Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos... Aventuras húmedas, parte 2. Por la mañana, apenas perdieron el tiempo. Se asearon rápido, con las maletas ya preparadas y desayunaron en la misma mesa de la noche anterior. El lugar se veía de una forma muy diferente. Las luces iluminaban mucho más el recinto y los susurros se habían intercambiado por conversación a un volumen mucho mayor. Sergio pidió sin dudar un colacao, algo que hizo reír a Carmen que
había pedido un café. Por mucho que hubiera pensado la noche anterior que Sergio había crecido, todavía seguían siendo muy joven. Dio el primer sorbo de café, dándose cuenta de que la leche se había enfriado, algo que para Carmen le quitaba todo lo bueno al brebaje. Sin embargo, decidió tomarlo de esa forma, aunque su sobrino le dijo que lo cambiase, ella contestó que no era necesario, que lo tomaría así.
Pero de pronto, Sergio girándose hacia el camarero le llamó la atención.— Perdón,¿ le podría traer leche caliente a mi esposa? Es que se le ha enfriado. Carmen se quedó sorprendida y arqueó una ceja en gesto de perplejidad, no por la poca vergüenza de su sobrino para exigir algo, sino por el comentario en sí. Al final, cuando el camarero se alejó unos cuantos metros, no evitó que una sonrisa muy curiosa se dibujase en su rostro.¿ Desde ayer sigo
siendo tu esposa? Eres un caradura. Y como me gusta, sin duda, te pareces a mí. ya que me confundieron con un hombre florero, pues se me ha ocurrido aparentarlo un poco y no se está nada mal. Además, que si ahora le digo mi tía, quedaría aún más extraño. No tienes remedio, hijo, y qué pena que no viváis más cerca, Dios. Como te hubiera malcriado. Terminaron deprisa el desayuno y Sergio, sin dejar que Carmen tocase las maletas siquiera, metió estas en el coche para, acto seguido, poner rumbo
hacia el pueblo. El reloj de muñeca de Carmen marcaba las diez de la mañana cuando el coche arrancó de nuevo pisando el asfalto. Sentada en el asiento del copiloto, con buena música de fondo y una grata compañía, se sentía dichosa, aunque el calor que comenzaba a aparecer en el ambiente cambiaría la situación. No entiendo una cosa tía.¿ Cómo nos puede tomar como pareja? O sea, me refiero que sí, tenemos edades diferentes y eso, pero tampoco hemos hecho nada que nos tomara como tal, ¿no? Ya te
dije Sergio, los que estaban allí eran pareja. Además cariño, tampoco harías nada si estuvieras cenando con tu novia, que te ibas a comer la boca delante de todos. Como mucho te sujetas la mano, lanzas miradas y ya. En las habitaciones es donde se hacen cosas más íntimas. Y te lo vuelvo a repetir, hay cosas peores que tú y yo, una mujer como yo, aún podría ligarse a un yogurín, dijo con la voz llena de orgullo. Que sí tía, si eso no lo dudo, pero no es
lo habitual. Ay, mi vida. Lo habitual no siempre es lo mejor. Sergio la miró extrañado, No entendía muy bien el significado, lo digo porque a veces el amor lo puedes encontrar en cualquier lado y con cualquier edad. Sergio sintió terminando la conversación, dejando que la música de la radio sonara durante un tiempo y disfrutar de ese silencio. Dentro del coche, aunque ninguno de los dos hablara, ambos sentían lo mismo, una comodidad que ninguna otra persona les
podría proporcionar en ese momento. Ninguno de los dos entendía ese extraño sentimiento, aunque no le tenían que dar un motivo, simplemente debían disfrutarlo.¿ El tío cuándo vuelve? Dijo Sergio rompiendo el silencio. Siendo sincera, no lo sé, ni él tampoco, quizá en una semana o quizá en más, me ha dicho que las negociaciones son pesadas. Era un tema que no le agradaba tratar. Cuando vuelva, si sigo aquí, me
paso y así le veo. Te vuelvo a decir, que si quieres puedes quedarte en casa, no hay ningún problema, no vas a ser ningún estorbo, vamos ni mucho menos. No tía, de verdad, además que así cuando llegue el tío estáis solos. Después de no verle durante tanto tiempo estarás con ganas de estar con él. Sí. No mentía. Carmen tenía ganas de estar cerca de su marido, pero en el fondo sabía que la relación llevaba fría desde
hacía muchos años y no era lo mismo. Podría decir que más que marido y mujer, eran dos conocidos que habían tomado la decisión de vivir juntos. Sergio sintió que la palabra que salía de la boca de su tía no iba acorde con lo que sentía. Aunque si quieres, el primer día lo puedo pasar contigo, además que mis amigos todavía no estarán. Vamos, faltaría más. Es que eso lo daba por hecho. Además, que la casa es grande y cuando estoy sola se me cae encima, me muero
de soledad allí dentro de verdad. Ya habían recorrido más de la mitad del viaje. Carmen se había quedado callada. El comentario de Sergio le removió algo por dentro. Ella y su marido no estaban bien, era un hecho. Tampoco la situación iba a desencadenar un divorcio, no tenían la edad para hacer esas cosas, o eso pensaba ella. Sin embargo, la distancia que les separaba era mucho mayor de la que les unía. Carmen no se dio cuenta de cómo tenía el rostro. Concentrado, tenso, similar a una roca, con
la vista perdida en el horizonte. Sergio al instante que la vio notó que algo no iba bien, ya que esa cara era la misma que ponía su madre y ella solía ponerla a menudo. Oye tía,¿ estás bien? Sí, sí, cariño, volviendo en sí sacando una falsa sonrisa, claro que sí, solo estaba pensando.¿ Puedo preguntarte en qué? Nada en mis cosas, la casa, las niñas, problemas de madre ya sabes, intentó disimular.
Es que tienes la misma cara que pone mi madre, incluso os ponéis un poco pálidas cuando estáis así y arrugáis el entrecejo de una forma feísima. Carmen se miró en el espejo del coche y vio que lo que decía su sobrino era cierto. El rostro había palidecido y su moreno de piscina ahora era nada más que una sombra, era evidente que algo la pasaba. Como no se me va a poner esta cara, pensaba mientras recordaba cómo su
marido cada vez tenía más viajes. Algunos se alargaban más de la cuenta por diversos motivos, todas las dudas que le surgían en cada partida eran pocas. Nunca le habían dado buenas sensaciones los viajes, pero ahora con más edad y con una cabeza más madura, Sabía que siempre que viajaba, aparte de negocios, pasaban más cosas. Era innegable, había pruebas que no se podían ocultar aunque ella tratara de no asumirlo. No sé, me habrá dado una bajada de azúcar o algo,
no te preocupes. Sergio tocó la pierna de su tía sintiendo que las cosas no iban bien. No podía ser sólo coincidencia que las dos hermanas tuvieran el mismo gesto, Si su madre lo ponía por problemas, su tía seguro que también.¿ De verdad, tía, estás bien?¿ Paramos si quieres? No, no, cariño, tía, de verdad, todo bien. En su mente siempre aparecían las imágenes de su marido en un burdel, disfrutando en otro
lugar lo que podía obtener en casa. Al menos de Postín, no en uno de mala muerte se consolaba a ella. mientras se lo imaginaba rodeado de sus colegas de negocios, brasileños, suecos, italianos, daba lo mismo. La película que se rodaba en su mente siempre era la misma, donde el teórico hombre de su vida acababa gozando de placeres que luego en casa ella no disfrutaba.¿ Cuántas veces lo había pensado estos años? No sabría decirlo, aunque cada vez era más frecuente porque
sabía que era real. Se había vuelto tal rutina que siempre que le decía que tenía que marchar, Carmen lo imaginaba entrando por la puerta del club de alterne. Apenas tenían relaciones, algunas después de una fiesta y casi siempre cuando estaban bebidos. Le costaba horrores admitirlo, pero la imagen de Pedro con otras mujeres, seguramente mucho más jóvenes que ella, le volvía loca de rabia. Sentía tal ira, tal traición que siempre que entraba en ese bucle, acababa hundida, humillada.
Sus ojos se humedecieron sin remedio, no podía evitarlo aunque lo intentó. Contuvo sus sentimientos luchando con todo su orgullo, no quería llorar delante de su sobrino, sin embargo la primera lágrima cayó. Trató rápidamente de limpiársela sin que Sergio lo notase. Pero por supuesto que Sergio se dio cuenta y sin decir nada, tomó la siguiente salida, estacionando en una gasolinera cercana.¿ Qué ha pasado, he dicho o he hecho algo malo? Por favor, mi vida, no. Son cosas
de tu tía, nada más. Si lo dices en voz alta igual te sientes mejor, a mí me vino bien contártelo de Marta Lazo, de mi ex. Carmen no pudo evitar reírse, los jóvenes pensaban que todo era tan fácil. Mientras miraba a su sobrino, contemplaba sus ojos llenos de infinita ternura, preocupación e interés, y entonces, la segunda lágrima descendió por su rostro. Pensó que podría darle una oportunidad a la idea de Sergio, estaba tan a gusto junto a él, que no era tan descabellado.¿ Por qué no?
No es tan fácil cariño, son cosas de pareja, tu tío y yo nos hemos distanciado y me da pena. No es que nos vayamos a divorciar ni mucho menos, pero es duro.¿ Es por eso entonces? Preguntó Sergio con preocupación. Sí, bueno, pero,¿ qué hacemos hablando de esto Sergio? No te quiero entretener con mis cosas de vieja loca, no te quiero dar el viaje. Río aunque otra lágrima le recorrió el pómulo por el mismo camino que las anteriores. Uno de sus
dedos la recogió para secarla en el pantalón. Tía, si no te ayuda la familia,¿ quién lo va a hacer? Carmen pasó su mano por el rostro de su sobrino con dulzura. En verdad se había convertido en un joven caballero. Se había dado cuenta en unas pocas miradas que su tía estaba afligida. que algo la devoraba por dentro y se había detenido sólo para escucharla, para estar con ella en un momento de tristeza. La mujer se dio cuenta de que sus ojos azules, húmedos por las lágrimas, lo
miraban de otra forma. Al volante de ese pequeño coche se veía tan gentil, tan puro, tan atento, tan apuesto.— Eres un sol, Sergio. Es muy duro lo que te voy a decir. tragó saliva con la esperanza que las palabras no dolieran tanto, con este distanciamiento, pienso que tu tío puede estar, las palabras no le fluían, decirlas era más difícil que pensarlas. Por mucha saliva que tragara su garganta parecía un desierto, puede que esté en un hotel como en el que hemos estado, pero no con una sobrina,¿
me comprendes? Entiendo, asintió el chico escondiendo la sorpresa por lo que escuchaba. No es la primera vez que lo pienso y bueno, no es que sea con amigas, sino, será con, Prosti, no quería acabar la palabra. Se llevó las manos al rostro para tratar de tapar la vergüenza que sentía, no lo soportaba, no es que tenga a una enamorada en cada lugar como un marinero. Quizá eso me dolería más, pero esto, me parte el corazón. No
creo que sea así, el tío es buena gente. Claro que lo es, pero hasta la buena gente puede hacerlo, el sexo es independiente a la personalidad de las personas. Si eres hombre sabrás que lo que tenéis ahí abajo, muchas veces piensa por sí solo. Eso Sergio lo entendía, quien le hubiera dicho que su ex, tan buena que era con él, iba a jugársela de esa manera, comprendía
a las mil maravillas lo que Carmen le contaba. Sin contar el tema del cerebro de abajo ese sí que lo conocía bien y sabía lo independiente que podía llegar a ser con el resto del cuerpo. No sé cómo apoyarte tía, solo te puedo decir que no pienses en ello, que cegaramente son suposiciones, nada más,¿ necesitas algo de mí?¿ Un abrazo? Dijo ella poniendo una media sonrisa y un rostro algo aniñado tras el fluir de las lágrimas. Por supuesto,
su sobrino se lo dio. La rodeó con sus brazos notando el calor que su tía emanaba y cómo su respiración comenzaba a convertirse en sollozos. Carmen hizo lo propio rodeándole con fuerza sin querer soltarle, como si fuera su único punto de apoyo en la tierra. El joven, que no encontraba más palabras añadir, le dio un beso fraternal
entre su pelo para tratar de calmarla. Después de un minuto ininterrumpido de estar juntos sin centímetros de por medio, Carmen se sentía realmente reconfortada, algo que no se hubiera imaginado. Se había quitado un peso de encima y era su sobrino quien la había ayudado. El efecto había sido tan rápido, algo tan sorprendente como si se tratase de dos amigos inseparables, de esos por los cuales podrías dar tu vida que
ellos te la devolverían. Los brazos de Carmen se abrieron soltando a su sobrino y ambos se miraron con una sonrisa en el rostro. A la mujer se le disiparon las ganas de llorar y aunque tenía claro que en algún momento volverían, sentía que habían sido recluidas a lo más hondo de su ser. No quería volver a llorar por ese tema nunca más. Había soltado el ancla que la ataba y no la dejaba aceptar los sucesos. Esas dudas, en dos frases y en un abrazo habían sido liberadas
y casi curadas. Le seguirían doliendo, no cabía duda, pero de otra forma y de lo que estaba segura es que jamás volvería a sufrir esa angustia y dolor. Sin embargo, Sergio sintiendo la misma plenitud que su tía, sentía algo más. El roce del abrazo, El sentir el aroma tan cercano de Carmen, su calor, su corazón, todo, le había hecho que una parte se activara. Cuando sus cuerpos se juntaron por completo a algo paso, los pechos de su tía se colocaron contra el suyo y lo sintió por completo.
No pudo evitarlo, la sangre sin pedir permiso, comenzó a bombear hacia abajo. No se permitía estropear un momento tan bonito y mientras Carmen se miraba al espejo limpiándose los últimos rastros de humedad, él se concentraba como si del peor examen se tratase para detener la erección. El cerebro de abajo. Salieron de su parada rumbo de nuevo a la carretera y al de un rato de conducción, justo
al comienzo de un puerto, por desgracia encontraron caravana. Las obras en la calzada, Sólo habían dejado un carril abierto para pasar y el embotellamiento de unir tres carriles en uno era terrible. Parados, con el asfalto caliente, la montonera de coches y el calor de agosto, aquello se había
convertido en una parrilla. Por supuesto, con el incesante calor ya dentro con ellos, Sergio se dio cuenta por primera vez qué importante podía ser el aire acondicionado en el coche.« Pues nos ha tocado», Ya me hice a la idea que alguna pillábamos, dijo el joven deteniendo el coche. Odio las caravanas, no hay nada peor, mira que para ir a veros no me topé con ninguna.¿ Qué va tía? Lo peor es el calor que hace. Casi es mediodía
y estoy asado. Yo ya llevo sudando un buen rato, se podía leer en su tono lo incómoda que estaba. El coche se encontraba parado y apenas se movía unos metros cada minuto. Los carriles pasaron de ser tres a ser dos y Sergio supuso que las obras estarían cerca, se equivocaba. Sin poder soportarlo más, se quitó la camiseta y la dejó en la parte de atrás hecha un ovillo.¿ Qué hace 50 grados? Unos 40 podía ser, pero no tantos, no aguanto,
qué calor. Carmen que estaba con la chaqueta puesta, se la tuvo que quitar, quedando solamente con la camisa blanca de buena tela. Sentía que el pantalón se le pegaba a la piel, el sudor empezaba a ser una lata, no podía con ello. Todo eso, sumado al calor que comenzaba a entrar sin parar en el coche, hizo que Carmen comenzara a tener la sensación de estar en un ataúd con ruedas. Hace un calor de mil demonios, matizó.
Lo peor, será llegar al pueblo y que hará frío, los dos rieron, tía es verte y me da un calor.¿ No te asas? Sí, pero¿ qué le voy a hacer? Por la ventanilla entra calor y el aire acondicionado solo da calor. De acondicionado no tiene nada, solo es aire. Pues ponte cómoda, que vamos a estar aquí un buen rato, nos hemos duchado para nada.¿ Qué quieres que haga?¿ Me tiro el agua por la cabeza? Decía ella simulando con la botella cerrada que lo hacía. También estará caliente, rieron ambos.
Felicidad parecía que no les faltaba. Sergio añadió, quítate algo. Sí, claro, me quito algo y que me vea todo el mundo. Quita, quita. Sergio se quedó con cara de circunstancia sin entender esa vergüenza que tenía su tía. Su madre en alguna ocasión similar se había quitado la camiseta, quedándose en sujetador delante de ellos y nadie de otros coches se fijaba, y
eso que tiene pechos para que la miren. El joven accionó el intermitente y según le dejaron paso, se colocó en el carril de la derecha, el otro que todavía seguía abierto. Quedándose sin conductores en el lado del copiloto, sólo el Arsén y Montevirgen. Así mejor. Preguntó el chico.¿ Qué no, Sergio?¿ Cómo me voy a quitar la ropa? Nadie te va a ver, como mucho algún conejo, vas a ser la comidilla de los animalitos del bosque. Prefiero ir así, acabó diciendo algo sonrojada sabiendo que se moriría
de calor. Como veas, tía, yo ahora voy mucho mejor, solo para tu información. No llegaron a transcurrir más de diez minutos, el coche se había vuelto una barbacoa, pareciendo incluso que se estaba mejor fuera que dentro, algo insufrible. Apenas habían avanzado treinta metros y a Carmen el sudor le caía en grandes gotas por la frente surcando sus pómulos sin que diera la sensación de inmutarse. Sin embargo, la sentía como punzadas en su rostro, no aguantaba más.
Es insoportable, dijo aunque su vergüenza, orgullo o algo que ni ella sabía qué era, le seguía manteniendo con la camisa y el pantalón. Yo he mejorado, tengo calor, pero mejor, sin la camiseta el aire ardiendo que entraba por la ventanilla no le agobiaba tanto. No me mientes, ¿verdad? Tócame el brazo, toca, Carmen pasó la mano por donde decía su sobrino, su piel estaba cálida, pero no húmeda, ni una gota. No lo aguanto, estos pantalones están calados y la camisa se me está pegando a la piel todo
el rato, qué sensación más, más. Sergio la dedicó una mirada, Carmen sabía lo que le estaba diciendo con esos ojos, sabía lo que tenía que hacer. sin embargo por alguna razón basada en la moralidad o en a saber que no se decidía. El muchacho se giró y buscó en su mochila mientras el coche seguía parado, sacando de ella un bañador corto que se lo pasó a Carmen. Esto es lo único que tengo, tía cámbiate, hazme el favor,
le dijo con voz seria. La mujer dudó con el bañador en la mano si hacerle caso a su sobrino. Aunque su agonía era mayor que su pudor, en un momento de decisión comenzó a desabrocharse el pantalón. Se lo bajó de manera rápida y nerviosa, pensando que en ese momento el mundo entero prestaría atención a lo que sucedía
en el coche. Sin embargo, al vestirse, el mundo seguía tal cual y ningún informativo prestó atención a sus piernas desnudas, su vergüenza había sido una tontería.« Mucho mejor», dijo Resoplan, los zapatos dejando los pies al aire con todas las uñas pintadas te lo dije es que con ese pantalón largo te iba a dar algo estás muy sudada bebe agua que a ver si te vas a deshidratar después de un trago de agua carmen vio que lo que le había dicho su sobrino tenía un efecto rápido parecía
que no se equivocaba con sus suposiciones y sin pensar en quien la vería esta vez le dijo¿ Tienes una camiseta holgada y que transpire, cariño?¿ Qué va, si no ya me la habría puesto? Todas son normales, si tuviera alguna de un equipo de fútbol o esas que dan de publicidad en alguna carrera. Una pena, Carmen se apartó el pelo algo mojado del rostro y añadió, bueno, ahora
mi vida, no mires, vale.¿ Por qué? Carmen se alzó la camisa por los hombros y la sacó con algo de gracilidad, a pesar de que estaba mojada y la piel la intentó retener. Sergio, que no había retirado la vista, no pudo evitar ver la lencería de encaje preciosa que llevaba y cómo sus pechos parecían tan mullidos como cuando los notó contra su cuerpo minutos atrás. La mirada se
detuvo en el tiempo. Con anterioridad había observado los senos de su tía ocultos bajo el bañador, Casi todos los veranos en la piscina de su casa echaba una ojeada. Sabía que eran bonitos, no le cabía duda. Pero en ese momento, con aquella lencería, experimentó una sensación de estar ante el mejor busto que sus ojos habían contemplado. Entendió que no tenía tanta razón al decir que ver a alguien en bañador o ropa interior es lo mismo.« Ostras, perdón»,
dijo Sergio en voz baja algo avergonzado. Tranquilo, no pasa nada, le contestó Carmen ajena a esa mirada que Sergio le dedicó. Mientras se ponía la camisa estirada por encima para que no se le viera el sujetador añadió, así está mejor. No hay ni comparación,¿ qué cambio? Mira que no hacerme caso. Es que hijo, una tiene su pudor algo sonrojada. Tía, no creo que nadie te mire. la gente está pendiente de cabrearse por el calor, como mucho te pondrán el ojo uno o dos segundos. Y si miran, pues que
se alegren la vista y ya. Los dos siguieron callados en el coche contemplando la caravana apenas sin moverse, extendiéndose a lo lejos de forma interminable. Apenas pasaron diez minutos, que Sergio vio la siguiente salida, algo se encendió en su mente y una gran idea surgió. Tía, no sé cuánto más estaremos aquí.¿ Quieres hacer un alto? Total, mejor estar fuera del coche,¿ no crees?¿ Tienes algo en mente? Preguntó intrigada. Qué bien se encontraba con el bañador y
su camisa sacada. Si cogemos esta salida, en diez minutos estaremos en un pantano. Solíamos parar cuando era pequeño e íbamos a ver a la abuela. Si te apetece, nos podemos dar un chapuzón. Pues, por su mente pasó el decir que no, que le apetecía llegar a casa, pero otra Carmen salió de su encierro. Una que olvidó hace muchos años y le dijo quién te espera en casa,¿ por qué no? Mejor que aquí vamos a estar. Que
lleguemos a la tarde no importa, nadie nos espera. Los dos rieron y después de veinte minutos exageradamente largos, Tomaron la salida para dirigirse al pantano. Al de unos minutos pudieron contemplar el pantano. Tal cantidad de agua ya les hacía humedecer sus cuerpos y Sergio dándose cuenta de que su bañador estaba en la cadera de su tía le preguntó.¿ Tienes bañador? Sí, metí por si quería tu madre ir a la playa, pero nada.¿ Tú vas a usar el mío, no?
Señalando su cadera. creo que sí, solo tengo ese me lo ha sudado mucho. Demasiado, añadió riéndose. Una vez aparcados comprobaron que no había casi gente, algo excepcional, puesto que con ese calor debería estar a rebosar. Prepararon todo y Sergio se quedó mirando un rato el móvil dentro del coche, eso sí, con las puertas abiertas y a la sombra
de una pequeña arboleda. No había reparado en la última parte del trayecto, pero entre el calor y el casual vistazo fugaz a la bonita lencería que escondía en los senos de su tía, su entrepierna había tenido un exceso de sangre. Bajo la tela un pequeño bulto había comenzado a emerger hasta formase un montículo dentro del calzoncillo. Como él mismo decía, la tenía un poco morcillona nada alarmante,
aunque sí extraño. Sergio, cariño, ven, le dijo Carmen desde el otro lado del vehículo, ponte un momento delante de la puerta con la toalla.¿ Te vuelve a dar pudor, tía? Sonrió de forma pícara al tiempo que caminaba hacia ella, aquí no te van a ver ni las moscas. Bueno, tú aguanta ya. Se levantó del asiento y saliendo del coche añadió, y por favor, no mires, cariño. Sergio abrió
los brazos estirando la toalla. Ladeó su cabeza mirando al pantano mientras su tía se quitaba el bañador que le había dejado y se ponía el que en verdad le correspondía. El muchacho se cambió con más naturalidad sin pudor a que nadie le viera el trasero cuando se quitó el pantalón, aunque quién le iba a ver. Apenas habría un puñado
de bañistas. En la orilla del pantano, Carmen se metió poco a poco y mientras que el joven como buen adolescente insensato lo hizo de golpe, incluso salpicando algo de agua a su pobre tía la cual se quejó aidadamente. Mientras el cuerpo de la mujer se sumergía lentamente en el agua, su sobrino jugaba a su alrededor pese a las advertencias de ésta para que no le mojara el pelo. De poco sirvieron, al final Sergio acabó empujándola al ver la poca decisión de la mujer. Sergio gritó a pleno pulmón,
al volver a la superficie. Vamos Carmen, disfruta, que pelo ni que pala, refrescate que esto es una gozada. El joven se marchó nadando, quizá también para evitar posibles represalias de parte de la mujer. Su tía lo observaba aún pasándose la mano por el pelo y tratando de peinarlo, el enfado momentáneo se disipó y las ganas de gritarle se esfumaron dando paso a una risa incontrolable.¿ Cómo puede
ser tan alegre? pensó. Se tumbó sobre el agua boca arriba, quedándose como decía su padre muerta, flotando, dejándose llevar por el agua. Los oídos sumergidos bajo el pantano no la permitían escuchar nada, solo sus pensamientos. Pensó en su marido, lo que últimamente rondaba con más frecuencia en su mente y el posible adulterio que solo su mente se negaba a admitir. Recordó aquella mancha de carmín en su ropa, la tenía totalmente olvidada. Como una buena mujer sumisa, eso
era ella. Lo había tomado como algo casual, él o era, porque se negaba a aceptar la realidad. Dio vueltas en su cabeza a las irrefutables pruebas, siempre habían estado allí, porque no las quería ver. Su mente parecía evitar el sufrimiento y saltaron pensamientos positivos, alejadas de su marido, cosas buenas, las últimas cosas buenas, su sobrino, el viaje, que bien lo estaba pasando. Demasiado bien, le advirtió una voz de pronto que podría ser su conciencia, Pepito Grillo o el
mismo diablo. Notaba en su interior como otra Carmen estaba emergiendo, ninguna nueva, sino una muy vieja que hace años se encerró en sí misma. quizá por la edad, quizá por la rutina, pero allí estaba apresada. Una mujer algo más alocada, más decidida, más independiente, más directa. Se había quitado la ropa delante de su sobrino y ahora se sumergía en un pantano, no eran pasos gigantes, pero quizás y los
primeros de un cambio. Los clichés absurdos de la vejez desaparecían y parecía que la joven Carmen, la que disfrutaba junto a su hermana, Estaba volviendo a salir del foso donde la había introducido. Después de un tiempo, su sobrino se acercó nadando hasta su posición, se incorporó posando sus pies en las piedras del suelo. Se había alejado un poco de la orilla y el agua le cubría por debajo de sus senos.¿ Qué tal? Se interesó el joven. No me puedo quejar, contestó en un tono suave, como
si fuera una confidencia. Me parece que te quedas corta, ella le guiñó el ojo de manera cómplice, ahora nos faltaría una cama como la del hotel y a descansar, no vendría mal una siesta. En mi casa vas a tener una cama grande, no te preocupes. Se sorprendió de lo que salió de su boca, era un comentario que podría malinterpretarse, aunque menos mal que era su sobrino a quien iba dirigido y no otro cualquiera. Le pareció extraña la situación, aunque el siguiente movimiento le sorprendió aún más.
Fue un instante, menos de un segundo, quizá una fracción de tiempo, un lapso tan rápido que la propia Carmen dudó si había sucedido. Vio como los ojos de Sergio bajaban desde su rostro, pasaban por su cuello y por un tiempo tan limitado que no se podía medir, se quedaban observando sus pechos que flotaban al ras del agua. Tenía unos senos bonitos, no había duda, hacía poco que se los había retocado. La edad no perdonaba y se comenzaban a caer, pero el cirujano hizo un buen trabajo
elevándolos de nuevo. Nada de prótesis, solos unos cortes por aquí, coser por allá, trabajo desastre que dejo todo como estaba antes. Era la segunda parte de su cuerpo que más le gustaba, siempre detrás de sus preciosos ojos azules. Sin embargo, aquella mirada, aquel flash, por muy pequeño que fuera, no la irritó. No le pareció una sinvergüencería de su sobrino, por raro que le parecía, una pequeña corriente eléctrica le recorrió la espalda,
le había gustado. Yo igual me voy saliendo, que ya estoy muy arrugado, añadió el joven, con un leve cambio en su tono de voz. Bien, ahora voy yo. Cuando Carmen se decidió a salir a los pocos minutos, observó a Sergio como se secaba a lo lejos junto al coche. De nuevo en sus ojos la imagen del cuerpo delgado con un leve toque moreno debido al sol del verano. Incluso su cabello se había clareado algo debido al sol, ahora daba la sensación de ser más castaño que de
costumbre quizá con algún que otro reflejo rubio. Era un adolescente en toda regla, con las hormonas desatadas, No era tan extraño que perdiera la vista en el cuerpo de su tía, todavía era una mujer deseable. Por mucho que ambos fueran familia, seguían siendo un hombre y una mujer. Carmen sacudió su cabeza para dejar de pensar en ello. Este niño es un canalla, se dijo a sí misma. Cogió el monedero que tenía al lado de la toalla y se dirigió a una pequeña tienda que más parecía
un chiringuito de playa. Se detuvo a ojear la ropa que tenían expuesta mientras se secaba y decidió comprarse un pareo de cuerpo entero. La vuelta en el coche cegaramente sería igual de calurosa y no le apetecía tomar de nuevo prestado el bañador de su sobrino. La tela era bastante mona, tenía varios colores y le llegaba hasta los muslos, perfecto para seguir en la carretera. Con su nueva compra,
se fue acercando al coche, pero aminoró la marcha. Sergio seguía cambiándose y en un momento, sin querer, pudo ver su trasero desnudo. Se había terminado de secar y justo se iba a poner el calzoncillo. Un pequeño cosquilleo le recorrió la espalda al ver esa imagen, su sobrino estaba en ese preciso instante totalmente desnudo. Lo que había visto en el hotel ahora lo podía asegurar, parecía un cuerpo fibroso, sin músculos excesivos y el trasero... Le pareció que eran
dos nalgas duras como rocas. Se obligó en un momento a que sus ojos sotearan cualquier otra cosa que no fuera su sobrino.¿ Cómo podía mirar aquel cuerpo desnudo de su sobrino? Por un momento se sintió culpable, como si estuviera viendo al mismo diablo y susurró por favor. Sobrino le llamó mientras llegaba para avisar que estaba cerca. Mira,¿ te gusta? Se giró un poco mientras el joven la observaba. Te queda chulo, así vas a pasar mucho mejor el
resto del viaje. Recogiendo todo y aireando un poco el coche, ambos se introdujeron en su interior para proseguir con el viaje. A los pocos minutos, llegaron de nuevo a la caravana que les recibía con los brazos abiertos, aunque con el frescor del baño todavía latente en sus pieles, la travesía sería mucho más agradable. Bueno, de vuelta a la pelea, dijo Sergio. Da igual, no hay prisa.¿ Quién lo diría, si cuando salimos de casa tenías unas ganas terribles de llegar?
Me lo estoy tomando con calma,¿ no te parece bien? Con una sonrisa en el rostro que parecía imborrable,¿ prefieres que sea la tía agobiada? Me parece fenomenal, yo tengo todo el tiempo del mundo. El pareo que Carmen se había comprobado tenía unos cordeles en el escote a modo más de adorno que eficaces. Se podía aflojar o apretar según el caso, aunque no era necesario, la medida era la correcta para dejar algo a la imaginación y que el aire circulase. Sergio no pudo evitarlo, desde el pantano
algo le picaba dentro del cuerpo. Había contemplado antes, por error o por curiosidad, tenía dudas de eso, a su tía en bañador. De nuevo en la caravana, con el coche parado y Carmen a su lado, la insana curiosidad volvió a su cuerpo. Con el rabillo del ojo podía ver los muslos al aire que su tía mostraba, pero no le era suficiente, quería otra cosa, una cosa que
había visto en el agua. Fue una mirada rápida, Volteó la cabeza disimulando mirar el salvaje monte que quedaba a su derecha, pero un ojo se dirigió al escote de Carmen. La silueta le pareció magnífica, unos senos bien puestos y de buen tamaño, medida perfecta para su gusto, lástima que el canalillo sólo dejara ver una pequeña parte del total. La mirada no pasó desapercibida. Carmen la sintió. Otra vez fue tan rápida que apenas vio los ojos del joven
en movimiento. pero ese pequeño disimulo mirando el monte era demasiado descarado, era la segunda vez que miraba sus senos en una hora. Apretó sus piernas algo nerviosas, no sabía qué hacer. Por su mente fluyeron varias opciones, decirle algo, enfadarse, dejarlo pasar, no había tenido hijos, no sabía qué era lo adecuado en esa situación. No entendía muy bien cómo era un adolescente masculino, aunque por otro lado, una pregunta, más que ninguna otra, resonó en su cabeza en verdad
le había molestado. Sus piernas siguieron de forma inconsciente apretándose más y más,¿ por qué se sentía tan, tan, bien?¿ Qué estaba pasando? Nunca se había sentido tan descolocada. Recapacitó sobre las miradas, sería algo inocente, algo que un chico haría casi por instinto, aunque Sergio ya no era un niño, era un hombre. Aquello volvió a sonar en su mente como un grito desesperado por hacerse escuchar un hombre. Su cabeza le decía que era coincidencia, casualidad, nada más, incluso
quizá un error suyo de apreciación. Sin embargo, en sus fueros más internos, algo le dijo que no, que le había mirado con la intención de escrutar su fisionomía. De pronto sintió algo, una sensación nacida de su vientre, o quizá algo más abajo. como si un interruptor volviera a ser pulsado, una llama, no más grande que la de
una cerilla nacía en su interior. Con el calor insoportable que seguía azotando sin piedad, su siguiente movimiento parecería de lo más habitual y se concienció en que no tenía nada que ver con lo que estaba haciendo Sergio. Llevó su mano hasta los cordeles y tiró de estos haciendo que la tela se separase. Sus manos actuaron solas, el escote se abrió demasiado, la vergüenza de antes volvió a aparecer y se preguntó qué estoy haciendo. Podría volver a
apretarlos con cuidado, se veía demasiado. No actuó con lógica o raciocinio, y no se tapó algo que mostrarlo le hubiera parecido del todo inapropiado. Sin embargo, lo que por instinto le salió de lo más profundo de su ser fue mojarse sus secos labios por el calor o los nervios y abrir la boca para llamar la atención de su sobrino.¿ Cuánto crees que quedará de caravana? Ni idea, antes ponía el cartel de dos kilómetros más de obras,
o sea que quizá poco, pero vete a saber. Cuando lleguemos me da que lo primero que voy a hacer será comer y tú. Inconscientemente o quizá muy conscientemente, pasó sus brazos por debajo de sus pechos haciendo que éstos se juntasen y lograr un efecto de aumento. Esperó con paciencia sin perder los ojos de su sobrino a que éste posara la vista en ella. No había duda, otra
vez sucedió, esta vez lo había pillado. Los ojos del joven habían descendido en un pestañeo hasta el canalillo abierto por ella misma y por menos de un segundo contemplaron lo que allí había.¿ Qué hago, joder? se preguntó acomodándose en el asiento. Su sobrino la había mirado, ya eran tres veces,¿ tres que puedo hacer?¿ qué debo hacer? Antes de encontrar una respuesta escuchó la respuesta de Sergio. Tendré que comer algo. Carmen notó algo en su tono, casi inaudible.
Su voz se quebró por un pequeño instante, estaba nervioso, cegaramente por su culpa. Quizá era ella la instigadora, la que le ponía todas las miradas en bandeja, la que estaba provocando a su propio sobrino. Jamás se había imaginado una situación así, era impensable, aunque por otro lado, en su interior, la llama que hacia breves instantes nació, ahora pretendía crecer con fuerza. El sorprendente calor e inesperado, comenzó
a arder dentro de ella. Una sensación que hacía muchos años desapareció y de la cual apenas tenía borrosos recuerdos. Las pupilas se le dilataron, La respiración se agitó y sus pómulos fueron invadidos por un color rojizo. Con voz alterada en su interior sin poder creérselo se dijo, no puede ser, me, me, estoy poniendo.¿ Qué vas a hacer estos días? Escuchó que le preguntaba Sergio sacándola de esos pensamientos. No lo he planeado, hoy ya nada. Bueno, estar con
mi sobrino favorito por supuesto, pero mañana no sé. Tampoco lo sé, cuando llegue algún amigo saldré con él, pero debería ir a instalarme donde la abuela cuando antes. Esta tarde la puedo pasar descansado, o, hacemos algo si te apetece. La frase en la cabeza de Sergio no sonó tan mal como en su boca. Le dio la sensación de estar invitando a su tía a algo más que lo obvio entre familiares. Aunque,¿ por qué le sonaba tan mal?
Era Carmen, la misma de siempre, nada más. Puedes ir al jardín y estar en la piscina toda la tarde, yo quizá me prepare un cóctel y tome el sol, creo que me lo merezco.¿ Eres una mujer millonaria de película? Añadió Sergio medio en broma, medio en serio, necesitaba bromear para evadir sus pensamientos. Cariño, millonarios no somos, pero hay placeres que me los puedo permitir y un cóctel al sol es uno. No es mala vida tía, de mayor
me gustaría tenerla. Trabaja duro, qué buena cabeza tienes. Estudia y todo irá sobre ruedas, verás como tu tía tiene razón. El cambio de conversación le había venido bien para calmar su cuerpo.¿ Cuándo erais jóvenes os imaginabais la vida así? Sergio se sorprendió al ver que Carmen comenzaba a reír. Para nada. Cuando yo era joven, me esperaba una vida totalmente diferente.¿ Me la cuentas?¿ Quieres que te cuente historias
de la edad de los dinosaurios, cariño? Tiempo tenemos, añadió lo siguiente que a Carmen le encantó escuchar y me gusta escucharte. Pues te la cuento sin problemas, hace cuanto que no me prestan esta atención, se dijo mientras recordaba su vida. Nosotros vivíamos en el pueblo y lo que siempre queríamos era salir de ahí, descubrir el mundo, tu madre decía de pequeña que descubriría otro continente como hizo Colón. Miraba el globo terráqueo y señalaba zonas sin parar en
el mar, decía, aquí, Carmen, aquí. La mujer sonrió mientras los recuerdos la transportaban a una época más sencilla, los años pasaban y esa rebeldía, esa pizca de locura, se fue disminuyendo. más que nada por la sociedad, al fin y al cabo era un pueblo pequeño, aunque nunca nos
quitaron las ganas de disfrutar a nuestro modo. Soñábamos con recorrer el mundo en caravana, aprender idiomas en países diferentes, descubrir gente nueva y, dudos y seguir, pero,¿ por qué no, conocer hombres que nos amaran con más pasión una noche, que otros en una vida entera?¿ Qué cambio? Cambio que te haces mayor, yo conocí a tu tío y los
sueños de adolescencia se esfuman. Resopló levemente y siguió, me enamoré y poco a poco perdí ese fuego interno, esa pizca de locura que nos caracterizaba a tu madre y a mí. Pienso, estoy segura, de que tu madre también lo ha perdido, le pasó lo mismo que a mí. Esa que cuentas, no parece mi madre, sonrió Sergio. Sí que lo era, cariño. Mi hermana siempre me siguió, era su modelo, queda mal que lo diga yo, pero sí. Me tomó de referencia y las dos pensábamos igual, al
final es lo normal, era su hermana mayor. Sonrió con la mente en aquella época y añadió, te diré un secreto, era algo envidiosilla, si yo tenía algo, ella también lo quería, no por mal, sino por afán de superación. Si subía un monte ella también, si yo nadaba en dos minutos de un lado a otro, ella intentaba en uno, si yo tenía novio, ella lo buscaba, Carmen cayó de pronto. Su comodidad le había llevado a soltar su lengua demasiado.¿ Qué pasa tía? Sergio la miró fijamente, estaba hilando cabos
al tiempo que conducía por la caravana. si la competitividad de su madre era tal y quería superar a su hermana,¿ qué tenía que ver eso del novio? Nada, una tontería, olvídalo, se me ha ido la cabeza, estaba pensando en otra cosa. Sé que mis padres se conocieron a la par que vosotros, ¿no? Ellos algo más tarde, pero más o menos, sí. Estás
diciendo que lo hizo por envidia o cierta competitividad. Le dijo Sergio pareciendo que la idea era de lo más estúpida.« A ver, cariño, no, bueno, mira no sé, la situación era que cuando yo estaba con Pedro, ella decía que quería también un novio. Salimos un día y Mari fue con la intención de encontrar pareja, siempre decía que tu tío y yo éramos muy felices que ella quería eso. Tus padres bailaron y se conocieron ese día». Miró a sus piernas donde sus manos jugaban con hilo suelto del pareo.
Esto que te digo, solo lo sé yo. Al de un tiempo tuvo dudas, estuvo un tiempo mal, pero cuando naciste todas se disiparon. Se llevó una mano al rostro notando un calor que la poseía y siguió algo preocupada. Joder, Sergio, creo que no soy la adecuada para contarte eso. No quiero que te imagines cosas que no son. Alucino. me estás diciendo que están juntos por casualidad. No es eso, solo que a partir de ese día casualmente encontró a tu padre, el amor es muy caprichoso. Sé que al
principio le costó, pero a tu padre le quiere muchísimo. Además,¿ a qué pareja no le cuesta? Vaya, solo pudo decir el joven, que no reparó en la pregunta de su tía. Un adolescente solo entiende el amor como algo maravilloso, no algo complicado. Esto Sergio no debería haberlo contado, es algo que debería haberte dicho tu madre, si ella quería. Lo siento mucho de verdad si te sienta mal, es que estoy tan a gusto que no sé, se me ha ido la lengua sola, espero que hagas como si no
te hubiera dicho nada. Tía sintió la agitación de Carmen por haber metido la pata. Pasó su mano hasta la pierna de ésta, rozando su piel calentada al sol y le sonrió para seguir diciéndola, no te preocupes de verdad, no diré nada. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
