Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes Hoy presentamos Compartiendo piso con mi hermana, parte 3 Según iba en el autobús, ya supe cómo iba a ser el verano, porque dentro de mi cuerpo no quería estar del todo con Paula. Sí, de cierta forma lo deseaba, pero... Por otro lado, notar esa tensión sexual en el hogar de mis padres con ellos presente era una locura. Por lo que lo primero que hice fue sacar el móvil y avisar a unos de mis tíos si podría ir a pasar unos días
a su casa. Ellos me contestaron que sí, que estarían en la costa mediterránea y habría una cama para mí en la habitación de mis primos. Antes de llegar al pueblo, ya tuve un primer plan de dos semanas y, lo mejor sería... que mis primos me llevarían por ahí a desconectar. Ese principio de vacaciones fue un tanto rocambolesco, apenas paré en casa unos días, los justos para hacer acto de
presencia y que mi madre no se quejase. Pero en cuanto me fue posible, escapé de la cercanía de Paula para poder meditar con tranquilidad y no estar pensando en ella 24 horas al día. Estuve en la playa, emborrachándome con mis primos en un par de festivales, e incluso, volví a la ciudad para estar dos noches con Sofía en
las que follamos como si volviera de la guerra. Sin embargo, el verano avanzaba y debía hacer algo, ya no por mi hermana, sino por mis propios padres, ya que debía estar tiempo con ellos después de no verles en casi todo el curso. Justo esa misma mañana que estaba en casa con Sofía, recibí la llamada de mi querida progenitora. ¿Qué, David? No se te ocurre ni pasarte por casa para estar con tus padres, ¿no? No daba la sensación de estar enojada,
pero tampoco bromeaba. Mamá, me separé de Sofía, que estaba en la cama tirada con el sexo tan penetrado como el culo, es que no sé, quería aprovechar el verano. Luego, cuando tenga que trabajar, se acabó la buena vida. Eso es lo que tú me dices, ¿verdad? Una cosa es la buena vida y otra, no ver a tu madre. En ocasiones, creo que no metía a mi padre en la ecuación porque sabía que ella era mi preferida y
mi padre, ese hombre que siempre me exigía demasiado. Ya, bueno, me acerqué a la ventana sin nada que me protegiera y vi una ciudad ardiendo por el sol. Si te hace feliz, volveré en cuanto pueda. Voy a mirar si tengo posibilidad de pillar unos billetes de autobús para esta tarde. si me hace feliz. Hizo una especie de pedorreta que me sacó una sonrisa, no, hijo, no me hace nada
feliz que estés conmigo. Ironía de la buena, de la que gastaba ella, después de casi un año fuera de casa, la verdad es que te echo muchísimo de menos.¿ Tú no me echas de menos o qué? Sí, claro. Era cierto, extrañaba bastante a mi madre. Siempre había sido mi soporte, mi amiga, mi protectora, mi todo, según cuelgue, miro lo de los billetes, te lo prometo. Una promesa es una promesa. Pareció que daba unos pasos y bajó el tono de voz para contarme una confidencia, por cierto, te quería
comentar otra cosa. Dispara. Es sobre. Paula.
Ya sabes que, bueno, entre ella y yo, no hay esa confianza que tengo contigo. Eso era cierto, a Paula siempre le costó abrirse con mis padres, la cosa es que la veo más seria que de costumbre, no sé, un poco rara. ¿Rara? El que estaba raro era yo con mi pasión por mi hermana, pero... ¿Ella? Sí, no sabría decirte el motivo, pero la noto más ausente, apagada, no sé, cosas que sólo vemos las madres, no lo entenderías.¿ Por qué soy tonto o por qué no soy madre?
Una pequeña broma que siempre me gustaba lanzarla.¿ Por qué eres tonto? Directa y al mentón, con una carcajada que seguro que estaba meciendo esas grandes tetas que portaban todas las féminas de su rama familiar. Ten madre para esto. Ella continuó riendo a carcajada limpia y aproveché para decirle lo que pretendía escuchar, pues no sé, hablaré con ella y ya te contaré, pero quizás sea por el curso, al final estudia mucho y quizás solo quiera desconectar. Puede ser.
Escuché el rumor de alguien, tal vez mi padre acechando, te dejo, David. Y míralo de los billetes. Hablamos, cielo. Después de un beso, le devolví el cariño. Miré el teléfono meditando sobre mi hermana y sin saber qué le podría ocurrir. La última vez que la había visto fue a comienzos de verano cuando entré en casa de mis padres, sin embargo, estaba igual que de costumbre. Igual me echa de menos, bromeé para mí mismo, porque eso era imposible.
La iba a llamar ese mismo día, no obstante, debía esperar. porque Sofía se movió un poco y quedó con las piernas abiertas enseñándome ese sexo depilado que tanto adoraba. Me arrodillé en la cama, soltando el móvil y pidiéndole a Paula que esperase un poco, antes debía comer ese coño. David. Aulló al despertar con mi lengua dentro de su vagina, Dios mío. Sigue. Así me gusta que me despierten. Hubo suerte y encontré un billete de autobús que me llevaba
directo a mi pueblo. Aquello fue un flashback del inicio del verano, puesto que allí estaba mi querida novia diciéndome adiós. En esta ocasión, no regresó a su casa con el culo dolorido, pero sí con una buena ración de semen en su vagina después de correrse en tres ocasiones. Nada mal. Allí cogí el móvil. aprovechando que el vehículo iba bastante vacío y no había nadie a mi lado al que poder molestarle. Puse el teléfono de mi hermana en la pantalla, con esa foto tan bonita de perfil en la que
mostraba sus carnosos labios en forma de beso. Simplemente, increíbles.
¿David? No esperaba mi llamada. Exacto, has acertado.
No escuché ni una risita. por lo que no era el momento de bromas.¿ Qué necesitas? Un qué quieres era más personal, eso sonó feo. Mi madre tenía razón, no estaba bien. Nada, en especial. Simplemente, te llamaba para ver qué tal estabas. Yo ahora estoy camino al pueblo, acabo de coger el bus.¡ Qué milagro! Ya te dignas a venir a la casa de papá y mamá. Si fue una broma, yo no la sentí como tal. Eso es, ya toca. Por lo que veo, me has echado mucho
de menos. Sí, un montón, sarcasmo del bueno, aunque no sabía cómo tomármelo, porque era claro que no estaba bien. Te noto un pelín, irascible. Meter a mamá en eso no era necesario. si no la tomaría como una chivata. Por el momento, estaba solo.
Para nada, respuesta que me daba la razón.¿ Quieres algo? Estoy ocupada. Ya, bueno
seguro que no lo estaba, por lo que insistí un poco, ¿sabes? Siempre es bueno tener a alguien con quien hablar y cuando nos pasa algo, lo de contarlo, nos quita cierto peso.
No me pasa nada, me cortó con hastío.
Seguro que no, pero solamente digo,¿ qué estaría bien compartir esos momentos en los que estamos mal, no te parece? No hubo respuesta, al final, si somos hermanos, no es sólo para llevar el mismo apellido, también para estar en los malos ratos. No. Esperé que me colgase
pero sólo hubo una pausa larga hasta que habló. He cortado con Fernando. ¿Qué? Mi corazón saltó dentro del pecho y creo que
fue por culpa de la alegría. En mi mente un esbozo de su siguiente frase nacía con fuerza, ésta comentaba que lo había hecho por mí y que deseaba follarme hasta que se me cayera la polla.
Lo que oyes. He dejado a Fernando. Y eso. No sabía nada. O sé.¿ Estabais mal? Estaba alucinando porque era lo último que me esperaba. No.¿ Es qué? Es un hijo de puta. Duras palabras que me golpearon el oído. Dame algún detalle más, Pau.
Quería que se abriera y me contase todo. Nada, pues, su garganta se endureció, pero consiguió continuar a comienzos del verano, se fue de festival. No voy a aburrirte, el caso es que allí se lío con una alemana. Fueron unos besos, no hubo más,
pero me engañó.¿ Qué me estás contando? Estaba alucinando
no porque Fernando hubiera caído en las manos de la infidelidad, sino porque el muy estúpido había engañado a semejante obra de arte. Podría ser todo lo majo que quisiera, pero estaba claro que era tonto o tenía alguna
deficiencia mental. lo que oyes.¿ Cómo te has enterado? Necesitaba más detalles, por mí y por contárselo
a mi madre. Por él mismo. Vino aquí después de besarse con la tía esa, me imploró perdón luego de confesarlo todo, pero no, una vez que engañas, es complicado no volver a hacerlo. Para mí, nuestra relación ha muerto. No creía que eso fuera así, es más, suponía que el chaval estaba verdaderamente arrepentido y todo fue fruto de alguna alcoholizada, nada más. Fernando amaba a mi hermana, eso estaba claro, como también le encantaba que le comiera los huevos.¡
Qué cabrón! Lo siento, no iba a ayudarle, porque Paula soltera no era mala idea como se le ocurre engañar a alguien. Eso
es lo peor. Ya ves, no te puedes fiar de nadie. Bueno, si de tu
hermano pequeño, en esta ocasión, sí que le saqué una leve carcajada. De ti el que menos. Una broma que me gustó, pues así ha acabado la cosa, he estado jodidilla estos días, pero, bueno, todo se pasa. No quiero volver a verle, es pensar en él y se me revuelve la tripa. Incluso le he borrado del móvil. Haces bien, cuanto más lejos, mejor. Estaba siendo un cabrón, pero, es lo que hay, ahora ya le voy a decir a mi amigo Jaime que tiene vía libre. Esperamos un poco
a que pases el luto o le das ya una cita. Bobo. Apenas fue un suspiro que me recordó a sus jadeos follando, entonces,¿ vienes hoy? Sí, llegaré
en un rato largo. Nos vemos, hermanita querida. Arriba ese ánimo, ¿vale? Lo intentaré. Besos, pequeño.
Escuché como sus labios carnosos me lo enviaban a través del teléfono y mi pene se activó después de un tiempo sin pensar en ella. Suspiré para la soledad que me rodeaba en el autobús y con la cabeza apoyada en la ventana, solo dejé la mente en blanco y comencé a reírme. Una vez en la casa familiar, saludé a mis padres, permitiendo que mi madre me devorase a besos y me espachurrase las tetasas familiares contra mi cuerpo. Mi hermana estuvo algo fría y lo dejé pasar, porque
ya que estaba allí, pensaba aprovechar cada momento. Los siguientes días hice lo de siempre, quedar con mis amigos, ir a la piscina y empezar a preparar la peña para las fiestas que comenzaban en breve. La verdad era que me lo pasaba de maravilla y estar con la gente de toda la vida me traía a la mejor de la infancia. Con Paula, pues, la dejé un poco apartada, ya que al estar todo el rato haciendo cosas y sin verla de continuo como en casa, mi pasión por
ella estaba dominada. Sin embargo, al cuarto día, decidí ir a la piscina con el grupo de amigos y allí, encontré a mi hermana con las chicas con las que convivió en el pueblo durante casi toda su vida. Nos pusimos algo alejados, porque a los del pueblo no les interesaba mi hermana, no como a los salidos de la universidad que no paraban de hablar de ella. Aunque era normal, todos nos habíamos criado juntos y ya la tenían muy vista.
La saludé desde la lejanía, observándola en el agua con medio cuerpo fuera y apoyada en el lateral, rodeada de sus amigas. En ese momento, Sufrí un shock, como si todo el tiempo alejado de ella no hubiera servido para nada. Fue igual a un detonante, la presa que contenía mi pasión por ella se había roto y de vuelta estaba con esas ganas irrefrenables de poseerla. Me largo al agua, anuncié a mis amigos y sin poner la toalla sobre la hierba, me zambullí en ese líquido templado para serenarme
un poco. Hice unos largos, Bucé hasta quedarme sin aliento y traté de pasar de esa chica tan guapa que se había sentado en el lateral de la piscina remojándose los pies. Tuve que pararme un instante debido a que no podía más, jadeaba del esfuerzo y mi pene no había bajado ni un ápice su erección, porque Paula volvía a infestar mi mente. Allí estaba ella, sentada al sol, con las gafas de sol en la cabeza y solo
a cinco metros de distancia. Me metí dentro del agua, gritando mi lujuria y sacando miles de burbujas que explotaron en la superficie. El único pensamiento que nadó por mi cerebro fue el mismo de siempre, mi hermana era una diosa. Broté de nuevo a la superficie, quedándome de manera furtiva con los ojos y la nariz fuera del agua para poder respirar. Mi atención se centró en ella, en su piel bronceada y, en especial, en ese bikini negro que
se anudaba a los lados. Todo el mundo me podía ver, sin embargo, nadie era consciente de que mis ojos admiraban de forma lujuriosa a mi hermana. Se levantó de lateral, colocándose de pie y ladeando su cabeza para escurrir las puntas de su cabello mojado. La inercia le hizo inclinarse un poco, apareciendo ante mis incestuosos ojos, unos pechos enormes
que conformaban una visión celestial. Era preciosa, perfecta, la mujer más bella de la creación, pero es que ese par de senos eran la cúspide de un cuerpo que no daba la sensación de ser mortal. Me quedé sin aliento, deteniendo el tiempo y observando, a cada fracción de segundo, ese busto que me volvía loco. No eran unos senos normales, era como si no pegasen con su cuerpo delgado y
casi estuvieran desproporcionados. Se trataban de dos montes grandes, firmes, duros, calientes y pesados, el sumum de cualquier hombre que ame a las mujeres. Está mal que lo diga yo, porque pensaréis que no soy objetivo, pero eso sólo tenía un nombre. Tetas, las únicas e irrepetibles, tetas. El ansia me pudo, me devoró por dentro y tuve que salir fuera del agua con un bañador empapado y pegado a mi piel, donde se notaba la erección. Corrí hasta los vestuarios, introduciéndome en
uno individual como si quisiera defecar lo más grande. No estoy muy orgulloso de lo que hice en ese momento, porque no estaba en mí, pero no era capaz de controlar mi instinto más primario. Con la imagen de esos pechos perfectos en mi mente, me la sacudí en silencio hasta que todo mi cuerpo se tensionó con violencia y escupí el semen al retrete. Con un aire más calmado y unos huevos que se enfriaban, pude regresar con mis amigos.
Los días continuaron muy normales, bueno, en lo que viene siendo mi normalidad, muy caliente cada vez que veía a mi hermana. Prácticamente, no es que estuviera enamorado de ella o con cierto encoñamiento que se me iría con el tiempo, creo que, literalmente, estaba obsesionado. Tuve que pasar tiempo con mi madre, porque mi padre apenas estuvo ciertos ratos con nosotros. El gran arquitecto siempre estaba ocupado con cosas más importantes
que su familia, claro. Ayudé a mi progenitora a ir a la compra, a hacer la casa, incluso nos fuimos de paseo unas cuantas veces. El motivo era obvio, puesto que la otra opción era quedarme en la sala junto a Paula y observar toda esa piel que mostraba en pleno verano. Llegaron por fin las fiestas del pueblo. unas fechas marcadas para cualquiera que hubiera vivido allí. Es cierto que esa semana fue gloriosa, porque con todos los preparativos finales en la peña y el ansia por pasarlo bien
junto a mis amigos, apenas pensé en Paula. Bueno, en mis ratos libres y privados, ya os imagináis lo que hice con ella en mente, pero dejemos a un lado las obviedades. Ya era de madrugada y mis pasos no iban todo lo rectos que deberían. Había mandado un mensaje a Paula, puesto que esa tarde le había comentado de pasarme por su peña para echarla un vistazo. Mirando la pantalla del móvil, observé esa respuesta que coronaba un beso con corazón que me dio un vuelco al alma. Ven
cuando quieras. No hace falta añadir que, según lo leí, me levanté de la misma y, cogiendo a dos de mis amigos, nos encaminamos al lugar donde se encontraba mi hermana. Según llegué, me di cuenta de que ese local era mejor que el nuestro, aunque no me esperaba menos, Paula y sus amigas eran unas artistas y nosotros, bueno, éramos nosotros. Habían colocado varios sillones a los lados para sentarse, con
una barra al fondo para servir unas buenas copas. A los lados, las cámaras frigoríficas zumbaban con ganas y no pude más que recordar el sonido espeluznante que hacía la nuestra debido a todos los años con los que cargaba. Parado al comienzo, busqué con la mirada a mi tesoro, esa divina hermana por la que cada célula de mi piel suspiraba. Allí estaba, sentada en uno de los sillones y hablando con una sonrisa en los labios con otra amiga.
No me sorprendió verla con el chándal de color verdoso y esa camiseta amarilla holgada de su peña era el atuendo habitual que no hacía justicia a su cuerpo. Lo que en verdad me asombró Era que mis lujuriosos ojos la veían tan preciosa como de costumbre, igual que en la piscina cuando observé sus jugosos melones. Paula alcé la mano y me devolvió el gesto con una mueca alegre
y el vaso lleno en la otra mano. Aproveché que su amiga se levantaba y me dejé caer a su lado mientras mis dos camaradas se iban a pedir algo para continuar con la borrachera. Paula me miró con esos ojos azules tan bonitos y se movió la coleta larga con su mano libre.¿ No estás maquillada? Pregunté de manera tonta, ella negó con cierta incredulidad. No.¿ Cómo me voy a
maquillar para salir por aquí? Era cierto que siempre la veía con color y sombra en los ojos los fines de semana, pero claro, esto era el pueblo, te lo estás pasando bien. Un poco, agité el vaso casi vacío delante de su cara, creo que han caído unos cuantos.
Haces bien.¿ Te gusta nuestra peña? Ha quedado chula este año. Y tanto. Señalé el vaso que tenía a la mitad, tú, ¿qué?
Será el primero de la noche, ¿no? Paula no era muy aficionada a beber, pero, en esta ocasión,
negó con el dedo. ya voy por el cuarto. ¿Qué? Solté una risotada que rebotó en toda la peña
no te había visto beber tanto en mi vida. Una tiene que ahogar las penas,¿ no te parece? Su lengua se seó y llevándose el canto del vaso a la boca, bebió sin dejar de mirarme. Fue un trago largo, sostenido en el tiempo, a la par que sus ojos ni siquiera parpadeaban. Su vista estaba fija en mí y mi propio vientre sintió una punzada de nerviosismo por admirar semejante intensidad.
Cuando terminó, soltó un sonido de satisfacción y observé que el vaso estaba casi terminado.¿ Es que estás un poco borrachilla, hermanita? Sus carnosos labios brillaban con la luz de las bombillas de su peña. Posiblemente. Aunque no seré el único de la familia, ¿verdad? Me hizo un gesto con la mano, señalando ese vaso donde todavía quedaba algo del ron que me estaba metiendo al cuerpo. Sentí que era un comentario similar a una orden, no una proposición, sino un mandato
para que hiciera lo mismo que ella. Por supuesto, lo hice, y terminé el contenido en menos de tres segundos. Así mejor, suspiró Paula, acomodándose con calma y comentándome,¿ y qué tal te ha ido el verano? Sé que no has parado y me comentó mamá que fuiste a casa de los tíos. Hablamos durante un rato, contándole los festivales y narrándole alguna que otra fiesta con los primos. Me sentí mejor que nunca mientras me escuchaba con atención, pero no como una hermana,
sino como mi amiga. Estaba tan cómodo que apenas me di cuenta cuando vino Carla a hablar conmigo. David,¿ cuánto tiempo? Me dio dos besos largos y húmedos que me sorprendieron qué ganas tenía de volver a verte. Ahora como estás en la gran ciudad,¿ ya pasas de nosotros? Para nada, siempre me acuerdo del pueblo, Carla. Era una broma y le seguí el comentario, a la par que Paula nos miraba con curiosidad.¿ Ya has hecho raíces allí o sigues como siempre? Dudé por un momento, aunque entendía lo que
se refería. Estoy con unos amigos y también tengo novia desde hace casi un año. Me va
bien.
Me alegro mucho, no, no vi en sus ojos que se alegrara por eso último,¿ vienes conmigo? Que me apetece tomar algo y así hablamos. Luego me acerco, que ahora estoy charlando con mi hermana. La señalé y ella sonrió falsamente con su impecable belleza. Vale, luego te mando un mensaje. Se despidió con un guiño y supe lo que quería antes de que lo soltara con palabras porque Carla y
yo habíamos tenido una historia en el pueblo. Básicamente, era una follamiga que se había enamorado de mí y tuve que cortar por lo sano antes de que se volviera una relación real.¿ No vas con ella? La mueca
malévola de mi hermana era increíble. Soy un hombre comprometido, ya lo sabes. Eso la alegró. De los que no quedan. Mírame
a mí, que no acerté con Fernando. Hizo un gesto con la mano al decir el nombre, mandándole una señal a su amiga para que le trajera otro vaso lleno. Cuando miró el mío, añadió en voz alta, otro para mi hermano. Gracias. Lo siento por lo de tu relación, no me esperaba que fuera así, se le veía un buen tío.
Un cabrón. Se notaba que no le gustaba añadir más. A
ver, en verdad se arrepintió al momento, o sea, venir hasta aquí para pedirte perdón no es moco de pavó. No creo que lo hiciera cualquiera. Oye. Cogió el vaso que le daba su amiga e hice lo mismo con el otro, tú de qué lado estás, enano. Me levanté de mi lugar colocándome en su sillón, que era de dos plazas, y acorté la distancia que nos separaba. Ella apenas se movió, sin importarle lo más mínimo que nuestras
rodillas estuvieran pegadas. Del tuyo, Pau. Solo digo que no es un hijo de puta como muchos otros, nada más. pero has hecho bien dejándole, además, estás sola y ahora puedes hacer lo que quieras. No como tú, que estás con Sofía y, además, te viene esta Carla para darte un buen meneo.¿ Qué las das, David?
Estás hecho todo un higón.¿ Quién será la próxima? Tú. Mierda. Mi
subconsciente me traicionó y ese cerebro embotado en ron soltó algo que sólo estaba pensando. Paula lo recibió con asombro, separando los párpados para mostrar al mundo la preciosidad de sus ojos. Debía reaccionar rápido, no dejar eso en el aire y que diera por cierto mi comentario. La cosa era que no sabía qué decir, porque mi mente ya divagaba en la borrachera y era complicado meditar, menos mal, que ella misma me salvó. qué bobo. Soltó unas carcajadas
de lo más sonoras y me pude relajar. Esa fue buena. Soy todo un cómico, añadí, dando un trago largo para serenar mi cuerpo, pues ya ves, hermana, no les doy nada. Bueno, eso no es del todo cierto, a Sofía sí que le doy algo. Idiota. Lo soltó con cierta velocidad en su voz y me obligué a añadir algo más, el juego se prestaba a ello. Es más, hace nada estuve con ella en casa y, ya sabes, lo pasamos muy bien. Calla, anda.
Hizo un aspaviento y su mano cayó en mi muslo, era una caricia de hermana, pero lo sentí como algo más, al final, lo que me vas a dar es envidia. Fíjate que a mí no me ha venido a hablar nadie en toda la noche.¿ Qué digo en toda la noche, en este verano? Normal, no era la respuesta que esperaba y lo vi en su mirada. Incluso, se sintió un poco ofendida. Es que impones mucho.
Qué impongo?¿ Qué tontería estás diciendo? Claro que sí. Nos miramos por un momento.
en el que me di cuenta de que en realidad no entendía lo que le estaba contando. Desde pequeño había oído cosas de mi hermana y sabía qué tipo de emociones creaba en otros muchachos. No solo me refiero a las sexuales, sino a esa sensación de estar en un pedestal inalcanzable.
Paula,¿ no te das cuenta?¿ De qué? No vocalizó del todo bien, pero fue comprensible.
tía, les impones a casi todos en el pueblo. Eres lista y lo sabes de sobra. Date cuenta de que eres hija de Emilio, el mejor arquitecto. Puse un poco de rintintín en mis palabras y mi hermana soltó una risita, te has convertido en la número uno de tu promoción en la universidad. Siempre fuiste maja y agradable, una chica popular con la que todos querían pasar el rato. Además, Es una obviedad que tenemos dinero, por lo que eso
también cuenta. Y por último, aunque sea tu hermano, sé valorar la belleza y claro tú, el alcohol me pedía que no me contuviera y se lo dije tal cual, estás buenísima.¡ Qué exagerado, enano! Río sin contenerse y yo, admiré la manera en la que la camiseta amarilla se le pegó a un seno marcando el sujetador, creo que te has pasado mil pueblos, no soy para tanto. Pero bueno, dejémoslo en un, gracias, porque ese piropo me acaba de subir el ánimo que me bajó Fernando, aunque venga de
mi hermano, claro. Puede venir de cualquier otro, no lo comprendió y, con un gesto rápido, llamé a uno de mis dos amigos, Iván, tío, ven un momento. Este vino chocándose con otra persona y tirando la mitad de su vaso. Alcé las cejas, porque iba bien veodo, pero... Pronto estaría como él. Para no quedarme muy atrás en esa carrera etílica, dio un gran trago al vaso que me trajo la amiga de mi hermana.
Qué pasa? Al muy cabrón no se le caía la baba de milagro. Nada, es solo una duda. Mira,
sabes de sobra quién es,
¿no?
Señalé a Paula e Iván asintió. Claro, es tu hermana. como no la voy a conocer,¿ estás tonto o qué? Aquello sacó una carcajada a la protagonista de la noche. Sí, sí. A ver, solo te necesito para una cosa. Mírala bien, puse mi mano en la zona de su rodilla y la alcé para que los vidriosos ojos de Iván la siguieran. Cuando llegué a su coleta morena, terminé por decir,
qué te parece?¿ Qué me parece, de qué? joder, chico.
Igual no era el candidato ideal, pero perseveré, si te parece guapa, que está bien. Ah, eso. Ivana sintió como si hubiera entendido el sentido de la vida y joder, Paula, si estás buenísima de siempre. Mi hermana se giró hacia mí, tapándose los ojos con una vergüenza infinita mientras nuestro invitado oscilaba de lado a lado. Lo vi gracioso y también, con una vulnerabilidad que la hacía todavía más preciosa. Tuve que asusar al muñeco que era mi amigo para
que dijera algo más.¿ Lo mejor de ella? Todo. No se
cortó y quizá debería haber medido su borrachera, porque soltó sin contenerse, tienes unos melones que quitan el hipo. La hostia, Iván. Pese a ello... La risa salió disparada de mis labios y se pegó en los de Paula, anda. Ve con los demás, que ahora voy. Y gracias por los cumplidos, cariño, le despidió Paula de manera irónica con un rubor que no se podía borrar, menuda sinceridad. Los borrachos y los
niños no mienten, Pau. Ambos suspiramos todavía con la alegría en la boca y le añadí, es para que sepas que cualquiera en el pueblo querría contigo, Si no te dicen nada, es porque saben que no estás a su alcance. Puede ser, removí el vaso meditando, y me vi en mi derecho de hermano en continuar con la charla. Has tenido mala suerte con Fernando, pero tienes que levantar el ánimo. Porque un tipo así no te sepa valorar, no pasa nada.
Buscas otro y a otra cosa. Uno que en verdad te valore y te tenga bien servida como mereces.¿ Bien servida? Su mano continuaba en mi muslo y no se iba de allí.¿ Podía notar el tacto tras la tela de mi chándal?¿ Qué quieres decir con eso? Metí un dedo por el agujero que creé al unir otros dos y Paula cerró los ojos.¿ Qué dirás, David? No sabes si yo estaba bien atendida o no, y eso suena un
poco machista de tu parte. Pero es la realidad. A una mujer hay que tratarla bien, cuidarla, quererla, estar para ella y satisfacer todas sus necesidades. Por mí hubiera continuado hablando sin parar. Definitivamente estaba borracho. Sofía lo está, ¿no? Se río de forma malévola y no supe que venía a continuación, porque incluso cuando llego a casa, estáis al tema. Dios, qué corte. Era la primera vez que hablamos de eso
después de que pasara y no lo desaproveché. Era una oportunidad entre un millón, además, en un sitio donde la intimidad nos beneficiaba. Pese a que muchos pasasen a nuestro lado, con la música y el jolgorio, nadie nos escuchaba. Paula tenía las defensas bajas debido al alcohol y yo, me había convertido en ese delantero que iba a aprovechar los resquicios para tratar de meter un gol. Menuda pillada. Nos cortaste el rollo de forma total. Cuando estoy con Sofía,
todavía a día de hoy lo comentamos. Menudo conquistador estás hecho. La ironía se notó hasta en Galicia, vaya momento para una hermana. Es culpa de las hormonas, ya sabes que con 18 años, estamos como motos. No podemos parar. Tomé un poco del vaso porque me estaba calentando
Paula hizo lo propio. Lo sé
no hace falta que lo jures. Este año en el piso, lo he comprobado con creces. Para dar más intimidad a sus palabras, se inclinó un poco para susurrarme al oído, a ver si este año te cortas un poquito, que ya son varias veces las que te he pillado. No es algo
que debería ver.¿ Cómo que varias veces? La miré con todo el asombro,
porque mis cálculos no eran esos. Solamente fue una única vez, esa primera que lo cambió todo. Cierto que con Sofía, me había observado en pleno coito, terminando con una ráfaga de semen en su trasero, pero, nada más. Claro, han sido tres. Me quedé helado y su rostro no cambiaba, la primera fue la que te pillé en el portátil. la segunda en la ducha, un día que entré al baño. Estabas de espaldas y no vi nada, pero lo escuché. La tercera, en una ocasión en que estabas estudiando en
tu cuarto. Aunque cuando pasé rápidamente, vi por el resquicio de la puerta que menos estudiar hacías de todo. El mundo dejó de girar y toda mi atención se posaba en ese azul de sus ojos que parecía ahogarme. Estaba atónito, realmente congelado ante esa declaración, ya no sólo por la información que me soltaba, sino por el tono tan normal con el que lo decía.
¿Cómo?¿ Por qué no me dijiste que me habías pillado?
Para qué te voy a decir eso? Fingió que escribía en una lista invisible y continuó, hola, David, hoy te pillé en la paja número cuatro del mes.¿ Estás tonto? Si quieres, También añadimos cuando te pillé con Sofía a cuatro patas en el sofá.¿ Lo comentamos durante la comida? Bueno, pues seguro que Fernando también te ponía así a ti, no seré el único. Me reí de lleno, con una
notable erección bajo el chándal. Lo que me faltaba. Hablar de cosas sexuales con mi hermano pequeño, a ti te voy a contar cómo me ponía o me dejaba de poner Fernando. Anda. Eso es porque eres una cortada. Puse un gesto extraño y la mejor voz de niña pequeña, la chica pija que no se puede ni romper una uña. Uy, no puedo hablar de coitos con mi familiar. Eres un imbécil de campeonato. Su carcajada me llenó y alzando un puño, lo descendió con fuerza en mi brazo, ese es el
cariño que te da la pija de tu hermana. Pues ha picado un poco, me acaricié la zona, Era cierto que sepas que no voy a dejar de tocarme en casa y tampoco dejaré de llevar a Sofía. Era una provocación en tono de broma que ella sostuvo. Haz lo que te apetezca, pero en privado. No es necesario
que yo vaya viéndolo por ahí todos los días. Que sepas que. Tiré mi carta porque no
tenía nada que perder, estábamos de broma y borrachos. Era el momento para comentarle una barbaridad a la cara. Mi mano libre se apoyó en su muslo, muy cerca de la suya, e inclinándome levemente, llegué hasta su oído. Mi aire caliente y muy etílico golpeó en su oreja, metiéndose por el conducto hasta calentarla el alma. Su cuerpo se tensó, pude notarlo bajo la palma de mi mano y justo, antes de hablar, nuestros dedos se rozaron. no me importa
que me pilles haciéndome pajas. Me separé con calma, igual que si le hubiera dicho el paradero de un tesoro pirata y, en realidad, era algo parecido, porque era mi secreto. Aguardé por dos segundos eternos, mientras notaba la piel bajo su chándal y el roce de su dedo meñique con el mío. Fue entonces que alzó el brazo, lo bajó con ganas y me dio un golpe que contuvo al final. Apenas lo noté, un puñetazo más de postureo que de verdad.
Negó con la cabeza y con la misma mano, hizo un par de movimientos para que me alejase de allí.— Serás cerdo. No lo decía en serio, anda, lárgate de aquí. Tengo cosas que hacer y ya me estás molestando.— Te quiero, Pau. Me erguí delante de ella y no sé si
notó el bulto de mi polla. Ahora no me vengas con esas, enano. Pírate.
Según me giré, me obsequió con un azote en el culo que también me picó y eso provocó que mi polla diera un salto de alegría manchando mi calzoncillo. La fiesta terminó unas horas más tarde, incluso me fui antes a casa de lo que tenía planeado. Aquella conversación había sido un oasis en pleno desierto, y mi rabo, me exigió acordarme de mi hermana cuando me metí en la cama. Recordé cada palabra, cada gesto y esos roces con el meñique.
No era nada, quizá para otro mortal no fuera ningún indicio de nada, pero a mí me valió para que, al primer minuto de estar sacudiéndomela, me corriera a mares. El despertar fue complicado, parecía que tenía una losa encima de mi cuerpo y un martillo agujereando mi cráneo. Pude llegar a la cocina a duras penas, donde Paula estaba como una flor viendo algo en la televisión y hundiendo su galleta en el colacao. Buenos días, hermanito, aquel saludo iba con sorna por lo bien que estaba ella y
el guiñapo inerte que parecía yo. Sí. Buenos, no acabé la frase, porque incluso la garganta se me cortó.¿ Quieres desayunar algo? Puedo preparártelo si estás moribundo. Estaba preciosa, incluso con resaca, y yo, me asemejaba a un cadáver consumido. No, creo que de momento
paso. Voy a ver si me ducho y recupero un poco el sentido. ¿Sentido? Careces de ello. Y menos, esta
madrugada. Los recuerdos de nuestra conversación volvieron y no sé qué me dio que me acerqué a ella con paso lento, el que podía. Me incliné a su lado, mientras ella comía esa galleta, ajena a mi presencia. Con los labios secos, le dejé un bonito beso en la mejilla y, de la mejor manera que pude, la abracé por encima del vientre. Ella se dejó, porque parecía que me quería más que el día anterior, aunque no sólo ocurrió eso. Al retirar la mano, pasé por debajo de sus senos y palpé
uno sin querer. Aunque decir sin querer quede raro, es cierto, no era mi intención. Marcho a la ducha, luego nos vemos. Caminé por el pasillo como alma que lleva el diablo, con los calzoncillos nuevos en una mano y la resaca golpeando mi mente con violencia. Sin embargo... Ese regusto tan sabroso que me dejó palpar el pecho de mi hermana fue algo que iría conmigo a la ducha. Allí entré, observándome la mano y casi notando que ese seno todavía
estaba tocándome. Un escalofrío muy placentero cruzó mi espalda de golpe y supe que era el momento de darme una alegría mañanera. El agua corría por mi cuerpo juvenil, alcanzando un pene que crecía con facilidad cuando Paula acudía a mi memoria. No me la toqué, solamente empecé a recordar esos momentos vividos durante este tiempo. Sus gemidos mientras Fernando se corría dentro de ella, el instante en el que me pilló con Sofía, el bikini de la piscina, todo
confluía en mi mente trayéndome más y más placer. La leche. Confesé mirando hacia mi entrepierna, está durísima. Mi polla se había levantado como un coloso en medio de una llanura. La punta roja era el faro que no permitía naufragar a los barcos y de la abertura manaba una esencia que trataba de humedecer el prepucio. La paja iba a caer, como tantas otras que me hacía cada día desde que fui a esa dichosa casa con mi hermana. La protagonista siempre era la misma, mi amada Paula. Sin embargo, algo
sucedió cuando me la estrujé con fuerza. Mis ojos se abrieron de par en par y cuando observé que la puerta se empezaba a abrir, mi imaginación voló.«¡ Es Paula!», gritó mi alma, suponiendo que venía a ver cómo me la machacaba o a terminar ella misma el trabajo. Me giré para recibirla, aunque con la mampara apenas se veía lo que había dentro, un adolescente con la erección más dura de su vida. Estaba listo, preparado para lo que ella quisiera, porque estaba claro que si había ido hasta
allí después de nuestra conversación nocturna, era por algo. No obstante, algo me detuvo, un mechón moreno con alguna cana que volaba esponjoso por el aire. Lo siguiente que vi fue un pijama de dos piezas, atado con botones en la parte superior que no dejaba ni una parte de piel visible. El
susto fue tremendo. Coño, mamá. Comenté al aire, haciendo que mi madre diera un brinco. La leche, David.¡ Qué susto
Se le había caído la toalla al suelo y la recogió rápidamente. Antes de que se incorporase, yo ya le estaba dando la espalda. Sustó el mío, que no esperaba que entrase nadie. ¡Ay, Majo! Ya no estás viviendo solo con tu hermana, aquí vivimos algunos más. Me lanzó la toalla por encima de la mampara, dejándola colgada con cierta maña, solo venía a dejarte la toalla, acaba rápido que yo también me quiero
duchar. Sí, sí, claro. Se fue como había
venido y la erección decreció de golpe debido al susto. Acabé de manera veloz y me vestí pronto para salir a la calle, debía disfrutar del verano antes de que se acabase. El verano tenía la intención de terminarse y septiembre llegó con esos días fríos que pillan a todos desprevenidos.
Había tratado de obtener algún rédito más con mi hermana, pero se fue a un viaje con sus amigas y durante un tiempo, solamente estuve pasando el tiempo con mamá y haciéndola más absoluta nada cuando venía papá a casa. Ahora estábamos de vuelta en nuestro piso de estudiantes, aunque para nada era momento de volver a clase. Estábamos los cuatro allí juntos y vistiéndonos para una boda.¿ La mía
con Paula? Obviamente no, pero bueno, no diré que me querría casar con ella, pero igual pasar el resto de mi vida con ella en la cama, sí.¿ Estáis listos? Papá y yo nos giramos cuando mi madre metió la cabeza por la puerta. Más o menos, tengo que terminar de hacerle el nudo de la corbata a David, que no sabe. Me quedé en silencio, porque esa frase portaba un significado más, como si me dijera que no sabía hacer nada. Belén asintió a su marido y desapareció para
perderse en la casa. Emilio terminó de ponerme la corbata y salí de allí dejándole solo para que luchara él con los zapatos. No me esperaba lo que vi cuando llegué a la sala, pero la realidad fue que me sorprendió. Allí estaban las dos mujeres de la casa, maquilladas y peinadas en la peluquería, con dos vestidos que lucían por sí solos. Mamá estaba muy guapa, luciendo esa silueta que conservaba en buena forma junto a unas curvas que no se habían desdibujado ni con el paso del tiempo, ni
por culpa del embarazo. Sería la protagonista de cualquier película, en especial, por ese cabello con ciertas canas que le llegaba a la mitad de la espalda y esos tirantes que culminaban en un escote que quitaba el hijo. Sin embargo, a su lado estaba la reina del mundo, esa diosa que caminaba entre los mortales. Paula me lanzó un gesto alegre junto a una media sonrisa con unos labios pintados
de un rojo intenso. Me tomé las décimas de segundo necesarias para contemplarla a la perfección, con ese vestido verde de tela de gasa que le llegaba a los tacones. Era algo espectacular, una prenda que se le ajustaba a la perfección con su precioso cuerpo, sobre todo, en los senos, donde el escote de palabra de honor era un balcón a la lujuria. Dios mío. Me salió del alma en un suspiro largo y tendido, estáis espectaculares. Era obvio que debía meter a las dos en el saco, porque no
podía atender sólo a Paula. Aunque Belén estaba preciosa.¿ Desde cuándo este niño es tan adulador? Preguntó mi madre a su hija señalándome. No sé, Paula se palpó su divino recogido delante del espejo y continuó, Últimamente, está mucho más agradable. Creo que vais a tener que vivir juntos más a menudo. Los tres reímos y mi pene, también. Los pasos de unos zapatos pesados sonaron a mi espalda y me fastidió darme la vuelta, porque era un pecado no contemplar a
aquellas dos reinas. Al final, lo hice. observando que papá llegaba a nuestro encuentro con el gesto torcido del esfuerzo mientras se metía el traje por el cinturón. Me tendría que haber llevado el del trabajo, se refería al traje que solía ponerse para el trabajo, bueno, uno de tantos. Mi madre se acercó y, con sus uñas de color blanco, le metió la camisa con calma. Tienes que llevar este, que nos costó un dineral. Los del trabajo son
de medio pelo.
si son a medida. Se quejó mi progenitor, aunque a ninguno nos causó nada. Ya está, lo ves qué fácil. Mi padre se miró en el espejo en el que antes se admiraron Paula y Belén. Cuando se sintió satisfecho, nos hizo un gesto sabiendo que era el momento de marchar, venga, que vamos a llegar tarde. Todos al coche. Paramos en la iglesia. con ese sol de septiembre que parecía quemar más que calentar. Era evidente que cuando se fuera, el día se enfriaría, pero de momento, sólo me apetecía entrar
a la iglesia para no abrazarme. Hijo, llamó mi madre desde un lado, esperaba que no fuera para saludar a cualquiera que no conociera, ya llevaba cinco personas y estaba harto, ven a sacarnos unas fotos a tu padre y a mí. Emilio se quejó antes de que llegara, pero agradó a su mujer posando con una mueca bastante seria.¡ Qué soso mi padre, de verdad! Con la gran dama que le acompañaba y siempre con esa cara de zeta y mala hostia que parecía estar lamiendo limones. Sin más, cada uno
es como es. Oye, David. Un golpecito en mi espalda, haciendo que me girase para contemplar a mi hermana. La sonrisa se me colocó en el rostro de manera automática, ya que veo que estás de fotógrafo,¿ te importa hacerme unas fotos?
Cuánto me pagas? Respondí con picardía.¿ Eres
bobo, verdad? Alcé los hombros por no saber qué contestar, venga, con una palmadita en la espalda será suficiente. Comenzó a caminar con esos tacones hacia unas escaleras y, antes de seguirla, vi una oportunidad.
Un beso? ¿Cómo? Se quedó mirándome con un resplandor azul en sus ojos, se lo repetí. Por las fotos. Un beso por hacerte unas fotos. Si quieres, te doy dos. Lerdo. Un insulto gratuito. pero el
trato estaba cerrado, toma mi móvil.
No, no,
tranquila. Ya saco con el mío que tiene muy buena cámara. Así fue, le tomé unas cuantas fotos de varias perspectivas, sacando todo su cuerpo iluminado por el sol igual que en un teatro. Estaba espléndida, espectacular, algo para nada extraño en ella, y yo, como siempre, estaba atento a cómo se mecían esas tetas que eran mi anhelo. Chicos, nos llamó mamá desde la puerta de la iglesia, hay que entrar
Ahora vamos,
respondió Paula, que se acercaba a mi posición. A ver. Le pasé las fotos con rapidez y las miramos con el sol quemando nuestras nucas. Yo no pude observar mucho las instantáneas, ya lo haría más tarde y, cegaramente, engrosaría en la colección que guardaba en el ordenador. Solamente me fijaba en lo apretados que estaban sus senos.¿ Qué te parecen?
Me quedé mudo al escucharla, imaginándome que me habría pillado.¿ El qué? Pues las fotos, bobo.¿ Están bien? A mí me gustan
parece que no eres mal fotógrafo. Te podrías dedicar a esto y ganarte la vida con algo. Me dio un golpe en la espalda para saber que me estaba vacilando y se dio la vuelta en dirección a la iglesia, vamos, que ya empieza. La ceremonia estuvo bien y la comida mucho mejor. La boda era de la hija de un hombre que trabajaba con mi padre, y claro, el dispendio
fue importante. Traté de no mirar mucho a Paula, que estaba a la derecha de mi madre, entre ella y mi padre, y lo conseguí porque el hombre de mi izquierda me empezó a taladrar el oído con no sé qué historia del Real Madrid que no entendía, pero me entretuvo. Al final, llegó el baile, el momento en el que los novios daban esos pasos bien ensañados que habrían practicado en alguna clase de danza. Yo ya estaba achispado, no podía mentir y me senté con mi madre, que observaba
el móvil sin preocuparse. Mi padre estaba hablando con cualquiera, con la chaqueta quitada y el rostro algo sonrojado debido a las copas que llevaba. Estaba claro que el coche se quedaría ahí esa noche y regresaríamos todos en taxi para dormir en casa.¿ Mi hermana? Le pregunté a Belén, que estaba sola en la mesa. Después de moverse un cabello negro del rostro, miró alrededor.
Creo que ha ido al baño.¿ te lo estás pasando bien? Alcé los hombros. No está mal. Ahora viene lo mejor, ¿no?
No lo comprendió del todo, evidente, no estaba en la peña con mis amigos, era mi madre, lo digo por las copas gratis. Ah, sí. Supongo, tampoco soy de mucho beber. Pues cuidado con las copas, que las carga el diablo. A ver si vas a beber demasiado y te tenemos que llevar en brazos, eh, suficiente con papá. Ambos le miramos y sonreímos. Menuda noche me va a dar. Mi cabeza adolescente pensó en una cosa y rápido cambié el rostro.
Mejor no me comentes eso, mamá. Un comentario jocoso que rápido recibió su respuesta cuando Belén se dio cuenta de lo que le hablaba. ¡Ay! No por Dios. Se río a carcajada limpia, provocando que sus senos se movieran como flanes, no me refería a eso, más me gustaría a mí. Lo digo porque se va a poner a roncar como un orangután.
No voy a pegar ojo. Ah, vale. Volvimos a reírnos y alzó un dedo en dirección a la multitud. Por ahí viene tu hermana.¿ Has visto? Está preciosa.
Lo mencionó con orgullo, con ese amor que sólo puede venir de quien te ha dado la vida. Asentí en silencio, observándola con calma, igual que si la película empezase a rodar en cámara lenta. A cada paso de sus tacones, sus pechos bamboleaban y esa sonrisa roja que iba en nuestra dirección estaba un poco achispada. No hace falta decir
lo preciosa que era, sin embargo... Me gustó saber que no era el único que lo pensaba, ya que mientras la parte inferior de su vestido volaba a cada paso, los hombres que estaban a su lado se giraban para observarla.¿ Te duelen los pies, mamá? Belén asintió ante la pregunta de Paula, que se sentó a su lado a ver si ponen unas sandalias o algo, que ya tengo ganas de bajarme de este pedestal. Dentro de nada, ahora está
muy de moda poner sandalias. Ah, sí. Comentó Paula con cierta ironía que resultó graciosa,¿ a cuántas bodas basto al año? Belén se rió y
sólo pudo contestar.¡ Qué hija más tonta! Nos quedamos mirando a la gente que
se amontonaba en la barra y en la pista de baile. No hubo nada que decir, solamente mareando el alcohol de nuestras copas hasta que me dieron ganas de divertirme. Me levanté del asiento. caminando con gesto caballeresco hasta donde mi hermana, que me miró de arriba a abajo con gesto de incomprensión total.— Buenas tardes, m'lady,¿ me haría el honor de concederme este baile? Inclinándome
levemente, le tendí la mano.— Pero,¿ qué dices?— No se puede decir
que no le he educado bien, agregó mamá con una risa que compartía con su hija. Iros a bailar un rato y divertíos. Paula negó con la cabeza, cogiéndome de la mano y produciéndome una electrocución gustosa que llegó hasta mis genitales. Cerré los ojos y, cuando los abrí, los cambié de destino, porque estaba Belén delante y no me apetecía que me pillara mirándole las tetas a su hija.
Vamos a tomar algo, pero a bailar no. Menuda vergüenza.
¿Vergüenza? Parecía que mamá me quería ayudar si aquí no nos conoce nadie, como mucho a mí. O sea, que a pasarlo bien. Paula, señaló a esta con una uña blanca que brillaba a la luz de los faroles, como no aceptes tú el baile de ese caballero, lo aprovecho yo. De algún lado ha sacado eso de ser tan bobo, comentó Paula con una falsa resignación. Nos acercamos a la barra cogidos de la mano y me sentí el hombre
más dichoso del mundo. Los demás me miraban, bueno, a mí no, a Paula, pero notaba la envidia en sus ojos, sabedores de que no podrían estar tan cerca de ella como yo. No bailamos de primeras, sino que comentamos la boda mientras nos tomábamos una copa y el día se iba oscureciendo. Una hora más tarde, nadie nos había molestado y ciertamente envalentonado, la cogí de la mano y la
llevé al centro de la pista. Me pegué a ella a la vez que la música estallaba en los altavoces y la novia cogía un micrófono para animar a todos y a todas para que bailasen. Mi cuerpo se unió al de Paula, que sonreía todavía con el color rojo tintado en sus labios, más ese color azul tan intenso que no paraba de fijarse en mí. Mi cintura se pegó a la suya y sus manos fueron a mis hombros.
Dimos unos pasos algo compenetrados, aunque no voy a decir que fuéramos unos expertos, solo dos novatos que no nos pisábamos. Los minutos fueron pasando y la primera canción dio paso a la segunda. Mi cuerpo estaba reaccionando a la cercanía de mi hermana y, también, a esos pechos que se apoyaban en el mío. Ella misma se dio la vuelta por voluntad propia, cogiendo mis manos y colocándolas sobre su
vientre para empezar con la nueva danza. Fue entonces que lo noté, mi polla se había puesto tan dura como la lanza de un espartano y Paula acercó su culo hasta que chocó contra ésta. Rosamos un poco la zona, de manera algo comedida, no como le hubiera hecho a Sofía en cualquier antro de mala muerte. Estaba caliente, ardiendo, con el propio alcohol bulliendo en mi interior debido a la temperatura de mi sangre. Allí no nos conocía nadie.
Solo nuestros padres y Emilio ni siquiera sabría dónde estábamos. Como mucho, mamá nos miraría desde su asiento con una copa de manera solitaria, esperando que alguien la hablase. El tema estaba acabando y me atreví a darle un golpe con mi cadera que se estrelló contra el centro de su culo. Paula no se movió y estoy totalmente seguro de que sabía que eso que chocó contra sus nalgas no era mi móvil. Estuvo bien. Se dio la vuelta sonriente, dejando claro que hablaba del baile y no de ese
último golpe. Sí, no sabía que era tan buen bailarín.
Sí, bueno. Pedorreó al aire y supe que estaba vacilándome, el mejor, no veas. Una cosa.
Me quedé mirándola en medio de la pista, sin miedo a que me dijera nada y pasé mis ojos por todo su ser. Mi lengua etílica no se contuvo, igual que en las fiestas del pueblo, tuve que ser
sincero. Estás. Estás espectacular.
Gracias, soltó una risita muy pija y añadió de manera educada, tú también estás muy guapo, hermanito. Tengo que admitir que te sienta bien el traje. Tengo que ser la envidia de todos. La conversación solo era entre nosotros, Me sentí solo entre tanta gente.
Por el traje? Negué con la cabeza. Por estar bailando con la más bella
de toda la boda. Paula miró hacia otro lado, con una media sonrisa que trataba de esconder. Noté el nerviosismo que le provocó ese halago y se llevó la mano al rostro para retirarse uno de sus cabellos, pero no era posible, todos estaban bien sujetos en su recogido. No seas tonto, la nueva canción sonó, pero no nos movimos si tanta envidia tuvieran, alguno me hubiera pedido para bailar.
Lo mismo que en el pueblo, impones. Miré a mi alrededor, donde la mayoría eran señores de la edad de nuestros padres y algún treintañero amigo del novio.¿ Te gusta alguno? He visto un par de ellos que no están mal, pero la verdad es que no hay muy buena cosecha. cosecha añeja, maticé haciéndola reír. Si yo no tuviera novia y te veo sola en una boda,
iría a por ti de cabeza.¿ No te impondría? No, con media sonrisa
me aproximé un poco más, soy bastante kamikaze. Me gustan los retos. Últimamente, estás muy cariñoso y me gusta. Aunque te pasas, No estoy tan espectacular como dices, dudaba si lo decía en serio o solo tiraba de humildad. Sí que lo estás y lo sabes. Quizá era mi oportunidad, una verdadera ocasión para soltar algo que la acercase más a mí. El día era cálido, la situación propicia y el alcohol que nadaba por nuestras venas incitaba a hacer locuras, si no era ese día.
¿Cuándo? Lo digo muy en serio.
No tan en serio, añadió sin borrar el gesto feliz de sus enrojecidos labios, al final vas a hacer que piense que estás enamorado de mí. Es que si no fueras mi hermana. Paula echó la cabeza hacia atrás, torciendo un poco la mueca de su frente. Creo que la duda sobre si era todo un juego o, en realidad, las palabras que salían por mis labios eran ciertas, la asoló por completo. Mis manos cayeron sobre su cintura, apretándola un poco y permitiendo que nuestra distancia se cortara del todo.
Paula se encontró apresada, entre mi cuerpo y los que nos rodeaban, de cierta forma, no tenía escapatoria. Después de una risita nerviosa, añadió. Menudo don Juan estás hecho. Aunque, hay un problema, no me gustan los más jóvenes. Eres un pequeñín. Solo son tres años, te recuerdo que acabo de hacer los 19. Me creía el más mayor del mundo, aunque seguía siendo un niñato. Un enano. Además, no está bien que te guste, la música casi opaca su voz y me acerqué a su oído para preguntarla
en total intimidad.¿ Por qué?¿ Por qué va a ser bobo? Eres mi hermano. Una dulce risita pija nació de sus labios y sus pechos se mecieron a la par. Yo. Yo. Sus ojos se clavaban en
los míos y algo dentro de mí me asusó con violencia para que expresara todo lo que sentía. Quizá fuera mi alma, o tal vez, esas miles de pajas en honor a Paula, que movían la boca como si fueran almas en pena. Yo no he conocido a una chica que esté mejor que tú, insistí con la garganta atorada. Hoy, cuando te he visto junto a mamá, me he quedado de piedra, pensando que en verdad era una diosa lo que tenía ante mis ojos.
Estás. Estás buenísima. Kou. ¿Cómo? De pronto,
fue como si se encendiera la luz y Ese momento en el que el bar se ilumina por completo y la borrachera te golpea con violencia. Es el instante en el que te das cuenta de que no eres un superhombre, sino un zombi andante más borracho que cualquier otro. Ese fue el caso, pero no porque me golpeara ninguna luz, sino porque Paula comprendió que no había ningún juego en mi rostro y, cogiéndome de la mano, me llevó a
un lado de la zona de la boda. Caminé a su espalda, nervioso como nunca, a la par que las sandalias que se había cambiado por los tacones aplastaban una hierba todavía caliente por el sol del día. Cuando llegamos a un lugar más alejado, se dio la vuelta, arrinconándome contra un muro de arbustos y puso cara de pocos amigos. La he cagado. Mira, Paula, yo, me levantó la mano y, por un instante, pensé que me abofetearía. pero sólo me mandó callar. Calla, David. Miró a los lados, no quería
chillar y que se enterase todo el mundo. Nadie estaba cerca y, como mucho, únicamente Belén se hubiera dado cuenta de nuestra huida, no sé de qué vas, no tengo ni idea, porque no te entiendo. Hay un pase de que hablemos de ciertas cosas, incluso de que me digas ciertos alados, pero... Igual ha sido una confusión, corté con cierto
temor a que se enojase más.¿ Qué confusión? Prácticamente, has dicho que te gusto. Es que
me, me froté los ojos, de perdidos al río. Si ya la había cagado, lo mejor era meter la pata hasta el fondo, es que me gustas, me pones. Mierda.
Lo segundo me salió solo. No debí haberlo dicho. Arreglalo más, chico.
Se tapó los ojos y prosiguió, ahora te pongo, muy bien.¿ Y qué más? Dime que también te la cascas pensando en mí, porque no sé, lo vio en mis ojos, creo que eran la puerta abierta a mis pensamientos, por Dios
David. No he dicho nada. El que calla, otorga. No merecía
la pena discutirla,¿ cómo quieres que me tome esto, David?¿ Qué hago contigo? No sé, solo te he dicho lo que hay. Las cartas estaban sobre la mesa y poco podía hacer. Estás enfermo, chico, no puedes. No debo gustarte.¿ No lo entiendes? Soy tu hermana. Hemos salido de la misma mujer y del mismo padre, los cuales están aquí
con nosotros. Es que no se te ocurre mejor momento para esta estupidez, suspiró algo enrabietaba, caminando de un lado a otro mientras yo aguardaba como un niño pequeño cabizbajo. Lo siento, Paula,
es que no sé qué me pasa contigo, pero no lo puedo evitar. Ah,¿ pero qué evitar? Después
de darme un golpe con el dorso de la mano en el pecho, continuó, pero antes... Eché un vistazo a sus mamás que se mecían al son del brazo. Es que no tienes que evitar nada. Lo que tienes que hacer es prohibir que eso se te pase por la cabeza.¿ Tengo que hablar con nuestros padres para que te lleven a algún lado?
Solo déjame explicarme, por favor. Solo te pido esto. Pero es que no hay nada que explicar.
Posé mis manos en sus hombros. parándola con algo de fuerza y provocando que sus ojos quedaran en dirección a los míos. Gracias al ron que nadaba en mi organismo, fingí de maravilla un rostro serio y lleno de confianza. Con ganas, le dije lo siguiente.— Por favor, déjame hablar, Pau. Ella silenció su boca y permitió que, entre nosotros, Solo corriera el sonido lejano de la música, se desobra que eres mi hermana y nunca había sentido nada por ti
que no fuera el amor familiar. Pero desde un tiempo hasta aquí, eso es diferente, no puedo dejar de pensar en ti, sí, me he echado novia, aunque Sofía no puede evitar
que estés en mi cabeza.¿ Qué dices? Calla, exigí. Está muy mal lo que siento, es así y lo sé.
Pero,¿ Qué quieres que haga?¿ Que me lo guardes solo para mí? No es así, Paula. Es imposible, porque me arde por dentro. Cuando estoy solo en mi cuarto, antes pensaba en otras mujeres, pero ahora, solo en ti, ni siquiera en mi novia.
Joder, qué asco, no sigas.
Es que me es inevitable. No puedo tener a la mujer más espectacular del universo a mi lado y no hacer lo mismo que haría el resto de los hombres. Madre mía, David. No te escuchas, cualquier cosa que digas no puede arreglar lo que dices. De verdad, estás fatal, suspiró con calma, aunque no me quitó las manos de sus hombros ahora,¿ qué hago?¿ Me invento una excusa con papá y mamá para decirle que no viviremos juntos?¿ por qué no pretenderás que hagamos como si nada? Tampoco seamos dramáticos.¿
Qué he hecho de mal? Decirte que eres una belleza y que me gustas. Aparte de las pajas, me cortó con voz autoritaria, te parecerá poco. Joder, es que eso no es algo malo. Cegaramente, cientos de chicos han hecho lo mismo que yo pensando en ti. y por mucho que me vaya a otro lado. Eso no va a cambiar. Lo arreglas a cada palabra, por mucho que se quejase, no se iba ahí en mi cabeza, eso era bueno, ahora, qué guay, vivamos juntos y cuando estés en tu cuarto,
pensaré con una sonrisa, uy, mira David, qué majo. Ya se está pajeando pensando en mí. No seas tan creída que tampoco son todas a tu salud, maja, Eso no arreglaba nada, pero lo solté como si mi orgullo estuviera herido,¿ te molesta que yo u otro se la hagan pensando en ti?¿ Eso a qué viene? Tía,¿ eres consciente de lo buena que estás? Medio pueblo habrá pensado en ti, casi toda la facultad, incluso mis amigos. Jaime,¿ te acuerdas de él?¿ Te crees que te agrego para conocerte y tal?
Sólo para eso o también para? Calla. Qué asco, Dios.
Alguien pasó detrás de ella y nos callamos. Cuando desapreció, Paula continuó, y¿ por qué lo hagan los demás? ¿Qué?¿ También tienes que hacerlo tú?
Los otros, bueno, pero tú lo tienes prohibido.
Sabes cómo ocurrió? No se movió, no hizo ni un gesto y me dio permiso para continuar, fue el día que me pillaste en plena paja. Algo se activó en mí, quizá una emoción que estaba dormida después de tanto oír lo buena que estabas. Al comienzo solo me dio morbo la situación, que tú me pillaras en plena faena, que me mirases sin hacer nada. Pero luego eso degeneró y me imaginaba
otras cosas.¿ Por eso solo?¿ Por esa tontería?
Así es, desde ese día, incluso miro tus fotos para tenerte más cerca. Paula se llevó la mano debajo de los pechos y cruzó sus brazos, aquello no hizo más que aumentar de volumen sus senos. Y
miré. Claro, que miré. No hace falta que digas más. He
escuchado suficiente por hoy. Con una mano me hació de la muñeca, retirándome los dedos de su piel sin ningún gesto de asco, lo mejor es hacer como que no he escuchado nada. Voy a pasar del asunto porque no creo que tenga solución. Si algún día se te pasa, podremos seguir teniendo una relación de hermanos. Hasta entonces. ¿Pasarse?
Lo he meditado mucho pero no
creo que sea tan sencillo
no había meditado nada.
Por qué? Esto no es tan fácil, negué con la cabeza. dándome un segundo para decidir por qué no se había marchado ya. Si estaba allí, era que quería hablar del tema. Sí que lo es, cuando estés otra vez con Sofía, se te irá pasando. Es lo que hay. No, fui contundente. Eso pensaba yo, pero no es así. Se me pasará cuando cumpla mi fantasía, es así de fácil. Es como si quisiera algo con todo mi ser, como esos niños pequeños que montan una pataleta hasta que tienen su regalo.
Solo se me pasará cuando mi anhelo sea satisfecho. Lo sé. ¿Cómo? Hubo un momento de silencio e incluso de sus labios manó una risa de incredulidad que me estás diciendo.¿ Qué se te va a pasar cuando qué?¿ Quieres que me tire en la cama a ver cómo te masturbas mirándome o algo así? Tú estás loco. lo último casi se queda en un grito. Pues, me quedé meditando y, ya que estaba ahí, me decidí a jugar, creo que sí,
esa sería la solución. Una vez visto que no es nada del otro mundo, ya estaría.¿ Sabes cuando quedas con alguien que piensas que será la hostia en la cama y luego es una decepción? Me parece que será algo similar. Después veré que es una decepción. Suena un poco fuerte. pero... Suenas como un enfermo, se giró a mirarme con todo su orgullo herido y preguntó con su altivez elevada a la máxima potencia y perdona. Has dicho que
seré una decepción. No me refiero a... Ni lo sueñes,
David. Negó con sus manos y sus tetas también se movieron. Parecía que me hablasen. Ese momento nunca va a suceder.
Nunca.¿ Me oyes? Nunca. En cierto modo. De nuevo
seguía allí delante de mí, echando pestes por la boca de los gustos de su hermano, pero sus pies continuaban afincados en la tierra, en esa hierba tan verde que no abandonaba. Querrá esta conversación, le gustará, medité antes de seguir.
En cierto modo, ya lo hemos hecho.¿ Qué dices? Me has dicho que me has visto pajearme, ¿no
Y tres veces, puntualicé. Entonces,¿ no sería lo mismo?
No me compares, eso fue pura casualidad y coincidencia. Dímelo, Paula. Me vi impulsado
por la misma energía que me poseía cuando estaba pensando en ella de manera lujuriosa. En esas veces que me pajeaba recordándola con el bikini de la piscina o escuchando sus jadeos cuando Fernando le devoraba el coño. El frenesí me invadió y, cogiéndola de la cintura, intercambié nuestros papeles. El bajo de su vestido bailó en el aire y su boca mostró un susto que no llegó a expresar
con un grito. Ahora estaba delante del muro de arbustos, conmigo enfrente y, entre nosotros dos, un poco de espacio que separaba sus enormes tetas de mi pecho. Mira dentro de ti. Dime, Paula.¿ Seguro que te provocó un poco de morbo saber que estaba pajeándome, mientras no sabía que me observabas? No. Estuvo segura en su negación, pero algo me decía que me mentía. Tuviste que mirar más de un segundo para saber lo que hacía, un poco más de tiempo para verificar que no era deporte y jadeaba
por el placer que me daba. David.
Se quejó mirándome a los ojos, pero no agregó nada más. Piénsalo. No tengo que pensar nada, eres un salido
de mierda, nada más. Te vi haciendo eso y solo me provocó asco, repulsión, la corté de pleno.
Y si te digo que me haré una al llegar a casa pensando en ti?
Pero tú,¿ de qué vas? Me dio un golpe en el pecho que no sentí y bajando la mirada me encontré con sus senos. Por primera vez, me contestó lo evidente y deja de mirarme las tetas, puto guarro. No es necesario, las recuerdo a la perfección. Serás. Era la antesala de un tortazo, aunque no me lo dio. Solo me miraba con gesto felino, unos ojos salvajes que querían matarme, eres un asqueroso.¿ Puedo hacerte una última foto? Su rostro de ira mutó a uno de sorpresa para recordar este día.
Ni de coña, seguro que solo me sacarías las tetas.
Quién te dice que no lo hice antes cuando te saqué en la iglesia? Eres. Eres. Se mordió el labio y
sentí que sus tetas se hinchaban sin parar debido a la rabia. No encontraba las palabras y, sin decir nada, me golpeó con una mano en mi duro pene. Me incliné en el acto, buscando un aire que se me había escapado por cada poro de mi cuerpo. Paula estaba ante mí, con una sonrisa victoriosa y ojeándome como si fuera una mísera pulga. Si te arrodillas para pedirme perdón, no se lo diré a papá y a mamá, pero no quiero que te acerques a mí en una buena temporada.
Eres lo peor, hermanito. Se largó de la misma, dejándome con la polla bien dolorida y una erección que no se detenía, sino que se elevaba. Pude recomponerme al de dos minutos, tomando aliento en un asiento cercano, hasta que fui capaz de volver cojeando adonde mi madre. Belén estaba sentada, ojeando el móvil de nuevo y aburrida con un cubata hasta arriba de un líquido transparente que sería ginebra. Cuando me senté a su lado, no notó la mano que me
masajeaba la polla.¿ Va bien la boda? Me
quedé pensativo, reflexionando sobre toda la conversación con Paula, porque, en verdad,¿ qué sacaba en claro? Nada. Eso era así. aunque que no escapara cuando le dije esas barbaridades, era síntoma de algo. Quizá le diera morbo la situación. Tal vez le hubiera picado la curiosidad al saber que su hermano pequeño la deseaba. Eran muchas preguntas y todavía no tenía respuesta para ellas. Había dicho que no me quería ver, pero su sonrisa maliciosa me anunciaba que se trataba de
una mentira. Sin sacarme la mano de la polla y agarrándomela pensando en mi hermana, le di una respuesta a mi madre.
No lo sé. Mañana veremos. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
