AVENTURAS HUMEDAS - PARTE 16 - podcast episode cover

AVENTURAS HUMEDAS - PARTE 16

Jun 10, 20261 hr 5 min
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Speaker 2

Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos...

Speaker 3

Aventuras húmedas, parte 16. Etapa 2, cap 9 y 10. Era un caballo desbocado

Speaker 2

dando zancadas de varios metros. Cualquiera que le hubiera visto pensaría que huida de la misma muerte... pero no había nadie que le viera, ni siquiera su hermana, que ya comenzaba la última recta en dirección a casa. El corazón le estallaba y no del cansancio por la carrera, sino por la tensión de lo prohibido. Había llegado al portal en menos de dos minutos cuando caminando hubiera necesitado mínimo cinco.

Llamó al portero con los pulmones ardiendo, menos mal que nadie preguntó, sólo oyó el sonido de la cerradura metálica abriéndose. Si hubiera tenido que decir una mísera palabra, no hubiera podido. Esperó al ascensor, primero porque debía descansar y segundo porque se quería hacer un poco de rogar. A buenas horas saltó su mente racional, como si Alicia no supiera a lo que vienes. El ascensor le dejó en el quinto piso y la puerta de más a la derecha ya

estaba abierta. Allí posaba su amante, Alicia, con un pijama corto y unas zapatillas peludas que asemejaban un conejo. Dio el primer paso acercándose a la joven. Una pequeña voz en su interior le decía que recordase a su novia, que Marta no merecía eso, pero era algo tan lejano, un eco venido de la cima de un monte que

no se podía escuchar. Alicia comenzó a cerrar la puerta, sin embargo, antes de conseguirlo el chico que tan ardiente parecía, ya la había rodeado con sus brazos y comenzaba a besarla. Los besos se sucedían sin parar, el sabor a alcohol no les parecía para nada desagradable y mientras la puerta se cerraba con brusquedad, la jovencita era alzada en brazos. Las manos de Sergio aferradas con dureza a las nalgas de la joven la llevaban en volandas por el descansillo.

Toparon con una pared y Alicia movió la cadera para sentir algo que la golpeada era el pene del joven que ya venía preparado. Sigue el pasillo y a la derecha. Pudo decir la muchacha mientras sus lenguas batallaban con ferocidad. Sergio la llevó sin soltarla ni por un momento, recorrió el pasillo y después se paró en la puerta de la sala. Allí se adentró y la depositó en el sofá, Se sentía con tanta fuerza que la chica apenas le

pesaba más que un papel. La adrenalina en su cuerpo, sumado a lo caliente que estaba le hacía sentir que podía hacer cualquier cosa. Me has hecho esperarte un poco, saltó Alicia sentada contra el respaldo del sofá. Ahora lo compenso, Sergio no quería hablar, solo pensaba en una cosa, sexo. Se sentó a su lado y con ganas pasó su mano por la pierna desnuda de la muchacha que río al notar el cosquilleo que le producía. Los dedos curiosos avanzaban por la suave piel que a cada centímetro se

erizaba aún más. Estaba muy cerca del pequeño pantaloncito que cubría una zona que Sergio deseaba probar, unos pocos milímetros le separaban, apretó esa parte del muslo con ganas antes de llegar. Sin embargo, Alicia le detuvo. Colocó su mano en la muñeca del chico y paró su avance sin ofrecer ningún motivo. Le miró con ojos deseosos, no se comprendía que podía pasar y menos una mente como la de Sergio que entre la calentura y el alcohol se había vuelto la de un chimpancé.¿ Está

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todo bien? Preguntó Alicia con su mano aferrándola del joven. ¿Cómo? Lo digo por tu novia. No creo que sea el momento

Speaker 2

de hablar de eso. Casi se sentía indignado por que Marta saliera en ese instante, si nunca hablaban de ello por algo sería. Lo que no me apetece es que mañana estés mal, quiero que no te arrepientas.

Speaker 3

Si estoy

Speaker 2

aquí, no creo que me vaya a arrepentir. No sabía lo que decía. Sergio lanzó un beso que Alicia evitó colocando su mejilla donde deberían estar los labios. Comenzó a besarle poco a poco y al llegar a su oído, la amiga de Laura susurró.

Speaker 3

Esto lleva a algo más? No lo sé.

Speaker 2

El joven torció el gesto para después sonreír al notar un pequeño mordisco de la chica,¿ quién sabe? Mañana lo podré pensar mejor. Alicia aspiró con fuerza, le agarró el rostro y girándolo hacia ella, le besó con toda la pasión que tenía dentro. Sin dejar pensar al muchacho, se montó encima de él dejando una pierna a cada lado. Sus manos calientes por el ambiente acogedor del hogar pasaron por el pecho de Sergio levantando la camiseta y el jersey.

Contrastaban con los dedos gélidos del joven que trataba de calentarse apretando con fuerza sendas nalgas. Estaría bien que quisieras algo más, dijo en un momento Alicia separando los labios. Veamos qué pasa hoy y pensaremos mejor en unas horas. La joven con rapidez cogió la parte baja de su camiseta de pijama y con unos pómulos rojos e inflamados debido al erotismo, se la quitó de golpe, dejando que cayera en el sofá.¿ Te gustaría tener esto todos los días?

Alicia se pasó sus manos por los senos haciendo que los pezones rosados se le endurecieran levemente. Las nalgas de la muchacha habían sido abandonadas por las manos de Sergio que ahora surcaban la cintura para llegar a esos dos montes que tanto se parecían a los de Marta.¿ En qué momento se le pasaba su novia por la cabeza? Podría decirse que en tamaño y color eran similares, aún así, su cerebro le jugaba una mala pasada. Cerró y abrió los ojos para centrarse. Esa voz de su interior, la

cual rugía por salir, le estaba molestando. Aún estaba dentro de un pozo de varios metros lleno de agua, pero ni con esa se callaba, su conciencia era fuerte.—¿ Estaría bien? contestó como un autónomo. Había tenido unos senos más grandes entre las manos, incluso más esponjosos, sin embargo, los de Alicia le parecían nuevos. Pensó que podían estar inmaculados, como si nadie hubiera pasado antes por allí, iba a ser

Neil Armstrong en los pechos de la joven. Aunque solo era una sensación, más de un chico había probado la delicada piel que Alicia tenía por esa zona. Entonces me vas a tener que invitar un día a, no sé, al cine o a cenar, ¿no? Las manos de la joven se enredaban en el pelo de Sergio mientras hablaba y cuando éste comenzó a sentir a la pregunta de la chica, ella lo atrajó hacia su cuerpo. No sabía

ni qué contestar, ni siquiera cuál era la pregunta. Movió la cabeza por alcanzar su objetivo, parecido al niño que dice que no lo volverá a hacer solo para volver a jugar. La boca encajó a la perfección con la mama de la joven cumpleañera, que suspiró al notar la ardiente saliva. La lengua describió un movimiento circular en torno a la protuberancia que logró la completa erección, sólo quedaba

una cosa, sorberlo. Sergio pensaba que aquello podía acabar en cualquier momento, que su estúpida conciencia saldría a la luz, lanzaría a la chica por los aires y se iría tan rápido como había venido. Sin embargo, era muy poco probable. Con el pezón aferrado por sus labios, los únicos pensamientos que tenía eran sobre Alicia. Marta era un simple borrón en su memoria y ni siquiera pensaba en si su

hermana había llegado ya a casa. Sólo quería gozar. Las manos de la joven soltaron el cabello y se fueron directas a la entrepierna de éste. Con poca maña, pero algo de cierto, logró desabrochar el pantalón e introducir una mano por dentro de la ropa interior. El bulto ya era considerable. Solo le faltaba salir a que le diera la luz como a una planta y crecer del todo.

Alicia no dudó en abrir los ojos de sorpresa al notar toda la carne en su mano, decididamente había tenido suerte.¿ Qué tienes aquí?

Speaker 3

Preguntó sorprendida al mismo tiempo que gozaba del masaje con la lengua.

Speaker 2

Quieres verla? Sergio estaba caliente como nuca, Notando el seno en su boca se sentía de lo más afortunado y no pensaba parar hasta que las piernas se lo permitieran. Su cabeza no regia, solo se dejaba llevar por ese yo caliente. Le apetecía tumbar a la muchacha en el sofá y someterla con tantas penetraciones que perdiera todos sus líquidos. Antes de que respondiera se percató de una cosa tan obvia que en ningún momento había calculado. En su cartera

sólo había dinero, tarjetas y pelusas, ni un preservativo. Con los ojos abiertos y únicamente lamiendo con su lengua el pezón derecho de la joven, la

Speaker 3

miró para preguntarla.—¿ Tienes condón?— Sí. Sonrió

Speaker 2

avergonzada y dándole un tierno beso en los labios, alejado de la pasión del comienzo, añadió, lo he dejado preparado en la mesa. Sergio no contuvo la mueca de satisfacción y se levantó dejando a la chica en el sofá. El envoltorio de color aluminio estaba a la vista, preparado para la gran ocasión. No perdió tiempo en historias, se deshizo de la parte de arriba de la ropa y después de la de abajo en un visto y no visto.

No le dejaba todavía ver lo que tenía entre las piernas a su amante, quería que fuera una sorpresa, aunque ya lo había palpado y en su imaginación estaba claro. Sin embargo, Sergio en su estado embriagado y ardiente quería pavonearse ante la joven. Se giró con el preservativo ya sacado en sus manos, su cara dibujaba una sonrisa estúpida

que gritaba mira lo que tengo, nena. Pero Alicia no fue la única sorprendida, Sergio vio como la joven se había desvestido mientras él hacia el indio quedándose sentada en el sofá con las piernas abiertas. Estaba expuesta a todo lo que tuviera que venir. Un sexo rosado y algo mojado resplandecía con las tres luces del salón. El joven clavó su mirada, era un aperitivo listo para ser devorado, pero no quería perder el tiempo en preliminares, tenían que

ir directamente al postre. Vaya. Qué polla, resopló Alicia llena de una pasión incontrolable. Es tu regalo, Alicia. Sergio se colocó el condón con poca maña quitando el glamour que pensaba que tenía, 18 centímetros, uno por cada año. Ella soltó una risa nerviosa y caliente, algo que pareció más un hipo que una carcajada. No importaba que hiciera los sonidos que quisiera, Sergio sólo tenía ojos para lo que poseía

entre las piernas. Con dos pasos rápidos se puso frente a la chica y que sin cerrar las piernas le esperaba con ansiedad. Sergio se mordió el labio para contener los primeros impulsos de desenfreno y admiró la chica tan bella que tenía delante, mucho mejor que en la foto del bikini. Pensó mil cosas en aquel instante, incluso en que le podría pedir hacérselo con el bikini puesto, sin embargo, hizo lo más obvio, comenzar el coito. Cogió de las piernas a su amante y la levantó en el aire

sin pedirla permiso. El sofá como buen chaise longue tenía una parte más alargada que Sergio acertadamente denominaba la L. Allí la depositó sin perder un gramo de fuerza. Realmente estaba tan acelerado que aquella mujer no le pesaba nada, cegaramente podría hacérselo durante horas. Colocándola justo en la esquina, con cada nalga separada por la punta del cojín, sujetó sus piernas y ésta se apoyó en sus antebrazos para

dejarse hacer. El pene estaba dispuesto, el condón tenía cierta lubricación que haría la entrada perfecta, sin obviar la humedad que Alicia cultivó durante toda la noche. Todo aquello lograba que el interior de la boca de Sergio salivase. En aquel momento, de nuevo, como un flash, Marta apareció en su cabeza. Una imagen rápida de ella sonriendo y diciéndole que le quería, aquellas risas que habían tenido justo después de ver a Alicia por primera vez. Todo duró menos

de medio segundo, fue muy rápido. Pensó en qué diría su preciosa tía, incluso, qué diría su... ¿Preciosa? Madre,¿ qué hago pensando en ella? Volvió a salir de su mente viendo a la amante que yacía encima del sofá esperando por una penetración que se eternizaba. Alguna duda le había asaltado, pero con la mirada fija en los preciosos ojos color avellana de la joven y en como su pecho rugía al aspirar, metió su pene en lo

Speaker 3

más profundo. Joder. Alicia dio un verdadero alarido

Speaker 2

Un grito de placer extremo, sorpresa y conocimiento personal. Este último, por descubrir cuán profundo era su vagina. Más. Preguntó Sergio enaltecido por saber que podía

Speaker 3

proporcionar un gran placer. Sí, sí, hazlo otra vez. Sergio

Speaker 2

repitió la misma jugada. Sacó su pene duro y repleto de venas que simulaban las raíces de un árbol y de nuevo lo dirigió a la entrada de la muchacha. Entró con fuerza por segunda vez, hasta que su sexo se quedó completamente en el interior y sus genitales acariciaban el ano de Alicia. Me cago en, replicó esta vez en un tono más moderado. Con esto ya ha valido la pena que

Speaker 3

vinieras. No, Alicia, no. Todavía queda lo mejor.

Speaker 2

Con un ritmo rápido volvió a entrar y salir de un sexo que comenzaba a palpitar después de pocas acometidas. Las manos de Sergio aferraban la parte trasera de los muslos de Alicia dejando sus rodillas casi en el rostro de la joven. Estaba más abierta de lo que nunca había estado en la vida, ver desde esa posición al hermano de su amiga metiendo sin parar su miembro mientras ponía caras de pasión era impagable. Lo que tanto anhelaban ambos llegó. nada más par de minutos después de la

primera entrada. Alicia que llevaba sin sexo más tiempo del que desearía, estaba demasiado sensible y todo lo que había esperado para tener aquel coito la hizo explotar. Las entradas ya no eran tan profundas, sino rápidas. La boca de la joven sólo aspiraba aire mientras miraba como una y otra vez era penetrada con una pasión que la desbordaba. Agarró con fuerza la nuca del joven y la acercó todo lo que pudo hasta su boca. Fóllame, que me corro,

suplicó entre dientes. Sergio volvió a sacar esa parte ardiente que pocas veces había visto. Comenzó con unas entradas poderosas que al llegar al fondo de la muchacha hacían que unas cuantas gotas salieran disparadas del sexo. Era como ver gotear en un charco, algo imperceptible. pero después de unas cuantas entradas y salidas de ese tipo, al tiempo que Alicia gemía sin parar, tanto el sofá como las piernas de ambos quedaron humedecidas. Ya está, ya está. Joder. Qué gusto.

Sentenció Alicia soltando las manos de la nuca de su amante y agarrándose el pelo con fuerza. Un grito sonó atronador dentro de las cuatro paredes cuando Sergio introdujo todo de golpe, notando que el orgasmo estaba allí. La vagina convulsionó, todo el interior masajeó el tronco y el prepucio del joven que seguía haciendo fuerza para ganar milímetros allí dentro. Alicia estiró un sonido irreconocible hasta la estenación y volteó

los ojos hasta dejarlos blancos. Su cabello negro yacía en el sofá como una línea de conexiones neuronales, todas con el mismo destino, el rostro rojo de la chica. Sacó su herramienta del interior viendo lo dilatado que había quedado el sexo opuesto. Se sentía realmente bien, como si el trabajo estuviera bien hecho, pero aún quedaba más. No lo hizo de forma descortés, únicamente le faltó algo de caballerosidad.

Sergio cogió la mano de la chica con dulzura y sin dejar que el orgasmo abandonara su cuerpo, la subió de nuevo en volandas. Siempre había querido probar una cosa y ahora se veía con muchas fuerzas para hacerlo. Alicia, métetela. La joven todavía con el rostro descompuesto y algo perdida, pasó su torpe mano entre ambos cuerpo. Sus piernas rodeaban la cintura del joven y las manos de éste de nuevo estaban agarrando su trasero. Cuanto le gustaba notar cada

dedo apretándola. Con poco acierto, Debido a la falta de experiencia en esa posición y la dificultad para ver, tardó en introducir de nuevo el miembro de Sergio. Aunque la espera pareció más larga de lo que en verdad había sido, al fin lo lograron, comenzando de nuevo un sexo de lo más satisfactorio. Pasando ambas manos de nuevo por debajo de los muslos de la chica, la cogió como bien había visto en muchas escenas porno durante tardes interminables. Y

allí mismo, de pie, retomaron el coito. No era tan sencillo como los videos para adultos hacían ver. Las piernas ya endurecidas por el coito anterior no hacían que resultara nada sencillo. Sergio se ayudaba de manos y cuerpo para poder hacer las penetraciones, pero Alicia, totalmente inexperta en esa postura, no hacía nada. Nunca lo había hecho así. Saltó la chica al no notar demasiado

Speaker 3

placer.

Speaker 2

Yo, alguna que otra vez, mintió, de nuevo para pavonearse. El sentido de todo aquello era bastante simple, él era el adulto en esta pareja, debía llevar la voz cantante de hombre experimentado. Aquellas tonterías nunca las hubiera pensado sereno y tampoco se hubiera estado menos cachondo. No obstante la mezcla había sido tan mala que ahora se comportaba como lo que tildaría él mismo, un imbécil. He estado con algún que otro chico de gimnasio, pero nunca me pusieron así.

Solo uno. No se quería sentir

Speaker 3

intimidada por el comportamiento del chico. Pero, no te lo haría así. El orgullo etílico del

Speaker 2

joven había sido herido. Oír que otro chico estaba en una conversación mientras hacían sexo, no le gustaba. Agarró con más fuerza ambas nalgas de la mujer y las abrió todo lo que pudo. En un acto algo insensato, pero algo posible debido a las fuerzas que parecía tener, comenzó con un ritmo tan frenético que jamás se hubiera imaginado. Quizás sólo con Carmen había gozado a tamaña velocidad, aunque

no lo recordaba con exactitud. Las manos de Alicia se agarraban a la espalda con ganas, pensando que podría salir volando en cualquier momento. Sus piernas se agarraban mucho más a la cintura del joven y notaba como tanto su sexo se abría sin contemplaciones y su trasero, hacia lo mismo. El cabello oscilaba arriba y abajo, le golpeaba en el rostro y se le metía en la boca. El placer estaba siendo terrible, era similar a tener un vibrador, ya que el cuito era tan veloz que apenas se movía,

sólo vibraba. El placer iba llegando. pero también el bamboleo de su cabeza unido al alcohol de toda la noche la hicieron desfallecer.

Speaker 3

Para, Sergio, para. El

Speaker 2

joven se detuvo al de dos segundos, ya que apenas la había escuchado y eso que el tono era alto y claro, además solo le separaban unos centímetros. Miró a la joven como se recogía el pelo detrás de la oreja mientras entraba su mirada y se humedecía los labios. Me

Speaker 3

mareaba.¿ Estás bien?

Speaker 2

El pecho de Sergio explotaba a cada aspiración, se había cansado como nunca y algunas gotas de sudor perlaban su frente. No pasó inadvertido para la joven que le besó con pasión aún con su pene en el interior. Bájame, seguimos de otra forma. Posó los pies en el suelo con algo de incertidumbre y En más o menos diez minutos apenas los había usado para nada y con el gozo que todavía llevaban no sabía si le sujetarían, pero lo hicieron.

Con un rápido movimiento, Sergio dio la vuelta por el cuerpo joven de Alicia y la rodeó por la espalda. Comenzó a darle suaves besos en su cuello y un pequeño mordisco, algo que hizo a la muchacha abrir los ojos y decir.

Speaker 3

Tú me puedes morder,¿ pero yo a ti?— No. dijo añadiendo sonidos

Speaker 2

de negación. Como me dejes una marca, la liamos. Pasó las manos hasta los pechos de la muchacha y los aprisionó mientras esta gemía. Abrió los ojos y se vio en el reflejo de la televisión. El cristal negro le daba una imagen perfecta del cuerpo de su amante que ahora era acariciada por sus ya calientes manos. Ponte a cuatro patas, le sugirió Sergio, no había opción a debate,

pero sonó demasiado bien. Alicia se fue a mover al sofá, pero señalando el suelo, el joven le hizo ver que la posición exacta era allí mismo, en la alfombra mejor. Era mullida y seguramente algo cara, ya que el tacto era demasiado agradable, pero aquello no hacía que la comodidad fuera mayor que el sofá. Lo que Sergio pretendía era verse. No quería perder la imagen del televisor que les enfocaba

en mitad de la sala. La instantánea era perfecta, Alicia estaba con las manos en la alfombra, piernas abiertas y el trasero elevado listo para la penetración. Sergio se arrodilló a su espalda, pasando las uñas por la piel desnuda de ésta y haciendo que el vello se le pusiera de punta. Ya con las yemas acariciando sus nalgas, Cambió de registro y pasó de las caricias a la fuerte sujeción con los diez dedos. Alicia gimió al sentir el placer que le provocaba que aquel chico le sujetara el

trasero de esa forma. El pene, como toda la madrugada, estaba listo y envuelto en el plástico que apartaba los fluidos. Volvió a penetrarla. El frenesí había descendido y lo que ahora hacían era un coito más normal. Incluso Alicia podía seguir aquel ritmo y empujaba cuando notaba entrar el pene en su interior. Sentía como los genitales le golpeaban el clítoris añadiendole cierto cosquilleo que le venía muy bien para

lo que se avecinaba. Alicia, tienes el mejor culo que he visto en mi vida, decirlo en voz alta le resultó extraño, incluso dándole una ligera vergüenza que no podía ocultar.

Algo parecía que había despertado, El Sergio sensato estaba haciendo a un lado al ardiente que poco a poco se iba deshaciendo, como el alcohol en su cuerpo.— Tú tienes la mejor verga que he visto, soltó de improviso Alicia sin mirarle.— Qué raro que lo llames así, nunca se lo había escuchado a nadie, respondió con una media sonrisa, pero sin parar de tener sexo. Sin embargo, aunque el Sergio Caliente se iba por donde había venido, algo de

él todavía quedaba dentro. Escuchando cómo los gemidos de su amante se aceleraban, sintió que avivaba esa parte de su interior como si le echara un bidón de gasolina. Se encorvó hasta que su nariz se posó en el cuero cabelludo negro de la joven. Olió el aroma que desprendía, una mezcla de tabaco, alcohol, perfume y sexo, mucho sexo. Se acercó a su oído y copiando más o menos lo que ella hizo en el varo, le mordió la oreja sacándola un generoso

Speaker 3

jadeo. Di mejor. Polla. Solo fue un pequeño susurro, un leve respiro

Speaker 2

nada más. Pero Alicia abrió los ojos y volteó la mirada para ver al joven que ahora la cabalgaba con muchísima más pasión. Apretó los dientes sintiendo como lo de antes habían sido los aperitivos y ahora llegaba el plato principal. Su vagina echaba humo, casi literalmente y cuando vio, como el joven alzó la mano y soltó un cachete rápido, disfrutó como nunca. El sexo volvía a ser veloz, no

tanto como antes, pero sí a una velocidad considerable. El condón debía ser de buena calidad para soportar tales acometidas y en un momento, Alicia lo notó.

Speaker 3

El orgasmo. Más, Sergio, más.

Speaker 2

Susurró similar a como si estuviera suplicando. Hizo fuerza para quedarse en el sitio y que las penetraciones de Sergio no la movieran. Sus uñas pulcramente tratadas se iban a romper si seguía con tal presión en la alfombra. Estaba notando el cielo, el verdadero paraíso de la mano del hermano de su amiga. Si esto lo supiera Laura, se rió por dentro. En ese momento, sintió el cuerpo de su amante cayendo sobre ella. Ambos se tumbaron, Alicia fue sometida al final del coito, estaba entre la piel y

los pelos de la alfombra. Con fuerza Sergio impulsó una y otra vez su cadera mientras contemplaba a partes iguales tanto su reflejo en el televisor como a su joven chica gozando tumbada en el suelo. Por fin llegó, y Sergio se maldijo por tener el preservativo puesto para poder irse a la vez, no obstante aquella tela que le quitaba placer, también negaba la posibilidad de tener descendencia. Alicia gimió primero y después, debido quizá a que su mente

se había aclarado. pensó que mejor no gritar, aferrando con sus dientes los pelos de la alfombra y soportar el placer. La cadera le tembló y el pene de Sergio fue expulsado como un incómodo invitado. Sus piernas se movieron arriba y abajo y una mano rápida acudió a la llamada del clítoris que pedía más atención. Alicia acabó ella misma de producirse un orgasmo con el que jamás había soñado y ahora, yacía en la alfombra de su casa manchándola con sus flujos. cariño,¿ qué me has hecho? Dijo la

joven tratando de levantarse. Sergio la ayudó esta vez con mucha dulzura, pero aquello le había sentado extraño, cariño. Para él esas muestras de amor sólo eran reservadas para las parejas o la familia, le sonaba muy a Marta y apenas le hizo gracia. Sin embargo, aún estaba allí, con una erección monstruosa y un cansancio que no se podía ni mover. El sudor le perlaba todo el cuerpo y se tuvo que sentar a descansar en el sofá para relajarse.

Recuperando la respiración, Alicia se sentó a su lado, de forma pesada como si no hubiera estado más cansada en su vida.

Speaker 3

Estuvo

Speaker 2

muy,

Speaker 3

muy, muy bien. Nada mal, la verdad, me lo pasé genial. A Sergio le costaba hablar. Vamos a terminar esto de forma pretórica. ¿No?

Speaker 2

La joven alzó su mano llegando hasta el preservativo y lo arrancó del pene de Sergio, que rugía de una forma casi audible. Estaba rojo, duro y con un capullo que afloraba morado. Alicia le miró y le dio un beso en la boca al tiempo que Sergio la rozaba con su mano, tenía una piel tan suave.¿

Speaker 3

Te apetece una mamadita?¿ Cómo podría rechazar algo así?

Speaker 2

La joven sonrió con un gesto que le pareció de lo más infantil. Había cumplido los 18, era mayor de edad, pero en el fondo no era más que una muchacha como su hermana. Un breve sentimiento de culpa se atisbó en su cuerpo, demasiados errores en un solo día, aunque se le disiparon cuando Alicia se introdujo el sexo en su boca. Aquello apenas duró. Arrodillada en el sofá, con una mano estimulaba los genitales del joven mientras con la

otra manejaba la piel. No se le escapó ni un centímetro de piel que saborear una mezcla de plástico, sexo y fresa, debido al condón, su sabor favorito, que no le desagradaba. Al de dos minutos de un buen ritmo, Sergio se tensionó. Alicia no era la mejor haciendo felaciones, pero lo suplía con un desempeño que al joven le sorprendió. Sujetó una de las nalgas con mucha fuerza y mientras escuchaba como entre respiraciones jadeantes su amante succionaba su pene.

Speaker 3

Qué bueno, Alicia! Me vas a ordeñar.

Speaker 2

Ella no habló, sólo siguió al tiempo que los gemidos de Sergio le marcaban lo que se avecinaba. Al final salió. Después de un inmenso jadeo que le hizo rebotar en el sofá, el semen brotó. Alicia apartó la boca en el último instante, haciendo que los chorros salieran a presión cayendo sobre el cuerpo del joven. Sergio, que seguía gozando de unos temblores impropios, ni siquiera notó el charco que se le formó cerca del ombligo y solo se percató

cuando su amante le trajo un papel para limpiarse. Volvió al mundo terrenal con un orgasmo que nunca disfrutaba con su novia. Marta pensó al gozar de tal clímax. Pasado el frenesí y el momento del máximo placer, el Sergio ardiente había desaparecido del todo. Le había hecho cometer una tontería al Sergio normal y ahora se había alargado para

no asumir responsabilidades. Mientras se limpiaba el semen aún caliente de su cuerpo y los pequeños picores le recorrían sus genitales, el vientre se le contrajó, había hecho mal, muy mal. Incluso una pequeña arcada asomó tímidamente, quería vomitar del asco que se daba. Espero que no te haya parecido mal, le comentó Alicia mientras se vestían

Speaker 3

El qué? Sergio

Speaker 2

todavía sentía que vivía en otro planeta. Que me haya quitado cuando te has corrido. El joven torció el rostro, no sabía por qué le iba a molestar eso, no

es que me guste, tampoco me flipa hacerlo. pero sólo se lo hago a mis novios alicia si no te gusta no lo hagas no crees de pronto la vio como era una niña a la que sacaba unos años y que estaba madurando pero que todavía le quedaba mucho al igual que su hermana se vio mal muy mal una sensación de asco le recorrió todo el cuerpo La chica era maravillosa, estupenda, preciosa, pero era una niña para él. Seguramente en unos años las edades no importarían tanto, pero

de momento sí que importaban. Se vio dándole explicaciones a Marta de lo que había hecho, incluso a su hermana, que diría ella, sintió un leve mareo. Apoyándose en la puerta recobró el equilibrio y vio cómo la muchacha con sus brillantes ojos avellana le miraba con preocupación.

Speaker 3

Estás bien? Sí, sí, mucha fiesta. Ahora, bueno, marcho. ¿Hablamos? Con una sonrisa que trataba de ser esperanzadora.

Speaker 2

Hablamos. Salió por la puerta, para girarse de nuevo y en el umbral decirla, de momento, por favor, no digas nada. Lo entiendo, no pasa nada. La joven se lanzó hacia Sergio y sin poder evitarlo impactó en sus labios, dándole un rápido beso. Algo que tanto le había gustado, algo que él había buscado nada más llegar, ahora le sabía mal, fatal. No puso mala cara, la chica no se lo merecía, solo le sonrió, que quizá fue peor, ya que Alicia le devolvió el gesto.

Speaker 3

Hablamos entonces. Sergio

Speaker 2

solo asintió y caminó al ascensor. Allí dentro no se dio cuenta de nada, ni siquiera en el paseo a casa, donde el frío daba un poco de tregua y el sol ya salía por el horizonte. Solo fue consciente de sus actos cuando volvió a despertar en su cama, más calmado, menos sabotargado por el alcohol y con un leve dolor de genitales. Alzó su cuerpo en la cama y se sentó sin querer mirar el móvil. Se sentía hecho polvo, realmente confuso. La cabeza le daba vueltas a una velocidad

sideral y no tenía nada que ver la resaca. Meditó sobre lo ocurrido, sobre el coito con Alicia, se lo había pasado bien, sin embargo,¿ a qué precio? Se puso las manos en la cara queriendo tapar las imágenes que volaban por su mente punzándole como cuervos hambrientos. No paraba de ver a la amiga de su hermana gozar y gozar, una imagen que le podría gustar en cualquier otro momento, no obstante, ahora no era así. Los recuerdos se amontonaban en su cabeza, los buenos momentos con Marta venían a

la memoria con la fuerza de una cascada. Volvió a tumbarse en la cama sin fuerzas para levantarse, se sentía la peor persona del planeta, no entendía cómo se le había pasado por la cabeza hacerle eso a su novia. Intentó escudarse que ella lo había hecho primero, que aquello no era nada más que devolverle la moneda, pero¿ en verdad habían vuelto para eso? Se puso en pie con

todas las fuerzas que pudo para dirigirse al baño. Primero sacó la cabeza de la habitación para comprobar que no hubiera nadie, la luz del baño estaba apagada, por lo que perfecto. Anduvo lo más rápido que pudo sin hacer ruido y pasó la puerta cerrándola a su paso. El reflejo del espejo le proporcionaba una visión de lo asqueroso que se sentía. El vientre le daba vueltas y las

imágenes del coito le revolvía los intestinos. Tuvo que agacharse en un momento, movido por todas aquellas sensaciones y un poco también por el alcohol del día anterior. Con ambas manos apoyadas en el retrete y la cabeza bien colocada hacia el agujero, vomitó con fuerza. Las lágrimas fluían por su rostro debido sólo al vómito, porque él no se veía capaz de llorar, sintiéndose tan mala persona no se

podía dar ese lujo. Tiró de la cadena y se enjuagó la boca que le supo alcantarilla, para luego desnudarse y meterse a la ducha, tratando de lavar su conciencia. Todavía le ardía el estómago por haber echado la cena del día anterior y se dijo, ya pisando el plato de la ducha, me merezco cosas peores. El agua comenzó a caer por su cuerpo, limpiando su piel que la sentía asquerosa. Se pasó varias veces la esponja, sobre todo limpiando su pene que aún contenía el aroma a látex.

Pero aquello no le proporcionaba una satisfacción, lo que hacía era únicamente entretenerle para no pensar en lo que de verdad había hecho. Vio de nuevo el rostro de Marta, la última vez que hablaron, ella estaba al borde del llanto, quizás sin ningún motivo real, aunque ahora sí que lo tendría. Toda la traición que sentía se apoderó de su cuerpo y golpeó la pared de la ducha, haciéndose más daño él que las baldosas. Después, no hubo más pensamientos, ni

más reflexiones. Por fin, comenzó a llorar. Después de unos minutos que las lágrimas disimuladas por el agua corrían por su rostro, unos golpes sonaron en la puerta. Se limpió el rostro por mero instinto, aunque nadie podría notar jamás sus lágrimas, es lo bueno de desahogarse en la ducha. ¿Sergio,

Speaker 3

estás ahí? Era la voz de Laura. Sí, contestó tratando de poner el tono más normal posible.¿ Puedo pasar? Su hermana

Speaker 2

nunca pedía permiso, solía entrar como un elefante en una cacharrería, aquello era poco habitual. El joven pensó que igual le había escuchado llorar, que su hermana pequeña se había dado cuenta de lo que había hecho y venía a consolarle, esperaba que no fuera así. Le contestó que podía pasar, que no había problema. La puerta se abrió y después con suma cautela fue cerrada poco a poco. Oye, Laura, saltó prestó para disculparse. Ayer, lo del mensaje, lo siento

por no acompañarte. Es normal, me imaginaba que seguirías de fiesta, fue solo por probar, no me apetecía ir sola a casa y pensé que podríamos ir juntos. A Sergio se le clavó un puñal en el corazón. Mentir de esa forma a su hermana simplemente por un mísero coito, que además implicaba infidelidad, le dolía como una tortura. Lo siento mucho, de verdad, evitó que el sollozo se escuchara tras la mampara, las ganas de seguir llorando no desaparecían.

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No te preocupes, Tato. Tato. No le llamaba

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así desde hacía muchos años, muchísimos. Le encantaba cuando se lo decía, notaba que lo decía con amor, con complicidad, con esa ternura que sólo un hermano puede sacar, aunque sea sólo de vez en cuando. Se agarró el pecho con fuerza con el recuerdo muy vivido de verla sola al final de la cuesta, volviendo a casa. Era una mierda de ser humano, o eso se dijo sin parar en su cabeza, la

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mayor mierda. Laura Abrió la mampara para mirarla.

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Allí estaba su hermana, cogiendo el cepillo de dientes para poder limpiarse la boca aún corroída por las copas del día anterior. Sergio la vio como era, todavía una niña que se estaba convirtiendo en una mujer. Sus ojos brillaban con las bombillas del espejo y tras la fina camiseta se podía atisbar un cuerpo que cada vez tenía más curvas. Tendría que haber estado para acompañarte. No le des tanta

importancia de verdad, otro día. Echó la pasta de dientes y se pensó si decirle algo más a su hermano, y, ayer, me lo pasé muy bien. Pensaba que iba a ser un infierno, que te ibas a reír de mí. Pero me lo pasé de cine, no me importaría vernos otro día.

Si tengo la oportunidad, iré donde estés. Aunque imaginando que estaría con Alicia, le costaría horrores, oye, acércate un momento laura torció el rostro sin saber lo que quería sin embargo le hizo caso dio unos pocos pasos hasta la parte de la mampara por donde sergio sacaba su cabeza uno de los brazos de su hermano salió de detrás de su cuerpo e inesperadamente se dirigió a su rostro no se lo esperaba laura se quedó de lo más quieta al siguiente movimiento que aún le sorprendió más fue

una caricia

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Te parece que algún día, cuando quieras, hagamos algo? ¿Cómo?

Speaker 2

Tú y yo. Laura no podía creerse esa proposición, hacía demasiados años que no hacían nada juntos. Sí. Vamos a donde quieras, incluso podemos coger el coche y hacer algo. Eh, su cerebro había colapsado ante tal petición, bueno, no sé, o sea sí, ¿no? Sí, claro que sí. Laura acabó por sonreír mientras notaba la mano de Sergio acariciando su mejilla. El joven sabía que aquello no le haría limpiar su conciencia,

pero al menos se resarciría con su hermana. Tantas veces que la había insultado o pensado en que era una pesada, ahora se arrepentía por cada una de ellas. Quizá hubiera sido un momento místico en la ducha lo que le había hecho recapacitar, o el mero hecho de sentirse tan culpable que no quería volver a tener esa sensación en su interior. Pasó su mano hasta la nuca de su

hermana y la atrajo hasta su rostro. Laura se dejó hacer sin saber que tramaba su hermano, solo veía como sus ojos cada vez estaban más cerca y le miraban de una forma penetrante. Sus rostros estaban muy pegados. Demasiado pensó Laura para ser dos hermanos aunque en el último instante cambió de posición. Sergio se elevó un poco más y posó sus labios en la frente de su hermana

dándole un fraternal beso que duró par de segundos. Laura abrió la boca y los ojos ante tal sorpresa, sentir de nuevo los labios de su hermano sobre su piel fue reconfortante, además que en esta ocasión estaba sereno, no como unas horas atrás. Desde que tenía más o menos 10 años que no se daban un beso y notar el calor en su frente sumado a ciertas gotas de agua la llenó de felicidad. Te quiero mucho, Laura, quiero que lo sepas. Siento si alguna vez te traté mal. La

joven estaba totalmente tocada y casi hundida. Aquella demostración de amor de su hermano le había pillado recién levantada y no supo responder a algo tan sencillo como vi yo. Sus labios se habían sellado y no emitían sonido, solo miraban a su hermano con unos ojos azules temblorosos. Sergio apartó la mano de la cabeza de Laura y volvió a cerrar la mampara después de dedicarle una clara sonrisa. La joven se quedó allí perpleja sin saber qué más

hacer o cómo proseguir con su vida. Al final consiguió darse la vuelta, dejar las cosas en el lavabo y abrir la puerta. Te pareces muchísimo a mamá, dijo finalmente Sergio bajo el agua. Laura cerró la puerta sin despedirse y resoplando sin saber muy bien por qué, pero el corazón le daba saltos, cegaramente de amor. Amor por un hermano que parecía que volvía a tener. Eso sí, que era aquello de que se parecía a su madre. Sabía que físicamente eran muy similares, pero dedujo que lo decía

por otra cosa. Quizá, por lo poco que ambas mostraban sus sentimientos, debía mejorar. De nuevo en su cuarto y todavía con el pelo húmedo de la ducha, encendió el móvil. Lo primero que vio fue un mensaje de Alicia que le decía que duermas bien. Lo vio con rapidez, no quería ni siquiera abrir la conversación, no por la joven, que era amable, guapa y buena, sino por el asco

que le producía sentirse de esa forma. Miró la conversación con Marta, hacía un día que no hablaban, debía decirle algo, quizá un perdón al menos, pero cuando comprobó que estaba en línea dejó el móvil. Sintió como si su novia pudiera verle a través del teléfono, que su culpa iba a llegar en forma de mensaje y ella lo sabría. No quería que sufriera, no quería hacerle daño, pero ya se lo había hecho. Decidió entrar en el ordenador, mirar la cartelera del cine más cercano y elegir una película.

Ir al cine o ver películas en casa era algo que les apasionaba a ambos, seguramente la única cosa en la que conectaban a la perfección. Poco había donde elegir alguna película de dibujos animados, de miedo y dramones como lo solía llamar su novia, una semana pobre en cuanto a calidad. Vio el tráiler de la única que le llamó la atención, una de acción, y compró las entradas

para la sesión de las 10 de la noche. Su plan era algo simple, quería resarcir el momento nefasto que había cometido esa madrugada, pero tampoco le podía regalar flores, no quería que fuera sospechoso. Con aquellas entradas y una conversación para zanjar el tema del día anterior, bastaría. La intención del joven era enterrar bien hondo lo sucedido y seguir con su vida normal, al menos hasta que todo le

explotara en las narices. Descargadas ya ambas entradas en el móvil, lo cogió de nuevo y vio el mensaje de Alicia, que aún seguía allí y tampoco se iba a ir. Quitó la notificación, sonriendo por primera vez en el día al pensar lo curioso que era, un día atrás, habría dado botes de alegría porque Alicia le hablase, Incluso su madre lo había notado. Ahora, le daban ganas de vomitar, de nuevo. Se olvidó de su amante por un momento

y buscó el número de su novia. Era ya mediodía y estaría más que despierta por lo que la llamó, no quería mandarla un frío mensaje. Eso sí, cuando sonó el primer tono se quedó atemorizado pensando en si notaría en su voz que la había traicionado. Hola, Sergio. La voz tras el teléfono la sintió apagada, Marta

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aún estaba triste.¿ Qué tal estás? Bien, bueno, no he tenido mi mejor noche, pero bien.

Speaker 2

Creo que lo de ayer estuvo fuera de lugar. En el interior, Sergio imploraba el perdón, pero no por eso, sino por su adulterio. ¿Ya? Creo que te pasaste con lo que dijiste, aunque no estuvo nada bien que dudara de ti. El corazón se le detuvo, no podía ser que su novia le dijera eso. Prefería mil veces que le insultara a escuchar que había hecho mal en pensar que era un infiel, un traidor, una mierda de persona. Sergio se sentía mal, quería gritarle por el teléfono lo

que le había hecho, pero no pudo, solo le comentó. Sí, no estuvimos bien ninguno de los dos. Quería preguntarte algo, no espero a que contestase,¿ te apetece ir esta noche al cine? Esta noche he quedado, voy a salir con las chicas. Entiendo.¿ Su mente sabía que si había hecho un plan con tanta antelación era porque estaba enfadada, quieres hablarlo ahora u otro día? Mejor otro día. En su voz había más duda de la que Sergio podía calcular,

no estoy bien. Lo de ayer me hizo pensar en cosas acerca de nosotros, creo que tenemos dudas el uno del otro. Sergio mantuvo el silencio al otro lado del teléfono, él no tenía dudas acerca de ella, no había pensado en que le podría ser desleal. Sin embargo, tenía muchas dudas acerca de si él podría hacerlo otra vez. Entiendo por qué lo dices, hoy no te molesto más, Marta.

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No te preocupes, hablamos cuando quieras. Bien. El tono era muy seco, pásalo bien, Sergio. Y tú también. Adiós. Adiós. Sergio se mantuvo escuchando el

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pitido final del teléfono sin despegarlo de la oreja. Un simple adiós, ni un te quiero forzado de esos que creía rutinarios, ni un amago de te quiero o un simple cariño. Marta estaba dolida, muy dolida. Las palabras de Sergio le habían hecho daño, pensaba que todo aquello había quedado atrás, que no volverían a tratar el tema, ella estaba con su novio de forma incondicional. Sin embargo, no creía que Sergio pudiera olvidarlo. La habitación se convirtió en

una jaula para el joven. Se asfixiaba dentro, pero también era en el único sitio donde le apetecía estar. Miraba de vez en cuando el móvil por si su novia le hablaba, pero solo le surgía en la pantalla la notificación de Alicia, que volvía una y otra vez aunque la quitase. Comió sin ganas, solo respondiendo a que estaba así por la fiesta del día anterior, que estaba cansado. No tardó en volver al cuarto donde se sumergió bajo el edredón para tratar de ocultarse del mundo y que

siguiera girando sin el presente. Sin embargo, así no son las cosas, las situaciones hay que afrontarlas y lo primero era, al menos contestar el mensaje de Alicia. El mensaje seguía allí y lo abrió viendo que otra pregunta se había añadido al primer que duermas bien.

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Qué tal amaneciste? Bien,¿ y tú? Respondió Sergio mintiendo como nunca.

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Demasiado bien, añadió un icono que se reía y Sergio solo podía ver a una niña, su cuerpo no notaba lo mismo que antes. Me alegra saberlo. Vio que la joven amiga de su hermana estaba escribiendo y se sentó desencantado. No quería seguir con la conversación, se sentía demasiado mal y lo peor era lo que le decía el cuerpo. Para Sergio, Alicia ya había cumplido su función. Así de cruel estaba siendo su pensamiento, la muchacha ya le había

servido para sus intereses,¿ para qué hablar con ella? Soy asqueroso, pensó en el momento que volvió a mirar el móvil, viendo que el nuevo mensaje de Alicia había llegado.¿ Tienes algo que hacer hoy? Resopló al ver aquello, pasándose una mano por el cabello de forma agobiada. Pulsó rápido las teclas y evadió todo por el momento, no quería hablar con Alicia, al

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menos por ahora. Tengo planes. Comprendo. Bueno, si mañana u otro día te apetece

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quedar o algo, me puedes decir. Ahora en enero empiezo con los exámenes, Por lo menos no mentir con eso le sentaba bien, estaré atareado. Pero si tengo un hueco ya te lo comentaré.

Speaker 3

Puedo preguntarte qué tal con Marta?

Speaker 2

Sergio cerró los ojos y suspiró lleno de rabia. No quería hablar más con ella y de un momento a otro la mandaría al quinto pino, debía relajarse, la chica no tenía culpa de nada. El malo de la película únicamente era él.

Speaker 3

Mejor que no, no estamos en un buen momento. Te

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quería decir, aunque suene algo lanzado, que si lo dejáis, no me importaría pedirte una cita. Tomo nota. Cerró el móvil con esa frase a modo de despedida, no quería meterse en lo que podría derivar en una conversación absurda que no le traería nada claro. Ya tenía bastante con el enfado de Marta que tenía pinta de ser mucho más serio de lo que pensaba, y si lo dejamos. La idea le recorrió la mente y por un momento sintió dolor, aunque era algo absurdo, había estado pensando en

esa posibilidad todo el mes de diciembre. Ya no era lo mismo de antes, era rutina tras rutina, no cambiaban nunca sus planes, entonces¿ para qué seguir? Los planes elaborados en la cabeza están muy bien, pero llevarlos a cabo es otra cosa muy diferente y pensar que podría romper con Marta le dolía. Se vistió y salió a dar una vuelta en solitario, solo un pequeño paseo por cerca del barrio. No pensó en nada, solo en caminar, quería

olvidarse de todo, no pensar. Aún así la mente le daba vueltas y le recreaba cada momento con Alicia y después, imágenes de Marta poblaban su memoria. No había hecho lo correcto, pero no debía martirizarse más, si su novia quería dejarlo, vale, lo aceptaría, y si Alicia quería algo más, le diría que sintiéndolo mucho, no. En su mente todo era muy sencillo.

Debía alejarse de esa versión suya movida por el erotismo, había hecho una locura y dañado a una persona que quería, incluso dejó a su hermana sola para volver a casa. Volvió sobre sus pasos en dirección a su hogar, con un aire renovado, quizá en parte a que el frío del invierno le había quitado parte de la resaca. Sentándose junto a su padre en el sofá de la sala, vio que sus progenitores estaban viendo una película que daba

la impresión de ser realmente mala. Su madre reposaba tumbada en el otro sofá, parecía que la película no le iba mucho porque Sergio tuvo la sensación de que estaba dormida. Papá, Dani le miró alejando la vista de la televisión,¿ esta

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noche trabajas? Sí, entro en un rato, a las nueve. Mari miró hacia atrás

Speaker 2

Estaba casi dormida y escuchar la voz de su hijo la había desvelado. Qué pena, tenía dos entradas de cine, iba a ir con Marta, pero, prefirió mentir a dar explicaciones, se ha puesto mala. Era por si la queríais aprovechar vosotros. Gracias, Sergio

Speaker 3

pero por mi imposible, el trabajo me llama. ¿Laura? Preguntó el joven mirando a su madre. Se fue a cenada, iba a cenar por ahí.

Speaker 2

Y para mí, cortó Dani levantándose del sofá, es hora de que me vaya preparando, que en dos horas tengo que estar allí.

Speaker 3

que te sea leve, papá. Le comentó Sergio

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apiadándose de todo lo que trabajaba su padre. Este le revolvió el pelo como cuando era joven y siguió su camino. El muchacho quedó en silencio observando la película de vaqueros que estaban proyectando y después volvió la vista a su madre. Estaba tumbada de lo más tranquila mientras sus pies desnudos le salían por debajo de la manta. Mamá. Le llamó la atención, sin saber si aquello que se le había ocurrido era una buena idea. Quizá el estar tan mal le había hecho pensar en su madre, en la única

que siempre estaría para cuidarle. Mari giró de nuevo el cuello para mirarle y fijó la vista con sus ojos azules.—¿ Quieres venir al cine conmigo? El silencio recorrió la habitación, solo los vaqueros que aniquilaban a los indios lo interrumpían. Mari se quedó totalmente perpleja, su hijo le estaba invitando a ir al cine, con él. Pues no sé, cariño, a qué hora es. Empieza a las 10, pero bueno con los tráileres y los anuncios pues 10 minutos más tarde supongo.

Acabará muy tarde. Mari se quedó callada observando a su hijo. cómo le miraba con unos ojos algo rojos que le hicieron pensar a llorado o es la alergia. Un sentimiento de protección la invadió y notando que su pequeño tal vez pudiera estar herido, quizá no físicamente, seguro que de una forma más emocional, terminó por decir.

Speaker 3

Bueno, si es buena, me apunto. Eso no te lo puedo asegurar.

Speaker 2

Ambos rieron, aunque no tengo mal gusto. Entonces,¿ salimos para las nueve y algo? María sintió, le parecía bien, el cine estaba cerca, voy un rato a jugar al ordenador. Cuando estés lista, me avisas y marchamos. Sergio se marchó a su habitación y María se quedó viendo la misma película, pero esta vez mucho más despierta. Hacía tanto que no iba al cine, que le comenzó a provocar una leve ilusión.

Debatió un buen rato mientras los indios eran masacrados, qué ropa se iba a poner, cuál sería la adecuada para ir a ver una película, estaba totalmente fuera de esas cosas, ir al cine lo consideraba de jóvenes. Dani la dio un beso para despedirla, algo que más que anunciarle que su marido se marchaba, era una alarma para avisarla que debía cambiarse. Fue a su habitación cerrando la puerta tras de sí. Abrió el armario y lo miró con detalle. Cada vez tenía menos ropa moderna, toda ropa de madre.¿

No era una madre? Le quedaba media hora hasta las nueve y en todo ese tiempo se probó varios modelitos, que aunque le quedaban bien, ninguno parecía gustarle. Si Carmen estuviera aquí, sería más fácil, pensó la mujer recordando las vacaciones con su hermana. Al final se decidió por llevar unos vaqueros algo holgados, con un jersey ajustado y una

chamarra de cuero negra. Con todo ello puesto se vio de maravilla, el cabello peinado en una coleta, esta vez bien hecha, le daba un tono bastante juvenil, salvo por una cosa que no le gustaba. El jersey de color gris, era bastante ajustado y tenía un escote pronunciado en forma de V cualquiera que mirase podría ver sus senos apretados el uno contra el otro, no quería ir tan descocada.

Para arreglarlo, se puso una camiseta básica blanca por debajo, tapando el exceso de pecho sin dejar ningún trozo de seno a la vista. Para culminar el vestido, tomó prestado a su hija unas zapatillas All-Star que le quedaban como anillo al dedo. En verdad se veía muy guapa, joven y a la moda. En el tocador de la habitación, Terminó por pintarse las pestañas y después darse un toque de pintalabios, aunque poco, tampoco quería ir excesivamente preparada. Al fin y al cabo iba al cine, no a la

recepción con el presidente del gobierno. Estaba lista y se volvió a mirar en el espejo. Su reflejo era bello, precioso, incluso ella misma lo sintió. Solo se había preparado en navidades y un poco en nochevieja, con ese día ya eran tres en muy poco tiempo, puede que algo estuviera comenzando a cambiar en el interior de la mujer. Cogió un bolso negro y se lo cruzó desde el hombro a la cintura, comprobó si tenía dinero para invitar algo a su hijo, le tenía que devolver el favor por

la entrada. Cierto. Sergio la había invitado, no lo había pensado, pero tal situación en un momento le hizo sentir un escalofrío en su espalda. Salió de la habitación, la luz de la sala le hacía suponer que allí se encontraría su hijo. Anduvo con calma aunque con cierto nerviosismo,¿ pero por qué esos nervios? Sentía lo mismo que cuando Dani la esperaba para salir de fiesta o hacer algún plan.

Ella se arreglaba, se ponía guapa y cuando llegaba donde él, sentía unos pequeños cosquilleos, como si quisiera escuchar que lo había conseguido, que estaba preciosa. Apoyó un hombro en el umbral de la puerta y vio a su hijo sentado en el sofá, al parecer había terminado con el ordenador. Se había puesto un vaquero, uno de los tantos que le quedaban fenomenal, a los jóvenes todo les queda bien. Por arriba una camiseta que tapaba un jersey ceñido de

rayas con diferentes azules. Se puso de pie al verla y Sergio le lanzó una mirada de satisfacción. Vaya, estás muy guapa, mamá. Desde sus pequeñas vacaciones los halagos de Sergio habían sido habituales, quizá en menor medida, pero siempre tenía alguno preparado para ella. Eran casos puntuales, ya fuera, por verla guapa, por ver cómo solucionaba un problema o simplemente diciéndola que su comida estaba sabrosa. Gracias. Hace mucho que no voy al cine, me he preparado un poco,

no llamaré la atención. Bueno, Sergio no reprimió una carcajada, llamarás la atención porque vas muy guapa, por nada más. Mari sonrió,

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si ya estás lista, marchamos. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.

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