Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos
Aventuras húmedas, parte 6.¿ Qué cojones hago? Se dijo mientras su mano se alzaba. Parecía que por un momento sí que era consciente de lo que pretendía. La mente la tenía completamente en blanco, no pensaba. Bueno, no es del todo cierto, sólo meditaba una única cosa. Encogió dos de sus dedos y con estos golpeó la puerta de la forma más suave posible. Sólo dos toques intercalados que llegaron a los oídos de su tía y entonces los pasos de Carmen llegaron a los oídos de su sobrino, que seguía de
pie aún con la mano levantada. Sergio vio el picaporte moverse, se iba a derretir. no entendía en qué momento se pensó que era buena idea. Se iba a presentar delante de su tía, con el pijama y con una erección de caballo que señalaba a la puerta como un dedo acusador me da tiempo a huir, por supuesto que no. El calor, la vergüenza y miles de sentimientos le invadieron cuando la luz atravesó la abertura de la puerta. Carmen se quedó mirando a su sobrino, justo había salido del baño.
Se estaba desmaquillando cuando escuchó los golpes y aún estaba vestida como había salido de fiesta. En un vistazo rápido, sus ojos se movieron por el cuerpo del chico, analizándolo sin parar en una fracción de tiempo. Lo que deseaba, lo que anhelaba, allí estaba. Sabía de sobra por qué estaba allí, a qué había venido, pero una duda le asaltaba que debería hacer ella. El chico había dado el primer paso. Carmen pasó su visión al bulto, que despierto
se movía enorme en la entrepierna del muchacho. Se llevaría la mano a la boca para ocultar su asombro, pero no tenía el cerebro demasiado lucido. El montículo que se formaba en la entrepierna era terrible, más de lo que recordaba haber visto nunca, por supuesto mucho más que su marido. Sergio la miró fijamente, con el vestido de noche estaba espectacular y trató de decirle algo, pero estaba cohibido, su
garganta estaba de adorno, no le funcionaba. Fue entonces que su tía movió los labios y aunque pareciera que de estos no iba a salir ningún sonido, el joven logró escuchar
una deliciosa palabra. Pasa. Entró con temor, un miedo que le hizo humedecer
sus manos. Su tía le agarró de una de estas después de cerrar la puerta, no le importa lo sudadas que estaban, la sujetó con fuerza y sin decir nada más, los dos caminaron hasta la cama. El nerviosismo se apoderó de ellos, dos colegiales en su primera noche juntos. Estaban subidos en una nube que les transportaba por un mundo imaginario, no podía ser real lo que estaban viviendo. Carmen sintió su cuerpo arder en los fuegos del averno, el joven más de lo mismo, ni en sus mejores sueños habían
estado tan excitados. Por tener más edad y quizá una mente más responsable, la mujer se sintió en la obligación de tomar la palabra, aunque no sabía si sería capaz. Estaba a tan pocos momentos de volverse loca por la tensión que se respiraba en la habitación.¿ A qué has venido? Carmen lo sabía muy bien. Primero le acarició la mano para acto seguido subir por el antebrazo. El suave tacto del hombre que tanto deseaba, le hizo notar como bajo
su sujetador, los pezones se le estaban endureciendo. Venía, ve, venía a, la lengua le pesaba y su cuerpo estaba entumecido. Carmen se mantuvo en silencio para que pudiera contestar. La voz del joven sonaba más adulta, más suelta, a contestar lo de antes. Puede que, no quería expresar esa tentación perpetua que sentía al verla. Quizá compartiendo el anterior momento fuera mejor, me has preguntado por quién me había puesto,
creo que por las dos. Cuando lo escuchó en voz alta, se dio cuenta de lo estúpido que era.¿ Por ella y su madre se había empalmado?¿ Qué tontería? Sonaba tan irreal fuera de su mente, pero no mentía. Carmen resopló, de alguna manera debía ventilarse tras escuchar a su sobrino decirle claramente que le excitaba. O vio a un lado lo de su hermana, ahora mismo ella era la importante. No sabía cuál fue el detonante, la gota que colmó el vaso, pero no había vuelta atrás. Apretó sus piernas
con fuerza queriendo resistir por última vez el pecado. Menuda puta locura, esto es muy heavy, apenas susurró la mujer, notando la humedad de su vagina impregnando su braga. Bajó una mano temblorosa hasta la pierna del joven. Sin mirarle a los ojos, aquellos dedos caminaron por el cuerpo de éste hasta llegar a la cintura, donde la goma del
pantalón de deporte le impedía el paso. La última frontera, como si fuera una barrera moral, engañar a su marido, hacer algo con su sobrino, el hijo de su hermana, era el último paso y nada la iba a detener. Estaba loca, sí, loca por desatar su pasión con el hombre que más sentimientos había provocado en ella. Te dije la verdad en la piscina, ella le miró quitando la vista del pene, aunque con el primer dedo atravesando la goma, no puedo tener amigas. Siempre acabo queriendo algo más.¿ Qué
quieres conmigo? Su voz sonaba tan melosa, tan ardiente, una sinfonía dedicada al amor, un susurro que Sergio apenas pudo escuchar. Sus cuerpos estaban pegados, el calor de uno era transportado al del otro. sus cabezas pegadas la una contra la otra. Carmen mirando como el joven había sujetado su mano, la cual ya notaba el primer vello en la yema de sus dedos. No hizo falta que contestara a la pregunta de su tía, el joven pensó acertadamente que mejor actuara
a hablar. Con delicadeza y lentitud la mano que tenía sujeta la fue introduciendo en el interior de su ropa hasta el punto de llegar a la zona más dura de su cuerpo. Carmen sintió la dureza, el calor, la suavidad de la piel, una auténtica delicia. La agarró rodeándola con cada una de sus dedos, notó el poder, el placer, su humedad, lo notó todo. Está ardiendo, chilló su cabeza a la par que se deleitaba de una sensación que había olvidado, una satisfacción extrema. Es grande, soltó la mujer
por su boca con la voz más erótica que pudo. Dieciocho, respondió Sergio posando la frente contra la de su tía. Estaba con el rostro enrojecido y su voz sonaba entrecortada por la vergüenza y el gozo, pero, lo mejor, o eso dicen, es que es gorda. Carmen la soltó y de su boca salió un rebusno animal. Estaba como nunca, con aquel sonido se recordó a la frase que le decía una amiga caliente como una perra, porque eso parecía, un animal en celo. sin dejar de mirar a su sobrino,
abandonó el tan ansiado calzoncillo. Con las manos, delicadamente como si estuviera hecha de papel y en cualquier momento se fuera a romper, sacó del bajo de su vestido unas bragas rojas. Sergio que entendió la señal, se levantó posicionándose delante de ella, observando como Carmen dejaba con calma su braga encima de la cama. La mujer se tumbó sobre el colchón quedando apoyada en sus antebrazos sin dejar de
mirar a Sergio, esperando que diera el siguiente paso. El joven miraba el sexo de su tía con unos ojos que se iban a salir de sus órbitas. Recortado pulcramente dejando poco bello y brillante a la luz de la tenue lámpara. Un ágil dedo se posó encima de ese manjar que le hacía derretirse y sintió como su tía temblaba. Lo introdujo con pausa, con un amor y una pasión
que casi había olvidado. Carmen apretó los labios sintiendo el cuerpo extraño horadando en su interior por primera vez.¡ Qué delicia! Pensó muy cachonda. El sobrino sacó su dedo mojado, con un líquido transparente que brillaba. Sin dudarlo, se lo introdujo en la boca, saboreando los jugos que habían salido del cuerpo de la mujer. Carmen se estremeció. Sus piernas se cerraron y abrieron en un rápido movimiento, echando la cabeza hacia atrás y resoplando de manera sonora, si su hermana
estuviera consciente la podría escuchar. No podía aguantar más, quería el siguiente asalto, saltarse todas las normas escritas. Le daba igual ahora, y le daría igual en un futuro, lo sabía, no habría cargos de conciencia. No pensaba ni su familia. ni su marido, ni siquiera en su hermana, pensaba en el joven que con una cara roja de placer sentía lo mismo que ella. Dios mío. Sí, apenas era un
susurro audible. De los pantalones de Sergio emergió la figura de un miembro erecto que a los ojos de Carmen pareció un coloso. Dieciocho centímetros de carne, Sergio no mentía, y tampoco en lo gruesa que era, algo que la mujer repitió en su cabeza. que gorda. Su respiración se agitó, su pecho subía y bajaba de forma alocada, la espera
por lo inevitable se le hacía eterna. Sus piernas se abrieron con fuerza, escuchando en ese momento un ligero chof, eran sus líquidos, habían emanado fuera de su sexo y se resumaban sin parar. Tendría que haberlo rapado del todo, ni un pelo, pero¿ quién pensaba que esto se haría realidad? La mujer sin despegar la mirada del miembro de su sobrino, observó como con una mano que parecía pequeña lo acercaba
a su entrada. El pantalón del joven yacía en sus tobillos y las rodillas se posaron en la cama, justo a la altura perfecta para hacer lo que ambos pretendían. La mano le temblaba ligeramente, Sergio vio a la perfección el dulce y precioso sexo de su tía, tan maravilloso, y que en teoría, sólo debía ser contemplado por su tío. Estoy soñando, se le escapó, lo estaba pensando, pero ya que había hablado, siguió, el mejor sueño de mi vida.
Colocó tremenda herramienta en el agujero de su tía, la cual miraba expectante, apoyada en sus antebrazos sin perder de vista lo que estaba por suceder. El contacto de su capullo con la vulva de la mujer hizo que ambos se estremecieran. Pasó su pene por el clítoris de Carmen, algo que sabía que a su ex le gustaba y cuando vio cómo la mujer se mordía el labio, supo que a ella también. Los juegos habían acabado, no podían
soportarlo más. Colocó su punta en la entrada. Los labios vaginales se abrieron dando un ansiado beso al prepucio enrojecido del joven. La sensación era ardiente y húmeda, no podía haber nada más glorioso para Sergio. No hizo apenas esfuerzo, solo un leve movimiento de cadera y, el pene se introdujo en el sexo de su tía. La mujer aspiró
súbitamente en los primeros centímetros, el placer era indescriptible. Cuando notó como la mitad estaba dentro y aquello le estaba llenando todo su interior, se tuvo que tapar la boca para no gritar a los cuatro vientos todo lo que sentía. Empujó un poco más quedándose casi toda en el interior y acomodándose al sexo de Carmen. Al sentir en sus adentros los 18 centímetros, tensó el cuello y arqueó todo el
cuerpo recibiendo la primera entrada completa. Trató de coger aire, todo el que podía, pero no le era suficiente, necesitaba cuatro pulmones para reponerse de la primera sacudida. Era algo abrumador, un sentimiento de que en verdad la habían llenado. Jesús. Dijo en voz baja conteniendo las muestras de placer que no paraban de llegar y tratando de comportarse lo más normal posible, añadió, ma. Mas. La pregunta de la mujer rubia fue contestada con rapidez cuando su sobrino comenzó a
meter y sacar con calma su pene. Sergio lo introducía lentamente, mucho más de lo que le gustaría, pero entre que su madre estaba dormida, imposible que se despertase y y sabiendo que si subía algo el ritmo podría terminar rápido. Prefería ir despacio. El primer minuto pasó rápido, las paredes de Carmen se adecuaron a lo que le habían metido entre ellas y el placer de ambos traspasaba fronteras. Casi
había olvidado lo que era sentir tal placer. Aunque algo la detenía, necesitaba expresarse, ser ella misma como siempre, le gustaba conversar en el sexo. pero por una extraña vergüenza, no podía. Lo deseaba, Sergio la miró con unos ojos de verdadero animal, por favor, cariño, lo necesito. Subió las piernas cuanto pudo, para permitir una entrada perfecta a su sobrino. La falda se le arremolinó en la tripa dejando sus piernas al aire y un sexo que devoraba el miembro
del muchacho. Notó algo, algo que hacía mucho que no notaba, una sensación se concentraba en su interior, era algo grandioso. La temperatura de Carmen se elevó, sus pechos se endurecieron por momentos y la sensación de placer le agarrotó el cuerpo. Las venas del cuello se le estaban hinchando y como pudo agarró uno de los cojines que había en la cama.
Un poco más, rogó a su sobrino sin casi respirar. Obediente, Sergio entró un par de veces más, de manera lenta y pausada, pero muy profundo, impulsando los últimos centímetros para que llegaran a lo más hondo. Carmen intentó aguantar concentrando más y más placer. Estaba a punto de reventar, el placer era inaguantable y no podía contenerlo en su cuerpo por más tiempo. Mordió el cojín llegando a deshilacharlo con furia, para después, con un pequeño quejido que supo minimizar, dejar
que todo fluyera. Las entradas de su sobrino habían logrado que su vagina explotase en mil sensaciones. Se acababa de correr haciendo que el placer no cesara de aumentar. Ahogó mil y un gritos en el cojín mientras todo su cuerpo comenzaba a contraerse, moviéndose en espasmos como un pez fuera del agua. Perdió la noción del tiempo y del propio mundo, no sabía ni dónde estaba, sólo observó puntos
de colores en sus ojos. Jamás supo cuánto tiempo pasó desde el comienzo del orgasmo hasta que fue consciente de nuevo de dónde estaba, quizá un segundo o quizá una vida. Alargó su mano en busca de su amante hasta tocar el abdomen de su sobrino. Dejó las yemas de los dedos sobre la piel del joven sintiendo el calor que desprendía y haciéndole saber que de momento era suficiente. Ya, ya, para, cariño, consiguió emitir por su garganta mientras se ahogaba con el cojín.
Sergio obedeció y Carmen liberó su rostro de la presión que se autosometía. El joven la vio con un color rojo y los ojos brillantes, con una expresión de satisfacción natural, simplemente preciosa. Sus pechos subían y bajaban como si tuviera un terremoto en su interior. La respiración es demasiado elevada, Carmen sin duda había tenido el mejor orgasmo de su vida, o por lo menos el mejor que recordaba y apenas habían pasado unos minutos en la tarea. maravilloso, sentenció al
aire con un tono más normal. Levantó un poco la cabeza y volviendo a apoyarse en sus antebrazos, observó cómo su sobrino sujetaba sus piernas y la miraba con un rostro de satisfacción. Ella se dio cuenta de la situación, no debía ser egoísta y aunque se podría dormir simplemente bajando los párpados, quedaba algo por hacer. ¿Seguimos? Consiguió decirle su sobrino sin que la voz le temblase. Carmen no
dudó en asentir, estoy casi. Sí, por supuesto, le contestó con más normalidad, sin tener nada de normal la situación. Las entradas volvieron a producirse. Esta vez Carmen sintió una sensación de placer demasiado grande e incluso al principio le incomodó. Pero sólo duraron unos instantes y hasta que se acostumbró de nuevo a que el miembro de Sergio la llenase su interior. La sensación de placer volvió a ser la misma que antes, un placer de una magnitud inigualable, algo
que ya apenas sólo podía concebir en su mente. Mientras meditaba en aquel gozo, veía como su sobrino, de nuevo comenzaba a moverse con algo más de rapidez. Su cara cambiaba y los sonidos que emitía elevaron el volumen, parecía que el final se acercaba. Carmen se llevó rápidamente el dedo a la boca y le dijo. S.H.H. No querrás, que difícil se le hacía hablar, que nos oiga tu madre. Ahora, me da igual, quien escuche, el placer era tal que no le importaría que entrara el marido de Carmen, le
daría lo mismo, él seguiría a lo suyo. Joder. Contestó con un tono que demostraba lo caliente que estaba,¿ no te importaría? Estoy casi, dijo susurrando sin poder hacer más que centrarse en su eyaculación y añadió tajante, no. Sergio finalizaba. Se venía lo que tanto había deseado esos días. El placer le recorrió el cuerpo y de sus genitales nació un cosquilleo que le arrebataba la vida. Me corro, mierda, me corro. Dijo mientras Carmen le miraba esperando el acto final.
El joven sintió el placer concentrado de tantos días. Logrando en un instante que todos los músculos se agarrotaran para el único fin de conseguir expulsar todo el cargamento que llevaba dentro. Introdujo el máximo de la envergadura de su pene, dejando todo su peso sobre la cadera de su tía y la primera porción de su néctar, se disparó. Estaba ardiente, espeso y, abundante, la mujer lo sintió en el momento que el blanco líquido salió por la punta del joven pene.
Aquella primera descarga fue poderosa, pero la segunda no se quedó atrás. El jugoso manjar salió en misma cantidad y con el mismo poder volviendo a golpear sus paredes internas hasta el punto que las piernas le temblaran. Mientras su sobrino apretaba los labios, Cerraba los ojos de placer y aferraba sus dedos sobre los muslos de su tía, ésta sintió el último. Increíblemente era igual de poderoso que los otros, incluso causándole cierto placer al golpearla. Al mismo tiempo, su
sobrino desfalleció. Con Sergio jadeante y con la fuerza justa para no desmoronarse en la cama, Carmen sintió como unas gotas comenzaban a recorrer su trasero hasta llegar a la cama. El semen mezclado con los fluidos de la mujer abandonaba el dulce sexo de ambos.
La Virgen. Qué bueno. La
vitalidad le abandonó al muchacho, que se tuvo que apoyar en la cama para no caer sobre su tía. Ambos respiraban acelerados quedándose satisfechos por lo sucedido. El joven rompió la unión, haciendo que de la vagina de su tía, el jugo que caía en pequeñas gotas, saliera ahora de forma abundante. Quizá en otro momento de su vida aquello no le hubiera gustado, pero en ese instante, era precioso.
Creo que, nos toca dormir, dijo ella aún tumbada. Mañana, nos vemos, Sergio apenas era consciente de lo que decía, el placer le acompañaría toda esa noche. voy a dormir como un bebé,
el fuego grabado en sus pómulos no desaparecía. Yo también estoy muerto. Carmen no
pudo evitar sonreír ante aquel comentario y observó como su sobrino hacia lo mismo, rompiendo la pequeña vergüenza que parecía separarles, dejándoles por fin totalmente liberados. El joven amante se levantó de la cama, aunque Carmen ni siquiera recordaría verle subirse los pantalones, Todavía miraba al techo notando la picazón que le surgía en lo más profundo. Escuchó los pasos alejarse
y volviendo la cabeza para la puerta dijo. Ciérrame la puerta al salir, cariño, intentando levantarse de la cama sin lograrlo. Sergio ya estaba con la mano en el picaporte cuando escuchó de nuevo a Carmen, a ver si, mañana, otra vez. Ambos se sonrieron, un gesto cómplice al que Sergio sumó un guiño que dejaba todo bien entre ellos. No había remordimientos, no habría conversaciones incómodas sobre las repercusiones de lo ocurrido, los dos lo deseaban, había pasado y si surgía volvería
a pasar. Sin tener en calma su cuerpo aunque si el alma, la mujer consiguió mover las piernas para vestirse con una ropa interior nueva. La otra estaba por lo menos para lavar si no es que era mejor tirarla. la había humedecido demasiado. Metiéndose en la cama y echándose la sabana, no puede evitar reírse. Sabía que al día siguiente tendía que ponerse otra ropa interior nueva, ya que los fluidos de su sobrino fueron tales que seguro se
despertaba con esta totalmente sucia. La idea no le desagrado. Con los primeros rayos que entraron por la ventana, Sergio amaneció. Se tuvo que desperezar en varios minutos hasta que logró sentarse en la cama, meditando todavía si lo de ayer fue algo real o todo había sido fruto de su imaginación. Los restos secos que perduraban en su entrepierna demostraron la realidad. Cogió el móvil comprobando que todavía eran las nueve de
la mañana. Las mujeres de la casa, obviamente, tardarían en despertar y por no molestarlas, se puso un bañador y bajó directamente a la piscina. El chapuzón le hizo despertar por completo. El agua todavía algo fría de la noche consiguió que su cerebro se activara por completo y también quitarle el olor a sexo que parecía perseguirle. El pequeño baño había sido una gran opción, no le hacía gracia pasearse con aquel olor por la casa, no por su tía,
sino más bien por Mari no vaya a olerlo. El agua le ayudó a reactivar todo el cuerpo ya no tenía ni ese olor ni el poco sueño que aún quedaba en su cuerpo. Se secó con rapidez, aunque el sol comenzaba a calentar con rapidez, todavía la temperatura era más que normal y no quería coger frío, no era momento para ponerse malo. Volvió a la casa para desayunar unas frutas que cogió en la cocina. Puso la tele sentándose en el sofá para relajar sus músculos como si
estuviera cansado. pero en realidad lo estaba. Mientras mordía la pera de su mano, rememoraba cada imagen del día anterior. Las tenía grabadas a fuego y sabía que no se le olvidarían jamás, sólo una cosa se le clavaba como una espina, pasará de nuevo. Casi rezaba por ello, aunque la realidad era que su tía lo había hecho con él mientras estaba borracha, quizás serena la cosa cambiara. Escuchó un ruido en la planta de arriba que le hizo
salirse de sus pensamientos. La curiosidad le pudo y decidió subir por si alguien se estaba levantando, su mente y su entrepierna por fin de acuerdo pedían que Carmen estuviera despierta. La habitación de su madre estaba cerrada y bajo la rendija de la puerta no se apreciaba ninguna luz. Recordaba que al despedirla a la noche, La habitación estaba completamente a oscuras, por lo que si todo seguía igual, ella estaba dormida. En cambio, la de Carmen sí que asomaba
algo de luz natural. Se acercó con nerviosismo, como esa misma madrugada le había sucedido, alzó la mano con decisión y le echó valor golpeando la puerta, no hubo respuesta. No podía quedarse ahí, decidido, movió el picaporte y entró de sopetón. Repetía los mismos gestos que a la madrugada, pero no había nadie en la habitación. La cama estaba deshecha y la ropa del día anterior estaba puesta en una silla, aunque lo que le importaba era la luz
que salía del baño. La puerta estaba entreabierta y el sonido de un cepillo eléctrico le llegó a sus oídos. Asomó la cabeza después de golpear levemente la madera. Carmen se dio la vuelta y vio la cabeza de su sobrino, antes de girarse sabía que era él. Escupió la pasta de dientes y después de secarse, sonrió al joven a través del reflejo del cristal. Se dio la vuelta y dio tres pasos hacia el muchacho que ya estaba dentro.¿ Has dormido bien? Sergio no podía contener la sonrisa, quizá
producida por cierta vergüenza.¡ Qué malo! Añadiendo, Hace mucho que no dormía tan bien, por cierto, me has dado una idea para el libro. Sí. Preguntó, mientras notaba la mano de su tía acariciándole el pecho.¿ Podría introducir algo basado en, lo de ayer, echó un vistazo fuera para después preguntar,¿ has visto a tu madre?¿ Está dormida? Creo que sí,
no miré dentro, pero no se veía ninguna luz encendida. Bien. Bueno, me apetece, el joven miraba expectante esperando las palabras clave de su tía,¿ me refrescas la memoria
sobre lo de ayer? Me encantaría. La mano de Carmen agarró
la del joven introduciéndole aún más en el interior del baño y cerrando la puerta tras ellos. Caminaron pegados, mirándose, hasta que el lavabo se topó con el trasero de la mujer. Lo recuerdo bien, Te lo puedo recordar con detalles, aunque la voz se le quebraba, sus brazos comenzaron a rodearla, tú te tumbaste. Así, no me acuerdo, algún dato más. Carmen se dio la vuelta para que ambos pudieran observarse en el espejo.
Los dos nos tocamos.
El aliento de Sergio golpeaba en el cuello de la mujer. La piel se le empezó a erizar y al sentir como una mano ajena a la suya subía por su cadera desnudando la piel que su camiseta tapaba, un cosquilleo anormalmente placentero
desbordó en su interior. Nada mal. La temperatura comenzó a subir.
El cuerpo de Carmen como un horno trabajando a destajo echaba humo. Sujetó la mano que subía con calma por su cuerpo y la apretó contra su vientre sintiendo la piel con piel. Echó su cabeza hacia atrás golpeando el hombro del joven, su rostro estaba a pocos centímetros del suyo. Cuando estuviste tumbada, la voz era un susurro, un secreto en su oído. Notaba el aire que salía de su
boca más que las palabras. Era el tono de voz más meloso que había escuchado, un caramelo para los oídos agitados de la mujer, metía algo dentro de ti.
Qué cosa? La boca
de Sergio se posó con lentitud en el cuello de su tía. Primero un beso, rozándola con sus labios, lento, sentido, después un segundo de la misma forma hizo que Carmen soltara el aire que parecía pesarla. El espejo le reflejaba a Carmen todo lo que quería ver. Su sobrino había dejado su cuello y volvía a acercar sus labios a la oreja. Los pelos se le ponían de punta y los dientes del joven mordieron con ternura y erotismo su lóbulo,
no lo soportaba. Apretó aún más la mano de Sergio contra su vientre queriendo pasar a la siguiente fase, pero esperar valdría la pena. Pegados a su oído los labios se movieron, el erotismo era máximo. Ambos estaban pegados solamente separados por unas finas telas que les repugnaban, nadie las había invitado a la fiesta. La mujer esperaba lo que su sobrino le tenía que decir, al tiempo que sentía
un miembro enorme que chocaba contra su trasero. La espera se le hizo eterna unos segundos inacabables hasta que la garganta ardiente de Sergio emitió el sonido que Carmen deseaba escuchar. Mi polla. La mujer rebusnó poseída por el deseo, pasando con una velocidad inhumana su mano por sus nalgas hasta topar con el acero tan duro que tenía allí abajo. La agarró con fuerza, y más fuerza hubiera hecho, pero sabía que el límite del dolor estaba
cerca. Es grande. Ayer, contigo, se me puso
muchísimo. El masaje que Carmen le estaba haciendo en su pene era demasiado placentero.¿ Se lo dices a todas? Dijo la mujer por seguir hablando, conocía a su sobrino, no era de esos, ¿ahora? se portará igual de bien que ayer? Carmen, que ya estaba mojada, no soltaba el miembro de Sergio, era su flotador en medio del océano. Seguía sin creerse la locura que cometía, sin embargo, no se podía sentir
más feliz, más caliente y más viva. Notó como las manos calientes de su sobrino se introducían bajo la camiseta que usaba como pijama. Subieron rozando su piel y llevando toda la intención de subir hasta sus voluminosos senos y hacer el mismo desempeño que hacia ella en su miembro. Sus pezones duros y notorios tras la tela, esperaban con ansias que esas manos se posaran en ellos. Carmen se preparaba para sentirlas, para notar un apretón que le hiciera
gemir de placer, en cambio, escuchó algo. Un golpe seco se escuchó en la puerta, algo muy leve, que sumidos en su mundo erótico apenas sintieron, sin embargo, ambos se quedaron petrificados. Sabían lo que pasaba, lo entendieron casi antes de que sucediera, Mary estaba en la habitación. Por un momento, ninguno de los dos respiró. La mano de Carmen siguió en su sitio y las manos del joven, tan cerca de los senos de su tía se quedaron quietas, sin
gasolina para moverse. Los pasos se escucharon muy cerca, demasiado cerca, la madre de Sergio habría visto el halo de luz que salía de debajo de la puerta del baño y comenzó a caminar en esa dirección. El corazón les comenzó a funcionar de forma acelerada, se separaron repelidos por una fuerza invisible. Carmen saltó hacia la puerta de madera y con rapidez, pero también con sumo cuidado, colocó el pestillo apoyándose después en ésta como si la fueran a tirar abajo.
Las aletas de la nariz de la mujer se abrían y cerraban de forma salvaje, observaba a su sobrino como se sentaba en el retrete como agazapado esperándolo inevitable. La mirada de ambos se cruzó, una mirada de¿ y ahora qué? Podrían haber disimulado, no era una cuestión complicada, pero habían actuado erróneamente, ahora podían pagarlo. Justo en ese instante, en la madera donde la espalda de Carmen se apoyaba, sonaron
dos golpes. Carmen,¿ estás visible? La mujer no contestó y movió el dedo índice a los labios pidiendo silencio a su sobrino, Carmen, te he visto cerrar la puerta. Movió los labios en silencio aunque Sergio pudo intuir perfectamente que había maldecido mierda. Su madre sabía que su hermana estaba ahí dentro, aunque menos mal que no se imagina que estaba con su hijo.
Sí, cielo, pero estoy ocupada. Necesito hablar contigo, es que me encuentro un poco mal.
Carmen interesada en saber qué le pasaba a su hermana y suponiendo que no había visto a Sergio, siguió fingiendo que nada pasaba. La preguntó al mismo tiempo que fijaba la vista en el bulto de
su sobrino que no bajaba.¿ Qué te pasa? No estoy bien, llevo un rato en
cama. A Carmen se le paró el corazón pensando que igual les podía haber escuchado, es por la fiesta de ayer, me lo pasé fenomenal, pero llegamos a casa y no sé, me siento un poco mal. Creo que di una imagen a Sergio no sé, este se levantó, deslizando sus pies por los azulejos para no hacer ruido y poder escuchar. Su tía le puso la mano en el pecho para que no se acercase más, ya estaba muy cerca de ella.
Sintió su corazón golpear en el pecho con fuerza, es que iba bien borracha, y bueno, aparte de eso, he pensado un poco lo que me dijiste del tema del cariño y puede que sea verdad. Debería demostrárselo más a menudo, me siento mala madre. No te preocupes porque te vea así, peor acabará él, seguro, le sacó una sonrisa al muchacho, y tranquila, cariño, sabe que le quieres. Sentir ese abrazo, ese beso, me encantó, no sabes hasta qué punto. Fue como sentir un cariño que me había negado a mí misma,
creo que digo bobadas, igual sigo borracha. Se la escuchó reír tras la puerta, creo que debería cambiar, no sólo con él, sino con todos, cayó un momento y después, añadió algo incrédula, oye, una duda. Tengo una imagen, pero no me acuerdo bien.¿ Me metió en la cama? Sergio sonrió al escuchar lo poco que recordaba su madre ese momento. Aunque viendo a su tía enfrente, prefirió más que rememorar cómo metía a su madre en la cama, rodearla con
los brazos. Carmen intentó negarse, con una negativa que obviamente no se creía ni ella misma. Les volvía la calentura que el susto les había arrebatado. Una vez que su sobrino la atrapó entre sus brazos y su cuerpo, no quiso que la soltase jamás. Sí, te metió en la cama, su voz sonó con algo de esfuerzo juguetón por separarse un poco de Sergio, te quitó la ropa y después, fue a dormir, un buen hijo.¡ Qué violento! Me ve borracha y después, me desnuda, para meterme en cama, la
madre del año. Los brazos de Sergio sujetaron la cintura de Carmen mientras ésta se rendía a seguir zafándose en el juego del gato y el ratón. Según se detuvo, los besos del chico volvieron al trabajo que habían dejado a medias, topando con unos húmedos labios el cuello de su tía. No, tranquila, cielo. Su pasión volvía y el
ardor sexual se apoderaba de nuevo de su cuerpo. Incrustó las uñas en la pierna de su sobrino al notar la tremenda herramienta que volvía a posarse entre sus nalgas, es más, seguro que se llevó una
buena impresión.¿ Por qué lo dices? Carmen
apenas podía hablar con claridad, debía hacer un esfuerzo titánico no lanzarse encima de la entrepierna de Sergio. Este, en cambio, estaba gozando sometiendo a su tía a semejante tortura. Porque, chica, te vio feliz, alegre, como tú eres. Las risas de Mari se escucharon a través de la puerta y Carmen tuvo que morderse el labio para no gemir cuando la
mano de Sergio le agarró el trasero con fuerza. Dio la vuelta a su cabeza, para que quedara tan cerca de los labios del muchacho que ambos podían sentir el aliento en la piel del otro. Movió sus labios de nuevo, queriendo decirle algo que le hubiera gritado en otro momento, sus gruesos labios dibujaron una palabra que su sobrino entendió a la perfección cabrón. Estaban en otro mundo, un mundo sexual reservado para ellos dos, mientras en el exterior una
risa se detenía y Carmen le añadió. Además, tú y yo, Sergio veía como los ojos azules de su tía se le clavaban como puñales, mientras la brisa caliente salida de su boca le secaba los labios, ganamos desnudas. El joven le asintió rogando por besarla. Calla por Dios. Alguna pequeña risotada trataba de cortarla el habla, que es mi hijo, no creo que nos vea así. Sergio movió una mano hasta el rostro de Carmen, posándola en su mejilla y haciendo que ésta no le dejase de mirar, sus labios
estaban a milímetros. A Sergio se le ocurrió que decirle en ese momento algo a su madre sería gracioso, un poco de pimienta al juego que llevan los dos dentro del baño. moviendo con cuidado los labios y en un tono casi imperceptible añadió. Dila, que aparte de hijo, también soy hombre, al oír eso, la respiración agitada de Carmen se volvió incontrolable. Ya, pero, aparte de tu hijo, también es un hombre, no podía dejar de mirar los ojos
del chico, seguro que no le desagradaría. Casi jadeaba al hablar, no pensaba en su hermana, solo en el muchacho que la hacía arder, estaba más caliente que la noche anterior. Ella misma tenía la respuesta. Por supuesto que sí. No hubo más que silencio durante unos segundos. Los dos amates no lo tuvieron en cuenta. Apenas sentían la presencia de Mari en el exterior, eran ellos solos en el mundo. Hasta que de nuevo, la mujer, con una voz algo desconcertada,
les recordó su presencia. No sé, Carmen, oye,¿ estás bien? Sí, sí, respondió fingiendo serenidad, es que, me has pillado cagando, sollozó de manera casi audible por otro apretón en su nalga, déjame, por favor, que ahora acabo.
Vale, vale, perdona. Ahora nos vemos.
Los pasos se fueron alejando mientras los dos en el interior del baño se mantenían inmóviles al igual que cuando llegó Mari. Una vez se aseguraron que la otra mujer de la casa no estaba, Carmen apartó contra la puerta a su sobrino. Te mato, eres un sinvergüenza, cabronazo, las palabras sonaban ofensivas, pero la sonrisa pícara y los ojos azules salvajes de Carmen decían otra cosa, un poco más y, no lo sabes bien. te la hubiera sacado aquí mismo.
Haberlo hecho, le dijo su sobrino con el rostro encendido. Sí, claro, y tu madre detrás de la puerta. Le agarró fuerte por la mitad de su camiseta para después pasar su mano con dulzura por el bulto de sus pantalones, vete a la ducha ahora mismo y baja después que yo. Esta te la devuelvo, marcha. Liberándole de su agarre, Sergio Obediente marchó como le habían ordenado, no sin antes mandarla un beso por el aire a su tía, el cual recogió con sumo placer. Empieza bien el día pensaron al unísono.
Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
