desde que acepté que me he transformado en una adicta al sexo, se está convirtiendo en un verdadero dolor de cabeza. No me supone un dilema moral, tampoco sexual porque me encanta follar cuanto más mejor. El problema tiene que ver con las oportunidades. Ya no me satisface plenamente hacerlo por la mañana con mi hermano y repetir con él y mi novio por la noche. Últimamente me sabe a poco porque no consigo que aguanten más de una hora entre
los dos o media con uno o con otro. Por esto, varias noches me he escabullido después de estar con ellos, justificando que me sentía estenuada y necesitaba estar sola, relajarme dando un largo paseo por la playa. Esta excusa es perfecta porque tengo que ir en coche. Pero no es cierto. El verdadero motivo es llamar a Lucas, quedar con él y desfogarme hasta donde le den las fuerzas y las ganas, que vienen a ser más o menos como los otros.
A Lucas lo conocí hace tres semanas. Ocurrió en una terraza bar de Saló, una noche que fui con mi hermano buscando salir de Tarragona, ciudad en la que vivimos. El tipo me gustó porque era muy lanzado, directo al grano, tanto que terminé cediendo a su indecente proposición. El caso es que me daba miedo ir sola con él, con un total desconocido. Por esto propuse a mi hermano Alex que se hiciera pasar por un cualquiera, un personaje anónimo, con el fin de que se uniera a nosotros y
me follaran entre los dos. Con Lucas he repetido estas tres ocasiones porque la primera vez me pareció un tipo de fiar. Esto comportaba un cierto riesgo, pero calculado, y felizmente no había motivo para desconfiar. No obstante, me preocupa la privacidad. Lucas no sabe que Alex es mi hermano y mejor que siga así. Por esto me veo con Lucas, porque es de otra ciudad, de otro ambiente y las posibilidades de que se entere son ínfimas. La última vez que estuve con Lucas, cuando acudí a la cita estaba
con sus amigos. Me los presentó y estuvimos todos juntos un rato antes de ir a lo nuestro. La conclusión que saqué sobre ellos es que son buena gente, a pesar de que lanzaron alguna que otra indirecta subida de tono. Esto me dejó con la mosca detrás de la oreja. Sospeché que Lucas les había contado nuestros encuentros, y lo confesó tras ponerle los puntos sobre las CIEs. No puse el grito en el cielo porque entre hombres es normal que se cuenten sus hazañas, especialmente las que versan sobre
conquistas amorosas. Así, entre esto y lo otro, confesó que sus amigos me tienen en un pedestal. La última vez que estuve con Lucas, tras follar como conejos en su coche en un descampado, tuvimos una corta pero productiva conversación. No entiendo a qué te referías en concreto cuando dijiste que tus amigos me tienen en un pedestal, le dije mientras me vestía. Lucas vaciló un instante y respondió. Me refería a que les gustas físicamente. También les gusta tu
acento ligeramente mexicano. Dicen que es muy simpático. Lo más importante es que les caíste muy bien y fantasean con hacerte lo mismo que yo. Quedó cristalino que les gustaría follarme y esto me dio que pensar. Lo hice largo y tendido esa misma noche, mientras intentaba conciliar el sueño sin lograrlo. Entonces me levanté impaciente y fui al dormitorio de mi hermano. Estaba dormido y no dudé en despertarlo,
me urgía tratar el asunto. Una vez se hubo desperezado y contaba con toda su atención, le confesé mi adicción al sexo y los encuentros que había tenido con Lucas. También admití que él y mi novio no me satisfacían del todo últimamente, que necesitaba más, motivo por el que buscaba al otro. La reacción de mi hermano fue inesperada, admitió que algo sospechaba, pero no creía que fuera para tanto.
En lo que a mí respecta, me gustaría hacerlo contigo durante horas, confesó, pero debes tener en cuenta que estás muy buena, que follas de lujo y esto es incompatible con aguantar demasiado. Su respuesta era lógica. Al menos, así lo entendí. Tengo 22 años y mi bagaje sexual no es muy amplio. Por esto no tengo elementos de juicio suficientes para saber cuánto es la media de aguante en un hombre.
Imagino que varía en función de factores diversos, como el agotamiento y las ganas de seguir una vez se han corrido. Lo que tengo claro es una cosa, ninguno de los tres ha continuado tras eyacular. No creo que sea cuestión de fuerzas, porque los tres son jóvenes y se cuidan físicamente. Además, cuando estoy con dos de ellos, me follan por turnos alternativos y cortos, procurando robarle minutos al tiempo. Todo esto comenté con mi hermano, también las ganas que me tenían
los amigos de Lucas. Finalmente le lancé una bomba de racimo. He pensado que podíamos montar una orgía contigo, Lucas y dos de sus amigos le dije sin pelos en la lengua. Confieso que no terminan de gustarme físicamente, pero son buena gente y, total, para follar lo importante es lo que les cuelga y cómo lo usan. Podemos probar, si sale bien el experimento, tener otra opción de futuro. Veo que no cuentas para esto con tu novio, apuntó mi hermano,
negando con la cabeza. Sabes desde el principio que Sergio y yo tenemos una relación abierta a respondir restando trascendencia. No hay mayor confirmación que compartirme contigo. Esta relación tan especial se basa también en la sinceridad, en no ocultarnos nuestras aventuras. No obstante, en esto prefiero mantenerlo al margen.
Mi hermano permaneció en silencio un par de minutos, valorando la situación que le planteaba.« Sabes que no puedo negarte nada», dijo esbozando una leve sonrisa.« Por mí no hay inconvenientes si lo tienes tan claro». Su respuesta hizo que diera saltos de alegría sobre la cama. Luego lo abracé fuertemente y terminamos echando un polvo rápido. Tampoco era cuestión de despertar a nuestros padres y que se montara la mundial. La tarde siguiente quedé con Lucas a tomar un café.
Le propuse la idea y me costó Dios y ayuda a convencerle de que no se trataba de una broma. Finalmente concreté los dos amigos elegidos, recalcando que los otros no lo supieran a fin de evitar conflictos. Hice hincapié en esta condición, prometiendo que los otros tendrían su oportunidad en otra ocasión si el experimento salía bien. Nos despedimos tras fijar la hora y el lugar, esa misma madrugada a las tres en la terraza bar donde nos conocimos.
Propuse esta hora para tener tiempo suficiente para estar con mi novio y despedirme a una hora razonable. Pacté con mi hermano que fuera por su cuenta media hora antes. Yo llegué puntual y allí estaban todos, acomodados en la barra, bebiendo y charlando animadamente. Los observé a cierta distancia durante unos minutos. Lucas y mi hermano parecían relajados, pero los otros, caramba con los otros, parecían adolescentes antes de debutar por
primera vez. Esta sensación fue más acentuada cuando estuve con los cuatro. El caso es que, apenas me acomodé en un taburete y pedí una copa, Lucas y mi hermano me invitaron a acompañarlos a un solitario rincón. Lo he comentado con el dueño del local, un tipo de confianza, y no sé de un discreto reservado que suele alquilar para cumpleaños, despedidas de soltero y otros acontecimientos, dijo Lucas. Me parece una idea genial siempre que tenga plena privacidad,
exigí y Lucas afirmó con la cabeza. Pero no veo por qué me apartáis de los otros para decirme esto. Lucas y mi hermano intercambiaron miraditas. El caso es que antes quiere hablar contigo en privado, dijo Lucas. No sé para qué. Imagino que quiere asegurarse de que vienes libremente a lo que vienes. Pensé que no cabía mayor expresión de libertad que el mero hecho de haber acudido por mi propia cuenta. Aún así, acepté de buena gana. Fuimos los tres al extremo de la barra donde el propietario
charlaba con dos mujeres. Las despidió apenas llegamos y me lo presentaron. Inmediatamente me tomó de la mano y me invitó a seguirlo. Llegamos a una puerta dentro del local, la abrió y seguimos por un largo pasillo tras cerrarse esta. Al final abrió otra puerta y entramos. Yo estaba muy nerviosa, más de lo que cabría esperar. Me abrumaba tanto recorrido solo para charlar. Ya me ha contado Lucas lo que pretendéis. El tipo fue directo al grano y añadió con tono ceremonial.
No es precisamente el uso que le doy a este reservado, pero, dadas las condiciones, pase por esta vez. Yo no entendía nada y mi nerviosismo iba en aumento. Traté de relajarme inspeccionando el lugar, esperando que finalmente llegara al fondo del asunto. La sala era amplia, con un sofá enorme en forma de L, una mesa de centro, varias butacas y sillas, y un pequeño bar con taburetes amplios y acolchados.« Ve quitándote la ropa que el tiempo apremia». La voz del
tipo surgió a mi espalda, inesperada, poderosa y decidida. Me dejó paralizada. Ni recordaba su nombre debido al nerviosismo. Giré para encararlo y darle una respuesta tajante.« Creo que te equivocas tomándome por una cualquiera», dije lanzándole una mirada de aplomo. El tipo soltó varias carcajadas. Como no voy a tomarte por tal si pretendes follar con cuatro niñitos, respondió aguantando la mirada. Hizo una breve pausa y continuó con algo
que me dejó aún más helada. El trato es que os dejo esto gratis con la condición de que yo te estrene antes de que vengan ellos. Yo no sé nada de tratos contigo, repliqué alzando la voz para que el mensaje le llegara alto y claro. Al menos, por lo que a mí respecta, yo no he tomado parte. Sea como tú quieres, princesa, pero mira antes lo que te pierdes, dijo y vi atónita como se sacaba el rabo del pantalón. Acto seguido se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la puerta mientras se lo guardaba
y refunfuñaba. No hay problema, le digo a Lucas que tú no colaboras y que os podéis ir todos a tomar por culo. Espera, por favor, no les digas nada, grité precipitadamente. A día de hoy, no sé qué narices se me pasó por la cabeza. Puede que fuese temor a desperdiciar aquello en lo que yo misma me había empeñado porque lo deseaba sobre todas las cosas. O puede
que fuera un repentino e inconsciente instinto animal. El caso es que, cuando se dio la vuelta y me miró fijamente, el tipo me pareció incluso atractivo, más grande y fornido respecto a la primera impresión. Le calculé 45 años y su verga ahora en su sitio. No se desvanecía de mi pensamiento». cabe la posibilidad de que el subconsciente me dijera que uno más no importaba. El caso es que comencé a desnudarme como un autómata, lentamente hasta quedar ante sus ojos
como vine al mundo. Ya me dijo Lucas que no tienes límites a la hora de follar y que admites todo me dijo con tono suave cuando estuvo a mi lado. Quiero creer que no exageraba añadió al tiempo que acariciaba uno de mis pechos. Según mi criterio, los tengo medianos, redondos y firmes, dice mi hermano que como dos medios cocos,
pero en este momento los percibía más hinchados. Lucas tiene la lengua muy larga, estoy descubriendo, pero no mentía susurré con los ojos cerrados y gimiendo porque me comía los pezones como un profesional. Nuevamente me tomó de la mano y tiró de mí hasta el pequeño bar. Allí juntó dos taburetes y ordenó que me recostara en ellos. Quedé con las piernas colgadas, rozando el suelo apenas con los
dedos de los pies. El culo quedó a placer de este modo.« Voy a darte en media hora lo que esos cuatro no serían capaces en toda la noche», afirmó el fanfarrón.« Hablo de media hora porque tengo un negocio que atender». Si no fuera por esto, yo mismo te jodería hasta que salga el sol. También porque tengo la certeza de que volverás a por más cualquier otro día. La seguridad con que hablaba era algo nuevo para mí. No me sonó al típico fanfarrón. Supuse que había vivido
mucho mundo debido a su edad. Giré la cabeza y vi cómo se enfundaba un preservativo. Ahora tenía la verga como un ariete y me hice cruces debido a su descomunal tamaño.
