Lleva tu imaginación a otro nivel. Relatos calientes. Hoy presentamos... Aventuras húmedas, parte 13.
Etapa 2, cap 3 y 4. La
vuelta a casa, aunque extraña porque apenas hablaron, estuvo llena de felicidad. Ambos terminaron con una sonrisa en los labios y la promesa de que al siguiente hablarían para ver qué rumbo tomaba la relación. En una única tarde, los temores, la ira y el rencor que Sergio adquirió durante todos esos meses se habían esfumado.¿ Tan fácil podía ser olvidar el pasado? Solo contempló la visión de un futuro que parecía ser esperanzador, quizá una relación diferente, alejada de la
monotonía que destruyó la anterior. Lo pudo corroborar en el propio sexo, había sido más pasional, mucho más aguerrido que los que solían tener. Marta había gozado mucho más que en el pasado y si no llega a ser porque estaban en un lugar público, sabía que hubieran expresado su amor de forma mucho más obscena. Sergio llegó a casa con una sonrisa exagerada, en verdad se sentía feliz. Se notaba liberado, sobre todo en la parte inferior de su cuerpo.
pero también de la carga mental. Había aparcado por fin el estúpido rencor que cultivó hacia su exnovia y que no le había dejado de pasar por la mente. Aunque ahora ya no era su exnovia que eran. No encontraba ni nombre, ni título para clasificarla. Sólo tenía una cosa clara, la tensión vivida esa tarde, sumado a felicidad que ambos derrochaban, era un síntoma claro de que la pregunta ya estaba en la mesa,¿ podría volver con ella? Pasada buena parte de la tarde y más cercana la noche, su padre
salió para la fábrica después de cenar. En casa estaba solo con las chicas y su hermana ya se había metido en su cuarto a disfrutar de la soledad que tanto le gustaba. El entrechocar de platos que salía de la cocina delataba la ubicación de su madre. Sintiéndose feliz, quizás cercano al sentimiento que desarrolló en casa de Carmen, Se acordó de Mari, la mujer a la que había prometido que intentaría ayudar y la había dejado de lado
a las primeras de cambio. Había pasado ya un tiempo y su relación volvió a ser tan lejana como era antes del viaje al pueblo. Sin embargo aquel día su positivismo ante la vida era tal, que con decisión caminó hacia la cocina sentándose en la mesa y mientras su madre miraba sorprendida le dijo.¿ Qué tal estás, mamá? Mari torció el rostro mostrando un gesto de extrañeza, era muy poco habitual que a esas horas del día su hijo
apareciera por allí y menos para hablar con ella. La mujer apagó el grifo de agua caliente con calma y dejó los guates en el cajón que quedaba debajo del fregadero con la misma pasividad, estaba cansada. El tiempo de complicidad con Sergio había quedado en el olvido, un sueño lejano al que acudía a veces mientras miraba por la ventana evocando buenos momentos, similares a los que vivió en su época de juventud. Sin embargo, en ambos casos, cada
día los veía más borrosos. Bien, algo cansada, contestó con voz apagada. Ahora que no hay nadie en casa, entrecomilló aquello sabiendo que Laura estando en su habitación no hacía caso a nadie, quería hablar contigo. ¿Conmigo? La propuesta le pareció incluso descabellada,¿ ha pasado algo? No, mamá. Sonrió Sergio viendo la preocupación de su madre al sentarse a su lado, te quería hablar de algo que me ha pasado hoy, es algo bueno, eso creo. Vale, vale, Sergio, me había preocupado.
Cogiendo una pera del frutero comenzó a moverla en sus dedos antes de morderla. Es solo que, bueno, ayer estuve hablando con Marta,¿ sabes de quién te hablo? Sí, claro,¿ cómo no voy a saber quién es Marta? A Mari aquella chica no le caía en gracia.¿ Sabía de buena mano el dolor que le había hecho a su pequeño y eso no le gustaba a qué madre le podría gustar? Pues nada, básicamente me dijo ayer que quería hablar conmigo, que todo había sido muy precipitado y necesitaba dar la cara.
A buenas horas, dijo sin contenerse dando el primer bocado a la pera. Eso mismo dije yo. Pero el tema es que le di una oportunidad para explicarse. Al final creo que todo el mundo la merece. Días atrás ni se le hubiera ocurrido mencionar tal cosa sobre Marta. Mari sabía lo que venía después. Ese pero no le había gustado. Un pero anula todo lo dicho anteriormente decía siempre su
padre y tenía más razón que un santo. Tenía la sensación de que su hijo le vendría con la cantinela de que la chica había cambiado y que podría pasar algo, lo leía en sus ojos. Sin embargo, también veía como éstos estaban brillando, como su sonrisa no se apagaba y que su cuerpo emanaba una energía que no veía desde agosto. El caso es que hoy hemos quedado para estudiar después
de clase y hemos hablado del tema. Ha estado muy maja, me ha pedido perdón, me ha explicado los motivos de por qué lo hizo y bueno, al final nos lo hemos pasado muy bien. Hijo, Mari pensó en decirle la verdad o seguir su juego. Estaba tan feliz, aunque quizá a la larga el golpe fuera mayor,¿ te ha hecho feliz volver a verla? Tenía mucha rabia acumulada en mi interior antes de verla. Sin embargo desapareció cuando comenzamos a hablar,
como por arte de magia, no sé cómo explicártelo. Su voz, su rostro, su colonia, todo me gustaba, era como si en verdad la hubiera echado de menos todo este tiempo. Mari lo entendió. Su hijo estaba enamorado de esa chica y por mucho que aquella vez se desahogase de una manera tan efusiva, Pese a que no lo admitiera, en el fondo la seguía queriendo. Me alegro, de verdad. Lo que sí te quiero decir es que tengas cuidado, solo has estado un día con ella, ir despacio, limando las
asperezas y sobre todo olvidando el pasado. Sí, no quiero correr. Creo que ella se ha equivocado con el chico que estuvo y que ahora quiere volver, aunque no es definitivo. Haz lo que te diga tu corazón. Mari quería que la rechazase. Cabía la posibilidad de que Marta hubiera tenido un desencuentro amoroso con el otro novio, no lo sabía, sin embargo querer volver atrás, algo tenía que haber pasado.
O quizá, solo eran suposiciones suyas y en verdad lo que quería era que su hijo no estuviera con ella y punto, yo te voy a apoyar con lo que sea. Estar cerca de su pequeño, Volver a hablar de cosas íntimas y tener la conversación más larga en dos meses hizo que Mari corriera el velo que tenía delante de los ojos. Volvía a estar frente al chico alegre que vio en casa de Carmen, no era su hijo, sino Sergio,
el niño que había cambiado para ser un hombre. El muchacho con el que se contó confidencias en el río y con el que sintió una comodidad que había olvidado, llegando a opacar incluso a su marido. Estiró la mano que no sujetaba la pera y que se encontraba más cerca de donde el joven reposaba las suyas. Por un acto reflejo sintió la necesidad de contacto, de tocar la piel de su chico y sin pensárselo dos veces palpó
una de ellas. Rozó primero los dedos de su hijo que acto seguido entrelazó y acabó por girar para cogerle la mano entera. Solo te recomiendo que esperes un tiempo, cariño. Cariño que raro le sonó decírselo en casa, apenas lo hacía, vuelve con ella si es lo que el cuerpo te pide. Su voz sonaba tenue como una nana de cuna, sin embargo, creo que es mejor esperar un poco, si sale bien y estáis toda la vida, no creo que recordéis los
días de más que esperasteis. Puede que tengas razón, mamá, contempló los ojos de su madre, de ese color azul precioso que se veía más apagado junto a unas ojeras inacabables. Aún así, parecía que la Mari del río estaba por ahí, cerca, tratando de escapar de donde la tenían recluida, lo de hoy ha sido todo. Intentaré ir despacio, aunque no lo sé, no tengo ni idea de lo que haré mañana, como para saber lo de pasado. Eso sí, muchas gracias, necesitaba
contárselo a alguien. Una pequeña sonrisa salió de su boca que llegó hasta la de su madre donde se pegó. Ambos sonreían bajo la luz de la lámpara de la cocina, mientras en silencio, con los ojos fijos el uno en el otro, sus manos seguían entrelazadas. El silencio pareció total, el mismo que en la cumbre más alta de la Tierra. Mari no quería romperlo, parecía un momento mágico, de esos que sólo recordaba en su memoria, un pasado lejano que
apenas había sido unos meses atrás. Sin saber qué la impulsaba, Apretó con más fuerza la mano de su hijo, como si le quisiera pedir que le devolviera la vitalidad, que llamase a aquella Mari que en casa se había perdido. Sergio, en cambio, lo que vio fue a su madre, a esa madre que reía al lado del río, junto con un bikini de lo más sugerente. A la madre que se emborrachaba con su hermana, a la madre que vestía con ropas que estilizaban su ideal cuerpo, a esa madre,
tan bella. Su boca se movió. pero no emitió ningún sonido. Su madre le observó expectante esperando que su lengua compasase el movimiento de los labios. Sergio lo volvió a intentar, esta vez con más ganas, una barrera creada por él mismo parecía impedirle lo que la mujer se merecía escuchar. Emuló el apretón de su madre. En ambas manos los dedos rojos iban acorde con la zona blanquecina que dejaban
al estrujar. Haciendo algo más de fuerza, al punto de no querer soltarla nunca y tirando de valor, le soltó algo que para Sergio era mucho más que dos palabras. Te quiero. En casa de su tía no le hubiera costado, en cambio en la cocina del que había sido su hogar toda la vida y sin nadie alrededor, fue tan duro como subir a un volcán en erupción. Mari abrió los ojos, queriendo complacer a su hijo que parecía querer
escuchar una respuesta. Se propuso corresponderle, decirle que le quería, no, no le quería, que era lo que sentía por él. Era más. En el viaje lo sabía muy bien, pero ahora parecía haberlo olvidado, no le quería, lo amaba.¿ Por qué tan difícil? Su hermana le gritaría que era su hijo que le diera el amor que le correspondía. A Carmen le sale tan natural, pensó mirando a los ojos
de su primogénito que comenzaba a levantarse. Los sentimientos olvidados en dos meses salieron poco a poco a la luz, su vientre comenzó a irradiar un leve calor que apenas recordaba, pero allí estaba, de nuevo removiéndola el alma. Sergio se levantó sonriendo a su madre, pero seguía esperando, esperando que le dijera que ella también le quería. Mari no podía disimular la tristeza de su rostro, porque se lo quería decir, se lo quería gritar, lo gritaría por la calle si
era necesario, sin embargo su garganta no articulaba palabra. Una estúpida vergüenza la retenía, una timidez que no dejaba expresar lo que sentía. El joven alzó la mano y la movió para despedirse de forma juvenil, como haría un niño de tres años, desapareciendo tras las paredes de la casa. Mari se quedó allí, inerte durante varios minutos, maldiciéndose a sí misma y acabando por tirar con fuerza a la
basura la pera que les había a decepción. No supo qué hacer, sólo se le ocurrió que con la cabeza gacha podría terminar de lavar los platos. Así lo hizo. En cambio, Sergio con el cuerpo vibrante de felicidad se tumbó en su cama y salido del subconsciente una idea surgió de su mente. Algo había cambiado al hablar con su madre, todavía notaba el calor de su mano en la palma, esos ojos cansados, pero bellos, mirando a través de su piel. Todo aquello le
recordó a alguien, a Carmen.¿ Qué tal, tía? Vaya. Contestó la mujer con rapidez al leer el mensaje, mi sobrino favorito. No tienes otro. Lo sé, aún así, lo serías.¿ Qué cuentas, cielo? Una novedad, quizá
hasta te suene raro, pero hoy he
quedado a estudiar con Marta. Raro no, rarísimo. Pero dime más, cariño. Me quería
pedir perdón por todo y se la veía afectada. Me la he creído, parecía sincera. Ya estoy viendo por dónde vas. Ten cuidado, ¿vale, cielo? Despacio y comprobando que todo vaya bien. Ahora no puedo hablar mucho, pero si quieres en otro rato lo comentamos. Lo haré. Se dio cuenta de lo curioso que era que las dos hermanas le dijeran lo mismo, en otro momento te llamo y si quieres te doy detalles.
Viniendo de ti, espero detalles algo marranos. Acertaste. Me encanta, eso sí, espero que no te olvides de tu tía favorita. Eso jamás.
Acabó por mandarle un corazón y dándose cuenta de que su tía le volvía a activar como siempre, no era sólo cuando la tenía cerca, simplemente el mero hecho de hablar con ella le hacía calentarse. Comprobó con cierta sorpresa que su miembro saludaba, no se había olvidado de Carmen y el joven con picaresca adolescente, cogió el móvil, activó la cámara y le mandó una foto de lo más explícita. Para que veas que no me olvido de ti. Rezaba
el texto que acompañaba la foto. Sergio, ahora voy a tener que buscar una excusa para un momento de soledad y llevar el móvil conmigo
Te quiero, tía. Y yo, mi rey. Apagó el
móvil metiéndose en cama con una felicidad extrema y sin poder borrar la sonrisa de su rostro. Veía un día perfecto, con un futuro prometedor, iba a volver con Marta, estaba seguro y además, para redondear el día había hablado con Carmen con cierto picante sexual. Su mente le disparó la imagen con su madre, como habían tenido cierta conexión que no sucedía en casa y mientras cerraba los ojos, reflexionó antes de dormir. Debo prestarla más atención, pero...¿ Por qué
no me dijo que me quería? Yo en verdad, no la quiero, la amo. Sergio y Marta oficialmente volvieron al de tres días después de su encuentro en la biblioteca. La joven acabó derramando alguna lágrima de felicidad al escuchar que su chico la perdonaba y volvía a confiar en ella. El muchacho se había creído las sinceras disculpas y dio por válida la historia de cómo mientras estaba con su ex,
Marta solo pensaba en él. En verdad, habían sido tres días porque Sergio había decidido hacerse el duro, o eso pensaba él, porque realmente hubiera aceptado al día siguiente de la conversación. La primera semana fue un éxtasis de felicidad, los dos sonreían en todo momento y la placidez era lo que primaba en la relación, aunque también otra cosa. Al siguiente fin de semana, fueron a un hotel para en palabras de Marta recuperar el tiempo perdido y lo recuperaron.
Estuvieron tanto el sábado como el domingo sin salir de la habitación, solo disfrutando de la cama y el calor mutuo. Probaron la ducha, la cama, la silla, el suelo, incluso lo hicieron en la taza del baño para rememorar su segunda primera vez. Sin embargo, lo que apareció como un huracán, al poco tiempo se disminuyó quedando en una brisa de verano. La fogosidad de los primeros días desapareció a la tercera semana y al mes, la relación volvía a sus orígenes,
a como era antes de su ruptura. Rutinaria Los paseos sin rumbo y con poco que contar estaban a la orden del día. Los planes casi eran obligatorios para tapar la carencia de la compañía, en resumen, si paraban de hacer cosas, simplemente se aburrían. Sergio lo fue notando y a comienzos de diciembre comenzó a darse cuenta de la realidad. El sexo había disminuido, era normal, no podían mantener el ritmo de las primeras semanas, pero volvía a ser tan
común como antes, casi similar a cumplimentar un informe. Él solía pasearse por sus bajos para humedecer la zona, se colocaba arriba haciendo que ésta terminase y después, ella hacía lo mismo cabalgándole en un silencio sepulcral. Cada día veía más claro que la situación no había cambiado en lo absoluto, aunque de momento no le incomodaba. Pensaba que quizá fuera su culpa, que tenía que acomodarse a la nueva vida en pareja que había olvidado, o quizá simple tensión por
los exámenes que se aproximaban, cualquier cosa. Lo mejor de todo, o por lo menos así lo veía Sergio, era que el estudio lo sentía como una prioridad. Con los exámenes más o menos cercanos, prácticamente a diario estaban estudiando en la biblioteca, eso sí, jamás volvieron a desatar sus fuegos internos en el baño. A mitad de diciembre, con las fiestas navideñas a la vuelta de la esquina, salieron a hacer su rictus habitual, dar un paseo cógidos del brazo.
Para muchas parejas eso era suficiente para disfrutar, bien pegados y una conversación agradable les bastaba para pasar horas y horas caminando sin rumbo, solo disfrutando de la presencia del otro. Sin embargo, para estos dos no era el caso y cada día el joven tenía más muestras de ello. Pocos temas trataban y la mayor parte de las conversaciones se centraban en los exámenes. No avanzaban y su complicidad cada
vez iba a peor. En uno de esos paseos exasperantes que no terminaban, cerca de la hora de volver a casa, pasaron por un parque cerca de la casa de Marta y el joven vio algo que le llamó la atención. Observó a lo lejos que un grupo de adolescentes estaban bebiendo formando un círculo. No era nada raro, en aquel parque el botellón estaba a la orden del día, bien lo sabía Sergio que lo había hecho en muchas ocasiones.
Pero lo que más le llamó la atención, fue que dentro de ese grupo de chicas que veía a la lejanía, estaba su hermana. Movido por un afán de venganza o por buscar un poco de diversión, le comentó a Marta que quería pasar al lado de aquellas chicas. Al principio su novia le miró con cara de extrañeza, tuvo que explicarle que a la que quería ver era a su
hermana y no a una cualquiera. Cuando llegó al círculo donde las cinco chicas se encontraban, Laura no se había percatado de lo que estaba a punto de suceder si no se hubiera dado a la fuga. Mi querida hermana,¿ qué tal estás? Laura se dio la vuelta sin notar la presencia de su hermano mayor, quedándose de piedra cuando éste se agachó y la abrazó delante de sus amigas.
La muchacha no dijo nada, sólo abrió los ojos lo más que pudo, era la primera vez que la veían bebiendo y en casa no lo sabían, el corazón se le heló. qué poco te alegras de verme. Sergio se levantó inquieta y con unas buenas formas que no eran las comunes, no, no te había visto. Bueno, ahora ya me ves, no vas a darme un abrazo, de esos enormes que me das en casa. La joven abrió los brazos al tiempo que escuchaba unas joviales risitas a su espalda.¿
Qué haces aquí? Le señaló con gracia mirando las botellas a la par que se separaban y reía de la forma más maligna que conocía.¿ No sabía que bebieras mamá y papá lo saben? No, si yo no bebo, son solo ellas, yo estoy aquí, acompañándolas, nada más. Tenía claros síntomas de nerviosismo y un olor proveniente de su aliento que no podía enmascarar. Sí, claro, dijeron dos amigas al unísono detrás de ella.
Uy,
qué mal, qué mal, negando lentamente con la cabeza, tendré que decírselo, añadía el joven tratando de aguantarse la risa. Sergio escuchó como su novia con una media sonrisa le miraba para que terminara con la broma, su hermana parecía que se estaba agobiando. Laura saltó hacia donde se encontraba Marta, una chica preciosa que era la primera vez que veía y no entendía cómo podía estar con Sergio. La sujetó de las manos y con cara de pena, trató de
buscar una aliada para que terminara aquella tortura. Marta, ¿verdad? Soy su hermana, Laura. Lo siento por esta presentación, pero, llévatelo, por favor. Estiró la última vocal a tono de súplica y ruego. Su cuñada se rió al tiempo que acariciaba la cabeza a la joven. Tranquila, ahora nos vamos. Aunque primero, parece que se está presentando a tus amigas.¿ No pareció darle importancia y le preguntó a la joven, que es la primera vez que bebes? No, pero, en casa todavía
no lo saben. Me da cosa decirlo, no quiero que me echen una bronca, además apenas bebo. Solo cuando salgo de fiesta y no soy de las que más toma. Marta miró las tres botellas de ron que las cinco chicas compartían y no pudo evitar pensar que seguro que bebía más de lo que afirmaba. No te preocupes, Sergio no va a decir nada, ya me encargo yo de eso. Eso sí, no le molestes en casa que a ver si se le va a escapar la lengua, si pasa,
me lo dices. Le guiñó un ojo para después sonreírla con sus dientes perfectamente alineados y blanquecinos que le resultaron encantadores a la hermana de Sergio. Detrás de ellas, justo cuando Laura se acercaba a Marta para pedir que se llevasen a su hermano, Sergio se presentaba a las cuatro amigas de su hermana.— Buenas noches, chicas, cuidar de mi hermana.¿ Qué no beba mucho y vacilarla un poco con el
abrazo que me ha dado, ok? Sí, afirmaron todas a la vez como si estuvieran en medio de una clase del instituto. Una de las chicas se le quedó mirando mientras se volvía a poner de pie. Sergio se percató de la mirada, le resultaba ciertamente familiar, pero no sabía de qué. Los ojos casi negros de la muchacha le penetraban y sin cortarse le dijo.¿ No te acuerdas de mí? La miró analizando cada centímetro de piel. pero no encontraba
similitudes que le dieran una pista. Movió la cabeza y antes de añadir que no, ella contestó, soy Alicia, hace mucho que no paso por tu casa, pero no veas las veces que he jugado allí con tu hermana. Vaya, Alicia, dijo Sergio echándose una mano a la cabeza, menudo cambio has dado, si contigo he jugado a tomar el té con las muñecas. Las demás chicas se rieron y ella se tapó los ojos por vergüenza, si no me lo llegas a decir no te hubiera reconocido, has crecido mucho.
Aunque bueno es lo normal, la gente crece cuando pasan los años. Sergio llamó Marta desde atrás para que dejara de molestar al grupo de su hermana, vámonos, cariño. Deja un poco en paz a tu hermana pequeña. Asintió con la cabeza viendo como Laura fruncía el ceño. Bueno, esto por esas malas caras de todos los días pensó observando la enfurruñada junto a su novia. Volteó la cabeza y se despidió de todas con un saludo, mirando de nuevo a Alicia para decirla. Me ha alegrado mucho el verte.
Igual coincidimos otro día. Volvió caminando unos tres pasos donde su novia que le miraba conteniéndose la risa y sosteniendo a su cuñada por los hombros en señal de defensa. Ya me voy, Laura, pero antes, dame un beso, anda. Sergio le volvió a decir Marta esta vez soltando una pequeña carcajada.
Bueno, vale, sin
beso. Ya te los daré al llegar a casa. Como te odio, de verdad. Bajo el manto protector de Marta, su hermana parecía un bebé hinchado de rabia.
Yo creo que no me odias. me amas muchísimo.
Sergio le alborotó el pelo en señal de cariño para que su hermana después de despedirse educadamente de Marta se alejara del joven tanto como pudo mientras sonreía victorioso. Te has pasado un poco, estaba con la cara roja como un tomate, le comentó su novia unos pasos más adelante sin borrársele la mueva de felicidad. Ya la pediré perdón, pero espero que me dé ese beso, sino a mis padres que va. Los dos acabaron riéndose mientras el chico
acompañaba a su novia a casa en vísperas navideñas. Las luces colgadas entre fachadas daban un color precioso a la calle, el quima frío hacía que ambos cuerpos se apretaran más y el ambiente de felicidad se respiraba en cada esquina. Dos enamorados riendo a la luz de la Navidad podía ser un momento para el amor, para las nuevas oportunidades. pero en realidad sería de las últimas veces que reirían juntos.
El día siguiente fue sábado y Sergio se desperezó algo más tarde de lo normal, no tanto como su hermana que hasta pasado el mediodía no dio señales de vida. Daba la sensación de que se lo había pasado bien. Lo curioso del día sucedió pronto, nada más mirar el móvil mientras seguía tirado en la cama. Tenía un mensaje de su novia. el último te quiero antes de meterse en cama, más por cortesía, que por amor, o eso era lo que pensaba, aunque no se desencaminaba de la realidad.
Sin embargo, otra cosa le llamó mucho más la atención que ese pobre mensaje. Era una notificación de Instagram, alguien le había comenzado a seguir. Entró en su perfil y acercando la vista de la foto, confirmó lo que el nombre de usuario le delató, era Alicia. con un movimiento rápido de dedos, antes de pensarlo la aceptó y la siguió. Tampoco tenía ninguna razón para no hacerlo, pero su mano fue más rápida que su mente, sobre todo a las
mañanas tenía las de ganar. A los pocos segundos, ella le confirmó la petición y Sergio, aún tirado en la cama envuelto entre las sabanas, comenzó a ver las fotos de la muchacha. La vista no le desagradó Tenía 17 años, la misma edad que su hermana, si la memoria no le fallaba, era su amiga desde preescolar. Había un montón de fotos de fiesta, de vacaciones, disfrazada, de postureo, incluso alguna en bikini en la que Sergio se detuvo un poco a cotillear. Lo que veía no estaba nada mal,
un cuerpo menudo. pero en forma, con unos senos bien puestos que se notaban algo voluminosos dentro del bañador, seguramente del mismo tamaño que los de Marta. Justo al salirse de esa foto, algo le sorprendió de una forma que casi le hace saltar en la cama. Una notificación de mensaje le había llegado,
Alicia le había escrito. Hola.¿ Qué tal? Contestó Sergio pensando a que vendría ese saludo. Nos hiciste pasar ayer una noche entretenida.¿ Y eso? Laura sufrió unos cuantos vaciles, todo fue unas risas. Me alegro, aunque no por mi hermana,
igual lo pasó mal. No, se acabó riéndose y todo. Envió ese mensaje y mientras la chica escribía Sergio pensaba en su pobre hermana igual me pasé. Eres muy enrollado. Bueno, siempre lo ha sido.¿ Sobre todo cuando jugábamos
a tomar el té? Ja, ja, ja, ja, me encantaba cuando te ponías
a jugar con nosotras. Pues apenas me acordaba. Cuando me lo recordaste ayer me vino más a la memoria, pero que va. Es más, si no me dices que eres tú, no te hubiera reconocido, estás muy cambiada
Espero que para mejor. Sí, sí, claro.
Aunque bueno es normal, tenía tu imagen de niña y has crecido. El tono de la conversación daba la sensación de ser muy distendido. Suele pasar, la gente crece. Le añadió un icono sacando la lengua y Sergio sonrió ante la pequeña broma que rememoraba su propia frase. Está bien
que me lo recuerdes.¿ Qué tal ayer?¿ Os lo pasasteis bien? Muy bien, había bastante fiesta.
Qué envidia! Hace como un mes que no salgo, estoy ahora estudiando para los exámenes e imposible. Pues oye, eso no está bien, tienes que salir. Así te relajas y coges fuerzas para estudiar, Sergio recordó como en su época de instituto eso sería posible. Sin embargo en la universidad, salir equivalía a perder un valioso día de estudio. Alicia siguió en otro mensaje, la próxima vez, te quedas con nosotras,
igual a tu hermana le da algo. Sergio sintió que su experiencia y los años de ventaja con la jovencita le hacían saltar un pequeño aviso dentro de su cabeza. Aquello podía ser un pequeño coqueteo, todavía no tenía pruebas, pero la situación se encaminaba hacia ello. Unos pequeños temblores se apoderaron de su cuerpo y se tapó aún más, casi quedando por completo debajo del edredón. No estaría mal, pero es verdad, no creo que a Laura le haga
mucha gracia.¿ Por dónde soleis salir? Le preguntó mientras su mente le decía no le estás mintiendo a Marta, no lo haces. Por el pueblo, que aquí podemos entrar en todos los bares.
Nosotros, también.
Raro que no hayamos coincidido, aunque últimamente con lo poco que salgo. Pues la próxima vez a ver si nos vemos, ¿no? Si mi instinto no me falla, esta pregunta es menos inocente de lo que parece decía con un cosquilleo que le comenzaba a rodear los genitales. No estaría mal. Contestó dejando el móvil en la cama, su corazón golpeaba con dureza y su miembro comenzaba a recibir sangre de todos los lugares.¿ Había sido una respuesta simple, sin dobles interpretaciones,
una conversación normal, entre dos conocidos, o no? La respuesta de la chica fue un guiño en forma de icono. Las pistas que veía una mente calenturienta como la de Sergio, le podían hacer pensar que la jovencita pretendía algo más. Sin embargo, lo que más le preocupaba era que algo en su interior le hacía sentirse realmente mal. Todavía tenía el mal sabor de la traición muy reciente, esa penosa sensación de haber sido engañado por alguien a quien quieres.
Su cabeza le decía que si la amiga de su hermana quería algo, no debería ni pensárselo y rechazarla en el acto. Pero su cerebro situado entre sus piernas le hablaba de otra manera, diciéndole todo lo contrario. Abrió de nuevo el móvil, dirigiéndose a alguien que de seguro podría ayudarle, porque él en su momento hizo lo mismo con ella. Comenzó a apretar los botones de la pantalla y en un momento estaba en la conversación con su tía Carmen.
Te pillo bien, tía? Por supuesto. Tú, siempre.
Tengo una cosa que me acaba de asaltar, no es que sea realidad del todo. es una suposición hipotética. Demasiadas vueltas, dime,
Sergio,¿ qué pasa? Una chica creo que ha comenzado a coquetear conmigo. Entiendo con lo que me vas a venir.¿ Qué tal con Marta?
Muy sin más, apenas hacemos cosas, paseamos casi sin hablar o solo de los estudios. Fueron unas buenas semanas, nos reíamos y tal, pero ha vuelto todo a lo mismo.
Hijo,¿ qué se te ha pasado por la cabeza? Si esa chica me dijera para quedar,¿ qué debería
hacer? Lo que Sergio buscaba en esta ocasión, aunque él no lo reconociera, era el beneplácito de alguna persona. Su tía era la idónea, habían hablado de un tema similar y ella había engañado a su marido con el joven y No podía haber mucha diferencia en lo que hacía ella a lo que pretendía Sergio. Además que solo eran suposiciones, Alicia no quería nada con él, aunque la posibilidad de que sí quisiera aumentaba en su cabeza a cada minuto.
Su subconsciente quería que así fuera. Primero háblalo con tu novia y segundo, si crees que esa chica te gusta, pues inténtalo. No me gusta, tía. Digamos que está en mi clasificación, pero no en el 5% que te conté. Ja ja ja ja ja tus clasificaciones, qué buenos recuerdos, Carmen hablando desde su cocina, miró al jardín recordando los
pocos días de verano que pasó con su sobrino. En ese momento, un escalofrío muy sentido le recorrió toda la columna teniendo que respirar hondo para serenarse, si sólo es para una noche,¿ crees que merece la pena cortar con Marta?
No lo sé, quizás si lo hago sin que ella se entere. No. Eso no lo
hagas. Si se acaba enterando habrá mucho dolor y no creo que te guste. Tía, al fin y al cabo ella me lo hizo primero. No estás con ella para devolverle las cosas, su tía tenía mucha razón, aunque el joven quisiera creer más lo que le gritaban sus partes nobles. Acabó por sentenciar, para eso, no haber vuelto. Carmen, pero no hay nada de malo en que lo haga. A este punto quería llegar, donde su tía aseguró que se ablandaba y convertía lo que rondaba por su mente en
algo más. Legal, tú lo hiciste conmigo y no creo que te sientas mal. Eso, Sergio, sabes que estuvo mal. Nos lo pasamos de maravilla y lo volvería a hacer porque te amo. Sin embargo, No quiero que copies mis errores, una cosa es lo que yo haga, pero tú no te tienes que escudar en mí para pensar que querer engañar a tu pareja está bien. El joven cerró los ojos con el cuerpo algo agitado. Su calentura mañanera le había hecho cometer el error de querer a toda costa
la bendición de su tía. Esperaba ganarse el sí, sin embargo, su contestación había sido un portazo en los morros. Tienes razón,
tía siento si te moleste perdona nunca
molestas cariño yo ya cometí el error tú puedes elegir carmen sintiendo que la conversación podía dar lugar a un cambio de opinión en sergio le dejó una cosa clara eso sí una cosa te digo si tienes pensado hacer algo como engañar a tu pareja Solo te lo permito si coges el coche, vienes aquí y pasas la tarde conmigo, de ninguna otra manera, ¿entiendes? O sea, Sergio escribía mientras se reía, contigo sí, pero con otras no. Exacto,¿ algún problema?
Paró para volver a escribir, por cierto, me compré una taza de café nueva, le dije a Pedro que me la habías regalado,¿ te gusta? La foto llegó y Sergio contempló una taza de color negro con unas letras en dorado que decía para la mejor tía del mundo. Aunque la frase era lo de menos, la camiseta básica que llevaba como pijama había sido bajada por debajo de los senos y uno de sus pechos escapaba. Se veía tan magnífico como el joven lo recordaba, tan perfecto, tan redondo,
tan mullido. La taza de café de la mujer echaba humo sin parar debido al ardiente café y a kilómetros de distancia, Sergio también estaba que ardía.
Me encanta. Te echo tanto de menos. Y yo a ti, cariño.¿ Hablamos vale?¿ Qué tengo que vestirme? Yo voy a la ducha que necesito pensar en ti. Dios. Sergio. Te amo. Y yo. El joven
cumplió su palabra y en la ducha, gracias a la foto de su tía y los recuerdos vividos de sus vacaciones, descargó con unas ganas que le dejaron tembloroso. Tuvo que pausar su cuerpo bajo el agua caliente, y sintiendo que todo volvía a la normalidad, se duchó con calma recordando lo mucho que quería a su tía. La conversación con Carmen le había tranquilizado en sus pensamientos de infidelidad, total sólo son suposiciones se decía una y otra vez en
su cabeza. Sólo eran palabras que malinterpreté, quizá por la falta de buen sexo. Sin embargo, otra cosa luchaba desde lo profundo de su cuerpo, esa foto en bikini que tanto le había gustado. Alicia posaba con gafas de sol para una cámara deseosa por más instantáneas, y en su plena juventud era todavía un fruto por abrir. La niña
no está nada mal. Hasta aquí llegó el capítulo de hoy. Hasta la próxima.
