Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos... Aventuras húmedas, parte 7. Mari, que se entretenía en el sofá mientras veía la televisión, escuchó como su hermana bajaba por las escaleras atisbando en ella cierta coloración a la que no dio importancia.¿ Has visto a Sergio? Me ha parecido oír la ducha, estará allí. Espero que no haga cosas de adolescente dentro, ya sabes. No hizo falta añadir un
gesto de masturbación, Mari lo entendió a la primera. Por los kleenex que consume y donde los consume, diría que es más de hacerlo en su cuarto. Su marido le había explicado que aquel gasto de papel era normal, para ella siempre fue demasiado. Carmen no se esperó tal comentario y no se le quitó la sonrisa hasta que se sentó en el sofá, la imagen de su sobrino agarrando su miembro mientras lo movía, la dejaba en una tensión sexual. Si todavía sigues dándole vueltas a lo de ayer, si quieres.
Entramos al baño y le pillamos desnudo. Una por otra. Su hermana lo tomó a modo de broma. Ambas se rieron aunque en la cabeza de Carmen la idea le resultó intrigante.
No, hija, no.
No te preocupes por algo tan bobo como lo de ayer, te vio con unas copas de más eso es normal. Creo que el tema del cariño tienes que ir poco a poco, si te apetece darle un abrazo dáselo, no lo dudes, que no te dé reparo. Muchas veces me apetece, pero una vergüenza me echa para atrás, ya ves, con mi hijo. Puede que con un hijo sea diferente. Con mis hijas siempre fuimos muy amorosas y bueno entre tú
y yo también, pero te puedo entender. Tienes que apartar esa vergüenza a un lado, si ha salido de tus entrañas, cariño. Le lanzó una mirada que conectó en los ojos de Mari, también de ese color azul precioso. Voy a tratar de cambiar, forzarme un poco, aunque no sé, me siento como cohibida. Es muy raro, suspiró profundamente, eso sí, ya me vio borracha, me desnudo, y me metió en la cama.¡ Qué vergüenza
voy a tener! Se llevó las manos a la boca mientras trataba de no reír, de verdad,¡ qué mal momento! Es la primera vez que te ve en ropa interior. A ver, sí y no. Muchas veces me paseo en ropa interior por casa, bueno mis hijos y yo, mi marido es el único que no. Dani siempre fue pudoroso, volviendo al tema, pero una cosa es eso y otra cosa es de la guisa que me vio ayer. Boberías, cariño.
Queriendo cambiar de tema, sabía que Sergio en cualquier momento bajaría. Además, ayer estábamos espectaculares,¿ te acuerdas de aquel tío que vino donde nosotras? Le espantaste rápido, respondió Mari riéndose. Demasiado feo, querida. Nosotros tenemos más glamour. Carmen añadió un tono de pija que a su hermana le encantó. Las dos comenzaron a reír como locas en la sala, volviendo a sentirse como
cuando eran adolescentes. Charlaron durante un buen rato de la noche anterior, rellenando algún que otro hueco que Mari había perdido por el camino. Hasta que escucharon como Sergio descendía por las escaleras dirigiéndose al sofá donde se encontraban. Nuestro caballero, anunció Carmen al verle. Buenos días, tía, se acercó a ésta dándole un beso en la mejilla que le supo a poco y después le dio otro a su madre, preguntándola,¿ qué tal te encuentras, mamá? Bien, mi vida. Sentía su
rostro acalorándose debido a la vergüenza. Se pasó una mano por el cabello para evadir ese sentimiento. pero le era imposible muchas gracias creo que me duele un poco la cabeza y nada más me alegro estabas un poco pedete era la palabra que usaba ella cuando el joven llegaba perjudicado no te rías de tu madre le dijo con una voz notablemente cortaba por lo que sentía en su interior la imagen de estar frente a su hijo ebria y casi desnuda no desaparecía¿ Qué os parece? Saltó de
pronto Carmen, si salimos y nos vamos a comer. Hoy sol no está y ninguna de las dos va a cocinar, señalando a su hermana. A los dos les pareció buena idea y después de pasar un rato de la mañana preparándose, todos montaron en el coche de Sergio para dirigirse al restaurante que las mujeres decidieron. La comida fue amena, Hablaron de todo y se rieron juntos, el tiempo era una delicia y una brisa de verano perfecta les acompañó en
la terraza donde acabaron llenos de tanto comer. El joven mientras escuchaba a las dos mujeres conversar sin parar, trataba de ser lo más sutil posible porque no podía parar de mirar a su tía. Con unas pocas ropas casuales y unas gafas de sol que le tapan las leves ojeras que tenía del día anterior, le resultaba una mujer de bandera, le era imposible quitársela de la cabeza. Lo de la noche anterior le había sabido muy poco, que
habían estado diez minutos como mucho. No era suficiente. Lo de esa misma mañana no había hecho otra cosa que acrecentar sus ganas por pasar tiempo a solas con Carmen, tocar su piel, probarla y si podía hacer, penetrarla. De pronto, una voz le sacó de sus pensamientos. Miró a las dos mujeres que levantaban sus ojos justo a la espalda del chico. Este giró la cabeza para ver de qué se trataba. Un chico de su edad, parado en medio de la calle le miraba con sorpresa sin creer que
fuera él. ¿Sergio? Echó un vistazo al muchacho que le preguntaba, dejando de prestar atención a sus dos mujeres favoritas.
¿Héctor? Contestó levantándose a saludar.¿ qué tal?
Pensaba que venías más tarde, ambos se abrazaron como viejos amigos que eran. Sí, pero me adelanté, así pasó algo de tiempo con mi tía y mi madre, dijo señalando a ambas que saludaron al joven. Qué bien. Oye,¿ te apetece tomar algo? Si no estás ocupado, digo. Sergio miró tanto a su madre como a su tía. Se lo estaba pasando en grande con ellas, pero necesitaba estar un rato con gente de su edad y sobre todo, para
quitarse a Carmen de la cabeza. Quizá alejándose un poco de ella podría enfriarse, aunque solo fuera un poco.¿ Os veo luego en casa? Así tomó algo con Héctor. Ambas movieron las manos con rapidez en señal de que no importaba, pareciera que se quitaran un peso de encima, aunque nada más alejado de la realidad. Observaron al joven muchacho alejarse
con su amigo. Carmen, aunque luchó contra su cuerpo, no pudo evitar mirar cómo el trasero se le movía al andar, pensando en si podría tener otro momento a su lado, necesitaba mucho más de lo que había tenido. Mari, en cambio, solamente pensó una única cosa, que tampoco entendió muy bien cómo había llegado a su mente. Quizá nunca lo había visto así o simplemente el que le cuidara la noche anterior había cambiado su percepción del joven. Sin embargo su
cabeza le hizo preguntarse cuándo se ha hecho un hombre. Bueno, nos hemos quedado solas,¿ quieres un café? Le dijo Mari sin responder a sus propias dudas. Bien, ahora pedimos. Carmen hizo una pausa y añadió, por cierto, ayer quería pasármelo bien, pero hoy creo que ya nos toca cotillear un poco. La mujer morena sacó media sonrisa,¿ qué tal con Dani? Pues como siempre, no hay nada nuevo que contar, rutina,
rutina y más rutina. Yo en cambio... Desde la conversación con Sergio sentía tal liberación que necesitaba compartirlo con su hermana, la que siempre había sido su gran confidente, tengo algo que contar. Mari se quedó con curiosidad al oír aquello. Jamás había escuchado quejas más allá de las normales acerca de Pedro, pero esas palabras parecían haber salido de su boca con algo de tristeza. El camarero escuchó el pedido y se fue con los dos cafés anotados.¿ Qué pasa, Carmen?¿
Estás bien? No, no lo estoy, te lo digo sin rodeos, yendo al grano, que al final va a ser lo más sencillo, creo que Pedro me ha sido infiel. Mari se llevó la mano a la boca sin creer sus palabras y sin poder asimilar del todo aquella información, he visto pruebas que me llevan a pensar eso. Cargos en bares a las tantas, una mancha de carmín en la chaqueta y claro, luego están las pocas cosas que hacemos juntos,
sin contar las cosas que hacemos en la intimidad. De esto último, mejor ni mencionarlo, aunque tampoco hay mucho que contar, ya me entiendes. Joder, no sé qué decir.¿ Tú estás segura de eso? Es que me pillas de sopetón, no es algo que me esperase. Sí, estoy segura, muy cerca del 100%. Hace años que no es lo mismo y estaba un poco apenada, bastante triste por cómo irían las cosas, pero... Carmen recordó el viaje con su sobrino, el desahogo en
la piscina, se sentía mejor y todo gracias a su sobrino. Pero...¿ Estaría bien decírselo a su hermana?
Qué gracias a su hijo todo había cambiado? Pero... Pero, estos
días he cambiado de parecer. Ya no estoy tan mal, la verdad. He pasado dos o tres años realmente malos. Obviamente la procesión va por dentro. Habérmelo dicho, soy tu
hermana.
Ya lo sé, pero estamos muy lejos y sé que tú ya tienes tus problemas, es complicado, cariño. No lo es, dijo rápidamente Mari. Me llamas y hablamos, punto. Dio que el camarero llegaba con los cafés y al irse siguió. Me lo tendrías que haber contado desde el primer minuto. Aunque me alegro de que estés mejor, eso está claro, sin embargo.¿ Qué ha pasado?¿ Por qué ese cambio? Ha sido, muy raro, no sabía si decírselo, ni cómo se lo tomaría, mira, no sé si te lo vas a creer, ni si
te sentara bien o mal o extraño. Pero por lo que estoy mejor ahora, es
por, tu hijo. ¿Cómo?¿ Por Sergio?
Sí, Carmen veía que su hermana necesitaba más detalles y prosiguió. Tuvimos un viaje largo en coche, tan largo y a la vez tan corto. Desde el principio comenzamos a hablar y hablar, y no sé, estaba tan a gusto, tan bien. Por su mente viajaban imágenes de las que no le podría hablar nunca a nadie. Comenzó a contarme las cosas con su ex y no tengo ni idea a día de hoy por qué lo hice. pero le conté lo mío con Pedro. Espera,¿ una cosa antes que nada que Sergio está mal con Marta? Sí, tan mal que ya
no están juntos. Hace medio año que lo han dejado, bueno, ella le dejó, además por su ex. Joder, la palabra sonó muy sentida en la boca de Mari que se sintió indignada. Aún pensaba que seguían juntos, es verdad que no le preguntaba, pero como no se lo podía haber dicho. Lo siento, pensaba que lo sabías y que si lo hablaba conmigo, que al menos tú estarías enterada. Carmen se sentía mal, pero Mari la apremió a que siguiera con
lo de Pedro. Ya dejarían para otro momento el tema de su hijo, pues eso, en el coche le conté mis dudas, mis inquietudes y si te soy sincera me ayudó mucho. Si te soy sincera es como si lo pudiera ver todo de otra manera. No es que no esté enfadada, pero, me lo tomo.¿ Con más filosofía? Me alegro, aunque no mentía, la cara de Mari reflejaba el mal trago que se había llevado por lo de su hijo. Cielo,¿ estás bien? De verdad, no sabía nada, joder, si lo
se me cayó. No, no, para nada tienes tú la culpa, Carmen. lo que en verdad me molesta, es lo poco íntimos que somos mi hijo y yo. Siempre ha rondado en mi mente acercarme más a mis hijos, preguntarles por su vida de forma, seria, no casi por cortesía, pero no me sale, tengo una barrera, que no, que no me deja avanzar. En su cara se podían atisbar trazos de pena, creo que soy muy fría con ellos, en especial con Sergio, es el mayor y bueno no sé, quizá puse más
atención en su hermana, yo que sé. La cosa es que me gustó el abrazo y el beso que me dio, pero me da hasta vergüenza ir y dárselos, Mari veía sus propias palabras como una chorrada. Sin embargo en el fondo eran tan reales, si me los da los recibo de mil amores, pero si es al revés, me cuesta. Mierda, es mi hijo. Quería hablar de nuestros maridos y esto acaba derivando en Sergio. Ambas sonrieron ante lo curioso del
tema y aunque me parece bien hablar de ello. Lo único que puedo decirte es que tienes que actuar más como yo. Cuando le veo me encanta darle abrazos y si quiero darle un beso, se lo doy. No podía evitar pensar en cómo le tocaba esa misma mañana, sé que es diferente, soy su tía, sin embargo debería ser más cariñosa, es tu hijo, Mari. Además que es un amor, cariñoso, Bueno, sensato, lo tiene todo, yo lo amo con locura, deberías forzarte un poquito, según le des el primer abrazo quizá ya
no pares. Entiendo lo que dices, pero me es tan complicado. Si lo pienso, tampoco con Dani, bueno a él le doy otro tipo de cariño, pero cada vez menos, creo que estoy mezclando dos problemas en uno. Pues hablemos de ambos, cariño, le dijo Carmen dirigiéndole una sonrisa a su hermana para que alegrara el rostro.¿ Quieres hablar de la relación con tu hijo? Hablemos,¿ quieres despotricar a tu marido? Lo hacemos. A mí Pedro ha llegado a un punto de que
me da igual, te lo juro.¿ Y eso gracias a Sergio?
Sí y no. Al principio, como es obvio, me decía que no, que no podía ser, pero viendo la realidad consiguió que lo viera todo de otra forma. Aunque Carmen también recordó la noche en que le hacía ver las cosas de otra forma mientras estaba encima de ella.¿ Conoces más a Sergio que yo? Dijo con una sonrisa irónica y negando con la cabeza,¿ qué más te contó de Marta? Pues eso que estaban bien y de repente de un día para otro, Se fue con su ex, un chico que hacía, creo que tres años que no veía, no
me acuerdo de las fechas. Que había estado un poco mal en lo anímico y también en otras cosas. Ya te imaginas, es un adolescente, había pasado de tener mucho a nada y estaba mal. Entendible, es un chico en la flor de la vida. Vale, perfecto, incluso te habla de sexo, estoy alucinando. Decía Mari dando un sorbo a su café para serenarse, creo que me van a dar el premio a madre del año.¿ En qué lugar estaré en la lista de Sergio para hablar de algo? ¿Última?¿
O quizá aún más abajo? Me siento fatal, en menos de un día estoy viendo que la relación que soñaba tener con mis hijos cuando eran pequeños ni se parece. Miró al final de la calle, como si su hijo fuera a aparecer con las respuestas y diciéndola lo buena madre que era. pero no aparecía nadie, apenas me cuenta cómo le va en la universidad y contigo habla de todo, siempre he pensado que debo cambiar, pero me cuesta tanto, tengo que hacerlo. Ni se te ocurra decir eso, Mari,
respondió su hermana con rapidez. Eres una gran madre, simplemente os falta ese punto de amistad, debéis ser más cercanos y ya. La confianza no marca que tú seas una gran madre o no, mira recuerdas con mamá. ni se nos ocurriría
contarle nada. Eran otros tiempos.
Sí, pero aún así no nos atrevíamos, con papá era otra cosa y ninguno de los dos fue peor que el otro. María sintió evocando a sus padres, con sus virtudes y defectos, su hermana tenía razón.¿ De qué más hablasteis Sergio y tú? Nada más. Me contaba lo que le venía a la mente y cuando se suelta no tiene vergüenza, le tuve que parar en alguna ocasión. No
podía asegurar que aquello fuera del todo cierto. Cuando le comenzó a mirar con ciertos ojos lujuriosos después del pantano, estaba segura de que ya no le paró, y te voy a decir una cosa, me encantó hablar de algo así tan abiertamente. Hacia tantos años que no escuchaba una lengua así de suelta, me sentí como cuando éramos jóvenes. Mary sonrió y miró al infinito, más allá del final de la calle, tratando de recordar aquellas conversaciones interminables con
su hermana, tan lejanas en el tiempo. Bajo las sabanas, en el jardín, en el viejo coche de su padre, como le gustaba no parar de hablar junto a Carmen.¿ Cuándo cambio?¿ Cuándo se volvió tan recta, tan avergonzada, tan pudorosa? No quedaba nada de aquella joven que pretendía comerse el mundo, o sí. El móvil de Carmen vibró, rompiendo el pequeño
momento de soledad que compartía con su hermana. Abrió los ojos sin poder evitarlo, un poco más y sus cuerdas vocales provocaron un grasnido que a saber cómo se hubiera interpretado. Su hermana la miró con ojos extraños y dando su último sorbo al café se preocupó por
ella.¿ Qué pasa? No, nada,
dijo Carmen simulando tranquilidad aunque por dentro estaba alterada, cosas de Nuria.¿ Qué tal están mis sobrinas? Ni he tenido la decencia de preguntarte por ellas. Bien, o eso creo, con cuentagótase de ellas, ya están intentando hacer sus vidas, ya sabes, viendo que ambas habían terminado el café añadió, nos volvemos. Pagaron y comenzaron a caminar tranquilas por el
pueblo recordando momentos vividos muchos años atrás. Rieron y contaron anécdotas, las cuales hacían que alguna que otra lágrima se derramara por sus pómulos por revivir tales situaciones. Caminaron al coche, hasta que de pronto, mientras ellas reían a carcajadas, alguien las llamó. Carmen. Saltó una mujer desde su espalda y dirigiéndose a ellas añadía, no me lo creo. Dime que esta es tu hermana. ¿Pili? Contestó Mari al dudar por
un instante. Después de corroborar en sus recuerdos quién era, añadió, Pili. Ambas se dieron un fuerte abrazo ante los ojos de Carmen que sonreía al sentir la felicidad que estaba sintiendo su hermana desde que había llegado al pueblo. Mari se acababa de encontrar con una de las amigas de su infancia, con la cual, pasados los años y la distancia, Casi
se habían olvidado la una de la otra. Solo a través de las redes sociales conservaban la amistad y decir eso era demasiado, mejor dicho recordaban el rostro la una de la otra.
Qué haces aquí? Preguntó la mujer. Pues,
he venido con mi hijo a ver a mi hermana, hace cuanto que no te veía. Estás guapísima, más un cumplido que realidad, los kilos y la edad le habían pasado factura a la mujer. Tú sí que estás guapa, bueno siempre fuisteis muy guapas, como me alegra verte. Aunque si no vas con tu hermana no te hubiera reconocido. Estoy por aquí menos de lo que me gustaría, Billy. Ya lo siento, chicas, me da una rabia no poder entretenerme,
tengo que abrir la tienda, me encantaría estar un rato contigo. Oye, podéis quedar después de que cierres, dijo Carmen rápidamente.¿ Terminabas a las siete de la tarde, no? Sí. Después no tengo nada que hacer, mi niño tiene que ir al entrenamiento de baloncesto, o sea que...¿ Tomamos algo?¿ No te importa que no pasemos el tiempo juntas, Carmen? Le preguntó a su hermana aunque sabía la respuesta. Más te vale, disfruta y recuerda buenos momentos con Pili, a mí me
ves más a menudo, aunque tampoco mucho. Las tres rieron y se intercambiaron los móviles para quedar más tarde. Mari no podía ser más feliz, haber visto a Pili le traía tantos buenos recuerdos, tantas tardes en el río, tantos juegos a la cuerda, tantos momentos delante y detrás de los chicos. Las dos mujeres llegaron al coche. Mari aún tenía la sonrisa por ver a su amiga y la mente viajando al pasado, incluso las ganas de llorar por los viejos recuerdos habían tenido que ser reprimidas.¿ Le has
dicho a Sergio que nos vamos? Preguntó Carmen a su hermana dentro del vehículo.
No.
Se me ha pasado, con la charla y ver a Pili, ahora mismo le mando. Aprovecha, Mari no entendía lo que decía su hermana, mándale un mensaje algo cariñoso a tu hijo Anda. A ver, casi con vergüenza comenzó a escribir. Una vez terminado, cariño, nos vamos a casa, nos vemos allí, besos.¿ Te parece bien? Con un tono de broma como si se lo estuviera diciendo a
su madre. Ponle que le quieres mucho.¿ Para qué? si ya lo sabe. Pónselo.
Mari se lo acabó poniendo y al de un minuto vio la contestación de su hijo bien, mamá, luego me acercan. Yo también te quiero. Según terminó de leerlo, algo dentro la removió.¿ Hacia cuánto que no escuchaba a su hijo decir la que la quería? Quizás su hija hacia menos tiempo, pero también era más pequeña y Ni siquiera Dani soltaba esas palabras tan a la ligera. Se mojó los labios
notando que la garganta se le había secado. Releyó las paradas, yo también te quiero el corazón le saltó en su pecho sin un motivo entendible y con sus ojos azules volvió a leer por última vez las dos últimas palabras te quiero. Su mente gritó tan fuerte como le era posible con la imposible posibilidad de que su hijo la escuchara, yo también te quiero, cariño. Llegaron a casa mientras el sol todavía pegaba con fuerza y Carmen decidió que era
momento de combatirlo de la mejor manera que conocía. Preparó dos cócteles y llamó a su hermana para que se pusiera un bikini, era hora de ponerse morenas. Ambas se tumbaron en las hamacas que había en el jardín, reposando con tranquilidad mientras sostenían sendas copas. Carmen miró a su hermana tras sus gafas de sol y Ella se giró notando los ojos de ésta y tras ambas lentes sus
ojos azules conectaron. Tengo que confesarte una cosa, Marini preguntó qué era, de la misma forma que estamos ahora, fue cuando Sergio me ayudó tanto. Me alegro, Carmen. Me alegro tanto de haber criado a un niño que haya conseguido ayudarte. En parte, siento envidia. No envidia insana, pero me gustaría tener esa complicidad que tienes con él, más que familia para seis amigos. Ambas miraron como el sol las deslumbraba
desde lo alto. En unos minutos de silencio, Mari primero y Carmen después comenzaron a bajar el líquido de sus copas. Debido a la suma de alcohol en su cuerpo y el calor que el astro rey provocaba en ellas, Carmen se vio alentada, con ganas de hablar con su hermana de algo mucho más íntimo.¿ Sabes qué me contó? La madre de Sergio hizo un ruido mientras orvía líquido para que siguiera, es algo picante, no sé si querrás oírlo, es sobre tu hijo al fin y al cabo. Ella
movió los hombros. No le importaba o quizá el alcohol había hecho que no le importase, además de hablarme de su relación con Marta, me contó, es curioso la verdad, me hizo mucha gracia. Su ex le dijo que después de él, lo demás... señalándose su entrepierna, pues eso le sentaría a poco. Carmen recordó la noche anterior con unas imágenes muy vividas. La sensación que le abrumó al notar dentro a su sobrino volvió a su cuerpo. Tenía muy buenas pistas de lo que la muchacha echaría de menos.
Antes de que su hermana contestara, recordó el mensaje que le llegó al móvil y sintió su cuerpo vibrar.¿ Por qué
lo
dices? No comprendo. Mari, cariño, le hizo gestos señalándose de nuevo su entrepierna para que su hermana se enterase, la herramienta. Mari notó que se ruborizaba al momento, el rostro se le coloró al escuchar hablar sobre la anatomía de Sergio. No se esperaba que Carmen le fuera a hablar de eso. Jamás había hablado con su hijo sobre su sexualidad, Sólo con su hija, ese era tema de Dani. Sin embargo, al escuchar sobre el p, p, pene de su hijo,
un recuerdo muy nítido le volvió a la mente. La verdad, prosiguió Carmen al tiempo que su hermana navegando por sus recuerdos, si no llega a ser mi sobrino me entraría curiosidad. Ladeó la cabeza sintiendo que ya estaba algo borracha y la lengua se le soltó, bueno, no te voy a engañar, me entra curiosidad, sería una tontería mentir a mi hermana. No de la sexual por supuesto, pero, Jopé, incluso le preguntaría. No lo entiendo, algo perdida tras abandonar su mente, todavía
le rondaba esa imagen que había recordado. Querida, por saber si es verdad o no, no sé, es como comprobar si un cotilleo en el pueblo es cierto o no. Quizá en verdad se estaba pavoneando delante de su tía, quién sabe. Carmen sabía de sobra que Sergio no la mentía. Y si te dijera que lo que dice, la voz de Mari sonaba distante, como si no hubiera querido decir lo que dijo, como si tratara de impedirlo. Pero sus labios siguieron hablando, muy a su pesar, es verdad. ¿Cómo?
Carmen se sentó en la tumbona sorprendida por lo que escondían las palabras de su hermana,¿ cómo sabes eso? Estaba alucinando. Aunque lo que más la desconcertaba era la leve excitación que había comenzado a surgir en su interior, se la haz. Corrigió,¿ le has visto algo? Toda la atención de Carmen recaía sobre su hermana. Tanto que apenas parpadeaba mientras la veía
sorber un poco de su copa. Su mente se preguntaba por qué sabía cómo la tenía Sergio, mientras otra parte de su cabeza recorvada ese mensaje tan explícito en su móvil. El calor comenzaba a subir por su cuerpo anegando cada poro de su piel. En cambio, Mari no sabía si contar la imagen que reproducía con nitidez en su mente era buena idea. No había sido nada en realidad, un incidente aislado, pero el cual le llevó a sentirse culpable
sin un motivo aparente. Quizá por las copas, el calor o por la grata compañía, se sentía tan bien, tan cómoda, que directamente sin mediar otras palabras, decidió contarle aquel incidente de dos años atrás. Esto que te voy a contar es secreto, puede que te parezca una chorrada, pero para mí no lo es. Mari no miraba a su hermana, sino al final del jardín. Dejando los ojos fijos en un punto al azar, no me gustaría volver a tocar el tema una vez lo acabemos. De verdad, me sentí
terriblemente culpable.¿ Me lo prometes? Por supuesto, cielo, eres mi hermana, te lo juro. Carmen habló con sinceridad. Estaba nerviosa por oír lo que estaba a punto de salir de los labios de su hermana pequeña. Fue una tarde cualquiera. No había nada en especial. ni recuerdo qué día de la semana era. Vamos, que era un día como otro cualquiera. Había ido a comprar, Sergio había llegado un poco antes de que saliera, supongo que vendría del instituto o de
la universidad, no me acuerdo. Fui a salir al supermercado y me despedí de él, pero resultó que la compra fue muy rápida, todo lo tenía a mano y no tuve que esperar colas. Mari dio otro trago. A Carmen le parecía que aquella pausa le daba emoción al relato, cierta tensión. O en verdad a su hermana se le secaba la garganta al hablar de ello, creo que en quince minutos estaba de vuelta. La tía de Sergio escuchaba
sentada en su hamaca con paciencia. Esperaba una historia de lo más normal, con alguna situación extraña, pero lo que su mente le pedía era mucho más picante. Las imágenes de la herramienta de su sobrino viajaban por delante de sus ojos sin parar, queriendo, deseando que Mari contara el final de aquella historia. Abrí la puerta y anuncié que había llegado, siempre lo hago. La puerta de Sergio estaba entornada,
había estado esos 15 minutos solo en casa. Fui a avisarle de que estaba allí, mientras mi mente pensaba en mil cosas, en si me faltaba algo, en si debería haber comprado tal cosa, puse la mano en la puerta y la abrí sin pensar. Si no hubiera estado a mil cosas, al ver la puerta arrimada sabría que estaba pasando dentro. Me puedo imaginar, la cortó Carmen sin poder evitar que un cosquilleo comenzara a invadir su entrepierna. Mari le hizo un gesto para que la dejase terminar y ella cayó.
Mi hijo estaba allí, sentado, algo ladeado delante del ordenador. Tenía los cascos puestos, era normal que no escuchase cuando entré por la puerta. Le había visto muchas veces así, pero jugando algún juego o simplemente escuchando música. Sin embargo, esa no era una de esas veces, en la pantalla. Dios lo recuerdo como si fuera ayer. En la pantalla una mujer estaba encima de otro hombre, sin dar detalles,
estaba viendo porno. Podría ser eso lo curioso, pero no. La garganta se le secaba a cada palabra, otro sorbo de su copa le humedeció, me quede de piedra, no me esperaba nada de eso, yo estaba pensando en mis cosas. Supe de inmediato que no debía estar dentro de la habitación y cuando bajé un poco la
mirada, lo vi.¿ Qué pasó? Di un paso
atrás en silencio, Arrimé la puerta dejándola como estaba y di un portazo en la entrada simulando que había llegado. Después, grité bien alto que estaba en casa. Pero bueno, Mari, no pasa nada, se la viste y ya, no hay más drama. Yo he visto a mis hijas totalmente desnudas, sé que no es lo mismo, al final Sergio es un chico, pero... La cosa es la siguiente y es
por lo que en verdad me sentí mal. Miró a su hermana tras sus gafas de sol, Estala devolvía la mirada con mucha atención, no quiero que me juzgues, si te lo cuento es porque confió en ti. Cuando la vi, pude quitar la mirada, pero no lo hizo. La seguí mirando hasta que salí de la habitación. Fueron unos pocos segundos, un instante nada más, pero pasó, no dejé de mirarla.
Negó con la cabeza sin entenderse ni ella misma, no tengo idea de por qué, pero me, me, me, hipnotizó, no sé, me sentí fatal, creo que fue el propio Zoc del momento.¿ Sergio lo sabe? Preguntó más que curiosa su hermana.¿ Qué va? Pensé en contárselo, así quizá me sentiría mejor, pero no me atreví, creo que tampoco serviría de nada. ¿Normal? Es una situación, curiosa, aunque pienso que también de lo más normal. Vivir con adolescentes es lo
que tiene. No le des vueltas, desde mi punto de vista, lo que viste era algo curioso y esa curiosidad te pudo, si me pasase a mí, actuaría igual estoy segura. Ambas tomaron un sorbo de sus copas terminándolas. Carmen volvió a tumbarse al sol, pensando qué haría ella si viera a su sobrino así, aunque lo tenía claro. Con esa imagen en mente, tocó su móvil, ardiente de ganas por volver
a abrir lo que Sergio le había enviado. Sin embargo, lo importante era su hermana, tenía que quitarle ese mal sabor de boca y escarbando en su pasado encontró algo que podría sacarla una sonrisa.¿
Te
acuerdas de Tomasín
Preguntó Carmen.
No hasta ahora, y viendo de lo que hemos hablado, ya sé por qué me lo preguntas. Un gesto de vergüenza apareció en su rostro. Madre de Dios, aquello parecía la de un caballo. Ambas rieron ante el comentario.¿ Te acuerdas de que sentíamos curiosidad por cómo sería tener, tener eso? Ya, aunque era demasiado feo, siempre nos echó para atrás. La gran mayoría lo era. Había muy poco nivel de belleza
en el pueblo. Pues sí, para que nos vamos a engañar, nosotras teníamos más glamour, incorporo un tono más repipi a esa última palabra. Tratando que sonara francesada sabía que haría reír a su hermana. Tienes toda la razón del mundo. No es por ser engreída, pero pienso que papá tenía razón, este pueblo se nos quedaba pequeño, estábamos hechas para descubrir mundo.¿
Quién sabe, Carmen?¿ Quién sabe? Oye, cariño, vamos a cerrar el tema de tu malestar, Carmen miró con decisión a su hermana, levantando sus gafas y clavándole la mirada, Sergio o Tomasín. ¿Cuál? Carmen. Sonó casi a un grito y después las risas la abordaron. Estaba algo borracha debido a los vinos y a la copa, no pienso comparar eso, trató de parecer indignada. pero la sinceridad y curiosidad de su hermana la habían hecho enrojecerse y no parar de sonreír. Vamos, venga,
tengo curiosidad, díselo a tu hermana mayor.¿ Qué no? No te voy a decir eso.
Carmen se levantó de la tumbona y puso sus manos en el abdomen de su hermana antes de que ésta pudiera reaccionar. Cuando los dedos de ésta presionaron encima de la cadera de Marí, La mujer supo al instante que no tenía escapatoria.
Seguro que no me lo dirás? No, no, no. Carmen. Gritó
Mary. Era demasiado tarde. Los dedos de su hermana se clavaban sin parar en su piel haciéndola unas cosquillas imposibles de detener. Mari intentó escapar, pensó en correr por el jardín, pero sólo consiguió caer de la tumbona a la caliente hierba. La tortura no se detenía y las risas eran incontrolables. Una y otra vez Carmen le exigía que se lo dijera, pero Mari se negaba, a las dos les estaba encantado
volver a jugar como cuando eran jóvenes. Mari tuvo que rendirse al final, rogó a su hermana que parase, aduciendo que si seguía se iba a mear encima, muy cierto, pero Carmen no pararía sin conseguir su recompensa. No tuvo más remedio, antes de mearse el bikini, la mujer morena gritó.
Sergio. Sergio. Sergio.
Carmen se detuvo con la respiración acelerada viendo como su hermana aún reía en el suelo de su jardín. Lo sabía. la familia dejando el pabellón bien alto. Te odio, dijo su hermana mirándola desde el suelo sin poder parar de sonreír. Carmen la tendió la mano y la puso en pie en un momento para después darle un abrazo de lo más espontáneo y añadirla.
Te quiero. Ambas se
sonrieron como hacía años que no lo hacían. Recordando épocas más sencillas, sin preocupaciones, sin problemas, sin nada, solo ellas, debajo de una sábana y su habitación, no les hacía falta nada más. Mari miró a los ojos de su hermana y contestó de corazón. Y yo. Ambas se agarraron de la mano y corrieron como locas a la piscina, olvidando que estaban más cerca de los cincuenta que de
los cuarenta. Sus piernas se movieron veloces hasta el agua, como un breve viaje al pasado, un vistazo en el tiempo, volvían a ser jóvenes, ellas contra el mundo. En vez de una piscina, saltaban al río, rodeadas de sus amigos de la infancia, todo era perfecto, maravilloso. El agua con cloro de la piscina les recordó su edad y le retornó de su viaje mental, pero no consiguió borrarlas la sonrisa.
Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
