CEDIENDO A LA CALENTURA - PARTE 8 (Relato Erótico) - podcast episode cover

CEDIENDO A LA CALENTURA - PARTE 8 (Relato Erótico)

Oct 21, 202528 min
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Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes Hoy presentamos Cediendo a la calentura, parte 8 Llegaron a casa mientras el sol todavía pegaba con fuerza y Carmen decidió que era momento de combatirlo de la mejor manera que conocía. Preparó dos cócteles y llamó a su hermana para que se pusiera un bikini, era hora de ponerse morenas. Ambas se tumbaron en las hamacas que había en el jardín, reposando

con tranquilidad mientras sostenían sendas copas. Carmen miró a su hermana tras sus gafas de sol, ella se giró notando los ojos de ésta y tras ambas lentes sus ojos azules conectaron. Tengo que confesarte una cosa, Mari ni preguntó qué era, de la misma forma que estamos ahora, fue cuando Sergio me ayudó tanto. Me alegro, Carmen. Me alegro tanto de haber criado a un niño que haya conseguido ayudarte.

En parte, siento envidia. No envidia insana, pero me gustaría tener esa complicidad que tienes con él, más que familia para seis amigos. Ambas miraron como el sol las deslumbraba desde lo alto. En unos minutos de silencio, Mari primero y Carmen después comenzaron a bajar el líquido de sus copas. Debido a la suma de alcohol en su cuerpo y el calor que el astro rey provocaba en ellas, Carmen se vio alentada, con ganas de hablar con su hermana

de algo mucho más íntimo.¿ Sabes qué me contó? La madre de Sergio hizo un ruido mientras sorbía líquido para que siguiera, es algo picante, no sé si querrás oírlo, es sobre tu hijo al fin y al cabo. Ella movió los hombros. No le importaba o quizá el alcohol había hecho que no le importase, además de hablarme de su relación con Marta, me contó, es curioso la verdad, me hizo mucha gracia. Su ex le dijo que después de él, lo demás, señalándose su entrepierna, pues eso, le

sentaría a... Poco. Carmen recordó la noche anterior, con unas imágenes muy vividas. La sensación que le abrumó al notar dentro a su sobrino volvió a su cuerpo. Tenía muy buenas pistas de lo que la muchacha echaría de menos. Antes de que su hermana contestara, recordó el mensaje que le llegó al móvil y sintió su cuerpo vibrar.¿ Por qué lo dices? No comprendo. Mari, cariño, le hizo gestos señalándose de nuevo su entrepierna para que su hermana se enterase,

la herramienta. Mari notó que se ruborizaba al momento, el rostro se le coloró al escuchar hablar sobre la anatomía de Sergio. No se esperaba que Carmen le fuera a hablar de eso. Jamás había hablado con su hijo sobre su sexualidad, solo con su hija, ese era tema de Dani. Sin embargo, al escuchar sobre el p, p, pene de su hijo, un recuerdo muy nítido le volvió a la mente. La verdad, prosiguió Carmen al tiempo que su hermana navegando por sus recuerdos, si no llega a ser mi sobrino

me entraría curiosidad. Ladeó la cabeza sintiendo que ya estaba algo borracha y la lengua se le soltó, bueno, no te voy a engañar, me entra curiosidad, sería una tontería mentir a mi hermana. No de la sexual por supuesto, pero, Jopé, incluso le preguntaría. No lo entiendo, algo perdida tras abandonar

su mente, todavía le rondaba esa imagen que había recordado. Querida, por saber si es verdad o no, no sé, es como comprobar si un cotilleo en el pueblo es cierto o no. Quizá en verdad se estaba paboneando delante de su tía, quién sabe. Carmen sabía de sobra que Sergio no la mentía. Y si te dijera que lo que dice, la voz de Mari sonaba distante, como si no hubiera querido decir lo que dijo, como si tratara de impedirlo. pero sus labios siguieron hablando, muy a su pesar, es verdad. ¿Cómo?

Carmen se sentó en la tumbona sorprendida por lo que escondían las palabras de su hermana,¿ cómo sabes eso? Estaba alucinando. Aunque lo que más la desconcertaba era la leve excitación que había comenzado a surgir en su interior, se la haz. Corrigió,¿ le has visto algo? Toda la atención de Carmen recaía sobre su hermana. tanto que apenas parpadeaba mientras la veía

absorber un poco de su copa. Su mente se preguntaba por qué sabía cómo la tenía Sergio, mientras otra parte de su cabeza recorvada ese mensaje tan explícito en su móvil. El calor comenzaba a subir por su cuerpo anegando cada poro de su piel. En cambio, Mari no sabía si contar la imagen que reproducía con nitidez en su mente era buena idea. No había sido nada en realidad, un incidente aislado, pero el cual le llevó a sentirse culpable

sin un motivo aparente. Quizá por las copas, el calor o por la grata compañía, se sentía tan bien, tan cómoda, que directamente sin mediar otras palabras, decidió contarle aquel incidente de dos años atrás. Esto que te voy a contar es secreto, puede que te parezca una chorrada, pero para mí no lo es. Mari no miraba a su hermana, sino al final del jardín. Dejando los ojos fijos en un punto al azar, no me gustaría volver a tocar el tema una vez lo acabemos. De verdad, me sentí

terriblemente culpable.¿ Me lo prometes? Por supuesto, cielo, eres mi hermana, te lo juro, Carmen habló con sinceridad estaba nerviosa por oír lo que estaba a punto de salir de los labios de su hermana pequeña. Fue una tarde cualquiera, no había nada en especial, ni recuerdo qué día de la semana era. Vamos, que era un día como otro cualquiera. Había ido a comprar, Sergio había llegado un poco antes de que saliera, supongo que vendría del instituto o de

la universidad, no me acuerdo. Fui a salir al supermercado y me despedí de él, pero resultó que la compra fue muy rápida, todo lo tenía a mano y no tuve que esperar colas. Mari dio otro trago. A Carmen le parecía que aquella pausa le daba emoción al relato, cierta tensión. o en verdad a su hermana se le secaba la garganta al hablar de ello, creo que en quince minutos estaba de vuelta. La tía de Sergio escuchaba

sentada en su hamaca con paciencia. Esperaba una historia de lo más normal, con alguna situación extraña, pero lo que su mente le pedía era mucho más picante. Las imágenes de la herramienta de su sobrino viajaban por delante de sus ojos sin parar, queriendo, deseando que Mari contara el final de aquella historia. Abrí la puerta y anuncié que había llegado, siempre lo hago. La puerta de Sergio estaba entornada,

había estado esos 15 minutos solo en casa. Fui a avisarle de que estaba allí, mientras mi mente pensaba en mil cosas, en si me faltaba algo, en si debería haber comprado tal cosa, puse la mano en la puerta y la abrí sin pensar. Si no hubiera estado a mil cosas, al ver la puerta arrimada sabría que estaba pasando dentro. Me puedo imaginar, la cortó Carmen sin poder evitar que un cosquilleo comenzara a invadir su entrepierna. Mari le hizo un gesto para que la dejase terminar y ella cayó.

Mi hijo estaba allí, sentado, algo ladeado delante del ordenador. Tenía los cascos puestos, era normal que no escuchase cuando entré por la puerta. Le había visto muchas veces así, pero jugando algún juego o simplemente escuchando música. Sin embargo, esa no era una de esas veces, en la pantalla. Dios lo recuerdo como si fuera ayer. En la pantalla una mujer estaba encima de otro hombre, sin dar detalles,

estaba viendo porno. Podría ser eso lo curioso, pero no. La garganta se le secaba a cada palabra, otro sorbo de su copa le humedeció, me quede de piedra, no me esperaba nada de eso, yo estaba pensando en mis cosas. Supe de inmediato que no debía estar dentro de la habitación y cuando bajé un poco la mirada, lo vi.¿ Qué pasó? Di un paso atrás en silencio, arrimé la puerta dejándola como estaba y di un portazo en la entrada simulando que había llegado. Después, grité bien alto que

estaba en casa. Pero bueno, Mari, no pasa nada, se la viste y ya, no hay más drama. Yo he visto a mis hijas totalmente desnudas, sé que no es lo mismo, al final Sergio es un chico, pero... La cosa es la siguiente y es por lo que en verdad me sentí mal. Miró a su hermana tras sus gafas de sol, Estala devolvía la mirada con mucha atención, no quiero que me juzgues, si te lo cuento es porque confió en ti. Cuando la vi, pude quitar la mirada, pero no lo hizo. La seguí mirando hasta que salí

de la habitación. Fueron unos pocos segundos, un instante nada más, pero pasó, no dejé de mirarla. Negó con la cabeza sin entenderse ni ella misma, no tengo idea de por qué, pero me, me, me, hipnotizó, no sé, me sentí fatal, creo que fue el propio shock del momento.¿ Sergio lo sabe? Preguntó más que curiosa su hermana.¿ Qué va? Pensé en contárselo, así quizá me sentiría mejor, pero no me atreví, creo que tampoco serviría de nada. Normal, es una situación, curiosa,

aunque pienso que también de lo más normal. Vivir con adolescentes es lo que tiene. No le des vueltas, desde mi punto de vista, lo que viste era algo curioso y esa curiosidad te pudo, si me pasase a mí, actuaría igual estoy segura. Ambas tomaron un sorbo de sus copas terminándolas. Carmen volvió a tumbarse al sol, pensando qué haría ella si viera a su sobrino así, aunque lo tenía claro. Con esa imagen en mente, tocó su móvil, ardiente de ganas por volver a abrir lo que Sergio

le había enviado. Sin embargo, lo importante era su hermana, tenía que quitarle ese mal sabor de boca y escarbando en su pasado encontró algo que podría sacarla una sonrisa.¿ Te acuerdas de Tomasín? Preguntó Carmen. No hasta ahora, y viendo de lo que hemos hablado, ya sé por qué me lo preguntas. Un gesto de vergüenza apareció en su rostro, madre de Dios, aquello parecía la de un caballo, ambas rieron ante el comentario.¿ Te acuerdas de que sentíamos curiosidad,

por cómo sería tener, tener eso? Ya, aunque era demasiado feo, siempre nos echó para atrás. La gran mayoría lo era, había muy poco nivel de belleza en el pueblo. Pues sí, para que nos vamos a engañar, nosotras teníamos más glamour, incorporo un tono más repipi a esa última palabra. Tratando que sonara francesada sabía que haría reír a su hermana.

Tienes toda la razón del mundo. No es por ser engreída, pero pienso que papá tenía razón, este pueblo se nos quedaba pequeño, estábamos hechas para descubrir mundo.¿ Quién sabe, Carmen?¿ Quién sabe? Oye, cariño, vamos a cerrar el tema de tu malestar, Carmen miró con decisión a su hermana, levantando sus gafas y clavándole la mirada, Sergio Otomacín. ¿Cuál? Carmen. Sonó casi a un grito y después las risas la abordaron.

Estaba algo borracha debido a los vinos y a la copa, no pienso comparar eso, trató de parecer indignada, pero la sinceridad y curiosidad de su hermana la habían hecho enrojecerse y no parar de sonreír. Vamos, venga, tengo curiosidad, díselo a tu hermana mayor.¿ Qué no? No te voy a decir eso. Carmen se levantó de la tumbona y puso sus manos en el abdomen de su hermana antes de

que ésta pudiera reaccionar. Cuando los dedos de ésta presionaron encima de la cadera de Mari, la mujer supo al instante que no tenía escapatoria.¿

Speaker 3

Seguro que no me lo dirás? No, no, no. Carmen. Gritó Mari.

Speaker 2

Era demasiado tarde, los dedos de su hermana se clavaban sin parar en su piel haciéndola unas cosquillas imposibles de detener. Mari intentó escapar, pensó en correr por el jardín, pero sólo consiguió caer de la tumbona a la caliente hierba. La tortura no se detenía y las risas eran incontrolables. Una y otra vez Carmen le exigía que se lo dijera, pero Mari se negaba, a las dos les estaba encantado

volver a jugar como cuando eran jóvenes. Mari tuvo que rendirse al final, rogó a su hermana que parase, aduciendo que si seguía se iba a mear encima, muy cierto, pero Carmen no pararía sin conseguir su recompensa. No tuvo más remedio, antes de mearse el bikini

Speaker 3

la mujer morena gritó. Sergio. Sergio. Sergio.

Speaker 2

Carmen se detuvo con la respiración acelerada viendo como su hermana aún reía en el suelo de su jardín. Lo sabía. La familia dejando el pabellón bien alto. Te odio, dijo su hermana mirándola desde el suelo sin poder parar de sonreír. Carmen la tendió la mano y la puso en pie en un momento para después darle un abrazo de lo más espontáneo y añadirla. Te quiero. Ambas se sonrieron como

hacía años que no lo hacían. Recordando épocas más sencillas, sin preocupaciones, sin problemas, sin nada, solo ellas, debajo de una sábana y su habitación, no les hacía falta nada más. Mari miró a los ojos de su hermana y contestó de corazón. y yo. Ambas se agarraron de la mano y corrieron como locas a la piscina, olvidando que estaban

más cerca de los 50 que de los 40. Sus piernas se movieron veloces hasta el agua, como un breve viaje al pasado, un vistazo en el tiempo, volvían a ser jóvenes, ellas contra el mundo. En vez de una piscina, saltaban al río, rodeadas de sus amigos de la infancia, todo era perfecto, maravilloso. El agua con cloro de la piscina les recordó su edad y le retornó de su viaje mental, pero no

consiguió borrarlas la sonrisa. Las bromas dentro de la piscina parecían durar eternamente, solo volvieron a las hamacas al sentirse realmente arrugadas debido al agua. Hacia tanto que no se reían de esa manera, tenerse cerca las hacía tan felices, lo más curioso es que cada vez que notaban esa felicidad por estar juntas, peor se sentían por tener que separarse. Te deberías preparar, que ya son más de las cinco

y has quedado con Pili a las siete. Tienes razón, aunque no sabes qué pereza me está entrando en el cuerpo, estoy también al sol. Me lo imagino. Pero mañana puedes volver a disfrutarlo, ahora es mejor que vayas con ella. Incluso si vas antes, puedes mirar algo en su tienda, la verdad que siempre trae ropa muy bonita. Suelo pasarme por allí al menos dos veces al mes. ¿Oye, y Sergio?

Speaker 3

Le preguntó Mari. Se había olvidado por completo de su hijo. Ni idea, le digo que se acerque.

Speaker 2

No, no tranquila, que disfrute. Seguro que se lo pasa mejor con sus amigos. A Carmen le asaltó un recuerdo muy vivido de cierta noche y se dijo pienso que no del todo. Bueno le mando igualmente, así sabemos si sigue vivo. Lo primero que vio al coger el móvil y abrir el WhatsApp fue la foto que su sobrino le había enviado hacia unas horas. Volvió a sentir una corriente eléctrica que le alteró todo su cuerpo, la lujuria y el pecado la comenzaban a consumir y con dedos

ágiles le escribió. Ven a casa. Tu madre ha quedado a las 7 con una amiga. Bo contestó en menos de 30 segundos. Dejando el móvil de nuevo debajo de la hamaca donde los rayos del sol no pudieran alcanzarlo, Carmen se giró hacia su hermana. Dice que ya estaba justo para venir, que no tardará en llegar. Perfecto. Voy a cambiarme poco a poco,¿ me acompañas? Su hermana asintió y las dos entraron en casa. Subieron y Mari aprovechó para ducharse en

el baño de la habitación de Carmen. Donde esa misma mañana, su hijo metía mano a su hermana mientras ella, sin saber nada, hablaba tranquilamente al otro lado de la puerta. Mientras tanto, Sergio se excusó con su amigo, quería volver a casa lo antes posible, sabía que tendría lo que tanto deseaba. Tuvo que mentir diciendo que se encontraba mal. Un dolor de tripa por haber comido algo en mal estado fue lo primero que le vino a la cabeza y lo más convincente. Su amigo Héctor, sin ninguna pega,

le llevó dirección a casa de su tía. Mientras iba en el asiento del copiloto, la euforia por lo que tanto anhelaba le comenzaba a pasar factura bajo sus pantalones. No podía parar de pensar en lo que iba a suceder, la imagen de su tía le volvía loco. En casa, se encontró con que ninguna de las dos mujeres estaba en la sala. Tampoco en el jardín, preguntó si había alguien y la voz de su tía se escuchó desde

el piso de arriba, llamándole para que subiera. Sergio entró a la habitación cerca de las seis de la tarde y vio a su tía sentada en la misma cama donde la noche anterior ambos habían gozado. Todavía tenía las imágenes muy recientes y las tendría por mucho tiempo, aquello no se le podía olvidar ni aunque lo intentase con todas sus fuerzas. La impaciencia surgió cuando vio que su madre se admiraba en los grandes espejos de la habitación.

Esperaba que ya se hubiera marchado. Sin embargo, recapacitó rápido, solo sería una corta espera para estar a solas, podía soportarlo.¿ Qué te parece, cariño? Le preguntó esta dando una vuelta entera mostrando su nueva vestimenta. Llevaba una falda larga blanca y una camisa azul marino con un bolso a juego. Carmen se había tomado la molestia de peinarla y su cabellera morena caía hasta sus hombros con tirabuzones en las puntas.— Estás guapísima, mamá, le dijo con un tono normal, casi

sonando a formalismo, aunque estaba preciosa.— Gracias, cielo. La falda me la compró ayer tu tía y la camisa es suya, o sea que llevo su estilo. Es muy bonita, se acercó donde su tía y le dio dos besos improvisados para saludarla. Carmen se sorprendió y contuvo un gesto de gusto por notar sus labios antes de tiempo. Se acercó a su madre y desde un lateral le dio un único beso, pero más largo, has quedado o estáis jugando a las modelos. He quedado, pero con una amiga de

la infancia. Nada, un rato y vuelvo. Estate cuanto quieras, mujer, le dijo Carmen levantándose y acercándose a ellos, nosotros veremos algo en la tele y quizá obligue a tu hijo a hacerme la cena, nada interesante. Carmen al lado de su sobrino, casi podía sentir su cuerpo, su calor, su sexo entrando con pasión en ella haciendo que rozara el paraíso. Agitó la cabeza, todavía era demasiado pronto, el tiempo jugaba a su favor, en unos instantes Mari se marcharía y

Sergio sería suyo.¿ Por qué no te acercas, Sergio? Así no pides taxi ni nada, no podía evitar comerse con la mirada a su sobrino. Ah, pues me parece una buena idea,¿ te importa? Dijo mirándole con cara de gatito herido y sabiendo que aceptaría, añadió, luego me vuelvo en taxi o que me traiga Pili.

Speaker 3

No tengo problema. Vale, mamá, como quieras. Me pinto y vamos

Speaker 2

¿bien? Sergio asintió y ella se introdujo en el baño para maquillarse. El joven no perdió el tiempo, girándose velozmente donde su tía casi sin tomar precauciones de que su madre le viera. La mujer le sonrió de forma pícara, casi malvada. Si iba en taxi, más tiempo, susurró Sergio. Antes que nada, está tu madre, hay tiempo. Carmen se percató que su hermana no les podía ver. Por lo que se acercó al cuello de su sobrino, se alzó de puntillas para conseguir elevarse lo máximo posible y posando

los labios en el oído de éste le susurró. Quiero ver la foto, en vivo. La mano de ésta subió por la pierna del joven, comenzando a hacer contacto de manera delicada en la punta de su entrepierna que saltaba alegre. Mari, metida en el baño, era imposible que les viera, sin embargo estaba tan cerca. Estoy demasiado contento. Agarró el pene del joven con fuerza, la justa para que no rebasase el límite del dolor y mientras su hermana seguía maquillándose

pacientemente a escasos metros volvió a decirle. Y yo, su voz ardía a milímetros. Sergio suspiró y vio cómo su tía se alejaba soltando su sexo. Voy a pedir unas pizzas que se me han antojado, dijo a un volumen normal, Mari,¿ la tuya?

Speaker 3

Carbonara, por favor, me encanta. Hecho.

Speaker 2

Sergio alguna en particular. Él con los labios se le ocurrió decirla a ti, una clásica, puede que sea de tu gusto.¿ Se pasó las manos desde su cintura hasta sus pechos de la forma más sensual que conocía para terminar de añadir, con carne? Perfecto. Carmen le guiñó el ojo y Sergio se quedó en la habitación mientras con una mano se adecuaba a su miembro. Con cierta destreza aquel miembro juguetón había sacado su cabeza por el calzoncillo

para respirar, de no ser por el pantalón incluso podría saludar. Hijo. Le sobresaltó la voz de su madre que le hizo dar un pequeño

Speaker 3

brinco, uy, perdón.¿ Nos vamos?

Speaker 2

Sí, sí, claro. Ambos se metieron en el coche y a Sergio, en casi todo el trayecto no se le bajó la hinchazón de sus partes más secretas, era imposible quitarse de la cabeza a su tía. El guiño y el movimiento sensual tocándose su cuerpo hicieron que pensara soy una tetera hirviendo. Condujeron un rato en silencio. El joven no paraba de pensar en su tía y en la maravillosa vuelta a casa, mientras su madre jugueteaba con sus pinturas dándose los últimos retoques y abriendo el móvil de

vez en cuando.¿ Qué tal te lo estás pasando? Le dijo su madre sacándole de sus pensamientos. Muy bien, mejor de lo que me imaginaba, esperaba que en unos diez minutos la cosa mejorase aún más.¿ Tú qué tal te sientes? Mari no entendió la pregunta, digo si estás mejor que en casa, menos estrés, menos broncas. Queda mal que lo diga, pero necesitaba salir de casa. Sergio ya había llegado cerca de la tienda de Pili y comenzó a aparcar, puede

que sea un poco egoísta, necesitaba desconectar. No lo eres, tienes más carga que nadie, no somos fáciles y mi hermana está en una edad, su madre sonrió ante el comentario y miró a los ojos a su hijo. Su mirada cada vez brillaba más, no tiene que ser fácil lo que haces, siempre te he admirado por ello. Muchas gracias, cariño, es verdad lo que dice tu tía, Sergio arqueó la ceja, sabes,

animar a la gente. Me alegro de que sonrías como lo haces con Carmen, apenas te veo así en casa, por cierto, tampoco te veo así por allí, refiriéndose a su ropa, estás muy guapa. Realmente lo estaba, jamás se hubiera imaginado ver de esa guisa a su madre. Sergio, un poco avergonzada por el comentario del joven, calla anda. Es esa tienda, ¿verdad? Ella sintió todavía algo colorada y colocándose el pelo sin necesitarlo, pues que te lo pases

muy bien, mamá, te espera una pizza para cenar. No tardaré mucho, luego nos vemos, la verdad que tengo muchas ganas de estar con Pili. Pues disfruta, que igual no la ves en otro año. Tienes razón, con mucha voluntad y contra su yo del pasado, Mari se acercó a su hijo y estirando el cuello, le dio un beso dejándole marcados sus labios cerca del límite fraternal. Añadió, te quiero mucho, lo sabes. Claro que lo sé, y yo

a ti, mamá. Te prometo una cosa. Cogió la mano de su progenitora, sin recordar la última vez que lo había hecho y le dijo, voy a intentar que siempre estés así, ya sea en casa, aquí o en la India,¿ te parece bien? María sintió, algo le conmovió por dentro, tuvo que apretar los labios para guardar sus sentimientos. Le dijo que le avisaría cuando volviera y sin meditar su vergüenza, abrazó a su hijo tan fuerte como pudo, para después

salir rápidamente del coche mientras se despedían. Por un pelo no se le escapa una lágrima, que sentimental estoy se dijo. Pensando en todo lo que había crecido su hijo y además, en lo bien que lo había hecho miró por última vez al coche. Su hijo se despedía con una sonrisa y un ligero movimiento de manos, Mary le copió. Con unos cuantos pasos más, entró en la tienda para disfrutar de una agradable tarde con su amiga de la infancia. Hasta aquí llegó el capítulo

Speaker 3

de hoy. Hasta la próxima.

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