CEDIENDO A LA CALENTURA - PARTE 3 (Relato Erótico) - podcast episode cover

CEDIENDO A LA CALENTURA - PARTE 3 (Relato Erótico)

Oct 13, 202542 min
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Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes Hoy presentamos Cediendo a la calentura,

Speaker 3

parte 3 Al de unos minutos pudieron contemplar

Speaker 2

el pantano. Tal cantidad de agua ya les hacía humedecer sus cuerpos y Sergio dándose cuenta de que su bañador estaba en la cadera de su tía le preguntó¿ Tienes bañador?

Speaker 3

Sí, metí por si quería tu madre ir a la playa, pero nada.¿ Tú vas a usar el mío, no? Señalando su cadera. Creo que sí, solo tengo ese me lo ha sudado mucho.

Speaker 2

Demasiado, añadió riéndose. Una vez aparcados comprobaron que no había casi gente, algo excepcional, puesto que con ese calor debería estar a rebosar. Prepararon todo y Sergio se quedó mirando un rato el móvil dentro del coche, eso sí, con las puertas abiertas y a la sombra de una pequeña arbolera. No había reparado en la última parte del trayecto, pero entre el calor y el casual vistazo fugaz a la bonita lencería que escondía en los senos de su tía,

su entrepierna había tenido un exceso de sangre. Bajo la tela un pequeño bulto había comenzado a emerger hasta formase un montículo dentro del calzoncillo. como él mismo decía, la tenía un poco morcillona nada alarmante, aunque sí extraño.— Sergio, cariño, ven, le dijo Carmen desde el otro lado del vehículo, ponte un momento delante de la puerta con la toalla.—¿ Te vuelve a dar pudor, tía? Sonrió de forma pícara al tiempo que caminaba hacia ella, aquí no te van a

ver ni las moscas.— Bueno, tú aguanta y ya. Se levantó del asiento y saliendo del coche añadió, y por favor, no mires, cariño. Sergio abrió los brazos estirando la toalla. Ladeó su cabeza mirando al pantano mientras su tía se quitaba el bañador que le había dejado y se ponía el que en verdad le correspondía. El muchacho se cambió con más naturalidad sin pudor a que nadie le viera el trasero cuando se quitó el pantalón, aunque quién le

iba a ver. Apenas habría un puñado de bañistas. En la orilla del pantano, Carmen se metió poco a poco, mientras que el joven como buen adolescente insensato lo hizo de golpe, incluso salpicando algo de agua a su pobre tía la cual se quejó aidadamente. Mientras el cuerpo de la mujer se sumergía lentamente en el agua, su sobrino jugaba a su alrededor pese a las apertencias de ésta

para que no le mojara el pelo. De poco sirvieron, al final Sergio acabó empujándola al ver la poca decisión de la mujer.—¡ Sergio!— gritó a pleno pulmón al volver a la superficie.—¡ Vamos Carmen, disfruta, qué pelo ni qué pala, refrescate que esto es una gozada! El joven se marchó nadando, quizá también para evitar posibles represalias de parte de la mujer.

Su tía lo observaba aún pasándose la mano por el pelo y tratando de peinarlo, el enfado momentáneo se disipó y las ganas de gritarle se esfumaron dando paso a una risa incontrolable.¿ Cómo puede ser tan alegre? pensó. Se tumbó sobre el agua boca arriba, quedándose como decía su padre muerta, flotando, dejándose llevar por el agua. Los oídos sumergidos bajo el pantano no la permitían escuchar nada, sólo

sus pensamientos. Pensó en su marido, lo que últimamente rondaba con más frecuencia en su mente y el posible adulterio que sólo su mente se negaba a admitir. Recordó aquella mancha de carmín en su ropa, la tenía totalmente olvidada. Como una buena mujer sumisa, eso era ella. Lo había tomado como algo casual, él o era, porque se negaba a aceptar la realidad. Dio vueltas en su cabeza a las irrefutables pruebas, siempre habían estado allí,¿ por qué no

las quería ver? Su mente parecía evitar el sufrimiento y saltaron pensamientos positivos, alejadas de su marido, cosas buenas, las últimas cosas buenas, su sobrino, el viaje, que bien lo estaba pasando. Demasiado bien, le advirtió una voz de pronto que podría ser su conciencia, Pepito Grillo o el mismo diablo. Notaba en su interior como otra Carmen estaba emergiendo, ninguna nueva, sino una muy vieja que hace años se encerró en sí misma. Quizá por la edad, quizá por la rutina,

pero allí estaba apresada. Una mujer algo más alocada, más decidida, más independiente, más directa. Se había quitado la ropa delante de su sobrino y ahora se sumergía en un pantano, no eran pasos gigantes, pero quizás y los primeros de un cambio. Los clichés absurdos de la vejez desaparecían y parecía que la joven Carmen, la que disfrutaba junto a su hermana, estaba volviendo a salir del foso donde la

había introducido. Después de un tiempo, su sobrino se acercó nadando hasta su posición, se incorporó posando sus pies en las piedras del suelo. Se había alejado un poco de la orilla y el agua le cubría por debajo de sus senos.¿ Qué tal? Se interesó el joven. No me puedo quejar, contestó en un tono suave, como si fuera una confidencia. Me parece que te quedas corta, ella le guiñó el ojo de manera cómplice, ahora nos faltaría una cama como la del hotel y a descansar, no vendría

mal una siesta. En mi casa vas a tener una cama grande, no te preocupes. Se sorprendió de lo que salió de su boca, era un comentario que podría malinterpretarse, aunque menos mal que era su sobrino a quien iba dirigido y no otro cualquiera. Le pareció extraña la situación, aunque el siguiente movimiento le sorprendió aún más. Fue un instante, menos de un segundo, quizá una fracción de tiempo, un lapso tan rápido que la propia Carmen dudó si había sucedido.

Vio como los ojos de Sergio bajaban desde su rostro, pasaban por su cuello y por un tiempo tan limitado que no se podía medir, se quedaban observando sus pechos que flotaban al ras del agua. Tenía unos senos bonitos, no había duda, hacía poco que se los había retocado. La edad no perdonaba y se comenzaban a caer, pero el cirujano hizo un buen trabajo elevándolos de nuevo. Nada de prótesis, solos unos cortes por aquí, coser por allá,

trabajo desastre que dejo todo como estaba antes. Era la segunda parte de su cuerpo que más le gustaba, siempre detrás de sus preciosos ojos azules. Sin embargo, aquella mirada, aquel flash, por muy pequeño que fuera, no la irritó. No le pareció una sinvergüencería de su sobrino, por raro que le parecía, una pequeña corriente eléctrica le recorrió la espalda, le había gustado.« Yo igual me voy saliendo, que ya estoy muy arrugado», añadió el joven, con un leve cambio

en su tono de voz.« Bien, ahora voy yo». Cuando Carmen se decidió a salir a los pocos minutos, observó a Sergio como se secaba a lo lejos junto al coche. de nuevo en sus ojos la imagen del cuerpo delgado con un leve toque moreno debido al sol del verano. Incluso su cabello se había aclareado algo debido al sol, ahora daba la sensación de ser más castaño que de

costumbre quizá con algún que otro reflejo rubio. Era un adolescente en toda regla, con las hormonas desatadas, no era tan extraño que perdiera la vista en el cuerpo de su tía, todavía era una mujer deseable. Por mucho que ambos fueran familia, seguían siendo un hombre y una mujer. Carmen sacudió su cabeza para dejar de pensar en ello. Este niño es un canalla, se dijo a sí misma. Cogió el monedero que tenía al lado de la toalla y se dirigió a una pequeña tienda que más parecía

un chiringuito de playa. Se detuvo a ojear la ropa que tenían expuesta mientras se secaba y decidió comprarse un pareo de cuerpo entero. La vuelta en el coche cegaramente sería igual de calurosa y no le apetecía tomar de nuevo prestado el bañador de su sobrino. La tela era bastante mona, tenía varios colores y le llegaba hasta los muslos, perfecto para seguir en la carretera. Con su nueva compra,

se fue acercando al coche, pero aminoró la marcha. Sergio seguía cambiándose y en un momento, sin querer, pudo ver su trasero desnudo. se había terminado de secar y justo se iba a poner el calzoncillo. Un pequeño cosquilleo le recorrió la espalda al ver esa imagen, su sobrino estaba en ese preciso instante totalmente desnudo. Lo que había visto en el hotel ahora lo podía asegurar, parecía un cuerpo fibroso, sin músculos excesivos y el trasero le pareció que eran

dos nalgas duras como rocas. Se obligó en un momento a que sus ojos sotearan cualquier otra cosa que no fuera su sobrino.¿ Cómo podía mirar aquel cuerpo desnudo de su sobrino? Por un momento se sintió culpable, como si estuviera viendo al mismo diablo y susurró por favor. Sobrino le llamó mientras llegaba para avisar que estaba cerca, mira,¿ te gusta? Se giró un poco mientras el joven la observaba. Te queda chulo, así vas a pasar mucho mejor el

resto del viaje. Recogiendo todo y aireando un poco el coche, ambos se introdujeron en su interior para proseguir con el viaje. A los pocos minutos, llegaron de nuevo a la caravana que les recibía con los brazos abiertos, aunque con el frescor del baño todavía latente en sus pieles, la travesía sería mucho más agradable. Bueno, de vuelta a la pelea, dijo Sergio. Da igual, no hay prisa.¿ Quién lo diría si cuando salimos de casa tenías unas ganas terribles de llegar?

Me lo estoy tomando con calma,¿ no te parece bien? Con una sonrisa en el rostro que parecía imborrable,¿ prefieres que sea la tía agobiada? Me parece fenomenal, yo tengo todo el tiempo del mundo. El pareo que Carmen se había comprobado tenía unos cordeles en el escote a modo más de adorno que eficaces. Se podía aflojar o apretar según el caso, aunque no era necesario, la medida era la correcta para dejar algo a la imaginación y que el aire circulase. Sergio no pudo evitarlo, desde el pantano

algo le picaba dentro del cuerpo. Había contemplado antes, por error o por curiosidad, tenía dudas de eso, a su tía en bañador. De nuevo en la caravana, con el coche parado y Carmen a su lado, la insana curiosidad volvió a su cuerpo. Con el rabillo del ojo podía ver los muslos al aire que su tía mostraba, pero no le era suficiente, quería otra cosa, una cosa que

había visto en el agua. Fue una mirada rápida, volteó la cabeza disimulando mirar el salvaje monte que quedaba a su derecha, pero un ojo se dirigió al escote de Carmen. La silueta le pareció magnífica, unos senos bien puestos y de buen tamaño, medida perfecta para su gusto, lástima que el canalillo sólo dejara ver una pequeña parte del total.

La mirada no pasó desapercibida. Carmen la sintió. Otra vez fue tan rápida que apenas vio los ojos del joven en movimiento, pero ese pequeño disimulo mirando el monte era demasiado descarado, era la segunda vez que miraba sus senos en una hora. Apretó sus piernas algo nerviosas, no sabía qué hacer. Por su mente fluyeron varias opciones, decirle algo, enfadarse, dejarlo pasar, no había tenido hijos, no sabía qué era

lo adecuado en esa situación. No entendía muy bien cómo era un adolescente masculino, aunque por otro lado, una pregunta, más que ninguna otra, resonó en su cabeza en verdad le había molestado. Sus piernas siguieron de forma inconsciente apretándose más y más,¿ por qué se sentía tan, tan, bien?¿ Qué estaba pasando? Nunca se había sentido tan descolocada. Recapacitó sobre las miradas, sería algo inocente, algo que un chico haría casi por instinto, aunque Sergio ya no era un niño,

era un hombre. Aquello volvió a sonar en su mente como un grito desesperado por hacerse escuchar, un hombre. Su cabeza le decía que era coincidencia, casualidad, nada más, incluso quizá un error suyo de apreciación. Sin embargo, en sus fueros más internos, algo le dijo que no, que le había mirado con la intención de escrutar su fisionomía. De pronto sintió algo, una sensación nacida de su vientre, o

quizá algo más abajo. Como si un interruptor volviera a ser pulsado, una llama, no más grande que la de una cerilla nacía en su interior. Con el calor insoportable que seguía azotando sin piedad, su siguiente movimiento parecería de lo más habitual y se concienció en que no tenía nada que ver con lo que estaba haciendo Sergio. Llevó su mano hasta los cordeles y tiró de estos haciendo que la tela se separase. Sus manos actuaron solas, el escote se abrió demasiado, la vergüenza de antes volvió a

aparecer y se preguntó qué estoy haciendo. Podría volver a apretarlos con cuidado, se veía demasiado. No actuó con lógica o raciocinio, y no se tapó algo que mostrarlo le hubiera parecido del todo inapropiado. Sin embargo, lo que por instinto le salió de lo más profundo de su ser fue mojarse sus secos labios por el calor o los nervios y abrir la boca para llamar la atención de

su sobrino.¿ Cuánto crees que quedará de caravana? Ni idea, antes ponía el cartel de dos kilómetros más de obras, o sea que quizá poco, pero vete a saber.¿ Cuándo lleguemos me da que lo primero que voy a hacer será comer y tú? Inconscientemente o quizá muy conscientemente, pasó sus brazos por debajo de sus pechos haciendo que éstos se juntasen y lograr un efecto de aumento. Esperó con paciencia sin perder los ojos de su sobrino a que éste posara la vista en ella. No había duda, otra

vez sucedió, esta vez lo había pillado. Los ojos del joven habían descendido en un pestañeo hasta el canalillo abierto por ella misma y por menos de un segundo contemplaron lo que allí había.¿ Qué hago, joder? se preguntó acomodándose en el asiento. Su sobrino la había mirado, ya eran tres veces,¿ tres que puedo hacer

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Qué debo hacer? Antes de encontrar

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una respuesta escuchó

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la respuesta de Sergio.« Tendré

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que comer algo». Carmen notó algo en su tono, casi inaudible. Su voz se quebró por un pequeño instante, estaba nervioso, cegaramente por su culpa. Quizá era ella la instigadora, la que le ponía todas las miradas en bandeja, la que estaba provocando a su propio sobrino. Jamás se había imaginado una situación así, era impensable, aunque por otro lado, en su interior, la llama que hacia breves instantes nació, ahora pretendía crecer con fuerza. El sorprendente calor e inesperado comenzó

a arder dentro de ella. Una sensación que hacía muchos años desapareció y de la cual apenas tenía borrosos recuerdos. Las pupilas se le dilataron, la respiración se agitó y sus pómulos fueron invadidos por un color rojizo. Con voz alterada en su interior sin poder creérselo se dijo, no puede ser, me, me, estoy poniendo.¿ Qué vas a hacer estos días? Escuchó que le preguntaba a Sergio sacándola de

esos pensamientos. No lo he planeado, hoy ya nada. Bueno, estar con mi sobrino favorito por supuesto, pero mañana no sé, ¿tú? Tampoco lo sé, cuando llegue algún amigo saldré con él, pero debería ir a instalarme donde la abuela cuando antes. Esta tarde la puedo pasar descansado, o, hacemos algo si te apetece. La frase en la cabeza de Sergio no sonó tan mal como en su boca. Le dio la sensación de estar invitando a su tía a algo más que lo obvio entre familiares. aunque,¿ por qué le sonaba

tan mal? Era Carmen, la misma de siempre, nada más. Puedes ir al jardín y estar en la piscina toda la tarde, yo quizá me preparo un cóctel y tome el sol, creo que me lo merezco.¿ Eres una mujer millonaria de película? Añadió Sergio medio en broma, medio en serio, necesitaba bromear para evadir sus pensamientos. Cariño, millonarios no somos, pero hay placeres que me los puedo permitir y un cóctel al sol es uno. No es mala vida tía,

de mayor me gustaría tenerla. Trabaja duro, qué buena cabeza tienes. Estudia y todo irá sobre ruedas, verás como tu tía tiene razón. El cambio de conversación le había venido bien para calmar su cuerpo.¿ Cuándo erais jóvenes os imaginabais la vida así? Sergio se sorprendió al ver que Carmen comenzaba a reír. Para nada.

Speaker 3

Cuando yo era joven, me

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esperaba una vida totalmente diferente.¿ Me la cuentas?¿ Quieres que te cuente historias de la edad de los dinosaurios, cariño? Tiempo tenemos, añadió lo siguiente que a Carmen le encantó escuchar y me gusta escucharte. pues te la cuento sin problemas, hace cuanto que no me prestan esta atención, se dijo mientras recordaba su vida. Nosotros vivíamos en el pueblo y lo que siempre queríamos era salir de ahí, descubrir el mundo, tu madre decía de pequeña que descubriría otro continente como

hizo Colón. Miraba el globo terráqueo y señalaba zonas sin parar en el mar, decía, aquí, Carmen, aquí. La mujer sonrió mientras los recuerdos la transportaban a una época más sencilla. Los años pasaban y esa rebeldía, esa pizca de locura, se fue disminuyendo. Más que nada por la sociedad, al fin y al cabo era un pueblo pequeño, aunque nunca

nos quitaron las ganas de disfrutar a nuestro modo. Soñábamos con recorrer el mundo en caravana, aprender idiomas en países diferentes, descubrir gente nueva y, dudos y seguir, pero…¿ Por qué no conocer hombres que nos amaran con más pasión una noche que otros en una vida entera?¿ Qué cambio? Cambio que te haces mayor. Yo conocí a tu tío y los sueños de adolescencia se esfuman. Resopló levemente y siguió.

Me enamoré y poco a poco perdí ese fuego interno, esa pizca de locura que nos caracterizaba a tu madre y a mí. Pienso, estoy segura, de que tu madre también lo ha perdido, le pasó lo mismo que a mí. Esa que cuentas, no parece mi madre, sonrió Sergio. Sí que lo era, cariño. Mi hermana siempre me siguió, era su modelo, queda mal que lo diga yo, pero sí. Me tomó de referencia y las dos pensábamos igual, al

final es lo normal, era su hermana mayor. Sonrió con la mente en aquella época y añadió, te diré un secreto, era algo envidiosilla, si yo tenía algo, ella también lo quería, no por mal, sino por afán de superación. Si subía un monte ella también, si yo nadaba en dos minutos de un lado a otro, ella intentaba en uno, si yo tenía novio, ella lo buscaba, Carmen cayó de pronto. Su comodidad le había llevado a soltar su lengua demasiado.¿ Qué pasa tía? Sergio la miró fijamente, estaba hilando cabos

al tiempo que conducía por la caravana. Si la competitividad de su madre era tal y quería superar a su hermana,¿ qué tenía que ver eso del novio? Nada, una tontería, olvídalo, se me ha ido la cabeza, estaba pensando en otra cosa. Sé que mis padres se conocieron a la par que vosotros, ¿no? Ellos algo más tarde, pero más o menos, sí. Estás diciendo que lo hizo por envidia o cierta competitividad. Le dijo Sergio pareciendo que la idea era de lo más estúpida.

A ver, cariño, no, bueno, mira no sé, la situación era que cuando yo estaba con Pedro, ella decía que quería también un novio. Salimos un día y Mari fue con la intención de encontrar pareja, siempre decía que tu tío y yo éramos muy felices que ella quería eso. Tus padres bailaron y se conocieron ese día, miró a sus piernas donde sus manos jugaban con hilo suelto del pareo, esto que te digo, solo lo sé yo. Al de un tiempo tuvo dudas, estuvo un tiempo mal, pero cuando

naciste todas se disiparon. Se llevó una mano al rostro notando un calor que la poseía y siguió algo preocupada, joder, Sergio, creo que no soy la adecuada para contarte eso. No quiero que te imagines cosas que no son. Alucino, me estás diciendo que están juntos por casualidad. No es eso, solo que a partir de ese día casualmente encontró a tu padre, el amor es muy caprichoso. Sé que al principio le costó, pero a tu padre le quiere muchísimo. Además,¿

a qué pareja no le cuesta? Vaya, solo pudo decir el joven, que no reparó en la pregunta de su tía. Un adolescente solo entiende el amor como algo maravilloso, no algo complicado. Esto Sergio no debería haberlo contado, es algo que debería haberte dicho tu madre, si ella quería. Lo siento mucho de verdad si te sienta mal, es que estoy tan a gusto que no sé, se me ha ido la lengua sola, espero que hagas como si no te hubiera dicho nada. Tía, sintió la agitación de Carmen

por haber metido la pata. Pasó su mano hasta la pierna de ésta, rozando su piel calentada al sol y le sonrió para seguir diciéndola, no te preocupes de verdad, no diré nada. El silencio se apropió de ellos después de la última conversación. La música sonaba de fondo, mientras las ideas calientes surgidas en el interior de Carmen se habían evaporado.¿ Ahora se sentía mal por el chico?¿ Le estará dando vueltas? Espero que no. Sin embargo, Sergio seguía

pensando en aquellas palabras. Al principio algo enfadado, como si hubiera vivido en una mentira, aunque después sintió pena por ambos, aunque más por su madre. Sintió que era absurdo que él se sintiera mal, gracias a aquel amorío estaba vivo. Quizás su madre se hubiera casado por presión y con dudas, seguramente por su culpa, ya que sabía que se casaron unos cuantos meses antes de que naciera. Aunque por otro lado, su madre siguió junto a su marido siempre, demostrándole su

amor e incluso teniendo una segunda hija. A lo lejos, vio el cartel que anunciaba la entrada en la provincia de sus ancestros, aquello le sacó del interrogatorio mental al que se sometía y rompió el silencio que les rodeaba. Por fin, la tierra de la familia. Tiene un olor peculiar al entrar que me encanta. Carmen, Sergio respiró hondo

y dijo, una pregunta, si quieres contestarme claro, si no nada. Sí, dime cariño, Carmen se esperaba retomar el tema y no le hacía gracia, pero asumiría su error contestando lo que quisiera.¿ Vosotras dos erais guapas de jóvenes? Sergio, claro que te respondo, la pregunta le sorprendió totalmente, pero se sintió algo aliviada y con una sonrisa pícara contestó, guapísimas,¿ ni te lo

imaginas por qué? Pensando en lo que has dicho, por supuesto quiero mucho a papá, pero quiero que me contestes con sinceridad.¿ Crees que era el hombre que ella quería? En las fotos de la boda, mamá parece una princesa y Dani, no tan príncipe. Tu padre no es feo, Sergio, para nada, y muchas veces lo que resalta de una persona no es su físico. Aunque tu madre era una belleza, esa es la verdad, en el pueblo cualquiera se hubiera casado con ella. Quizás se apresuró. Aunque bendita prisa, que

de ahí salí yo. Esto volvió a resoplar, no es lo que yo pienso, sino lo que he oído de ella y lo que pude interpretar en su momento. Puede ser que sí. Pues, vaya, dijo algo cabizbajo aunque se le ocurrió preguntar,¿ y tú, qué me dices de ti? Carmen no pudo evitar mirar con una sonrisa maliciosa a su sobrino, una pregunta tan descarada sólo puede venir de su boca, le encantaba como era.¿ Quieres saber si me apresuré?¿

O si también me podría haber casado con cualquiera? Sergio alzó los hombros, sabía que era igual guapa que su madre, la segunda respuesta la tenía clara, con cualquier aseguro. Nuestro padre siempre dijo que éramos las más hermosas del mundo, quizá en eso se pasó, pero,¿ del pueblo? Creo que sí. Quizá no suene demasiado humilde, pero es la verdad. En mi caso, tenía pretendientes, pero Pedro me encandiló, no era lo que tenía pensado, atarme a alguien de por vida, pero no me puedo quejar.

Speaker 3

Qué vida hubieras preferido?¿ La de viajera? Ambos rieron.

Speaker 2

No lo sé, pero ser un alma libre, coger a tu madre e irnos en coche por el mundo, sin que nadie nos detuviera. Vivir la vida con 20 años hasta los 30 o los 40, quién sabe, pero elegí sabiamente, esa vida no me llevaba a nada y quizá hubiera arrastrado a tu madre. Hubiera sido una vida muy hippie, ahora las dos somos felices. La verdad, que mi madre cada año

la veo más apática, más apagada. Cuando éramos pequeños hacíamos más viajes, más cosas, pero ahora, será por la edad, apenas sale a dar un paseo o tomar algo con las amigas muy de vez en cuando. Esas pequeñas salidas al menos la hacen mantenerse un poco activa. Y tía tú. Tu madre prefirió no retomar el tema de Pedro y sus escarceos, aunque no lo parezca es igual de coqueta que yo, le encanta verse guapa. Puede ser, tía, pero es que no la ves, tiene una vida de vieja.

Tú eres muy guapa, pero ella cada vez se cuida menos y se ve más mayor. No digas eso, hombre, si tu madre estuviera unas semanas conmigo, la volvía como nueva. La obligaba a hacer deporte conmigo, que un rato al día no viene nada mal. La llevaba a la peluquería, que por lo que he visto, hace meses que no va, pero, no quiere, es muy cabezota, y al final añadió, y gracias.¿ Tan guapa me ves mi vida?¿ Por qué le gustaban

tanto los halagos de su sobrino? No lo sabía. Ojalá pudieras hacer eso con mamá, entre todos la matamos de verdad, yo cada vez intento molestarla menos, añadió al final, y bueno, para ser una señora mayor sí que eres guapa. Sergio recibió un golpe en el brazo a modo de broma que le picó brevemente. La cara de Carmen fingiendo estar

malhumorada le hizo saber que se lo había ganado. Lo que tienes que hacer, no es dejarla en paz, sino quererla cuanto más mejor, eso la dará vida, intenta hacer cosas con ella, obligala a salir.¿ La tratas como me tratas a mí? No sé, creo que no, contigo es otra cosa, me sale natural, más de amigos, como si tuviera más confianza.¿ Somos amigos? No sabía eso, entonces espero

que me lleves con tus amigos de fiesta. Acabó riéndose y retomó el tema de su hermana, de verdad, Sergio, deberías tener esta confianza con ella, darla amor, es lo que necesita. Si quieres te llevo encantado, la miró imaginándose la estampa, sería bastante extraño aparecer delante de sus amigos con su tía, con lo de mamá, entiendo lo que dices,¿

a ti te ha faltado alguna vez? Si recuerdas la conversación que hemos tenido sobre tu tío, puedes deducir que muchas veces, sentenció, pero, desde que me he montado en el coche tengo que decirte que no me falta nada de amor.

Speaker 3

Por mí? Se sorprendió y miró a los ojos a su tía. Sí, ella le correspondió con una intensa mirada.

Speaker 2

No entiendo? Tampoco te he tratado de manera especial o eso creo. Siempre me lo paso muy bien contigo, eres la leche, cariño. Qué joven se sintió Carmen con esa frase, aunque en este trayecto, he estado especialmente feliz. Me he reído como nunca y me lo he pasado muy bien, si hasta voy con un pareo mojado y los pechos casi al aire. Y mira, no me da vergüenza decírtelo. Me alegro, aunque Carmen no he hecho nada, siempre soy así. Otras veces también hemos estado solos y te conozco muy bien.

Sin embargo, de manera tan cercana, solos durante horas, nunca. Me has pasado tu vitalidad, Sergio, te lo juro. Si hasta te he contado lo de Pedro, las palabras salían de su boca de forma sincera, ni ella se creía lo bien que se encontraba, me siento, como tú mismo has dicho, como con una amiga. Puede que tengas razón con lo de nuestra amistad. Yo también, aunque siempre te vi como algo más que un familiar, por eso te

dije lo de Marta. Espero que no te hayan aburrido mis cosas de vieja loca, es que me sentía tan bien.¿ Soy una buena sergiosina?

Speaker 3

Dijo el joven sonriendo ampliamente. ¿Cómo? Si soy buena medicina, Sergio más medicina. Vale. Qué broma

Speaker 2

más mala cariño, río después de manera estridente, puede ser. Hubo un breve silencio y Sergio vio el instante perfecto para decirle algo que había decidido a último momento, en un instante en el que esa felicidad que les rodeaba les envolvió por completo. Más o menos,¿ podríamos decir que el tío vuelve entonces en una semana? Eso espero, pero nunca se sabe, como se alargue me voy a cabrear. Carmen, dime sinceramente,¿ te gustaría que me quedara en tu casa?

No entendía el reparo que le daba preguntárselo, incluso su propia tía le había dicho que podía hacerlo. Por supuesto, respondió con tono serio y seguro. Si no me vuelves a pegar esos manotazos, que pican, me quedo contigo. No te prometo nada, siguió la broma y al final añadió, me encanta la idea. Si tuviéramos tiempo, incluso me gustaría que viniera mi madre, así podrías hacerla disfrutar y que

se relaje. Por poder, pero ella tiene que querer, y eso no va a suceder, Carmen dudó al principio, pero después se acercó a su sobrino. Posó sin pensarlo sus labios en la mejilla del muchacho y depositó un tierno beso. Se retiró, sentándose de nuevo en el asiento cómodamente y prosiguió, de verdad mi vida, gracias por quedarte. Sergio sintió el aroma de su tía cuando el beso le acaloró la mejilla. La piel se le había erizado y una picazón le comenzó a renacer donde la parte más íntima de un

hombre se encuentra. Su cerebro de abajo había adormitado después del incidente, o no tan incidente, del escote de su tía y de nuevo, daba la bienvenida. Aunque luchó con toda su fuerza de voluntad aquel órgano reproductor iba en camino de estar en su máximo apogeo. Creo que ya hemos llegado, Carmen divisó su casa al final de la recta. Un viaje largo, pero entretenido, ¿no? Aunque te parezca raro, me ha resultado tan reconfortante que no me hubiera importado

seguir más tiempo. Cerca de la entrada, Carmen sacó un pequeño mando y accionó un botón. La valla que estaba automatizada comenzó a moverse hacia un lado y les dejó paso para que por fin llegaran a su destino. Con el otro botón abrió la puerta del garaje y Sergio, mientras metía el coche en el interior, se maravillaba de lo grande que era la casa. Todos los años le

pasaba y seguramente en el futuro, también. Una vez detenido el coche, el joven comenzó a bajar las maletas sin dejar a su tía que le ayudase, peculiares maneras de agradecerle el hospedaje en su casa. La posición del garaje era en un ala del edificio, teniendo conexión directa con la casa a través de una puerta. El interior, aunque no era excesivamente grande, al chico le volvió a maravillar.

El salón les recibió nada más entrar, con la cocina a un lado, equipada con lo más innovador y otra puerta que si no recordaba mal, era el baño de la planta baja. Carmen le pidió que dejara las maletas en las habitaciones de sus hijas, allí es donde Sergio dormiría, total sus primas hacía muchos años que las deshabitaron. Una vez subidas las escaleras y dejó las maletas en la

primera habitación. La habitación la conocía, era donde solían dormir sus padres cuando la visita se alargaba más de lo debido y con cuatro copas de más no podían volver donde la abuela. Aunque no posee apenas mueves, sólo la cama, dos mesillas y el armario empotrado, es el doble que su habitación y que decir de la ventana, por la que entraba una claridad de la cual sería difícil escapar.

Comenzaron a andar por el pasillo mientras Sergio admiraba el gracioso andar de su tía, el cual parecía más un contoneo que un paso normal, sin saber por qué, le encantaba. Pero poco duro, Carmen levantó el brazo señalando la siguiente puerta, Sergio sabía que era el baño de la parte de arriba, no hacía falta esas explicaciones. Para finalizar, el lugar que menos conocía el muchacho, su tía le llevó a su habitación donde, al fin, el joven descargó la pesada maleta.

En medio de la estancia una cama presidía la habitación, la cual era enorme y pegaba de maravilla con la televisión, que más bien era un cine. Dos pequeñas puertas estaban enfrente, una con espejo que daba a un pequeño habitáculo donde estaba el vestidor. La otra prácticamente a su lado, comunicaba con un baño, donde su tía le comenta al entrar, que este es su último capricho que se ha dado. Sergio alucinó al ver lo que hay en el interior, aparte de la ducha y demás cosas evidentes que posee

un baño, había un jacuzzi. El joven no da crédito. Eres millonaria, me da igual lo que digas, Carmen no pudo evitar reírse. No, cariño, pero sí que tenemos bastante dinero. Aunque piensa que aquí las cosas son más baratas, la casa en sí, con los terrenos, para que te hagas una idea, valdrá lo mismo que la vuestra. En verdad estamos a las afueras del pueblo, si no estuviera la casa aquí habría un secarral. Sí, pero aquí os habéis

construido una mansión. Donde hemos gastado el dinero ha sido en lo de dentro, eso es cierto, pero la mano de obra también es más barata, creo que vale menos de lo que te imaginas. Lo que más nos costó fue la piscina, y mantenerla claro, que apenas la llenamos desde junio a septiembre, el resto del año está vacía por razones obvias. Tengo ganas de meterme, ya que gastáis dinero en ella hay que aprovechar, Carmen río de nuevo. Junto a su sobrino no se le iba la sonrisa.

De momento, vamos a comer algo,¿ no te parece? Le mandé un mensaje a Sol para que nos hiciera algo de comer.¿ A quién? Sol, la chica que nos cuida la casa, nos ayuda a limpiar y hace la comida de vez en cuando. Es una mujer maravillosa, no vive muy lejos de aquí. Sergio volvió a poner cara de sorpresa. Antes de que añadiera lo ricos que eran, su tía le cortó, no pongas esa cara que me está dando

vergüenza contarte las cosas. Anda, vamos abajo. Bajaron y en la cocina ya estaba todo listo, la mujer les había dejado para cada uno, un primer plato, un segundo y una tarta de postre, un lujo. Dieron buena cuenta de todo, tenían tanta hambre que en toda la comida apenas soltaron unos cuantos gruñidos, mejor comer que hablar. Al terminar y limpiar la vajilla, cada uno se fue a su habitación para descansar del largo viaje. Sergio antes de tirarse en la cama, sacó de su mochila algo de ropa y

la dejó colocada para más tarde. Todavía dudaba si se quedaría toda la semana, un día, dos, si sus amigos le llamaban diciéndole que llegaban antes debería marchar y no molestar más a Carmen. Tenía en su cuerpo unas ganas increíbles de salir de fiesta, emborracharse y olvidarse de todo, y claro, hacer eso en la casa de Carmen por

mucha confianza que tuviera no le parecía lo adecuado. Lo más extraño era que por su mente transcurría sigiloso, sin hacer ruido, otro pensamiento que se estaba arraigando de forma poderosa, si se quedaba con su tía y pasaba aquellos días junto a ella. Antes de que pudiera darle vuelta a esa pequeña idea, comenzó a cerrar los ojos, empezando a adentrarse en un mundo entre el sueño y la realidad. Dejó su mente en blanco sin querer pensar en nada más,

suficientes sensaciones para un único viaje. Justo antes de caer completamente en los brazos de Morfeo una imagen le asaltó. Era una mujer, una mujer preciosa que se acercaba a él con paso firme y una mirada felina. Su pareo de colores, su piel dorada y una silueta que podía quitar el hipo a cualquiera le delataba. Lo último que su mente le proyectó antes de dormir fue a una mujer preciosa, increíble, a Carmen, a su tía favorita. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy.

Speaker 3

Hasta la próxima.

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