COMPARTIENDO PISO CON MI HERMANA - PARTE 2 - podcast episode cover

COMPARTIENDO PISO CON MI HERMANA - PARTE 2

May 07, 20261 hr 10 min
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Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos... Compartiendo piso con mi hermana, parte 2. Planee todo con detalle, incluso dibujé la escena de manera rudimentaria en los libros de clase, mientras el profesor hablaba. Yo solo podía pintar a Paula en la puerta y su campo de visión para pillarnos de la mejor de las maneras. Fue un jueves cuando tomé valor para iniciar mi plan y, nada más me levanté, sabiendo que Sofía no tendría nada que

hacer a la tarde, la hablé sin perder ni un segundo. Hola, cariño. Esta tarde no tienes nada que hacer, ¿no? No tardó en responderme, prácticamente nos levantábamos a la misma hora. No,

Speaker 3

nada.¿ Tienes algo en mente? Algo, unos cuantos

Speaker 2

iconos de fuego volaron de un teléfono a otro. Vaya. Me gusta. Cuéntame esa idea que te ronda en tu cabecita. Pues mira, mi hermana esta tarde va a quedar con las amigas. O sea, que no vendrá hasta las cinco o así a casa. Mentira, Paula no tenía nada que hacer y regresaría a las dos y media como siempre, podrías venir, pasamos un rato juntos y, ya sabes. Sé muy bien lo que quieres, ambos mandamos iconos de risa y Sofía quiso verificar lo evidente, o sea, que vas

a estar solo en casa, sí o sí, ¿verdad? Eso es. Yo vendré para la una, quizá una y algo. Si quieres, puedes estar aquí para y media y después de ponernos al día.

Speaker 3

Uf,

Speaker 2

de acuerdo. Dejé el móvil en la mesilla del cuarto, con el plan ya en marcha y unos genitales que bullían a temperaturas cercanas al sol. Cierto que la mañana se me pasó lenta, con el ansia propio de quien busca que se le cumpla un deseo, pero para las dos y cuarto, ya estábamos liándonos en el sofá de mi casa. Vamos a la cama. Estoy muy cachonda, David, no pude responderla de inmediato, porque la lengua se me metió hasta la campanilla. Mejor aquí, nunca lo hemos hecho

en el sofá y me pone mucho la idea. Su mano me agarraba la polla por encima del pantalón y cuando me la apretó, si sé igual que una serpiente. La cama es más cómoda, metí mi mando por su pantalón y toqué un sexo que se convirtió en una piscina. Sí, pero no te preocupes, que estamos solos hasta las cinco. Además, con lo caliente que estoy no voy a durar nada, nos dimos otro apasionado beso y tuve que añadirle para quitarle cualquier duda, esta noche soñé que estábamos aquí, juntos

en el sofá. ¿Cómo? Has soñado conmigo y follándome. Asentí al verla tan caliente y le quité la camiseta de golpe, cuéntamelo. Miré el reloj que teníamos colgado en la pared, observando que ya eran más de las dos y veinte, y pronto, llegaría mi hermana. Debía premiar un poco, porque Paula era puntual hasta decir basta. Podría llegar un minuto antes o después, pero si no pasaba nada, a y media entraría por

la puerta.¿ Quieres saberlo? Pregunté con frenesí, dejando que se quitase el pelo del rostro a la par que me la sacaba del encierro. La punta de mi polla ya brillaba debido al líquido que me estaba saliendo de los huevos. Era increíble, no había estado tan cachondo en mi vida y todo no era por culpa de Sofía, sino por la esperanza de que Paula me pillase. Dímelo, amor, se bajó los pantalones, también esas braguitas rojas que también se

le pegaban a su tremendo culo. Me puse de pie, desnudándome por completo y dejando que mi pesada polla diera un duro bote en medio de la sala. Sofía se quiso arrodillar, para empezar a mamármela de manera alocada como tenía por costumbre. Cuando se ponía cachonda, era imparable. Sin embargo, la cogí de la muñeca y la hice saber que no era eso lo que deseaba, sino lo que soñé

con ella. Casi empujándola, ella misma se colocó en la parte del sofá que tenía forma de L. Ponte a cuatro patas, rugió una voz en mi interior que clamaba por que Paula llegase. Sofía me hizo caso y abrió sus nalgas tanto como pudo. Una vagina rosada y humedecida me saludó, con los pantalones atrapando sus rodillas y juntándolas para que el roce fuera óptimo. En lo alto de aquellos dos glúteos, coronaba un agujero rosita que ansiaba profanar

algún día, sin embargo, para eso todavía quedaba mucho. Joder, Sofía. Te voy a follar. Anuncié a viva voz, esperando porque mi hermana estuviera en el rellano y lo escuchase. La metí de una sentada, penetrando una carne que parecía untada en vaselina para que mi polla resbalase igual que en un tobogán. Me estremecí con violencia, rezando porque eso no fuera el preludio de una corrida, pero no, lo soporté.

El reloj ya marcaba que faltaba un minuto para que Paula llegase y consumido por mi frenesí pasional, follé a Sofía con unas ganas increíbles. El chapoteo de su coño me estaba envolviendo y, a cada sacudida, miraba al pasillo donde debía aparecer mi hermana. Mi novia no se enteraba de nada, Sólo balbuceaba palabras inconexas mientras el placer la

hacía vibrar cada fibra de su cuerpo. Movía las caderas hacia atrás para que le clavara mi polla bien dentro, y yo, entre los jadeos de Sofía, estuve muy pendiente de lo que pasaba fuera del coito, hasta que, escuché el sonido de la llave girando en la cerradura de la puerta. El corazón se me salía por la boca y mis manos se aferraron a mi novia con más fuerza. Aumenté la cadencia de las penetraciones, volviendo el coito en

algo animal. Escuché el primer paso de Paula en la casa, aderezado por esos gemidos locos que bramaban de la boca de Sofía. No estaba bien, la locura me estaba matando y ya no sabía si estaba soñando o todo se trataba de la pura realidad. Un latido me golpeó el pecho desde el interior, igual que el xenomorfo tratando de salirse del pecho de cualquier humano. Otro paso, y la tensión se me disparó hacia el cielo. Era mi momento, el deseo que me iba a cumplir el genio de

la lámpara mágica estaba delante de mis ojos. Una de mis manos se alzó en el aire, cogiendo del cabello a Sofía y tirando hacia atrás para que alzara la cabeza. No sé por qué lo hice, quizá para que se le viera bien la cara, aunque lo único que me importaba era seguir follándomela de esa forma bestial. Me erguí completamente detrás de ella y miré a la puerta, observando un pie recubierto de un botín que ya era visible.

Aceleré por última vez, a punto de correrme en un coño que sólo era un instrumento para un fin mayor. Por fin, gritó mi mente al ver el rostro de Paula en el umbral de la puerta. Allí estaba mi hermana, con su precioso pelo negro al viento y ese bolso

con los libros que tanto le gustaba llevar. No obstante, Todo eso era irrelevante, porque lo que más me interesaba, aparte del gesto de confusión que poblaba su cara, eran esos ojos tan azules que no se perdieron detalle de lo que hacía.—¡ Joder, mi hermana!— exclamé en un grito de pánico fingido. Paula se llevó las manos a la boca y sus párpados se abrieron hasta el punto de que casi se le caen los ojos. Se la metí

un par de veces más a Sofía. soltándola del cabello a la vez que salía de su placer cuando giró la cabeza sólo pudo soltar con visible susto mierda no decías que estábamos solos me recriminó con la polla todavía dentro y sin variar la postura no la escuché porque en ese instante el pene se salió de ella y se quedó en el aire estaba sucio Manchado de los fluidos de mi novia y bamboleando encima de su terrible culo, aunque no era eso lo que importaba, sino que Paula

lo estaba viendo. Me contraje en un espasmo increíble que me sacudió toda la columna. De pronto, me sucedió algo que no me pasó jamás y que no sabía ni cómo había sucedido. Mi polla, sin que nadie lo tocara, empezó a correrse sobre el culo de Sofía. Sollocé y temblé como un enfermo, creando un silencio demasiado intenso por tres segundos interminables. Mi gozo fue increíble, algo divino, y cuando pude abrir los ojos de nuevo, mi semen manchaba

con abundancia una de las nalgas de Sofía. Ella me miraba con el gesto torcido, casi atemorizado y, al otro lado, Paula continuaba con la mano en la boca y sin parpadear. Perdón, perdón. Logró decir mi hermana desapareciendo de semejante perversión. Nos quedamos solos en el sofá un instante después y, según los pasos de Paula se perdieron por el pasillo, Sofía saltó del sofá con mi semen caliente resbalando de su culo. Me senté agotado, sin ninguna energía para poder seguir viviendo,

y mi novia me miró con un cabreo importante. No, David. No decías que no venía hasta tarde. Asentí y tragué saliva para contestar. Los ojos de Sofía echaban chispas. Sí. Así era, me costaba hablar, habrá tenido una urgencia

Speaker 3

o algo. Mala suerte.

Speaker 2

Mala suerte. Serás capullo. Era la primera vez que me insultaba y la verdad era que me la había ganado, me largo. Ya hablaremos. Se visitó tan rápido como pudo y yo, admiré esa imagen mientras reposaba desnudo en el sofá. Mi novia se fue sin decir nada, aunque me imaginaba que, unos días más tarde, se le pasaría el enfado. Era tan buena que no solía molestarla nada, seguro que acaba comprendiendo que fue un error y nada más. Ahora, toca enfrentarme a mi hermana, pensé en voz alta, sabiendo que

ella estaba en su cuarto. Según mis piernas me lo permitieron, me vestí en silencio, con un sentimiento de ahogo importante en el pecho, porque sabía que Paula no sería tan comprensiva. Dentro de mi habitación, esperé a que llegara la tormenta ahí. Claro que llegó. Los pasos tronaron por el pasillo y me imaginé que no era Paula la que venía en dirección a mi cuarto, sino un verdadero gigante con ganas

de devorarme. La puerta se abrió sin avisos, creando un vendaval que sacudió mi habitación y en el umbral, una mujer dispuesta a morder si era necesario. Pero tú de qué vas, chaval. No estaba cabreada, sino iracunda. Jamás la vi de esa forma, te parece normal que entre a casa y os pille así en el sofá. Por lo que veo, no conoces ni la decencia, ni la educación, ¿verdad? Es muy fuerte lo tuyo, eh, David. No es la

primera vez. Lo siento de todo corazón, Pau. Llamarla por el diminutivo la solía ablandar y lo necesitaba, porque su cabreo era tremendo y yo, solo lamentía, de verdad, me siento tan mal que no lo puedes imaginar. Una cosa ha llevado a la otra y no me fijé en la hora que era.¿ Qué hora ni qué leches? movía los brazos en aspavientos y sus bonitas tetas hacían el mismo movimiento,¿ a ti te parece normal? Estás ahí con Sofía, dándole sin parar y sabiendo que, tu hermana, puede llegar

en cualquier momento, es que es de locos. Ya, agaché la cabeza para aguantar la reprimenda. Tienes que tener más cuidado con esas cosas, joder.¿ Es que mamá no te dio ninguna charla sobre el tema sexual o qué? No voy a estar yo enseñándote a tu edad que ese tema es privado. Ya no eres un crío y tienes que saber estas cosas. No quiero poner más normas en la casa, pero como esto siga así, vamos a tenerlas.

Lo siento. Fingir ser el cervatillo herido desinflaba su ira y no mirarla a los ojos, creo que formaba la sensación de que ya no tenía la mayoría de edad, sino que regresaba a mi dulce niñez. Dios. Masculló apretándose las sienes, no sabes lo violento que es eso. Los dos ahí, desnudos, gimiendo y tú, señaló mi pene con gesto extraño y sin encontrar las palabras adecuadas, ahí, terminando. Es que, joder, es algo que nunca no me quitaré

de la cabeza. Han coincidido los tiempos, no era mi intención. Qué mentiroso, por Dios. Es que me he quedado tan mal que pensaba que me daba un infarto, David. Que tú estabas ahí, pero yo no tengo por qué verte en esos ratos tan íntimos. Además de que no es la primera vez que te pillo de esa forma. Bueno, esperé unas décimas por si no me dejaba defenderme, la otra vez estaba en mi cuarto y ese es territorio privado. Entiendo lo del sofá, pero en mi habitación, puedo. Claro

que puedes. Respondió cortándome, pero, joder, todos nos cortamos y oímos a alguien. Entré en casa, llamé a la puerta y cuando la abrí, te pillé de pleno. Deberías estar más atento. Fui a decir algo, pero al alzar las manos me detuvo, da igual, David, dejémoslo y corramos un tupido, mejor, un estúpido velo. Haremos como que no ha pasado nada y, simplemente, ten cuidado con estos temas. Perdóname. De manera tonta me levanté,

acercándome a ella sin que Paula se moviera. Moví mis brazos alrededor de su precioso cuerpo y le di un abrazo con todo mi ser. No se muy a qué vino, si lo hice de una manera que la pidiese disculpas o dándole las gracias por el momento placentero del sofá, no lo sabía. Que sí,

Speaker 3

David. Todo bien.

Speaker 2

Perdóname de verdad, Pau. Estábamos, ya sabes, calientes. Solté una media sonrisa y a mi hermana le agradó, porque me copió, no hemos sabido parar y me arrepiento un montón. Seguro que tú también has tenido momentos de ese tipo con Fernando, sobre todo, cuando vivía sola en casa. Bueno. Se retiró un poco. meneando el cabello en gesto nervioso y con un rubor en el rostro que me dio indicios de

que ese tema le daba cierta vergüenza. Mi mente voló, imaginándome a Paula siendo penetrada por el pene de su novio, y algo en mí se volvió a activar. Lo que me faltaba, que el mocoso de mi hermano pequeño me hable de eso. No lo dijo en tono de ofensa, pero sí que buscaba cortar el tema, esa es mi vida privada, como deberías hacer con la tuya, que sea, más privada. Perdón, añadí por última vez, con la cabeza imaginándome otras cosas. Anda. Te dejo en paz y ven

a comer cuando te apetezca. Luego voy a estudiar un rato. Hablamos, enano. Me senté en la cama cuando abandonó el cuarto y mi mente volvió a volar en imaginaciones perversas que parecían mover mi psique sin parar. Ahora se amontonaban unas cuantas preguntas que no tenían respuestas y que, a cada segundo, se me hacían más imperioso averiguar. Aquel incidente había cambiado mi relación con Paula, creando un antes y un después. No quiero que os equivoquéis, lo que sentía por mi

hermana no era atracción. Sí, era evidente que era una belleza e incluso yo podía valorar eso de manera objetiva, pero mi problema era otro. No me producía nada pensar en ella o imaginar que la penetraba de mil formas, sino lo que de verdad me ponía como un mono en celo, era la sensación de que ella supiera lo que hacía y que mirase. Pude llegar a imaginarme la sentada en el sofá, observando con extrema fijación el polvo que le ofrecía a mi novia y eso, me producía

mayor gusto que miles de coitos. Por supuesto, antes de dormir durante aquella noche, rememoré la imagen de la sala. Cabalgando a Sofía mientras mi hermana miraba con los ojos azules bien abiertos y yo, acababa por correrme en el culo de mi novia. Era apoteósico. Sin embargo, antes de caer en los brazos de Morfeo, las preguntas que me asolaban sobre ella volvieron a la luz. Recordé la conversación en el cuarto y, en especial, ese momento algo vergonzoso

que pasó al hablar de Fernando. ¿Cómo? Empecé a decir en susurros para la oscuridad de mi cuarto,¿ cómo será en la cama la doña perfecta?¿ Gemirá mucho?¿ Fernando le dará por el culo? Dios. Los ojos se me abrieron como platos, notando en mi cuerpo la necesidad de aclarar todas esas dudas y, antes de cerrar la vista para dormir por completo, se me ocurrió una idea para averiguarlo.

Por las siguientes fechas estuve estudiando la situación de la casa, aunque lo cierto era que solamente apuntaba los días en los que Fernando venía a casa. El patrón era claro, se había vuelto una rutina entre ellos quedar cada dos domingos para estar tirados en el sofá. Si quería que mi plan se pusiera en marcha, ese debía de ser el día.« Oye», Paula, entré a su cuarto después de llamar a la puerta y la vi sentada en la cama estudiando y con su bonita coleta morena,¿ hoy no

has quedado con Fernando? Sí,¿ por qué? No nada. Como no ha venido a comer y soléis quedar por estas horas, nada más. Era mera información, puesto que ya eran las cinco y por allí no aparecía nadie. Sí, eh. echó un vistazo a su móvil y se sorprendió de la hora, vaya, ya son las cinco. Pues hemos quedado a las seis para que venga a ver una película. Voy a prepararme un poco. Vale, pues yo, cuando esté, me iré a dar una vuelta. Puse un tono pícaro

y Paula lo entendió de maravilla. No hace falta, David, no importa que estés en casa. Ya, pero si no estoy, gozáis de más privacidad. Luego que cada uno haga lo que le dé la gana. Me reí para ver su reacción y mi hermana sacó esa sonrisa dulce a la par que negaba.—¡ Qué bobo! Estás más tonto que de costumbre. Fue una broma que recibí con agrado y, antes de arrimar su puerta, escuché esa voz tan bonita que solicitaba mi presencia.—¿ Vas a quedar con Sofía? Era la primera

vez que decía su nombre desde el suceso del sofá. Sí, un rato. Un paseo largo y me vuelvo. Mentira, ni siquiera pensaba irme de casa, pero tenía que dejar claras las intenciones de mi plan. Lo único que había de cierto en mis palabras era que podría quedar con Sofía, porque me perdonó a los tres días siguientes del suceso y no me lo volvió a recordar. Era la mejor. Perfecto, pues nos vemos a la hora de la cena. Mandándola un beso, la dejé a solas. Me metí en mi

cuarto esperando con ansia lo sucedido. Estaba igual que un espía en plena guerra fría, tratando de robar planos soviéticos con el ángel de la muerte volando sobre su cabeza. Quizá era una exageración. pero en el momento en que Fernando llegó a casa y escuché su voz, el corazón se me detuvo y una voz muy lujuriosa que anidaba en mi interior me avisó de lo que venía. Reza a todos los dioses que conozcas para tener suerte en esta aventura. Suspiré para llenarme de valor y vestido de calle,

me aproximé al cuarto de mi hermana. La puerta estaba abierta y me vieron antes de apoyarme en el marco de la puerta. Fernando me sonrió con su amabilidad y educación, y Paula esperó atenta por lo que le tuviera que decir.« Bueno, voy a ir a dar una vuelta, luego nos vemos. Os dejo solos». Lancé un guiño cómplice a ambos, que sacó una media sonrisa a mi cuñado y me largué

después de arrimar la puerta del todo. Los calcetines no hacían ruido al deslizarse sobre el suelo y cuando topé con la salida, dejé caer una zapatilla para fingir que me largaba. Acto seguido, abrí la puerta y la cerré sin salir de casa. Con el picaporte todavía en la mano, sentí que el frío del metal contrastaba enormemente con el

calor que me abrazaba la piel. Me di la vuelta con la garganta seca y los músculos tensos como piedras, recorriendo un pasillo que parecía lleno de trampas que quisieran descubrirme. El miedo me estaba pudiendo y, a mitad de camino, incluso noté una gota de sudor que corría mi cien. Era imposible estar más nervioso y no sólo por estar en casa, puesto que con una triste mentira, como decir

que me había olvidado de algo, ya estaba. Lo que realmente me atenazaba era mi intención, el plan de dejar solos a esos tortolitos para que pasase algo y yo, escucharlo. Por fin estamos solos, escuché la voz de Fernando. Era una conversación a la mitad.¿ Qué cara tienes? El tono de mi hermana era dulce, moñas, de una chica que está con quien le gusta, solo vienes a eso, las palabras se perdieron con el eco de un beso.¿ Y quién no lo haría? Otro beso, justo en el instante

en que llegué a mi puerta. La abrí con cuidado, esperando porque alguna bisagra vieja le diera por sonar y chillar a los cuatro vientos lo que estaba haciendo. Hubo suerte y la dicha estuvo de mi lado, hasta que entré en mi habitación y cerré la puerta con sumo cuidado. Estaba a salvo. Dentro de una cueva en la que no debería entrar nadie, sin embargo, toda precaución era poca y como si estuviera en una película de terror de esas que solía ver mi padre, me metí debajo de

la cama. Por supuesto, puse el móvil en modo avión, porque si lo dejaba en sonido, cegaramente Jaime o cualquier otro, me mandaría un mensaje del todo inoportuno que me jodería el plan. Lo malo era que no escuchaba tan bien como en el pasillo, pero claro, allí no podía estar. Esa era mi base de operaciones y debía mantenerme allí.

Os parecerá tonto, pero uní mis manos para pedir al cielo que hubiera algo de marcha, porque si no, me pasaría unas cuantas horas debajo de la cama con todo ese polvo sin llegar a nada.¿ Qué juguetón estás hoy? Soltó Paula en tono felino, llegándome a mi cuarto con un volumen acolchado, me has echado de menos. Un latigazo de placer anidó en mi alma, haciendo que mi trasero se contrajera en el acto y mi pene requiriera tanta sangre como tuviera mi cuerpo. Ya. Preguntaba Paula de manera melosa,

ese es mi botón. Me tienes bien pillado el punto. Baja un poco con la lengua. ¿Qué? Grité en mi interior imaginándome lo que era. Rápido una película se impuso en mi cerebro, sí, era pura ilusión, pero no debía estar muy alejada de la realidad. No pude quedarme allí parado y, con sigilo, me levanté hasta la puerta. Coloqué el oído, esperando por alguna que otra frase que avivase mi calor interior y también que ofreciera más detalles a

esa película que corría en mi cerebro. Allí estaba Paula, abierta de piernas y con una mano en la nuca de Fernando, que le devoraba el coño con una lengua viperina. Eso es. Gemía mi hermana a la vez que mi polla llegaba a su punto álgido, usa la lengua en el clítoris. Ahí. Eso es. Los gemidos se sucedían de manera tímida, era normal, se trataba del comienzo de los

preliminares y, con el tiempo que tenían, podían disfrutar. Al final hubo un movimiento en la cama, el sonido del colchón meciéndose debido al peso y me imaginé que su vagina ya estaría bien comida, por lo que tocaba devolverle el favor. Paula, me salió en un hilo de voz,¿ cómo la chupará doña perfecta? Era una pregunta que no me había hecho nunca y el mero hecho de que apareciera en mi cabeza provocó que mi pene diera un brinco dentro de los vaqueros. Debía liberar a la bestia, pero...¿

Para qué? Seguramente me la tocaría con ansia y acabaría por fastidiar el momento, lo mejor era esperar. El sonido de unos vaqueros bajando me llamó para poner la oreja pegada a la madera y de la misma, después de unas risas, un sonido de succión que me paró el corazón. Era claro que Paula estaría mamando y el gusto de

recrear esa imagen en mi mente fue glorioso. Mi cerebro estaba en plena ebullición, más que en cualquier examen, y las preguntas se agolpaban en mi cabeza igual que si fuera un filósofo.¿ Cómo será su cuerpo desnudo?¿ Qué tan buenas serán sus tetas?¿ La chupará bien?¿ Se quitará el pelo del rostro para mirar con esos ojos azules mientras la mama? Aquellas dudas provocaron en mi pene un espasmo duro, que palía agarrándomelo con fuerza para que exprimiera ese gusto

que me mataba. Estuve a punto de sacármela allí mismo y pajearme hasta que saliera todo el bote de mayonesa, pero lo cierto era que si me la acariciaba, me correría. ¡Uf! Resopló Fernando y puse atención ahora, chúpame los huevos. Vamos, cómemelos. Joder, con el educado de Fernando, me dije a mí mismo riéndome con ganas. Parecía un chico bien timidito y educado,

pero en la cama, era otra cosa. Le vi con mis propios ojos, agarrando el pelo de mi hermana y llevándola a la boca a dos pelotas que ardían y humeaban. Con mi hermana continuando esa comida de huevos, Yo tuve que sacar el móvil de mi bolsillo. Las manos me temblaban y casi no era capaz de maniobrar. Esperé con toda mi alma que no se me cayera al suelo, porque mis dedos no querían obedecer mis órdenes, solo pajearme. Llegué a un grupo de WhatsApp, donde había varias fotos

que Jaime había pasado de su futura mujer. Obviamente, pasé de todo lo que decían y fui directo a esas instantáneas, en especial una muy concreta. Era la foto que hace unos meses había mandado Jaime de mi hermana, esa que había visto de pasada solo una vez, pero que, ahora, necesitaba contemplar. Estaba sacada en el bar donde trabaja Paula, de eso no había dudas, ya que ella estaba a un lado de la barra. Llevaba una camiseta blanca de tirantes con mucho escote y estaba con un chico que

me dio un aire a uno de su clase. La atención la copó Paula, que se encontraba inclinada sobre la misma barra y al apoyarse, uno de sus pechos se apretaba hacia arriba. Estaban inflados, en romes, y por azares de la física, un pezón no salía a saludar de puro milagro. La foto era espectacular. Paula sonreía como si nada, ajena a que su hermano la veía con ojos salvajes. Tuve que ampliar las tetas en la foto y las miré detenidamente porque daba la sensación de que me hablaban.

Aunque lo que escuchaba eran los gemidos de Fernando en el otro cuarto mientras le comían los huevos. Joder, son enormes. Suspiré con un calor abrasador que me mataba. Nunca la había visto tan escotada, era una oda de la lujuria. Subí un poco. dejando a un lado esos terribles senos y presté atención a su rostro. Sus ojos azules daban la sensación de que me estuvieran contemplando y cambiándome por Fernando, me imaginé que me miraba de esa forma mientras me

la chupaba. La saqué de inmediato y mi polla salió para observar también esa foto tan jugosa. No podía engañarme por más tiempo y, por primera vez en mi vida, observé a mi hermana con total deseo carnal.

Speaker 3

Sigue. Ah. Sigue, joder.

Speaker 2

Sollozó Fernando al otro lado, cómemela entera. La polla se me sacudió sola en un espasmo furioso y tuve que fijarme en esa punta que brillaba en la oscuridad del cuarto. Dao prepucio colgaba algo, era una liana transparente y densa, que trataba de caer al abismo que se hallaba entre mi miembro viril y el suelo. Dejé que sucediera, rompiendo la tensión con el propio aire hasta que un leve

lago de presemen se creó entre mis pies. Me la agarré con fuerza, casi con ganas de arrancármela y llevársela a Paula como ofrenda, porque era suya. Espera, así. Sin manos. Quieta, Paula. No uses las manos, voy a follarte la boca. Anunció Fernando con el frenesí cargado en sus palabras. El movimiento de la cama me dio pistas de la postura que estarían ahora. Cegaramente, Fernando se hubiera puesto en pie, con el rabo en dirección a la cara de mi hermana.

Esta guardaría su plato favorito de rodillas sobre el colchón, con esas tetas tan bonitas señalando a su amado novio mientras abría la boca para que Fernando se deleitase. Hijo de puta. Mencioné con rabia y envidia, puto suertudo. Mi polla volvió a saltar, recordándome que me estaba creando una película. Era el momento final y las manos del joven estarían en la cabeza de Paula, mientras ésta solo se quedaba quieta permitiendo que se le follaran la boca. La puta.

Me estremecí y mi pene volvió a sacar un poco de presemen que hizo una liana más pequeña. Sus gemidos se fueron intensificando y, de fondo, un chapoteo muy evidente llegaba a mis oídos. Era el golpe de una polla contra una garganta, el sentimiento de ahogo de una mujer cuando no puede comer más. Lo conocía muy bien, porque también lo hacía con Sofía. Atrapé mi polla con ímpetu, sacudiéndola una única vez y saludando a un prepucio del

todo mojado que estaba más rojo que el fuego. En la otra habitación, El sonido gutural de mi hermana me hacía cosquillas para que continuara escuchándoles. Glup, glup. Le colgará la saliva de la boca. Quizá le caiga y le ensucie las tetas. Estaba guarrísimo y esas preguntas no obtendrían respuestas, solamente, en mi mente. Qué rico, joder. Soltó el chico con ganas. ¿Vamos? Paula, ponte encima de mí. A. Jadeó mi hermana, cegaramente montándose

en la polla de su novio. Oír la manera en la que gemía, casi hace que me corra, que soltase el semen hasta de mi primera paja. Aunque lo mejor o peor de todo, era que, en ese instante, ni siquiera me la estaba tocando. Pero al igual que en el sofá, sabía que, con poco más, me correría sin llegar a acariciarla. Supe que mi orgasmo era inminente, ya que cualquier roce haría que explotase en una furia descontrolada

de leche blanca. Quería aguantar un poco más, saber de qué manera acababa, por lo que me alejé de la puerta con pasos calmados y recité la tabla del siete igual que un niño de infantil. El placer disminuía y el eco de los gemidos sólo fue algo lejano. Había logrado controlar mi placer y ahora, solo me quedaba disfrutar de esa fiesta hasta el momento que acabase. Así, cariño. Agárrame más fuerte del culo. Dramaba Paula con un gusto

que casi se podía palpar. Volví a pegar la oreja a la pared, ellos ya estaban follando y la cama crujía a buen ritmo. Los dos gemían sin parar y cada vez lo hacían más alto. Era un anuncio de lo inevitable, y yo quería ser partícipe de ello. No lo dudé, me apoyé en la pared con sus gemidos de fondo, bajando el pantalón hasta mis tobillos y poniendo la foto del móvil en la mano mala. La buena, tenía trabajo por hacer. Acércame tus tetas, que me corro.

Fue la voz de Fernando la que clamaba ansiosa por unos pechos que yo no podía llegar a ver en la foto. Daba lo mismo, me los imaginaría. Esperé por unos cuantos segundos más, en los que el golpeteo del cabecero contra la pared se hizo más estruendoso y los gemidos se hacían mucho más notorios. La escucharán los vecinos, esperaba

Speaker 3

que sí. Me corro. ¡Ah!

Speaker 2

¡Ah! Bramó mi hermana para toda la casa, sin saber que su hermano estaba con la mano en la polla y escuchando. Y yo,

Speaker 3

y yo, gritó su amante con ganas. Ah, ah. Paula era la que aullaba a la luna y yo

Speaker 2

hice lo evidente. Me la sacudí una vez, encobándome del gusto e imaginándome que al que cabalgaba en esa cama era a mí. Usaran condón o le dejará todo su semen dentro, esperaba que fuera lo segundo, porque en mi mente yo le hacía lo mismo. Me corro. Ya, ya, ya, ya. Acabó por decir Paula, al tiempo que su chico le comía las tetas, le penetraba y la amarraba con fuerza del culo. El grito resonó en toda la casa, repiqueteando

en las paredes y, sobre todo, en mi alma. No tuve que hacer nada, simplemente, me llevé la piel del pene para atrás y con los ojos fijos en la foto de mi móvil, me corrí como un verdadero animal. Varias ráfagas de semen ardiente salieron volando con una potencia brutal, alcanzando la alfombra que estaba a los pies de la cama que se encontraba a un metro de distancia. Cuatro, cinco, seis disparos, me quedé sin munición para lo que creía

que sería el resto de mi vida. Traté de que los jadeos no emitieran ningún sonido, pero era complicado, porque era el mejor orgasmo de mi vida. Observando las manchas en el suelo, parecía que alguien hubiera abierto un brick de leche en mi cuarto y me sorprendió, porque jamás tuve una corrida tan abundante. El pene se quedó goteando semejante a una tubería rota y, cuando pude, me acerqué con pasos erráticos hacia la mesilla para buscar algún kleenex.

Pude limpiar todo aquel estropicio a duras penas, porque lo que me pedía el cuerpo y mi alma era morirme allí mismo.—¡ Qué bien me he quedado!— comentó Fernando en el otro cuarto, algo que contestó Paula con sólo una risita. Copié su risa y guardé la foto del móvil para otro momento, decidí volver a esconderme bajo la cama por si acaso a alguien le diera por entrar en mi cuarto. Con una sonrisa algo pícara, respondí al novio de mi hermana.

Yo también me he quedado muy a gusto, Fernando. El resto no merece la pena que lo detalle, porque pasé tirado debajo de la cama un rato que se me hizo eterno. Al menos, pude poner cobertura al móvil y estuve un buen tiempo mensajeándome con Sofía, pero poco más. Estos dos se fueron al sofá después de vaciarse y se vieron una película hasta que Fernando se largó cerca de las nueve. Ahora, ahí estaba yo, metido en mi cuarto y con las ganas de volver a casa de

una vez. No medité acerca de mi regreso y bajo la cama, me sentía el tipo más imbécil del mundo. Al final, tuve mi oportunidad, y cuando Paula se fue a la ducha, salí corriendo de mi escondite hasta dar un portazo a la entrada de casa. Suspiré aliviado, caminando con los calcetines por la casa hasta llegar a la estancia donde se encontraba mi hermana. Fui a golpear levemente la madera, pero me paré en el acto, pues algo

me vino a la memoria. Eran los gritos orgásmicos de la pareja, en especial, de Paula, que ahora, seguro se estaba limpiando el semen que todavía caía de ella. Paula Metí la cabeza levemente, escudriñando una figura que no se apreciaba bien con la mampara, ya he llegado. Ah, bien. Sonó un tanto alterada, normal, no me habría esperado tan de sopetón y justo en la ducha, justo has llegado un rato después de que saliera Fernando,¿ te lo has cruzado?¿

Qué va? No he visto a nadie.¿ Lo habéis pasado bien? Sabía de sobra la respuesta. Sí, estuvo bien, vimos una película y descansamos un poco en el sofá. Me alegro, qué pena que no me contase cómo le chupaba la polla. Si puedes, vete precalentando el horno y luego mete un par de pizzas, hoy me apetece comer un poco de comida basura. Vi una oportunidad única y no la desperdicié.¿ Necesitas energía o qué?¿ No será que has hecho un

poco de ejercicio? Bobo. Su leve risita era respuesta suficiente. Anda, tira para la cocina y déjame ducharme tranquila. Lo que usted diga. Salió al poco del baño con una toalla cubriendo su cuerpo y otra envolviendo el pelo mojado. Mis ojos se centraron en su silueta y en esas gotas calientes que todavía cruzaban su piel. Joder. Era una verdadera diosa.

No tenía dudas de ello. Sentado a la mesa, supe que debía tranquilizarme un poco, si no se me notaría en la cara las ganas que le tenía a mi hermanita. Lo que más increíble me parecía era que, después del terrible pajote que me hice en el cuarto con sus gemidos de fondo, todavía guardaba energía para más y mi pene era viva prueba de ello, puesto que se quería endurecer.

Durante la cena estuvimos hablando de todo y de nada, aunque no ayudó a calmarme que viniera con una camiseta de tirantes con la que se notaba que no portaba ningún sujetador. En la cocina, pude contenerme, pero cuando fuimos a ver la televisión en la sala, me era imposible. Notaba sus pezones sobre la tela y me amasaba la polla al amparo de una manta que elevaba mi calor

hasta cotas indescriptibles. Creo que Paula las notó o, directamente, vio mis indiscretas miradas, porque en dos ocasiones, alzó su escote para que se viera menos. Me estaba volviendo un enfermo, un verdadero desquiciado. Desde mi posición, era capaz de observar todo su cuerpo y eso, hacía que hasta la última parte de mi ser vibrase. Ella se había tumbado en la zona de la L, y yo, de cara a

la televisión, aunque con los ojos puestos en Paula. Podía sentir el calor de sus piernas desnudas, la manera en la que cabalgarían con pasión a Fernando hasta que la llenó por completo. Mi pene estaba duro y me lo amasé con ciertas ganas pese a que estuviera delante de ella. No puedo saber si sabía o no lo que estaba haciendo, pero de percatarse, seguro que la hubiera violentado, porque no

era ni medio normal. Subí por esa pequeña cintura y hasta alcanzar dos senos que se esparcían por su cuerpo con abundancia, donde dos pezones se notaban a través de la tela coronando el monte. Volví a apretármela con ímpetu, siendo muy consciente de que, si me imaginaba a Fernando comiéndoselas mientras le follaba, me correría en el calzoncillo. Una de sus manos estaba en su cabello moreno, haciéndose un tirabuzón mientras sus preciosos ojos azules prestaban atención al televisor.

La imagen clara de esa tarde cobró vida en mi cabeza, ya no era Fernando el que le pedía que abriera la boca, sino yo. Estaba de pie en mi cuarto, taladrándola la boca al tiempo que me miraba con ese azul tan intenso y le agarraba el pelo para traccionar como un animal. Ah. Salió de mi boca un gemido que apenas fue un suspiro,¿ pero qué? Paula escuchó.¿ Estás bien?

Giró un poco su cuerpo y el pecho cayó contra el otro uniéndolos en una obra de arte.« Sí», respondí con gesto contraído,« creo que... me ha dado un tirón».« Será de no hacer nada», bromeó mi hermana y estuve a punto de responder, que ella sí que había hecho ejercicio.« Será... me senté con las piernas doloridas». Creo que debido a la tensión y añadí, me parece que voy a ir a tumbarme en cama, tengo un poco de sueño. Descansa, pequeño.

Me di la vuelta antes de que me mirase para que no pudiera ver ese miembro erecto que era la culpable de hacer crecer. Obviamente, lo que me apetecía no era irme, sino acercarme, sacármela delante de ella y azotarla a la boca con una polla que pedía a gritos el calor de mi hermana. En el cuarto me senté delante del portátil, metiéndome de pleno en el Instagram de Paula para conocer un poco más de sus fotos. En una búsqueda rápida, encontré oro sin ir a buscarlo, porque

un montón de instantáneas me parecían súper golosas. Seleccioné unas cuantas en las que salía su bello rostro en primer plano, algunas con más escote del que le había visto en mi vida y otras con un pantalón tan prieto que pedía a gritos romperse. Había de todo, incluso me bajé unas de cuando fuimos a la playa y no sentí nada por verla en bikini, ahora, sí. Cuando llegué a la boda de nuestro primo Mario, donde ella fue con

un vestido maravilloso, me detuve con un alijo suficiente. No fueron más de 20 fotos las que copié y pegué en el ordenador para tenerlas para mi uso personal. Eran las que me parecieron más sensuales y, Por supuesto, entre ellas, también se encontraba la famosa foto de Paula apoyada en la barra que habían mandado los colegas al WhatsApp. Una vez las tuve todas bien colocadas, puse el modo presentación. Las fotos coparon toda la pantalla y comenzaron a transcurrir

en una hilera de instantáneas que quitaban el hipo. Parecían el bug de una modelo. Por supuesto, No creo que haga falta contar lo que hice con la vista fija en la pantalla, sin embargo, os lo resumo, un pajote de campeonato que me dejó agonizando en la silla. Me limpié con calma, sabedor de que nadie perturbaría mi paz y con la sonrisa de que Paula estaba en casa mientras orgasmitaba. Esa vez, se me quedó un regusto amargo, quizá por esa última pared moral que no se decidía

a caer del todo. Me imaginé que, en algún momento, se me pasaría el encoñamiento con Paula, porque dentro de poco llegaba el verano y el curso terminaría, por lo que tocaba volver al pueblo. Para el final del curso, yo ya estaba en un sinvivir. Era el mes de junio y Paula solamente se paseaba con ropa demasiado corta por casa, en ocasiones, incluso únicamente con braguitas que me dejaban sin respiración. No sé si podéis imaginaros lo que

era eso en época de exámenes. Me tenía que recluir dentro del cuarto igual que un monje, eso sí, con pajas a cada lección para calmar ese apetito sexual que me devoraba a cada rato. Me la cascaba sin parar, incluso dejándome llevar a la hora del orgasmo, si me pillaba, de maravilla y si no, me daba lo mismo. Para cuando acabamos los exámenes y las notas llegaron, me sentí relativamente aliviado, no porque el curso llegara a su fin, sino porque podría estar más tranquilo y salir a la

calle sin hacerme pajas cada poco. Ser un monje de clausura pajero había sido un verdadero infierno, además, con la tentación en la habitación de al lado. Por supuesto, Paula sacó unas notas increíbles y yo, pues, mamá, me felicitó por aprobar todas, aunque fuera más de una con un suficiente raspado. En cambio, papá solo me soltó una frase muy suya. A ver si mejoras el año que viene,

fabuloso para mi primer año en la universidad. Lo mejor de todo ese final fue que Paula se marchó dos días antes que yo al pueblo, tiempo que aproveché para follar con Sofía de manera desenfrenada. Lo hicimos en todas las estancias, incluso le pedí metérsela en la cama de mi hermana, aduciendo a que ella hizo lo mismo con Fernando. Claro, mi novia lo vio un poco raro, aunque dejó caer que todo sería un juego de hermanos y la puse a cuatro patas sobre la cama en la que escuché

como Paula le comía los huevos a Fernando. Antes de despedirnos hasta el curso siguiente, fui a casa de sus padres para conocerlos, porque nuestra relación se había afianzado y cada vez sentía que la quería más. Sus progenitores eran muy amables y tenía un hermano pequeño de lo más pillín que me recordaba a mí. Quince años tenía la criatura y una cara de pajero cubierta de granos que

no podía con ella. Para cuando nos despedimos de la familia en la puerta, tomamos rumbo a mi casa, que la verdad no quedaba muy lejos, solo a unos veinte minutos andando. El colofón final del curso ya me lo esperaba, pero todo fue una alegría cuando Sofía me ofreció su culo en bandeja para mí solito. Se lo penetré con la polla cubierta de lubricante y después de comérselo a conciencia igual que Fernando hizo con el coño de mi hermana. Fue un polvo muy rápido entre jadeos de tensión y placer.

Apenas duré, porque en mi mente navegaban muchas cosas, en especial, las pajas que me hacía pensando en Paula una y otra vez. Antes de acabar, me imaginé al hermano de Sofía, con esa cara de trasto que seguro empezaba a descubrir los secretos del sexo. Una pregunta asoló mi mente y quise que fuera realidad, aunque dudaba de que todos fueran

tan enfermos como yo. Se pajeará el cabrón mirando a su hermana como hago yo, aquello me provocó un morbo sin igual y, después de dos embestidas duras, escuché el gemido de Sofía. No sé si de dolor o de placer, sólo supe que yo me corrí en lo profundo de su ano.¿ Qué pasada? Joder. Grité de puro éxtasis sentado sobre mis piernas cansadas. Observé a mi novia, con su dulce cara aniñada, que ahora estaba enrojecida y somnolienta de placer.

Recordé que era virgen cuando iniciamos la relación y ahora, unos cuantos meses después, era una verdadera perra en la cama. El agujero de su culo que chorreaba semen era buena prueba de ello. Cuando se pudo levantar, Me acompañó con el paso algo errático a la estación de autobuses, donde nos despedimos con un bonito beso y un abrazo de verdadero amor. Nos amábamos de verdad, no como esas parejas que cambian cada dos por tres. Aunque en este caso,

yo portaba una pega y tenía nombre. Paula. El autobús arrancó y me despedí desde la ventana, junto a una sonrisa maléfica cuando vi que se daba la vuelta y se apretaba una nalga con ligera incomodidad. Culpa mía, pensé con picardía, aunque rápido se borró de mi mente Sofía, la universidad, incluso mi amigo Jaime. Ahora me esperaba el pueblo, el calor, la casa de mis padres y... Paula. Según iba en el autobús, ya supe cómo iba a ser el verano. porque dentro de mi cuerpo no quería estar

del todo con Paula. Sí, de cierta forma lo deseaba, pero, por otro lado, notar esa tensión sexual en el hogar de mis padres con ellos presente era una locura. Por lo que lo primero que hice fue sacar el móvil y avisar a unos de mis tíos si podría ir a pasar unos días a su casa. Ellos me contestaron que sí, que estarían en la costa mediterránea y habría una cama para mí en la habitación de mis primos.

Antes de llegar al pueblo, ya tuve un primer plan de dos semanas y, lo mejor sería, que mis primos me llevarían por ahí a desconectar. Ese principio de vacaciones fue un tanto rocambolesco, apenas paré en casa unos días, los justos para hacer acto de presencia y que mi madre no se quejase. Pero en cuanto me fue posible, escapé de la cercanía de Paula para poder meditar con tranquilidad y no estar pensando en ella 24 horas al día.

Estuve en la playa, emborrachándome con mis primos en un par de festivales, e incluso, volví a la ciudad para estar dos noches con Sofía en las que follamos como si volviera de la guerra. Sin embargo, el verano avanzaba y debía hacer algo, ya no por mi hermana, sino por mis propios padres, ya que debía estar tiempo con ellos después de no verles en casi todo el curso. Justo esa misma mañana que estaba en casa con Sofía,

recibí la llamada de mi querida progenitora. ¿Qué, David? No se te ocurre ni pasarte por casa para estar con tus padres, ¿no? No daba la sensación de estar enojada, pero tampoco bromeaba. Mamá, me separé de Sofía. que estaba en la cama tirada con el sexo tan penetrado como el culo, es que no sé, quería aprovechar el verano. Luego, cuando tenga que trabajar, se acabó la buena vida. Eso es lo que tú me dices, ¿verdad? Una cosa es la buena vida y otra, no ver a tu madre.

En ocasiones, creo que no metía a mi padre en la ecuación porque sabía que ella era mi preferida y mi padre, ese hombre que siempre me exigía demasiado. Ya, bueno, me acerqué a la ventana sin nada que me protegiera y vi una ciudad ardiendo por el sol. Si te hace feliz, volveré en cuanto pueda. Voy a mirar si tengo posibilidad de pillar unos billetes de autobús para esta tarde. Si me hace feliz. Hizo una especie de pedorreta que me sacó una sonrisa. No, hijo, no me hace nada

feliz que estés conmigo. Ironía de la buena. de la que gastaba ella después de casi un año fuera de casa, la verdad es que te echo muchísimo de menos.¿ Tú no me echas de menos o qué? Sí, claro. Era cierto, extrañaba bastante a mi madre. Siempre había sido mi soporte, mi amiga, mi protectora, mi todo, según cuelgue, miro lo de los billetes, te lo prometo. Una promesa es una promesa. Pareció que daba unos pasos y bajó el tono de voz para contarme una confidencia, por cierto, te quería comentar

otra cosa. Dispara. Es sobre. Paula. Ya sabes que, bueno, entre ella y yo, no hay esa confianza que tengo contigo. Eso era cierto, a Paula siempre le costó abrirse con mis padres, la cosa es que la veo más seria que de costumbre, no sé, un poco rara. ¿Rara? El que estaba raro era yo con mi pasión por mi hermana, pero... ¿Ella? Sí, no sabría decirte el motivo, pero la noto más ausente, apagada, no sé, cosas que sólo vemos las madres, no lo entenderías.¿ Por qué soy tonto o por qué no soy madre?

Una pequeña broma que siempre me gustaba lanzarla.¿ Por qué eres tonto? directa y al mentón, con una carcajada que seguro que estaba meciendo esas grandes tetas que portaban todas las féminas de su rama familiar. Ten madre para esto. Ella continuó riendo a carcajada limpia y aproveché para decirle lo que pretendía escuchar, pues no sé, hablaré con ella y ya te contaré, pero quizá sea por el curso, al final estudia mucho y quizá solo quiera desconectar. Puede ser.

Escuché el rumor de alguien, tal vez mi padre acechando, te dejo, David. Y míralo de los billetes. Hablamos, cielo. Después de un beso, le devolví el cariño. Miré el teléfono meditando sobre mi hermana y sin saber qué le podría ocurrir. La última vez que la había visto fue a comienzos de verano cuando entré en casa de mis padres, sin embargo, estaba igual que de costumbre. Igual me echa de menos, bromeé para mí mismo, porque eso era imposible.

La iba a llamar ese mismo día, no obstante, debía esperar, porque Sofía se movió un poco y quedó con las piernas abiertas enseñándome ese sexo depilado que tanto adoraba. Me arrodillé en la cama, soltando el móvil y pidiéndole a Paula que esperase un poco, antes debía comer ese coño. David Aulló al despertar con mi lengua dentro de su vagina, Dios mío. Sigue. Así me gusta que me despierten. Hubo suerte y encontré un billete de autobús que me llevaba

directo a mi pueblo. Aquello fue un flashback del inicio del verano, puesto que allí estaba mi querida novia diciéndome adiós. En esta ocasión, no regresó a su casa con el culo dolorido, pero sí con una buena ración de semen en su vagina después de correrse en tres ocasiones. Nada mal. Allí cogí el móvil, aprovechando que el vehículo iba bastante vacío y no había nadie a mi lado al que poder molestarle. Puse el teléfono de mi hermana en la pantalla, con esa foto tan bonita de perfil en la que

mostraba sus carnosos labios en forma de beso. Simplemente, increíbles.

Speaker 3

¿David? No esperaba mi llamada. Exacto,

Speaker 2

has acertado. No escuché ni una risita, por lo que no era el momento de bromas.¿ Qué necesitas? Un que quieres era más personal, eso sonó feo. Mi madre tenía razón, no estaba bien. Nada, en especial. Simplemente, te llamaba para ver qué tal estabas. Yo ahora estoy camino al pueblo, acabo de coger el bus.¡ Qué milagro! Ya te dignas a venir a la casa de papá y mamá. Si fue una broma, yo no la sentí como tal. Eso es, ya toca. Por lo que veo, me has echado mucho

de menos. Sí, un montón, sarcasmo del bueno, aunque no sabía cómo tomármelo, porque era claro que no estaba bien. te noto un pelín irascible. Meter a mamá en eso no era necesario, si no la tomaría como una chivata. Por el momento, estaba solo. Para nada, respuesta que me daba la razón.¿ Quieres algo? Estoy ocupada. Ya, bueno, seguro que no lo estaba, por lo que insistí un poco, ¿sabes? Siempre es bueno tener a alguien con quien hablar y cuando nos pasa algo, Lo de contarlo nos quita cierto peso.

No me pasa nada, me cortó con hastío. Seguro que no, pero solamente digo que estaría bien compartir esos momentos en los que estamos mal,¿ no te parece? No hubo respuesta, al final, si somos hermanos, no es sólo para llevar el mismo apellido, también para estar en los malos ratos. No. Esperé que me colgase. pero sólo hubo una pausa larga

Speaker 3

hasta que habló. He cortado con Fernando. ¿Qué? Mi corazón saltó

Speaker 2

dentro del pecho y creo que fue por culpa de la alegría. En mi mente un esbozo de su siguiente frase nacía con fuerza, ésta comentaba que lo había hecho por mí y que deseaba follarme hasta que se me cayera la polla. Lo que

Speaker 3

oyes. He dejado a Fernando. Y eso. No sabía nada. Oh, sí.¿ Estabais mal? Estaba alucinando porque era lo último que me esperaba. No. Es que... Es un hijo de puta. Duras palabras que me golpearon el oído. Dame algún

Speaker 2

detalle más, Pau. Quería que se abriera y me contase todo. Nada. pues su garganta se endureció, pero consiguió continuar a comienzos del verano, se fue de festival. No voy a aburrirte, el caso es que allí se lío con una alemana. Fueron unos besos, no hubo más, pero me engañó.¿ Qué me estás contando? Estaba alucinando, no porque Fernando hubiera caído en las manos de la infidelidad, sino porque el muy

estúpido había engañado a semejante obra de arte. Podría ser todo lo majo que quisiera, pero estaba claro que era tonto o tenía alguna deficiencia mental. Lo que oyes.

Speaker 3

Cómo te has enterado? Necesitaba

Speaker 2

más detalles, por mí y por contárselo a mi madre. Por él mismo. Vino aquí después de besarse con la tía esa, me imploró perdón luego de confesarlo todo, pero no, una vez que engañas, es complicado no volver a hacerlo. Para mí, nuestra relación ha muerto. No creía que eso fuera así, es más, suponía que el chaval estaba verdaderamente arrepentido y todo fue fruto de alguna alcoholizada, nada más. Fernando amaba a mi hermana, eso estaba claro, como también

le encantaba que le comiera los huevos.¡ Qué cabrón! Lo siento, no iba a ayudarle, porque Paula soltera no era mala idea como se le ocurre engañar a alguien. Eso es lo peor. Ya ves, no te puedes fiar de nadie. Bueno, si de tu hermano pequeño, en esta ocasión, sí que le saqué una leve carcajada. De ti el que menos. Una broma que me gustó, pues así ha acabado la cosa. He estado jodidilla estos días, pero, bueno, todo se pasa. No quiero volver a verle, es pensar en él y

se me revuelve la tripa. Incluso le he borrado del móvil. Haces bien, cuanto más lejos, mejor. Estaba siendo un cabrón, pero, es lo que hay, ahora ya le voy a decir a mi amigo Jaime que tiene vía libre. Esperamos un poco a que pases el luto o le das ya una cita. Bobo. Apenas fue un suspiro que me recordó a sus jadeos follando, entonces,¿ vienes hoy? Sí, llegaré en un rato largo. Nos vemos, hermanita querida. Arriba

Speaker 3

ese ánimo, ¿vale? Lo intentaré. Besos, pequeño

Speaker 2

Escuché como sus labios carnosos me lo enviaban a través del teléfono y mi pene se activó después de un tiempo sin pensar en ella. Suspiré para la soledad que me rodeaba en el autobús y con la cabeza apoyada en la ventana, solo dejé la mente en blanco y comencé a reírme. Una vez en la casa familiar, saludé a mis padres, permitiendo que mi madre me devorase a besos y me espachurrase las tetazas familiares contra mi cuerpo. Mi hermana estuvo algo fría y lo dejé pasar, porque

ya que estaba allí, pensaba aprovechar cada momento. Los siguientes días hice lo de siempre, quedar con mis amigos, ir a la piscina y empezar a preparar la peña para las fiestas, que comenzaban en breve. La verdad era que me lo pasaba de maravilla y estar con la gente de toda la vida me traía a la mejor de la infancia. Con Paula, pues, la dejé un poco apartada, ya que al estar todo el rato haciendo cosas y sin verla de continuo como en casa, mi pasión por

ella estaba dominada. Sin embargo, al cuarto día, decidí ir a la piscina con el grupo de amigos y allí, encontré a mi hermana con las chicas con las que convivió en el pueblo durante casi toda su vida. Nos pusimos algo alejados, porque a los del pueblo no les interesaba mi hermana, no como a los salidos de la universidad que no paraban de hablar de ella. Aunque era normal, todos nos habíamos criado juntos y ya la tenían muy vista.

La saludé desde la lejanía, observándola en el agua con medio cuerpo fuera y apoyada en el lateral, rodeada de sus amigas. En ese momento, sufrí un shock, como si todo el tiempo alejado de ella no hubiera servido para nada. Fue igual a un detonante, la presa que contenía mi pasión por ella se había roto y de vuelta estaba con esas ganas irrefrenables de poseerla. Me largo al agua, anuncié a mis amigos y sin poner la toalla sobre la hierba, me zambullí en ese líquido templado para serenarme

un poco. Hice unos largos, buceé hasta quedarme sin aliento y traté de pasar de esa chica tan guapa que se había sentado en el lateral de la piscina remojándose los pies. Tuve que pararme un instante debido a que no podía más, jadeaba del esfuerzo y mi pene no había bajado ni un ápice su erección, porque Paula volvía a infestar mi mente. Allí estaba ella, sentada al sol, con las gafas de sol en la cabeza y solo

a cinco metros de distancia. Me metí dentro del agua, gritando mi lujuria y sacando miles de burbujas que explotaron en la superficie. El único pensamiento que nadó por mi cerebro fue el mismo de siempre, mi hermana era una diosa. Broté de nuevo a la superficie, quedándome de manera furtiva con los ojos y la nariz fuera del agua para poder respirar. Mi atención se centró en ella, en su piel bronceada y, en especial, en ese bikini negro que

se anudaba a los lados. Todo el mundo me podía ver, sin embargo, nadie era consciente de que mis ojos admiraban de forma lujuriosa a mi hermana. Se levantó de lateral, colocándose de pie y ladeando su cabeza para escurrir las puntas de su cabello mojado. La inercia le hizo inclinarse un poco, apareciendo ante mis incestuosos ojos, unos pechos enormes

que conformaban una visión celestial. Era preciosa, perfecta, la mujer más bella de la creación, pero es que ese par de senos eran la cúspide de un cuerpo que no daba la sensación de ser mortal. Me quedé sin aliento, deteniendo el tiempo y observando, a cada fracción de segundo, ese busto que me volvía loco. No eran unos senos normales, era como si no pegasen con su cuerpo delgado y

casi estuvieran desproporcionados. Se trataban de dos montes grandes, firmes, duros, calientes y pesados, el sumum de cualquier hombre que ame a las mujeres. Está mal que lo diga yo, porque pensaréis que no soy objetivo, pero eso sólo tenía un nombre. Tetas, las únicas e irrepetibles, tetas. El ansia me pudo, Me devoró por dentro y tuve que salir fuera del agua con un bañador empapado y pegado a mi piel, donde se notaba la erección. Corrí hasta los vestuarios, introduciéndome en

uno individual como si quisiera defecar lo más grande. No estoy muy orgulloso de lo que hice en ese momento, porque no estaba en mí, pero no era capaz de controlar mi instinto más primario. Con la imagen de esos pechos perfectos en mi mente, Me la sacudí en silencio hasta que todo mi cuerpo se tensionó con violencia y escupí el semen al retrete. Con un aire más calmado y unos huevos que se enfriaban, pude regresar con mis amigos.

Speaker 3

Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.

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