CEDIENDO A LA CALENTURA - PARTE 21 (Relato Erótico) - podcast episode cover

CEDIENDO A LA CALENTURA - PARTE 21 (Relato Erótico)

Nov 05, 202537 min
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Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes Hoy presentamos Cediendo a la calentura, parte 21 El fin de semana discurrió de la misma forma que los días anteriores. Sergio pasaba enclaustrado en su habitación la mayor parte del tiempo con los libros delante de sus narices, pero valió la pena el esfuerzo. Según el lunes a la mañana salió del aula donde por fin terminaba con los exámenes, no podía estar más contento. Había solventado aquel mes de la mejor

manera posible. Todos los exámenes del que tenía alguna nota estaban aprobados y sólo le faltaba saber el que recién había hecho y el del viernes, los cuales seguro estaban aprobados. Con la mochila a cuestas y los apuntes dentro de ella, volvió al coche levitando sobre una nube. Esa mochila que tanto pesaba a principio del mes, ahora la sentía más que liviana, como si tuviera alas. Incluso tuvo la suerte de aparcar delante del portal, todo le salía a pedir

de boca, las cosas no podían ir mejor. Subiendo a su casa recordó la conversación con Marta y un leve picor le asomó entre sus piernas, pero debía pasar página, aquel beso era el último. No volveremos nunca, pero un aquí te pillo, aquí te mato, no me importaría pensó mientras salía del ascensor. Saludó con efusividad y arrojó la mochila a su cama al pasar por su habitación. Se dirigió directo a la ducha, queriendo limpiarse el olor a

estudio que le envolvía como un perfume. El agua le caía caliente por todo el cuerpo, golpeando sus hombros cargados debido a la postura del estudiante y los relajaba sin parar. Necesitaba un descanso, vaya si lo necesitaba, se lo había trabajado mucho y el estrés de todo el mes debía desaparecer de un plumazo. Pensó en qué podía hacer durante las dos semanas que le quedaban para descansar y todo

un abanico de posibilidades se abría ante sus ojos. Podría ir con sus amigos de viaje o podría aprovechar para vaguear en casa lo que no estaba escrito. Una de las opciones que se le cruzó por la cabeza fue hacer algo con su hermana, todavía le debía una por la vez que la dejó ir sola a casa, aunque ella no lo supiera. Pero no sabía qué podía hacer, bueno, tenía tiempo para pensarlo, por el momento, lo que decidió fue mirar a su amigo que tanto se activaba últimamente y...¿

Por qué no darse una alegría? La puerta abriéndose le sacó de su momento cercano al Nirvana. Asomó la cabeza para ver de quién se trataba, quien osaba perturbar la paz que tanto se había labrado. La que había atravesado la puerta de madera con todo su descaro como siempre lo hacía, era quien se temía, su hermana. Laura,¿ qué pasa? No sabes llamar a la puerta. Lo siento, Sergio.

Speaker 3

Es que quería limpiarme los dientes. Eh.¿ Me has pedido perdón por entrar sin llamar?¿ Dónde está mi hermana?¿ Qué has

Speaker 2

hecho con ella? Escuchó las risas de su hermanita y él sonrió a la par. Cuanto había cambiado su relación, había solucionado aquella distancia que tanto le separaba y todo mediante lo que podría denominarse un error. Haber tenido algo con una amiga suya le había llevado a pasar una noche con Laura y debido a aquello, estrechar los lazos que ellos mismos habían desatado.¿ Qué tal los exámenes? Preguntó la joven haciéndose entender con el cepillo en la boca.

Pues bien, muy bien. Le sorprendió la pregunta. Es más, le dejó perplejo que Laura supiera que estaba de exámenes, creo que voy a aprobar todas. Todavía me quedan dos notas por saber, pero estoy seguro de que las paso. Cómo me alegro. Sergio escuchó cómo escupía la pasta de dientes y después la jovencita añadía, por cierto, el otro día, tu amiguita.¿ Estamos hablando de Alicia? Apuntilló Sergio al

Speaker 3

escuchar el tono de recochineo.

Speaker 2

Exacto. Pues nada, estuvo hablando un poco de ti. Sergio frunció el ceño, dándose cuenta en aquel momento que sin verse sabía que estaba haciendo el mismo gesto que su tía y su madre, cosas de familia. Las preguntas se formularon en su cabeza,¿ de qué hablaría Alicia? No tardó en preguntar

Speaker 3

para salir de dudas. Sorpréndeme.¿ Qué dijo? Obviamente

Speaker 2

no dijo tu nombre, quizá porque estaba yo delante con más amigas. Pero estuvimos hablando de chicos, de con quien lo habíamos hecho la última vez y así, bueno, cosas de chicas. Para, para, para. Sergio asomó la cabeza para mirar a su hermana. Esta vio el gesto torcido de su hermano junto con su pelo alborotado lleno de champú, la imagen era realmente cómica. ¿Qué? Sacando una sonrisa que llevaba a la carcajada y no le daba para reprimírsela.

tú chicos sergio que tengo 17 años y voy a cumplir 18 claro que sí se me ha caído un mito qué desgracia el dramatismo del joven logró hacer sacar una carcajada a su hermana aunque una cosa la cabeza de sergio volvió a asomar esta vez con la zona de barba también blanca de forma tan abundante como cómica Laura se rió, de mis amigos,¿ con ninguno no?

Speaker 3

De momento no. Pero, ya

Speaker 2

veremos, te la tengo que devolver. Ni se te ocurra, o te meto a monja, soy el primogénito varón y tengo que guardar nuestra estirpe. Laura rompió a reír con aquella bobada que su hermano decía. Le encantaba cuando estaba de buen humor, todo lo que decía le hacía gracia, porque no era lo que soltaba sino como lo decía. Tranquilo, Tato. No voy a hacer nada con tus amigos, lo prometo. Bueno,

vuelvo al tema que me lías. Pues resulta que eso, estábamos el otro día tomando algo en la calle y hablamos de ese tema, del último chico con el que estuvimos. Hablamos todas y cuando le tocó el turno a Alicia, pues no dijo tu nombre, pero habló de ti. Seguro que me puso por las nubes. La ironía de Sergio se podía incluso cortar. No tanto. Empezó a hablar de que si no eras buena gente, que si no diste

la talla y demás cosas por el estilo. Yo la miraba esperando que dijera que estaba de broma, porque ella me lo había contado, sabía que el último chico con el que había estado eras tú. Pero nada, erre que erre con que el peor polvo de su vida y así. Si te soy sincero, creo que estaba mintiendo. El orgullo de Sergio había sido herido en parte, aunque la verdad, tampoco mucho. Soltó incluso que si tenías un micropene, fue entonces que me reí.¿ Cómo que te reíste? A Sergio

le interesó lo que venía a continuación. Me reí y todas me miraron. Delante de las demás le dije que yo conocía al chico y que ella lo sabía. Alicia cayó, pero no reculó, por lo que le dije que de micropene nada y que además es un partidazo.¿ Mi hermanita me sacó la cara? Estoy flipando, Laura. Bueno,¿ eres mi hermano que quieres que diga? Además que no me gusta

que mienta. Y Lando Cabos, recordé que más o menos después de su cumple estaba realmente feliz, o sea que puede que fuera gracias a ti, no se lo pasaría tan mal. puede. Oye, de verdad, gracias. No era necesario, al final lo que opina Alicia de mí lo se desobra y lo que diga me da un poco igual, pero que me hayas defendido me encanta. Te quiero. No es para tanto. Quitó hierro al asunto, dejémoslo en que no me gusta que mienta ni menos de mi hermanito.

Ambos rieron y Laura abrió el grifo del lavabo para dar un trago de agua y después lavarse el rostro. Sergio pensó una cosa que le estaba picando en el cerebro y decidió preguntársela a su hermana. Laura,¿ cómo sabes tú que no tengo un micropene? Pues muy sencillo. Cuando vas a la ducha, sueles ir el trayecto desde tu habitación al cuarto de baño la gran mayoría de veces desnudo. Y no sé si te piensas que nadie te veo que vive solo, pero, tato, que mi puerta está al lado,

cada vez que pasas así te veo. Vaya, el tono de Sergio denotaba decepción, no sabía, que te va ese rollo, que tenía una hermana mirona. Imbécil. Respondió Laura mientras no se aguantaba la carcajada,¿ qué quieres que haga? Ya te tengo más que visto. Te conozco tanto como tú a mí, es como si alguno de tus amigos te dijera, pues Laura tiene unas tetas pequeñas no sé qué,¿ te lo creerías? Pues hace mucho que no las veo, no sé yo.

Pues ahora mismo te las enseño. La broma no se detenía y ambos sin verse sabían que el otro tenía una mueca de felicidad. No, tata, gracias, reuso tu proposición indecente. Seguro que son preciosas, pero no lo veo adecuado. Tú te lo pierdes. Con un tono más que altivo para seguir jugando entre ambos. Los dos volvieron a reír y dentro de la ducha mientras el joven se aclaraba el gel que corría por su cuerpo, escuchó como la puerta se volvía a abrir. Su hermana estaba a punto de

salir y recordó una cosa. Oye, Laura, esto en serio. Es una tontería, lo sé, pero todavía me sabe mal cuando no volví contigo a casa. Déjalo, es una chorrada, si estabas de fiesta, no ibas a volver por mí. Laura no le daba muchas vueltas al asunto, de haberlo hecho podría haberse olido donde estaba su hermano. Ya, puede ser, pero para mí no lo es. El sentimiento de haber elegido a Alicia en vez de a su hermana aún

le escocía, tenemos que hacer algo.¿ Qué quieres hacer? No sé, tenemos que pensarlo juntos, pero lo que quieras, eso está en tus manos. Te tomo la palabra y de nuevo con el tono de broma habitual que volvía a reinar entre ellos tras muchos años, le añadió. Bueno, Marcho, ya puedes seguir masturbándote con tranquilidad. Laura. La joven se fue y Sergio se quedó tranquilo en la ducha. Sería una buena opción la masturbación, pero después del comentario de su hermana,

le parecía extraño hacérsela. Aunque pensándolo bien,¿ qué más daba? Había tenido relaciones con su tía y soñó de forma muy sexual con su madre, aquello no sería más que otra muesca en su revolver. Pero aún así, lo desechó y salió envuelto en una toalla, demasiada agua gastada como para desperdiciar más. Mirándose en el espejo, recordó cómo era su hermana antes de Navidades, huraña y desagradable, una adolescente

con las hormonas alborotadas. Aunque tampoco se llevaban tanto, la diferencia era palpable.¿ Cómo había cambiado todo en tan poco tiempo y, aquello le recordó que era cierto que hacía mucho que no la veía desnuda, sería cierto que las tenía tan grandes? No lo recordaba. Se veía un gran bulto en su camiseta, pero,¿ en verdad habría heredado tanto

los ojos como los pechos familiares? De imaginarlo un escalofrío recorrió su espalda atorando su cerebro, y diciéndose al mismo momento tengo que relajarme, últimamente se me va la cabeza, los pechos de Laura ya son demasiado. Salió más relajado de la ducha y con una sonrisa de oreja a oreja. Con el pijama puesto se acercó a la sala donde

se encontraban sus padres. Divisó un rato una serie de la cual ni siquiera tenía conocimiento, pero que sus padres veían con atención y esperó a que el capítulo terminase.— Mamá,¿ me podrías ayudar a hacer algo de cena? Le comentó el joven queriendo hablar con ella sobre la novedad de Marta. Quería tener la confianza que poseía con su tía, una confianza más similar a amigos que a familiares, este sería un buen momento para comenzar a labrarla.¿ Quieres que te

ayude o que te la haga? Respondió Mari con una sonrisa irónica levantándose de al lado de su marido. Yo ayudo, ya verás. No colaboró en nada. Apenas llegaron a la cocina, la mujer se puso a preparar unos sándwiches mientras el joven se sentaba en la mesa a esperar. Eso sí, mientras ésta cogía los ingredientes, Sergio aprovechó el momento para empezar con lo que de verdad le interesaba. Tengo que contarte algo, no esperó a que su madre le preguntase. Lo soltó de una vez, Marta

Speaker 3

y yo, ya no estamos juntos. Vaya.¿ Qué ha pasado?¿ Estás bien?

Speaker 2

Mari se había girado al momento asomando en el rostro unas gotas de preocupación. Sí, sí, esta vez ha sido diferente. Creo que no somos del todo compatibles y lo hemos dejado como amigos, aunque bueno, ya sabes eso de amigos, quizá no volvamos a hablar en la vida. Pero puedo decir que esta vez, todo quedó bien. Pues si estás bien, me alegro, cariño. La mujer siguió preparando la cena y desde su posición comentó, sinceramente, creo que las segundas partes

no son buenas. Cuando una pareja rompe es por algo y ese algo, es difícil que después cambie, incluso suele quedar resquemor. Me parece que es justamente lo que nos pasa.¿ A ti te sigue gustando? Claro, y la sigo queriendo. Pero ha sido la mejor decisión que podíamos tomar. Lo hemos hablado en la universidad, se lo he comentado e incluso nos hemos despedido con un abrazo. Hemos vivido mucho

juntos y eso siempre quedará para nosotros. Mari que preparaba la cena de su hijo dándole la espalda, no pudo guardarse una sonrisa que le surgía desde su interior. No le gustaba aquella chica para su hijo, porque en verdad se había dado cuenta hacía poco que ninguna le gustaba para él. Entonces,¿ quién podría ser la indicada? Esperaba que en algún momento se casara y tuviera hijos, pero de momento,

le gustaría que estuviera solo. Por mucho que se quisiera engañar, sabía muy bien por qué prefería que su pequeño no tuviera pareja. Trataba de pensar que aquello era una idea disparatada fruto de una mente que cada día estaba más alocada, pero no lo era. Ahora Sergio tendrá más tiempo, podríamos hacer más cosas juntos, pensó mientras ponía la lechuga sobre el pan de molde. La idea de tener planes con Sergio le hacía estar más feliz que...¿ junto a su marido? Tristemente,

era así. El día del cine había sido tan perfecto que esperaba otra invitación por su parte, sabía que en época de exámenes no sucedería, pero ya habían terminado, ojalá tenga un plan para los dos. Sergio seguía hablando de la relación rota con Marta, sin embargo su madre surcaba pensamientos del todo inapropiados sin escucharle. Últimamente se cuidaba más, vestía algo mejor, sin ropas rotas o camisetas usadas de sus hijos. Todo aquello era por quererse más o por

alguien más. La segunda opción era la más acertada y en el fondo lo sabía. Durante este último mes había estado pensando más en sexo, algo que tiempo atrás apenas le hacía perder uno o dos minutos al día. Desde la visita a su hermana un pequeño picor interno había regresado a su cuerpo y sobre todo desde las fiestas navideñas se acrecentó. Logró con éxito par de orgasmos en unas relaciones algo, pobres, con su marido durante todo enero.

Misionero y ella arriba, no pasaron de ahí. Pero al menos, y casi con la primera introducción, consiguió un clímax muy satisfactorio, quizá por la poca falta de coitos o quizá porque llevaba una temporada más, caliente de lo normal. Mientras ponía unas lonchas de jamón cocido, recordó la última relación sexual con Dani. Había sido un día en el que su hija no estaba y por la tarde Sergio había ido a un examen. Ella le había puesto bastante pasión, sin

embargo su marido apenas aportó, estaba cansado. Era normal que estuviera así, tenía mucho trabajo y se deslomaba, pero siempre era lo mismo. Lo más difícil de asimilar para ella había sido el precoito. Todo aquel día se había levantado con un pensamiento en la cabeza. Quizá lo habría soñado o simplemente su mente le había traído una conversación con su hermana donde hablaban de un miembro sexual, el de Sergio.

Las imágenes vividas aquel día hace tanto tiempo en el que le vio masturbarse la habían machacado toda la mañana. Veía a la perfección los dedos aferrar la carne mientras venas repletas de sangre bordeaban el tremendo tronco. Era una imagen que nunca le había agradado, salvo ese día, en el que pensarlo le llevaba por un camino de placer. Siguió recordando aquella situación mientras colocaba el queso y su hijo parloteaba a la par que ella contestaba con síes

sin tener en cuenta lo que dijera. El miembro gordo y grande de su pequeño la había perseguido incluso a la tarde y no pudo reprimirse las ganas de convencer a su marido para hacer algo. Por supuesto lo hicieron, y aunque ambos llegaron al orgasmo, Mary se sentía vacía, como si todavía necesitase más. Aquella noche mientras su marido dormía, la inquietud le había asaltado. No podía dormir, el picor en su entrepierna era desmedido y un pensamiento bloqueado tiraba

abajo toda restricción impuesta. Miró si su marido dormía profundamente, por supuesto que lo hacía, los ronquidos eran demasiado sonoros como para estar despierto. Una mano traviesa pasó la goma de su pijama nuevo y llegó a una zona la cual últimamente se cuidaba mucho más, incluso ese día la había depilado casi al ras. No se reconocía, era otra Mari, una, más joven. La noche cuando salieron del cine, era cierto que acabó por masturbarse, pero aunque Sergio tuvo mucho que ver,

logró aislarlo de su mente. Sin embargo ese día le era imposible, todo el tiempo aquella imagen de su hijo con un pene de lo más erecto masturbándose la había avasallado. Incluso le volvió a la mente como en casa de su tía estando los tres en el jacuzzi, salió con una erección más propia de un caballo. No se reprimió, por primera vez en su vida dio rienda suelta a la lujuria que la aprisionaba, total, es mi cabeza se convencía mientras los dedos se movían en torno a su clítoris.

Se imaginó que entraba en la habitación, que apagaba el ordenador a su hijo y se sentaba a ella en sus piernas terminándole el trabajo. Sus dedos veloces lo hacían tan bien que al de un minuto no tuvo que pensar más, todo fluyó entre sus piernas. Sus pulmones explotaban mientras reprimía un grito contra el cojín y trataba de respirar lo más lentamente posible para no despertar a su marido.¡

Qué bien se lo había pasado! Y cogiendo el bote de mayonesa escuchó que Sergio seguía hablándola, aunque sin saber por dónde iba, perdió el hilo, como para no. Aunque lo que no perdió fue el recuerdo de tal precioso orgasmo y de cómo, después de completarlo, se imaginó diferentes situaciones con Sergio. Posturas que hacía mucho que no probaba. Posturas que quedaron años atrás olvidadas, incluso, sexo oral.¿ Hacía cuánto que no practicaba el sexo oral? No lo sabía.

Le encanta, le gustaba mucho hacérselo a su marido y cuando ella lo recibía.¡ Qué placer! El bote de mayonesa seguía en sus manos, apuntando a ambos trozos de pan del sándwich, al tiempo que pensaba en el sexo oral que tanto añoraba. Sólo se imaginaba una cosa mientras sus

manos rodeaban el cilindro que había entre sus dedos. Dirigiendo el chorro que se avecinaba y queriendo apretar con ganas para que aquel fluido blanco saliera le dio palabras a sus pensamientos el pene de Sergio.¿ Por qué esta locura? meditó mientras trataba de que aquel bote se convirtiera en un miembro de piel suave, músculos duros y con una magnitud considerable. ¿Mamá? La voz de Sergio la llegó a asustar.

El volumen de su voz se elevó demasiado sorprendiéndola y haciéndola temblar por un momento mientras sus manos apretaban aquella mayonesa sin control.¿ Me estás escuchando? Sí, cariño. Bueno es que me acaba de venir algo a la mente, lo siento. Mari miró a su hijo con una sonrisa nerviosa pensando que sus ideas descabelladas podían ser leídas por su primogénito. Pero para nada iba a ser así, Sergio sabía lo ocupada que estaba siempre su madre, era lógico que algunas

veces no escuchase. La mujer volvió la vista al sándwich. El chorro había sido potente, abundante, fijando sus ojos azules en el pan. Solo le venía una cosa a la cabeza a Sergio. Me estoy volviendo totalmente loca, se gritaba mientras su cabeza seguía imaginando que aquella crema tan abundante era de una persona y...¿ Por qué no? Se lo daba a ella.¿ Quieres este sándwich? Quizá puse demasiada mayonesa, le preguntó Mari. No, si la mayonesa le da un

toque más sabroso. La madre se lo acercó a la mesa. Muchas gracias, mamá. Tiene una pinta deliciosa. Sí que la tiene, contestó Mari sin saber por qué o por quién lo decía. La mujer se sentó a su lado, frotándose los ojos para después hacer lo mismo con sus sienes. No le dolía nada, solo quería sacar fuera esos pensamientos inadecuados y hablar tranquilamente con su hijo. Cariño, Sergio no respondió con la boca llena, he estado mirando lo del trabajo que

te comenté. A papá le ha costado decir que sí, dice que no hace falta, pero yo creo que sí y bueno, tú también tienes que saberlo, quiero escuchar tu opinión. El joven masticaba con ansia, tenía bastante hambre, pero los oídos estaban puestos en su madre, aquella información le había causado cierta intriga.¿ Sabes quién es Mariví? Creo que tiene un hijo de tu edad, más o menos, se llama.¿ David puede ser? Sí, dijo después de tragar un gran trozo. Sé quién es, pero no le conozco, tiene par de

años más que yo, o quizá alguno más. Pues hablé con ella del tema, sin más, salió la conversación. Me comentó que su madre hacía un mes que había fallecido y que ahora estaba sola en la tienda de ropa. Me dejó caer que si quería podía empezar con ella, un sueldo bajo y pocas horas, para ir aprendiendo. Luego ya iría a más. No sé, me da algo de miedo, más que nada por hacer algo nuevo, pero creo que vendría bien para la casa y para mí. Por mí, adelante.

Mari no se esperaba ninguna otra respuesta de su hijo, aunque sabes que si hace falta vuelvo al cine, no tendría problema. No, hijo. Si vuelves a trabajar que sea para tener dinero para tus gastos, ya te lo dije. Mari alargó la mano y cogió la de su hijo mientras tragaba la bola que se le había hecho en la boca. Sabía que me apoyarías, gracias. La mano de la mujer apretó con fuerza a su hijo como queriendo llegar a más, a decir alguna cosa más o a

querer pasar un límite. Sin embargo, dejó de apretar y fue a retirarla cuando de pronto, Sergio se la agarró entrelazando los dedos. A mí todo lo que hagas, si es bien para bien, me parece correcto, mamá. Sus miradas se cruzaron con fuerza y ambos quedaron con los ojos fijos en el otro, si quieres trabajar, trabaja. Incluso si es lejos y hace falta que te vaya a buscar iré, o coge mi coche, no me importa. Eres un cielo.

Te quiero. Sergio sonrió de felicidad al escuchar que cada vez su madre soltaba más frases cariñosas, aquello le hacía sentirse de maravilla, el día no podía mejorar. Por cierto, tenemos que repetir lo de ir al cine,¿ no te parece? Por supuesto. al pensar en esa opción amar y le brillaron los ojos. Con el sándwich terminado, Sergio se levantó de la mesa dejando a su madre sentada en la

silla de al lado. Esta se colocó correctamente el cabello detrás de la oreja y se entristeció un poco, quería decirle que se quedara un rato a su lado, pero debido a sus pensamientos reales, no lo veía decoroso.« Voy a mi habitación», Sergio colocó ambas manos en los hombros de su madre y con un lento movimiento, besó la mejilla caliente de Mari, yo también te quiero. Aquello último lo había dicho en su oído y la piel se

le erizó por todo el cuerpo. Notar el aire caliente que desprendía por sus labios era demasiado y mientras su hijo marchaba, ella suspiraba con ganas. En la habitación el joven no perdió ni un segundo. Se le había ocurrido algo mientras hablaba con su madre, algo de lo que tenía muchísimas ganas. Encendió la pantalla del móvil y marcó un número que se comenzaba a saber de memoria. No le hacía falta ni mirar la agenda, aunque allí lo

tenía guardado como tía Carmen. ¿Cariño? Respondió la mujer al otro lado del teléfono.¿ Qué tal está mi tía favorita? Pues sorprendida de que me llames a estas horas y además así de pronto,¿ no habrá pasado algo? Siempre que le iba a llamar su sobrino, Carmen solía tener al menos un mensaje avisándola. No, tranquila, todo está bien. Solo te llamaba para contarte algo. Pues dispara, pequeño, justo iba a ponerme a cenar. Acabo de terminar los exámenes, además

creo que voy a aprobar todas.¡ Qué bien! La voz de Carmen se notaba realmente feliz. Como me alegro, es que eres muy listo. Ahora puedes descansar un poco o vuelves a tener clase. Pues tengo un par de semanas de vacaciones y por eso te llamaba. Sergio cayó para notar la reacción de su tía. No entiendo.¿ Qué quieres, cariño? He pensado y todo esto si te parece bien, me gustaría ir a visitarte, la última palabra sonó como debía sonar,

escondiendo lo que en verdad tramaba. Por un momento el móvil se quedó en silencio, ni de un lado, ni del otro sonaba ni siquiera una respiración. Carmen se había quedado helada, completamente paralizada, no porque le viniera mal, sino por las ganas que nacían dentro de ella porque eso sucediera. ¿Tía?

Speaker 3

Comentó Sergio al no escuchar nada. Estoy aquí.¿ Te parece mal? Si un día esa proposición

Speaker 2

me parece mal, te doy permiso para que me mates. Pues te diré que me he asustado un poco, pensaba que igual estaba el tío por ahí o algo. No, tranquilo, cariño. Pero vaya que me has pillado así de pronto y una no es de piedra. Mi idea es ir un día, bueno, dormir donde la abuela y eso.¿ Te parece buena idea venir el viernes? Así pasamos juntos el viernes y el sábado si quieres puedes marchar, lo único no sé si podré dormir contigo. Por mi perfecto, no tengo ningún otro plan.

Río maliciosamente al otro lado del teléfono. Menuda alegría me acabas de dar, no lo sabes bien. Me acuerdo mucho de ti, bueno, de algunos momentos más que otros y de unas partes más que otras. El tono de voz de la mujer había mutado, ya no estaba tan alegre, sino que Sergio recordó que ese sonido lo usaba para ciertas ocasiones en la que ambos estaban unidos, muy unidos. Yo cada día lo recuerdo, y el otro día pensé en algo. Una pena haber desaprovechado el hotel donde paramos

a dormir. Ya te digo, Carmen recordando lo bien que lo pasaba con su sobrino. Empezó a calentarse, aquella ducha era bien grande.¿ Te hubiera gustado ponerme contra aquel mármol? Mucho, aunque lo hice luego en tu casa. La mano libre de Sergio comenzaba a apretar su miembro mientras Carmen a kilómetros de allí pasaba una mano por su entrepierna. Tengo que bajar, que me espera Pedro para cenar.

Speaker 3

Bueno, pues ya concretaremos entonces. No, no.

Speaker 2

Quién te ha dicho que cuelgues? Escuchando aquello, Sergio pudo imaginarse la sonrisa pícara en el rostro de su tía. Como le gustaba, vete

Speaker 3

hablándome que voy bajando.¿ Quieres algo especial? ¿Cómo?¿ Alguna ropa, alguna cosa?

Speaker 2

No sé, escuchó unos pasos y una voz de fondo. Es Isabel que acaba de llamar, la mujer del panadero, ¿sabes? Pues algo que realce tu fantástico cuerpo, que ya sabes cómo me encanta. Lo demás lo dejo en tu mano, porque vas a estar igual de preciosa con cualquier cosa. Vale, eso sin problema, decía Carmen ya al lado de su marido. Por cierto, este año tienes calabacino pepino. Lo tengo ahora mismo en mi mano, está enorme, tiene unas ganas de saludarte.

Qué bien. Sonando con total normalidad mientras su cuerpo ardía y te han traído huevos de corral. Vaya si tengo, Sergio estaba de lo más caliente, sacó su miembro del pantalón del pijama con una erección y vio sus genitales bien llenos, si los vieras ahora, están repletos. Ah,

Speaker 3

sí. Pues mira, hazme el favor y guárdalos para mí, ¿bien?¿ Hasta el viernes? Imposible, tía, es mucho tiempo, me van a doler. Que sí anda.

Speaker 2

Mira que a Pedro le encantan, guárdalo y te lo pago el mismo viernes

Speaker 3

venga, Isabel. Mierda. Vale,¿ cómo me pones? Te amo, tía,

Speaker 2

pero lo de no tocarme lo voy a incumplir, solo una vez. Ahora mismo. Carmen sintió un latigazo de placer en su entrepierna al escuchar que su sobrino se iba a masturbar con ella al teléfono. Miró con el rabillo del ojo a su marido que degustaba la tortilla que ella misma había preparado ajeno a lo que sucedía al otro lado del móvil.¿ Qué ha pasado con el Manolo entonces? Fue lo único que se le ocurrió preguntar, para no

estar pegada al móvil en silencio y sin excusas. Le ha pasado que la tiene muy dura, contestaba su sobrino con la respiración agitada. Que se la está moviendo arriba y abajo pensando en su tía favorita, en su cuerpo, en su cara. Dios, no puede ser. O sea que ya llegó. Pedro la echó una mirada para saber qué le había pasado al hombre. Le alzó la palma en el aire para que esperase y escuchar lo que su sobrino le tenía que decir. Me corro,

Speaker 3

joder.¡ Qué rápido! Va, va, va.

Speaker 2

Tía estiró la A hasta el límite de su voz quedando después en un jadeo contante. Carmen esperaba al otro lado con impaciencia y un rostro enrojecido hasta el extremo que gracias a que sólo tenían una luz encendida, su marido no podía vislumbrar. Tendrías que ver la de leche que tengo. Bueno, pues ya me contarás más, no te preocupes.

Si te parece bien, te dejo que voy a cenar. Vale, Isabel. Vale, decía al otro lado del teléfono un Sergio atorado y con la mano llena de sus propios líquidos, voy, voy a limpiarme, piensa en mí esta noche y las que viene. Lo haré, seguro, dijo con una falsa sonrisa que ocultaba su erotismo. Tengo muchas ganas de follarte, acabó por decirle su sobrino. Y yo, y yo. Bueno, con un tono cordial que apenas podía mantener, saludos y ya nos veremos,

que tengo muchas ganas. Colgó sin esperar más respuesta mientras a kilómetros de distancia su sobrino se limpiaba y se metía en la cama de la misma, agotado por tal placer y con un hormigueo constante en sus genitales. Carmen dejaba el móvil en la mesa de la sala ausente por completo. Miraba la televisión al lado de su marido, notando a la vez como en su entrepierna algo caliente salía de su interior.¿ Qué quería? Le dijo su marido con la boca llena. Nada, tonterías, nada importante la verdad.

Quizá quedemos el viernes para pasar la tarde, ya veré. Bueno, vete sin problemas, yo me parece que estaré trabajando hasta tarde. Ella sintió con una sonrisa mientras por dentro pensaba y tanto que voy a ir, no sabes lo bien que me van a follar.

Speaker 3

Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.

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