Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes Hoy presentamos Cediendo a la calentura, parte 30 Lejos, muy lejos de los gritos contenidos de Mari, después de un buen día, su hijo volvía a la residencia universitaria junto a Karol. Se lo habían pasado en grande, luego de ver a su madre, las conversaciones con su amiga le hicieron olvidarse de los temas que le preocupaban y al final acabó por volver
a sonreír. Subían a paso lento por la escalera, escuchando el eco que producían sus zapatillas sin pensar en nada más que descansar. Llegaron en primer lugar a la puerta número 13, donde Sergio se detuvo y sacó las llaves que Marco les cedió. Sergio. Carol se detuvo en medio del pasillo, sujetando la bolsa con los dos números que le faltaban para completar la serie y que gracias a su amigo había encontrado.¿ Por qué no vienes al cuarto? Hemos pateado bastante,¿
no estás cansada? Sergio no era tonto, sabía que aquella no era proposición indecente. Su amiga sólo quería seguir un rato pasándoselo tan bien como hasta ahora, pero para el joven el día estaba a punto de terminar, se encontraba destrozado. Sin embargo, siempre hay motivos que te pueden hacer cambiar de opinión. Sí, ya, es que, por primera vez delante del muchacho, Carolina mostró cierta timidez, me gustaría contarte algo.
Sergio unió cabos, no hacía falta ser un genio para suponer que su amiga quería esclarecer la duda que le planteó en su momento. No hay problema, no estoy tan cansado, se guardó la llave en el bolsillo y siguió a su amiga, tampoco me voy muy lejos de casa. Lo único, si se me hace tarde,¿ me acompañas hasta la puerta?¿ Cuántas veces vas a repetir esa broma? Le respondió con una carcajada. hasta que te deje de hacer reír. No pararon de reír de forma sonora, incluso molestando a alguno
de los vecinos que estudiaba en silencio. Lo que no notó Sergio era que con aquel comentario a Carolina le había salido en el rostro un gesto nervioso, hacía mucho que no le decían algo tan bonito. Meditando en su mente reflexionó rápidamente sobre ello.«¡ Qué triste!» La jovencita depositó con rapidez los dos libros en su balda, contemplándola después
con orgullo por ver la colección completa. A su espalda sin dejar de mirar los libros, escuchó a su amigo con cierto cachondeo que no pasó inadvertido.— Como si fuera tu hijo.— Estás un poco tonto hoy, ¿eh?— Mientras sea un poco, con todo lo que te ríes de mí, alguna tendrás que recibir, ¿no? Bueno, se sentó en la cama, mientras Sergio lo hacía en la silla pegada al escritorio, en eso lleva razón. Carolina se quitó las zapatillas y
un leve silencio se apoderó de la estancia. Sergio no quería ser el primero en decir algo, porque tampoco sabía qué podría añadir, solamente debía tener paciencia. Hacía mucho que no abría sus sentimientos a nadie, últimamente su relación con sus amigas de la universidad no era todo lo buena que debería y sus amigas del pueblo estaban lejos. Si no te importa, voy a ponerme el pijama. Sergio no
dijo nada. No se encontraba cómoda, pero a la vez sentía un ligero alivio por lo que le iba a contar, en verdad aquel chico que conocía de relativamente poco, era su amigo. Su amistad no llevaba ni un mes de duración, pero las cosas en la residencia pasaban muy despacio, el tiempo era otro y su relación se había solidificado. Se puso de pie frente al armario, lo abrió y sin ningún pudor, dándole la espalda a Sergio, se quitó el
jersey y luego la camiseta. El joven no lo esperaba, desde su posición vio a su amiga vestida con los leggings negros y las zapatillas rosas que llevaba. Su delgada espalda dibujaba unas costillas que se cortaban por el paso de un sujetador negro. Mantuvo la mirada por un segundo, pero rápidamente la quitó. No lo vio decoroso. Está bien hablar sin alcohol,¿ no crees? No nos hace falta beber para divertirnos, ambos sonrieron con el comentario de Sergio. Carolina
siguió quitándose la ropa sin que Sergio la mirase. primero poniéndose la camiseta del pijama y después quitándose la ropa restante. El joven se hubiera movido ligeramente los ojos se hubiera encontrado con dos nalgas bien esculpidas y respingonas que guardaba una braga del mismo color que el sujetador. Sin embargo se mantuvo con la mirada perdida en la apagada televisión. Se dio la vuelta al terminar, viendo a su amigo con la mirada fija en el monitor de la pantalla
con un gesto bastante anormal. Al instante se dio cuenta de lo que había pasado, y, le gustó. Vaya. Eres todo un caballero. Has quitado la vista y todo. Lanzándose de nuevo a la cama siguió,¿ eres de los que se mantiene puro hasta el matrimonio? Pues me da que eso, ya imposible, la volvió a mirar a la cara, pero no sería normal que te mirase. Podría decir que no
tengo ese. ¿Privilegio? ¿Privilegio? Carol se rió a carcajada limpia, está bien, Sergio, no me hubiera importado que me hubieras mirado, eres mi amigo. Además, que si me mirases de forma sexual para luego masturbarte, como seguro que ya haces, negó con la cabeza mostrando el blanco de sus ojos. Se resignaba a aplacar las bromas de la muchacha, nunca pararía de hacerlas, para ti soy inaccesible, Sergio. Creo que eso es demasiado arrogante, incluso para ti, se sintió ligeramente ofendido.
No me malinterpretes, tú tendrías más posibilidades que miles de millones. Lo que pasa es que los tíos ya, pues nada. Vaya.¿ Qué pasó de ellos? Entonces,¿ la dedicó una mirada torcida a su amiga, que se escondía detrás de las lentes, de que no pasas? Joder, de los marcianos, no te jode
Sergio, pues de las tías. Ah.
Vale, que te gustan las chicas, vale, vale, es que lo has dicho de forma algo ambigua. O sea que entonces eres lesbiana. Búa.¿ No había término más directo? Acabó por reírse, pero no, no soy lesbiana como dices. No me gusta decir que me gusta un género u otro, en verdad me gustan ambos. Sergio la miraba con atención, nunca me he fijado más en chicos o chicas, simplemente dejo que mi corazón mande. Algunas veces he conocido a chicos que me parecían perfectos y otras algunas chicas que
me han enamorado, no sé si me entiendes. Creo que sí. Algo así como, dejas que tu corazón se enamore solo, no buscas un tipo de persona, solo que surja.¿ Puede ser una forma de verlo?¿ Te estás riendo? Sergio solo la sonreía. No, es que
me gusta. Me parece muy romántico, no te pega en lo absoluto.¿ Estás de coña? Para nada. Ah. Pues. Gracias.
Río esta vez de forma tonta, le sorprendió la sinceridad del muchacho. Cuando cayó su risa se volvió a poner seria y decidió comenzar con lo que de verdad importaba, el otro día me preguntaste algo. Pensé que no sería evidente, pero tienes razón, cuando nos vimos no me había llegado a hacer el pelo, por lo que. Sí, estaba llorando en la ducha. Dicho en voz alta queda un tanto lamentable, sola,
en la ducha, llorando, parezco ridícula. Se quitó las gafas y las limpió con la parte baja de su camiseta. De nuevo listas, las dispuso en el pequeño puente de su nariz y miró a su amigo que le prestaba toda su atención. Con lo que te voy a contar, viene a cuento que te haya confesado el tema de mi sexualidad. El caso es bastante sencillo. Aunque bueno, quizá deba empezar desde el principio. Tengo una amiga que conocí en la universidad, se llama Paola. Es guapa, lista, rubia,
ojos azules, delgada, si la ves puedes pensar, vaya. Típica animadora de película estadounidense. Nunca he visto un prototipo tan idéntico a ella. Hizo un breve parón levantando la mano a su amigo y yendo a la nevera por un refresco. La garganta se le secaba, en parte por hablar tanto y también por contar esto por primera vez de manera tan abierta. Cogió dos latas de Pepsi y le lanzó una a Sergio que la atrapó en el aire. Nos conocimos el primer año de universidad, a ella y a otras, claro,
formamos pronto un buen grupo de amigas. El caso es que hicimos una buena piña, lo pasábamos bien y siempre estábamos juntas. La cosa cambió de rumbo este año, a comienzos de curso para ser más exactos. Paola y yo siempre hemos tenido una relación estupenda, quedábamos para estudiar, comíamos juntas, reíamos y nos encantaba salir de fiesta, incluso si las demás no les apetecían, lo hacíamos las dos solas. Todos esos días eran maravillosos y vaya, que en el primer
cuatrimestre la comencé a notar diferente. Me miraba de otra forma, quería estar conmigo a solas mucho más tiempo y obviamente, a mí me gustaba.¿ A ti te gustaba de antes? Sí y no, me encantaba estar con ella y es una belleza, si la vieras opinarías lo mismo, pero nunca había pensado en ello hasta ver las señales. Claro, si no tengo posibilidades,¿ para qué me voy a ilusionar, no crees? Sergio asintió, tenía toda la razón, antes del comienzo de
los exámenes fue que pasó algo más. Estábamos aquí mismo, donde estamos tú y yo ahora, tomando tranquilas una copa antes de salir de fiesta. Comencé a ver que sus señales eran evidentes. Íbamos a salir nosotras dos solas y bueno, creo que esta parte la puedo resumir en que empezamos a decir tonterías, nos tocábamos más de la cuenta, estábamos muy cerca y vamos, que una cosa llevo a la otra. Nos liamos.¿ Me quitas la mejor parte? Eres tan imbécil.
Carol sonrió porque sabía que Sergio solo pretendía rebajar la tensión, ese fue el primer día que nos enrollamos. Traté de hablar con ella, a ver qué opinaba o qué pasaba con nosotras, más que nada para aclararme, a mí ella, me gustaba horrores, sobre todo después de saber que a ella también le gustaban las chicas, o al menos yo. Sin embargo, no conseguí nada, solo me daba evasivas y
delante de las demás hacía como si nada. Puedo entenderlo, decir algo así abiertamente puede ser difícil, yo no tengo problema, pero yo soy yo, Paola es Paola. Dio un gran sorbo a la lata, necesitaba líquido, eso sí, cuando estábamos juntas, que solía ser en mi habitación, es que te juro que ni hablábamos. Llegaba, lo hacíamos, y casi que se largaba. Joder, qué mal suena eso. A ver, había amor, eso lo notaba, pero quizá contado así parece demasiado frío. Sigo. El punto
llegó la semana antes de que nos conociéramos. Vino a la habitación, lo hicimos y decidí que esto ya no podía seguir así. Antes tenía la excusa de los exámenes y eso, pero ya habían terminado, por lo que un día comiéndole dije que ya no aguantaba más, teníamos que hablar. Ella se hizo la loca, como si nada pasara, aunque luego cedió. Fue una conversación larga y bien tediosa, no la puedo resumir en pocas palabras, pero lo intentaré. Básicamente
acabó diciéndome que la gustaba. Le dije que no me importaba mantener en secreto nuestras tardes en la habitación, pero que tampoco quería hacer como si no pasara nada, yo me estaba enamorando. Se nota. ¿Cómo? Por como hablas de ella, se nota que te gusta mucho. Lo veo en tus ojos, tus expresiones, cada palabra que dices se siente que la dices con ganas. Señor Fontanero, usted sigue siendo muy observador.
Puede ser. Ambos se rieron, notando que estaban siendo verdaderos amigos. Bueno, tendré que ir acabando que si no me enrollo y no acabamos nunca. La cosa termina en que me dijo que podíamos ser pareja, vamos que estábamos juntas de forma oficial. Pero bueno, los dos o tres días posteriores siguió siendo lo mismo de siempre, incluso la llevé al baño para
darla un beso. Solo quería uno, solo uno, y me dijo que ni de broma, que en público no, me sentí como una mierda.¿ Pero podrías decir, por eso llora esta tía? No, eso no es lo peor. El día que estaba llorando era por una razón muy sencilla y muy diferente a esa. Karol suspiró de forma profunda, Sergio vio que su mirada, tras las lentes, mostraba dolor. Pensó que sería bueno acercarse a ella, que quizá le necesitaba a su lado, pero antes de que decidiera moverse, la
jovencita volvió a mover sus labios. Estábamos todo el grupo de amigas reunidas, así hablando de todo y de nada. Salió una conversación sobre parejas, no me acuerdo cuál fue el detonante, cualquier tontería, eso da igual. Lo que importa es que de pronto, Paola empezó a hablar. Comenzó a decir que estaba conociendo a un chico, yo levanté la cabeza casi al momento, menos mal que creo que ninguna me estaba mirando. Pensé, está hablando de mí, pero en clave.
Está claro,¿ qué va a hacer si no? En su rostro nació una mueca irónica a la par que negaba con la cabeza, qué estúpida soy. Sí que estaba conociendo a un
tío. Joder, Carol. Lo siento mucho. Sé que lo
sientes, aunque es ridículo. Me largué corriendo de allí, tratando de no montar un numerito, claro. Me metí en el cuarto y lloré, lloré como nunca. Cuando me arreglaste la ducha te despaché rápido porque me había mandado un mensaje para hablar conmigo. Si fui un tanto borde, te pido perdón, sé que ahora me comprendes. Tranquila, solo me pareciste un poco tonta, nada más, la sonrisa de Sergio la calmaba, pero nunca lo tomé en cuenta.¿ Salió algo de eso?
Pidió perdón y me dijo mil mierdas sobre que necesitaba tiempo, que su corazón estaba dividido, que si ese chico y yo estábamos en él, bla, bla, bla. Sinceramente, sentí que ese tío era el novio para enseñar y yo la amiga que se folla cuando le da un capricho. Desde ese día habéis. La cara de Karol le hizo saber al chico que contestar sí no era necesario, entiendo. Estás enamorada.¿ Algo que no sepa? Solo una cosa, dile a Paola que también tiene la culpa de que se te atasque
la ducha. ¿Qué? Cuando me secuestraste para que te arreglase la ducha, al sacar el tapón, vi que había pelos morenos con toques azules como el tuyo, pero también rubios. Era evidente que no te duchaba sola. Sergio sintió el rubor en su rostro. Aparte de esa curiosidad, no te puedo decir nada más. Eres muy lista y sabes cuáles son las soluciones a esto. O te elige a ti por completo, o será su amiga siempre y no pasaréis
de polvos clandestinos. En parte la entiendo, ella tiene que sacar a la luz un lado que no ha sido el habitual, quizá tenga miedo.¿ Tener relaciones secretas era la especialidad de Sergio, al menos últimamente, crees que tienes oportunidades con ella? Pienso que lo dice en serio, lo de que espere y que me quiere. Siempre me repite que no está preparada. Miró a su amigo con cierto gesto de enojo, pero cuando le como, estaba siendo demasiado expresiva,
ahí no se queja. Sergio mantuvo un rebusno que ocultaba una carcajada que le iba a desencajar la mandíbula. El comentario de su amiga había sido tan explícito que no pudo soportarlo y se río. Lo primero que le surgió a la chica fue enfadarse, que se rieran de aquello no le hacía la menor gracia. Pero repitiendo en su cabeza la frase que acababa de soltar, terminó riéndose de la misma forma. Después de un minuto se detuvieron, el ataque de risa cesó y los dos se quedaron meditando
en silencio dentro de la pequeña habitación. En este caso concreto, siento decirte que me parece que no tienes suerte en el amor. Has topado con una chica que tal vez esté preparada en algún momento o tal vez no. Le comentó Sergio. No soy muy afortunada si te soy sincera. El joven se sintió intrigado, aunque eso es una historia para otro día. Sí, tienes razón, se ha hecho tarde. A lo tonto y a lo bobo hemos pasado un
buen rato. Se levantó de su silla, estirando los músculos agarrotados y lanzando un triple a la papelera con la lata de Pepsi. Falló. Tuvo que recoger y tirar vilmente desde cerca. Tranquila, Carol. En este caso, no es bueno dar consejos, porque no estás en la piel del otro. Sé lo que piensas tú y lo que sientes, en ese caso te diría que la esperes y que al final vendrá. Sin embargo me pongo en el lugar de Paola y puede ser que le cueste un mundo sacar
a la luz una relación con otra chica. Llamémosle una relación clandestina, así le da más tintes de telenovela. Tu toque estúpido me encanta, te lo he dicho alguna vez. Carolina también se puso de pie. Alguna vez sonrieron caminando hacia la puerta, si quieres mi humilde opinión. A Paola pienso que le va a constar muchísimo y eso te lo digo que, podía confiar en su amiga como ella
había hecho, de relaciones, prohibidas, sé un poco. El gesto de Carolina tras las gafas se tornó curioso, sus ojos verdes quedaron fijos en el joven a la espera de más. Pero eso sí que es una historia para otro día. La joven notó la importancia y el peso de esas palabras y algo le dijo, quizá la intuición, que preguntara.¿ Eso tiene que ver con el problema en casa, con tus padres? Otra muestra de que eres muy lista.¿ Te ha venido bien contarlo? Ella sintió, otro día hablamos del tema,¿
te parece bien? Por supuesto. Sergio fue a abrir la puerta, pero se detuvo. Se dio cuenta de que su amiga le había abierto su corazón y él no había hecho nada al respecto. En el pequeño cuarto habían conectado como hacía tiempo que no conectaba con nadie. La joven le contó el problema que la comía por dentro y por el cual sufría tanto. Puso sus ojos en los de la joven, estaban ligeramente tristes y con cierta sorpresa por ver que su amigo seguía allí plantado sin abrir la puerta.
Entonces lo comprendió, supo que todavía no se podía ir, no debía dejar así a Carolina, debía darle algo antes de marchar. No puedo hacer nada para que tu situación mejore, pero, su lengua se trabó, aún así puso todo el empeño en decirlo,¿ quieres un abrazo? Carolina se lanzó a sus brazos, hundiendo la cabeza contra la parte superior del cuello y dejando el cabello en la barbilla del Sergio. Supo que había actuado a la perfección, sobre todo, cuando la muchacha
desbordaba de sentimientos, comenzó a llorar. Todo se solucionará. susurró el chico añadiendo un tierno beso en la cabellera de Carol que hizo que ésta le apretara más. Ambos fundidos en el abrazo, se fueron separando a medida que la muchacha ralentizaba su respiración y disminuía el llanto contenido. Al final, cuando volvieron a estar cara a cara, Sergio levantó su mano diestra de forma dulce, limpiándola varias gotas que corrían por sus mejillas.¿ Tus amigas de la universidad no saben nada?
Negó con la cabeza, era evidente, soy el único entonces. Estoy a dos puertas para cualquier cosa que necesites. Cada vez las veo menos, no puedo estar junto a Paola así, tan normal, me cuesta esconder lo que siento. Parecía que el sollozo se calmaba, no es fácil. Pero gracias, Sergio, de corazón, eres un verdadero apoyo. No soy un apoyo, soy tu amigo. Volvió a rodearle con sus brazos, esta vez por el cuello, propinándole un beso en la mejilla. El cuerpo del joven mantuvo la calma, rodeando a su
amiga por la cintura atrayéndose el uno al otro. Volvieron a separarse para despedirse en silencio. Sergio salió por la puerta rumbo a su habitación, recorriendo el pequeño tramo con la mano en la mejilla todavía sintiendo el calor de Carolina. Se había vuelto a olvidar de su madre, de sus problemas y sólo rondaba su mente la desafortunada de su amiga está sufriendo. Sin embargo otra cosa, después de bastante inactividad,
saludó con cierta fuerza. Bajo sus pantalones, debido a aquel beso y aprisionado por unos calzoncillos que no le podían detener, el miembro de Sergio volvía a resurgir. A semana transcurrió ajetreada, el jueves Sergio tenía que hacer un parcial y apenas salió del cuarto para lo básico. Incluso denegó en repetidas ocasiones la entrada a Carolina que le incitaba a beber con varias latas de cerveza. Por lo menos, estar tan centrado en los estudios le hizo olvidarse de todo lo demás.
Sobre todo de algo que le comenzó a picar en sus partes más nobles. La visión de su madre le volvió a activar una zona que llevaba tiempo en hibernación, incluso le llegó a crear una leve erección después de estar con Carol. Alucinante. Aquello no volvió a pasar dentro de su cuarto, obviamente, tuvo que masturbarse para concentrarse al 100%. No obstante no lo hizo pensando en su amiga, aquella erección era una mera anécdota. En quien si volvía a
pensar era en Mari. Al verla todo se había revuelto en su interior, con su vestido ceñido, iluminada por el sol mientras un suave viento mecía su cabello moreno. La imagen le parecía artística, al menos en su cerebro, y con ella tuvo par de masturbaciones que terminaron de forma más que satisfactoria. Volvía a las andadas, aunque pensaba poco
en ella, volvía a hacerlo. Suspiró profundamente delante de los libros, estaba cansado, se centraba tanto en estudiar para poder evadirse de todo que a las noches incluso tenía que engullir una pastilla para el dolor de cabeza. Todo era un sobresfuerzo y por una sencilla razón, no volver a pensar en su madre de forma sexual. Pero no se lo
podía negar, era obvio que le seguía atrayendo. La amaba como era normal, era su madre, la amaría por siempre, sin embargo la malsana sensación de querer y hacer con ella no desaparecía, sino que aumentaba. Lo sentía casi como un deber, algo que el cuerpo le rogaba, la última petición del reo antes de cruzar el pasillo rumbo a la silla eléctrica. El móvil sonó en la oscuridad de su habitación, sólo el flexo alumbraba los libros y afuera
el pasillo estaba en silencio. Su paz sólo había sido interrumpida media hora atrás por una intensa Carol que le quería sacar de la habitación casi a la fuerza para que se ventilara. Entendía que llevaba mucho tiempo estudiando y después del parcial no tendría excusas, debería dejar fluir sus pensamientos. Miró el móvil, riéndose al pensar que podría ser Carolina, pero ella no tenía aún su teléfono, curioso, no necesitamos llamarnos,
era cierto, se veían cuando querían. pero el pulso se le paró, hacía mucho que no hablaba con cierta persona y de pronto en la pantalla, allí estaba la notificación de mensaje. Tía Carmen.¿ Qué tal estás, cariño? En si el mensaje no era raro, la última vez que hablaron fue sobre si le había llegado el dinero y si todo estaba correcto. Sin embargo, que ese mensaje le llegara al mismo momento en que estaba pensando en su madre, no le dio un buen pálpito. Bien, justo me has
pillado estudiando. Tengo un parcial esta semana. Ánimo y a pelarse esos codos, tienes que sacar buena nota. Lo intentaré. Acabó por mandarle un icono a modo de beso y esperó, sabía que había algo más. Cielo, este fin de semana voy a estar allí. La información llegó de pronto, sin anestesia, haciendo que Sergio recibiera un golpe de dura realidad. Sabía a lo que venía su tía y no era precisamente
estar con él. Después de la conversación que tuvieron sobre Mari, Carmen se había quedado tocada, era obvio, todo fue su culpa. En verdad, de ambos, si uno de los dos no hubiera querido, no hubieran tenido la relación sexual, pero al ser la adulta se echó toda la responsabilidad sobre sus hombros. ¿Cómo?¿ Eso por qué? Sergio quizá preguntó por retrasar lo inevitable, por dar el último soplo de aire sin que su
cuerpo le temblara. Pensar en que las dos mujeres se pusieran frente a frente para hablar le producía pavor, y menos mal que nunca se imaginaba estando cerca, si no le daría un infarto. Tengo que arreglar las cosas, he esperado demasiado y Mari no me llama, tengo que ir y que todo salga. No sé si es lo adecuado. Podría haber seguido escribiendo, pero Carmen era más rápida, la fricción de sus dedos contra la pantalla creaba fuego. Así será. Ella y yo hemos cometido el mismo error, ambas hicimos
contigo cosas que no deberíamos hacer. Sé que su mente no estará ahora mismo muy estable, no es fácil de asumir y menos los sentimientos que afloraron hacia ti. Más que arreglar el enfado que tiene contigo, creo que debo ayudarla a entender la situación. Te entiendo, tía.¿ Cuándo vas a venir? El sábado a la mañana salgo, no me voy a quedar más de lo necesario, vuelvo a la
noche y paro en un hotel a dormir. Lo que quería escribir le costó un mundo y sabía que de estar hablando cara a cara no se lo hubiera preguntado. Lo sentía inadecuado y quizá algo fuera de lugar para la situación que estaban pasando, sin embargo sus dedos se movieron por la pantalla buscando las letras adecuadas.¿ Nos veremos?
Carmen tardó en contestar. como mujer responsable y sensata te diré que no. Sergio agachó la cabeza, era evidente, no podían volverse a encontrar después de lo vivido con su madre. Su relación prohibida le había costado que le echaran de su propio hogar y conllevó que Carmen se gastara un dinero en él. Aunque, me gustaría ver la habitación que te estoy pagando. Sergio lo leyó con su típico tono bromista.
La segunda parte, ya no le sonó tan a broma, quiero verte, quiero estar contigo, necesitamos hablar y lo correcto será pasar página. Estaré todo el día aquí. Le mandó su ubicación, da igual que no avises o que vengas en mitad de la noche, te estaré esperando. Lo sé. Dejó caer el móvil en la mesa, con sentimientos mezclados en su interior sin saber ni lo que sentía. Pensó que la espera se haría agónica, un tiempo eterno hasta
que las dos mujeres se vieran cara a cara. No podía ni vislumbrar qué pasaría, las posibilidades eran infinitas, desde acabar enemistadas para siempre, a volver a ser uña y carne. Rezaba por lo último con todas sus fuerzas. Pero casi en un parpadeo llegó el fin de semana. Con el parcial superado, se despidió el viernes a la tarde de Karol, que a modo de broma mostrando un rostro fingiendo molestia le dijo que le debía una semana. Antes de marcharse
dejó su sello inconfundible añadiendole que abriera las ventanas. Chico, huele a paja que no veas. La cerró rápidamente la puerta para no volver a escucharla. Aunque Karol siempre estuviera de broma, esta vez era verdad. Nada más se fue abrió las ventanas, porque además, al día siguiente esperaba visita y quería tener el cuarto adesentado. Con el sábado llegaron los nervios y las ganas de ver a su tía
se acrecentaron. Mientras Sergio pensaba si debía comprar algo de picoteo para recibirla, Carmen salía de la autopista al pueblo de su hermana. Aparcó el coche relativamente cerca, sin poder evitar acordarse de la última vez y como el vehículo se estropeó. Aunque me llevé una recompensa, se dijo a sí misma rememorando el viaje con su sobrino. Anduvo por la calle, eran cerca de las dos de la tarde y el sol calentaba un poco la acera pese al
intento del día de mantenerse frío. Antes de vislumbrar el edificio de su hermana, cogió el teléfono y buscó en la agenda el móvil de uno de los componentes de la casa para que no la recibieran con tanta sorpresa.
Laura. Tía. Has acertado. Sonrió tras el móvil, estaba nerviosa.¿ Qué
tal estás? Hacía mucho que no hablábamos. Demasiado, mi vida, desde que os visité en agosto no nos vemos, ya ha pasado más de medio año.¿ Ya tienes a tu merced a miles de muchachos? Tía. Carmen escuchó la risa juvenil de su sobrina que tanto se parecía a la de su hermana, no, todavía no. Cuando tú lo desees, cielo. Las dos rieron a menos de un kilómetro de distancia y la tía añadió, mi vida,¿ está tu madre en casa? Pues sí, ha venido hace un rato de trabajar.¿ No
te ha cogido el móvil? No la he llamado. La cosa es que estoy a unos cuantos metros de vuestra casa y os quería dar una sorpresa.¿ No será cierto? Laura se alegró al saber que vería a su tía, era la única que tenía. Por supuesto, ahora nos vemos, princesa. Pero, no le digas nada a tu madre.
Que sea una sorpresa, ¿ok? Callada como una muerta. Hasta ahora, tía. Hasta ahora, cariño.
Carmen notó el peso de su cuerpo en unos tobillos que flaqueaban. Al colgar el teléfono se sintió pesada, como si toda la tensión se generase en ese mismo instante y las ganas de hacer frente a la situación se evaporasen. Menudo momento para dudar, justo en la puerta de su casa pensó mirando el timbre del telefonillo electrónico que había en el portal. Se frotó las manos, los nervios se las dejaban frías. Aprovechó que sacaba una valentía momentánea, y
al tiempo que cerraba los ojos, pulsó el botón. Apenas fueron cuatro segundos de espera que se le hicieron interminables. De no haber hablado con Laura unos minutos antes, estaba segura de que se hubiera alargado corriendo sin poder afrontar la situación. Porque no era algo fácil de lidiar, iba a hablar con su hermana, que había echado a su hijo de casa por tener relaciones con su tía. Menos mal que tenía la basa ganadora que le contó Sergio,
Mari había actuado de la misma forma. La puerta huyó con el sonido estridente y característico de la cerradura abriéndose automáticamente. El portal se veía como una cueva oscura, la boca de un lobo hambriento dispuesta a devorarla. Pero,¿ por qué tanto temor?¿ Era evidente que el nerviosismo se iba a apoderar de ella, no iban a hablar del tiempo, sino de sexo incestuoso, aún así, tanto miedo? Decidió subir las escaleras, era un tercer piso y se veía con fuerzas, para
algo hacía deporte la mayoría de los días. Además, que el ascensor no le inspiraba confianza, temía que se estropeara en mitad de la subida y se tuviera que quedar encerrada fastidiando el momento sorpresa. Todo tonterías, pero mientras subía las escaleras con el corazón asomando por la garganta, las sintió muy reales. La puerta se alzaba como una muralla, solo era madera y partes metálicas en el interior. Sin embargo, ella la veía como el último paso, el gran obstáculo
antes de… ¿Qué? Tocó el timbre. Los pasos se escucharon al otro lado, no iban con prisa, eran calmados y el ritmo era conocido, Mary se acercaba. En los pocos segundos a Carmen le dio tiempo a pensar en lo curioso que podía ser el cerebro humano, llegando a conocer a una persona solamente por el sonido de sus pasos o su ritmo al caminar. No sabía ni qué pensar, cualquier cosa era buena, pero las llaves sonaron detrás de la cerradura y su cerebro se puso en blanco. Finge.
Que no te vea nerviosa el labio le tembló, pero sacó su mejor sonrisa. Su gesto denotaba cierta arrogancia, tenía que sentir que ella no tenía la culpa, porque ambas eran culpables, sí, ese tenía que ser el plan. La puerta por fin se abrió. ¿Carmen? Por un momento ambas mujeres se quedaron petrificadas la una frente a la otra. La boca de la madre de Sergio estaba abierta dibujando
un círculo de perplejidad absoluta. Carmen pretendía mantener la facha de felicidad que trataba de mostrar, aunque le era complicado, no sabía muy bien qué decir. Los segundos pasaban, la sorpresa inicial se diluyó, pero ninguna de las dos dijo nada. Carmen tuvo que dar el paso. No he venido hasta aquí para quedarme en el felpudo. Su sonrisa le advirtió a Mari que estaba bromeando y la dejó pasar. Aunque esta última seguía sin creerse que su hermana estuviera allí.¿
Qué haces aquí?¿ Cómo no me has avisado? Mari estaba totalmente colapsada por la sorpresa, el objetivo de su hermana se había cumplido, estaba descolocada. Caminaron por el pasillo hasta la cocina, mientras de su habitación salía Laura que corrió hasta donde su tía a abrazarla. Esta niña ya se ha hecho una mujercita. Y, menuda mujer, le sacó los colores a la joven que se ruborizaba avergonzada, tienes una hija preciosa. Tía, únicamente le salió decir a la joven
que no sabía dónde meterse. Tú y yo tenemos que hablar, que cada día te haces más mayor. Carmen miró a su hermana que seguía con los ojos vacíos, mirando a la nada sin creerse lo que estaba pasando. La mujer se dio cuenta de esto y mientras Laura le decía lo contenta que estaba de verla comenzó a rebuscar en el bolso. Mi vida, en nada vas a cumplir 18 años. Tu tía no se olvida de tu cumple, sacó su
monedero y rebuscó entre los billetes, he venido preparada. Pero, Laura observó el dinero que le tendía Carmen y la volvió a mirar a esos ojos tan parecidos a los suyos, tía, esto es mucho. Calla. Cogió la muñeca de su sobrina y la alzó dejando sobre la palma los cuatro billetes de cincuenta euros, ahora mismo, vete a comparte lo que te dé la gana y luego vienes a enseñármelo. que solo vengo de visita rápida, a la noche vuelvo para casa. Vale, pero...
No quiero oírte, Laura. Se puso a su espalda y a empujones la fue llevando a la salida mientras la joven se reía. Se puso las zapatillas y abrió la puerta, recuerda que luego me enseñas todo, 18 años no se cumplen todos los días. Cómprate lo que quieras.
Gracias, tía. Te quiero mucho. Luego nos vemos,
mamá. A Laura la sonrisa no se le borraba del rostro y menos pensando en una chaqueta que tenía en mente y dos libros que les había echado el ojo par de semanas atrás. Seguro que ahora me quieres mucho más, soltó en una pequeña broma irónica la mayor de las hermanas. Laura se despidió con la mano, metiéndose en el ascensor mientras Carmen cerraba la puerta con la mejor de sus sonrisas.
Mary a su espalda aún seguía algo perpleja sin creer que su hermana estuviera allí y apenas se dio cuenta cuando su hija se despidió, sólo movió la cabeza de forma involuntaria. El sonido de la puerta pareció una loza pesada que cerraba la única escapatoria de ambas. El pestillo se cerró con fuerza, tanta que a Carmen por un momento el corazón se le detuvo, pero comenzó a latir con potencia cuando con voluntad se giró encarando a una
Mary que seguía en shock. La boca la tenía pastosa, sus manos se humedecían del sudor y el frío la atenazaba los pies. No había estado más intranquila en toda su vida, notaba cómo la comida le subía y le bajaba por su estómago como si de una atracción de feria se tratase. Sin embargo, debía echarle valor, ella lo había provocado, debía arreglarlo. Dio un paso al frente, colocándose justo delante de la su hermana. tan iguales y a
la vez tan distintas, mirándose con esos preciosos ojos. Mientras que una mostraba duda acerca de lo que pasaba, Carmen cambió su rictus mostrando por primera vez confianza. Puso en su mirada determinación y arrojo, destensó sus cuerdas vocales y con toda su voluntad abrió la boca.
Mari, tenemos que hablar. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
