Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos... Aventuras húmedas, parte 20.
Salió más relajado
de la ducha y con una sonrisa de oreja a oreja. Con el pijama puesto se acercó a la sala donde se encontraban sus padres. Divisó un rato una serie de la cual ni siquiera tenía conocimiento, pero que sus padres veían con atención y esperó a que el capítulo terminase.— Mamá,¿ me podrías ayudar a hacer algo de cena? Le comentó el joven queriendo hablar con ella sobre la novedad de Marta.
Quería tener la confianza que poseía con su tía, una confianza más similar a amigos que a familiares, este sería un buen momento para comenzar a labrarla.¿ Quieres que te ayude o que te la haga? Respondió Mari con una sonrisa irónica
levantándose de al lado de su marido. Yo ayudo, ya verás. No colaboró en nada.
Apenas llegaron a la cocina, la mujer se puso a preparar unos sándwiches mientras el joven se sentaba en la mesa a esperar. Eso sí, mientras ésta cogía los ingredientes, Sergio aprovechó el momento para empezar con lo que de verdad le interesaba. Tengo que contarte algo, no esperó a que su madre le preguntase. Lo soltó de una vez,
Marta y yo, ya no estamos juntos. Vaya.¿ Qué ha pasado?¿ Estás bien? Mari se había girado al momento
asomando en el rostro unas gotas de preocupación. Sí, sí. esta vez ha sido diferente. Creo que no somos del todo compatibles y lo hemos dejado como amigos, aunque bueno, ya sabes eso de amigos, quizá no volvamos a hablar en la vida. Pero puedo decir que esta vez, todo quedó bien. Pues si estás bien, me alegro, cariño. La mujer siguió preparando la cena y desde su posición comentó, sinceramente,
creo que las segundas partes no son buenas. Cuando una pareja rompe es por algo y ese algo, es difícil que después cambie, incluso suele quedar resquemor
Me parece que es justamente lo que nos pasa.¿ A ti te sigue gustando? Claro, y la sigo queriendo. Pero ha sido la mejor decisión
que podíamos tomar. Lo hemos hablado en la universidad, se lo he comentado e incluso nos hemos despedido con un abrazo. Hemos vivido mucho juntos y eso siempre quedará para nosotros. Mari que preparaba la cena de su hijo dándole la espalda, no pudo guardarse una sonrisa que le surgía desde su interior. No le gustaba aquella chica para su hijo, porque en verdad se había dado cuenta hacía poco que ninguna le
gustaba para él. Entonces¿ quién podría ser la indicada? Esperaba que en algún momento se casara y tuviera hijos, pero de momento no le gustaría que estuviera solo. Por mucho que se quisiera engañar, sabía muy bien por qué prefería que su pequeño no tuviera pareja. Trataba de pensar que aquello era una idea disparatada fruto de una mente que cada día estaba más alocada, pero no lo era. Ahora Sergio tendrá más tiempo, podríamos hacer más cosas juntos, pensó
mientras ponía la lechuga sobre el pan de molde. La idea de tener planes con Sergio le hacía estar más feliz que... junto a su marido. Tristemente, era así. El día del cine había sido tan perfecto que esperaba otra invitación por su parte, sabía que en época de exámenes no sucedería, pero ya habían terminado, ojalá tenga un plan para los dos. Sergio seguía hablando de la relación rota con Marta, Sin embargo su madre surcaba pensamientos del todo
inapropiados sin escucharle. Últimamente se cuidaba más, vestía algo mejor, sin ropas rotas o camisetas usadas de sus hijos. Todo aquello era por quererse más o por alguien más. La segunda opción era la más acertada y en el fondo lo sabía. Durante este último mes había estado pensando más en sexo, algo que tiempo atrás apenas le hacía perder
uno o dos minutos al día. Desde la visita a su hermana un pequeño picor interno había regresado a su cuerpo y sobre todo desde las fiestas navideñas se acrecentó. Logró con éxito par de orgasmos en unas relaciones algo, pobres, con su marido durante todo enero. Misionero y ella arriba no pasaron de ahí. Pero al menos, y casi con la primera introducción, consiguió un clímax muy satisfactorio quizá por la poca falta de coitos o quizá porque llevaba una
temporada más caliente de lo normal. Mientras ponía unas lonchas de jamón cocido, recordó la última relación sexual con Dani. Había sido un día en el que su hija no estaba y por la tarde Sergio había ido a un examen. Ella le había puesto bastante pasión, sin embargo su marido apenas aportó, estaba cansado. Era normal que estuviera así, tenía mucho trabajo y se deslomaba, pero siempre era lo mismo. Lo más difícil de asimilar para ella había sido el precoito.
Todo aquel día se había levantado con un pensamiento en la cabeza. Quizá lo habría soñado o simplemente su mente le había traído una conversación con su hermana donde hablaban de un miembro sexual, el de Sergio. Las imágenes vividas aquel día hace tanto tiempo en el que le vio masturbarse la habían machacado toda la mañana. Veía a la perfección los dedos aferrar la carne mientras venas repletas de
sangre bordeaban el tremendo tronco. Era una imagen que nunca le había agradado, salvo ese día, en el que pensarlo le llevaba por un camino de placer. Siguió recordando aquella situación mientras colocaba el queso y su hijo parloteaba a la par que ella contestaba con síes sin tener en cuenta lo que dijera. El miembro gordo y grande de su pequeño la había perseguido incluso a la tarde y no pudo reprimirse las ganas de convencer a su marido
para hacer algo. Por supuesto lo hicieron, y aunque ambos llegaron al orgasmo, Mary se sentía vacía, como si todavía necesitase más. Aquella noche mientras su marido dormía, la inquietud le había asaltado. No podía dormir, el picor en su entrepierna era desmedido y un pensamiento bloqueado tiraba abajo toda restricción impuesta. Miró si su marido dormía profundamente, por supuesto que lo hacía, los ronquidos eran demasiado sonoros como para
estar despierto. Una mano traviesa pasó la goma de su pijama nuevo y llegó a una zona la cual últimamente se cuidaba mucho más, Incluso ese día la había depilado casi al ras. No se reconocía, era otra Mari, una, más joven. La noche cuando salieron del cine, era cierto que acabó por masturbarse, pero aunque Sergio tuvo mucho que ver,
logró aislarlo de su mente. Sin embargo ese día le era imposible, todo el tiempo aquella imagen de su hijo con un pene de lo más erecto masturbándose la había avasallado. Incluso le volvió a la mente como en casa de su tía estando los tres en el jacuzzi, salió con una erección más propia de un caballo. No se reprimió, por primera vez en su vida dio rienda suelta a la lujuria que la aprisionaba, total, es mi cabeza se convencía mientras los dedos se movían en torno a su clítoris.
Se imaginó que entraba en la habitación, que apagaba el ordenador a su hijo y se sentaba a ella en sus piernas terminándole el trabajo. Sus dedos veloces lo hacían tan bien que al de un minuto no tuvo que pensar más, todo fluyó entre sus piernas. Sus pulmones explotaban mientras reprimía un grito contra el cojín y trataba de respirar lo más lentamente posible para no despertar a su marido.¡
Qué bien se lo había pasado! Y cogiendo el bote de mayonesa escuchó que Sergio seguía hablándola, aunque sin saber por dónde iba, perdió el hilo, como para no. Aunque lo que no perdió fue el recuerdo de tal precioso orgasmo y de cómo, después de completarlo, se imaginó diferentes situaciones con Sergio. Posturas que hacía mucho que no probaba. Posturas que quedaron años atrás olvidadas, incluso, sexo oral.¿ Hacía cuánto que no practicaba el sexo oral? No lo sabía.
Le encanta, le gustaba mucho hacérselo a su marido y cuando ella lo recibía.¡ Qué placer! El bote de mayonesa seguía en sus manos, apuntando a ambos trozos de pan del sándwich, al tiempo que pensaba en el sexo oral que tanto añoraba. Sólo se imaginaba una cosa mientras sus
manos rodeaban el cilindro que había entre sus dedos. Dirigiendo el chorro que se avecinaba y queriendo apretar con ganas para que aquel fluido blanco saliera le dio palabras a sus pensamientos el pene de Sergio.¿ Por qué esta locura? Meditó mientras trataba de que aquel bote se convirtiera en un miembro de piel suave, músculos duros y
con una magnitud considerable. ¿Mamá? La voz de Sergio la llegó a asustar.
El volumen de su voz se elevó demasiado sorprendiéndola y haciéndola temblar por un momento mientras sus manos apretaban aquella mayonesa sin
control.¿ Me estás escuchando? Sí, cariño. bueno es que me acaba de venir algo a la mente,
lo siento. Mari miró a su hijo con una sonrisa nerviosa pensando que sus ideas descabelladas podían ser leídas por su primogénito. Pero para nada iba a ser así, Sergio sabía lo ocupada que estaba siempre su madre, era lógico que algunas veces no escuchase. La mujer volvió la vista al sándwich, el chorro había sido potente, abundante, fijando sus ojos azules en el pan, Solo le venía una cosa
a la cabeza a Sergio. Me estoy volviendo totalmente loca, se gritaba mientras su cabeza seguía imaginando que aquella crema tan abundante era de una persona y
Por qué no? Se lo daba a ella.¿ Quieres este sándwich? Quizá puse demasiada mayonesa, le preguntó Mari.
No, si la mayonesa le da un toque más sabroso. La madre se lo acercó a la mesa, muchas gracias, mamá. Tiene una pinta deliciosa. Sí que la tiene, contestó Mari sin saber por qué o por quién lo decía. La mujer se sentó a su lado, frotándose los ojos para después hacer lo mismo con sus sienes. No le dolía nada, sólo quería sacar fuera esos pensamientos inadecuados y hablar tranquilamente con su hijo. Cariño, Sergio no respondió con la boca llena,
he estado mirando lo del trabajo que te comenté. A papá le ha costado decir que sí, dice que no hace falta, pero yo creo que sí y bueno, tú también tienes que saberlo, quiero escuchar tu opinión. El joven masticaba con ansia, tenía bastante hambre, pero los oídos estaban puestos en su madre, aquella información le había causado cierta intriga.¿ Sabes
quién es Mariví? Creo que tiene un hijo de tu edad, más o menos, se llama.¿ David puede ser? Sí,
dijo después de tragar un gran trozo. Sé quién es, pero no le conozco, tiene par de años más que yo, o quizá alguno más. Pues hablé con ella del tema, sin más, salió la conversación. Me comentó que su madre hacía un mes que había fallecido y que ahora estaba sola en la tienda de ropa. Me dejó caer que si quería podía empezar con ella, un sueldo bajo y pocas horas, para ir aprendiendo. Luego ya iría a más.
No sé, me da algo de miedo, más que nada por hacer algo nuevo, pero creo que vendría bien para la casa y para mí. Por mí, adelante. Mari no se esperaba ninguna otra respuesta de su hijo, aunque sabes que si hace falta vuelvo al cine, no tendría problema. No, hijo. Si vuelves a trabajar que sea para tener dinero para tus gastos, ya te lo dije. Mari alargó la mano y cogió la de su hijo mientras tragaba
la bola que se le había hecho en la boca. Sabía que me apoyarías, gracias.
La mano de la mujer apretó con fuerza a su hijo como queriendo llegar a más, a decir alguna cosa más o a querer pasar un límite. Sin embargo, dejó de apretar y fue a retirarla cuando de pronto, Sergio se la agarró entrelazando los dedos. A mí todo lo que hagas, si es bien para bien, me parece correcto, mamá. Sus miradas se cruzaron con fuerza y ambos quedaron con los ojos fijos en el otro, si quieres trabajar, trabaja. Incluso si es lejos y hace falta que te vaya a buscar iré, o coge mi coche,
no me importa. Eres un cielo. Te quiero. Sergio sonrió
de felicidad al escuchar que cada vez su madre soltaba más frases cariñosas, aquello le hacía sentirse de maravilla, el día no podía mejorar.
Por cierto, tenemos que repetir lo de ir al cine,¿ no te parece? Por supuesto. Al pensar en
esa opción a Mari le brillaron los ojos. Con el sándwich terminado, Sergio se levantó de la mesa dejando a su madre sentada en la silla de al lado. Esta se colocó correctamente el cabello detrás de la oreja y se entristeció un poco, quería decirle que se quedara un rato a su lado, pero debido a sus pensamientos reales, no lo veía decoroso. Voy a mi habitación. Sergio colocó ambas manos en los hombros de su madre y con un lento movimiento, besó la mejilla caliente de Mari, yo
también te quiero. Aquello último lo había dicho en su oído y la piel se le erizó por todo el cuerpo. Notar el aire caliente que desprendía por sus labios era demasiado y mientras su hijo marchaba, ella suspiraba con ganas. En la habitación el joven no perdió ni un segundo. Se le había ocurrido algo mientras hablaba con su madre, algo de lo que tenía muchísimas ganas. Encendió la pantalla del móvil y marcó un número que se comenzaba a
saber de memoria. No le hacía falta ni mirar la agenda, aunque allí lo tenía guardado
como tía Carmen. ¿Cariño? Respondió la mujer al otro lado del teléfono.¿ Qué tal está mi tía favorita? pues sorprendida
de que me llames a estas horas y además así de pronto,¿ no habrá pasado algo? Siempre que le iba a llamar su sobrino, Carmen solía tener al menos un mensaje avisándola. No, tranquila,
todo está bien. Solo te llamaba para contarte algo. Pues dispara, pequeño, justo iba a ponerme a cenar. Acabo de terminar los exámenes
Además creo que voy a aprobar todas.
Qué bien
La voz de Carmen se notaba realmente feliz. Como me alegro, es que eres muy listo. Ahora puedes descansar un poco o vuelves a tener clase. Pues tengo un par de semanas de vacaciones y por eso te llamaba.
Sergio cayó para notar la reacción de su tía. No entiendo.¿ Qué quieres, cariño?
He pensado y todo esto si te parece bien, me gustaría ir a visitarte, la última palabra sonó como debía sonar, escondiendo lo que en verdad tramaba. Por un momento el móvil se quedó en silencio, ni de un lado, ni del otro sonaba ni siquiera una respiración. Carmen se había quedado helada, completamente paralizada, no porque le viniera mal, sino por las ganas que nacían dentro de ella porque eso sucediera.
¿Tía? Comentó Sergio al no escuchar nada. Estoy aquí.¿ Te parece mal? Si un día esa proposición me parece mal, te doy permiso para que me mates. Pues
te diré que me he asustado un poco, pensaba que igual estaba el tío por ahí o algo. No, tranquilo, cariño. Pero vaya que me has pillado así de pronto
y una no es de piedra. Mi idea es
ir un día, bueno, dormir donde la abuela y eso.¿ Te parece buena idea venir el viernes? Así pasamos juntos el viernes y el sábado si quieres puedes marchar, lo único no sé si podré dormir contigo. Por mi perfecto, no tengo ningún otro plan. Río maliciosamente al otro lado del teléfono. Menuda alegría me acabas de dar, no lo sabes bien. Me acuerdo mucho de ti, bueno, de algunos momentos más que otros y de unas partes más que otras.
El tono de voz de la mujer había mutado, ya no estaba tan alegre, sino que Sergio recordó que ese sonido lo usaba para ciertas ocasiones en la que ambos estaban unidos, muy unidos. Yo cada día lo recuerdo, y el otro día pensé en algo. Una pena haber desaprovechado el hotel donde paramos a dormir. Ya te digo, Carmen recordando lo bien que lo pasaba con su sobrino. Empezó a calentarse, aquella ducha era bien grande.
Te hubiera gustado ponerme contra aquel mármol?
Mucho, aunque lo hice luego en tu casa. La mano libre de Sergio comenzaba a apretar su miembro mientras Carmen a kilómetros de allí pasaba una mano por su entrepierna.
Tengo que bajar, que me espera Pedro para cenar. Bueno, pues ya concretaremos entonces. No, no.¿ Quién te ha dicho que cuelgues?
Escuchando aquello, Sergio pudo imaginarse la sonrisa pícara en el rostro de su tía. Como le gustaba, vete
hablándome que voy bajando.¿ Quieres algo especial? ¿Cómo? Alguna ropa, alguna cosa. No sé. escuchó
unos pasos y una voz de fondo. Es Isabel que acaba de llamar, la mujer del panadero, ¿sabes? Pues algo que realce tu fantástico cuerpo, que ya sabes cómo me encanta. Lo demás lo dejo en tu mano, porque vas a estar igual de preciosa con cualquier cosa. Vale, eso sin problema, decía Carmen ya al lado de su marido. Por cierto, este año tienes calabacino pepino. Lo tengo ahora mismo en mi mano, está enorme, tiene unas ganas de saludarte
Qué bien!
Sonando con total normalidad mientras su cuerpo ardía,¿ y te han traído huevos de corral? Vaya si tengo, Sergio estaba de lo más caliente, sacó su miembro del pantalón del pijama con una erección y vio sus genitales bien llenos, si los vieras ahora, están repletos. Ah,
sí. Pues mira, hazme el favor y guárdalos para mí, ¿bien?¿ Hasta el viernes? Imposible, tía, es mucho tiempo, me van a doler. Que sí anda. Mira que a Pedro le encantan, guárdalo y te lo pago el mismo viernes, venga, Isabel. Mierda. Vale,¿ cómo me pones? Te amo, tía, pero lo de no tocarme lo voy a incumplir,
solo una vez. Ahora mismo. Carmen sintió un latigazo de placer en su entrepierna al escuchar que su sobrino se iba a masturbar con ella al teléfono. Miró con el rabillo del ojo a su marido que degustaba la tortilla que ella misma había preparado ajeno a lo que sucedía al otro lado del móvil.¿ Qué ha pasado con el Manolo entonces? Fue lo único que se le ocurrió preguntar, para no estar pegada al móvil en silencio y sin excusas. Le ha pasado que la tiene muy dura, contestaba su
sobrino con la respiración agitada. Que se la está moviendo arriba y abajo pensando en su tía favorita, en su cuerpo, en su cara.
Dios, no puede ser. O sea que ya llegó. Pedro la echó una mirada
para saber qué le había pasado al hombre. Le alzó la palma en el aire para que esperase y escuchar lo que su sobrino le tenía que decir
Me corro, joder.¡ Qué rápido! Va, va,
va. Tía A-A-A estiróla hasta el límite de su voz quedando después en un jadeo contante. Carmen esperaba al otro lado con impaciencia y un rostro enrojecido hasta el extremo que gracias a que solo tenían una luz encendida, su marido no podía vislumbrar
Tendrías que ver la de leche que tengo. Bueno, pues ya me contarás más, no te preocupes. Si te parece bien
te dejo que voy a cenar. Vale, Isabel. Vale, Isabel. Decía al otro lado del teléfono un Sergio atorado y con la mano llena de sus propios líquidos, voy, voy a limpiarme, piensa en mí esta noche y las que viene. Lo haré, seguro, dijo con una falsa sonrisa
que ocultaba su erotismo. Tengo muchas ganas de follarte, acabó por decirle su sobrino.
Y yo, y yo. bueno, con un tono cordial que apenas podía mantener, saludos y ya nos veremos, que tengo muchas ganas. Colgó sin esperar más respuesta mientras a kilómetros de distancia su sobrino se limpiaba y se metía en la cama de la misma, agotado por tal placer y con un hormigueo constante en sus genitales. Carmen dejaba el móvil en la mesa de la sala ausente por completo. Miraba la televisión al lado de su marido y notando a la vez como en su entrepierna algo caliente salía de su interior.
Qué quería? Le dijo su marido con la boca llena. Nada, tonterías,
nada importante la verdad. Quizá quedemos el viernes para pasar la tarde, ya veré. Bueno, vete sin problemas, yo me parece que estaré trabajando hasta tarde. Ella sintió con una sonrisa mientras por dentro pensaba y tanto que voy a ir, no sabes lo bien que me van a follar. La espera para Sergio fue eterna, la palabra terrible se quedaba corta. Cada día, pensó en su tía, desde el lunes hasta el propio viernes sólo había una mujer en su vida.
Trataba de no salir de la habitación, pero con sólo ver películas no se le calmaba el apetito voraz que había cultivado. Toda esa semana sin sacar sus fluidos genitales estaban pesando, literalmente. Solo había una cosa que ocupaba cada segundo en sus pensamientos, el sexo. Para Carmen en cambio todo fue muy rápido, se preparó para el gran día con un mar de excusas para que Pedro no sospechase que su sobrino estaba por el pueblo. Incluso fue dos días antes a adesentar la casa de sus padres y
así tenerla algo más presentable cuando Sergio llegase. El día por fin llegó, Sergio se levantó de su cama de un salto con un pene tan erecto que su glande asomaba por encima del capullo. Jamás había estado tanto tiempo sin masturbarse, era un nuevo récord para él, sobre todo si añadimos que el coito estaba más que asegurado. Mamá, ya estoy listo, dijo Sergio apareciendo en la cocina a las 9.30 de la mañana. No has madrugado tanto ni para estudiar.
Le sonreía Mari mientras terminaba de prepararle un bocadillo, toma, para el viaje. Aunque no es muy lejos, ¿no? Que va, la casa de Pablo está a una hora y poco de viaje, en nada estaremos allí. Durante aquellos días, había construido la sólida excusa de que unos amigos iban a pasar la noche en casa de Pablo. No había forma de comprobar que esa información fuera falsa y tampoco su
madre se iba a poner a indagar. Total era una noche, no había problema, solo le causaba algún que otro nervio pensar que el coche le dejase tirado en medio de la carretera y que su viaje saliera a
la luz. Llámame cuando llegues. Te llamo mejor a la hora de comer, que entre que bajamos todo y lo preparamos
se me va a pasar. Mari frunció el ceño, pero al final aceptó. No le gustaba cuando su hijo cogía aquel pequeño coche para hacer un trayecto largo, siempre tenía malos presentimientos, aunque éstos nunca se cumplían.
Bueno, pero ni un minuto más tarde. Sí, tranquila.
Rodeó con los brazos a su madre, apretando fuerte los cuerpos y sintiendo los pechos de ésta. Su pene saltó de alegría. Cualquier cosa le alteraba y más aquellas mamas tan perfectas.
Te despediste de tu padre?¿ Sergio sintió de tu hermana? Sí. Aunque se hizo un poco de rogar, me dijo que ni que me fuera a
ir a la luna. Cosas de Laura. Ambos rieron y Sergio aprovechó el grato momento para dar un beso de varios segundos de duración en la mejilla de la mujer. Mari lo agradeció hasta tal punto que el frío de la mañana se disipó a su alrededor.« Marcha anda, que se te hará tarde», le dijo por no seguir notando a su hijo tan cerca. Aquella semana había estado realmente amoroso y eso le encantaba. Incluso tenía un aroma especial,
algo que no reconocía. Sabía que no era la colonia, Sergio no solía usarla con asiduidad, Era otra cosa, aunque no lograba descifrar el qué. Era muy simple y no tenía mayor misterio. El olor que a Mari le resultaba curioso no era otra cosa que el exceso de semen que se depositaba en los calzoncillos de su hijo. De haberlo sabido se
hubiera sonrojado al momento. Te quiero, mamá. Mañana te veo. Adiós. la puerta de la
calle se cerró con rapidez dejándola con la palabra en la boca, te quiero. El coche arrancó, haciendo que Sergio sonriera de felicidad y placer. El coito se acercaba, estaba ya a unas horas de estar con Carmen, su tía favorita y la mujer más perfecta que conocía. El abrazo a Mari y notar sus grandes bultos le había activado, pero estando solo en el coche y pensar en lo que le esperaba en el pueblo, Aquello se levantó con ganas. La erección era plena, apenas en unos segundos su miembro
estaba listo para la batalla. Se lo miró curioso y lo sacó de su envoltorio, para hacer lo mismo con el móvil y sacarse una foto. Salgo, añadió en un mensaje a su tía, que justo se conectaba y
veía la foto. Jesús, bendito. No corras en la carretera, pero no tardes.¿ Están muy hinchados tus huevos? Un montón, no te lo puedes ni imaginar. Creo que me he pasado. El sexo de Carmen que había estado toda la noche caliente comenzaba a humedecerse. Cuando llegue me lo arreglas. No te quepa duda. Ahora deja el móvil y ven, lo tengo todo listo. Dicho y hecho.
sergio aceleró el coche y durante cinco horas no paró de conducir su amado vehículo le respondió de maravilla y su miedo a que le dejase tirado nunca se cumplió fue a la vez un viaje largo y corto toda el ansia por ver a su querida tía le superaba y hacía que el reloj pareciera que no avanzase pero por el lado bueno Estar pensando todo el rato en Carmen hizo que su mente se detuviera poco en la carretera y aquello hacía que ciertos tramos ni se diera
cuenta de haberlos pasado. Cerca del mediodía paró en una gasolinera a repostar, comprar una lata de Red Bull para seguir bien activo y arrancar de nuevo. Ni siquiera se detuvo a comer el bocata que su madre con tanto amor le había preparado, lo devoró mientras no paraba de pisar el acelerador. Por fin entraba en la provincia de su pueblo y como bienvenida unas nubes negras con mala pinta lo recibían. Las primeras gotas comenzaron a caer y
de seguido un aguacero le rodeó por completo. El mismo buen tiempo de siempre pensó sin que aquel día helador y lluvioso le quitara el ánimo y tampoco el calentón. Aminorando la marcha mandó un mensaje a su tía, ya llegó, en cinco minutos. Por una vez no se había perdido. Aquello era un milagro y más con el día tan malo que hacía, la visibilidad era nula. Aunque de cierta forma,
vio la luz al final de una gran recta. Había llegado a las afueras del pueblo y al fondo, tras un aguacero, bajo un paraguas de color amarillo, una mujer esperaba paciente en una pequeña tejabana a la salida de su casa. El corazón le saltó del pecho y un nerviosismo se adentró en su cuerpo. como si le diera pudor ver a su tía después de tanto tiempo. Las manos le comenzaron a sudar y una sonrisa más bien tonta se apoderó de su rostro, ya estaba allí, junto
a su amada Carmen. Se detuvo a su lado y la mujer se acercó con prisas, abrió la puerta, sacudió el paraguas y se sentó mojando levemente el asiento del copiloto. Ambos se miraron en silencio, con una sonrisa más tierna que otra cosa y de improviso, se lanzaron a la vez a los brazos del otro. Los dos se rodearon con fuerza apretándose como si nunca quisieran volver a separarse, era una pena que vivieran tan lejos, porque ya fuera de una manera u otra, se amaban.¿ Qué ganas tenía
de que llegaras? dijo Carmen separándose del muchacho y colocándose correctamente las gafas. Y yo de llegar, se me ha hecho largo el camino, no he parado de pensar en ti. Una parte de su cuerpo era fiel testigo de ello. Pues arranca, cariño, vamos a casa de la abuela. El coche aceleró y se incorporó a la carretera. Te hubiera invitado a entrar. Pedro está trabajando, pero no sé realmente a qué hora vuelve.¿ Qué tal todo? Ambos sabían a qué se refería con esa pregunta. Sinceramente creo que bien.
Me tomo de otra forma nuestra relación y no sé, ahora estoy mejor. El gorro de lana se le había movido con el abrazo y mirándose en el espejo del copiloto se lo colocó correctamente, aunque dejemos ese tema por esta vez. Carmen sonrió de forma dulce a su sobrino
para después hacerlo de una manera más maliciosa. Los dos sabían muy bien por qué el muchacho había recorrido tantos kilómetros y no le quería hacer perder el tiempo con sus dramas, esta vez no. Dime, Sergio no puso sus ojos en su tía, solo los oídos, cuánto me has echado
de menos. Cada día me acuerdo de ti, lo juro. No mentía. Otra cosa.¿ Hiciste lo que te pedí?
El muchacho solamente asintió. como si el mero hecho de hablar de ello le fuera a ser eyacular.
Ha sido duro, incluso me duele un poco.
Bueno, pasando una mano por la pierna de su sobrino y mirando tras sus gafas le añadió, pronto lo voy a arreglar. El erotismo de su tía le impactaba, el recuerdo del mes de agosto ya se había difuminado y ahora con ella delante, volvía a ponerse como la primera vez. El cuerpo de Sergio era un motor encendido comenzando a funcionar a miles de revoluciones, la mujer que tenía al lado
era su perdición.¿ Te gusta mi modelito? Sergio quitó por un momento la vista
de la mojada carretera para mirar a Carmen. Llevaba un abrigo de pelo, unos vaqueros con botas y en la cabeza un gorro de lana a juego con el color de sus gafas de pasta ancha. Se dijo por dentro que daba igual lo que llevara, como si fuera desnuda o envuelta en un saco de patatas, para él era una belleza. Eres preciosa, me da igual lo que lleves, tía. Pero sí, te queda bien, como todo. Mi vida resopló recostándose en el asiento, como echaba de menos esos halagos tuyos.
Miró de arriba abajo a su sobrino notando el incipiente bulto en el pantalón de chándal,¿ has venido así todo el camino? El joven observó la dirección del dedo de su tía, llegando hasta su entrepierna donde su pene, de poder hablar hubiera gritado de todo para poder introducirse en algún lado. La primera gota de sudor le cayó en ese instante, el frío de fuera era ya una mera anécdota
él estaba ardiendo. Todo. Entero. Los cristales
se habían comenzado a empañar y Carmen al escuchar cómo su sobrino había estado alrededor de cinco horas con aquel tremendo mástil duro como una piedra, no pudo más que morderse el labio. El placer la invadió súbitamente, tenía un plan para aquel día, un plan que comenzaba a desmoronarse desde el primer minuto. Pensaba en llegar a la casa, jugar un poco y después, un coito. Pero no podía dejar a su sobrino así. Su cara hablaba por sí sola, aunque no era la única. Carmen volvía a estar tan
caliente como en aquellos días de verano. Apretó ambas piernas, rozándolas con fuerza y miró a través de la lluvia. La carretera era una recta hasta el pueblo y apenas había unos cuantos caminos durante el trayecto. Uno de estos se encontraba a medio kilómetro de distancia. Vete frenando. Sergio fue a preguntar el por qué, pero no hizo falta, hazme caso, vete frenando que no viene nadie.
Ahora,¿ ves el camino ese? Pues gira.
Pero, el joven que no entendía nada miraba sorprendido a su tía mientras ésta le señalaba la dirección con su brazo. Sergio, calla y tira por ahí. Vete despacio que por ese camino suelen ir tractores. El coche aminoró la marcha hasta andar en segunda y con el intermitente Sergio indicó hacia dónde iba a girar. El coche botó de primeras al bajar de la calzada y cuando se metió en el camino apenas asfaltado, pisó el freno paulatinamente hasta parar el
vehículo. Tía,¿ qué quieres? No pudo
terminar la frase, Carmen le miraba con aquellos ojos azules que las mujeres de su familia portaban, tan bonitos, tan profundos sus dedos habían abierto la cremallera de su abrigo y debajo una camisa negra con un escote de vértigo hizo que su pene saltara de alegría sus pechos dentro de la lencería luchaban pegados por respirar una imagen preciosa que aunque sergio todavía recordaba le encantó volver a ver
me he pasado con lo de que no te masturbaras ahora te lo arreglo puedo esperar La mano de Carmen aferró el hierro caliente
que se apreciaba en los pantalones del joven. Con fuerza cerró sus dedos sobre el tronco y Sergio apretó los dientes de puro placer, soltando finalmente el aire en un bufido animal.« Tenemos toda la tarde, cielo», le dijo su tía mientras metía ambas manos por la goma del chándal y lo bajaba con rudeza.« Tengo que solucionar primero esto, luego me la devuelves. Ahora recuéstate». Diñó un ojo al terminar de decir aquello, mientras el pene erecto de su
sobrino salía rugiendo de los pantalones. El chándal yacía junto a la ropa interior por la zona de los tobillos, por ayuda tanto de Carmen como del propio muchacho. No hubo tiempo para discursos eróticos, ni para besos, ni palabras que pudieran hacer calentar todavía más al joven. Carmen se acomodó y puso sus rodillas en el asiento donde antes reposaba su trasero. Sergio con velocidad retrasó más su asiento dejando libertad a sus piernas y con la mano izquierda
lo reclinó para poder recostarse con total comodidad. No había terminado de hacer esto cuando la mano algo fría de su tía agarró con unas ganas temible su miembro. Se colocó correctamente las gafas con la mano libre y después, los cuatro pelos rebeldes que podrían molestarla, los metió de nuevo dentro de su gorro, no quería distracciones. Carmen al final, con todo en su sitio, se agachó donde su manjar
favorito la esperaba. El glande asomaba morado y con un líquido preseminal que bien podría haber sido una primera eyaculación. Decidió que primero debía quitar el exceso que brotaba de aquel dulce plátano y se puso a ello. Cuando se la introdujo en la boca y el calor embargo al joven, las piernas se le movieron de tal forma que de estar el coche encendido lo hubiera arrancado. Se estremeció todo su cuerpo, el éxtasis del placer era tan extremo que
apenas podía creérselo. El prepucio se limpió en un periquete, aunque la saliva de Carmen era ahora la que predominaba. Decidió lamer el tronco tan caliente y duro de su sobrino mientras éste apretaba los dientes para no correrse apenas diez segundos después de que empezase. La mano acompañaba un movimiento rítmico subiendo y bajando la piel, que se acompasaba de maravilla con el caer de las gotas en el parabrisas.
Fuera estaba cayendo una buena, acompañando un frío que helaba la sangre, pero en el interior del coche los cristales estaban empañados y para Sergio era una sauna. Carmen dio el do de pecho. Notando lo hinchada que estaba, se la introdujo hasta el fondo de su garganta y succionó todo lo que pudo. Sergio gimió casi en un grito y un espasmo le recorrió el cuerpo, sus ardientes genitales
le avisaban de lo que ocurriría. La mano de Carmen subía y bajaba la piel mojada del pene, al tiempo que con su lengua y labios estimulaba la zona trasera del prepucio. Sergio agarró con fuerza la camisa de la mujer y con la otra mano el asiento. Se venía algo gordo, muy gordo. Mientras en el exterior un trueno sonaba relativamente cerca, la verdadera tormenta se iba
a desatar dentro del coche. Ya. Ya. Se viene.
Sergio a duras penas ponía a hablar mientras notaba la lengua de su tía masajeando la zona más delicada de su cuerpo. Había bajado su piel al máximo y el grande emergía como una seta. Las venas que recorrían su tronco comenzaban a aumentar de volumen, dispuestas a preparar la salida. El joven miró al techo, tensando su cuello sin poder remediarlo. Sus piernas se quedaron rígidas y sus dedos apretaron lo que pudieron con una fuerza de la que después no dispondría.
Carmen vio todo aquello, sabía lo que venía y con una voz muy sensual, sin sacar la boca de la parte
trasera del prepucio le dijo. mírame. El joven obedeció, porque parecía la orden de
un tirano. Observó los ojos azules de su tía protegidos por aquellas gafas, como sus labios se abrían y cerraban detrás de su tronco y su mano estaba en la base de su pene. Trató de decirme corro, le fue imposible. Su garganta no era capaz de articular palabra, aunque Carmen le leyó el pensamiento. Lo que salió no fue a reacción, ni llegó hasta el techo, más bien se asemejaba a
un vaso rebosante de agua que desbordaba. Cuando Sergio llegó a sentir el orgasmo de manera tan sublime, por un momento cerró los ojos y se perdió como el semen comenzaba a salir. No fueron varios chorros descomunales, sino un único disparo que no cesaba. La puerta había sido abierta y todos los fluidos del joven se colocaron en fila para ir saliendo. Cierto es que el primero se alzó algo en el aire para caer en la mejilla de su tía sin que ésta se moviera ni un ápice.
El calor de aquel borbotón de leche caliente le supo a Gloria en un día tan invernal y sin dejar de mirar a los ojos de su sobrino siguió masajeándole el pene con su lengua y sus labios. Todo el semen acumulado esos días salía sin cesar. Varias cascadas caían por el tronco, ya fuera por delante o por detrás, llegando hasta la mano de la mujer que seguía bien
aferrada a la piel del joven. Los que caían por detrás eran sorbidos por la mujer que no paraba de mover sus labios y poco le importaba que entraran en su boca, es más, el sabor le gustó. Sigue, sigue, le decía Carmen viendo como su sobrino no paraba de temblar por el gusto. La lluvia no cesaba de golpear con fiereza, pero para Sergio el mundo había desaparecido y lo único que lograba enfocar era cómo su semen seguía saliendo y manchaba tanto a su tía como a él.
La mano de Carmen ya había cambiado su tonalidad a una más blanca y su mejilla tenía una gran mancha que al joven le resultó del todo lujuriosa. Aunque lo que le volvía loco era esa mirada mientras su boca seguía dándole placer a su prepucio. Los ojos azules de su tía no paraban de mirarle tras el cristal, era una mirada tan profunda que gozaba con ella. Carmen notó que el miembro de Sergio perdía un poco de dureza, algo casi imperceptible, pero que sumado al fin de la
infinita eyaculación, supo que debía parar. Apartó sus labios de la zona donde tanto placer había dado, estaban relucientes, con una capa de líquido transparente que los hacía brillar. No perdió el tiempo y abrió la boca para engullir por última vez el aparato reproductor de su sobrino. Dio unas cuantas pasadas, limpiando los restos que quedaban todavía para hacer que, su todavía erecto
pene, reluciera. Creo que ya. Ha sacado como para llenar un vaso. Carmen
se miraba la mano repleta de semen y con la otra se tocaba la mejilla totalmente anegada por la mancha del joven. Sergio observaba con los ojos entrecerrados y una respiración lenta y profunda. Ahora, dijo la mujer con un kleenex en la mano limpiándose todo rastro de su sobrino, llévame a casa que me toca a mí.
Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
