Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos
Aventuras
húmedas, parte 23. Mari totalmente quieta, como si estuviera petrificada,
miraba como su hijo recorría el camino al baño. En su mano llevaba la ropa de cambio, aunque no reparó en aquello, solo en que nada estaría bajo la ducha. La puerta se cerró, escuchó el clic metálico de la cerradura, pero no del pestillo. La entrada seguía estando abierta y la posibilidad de ver a su hijo desnudo en la ducha también. Se pasó la mano por la frente, notándose acalorada, por un instante pensó si aquello podría ser fiebre. Su conciencia se rió de ella al instante, fiebre. Sabes muy
bien lo cachonda que estás. Bajó los párpados con fuerza, todavía no podía darle sentido a lo que sentía por su hijo, un amor que había traspasado fronteras y que necesitaba ser demostrado de otra forma. Levantó la cabeza mirando a la pared, una pared que separaba un lavabo donde Sergio se miraba desnudo y con un pene erecto. Mari desearía tener visión de rayos X para poder ver tras el muro, porque no se atrevía a dar el paso
y abrir la puerta. Por un lado quería que pasase, necesitaba estar con su hijo y que, algo más surgiera. Pero solamente imaginarse ese último paso le daba vértigo. Estaba delante de un precipicio y no sabía cómo lanzarse para no matarse. Aún así, su subconsciente era ya demasiado poderoso como para detenerla. Sin saber cuándo había sucedido, su mano diestra había desabrochado el botón del pantalón y con ansia, bajaba la cremallera. se puso de pie pensando en cambiarse
de ropa, aunque ese no era su verdadero cometido. Llevaba un tiempo dándose placer a sí misma, no le era para nada extraño sentir esa fogosidad entre sus piernas, pero aquello era una hoguera. Todo el viaje había contenido sentimientos, los cuales tenía ganas que se desparramaran por su cuerpo. Sin embargo, Debía esperar el momento, la situación idónea, no podía abordar a su hijo mientras se daba una inocente ducha y proponerle la indecencia, debía ser otro momento, tenía tiempo.
Lo que Mari no quería era que aquel fuego de su interior la hiciera perder los papeles, todo tenía que ser perfecto. Sus dedos se habían introducido por el pantalón y bajaron la prenda en un instante, aunque no sólo eso, también hizo que la ropa interior se deslizara por sus piernas. Una mata leve de vello asomaba alrededor de su sexo, lo había descuidado esta semana con el objetivo de obtener un apurado perfecto, para algo había traído las maquinillas de afeitar.
Su mano con delicadeza descendió hasta la zona más íntima de su ser, sintiendo una liguera humedad al palparla. A la par escuchó de fondo el agua que su hijo dejaba correr, sabiendo que tenía tiempo se apretó su mojado sexo con fuerza. El clítoris fue presionado con dos dedos y el roce de los demás con los labios vaginales le hizo recostarse con fuerza en la cama y suspirar. Dios. Espero que no lo haya escuchado pensó después de emitir tal sonido de placer sin quitar la mano de su
preciado sexo. El primer movimiento le hizo morderse el labio para contenerse. No entendía qué estaba haciendo, su mente racional había escapado a otro lugar y sólo quedaba la parte salvaje. Necesitaba vaciarse para tener algo más de sensatez, quería que aquello fuera un día especial, no la casa del gato y el ratón por el placer del sexo. El dedo corazón se acercó demasiado a una entrada que suplicaba por llenarse.
Ella no dijo que no a sus ganas y recostada en la cama, escuchando el eco del agua, metió un dedo en su interior. Lo movió como bien sabia y le gustaba. Dentro de ella los innumerables nervios sentían cada movimiento, cada roce de aquel dedo travieso que se movía inquieto. Pero no era suficiente, otra más entró en la cavidad proporcionando una sensación de estar repleta sólo a la mitad.« Necesito algo más grande», Pensó totalmente eufórica y llevada por
la lujuria. Sacó de su interior ambos dedos, llenos de fluidos calientes que rebosaban en su mano. Siguió dando un masaje a su clítoris, cada vez a un ritmo mayor que sin saberlo, se asemejaba al que su hijo hacía en la ducha. Pensó en Sergio, en ningún otro hombre. En cómo podría aparecer y dejarse caer mientras ella tenía las piernas abiertas sobre la cama. Toda su magnitud, todo aquello que vio en el jacuzzi de su hermana, menuda polla,
rugía su mente totalmente acelerada. Todo el sexo de su hijo la llenaba de una forma increíble, como si algo la atragantase en la garganta, pero siendo en lo profundo de su vagina. La mano cada vez más rápida se movía entre el sonido de los fluidos que chapoteaban en su mano.¿ Qué puta locura es esta? Pensó por un momento al ver su mano furiosa masajear su sexo con desenfreno.
Respiró acelerada porque sabía lo que se avecinaba. Se dio el último placer, una imagen mental de su hijo con un rostro casi enojado por el esfuerzo golpeando una y otra vez su cadera contra ella. En su interior la tremenda herramienta la horadaba una y otra vez con excesiva fuerza incluso haciendo que la cama rechinase. Su cabeza gritó un sí constante al sentir como los placeres más primigenios de la humanidad inundaban su sexo, y ella aceleraba aún
más el movimiento de sus dedos. Vio realmente a su hijo haciéndola eso. Follándome, y por un momento lo sintió tan real que con un hilo de voz soltó. Hijo, había sido demasiado alto, en el mismo instante bajó el volumen, follame. El orgasmo llegó y todo su cuerpo se contorsionó como una serpiente. Su espalda dejó de tocar la cama mientras su cabeza golpeaba en esta con fuerza. Sus piernas se abrían y cerraban frenéticas aprisionando y soltando su mano que
ahora seguía de forma más pausada en su clítoris. El rostro estaba en llamas, sus pechos explotaban en subidas incontrolables tratando de llenar de aire unos pulmones que eran insaciables. Se pasó la lengua por sus secos labios queriendo humedecerlos, incluso la garganta se le había secado, siempre eran así
los orgasmos, siempre que Sergio tenía algo que ver. Alzó la mano al aire y todavía tumbada en la cama, la admiró mientras su cuerpo se calmaba poco a poco, justo se había apagado el agua, pero aún tenía unos pocos minutos. Separó todos los dedos de la mano. dejando entre estos hilos viscosos de los líquidos que habían manado de su interior. Los observó contra la luz, parecían lianas de una gran selva que resplandecían con la bombilla, y pensó que ojalá Sergio le sacase muchos más. Para eso
hemos venido. La puerta se escuchó al de dos minutos y cuando el joven volvió al pequeño cuarto, su madre le daba la espalda con la ropa puesta y otra nueva sujeta por la mano limpia. Se queda uno como nuevo, dijo Sergio sin mirar a su madre. Le daba cierta vergüenza cada vez que pensaba en ella para masturbarse, quizá, la conciencia.
Me ducharé luego. Voy al baño, ahora salgo.
Ninguno de los dos se miró y solo se sintieron realmente cómodos cuando la madre cerró la puerta del baño. Ella sí que puso el pestillo. Apoyándose contra la puerta de madera por un momento creyó que estaría más calmada. El cuerpo se le había puesto a vibrar como loco después del orgasmo y necesitaba un instante de pausa. En el grifo lavó su mano y después se quitó la
ropa quedándose únicamente con la parte de arriba. Dándose una pequeña lavada en el bidet se quitó los rastros de su orgasmo de toda la zona mientras en el cuarto Sergio olía un olor que le era familiar. pero sin lograr descifrarlo. El olor al sexo de Mari se había quedado en cada esquina de la habitación. Cariño, dijo en voz alta Mari mientras se secaba los bajos con una toalla,¿ tienes un plan para antes de la función? Sí, vamos
a dar un paseo por la zona. He mirado por internet unos cuantos sitios
que podemos visitar.¿ El teatro a qué hora era?
Tener una conversación normal con su hijo la agradaba.
A
las
siete empieza, quizá tengamos que estar un poco antes, no sé. Es mi primera vez. Y la mía. Ambos rieron bajito sin que el otro se diera cuenta.
Mari se preparó solamente un poco, el reloj marcaba cerca de las dos de la tarde, tenían tiempo, pero mejor no pillarse los dedos. Se quedó con el mismo pantalón y después de limpiarse a conciencia su parte más personal, se cambió de ropa interior. Únicamente modificó su camiseta y el jersey que llevaba, quería estar cómoda, no hacía falta
más ropa que aquella para andar por la ciudad. La mujer salió con calma, oliendo a su perfume mientras su hijo la esperaba con el pelo algo alborotado sentado en la cama. Se acercó al joven y sin decir nada le pasó la mano por la cabeza colocando algún que otro mechón revoltoso en su lugar.
Mamá, quejándose como un niño pequeño, déjame el pelo. Todavía eres un bebé. Se rió del joven,
sí que parecía su precioso niño cuando se quejaba de esa forma, aunque minutos atrás, con su mano empujando el clítoris, no tenía la misma opinión. Bajaron a la recepción, saludando con una sonrisa a Raquel que seguía con la misma expresión de felicidad que hacía unas horas. Salieron a la calle y al momento el frío de la capital les golpeó de lleno, aunque el sol estaba en todo lo alto, el clima era helador, muy típico de esa época del año.
Mari casi por instinto y al verse libre de la mirada de la recepcionista, que era la única que conocía su parentesco familiar, anudó su brazo al de Sergio, quedando ambos estrechamente pegados. Sergio sacó el móvil con la mano contraria para no separarse de su madre, sentir el abrazo de esta no le podía hacer más feliz. Pues, comenzamos, el hijo miraba el móvil algo perdido, no sabía qué rumbo tomar. Al final el GPS de su itinerario le guió por el buen camino, vale. A la izquierda,
mamá.¿ Sabes a dónde vamos o improvisas? Con una cita podría improvisar, pero no con mi madre. Para Sergio aquello era más una cita y para Mari, también. Cuéntame entonces, yo nunca he estado aquí. Vale
a ver si lo recuerdo sin sacar las notas del móvil. Primero, parada en la Plaza de España, o sea que en marcha. Seguro que tendría que tirar de lo que tenía apuntado en el móvil, luego te iré descubriendo nuevos lugares. Comenzaron a andar mientras Mari negaba con la cabeza, parecía que su hijo se lo había preparado, pero solo a medias. Un pensamiento muy lógico le voló por la mente en aquel momento, espero que en otros temas no me deje
a medias. Se tuvo que morder el labio de forma recatada para desechar esa idea, por el momento tocaba pasear. Quería pasárselo bien con su hijo, de forma maternal, lo que llegase después, ya vendría. En cinco minutos estaban en su destino, prácticamente no habían girado y todo había sido línea recta, gracias a eso, Sergio no se perdió. A la mujer le gustó el lugar, una amplia plaza con
monumentos acervantes con el que se sacaron varias instantáneas. Aquellas fotos le gustaron a ambos, y mientras las observaban sentían que era su coartada, mirad. Fotos normales de una madre y un hijo, nada fuera de la realidad. El paseo continuó en el siguiente punto, Sergio ya le había comentado a su madre todo el itinerario después de memorizárselo a
escondidas mientras ésta pedía una foto a una pareja. La siguiente parada fue en el templo de Devot donde el joven traía aprendidos los datos de cómo Egipto se lo donó a España. Parecía un intelectual, aunque solo recitaba la Wikipedia. Mari se lo estaba pasando fenomenal, en pocos momentos se separó del brazo de su hijo, solamente para tomarse alguna foto, pero después volvía a Rauda en busca de la extremidad
de Sergio. No se sentía con su hijo, para nada, notaba lo mismo que en los primeros viajes con Dani, esa sensación de noviazgo y las mariposas en el estómago. por mucho que creyera que pretendían hacer algo horrible, lo que notaba era un amor incomprensible hacia su hijo. Pararon a descansar en el siguiente punto, en un banco cercano al Palacio Real de Madrid. Se sacaron otra foto con Felipe II y después con otro Felipe, esta vez con
el cuarto, en la Plaza de Oriente. Sergio le indicó la siguiente parada a su madre y Era la Plaza Mayor de Madrid que estaba a unos pocos minutos y su madre, aunque rebosante de felicidad, le tuvo que advertir. Cielo, recuerda que a las siete es la función, me lo estoy pasando mejor imposible, pero para no olvidarlo. No se nos vaya a pasar. Cierto, son ya las cinco, se me ha pasado el tiempo volando. Esta es la última parada,
la vemos, volvemos, nos preparamos y para el teatro. Miró el móvil para concretar la hora,
me parece que nos da tiempo de sobra. Vamos, entonces. Hicieron lo
mismo que las anteriores paradas, unas fotos, risas y comentarios curiosos que el joven preparó el día anterior y que a Mari le encantaban. Quizá en otro hombre le hubiera resultado algo tedioso o pedante, pero todo lo que decía su hijo la maravillaba. En el camino de vuelta, Sergio notó que el móvil le vibraba, se imaginaba quién era, puesto que mientras se sacaba las fotos, se las iba enviando.
Aprovechó un momento en el que Mari entró en una pequeña tienda a comprar una botella de agua y cogió el teléfono.
Quieres darme envidia o qué pasa? Su hermana bromeaba al otro lado. Un poco solo, tata. Disfruta y pásalo bien con mamá que se lo merece. No le faltaba razón. Ahora en un rato nos vamos al teatro, ya te contaré. Por cierto, no te conté.
Esta semana estuve con tu amiga, vamos eso no es algo raro. Sergio sabía a quién se refería cuando entrecomillaba. Esa palabra siempre la usaba para referirse a Alicia, me preguntó así, dejándolo caer,¿ qué tal estabas?
Vaya con Alicia, parece que le gusté un poquito. No te vengas arriba. Le puso unos iconos riéndose
la dije que muy bien y con novia nueva.
Solo
por picarla un rato
Laura,
mandó los mismos iconos
de risa, no seas mala. Bueno te dejó que vuelve mamá, te quiero, tata. Yo también, tato. Me vas contando, besos.
Guardó el móvil viendo que su madre ya encaminaba la salida y le tendía otra botella de agua que había comprado. Esta vio el móvil y por un acto quizá de cierto celos o curiosidad de madre, le hizo un gesto con la cabeza para ver quién era. Nada, pensó para qué mentirla, pero por algún motivo no quería meter a Laura en la conversación. Hablar de la familia le hacía sentir mal y recordar que Mari era su madre, Pablo
mi amigo, que no sabía que estaba aquí. Mary se sintió satisfecha y volvió a meter el brazo cogiendo a su hijo. Pasearon de la misma forma en todo el trayecto, bien pegados mientras hablaban y hablaban sin parar, sobre todo de los lugares visitados. El hotel ya estaba a la vista y el reloj marcaba las cinco y media de la tarde, en teoría tiempo más que suficiente para llegar al teatro. La puerta automática se abrió delante de ellos, para que justo en ese momento ambos se separaron como
dos imanes con polos idénticos. En la recepción se encontraba Raquel, la única de aquel lugar que sabía que eran madre e hijo y a ellos no les apetecía que les viera tan juntos, por si fuera a sospechar. Tal vez fuera una estupidez, sin embargo, sus cuerpos no se acercaron tanto mientras recorrían la recepción. únicamente volvieron a ser libres
cuando el ascensor se cerró. Una vez dentro de la habitación, primero se vistió el joven con algo de prisa, dejando a su madre el baño libre para que hiciera lo mismo. Por mucho que deseasen lo mismo, un paso más en su relación, parecía estúpido que no se permitieran verse con menos ropa. Era algo curioso, pero los dos sentían lo mismo y En el momento que traspasasen esa última barrera de contemplar más porciones de piel, todo comenzaría sin posibilidad
de detenerse. Sergio se puso una camisa y una chaqueta junto a un pantalón vaquero. Durante la semana, en las pocas veces que había hablado con su madre, le había sugerido que ese sería el mejor atuendo para ir al teatro, por supuesto la hizo caso. Mirándose en el espejo, Le dio la impresión de que su madre no se equivocó, se veía muy guapo. Mari se metió en el baño sin echar ni siquiera una mirada a su hijo, poniendo el pestillo tras de sí para que no la pudiese interrumpir.
Delante del espejo cada vez se veía más guapa, mucho más que medio año atrás. Se observaba con calma, las ojeras estaban desapareciendo, su rostro parecía más vivo e incluso sus ojos brillaban. Se recogió el pelo con ambas manos después de peinárselo y enrolló la goma que tenía en la muñeca. La bonita coleta morena la apretó con fuerza, dejándose el rostro libre de pelos y mostrando una belleza
que no quería volver a esconder. Un poco de color para los pómulos, un toque en las pestañas y con un pintalabios de color granate dio vivacidad a unos labios que no lo necesitaban. Se vistió en un momento, el tiempo corría en su contra, se habían entretenido demasiado en el paseo y su chico, su hijo, esperaba fuera para marchar juntos. Se admiró una vez más en el espejo, dando un paso atrás, colocando su trasero junto a la mampara de la ducha para poder ver casi la totalidad
de su cuerpo. Los nuevos botines que se había comprado le quedaban de maravilla, el leve tacón hacía marcar unas piernas que bajo las medias se veían firmes y perfectas. Se dio la vuelta con mucha coquetería, tenía curiosidad y alzando la falda prisada de color gris claro, que le llegaba a mitad de muslo, se observó el trasero. Sus dos piernas coronaban dos nalgas firmes. Los tacones las terminaban de elevar dejando el trasero mucho más respingón que de costumbre.
Mari soltó la falda con una sonrisa de orgullo por
verse tan guapa. Sí, pero también sexy.
Dio dos pasos hacia adelante, haciendo que los tacones de los botines resonaran en las baldosas del baño. Sergio lo escuchó sentado en la cama, sabiendo que su madre estaría pronto lista para salir, si no es que lo estaba ya. Su tripa le estaba dando vueltas, tenía muchas ganas de verla, se sentía como si esperase a Marta en una de sus citas. Sin embargo, Mari no era su novia, era su madre. La mujer se miró con detalle frente al
espejo que únicamente le mostraba la verdad. El jersey beige que hacía años que no se ponía, le quedaba fantástico. La pequeña prenda le quedaba ceñida como una segunda piel, dejando un leve escote que hacía volar la imaginación. Aunque tampoco había mucho que imaginar, ya que cuando Mary se colocó de lado frente al espejo el prominente bulto de sus senos era más que notorio. Se ajustó los pechos
mirándose fijamente, estaba espectacular. Bajo la tela el sujetador azul que le regaló su hermana estaba haciendo perfectamente su trabajo, dejándole un cuerpo tentador como ningún otro. Se dejó de admirar un momento, pensando cuando había sido la última vez que se miró por tanto tiempo en un espejo, y, que se sintió tan bella. No lo recordaba, porque quizá ese tiempo era pasado, muy pasado, cogió la chaqueta de cuero negro que tenía en una percha y se la puso.
No hacía falta volver a mirarse, era una diosa bajada del Olimpo. Salió con paso firme, viendo que su hijo la esperaba sentado en la cama con la televisión apagada. Este se levantó de golpe, mostrando a su madre lo bien que le sentaba aquellas ropas. Mari se lo imaginaba, por algo se lo sugirió, pero verle allí delante, vestido y preparado como todo un hombre, pensó eso mismo
Un hombre. Vaya, mamá. Estás espectacular.
Gracias, Sergio. Se paró delante de él y colocó algo mejor la camisa, tú también estás, se decidió a comenzar a romper la última frontera, perfecto.¿ Nos vamos?
Ella sintió mientras le miraba a los ojos. Hoy nos lo vamos a pasar muy bien. Sí. Seguro que sí. Ambos enfilaron la
puerta con calma. Sergio dejó paso a su madre de forma caballeresca para ocultar una incipiente erección que comenzaba a amanecer de forma dura. La visión de la mujer había sido simplemente perfecta. ni en sus mejores sueños se la hubiera imaginado con tal poderío, era un verdadero ángel. Quizás sólo una forma superaría aquello, la desnudez. Entraron en el ascensor y Sergio ya no podía contenerse más, sabía que algo iba a pasar, si tenía alguna pequeña duda, la
última mirada de su madre se la había arrebatado. Entró detrás de la mujer que quedó mirándose en el espejo del interior. El joven aprovechó el momento, Retiró los brazos de su cuerpo y después de pulsar el botón de la planta baja, rodeó a su madre lentamente. Mari levantó ligeramente los brazos, sabía que destino tenía su hijo. Los dedos del joven se entrelazaron en el vientre de la mujer,
agarrando una de sus manos y anudando sus dedos. Ella se echó un paso hacia atrás, chocando contra el cuerpo del muchacho y buscando una última prueba de que todo aquello era real. La encontró. Entre sus nalgas algo se posó, lo que podría ser una porra policial estaba ahora incrustada atravesándola el trasero. Sí que es grande, moría por dentro al pensar que por primera vez, aquel terrible coloso la estaba tocando mientras sentía el resto del cuerpo de su hijo.
Tenía muchas ganas de venir, soltó Mari rodeada por los brazos del joven y notando su pene.
Y yo. Te lo mereces todo, te dije que trataría de hacerte feliz. Espero
conseguirlo. El ascensor comenzó a bajar, pocos pisos le separaban de recepción y un tiempo casi ridículo, eran unos pocos segundos, pero para ellos la bajada debía ser eterna. Sergio apretó aún más la unión de sus cuerpos, haciendo fuerza contra el delgado vientre de su madre que lo recibió con gusto. Mari miraba en el espejo como su hijo había agachado la cabeza y sí, le estaba observando el cuerpo con
ojos de hombre. Tu sola presencia. La mujer apretó la mano
de su hijo sabiendo a qué parte de su cuerpo estaba mirando, juntó ambas manos, la subió ligeramente y apretó todavía más. Sus extremidades unidas debajo de sus senos hicieron que estos se contrajeran. El gran volumen fue reunido. pegándosela una con la otra y alzando ambas tetas más de lo normal. Por el pequeño escote surgió un canalillo mucho más grande que Sergio no se perdió, un regalo de
su madre con total descaro. El muchacho fijó la vista en la zona mientras el ascensor avisaba que estaban en el primer piso. Los pechos de Mari eran simplemente la perfección, incluso mejor que los de Carmen, no me lo puedo creer. Quizá era por el simple hecho de estar realmente exaltado, pero en ese momento no había nada mejor que su madre. Su pene saltó con ganas y sin vergüenza, chocando en el trasero de su madre con fuerza sin que ésta
se sorprendiera al notarlo. Comenzó a agachar la cabeza, viendo el cuello desnudo de su madre que portaba una leve fragancia de colonia que le hacía perder la cordura.« Me hace muy feliz», acabó por decir Mary sintiendo como el cuerpo de su hijo se inclinaba sobre ella. No cesó en su movimiento, estaba tan cerca que el aliento caliente y acelerado del joven golpeó la piel de su madre haciendo que todo el vello se quedara de punta. Los labios se cerraron y dispusieron el gesto que más querían.
Con calma, como si dispondría de tiempo infinito, Sergio bajó su boca hasta hacer contacto en la zona donde el trapecio y el cuello se unían en el límite de la perdición. Con un único movimiento le dejó un beso lento y profundo, marcando el lugar con una leve humedad caliente surgida en el interior de su boca. En el silencio del ascensor el sonido del beso llegó a los oídos de Mari, que notó de inmediato un arrebato de
pasión dentro de su sexo como nunca antes. Los fluidos se habían comenzado a mover y su vagina clamaba por un placer que necesitaba como el respirar. Se miró en el espejo, la imagen de su hijo besándola en el cuello mientras sus pechos se elevaban y éste la agarraba como si no quisiera soltarla, creo lo inevitable. Justo en el momento que el ascensor se abría cerca de la recepción,
Mary gimió. Se separaron al instante, con la puerta abierta tras de ellos, Los brazos de Sergio soltaron a su madre que vio la cara enrojecérsele por la lujuria que debía soltar. Ni siquiera quería mirar a su hijo, sino a la joven y amable Raquel que estaba en recepción, aparentando una normalidad que ya no existía. Con una sonrisa saludaron a la recepcionista. Una madre y su hijo pasando
un agradable viaje, nada más. Ella les devolvió el saludo y los dos, separados por un metro de distancia salieron por la puerta automática.¿ Te sabes el camino? Dijo Mari sin poder mirarle a los ojos. El día seguía siendo helador y quizá podría abrigarse más, sin embargo, el calor que había nacido en su interior la
reconfortaba. Sí, es aquí al lado. Sergio se acomodó con disimulo
un paquete del todo erecto. Cargaba hacia un lado, concretamente al izquierdo y en su muslo notaba como por un lado quería salir del calzoncillo y como por otro, los primeros fluidos calientes habían comenzado a mancharle. Al tiempo que pensaba en que ojalá no se le traspasase la mancha de los líquidos que brotaban, sintió como una mano le entrelazaba los dedos. Volteó la cabeza para mirar a su madre,
pero ésta no lo hacía, sólo miraba al frente. Sergio apretó su mano con la de Mari, ella repitió el movimiento y ambos dedos pulgares se acariciaron en un gesto de amor perfecto. La calle estaba fría, una concurrida ciudad llena de personas, donde ellos eran desconocidos. Nadie les veía, nadie sabía lo que tramaban, ni siquiera ellos mismos, pero respirando el helado clima, podían ser y hacer lo que quisiera.
Dieron los primeros pasos unidos por las manos y esta vez, Marisi que puso los ojos en su hijo, con la sorpresa de que Sergio estaba esperando esa mirada. Esta noche, nos lo vamos a pasar muy bien. Aunque el último resquicio de mente racional de la mujer se quería referir a la actuación, su desenfreno pensaba más en otras situaciones. Sergio pareció entenderlo del mismo modo que la mujer, dejando a un lado el rey león y esperando acontecimientos que
sin duda tenían que sucederse. Se paró por un momento en medio de la calle, fijó la vista en unos ojos relampagueantes que le miraban como puñales. Mari tenía su mirada azul clavada en su hijo, queriendo decir algo más que su lengua no se atrevía a articular. Sergio descifró esa mirada, sabía para qué habían venido, estaba seguro de que ella quería tanto aquello como él. Lo había anhelado y en algún momento, en un preciso instante todo se desataría,
surgiría de forma natural. Acarició de nuevo su mano, apretándola con fuerza para poder pasarle todos sus sentimientos. Entonces vio como su hijo abría la boca.
Hoy trataré de hacerte feliz. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
