AVENTURAS HUMEDAS - PARTE 5 - podcast episode cover

AVENTURAS HUMEDAS - PARTE 5

May 26, 202636 min
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Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos... Aventuras húmedas, parte 5. Al día siguiente, pareció volver una cierta normalidad. Los dos se encontraron en el gimnasio y Sergio acompañó a su tía en la bicicleta estática de la misma forma que hizo el día anterior. Carmen no había olvidado cómo el miembro de su sobrino se movía debajo de su cabeza desperezándose con ganas de fiesta. Sin embargo, trató de pasar por alto aquel sucedo, al menos, por el momento.

El joven, en cambio, mientras veía a su tía dando pedaladas, no podía olvidar las ganas que reprimió de tocarse después de la tensión acumulada de todo el día. Trataron que la mañana siguiera siendo normal, aunque lo anormal era lo que hacían. Si tendríamos que pensar en que era normal para esos dos, seguramente nos imaginaríamos algo más íntimo y más mullido. Se ducharon y desayunaron mientras hablaban del único

tema que monopolizaba el día, Mari. La madre de Sergio iba a llegar y si todo salía según tenían pensado, se quedaría con ellos al menos un par de días. Sobre la una del mediodía salieron a esperar en la puerta de la entrada. Habían conseguido pasar una mañana en calma sin ningún tipo de tensión, también en parte por saber que Mari vendría y que Sol rondaba por la

casa haciendo las labores del hogar. El joven fue el primero que vio el barco en el que venía su madre y avisó a su tía de que ya estaba, para que ésta activara el mando y de ese modo abrir la puerta. Su madre atravesó la verja de la casa y con mucho cuidado de no rayar ninguna parte de la carrocería, lo estacionó. Del interior salió la versión consumida de Carmen. Su cabello moreno lo llevaba desatendido y

arremolinado en una coleta sudada. Igual que el pantalón y la camiseta blanca sin mangas que llevaba, ambas prendas caladas de su propio sudor. Por un momento Sergio comparó a ambas mujeres en un lapso de segundo, le parecieron tan iguales y a la vez tan diferentes como la noche y el día.¿ Qué tal el viaje, mamá? Se acercó a ella con rapidez hasta llegar a su lado donde su madre le recibió con un frío saludo. Mal, hace

un calor inhumano, menos mal que no pille caravana. Nosotros sí, de eso que te libras, no se podía pasar más calor, saltó su hermana propinándola dos besos y un abrazo. La diferencia de las muestras de afectos era tan evidente. Gracias por lo del coche, Mari, de verdad.¿ Tú qué tal, hijo? Muy bien, no puedo estar más a gusto, la tía me ha tratado de lujo.¿ Has quedado con los amigos? Comentó Mari entrando en casa.¿ Qué va? De momento me he decidido por otro plan, ya les he avisado.¿ Qué

vas a hacer si se puede saber? Sergio miró a su tía la cual le devolvió un gesto cómplice. pues me gustaría que pasáramos los tres unos días juntos y después ya volveremos.¿ Cómo que unos días? ¿Juntos? Mari estaba perdida y buscaba una respuesta tanto en su hijo como en su hermana. Los días que queráis mejor dicho, no presiones a tu hijo para iros ya, ¿eh? Miró a Sergio,¿ le has dado un beso a tu madre? Nunca habían tenido por costumbre mostrar afecto mediante besos, unos simples olas,

sumados a movimientos de cabeza eran suficientes. Sin embargo, los ojos azules de Carmen insistían. Por una fuerza que parecía proveniente de su tía, el joven se comenzó a acercar a su madre la cual, con los mismos ojos azules brillantes,

le miraba con duda. Estando a su lado, a escasos centímetros, bajó su rostro, comprobando que su madre no huele a perfume sino a simple sudor no obstante eso no es algo que le vaya a echar para atrás y sintiendo como su tía le empujaba mentalmente colocando los labios en posición acabó por besar a su madre en la mejilla menudo saludo dijo la tía irónicamente vamos mari deja al niño tú a descansar y luego me acompañas que tengo que ir a unos sitios Sin poder decir nada más,

Carmen se llevó a su hermana. Subiendo ambas las escaleras con intención de que Mari se acomodase en su nueva habitación. Sergio se quedó viendo la tele mientras le llegaban murmullos de arriba. Al de un rato, bajaron ambas listas para salir a dar una vuelta. Su tía le dijo que pasarían la tarde fuera, que la casa era suya y que hiciera lo que quiera. Dicho y hecho, Sergio pasó todo el día disfrutando de la piscina y del sol,

que le acabó por picar de tanto calor. Entre chapuzón y chapuzón, su cabeza siguió dándole vueltas al mar de sentimientos que le corría por dentro. Con su madre allí, estaba claro que no volvería a suceder nada extraño, aunque si lo pensaba bien no sabía si en verdad había sido como él pensaba. Quizá todo había sido producto de su imaginación, de una mente calenturienta dispuesto a todo por

mojar el churro. Sin embargo, esas suposiciones se hacían a un lado cuando recordaba la mirada de su tía, tan penetrante, tan preciosa. Aquellos ojos que se le clavaban de forma tan intensa, había que sumarle un tono de voz que a veces no iba acorde con una conversación normal. Carmen estaba tensionada, Notaba como su garganta no le dejaba fluir las palabras como de costumbre, sí, Sergio apostaba que era así.

La noche anterior, su corazón le gritaba que corriera, que su tía aceptaría que entrase a su habitación en plena noche, pero su mente racional le dijo que era una locura. Tan buena relación tenían que no quería estropearla por una calentura infantil, esperaba que todo pasara y disfrutara de Carmen como un sobrino al uso. salió de la piscina y pensó que sería un gran momento para darse una alegría

al cuerpo. Le seguía sin gustar mancillar aquella casa con sus fluidos, pero ya llevaba dos días durmiendo con una erección de caballo.¿ Por qué no? Nadie se iba a enterar y si algún tipo de culpa afloraba en su cuerpo, pronto pasaría, al fin y al cabo, sólo era una paja. Lástima que lo decidiera tan tarde y Justo cuando su pene se comenzaba a hinchar y ponerse morcillona escuchó como el coche atravesaba la valla, y su madre y su

tía volvían a casa. Entre la piscina y sus pensamientos, el tiempo se le había escapado de las manos y ahora no había vuelta atrás porque las dos mujeres entraban por la puerta.—¿ Mamá?¿ Qué te has hecho? Dijo sin contenerse al ver cómo pasaba por la puerta después de su tía. tan fea estoy? Pregunto avergonzada mientras se pasaba la mano por el pelo y la cara. Al ver su mano tocar su rostro, Sergio se dio cuenta de que incluso se había hecho las uñas, no recordaba haberla

visto así antes. No, no, no. Por favor. Todo lo contrario, estás guapa, realmente guapa. Alguna vez la había visto preparada. pero nunca de esa manera, parecía lista para un gran evento. Tu tía, Carmen ya en casa dejó sus cosas en el recibidor de la entrada, que me ha llevado a un salón de belleza. Me han hecho de todo, y además me ha comprado ropa, al parecer se ha vuelto loca.

Muy loca, loquísima. Esta noche salimos a tomar algo, solo chicas, lo siento, cariño, se acercó hasta donde su sobrino y le dio un beso en la frente a modo de saludo aunque al joven le supo a más. No nos esperes despierto, o si, no sé, haz lo que quieras, estás en tu casa. Sergio las admiró mientras se marchaban sin parar de reír. Primero lo hizo con su tía, que estaba igual de bella que siempre y una belleza

casi perfecta que había empezado a conocer perfectamente. Sin embargo, cuando posó los ojos en su madre, lo que vio le fascinó, parecía otra mujer con una única tarde al lado de Carmen. Eran casi idénticas, al menos en aspecto, mismo rostro, mismos ojos, incluso el cabello tenía la misma textura aunque diferente tamaño y color. No se cortó, el

joven echó un vistazo a ambos cuerpos. Los comparo con rapidez, sorprendiéndose de lo bien que se conservaban ambas, la única diferencia era que su madre era más delgada, nada más. Sus ojos no le engañan en una tarde, su madre había rejuvenecido e incluso se veía más, feliz. Lo sintió como irreal casi mágico aquella sonrisa y ese brillo en sus ojos no podían ser reales. No obstante, no era magia, ni se equivoca lo que estaba viendo era a su

madre rebosante de felicidad. Esperó en la sala a que se cambiaran mientras veía la tele pudiendo evadirse de todo pensamiento extraño alrededor de su tía. Solo se desconcentraba al escuchar risas y murmullos de ambas mujeres provenientes de arriba cuando se ha reído mamá tanto. No tardaron mucho más en descender por las escaleras. Los tacones que las dos mujeres llevaban resonaron en la casa, llamando la atención del joven que se incorporó en el sofá para verlas. Menuda sorpresa.

Las dos bajaban las escaleras con vestidos similares, si es que no eran iguales, su sentido de la moda era nulo. La única diferencia eran los colores, el de su tía era rojo y el de su madre azul. La parte de arriba era ceñida y las dos mostraban un poco de escote, escote, mi madre. Sergio no daba crédito a lo que sus ojos veían. La vestimenta superior habitual de su madre eran camisetas sin nada de escote y en su efecto camisetas viejas que habían pertenecido al chico años atrás.

Cierto es que Mari no tenía reparos en estar delante de sus hijos con el sujetador, pero su moda fuera de casa solía ser siempre más recata y simple. A Carmen no le hacía falta ni que la mirase, estaba explosiva. Había dejado a un lado su atuendo formal y caro, por un vestido más apretado donde mucha de su piel era visible. Su escote era una delicia y bajo su

vestido se veían unas piernas grandes y torneadas. Sin embargo, lo que más le seguía impactando a Sergio era que aunque su tía estuviera espectacular, su madre no iba para nada desencaminaba. Su vestido, aunque muy idéntico, carecía de ese toque picante que tenía el de Carmen. Le llegaba hasta los tacones dejando una abertura por donde se podía ver una pierna estilizada. Vestido, tacones, escote, esta es mi madre. Bueno, Sergio, nos vamos de marcha. Siguió mirando atónito desde el sofá,¿

no nos vas a decir nada? Insistió su tía mientras se ponía un chal y su madre una chaqueta. Sergio no podía dejar de mirarlas, estaba hipnotizado. Todos los pensamientos de su tía comenzaban a aparecer como una cascada, un rostro bello, un cuerpo perfecto, pero lo que no le dejó hablar fue ver a la mujer de al lado. Alguien a quien conocía muy bien, pero que no podía reconocer. La había visto de todas las formas, incluso en ropa interior, con ropa fea y desgastada y en ningún momento hubiera

pensado lo mismo que ahora, su madre estaba igual de bella. Estáis. Por su mente viajaron varias palabras, buenísimas, macizas, todas oeses que ellas no se merecían, preciosas. Vais a llamar la atención, os parecéis más de lo que pensaba. Siempre nos lo han dicho, bueno por algo somos hermanas, apuntilló su madre,

respondiendo a algo más que obvio. Cuando quiere, tu hijo sabe qué decir, tiene un pico de oro, te lo aseguro Mari.¿ Dedicó una mirada cómplice a su sobrino, alentando a que le siguiera el juego, te gusta cómo está tu madre?¿ Ha salido a relucir toda la belleza que sin parar trata de esconder? Sí, sí, mamá, estás muy guapa, sintiendo que era buen momento, soltó una broma con tintes de realidad, cuidado con los hombres que se te van a acercar. Hijo, por Dios. Mari no pudo evitar la

coloración de su rostro, ligar ella. A su edad. Estaba fuera de toda lógica. Aunque con una sonrisa algo boba recibió el cumplido con agrado.¿ Vienes a darnos dos besos para despedirnos o te vas a quedar ahí tirado? Comentó Carmen ante la pasividad de su sobrino. Como asusado por un látigo, se acercó a ambas mujeres y con una calma, con la cual parecía que disfrutase, les propinó a cada una par de besos. Su madre se adelantó para mirar

si el taxi ya había llegado. Cuando lo vio, desde fuera hizo gestos para decir que ya salían, de mientras Carmen miró fijamente a su sobrino. Aprovechando aquellos segundos de soledad e intimidad, le dijo en voz baja como si de un secreto se tratase.— Tienes en la cocina lo que quieras por si tienes hambre. Esperemos no despertarte, vendremos algo, bebidas, evitó reírse, y tranquilo que no me olvido de ti,

mañana no te dejaremos solo. Escuchó desde el sofá como el taxi arrancaba y las mujeres se marchaban de fiesta dejándole solo en aquella casa tan grande. Las palabras de su tía siempre le removían el alma, era ya algo innato, cada palabra que le iba dirigida a él era como una fecha llena de lujuria que se le clavaba en la entrepierna. No se olvida de mí su imaginación voló, pensando que esas palabras querían decir más de lo que parecía. Pasó otra hora en el sofá viendo terminar la película

que le hacía al menos no pensar en Carmen. Aunque los ojos se le cerraban aguantó de forma estoica hasta que por fin terminó, levantándose para llegar con paso agotado hasta la cama. Antes de conciliar el sueño, su mente repasó todo el día, viendo que había sido de lo más calmado salvo por esa visión de su madre. En verdad estaba guapa, guapísima podría decir, no parecía la Mari que él conocía. Intentó pensar en su tía, quizá para alegrar un poco la noche, pero el sueño podía con él.

Trató en un inocuo intento mantener arriba sus párpados, pero pesaban como losas, acabando por dormirse con una última imagen en su mente, la de su progenitora bajando las escaleras con el vestido azul. Se despertó sobresaltado debido a un golpe. Miró el móvil dándose cuenta de que eran las cuatro de la mañana. No había otra alternativa, las dos mujeres estaban de regreso. No trató de volver a dormir, habían puesto la música al máximo y conciliar el sueño era

una quimera. Habían entrado en casa bebidas y cantando como dos estrellas de rock. Con su pijama, o más bien ropa de deporte, Descendió las escaleras para ver qué ocurría. Su madre bailaba encima del sofá ante su hermana que la imitaba delante del televisor. Habían puesto una lista de reproducción en el móvil y sonaba similar a un concierto, al joven le dio la impresión de estar contemplando a dos amigas suyas de la universidad y no dos mujeres

de mediana edad. Aunque bueno, pensándolo mejor, quizá dos chicas de su edad se comportasen algo menos alocadas. Vaya, Sergio, te hemos despertado, y eso que hemos puesto la música bajita, dijo su tía muy ebria. El muchacho no pudo discernir si lo decía en broma o en serio. Aunque más tiraba por lo segundo. Me parece que está al máximo, apuntilló. Hijo,¿

no vendrás a quejarte? Aguafiestas, aguafiestas, Mari miró a su hermana y ésta la siguió a coro, haciendo que Sergio levantase los brazos para callarla sintiéndose el padre de ambas. Para nada, solo quería comprobar que estáis bien, vuelvo a la cama. Estamos mejor que bien, contestó su tía con la mirada fija en el muchacho,¿ por qué no te quedas? Venga, añadió su madre. Dudó, pero al momento pensó por qué no. Lo siento hijo, creo que nunca me has visto así.

Lo dices por lo guapa que vas. Las palabras le fluyeron con sinceridad, puesto que era lo que realmente sentía. Su madre se bajó del sofá con el rostro enrojecido por tal halago. Toma. Retomó la conversación Carmen con un tono que mostraba embriaguez, es un amor de hijo, de esto es lo que te he hablado. Las mujeres vieron como Sergio se acercaba a ellas y estando los tres a la misma altura, se sentaron en el sofá, apagando la música por fin.¿ Os lo habéis pasado bien? Preguntó

Sergio mirando a las dos. De maravilla, como dos chiquillas, los ojos de Carmen brillaban, por la felicidad y el alcohol, por un momento hemos vuelto a la adolescencia. Incluso hemos espantado a unos moscones, podríamos haber ligado y todo, estamos hechas unas mozas Mari. Su madre dio un sorbo a la copa que tenía en la mesa y no pudo evitar taparse los labios para no reírse y derramar todo

el líquido. Sergio pudo ver que los ojos de Mari, por un momento contemplaban el infinito evocando recuerdos muy vividos de su adolescencia. Por cierto, cortó Mari volviendo de su viaje al pasado,¿ me ha contado tu tía que quiere escribir un libro que te parece? Fantástico, aunque todavía está en proceso, lo tiene bien construido. Pero, le tiene que dar el giro final. Tu madre ha pensado que tiene que ser algo guarro, bueno aunque al principio lo llamaba guarrete,

la palabra ha variado con la suma de copas. Sí. Al joven no le cabía en la cabeza que su madre pensara eso, la tenía por una mujer demasiado escueta en cuanto al sexo. Es lo que se lleva ahora, tienes que meter amor y algo más, si no para qué. Sergio sonrió sin pudor al escuchar ese para qué, haciendo contacto con los preciosos ojos azules de su madre la cual le mostraba una media sonrisa como nunca antes lo

había hecho está feliz. Los ojos algo vidriosos por el alcohol, Brillaban con la tenue luz de la sala y hacían que Sergio se extrañase por ver a esa mujer, porque no parecía su madre. Jamás te había visto así, estás menos, tensa. Me encanta, mamá, es como si fueras otra persona, me gusta la mar y que veo. Hijo, calla ya, que me van a subir los colores. Dale un abrazo a tu hijo, que es el único que tienes. Yo no tengo, pobre de mí, saltó Carmen de pronto, haciéndose pasar por

la reina del drama. Aunque a Mari en cualquier momento le hubiera avergonzado, con el alcohol parecía haber olvidado ese poco apego por lo cariñoso. Sentada como estaba al lado de su hijo, abrió los brazos rodeándole con relativa fuerza. Escuchó a su hermana aplaudir a su espalda y le salió una pequeña sonrisa pensando en lo boba que era,

pero de pronto, algo cambió. En el instante previo a la separación, su hijo giró su cabeza, Mari sintió como los labios del muchacho se posaban en su cuello dándola un beso de amor fraternal. Cada uno se sentó como antes y la mujer no dio muestras de nada en particular, salvo que dentro de ella un cosquilleo muy sentido le había recorrido el cuerpo. Se miró con disimulo mientras se

frotaba el brazo derecho, tenía toda la piel erizada. sintiéndose mucho más mareada que antes, pidió disculpas como si estuviera en una reunión de negocios, encaminándose a la cocina a por un vaso de agua. Con aquel beso todo el cuerpo se le había revuelto, cegramente debido al alcohol. De mientras en la sala, Carmen y Sergio se quedaron solos. Ha venido tu madre y ahora va a acaparar todos

los abrazos. Abrió los brazos a su sobrino. Los dos se abrazaron mientras Mari seguía en la cocina consiguiendo que su cuerpo y mente volvieran a estabilizarse. Después de un apretón aún más fuerte por parte de su tía, ambos se separaron sin dejar de mirarse. Trató de evitarlo, pero le era imposible, su tía estaba tan guapa que pasaba

los ojos de forma fugaz por su cuerpo. Analizaba cada curva, sintiendo que estaba no delante de una mujer sino de una diosa y lo más curioso es que cuanto más la miraba más bella la sentía su exhaustivo análisis se detuvo en los ojos de carmen los preciosos ojos iguales a los de su madre pero qué sorpresa carmen con cierto descaro o poco cuidado debido a su embriaguez tenía la mirada clavada en la entrepierna del chico Sergio se

atoró al momento, sintiendo un nerviosismo inigualable. La observó con detenimiento, son dos o tres segundos en los que la descubrió mirando su miembro viril. La mujer se sentía agitada, su respiración era acelerada y su pecho y subía y bajaba abruptamente. No se lo podía creer, su tía le estaba mirando el pene. Intentó aparentar que no la había pillado, pero

daba igual, porque lo peor era otra cosa. Debido a la rumaco reciente con Carmen, su pene comenzaba a atisbarse como un pequeño bulto y ahí era donde su tía tenía fijada la mirada. Carmen pensaba que sólo había sido un vistazo fugaz y que en el abrigo del hogar nadie se había enterado de cómo le miraba la entrepierna a Sergio, pero no es así. Lo que la descolocó fue el bulto que comenzaba a emerger saludándola, viéndose a la perfección con la luz de las lámparas. Querría contenerse,

pero eso ya le es imposible. Algo apareció en su vientre, una bola que le subía por la garganta deshaciendo nudos y al final, le obliga a abrir la boca para expulsar lo siguiente.¡ Qué curioso! No, no, esto, habló rápido Sergio tratando de cortar a Carmen que ahora se tapaba la boca evitando que la sonrisa le cubriera todo el rostro, no, a ver.¿ Qué reí sin mí? Escucharon como Mari venía desde la cocina. No nada, tu hijo, que le encanta estar con nosotras. El joven sintió sin ningún tipo de

dudas que esa mirada ya no era normal. No estás nada mal aquí, ¿eh, cariño? Mari había llegado hasta donde ellos. Su corazón se le salía del pecho, su empalme había sido visto por su tía y además durante varios segundos. Pensó qué pasaría si estuvieran solos, si no estuviera su madre, si Son no cortase la tensión, lo sabía con certeza, se lanzaría a por ella pasar a lo que pasara. A tomar por culo la moralidad. Sin embargo, no era el momento, le quedaban varios días, tenía todavía otra vida

para gastar, lo sentía. Aún así, la mirada de Carmen era demasiado intensa y no le dejaba respirar. Su rostro bello como siempre, aunaba una mezcla de embriaguez y lujuria de la cual no podía escapar, era un momento soñado, pero con su madre allí, ni hablar. Creo que es hora de ir a cama, comentó su madre al ver que nadie hablaba, además, Sergio, no son horas que estés levantado. Esa broma hizo que la atención del joven se desvaneciera, logrando que cierta parte de la sangre de su cuerpo

dejara de fluir a los bajos. Sonrió de manera lamentable, incluso sintiendo como el labio le temblaba, a su tía en cambio no le temblaba nada.¿ Te ayudo, mamá? Esas escaleras no las conoces y no te veo del todo bien. No, mejor, bueno, mejor sí, acabó diciendo Mari sabiendo que no estaba para muchos paseos, estoy un poco, bastante borracha. El alcohol había hecho mella en ella y su mirada, estaba un poco perdida.

Por lo que Sergio actuando como un caballero, la sujetó de la cintura andando junto a ella mientras su madre le rodeaba el cuello con su brazo. Los tacones de ambas retumbaron con fuerza en la madera al tiempo que subían. Era evidente que Mari no podía subir sola, aquel último abrazo con ese beso le había hecho que todo su cuerpo se derrumbara. No estaba acostumbrada a beber, eso era verdad, pero una cosa pasó por su cerebro lleno de alcohol,

menos acostumbrada estoy a los besos en el cuello. A Sergio no le costó subirla, aunque lo peor sucedería en el momento que el vestido de su madre se estiraba demasiado junto a su cuerpo y algo del sujetador empezó a salir a la luz. Trató de no mirar, pero la calentura que dominaba su cuerpo esos días le obligó a hacerlo.¿ Por qué lo hago? es que este día no se acaba, se maldijo una y otra vez en

un lapso de tiempo muy corto. El sujetador de su madre dejaba muy bien los senos que contenía, apretados, tocándose el uno al otro, esponjosos como había visto los de su tía, parecían sendas nubes de algodón. Giró bruscamente la cabeza para no caer de nuevo en la tentación de esos grandes pechos, a su miembro viril ya le daba igual de quién eran, Solo pensaba que al fin y al cabo eran grandes mamas. Mierda que es mi madre, estoy enfermo se dijo notando un calor que retornaba a

la entrepierna. En su cabeza solo cabía una excusa, son similares a los de Carmen, quizá mi subconsciente me haya hecho ponerme. Aquello no valía y Sergio lo sabía muy bien. La única diferencia entre un busto y el otro era que la delgadez de Mari hacia una ilusión óptica de que fueran más grandes, Por lo demás, eran idénticos.— Deja

de pensar eso, imbécil— se gritó en un momento. Antes de darse cuenta resopló aliviado llegando a la habitación de Mari y entrando en ella todavía con la mano en la cintura de su madre, menos mal.— De aquí en adelante.— Mejor acompáñame— le dijo su madre con la boca pastosa y un ojo medio cerrado. Llegaron al centro de la habitación, muy similar a la que él mismo habitaba. Mari le

señaló la maleta, Sergio entendió que quería el pijama. Rebuscó con rapidez, encontrando el primero y dándoselo a su madre la cual parecía más dormida que despierta. La mujer se dio la vuelta, dando la espalda a su hijo y abriendo la boca para decir algo. Quítame la cremallera, por favor. Estaba nervioso. Los dedos de Sergio bajaron la cremallera con torpeza, topándose con el final cerca del comienzo del trasero de

su madre. Sin que nadie se lo pidiera, por un gesto natural, o eso creía, posó ambas manos en los hombros de su progenitora. Desde allí, le fue bajando el vestido hasta que comenzó a resbalar con independencia por toda su piel. De forma silenciosa, acabó por caer alrededor de sus pies. Mari con su poca conciencia se dio la vuelta teniendo de frente a su hijo. Su cuerpo estaba en ropa interior, esa ropa interior tan bonita y tan cara que su hermana le había comprado y que ella,

al principio cortésmente había rechazado. Su hijo la miraba a los ojos y ella hacía lo propio, dándose cuenta de las pocas veces que le miraba por tanto tiempo y con tanta atención. Su hijo había crecido y muy bien además, convirtiéndose en un pequeño hombrecito que dentro de poco volaría desunido con la mujer perfecta. Abrió sus brazos y sin notar la incertidumbre de Sergio por lo que ocurría, abrazó de nuevo a su hijo esta vez sin que nadie se lo pidiera. Como si fuera una muñeca de porcelana,

el chico la rodeó tocándola con suavidad. Se le hizo de lo más extraño tocar la piel desnuda de su madre, aunque no le desagradó. Muchas gracias, te quiero, ninguno de los dos recordaba tanto amor en tan poco tiempo. Su madre se envalentonó, movida por su embriaguez, dándole un beso en la mejilla al tiempo que acariciaba a la contraria. Sergio no entendía a qué venía todo aquello, aunque la culpa estaba clara que era del alcohol, sin embargo, su

cuerpo lo agradeció. Yo también te quiero, hermana, habló Carmen desde la puerta observando todo este tiempo como un guardián silencioso. El joven salió de la estancia mientras su madre en vez de meterse en la cama, casi se lanzaba sin ponerse el pijama ni quitarse los zapatos. La vio por última vez, tumbada, inerte, cegaramente ya dormida y aún sorprendido por como la había visto, tan libre, cariñosa, efusiva, guapa.

La mujer ya en el pasillo, observaba como su sobrino cerraba la puerta con la mente ausente del mundo terrenal. El alcohol aunque todavía muy presente le ha dejado ver esa rara situación con Mari y no puede dejar de mirarle. Es hora de dormir, cariño. Sí, Sergio se fijó en su tía, su figura apoyada en la barandilla parece que hubiera crecido 10 metros y se lo fuera a engullir. Algo le atenazaba de pronto dejándole paralizado. Por cierto, sólo una duda.

La boca se le secó al joven, su tía se acercó y no pudo evitar pensar, en las múltiples cosas que sentía por ella, eso de ahí abajo. Estiró uno de sus dedos con una larga uña pintada y con tono serio señaló la entrepierna abultada del joven,¿ ha pasado por Mario, por otra? Al muchacho le encantaría responderla, pero no pudo. Su lengua se trabó y su boca no permitía movimiento alguno. Quería decirle de todo, sin embargo, no le salió. Sus labios no se movían, su garganta estaba

paralizada y la tripa le daba vueltas. Por mucho que imaginase, por mucho que lo deseara, seguía siendo su tía y esas palabras no concordaban hacia ella. Por, por, por, Le salió decir en un susurro mientras creía que su corazón había parado de latir. Por. Miró con duda al muchacho que era un conejo asustado y terminó por preguntarle,¿ las dos? Mantuvo una media sonrisa pícara. Para después darse la vuelta y añadir, bueno, vete a cama, Sergio, que mañana tendremos

que cuidar a tu madre. Carmen desapareció contoneando su trasero hasta su habitación dejando a Sergio solo, en medio del pasillo con la erección más dura que jamás había sentido en su vida. Dándose la vuelta, al ver cómo su tía entraba en la habitación, hizo lo propio. Ni siquiera

quería tocársela, demasiadas emociones en menos de media hora. Se tumbó en la cama, pero el corazón le estaba inquieto y algo que rondaba por abajo quería escapar de su pantalón, si era necesario, desgarrando la tela no lo soportaba no podía aguantarse más levantándose de la cama como si tuviera un muelle en la espalda y haciendo caso a su cerebro de abajo siguió el camino que su dura entrepierna le marcaba recorrió el pasillo totalmente a oscuras sólo una

única luz salía por la rendija de la última puerta la de carmen pasó al lado de la puerta de su madre apenas escuchaba nada Su madre o estaba muerta o dormida como un oso en plena hibernación, no le prestó demasiada atención, tenía un objetivo. Respiraba con excesiva rapidez y la boca estaba tan seca que ni con la piscina entera la conseguiría humedecer. Su garganta era un amasijo de músculos agarrotados que apenas podían sacar un pequeño sonido gutural.

Sin darse cuenta, llegó a su destino una puerta de madera de color negro con un picaporte plateado. La puerta de su tía Carmen. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.

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