?
Me lanzó un vistazo sin entenderme del todo, desde cuando no follas. Ah, eso, su cabeza quedó entre sus manos y su tono salió algo cortado, a saber. No llevo la cuenta de eso.¿ Que no llevas la cuenta? Solté una carcajada y seguí, si sabes perfectamente con cuántas te lías y querías.¿ Cómo no vas a saber eso? Pues... No sé, en el pueblo supongo, me quedé pensando de qué pueblo me hablaba y de pronto, me vino una
imagen muy nítida de la realidad. Oye, Jaime. Tú. Era una locura, pero a cada milésima se me hacía más evidente,¿ tú has follado? Pues claro que he follado. Exclamó con indignación, provocando que la mesa de al lado nos mirase. Pues claro. Levanté la ceja y el rojo se apoderó de su rostro, pues claro que no lo has hecho, ¿verdad? La cabeza cayó contra la mesa y supe que había dado en el clavo. Tan cachondo, Todo el rato pensando en tías
casi de manera enfermiza, el cabrón era virgen. Me puse en su lugar y lo último que necesitaba mi amigo era que me riera de él, por lo que dejé un par de segundos de silencio entre nosotros y visto que no alzaba la cabeza de la mesa, tuve que decirle.
Tranquilo, no eres el único. Tú. Me
miró a los ojos y se dio cuenta de la tontería que preguntaba, tú con Sofía no paras. Claro. Yo sí, pero muchos de mis amigos de mi pueblo están a dos velas. Es más, uno de ellos ya tiene la edad de mi hermana y sigue sin conseguirlo. Mentira, ese chico no existía, solo era una excusa para alegrarle, eso sí, el cabrón es más feo que la suela de un zapato, o sea que se
quedará así para siempre. Como yo. Tú. Le di un golpe en el brazo de forma
cariñosa,¿ qué dices? A cada uno le toca cuando le toca, y no eres feo, solo que has tenido mala suerte. No lo contarás, ¿no? Le noté algo cortado, era normal, me refiero con estos, no lo digas en la universidad que paso que se rían de mí. Para nada, yo soy una tumba. De pronto, recordé algo que le podría animar. Mira, esto tampoco lo digas. Eh, que es privado. Sofía cuando empezamos tampoco había estado con ningún chico. Joder,
qué suerte. Además con lo guapa que es Sofía. Menudo afortunado.
Sonreí lleno de orgullo, no por mí, sino porque hablara también de mi pareja. Una idea me rondó la cabeza. igual que si un rayo pasara por delante de mis ojos y apenas me diera tiempo para verlo. Estuve tentado de decírselo a modo de broma, pero al final, desistí, aunque la idea de que Sofía le hiciera perder la virginidad a mi amigo, era extrañamente tan perversa como lujuriosa. Normal que estés tan salido, macho. Ahora entiendo todas las fotos y los comentarios sobre las tías. Macho. pero es
que no aguanto. Tú, claro, estás con Sofía, pero yo, sentí cierta lástima, Jaime era un chico que se merecía un buen polvo y una novia agradable que le quisiera.
Pues luego he quedado con ella, vamos al cine.¿ Y en el cine? ¿Qué? Su mirada era
maliciosa. Como no le dije nada, añadió, va a caer una pajilla o algo así, seguro.¿ Qué dices? Ambos nos reímos y le negué con la cabeza, la idea era muy loca. Continuamos comiendo, hablando sobre cómo fue mi primera vez y quitándole cierto miedo que estaba en su mente. Prácticamente, se me echó el tiempo encima y Sofía llegó a nuestro encuentro justo cuando Jaime se iba. La idea loca de que mi novia le robara la virginidad continuaba en mi cabeza, pero no dije nada. porque no creía que
ninguno de los dos aceptase. Y yo, me pregunté entrando en una sesión de cine en la que apenas había diez personas. Cuando nos sentamos y el filme empezó, eso se me olvidó y le pedí otra cosa que había salido de la boca de mi amigo. Cariño, le mordí la oreja y se lo rogué con la voz más golosa que pude, me haces una paja sin que nadie se entere. Ella torció el cuello del asombro. Pero después de observar a nuestro alrededor y darse cuenta de que no había nadie, puso mi chaqueta en mi regazo y
se inclinó a darme un beso. Después añadió con un calor que me derretía. Sácala, en menos de tres minutos, me corrí en un orgasmo silencioso que casi me deja en el sitio.
Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
