CEDIENDO A LA CALENTURA - PARTE 5 (Relato Erótico) - podcast episode cover

CEDIENDO A LA CALENTURA - PARTE 5 (Relato Erótico)

Oct 16, 202532 min
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Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes Hoy presentamos Cediendo a la calentura,

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parte 5

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Después de salir de la piscina y tumbarse un largo rato sin conversar, el astro rey comenzó a esconderse en el horizonte. Entraron cuando un viento frío se comenzó a levantar. Aprovecharon para refrescarse en la ducha y ponerse ropa de estar por casa logrando así mayor comodidad. Coincidieron al mismo tiempo en la cocina, sin decirse nada, como si sus

mentes les hubieran mandado una señal para acudir. Se sentó cada uno en una silla y comenzaron a devorar la cena que Sol con tanto mimo les había dejado preparada. Tanto Sol por la tarde les había dejado exhaustos. Sergio bajó con un pantalón corto y una camiseta de deporte, algo ligero la verdad, aunque Carmen, conocedora de su casa, se había anticipado al clima y puso la calefacción para

calentar la casa. Ya no había ninguna ventana abierta que ventilase las habitaciones, todas estaban cerradas, aislando a ambos dentro de aquellos metros cuadrados. En la cena, el joven al ver que su tía bajaba con una vestimenta muy similar al día anterior, trató de contener sus impulsos primarios. No quería volver a observar el pequeño escote que tanto le gritaba para captar su atención o mejor dicho, no quería

mirar por si era casado. Ignoraba el motivo, pero veía a su tía más guapa a cada minuto, incluso más sexy. Con cualquier ropa se ve espléndida. Si fuera con mi pijama como muchas veces hace mi madre, también lo estaría. Al terminar, Carmen se acercó a la mesa del salón y con un mando encendió la televisión y con otro, prendió la chimenea que se encontraba a la izquierda de estos. No hubo ningún comentario, la noche estaba tornándose fría, bastante

fría para ser verano. Más que por el calor, el fuego de la chimenea le servía como lámpara apagando todas las demás luces y quedándose solamente con el frío resplandor del televisor y el ardiente del fuego. A Sergio aquel sofá, aquel fuego, la poca luz, todo le evocaba escenas de películas para adultos. Toda la suma de aquellos factores le equivalía a una única cosa sexo, o eso se imaginaba

el joven. tranquilízate, eso no va a pasar, tienes que masturbarte y punto, estás demasiado alterado repetía casi como un mantre sentándose al lado de la mujer. Mañana viene tu madre,¿ en serio no te importa quedarte un tiempo aquí solo? Dijo Carmen comenzado

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la charla. Claro, no hay problema. Tía, tengo algo que pedirte. Me

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da vergüenza e igual te suena raro. Carmen atendía a las palabras del joven esperando que esa petición fuera extremadamente rara, mientras este mi madre aquí y si ella se quiere ir antes, si sigues tú sola, Sergio divagaba. No comprendía por qué le era tan difícil que sus palabras fluyeran era una petición normal. Sin embargo, en el fondo, sabía muy bien qué era lo que le pasaba, me gustaría

quedarme aquí pasando las vacaciones. Si no es mucha molestia, ya sabes, hasta que llegue el tío, luego me iría a la casa de la abuela. Ya tardabas en elegir lo obvio, su voz no sonaba más fuerte que un susurro, similar a una confidencia, me vas a hacer muchísima compañía, mi vida. Bueno, cogió un cojín o colocó en las piernas de Sergio y reposó allí su cabeza con total tranquilidad.

Tiró las zapatillas y se tumbó completamente en el sofá, he estado pensando, y quizás sea buena idea escribir,¿ de qué puede ir mi libro, de mi vida? Puede ser, toda vida es única e interesante. La cabeza de su tía apoyada en sus muslos le parecía irreal, era una postura inadecuada del todo. No, me refiero sólo a esta última parte, incluso quizá desde que nos montamos en el coche.

Allí te cuento mi vida, luego nos divertimos, yo cambio de parecer y tú pasas días conmigo, haciéndome ver la realidad. Sería algo casi autobiográfico. En verdad, he dado un cambio sustancial en tan pocos días.¿ Y a partir de ahí? Preguntó el joven con ganas de saber. Oye, no puedo ser la única que piensa aquí. pero si es tu libro, yo solo soy un lector, si te ayudo, tienes que ponerle mi nombre también. Serás cara dura. Sergio no pudo

evitar sonreír. El tono que usaba Carmen le encantaba, suave y pausado, acorde con el fuego que crepitaba en la chimenea, pues, veamos, podemos hacer que yo pille a mi marido una conversación o algo.¿ Qué ojalá fuera verdad y tengo un romance con el jardinero? Para nada, eso suena atópico.¿ Un antiguo amigo? Movió las manos con rapidez, quita, hasta a mí me suena mal.¿ El antiguo amor que encuentro en el pueblo?

Podría ser, pero no me encaja, es difícil.¿ Eres muy exigente chico, no te gusta lo normal que quieres algo visceral?¿ Un extraterrestre?¿ Metemos a E.T.?? Nadie se lo esperaría es totalmente inesperado. Aunque no me veo besándole, parece una caca con patas. Al joven el comentario en cualquier momento le hubiera producido una severa carcajada que su tía hubiera copiado. Sin embargo no sucedió así, porque con la pregunta con

la que se quedaron fue con la primera. Por un segundo, ambos se miraron fijamente sin parpadear, los ojos azules de la mujer centellearon por lo que había dicho, lo normal, algo visceral.¿ Qué podría ser lo anormal, lo inesperado? Y

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sí. El protagonista de esa futura novela fuera.

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¿Sergio? En menos de un segundo, Carmen elaboraba los puntos de una historia que la atrapaba en su mente. Viene, me ayuda, me enamora y me, me, fo. No pudo terminar la frase, su mente no lo procesaba, es inconcebible. O no. Sin embargo, ambos podrían decirlo al unísono, podrían gritar que el joven era el indicado para ese papel. Sergio deseaba que su tía simplemente moviera los labios, pues parece que en sus ojos leía lo que sus labios no permitían decir, rezando a todos los dioses que conoce

espera escuchar algo. Pero no sucede. La sangre de ambos comenzó a bombear, el corazón latía con una fuerza desmedida haciendo que la sien de Carmen pareciera que fuera a reventar, lo bueno que puede disimularlo. En cambio, para Sergio es más complicado, toda la sangre que tiene a disposición su cuerpo, estaba dirigiéndose a un único lugar. Toda su sangre corría tan rápido que sus venas parecían una carrera de Fórmula 1, tratando de llegar primero a ese lugar tan sagrado que

ahora reposa debajo de la cabeza de su tía. Lo inevitable sucedió y el miembro del muchacho se comenzó a desperezar. El exceso de sangre producido por una imaginación voraz logró comenzar a hacerlo crecer y en un involuntario movimiento éste se retorció buscando aumentar de tamaño. Carmen que giró su cabeza para ver la tele y no sentirse tentada de pensar nada malo, lo notó. Era algo imperceptible, un movimiento que de no estar tan centrada en el calor que

la comenzaba a invadir, no se hubiera dado cuenta. Pensó que podía ser normal y que además era su culpa. No lo había hecho con aquella intención, solo se colocó con la cabeza en los muslos de Sergio porque lo solía hacer con su marido. Sin embargo,¿ ahora cómo levantarse y con qué excusa? Si además ella está muy cómoda. No aguantaba lo caliente que estaba su cuerpo, su cara la notaba ardiendo y sentía que sus pómulos le podrían quemar las manos de tocarlos ver a mi rostro con

esta poca luz. Pero lo peor no era la vergüenza. Lo peor para Carmen se encontraba debajo de la tela del pijama, justo en las braguitas nuevas que compró hace una semana. Un calor muy olvidado renació, recordando que no es más que el aviso de que algo mayor se avecina. Su entrepierna olvidada desde hace tiempo, la avisaba y la

recordaba que estaba muy viva, comenzando a humedecerse. Tenemos que pensarlo muy bien, dijo, aunque en su mente, lo que realmente estaba pensando en voz alta es la moralidad de lo que su sexo estaba tramando. Del libro, prácticamente se olvidó. Me da que tú tienes más imaginación que yo, tienes más experiencia y eres la creadora del libro, darás con esa persona, estoy, seguro. Los dos se mantuvieron callados mirando la película que había comenzado sin que se dieran cuenta.

Carmen con un calor que sólo en su época de juventud recordaba estaba demasiado atorada como para atender a la televisión. Notaba a cada poco que el cojín se mecía muy lentamente, parecido a que alguien con un dedo lo moviera desde abajo, pero para nada era un dedo. No lo soportó, su cabeza iba a explotar. Se contuvo durante diez minutos con aquello martilleándole la cabeza, para al final comentar. Creo que voy a ir a cama, el sol me ha matado. Lo más sensato. También voy a subir, aunque me da

pena ir a cama. Es el último día en el que estaremos solos, mañana me tendrás que compartir. Sergio no sabía ni cómo se atrevió a decir aquello e incluso con la voz medio rota consiguió soltarlo sin trabarse. Una risa nerviosa salió de sus bocas. Los dos se levantaron del sofá y como pudo el joven evitó que su erección fuera visible, aunque Carmen no trató de mirar, si hubiera querido la habría visto. Subieron por las escaleras y Sergio, como un caballero dejó pasar primero a su tía, aunque

nada más lejos de la realidad. Mientras la mujer avanzaba no cesó ni un momento de admirar su cuerpo sin que ella le viera. Las dos nalgas de su tía que subían con un movimiento rítmico casi le hicieron perder el paso. Carmen fue la primera que se detuvo en la puerta de Sergio, dándose la vuelta y justo cuando su sobrino se paró a su lado. Esta le propinó un rápido beso en la mejilla para despedirle con un seco hasta mañana. Se sentía un adolescente con el chico

de instituto acompañándola a casa. Su sobrino, que todavía no había atravesado el umbral de la puerta, la seguía con mirada. Pensaba en hacerle una señal, decirle algo o simplemente gritarle que entre al cuarto y rompan esa tensión que les rodea. Pero su cabeza por una vez fue sensata, increíblemente, eso no está bien se dijo decepcionado por no tener el valor suficiente. Al final del pasillo, Carmen giró la cabeza al llegar a su destino, viendo a su sobrino al fondo.

Se detuvo un momento pensando en que al final sucedería, que romperían el velo de la moralidad. Sergio vendría corriendo por el corto pasillo y desataría su fuego allí mismo. Era lo que ambos deseaban, o por lo menos lo que su intuición femenina le decía, y esa no fallaba nunca. Sin embargo, antes de darse cuenta su muñeca giraba el pomo y sus pies entraban en su habitación como si el fuego la persiguiera. Su cuerpo había ganado contra su mente,

evitando posibles desvaríos. Cerró la puerta con tanta rapidez como había entrado y colocó el pestillo, para después apoyar su espalda en la puerta con el corazón y la respiración agitada. No recordaba jamás haber estado así de caliente por nada, ni nadie, las copas, el sol. Sí, no hay duda, ha sido eso. Tiene que ser eso. Al tiempo que seguía pensando, percibió que su mano había descendido hasta la goma del pijama, cuando ha pasado esto, ni lo supo,

ni lo sabrá. Esta fluyó con vida propia sorteando la ropa a su paso, primero haciendo contacto con el vello corto que solía tener bien cuidado y más tarde, con una vulva hinchada y ardiente que, estaba mojada. Esa fue la palabra que le salió de su mente, pero no era la correcta. La adecuada para tal caso era calada,

realmente calada, empapada en flujos. Me tengo que cambiar las bragas, se dijo mientras sus dedos empezaban unos movimientos circulares, sorprendiéndose de que a pesar de la falta de práctica no habían perdido su toque. Debería parar pero su mano no la obedeció y seguía aún más rápido. En menos de 30 segundos había traspasado la barrera de no retorno. Aceleró sus ágiles dedos y con la otra mano, sabedora de lo que se avecina, se cubrió la boca tanto como pudo.

La noche era cerrada y con la casa en silencio cualquier sonido es audible, no podía gritar. Sus ojos se tornaron blancos y su cabeza repentinamente tirada hacia atrás por un atigazo, chocó contra la pared haciendo un ruido seco. Su mano acalló cada uno de los gemidos que trataban huir de su boca, mientras la otra los generaba debido a un frenético movimiento en su clítoris. Sintió su calor, sus líquidos, el fuego ardiente de sus adentros sofocándose, al

menos por el momento, el orgasmo fue terrible. Las piernas temblaron movidas por como en un terremoto. Le fallaron y su espalda se deslizó por la puerta de madera hasta que su trasero topó con el suelo. Tenía las piernas tan entumecidas que por dos minutos no se pudo levantar.¿ Qué ha sido esto? Se dijo casi sin recordar lo que era el verdadero placer. Alzándose con mucha dificultad, tuvo que parar un momento en el vestidor a cambiarse sin

mucho acierto. El pantalón había quedado mojado y la braga mejor ni comentarlo. Cayó rendida en la cama con tal cansancio que no pudo hacer otra cosa que dormir. Aunque antes de que el sueño la atrapase, supo con absoluta certeza que el personaje de su libro, el exótico hombre que debía seducirla, era Sergio. Al día siguiente, pareció volver una cierta normalidad. Los dos se encontraron en el gimnasio y Sergio acompañó a su tía en la bicicleta estática

de la misma forma que hizo el día anterior. Carmen no había olvidado cómo el miembro de su sobrino se movía debajo de su cabeza desperezándose con ganas de fiesta. Sin embargo, trató de pasar por alto aquel sucedo, al menos, por el momento. El joven, en cambio, mientras veía a su tía dando pedaladas, no podía olvidar las ganas que reprimió de tocarse después de la tensión acumulada de todo el día. Trataron que la mañana siguiera siendo normal, aunque

lo anormal era lo que hacían. Si tendríamos que pensar en que era normal para esos dos, seguramente nos imaginaríamos algo más íntimo y más mullido. Se ducharon y desayunaron mientras hablaban del único tema que monopolizaba el día, Mari. La madre de Sergio iba a llegar y si todo salía según tenían pensado, se quedaría con ellos al menos un par de días. Sobre la una del mediodía salieron

a esperar en la puerta de la entrada. Habían conseguido pasar una mañana en calma sin ningún tipo de tensión, también en parte por saber que Mari vendría y que Sol rondaba por la casa haciendo las labores del hogar. El joven fue el primero que vio el barco en el que venía su madre y avisó a su tía de que ya estaba, para que ésta activara el mando y de ese modo abrir la puerta. Su madre atravesó la verja de la casa y con mucho cuidado de no rayar ninguna parte de la carrocería, lo estacionó. Del

interior salió la versión consumida de Carmen. Su cabello moreno lo llevaba desatendido y arremolinado en una coleta sudada. Igual que el pantalón y la camiseta blanca sin mangas que llevaba, ambas prendas caladas de su propio sudor. Por un momento Sergio comparó a ambas mujeres en un lapso de segundo, le parecieron tan iguales y a la vez tan diferentes como la noche y el día.¿ Qué tal el viaje, mamá?

Se acercó a ella con rapidez hasta llegar a su lado donde su madre le recibió con un frío saludo. Mal hace un calor inhumano, menos mal que no pille caravana. Nosotros sí, de eso que te libras, no se podía pasar más calor, saltó su hermana propinándola dos besos y un abrazo. La diferencia de las muestras de afectos era tan evidente. Gracias por lo del coche, Mari, de verdad.¿ Tú qué tal, hijo? Muy bien, no puedo estar más a gusto, la tía me ha

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tratado de lujo.

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Has quedado con los amigos? Comentó Mari entrando en casa.¿ Qué va? De momento me he decidido por otro plan, ya les he avisado.¿ Qué vas a hacer si se puede saber? Sergio miró a su tía la cual le devolvió un gesto cómplice. pues me gustaría que pasáramos los tres unos días juntos y después ya volveremos.¿ Cómo que unos días? ¿Juntos? Mari estaba perdida y buscaba una respuesta tanto en su hijo como en su hermana. Los días que queráis mejor dicho, no presiones a tu hijo para

iros ya, ¿eh? Miró a Sergio,¿ le has dado un beso a tu madre? Nunca habían tenido por costumbre mostrar afecto mediante besos, unos simples olas, sumados a movimientos de cabeza eran suficientes. Sin embargo los ojos azules de Carmen insistían. Por una fuerza que parecía proveniente de su tía, el joven se comenzó a acercar a su madre la cual, con los mismos ojos azules brillantes, le miraba con duda.

Estando a su lado, a escasos centímetros, bajó su rostro, comprobando que su madre no huele a perfume, sino a simple sudor. No obstante, eso no es algo que le vaya a echar para atrás y sintiendo como su tía le empujaba mentalmente, colocando los labios en posición, acabó por besar a su madre en la mejilla. Menudo saludo, dijo la tía irónicamente, vamos Mari, deja al niño, tú a descansar y luego me acompañas que tengo que ir a unos sitios. Sin poder decir nada más, Carmen se llevó

a su hermana. Subiendo ambas las escaleras con intención de que Mari se acomodase en su nueva habitación. Sergio se quedó viendo la tele mientras le llegaban murmullos de arriba. Al de un rato, bajaron ambas listas para salir a dar una vuelta. Su tía le dijo que pasarían la tarde fuera, que la casa era suya y que hiciera lo que quiera. Dicho y hecho, Sergio pasó todo el día disfrutando de la piscina y del sol, que le

acabó por picar de tanto calor. Entre chapuzón y chapuzón, su cabeza siguió dándole vueltas al mar de sentimientos que le corría por dentro. Con su madre allí, estaba claro que no volvería a suceder nada extraño, aunque si lo pensaba bien no sabía si en verdad había sido como él pensaba. Quizá todo había sido producto de su imaginación, de una mente calenturienta dispuesto a todo por mojar el churro.

Sin embargo, esas suposiciones se hacían a un lado cuando recordaba la mirada de su tía, tan penetrante, tan preciosa. Aquellos ojos que se le clavaban de forma tan intensa, había que sumarle un tono de voz que a veces no iba acorde con una conversación normal. Carmen estaba tensionada, notaba como su garganta no le dejaba fluir las palabras

como de costumbre, sí, Sergio apostaba que era así. La noche anterior, su corazón le gritaba que corriera, que su tía aceptaría que entrase a su habitación en plena noche, pero su mente racional le dijo que era una locura. Tan buena relación tenían que no quería estropearla por una calentura infantil, esperaba que todo pasara y disfrutara de Carmen como un sobrino al uso. Salió de la piscina y pensó que sería un gran momento para darse una alegría

al cuerpo. Le seguía sin gustar mancillar aquella casa con sus fluidos, pero ya llevaba dos días durmiendo con una erección de caballo.¿ Por qué no? Nadie se iba a enterar y si algún tipo de culpa afloraba en su cuerpo, pronto pasaría, al fin y al cabo, sólo era una paja. Lástima que lo decidiera tan tarde, justo cuando su pene se comenzaba a hinchar y ponerse morcillona escuchó como el coche atravesaba la valla y su madre y su tía

volvían a casa. Entre la piscina y sus pensamientos, el tiempo se le había escapado de las manos y ahora no había vuelta atrás porque las dos mujeres entraban por la puerta. ¿Mamá?¿ Qué te has hecho? Dijo sin contenerse al ver cómo pasaba por la puerta después de su tía.¿ Tan fea estoy? Preguntó avergonzada mientras se pasaba la mano por el pelo y la cara. Al ver su mano tocar su rostro, Sergio se dio cuenta de que incluso se había hecho las uñas, no recordaba haberla visto así antes. No,

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no, no. Por favor. Todo lo contrario, estás guapa

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realmente guapa. Alguna vez la había visto preparada, pero nunca de esa manera, parecía lista para un gran evento. Tu tía, Carmen ya en casa dejó sus cosas en el recibidor de la entrada, que me ha llevado a un salón de belleza. Me han hecho de todo, y además me ha comprado ropa, al parecer se ha vuelto loca. Muy loca, loquísima. Esta noche salimos a tomar algo, solo chicas, lo siento, cariño, se acercó hasta donde su sobrino y le dio un beso en la frente a modo de saludo aunque al

joven le supo a más. No nos esperes despierto, o si, no sé, haz lo que quieras, estás en tu casa. Sergio las admiró mientras se marchaban sin parar de reír. Primero lo hizo con su tía, que estaba igual de bella que siempre, una belleza casi perfecta que había empezado a conocer perfectamente. Sin embargo, cuando posó los ojos en su madre, lo que vio le fascinó, parecía otra mujer

con una única tarde al lado de Carmen. Eran casi idénticas, al menos en aspecto, mismo rostro, mismos ojos, incluso el cabello tenía la misma textura aunque diferente tamaño y color. No se cortó, el joven echó un vistazo a ambos cuerpos. Los comparó con rapidez, sorprendiéndose de lo bien que se conservaban ambas, la única diferencia era que su madre era más delgada, nada más. Sus ojos no le engañan en una tarde, su madre había rejuvenecido e incluso se veía más, feliz.

Lo sintió como irreal casi mágico aquella sonrisa y ese brillo en sus ojos no podían ser reales. No obstante, no era magia, ni se equivoca lo que estaba viendo era a su madre rebosante de felicidad. Esperó en la sala a que se cambiaran mientras veía la tele pudiendo evadirse de todo pensamiento extraño alrededor de su tía.¿ Sólo se desconcentraba al escuchar risas y murmullos de ambas mujeres provenientes de arriba cuando se ha reído mamá tanto? No

tardaron mucho más en descender por las escaleras. Los tacones que las dos mujeres llevaban resonaron en la casa, llamando la atención del joven que se incorporó en el sofá para verlas. Menuda sorpresa. Las dos bajaban las escaleras con vestidos similares, si es que no eran iguales, su sentido de la moda era nulo. La única diferencia eran los colores, el de su tía era rojo y el de su madre azul. La parte de arriba era ceñida y las dos mostraban un poco de escote, escote, mi madre. Sergio

no daba crédito a lo que sus ojos veían. La vestimenta superior habitual de su madre eran camisetas sin nada de escote y en su efecto camisetas viejas que habían pertenecido al chico años atrás. Cierto es que Mari no tenía reparos en estar delante de sus hijos con el sujetador, pero su moda fuera de casa solía ser siempre más recata y simple. A Carmen no le hacía falta ni que la mirase, estaba explosiva. Había dejado a un lado su atuendo formal y caro, por un vestido más apretado

donde mucha de su piel era visible. Su escote era una delicia y bajo su vestido se veían unas piernas grandes y torneadas. Sin embargo, lo que más le seguía impactando a Sergio era que aunque su tía estuviera espectacular, su madre no iba para nada desencaminada. Su vestido, aunque muy idéntico, carecía de ese toque picante que tenía el de Carmen. Le llegaba hasta los tacones dejando una abertura por donde se podía ver una pierna estilizada. Vestido, tacones, escote,

esta es mi madre. Bueno, Sergio, nos vamos de marcha. Siguió mirando atónito desde el sofá,¿ no nos vas a decir nada? Insistió su tía mientras se ponía un chal y su madre una chaqueta. Sergio no podía dejar de mirarlas, estaba hipnotizado. Todos los pensamientos de su tía comenzaban a aparecer como una cascada, un rostro bello, un cuerpo perfecto, pero lo que no le dejó hablar fue ver a la mujer de al lado. Alguien a quien conocía muy bien,

pero que no podía reconocer. La había visto de todas las formas, incluso en ropa interior, con ropa fea y desgastada y en ningún momento hubiera pensado lo mismo que ahora, su madre estaba igual de bella. Estáis, por su mente viajaron varias palabras, buenísimas, macizas, todas oeses que ellas no se merecían, preciosas. Vais a llamar la atención, os parecéis más de lo que pensaba. Siempre nos lo han dicho, bueno por algo somos hermanas, apuntilló su madre, respondiendo a

algo más que obvio. Cuando quiere, tu hijo sabe qué decir, tiene un pico de oro, te lo aseguro Mari.¿ Dedicó una mirada cómplice a su sobrino, alentando a que le siguiera el juego, te gusta cómo está tu madre?¿ Ha salido a relucir toda la belleza que sin parar trata de esconder? Sí, sí, mamá, estás muy guapa, sintiendo que era buen momento, soltó una broma con tintes de realidad, cuidado con los hombres que se te van a acercar. Hijo, por Dios.

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Mari no pudo evitar la coloración de su rostro, ligar ella?¿ A su edad?

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Estaba fuera de toda lógica. Aunque con una sonrisa algo boba recibió el cumplido con agrado.¿ Vienes a darnos dos besos para despedirnos o te vas a quedar ahí tirado? Comentó Carmen ante la pasividad de su sobrino. Como asusado por un látigo, se acercó a ambas mujeres y con una calma, con la cual parecía que disfrutase, les propinó a cada una par de besos. Su madre se adelantó para mirar si el taxi ya había llegado. Cuando lo vio, desde fuera hizo gestos para decir que ya salían, de

mientras Carmen miró fijamente a su sobrino. Aprovechando aquellos segundos de soledad e intimidad, le dijo en voz baja como si de un secreto se tratase. Tienes en la cocina lo que quieras por si tienes hambre. Esperemos no despertarte, vendremos algo, bebidas, evitó reírse, y tranquilo que no me olvido de ti, mañana no te dejaremos solo. Escuchó desde el sofá como el taxi arrancaba y las mujeres se marchaban de fiesta dejándole solo en aquella casa tan grande.

Las palabras de su tía siempre le removían el alma, era ya algo innato, cada palabra que le iba dirigida a él era como una fecha llena de lujuria que se le clavaba en la entrepierna. No se olvida de mí su imaginación voló, pensando que esas palabras querían decir más de lo que parecía. Pasó otra hora en el sofá viendo terminar la película que le hacía al menos no pensar en Carmen. Aunque los ojos se le cerraban aguantó de forma estoica hasta que por fin terminó, levantándose

para llegar con paso agotado hasta la cama. Antes de conciliar el sueño, su mente repasó todo el día, viendo que había sido de lo más calmado, salvo por esa visión de su madre. En verdad estaba guapa, guapísima podría decir, no parecía la Mari que él conocía. Intentó pensar en su tía, quizá para alegrar un poco la noche, pero el sueño podía con él. Trató en un inocuo intento mantener arriba sus párpados, pero pesaban como losas, acabando por dormirse con una última imagen en su mente, la de

su progenitora bajando las escaleras con el vestido azul. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy.

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Hasta la próxima.

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