Hace unos días, una mujer bellísima se mudó a mi calle. Por lo que he visto, vive sola, aunque veo que muchas mujeres entran y salen de su apartamento. Traté de no darle importancia a eso, solo me interesaba su belleza y la posibilidad de algún día poder conocerla. Un día, mientras esperaba en mi moto la asignación de un domicilio, me llegó la notificación. Me apresuré al restaurante, recogí el pedido y me dirigí a la dirección asignada. Me pareció
muy curioso que fuera en mi misma calle. Al llegar, me di cuenta de que era en mi propio edificio. Me dirigí al mismo piso en el que vivo y vi que el número del apartamento era el de mi vecina. Traté de arreglarme un poco, aunque no había mucho que hacer. Toqué el timbre y, cuando me abrieron, era esa preciosa vecina.« Se me hace conocida», me dijo.« Sí, somos vecinas», le respondí. qué casualidad que yo te traiga el domicilio. Sí, trabajo de eso, le dije. Mi nombre es Cecilia. Soy Xiomara,
respondió ella, extendiéndome la mano. Un gusto, dije. El gusto es mío, me contestó.¿ Quieres tomar algo? Me preguntó Xiomara. No, tranquila, ya me voy, le respondí. Qué lástima, quería que te quedaras, dijo ella. Si no soy una molestia, me quedo, le dije. Claro que no eres una molestia, afirmó con una sonrisa. Me quedé. Me ofreció una bebida y estuvimos charlando un rato. Cuando me iba, me dijo. Eres muy hermosa. Me gusta que hayas venido a traerme el domicilio. A ver cuando
te veo de nuevo. Cuando quieras, le respondí. Justo cuando salía, me jaló y me besó. Caímos en el sofá y no parábamos de besarnos. Me quitó la blusa y me mordió el hombro, algo que me gustó y me encendió. Bajó más y me encantó aún más cuando me quitó el sostén y me lamió los pezones. Yo le quité los shorts que llevaba, le metí los dedos y ella hizo lo mismo, metiéndome los dedos por encima del pantalón. Entonces,
me quité el pantalón para darle más espacio. Luego bajó y me chupó el clítoris, lo mordía suavemente mientras me metía los dedos. Yo le jalaba el cabello y eso la hacía querer más. Se sentía como una vampireza, jaja. Me encantó. Ya no podía más, al igual que ella. Pero en un momento se dio vuelta y su clítoris quedó justo frente a mi boca. Hicimos un perfecto 69. Nos comíamos, nos devorábamos. Ella me metía los dedos, igual que yo
a ella. Llegó un punto en el que ninguna de las dos aguantó más y alcanzamos un excelente orgasmo las dos al mismo tiempo. Me sorprendió muchísimo, ya que hacía mucho tiempo que no podía llegar al orgasmo. Solo una persona en el pasado lo había logrado y volver a sentirlo fue algo que no dejaría escapar. Las dos quedamos exhaustas y nos recuperábamos, cuando de repente le dije... Puede que sea muy rápido, puede que no quieras, pero si no lo hago sé que me arrepentiré después.¿ Quieres ser
mi novia? A lo cual ella respondió con cara de sorpresa. Me sorprende, pero sabes, nadie nunca me había dicho eso y que me lo digas tú después de lo que pasó. Me sorprende y acepto. Desde ese día no nos separamos. Nos conocimos a fondo, y no solo eso, sino que entendimos que de alguna manera nos estábamos buscando la una a la otra.
