Lo que no tengo claro es si te gusta suave o salvaje susurró en mi oído, apartando mi cabello y apoyando su cuerpo sobre mi espalda. Yo no lo tenía claro. Su trasto apoyado entre mis nalgas prometía problemas. Hazlo como quieras, dije con la voz entrecortada, pero, si piensas darme por el culo, toma un botecito de lubricante que tengo en el bolso. Intuí que pretendía esto mismo cuando preguntó si admitía de todo, pero estuve convencida cuando fue a buscar
el botecito. Volvió con él, abriendo el taponcito mientras caminaba, vertió un buen chorro en el ano, colocó el cabezón en la entrada y lo restregó para esparcir el producto. Yo esperaba aferrada con las manos al segundo taburete y apretando los dientes. Entonces, cuando el glande se abrió camino en las carnes, apreté los puños cuanto pude y solté un grito desgarrador. Casi me destroza el muy cabrón. Él ni se inmutó, por el contrario, siguió penetrando hasta la mitad.
Lancé un segundo grito cuando se detuvo y comenzó a moverse dentro de mí. Las primeras enculadas fueron suaves, más o menos soportables. Luego fue ganando velocidad a medida que mis gritos se convertían en gemidos placenteros. Llegué a pensar que el ano se adapta a todo, dentro de lo razonable, una vez se acostumbra a recibir por ahí. Antes lo sospechaba, pero ahora confirmo que eres una cachonda y que te gustan los rabos más que a un tonto una cometa afirmó al tiempo que me daba por el culo a
base de bien. Yo chillaba como una loca, ahora de puro gusto, y gritaba que me diera más.« Vuelvo a repetir que volverás a por más tras esta noche», dijo entre bramidos. y no una vez ni dos, sino muchas más, y todas ellas no querrás marcharte hasta que no puedas más, porque lo de hoy es sólo un aperitivo. Mira que tengo mucho aguante con la debida lubricación afirmé con la voz quebrada, tratando de conservar la posición porque sus embestidas
bruscas y frecuentes hacían tambalear los taburetes. Tras unos diez minutos sodomizándome como un animal, temiendo que las patas de los taburetes se quebraran, sacó la verga, me alzó en vilo con sus poderosos brazos, me hizo girar en el aire, me depositó boca arriba en la mesita y dijo. Me gusta tu culo. Es lo mejor que he visto en muchos años, pero ahora quiero ver tu carita mientras gimes
como una zorra. No hables tanto y métela otra vez, supliqué con los ojos empañados, aferrando sus caderas con las manos y tirando de ellas hacia mí. Métela ya mismo porque estoy que me voy. Yo misma estaba sorprendida porque todavía no me había corrido. Seguramente fue debido a los nervios y a que estuve más pendiente de no caer al suelo. Pero ahora, en una posición más cómoda, comencé a retorcerme de gusto apenas dos minutos después de incularme nuevamente.
presentía que iba a ser un orgasmo de campeonato y le supliqué que me follara el coño, pero negó con la cabeza. A cambio, mientras me inculaba furioso, metió media manaza en el coño y comenzó a agitarla como un poseso. A día de hoy no concibo cómo pude tener un orgasmo tan brutal, el más intenso hasta la fecha. Lo más sorprendente, también una novedad para mí, era el chorro abundante que salía de mi entrepierna y chocaba contra su pecho. Estuvo dándome por el culo un buen rato más. El fruto,
otro par de orgasmos brutales. Ya va siendo hora de terminar, dijo mirando su reloj de pulsera. El deber me llama y tampoco quiero que tus amigos esperen demasiado. Esta vez has ido con condón y voy a correrme en tu boca, pero ven preparada la próxima vez, porque lo haremos a pelo y pienso llenarte este culito que me vuelve loco. Ahora, dejemos esto para cuando suceda, quiero que me la mames mientras otro te da por el culo. Esto sí que no me lo esperaba, pero insistió y volvió a colocarme
igual que antes en uno de los taburetes. Mientras yo permanecía en esta postura, tomó su teléfono y marcó un número.« Ya podéis venir. Os la tengo a punto de caramelo», dijo a su interlocutor con voz misteriosa. Es humillante que me vean así, protesté tratando de incorporarme, pero él me lo impedía presionándome la espalda contra el asiento con una mano y pugnando por meterme la polla en la boca
con la otra. Es lo mejor para los tímidos. Esos que todavía no te han jodido, argumentó mientras me follaba la boca sin aflojar la presión sobre mi espalda. Los otros no tardaron en llegar y me encontraron de aquella manera. Yo no podía verlos, pero intuía su presencia. Veamos quién es el primero que se la mete por el culo, gritó el mastodonte. Que tenga buena picha porque se lo
he dejado bien abierto y tiene que sentirla. Yo intentaba mirar hacia el costado, quería ver el rostro de mi hermano y leer en su gesto si sabía de esta encerrona. Dejé de hacerlo cuando una verga profundizó en el recto. No me pareció la de mi hermano ni la de Lucas. Debía ser uno de sus amigos. Daba igual, habría de ser tarde o temprano, para esto estaban allí. El caso es que me gustaba, y yo correspondía mamando la verga
del coloso. En un momento dado, éste sujetó firmemente mi cabeza por la coronilla y empezó a llenarme la boca de semen, al tiempo que me la follaba y repetía que tragara con cada descarga. Y lo hice, más por obligación que por gusto. El tipo se comportaba con suma brusquedad y el instinto de tragarme pudo. Cuando sacó la verga de mi boca, tenía el cabezón sonrosado y brillante, el muy cabrón no había desperdiciado una sola gota. Dejé de pensar en esto cuando el otro se dedicó a
incularme a base de bien. En esto estaba, gimiendo como una guarra, cuando mi hermano se arrodilló delante de mí.¿ Tú sabías algo de esto? Le pregunté con la voz tomada, exhausta por lo acontecido, gimiendo cada vez que el otro me la clavaba. Lo he sabido en el último momento, cuando negociábamos con él respondió con cierta congoja en la voz, pero he preferido que fueras tú quien tomara la decisión. El acuerdo ha sido ese, condicionado en que te dejaría ir si te negabas. Veo que no lo has hecho
y esto me quita la loza de encima. Zanjamos el asunto cuando el otro amigo puso su picha en mi boca y comencé a chuparla al tiempo que pajeaba la de Lucas a un lado. Pasaré de puntillas respecto a lo que ocurrió con los otros. se portaron bien. Ni más ni menos que cuatro muchachos con las hormonas revolucionadas y ganas de follarme todos los orificios, especialmente los dos nuevos. Aquellos que habían fantaseado largo y tendido con hacerme lo
que ahora tenían ocasión de cumplir. Lucas había asegurado que sus amigos eran gente sana y de fiar. Por esto acordamos que merecía la pena obviar los condones y esto suponía un aliciente extra para todos, sobre todo para mí que los detesto. Me centraré en el dueño del local,
cuyo inesperado protagonismo habría de escribir nuevas páginas. En un momento dado, cuando yo me hallaba tumbada boca arriba en el sofá, con uno de los nuevos follándome el coño y la polla de mi hermano en la boca, Lucas atendió una llamada en su celular.«¿ Es Paco?», el dueño del local me dijo al oído.« Pregunta que si quieres que vuelva otra vez». Si es que sí, se lo tienes que pedir tú misma consciente de las condiciones que tú ya sabes. Alzando la voz, repetí varias veces que volviera.
Mientras esperaba recibiendo una buena follada por el coño, me hice cruces pensando en cómo podía haber olvidado un nombre tan simple y común. Entonces pensé que le pegaba a su casi gastado acento andaluz. Apenas llegó, sin demorarse siquiera un minuto, apartó al que me jodía, me levantó en vilo y me tumbó boca abajo, con las piernas totalmente extendidas. Entonces se desvistió de cintura para abajo, se sentó ahorcajada sobre mis muslos y me la clavó en el ano
con dos empujones certeros. Así comenzó a sodomizarme con ganas, al tiempo que repetía una y otra vez que estaba seguro de que querría repetir con él. Los otros me observaban perplejos y yo me afanaba por chupar las pollas de Lucas y mi hermano por turnos, como buenamente podía. Dentro de un rato vuelvo otra vez, me dijo Paco al oído y yo asentí con la cabeza, gozando a un nuevo orgasmo, el enésimo de la noche, ya había
perdido la cuenta. Regresó tres veces más, en intervalos de quince o veinte minutos, y en cada una de ellas me jodió el culo en distintas posiciones y lugares. El tipo parecía insaciable y esto aumentaba mis ansias de soportar a los cinco hasta la extenuación. Regresó en una cuarta ocasión,
justo cuando Lucas me llenaba la boca de leche. Los otros ya lo habían hecho previamente.« Parece que estás en las últimas», susurró Paco junto a mi oreja.« Imagino que ya no quieres más».« Por descontado que quiero más, pero solo contigo», respondí jadeante, apenas sin aliento. Entonces diles que se vayan, que tú te quedas conmigo, dijo con un tonito que estremeció todo mi ser. Tengo para ti algo que te va a sorprender. No siempre me gustan las sorpresas,
pero sonaba esperanzadora la que Paco prometía y acepté. Cuando me despedía de mi hermano, insistió en que marchara con ellos. No me gusta la idea de que te quedes a solas con el dijo con tono paternal. No tienes por qué preocuparte, respondía acariciando su mejilla. No creo que quiera nada que no le haya dado antes. Se marchó preocupado, pero confiado en que yo sabía lo que me hacía. Cuán equivocado estaba, porque ni yo tenía claro lo que quería,
pero me había propuesto averiguarlo explorando mis límites. Paco también se fue, pero con la promesa de regresar en un cuarto de hora, el tiempo justo para que él cerrara el local y yo me asease y refrescara. Estaba recostada en el sofá cuando Paco retornó. Había tardado un poco más de lo prometido, pero me daba igual, lo importante es que estaba conmigo. Intuyo que debe estar resentido ese
maravilloso culito que tienes, dijo comprensivo. Ha llegado el momento de que te follé por el coño, pero debes permitir que al final, cuando no puedas más, me corra de nuevo, pero esta vez en el culo, no hay nada que me motive más. a los otros no se lo permití, ni siquiera a Lucas y mi hermano por no establecer un precedente con los nuevos. No obstante, me motivaba de un modo antinatural que Paco sí lo hiciera. La moraleja del cuento es que esta noche descubrí mi verdadero límite,
aquel en que quedé plenamente satisfecha por primera vez. Paco me estuvo jodiendo el coño hasta eso de las seis y poco de la madrugada, más de tres horas en total, y recibir su leche en el recto me colmó de dicha, justo en el momento en que me corría por tercera vez durante este tiempo extra.
