Mi mujer muy obediente se dio la vuelta y cuando abrió los ojos y nos vio, no podía ni articular palabra. Hola cariño. Esta es tu sorpresa. Le dije a mi mujer mientras alargaba mi mano y cogía la polla de Miguel para enseñársela. Vaya sorpresón. Es enorme.¿ Pero qué haces tú aquí? Dijo mi mujer mirándonos a los dos. Te vamos a dar un masaje a cuatro manos y luego follaremos todos. Dijo Miguel. MMMMM. Eso suena muy bien. Pero
tú y yo hablaremos luego en casa. Dijo Elisa mirándome a los ojos con una sonrisa pícara asomando en su cara. Con mi mujer tumbada y a nuestra merced, los dos nos dimos aceite en cantidad en las manos y acto seguido comenzamos a embadurnar y sobar el cuerpo de Elisa, que estaba con los ojos cerrados y dejándose hacer. Yo me ocupaba de sus piernas, mientras Miguel se ocupaba de sus pechos y el resto de la parte de arriba.
En esa posición, nuestro masajista había aprovechado la ocasión para hacer lo mismo que me había hecho a mí la semana anterior y sujetando la barbilla de mi chica, había metido su enorme polla hasta donde le cabía. Elisa respiraba como podía con ese trozo de carne metido hasta la garganta. Mis dedos estaban dilatando el coño de mi mujer que estaba derretido literalmente. Muy húmedo y tan abierto que mis dedos entraban y salían con una facilidad que nunca había notado.
Estaba más que preparada para recibir el pollón de Miguel.¿ Quién de los dos me va a follar primero? Tengo el coño hecho agua y ganas de que me folléis los dos. Fóllatela tú Miguel. Ábrele el coño. Luego la follaré yo con el coño bien abierto. Miguel no dijo nada, fue hacia una mesita, abrió un cajón y sacó un preservativo. Yo me retiré de sus piernas, dejando sitio para que se colocara él. Me puse de rodillas junto a su cabeza y girándola, metí mi polla en su boca. Elisa
empezó a hacerme una mamada de impresión. Mientras Miguel se había colocado entre sus piernas, se las había levantado y con su coño expuesto al máximo le dio un lametón en los labios, succionándolos y estirando de ellos. Mi mujer sacó mi polla de su boca y volviéndose hacia él,
le dijo, vamos. reviéntame cabrón, follame hasta reventarme. Entonces, y sin moverle las piernas, Miguel se incorporó y sujetándola de los tobillos, posó la punta de su hinchada polla en los labios del coño, rojos e hinchados por la excitación. Cuando sintió que estaba en la posición correcta, empezó a empujar. Elisa alternaba miradas entre la cara de su follador y su polla. No se perdía detalle de cómo esa barra
de carne la estaba perforando centímetro a centímetro. Notaba su calor y su grosor, lo que la hizo tener un orgasmo casi inmediato. Me corro, Sid II.¿ Cómo me abres el coño? Dios qué bueno. Sigue follándome así. Dijo mi mujer, y acto seguido me agarró la polla y se la llevó a la boca, donde siguió con su magistral mamada. Miguel embestía con fuerza a mi mujer, arrancándole gemidos a cada empujón. Al rato de estar así, cambiamos de postura.
Entonces mi mujer se puso de rodillas y nosotros a su lado de pie, de manera que nuestros miembros quedaban a la altura de su boca. Sujetándolas, comenzó a alternar entre una u otra para seguir mamándonos a los dos a la vez. Siempre tenía la boca ocupada. Poco después se puso a cuatro y pidió,« Vamos folladme cualquiera de los dos. Me la voy a follar yo, que tengo ganas de notar su vagina abierta y chorreante». Dije mirando a Miguel y viendo como éste se quitaba el condón.
Tomé posición detrás de mi mujer y Miguel se colocó a mi lado, nada más metérsela a Elisa y empezar a moverme y a empujar con todas mis fuerzas, sentí una mano deslizándose por mi culo, metiéndose entre los cachetes y separándomelos. La sensación me encantaba y eso unido a la sensación del coño abierto de mi mujer, me hacían empujar con más fuerza, moviendo las caderas de manera exagerada.
metiendo y sacando mi polla entera en cada embestida. Sus gemidos y la repentina presión en su coño me indicaban que estaba sin parar de correrse. Sentí como un dedo invadía la intimidad de mi culito de forma repentina, solté un gemido y continué follando a tope. Otro dedo lo acompañó pronto y noté cómo se me dilataba el ano. Llevé una mano hasta el miembro de Miguel que estaba a tope y le dije mirándolo fijamente,¿ qué quieres? ¿Follarme? Sí.
Te quiero follar el culo. Desde el momento que te vi, Elisa giró la cabeza y se metió en la conversación.¿ Le vas a follar? Nunca ha probado, y con lo grande que la tienes lo vas a reventar. Tiene el culito muy dilatado, le entrará bien. Le daré lubricante especial. Miguel se levantó y fue de nuevo hasta el mismo cajón de antes. Sacó otro preservativo y un tubo de gel dilatador anal. El masajista tomó el mando de la
situación y cambió posiciones. Mario, túmbate boca arriba y tú Elisa siéntate en su cara para que te coma el coño mientras me lo folló. Nos colocamos en esa posición y pronto sentí el gel dilatador en mi ano. Estaba frío, pero en cuanto empezó a meterme los dedos, mi interior empezó a arder. La fricción era deliciosa y el entrar y salir de sus dedos me estaban poniendo muy cachondo. Mi polla parecía reventar con esa estimulación. Elisa había puesto su coño en mi boca y mirando hacia adelante, no
se perdía detalle de la operación. Vamos, follatelo. Quiero ver cómo lo desvirgas con ese pollón. Miguel sacó sus dedos y poniéndose el condón me levantó más aún las piernas y apuntando su polla empezó a empujar. Sentí un calor abrasador y una presión que nunca había sentido. Noté cómo seguía empujando y cómo se abría paso en mi interior. No sentí dolor, pero sin mucha presión. Empezó un suave movimiento de vaivén mientras yo notaba cada vez más adentro
cómo se abría mi interior como nunca antes. Cuando la metió entera mi mujer cogió mi polla y empezó a menearla llenándomela de sangre y poniéndola a punto de estallar. Miguel y ella se miraban con complicidad mientras yo con la polla metida hasta adentro, la mía y succionaba sin parar el coño de Elisa, que cuando vio la polla desaparecer entera. Tuvo un orgasmo casi inmediato. Ves como si que le cabía entera. Le dijo Miguel. Luego la quiero en mi culo. Quiero sentir lo mismo. Que a mí
seguro que me cabe. Luego me follaréis los dos a la vez. Respondió mi mujer. Los suaves vaivenes del masajista se transformaron en embistes brutales, metiéndome toda la polla hasta que sus testículos golpeaban violentamente mi culo. La sensación era de dominación total. Me estaba reventando el culo y me gustaba la sensación. Estaba a punto de correrme cuando Elisa que lo notó, paró todo para que nos calmáramos y la folláramos a ella. Parad pareja de sementales que os
vais a correr y yo todavía quiero más. Quiero mi ración doble de polla. Bajó de encima mío e hizo que Miguel saliese de mi culito. Entonces ella se puso ahorcajadas encima mío y poniendo el culo en pompa le dijo a Miguel. Ahora ábreme el culo y me folláis los dos. Nuestro follador se cambió el condón y lubricando esta vez el culito de mi mujer se la metió de un solo golpe hasta más de la mitad. Mi mujer dio un grito de sorpresa y dijo, ten cuidado animal,
que me vas a desgarrar. Las zorras que se corren como tú tienen el culo dilatado y preparado siempre. No te quejes y disfruta. Le sujetó del pelo y de otro empujón enterró su falo entero dentro del interior de mi mujer, que se dio ante el asedio de ese ariete de carne que era la polla de Miguel. Yo acariciaba los pechos de mi mujer, pellizcando sus duros pezones, mientras notaba el movimiento de vaivén de sus cuerpos encima mío. Esperaba el momento de metérsela con mi miembro a tope. Vamos.
Folladme los dos. Detuvieron sus movimientos y una de las manos de Elisa bajó hasta mi polla, sujetándola se fue sentando encima, metiéndola en su coño. Miguel estaba dentro de su culo y la presión era enorme. Los ojos de mi mujer se pusieron en blanco y un grito se escapó de su boca cuando sintió las dos pollas en su interior. El movimiento iba a ser complicado ya que la presión sacaba la polla de otro cuando empujábamos. Nos coordinamos y cuando uno entraba, salía el otro, de manera
que siempre tenía un agujero ocupado. El roce de esa polla en el interior de mi mujer me estaba volviendo loco, los tres estábamos en trance. Era la mejor follada para Elisa hasta la fecha. Me voy a correr, avisó Miguel, rompiendo la magia del momento. Yo también. Dije mientras notaba que el calor iba aumentando en mi vientre. Correos en mis tetas. La aparté de encima mío y acto seguido se puso de rodillas. Nosotros nos pusimos de pie, a Miguel le dio el tiempo justo para quitarse el condón.
A la segunda sacudida de su mano, un chorro de semen salió despedido y fue a parar al cuello de Elisa, el segundo encima de las tetas y lo restante al mismo sitio. Al ver ese espectáculo, me empecé a masturbar muy fuerte, lo que desembocó en una corrida enorme con chorros de leche que llenaron el pecho de mi mujer. Elisa era un espectáculo, sus tetas estaban llenas de leche, sus pezones, su canalillo, su cuello, todos sus pechos. Se puso de pie entre los dos y nos dijo, ahora
me las vais a limpiar. Los dos nos cogió de las cabezas y las dirigió hacia sus tetas para que diéramos buena cuenta de sus pechos rebosantes de leche. Pasamos un buen rato limpiando con nuestras lenguas sus tetas hasta dejarlas sin una gota de semen. Cuando acabamos con nuestra tarea. Elisa se volvió hacia mí y me dijo,« Ahora vete a casa y espérame allí, que a mí todavía me tienen que dar un masaje relajante». Y cogiendo de la mano a Miguel, se fue al centro del tatami y
se tumbó boca abajo. Retirando su pelo, la deó la cabeza y le dijo,« Ahora te toca a ti».
