Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos... Compartiendo piso con mi hermana, parte 4. Aquella noche la pasé en vela casi al completo, escuchando los ronquidos de mi padre y comprobando que mi madre se levantaba cada poco sin poder dormir. Era un verdadero orangután. Hubiera ido donde ella, para que viniera conmigo y me hiciera compañía, pero, en mi cabeza esperaba otra cosa. No sabía por qué, pero aguantaba la vana esperanza de que Paula apareciera en el
sofá que se convirtió en mi cama. Que su figura emergiera en la noche, vestida sólo con la ropa interior y me confesase que ella sentía lo mismo. Aquel morbazo me mantuvo en vela hasta que salió el sol y mi madre se levantó con los pelos para arriba y con casi medio pezón asomando de su enorme pecho. Cuando me saludó, supe que no era mi día de suerte. Los días pasaron y si os pensáis que Paula no
quiso volver a compartir piso conmigo, os equivocáis. Sí que estaba más fría, algo más distante y sin tocar el tema de las conversaciones que monopolizaron la boda. Cierto que continuaba hablándome, aunque entre nosotros había un muro que no me gustaba. Quise contener mis pajas, al menos, cerrando la puerta o haciéndolas cuando ella no estuviera. No quería cagarla más y que me echara a patadas de la casa, porque lo cierto era que no sabía cómo iba a reaccionar.
Ese mes fui un sumiso total, obediente a sus órdenes y cumpliendo con mis tareas del hogar, aparte de las suyas. Era mi manera de pedir que estuviéramos como antes y antes de que pasaran dos meses de ese segundo curso en la universidad, la volví a ver sonreír. Entonces, supe que podía seguir con mi plan. A partir de ahí, quise jugar mis cartas de alguna manera. Ya sabía que no podía abordarla de forma directa, en la boda quedó claro que con esas mañas no me iba a llevar
nada más que insultos como enfermo o tonto. por lo que tomé otra dirección, una que tenía que ver con Sofía. Nuestra relación era totalmente seria y ya llevábamos casi un año juntos. Conocía a sus padres y ella, a mi hermana, se podría decir que íbamos muy en serio. La invité a casa con frecuencia y empezamos a tener la costumbre de ir al sofá a ver una película mientras Paula estudiaba. Ahora, ella tenía que meter más horas, puesto que estaba en su quinto año y los ratos que pasaba recluida en
su cuarto eran abundantes. Los primeros días que volví a invitar a Sofía me dio por hacer ciertas guarradas en la sala. Al principio, sólo fueron unos cuantos tocamientos, magreos entre ambos que no llevaban a nada, porque, según sus palabras, mi hermana nos podía escuchar. Sin embargo, los días posteriores pasaba lo mismo y creo que a mi princesita, la idea de que Paula nos pudiera escuchar no la desagradaba.
En el lapso de un mes, pasamos la barrera de los toqueteos y bajo la misma manta que usábamos tanto mi hermana como yo, las masturbaciones se hicieron intensas. Cada vez que un jadeo brotaba de sus labios, sólo podía imaginarme a mi hermana en su cuarto escuchándolo con atención y eso me volvía loco. No la presioné, Pero es cierto que yo era el que llevaba más allá lo que pasaba en el sofá, incluso hasta le devoré el coño con saña y Sofía tuvo que gritar todo su placer.
Por poco me corro con aquel grito que no llegó a tapar con sus finos dedos, porque estaba seguro de que Paula lo había escuchado. Todo aquello se concentró en un único día, en el que mi hermana me contó que pasaría el domingo estudiando y yo, le contesté que vendría a la tarde mi novia para ver una película. No hubo ningún cambio en su rostro, ni un gesto de desagrado porque eso pasase y estaba seguro de que
algunas veces nos tendría que haber escuchado. La idea me ponía horrores y estaba dispuesto a follarme a Sofía ese día en el sofá. Mi plan era muy simple, necesitaba que Paula me escuchase, que oyera la manera en la que se la metía a mi novia mientras ella estaba recluida en el cuarto. No sabía muy bien el motivo o que buscaba con ello. Sólo que me ponía a rabiar y, tendría alguna reacción por su parte, incluso si me echaba la bronca, estaba bien.—¿ Estás calentito?— preguntó Sofía
con su voz más melosa. Aquello me sorprendió, porque era yo el que solía empezar el juego.—¿ Qué pretendes? Movió los hombros sin querer añadir nada y su mano se fue bajo la manta hasta agarrar mi polla. Nos dimos un tórrido beso, uno de esos en el que la lengua lucha contra la opuesta para ver quién contiene más saliva. Bajé el volumen con el mando y la mano libre, la usé para meter los dedos bajo la falda. Me asombró notar lo caliente que estaba, parecía lista para la
acción desde hacía minutos atrás. Eso me dejó pensativo, porque igual mi princesita, que era tan buena de cara a todos, Cuando follaba era una guarra que le encantaba saber que Paula nos podía pillar. Dios, cuánto me ponía. Aparté su braga al momento, metiéndola un dedo sin que dejase de masajeármela. Su pelo moreno bien peinado y liso daba la sensación de ni siquiera moverse ni un ápice, pese a que su boca ya jadeaba contra la mía. Lo que te
voy a hacer hoy, Sofía. solté a buen volumen incluso sobrepasando el de la televisión me arrodillé en el sofá y ella se abrió de piernas cuando la arrebaté la braga metí mi boca con ansia y recibí el mismo efecto con su mano ya que me ahogó contra un coño que resumaba líquidos comenzó a sollozar a un volumen considerable que no se asemejaba en nada al de las ocasiones anteriores Me estaba poniendo como una moto y sorbiéndole el clítoris, metí de golpe dos dedos para acompañar una
masturbación que chapoteaba contra las paredes de la sala. Así, así, así.
David, haz que me corra como tanto me gusta. Pidió en un tono normal.
Estás muy cachonda hoy? Asintió con una rojez palpable en su rostro, a la vez que sus pendientes de perlas brillaban en sus orejas, buf, Creo que hoy te la
voy a meter en el culo. Sí. Lo que quieras. Con ese permiso
en sus labios, dejé que mi boca bajase un poco más, introduciendo la lengua en su vagina y cambiando los dedos de lugar. El ano se abrió como nunca, dejando pasar dos extremidades untadas en sus propios jugos hasta el fondo. Estuve así por unos minutos, dándola una buena masturbación mientras ella pasaba una mano por mi pelo y la otra se agarraba por encima de su jersey clarito los menudos pechos.
Estaba vestida de pija, de niña buena, de chica que no ha roto nunca un plato, sin embargo, esos gemidos eran de puta callejera y que cada vez fueran más elevados, no hacían más que confirmarme, que le ponía cachonda que Paula nos pudiera escuchar.
Ah. Gimió arqueando el cuerpo ya. Me corro. ¿Cómo? No solía correrse tan rápido, pero hoy era diferente. Sigue, sigue, sigue. Ah.
Eso fue un gemido considerable, uno que seguro habría recorrido el pasillo hasta mi habitación y la de Paula. La mía daba lo mismo, porque estaba vacía, pero en el caso de la de mi hermana, Si no llevaba los cascos de música puestos, nos habría escuchado. Sentí el torrente golpear mi boca, esa cantidad enorme de flujo que quedó en mi lengua para mi degustación. Mis ojos se abrieron como platos y mi polla dio unos brincos feroces para
saltarse la espera y salir ya a jugar. Continué comiéndoselo más pausadamente, sacando los dedos del culo y solamente masajeándola con mi lengua. Me había puesto el corazón a mil por hora y se merecía que le limpiara la zona hasta la última gota. David soltó con una voz entrecortada y la rojez bien clara en su rostro. Cuando tomó aire, añadió
con salvajismo, fóllame. Ahora mismo, nena. Me
bajé el pantalón del pijama de la misma, sacando una rugiente polla por la que palpitaban varias venas como si tuvieran vida propia. Me encanta que me la chupe antes del coito, pero, en ese momento, yo estaba poseído por mi novia, haría lo que quisiera. Tumbada en la zona de la L del chaislonje, abrió sus piernas y con una mano, separó los labios vaginales para que me adentrase en ella. Sus ojos me lo pedían, casi me rogaban que se la metiera hasta el fondo y yo, lo hice. Amor.
Gimió para toda la sala cuando mis huevos quedaron contra ese ano que le había abierto, tu polla
es la mejor del mundo. Ya verás ahora. Arremetí contra
ella con toda la potencia que atesoraba mi cuerpo, cogiéndola de los muslos y pegándolos a su cuerpo para que no tuviera ni un impedimento al meterla. Ella misma se cogió de los gemelos, abriéndose para su hombre para que yo solo tuviera que embestirla con la cadera y hacerla ver el cielo. Era increíble, Sofía se estaba soltando como
nunca y me bramaba al aire todo su poder. Daba igual que Paula tuviera los cascos puestos, esto ya había sobrepasado los anteriores días con pajas bajo la manta, ahora, nos estaba escuchando como si estuviera al lado.
Más, más, más. David, más. Pidió sin parar.
Se la metí tanto como pude, a una velocidad de escándalo que hacía chocar el sofá contra la pared. Los golpes acolchados del mueble iban al unísono con mi polla, que no paraba de sacudirla sus intestinos. En ese instante, se quedó quieta, y yo, se la clavé hasta el fondo. Sus ojos se pusieron en blanco, las piernas se le movieron inquietas y, por un segundo, creí que le estaba dando un ataque epiléptico. Abrió la boca, con la garganta marcando una infinidad de venas, y entonces, gritó
su placer. David, me corro. Ah, me corro. Ah, ah.
Cuando su orgasmo y sus espasmos finalizaron, me senté en el sofá, sacándola de su agujero con una liana densa cayendo de la punta. La recogí con los dedos y me la unté en el tronco de la polla para que hiciera lo mismo que las otras, proporcionarme un lubricante natural. Eché la cabeza hacia atrás, tratando de calmar un poco mi agitado corazón, pero no era capaz, porque el polvo estaba siendo glorioso y en mi cabeza solo había un pensamiento,
Paula nos está escuchando.¿ Ya te has cansado? Era Sofía. que volvía a estar activa con una sonrisa que mostraba unos dientes afilados listos para morderme. De un salto, se colocó a ahorcajadas encima de mi pene y antes de que pudiera darme cuenta, estaba botando encima de mí con un gesto salvaje. Dejé que ella tomara el mando, mientras mis diez dedos sostenían su culo hasta casi arrancarle la piel. Sofía no decía nada, solamente gemía sin parar y me
montaba como buena amazona. Así estuvimos por más de cinco minutos, en los que mis dedos reptaron hasta su cavidad más oscura y, los mismos dos de antes, traspasaron su ano.¿ Tienes ganas de follarme el culo, verdad? Que hablara de esa forma tan guarra, me ponía mucho. Va a ser mío, de nadie más. Ese ano tiene dueño, y hoy, lo voy a volver a usar como quiera. Es tuyo. Mi culo te pertenece. Elevó el ritmo y yo, sacudí mis dedos en su interior, me voy a correr. Me voy
a correr demasiado sobre tu dura polla. Otro más. Era increíble, jamás había pasado de dos orgasmos y ahora iba a por el tercero. Sí, sí, sí. Mirándola a esa cara de gata salvaje, solo pude pensar, Paula, oyes lo bien que folló. Me reí para mis adentros, mientras la cadera de Sofía se volvía loca y ya, ya, ya. Eres el mejor. No hay otro como tú. Ah. De nuevo esas convulsiones violentas, haciendo que su pelo, tan pulcramente peinado,
se moviera de manera loca debido al orgasmo. Sus uñas se aferraron a mis hombros, con ese blanco impoluto casi traspasando el pijama para clavarse en mi carne. Fueron unos diez segundos de contracciones en las que su cadera parecía tener vida propia y notaba que salían de ella los líquidos que mantenía allí desde su primera comunión.¿ Qué pasa hoy? Pude preguntar con asombro y picardía.
Ella me respondió con un ojo medio cerrado. Estoy muy cachonda. Me dio
un casto beso, algo que no se asemejaba en nada al polvo que estábamos teniendo. Casi no vi la manera en la que saltó al sofá, colocándose a cuatro patas y levantándose la falda de color blanco para mostrarme sus nalgas. Allí estaban esos dos agujeros, tan mojados y bonitos que no pude resistirme. Me puse detrás de ella, dándole también la espalda a la puerta sin importarme quién apareciera, porque
en verdad, ojalá Paula viniera a vernos. Gimió cuando se la metí, pero mirándome por encima del hombro, aclaró sus dudas,¿ por qué no me la metes por el culo?
Espera un poco, que creo que te vas a correr otra vez. Dios
Decir que me la follé se quedaría corto. La embestí con todas mis ganas, casi de manera irracional. Mi polla entraba a sacudirle los intestinos y salía hasta la punta para iniciar de nuevo la lucha. Sofía no jadeaba, sino que gritaba palabras inconexas al aire, permitiendo no sólo que Paula las escuchara, sino medio edificio. Estaba desatada, más cachonda que en toda su vida y yo, no iba a
perder la oportunidad. La saqué de golpe, viendo que la cadera de mi amada continuaba moviéndose sola, como si tuviera una polla invisible en sus profundidades. Mi destino era otro y con el prepucio en su lugar, Le perforé el culo de una sentada. Toda. Gritó ella en una mezcla de dolor y mucho placer, me la has clavado
entera en el culo. Búa. Córrete, Sofía. Estoy a punto. Sí. Más, más. Sigue, que me corro.
Mis embistes los aguantó de maravilla, hasta que se tumbó en el sofá y yo tuve que hacerlo encima de ella. Estaba acorralada, nunca mejor dicho, entre la espada y la pared, aunque en esta ocasión era una polla bien gorda y el sofá. Dios, sí. Aulló a una luna creciente que nos miraba a través de la ventana y sí, cabrón. Sí. No era muy dada a insultarme,
mejor dicho, nunca lo hacía, pero,¡ qué bien oírla! ¡Córrete! ¡Hazlo! David, David, David.
Clamó mi nombre al cielo como si fuera un rezo y entonces, ramó con fuerza, ¡ah! Noté que su culo se contraía y que me la apretaba hasta el extremo. Su vida se iba por la boca y yo, estaba temblando para soportar en mi interior el gusto que me había provocado y el morbo de saber que mi hermana estaba escuchándolo todo a unos metros. Me puse en pie con las piernas temblorosas, en medio del salón, apoderándome del centro de la zona como si eso fuera un juego.
Le di un golpe en la pierna a Sofía para que espabilara y se diera cuenta de que no había acabado. Ven aquí, arrodíllate, pedí con el gesto roto de una lujuria incontenible. Sofía lo hizo y sin pedirle nada, parecía que me leyó los pensamientos a la perfección. Me la sacudí en dos ocasiones, ella colocó su divino y aniñado rostro delante de mi polla, un poco más debajo de mi prepucio. Cuando estuve listo y detuve mi mano, ella abrió la boca y sacó la lengua.
Joder. le grité
corriéndome como un loco. El semen salió disparado contra su cara, tres lianas espesas que se posaron en su delicada piel y, una de ellas, cruzando una lengua que lo recibió con gusto. Mi princesa me la chupó cuando paré de correrme, dejándome con los muslos temblorosos y unas ganas de morirme después de semejante coito. Cuando se sintió satisfecha de limpiarme, me miró con un único ojo abierto, porque el otro, estaba
cubierto de espesa leche blanca. Me sonrió con su dulce mueca, esa que les pondría a sus padres o a los profesores, siempre perfecta, pero, con el brillo de mi semen aún presente.
Vete al baño a limpiarte», pude decirla entre jadeos.« Espero que no me vea tu hermana».
Antes de que se pusiera de pie, solo le dije medio adormilado
Ojalá que sí, no, lamentablemente, no hubo suerte. 15. Cuando se fue
Sofía con una impresionante sonrisa en los labios, me senté en el sofá y no sé por qué, o, quizás sí, esperaba que mi hermana llegara en cualquier momento a hablar conmigo. Tardó 20 minutos, en los que oí la puerta de su cuarto abriéndose y esos pasos acolchados debido a unos calcetines o a las zapatillas de casa. Me puse tenso, no por miedo, pero sí con cierta duda de lo que pasaría. Era evidente lo que habíamos hecho, no era como las veces anteriores en las que podría dudarlo, esta fue clara.
Medité sobre esas pajas que me hacía en mi cuarto, si también las habría escuchado, porque no me cortaba a la hora de manejar mis orgasmos, pero lo dudé, por mucho que estuviéramos cerca, con un poco de música, ya lo opacaría. Sin embargo, no era momento de hablar de eso, porque Paula estaba en la puerta, de brazos cruzados, con los antebrazos bajo esas imponentes mamas. Me miró con el ceño fruncido y tragué saliva. Esa cara no traía buenas intenciones.
David, tenemos que hablar. Dime. No me salió muy seguro, pero, al menos, no mostré mi nerviosismo. Ven, no quiero
hacerlo en la sala. No esperó a que me levantara, sino que se giró y emprendió un viaje que era obligatorio que siguiera. La alcancé en el pasillo, observando esos shorts que todavía llevaba con el buen clima que reinaba en el ambiente y ese culo que se movía de manera hipnótica. Llegamos a mi cuarto, quedándose ella en medio como hice yo cuando me corrí en la cara de
mi novia y me señaló mi cama. Casi no había nada más que decir, entendía muy bien lo que me quería ordenar, de todas formas, habló con sus carnosos labios.
Siéntate. Por supuesto, lo hice,¿ te parece normal?¿ El qué? No era buen momento para discutir, mejor acatar.¿ Cómo
qué, el qué? Creerás que es normal la fiesta que has montado en la sala mientras yo estudiaba, ¿no?
Nos has escuchado? Quedó como si no supiera nada.
Yo. Se señaló un pecho y el dedo se hundió en esa rica carne, yo, sí, pero es que me imagino que también lo hizo el resto del edificio. A ti te parece lógico.
No sabía que estábamos hablando tan alto, me cortó. Que no lo sabías.
No me vengas con tonterías, David. Te puedo detallar con lujo de detalles lo que habéis hecho y el del bar de debajo de casa, también. Menuda educación, chico.¿ Qué dirían papá y mamá si se enteran de algo así? No les vas a decir, era una pregunta, pero no me
dejaba acabar. Claro que no.
No soy una chivata, aunque, en ocasiones, me gustaría. Estás muy raro, chico. desde la boda no pareces el mismo. Claramente, no habíamos sacado ese tema desde entonces, sumergiéndolo en una alfombra como si de la mierda se tratase. Pero claro, eso no era un asunto que podríamos dejar aparcado. Le había confesado que me gustaba, e incluso, que me la machacaba pensando en ella, no era algo que se pudiera dejar pasar. Ella se llevó los dedos a los ojos,
apretándose los párpados por semejante hermano que tenía. No debía ser fácil ser mi familiar, eso lo tengo que decir. Escucha, bajo el tono, quizá recordando que no tenía remedio, las paredes son muy finas, ¿vale? Cuando estés con Sofía, pues, más bajo, o mejor, directamente no hagáis nada si estoy en casa. ¿Bien? pero eso no es justo, me miró con los ojos entrecerrados, aunque antes de que movía su boca, lo hice yo, lo siento, Paula, de verdad, pero es
que tampoco tenemos otro sitio donde hacerlo. Por la mañana estamos en clase, en casa de Sofía siempre hay gente y no nos podemos permitir ir a un hotel. Bueno, alguna vez sí, aunque eso en ocasiones muy puntuales. Luego, aquí estás tú, siempre nidito de amor, Pau esperaba que el diminutivo la ablandase como siempre. No te he dicho que no hagas nada en casa. Oye, es tu casa también y mientras no estoy, no me importa. Pero cuando esté, ya no es sólo respetar mis momentos de estudio, sino
que no quiero oír cómo folláis. Es que, alzó las manos, no quería escucharme, sólo hablar. Mira lo que te digo. Yo voy a spinning dos tardes a la semana, algún sábado o viernes podéis quedaros por aquí que yo estoy trabajando o de fiesta. Así, la casa para vosotros solos y hacéis lo que os dé la gana. Es que los viernes y sábado yo también salgo, solo me quedarían esas dos tardes y en una de ellas, Sofía tiene que ir a clases de piano. Puse cara de conejito herido,
no es suficiente. Que no es suficiente. Expulsó el aire de sus pulmones en claro síntoma de incredulidad, pues te aguantas, chico. Todo no se puede. Yo tampoco me voy a ir de casa para que le deis al tema.¿ Quieres que vaya un día más al gimnasio? Mira, te lo compro, pero nada más. Como mucho, algún sábado puedo marcharme a la tarde con las amigas y venís vosotros. ¿Entiendes? Sí,
eso está muy bien. pero no va a poder ser, me miró con el ceño fruncido, aunque llevarla a la contraria no era buena idea, podría haber un resquicio por el que meterme, piénsalo. Tengo esos días y ya, casi polvos por agenda.¿ Los otros días qué hago? Si estoy con Sofía en el cuarto y me viene el calentón.¿ Me quedo duro y ya? No si eso del calentón me lo creo, pareces un simio cachondo, todo el día con la bandera levantada. Observé lo que señalaba con su
dedo y era mi entrepierna. Con ese único gesto, la bandera del simio cachondo se empezó a levantar, te quedas duro y ya. Punto. No es justo. Quise tirarme un triple desde mitad de la cancha, porque podría ser una buena opción, tú con Fernando, ¿qué?
¿Qué? Respondió ella sin saber de lo que hablaba.
También hacíais cosas en el sofá y en el cuarto cuando estaba yo en casa, nunca les escuché, pero de pronto noté cierta coloración en su rostro. Eso, dudó por un instante, era
mi oportunidad, eso no es verdad. Díselo a mis oídos, que lo escucharon bien. Va. Movió la mano con desdén. Yo no, pero tú sí.¿ Es así?
Ella fue a negar, pero con mis ojos fijos en el azul de los suyos, la reté,¿ no será que tienes un poco de envidia, no? Yo. Otra vez el dedo aplastándose el seno, Dios, qué ricura, lo que me faltaba, tener envidia de mi hermano pequeño. Pues no, chico, no es así. Llamo a Fernando y le pregunto cuántos polvos echabais conmigo en casa. Ni tenía su número, ni le iba a llamar, sólo era una frase hecha que entendió a la perfección. Niñato. Masculló las palabras, sabiendo que, por
ese lado, no podía vencer. Veo envidia, hermanita, las tornas se habían cambiado y eso no sólo me gustaba, sino que me ponía. Para nada es envidia y, mucho menos, de ti. Al menos, yo no me la sacudo como un enfermo. que no son sólo los polvos con Sofía.¿ Qué se te oye a las noches antes de dormir? Me recriminó para cambiar de tema, ni con novia parás, eres insaciable. Es algo necesario para el hombre, un tema fisiológico, no lo entenderías. Tenemos que vaciar los huevos.
Muy directo, pero no vi un cambio en su rostro.¡ Qué asco! Y para eso usas a cualquiera, ¿no?
Aquello, no había duda, era una clara alusión a nuestra conversación en la boda. Quería retomar el tema o, lo había dicho sin más. No iba a esperar a averiguarlo, ya que la puerta se abría de nuevo. Una paja es una paja y no es con cualquiera, mis ojos delataron lo que no había dicho, y ella retiró el rostro por un segundo.
Repugnante. Suspiró casi sin que pudiera escucharlo. No he dicho nada. Ya lo dejaste claro en la boda.
Sigues con ese vicio de psicópata? Me quedé en silencio, como si no supiera de qué me estaba hablando, haciéndote pajas pensando en tu hermana.¿ Quieres la respuesta? Me alcé de la cama, poniéndome a su altura y mirándola con esos centímetros de más que poseía, si te digo una cosa, te vas a enfadar y, si te digo otra, también. Será mejor no contestar, ¿verdad? Eres un capullo, un completo imbécil, sus ojos me miraban muy de cerca y el aroma
que destilaba podía golpearme la nariz. Joder, era increíble.
Preciosa hasta la medula.¿ Qué te molesta de todo?¿ Qué
es lo que más te jode? Si daba un paso más, sus tetas se chocarían contra mi pecho al igual que en la boda. Todo. No era una respuesta y ella lo sabía, haz lo que quieras, paso de ti, estás loco. Simplemente, eres un chalado. Ya, por eso has vuelto a sacar el tema de las pajas y por eso, sigo en esta casa. No me echas, Pau, sonreí y eso la debió joder, porque su rostro se ruborizó de
rabia.¿ Quieres que te largue de aquí? No. Quiero vivir contigo.
Apretó los labios hasta formar una fina línea blanca y me dejó seguir.¿ Lo mejor?¿ Qué no se iba, sabes? En verdad, no me masturbo pensando en ti, eso quedó en el pasado.¿ No entendió, quiere saber lo que hago ahora? Por supuesto, mi hermana no iba a responder a eso, su curiosidad era implícita con quedarse allí parada observándome sin parpadear. No la dije nada más, sino que me senté en mi portátil y lo encendí moviendo el ratón. Con un gesto, le indiqué que se acercara y ella, lo hizo.¿ Qué
tienes ahí, David? El enfado se diluyó en gran medida y sólo quedaba la curiosidad. Ahora lo verás, pulsé una carpeta y, de la nada, aparecieron unas cuantas fotos de Paula. Mi preciosa y amada colección, sólo necesito esto, Ya no es necesario imaginarte. Mi mano se paseó por la pantalla, donde todas esas imágenes sacadas de diferentes lugares estaban a mi completa disposición. Paula se colocó a mi lado y me levanté de la silla para estar a su altura.
Sus ojos miraban con fijación la computadora, sin creerse lo que estaba observando.¿ Esos son fotos mías? Asentía su duda. Sacadas de las redes sociales, sólo las mejores. Algunas de las he sacado yo, como las de la boda. No te pienses que haya alguna robada en tus momentos íntimos o algo así.
Eso debería reconfortarme.¿ Quieres verlas? Frunció el
ceño y dio un paso atrás apoyando el trasero en la mesa de madera. Yo... No, apenas podía reaccionar, mi revelación le había dejado perpleja. Rápido puse la mano en el ratón, accediendo al archivo y pulsando en una que le hice durante la boda. Allí estaba ella, sonriente y posando de manera perfecta con el sol bronceando su piel. La señalé con una mueca casi orgullosa, mi hermana era perfecta. Ese vestido te quedaba fenomenal, estabas deslumbrante el día de
la boda. Creo que es la vez que más bella te he visto, me puse muy caliente.¿ Cuántas tienes? La pregunta nació de sus carnosos labios como un disparo. Entre 80 y 90, creo que son 87. Bajó la mano hasta el teclado, pulsando una de las flechas y haciendo que la foto cambiase. Era la misma, en la iglesia, pero con su cuerpo algo inclinado hacia delante. En ella se podían atisbar esos melones que eran un verdadero desafío para la lógica. No estoy desnuda
¿verdad? Quiso corroborarlo y me miró a los ojos. Ninguna.
No te he espiado, Paula. Si es eso lo que te preocupa, respeto mucho tu intimidad. Como cuando follaba con Fernando en la cama. Puto mentiroso que soy.¿ Qué quieres que diga? Su tono había descendido, no estaba más tranquila, pero creo que lo que le pasaba era que alucinaba en colores, no entiendo por qué tienes esto.¿ Por qué?¿ Tú te has visto? Pasé el dedo por la pantalla, aunque no cambié la foto, estás bellísima en todas, en todas.
No sales mal nunca, eres una auténtica belleza. Tienes unos ojos que son la envidia de cualquiera y un cuerpo por el que muchas matarían. Además, apreté los puños, no debía decirlo, pero me salió, tienes unos pechos que ya los querría cualquiera en el mundo. ¡Ja! Una única carcajada que sonó igual que un grasnido de pájaro. Sonrió de pleno, pero no porque le gustase mi comentario, sino de incredulidad, esto ya es lo más, mi hermano pequeño hablando de
mis tetas. Es la leche. Si te molestan, puedo borrarla si tú me lo pides. Paula negó con la cabeza, sin saber qué más añadir ante el hermano más extraño del mundo. Ya había oído todo lo que opinaba de ella en la boda, sin embargo, parecía como si esta vez fuera la primera ocasión. Quizá lo hubiera olvidado a propósito, corriendo un velo largo y denso en ese recuerdo, pero
ya estaba yo para recordárselo. Haz lo que quieras, David, es tu vida, comentó solamente, observando esas fotos y volviendo a pasar otra de la boda.¿ Te parece bien que las tenga? Alzó los hombros, sin llegar a añadir nada y se dio la vuelta para caminar con calma a la puerta, no supe descifrar sus pensamientos. Le había gustado o me dio por un caso perdido. Paula continuó caminando, moviendo ese trasero tan divino que me hacía olvidar a mi novia, y eso que hacía escasas horas tuve un
sexo anal suculento. Daba lo mismo, ella era mi diosa y, ahora que había visto mis fotos, sabía que la veneraba. Se detuvo en la puerta, colocando una mano en el marco y volteando su vista con la intención de mirarme, pero se quedó a medio camino. Yo solamente pude admirar su silueta, que se marcaba de maravilla con la luz que le golpeaba desde el pasillo, dejando su parte trasera en un tono muy oscuro que era una delicia.
Pau.
La voz me tembló y ella continuó esperando por saber lo que quería. No sé dónde encontré el valor, pero apretando el puño hasta dejarme marcadas las uñas en la palma, logré solicitar mi mayor deseo. ¿Quieres?¿ Quieres ver lo que hago y cumplir mi fantasía? No respondió al momento, sino que quedó en silencio, tamborileando con las uñas en la madera. Aquel sonido me ponía de los nervios y que se mantuviera callada, solo me animaba a que sacase mi polla
allí misma y tocármela alocadamente. Nos vemos mañana, hermanito. Desapareció en su cuarto, arrimando la puerta, aunque dejando la mía abierta. No supe leer las señales, lo que me quería decir con esa frase. Estaba temblando completamente anegado en una lujuria desconocida que no era capaz de calificar. Quería algo o le asqueaba. Solo había dos opciones y esa noche ni siquiera pude hacerme una paja. Estaba totalmente bloqueado, parado en ese otoño que consumía los días calientes y los cambiaba
por un clima ventoso. No me atrevía a hacer nada, como si el tiempo lo manejase Paula y tuviera que dar ella el paso. Con la mente puesta en mi hermana, me dormí sabiendo que no hablaríamos del tema hasta que ella quisiera y yo esperaría. Mi paciencia tendría sus frutos, porque el 31 de diciembre lo recordaría para siempre. 16. Nos desplazamos al pueblo para celebrar la noche vieja, aunque en
el autobús fuimos en asientos separados. Paula se encargó de comprarlos y me imagino, que lo hizo a propósito, aunque en casa, todo estaba normal.¿ Qué era lo normal? Me hablaba con total tranquilidad, como si mi presencia no le importase, pero hasta ahí. Parecía mantener las distancias, semejante a ser un desconocido. Entendía a la perfección sus dudas y me sentía un poco raro por no saber ubicarla del todo. Es que no era un enfado al uso, sino una toma de distancia.
Mis niños. Anunció
mi madre nada más abrir la puerta. Mamá estaba guapísima como siempre, con su espléndida sonrisa como buena anfitriona. Nos llevó a los dos por la casa, casi como si no la conociéramos. Tuve que fijarme en su indumentaria, una falda larga hasta el suelo donde se veían sus pies decorados con un pintauña celeste. Arriba, una camiseta sin mangas y con un jersey rodeando su cuello. Me vio una sonrisa a la cara, en especial, cuando se dio la
vuelta y paró delante de mi cuarto. Sus ojos eran los mismos que Paula y, como si viera el futuro, me fijé en cómo sería mi hermana cuando tuviera su edad. Seguirá siendo igual de guapa. Ale, David. Dúchate y cámbiate. Luego vienes, que están al llegar los tíos, los primos y demás familia. Te
he dejado el traje en el armario. Perfecto, mamá. Me
preparé con calma para que todo quedase bien y que mi madre no me diera la murga con que había arrugado la camisa o algo semejante. Lo bueno, que no había corbata y no tuvo que venir mi padre a ponérmela con esa cara de decepción suficiente cuando vio mis notas. Saludé a toda la familia cuando salí al gran salón, dando besos a diestro y siniestro y buscando con los ojos a alguien en especial. No estaba, mi hermana todavía no había salido. Paula. Le pregunté a mi madre y
ella me hizo un gesto de cabeza. Vete a buscarla, dila que ya estamos. Recorrí el pasillo en soledad, escuchando las conversaciones que se sucedían en el salón antes de empezar a cenar y dar por finalizado el año. El cuarto de mi hermana estaba cerrado y, obviamente, no lo iba a abrir para descubrirla de cualquier manera. Lo último que me faltaba era que se cabrease y airease toda mi lujuria por ella delante de la familia al completo.
Con dos toques en la madera, esperé paciente, poniendo la oreja y escuchando su voz desde el otro lado.
Quién es?— preguntó Paula en tono neutro. Soy David. Dice mamá que vayas terminando que está toda la familia ya. Vale.
Bien. Pensaba en irme ya, aunque mi imaginación me la puso desnuda a expensas de ponerse la ropa. Sin embargo, su voz me detuvo, David, espera un momento. Escuché el clic de la puerta, abriéndose a mi lado y descubriéndome una habitación que vi desde mi niñez. Paula se apartó, dando dos pasos atrás y haciendo sonar unos tacones que repiquetearon en la madera hasta topar con la alfombra. Mírame
un momento, me pidió con total seriedad. Se colocó delante de mis ojos, clavándome esa mirada tan azul y brillando más que el sol. Decir que estaba divina no os resultará novedoso, pero la realidad era que estaba fantástica. Llevaba un vestido largo de gala, cegaramente, comprado recientemente por mi madre. Le quedaba como anillo al dedo, con la tela tan pegada a su cuerpo que, si me acercaba a mirar en detalle, igual podía vislumbrar sus costillas.¿ Me queda
bien? Esa pregunta era estúpida, aunque no pude responder.¿ Y por
detrás? giró sobre los tacones, centelleando en el suelo hasta casi sacar fuego. Me fijé en su espalda, en ese pelo moreno que danzaba de manera acrobática por sus hombros, e incluso, noté que su fragancia me embelezaba desde la lejanía. Mis ojos se fueron hacia abajo, justo donde reposaba un culo digno de elogio, donde se podía apreciar la fina línea de un tanga que corría para bordear su cadera. No es que me pusiera esa imagen, es que se me paró el corazón. Paula era la
perfección.¿ Vas a decir algo o no?¿ Qué curvas?¿ Qué silueta?¿ Qué belleza?
Era incomparable, algo surgido de un hechizo, porque esa mujer no podía ser mi
hermana. No podía estar más buena. Pues, estaba en shock, sin poder analizar tanto esplendor. bien o mal. De pronto,
sus manos subieron por encima de su cuerpo, volviendo a girarse y quedándose de cara. Sus pechos bambolearon, regresando a su lugar con un peso maquiavélico. Parecían más grandes de lo normal, inmensas, duras y perfectas, algo que podría dejarme sin conocimiento. ¿David
Requería mi respuesta al tiempo que sus manos se alzaban. Yo. Creo. Los dedos corrieron por
sus costillas, subiendo por ambos senos hasta que las palmas taparon la tela que cubría sus pezones. Las apretó con normalidad delante de mi cara, como si yo fuera un hermano normal y no un chico a sus pies.¿ Hablas o qué?
Pedí a ella, sabiendo muy bien lo que estaba haciéndome sentir. Bien. Suficiente, cortó
ella ante mi inmovilidad, sacándose las manos de los pechos, e hizo un movimiento para que me largase. Déjame sola y
dile a mamá que ya voy. Sí. Cerré la
puerta sin darme cuenta, casi como si estuviera en un sueño, pero no, era la realidad y...¿ Paula se sobó las tetas para mí? No podía ser cierto, sin embargo. Lo era. Antes de sentarnos a cenar, saqué mi móvil por petición de mis tíos y, ya que me lo pidieron, lancé unas cuantas fotos a la familia. Mi madre sonreía junto a mi padre, que posaba con su inamovible rictus de
tío seco. Muchas veces me preguntaba que había visto mi madre en él, pero estaba claro que, uno, era su dinero, y dos, me imaginaba que de joven sería majo y apuesto. Salí a la cocina. donde mi abuela estaba llevando algo para el salón. Es curioso que nunca se pueda estar quieta, incluso de invitada, parece que siempre tiene que ayudar y no dejar que la sirvan. Después de darla un beso, puse mis ojos en otra persona, una chica que estaba
con su precioso vestido de tirantes. Estaba recogiendo unas servilletas y con la cámara en la mano, tuve cierta reticencia a pedírselo, porque sabía para qué las necesitaba. Paula, llamé antes de hacer nada. Ella se giró, haciendo que sus pechos se mecieran en el aire en un ilógico escote que mostraba demasiado, pero que aguantaba en un limbo increíble para que no se atisbase ninguno de los dos pezones. ¿Qué? No era sequedad, pero sí que se trataba de un
extraño tono. Nada, solo que estoy haciendo fotos a todos.¿ Quieres qué? Reformulé la pregunta, aunque me la jugaba a que me dijera lo guarro que era,¿ podría sacarte una foto? Estás preciosa. Una foto. Preguntó apoyando el trasero en la encimera y señalando el suelo, ¿aquí? Asentí. Se quedó pensativa y lo único que me vino a la mente fue que ya estaba, había terminado, contaría todo en la cena de nochevieja y mis padres me mandarían a un manicomio.
Noté que el sudor pretendía salir por mis axilas y los cinco segundos en los que estuvo mirándome en silencio fueron eternos. Se alisó el vestido y posó delante de mí con el rostro serio. Cuando cliqué la pantalla para la instantánea, os juro que se me puso dura casi de inmediato. Luego hice otra foto y ella fue cambiando de postura, con los brazos en jarra, de perfil, dándose media vuelta para que inmortalizara su culo y su espalda.
Jugaba con los pendientes, se pasó los dedos por el cuello, miraba al vacío y yo no podía parar de tirar una foto tras otra. 10, 15, 20 fotos. Aquella empezaba a hacer un reportaje y, por último, se situó por detrás de la mesa de la cocina, se inclinó un poco hacia adelante y apoyó las manos. La gravedad hizo el resto. Sus pesadas tetas cayeron a plomo y a mí se me cambió la cara. La hija de puta me estaba provocando. Pude ver en su cara que aquello lo había hecho
a propósito para jugar conmigo.¿ Ya tienes suficientes? Comentó Paula, incorporándose y colocándose el escote para que todo estuviera en su sitio. Sí, sí. Claro, tartamudeé. Espero que no uses estas fotos para lo que ya sabes. soltó en un tono neutro antes de salir de la cocina. Me quedé petrificado por un par de segundos, mirando las impresionantes fotos que acababa de hacer con la cámara. Estando en ese paraíso, de pronto,
sentía a mi madre golpeando mi hombro. David. Coño. El móvil casi
se me cae de las manos y el corazón se me pudo tisbar por la garganta, que susto. Ella soltó una carcajada. Últimamente, estás muy asustadizo, eh. La otra vez en la ducha, ahora en la cocina,¿ dónde te daré el próximo infarto? Se acercó a mí, dándome un beso duradero en la mejilla. No es que no me gustase, pero lo sentí extraño, porque yo, continuaba empalmado, venga, vamos a cenar. Seguro que va a ser una gran noche.
Nos pusimos a cenar y pude desconectar de la sensación con la que me impregnó mi hermana, todo gracias a la brasa que me dio mi tío sobre unas acciones que tenía. No estaba entendiendo nada, pero le asentía y no paraba de narrarme sus peripecias en la bolsa.¡ Qué coñazo! Lo único reseñable de la cena fue que mi padre tuvo unas llamadas, no sé qué historias de su estudio y algún trabajo, que le hicieron levantarse de la mesa
en multitud de ocasiones. Al parecer, por lo que me enteré al estar al lado de Belén, el resumen fue que, al día siguiente, tendría que ir a Madrid a solucionar el asunto. El día 1 de enero. Menuda chafa. Nos tomamos las uvas sin ningún ahogamiento y todos reímos mientras Emilio se iba a la cama para descansar. En el caso de mi hermana y yo, nos preparamos un poco más, porque ambos saldríamos a tomar algo por la zona, bueno, Quien dice a tomar algo, se refiere a emborracharse, vamos
a ser claros.¿ Has visto a mi madre? Le pregunté a mi tía, que me señaló la otra sala. Fui donde ella, porque no sabía si salir con corbata o no. Ya veis qué tontería, pero andaba con dudas. Paula se había marchado hacía unos minutos y Belén era la única que sabría hacerme el nudo. Entré en la sala y allí estaba, con su precioso vestido y ese pelo tan
esponjoso con unas cuantas canas asomando. Algunas veces se quejaba de ello, decía que la hacían más vieja, pero en mi opinión, le sentaban fantásticas.
Mamá era para una cosa. Me percaté
de que se giraba un poco más para no darme la cara y pasaba por sus mejillas el dorso de su mano para limpiarse algo. En la otra, Aún portaba un vaso de champán casi acabado y, antes de llegar donde ella, torcí el rostro imaginándome que le pasaba algo.— Mamá,¿ estás bien? Lo pregunté con cierto temor, porque nunca la había visto
llorar y...—¿ Estaba llorando?— Sí, sí.— Claro, cariño.
Es que, su boca se cerró y al llegar a su altura, pude mirarla a los ojos. El azul de sus irises resplandecían con fuerza debido a la humedad que albergaba en ellos.¿
Qué ha pasado? Me alarmé, porque igual era algo importante. Nada. Una tontería. No te preocupes. Dímelo, por favor. Ella se rió
con una lágrima cayendo por su mejilla y terminó la copa. Ay, David. Me acarició el rostro con suma dulzura, nada. Tu padre, siempre de aquí para allá. Menos en casa, está en todos lados y...¿ Te sientes sola? Asintió a mi pregunta y soltó un sollozo que me partió el alma. Ahora que os habéis ido los dos de casa,
lo noto más. Y bueno, cosas que pasan, ¿no? Yo no lo sabía.
Era imposible saberlo, aunque igual hubiera notado señales si no hubiera estado tan pendiente de Paula. La boda, su soledad, normal que se sintiera así si yo pudiera hacer algo. Ya lo haces estando conmigo. Ahora marcha, tienes una fiesta de la que disfrutar. Su mano no se iba de mi rostro y me salió lo único que pude hacerla. La abracé con ganas, como cuando tenía cinco años y lloraba de puro dolor. Ella sintió mi amor y también la presión en sus grandes senos debido a mi pecho.
Colocó el rostro contra mi hombro y manó de su boca un sollozo de puro dolor que me dejó el alma seca. No era capaz de encontrar las palabras, por lo que la besé en la mejilla tratando de que se calmase
Anda. Vete ya. Se separó
con dulzura y me dio un beso en los labios del todo improvisado. No los recibía desde que superé los doce años de edad y lo sentí extraño, con ese sabor salado de las lágrimas, era, diferente. Te quiero mucho, confesó dándome la vuelta a mi propio cuerpo. Cuando estuvo a tiro, me sacudió un azote muy leve que, prácticamente, fue una caricia en mi culo en venga, arrea a la calle. Seguro que hay chicas esperándote
Hablamos cuando quieras, mamá. Claro, bebé. Un beso voló
entre nosotros y pude notar que volvía a impactar en mis labios de manera fantasmal. Ella me dio la espalda, mostrándome una figura delgada que había cuidado con los años y un trasero que se mantenía alto. Un sentimiento me golpeó con rudeza, esas ganas de quedarme con ella y consolarla toda la noche, me hubiera metido en su cama si era necesario y la daría un masaje en el
cabello como tanto le gustaba. Sin embargo, la noche me llamaba y, una de esas voces, provenía del ser que tenía mi alma apresada.
Paula. 17. Las altas horas
de la noche llegaron entre copazos de todo tipo de alcohol y para cuando los demás bares cerraron, los sobrevivientes del pueblo nos dirigimos a uno, el único que se mantenía abierto. Allí estábamos los últimos jóvenes y casi podía intuir a quien me encontraría entre esas cuatro paredes, porque
no era la primera vez que nos veíamos allí. En el fondo del antro, rodeada por todas sus amigas, estaba Paula, que no había perdido ni un ápice de su belleza y sobresalía por encima de cualquier otro ser que osara entrar a ese bar. No perdí el tiempo, porque todos los cubatas de mi interior me lo pedían a gritos. Me acerqué con cierto dolor en los pies debido a los zapatos y con la imagen de mi madre llorando
totalmente olvidada. Seguramente, tendría que preocuparme de eso en otro momento, sin embargo, ahora la que importaba era Paula.
Hola, Pau.¿ Qué tal la noche? El grupo se abrió para dejarme entrar a su lado, todas me conocían. Vaya. Eres tú, qué frase más extraña.¿ Vas a irte pronto? Puede ser,
estoy destrozada de bailar, los pies me están matando. Se acercó un poco más, casi a mi altura
con los tacones que calzaba,¿ por qué? Por saberlo.¿ Estás borracho? Me cortó con una pregunta tonta, era evidente que sí. Un poco. Yo también me he tomado
alguna copa de más esta noche y eso no me gusta.¿ Sabes lo que menos me gusta? Que hoy sí que me han entrado dos feos y los he rechazado. Que poco
me gusta que me molesten. Es lo que te dije, impones. A ti no.
Aquello me fulminó, creando un vórtice en mi interior que no me devoraba, sino que expulsaba lujuria.¿ Volvemos juntos a casa? Después de esa frase, sonó un tanto indecente mi pregunta.¿ No sería la primera vez que regresaríamos juntos? Sí. Dio un trago y dejó el cubata con un tercio sin beber, vámonos ya, estoy cansada. Salimos a la carrera, casi sin darme tiempo de despedirme de mis amigos. Seguí su estela hasta que la alcancé en la calle y me pidió
mi chaqueta para protegerse del frío nocturno. Se la di. Claro que se la di. Y si me hubiera dicho que me desnudase, lo hubiera hecho.¿ Estuvo bien la noche? La pregunté
por no estar callados, el silencio de la ciudad me mataba. Las fotos.¿ Qué pasa con las fotos? Estaba
demasiado seca y eso me volvía loco.¿ Era ira o desinterés lo que le causaba? Las fotos que me has hecho en la cocina, enséñamelas. En menos de cinco segundos la tenía delante de su cara y pasando el dedo vio unas pocas, salgo guapa. Es que con ese vestido vas impresionante. Es normal que se hayan acercado a ligar contigo.¿ Tú no has ligado? Era una pregunta que no venía al caso, sabía
de sobra que tenía novia. No creo que a Sofía le gustase mucho.¿ Y le gusta
que te hagas pajas pensando en tu hermana? Eso me dejó de piedra, fue demasiado directa. Estuve tentado de asentir, porque aquel
polvo en el sofá lo gozó demasiado. No lo sé.¿ Qué vas a hacer ahora?
Nuestra casa ya se vislumbraba al final de la calle y la miré lleno de dudas cuando llegues al cuarto, a eso me refiero. Ya lo sabes, el labio me tembló, no del frío, sino de lo cachondo que me encontraba una paja.¿ En casa?¿ Con papá y mamá en la cama y yo al otro lado? Creo que, no iba a mentirla a estas alturas, creo que sí. Me la voy a hacer mirando tus fotos. El silencio se apoderó de nosotros, envolviéndonos con las luces de las farolas en
nuestras cabezas. No dijo nada más hasta llegar a casa y esperó a que yo le abriera la puerta pese a que ella también llevaba las llaves. Llegamos al pasillo sin hacer ruido, ella con los tacones en la mano y yo, habiendo dejado los zapatos en la entrada. Me paré en mi puerta, mirando hacia atrás, donde Paula se adentraba en su habitación. Llegué hasta mi cuarto y me senté en la cama. Dudé por unos segundos, pero enseguida me puso de pie. Estaba muy excitado y al tomar
mi teléfono, mis manos temblaron descontroladas. Entonces, salí al pasillo decidido. La casa se encontraba a oscuras y en completo silencio. Solo se veía una tenue luz en la habitación de Paula y me acerqué despacio hasta allí. Llevaba el móvil en la mano y y no tenía ninguna intención de que sucediera lo que iba a suceder, ni sé cómo me atreví. Cegaramente, algo de culpa tendrían las copas que
llevaba encima, pero el caso es que lo hice. Toqué despacio en su puerta y Paula me abrió con gesto extraño.¿ Qué quieres, David? Entré en silencio en su habitación, le mostré el teléfono y empezamos a hablar entre susurros.¿ Qué haces con eso? Es que quieres hacerme más fotos, pensé que ya tenía suficientes por hoy, me soltó Paula dándose media vuelta y dirigiéndose al baño que estaba anexo a
su cuarto. Con calma, casi sin que yo importase, se quitó los pendientes y comenzó a desmaquillarse frente al espejo. Todavía llevaba puesto el vestido de fiesta y estaba deslumbrante.
Muy graciosa, aunque no me importaría. ¿Entonces? que ni siquiera me mirase me ponía mucho más. Oye, Paula, lo que me dijiste antes de cenar. Ya empezamos. Era una broma. Solo una broma. A mí no me lo parecía.
Era totalmente franco, es más, pienso que has posado para mí, querías excitarme, para que luego, ya sabes. Solo era un juego, Negoci ni siquiera observar a través del espejo. Anda, vete a tu habitación y haz lo que tengas que hacer. Estoy cansada y no tengo ganas de hablar de lo mismo otra vez.¿
Y si me la hago aquí? Pregunté con el calor maniatando mi ser.¿ El qué? Pues¿ qué va a hacer? Mis labios se movieron solos para confesarle
lo que ya sabía, la paja. Sí, claro. Anda, deja de decir gilipolleces, coge tu móvil y sal. En ese momento, escuchamos cómo se levantaba mi madre y sus delicados pasos la acercaron a la habitación donde estábamos. Paula me escondió detrás de la puerta y se puso el dedo en la boca para que no hiciera ruido, no sé por qué lo hizo, pues no estábamos haciendo nada malo.¿ Ha venido tu hermano? La voz de Belén daba la sensación
de estar agotada. No, todavía no. Fingió Paula con mucha credibilidad, le he visto hace poco por el pueblo y me dijo que se vendría en nada. No te preocupes
que llegará ya. Teníais que venir juntos, Paula.¿ Cómo sois?
Nunca nos hacéis caso, después de un suspiro, terminó por decir bueno. Me vuelvo
a la cama. Tranquila, mamá.
David estaba bien, seguro que en unos minutos aparece por casa. Belén dio por buena la conversación y, después de un silencioso adiós, se fue. Paula no perdió el tiempo y, según la perdió de vista, cerró la puerta y se preparó para echarme una buena bronca. Pero tú eres imbécil. Sus ojos brillaban en medio de la noche, casi te pilla mamá en mi habitación.¿ Y qué pasa porque esté en tu habitación? No lo entendía, solo estamos hablando. Ya, pero su rostro dudó y yo no perdí mi oportunidad para
soltarle de repente.¿ O es que al final quieres
que me haga la paja
aquí? Venga, vete.
Su dedo señaló mi cuarto igual que si fuera un cuchillo y no haga ruido. Espera, Paula, te lo digo en serio, si no es aquí, va a ser en mi habitación y yo prefiero hacerlo aquí, a tu lado. Te prometo que tardo poco y ya no te vuelvo a molestar con este asunto. Baja un poco la persiana y deja la habitación casi a oscuras, que así no me vas a ver. Si quieres ni me la saco, solo meto la mano por dentro del pantalón y ya. Por favor, Paula. Supliqué en última estancia. pero te estás escuchando.
Torció la boca en un gesto extraño y continuó, no vas a hacerte ninguna paja aquí. Si quieres hacértela en tu habitación mirando las fotos que me has hecho esta noche, me parece bien.
Pero aquí, no. Por favor, por favor.
Rogué metiéndome en el álbum del móvil y mirando las fotos en la pequeña pantalla, estás impresionante con ese vestido. Uf, cómo posabas. Cállate. Susurró contra
mi cuerpo, deja de decir bobadas. Vamos, sal de aquí o grito. Espera, Paula. De verdad que termino rápido.
No le dejé replicar y me metí rápidamente la mano por dentro del pantalón. La habitación estaba casi a oscuras, pero veía lo suficiente a mi hermana de pie apoyada sobre la mesa escritorio de su habitación, con los brazos a ambos lados de su cuerpo y mirando hacia mí. Me agarré la polla y, como por dentro del pantalón casi no podía meneármela, me la apretaba fuerte y luego soltaba. Así empezó a deslizarse sobre la palma de mi mano
en una masturbación muy placentera. Era la hostia, me estaba masturbando delante de mi hermana y mis padres durmiendo en una habitación cerca de la nuestra. Una locura. No me puedo creer que estés haciendo esto. Soltó Paula apoyando el culo en la mesa. Me pones mucho con ese vestido, apreté los labios y bufé como un puerco, ni te lo imaginas.
Te voy a matar, David. Te voy a matar. Apretaba sus perfectos dientes sin moverse.
Me. Me da mucho morbo acariciarme en el mismo cuarto en el que estás tú, ella no dijo nada, solo se quedó mirando en la oscuridad, es. Es mi mayor fantasía.
Qué me mires?¿ Lo sabes, Paula? Ella agachó la cabeza y se alisó el vestido. No
iba a darme ese gusto. Esto es muy fuerte, su garganta tembló, aunque la recompuso con velocidad, vamos, termina ya
y vete.¿ No te importa que me corra en tu habitación? Solo quiero que te vayas. Antes
has posado increíble, sobre todo cuando te has agachado, la tenía en mi mente y no se iría de allí en mucho tiempo, menuda foto. Mira.¿ Quieres verla? Di un paso acercándome a ella con el móvil en la mano libre. Allí estaba una de las instantáneas más bonitas que recordaba y se la mostré. Seguía masturbándome despacio, con una mano por dentro del pantalón que ardía igual que si sostuviera un fuego. Paula miró la pantalla por un par de segundos y luego negó con la cabeza.¿ Por qué no
te vas a tu habitación? Se quejó con pocas ganas, esto no tiene sentido. No me queda mucho, era cierto, oye, Paula, una cosa.
Me dejarías sacármela? Así termino antes. Si haces eso, grito, sentenció con rotundidad. Te lo juro que grito.
Termina de una vez. Aunque Paula me estaba permitiendo que me sacudiera la polla bajo los pantalones en el interior de su habitación, yo la conocía muy bien y esa amenaza iba en serio. Si me sacaba el miembro delante de ella, posiblemente gritaría y les contaría a mis padres todo lo que estaba sucediendo entre nosotros, por lo que todo el trabajo previo que había hecho se iría al traste. Así que me aguanté y, aunque no era fácil, tuve
la cabeza fría en ese momento. Esto tan solo era el comienzo, y si ya estaba consiguiendo masturbarme en su habitación delante de ella, quien sabe lo que me podría deparar el futuro, lo único que tenía que hacer era ir poco a poco y no fastidiarla. Vale, tranquila. No lo hago, dije acercándome y colocándome a su lado con lentitud. Yo seguía masturbándome y cada sacudida me proporcionaba un placer
como nunca había tenido. Me ponía muy cachondo meneármela delante de Paula, empezaba a tener la polla empapada de mis líquidos y, al estar en silencio, cada vez que apretaba y me soltaba el tronco, se oía el típico chapoteo de mi rabo. Cada vez más cerca del orgasmo, solté el móvil y me coloqué totalmente a su lado. Solo quería sentir su cuerpo, su calor, y me puse de pie, apoyado sobre la mesa de escritorio al lado de Paula.
Con valentía y una pizca de locura, la rodeé con mi mano libre la cintura, pero ella me apartó de un manotazo.
Quita, joder. No me toques». No fue un chillido, pero
lo sentí como tal ahora no. Pese al rechazo, me incliné sobre ella y besé su hombro. Un beso casto y puro, pero que, en ese momento, con lo caliente que estaba, me calentó más que un polvo con una tía cualquiera. Estoy a mil, Paula, comencé a murmurar con mi voz cargada de pasión, no te imaginas cómo me pone esto. Tendrías que poder sentirlo, estoy muy excitado.¿ No oyes lo mojada que la tengo? Mira, ya no aguanto más, esto no tiene ningún sentido. Sus ojos me miraron directamente,
si no te vas tú, me voy yo. No puedo seguir aquí. Sin pensarlo, bajé mi mano libre y la puse sobre la de ella, aprisionándola encima de la mesa.
No, no te vayas. Ahora no. Voy a correrme. Suspiré aumentando el ritmo de mis
caricias. Entrelacé los dedos con los suyos y sentí que mi orgasmo se precipitaba de repente. Mi cuerpo se contorsionó con violencia y, acelerando con frenesí, solamente pude gimotear.
Paula, ah, ah. Me voy a correr, ah. Paula, Dios.
Mientras acariciaba sus dedos entrelazados con los míos, mi polla explotó como un volcán dentro de mis pantalones. Es más, Incluso me pareció que Paula llegó a acariciarme con su mano, aunque era difícil saberlo en mi estado. Fue una sensación única, maravillosa, que me fue empapando por dentro como un torrente, en una interminable corrida que parecía no tener fin. El placer se diluyó en un tiempo que no fui capaz de definir y, acto seguido, levanté la vista para encontrarme en
la penumbra con mi hermana. No sabría muy bien cómo describir su mirada, en una mezcla de enfado, incredulidad, morbo y un poco de lujuria. Incluso me pareció que, Paula, estaba temblando. Lo único que puedo decir con total objetividad es que sus pezones se habían puesto tan duros que amenazaban con rasgar su vestido. Pero, no podía verificar nada más, porque se me pasó el calentón de golpe y no
quise decir añadir más. Muchas gracias, Paula, mi tono tembló por los últimos retazos de placer, aunque antes de terminar, le di un beso en el hombro y terminé por decir, ha sido increíble. No quise forzar más la situación y salí de su habitación con una sonrisa de oreja a oreja. La mano aún la mantenía por dentro de los pantalones, apretándome la polla para que mi corrida no se me
empezara a escurrir entre las piernas. Había cumplido mi primer objetivo con relativa facilidad y, ahora, ya no me iba a conformar sólo con esa paja en la clandestinidad. Esto era sólo el comienzo, el siguiente paso tenía que ser sacarme la polla delante de ella y hacerme una paja como Dios manda. Quería que Paula me viera y no sólo lo intuiese bajo el pantalón mientras la oscuridad nos devoraba.
Y no sólo eso, también quería ver cómo se tocaba contemplar sus tetas sus inmensas y pesadas tetas, chupárselas, lamer su coño, comérmela entera y, por último,
follármela.¿ Por qué no? Ese día lo decidí
nada más salir de su habitación. Quería follarme a mi hermana Paula, ya no me iba a quedar solo en esa paja de mierda en su habitación. Iba a intentar hacer todas las herdadas posibles con ella, quería tener una relación sucia. impúdica e incestuosa con mi hermana. Y lo iba a intentar con todas mis fuerzas. Paula me había permitido que me masturbara en la penumbra de su habitación
y acababa de despertar a la bestia. Me dormí debatiendo todos esos asuntos y creo que el breve sueño que tuve fue yo en una mesa, con miles de papeles de cómo dirigir la siguiente jugada. Cuando abrí los ojos por culpa de mi madre, que me despertaba para desayunar, Paula, ya que se había marchado a dar una vuelta con las amigas. No importaba, tenía una semana de vacaciones en casa de mis padres y no iba a hacer nada, solo,
a guardar agazapado mi momento. Pregunté a mi madre si se encontraba mejor y, aprovechando la soledad, salimos a dar una vuelta por el pueblo para que se quitase la tristeza de la noche. Me lo agradeció con un dulce beso y no pude ser más feliz. Mi madre estaba bien y, mi hermana, me había dado la mejor paja de mi vida. Solo pude mirar al futuro, donde se encontraba nuestro piso de estudiantes. Allí, solos los dos. Paula y David, nadie más. El vello se me puso de
punta y la carne de gallina. Únicamente me sacó de mis pensamientos la frase de mi madre, que me preguntó mirando a la naturaleza en aquel banco de la campiña.¿ Tienes ganas de regresar con Paula y dejar el pueblo? Pues, el regusto apenas se notaba en su boca y solo pude mentirla, no tengo ninguna gana. Me quedaría aquí para
siempre con mi madre favorita. Ella sonrió y no me sentí mal, porque en el pensamiento solamente me dibujé una imagen, nuestra casa, una cama y Paula y yo retosando como animales. Una semana más tarde, Terminaron las vacaciones navideñas y, mi hermana y yo, regresamos a nuestro piso de estudiantes.
Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
