Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos
Aventuras húmedas, parte 8. Las bromas dentro
de la piscina parecían durar eternamente, solo volvieron a las hamacas al sentirse realmente arrugadas debido al agua. Hacia tanto que no se reían de esa manera, tenerse cerca las hacía tan felices, lo más curioso, es que cada vez que notaban esa felicidad por estar juntas, peor se sentían por tener que separarse. Te deberías preparar, que ya son más de las cinco y has quedado con Pili a las siete. Tienes razón, aunque no sabes qué pereza me está entrando en el cuerpo, estoy también al
sol.
Me lo imagino. Pero mañana puedes volver a disfrutarlo, Ahora es mejor que vayas con ella. Incluso si vas antes, puedes mirar algo en su tienda, la verdad que siempre trae ropa muy bonita. Suelo pasarme por allí al
menos dos veces al mes. ¿Oye, y Sergio? Le preguntó Mari. Se había olvidado por completo de su hijo. Ni idea, le digo que se acerque. No, no tranquila, que
disfrute. Seguro que se lo pasa mejor con sus amigos. A Carmen le asaltó un recuerdo muy vivido de cierta noche y se dijo pienso que no del todo. Bueno, le mando igualmente, así sabemos si sigue vivo. Lo primero que vio al coger el móvil y abrir el WhatsApp fue la foto que su sobrino le había enviado hacia unas horas. Volvió a sentir una corriente eléctrica que le alteró todo su cuerpo, la lujuria y el pecado la comenzaban a consumir y con dedos ágiles le escribió.
Ven a casa. Tu madre ha quedado a las siete con una amiga. Bo contestó en menos de treinta segundos.
Dejando el móvil de nuevo debajo de la hamaca donde los rayos del sol no pudieran alcanzarlo, Carmen se giró hacia su hermana. Dice que ya estaba
justo para venir, que no tardará en llegar. Perfecto. Voy a cambiarme poco a poco,¿ me acompañas? Su hermana asintió
y las dos entraron en casa. Subieron y Mari aprovechó para ducharse en el baño de la habitación de Carmen. Donde esa misma mañana, su hijo metía mano a su hermana mientras ella, sin saber nada, hablaba tranquilamente al otro lado de la puerta. Mientras tanto, Sergio se excusó con su amigo, quería volver a casa lo antes posible, sabía que tendría lo que tanto deseaba. Tuvo que mentir diciendo que se encontraba mal. Un dolor de tripa por haber comido algo en mal estado fue lo primero que le
vino a la cabeza y lo más convincente. Su amigo Héctor, sin ninguna pega, le llevó dirección a casa de su tía. Mientras iba en el asiento del copiloto, La euforia por lo que tanto anhelaba le comenzaba a pasar factura bajo sus pantalones. No podía parar de pensar en lo que iba a suceder, la imagen de su tía le volvía loco. En casa, se encontró con que ninguna de las dos
mujeres estaba en la sala. Tampoco en el jardín, preguntó si había alguien y la voz de su tía se escuchó desde el piso de arriba, llamándole para que subiera. Sergio entró a la habitación cerca de las seis de la tarde y vio a su tía sentada en la misma cama donde la noche anterior ambos habían gozado. Todavía tenía las imágenes muy recientes y las tendría por mucho tiempo, aquello no se le podía olvidar ni aunque lo intentase
con todas sus fuerzas. La impaciencia surgió cuando vio que su madre se admiraba en los grandes espejos de la habitación. Esperaba que ya se hubiera marchado. Sin embargo, recapacitó rápido, solo sería una corta espera para estar a solas, podía soportarlo.¿ Qué te parece, cariño? Le preguntó esta dando una vuelta entera mostrando su nueva vestimenta. Llevaba una falda larga blanca y una camisa azul marino con un bolso a juego.
Carmen se había tomado la molestia de peinarla y su cabellera morena caía hasta sus hombros con tirabuzones en las puntas. Estás guapísima, mamá, le dijo con un tono normal, casi sonando a formalismo, aunque estaba preciosa. Gracias, cielo. La falda me la compró ayer tu tía y la camisa es suya, o sea que llevo su estilo. Es muy bonita, se acercó donde su tía y le dio dos besos improvisados para saludarla. Carmen se sorprendió y contuvo un gesto de
gusto por notar sus labios antes de tiempo. Se acercó a su madre y desde un lateral le dio un único beso, pero más largo,¿ has quedado o estáis jugando a las modelos? He quedado, pero con una amiga de la infancia. Nada, un rato y vuelvo. Estate cuanto quieras, mujer, le dijo Carmen levantándose y acercándose a ellos, nosotros veremos algo en la tele y quizá obligue a tu hijo
a hacerme la cena, nada interesante. Carmen al lado de su sobrino, casi podía sentir su cuerpo, su calor, su sexo entrando con pasión en ella haciendo que rozara el paraíso. Agitó la cabeza, todavía era demasiado pronto, el tiempo jugaba a su favor, en unos instantes Mari se marcharía y Sergio sería suyo.¿ Por qué no te acercas, Sergio? Así no pides taxi ni nada, no podía
evitar comerse con la mirada a su sobrino. Pues me parece
una buena idea,¿ te importa? Dijo mirándole con cara de gatito herido y sabiendo que aceptaría añadió, luego me vuelvo en taxi o que me traiga Pili. No tengo problema.
Vale, mamá,
como quieras. Me pinto y vamos, ¿bien? Sergio asintió y ella
se introdujo en el baño para maquillarse. El joven no perdió el tiempo, girándose velozmente donde su tía casi sin tomar precauciones de que su madre le viera. La mujer le sonrió de forma pícara, casi malvada.
Si iba en taxi, más tiempo, susurró Sergio. Antes que nada, está tu madre, hay tiempo.
Carmen se percató que su hermana no les podía ver. Por lo que se acercó al cuello de su sobrino, Se alzó de puntillas para conseguir elevarse lo máximo posible y posando los labios en el oído de éste
le susurró. Quiero ver la foto, en vivo. La mano de
ésta subió por la pierna del joven, comenzando a hacer contacto de manera delicada en la punta de su entrepierna que saltaba alegre. Mari, metida en el baño, era imposible que les viera, sin embargo estaba
tan cerca. Estoy demasiado contento. Agarró el pene
del joven con fuerza, la justa para que no rebasase el límite del dolor y mientras su hermana seguía maquillándose pacientemente a escasos metros volvió a decirle. Y yo, su voz ardía a milímetros. Sergio suspiró y vio cómo su tía se alejaba soltando su sexo. Voy a pedir unas pizzas que se me han antojado, dijo a un volumen normal, Mari,¿ la tuya?
carbonara,
por favor, me encanta. Hecho.
Sergio alguna en particular. Él con los labios se le ocurrió decirla a ti, una clásica, puede que sea de tu gusto.¿ Se pasó las manos desde su cintura hasta sus pechos de la forma más sensual que conocía para terminar
de añadir, con carne? Perfecto. Carmen le guiñó el ojo y Sergio se quedó
en la habitación mientras con una mano se adecuaba a su miembro. Con cierta destreza aquel miembro juguetón había sacado su cabeza por el calzoncillo para respirar, de no ser por el pantalón incluso podría saludar. Hijo. Le sobresaltó la
voz de su madre que le hizo dar un pequeño brinco, uy perdón.¿ Nos vamos? Sí, sí, claro.
Ambos se metieron en el coche y a Sergio, en casi todo el trayecto no se le bajó la hinchazón de sus partes más secretas, era imposible quitarse de la cabeza a su tía. El guiño y el movimiento sensual tocándose su cuerpo, hicieron que pensara soy una tetera hirviendo. Condujeron un rato en silencio. El joven no paraba de pensar en su tía y en la maravillosa vuelta a casa, mientras su madre jugueteaba con sus pinturas dándose los últimos retoques y abriendo el móvil de vez en cuando.¿ Qué
tal te lo estás pasando? Le dijo su madre sacándole de sus pensamientos. Muy bien, mejor de lo que me imaginaba, esperaba que en unos diez minutos la cosa mejorase aún más.¿ Tú qué tal te sientes? Mari no entendió la pregunta, digo si estás mejor que en casa. menos estrés, menos broncas. Queda mal que lo diga, pero necesitaba salir de casa. Sergio ya había llegado cerca de la tienda de Pili y comenzó a aparcar, puede que sea un poco egoísta,
necesitaba desconectar. No lo eres, tienes más carga que nadie, no somos fáciles y mi hermana está en una edad, su madre sonrió ante el comentario y miró a los ojos a su hijo. Su mirada cada vez brillaba más, no tiene que ser fácil lo que haces, siempre te he admirado por ello. Muchas gracias, cariño, es verdad lo que dice tu tía, Sergio arqueó la ceja, sabes, animar
a la gente. Me alegro de que sonrías como lo haces con Carmen, apenas te veo así en casa, por cierto, tampoco te veo así por allí, refiriéndose a su ropa, estás, muy guapa. Realmente lo estaba, jamás se hubiera imaginado ver de esa guisa a su madre. Sergio, un poco avergonzada por el comentario del joven, calla anda. Es esa tienda, ¿verdad? Ella sintió todavía algo colorada y colocándose el pelo sin necesitarlo, pues que te lo pases muy bien, mamá, te espera
una pizza para cenar. No tardaré mucho, luego nos vemos. la
verdad que tengo muchas ganas de estar con Pili. Pues disfruta, que igual no la ves en otro año.
Tienes razón, con mucha voluntad y contra su yo del pasado, Mari se acercó a su hijo y estirando el cuello, le dio un beso dejándole marcados sus labios cerca del límite fraternal. Añadió, te quiero mucho,
lo sabes. Claro que lo sé, y yo a ti, mamá. te prometo
una cosa. Cogió la mano de su progenitora, sin recordar la última vez que lo había hecho y le dijo, voy a intentar que siempre estés así, ya sea en casa, aquí o en la India,¿ te parece bien? María sintió, algo le conmovió por dentro, tuvo que apretar los labios para guardar sus sentimientos. Le dijo que le avisaría cuando volviera y sin meditar su vergüenza, abrazó a su hijo tan fuerte como pudo y para después salir rápidamente del coche mientras se despedían. Por un pelo no se le
escapa una lágrima, que sentimental estoy se dijo. Pensando en todo lo que había crecido su hijo y además, en lo bien que lo había hecho miró por última vez al coche. Su hijo se despedía con una sonrisa y un ligero movimiento de manos, Mary le copió. Con unos cuantos pasos más, entró en la tienda para disfrutar de una agradable tarde con su amiga de la infancia. Cuando su madre desapareció por la puerta, el joven miró su móvil.
La luz parpadeaba, anunciando que tenía algún mensaje pendiente de leer. Tía Carmen era lo que ponía en la pantalla, lo abrió antes de arrancar y leyó el contenido. Las pizzas acaban de llegar, cuando vengas, sube a mi habitación. Seguramente tu madre vendrá para las ocho y media o nueve, tenemos tiempo, pero date prisa. Sergio pisó el acelerador y salió disparado al encuentro de su tía. La carretera se
hacía eterna, interminable. El miembro del chico le pedía que corriera más, porque si tardaba mucho en llegar, podría correrse allí mismo. Aunque el recorrido se le hizo largo y tedioso, apenas se acordaría en el futuro. Aparcó el coche y salió corriendo a la casa, las llaves le resbalaban de sus manos sudorosas, era un manojo de nervios. Consiguió meterla por la ranura no va a ser lo único que Meta pensó de manera descara al abrir la puerta. Desde la parte baja de la casa, todo se veía apagado,
salvo la luz en la habitación de su tía. Se quitó las zapatillas lo más rápido que pudo y subió aún más veloz por las escaleras. Estaba atorado, con el corazón explotando dentro de su pecho, había dejado a un lado su parte humana, la racional. Sólo estaba a su lado salvaje, el animal que llevaba dentro. Tuvo que controlarse en el trayecto, no quería tropezar y quedarse sin el majar que esperaba en el piso de arriba y, tampoco llenar toda la casa de saliva, estaba demasiado eufórico. Por
fin estaba ante la puerta, como la otra noche. Aunque esta vez, estaba abierta y sólo tuvo que empujarla, entrando de sopetón, sin embargo allí no había nadie. Anduvo hasta la cama. Estaba hecha y las dos luces de la lámpara estaban encendidas, dos faroles con poca fuerza que daban una sensación de calidez a la estancia. En ese momento, otra luz iluminó la habitación, era la del baño a su espalda. La puerta se había abierto y de allí salía su tía.
Has llegado pronto?¿ Tienes prisa por algo? Madre de Dios. Carmen apareció con una bata de terciopelo
negro que le llegaba más arriba de las rodillas. El pelo casi dorado, ondulado y con algunos tirabuzones como los que llevaba su madre. Estaba realmente preciosa, se acercó al joven con paso decidido, mientras éste se quedaba quieto sin poder moverse y a punto de temblar. De cerca vio cómo se había pintado los ojos con una sombra rosa y éstos tenían aún más color,¿ acaso aquello era posible?
Si aún estoy vestida, dijo ella con una sonrisa, mostrando unos labios recubiertos de glows que le daban mayor volumen. Posó su mano en el pecho del joven, el solo roce de sus dedos le produjo una atracción irrefrenable. No dudo en empujarle con cierta fuerza, Sergio se dejó caer contra la cama, para que acto seguido ella hiciera lo mismo, sentándose ahorcajadas encima del muchacho. Carmen, por Dios, Sergio pasó sus manos por los muslos visibles, no sabía qué más decir,
ni hacer, su garganta estaba seca y agarrotada. ¿Carmen? No, Carmen no, prefiero que me llames tía. Decía mientras su cadera comenzaba a moverse encima del pene casi erecto en su totalidad, parece que ya estás listo,¿ la has tenido así todo el día?
Sí. No te lo he demostrado con la foto.
Carmen embistió más fuerte la entrepierna de Sergio, dando con su sexo en el gran bulto de su sobrino. Resopló con fuerza pensando en la dichosa imagen que tan acalorada la había puesto. Encima del muchacho. ahorcajadas con sus piernas abiertas, notaba en su ropa interior un calor que no le ayudaba a serenarse. Joder, cariño, eso no se le hace a tu tía. Has sido malísimo, pero ahora vas a
tener tu recompensa. Con calma deshizo el nudo de su bata, para después, con más calma aún, como si el tiempo no jugara en su contra, abrir una parte de la bata y después, la otra. La prenda se abrió con una sutileza que desbordaba erotismo quedando toda la bata abierta delante del joven. Sergio abrió la boca ante tal despliegue de armas de mujer, volviéndose a quedar sin hablar. Su
tía llevaba lencería de encaje, cegaramente cara. Era de color rosado, la parte de abajo estaba formado por una braga que rozaba el límite para hacer un tanga y tapaba menos de la mitad de sus nalgas. Pero la parte de arriba, Sergio no podía dejar de mirar. Los pechos de su tía estaban metidos en un sujetador que las mostraban perfectas, grandes como eran y jugosas como un algodón de azúcar. El joven pensó estar en el paraíso, aquello no podía ser cierto, era la mejor imagen que había visto en
su vida. Sí, su tía era mayor, tenía algunas arrugas, sobre todo de expresión y su vientre no estaba plano. Había pasado dos embarazos que dejaron rastros que no se irían jamás, pero se conservaba como un buen vino. Parece
que te gusta. La voz de Carmen sonaba agitada. Me encanta. Logró decir sin perder la cordura.
Ninguno podía hablar demasiado, estaban demasiado atorados, les invadía el placer como un parásito que no podían matar. Sergio temblaba al pensar en cuál sería el siguiente paso, seguía con las manos quietas en los duros muslos de su tía, era un niño asustado delante de una diosa. Su tía, en cambio, seguía moviendo su cadera, cada vez notando más el terrible sable de que la atravesaba por completo su vagina. Se apoyó en el pecho de éste con las manos estiradas,
como si ya hubieran comenzado con el coito. Sergio no perdía de vista el precioso cuerpo de su tía que en ese momento tenía más cerca. El calor que le atravesaba el pantalón debido al horno que su tía tenía en las piernas era demasiado. Sentía que el paraíso se volvía tangible en la tierra y a cada movimiento de la mujer, los pechos apretados por ambos brazos daban la sensación de ser inabarcables. Ti,
ti, tía, si seguimos así, me corro.¿ Estás muy caliente? La boca se le quedaba pastosa. Si la meto, me corro, dijo Sergio como pudo. Dios mío. No me digas esas cosas.
Se mordió el labio con lujuria y apretó sus uñas contra la piel del chico. Trato de desfogarse con eso, pero necesitaba más,¿ tú sabes lo bien que sienta que le digan esas cosas a una mujer de mi edad?
Pero no miento, no voy a aguantar ni un minuto. K,
cariño, yo también estoy aceleradísima. Se le ocurrió que lo mejor sería ir paso a paso, quizá unos preliminares
Si nos da tiempo, será lo mejor. Una duda
parando por primera vez el movimiento de su cadera y recogiéndose el pelo tras la oreja, sí.
Si acabas,¿ podrás seguir? Joder, pensando en lo caliente
que estaba y en cómo le ardía el cuerpo, apostaría lo que fuera a que sí. Carmen se bajó de la montura y se apoyó en la cama. Aunque apenas le dio tiempo a pensar en qué hacer, ya que instantes después Sergio la había agarrado de las piernas y la tumbaba en la cama. Sus manos ágiles y también nerviosas llegaron hasta las braguitas de su tía, las cuales quitaron de golpe con precisión de cirujano ante la pasividad
de ésta. El sexo de Carmen hizo acto de presencia, esta vez estaba impoluto, sin ningún pelo a la vista. Se lo había rasurado para él, menudo regalo. Sergio acercó su rostro, podía oler el aroma que desprendía, estaba notablemente mojado. Se veía brillante con la tenue luz que despedían las pequeñas lámparas, tenía un color rosado que cautivaba, Sergio pensó que no habría cosa más bonita en la tierra. Unos labios temblorosos se arrimaron al dulce tesoro de la mujer,
podía sentir como el calor emanaba del interior. Soltó un poco de aire sobre el clítoris de la mujer para aplacar ese fuego. Carmen se estremeció por completo, desde el primer centímetro de piel al último. Notó el aliento caliente de su sobrino como el mejor de los néctares. Sacó su lengua sin poder detenerse, no pensaba en lo que hacía, sólo quería hacerlo y punto. La puso en la parte más inferior de la vagina de la mujer y subió muy despacio hasta el otro extremo dejando un rastro de
saliva que parecía el de un animal. Los jugos se amontonaban en su boca, Marta no se mojaba tanto pensó al ver que estos se derramaban fuera de su lengua. Carmen notaba el calor y la humedad que imprimía la lengua de su sobrino, sintiendo un incontrolable placer que le hizo cerrar los ojos, apretar con fuerza el edredón y volar por un mundo de felicidad. Madre del amor hermoso, dijo al notar como la lengua de Sergio terminaba su recorrido,
esto es, es como, tocar el cielo. Apenas he empezado, respondió el joven, viendo como el pecho de su tía subía y bajaba acelerado. Sigue, cariño, sigue, por favor, le rogaba con una voz temblorosa. El sobrino obedeció y pasó su lengua por el clítoris de su tía. Esta zona también estaba húmeda y dura. Carmen no podía esconder lo caliente que estaba y observando su zona íntima sería una locura negarlo. Lo rodeó, lo lamió y lo degustó, haciendo
que la mujer no pudiera tener sus piernas quietas. El jugueteo terminó y un hábil dedo se comenzó a colar en el interior de Carmen, gimió al notar cómo le horadaba el interior. Pero más le gustó, cuando al movimiento de aquella juguetona falange, se le unió una todavía más traviesa lengua que volvió a visitar el clítoris. Los entrantes habían terminado, Sergio se disponía a darle el primer plato.
Su lengua comenzó a moverse con verdadera maña por la zona más erógena de su tía, mientras que el dedo entraba y salía presionando las paredes abultadas del interior. Mi vida, hacia cuanto que no me hacían esto, ni lo recuerdo, a Carmen cada vez se le hacía más difícil estar allí, su mente volaba y volaba. Veía con unos ojos a medio cerrar como su sobrino se deleitaba con su sexo rasurado. El placer la estaba inundando, abrió todo lo que pudo
las piernas para recibir el máximo de gozo. En menos de un minuto, quizá no habían pasado ni treinta desde que Sergio se lo había tomado en serio. todo el calor se concentró en una sola zona. No, no, no me lo creo, Sergio la miró sin dejar de desempeñar su tarea, me, voy, me voy a, a, a, a correr. Los gemidos ahora eran más sonoros, las bromas se habían acabado, ahora llegaría el clímax que tanto ansiaba. Los primeros retazos de orgasmo aparecieron, pero Carmen los aplacó, sabía que luego
los multiplicaría. Aunque tal era la suma de placer que le daban aquel dedo y aquella lengua, que le era imposible retener todo aquello un segundo más. Sabiendo que era inevitable, avisó a su sobrino.
Cari, cari, ño, no me aguanto, me corro.— Córrete tía, a eso hemos
venido, dijo sacando por primera vez su boca del
clítoris. pero,
sa, saca, saca, tu lengua, que la, me, me, me. Los sollozos eran más altos, convirtiéndose en verdaderos alaridos. Carmen no se acordaba de lo que era un verdadero orgasmo, aunque no quería expresarse de manera tan sonora, le era imposible ceder ante tales sensaciones. Sintió cómo se electrificaba su cuerpo, como la espalda se arqueaba contra la cama y como el interior de su sexo ardía como si del mismo infierno se tratara. Logró recordar lo que era el placer. No
no me quito, dijo su sobrino llamando su atención, córrete. Dios. Carmen ante la puerta abierta que le dejó el joven
no dudó en aceptarla. Puso un antebrazo en la cama y se erigió levemente no quería perderse ni un segundo. Colocando la otra mano en el pelo de su sobrino, le aprisionó ante su sexo, mientras éste seguía moviendo su cabeza al tiempo que lamia. La explosión estaba allí, aquella situación le provocaba un morbo inexplicable, era la primera vez que iba a hacer algo como eso, iba a terminar mientras alguien le devoraba su sexo. El calor se había concentrado y ya reventaba la salida, por lo que con
un grito clamando al cielo, Carmen lo dejó salir. Las piernas temblaron frenéticas y se movieron poseídas por el demonio, su brazo quedó sin fuerzas casi haciéndola caer en la cama, pero aguantó. La presión le hizo cerrar los ojos, sin embargo quería ver el momento, el instante en el que su sobrino recibía el orgasmo que su tía le ofrecía a su boca. En su interior se sentía más liviana, más desatada, su cara ardía y en las partes bajas
de su cuerpo parecía haberse metido en la piscina. Los pulmones trabajaban al máximo de su capacidad mientras dentro del sujetador sus senos parecieran que iban a extrañar de la presión. El placer que le recorría todo su cuerpo tenía el epicentro en su vagina. No supo cuánto tiempo pasó, pero más de un minuto estuvo gimiendo con un hilo de voz, el gozo seguía y seguía mientras observaba cómo su sobrino
le limpiaba todo lo que emanaba de ella. Pa, para, mi vida, para, le consiguió decir en un momento que pudo, no lo soporto más, dema, demasiado placer. Sergio retiró su boca del sexo y ésta observó que toda humedad que tenía en su interior ahora manchaba la mandíbula del joven. Pequeños trozos de sus fluidos se posaban tanto en labios como en los pómulos de éste y una gota traviesa
reptó desde su barbilla recorriendo su cuello. Menuda, corrida, Carmen, Sergio no podía creerse semejante despliegue de fluidos mientras se pasaba la mano por el pómulo. En un arrebato de pasión le añadió, Estás deliciosa
T. T.¿ A la mujer todavía le costaba recuperarse?¿ Te
lo has comido? Lo que pude. Jesús. Jesús. Me has matado.
Carmen se quedó tirada en la cama con la respiración a toda velocidad y el corazón dando latidos desbocados, sentía que en cualquier momento podría sufrir un infarto. Intentó llenar todo lo que pudo sus pulmones, para serenarse aunque fuera un poco, pero le costaba más que nada en el mundo. El orgasmo había sido perfecto, o quizá más que perfecto, sin embargo la excitación y la pasión todavía seguían allí. Sergio había ido al baño a limpiarse un poco el rostro,
estaba demasiado mojado para seguir con la tarea. Apenas tardó unos segundos en volver que su tía ya trataba de levantarse para conseguir sentarse en la cama. Aún me tiemblan las piernas, habló en un susurro, todavía pensando en lo que su cuerpo no paraba de sentir. Espero que sea el comienzo de algo mejor. Ambos sentían algo de vergüenza por estar el uno frente al otro, las cosas habían
cambiado mucho para Carmen sin estar borracha. Lo es. Se sentó al borde de la cama y miró desafiante al bulto que su sobrino escondía en frente de sus ojos, esto,¿ está listo? Estoy demasiado caliente, no sé si voy a aguantar siquiera diez segundos. Sería todo un halago para mí, sacó el primer botón y bajó los pantalones para ver el pene solo tapado por el calzoncillo, sí que, sí que estás listo, madre de Dios. Adentró sus dedos por el calzoncillo y una mano sacó lo que dentro reposaba.
Carmen no pudo evitar contener el aliento cuando la vio de frente y sin estar ebria. Sus ojos se posaron después en los de su sobrino, buscando saber si aquello era real, sí que lo era. En su mano, rodeándola con sus dedos, el pene de su sobrino era acero, estaba tan dura, tan ardiente y a la vez tan suave, le pareció magnífico. Aquello confirmaba lo que se veía en la foto y en directo, parecía muchísimo
mejor.— Por favor, Sergio.—¿ Eran dieciocho? Su
voz apenas salía en un susurro. Mientras con la mano diestra sujetaba el sexo del joven, con la otra le quitaba los pantalones dejando únicamente en la parte de abajo los calcetines. Sí, contestó después de un resoplido notando como su tía tiraba la piel de su prepucio hacia atrás, catorce de perímetro. La mujer miraba como hipnotizada el músculo que tenía en las manos, le parecía increíble, donde has estado todo este tiempo, pensó.
Va a ser rápido? Dijo Carmen casi por no mantenerse en silencio.
Muy,
rápido, pensó. Las piernas del joven
comenzaron a estremecerse.— Siéntate, cariño. Volvió a obedecer y ella se arrodilló entre sus piernas.—¿ Te apetece algo en especial? Le preguntó mientras se quitaba la bata del todo y echaba su pelo hacia atrás. Pero Sergio no entendía. Apenas podía comprender algo en ese momento.— Lo digo porque yo me he ido en tu boca, por si tú ya sabes. No, tía, apretó los dientes gozando de placer, no me va
mucho.¿ Y si luego te beso? Me, me, daría como cosa.¿ Quién te ha dicho que me puedes besar?
Aquel comentario la soltó un poco y agarró el miembro con más dureza. No, no sé, gimió al sentir como de nuevo su prepucio salía a la luz por maña de la mujer, quizá, te apetecía. Había pensado que era lo que más le gustaba y que Marta nunca le había permitido, pensó en probar suerte con Carmen. Pero cierta vergüenza casi le impide decírselo, te importaría, en tus, por, ya me entiendes, se rodeó con la mano su propio pecho para hacerla entender.¿ En mis tetas? Río con cierto nerviosismo,
no me importa, cariño, me quito el sujetador. No, no, mejor así, están, muy, Carmen subía y bajaba la piel de su sobrino con más velocidad, grandes.
No me aguanto.¿ Te gustan mucho? Se vio con más confianza y muy sensual
Carmen, soltando el pene de su sobrino, llevó ambos brazos bajo su sujetador y desde la parte baja, elevó ambos senos para que se vieran a la perfección,
así. Son perfectas, me vuelves loco. Cariño, río volviendo a coger el sable duro
de Sergio,¿ te gusta acabar en los pechos? Sí y no, Sergio podía notar los primeros esbozos de placer y apenas se la estaban tocando, será la primera vez que lo haga. No me lo puedo creer. Fue la primera vez que habló con un tono normal, qué honor. Sergio la miró. Vio cómo se dirigía la punta el pene a sus pechos y añadía, si lo deseas, puedes hacer los honores. La coges así cuando vayas a explotar, pum, señalando una zona de su pecho con el sexo de su sobrino, pum, pum.
Carmen, por favor, empieza, me estás matando. Claro, cariño,
siento la espera, ojalá te guste, hace mucho que no lo hago. Sergio, casi impaciente porque su tía comenzara, disfrutó de la visión perfecta cuando Carmen abrió la boca y engulló toda la carne que pudo. El joven echó hacia atrás la cabeza con brusquedad, cerró los ojos y se estremeció. La mojada lengua de la mujer humedecía la parte inferior de su pene, al tiempo que la totalidad de la boca envolvía la carne restante, el calor le llegaba a
cada milímetro. Aún haciendo muchos años que Carmen no practicaba una felación, se desenvolvía con suma fluidez. Subía y bajaba su cabeza succionando el pene de Sergio sin parar, al tiempo que su mano hacía lo mismo moviendo la piel. El placer llegó a los quince segundos. Imposible pensó Sergio, pero sí lo era. El líquido preseminal había comenzado a salir.
No me lo creo, ya, se dijo el joven observando como su tía seguía centrada en la felación y al mismo tiempo le dedicaba una salvaje mirada con sus preciosos ojos.¿ Quién podría aguantar algo así? Es normal. Carmen, ella le seguía mirando con sus ojos del color del mar mientras su cabeza subía y bajaba. Aún no le había dado ni tiempo a que su pelo se alborotase, tía, creo, que, que, Ya.
Dijo la mujer atónita por la rapidez, separando sus labios de la prisión que tenían sometida al pene, pero sin detenerse en la masturbación, de verdad.
Mierda. Sí, sí, sí. Hacemos. ¿Eso? Dijo como pudo recordando en lo que habían quedado. Claro, claro. Carmen se puso las
manos como le había mostrado antes al chico y éste se colocó de pie como un rayo, con la mano en su pene para masturbarse con fiereza. La tía veía de rodillas como su sobrino parecía un titán con aquello en la mano moviéndola a la velocidad del rayo. Estaba excitada de por sí, pero verse así por primera vez alteró todo su ser. El calor la inundaba, una sensación de erotismo salvaje se apoderó de ella, Solo quería ver salir aquella masa viscosa de semen de la punta del
joven pene. Vamos, cariño, sácalo. Le animó de forma improvisada sin creer lo que decía. Su ardiente cuerpo le rogaba por más, que terminara ya, necesitaba eso que su sobrino le iba a dar, no entendía por qué estaba tan deseosa de recibirlo. Incluso su boca le hizo saber al joven que lo necesitaba,
córrete. Ya va, sí, tía, sí. El pene de Sergio se
colocó muy cerca de los pechos. Con su mano, detuvo por un instante las atroces ganas de expulsar el orgasmo que llegaban como una estampida. Esperó menos de un segundo, conteniendo todo dentro de su hinchado sexo, quería abundancia. Su tía de mientras, sin pestañear siquiera, esperaba con las manos debajo de sus pechos para alzarlos lo más que pudo. El primero salió, comenzando de nuevo a mover su piel
de arriba y abajo. Carmen lo esperaba con los ojos abiertos, pero no estaba preparada, puesto que era la primera vez que le disparaban el semen fuera de su vagina. Su pecho derecho fue el objetivo, un impacto que le hizo sacar un pequeño grito de sorpresa y placer. Alucino. El calor que desprendía, la textura, todo el morbo, le envolvió en tal pasión que su respiración se agitó aún más. Una masa abundante de líquido blanco golpeó su seno formando
una mancha de volumen considerable. Recibió el segundo que era igual de abundante que el primero, pero esta vez, por iniciativa propia dispuso el otro seno. La sensación fue la misma. aunque esta vez soltó sólo un único y comedido gemido de placer al notar cómo todo el semen le llenaba el pecho izquierdo. La visión era terrible, a la mente le vinieron los sobres de mayonesa de comida rápida que
alguna vez le traían. Es como si me hubieran lanzado varios a las tetas, su mente sonrió con tal imaginación, aunque su rostro seguía con el mismo rictus y los ojos fijos en el miembro de Sergio. Un tercero se
deslizó por la punta mientras Sergio soltaba un interminable A que a Carmen incluso le hizo gracia.
Sin embargo, evitó reírse por no estropear tal momento de pasión. El líquido que salió en esta acometida llegó al seno derecho de la mujer que levantó estos aún más recogiendo la pequeña cantidad que salía. Sin poder soportarlo más, El joven se sentó en la cama, recostándose finalmente sobre el mullido edredón, sin ninguna fuerza y con el ritmo cardíaco por las nubes. Había quedado igual que su tía escasos minutos atrás. Carmen se miraba a unos pechos sujetados por
su parte inferior. Esto, no, no ha estado. Nada mal pensó al ver cómo esa sustancia blanca le recorría casi completamente sus senos. Levantó la cabeza sólo para ver a su sobrino agotado. pero con el vigor de su miembro aún recto como el mástil de un barco. No pudo soportar quedarse quieta, la punta del joven está morada, lubricada todavía con alguna que otra saliva suya que la dejaba
brillante y en un arrebato le pasó la lengua. Sergio se estremeció como nunca y puso las palmas en alto para que parase, pero su tía ya se había levantado en dirección al baño. Debía limpiarse a fondo, aunque tampoco le hubiera importado disfrutar un rato más de la sustancia caliente y espesa sobre sus senos. Se quitó el sujetador limpiándose con agua para dejarlos impolutos, perdiendo unos segundos contemplándose en su desnudez, viéndose radiante, bella, espléndida. Será gracias a
la excitación que tengo. Pensó antes de darse la vuelta. Lo que más la sorprendió de camino a donde su amante reposaba, era el gran tacto que le dejaron y el tono brillante que habían adquirido mejor que mis cremas. El orgasmo le había quitado varios años de encima, caminada flotando por la alfombra sin dejar de mirar al joven que seguía tumbado en la cama. Estaba pletórica, pero el clímax del chico, esa, corrida, había sido algo que aún
le hacía vibrar todo su cuerpo. Carmen que de nuevo estaba lista y con la llama de la pasión bien encendida, Se quedó totalmente desnuda en frente del joven. Sergio había conseguido incorporarse y le esperaba apoyado en la cama sobre sus manos y sin la camiseta, los dos estaban desnudos. Caminó hasta donde él y puso sus manos en sus hombros, este pasó las manos por sus muslos llegando hasta su trasero donde lo palpó con cariño.
Veo que sigues listo. Ni siquiera bajó, increíble.
Gracias a mí? Preguntaba al tiempo que empujaba a su sobrino, tumbándolo en la cama, que halago. Te los mereces todos. Carmen
sonrió esta vez de felicidad, las palabras de Sergio en verdad hacían que su corazón saltara de alegría. Se colocó a horcajas otra vez encima de él, aunque esta vez ambos sin nada de tela que separase sus sexos. Llevó el aparato reproductor de su sobrino hasta el suyo y allí lo dispuso en la entrada, para después dejarse caer con calma para que nada doliera. Aunque, los 18 centímetros
entraron sin restricción. Jesús. Me llena entera. No lo dijo para que Sergio lo supiera, aunque
éste le contestó. Eso está bien. Sergio se sentía más liberado y sujetó las caderas de su tía para ayudarla, sabes que todavía son las siete y cuarto.
Qué maravilla!¡ Nos va a sobrar tiempo!
Seguía moviéndose con parcimonia, notando que la vergüenza inicial se disipaba, no creo que aguante mucho rato, estoy mayor, añadió una pequeña mueca de burla. No tan mayor, Sergio le guiñó el ojo y movió su cadera, acoplando el movimiento de su tía al suyo e insertando cada uno de los centímetros de su pene de una sentada. ¡Ca-bron! Su garganta lo soltó al sentir como su vagina se abría de forma abrupta por el grosor de Sergio hasta llegarle al fondo.¿
Dónde nadie antes había llegado? Esas, tenemos. Carmen subió el ritmo progresivamente y Su cadera ya se movía sola a un ritmo que no recordaba practicar desde hacía muchos años, quizá la que tuvo retuvo, será como montar en bici, nunca se olvida. Sergio abría y cerraba la boca notando como en el interior de su tía, los jugos de ésta daban un baño satisfactorio a su pistola. Estaban comenzando a desatarse, habían roto la barrera de la vergüenza y
comenzaban a sacar sus verdaderas personalidades. El pelo rubio y bien peinado de Carmen comenzaba a volar adelante y atrás, y Sergio no podía dejar de mirar los pesados pechos de su tía, se movían como locos siguiendo el baile de la penetración. Pocos minutos pasaron así, hasta que Carmen volvió a abrir la boca intentando respirar grandes bocanadas de aire, parecía que ninguna la llenaba por completo. Sergio se veía aún con mucha resistencia, su miembro había descargado hacía poco
y el fin ni lo vislumbraba. Viendo cómo la mujer comenzaba a emitir sonidos más y más elevados. Posó sus manos en ambas nalgas, agarrando con relativa fuerza, cogiendo una gran parte de carne sin querer que sintiera dolor. De seguido, subió sus piernas, alejando sus pies del suelo y colocándolas en la cama, estaba listo. Ayudó a su tía primero en la atracción, aunque era demasiado, Carmen no podía seguir ese ritmo. Por lo que dejó sus manos en la cama y abrió las piernas todo lo que pudo alzando
su trasero en dirección al cielo. Las manos de Sergio separaron lo que pudieron las nalgas y con su cadera, ahora él era el que se movía a un ritmo muy elevado. Carmen apenas podía cerrar la boca, los ojos en cambio, no podía abrirlos al sentir un pene enorme introducirse en ella una y otra vez. Estaba siendo penetrada sin parar y con una profundidad sorprendente. El ritmo era endemoniado y el sonido de los genitales de su sobrino chocando contra el trasero de la mujer resonaba en toda
la habitación. Sigue, sigue. Comenzó a decirle a su sobrino, la
mujer estaba totalmente desatada. El aire entraba en su cuerpo de forma acelerada dado el éxtasis del coito y el esfuerzo realizado. El joven que estaba poseído por un placer incalculable, aceleró cuanto pudo, escuchando para su deleite tanto los gemidos, demasiados sonoros, y los sonidos acuosos de su pene entrando y saliendo. La pasión le pudo y escuchando como su
tía ya comenzaba a gritar, no pudo reprimirse. Alzó su mano derecha y recordando lo poco que le gustaba a Marta, la bajó con fuerza, propinándole a Carmen un sonoro azote que hizo que sus nalgas temblaran. Sí. Gritó Carmen al recibirlo, Sergio, me corro, me corro, en el tono se percibía la aceleración de su cuerpo. No obstante apenas era más audible que un susurro, ay, madre mía. Ya viene, ya viene.
Carmen gritó la bocala sin parar, hasta que de pronto, le sorprendió como su sobrino había logrado amarrar uno de los grandes senos con su boca. Succionaba el pezón de manera afanosa, como si tratase de robarle aquel pecho que la pertenecía. La mujer que a cada décima de segundo notaba mucho más placer, acabó por agarrar la cabeza de Sergio contra su pecho y gritó terribles maldiciones que cualquier
vecino podría haber oído de haberlos tenido. El joven se sorprendió de tales gritos e improperios, era la primera vez que la oía decir la palabra cabrón y menos común era escucharla soltar las barbaridades que decía mientras se corría. Sintió como el interior de su la mujer se contraía para después relajarse al máximo. Carmen gimió sin parar y su cuerpo se relajó mientras sus flujos caían sobre el
pene que tanto placer le había dado. El segundo orgasmo de la tarde le recorrió todo el cuerpo, Estaba sintiendo cada estrella del firmamento, se notaba en medio de un viaje astral. Con los ojos azules abiertos, no veía nada, una capa blanca se movía delante de ella imposibilitando su visión, todo para que su cuerpo se centrase en recibir cada
gota de placer. Se aferró al cuerpo de su sobrino como si se fuera a caer al vacío, incluso clavándole las unas en su cuello, el cual seguía agarrando contra su pecho. Las piernas le temblaron, el trasero le tembló, el alma le tembló, todo le tembló. Se colocó como buenamente pudo su cabello detrás de la oreja y cuando volvió en sí, soltó de la atadura a su sobrino. Aprovechando para separar también la unión que tenían en la
parte baja de sus caderas y se derrumbó en la cama. Ahora, habló Sergio con la voz cansada,« Sí que me gustaría que viviera cerca». Y, a mí, respondió Carmen de manera forzada, sé, sexo, en condiciones, lo
había olvidado. Te
he escuchado decir cosas que jamás te hubiera
imaginado. Estoy, con las manos en
el pecho intentando tranquilizarse, desatada, cariño. Me alegro. Observando su pene lleno de fluidos blancos que caían por su cadera le añadió,¿ estabas llena? Creo que, después de este, estaré menos acelerada. Tú le costaba hablar debido a la falta de aire.¿ Dudo un momento lo que iba a salir de su boca hace cuanto no lo decía en alto?¿ Y su mente le dijo con rapidez por qué no? Tu polla me ha
vaciado. Tía la miró sorprendido al oír el nuevo
vocabulario de la
mujer me acabas de citar.¿ Por decir polla? Lo remarcó. Sí, una palabra que no pensaba que te escucharía decir en mi vida, y claro.
Ambos rieron tumbados en la cama y Carmen agarró la mano de Sergio trayéndolo hacia sí. Este lo comprendió y se colocó encima de ella mientras la mujer abría las piernas. Estaban en la postura del misionero y Carmen cogió con su mano de nuevo la entrepierna del joven y se la colocó en su entrada. Entonces te diré algo, la vergüenza parecía disminuir hasta el cero y se decidió a decir algo con cierta velocidad, méteme, tu polla. A sus órdenes,
el pene entró y ambos gimieron sin control. Sergio estuvo un buen rato comandando el coito, entrando y saliendo de ella mientras ésta sollozaba y el joven observaba como sus pechos se movían de un lado a otro. En algunos momentos su tía le daba un pezón para que lo succionara, no le cabían en la boca, ni tampoco los abarcaba cuando por primera vez posó una de sus manos en los magníficos senos. El sexo fue más tranquilo, ya no era tan pasional, la fogosidad había sido aplacada y ahora,
era más sentido. Sergio la giró sobre la cama dejándola de lado, subiéndole la pierna y con su mano dándola placer en el clítoris a la vez que la penetraba. Carmen se sentía novata en todo, hacia tanto que no salía del misionero, o como mucho ella cabalgando, que cualquier situación diferente parecía que lo hacía por primera vez, aunque no era así. El orgasmo tardaba en llegar, sin embargo no importaba, porque el sexo estaba siendo de lo más delicioso.
Ambos se tocaban, se acariciaban, se sentían, muchas veces de manera lenta, Cuando el pene de su sobrino entraba por completo, Carmen tenía que apretar los labios para soportar tanto gozo. Después de unos minutos, Sergio decidió que esa postura ya valía y volvió a girar un poco más a su tía, colocándola a cuatro patas sobre la cama. Sacó y metió muy lentamente su pene para que se acomodase a la nueva postura y cuando entró por completo
Carmen aulló. Por Dios, ha agrandado. No lo creo, quizá te haya entrado mejor, respondió Sergio para que Carmen cambiara
su cara de duda.
Pero,¿ qué diferencia? La Virgen, vete despacio por favor.
Por supuesto el joven la hizo caso, las entradas eran lentas y profundas, así el interior de Carmen se acomodaría a todo lo que le entraba.
Mejor, preguntó Sergio al de unos minutos.
Sí, creo que sí. Ah, dijo al notar que el pene de Sergio entraba aún más dentro. Creo, creo, que puedes, su, subir el ritmo. Lo que digas. Comenzando a hacer caso a su tía Me gusta, que, obedezcas, Carmen se volteó lanzado una mirada más que pícara y de nuevo giró para mirar al frente. El ritmo se incrementaba, La penetración era increíble y Carmen estaba que no se lo podía creer, si esto también
es sexo, yo que he estado haciendo estos años. La velocidad ya se había elevado sin parar, el cuerpo de la tía estaba venciéndose hacia la cama y sólo quedaba bien erguido su trasero. Lo tenía colocado lo más respingón posible tratando de no desmoronarse en ningún momento. Era el último bastión que resistía el duro sexo que le propinaba
su sobrino, no debía caer. Las acometidas eran mucho más potentes que antes, el sonido llenaba la casa y la mujer notaba como los genitales de su sobrino la golpeaban con dureza el clítoris. No podía más, estaba a punto. De nuevo se iba a correr, lo sabía, tres, pensó para sí, todos los de un año en menos de una hora. Gracias, Sergio acabó por pensar. No se podía mover, el placer la tenía paralizada. agarraba con fuerza las sabanas y comenzaba a gritar de manera sonora sabiendo que otro
orgasmo llamaba a la puerta, es más, la iba a tirar. Mi, vida, otro, otro,
Carmen no podía levantar el rostro de la cama. Dios, tía, te vas a secar, te doy más.
Sí, dame más, Sergio comenzó a acelerar un ritmo que se solapaba a una entrada con la siguiente, Carmen gritó como loca. Ni en sus mejores sueños había sentido ese placer, ni, me acuerdo, hace tanto que no lo hacía así, la del perrito. La mejor. El muchacho jadeaba por el esfuerzo, cayéndole las primeras gotas de sudor por el cuerpo. Viene, viene. Carmen con fuerza de voluntad colocó su cuerpo en paralelo a la cama, separando sus pechos del edredón. Agarró con
fuerza a éste, clavando sus uñas. Quien la viera podría pensar que estaba sufriendo, pero nada más lejos de la realidad. Abrió sus piernas todo lo que pudo a la vez que levantaba el trasero. Mientras su cabello rubio ya algo despeinado por el coito le golpeaba su rostro sin parar. La mujer abrió la boca y con todas sus fuerzas clamó al cielo, dame Sergio.
Méteme tu polla, por favor.¿ Qué me corro? Carmen, por Dios. Las palabras
de su tía le subieron tanto el calentón que agarró con fuerza la cintura de la mujer para poder penetrarla con aún más fuerza. Era una batalla y Sergio no mostraba piedad. Un grito aterrador salió de la boca de la mujer, algo tan fuerte que incluso hizo pensar a
Sergio que la había hecho daño, no era así. Carmen sentía el fuerte agarre de su sobrino en su cintura y impulsando hacia atrás su cuerpo mientras le introducía todos los centímetros que tenía la mujer supo al instante que era lo que estaba pasando en su interior estaba teniendo el mayor orgasmo de su vida en ese momento en aquel preciso instante en el que sentía las fuertes manos de sergio agarrándola más el pene erecto horadándola sin parar
pensó me están follando me están follando La mezcla de sentimientos en su interior era una bomba e iba a explotar. La pasión del coito, la manera en la que Sergio se lo estaba haciendo y, el morbo de estar haciéndolo con su sobrino. Todo aquello se juntó, mezcló y agitó sirviendo el orgasmo que estaba por llegar. Sus fluidos salieron explotando en el pene de su sobrino, sus piernas se movieron sin parar y su culo vibraba con tal fiereza que la unión se rompió. Parecía que estaba en la
misma silla eléctrica. Sergio vio como su pene salía totalmente manchado de fluidos y con su punta roja del color del fuego, aunque lo que se quedó mirando fue la vagina de su familiar. Un pequeño hilo de líquido salía hasta su clítoris recorriendo un camino de fluidos que se perdió en su vientre. Para Carmen había sido el mejor de su vida, pero para Sergio, también. La mujer se lanzó boca abajo casi sin poder respirar y el joven quedó agotado sentado en la cama y con el cuerpo
totalmente agitado. Ninguno rompió el silencio en varios minutos, estaban extasiados, lo habían deseado durante todo el día y acabado el coito, no podían más. Quizás Sergio tenía algo más de fuerza, pero también le temblaban las piernas del esfuerzo. Por fin Carmen se intentó levantar, logrando sentarse en la cama. Miró el móvil, marcaban las ocho menos cuarto de la tarde, todavía les quedaba tiempo, pero no fuerzas. Se puso de pie aunque al instante se
sentó de nuevo. Sergio, ayúdame, por favor.
Este se levantó de la cama con más vitalidad y ayudó a su tía de la forma más caballeresca que sabía mientras ambos se sonreían.
Acompáñame hasta la ducha. no sé si las piernas me van a aguantar. Lo que quieras. Los dos comenzaron a andar de forma lenta, estuvo bien. Nada mal, Carmen le dio un beso en la mejilla. La
mujer se sentó en la taza del váter y Sergio accionó la ducha a petición de ésta. Carmen suspiraba todavía sin creerse los orgasmos y el placer que había sentía, era glorioso, es más, Aún sentía algo de calor y partes de ese último orgasmo flotando dentro de su cuerpo. Quédate aquí por si acaso, cariño, le dijo a su sobrino introduciéndose en la ducha. Sergio la podía ver, apenas tenía una pequeña mampara que cubría un tercio de la ducha, el resto era abierto y muy amplia. La podía observar
si tuviera algún problema y por placer personal. Has sido el mejor de mi vida, no te miento. Carmen necesitaba ser sincera, porque era la mayor verdad que había dicho
en su vida. El mío también, estoy reventado. No me lo creo, no has
tenido mejores con Marta u otras. Sentía curiosidad mientras enjabonaba los pechos, quitando así
el curioso tacto del semen. Para nada. No dudo. No paras de halagarme, cariño, te lo mereces todo. Bueno, con lo que me has dado ya fue más que suficiente. Te
mereces más. Entonces, tenía una cosa en la cabeza que le hacía gracia,¿ te ha gustado oír a tu vieja tía decir polla y otras cosas? Me ha puesto muchísimo, nunca te había imaginado diciendo tales cosas, es normal. Es que estaba súper cachonda. Te diré que te has venido muy arriba, me estabas dando
muy fuerte.¿ No te ha gustado? Lo siento, me he dejado llevar, Carmen le fue a cortar rápidamente. No, no,
al contrario, me ha encantado. Me he sentido una adolescente, llena de vitalidad. Por cierto, tú, no te, señalando a su pene mientras notaba como el agua caliente le caía por el cuerpo.
No, sólo una vez, pero me he quedado bien a gusto. Cariño, tenemos tiempo,¿ por qué no te duchas conmigo? Tía, si entro, no creo que acabemos duchándonos. Bueno, quizá eso busque, el calor volvía
a ella,¿ cómo puede ser? Sergio entró decidido, el agua caía como lluvia por el cuerpo de Carmen que aún le esperaba dándole la espalda. Este pasó sus manos por la espalda, subiéndolas lentamente hasta alcanzar los hombros, donde apretó dándole un masaje en los trapecios.
Doble placer?¿ Primero sexo y luego masaje? Se hace, acercó sus labios al cuello de esta y le besó con erotismo, lo que se puede. Dios. Sergio, no sé qué provocas en mí.
Pasó ambas manos intentando rodear el cuerpo del joven, aunque no pudo, sólo lo consiguió atraer más a su espalda, notando cómo el sexo de su sobrino impactaba entre sus nalgas. Aún falta para que venga mi madre, ¿no? Dijo Sergio mientras mordía el cuello de Carmen. Sí, subió una de sus manos y agarró la cabellera del joven para que no parara, tardará un rato más, no estaría bien, que
nos viera. Las manos de Sergio rodearon el cuerpo de la mujer, la primera en dirección al pecho izquierdo, aprisionando el pezón entre sus dedos y jugueteando con él. Mientras que la otra, bajó hasta el clítoris que estaba durísimo y lo empezó a masajear.
Si nos viera, no creo que aprobara esto.¿ Hablas
tan tranquilo de tu madre mientras me metes Manu? Le comentó su tía mientras volvía a sentir el placer por todos lados. No tengo problema, podría incluso mantener una conversación sobre ella mientras lo hacemos. Madre mía, resopló con fuerza notando las ganas de tener sexo que de nuevo rebosaban su cuerpo, eres un guarro. Miró a su sobrino con el rostro rojo de pasión. el mismo que tenía el joven.
Sin dejar de mirarse, éste detuvo sus manos, dejando de masajear la parte delantera del cuerpo de Carmen para posarlas en la espalda, haciendo que ésta se doblara lentamente. La mujer se quedó apoyada contra los azulejos mientras su trasero se abría cada vez más al chico. El contraste del frío de los azulejos con el calor de la ducha le causaba una agitación en su cuerpo que el joven trataría de calmar. Este no perdió la oportunidad y al ver de nuevo la rojiza vagina, agarró su sable y
lo introdujo dentro de su tía, el interior parecía mantequilla ardiente. Carmen, no te parece nada guarro
lo que te hago.¿ Tan guarro no seré, no? Mientras comenzaba
a penetrarla de nuevo con suavidad. Es diferente, soy tu tía, o no, seguro que si fuera. Otra vez, qué gusto. Soyosoy añadió, si yo, fu, fuera, tu madre, seguro, que no me follarías. Sergio pasó sus manos hasta llegar a ambos pechos. Poco a poco, a pasos cortos y por el empuje del cuerpo de Sergio, Carmen se encontró con todo su cuerpo contra la fría pared. Jamás había visto una definición tan clara de estar contra la espada y
la pared pensó al notar cómo Sergio la penetraba. El chico ante lo que le dijo su tía, acercó su cuerpo pegándolo completamente al de la mujer. Los cuerpos quedaron pegados, completando una perfecta unión sin que ningún centímetro del muchacho dejara de penetrar a su tía. En un movimiento rápido, sus labios se movieron a la oreja de
ésta susurrándola. Que no te quepa duda, de que sí. Carmen
gimió al escucharlo, Ni se imaginaba algo así, si Sergio fuera su hijo muchas cosas cambiarían y aquello jamás sucedería, lo tenía claro. O sí, le dijo algo muy al fondo de su cabeza. Cerró los ojos notando la penetración de su sobrino que no paraba de bombear. Todo aquel morbo produjo tal placer y tal sensación en el cuerpo de Carmen que gritó de nuevo en una entrada del chico y le dijo a viva voz.
Cariño, dame. que se viene otro y yo tía y yo no habían estado ni tres minutos
dentro del agua que de nuevo se iban a desbordar se separaron un poco y volvieron a la posición en la que la entrepierna de sergio se metió por primera vez carmen sentía el agua en su espalda caer caliente pero su cuerpo estaba tan acalorado que notaba que las gotas le golpeaban eran frías aunque lo mejor estaba por llegar Dentro de su vagina notó como el pene de Sergio crecía y engordaba más y más, sabía lo que
iba a pasar. Estaban ambos a punto, Carmen apenas escuchó lo que Sergio decía, pero no le importaba, sabía que era el aviso de su final. Ella estaba casi lista, pero le faltaba un poco, aunque cuando Sergio terminó todo, se arregló. Al notar aquel chorro caliente en su interior, Todo lo que le faltaba para que el orgasmo llegara apareció. Vio las estrellas, las sintió paseando por su piel y desapareció todo en el mundo, otro más, no me lo creo,
pero era cierto. Se sujetó bien a la pared, con miedo a caer, mientras el pene de Sergio salía inerte de su interior y los dos jadeaban.
Ya, ya, estoy. Magnífico, cariño, le agregó Carmen sin aliento.¿ Tú también? Ella sintió mordiéndose el labio. ¿Cuatro? Volvió a sentir. Voy un
momento a la cama que me mareo. Bien, cielo, Carmen no le importaba a donde fuera, solo quería estar relajada, lo más relajada posible, para seguir disfrutando de los espasmos en su sexo. Sola en la ducha, con las gotas de agua masajeando un cráneo que desconocía donde se hallaba, comenzó a caer en la ducha. Sus piernas flaquearon, se empezaron a quebrar y poco a poco su cuerpo bajó
hasta quedarse de rodillas. El agua seguía golpeando haciendo que se sintiera sumergida en el mejor de los sueños mientras que notaba como un líquido de lo más apreciado salía de su vagina. El semen de Sergio escapaba para diluirse por las cañerías. El muchacho se secó en la habitación lo poco mojado que estaba. Por fin su pene volvía al estado de letargo, menos mal, de seguir así se
hubiera mareado. Echó un vistazo al móvil viendo que su madre le había llamado hacia dos minutos, abrió su conversación le acababa de escribir.
Cariño, cuando puedas me vienes a buscar. Lo siento, mamá, estaba en el baño,¿ dónde estás? Le escribió y ella lo leyó al momento. Para no liarnos,¿ me recoges donde me has dejado? Perfecto, me pongo ropa de calle y voy. Su
madre acabó mandándole el icono del beso, que rara esta pensó Sergio, demasiado cariñosa. Aunque eso en el fondo era bueno, ojalá siempre fuera así. Tía, me dice mi madre que la vaya a buscar, le dijo desde la habitación, volvemos en menos de 20 minutos. Bien, espero estar lista, dijo su tía todavía
arrodillada en la ducha y aislada en su placer.
Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
